sine qua non<\/em> de todo lo que Europa afirma ahora que debe hacer: financiar la transici\u00f3n energ\u00e9tica, defender su continente, construir las industrias de la era digital y apoyar a las sociedades que envejecen.<\/p>\n\n\n\nY el mundo que antes ayudaba a Europa a generar prosperidad ya no est\u00e1 ah\u00ed. Se ha vuelto m\u00e1s duro, m\u00e1s fragmentado y m\u00e1s mercantilista.<\/p>\n\n\n\n
Al otro lado del Atl\u00e1ntico, ya no podemos dar por sentado que los guardianes del orden de la posguerra sigan decididos a preservarlo. Cada vez m\u00e1s, se toman de manera unilateral decisiones con profundas consecuencias para las econom\u00edas europeas, haciendo caso omiso de las reglas que Estados Unidos defend\u00eda en el pasado. Y, por primera vez desde 1949, los europeos deben considerar la posibilidad de que Estados Unidos ya no garantice nuestra seguridad en los t\u00e9rminos que antes d\u00e1bamos por sentados.<\/p>\n\n\n\n
China tampoco ofrece un punto de referencia alternativo. Genera excedentes industriales de tal magnitud que el mundo no puede absorberlos sin vaciar de sustancia nuestra propia base productiva. Y apoya directamente a nuestro adversario, Rusia.<\/p>\n\n\n\n
En un mundo donde las alianzas est\u00e1n cambiando, toda dependencia estrat\u00e9gica debe ahora ser reevaluada. Por primera vez en la historia, estamos verdaderamente juntos solos. Europa est\u00e1 reaccionando ante esta nueva realidad. Pero lo hace dentro de un sistema que nunca fue concebido para desaf\u00edos de esta magnitud.<\/p>\n\n\n\n
El proyecto europeo se construy\u00f3 \u2014de manera sensata y deliberada\u2014 para impedir la concentraci\u00f3n de poder. Tras las cat\u00e1strofes de la primera mitad del siglo XX, los europeos decidieron que ning\u00fan Estado miembro dominar\u00eda a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n
En su lugar, crearon un modelo de gobernanza diferente, compartido y equilibrado. Se recurri\u00f3 a organismos independientes, procesos regidos por normas y los mercados financieros para llevar a cabo una labor que, en otros lugares, habr\u00eda requerido una decisi\u00f3n pol\u00edtica abierta. Cuando era necesario alcanzar acuerdos entre gobiernos, la gobernanza europea los envolv\u00eda en capas de procedimientos que los despojaban de su carga pol\u00edtica. Decisiones que, en otro contexto, habr\u00edan sido fuente de divisi\u00f3n, llegaron a parecer puramente administrativas.<\/p>\n\n\n\n
Los logros de este sistema han sido extraordinarios.<\/p>\n\n\n\n
La paz en un continente antes marcado por la guerra. El regreso de naciones que hab\u00edan pasado generaciones tras el Tel\u00f3n de Acero a una comunidad de pueblos libres. El mercado \u00fanico. El euro. La libertad de circular a trav\u00e9s de las fronteras que, durante siglos, hab\u00edan separado a los europeos unos de otros.<\/p>\n\n\n\n
Durante setenta a\u00f1os, esta arquitectura ha impulsado a Europa. Nos ha permitido lograr algo hist\u00f3ricamente excepcional: una integraci\u00f3n sin subordinaci\u00f3n. Pero se basaba en dos supuestos fundamentales.<\/p>\n\n\n\n
La primera era que Europa hab\u00eda construido una econom\u00eda verdaderamente abierta en la que el Estado no necesitaba dirigir el crecimiento: libre comercio en el interior gracias al mercado \u00fanico; libre comercio en el exterior gracias a un orden internacional basado en normas.<\/p>\n\n\n\n
La segunda era que Europa nunca m\u00e1s tendr\u00eda que enfrentarse a las cuestiones m\u00e1s espinosas de poder y seguridad, ya que otros responder\u00edan por nosotros.<\/p>\n\n\n\n
Estas dos hip\u00f3tesis han resultado hoy en d\u00eda infundadas. Y a medida que se desmoronan, las cuestiones pol\u00edticas que Europa buscaba atenuar vuelven al centro del proyecto europeo.<\/p>\n\n\n\n
En ning\u00fan lugar es esto m\u00e1s evidente que en las contradicciones del propio modelo econ\u00f3mico europeo.<\/p>\n\n\n\n
