El Grand Continent https://legrandcontinent.eu/es/ La escala pertinente Fri, 29 May 2026 02:27:31 +0000 es hourly 1 Después de Rusia, Ucrania y Estados Unidos, Taiwán desarrolla un dron inspirado en el Shahed iraní https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/29/despues-de-rusiae-ucrania-y-estados-unidos-taiwan-desarrolla-dron-inspirado-en-shahed-iranien/ Fri, 29 May 2026 04:30:00 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100706 La empresa de defensa taiwanesa Thunder Tiger Corp. ha desarrollado recientemente su propia variante del dron iraní, bautizada como "Papa Delta".

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Thunder Tiger Corp. es una empresa taiwanesa que cotiza en bolsa, fundada en 1979 y especializada en el sector de las maquetas a escala con control remoto. Desde 2015, fabrica sistemas de vehículos no tripulados, como drones (UAV) y vehículos submarinos teledirigidos (ROV), a través de su división TTROBOTIX.

La semana pasada, la empresa presentó ante varios medios de comunicación uno de sus últimos modelos de dron de ataque: el «Papa Delta».

  • El diseño del aparato se inspira libremente en el Shahed 136 iraní, cuyo primer prototipo se presentó a principios de la década de 2000.
  • Con un costo de producción estimado en 6.000 euros, el Shahed es un arma económica que requiere relativamente pocos recursos y mano de obra.

Su sencillez y eficacia, demostradas en combate tanto en Ucrania como en el Golfo, han llevado a varios países a intentar desarrollar sus propias variantes.

Thunder Tiger Corp. ha revelado pocos detalles sobre las características del Papa Delta. Los documentos de presentación indican que el costo del aparato es de varias decenas de miles de dólares y que está fabricado con aluminio estampado. Un representante de la empresa ha dado a entender que es capaz de recorrer largas distancias y de «atacar ciudades en China desde Taiwán». 1 

El Papa Delta es el último modelo de una serie de drones cuyo diseño parece inspirarse en gran medida en el Shahed iraní.

  • Desde 2023, Rusia fabrica miles de Geran-2 en la planta de Alabuga, en Tartaristán, construida con la ayuda de Teherán.
  • Ucrania ha desarrollado varias variantes del Shahed, como el UAS SETH, que utiliza el fuselaje del aparato iraní pero está equipado con un motor eléctrico.
  • En marzo, en el marco de la guerra contra Irán, Estados Unidos presentó el Low-Cost Uncrewed Combat Attack System (LUCAS), un sistema de bajo costo que cuenta con un terminal Starlink integrado.

El director general de Thunder Tiger Corp., Gene Su, considera que los drones de bajo costo son una de las mejores armas de que dispone Taiwán para hacer frente a una posible invasión china. Según Su, el poder de estas armas asimétricas constituye una de las principales lecciones de la guerra en Ucrania y en Irán, dos países que se han enfrentado a ejércitos mucho más poderosos militarmente. 2

  • Tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022, el gobierno taiwanés puso en marcha la iniciativa «Drone National Team» (無人機 國家隊), cuyo objetivo es reforzar la capacidad de Taiwán en materia de producción de drones. 3
  • En 2024, Taipéi amplió este programa para fomentar el desarrollo de cadenas de valor que no incluyan componentes chinos, mediante inversiones en la industria taiwanesa y alianzas con terceros países.
  • Al parecer, Taiwán ya ha alcanzado el objetivo de producción de 180.000 drones al año que se había fijado, y se propone alcanzar una producción de 1,2 millones de unidades al año para 2030. 4

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El gran despertar https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/29/el-gran-despertar/ Fri, 29 May 2026 04:00:00 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100662 Lo que Europa debe aprender de China.

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Hemos entrado en una fase de aceleración. La historia cambia de ritmo. Los puntos de referencia familiares de la era moderna se desvanecen, y las historias que nos contamos sobre el progreso y el poder ya no corresponden con el mundo real. Día tras día, lo que vivimos se parece cada vez menos a un reajuste pasajero de las relaciones de poder o a un realineamiento geopolítico temporal. Lo que percibimos es más profundo y duradero. Se trata de una transformación cuyos contornos apenas empezamos a vislumbrar. La historia ya no está en un segundo plano de nuestras vidas: todo sucede como si se precipitara hacia nosotros. Algo urgente e imposible de ignorar se abalanza en nuestra dirección.

En relación con el intenso proyecto de investigación que ha iniciado recientemente sobre China, el historiador económico británico Adam Tooze afirmó lo siguiente: «China no es solo un problema que hay que analizar, es la piedra angular para comprender toda la modernidad». La calificaba como «el mayor laboratorio de modernizaciones organizadas que haya existido o que existirá a esta escala». En ese país-continente, las historias industriales de Europa y América se leen ahora como simples prefacios de algo mucho más vasto.

La observación de Adam Tooze apunta directamente al núcleo de lo que hace que este periodo sea tan difícil de comprender. De hecho, hemos asistido no solo al surgimiento de una nueva gran potencia, sino también a un cuestionamiento fundamental de las ideas preconcebidas profundamente arraigadas en el pensamiento occidental sobre el desarrollo, los sistemas políticos y los logros de la civilización. El problema es que aún no hemos encontrado el valor intelectual para afrontar este nuevo paradigma.

Este gran despertar afecta a toda la humanidad, pero golpea de manera especial al mundo desarrollado y, más aún, a los Estados Unidos de América, donde la doxa del excepcionalismo occidental se ve cada vez más cuestionada y puesta en evidencia.

En su día, solía describirse a China como una nación «en pleno auge» o «que estaba recuperando el terreno perdido». Hoy en día, la República Popular marca el rumbo del desarrollo y dicta el ritmo en los planos económico, tecnológico e institucional. Para los estadounidenses en particular, el impacto psicológico más profundo radica en la toma de conciencia de que la modernidad ya no es algo que ellos mismos crean y que los demás se limitan a heredar. Esa historia ya quedó obsoleta.

Esperar el colapso de China no es una estrategia, es solo un mecanismo de defensa.

Kaiser Kuo

La negación, la distracción y las reacciones exageradas teñidas de angustia que se observan tan a menudo en el discurso occidental sobre China son síntomas de este desajuste. Sin embargo, la reticencia a reconocer este cambio trasciende el ámbito de los gobiernos, los discursos mediáticos o el consenso de los expertos. Afecta también a personas que llevan años estudiando estas cuestiones. Al moderar las grandes afirmaciones, al cuestionar las implicaciones de los datos empíricos, al llamar a la prudencia incluso cuando las pruebas apuntaban desde hacía tiempo hacia un cambio radical, me incluyo a mí mismo entre los rezagados. Siempre había un «pero» a la hora de reconocer los logros de China. Ante las cifras, nuestro primer reflejo era enumerar los costos y los fracasos, tomar distancia justo en el momento en que la magnitud de la transformación se hacía demasiado evidente.

Sin embargo, hoy en día, el mayor riesgo sería hacer exactamente lo contrario: restar importancia a China.

Este texto no repetirá la lista habitual de críticas que se suelen dirigir al modelo chino (restricciones al pluralismo político y a los medios de comunicación independientes; amplios poderes en materia de seguridad y prisión preventiva; presión sobre la expresión religiosa y étnica; coacción extraterritorial); no porque estas preocupaciones sean insignificantes, sino porque nuestra tarea es ahora diferente. Todos hemos aprendido a recitar esta letanía. Pero también se ha convertido en un medio para protegernos de lo que podría implicar una verdadera comparación entre China y nosotros. El objetivo de esta pieza de doctrina es afrontar con lucidez lo que los logros chinos nos obligan a reconsiderar sobre la modernidad, la capacidad del Estado, las formas de legitimidad política y nuestra propia complacencia: reconocer esos costos reales al tiempo que nos tomamos en serio la magnitud de la transformación; mirar de frente lo que Pekín ha logrado y comprender cómo medirnos a ello.

Este gran despertar no debe ser una admisión de fracaso. No pretende incitarnos a renunciar a los valores liberales, a proclamar la superioridad de los regímenes autoritarios, ni a imitar servilmente ciertos aspectos del modelo de gobernanza chino. Se trata más bien de un llamado a un examen franco y honesto, con confianza: la voluntad de reconocer directamente los retos, de aprender de los éxitos de los demás incluso cuando estos sacuden nuestras certezas, y de reforzar nuestras propias instituciones reconociendo claramente sus deficiencias en lugar de negar sus fracasos de forma defensiva. 

Es cierto que la democracia liberal atraviesa una profunda crisis, pero este momento no tiene por qué suponer su fin. La cuestión es si la afrontaremos con la introspección rigurosa que ha permitido la renovación democrática a lo largo de la historia, o si nos refugiaremos una vez más en los mitos reconfortantes que en el pasado nos han cegado tanto ante nuestras debilidades como ante las fortalezas de nuestros rivales.

Aún no nos hemos dado cuenta de la magnitud del cambio

Esta toma de conciencia debe comenzar con un análisis objetivo de los hechos. Las cifras, aunque asombrosas, no bastan por sí solas para comprender todo el alcance de la transformación china. Según el Banco Mundial, desde principios de la década de 1980, China ha sacado de la pobreza extrema a cerca de 800 millones de personas, 5 lo que representa aproximadamente tres cuartas partes de la reducción mundial de la pobreza durante ese periodo. La esperanza de vida en China, que en 1960 era de solo 33 años, alcanzó los 78 años en 2023; 6 en comparación, la esperanza de vida al nacer en Estados Unidos ese mismo año era de 78,4 años. 7 Casi todos los hogares chinos tienen acceso a la electricidad desde hace unos diez años. 8 La escolarización en la enseñanza secundaria es ahora casi universal. 9 La renta per cápita ha pasado de unos pocos cientos de dólares a principios de la reforma, a finales de la década de 1970, a más de 13.000 dólares en la actualidad. 10

Pero quizá lo que mejor ilustra la dificultad de comprender la magnitud del fenómeno es lo que ha ocurrido en el sector energético.

China representa ahora más de la mitad de la capacidad instalada mundial de energía solar 11 y eólica 12 Aproximadamente tres cuartas partes de todos los proyectos de energías renovables actualmente en curso en el mundo se encuentran en el territorio de la República Popular o están dirigidos por empresarios chinos. 13 Aproximadamente el 30 % de las emisiones mundiales provienen de China, 14 pero es también allí donde se concentra gran parte del crecimiento de las tecnologías de descarbonización. 

Sencillamente, el país ha revolucionado la transición energética mundial al demostrar que un despliegue masivo y rápido puede hacer que las energías renovables sean competitivas en términos de costos a escala mundial.

Independientemente de la opinión que se tenga del sistema político chino, estas no son las características de un Estado fallido, sino de una sociedad cuya población, en muchos aspectos, prospera como nunca antes en su historia.

El paradigma confuciano y el bloqueo intelectual estadounidense

La magnitud de la transformación china nos plantea directamente un desafío intelectual. Incluso aquellos de nosotros que hemos seguido de cerca la evolución de China y que nos jactamos de ver más allá de los prejuicios occidentales hemos tenido dificultades para comprender plenamente lo que estamos presenciando. Los esquemas de pensamiento habituales —las trampas del ingreso medio, la fragilidad estructural del autoritarismo, la convergencia inevitable con las normas liberales— nos han proporcionado un consuelo cognitivo sin llegar, sin embargo, a explicar lo que realmente está sucediendo.

El historiador del pensamiento Joseph Levenson, en su obra fundamental Confucian China and Its Modern Fate15 sostenía que la búsqueda de China consistía en encontrar un camino capaz de aportar riqueza y poder de una manera que fuera a la vez auténticamente china y objetivamente eficaz. Durante más de un siglo, los intelectuales chinos se enfrentaron de hecho a este desafío: ¿cómo alcanzar la modernidad sin perder la identidad cultural, cómo alcanzar el poder sin abandonar lo que constituía la especificidad de China?

Quizá este capítulo de la historia esté llegando a su fin, ya que el país parece haber encontrado ese camino. El sistema que alimenta su éxito es una mezcla extraordinariamente compleja de confucianismo, leninismo, autoritarismo tecnocrático, capitalismo de Estado y mecanismos de mercado. Sin embargo, los intelectuales chinos consideran que el país ha alcanzado esta riqueza y este poder de una manera típicamente china. Si el marco teórico de Levenson es el adecuado, entonces estamos asistiendo no solo al ascenso de China, sino también a su paso a la siguiente etapa, una fase marcada por el fin de la búsqueda central que ha definido su historia moderna.

Sin embargo, incluso en China, esta transición de la búsqueda de la modernidad a su consecución sigue siendo difícil de aceptar plenamente. Muchos intelectuales chinos, por muy patriotas y confiados que estén en los logros de su país, parecen aún poco preparados para comprender el alcance de lo que estos logros significan. La idea de que China haya pasado de la recuperación del retraso a la redefinición del propio desarrollo pone en tela de juicio hábitos de pensamiento forjados a lo largo de generaciones. Para unos intelectuales condicionados a considerar a Occidente como un punto de referencia permanente —incluso cuando se trata de criticarlo con dureza—, la perspectiva de que China pueda ahora establecer las reglas en lugar de responder a ellas exige un reset que aún no se ha producido plenamente.

La aparente resolución de seguir por el camino de la modernidad en China tiene implicaciones aún más profundas. 

Si la República Popular se ha convertido efectivamente en uno de los principales artífices de nuestra época, entonces las preguntas que durante mucho tiempo han marcado nuestra reflexión sobre China —¿se democratizará?, ¿convergirá hacia las normas occidentales?, ¿cuándo le pasarán factura sus contradicciones?— quizá hayan quedado totalmente fuera de lugar. Deben ocupar su lugar otras nuevas: ¿en qué tipo de potencia mundial debería convertirse China?, ¿cómo debería interactuar una civilización que ha recuperado la confianza en su propio camino con un mundo que sigue organizado en torno a las instituciones y los supuestos occidentales?

Los dirigentes chinos hablan hoy en día de construir una «comunidad de destino común para la humanidad». El significado práctico de tales conceptos sigue siendo deliberadamente vago. Porque hay cuestiones subyacentes más profundas que resultan aún más difíciles de resolver para el poder chino: ¿puede una civilización que nunca se ha sentido cómoda en el orden de Westfalia encontrar la manera de funcionar dentro de él, o intentará también remodelar esas normas? ¿Cómo puede un país que ha alcanzado la prosperidad gracias a un desarrollo dirigido por el Estado compartir este modelo sin dar la impresión de comprometer la soberanía de los demás?

Estas cuestiones preocupan hoy en día a los estrategas chinos. Ya no se preguntan cómo alcanzar a Occidente, sino cómo liderar el mundo de forma responsable.

