Con su IA Grok, Elon Musk está construyendo una herramienta en la frontera tecnológica al servicio de un proyecto político: hegemonizar el espacio digital con sus ideas.
Para lograrlo, establece sutilmente un vínculo entre la «libertad de expresión» y una tecnología «en la búsqueda máxima de la verdad».
Gary Marcus descifra la inquietante mecánica orwelliana de esta insidiosa narrativa.