Hacia afuera, hemos desmantelado las barreras comerciales, acogido las cadenas de suministro globales y construido la gran econom\u00eda m\u00e1s abierta del planeta. Pero hacia adentro, nunca hemos puesto plenamente en pr\u00e1ctica la apertura que predic\u00e1bamos: hemos dejado el mercado \u00fanico inconcluso, los mercados de capitales fragmentados, los sistemas energ\u00e9ticos insuficientemente interconectados y amplios sectores de nuestra econom\u00eda encerrados en capas de regulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n
Hay cierta iron\u00eda en todo esto. Europa se apoy\u00f3 en los mercados para lograr lo que la autoridad pol\u00edtica com\u00fan no estaba facultada para hacer. Pero les negamos a esos mercados el acceso a la escala continental que necesitaban para tener \u00e9xito. El resultado no fue una verdadera econom\u00eda de mercado, sino una econom\u00eda asim\u00e9trica. Y de esta asimetr\u00eda se derivan muchas de las vulnerabilidades a las que se enfrenta Europa hoy en d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n
La primera vulnerabilidad es nuestra exposici\u00f3n a la demanda externa. Las empresas europeas se han visto atra\u00eddas hacia el exterior en busca del crecimiento que la propia Europa no pod\u00eda ofrecerles. Desde 1999, la participaci\u00f3n del comercio en el PIB ha pasado del 31 % al 55 % en la zona euro. En Estados Unidos y China, por el contrario, pr\u00e1cticamente no ha variado. Estos dos pa\u00edses siguen estando mucho menos expuestos al comercio.<\/p>\n\n\n\n
Nuestra sensibilidad a los cambios en las pol\u00edticas estadounidenses y chinas no es, por lo tanto, simplemente una desgracia impuesta desde el exterior. Es el reflejo de nuestra propia incapacidad para construir un mercado interno lo suficientemente profundo.<\/p>\n\n\n\n
La segunda vulnerabilidad es nuestra creciente dependencia estrat\u00e9gica. Ninguna econom\u00eda avanzada puede eliminarla por completo. Estados Unidos tiene sus propias vulnerabilidades, especialmente en materia de minerales cr\u00edticos. Pero la situaci\u00f3n de Europa es de otro orden.<\/p>\n\n\n\n
Si hubi\u00e9ramos tomado las medidas necesarias para integrar nuestra econom\u00eda, los mercados de capitales habr\u00edan canalizado una mayor parte del ahorro europeo hacia riesgos productivos en el continente. La energ\u00eda circular\u00eda m\u00e1s libremente a trav\u00e9s de las fronteras, respaldada por redes, interconexiones e instalaciones de almacenamiento. La descarbonizaci\u00f3n estar\u00eda al alcance de la mano, y nuestras econom\u00edas estar\u00edan menos expuestas a las crisis relacionadas con los combustibles f\u00f3siles: desde el inicio de la guerra en Ir\u00e1n, los ciudadanos de los pa\u00edses donde la proporci\u00f3n de energ\u00edas limpias es mayor han pagado, en promedio, aproximadamente la mitad de los precios mayoristas de la electricidad que se aplican en los pa\u00edses donde esa proporci\u00f3n es menor.<\/p>\n\n\n\n
Pero Europa ha elegido un camino m\u00e1s defensivo. Hemos intentado mantener a raya los cambios. Hemos limitado la consolidaci\u00f3n, restringido los riesgos y pospuesto las inversiones transfronterizas. El resultado, sin embargo, no ha sido un mayor control, sino dependencia.<\/p>\n\n\n\n
Hoy en d\u00eda, la mitad del capital invertido a trav\u00e9s de fondos europeos regresa a Estados Unidos, donde los riesgos y los rendimientos son m\u00e1s elevados. Dependemos de ellos para el 60 % de nuestras importaciones de GNL. Incluso en el \u00e1mbito de las tecnolog\u00edas limpias, Europa a\u00fan no puede llevar a cabo su transici\u00f3n verde a gran escala sin aumentar su dependencia de las cadenas de suministro chinas.<\/p>\n\n\n\n
La tercera debilidad \u2014y quiz\u00e1s la m\u00e1s importante\u2014 es el deterioro de la posici\u00f3n de Europa en las tecnolog\u00edas que definir\u00e1n la pr\u00f3xima d\u00e9cada.<\/p>\n\n\n\n