Por otro lado, las cuestiones a las que nos enfrentamos ahora son igual de difíciles, si no más: ¿cómo es la modernidad cuando ya no la conciben exclusivamente Europa y Estados Unidos?, ¿cué es el desarrollo cuando el modelo más eficaz no se ajusta a los postulados de la democracia liberal?, ¿qué ocurre cuando la segunda economía mundial funciona según principios que trastocan las convicciones occidentales fundamentales sobre cómo alcanzar y mantener la prosperidad?

Cao Fei, «Nova», 2019. Imágenes tomadas de un video HD monocanal, color, sonido 5.1, formato 2.35:1. 94 min 01 s.

El marco teórico de Levenson también ofrece una perspectiva para comprender la difícil situación en la que se encuentra actualmente Estados Unidos. 

Según esta formulación, una civilización es estable cuando lo que es mío (meum) y lo que es verdadero (verum) permanecen en armonía; en otras palabras, cuando los supuestos heredados de una sociedad sobre el funcionamiento del mundo concuerdan con la realidad tangible que vive en su día a día. La inestabilidad aparece en los momentos de disyunción, cuando estos dos elementos ya no concuerdan y lo que la tradición afirma como verdadero ya no corresponde con lo que se puede observar claramente. Tras las guerras del opio, China vivió una crisis de este tipo: se enfrentó a la dolorosa toma de conciencia de que las certezas confucianas sobre la centralidad china y la superioridad de su civilización no podían explicar la presencia de las cañoneras occidentales en el río de las Perlas. Se necesitaron casi dos siglos de agitación intelectual, experimentos políticos y transformaciones a menudo violentas para que China resolviera esta tensión.

La cuestión ahora es si las perturbaciones más recientes provocadas por el auge de China —menos violentas, pero no por ello menos disruptivas— llevarán a Estados Unidos a un replanteamiento similar. 

Cuando una nación que se suponía que iba a quedarse rezagada para siempre da de repente un salto adelante en energías renovables, inteligencia artificial e infraestructuras; cuando el capitalismo autoritario resulta ser más maleable de lo previsto; cuando «el fin de la historia» se revela como un triunfalismo prematuro, la brecha entre lo meum y lo verum se hace más profunda. La elección, como China ha aprendido a lo largo de su largo siglo de humillación, se sitúa entre la dolorosa labor de reconstrucción intelectual y la defensa cada vez más desesperada de ilusiones reconfortantes.

La crisis china de mediados a finales del siglo XIX y la crisis estadounidense de principios del siglo XXI no son, por supuesto, idénticas. Pero estos dos momentos presentan paralelismos históricos que vale la pena destacar. En las décadas de 1860 y 1870, los reformistas chinos del Movimiento de Autofortalecimiento abordaron un desafío civilizatorio al formular los conceptos de yong y ti. Desarrollaron la idea de que China podía adoptar las técnicas y tecnologías occidentales (yong) y ponerlas al servicio de la preservación de su carácter chino esencial (ti).

Los dirigentes de Estados Unidos pretenden poder adoptar un modelo de intervención estatal al estilo chino sin traicionar los valores estadounidenses. 

Kaiser Kuo

Hoy en día, se está produciendo un fenómeno notablemente similar, pero a la inversa, en todo el espectro político estadounidense.

Desde la política industrial hasta las participaciones directas del gobierno en empresas estratégicas como Intel, los responsables políticos estadounidenses están adoptando cada vez más métodos que se asemejan extrañamente al capitalismo de Estado chino, al tiempo que insisten en que defienden los principios del libre mercado. Tanto bajo la administración de Biden como durante el segundo mandato de Trump, han surgido colaboraciones coordinadas entre el gobierno y la industria, lo que marca un cambio discreto pero decisivo. Aunque quizá no haya habido un debate nacional al respecto, Estados Unidos ya no oculta en absoluto que tiene una política industrial, un concepto que antes era denostado.

Es cierto que Estados Unidos ha aplicado durante mucho tiempo formas más o menos explícitas de política industrial, desde la construcción de los ferrocarriles transcontinentales hasta el Proyecto Manhattan, pasando por la carrera espacial. Pero siempre lo hacía insistiendo en que se trataba de otra cosa. Durante décadas, la ortodoxia económica estadounidense consideró la planificación estatal como ineficaz y antiamericana, y vio los modelos de desarrollo de otras naciones —ya fuera el auge de Japón gracias a su Ministerio de Comercio Internacional e Industria, la coordinación de los chaebols, los conglomerados de Corea del Sur y, por supuesto, el capitalismo de Estado chino—, como herejías que se apartaban de la fe en el libre mercado. Sin embargo, con la Ley CHIPS and Science de 2022, la Inflation Reduction Act de ese mismo año y, hoy en día, el renacimiento explícitamente proteccionista de la economía dirigida por el Estado bajo Donald Trump, Estados Unidos ha abandonado por completo esa fachada. Lo que antes marcaba la frontera ideológica entre «nosotros» y «ellos» se ha desvanecido discretamente de un plumazo. 

Al igual que los reformistas chinos afirmaban en su día que podían tomar prestados selectivamente los métodos occidentales sin comprometer la civilización china, los dirigentes de Estados Unidos pretenden hoy poder adoptar una intervención estatal al estilo chino sin traicionar los valores estadounidenses. La historia demuestra que este tipo de experimentos de adopción selectiva rara vez salen tan bien como imaginan sus ideólogos.

China no es responsable de la crisis estadounidense

Al igual que los historiadores de la China moderna han revisado acertadamente, en las últimas décadas, el antiguo paradigma puramente reactivo que dominaba los relatos sobre el «siglo de la humillación» —pasando de la mera constatación de un impacto externo a destacar los factores internos chinos que también habían configurado la transformación del país—, nosotros deberíamos resistir la tentación de atribuir el malestar actual de Estados Unidos principalmente a una provocación china.

Las causas de la falta de confianza en el modelo occidental son numerosas y se habían ido gestando mucho antes: el atolladero de las guerras en Afganistán e Irak, la crisis financiera de 2008, la polarización y la parálisis de Washington, el vergonzoso espectáculo del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 y el evidente deterioro de la cohesión cívica en Estados Unidos no son más que algunos ejemplos.

Pero el «efecto espejo» chino ha amplificado esta tendencia de forma inquietante. Ver cómo un rival construye, forma e innova a la misma escala que lo hacía China ha puesto aún más de manifiesto el mal funcionamiento del sistema estadounidense. Cada fallo en las infraestructuras, cada disputa sobre una partida presupuestaria, cada cierre del gobierno parece más llamativo ante la rápida y profunda transformación de China.

Lo que podría haber sido un nuevo periodo de introspección estadounidense se ha convertido en una crisis mucho más grave: la dolorosa constatación de que otro sistema, por imperfecto que sea, ha logrado resultados a una escala que Estados Unidos no ha podido alcanzar. 

¿Qué es lo que, en el fondo, nos resulta tan inquietante del éxito de China? Como señaló Chas W. Freeman, un diplomático estadounidense de alto rango ya jubilado, «los estadounidenses muestran hoy una extraña mezcla de duda, complacencia y arrogancia». Es precisamente ese tipo de cóctel el que impide el análisis lúcido que el momento exige. Parte de lo que le hace daño a Estados Unidos es, lamentablemente, de carácter racial: el ocaso del privilegio blanco en un país cada vez más diverso coincide con el ocaso de la hegemonía estadounidense en un mundo cada vez más multipolar. Al igual que el etnonacionalismo blanco representa una respuesta irracional a la percepción de la erosión de los privilegios blancos a nivel nacional, se podría plantear la hipótesis de que la deriva hacia una nueva guerra fría representa una respuesta irracional a la percepción de la erosión de los privilegios estadounidenses a escala mundial. Pero la cuestión racial no es más que una corriente entre otras en un torbellino más amplio. 

Hoy en día, los intelectuales ya no se preguntan cómo alcanzar a Occidente, sino cómo liderar el mundo de forma responsable.

Kaiser Kuo

Para comprender por qué el ascenso de China parece molestar a Estados Unidos en lo más profundo de su ser, hay que entender el desafío psicológico más profundo que plantea para la identidad estadounidense.

Durante generaciones, los estadounidenses habían vivido inmersos en una historia nacional que les aseguraba que siempre serían los primeros en los ámbitos que más importan: innovación, tecnología, poderío militar, dinamismo económico y atractivo cultural. Sin embargo, pilar tras pilar, los logros de China han ido socavando sistemáticamente el excepcionalismo estadounidense. Jerarquías profundamente arraigadas y a menudo inconscientes siguen posicionando a Occidente como la norma y a los demás Estados como meras imitaciones. El momento de la toma de conciencia y del reajuste exige hoy confrontar esos reflejos.

Antes se daba por sentado que una economía de mercado dinámica requería una democracia liberal; China ha demostrado que el capitalismo autoritario puede funcionar perfectamente.

Se creía que las redes sociales acabarían liberando inevitablemente a los súbditos de las autocracias; luego, la Primavera Árabe perdió fuelle, Edward Snowden redefinió los términos del debate sobre la vigilancia y la política de las plataformas se descarriló en nuestro país.

Se daba por sentado que no podía surgir ninguna innovación auténtica sin libertad política; sin embargo, las empresas y los laboratorios chinos comenzaron a obtener resultados de primer orden a pesar de operar en un ecosistema de la información muy diferente.

Cada revés ha sacudido el dogma y agravado el impacto.

El discurso occidental atribuye sistemáticamente los logros de China a su régimen, en lugar de a sus capacidades intrínsecas. Los avances de Tencent, BYD, Huawei o del ecosistema de hardware de Shenzhen suelen explicarse como resultado de un dictado estatal, en lugar de como fruto de un genio conceptual o de la rapidez sin igual de una producción localizada. Esta simplificación del contexto es peligrosa: alimenta la sensación de que el ascenso de China sería, en cierto modo, una afrenta a la forma en que el mundo debería funcionar, en lugar de una prueba de que el mundo quizá funciona de manera diferente a lo que se suponía.

El rechazo al auge chino tiene algo del escepticismo climático

Ningún problema mundial refleja tan crudamente el momento que estamos viviendo como el cambio climático.

Se perfila una tendencia fundamental: las pruebas se acumulan más rápido de lo que somos capaces de asimilarlas, los discursos están pensados para tranquilizar más que para aclarar, y existe un rechazo colectivo a cuestionar hipótesis que ya no se ajustan al mundo en el que vivimos.

Los paralelismos con el auge de China son, una vez más, sorprendentes. 

En lo que respecta al clima, vemos cómo el humo de los incendios forestales asfixia nuestras ciudades, cómo las inundaciones que antes solo se producían una vez cada siglo ahora ocurren cada dos o tres años, y cómo los océanos se calientan y se acidifican a un ritmo alarmante. Sin embargo, miramos hacia otro lado, buscando excusas para retrasar, eludir o rechazar la responsabilidad. En China, las infraestructuras se desarrollan a escala continental, los avances tecnológicos se acumulan y la capacidad en energías renovables se duplica. Sin embargo, seguimos encontrando la manera de minimizar todo esto, de ridiculizarlo hablando de exceso de capacidad y de predecir su inminente colapso. Algunos llegan incluso a rechazar estos avances calificándolos de farsa o de conspiración.

En ambos casos, preferimos el consuelo de las historias familiares al malestar que supone una verdadera toma de conciencia.

Llevemos el paralelismo un poco más allá. El cambio climático nos ha obligado a todos a enfrentarnos a los límites del dominio humano sobre la naturaleza, esa pretensión de la Ilustración según la cual los seres humanos podrían explotar las fuerzas naturales sin consecuencias. El auge de China nos obliga a enfrentarnos a los límites del dominio occidental sobre la modernidad, esa poderosa pretensión según la cual solo el capitalismo liberal democrático podría garantizar una prosperidad y una innovación sostenibles. Estas dos evoluciones exigen que abandonemos nuestras ilusiones y miremos el mundo tal y como es. Ambas revelan hasta qué punto nuestras certezas heredadas se han vuelto frágiles, y hasta qué punto la negación puede ser peligrosa.

La analogía también pone de manifiesto otra cosa: una evolución radical de lo que constituye la legitimidad política en el siglo XXI.

Si antes se basaba principalmente en procedimientos y formas —constituciones, elecciones, parlamentos—, ahora se basa cada vez más en los resultados. En materia de clima, ¿qué podría ser más importante que la capacidad de preservar la propia habitabilidad del planeta?

La paradoja china resulta aún más reveladora si se tiene en cuenta que China es, a la vez, el mayor emisor de carbono del mundo y el mayor constructor de instalaciones de energía renovable. Cada año instala más energía solar y eólica que el resto del planeta. Hay una lección en el fondo de esta contradicción: en el siglo en que vivimos, la legitimidad no se derivará de la pureza ideológica, sino de la capacidad de cumplir los compromisos, aunque sea de forma totalmente caótica. Los sistemas no serán juzgados por la elegancia de sus teorías, sino por su capacidad para hacer frente a los retos existenciales.

Cao Fei, «Nova», 2019. Imágenes tomadas de un video HD monocanal, color, sonido 5.1, formato 2.35:1. 94 min 01 s.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, el contraste es sorprendente. Mientras ellos discuten sin cesar sobre oleoductos y líneas eléctricas, China está construyendo en pocos años redes que abarcan un territorio del tamaño de un continente. Mientras que los estadounidenses han abandonado su papel de líderes mundiales en materia climática (la segunda administración de Trump se ha retirado de nuevo del Acuerdo de París y recientemente ha criticado las energías renovables en la Asamblea General de las Naciones Unidas), China se ha convertido en un actor indispensable de la transición energética. El país que se suponía que era el problema se ha convertido en una parte de la solución sin la que no se puede contar. Y lo ha hecho no gracias a una transformación moral, sino a través de su capacidad de producción y despliegue.

Esto pone de manifiesto otra dimensión que hay que reconocer: la resiliencia ante la presión. Durante décadas, Estados Unidos ha aprovechado su dominio sobre los sistemas financieros, los cuellos de botella tecnológicos y las cadenas de suministro mundiales para presionar a sus adversarios y, en ocasiones, incluso a sus aliados. Esta ventaja ya no es unidireccional: China ha demostrado que puede resistir esa presión y contraatacar de la misma manera, desde la explotación de tierras raras hasta sus insumos de fabricación de vanguardia. Su respuesta al bloqueo tecnológico de Washington —la aceleración de la innovación nacional en semiconductores, inteligencia artificial y otros sectores estratégicos— demuestra que su sistema tiene una capacidad de adaptación notable.

