La política de Donald Trump sobre Ucrania parece errática, enigmática.
En realidad, la Casa Blanca podría estar siguiendo una estrategia muy precisa.
Formulada por Curtis Yarvin en enero de 2022, debe ser estudiada de cerca hoy.
La traducimos.
La política de Donald Trump sobre Ucrania parece errática, enigmática.
En realidad, la Casa Blanca podría estar siguiendo una estrategia muy precisa.
Formulada por Curtis Yarvin en enero de 2022, debe ser estudiada de cerca hoy.
La traducimos.
Stephen Miran, la pieza clave del proyecto imperialista de Trump, es probablemente el asesor económico más importante y menos conocido del nuevo presidente estadounidense.
Su programa —provocar la disrupción del orden comercial internacional para resolver las contradicciones internas del capitalismo estadounidense— consta de cincuenta páginas y una idea fija: transformar los acuerdos del Plaza en acuerdos de Mar-a-Lago.
Desde hace un mes, lo está aplicando meticulosamente desde la Casa Blanca: hay que estudiarlo.
Proponemos la primera traducción íntegra y comentada en español.
En Múnich, esta tarde, el vicepresidente de los Estados Unidos no habló realmente de seguridad —y sólo mencionó de pasada a Ucrania, Putin o Rusia—.
Convencido de que «la principal amenaza [para Europa proviene] de dentro», apuntando a las élites políticas y deseando hacer saltar los cordones sanitarios erigidos contra la extrema derecha en Alemania, J. D. Vance articuló por primera vez la visión maximalista de la Casa Blanca de Donald Trump para el continente: un cambio de régimen.
Traducimos y comentamos este discurso que todos los europeos deberían leer.
Detrás del megaproyecto inmobiliario de Trump en Gaza, que consiste en «limpiar» el enclave de los palestinos, se esconde la pseudo-teoría «formalista» del profeta de la Ilustración Oscura Curtis Yarvin. En su opinión, habría que ir más allá: convertir «GAZA» en una ciudad-corporación, cuyas acciones podrían cotizar en las bolsas mundiales.
Lo traducimos, lo contextualizamos y lo comentamos.
Para gobernar Estados Unidos y mantenerse en el poder, Donald Trump necesita poner en escena un continuo ritual sacrificial: destruir a Estados Unidos y a los estadounidenses. Esta nueva política no tiene estrategia. No busca ningún fin. Absorbe todas las formas de oposición.
Ian Garner ha acuñado un concepto para captar este vértigo: destrucción espectacular.
Para el nuevo Silicon Valley, Occidente es un espacio vital.
Trabajando para tomar Washington, el proyecto de la tecnoderecha en torno a Trump está reescribiendo el mito más importante de Estados Unidos: el destino manifiesto.
Construir. A toda costa.
Un imperativo que se ha convertido en el mantra de los tecnocesaristas que rodean a Trump.
Alessandro Aresu cuenta la historia de cómo Musk, Thiel, Andreessen y Palmer Luckey se han apoderado del futuro de Estados Unidos.
En torno a la «lucha por los valores tradicionales», está tomando forma un gran arco global, de Silicon Valley a San Petersburgo, pasando por el palacio presidencial de Budapest y ahora Washington —el de los «wokistas de derecha»—.
En una perspectiva detallada, Guillaume Lancereau analiza los orígenes de una extraña convergencia que va desde los emprendedores de moral rusos en torno al patriarca Kirill hasta los protagonistas de la aceleración reaccionaria en los Estados Unidos de Trump.
Restaurar el Imperio —con geeks al mando—. Inaugurar una nueva era —la de la Ilustración oscura—. Convertir el Estado en una start-up y encerrar a los considerados inútiles. Mezclando Matrix y Aristóteles, el bloguero neorreaccionario Curtis Yarvin quiere poner fin al «fallido experimento democrático de los dos últimos siglos» e instaurar una nueva monarquía. Puede parecer una broma, pero el autor tiene el oído del círculo íntimo de Trump: hay que tomárselo en serio.
Lo traducimos y lo comentamos.
Los hombres más ricos de Estados Unidos tienen un proyecto radical. Electrizados por las ganancias colosales y la intensidad de las guerras culturales, ayudaron a llevar a Donald Trump a la Casa Blanca y ahora se han convertido en su guardia íntima.
Según David Bell, profesor de Historia en Princeton, detrás de su promoción del libertarismo, la conquista espacial y el «antiwokismo», tienen un objetivo fundamental: derrocar la democracia estadounidense.
De Musk a Thiel, pasando por Sacks, Yarvin y Andreesen, los hombres del Presidente podrían querer cruzar el Rubicón.