Desde 2019, la brecha de productividad por hora entre Europa y Estados Unidos se ha ampliado en 9 puntos porcentuales, en paridad de poder adquisitivo y a precios constantes. Si bien esta cifra no mide en s\u00ed misma las diferencias en el nivel de vida, pone de manifiesto una divergencia creciente en materia de capacidad de producci\u00f3n, lo que refleja no solo el mayor tama\u00f1o del sector tecnol\u00f3gico estadounidense, sino tambi\u00e9n la digitalizaci\u00f3n m\u00e1s avanzada de las empresas y los flujos de trabajo estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n
La inteligencia artificial se suma ahora a esta brecha.<\/p>\n\n\n\n
Los escenarios de la OCDE sugieren que aproximadamente la mitad del crecimiento de la productividad durante la pr\u00f3xima d\u00e9cada podr\u00eda provenir de la IA y de su difusi\u00f3n en toda la econom\u00eda. En ning\u00fan momento de la historia reciente nuestro futuro econ\u00f3mico ha dependido tanto de una sola transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n
Sin embargo, la IA no es simplemente una herramienta digital m\u00e1s que hay que adoptar. Requiere una movilizaci\u00f3n industrial de una magnitud sin precedentes en generaciones: inversiones colosales en energ\u00eda, semiconductores, infraestructura inform\u00e1tica y capital. Y ah\u00ed es donde Europa se est\u00e1 quedando atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n
Estados Unidos est\u00e1 en camino de gastar aproximadamente cinco veces m\u00e1s que Europa en la construcci\u00f3n de centros de datos de aqu\u00ed a 2030. China se est\u00e1 movilizando a una escala similar. Si Europa tuviera que igualar esta ambici\u00f3n, la demanda de electricidad podr\u00eda aumentar entre un 20 % y un 30 % con respecto a la actual.<\/p>\n\n\n\n
Europa cuenta con las econom\u00edas, el talento y el potencial energ\u00e9tico latente necesarios para competir en esta transformaci\u00f3n. Pero las mismas barreras y limitaciones que crearon nuestra vulnerabilidad y nuestras dependencias nos impiden hoy movilizarnos a la escala que el momento exige.<\/p>\n\n\n\n
No es una brecha que podamos permitirnos dejar que se ampl\u00ede. A diferencia de la electricidad o de internet, la IA mejora con el uso. Cada ciclo de implementaci\u00f3n genera los datos y las capacidades que hacen que el siguiente ciclo sea a\u00fan m\u00e1s potente. Las econom\u00edas que aprovechen estas ventajas primero tomar\u00e1n definitivamente una ventaja decisiva.<\/p>\n\n\n\n
Estas tres consecuencias remiten todas a la misma fuente: Europa se ha abierto al mundo sin haber completado la construcci\u00f3n de su mercado interno. Se ha vuelto demasiado dependiente de la demanda extranjera, demasiado dependiente de capacidades controladas en otros lugares y demasiado fragmentada para movilizar sus propios recursos a gran escala.<\/p>\n\n\n\n
La cuesti\u00f3n ahora es c\u00f3mo corregir este desequilibrio.<\/p>\n\n\n\n
En toda Europa est\u00e1n surgiendo diferentes respuestas.<\/p>\n\n\n\n
Para algunos, la respuesta es no cambiar. Mientras otros se alejan de la apertura, Europa deber\u00eda aprovechar las oportunidades que dejan atr\u00e1s, desarrollar sus intercambios con el resto del mundo y convertirse en la principal defensora del sistema basado en normas.<\/p>\n\n\n\n
Es cierto que Europa a\u00fan puede beneficiarse de una mayor liberalizaci\u00f3n del comercio. Pero hay que ser honestos respecto a sus l\u00edmites. Seg\u00fan una estimaci\u00f3n, incluso si Europa llevara a buen t\u00e9rmino todas las negociaciones comerciales en curso, el aumento a largo plazo de nuestro PIB ser\u00eda inferior al 0,5 %.<\/p>\n\n\n\n
El problema m\u00e1s profundo es de car\u00e1cter pol\u00edtico. Es m\u00e1s f\u00e1cil celebrar nuevos acuerdos comerciales que abordar los proyectos inconclusos en nuestro propio territorio, ya que esto obliga a Europa a tomar decisiones que durante mucho tiempo ha preferido evitar: hacer frente a las rentas de situaci\u00f3n establecidas y a los intereses particulares que se benefician de un mercado \u00fanico incompleto y de mercados energ\u00e9ticos fragmentados.<\/p>\n\n\n\n