Esta legitimidad basada en los resultados en el siglo XXI abarca, por tanto, múltiples dimensiones: la capacidad de garantizar la prosperidad y la estabilidad, sin duda, pero también de construir a gran escala, de innovar bajo presión, de soportar la coacción económica sin ceder y de movilizar recursos para hacer frente a retos globales como la transición energética. En cada una de estas dimensiones, el contraste entre el mal funcionamiento estadounidense y las capacidades chinas se hace cada vez más evidente y difícil de ignorar.

Estos logros se producen en un momento en el que no solo Estados Unidos, sino también muchas democracias occidentales, se encuentran sumidas en una crisis. Esta coincidencia plantea una pregunta inquietante: ¿se reduce la legitimidad política a la democracia procedimental?, ¿o debe abarcar también los resultados, la capacidad de cumplir los compromisos, la competencia y la resiliencia?, ¿pueden adoptarse las virtudes de la gobernanza tecnocrática —su eficacia, su capacidad para planificar, construir y producir a gran escala— sin sucumbir a la tentación autoritaria?

Envidia de China

Empiezan a aparecer señales de toma de conciencia en todos los niveles del espectro político estadounidense. La fuerza más dinámica dentro del Partido Demócrata podría ser el «movimiento de la abundancia» impulsado por Derek Thompson y Ezra Klein. Aunque no sitúan explícitamente a China en el centro de su análisis, el énfasis que ponen en la capacidad del Estado, la política industrial y la necesidad de construir más y más rápido refleja claramente una toma de conciencia incipiente de que el enfoque de Estados Unidos en materia de desarrollo ha resultado insuficiente.

Esta toma de conciencia ha encontrado su máxima expresión en la obra de Dan Wang, Breakneck: China’s Quest to Engineer the Future, sin duda el libro más comentado, si no el más importante, de 2025 para cualquiera que reflexione seriamente sobre la trayectoria de China. El éxito de Breakneck es un síntoma: el argumento de Wang de que la tecnocracia y la gobernanza mediante la ingeniería han sido los motores del éxito de China ha encontrado un público ávido entre los lectores estadounidenses, por fin dispuestos a afrontar lo que hasta ahora habían ignorado o descartado.

Aceptar a China no implica renunciar a nuestros valores ni a nuestras aspiraciones. 

Kaiser Kuo

Aún más sorprendente es la reacción de una parte de la derecha estadounidense. Si bien el interés del movimiento MAGA por China se explica en parte por la admiración hacia su homogeneidad étnica, sus capacidades de vigilancia y su arsenal de herramientas autoritarias, también supone un reconocimiento a regañadientes de que el sistema chino produce resultados de los que el sistema estadounidense es cada vez menos capaz. Al mismo tiempo, los aceleracionistas de Silicon Valley y los empresarios tecnológicos, muchos de los cuales se han alineado ahora con Trump, expresan abiertamente lo que podría denominarse una «envidia de China»: el reconocimiento de que la coordinación entre los sectores público y privado en China ha producido avances que la fragmentación en Estados Unidos no ha sabido generar.

Quizá lo más revelador sea que las encuestas recientes muestran un cambio de actitud hacia China entre los jóvenes estadounidenses. 16 Nacidos mucho después de Tiananmen y constantemente expuestos en las redes sociales a videos virales que resaltan la estética monumental de las infraestructuras chinas, ven un país que se parece cada vez más al futuro con el que sueñan, más que al pasado. 

Este cambio generacional podría resultar más decisivo que las políticas públicas ideadas por las élites estadounidenses para contrarrestar el auge de China.

En Pekín, entre los profesionales de sectores que van desde la biotecnología hasta la automoción, pasando por las energías renovables y la robótica humanoide, se escuchan variaciones sobre un mismo tema: la transformación que ha barrido sus sectores en China durante las dos últimas décadas —o incluso simplemente en los últimos cinco años— resultaría totalmente inconcebible para cualquiera que no la haya vivido de cerca. Describen su regreso de conferencias en Estados Unidos o Europa como marcado por un desfase: el tsunami de transformación procedente de China simplemente no se percibe con una urgencia a la altura de la magnitud de los cambios que se avecinan. Sin embargo, desde la perspectiva de China, la visión es muy diferente. Entre los intelectuales y las personalidades culturales reina una confianza palpable que no existía hace varias décadas. Ya no se preguntan si China podrá recuperar su retraso. Han crecido en un país que ya está a la vanguardia de la tecnología, influyente en la escena mundial y orgulloso de sus logros. Ven claramente la capacidad de China para resistir las guerras comerciales, tomar la delantera en el ámbito de la inteligencia artificial y construir infraestructuras a escala continental, y dan por sentado que China tiene su lugar en la primera fila de las naciones.

Esa confianza, que a veces roza la arrogancia, es más saludable que la inseguridad que antaño carcomía el alma de la nación. También sugiere que los dirigentes y los ciudadanos chinos están empezando a asumir lo que significa no ser una potencia emergente, sino una potencia consolidada, con todas las responsabilidades y expectativas que ello conlleva a nivel interno y todas las inquietudes que aún puede suscitar en el extranjero.

La hora del gran despertar

Esta transformación repentina no debería provocarnos desesperanza, sino más bien una especie de humildad ante la total imprevisibilidad de lo que nos espera. 

China ha sacudido las certezas heredadas de Occidente en materia de desarrollo y gobernanza, pero las corrientes que se manifiestan en todo el Sur ya están empezando a redefinir también el horizonte de expectativas de una manera difícilmente previsible.

El ingenio tecnológico, el peso demográfico y la experimentación política del futuro surgirán de zonas que durante mucho tiempo se han considerado periféricas. Por lo tanto, el verdadero reto no consiste en aferrarse con demasiada firmeza a un orden establecido, sino en cultivar la flexibilidad intelectual necesaria para adaptarse cuando el mundo evoluciona más rápido de lo que nuestras teorías pueden seguir.

Porque nuestro gran despertar puede que, por ahora, se refiera a China, pero desde una perspectiva más amplia de la historia del mundo, va mucho más allá. Nuestro universo ya no gira en torno a centros familiares. Ahora debemos encontrar la estabilidad sin el consuelo de los mitos heredados, partiendo de la conciencia de que las historias que algunos de nosotros nos hemos contado sobre la modernidad quizá eran demasiado estrechas, demasiado egocéntricas, demasiado limitadas para el mundo en el que realmente vivimos.

Reflexionemos sobre lo que la trayectoria de China significa para los países del Sur, a los que durante décadas se les ha dicho que solo había un camino hacia la prosperidad: el del Consenso de Washington, basado en la privatización, la desregulación y la gobernanza democrática. China demuestra que otro modelo puede funcionar mediante un desarrollo impulsado por el Estado, una planificación a largo plazo, inversiones masivas en infraestructuras y una integración selectiva en los mercados mundiales, al tiempo que conserva su autonomía política. Se admire o no este modelo, su éxito es innegable, y sus implicaciones se extienden mucho más allá de Asia Oriental.

Esta constatación nos obliga a todos a reconocer que lo que llamamos modernidad —el conjunto del proyecto de desarrollo humano, progreso tecnológico y organización social que ha definido los últimos siglos— ya no es un privilegio exclusivo de Occidente. El futuro se escribe en múltiples lugares, según múltiples lógicas y con resultados que desafían cualquier categorización simplista.

Para Estados Unidos y Europa, esta toma de conciencia exige abandonar la idea de que son los únicos capacitados para liderar, los únicos en condiciones de juzgar, los únicos capaces de innovar y adaptarse. Esto significa aceptar que su forma de organizar la sociedad, por muy valiosa que les parezca, no es más que un enfoque entre otros muchos viables para el desarrollo humano. Las universidades estadounidenses siguen siendo potentes imanes para el talento de todo el mundo, incluso ante los crecientes ataques políticos. También están las vastas comunidades de la diáspora china, cuya creatividad, movilidad y dominio cultural tejen un puente entre los mundos. No son instrumentos de un solo Estado, sino que participan en un proyecto mundial común de conocimiento, invención e intercambio. Si apostamos por que está surgiendo una modernidad plural, quizá sean estas comunidades, más que los gobiernos, las que mejor puedan encarnarla.

Aceptar a China no implica renunciar a nuestros valores ni a nuestras aspiraciones. 

Pero eso exige defenderlas de forma más convincente y demostrar su verdadero valor con hechos, más que con palabras. 

La modernidad ya no es un privilegio exclusivo de Occidente.

Kaiser Kuo

Deberíamos dejar de plantearnos nuestro enfoque respecto a China preguntándonos por qué esto no puede durar, qué es lo que inevitablemente va a salir mal o cuándo acabarán estallando las contradicciones. El sistema ha funcionado. Ha cumplido sus promesas. Esperar su colapso no es una estrategia, es un mecanismo de defensa.

Nuestro gran despertar debe ser, ante todo, intelectual: se trata de ver el mundo tal y como es, en lugar de como nos gustaría que fuera; de reconocer los logros dondequiera que se produzcan; y de aprender de los éxitos, incluso cuando provienen de fuentes que nos incomodan. Despertar es resistirse a la negación, aceptar lo que ven nuestros ojos y elegir la franqueza en lugar de la ilusión.

Es por ahí por donde debe pasar cualquier ajuste verdadero: no a través de directrices políticas o planes estratégicos, sino mediante el simple reconocimiento de que el mundo ha cambiado de una forma que apenas estamos empezando a comprender. 

¿Qué políticas deberían derivarse de ello? No pretendo tener la respuesta. El trabajo político solo podrá comenzar cuando dejemos de engañarnos a nosotros mismos. El gran despertar es de orden cognitivo, no programático. Debemos ver con claridad los logros de China, dejando de lado por completo ese «sí, pero» reflejo que los minimiza de inmediato, antes de poder reflexionar con claridad sobre lo que significan para nosotros.

El mundo ha cambiado radicalmente. La elección no se plantea entre la resistencia y la rendición, sino entre una adaptación reflexiva y una negación obstinada; entre el fortalecimiento de nuestras instituciones mediante una introspección honesta y su debilitamiento definitivo si nos negamos deliberadamente a ver las nuevas realidades.

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Los glaciares europeos están entre los más vulnerables al aumento de las temperaturas https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/28/glaciares-europeos-vulnerables-aumento-temperaturas/ Thu, 28 May 2026 16:51:23 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100673 Hoy, jueves 28 de mayo, la temperatura ha alcanzado los 10°C en Pointe Helbronne, el pico más alto del macizo del Mont Blanc, a casi 3.500 metros.

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Es en el macizo de los Alpes donde el aumento de las temperaturas es hoy uno de los más evidentes de Europa. A las 10 de la mañana de hoy, jueves 28 de mayo, el termómetro ha alcanzado los 10 °C en la punta Helbronne, una de las cimas más altas del macizo del Mont Blanc, situada a 3.466 metros de altitud.

La comparación de la capa de nieve con un año de diferencia permite apreciar el carácter excepcional de los picos de temperatura alcanzados en los últimos días.

  • En la cordillera de los Alpes, la temperatura media ha aumentado entre 0,5 y 1 °C por década durante los últimos 30 años, frente a los 0,2-0,5 °C registrados en el suroeste del continente o en Escandinavia.
  • El calentamiento global ha provocado la desaparición de la mitad del volumen de hielo que había en los Alpes en 1900.

Un estudio publicado el año pasado estimaba que, desde principios de siglo, los glaciares del mundo habían perdido unas 6.500 toneladas de hielo, lo que equivale al volumen de agua que contienen tres piscinas olímpicas cada segundo 17. El aumento de las temperaturas en las últimas décadas contribuye a agravar el fenómeno, que se aceleró un 36% entre 2012 y 2023 en comparación con el periodo 2000-2011.

  • El cambio climático contribuye directamente al deshielo del permafrost, la capa de suelo permanentemente congelada —en algunos casos desde hace miles o incluso millones de años— que ayuda a estabilizar los glaciares.
  • Es posible que el deshielo del permafrost situado bajo el glaciar del Birch, en Suiza, haya influido en el desprendimiento que, hace un año, el 28 de mayo de 2025, provocó la destrucción del pueblo de Blatten.

En los Alpes austriacos, 94 de los 96 glaciares supervisados por la Asociación Alpina Austriaca han retrocedido desde el año pasado, según el informe anual del grupo publicado en marzo 18. El Alpeiner Ferner, situado en el Tirol, y el Stubacher Sonnblick, en los Hohe Tauern, han sufrido las mayores pérdidas, con un retroceso de más de 100 metros.

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La diplomacia rusa llama a armarse contra el «Cuarto Reich» europeo https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/28/la-diplomacia-rusa-llama-a-armarse-contra-el-cuarto-reich-europeo/ Thu, 28 May 2026 15:49:46 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100574 Para justificar la escalada, la revista del Ministerio de Asuntos Exteriores afirma que Merz y los europeos están a punto de atacar a Rusia.

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Las declaraciones diplomáticas son un discurso dotado de una fuerza ilocutiva específica: un discurso que significa y, al mismo tiempo, compromete. La tradición diplomática exige que cada palabra se sopese detenidamente antes de pronunciarla, y cualquier incumplimiento de esta regla se percibe inmediatamente como una forma de salirse del juego. La diplomacia rusa no es una excepción. Al contrario, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov; el asesor del presidente para política exterior, Yuri Ushakov; el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y el representante permanente de Rusia ante el Consejo de Seguridad, Vasili Nebenzia, saben perfectamente lo que dicen, con qué fines y en qué contexto geopolítico concreto. Las declaraciones agresivas de un Dmitri Medvédev, reconvertido en propagandista beligerante en las redes sociales, constituyen aquí una excepción a la regla y lo sitúan en una posición marginal.

Sin embargo, en torno a esta esfera diplomática existe todo un ecosistema de revistas especializadas, círculos de expertos y centros académicos, en el que los interlocutores rusos utilizan un lenguaje muy diferente, convencidos de que se dirigen únicamente a la élite política de su país dentro de una cadena de comunicación de circuito cerrado. A menudo, este ecosistema constituye un punto de referencia útil para ir más allá de los discursos formales y hacerse una idea más precisa del universo intelectual y político en el que se mueven a diario los altos cargos rusos.

El artículo que traducimos a continuación apareció en La vida internacional, revista de referencia del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. Fue en esta publicación donde, hace apenas unos meses, un autor instaba a «quemar todo hasta el Canal de la Mancha». En esta ocasión, el órgano del ministerio anuncia abiertamente la formación de un «Cuarto Reich» en Europa, del que Ucrania sería el principal puesto de avanzada. 19.

Según Denis Baturin, autor de este artículo, Europa estaría a punto de poner en marcha un sistema ofensivo basado en la militarización de Europa Occidental, el uso de Ucrania como «país combatiente» y la constitución de una «retaguardia» a escala continental que proporcione los recursos humanos, militares, financieros, políticos y mediáticos necesarios para aplastar a la Federación Rusa.

Aunque podría pensarse que este artículo es obra de un «bloguero Z» especialmente enojado, en realidad procede de un autor presentado como «politólogo», en una publicación que da una imagen de seriedad institucional. Tras haber ocupado diversos cargos directivos en los medios de comunicación y las agencias de noticias de Crimea, Baturin fue miembro de la Cámara Pública de la República de Crimea entre 2014 y 2020. Desde 2005 en Rusia y desde 2014 en los territorios temporalmente ocupados, estos órganos consultivos reúnen a expertos, periodistas, asociaciones y sindicatos con el objetivo declarado de servir de enlace entre el poder y la «sociedad civil». En la práctica, se trata esencialmente de una institución de pura legitimación del poder ruso, siempre preocupado por mantener las apariencias democráticas, que a la vez actúa como caja de resonancia de opiniones favorables al Kremlin.

Con más de 400 artículos publicados desde la anexión de Crimea en 2014, Denis Baturin no solo se ha destacado como uno de los autores más prolíficos de La vida internacional, sino que también figura entre los colaboradores más acérrimos y virulentos. A principios de 2025, el Servicio de Seguridad de Ucrania abrió una investigación en su contra por atentar contra la integridad territorial de Ucrania, actividades colaboracionistas y justificación de la agresión armada de la Federación Rusa contra Ucrania, incluidos los ataques con misiles contra infraestructuras civiles. 20

Quizá a los lectores europeos les sorprenda ver que un propagandista de Crimea se base en los últimos escritos de Emmanuel Todd, en los que critica duramente a Estados Unidos y denuncia la «guerra de agresión» que Occidente libra contra Rusia. Pero si no es de extrañar que el Kremlin sepa cómo utilizar a los escritores más leales de la República de Crimea, tampoco es de extrañar que estos, a su vez, sepan cómo encontrar apoyos en Occidente.

Todo comenzó con la entrega por parte de Alemania de 5.000 cascos militares a Ucrania en febrero de 2022, justo al inicio de la operación militar especial. Debido a su propia legislación, Berlín se había negado durante mucho tiempo a suministrar armas letales a Ucrania. 21 Sin embargo, las cenizas del pasado nazi y una sed profundamente arraigada de venganza histórica, combinadas con el virus del globalismo y las presiones de la administración de Biden, convencieron a Alemania de «cruzar el Rubicón».

La propaganda rusa se basa en la reificación de entidades pseudohistóricas congeladas en el tiempo. La Alemania de 2026 conservaría, en este sentido, algo de su pasado nazi, mientras que Rusia sería, eternamente y como un reflejo, la gran liberadora de la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, no es de extrañar que el autor hable más adelante del «Cuarto Reich», en el marco de una comparación histórica totalmente errónea. El Tercer Reich nunca, hasta la fecha, funcionó como una «alianza» o incluso como un «bloque» tal y como se describe en el artículo. 

Una vez más, Alemania se muestra dispuesta a enfrentarse a Rusia. Ya está en acción. Los tanques Leopard, con cruces en sus torretas, llevan mucho tiempo ardiendo en territorio ucraniano. 

Esta frase es engañosa en más de un sentido. En primer lugar, sugiere que Rusia habría destruido con facilidad los carros de combate enemigos y que estos serían un elemento central de la guerra, dos afirmaciones que se desmienten por la realidad sobre el terreno. Sobre todo, deja cierta ambigüedad sobre esas «cruces», como para insinuar que se trataría de la Balkenkreuz utilizada en Alemania entre 1918 y 1945, cuando las cruces blancas pintadas en los tanques han sido el símbolo de la contraofensiva ucraniana sin ninguna referencia a conflictos anteriores.

En esencia, Alemania ya está en guerra contra Rusia a través de Ucrania. Por otra parte, no es la única, como hemos señalado en más de una ocasión.

Más allá de la complejidad jurídica del concepto de «cobeligerancia», el hecho de suministrar armas o información de inteligencia a un Estado soberano no constituye en sí mismo un acto de guerra desde el punto de vista del derecho internacional; de lo contrario, siguiendo este razonamiento, habría que admitir que Rusia está en guerra contra Israel y Estados Unidos a través de Irán.

En este contexto, el canciller alemán Friedrich Merz declaró, según Die Welt, que «la situación actual en Europa exigía un mayor apoyo a Kiev». Merz señaló asimismo que el cambio de gobierno en Hungría y el levantamiento del veto de Budapest al crédito de la Unión Europea a Ucrania creaban condiciones favorables para la consolidación de las capacidades de defensa de Europa. Por último, añadió que estas medidas afectaban especialmente a la industria alemana y que los fondos destinados al apoyo militar debían liberarse lo antes posible. 22

Esta última observación constituye una prueba más de la lógica de los dirigentes europeos, que ven en la militarización de las economías de los países miembros de la Unión Europea una oportunidad para salir de la crisis económica. Al mismo tiempo, el representante de Ucrania, Vladimir Zelenski, se está quedando sin argumentos para justificar dicha militarización. 

Se espera que un rusoparlante escriba «Kiev» en lugar de «Kyiv», y es relativamente previsible que escriba «Vladimir» Zelenski en lugar de «Volodimir», ya que se trata de las versiones rusas de nombres ucranianos. En cambio, calificar al presidente de un Estado soberano de «representante» no es nada trivial. Por un lado, esta denominación reduce a Volodimir Zelenski a las funciones de embajador de la causa de su país en el extranjero, cuando en realidad el presidente ucraniano demuestra cada día que es plenamente un responsable político, aunque solo sea en la gestión de la crisis relacionada con los recientes casos de corrupción en Ucrania. Por otra parte, hablar de «representante» y no de «presidente» es una forma de negar hasta la esencia política del Estado ucraniano, es decir, de negar al Estado como tal, de acuerdo con la tesis del «Estado fallido» o del «Estado artificial» desarrollada por Vladimir Putin y sus asesores.

Así, aprovechó su discurso en Kiev, con motivo de la «Jornada del armamento ucraniano», para proclamar con énfasis que «los drones ucranianos» habían cambiado efectivamente el enfoque de la guerra moderna y que el siguiente paso debía ser la creación de un «sistema de defensa antiaérea ucraniano», pero sin decir ni una palabra sobre la dependencia total y absoluta de Ucrania respecto a la financiación y los suministros de armas y componentes procedentes de Occidente.

Es evidente que los ucranazis y los euromundialistas saben perfectamente que la producción militar real en el territorio de la supuesta «Ucrania independiente» es extremadamente vulnerable. De hecho, esa es la razón por la que la están trasladando a países europeos.

Los términos traducidos como «ucranazis» (ukronacisty) y «euromundialistas» (evroglobalisty) forman parte de una retórica ya bien conocida del Kremlin: el régimen vigente en Kiev se habría convertido al nazismo, lo que justificaría la operación rusa de «desnazificación», mientras que las élites desarraigadas de la Europa liberal y «globalista» habrían perdido todo vínculo con su población y lucharían contra Rusia para mantener su dominio colonial sobre todo el planeta. Lo más llamativo es que la terminología de esta propaganda burda y beligerante impregna ahora incluso las publicaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores. 

No se descarta que lo que está ocurriendo en Europa sea, en realidad, una planificación militar global, que se dispone a atacar las vías de comunicación, las rutas logísticas mundiales y regionales más importantes (entre ellas la ruta marítima del Norte y el mar Báltico), así como las infraestructuras de transporte, desde los petroleros hasta las terminales, pasando por los gasoductos del mar Negro. ¿Qué recursos se están movilizando con este fin? 

  • La Comisión Europea está decidida a solicitar un mínimo de 131.000 millones de euros para gastos de defensa durante el periodo 2028-2034. El comisario europeo Andrius Kubilius ya ha instado a los países miembros de la Unión a aumentar su producción de municiones para superar a la de Rusia.

Es evidente que calificar a la Unión de «bloque» no tiene más fines que retóricos y movilizadores, dentro de una lógica de mantenimiento sistemático de los paralelismos entre la guerra del siglo XXI y la época de la Guerra Fría. Las disensiones políticas en el seno de la Unión Europea, incluidas las relativas a la política que debe seguirse con respecto a Ucrania y a las modalidades concretas de su aplicación, bastan para demostrar que el «bloque» imaginado por Moscú es, en realidad, mucho más diverso.

  • El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, declaró durante la reunión en formato Ramstein que todos los países de la Alianza del Atlántico Norte debían aumentar sus inversiones en 2026 para alcanzar el objetivo de 60.000 millones de dólares en el marco del apoyo a la seguridad y el armamento de Ucrania.
  • Ucrania y Alemania han acordado un nuevo «paquete» de defensa por valor de 4.000 millones de euros, tras el compromiso de Berlín de financiar un contrato de varios cientos de misiles para el sistema Patriot y de suministrar 36 lanzadores IRIS-T. Las partes también acordaron una inversión de 300 millones de euros en equipos de largo alcance con el fin de aumentar la producción de armamento ucraniano. 23
  • La industria alemana está experimentando una profunda reconversión del sector automovilístico hacia las industrias de defensa, convirtiéndose así en una auténtica «fábrica de armamento», según el Wall Street Journal24 Berlín pretende convertir a Alemania en el principal centro de producción de toda la industria de defensa europea. Esta reorientación se produce en el contexto del estancamiento económico más prolongado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, agravado por la intensificación de la competencia china en el sector de la producción automovilística y el descenso de la demanda exterior de vehículos alemanes. 
  • El Reino Unido ha anunciado un envío colosal de drones: se prevé que a lo largo de este año se entreguen 120.000 aparatos a Ucrania, habiéndose iniciado ya los envíos en el mes de abril, según el gobierno británico. 25
  • Denis Shtilerman, copropietario de la empresa ucraniana Fire Point, afirma que «Ucrania dispondrá pronto de misiles balísticos». 26 Por el momento, los misiles «Flamingo» de Fire Point solo pueden volar una distancia de 300 kilómetros, pero se esperaba que a mediados de este año estuvieran disponibles misiles capaces de alcanzar los 850 kilómetros. 

Así pues, estamos asistiendo al despliegue agresivo de una base de producción diversificada, que incluye misiles y drones fabricados en Alemania, Francia e Inglaterra, mientras que Ucrania se encarga de parte del montaje de los componentes principales.

La acusación de haber creado una infraestructura internacional de producción de armamento destinada a un único conflicto resulta, como mínimo, incongruente, viniendo de un propagandista de un país —la Federación Rusa— que toma prestados sus drones Geran de los Shahed iraníes, moviliza a tropas norcoreanas en Ucrania y depende en gran medida de China para su cadena de producción militar.

Este es el verdadero rostro de la guerra subsidiaria que la Unión Europea libra contra Rusia, utilizando a Ucrania para sus propios fines. En este contexto, la producción de armamento de largo alcance se está trasladando en gran medida a la retaguardia del frente europeo. Por lo tanto, Europa está creando una profundidad estratégica en beneficio de Ucrania.

En un segundo artículo, el mismo autor se basaba en la participación de instructores y operadores de drones ucranianos en Mali para sostener que «tras la fachada de un noble enfrentamiento con Rusia en todos los continentes se esconde, en realidad, un sistema de venta de armas a terroristas de todo tipo». 27

En respuesta, Moscú ya ha lanzado una advertencia. El Ministerio de Defensa de la Federación Rusa ha hecho públicos los nombres y las direcciones de las empresas ucranianas con sede en Europa, de donde proceden los drones destinados a los ataques contra el territorio ruso. Se han identificado filiales de estas empresas ucranianas en ciudades de ocho países europeos, entre ellas Londres, Múnich, Praga y Riga. 28

Europa ha recibido esta advertencia con gran consternación. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán convocó al embajador ruso, Serguéi Nechaev, en Berlín, alegando «amenazas directas de Rusia contra objetivos situados en Alemania». 29 Consideraba que se trataba de un «intento de debilitar nuestro apoyo a Ucrania y poner a prueba nuestra determinación. «Nuestra respuesta es tajante: no nos dejaremos intimidar», escribió el servicio de prensa del ministerio. De esta lógica se desprende que la «ayuda» a Ucrania es admisible, e incluso deseable, pero que Europa no ve ninguna razón para asumir las responsabilidades y las consecuencias.

De hecho, la publicación de esta lista vino acompañada, entre otras cosas, de amenazas explícitas por parte de Dmitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, quien escribió, entre otras cosas: «La declaración del Ministerio de Defensa ruso debe entenderse de manera totalmente literal: la publicación de las instalaciones de producción de drones y otros equipos militares en Europa constituye un registro de objetivos potenciales legítimos para las fuerzas armadas rusas». Las amenazas directas contra civiles en el territorio de terceros países son contrarias al derecho internacional, tras el cual Rusia pretende refugiarse en cada una de sus intervenciones en la ONU. 

Europa se encamina, pues, hacia la guerra, pero siguiendo su propia lógica. No le importan en absoluto las realidades a las que se enfrentan las Fuerzas Armadas de Ucrania en la línea de contacto, ni las pérdidas humanas y territoriales del régimen de Kiev.

Todo apunta cada vez más claramente a que los planes urdidos por Europa contra Rusia se inscriben en una perspectiva a largo plazo. ¿Con qué fin? En mi opinión, a Europa le conviene resolver sus dificultades económicas y geopolíticas a costa de Rusia, en un primer momento mediante la militarización del continente y, posteriormente, mediante el debilitamiento de la propia Rusia, de sus recursos y de su potencial. 

El «Cuarto Reich» está en vías de constituirse. Por el momento, se trata de una estructura aún difusa, que tal vez incluso llegue a conservar ese carácter, pero el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Serguéi Lavrov, ya ha esbozado sus contornos y principios de organización, subrayando que Ucrania podría convertirse en el puesto avanzado de un nuevo bloque militar elaborado por Occidente: «Estados Unidos y Europa tienen la firme intención de crear un nuevo bloque, en el que el papel preponderante recaería en Kiev. Esta idea es defendida activamente por el antiguo enviado especial del presidente estadounidense, Keith Kellogg». 30 Dentro de esta alianza, Ucrania actuaría como país combatiente, auténtica vanguardia de los euromundialistas. 