Si la apertura sigue siendo nuestra \u00fanica respuesta, eso equivale a no tomar ninguna decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n
Para otros, la respuesta consiste en reintroducir un Estado estrat\u00e9gico en los mercados. En toda Europa, se observa, en efecto, un resurgimiento del inter\u00e9s por la pol\u00edtica industrial: para orientar el capital hacia tecnolog\u00edas que no hemos sabido desarrollar, para proteger los sectores estrat\u00e9gicos de las presiones externas y para utilizar los aranceles y las ayudas estatales con el fin de preservar en nuestro territorio el crecimiento que perdemos en el extranjero.<\/p>\n\n\n\n
Estos puntos de vista son comprensibles. En muchos aspectos, son necesarios. Todas las grandes econom\u00edas mundiales aplican ahora una pol\u00edtica industrial a una escala que ridiculiza la idea de la igualdad de oportunidades a nivel mundial. Europa debe lidiar con dependencias cada vez m\u00e1s complejas tanto de Estados Unidos como de China. No podemos permitirnos ninguna rigidez ideol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n
Pero estos instrumentos no producir\u00e1n los resultados esperados por sus defensores si Europa no resuelve tambi\u00e9n la incoherencia en el coraz\u00f3n de su propio modelo econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n
Consideremos qu\u00e9 pasar\u00eda si Europa adoptara una actitud comercial m\u00e1s firme. Las represalias provocan contramedidas, y esos ser\u00edan costos que Europa, en su forma actual, no est\u00e1 en condiciones de absorber. Ya estamos viendo los efectos de los aranceles estadounidenses: desde el \u00abLiberation Day\u00bb, las exportaciones europeas a Estados Unidos han ca\u00eddo alrededor de un 17 %.<\/p>\n\n\n\n
Sin embargo, cuando miramos al otro lado del Atl\u00e1ntico, vemos una econom\u00eda capaz de mantener su crecimiento a pesar de las perturbaciones que ella misma contribuye a crear. Porque, a pesar del aumento de las tensiones comerciales, la inflaci\u00f3n y el conflicto en el Medio Oriente, el FMI ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento para Estados Unidos el pr\u00f3ximo a\u00f1o, al tiempo que ha revisado a la baja las de Europa.<\/p>\n\n\n\n
La lecci\u00f3n que hay que extraer es que la solidez externa pasa por la profundizaci\u00f3n interna. Dentro de Europa, los Estados miembros presentan niveles de integraci\u00f3n muy dispares. Estudios del BCE sugieren que si todos se acercaran al nivel ya alcanzado por los m\u00e1s exitosos, las ganancias de bienestar a largo plazo podr\u00edan superar el 3 %, es decir, aproximadamente cuatro veces el impacto previsto de los aranceles estadounidenses m\u00e1s elevados sobre el crecimiento.<\/p>\n\n\n\n
El \u00abMade in Europe\u00bb tambi\u00e9n debe considerarse desde este \u00e1ngulo: como un medio para utilizar la demanda europea de manera m\u00e1s espec\u00edfica. Deber\u00eda ofrecer a las industrias con horizontes de inversi\u00f3n a largo plazo \u2014semiconductores, tecnolog\u00edas limpias, defensa\u2014 un mercado lo suficientemente amplio y estable como para que inviertan en \u00e9l. Sin una demanda propia, Europa no puede mantener una posici\u00f3n cre\u00edble en el extranjero.<\/p>\n\n\n\n
La pol\u00edtica industrial se enfrenta a una variante del mismo problema.<\/p>\n\n\n\n
Si los Estados miembros de Europa intentan llevar a cabo una pol\u00edtica industrial a gran escala en el marco de la estructura actual del mercado \u00fanico, fracasar\u00e1n. Gastar\u00e1n de manera imprudente, fragmentar\u00e1n las inversiones seg\u00fan l\u00edneas nacionales y se impondr\u00e1n costos mutuamente. Un estudio del FMI revela que las subvenciones otorgadas en un Estado miembro frenan el crecimiento en los dem\u00e1s, y que los efectos negativos erosionan las ganancias iniciales en tan solo dos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n