En otro artículo publicado en mayo de 2026, 31 el mismo autor se pregunta por el origen de esta convicción entre los europeos, preguntándose cómo han llegado a convertir a Ucrania en «el ariete militar y la vanguardia de la seguridad europea». Contra todo pronóstico, Denis Baturin citaba aquí, en apoyo de su argumento, La derrota de Occidente, de Emmanuel Todd, en su edición rusa, y más concretamente el pasaje que afirma: «La feroz resistencia de un país en descomposición plantea un problema histórico. Lo que nadie podía prever es que iba a encontrar en la guerra una razón para vivir, una justificación de su propia existencia». 32

Erigiéndose en especialista en Rusia, el autor considera oportuno basarse en los escritos de Anatole Leroy-Beaulieu, que datan de 1881, para describir fenómenos antropológicos y culturales estudiados en miles de publicaciones entre el siglo XIX y la actualidad. Su La derrota de Occidente considera a Estados Unidos como el actor central de la «marcha hacia la guerra», concluye con una denuncia del «nihilismo» estadounidense, afirma que Rusia libra «una guerra defensiva contra un mundo occidental ofensivo» y tergiversa literalmente la realidad hasta el punto de acusar a Occidente de «guerra de agresión». Entre los propagandistas de la Crimea temporalmente anexionada, los escritos de este autor francés han tenido una acogida triunfal.

Por su parte, Europa y la OTAN constituirían la retaguardia de este enfrentamiento contra Rusia, el centro de producción deslocalizado del complejo militar-industrial ucraniano, la principal fuente de recursos humanos en forma tanto de mercenarios como de ucranianos deportados a su país de origen —una política que se generalizará en un futuro próximo—, así como la tribuna mediática que permite difundir relatos y discursos antirrusos. 

Sin que esta situación prejuzgue en modo alguno el curso de los acontecimientos ni dé a entender que la situación de los refugiados ucranianos en Europa sea de una estabilidad notable, hay que subrayar que, por el momento, las únicas deportaciones que no son fruto de la fantasía o de la propaganda, sino de la realidad objetiva, son las de los civiles ucranianos secuestrados por las fuerzas rusas en cada conquista territorial. Las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional contra Vladimir Putin y Maria Lvova-Belova, la «comisaria de derechos del niño» de Rusia, están, por otra parte, relacionadas con los traslados ilegales de niños durante la invasión de Ucrania.

Es evidente que este esquema considera el propio territorio europeo como una especie de santuario inviolable, lo cual concuerda con la línea dominante de la propaganda, según la cual Rusia está en guerra con Ucrania. A medida que las tensiones se agravan, los numerosos hechos que demuestran la complicidad europea en esta guerra se hacen cada vez más evidentes. Una situación así no puede prolongarse indefinidamente.

La operación militar especial de 2022 permitió «dar un vuelco al tablero» del Gran Juego internacional. Desde entonces, el mundo se presenta de una forma totalmente diferente. Sin embargo, cada vez está más claro que nos acercamos al momento en que habrá que dar un nuevo giro a la situación, ya que los adversarios de Rusia se muestran sordos a las advertencias, eluden sus responsabilidades con pretextos falaces y parecen incapaces de tomarse en serio la amenaza muy real que se cierne sobre ellos.

El autor no llega aquí a seguir los pasos de los propagandistas rusos más beligerantes, que no dudan en amenazar a Europa con ataques nucleares. En este sentido, su artículo se ajusta a los debates internos del Kremlin, que prevén, una vez finalizada la guerra, «moderar el nivel de radicalismo y belicismo», normalizar o marginar el discurso de los blogueros Z más extremistas y «limitar la presencia mediática de los turbo-radicales con pasiones nucleares», sin duda una referencia subyacente a los invitados de Serguéi Soloviev o a las apariciones habituales de Serguéi Karaganov. Sin embargo, Denis Baturin no es ajeno a la retórica de la escalada militar. Su último artículo en La vida internacional comentaba el encuentro entre Volodimir Zelenski y Alex Karp, director ejecutivo de Palantir Technologies, asegurando que Rusia sabría responder a esta nueva amenaza con su misil «Sarmat»: «Tenemos el Sarmat, tenemos al soldado ruso, que sigue avanzando hacia el oeste en el marco de la Operación Militar Especial, socavando constantemente la imagen del mundo construida por los liberales globalistas». 33

A menos que Europa tenga el sentido común y el discernimiento suficientes para no desencadenar lo que sería, inevitablemente, una catástrofe a escala mundial.

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Estados Unidos invertirá más que China en carbón y gas este año https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/28/estados-unidos-invertira-mas-que-china-en-carbon-y-gas-este-ano/ Thu, 28 May 2026 15:33:05 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100653 El año pasado, el considerable aumento de las necesidades de electricidad para abastecer a los centros de datos hizo que se triplicaran las inversiones en generación eléctrica a gas en Estados Unidos.

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Según las cifras de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se prevé que las inversiones mundiales en energías renovables alcancen los 2,2 billones de dólares este año, lo que supone casi el doble de las inversiones en hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón, entre otros).

Sin embargo, aunque están disminuyendo a escala mundial, las inversiones en gas natural han aumentado notablemente en Estados Unidos desde que Trump volvió al poder.

  • En conjunto, se prevé que las inversiones en el sector del gas se disparen un 34 %, mientras que las inversiones en energía solar y eólica se reducirán un 14 %. 34
  • Así, en 2026, se prevé que las inversiones en carbón y gas en Estados Unidos superen a las de China, con más de 50.000 millones de dólares (un 66 % más que el año anterior), frente a los aproximadamente 47.000 millones de Pekín y los 12.000 millones de Europa.
  • Según Global Energy Monitor, casi un tercio (30 %) de la capacidad de generación de electricidad a partir de gas que se está construyendo —o que se ha anunciado— en todo el mundo se encuentra en Estados Unidos. Esta capacidad asciende a unos 208 GW, lo que supera la capacidad total de generación a gas actualmente instalada en China.

El aumento de las inversiones en gas compensa la caída de las inversiones en energías renovables, en particular la solar y la eólica, que se beneficiaban de créditos fiscales durante el mandato de Joe Biden, en el marco de la Ley de Reducción de la Inflación. El presupuesto aprobado el año pasado por Trump prevé que los proyectos de instalación de nuevas capacidades renovables iniciados después del 4 de julio de 2026 ya no se beneficiarán de estas ventajas fiscales. 35

Estas nuevas centrales de gas permitirán, entre otras cosas, abastecer a los megacentros de datos que se están construyendo actualmente en el país.

  • Solo los centros de datos representarán más de la mitad del aumento de la demanda de electricidad (estimada en un 2 % anual de media hasta 2030) en Estados Unidos.
  • Se prevé que más de una quinta parte (21 %) de las turbinas de gas encargadas el año pasado en el país se instalen directamente en las instalaciones de los centros de datos.
  • Estas turbinas, más pequeñas que las que se utilizan en las centrales convencionales, también emiten más gases de efecto invernadero por unidad de electricidad generada que las centrales de ciclo combinado convencionales.

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Economía rusa: Moscú planea restringir las exportaciones de combustible https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/28/economia-rusa-moscu-planea-restringir-exportaciones-de-combustible/ Thu, 28 May 2026 04:30:00 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100598 La intensificación de los ataques de drones ucranianos contra el sector energético ruso ha provocado una caída de la capacidad de refinado de crudo.

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El 26 de mayo, el viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, declaró en una reunión con representantes del sector energético que el gobierno estaba trabajando en medidas para garantizar el abastecimiento del mercado interior con productos petrolíferos, en un momento en que los ataques con drones ucranianos contra refinerías y terminales están ejerciendo una presión considerable sobre la capacidad de refinado.

  • Según fuentes citadas por Interfax, Moscú se estaría preparando para decretar una prohibición de las exportaciones de diesel y queroseno. 36
  • Al término de esa reunión, se «invitó» a las empresas petroleras a reducir sus exportaciones al extranjero, posiblemente como preparación para esa decisión.
  • El gobierno ya había establecido en abril una prohibición de exportación de gasolina, que debería expirar el 31 de julio.

Los ataques con drones ucranianos han provocado una caída de la capacidad de refinado de crudo de Rusia, que se situó en 4,69 millones de barriles diarios en abril, según datos de OilX, frente a los 5,34 millones de barriles de hace un año, lo que supone un descenso del 12 %. 

El deterioro de las capacidades de la defensa antiaérea rusa y la mejora de las capacidades ucranianas en materia de drones han hecho que el sector energético sea especialmente vulnerable. 

  • Entre el 1 de enero y el 21 de mayo, al menos 32 ataques ucranianos causaron daños en refinerías rusas, según el medio Вот Так, frente a los 24 registrados en 2025. 37

La prohibición de las exportaciones de diesel y queroseno provocaría una caída de los ingresos del Kremlin, pero también podría repercutir en los precios mundiales, ya que Rusia exporta alrededor del 40 % de su producción.

  • Los daños causados por los ataques ucranianos contra las infraestructuras energéticas ya han dado lugar a la aplicación de medidas de racionamiento en Crimea, ocupada por Rusia desde 2014.
  • El gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvoiaiev, anunció el 22 de mayo la imposición de un límite de compra de 20 litros por vehículo en las gasolineras del grupo TES. 38
  • El año pasado, la campaña aérea ucraniana provocó una escasez de combustible en la región de Lugansk, ocupada en un 99 % por el ejército ruso.

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¿Continuar con Foucault? https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/28/continuar-con-foucault/ Thu, 28 May 2026 03:00:00 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100554 El historiador Patrick Weil habla con la antropóloga que, cincuenta años después, reabre el caso Rivière.

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Jeanne Favret-Saada acaba de publicar un libro que supone todo un hito para las ciencias sociales. Cincuenta y tres años después de que Michel Foucault dirigiera en 1973, en el marco de un seminario cerrado del Collège de France, la publicación de un dossier titulado «Moi Pierre Rivière, ayant égorgé ma mère, ma sœur et mon frère…» («Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano…»39 en el que había participado, reabre este caso de parricidio del siglo XIX. 

Con una mente ágil y aguda y un tono refrescante, se sumerge en el caso Rivière repasando los numerosos escritos que ha suscitado entre historiadores, criminólogos, psiquiatras y psicoanalistas. Con la misma libertad, reflexiona también sobre su propio trabajo y el de sus colegas, coeditores de Moi, Pierre Rivière… avec Foucault. 

Aborda desde una perspectiva inédita el documento que confiere a este expediente su carácter excepcional: el relato del asesinato de su madre. Cuarenta y nueve extensas hojas escritas desde la cárcel y dirigidas a sus jueces, para explicar su crimen y su deseo de salvar a su padre del martirio al que su madre lo sometía desde que se casaron.

Jeanne Favret-Saada, «L’impossible famille Rivière. Retour sur un triple meurtre en 1835», París, 2026, Gallimard, Bibliothèque des Sciences Humaines, 360 páginas.

¿Qué la llevó a retomar este trabajo? ¿Por qué sintió la necesidad de volver, por así decirlo, a la escena del crimen?

Cuando Michel Foucault desenterró las memorias de Pierre Rivière, en 1972, yo vivía en el Bocage, donde estaba terminando mi trabajo de campo en etnología sobre la brujería: 40 así pues, me contrató por mi supuesta competencia en el mundo campesino normando y me preguntó qué podía aportar mi disciplina sobre la época en que vivieron los Rivière, 1812-1835.

Volví a examinar para él el fondo de la biblioteca del Museo de Artes y Tradiciones Populares, que ya conocía. Por desgracia, ni los miembros de las sociedades científicas de la época posrevolucionaria, ni los folcloristas de finales del siglo XIX habían aportado datos que permitieran arrojar luz sobre las memorias de Rivière. Esto se debía a una sencilla razón: al salir de la Revolución, los eruditos de Normandía apenas conocían a los campesinos, cuyo dialecto, en la mayoría de los casos, ignoraban. A veces les hacían grandes visitas protocolarias, en presencia del alcalde y de los concejales, con el fin de estudiar las piedras y los monumentos celtas de cuya existencia se habían enterado. Por otra parte, cuando se dirigían a los campesinos, no les hablaban como a seres humanos o compatriotas, sino como a vestigios andantes de una supuesta civilización celta, de la que se suponía que su habla cotidiana conservaba el rastro, sin que ellos lo supieran. Y es que, para estos eruditos locales, la Francia celta era la verdadera Francia, aquella cuyos monumentos era urgente recopilar y celebrar, con el fin de enterrar para siempre las aberraciones del periodo revolucionario.

Al no poder arrojar luz sobre el texto de Pierre Rivière, salvo en dos o tres puntos, opté entonces por escribir, junto con Jean-Pierre Peter, una nota general inspirada en la lectura de Michelet. 

En cualquier caso, el seminario aprobó rápidamente la decisión de Foucault: entregar al lector, tal cual, el texto íntegro del manuscrito original de un joven campesino de principios del siglo XIX. Se trataba de una decisión política más que científica: Foucault estaba por entonces comprometido con el movimiento que había creado en 1971 junto a Pierre Vidal-Naquet, Jean-Marie Domenach y Daniel Defert, el GIP (Grupo de Información sobre las Prisiones), que publicaba testimonios sin editar de presos franceses en la revista Intolérable. También había abandonado el programa por el que había sido elegido en el Collège de France, en la línea de La arqueología del saber, y había emprendido una nueva investigación sobre el sistema penitenciario que culminaría, en 1975, en Vigilar y castigar. 

Unos treinta años más tarde, volví a examinar Moi, Pierre Rivière…, y quise releer la declaración de ese joven asesino a la luz de lo que habíamos aprendido desde entonces gracias a la microhistoria. Esta vez, quise centrarme en el fondo mismo del asunto: ¿qué ocurrió en la familia Rivière, entre 1812 y 1835? ¿Qué sucesión de acontecimientos llevó a Pierre, un muchacho de apenas veinte años, a cometer un triple asesinato tan espantoso?  

De hecho, lo que distingue a la obra de 1973 es la ausencia de un análisis del testimonio de Rivière.  Foucault quedó cautivado, atónito ante el manuscrito, que le fascinaba. Lo publicó, pero no lo tuvo en cuenta en el libro. Para Carlo Ginzburg, el análisis de Foucault gira esencialmente en torno a las intersecciones de dos lenguajes de la exclusión, que tienden a excluirse mutuamente: el de la justicia y el de la psiquiatría: 41 «La figura del asesino Pierre Rivière acaba pasando a un segundo plano, en el momento en que se publican sus memorias, de su puño y letra… La posibilidad de interpretar este texto queda explícitamente excluida, pues equivaldría a violentarlo, reduciéndolo a una “razón” que le es ajena». Foucault lo explica así: «Por una especie de veneración, y quizá también de terror hacia un texto que se llevó consigo cuatro muertes, no queríamos superponer nuestro texto a las memorias de Rivière. Nos sentimos subyugados por el parricida de ojos rojos». Ginzburg relaciona esta postura con lo que interesaba a Foucault en Historia de la locura, a saber, «el gesto y los criterios de la exclusión: los excluidos, un poco menos». ¿Qué opina al respecto?  

Por mi parte, nunca me han «cautivado» los «ojos rojos» del asesino. En cuanto a la relación entre su escrito, su triple asesinato y su propia muerte, fui yo quien la planteó al principio del seminario, al preguntar cuándo y cómo había muerto ese chico: entonces no sabíamos que, tras haber sido indultado, se había ahorcado en su celda.

La crítica de Carlo Ginzburg debe entenderse en su contexto. El historiador italiano se sorprendía de que Foucault, al tiempo que publicaba el texto íntegro de un escrito «popular», se negara a comentarlo. Ginzburg veía en ello un procedimiento «oscurantista», un episodio más en la historia de una cultura erudita empeñada en impedir el reconocimiento de una cultura popular. 

Esa crítica me había dolido profundamente porque admiraba El queso y los gusanos y compartía con Ginzburg sus aversiones y muchas de sus referencias, entre ellas la de Mijaíl Bajtín. No obstante, dudaba de que un análisis detallado de las memorias de Rivière revelara lo que Ginzburg creía que debía aparecer en ella: una cultura popular original, irreductible a la de las élites y que cuestionara violentamente el orden establecido. 

¿Por qué?

Por dos razones. Por un lado, la familia Rivière no vivía, como Menocchio, el molinero friulano de Ginzburg, en el Italia del siglo XVI, poco después del descubrimiento de la imprenta y la Reforma protestante. Rivière vivía a principios del siglo XIX francés: es decir, tras el fin de la década revolucionaria, durante la Restauración y la monarquía de julio. Recordemos, por otra parte, que en Francia, a diferencia de Italia, el Estado se centralizó muy pronto, lo que no benefició precisamente a las culturas locales o «populares»; y que, además, la Revolución había prohibido recientemente numerosas fiestas tradicionales, que había sustituido por fiestas republicanas. Por último, mi investigación sobre la historia de las sociedades científicas de Normandía al término de la Revolución ya demostraba que ignorábamos por completo el posible contenido de la cultura «popular» en 1813, año en que se casó la pareja Rivière. 

Por otra parte, en 1973, por supuesto, había examinado minuciosamente todos los libros, periódicos y almanaques que Pierre Rivière citaba en sus memorias, y que Ginzburg pronto nos reprocharía haber ignorado. Sin embargo, el joven asesino no había hecho una lectura especialmente ingeniosa de ellos, salvo en la medida en que creía haber encontrado en ellos lo que buscaba: la explicación de la parcialidad de los jueces a favor de su madre. Según Rivière, esas élites que son los magistrados habían traicionado la causa —sagrada y multisecular— del dominio masculino en el hogar.

He aquí, pues, a un autor considerado «popular», que militaba activamente a favor de la restauración de un orden eterno ya desaparecido, un orden que «las mujeres» —es decir, su madre— habrían derrocado con la complicidad de los jueces. En lo que respecta a las relaciones entre los sexos en el seno de la familia, este autor «popular» resultaba ser, por tanto, un auténtico «reaccionario».

En su libro, analiza con gran precisión el lenguaje en el que este campesino, con escasa formación escolar, redactó sus memorias. Destaca que este escrito, que a nuestros ojos está plagado de incorrecciones, fue sin embargo perfectamente recibido por sus destinatarios, los jueces y el Tribunal de Apelación de Caen, en 1835.

Al leer los documentos judiciales, queda claro que los destinatarios naturales de Rivière no tuvieron ninguna dificultad para entenderlo. Una primera razón radica en que la caligrafía del joven es de una claridad excepcional, a pesar de que había practicado muy poco la escritura desde que salió de la escuela, siete años antes. Además, estos notables locales de 1835 se habían acostumbrado desde la escuela primaria a descifrar la escritura manuscrita, ya que tenían que tratar con la mayoría de sus conciudadanos, para quienes el francés no era la lengua materna. Los campesinos, por su parte, lo aprenden en la escuela y, a diferencia de sus élites locales, solo lo hablan cuando tienen contacto con un representante del Estado. El resto del tiempo, hablan el dialecto de su pueblo, o el normando regional cuando visitan las ferias y los mercados provinciales. 

Pierre Rivière asistió de forma intermitente a la escuela municipal, pero siempre le apasionó la lectura y el aprendizaje. Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de redactar un texto escrito antes de su encarcelamiento. Por eso redactó sus memorias en lo que él cree que es francés, aunque a veces recurre, sin saberlo, a expresiones del normando regional o al dialecto de Aunay. 

A sus lectores de 1835 no les costó entenderlo, porque sabían que los franceses educados en las escuelas de pueblo no habían aprendido ortografía ni gramática, salvo por imitación, al copiar cada día dos líneas de un libro; también sabían que, a diferencia de ellos mismos, antiguos alumnos de las escuelas y luego de los institutos de la ciudad, los escolares rurales nunca habían oído formular ninguna regla gramatical ni habían hecho un ejercicio de dictado o de redacción en francés.

Por lo tanto, Pierre Rivière ignora la mayoría de las reglas gramaticales y prácticamente todas las convenciones que rigen el uso de las mayúsculas, la puntuación, la acentuación y la maquetación. Más concretamente: aunque no las haya aprendido en la escuela, sabe que existen porque ha leído algunos libros, pero no sabe cómo utilizarlas porque su conocimiento del francés es principalmente oral.

Por eso su manuscrito se presenta como un flujo verbal casi ininterrumpido, tal y como se puede ver en la publicación que hicimos de él en 1973: un preámbulo de unas pocas líneas, seguido de dos partes desiguales de las cuales solo la primera tiene título, y en la que el paso a la segunda solo se indica mediante un trazo de pluma; por último, a lo largo de todo el texto, hay muy pocos párrafos y una puntuación reducida, en la mayoría de los casos, con comas.

En su libro, somete el manuscrito de Rivière a un auténtico trabajo de edición, algo que, en la época de Foucault, se había negado a hacer.

Habíamos insistido en publicar el texto de Rivière tal cual para protestar contra la única publicación, erudita pero plagada de errores intencionados, que se había hecho de él en 1836 en los Annales d’Hygiène Publique: en realidad se trataba de una publicación militante, realizada por los alienistas que habían conseguido el indulto de Rivière, tras su condena a muerte, asegurando que estaba loco. En 1973, quisimos, por tanto, restablecer el texto original del manuscrito de Rivière.

Cuando, a partir de 2017, retomé la lectura de este manuscrito —un bloque de texto de noventa páginas impresas—, quise evocar una a una las múltiples situaciones familiares que Rivière había descrito con tanta precisión. De ahí surgió un trabajo de edición relativo, limitado, sin embargo, a la corrección de las deficiencias formales del autor: gracias a ello, el lector del siglo XXI accede por fin, sin necesidad de corregir mentalmente la ortografía de las palabras, a la historia de esta pareja de campesinos de principios del siglo XIX, Victoire y Pierre-Marguerin Rivière, cuyo hijo Pierre se ha convertido en el memorialista. Asistimos, pues, a las vicisitudes de su incapacidad para formar una familia de bien, desde su primer encuentro hasta el momento en que su hijo mayor, el autor de las memorias, pone fin a todo ello con un triple asesinato.

La gran originalidad de su obra radica en que se centra en la figura central del testimonio de Pierre Rivière, en aquella que es el objetivo principal de su triple asesinato: su madre. De este modo, desplaza la mirada y hace surgir, junto a Pierre Rivière, la figura de una mujer poderosa, la personalidad clave de esa familia «imposible», cuyo padre se ve constantemente aplastado, lejos de la figura del «buen padre de familia» que pretende imponer el Código Civil (1804). 

El texto de las memorias, una vez depurado de sus imperfecciones formales, no es más que esta crónica, escrita por un hijo, de las interacciones entre sus dos progenitores a lo largo de más de dos décadas. Sin embargo, es siempre la madre, Victoire Rivière, de soltera Brion, quien toma la iniciativa de la acción. De hecho, desde el día de su boda, al salir del ayuntamiento, se niega obstinadamente a cumplir con la mayoría de sus obligaciones como esposa. Se trata de una situación sin precedentes, al menos entre las que se han recogido hasta ahora en las obras de ciencias sociales.

Sin embargo, el padre de familia, Pierre-Marguerin Rivière, no está, como usted dice, del todo «aplastado» por la situación. Al contrario, intenta con dignidad introducir un mínimo de rigor en la relación conyugal e impone, a su manera no violenta, su propio repertorio de acción a la rebelde: el de un marido cristiano más que normando, que por tanto se niega a golpear a su mujer y que espera persuadirla de que acepte su condición.

Las conductas de ambos constituyen, por tanto, anomalías sociológicas notables, y su cruce permite observar y cuestionar lo que, por lo general, se da por sentado, en particular la política de género que se practica en un grupo social determinado: los roles asignados a los cónyuges por la costumbre y por la ley, en este caso el Código Civil de 1804. Sin embargo, Victoire Rivière rechazará obstinadamente este sistema de dominación masculina desde el día de su boda, mientras que su marido, sin recurrir nunca a la fuerza según el testimonio de Pierre Rivière, intentará que ella lo acepte porque siempre ha sido así.

El principal interés del testimonio del hijo de esta pareja radica en que desentraña, una a una, para ponerlas ante los ojos de los jueces, las mil situaciones paradójicas que suscita ese extraño matrimonio. Constituye, en cierto modo, un manual de las posibilidades que ignoran las obras de sociología de la familia, de etnología de la pareja campesina e incluso de antropología general del parentesco.

Pero, ¿de verdad Victoire Brion y Pierre-Marguerin Rivière, cada uno por sus propios motivos, querían esta boda?

Claro, pero, en esa época, y sobre todo entre el campesinado, el matrimonio era una fatalidad para todos, tan inevitable para las chicas como la llegada de su primera menstruación. En cuanto a Pierre-Marguerin, intentaba así escapar del alistamiento de 1813, del que se sabe que perdió a la mitad de sus reclutas en las últimas guerras napoleónicas.

Victoire Rivière aún era menor de edad el día de su boda cuando, al salir del ayuntamiento, rechazó la fiesta nupcial que habían organizado ambas familias. ¿Cómo se explica eso?

Esta negativa a celebrar la «boda» constituye un escándalo sin precedentes, del que la literatura etnográfica no ofrece ningún ejemplo, ya que esta fiesta reúne a los parientes de ambas familias de todo el cantón. A falta de información, no podemos entender lo que ha sucedido, sino solo conjeturar que se ha producido un fracaso monumental a la hora de inculcar a la joven las normas matrimoniales. 

Parece claro que el esfuerzo conjunto de sus padres, sus maestros, su catequista, su profesora de costura, los ritos propios de su edad, en definitiva, de todos esos pilares de la costumbre rural cuya eficacia celebran las ciencias sociales, han fracasado estrepitosamente en este caso concreto: ese día, Victoire rechaza los rituales y las celebraciones que pretenden inscribir socialmente su traslado de un pueblo a otro y de una familia a otra como consecuencia de su nuevo estado. Se desconoce qué o quién era lo que Victoire no quería, si el estado civil o la persona del marido. Sin embargo, ya es demasiado tarde para echarse atrás: en esa fecha, el 21 de mayo de 1813, el recurso al divorcio aún es posible durante tres años, pero el campesinado francés siempre lo ha rechazado, y la familia Brion no es una excepción. 

Y, sin embargo, esto no es más que el principio…

De hecho, este acto de insubordinación de la joven no es más que el primero de una larga serie de incumplimientos de sus deberes como esposa, tanto los que establece el Código Civil como los que la costumbre siempre ha impuesto. Así, Victoire no quiere integrarse en la familia de su marido y no quiere que él vaya a vivir con sus padres; no lo obedece en nada, burlándose así del principio soberano de la autoridad marital; por último, cuando él va a arar los campos de su padre, ella lo recibe con frialdad, a menudo con hostilidad, aunque a veces acepta mantener relaciones sexuales.

Pierre-Marguerin, que gracias a su matrimonio se ha librado del servicio militar, responde a ese comportamiento con una serenidad que uno no esperaría encontrar en un joven de veinte años. Lejos de reclamar sus derechos como marido o de castigar a esa rebelde para enseñarle a obedecer, espera convencerla con dulzura y persuasión: «No hay que hacer ruido por eso», murmura en cuanto se vislumbra un conflicto. Solo establece algunos principios para organizar mínimamente esa situación irregular, ya que su condición de yerno lo obliga, de todos modos, a ir a cultivar la tierra de su suegro, quien, por cierto, lo aprecia. 

Por lo tanto, parece que un acuerdo tácito de unión sin convivencia rige la relación de la pareja Rivière: el marido se encarga de las labores agrícolas de la pequeña granja de los Brion y, cuando su esposa no está de muy mal humor, se queda a dormir con ella.

A lo largo de los años, su relación sexual esporádica da lugar al nacimiento de seis hijos, y los registros civiles dan fe de que se trata efectivamente de una familia, aunque repartida entre dos pueblos. A pesar del carácter atípico de su relación, los cónyuges cumplen dos normas, una cívica y otra consuetudinaria: contribuyen al poder del Estado y a la conservación de los patrimonios familiares. De manera correlativa, los embarazos de Victoire le confieren el pleno estatus de «mujer», es decir, de un ser débil al que conviene proteger, a pesar de la vehemencia con la que ella no deja de manifestar su insubordinación.

Es precisamente esta situación de hecho, un simple acuerdo entre dos cónyuges condenados al matrimonio, la que acabará provocando una masacre.

En las familias campesinas, como saben, la historia de las personas está determinada por los avatares de su existencia biológica, que hacen aparecer herederos y desaparecer a los propietarios. Sin embargo, el derecho francés, desde el siglo XVI y a pesar de la Revolución, considera a las mujeres casadas incapaces civilmente. El artículo 1124 del Código Civil clasifica a las mujeres casadas entre las «incapaces de contratar», junto con los menores, los retrasados mentales y los delincuentes condenados.

Por ello, convertirse en heredero no tiene en absoluto las mismas consecuencias para ambos sexos, ya que las herederas, una vez que se convierten en propietarias, se ven privadas del ejercicio de sus derechos de posesión en beneficio de sus maridos. Estos disfrutan, por tanto, de la posesión de los bienes de los que son propietarios por haberlos heredado de sus padres, y de la posesión sin propiedad de los bienes de sus esposas.