La soluci\u00f3n ideal ser\u00eda coordinar las ayudas estatales a nivel europeo.<\/p>\n\n\n\n
Pero no es la \u00fanica forma de reducir estas distorsiones. Una econom\u00eda europea verdaderamente integrada modificar\u00eda por s\u00ed misma el terreno en el que se ejerce la pol\u00edtica industrial.<\/p>\n\n\n\n
Aunque las ayudas estatales siguieran concedi\u00e9ndose dentro de las fronteras nacionales, sus beneficiarios ser\u00edan cada vez m\u00e1s empresas que ya han demostrado su val\u00eda en toda Europa. Las empresas l\u00edderes en cada jurisdicci\u00f3n ser\u00edan menos propensas a ser operadores hist\u00f3ricos nacionales protegidos, y m\u00e1s propensas a ser empresas de alcance europeo que compiten all\u00ed donde el capital, la energ\u00eda, las competencias y las cadenas de suministro son m\u00e1s s\u00f3lidas.<\/p>\n\n\n\n
A diferencia de los fracasos de la d\u00e9cada de 1970, as\u00ed es como tienen m\u00e1s posibilidades de surgir verdaderos campeones europeos: expuestos a la competencia continental y respaldados por una estrategia pol\u00edtica a nivel europeo.<\/p>\n\n\n\n
Esto, a su vez, dar\u00eda a los gobiernos indicaciones m\u00e1s claras sobre las verdaderas ventajas competitivas de Europa. Los fondos p\u00fablicos ser\u00edan menos propensos a apoyar a empresas sin perspectivas de crecimiento, y m\u00e1s propensos a reforzar las capacidades que Europa realmente necesita. La intervenci\u00f3n podr\u00eda volverse m\u00e1s espec\u00edfica, menos costosa y m\u00e1s eficaz.<\/p>\n\n\n\n
Cuanto m\u00e1s se reforme Europa, menos tendr\u00e1 que depender de la deuda \u2014nacional o com\u00fan\u2014 para compensar su fragmentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n
Por eso, el mercado \u00fanico y la pol\u00edtica industrial no deber\u00edan considerarse filosof\u00edas rivales. Bien concebidos, se refuerzan mutuamente.<\/p>\n\n\n\n
Pero cuanto m\u00e1s se compromete Europa con la pol\u00edtica industrial y las tecnolog\u00edas estrat\u00e9gicas, m\u00e1s dif\u00edcil resulta ignorar la realidad externa central de nuestra \u00e9poca: nuestra relaci\u00f3n con Estados Unidos ha cambiado.<\/p>\n\n\n\n
Europa no puede repatriar por s\u00ed sola todas las tecnolog\u00edas cr\u00edticas. El costo ser\u00eda prohibitivo. Necesitaremos acuerdos preferenciales con socios de confianza: garant\u00edas de compra, normas comunes, inversiones compartidas y cadenas de suministro seguras. Y Estados Unidos seguir\u00e1 siendo el centro de este esfuerzo. El memorando de entendimiento entre la Uni\u00f3n y Estados Unidos sobre minerales cr\u00edticos es un primer ejemplo. Pero este socio en el que seguimos confiando se ha vuelto m\u00e1s hostil e impredecible. Europa ha buscado la negociaci\u00f3n y el compromiso. En general, esto no ha funcionado. Cada vez que absorbemos un impacto sin reaccionar, reducimos el costo del siguiente. Una postura destinada a calmar la situaci\u00f3n solo invita a una nueva escalada.<\/p>\n\n\n\n
Por el momento, Europa necesita la capacidad de reaccionar con mayor seguridad para restablecer una asociaci\u00f3n en pie de igualdad. Lo que nos frena es la seguridad. Una alianza en la que Europa depende de Estados Unidos para su defensa es una alianza en la que la dependencia en materia de seguridad puede repercutir en todas las dem\u00e1s negociaciones: comercio, tecnolog\u00eda, energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n
Por eso, la evoluci\u00f3n de la postura estadounidense sobre la seguridad europea no debe considerarse \u00fanicamente como un peligro. Tambi\u00e9n es un despertar necesario. Si Estados Unidos pide a Europa que asuma una mayor responsabilidad en la defensa de nuestro continente y de nuestros vecinos, entonces Europa tambi\u00e9n debe adquirir una mayor autonom\u00eda en la organizaci\u00f3n de esa defensa, y esa autonom\u00eda vendr\u00e1 acompa\u00f1ada de una mayor fuerza en sus relaciones comerciales y energ\u00e9ticas.<\/p>\n\n\n\n