En la familia Rivière, Pierre-Marguerin heredó de su padre en 1822 y, tres años más tarde, de su hermano, que había fallecido sin dejar descendencia. Por primera vez en su vida, poseía algo: se dedicó de inmediato a hacer fructificar su pequeño capital inmobiliario mediante alguna compra modesta o la construcción de un edificio de uso agrícola. Victoire, por su parte, hereda de su padre en 1826: ahora dispone de una pequeña propiedad que le permite, más o menos, mantener su sustento y el de los hijos que viven con ella, pero la ley le impide ejercer cualquier actividad empresarial. En resumen: no puede comprar ni vender cereales y ganado en los mercados locales, contratar jornaleros agrícolas (en caso de que prefiriera prescindir del trabajo de su marido), alquilar sus casas (tiene dos, además de la que ocupa) o sus campos. En resumen, no puede llevar a cabo sus proyectos por su cuenta, ni entablar relaciones comerciales con personas ajenas a la familia, ni generarse unos ingresos propios, independientes de los recursos de la comunidad conyugal.

En esta nueva etapa de su vida matrimonial, Pierre-Marguerin desempeña su cargo de administrador con una honestidad escrupulosa y un constante afán por hacer partícipe a su esposa de todas las decisiones, limitándose la mayoría de las veces a ejecutar aquellas que Victoire ha querido tomar. No obstante, sigue siendo él quien sale de la granja, quien compra o vende, quien negocia y quien firma. Esta nueva situación echa por tierra en pocos meses el acuerdo informal que los Rivière habían elaborado desde su matrimonio, ya que este se refería únicamente a la organización de una vida conyugal sin convivencia, con relaciones sexuales esporádicas.

A medida que Victoire se da cuenta de lo que significa la incapacidad civil, entra en un estado de ira crónica contra Pierre-Marguerin. Este no entiende nada, porque no concibe que se pueda cuestionar un orden de cosas que siempre ha existido. La sexualidad sucumbe tras el sexto parto. Los niños quedan entonces definitivamente repartidos entre las casas, cuatro con el padre y dos con la madre. 

Lo que hasta entonces no era más que un matrimonio fallido se convertirá en una tragedia, en la que lo que está en juego es que Victoire asuma el control de la administración de sus bienes y, en términos más generales, de su autonomía personal en una sociedad que la niega a las mujeres casadas, al tiempo que prohíbe el celibato a las jóvenes. El caso Rivière es una tragedia de la desigualdad de género: al igual que los héroes de las tragedias antiguas, movidos desde arriba por los dioses del Olimpo, los dos cónyuges están poseídos por el orden soberano de los géneros, tanto si Victoire se rebela contra él como si Pierre-Marguerin intenta hacérselo aceptar, por cierto con delicadeza. Sus interacciones, descritas en detalle en las memorias de su hijo mayor, desembocan en la matanza perpetrada por este, impulsado a su vez por los ideales de género, y que acaba sustituyendo a su padre, ya en decadencia.

Usted decía que el trabajo de Rivière saca a la luz numerosas formas posibles de organización de la vida familiar que las ciencias sociales, incluida la antropología estructural del parentesco, han ignorado hasta ahora. ¿En qué sentido su libro aporta una nueva perspectiva al estado actual de los conocimientos en este ámbito?

Todas las realidades de las que hablo en mi libro se sitúan en el ámbito de las vidas individuales, consideradas desde la perspectiva de los vínculos íntimos entre las personas, los lazos familiares y conyugales. Por el contrario, Lévi-Strauss, a lo largo de toda su vida, desde Las estructuras elementales del parentesco en 1949 hasta sus últimos trabajos sobre los sistemas de maisons en la Francia rural, se esforzó por demostrar que estas reglas pertenecen a un orden casi matemático; de un orden tal, en cualquier caso, que trasciende las vidas humanas singulares y la conciencia que las personas pueden tener de ellas.

Mi trabajo no cuestiona la necesidad ni la pertinencia de tal construcción, pero pone de manifiesto sus límites: si bien es cierto, en términos generales, que en los grupos humanos conocidos hasta ahora los actores decisivos son los hombres; y si bien es cierto que estos grupos de hombres instituyen la familia y el parentesco intercambiando mujeres entre ellos, esto no nos dice nada sobre cómo se hace posible esta expropiación de la mitad de la humanidad. Más concretamente: cómo se inculca a todos los seres humanos hasta el punto de que a todos, incluidos los teóricos de las ciencias sociales, les parezca el orden natural de las cosas. 

Por primera vez en 1975, una joven antropóloga estadounidense, Gayle Rubin, había planteado esta cuestión en un ensayo al que Lévi-Strauss se abstuvo de responder. Posteriormente, había manifestado su exasperación en las contadas ocasiones en que las antropólogas la planteaban, incluso treinta años después, en la revista que él mismo había fundado y cuyo título —L’Homme era, sin embargo, emblemático del problema planteado. Hasta su muerte, Lévi-Strauss reiteró la lección de Estructuras elementales del parentesco: cuando se trata de definir las reglas de alianza, los seres humanos se consideran mutuamente como signos matemáticos, «más» y «menos». El gran antropólogo nunca se cansó de repetirlo: bien podría haber sido que fueran grupos de mujeres los que intercambiaran hombres, y no al revés. Quizás, pero eso no es en absoluto lo que ha ocurrido en la historia de la humanidad. Y en la medida en que la antropología es una ciencia empírica, le concierne una regularidad tan masiva.

En L’impossible famille Rivière he situado deliberadamente mi trabajo en el extremo opuesto de los fenómenos analizados: ¿qué ocurre cuando un ejemplar de la clase de las mujeres se opone radicalmente a ese orden de cosas? Me topé por casualidad con el caso muy particular de Victoire Rivière, una campesina del Bocage que, en 1813, aceptó el matrimonio pero rechazó sus deberes de esposa tras salir del ayuntamiento. La historia de su vida revela la existencia de casos en los que esta inculcación de las relaciones de género en el matrimonio fracasa por completo; también se podrían enumerar aquellos en los que fracasa en parte, así como las numerosas modalidades posibles de un fracaso parcial. 

Valdría la pena incorporar estas situaciones al repertorio de las ciencias sociales, ya que el análisis de los casos aberrantes también forma parte de su programa, al menos si se las entiende como disciplinas empíricas. El caso de Victoire Rivière nos lleva, por tanto, a la necesidad de renovar nuestras etnografías —es decir, nuestras descripciones— de los vínculos familiares y matrimoniales, para incluir en ellas las mil y una formas en que la dominación de género se inculca y reproduce desde la primera infancia a los sujetos de ambos sexos, así como las mil y una formas en que solo lo consigue en parte, o incluso fracasa por completo.

En términos más generales, mi trabajo parte de la premisa de que la cuestión de las vidas humanas singulares —que concierne tanto a la etnografía de campo como al arte de la novela— se sitúa también en el centro de las ciencias sociales, y que tiene una importancia y una dignidad equivalentes a las de la teoría general. Esta última se construye, en definitiva, sobre etnografías, es decir, descripciones singulares.

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El tráfico en el estrecho de Ormuz está en mínimos históricos. Los medios de comunicación iraníes hablan de una versión preliminar de un acuerdo con Estados Unidos https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/27/el-trafico-en-el-estrecho-de-ormuz-esta-a-su-nivel-mas-bajo-medios-hablan-de-acuerdo-con-estados-unidos/ Wed, 27 May 2026 15:16:21 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100545 Desde principios de mayo sólo han pasado por el estrecho de Ormuz una media diaria de 6 buques, la mitad que en abril (11) y marzo (13).

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Según un documento no oficial de 14 puntos difundido el 27 de mayo por la televisión estatal iraní, cuya fecha no se especifica, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz podría volver a la normalidad en el mes siguiente a la firma de un acuerdo con Estados Unidos. 

  • El acuerdo incluiría el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes. 
  • Al mismo tiempo, según esta versión del documento, Irán y Omán establecerían un «mecanismo» de supervisión del tráfico marítimo en el estrecho. 42
  • Ali Bagheri, vicesecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, declaró el miércoles: «No hay ninguna duda de que las condiciones de paso por el estrecho de Ormuz y el procedimiento a seguir ya no serán los mismos que antes […] Se establecerá un procedimiento totalmente diferente. Irán y Omán, como Estados ribereños vecinos, mantienen actualmente conversaciones para definir un nuevo mecanismo de tránsito por el estrecho de Ormuz».
  • El documento incluiría también el compromiso por parte de Estados Unidos de «retirar sus fuerzas militares de las zonas circundantes a Irán».
  • La Casa Blanca calificó el miércoles 27 el documento de «puro invento» y afirmó que «nadie debería creer lo que difunden los medios de comunicación estatales iraníes».

La gestión conjunta del estrecho por parte de Teherán y Omán no figuraba en una versión anterior del documento, cuyos puntos clave había publicado Axios el 23 de mayo. No está claro si Estados Unidos, que ha defendido en repetidas ocasiones la libre circulación en aguas internacionales, lo aceptaría.

  • Según Axios, el memorando de entendimiento contemplaría más bien la apertura del estrecho de Ormuz durante 60 días, sin ningún peaje iraní.
  • A cambio, Estados Unidos levantaría su bloqueo y concedería exenciones a Teherán para permitir la venta de su petróleo. 43

Desde principios de semana, solo cuatro buques han atravesado cada día el estrecho de Ormuz con sus señales AIS activadas. De media, desde principios de mayo, seis buques han salido o entrado cada día en el Golfo Pérsico, lo que supone la mitad que en abril (11) y en marzo (13).

  • Según el Centro de Operaciones Marítimas del Reino Unido (UKMTO), desde principios de mes se han producido ocho ataques en las proximidades de las costas iraníes.
  • Ayer, martes 26, un petrolero griego con bandera de las Islas Marshall, el Olympic Life, informó de una explosión cuando se encontraba a 60 millas náuticas de la costa de Mascate, la capital de Omán.

Este memorando de entendimiento, cuya firma ha anunciado Trump en varias ocasiones en los últimos días, debería permitir a ambas partes prorrogar el alto al fuego e iniciar negociaciones más exhaustivas sobre el programa nuclear de Teherán. 

  • Según la televisión iraní, el documento no incluye cláusulas sobre el tema nuclear. 
  • No obstante, la cuestión figura en el documento revelado por Axios, que incluiría una cláusula en la que Irán se compromete a «no intentar nunca dotarse de armas nucleares» y a «negociar la suspensión de su programa de enriquecimiento de uranio, así como la eliminación de sus reservas de uranio altamente enriquecido».

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Cuatro meses después de su puesta en marcha, el Consejo de Paz de Trump no ha recibido ninguna financiación https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/27/consejo-de-la-paz-de-trump-no-ha-recibido-ninguna-financiacion/ Wed, 27 May 2026 14:23:45 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100533 Los miembros del Consejo de Paz, organización lanzada y presidida por Trump, han prometido 17.000 millones de dólares en financiación.

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De los 17.000 millones de dólares prometidos para la reconstrucción de Gaza por los países miembros del «Consejo de la Paz» —una organización creada y presidida por Trump en Davos en enero—, el fondo financiero del Consejo de Administración, establecido por el Banco Mundial, no ha recibido ningún pago 44.

  • La organización tiene una segunda cuenta en J.P. Morgan, y el portavoz del Consejo de la Paz ha declarado que se han ingresado varias donaciones en ella, aunque sin precisar las cantidades.
  • J.P. Morgan no está sujeto a ningún requisito de transparencia y no tiene la obligación de informar sobre la situación financiera del fondo.
  • Los Emiratos Árabes Unidos habían anunciado que financiarían la oficina del «Alto Representante para Gaza», Nikolái Mladenov, con 20 millones de dólares, y Marruecos, con 3 millones de dólares. 
  • Según los estatutos del Board of Peace, el presidente tiene la facultad de gestionar los fondos. La participación de los «países invitados» en el Consejo de Administración está limitada a tres años: si alguno de ellos desea permanecer más de un año, se prevé que contribuya al fondo gestionado personalmente por Trump con mil millones de dólares en efectivo.
  • El Consejo de Paz estima que la reconstrucción del enclave costará más de 30.000 millones de dólares 45.

La organización debería apoyar la administración, la reconstrucción y la recuperación económica de la Franja de Gaza tras el alto el fuego que entró en vigor en octubre de 2025 y de acuerdo con las directrices establecidas en el plan de paz de Trump

  • A día de hoy, Israel sigue ocupando aproximadamente el 60% de la superficie de la Franja de Gaza. 
  • Hamas se niega a deponer las armas. 

En un informe presentado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 15 de mayo, el Consejo de Paz había instado a subsanar «con carácter de urgencia» la brecha existente entre los compromisos contraídos con la organización y los pagos efectuados. El documento añadía: «Los fondos comprometidos pero aún no desembolsados representan la diferencia entre un marco que existe sobre el papel y otro que produce resultados concretos sobre el terreno para la población de Gaza».

  • No se podrá iniciar ninguna reconstrucción del enclave sin un acuerdo sobre la hoja de ruta para la aplicación íntegra del acuerdo de octubre de 2025.
  • Sin embargo, Hamás acusa habitualmente a Mladenov y al Consejo de Paz de adoptar la postura del Gobierno israelí 46.
  • Aunque la frecuencia de los bombardeos ha disminuido desde octubre de 2025, Israel sigue atacando a los responsables de Hamás: el 6 de mayo, uno de los hijos de Khalil Al-Hayya, el principal negociador del movimiento en las conversaciones sobre el futuro del enclave, murió en un ataque israelí 47.
  • Las imágenes de satélite muestran también que las Fuerzas de Defensa de Israel han ido ampliando progresivamente su control sobre el enclave más allá de la línea amarilla establecida en el marco del acuerdo de alto el fuego.

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La Ciudad artificial y la IA con rostro humano https://legrandcontinent.eu/es/2026/05/27/la-ciudad-artificial-y-la-ia-con-rostro-humano/ Wed, 27 May 2026 11:28:18 +0000 https://legrandcontinent.eu/es/?p=100469 ¿Quién es Christopher Olah, el cofundador de Anthropic a quien la Iglesia de León XIV intenta «contratar»?

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Mayo de 2025: Se hace público Claude Code. Mayo de 2026: 135 años después de la Rerum Novarum de León XIII, el papa León XIV —Robert Francis Prevost— firma la primera encíclica de su pontificado, Magnifica Humanitas, subtitulada «Sobre la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial».

Esta escena se puede interpretar de varias maneras. La más habitual: una institución milenaria toma nota de una revolución tecnológica e invita a la industria al diálogo. Pero hay otra interpretación, sin duda más reveladora, que se impone en cuanto se observa quiénes están presentes en el escenario ese 25 de mayo de 2026.

Junto a los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny, las profesoras Anna Rowlands y Leocadie Lushombo, el secretario de Estado Parolin y el papa, se encuentra el cofundador de Anthropic —y no de OpenAI, Google DeepMind o Palantir…— Christopher Olah.  