Esto no debilitar\u00e1 necesariamente la relaci\u00f3n transatl\u00e1ntica ni a la OTAN. Al contrario, las situar\u00eda a ambas sobre bases m\u00e1s s\u00f3lidas. Una Europa capaz de defenderse podr\u00eda incluso ser un aliado m\u00e1s valioso, y una asociaci\u00f3n basada en la fuerza mutua siempre ser\u00e1 m\u00e1s madura que una basada en una dependencia asim\u00e9trica.<\/p>\n\n\n\n
Para la propia Europa, la oportunidad es considerable. Asumir una mayor responsabilidad en nuestra defensa significa tambi\u00e9n reconstruir la base industrial y tecnol\u00f3gica sobre la que se sustenta dicha defensa. La I+D europea en materia de defensa representa solo una d\u00e9cima parte de los niveles estadounidenses. Los gobiernos europeos gastan entre 40.000 y 70.000 millones de euros al a\u00f1o en armas estadounidenses, y nuestra incapacidad para agrupar la demanda conlleva un desperdicio adicional de 60.000 millones de euros en econom\u00edas de escala perdidas.<\/p>\n\n\n\n
Pero ya se est\u00e1n produciendo cambios importantes.<\/p>\n\n\n\n
Europa ha tomado la decisi\u00f3n estrat\u00e9gica m\u00e1s importante en d\u00e9cadas: invertir en su defensa. Para finales de esta d\u00e9cada, solo Alemania gastar\u00e1 aproximadamente lo que Rusia destina actualmente a su econom\u00eda de guerra en plena movilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n
Y Ucrania es el motor de una forma de integraci\u00f3n pr\u00e1ctica en materia de defensa que a Europa le ha costado mucho tiempo poner en marcha de manera planificada. Los pa\u00edses encargan el mismo equipo porque no pueden permitirse esperar a variantes nacionales a medida. Empresas europeas producen sistemas dise\u00f1ados por Ucrania en el territorio de los pa\u00edses aliados.<\/p>\n\n\n\n
La cooperaci\u00f3n en materia de defensa se est\u00e1 desarrollando r\u00e1pidamente: un censo reciente identific\u00f3 m\u00e1s de 160 acuerdos de defensa bilaterales y plurilaterales entre Estados europeos, el Reino Unido y Ucrania, la mayor\u00eda firmados desde el inicio de la invasi\u00f3n rusa. Seis de estas alianzas incluyen una cl\u00e1usula de defensa mutua.<\/p>\n\n\n\n
La tarea consiste ahora en transformar este mosaico en compromisos claros y vinculantes. Si un Estado miembro es atacado, la respuesta de Europa debe ser inequ\u00edvoca incluso antes de que comience la crisis.<\/p>\n\n\n\n
Existen dos v\u00edas para concretar este compromiso, y no son mutuamente excluyentes.<\/p>\n\n\n\n
La primera consiste en formar coaliciones m\u00e1s reducidas de pa\u00edses cuyas capacidades y percepci\u00f3n de las amenazas ya los acercan. En la pr\u00e1ctica, gran parte de la respuesta militar europea ya la asume un grupo central: Alemania, Polonia, Francia y el Reino Unido, junto con los pa\u00edses n\u00f3rdicos y b\u00e1lticos, que son los m\u00e1s cercanos a la amenaza.<\/p>\n\n\n\n
No es necesario que todos los pa\u00edses contribuyan de la misma manera. Ucrania ha demostrado que la defensa moderna ya no se reduce a tanques, aviones y artiller\u00eda. Tambi\u00e9n se basa en bater\u00edas, sensores, software y la capacidad de adaptar r\u00e1pidamente las tecnolog\u00edas civiles. Algunos pa\u00edses aportar\u00e1n fuerzas; otros, componentes de drones, capacidades cibern\u00e9ticas o apoyo log\u00edstico; otros, ayuda financiera.<\/p>\n\n\n\n
La otra v\u00eda consiste en dotar de contenido operativo al p\u00e1rrafo 7 del art\u00edculo 42: la cl\u00e1usula de defensa mutua de la Uni\u00f3n, que, aunque est\u00e1 definida jur\u00eddicamente y ya se ha invocado, a\u00fan no se ha traducido concretamente en planes, capacidades y estructuras de mando.<\/p>\n\n\n\n
La identidad de los participantes en este esfuerzo com\u00fan tendr\u00e1 una importancia capital. Toda comunidad pol\u00edtica est\u00e1, en \u00faltima instancia, moldeada por su concepci\u00f3n de la obligaci\u00f3n mutua, por lo que sus miembros consideran que se deben unos a otros cuando ocurre lo peor. Durante setenta a\u00f1os, Europa pudo dejar esta cuesti\u00f3n en parte sin respuesta. Hoy, debemos responderla nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n