Adoptemos, a efectos de este análisis, una perspectiva diferente: ¿y si la Iglesia se comportara como un actor tecnológico más entre tantos otros? No es que venda modelos o recaude fondos, pero en un ámbito concreto, ahora juega el mismo juego que los gigantes de Silicon Valley. De hecho, la verdadera batalla de la inteligencia artificial ya no se libra solo en el plano técnico, sino también en torno a la definición de su utilidad, de lo que debe ser la IA, de los sistemas y de las personas que deben controlarla. La mayoría de los gigantes tecnológicos creen que el desarrollo de la IA ha desencadenado una carrera hacia una forma de inteligencia general que podría acabar sustituyendo a Dios.

En este mercado, la Iglesia ha entrado en competencia directa con OpenAI y Palantir. Así, como cualquier actor de este sector, ha comenzado por hacer lo más trivial que se puede hacer: fichar a un talento de la competencia. 48

Se trata de Christopher Olah. Queda por ver cómo Anthropic se ha convertido, en tan solo un año, en la empresa que la Iglesia ha elegido como interlocutora.

La trayectoria de un investigador atípico

La trayectoria de Olah ya deja entrever los motivos de su presencia en Roma. Combina una sensibilidad hacia las grandes cuestiones humanas con un rigor técnico poco común.

En 2021, Olah dedicó un hilo en X (entonces Twitter) a Gilead, la novela de Marilynne Robinson publicada en 2004 y galardonada con el Premio Pulitzer, construida en torno a las cartas que un anciano pastor le escribe a su hijo pequeño sabiendo que se acerca su muerte. Se aleja del registro habitual de sus publicaciones como investigador: cuenta que leyó el libro a los 14 años, cuando era creyente, y que lo aprecia aún más ahora que es adulto y ateo. El episodio resume lo esencial de un espíritu para el que las cuestiones de la transmisión, la interioridad y la finitud han sido y siguen siendo fundamentales.

Olah es canadiense, nació a principios de la década de 1990 y se crió en Toronto. Su madre, la empresaria Frances Zomer, mencionó la dificultad de encontrar una escuela que se adaptara a las capacidades y al temperamento de su hijo, en una entrevista concedida con motivo de la beca Thiel Fellowship que Christopher Olah obtuvo en 2012. Este programa, fundado por Peter Thiel, financia a jóvenes con talento dispuestos a renunciar a la universidad a cambio de 100.000 dólares y dos años de trabajo independiente. Sirvió de trampolín para Olah, quien, entre 2012 y 2014, desarrolló colah.github.io, un blog técnico divulgativo dedicado al deep learning que se impuso rápidamente como una de las referencias más citadas del ámbito.

En 2012, la red neuronal AlexNet desencadenó el «Big Bang» de la inteligencia artificial moderna y se intensificó la reflexión científica sobre esta tecnología. Olah redactó algunos de los textos de referencia antes de incorporarse en 2015 a Google Brain, el laboratorio de IA de Google. Allí participa en el lanzamiento de DeepDream, una técnica de visualización que transforma las redes neuronales en generadores de imágenes oníricas: la red muestra cómo su aprendizaje estructura y distorsiona la percepción, así como las regularidades que desarrolla a lo largo del entrenamiento. Una primera forma de cerebro artificial que se representa a sí mismo, un presagio de lo que se convertirá en el gran tema de Olah.

En 2016, junto con Dario Amodei como coautor, publicó Concrete Problems in AI Safety, una importante contribución al campo de la seguridad de la IA, que propone una taxonomía sistemática de los riesgos de accidente en estos sistemas. También dirige la revista Distill, que cuenta con el apoyo de OpenAI, DeepMind y Y Combinator Research. 

En 2018, dejó Google Brain para incorporarse a OpenAI, donde se dedicó a la interpretabilidad, es decir, a comprender el funcionamiento interno de las redes neuronales. En 2021, junto con Dario y Daniela Amodei, Jared Kaplan, Jack Clark y otros antiguos miembros de OpenAI, cofundó Anthropic. Allí persigue el mismo objetivo: descomponer una red neuronal en elementos comprensibles, del mismo modo que un ingeniero descompila un programa binario para comprender su funcionamiento.

Una interpretación agustiniana de la inteligencia artificial

Este trabajo sobre la interpretabilidad cobra todo su sentido en un marco conceptual de inspiración agustiniana, lo que explica también el encuentro con la Iglesia de León XIV, papa agustiniano. En La Ciudad de Dios, san Agustín describe dos ciudades, la Civitas Dei y la Civitas Hominis, no separadas, sino entremezcladas —«permixtae»— en una misma historia: habitan los mismos cuerpos, las mismas instituciones, las mismas familias, y lo que las distingue radica en el objeto de su amor, en aquello que anteponen a todo lo demás.

A estas dos ciudades se suma ahora una tercera, a la que podríamos llamar Civitas artificialis. Irrumpe en la historia sin una ciudadanía declarada: aún se desconocen cuáles son sus órdenes y sus «afanes». Sin embargo, cada red neuronal tiene una función explícita: minimizar una pérdida, maximizar una recompensa, producir una salida. Pero entre esa función declarada y los comportamientos reales hay un espacio opaco en el que trabaja Olah. De hecho, esta ciudad artificial interactúa constantemente con las otras dos, modificando la historia a medida que se entrelaza con ella.

Cuando un modelo lingüístico contribuye a alterar los equilibrios democráticos, a acelerar la concentración del poder económico o a orientar los sistemas de armas autónomas, actúa en la Ciudad de los hombres, amplificando los instintos humanos en lugar de diferenciarse de ellos, mientras sopla la tormenta industrial y social de la «destrucción creativa».

Esta interrelación suscita una serie de preguntas: ¿cómo interpretar lo que hace el modelo lingüístico? ¿Qué queda implícito? ¿Cómo describir lo que hay en el interior de estos sistemas? ¿Existe alguna forma de «interioridad» —concepto que San Agustín moldeó de manera decisiva en el pensamiento occidental— que pueda entenderse en ellos?

Estas cuestiones tienen su lugar natural en Roma, heredera de una larga tradición católica. Y también tienen su lugar en Anthropic, que en un año —de mayo de 2025 a mayo de 2026— se ha convertido en el laboratorio de referencia en materia de inteligencia artificial. 

La presencia de Olah en el Vaticano permite así que converjan dos formas de abordar la interioridad en la era de la IA: la teológica y la de la interpretabilidad.

El talento, el principal factor de dominio

Olah puede representar a Anthropic en un foro de este tipo porque la empresa se ha consolidado en el sector de la IA, sobre todo por su capacidad para retener y potenciar el talento.

Basta con un ejemplo para entenderlo. Hace unos días, el 19 de mayo de 2026, Andrej Karpathy anunció su incorporación a Anthropic. Nacido en 1986 en la antigua Checoslovaquia, Karpathy es uno de los fundadores de OpenAI. Dirigió el departamento de inteligencia artificial de Tesla, y en particular el programa de conducción autónoma Full Self-Driving, antes de regresar brevemente a OpenAI y fundar posteriormente Eureka Labs, dedicada a la aplicación de la IA a la educación. A él se le atribuye la expresión «vibe coding». Discípulo de Fei-Fei Li en Stanford e impartiendo el curso de deep learning de la universidad, ha formado, a través de sus cursos en línea, a toda una generación de investigadores.

Su contratación ilustra un principio fundamental de este ecosistema: el talento es un factor decisivo. El número de investigadores con experiencia es limitado y su concentración genera desequilibrios duraderos en las relaciones de poder. Anthropic ha sabido atraer a estos perfiles y, al mismo tiempo, retener a los suyos frente a las ofensivas de la competencia. A las ofertas de varias decenas de millones de dólares de Meta el verano pasado, Dario Amodei respondió que Zuckerberg intentaba comprar lo que no tiene precio —la «alineación con la misión»— y que su empresa retenía mejor a sus talentos que OpenAI o Google DeepMind.

Esta «alineación con la misión» no es solo un eslogan de marketing. La cultura que fomenta la empresa —y a la que, según Amodei, dedica un tercio de su tiempo como directivo— busca avanzar en esa dirección. Anthropic se construyó desde sus inicios en torno a ciertas visiones, entre ellas el «altruismo eficaz», pero ha hecho evolucionar esta perspectiva a través de su comunicación, empezando por los textos de Amodei, Machines of Loving Grace y The Adolescence of Technology. Se presenta como una organización que aprende, que difunde cultura y teje vínculos con centros de investigación e intelectuales. En ella se reivindica el papel de los humanistas. 

La cofundadora de Anthropic, Daniela Amodei, suele destacar esta inspiración humanista y hace referencia al trabajo de Amanda Askell, filósofa de formación y una de las artífices de la «Constitución» de Claude, el marco de principios que guía el comportamiento del modelo. Es este sustrato humanista —el mismo del que surge Olah— el que da coherencia al intento de alineación del Vaticano.

La rentabilidad como base

Esta cultura no habría sido suficiente sin un éxito económico rotundo, que proporciona a Anthropic los medios para tomar sus decisiones, incluida la de rechazar ciertos contratos en nombre de sus principios.

Hasta el verano pasado, los datos compartidos con los inversores sugerían que Anthropic no esperaba obtener beneficios hasta 2028, una perspectiva ya mejor que la de OpenAI. Las cifras reveladas desde entonces por el Wall Street Journal pintan un panorama aún más positivo para Anthropic, que debería registrar su primer beneficio operativo ya en el trimestre que finaliza en junio de 2026. Tras alcanzar los 4.800 millones de dólares en ventas en el primer trimestre de 2026, la empresa prevé más del doble para el siguiente —10.900 millones—, y ello con un primer beneficio, a pesar del costo de su infraestructura informática.

El crecimiento es espectacular: de 87 millones de dólares de ingresos anualizados en enero de 2024, Anthropic alcanza los mil millones en diciembre del mismo año, tras lo cual sigue una curva casi exponencial. Su valoración pasa de 18.000 millones a principios de 2024 a 183.000 millones en septiembre de 2025, y luego a 380.000 millones a principios de 2026, y ahora podría superar la de OpenAI para acercarse a los 1 billón de dólares.

El principal motor de este ascenso es el lanzamiento público, en mayo de 2025, de Claude Code, el producto con el crecimiento más rápido de la historia de la empresa. Gracias a sus capacidades «agentivas» —la ejecución autónoma de tareas—, alcanza los mil millones de dólares de ingresos anualizados en seis meses, y luego los 2.500 millones en febrero de 2026. Desencadenó una ola de adopción entre las empresas, transformando la IA en un mercado efectivo y disipando, por el momento, los temores de una «burbuja». Anthropic cuenta hoy con más de 300 mil clientes profesionales, con suscripciones que se han cuadruplicado desde principios de 2026. La decisión, ya en 2023, de dar prioridad al segmento empresarial frente al mercado de consumo —amplio y atractivo, pero poco rentable— le ha ahorrado los enormes costos de subvencionar a los usuarios gratuitos que lastran a OpenAI y ChatGPT. En este aspecto, Anthropic se ha adelantado a su competidor, obligado a reconocer la pertinencia del modelo rival. Además, la empresa reduce sus costos de computación apoyándose en las infraestructuras de Google y Amazon —sus principales accionistas— y ha sabido racionar el acceso en los momentos de mayor demanda para preservar sus márgenes.

Musk, el Pentágono y la victoria en materia de reputación

El dominio económico va acompañado de una posición geopolítica clara, que a su vez arroja luz sobre lo que defiende una empresa como Anthropic y, por lo tanto, sobre lo que Olah viene a aportar a Roma.

El 6 de mayo de 2026, Anthropic firma un contrato estratégico con SpaceX, que ha absorbido las actividades de IA del imperio de Musk, y obtiene la potencia de cálculo del centro de datos Colossus 1, en Memphis. Mientras perdía su juicio contra Sam Altman, Musk se retractaba de sus juicios anteriores sobre Anthropic, a la que había calificado de «empresa que odia la civilización occidental» y apodado «Misanthropic». Ahora se decía convencido de la sinceridad de su enfoque, hasta el punto de evocar un horizonte común a diez años: desarrollar capacidades de cálculo en el espacio.

Sin embargo, el episodio central sigue siendo el enfrentamiento con el Pentágono. El 27 de febrero de 2026, el secretario de Defensa Pete Hegseth anuncia su intención de calificar a Anthropic como un «riesgo para la cadena de suministro de la seguridad nacional», aplicando por primera vez a una entidad estadounidense una terminología reservada a los adversarios extranjeros. Sin embargo, Anthropic ya operaba en los circuitos digitales clasificados de Washington. Las relaciones se deterioraron por dos motivos: Anthropic contrató a numerosas figuras procedentes de la administración de Biden y, sobre todo, se negó, durante la renegociación del contrato, a eliminar las cláusulas que prohibían el uso de sus sistemas para armas autónomas y para la vigilancia masiva de los ciudadanos estadounidenses, incluso en los casos en que la ley lo hubiera permitido.

Esta negativa, en consonancia con la cultura de la empresa, ha dado sus frutos. Al no ceder y soportar los ataques directos de Trump, Anthropic ha ganado visibilidad. Al ser propiedad en parte de Amazon y Google, no podía ser totalmente excluida de todos modos. A falta de alternativas inmediatas, las estructuras militares estadounidenses siguieron dependiendo de sus arquitecturas, hasta el punto de que Amodei propuso garantizar su funcionamiento a precio de venta. Sobre todo, la decisión de renunciar a estos contratos en nombre de sus principios ha reforzado la imagen de la empresa a nivel internacional, en particular en los mercados europeos, preocupados por la fase más agresiva del capitalismo político estadounidense. 

Esta distancia con respecto a la dinámica trumpista —a diferencia de los dirigentes de OpenAI, que han realizado donaciones de varios millones de dólares a Trump— ha jugado a su favor, dada la solidez de su herramienta técnica. El revuelo en torno al Proyecto Mythos, cuyo nombre remite a un imaginario mitológico calasiano y cuyas capacidades para detectar vulnerabilidades informáticas se han puesto de relieve, ha confirmado esta articulación entre la proeza técnica y el dominio de la imagen.

La IA al servicio del ser humano

La presencia de Christopher Olah en el Vaticano resume todo esto. Investigador autodidacta que llegó al deep learning a través de la divulgación, especialista en interpretabilidad preocupado por lo que ocurre «en el interior» de los modelos, lector de una novela sobre la transmisión y la fe: encarna la vertiente humanista de una empresa que ha convertido esa vertiente en un argumento y que ha sacado de ello un beneficio tanto cultural como económico y geopolítico. 

Mientras que sus competidores buscan el respaldo de un líder religioso o fotografías de grandes eventos, Anthropic envía a uno de sus fundadores a Roma para formular en términos técnicos la pregunta que la Iglesia se plantea en términos teológicos: ¿qué hay en esta nueva interioridad y cómo mantenerla al servicio de la persona humana?

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