Los primeros indicios ya son visibles. Cuando Rusia invadi\u00f3 Ucrania, Europa opt\u00f3 por apoyar a una naci\u00f3n que luchaba por su libertad, y ha mantenido ese compromiso a\u00f1o tras a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n
Cuando Groenlandia se vio amenazada, Europa plant\u00f3 cara a su aliado m\u00e1s cercano y, al hacerlo, descubri\u00f3 capacidades que no sab\u00eda que pose\u00eda. Incluso los partidos que han construido su identidad en torno a la soberan\u00eda nacional reconocen ahora que ninguna naci\u00f3n europea puede defenderla por s\u00ed sola.<\/p>\n\n\n\n
Pero la presi\u00f3n a favor del cambio proviene ahora de todas partes. Europa se ve obligada a tomar decisiones que hasta ahora hab\u00eda evitado. Y, por primera vez en muchos a\u00f1os, comienzan a darse las condiciones para tomar esas decisiones.<\/p>\n\n\n\n
El consenso sobre el diagn\u00f3stico es la verdadera novedad del momento. La naturaleza de la dif\u00edcil situaci\u00f3n en la que se encuentra Europa es ahora ampliamente comprendida por los gobiernos y los ciudadanos. La hoja de ruta para la acci\u00f3n existe y, en algunos \u00e1mbitos, la Comisi\u00f3n Europea ya est\u00e1 tomando medidas.<\/p>\n\n\n\n
Bajo la presi\u00f3n de los \u00faltimos a\u00f1os, los europeos est\u00e1n recordando los valores que hab\u00edan empezado a dar por sentados: la solidaridad, la democracia, el Estado de derecho, la protecci\u00f3n de las minor\u00edas. Son el legado de la Europa de la posguerra. Y vuelven a hacerse visibles porque se est\u00e1n poniendo a prueba.<\/p>\n\n\n\n
Esta toma de conciencia es m\u00e1s poderosa que cualquier programa pol\u00edtico, ya que da a los europeos una raz\u00f3n para actuar. Y los ciudadanos ya tienen claro qu\u00e9 rumbo debe tomar Europa: nueve de cada diez personas encuestadas por el Eurobar\u00f3metro desean que la Uni\u00f3n act\u00fae con mayor unidad; tres cuartas partes desean que cuente con m\u00e1s recursos para afrontar los retos futuros.<\/p>\n\n\n\n
Pero cuando los ciudadanos reclaman m\u00e1s Europa, no piden simplemente m\u00e1s de la Europa tal como es. Tampoco reclaman un esquema institucional abstracto. Reclaman mejoras concretas en la forma en que Europa los protege y les da los medios para actuar, a trav\u00e9s de mecanismos cuyo funcionamiento puedan ver y por los que puedan exigir rendici\u00f3n de cuentas. La cuesti\u00f3n es c\u00f3mo transformar esta demanda de acci\u00f3n en modos de toma de decisiones capaces de responder a ella.<\/p>\n\n\n\n
Nuestra experiencia actual demuestra que la acci\u00f3n a nivel de los Veintisiete a menudo no permite aportar lo que el momento exige. El problema no radica en una falta de ambici\u00f3n por parte de los dirigentes, sino en lo que ocurre una vez que la ambici\u00f3n se integra en el sistema: los acuerdos son tramitados por comit\u00e9s que los diluyen y los retrasan hasta que el resultado ya no se parece en nada a lo previsto.<\/p>\n\n\n\n
El resultado es una acci\u00f3n que puede quedar tan por debajo de la magnitud del desaf\u00edo que se vuelve peor que la inacci\u00f3n. Y una Uni\u00f3n que reivindica sus responsabilidades pero que, una y otra vez, no cumple sus promesas, entra en un c\u00edrculo vicioso del que no puede escapar: una implementaci\u00f3n insuficiente erosiona la legitimidad, y una legitimidad debilitada hace que la implementaci\u00f3n sea a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n
Debemos romper este c\u00edrculo vicioso.<\/p>\n\n\n\n
Los pa\u00edses que sienten m\u00e1s intensamente el peso de este momento \u2014y comprenden que la ventana de oportunidad para actuar no permanecer\u00e1 abierta indefinidamente\u2014 deben tener libertad para seguir adelante.<\/p>\n\n\n\n
Esto es lo que he denominado federalismo pragm\u00e1tico<\/a>.<\/p>\n\n\n\nSu ventaja es que permite restablecer tanto la eficacia como la legitimidad democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n
Los pa\u00edses que tengan la voluntad de actuar deber\u00edan profundizar su cooperaci\u00f3n en \u00e1mbitos concretos, mediante instrumentos que produzcan resultados que los ciudadanos puedan ver y medir. Y cada uno deber\u00eda comprometerse mediante una decisi\u00f3n nacional deliberada, aprobada por su electorado, para que los ciudadanos sepan a qu\u00e9 se ha comprometido su gobierno y puedan pedirle cuentas.<\/p>\n\n\n\n
La implementaci\u00f3n refuerza la legitimidad. La legitimidad hace posible una cooperaci\u00f3n m\u00e1s estrecha. Y a medida que se desarrolla la costumbre de actuar juntos, se consolida el sentimiento de tener un objetivo com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n
Este enfoque ser\u00e1 necesariamente experimental. Algunas iniciativas funcionar\u00e1n; otras no. Por eso es pragm\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n
Pero tambi\u00e9n forma parte del federalismo, pues estas experiencias no son aleatorias. Est\u00e1n guiadas por un destino com\u00fan: la convicci\u00f3n de que los europeos deben aprender a ejercer el poder juntos si quieren preservar sus valores.<\/p>\n\n\n\n
El euro muestra c\u00f3mo puede suceder esto. Quienes tuvieron la voluntad de hacerlo, siguieron adelante. Construyeron instituciones comunes dotadas de autoridad real. Cuando ese compromiso se puso a prueba hasta rozar el punto de ruptura, la solidaridad requerida result\u00f3 ser mucho mayor de lo que muchos hab\u00edan imaginado. El marco se mantuvo firme, los pa\u00edses siguieron adhiri\u00e9ndose y el apoyo al euro alcanza hoy un nivel r\u00e9cord. Para las sociedades que lo comparten, abandonarlo se ha vuelto casi impensable.<\/p>\n\n\n\n
Eso es lo que hace que los compromisos europeos sean duraderos. No se trata de palabras inscritas de una vez por todas en un tratado, sino de la experiencia de actuar juntos, de ser puestos a prueba juntos y de descubrir, a trav\u00e9s del \u00e9xito, que la solidaridad puede funcionar.<\/p>\n\n\n\n
Nuestra tarea consiste ahora en recrear esa misma din\u00e1mica en los \u00e1mbitos de la energ\u00eda, la tecnolog\u00eda y la defensa. Los l\u00edderes europeos saben d\u00f3nde est\u00e1 el trabajo por hacer. Ahora deben decidir si est\u00e1n dispuestos a anteponer el fondo a la forma y a elegir los instrumentos que permitan alcanzar los resultados esperados.<\/p>\n\n\n\n
Hemos llegado a un punto en el que las decisiones que Europa debe tomar ya no pueden inscribirse en el marco institucional que hemos heredado. Algunas exigen una envergadura que solo Europa puede ofrecer. Otras requieren un grado de legitimidad democr\u00e1tica que debe construirse desde la base.<\/p>\n\n\n\n
En conjunto, exigen a los l\u00edderes europeos que den un paso m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n
En todo nuestro continente, los europeos demuestran que quieren que Europa act\u00fae. Quieren que la Uni\u00f3n Europea defienda su libertad, su prosperidad y su solidaridad. Y siguen defendiendo, con pasi\u00f3n, los valores que hacen que valga la pena construir Europa y que, hoy en d\u00eda, la hacen \u00fanica. <\/p>\n\n\n\n
La tarea consiste ahora en responder a esta confianza con valent\u00eda y demostrar que Europa puede volver a convertir la crisis en uni\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
El discurso completo del Premio Carlomagno en Aquisgr\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":99257,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-speeches.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"_yoast_wpseo_estimated-reading-time-minutes":24,"footnotes":""},"categories":[939],"tags":[],"staff":[7],"editorial_format":[1474],"serie":[],"audience":[],"geo":[177],"class_list":["post-99319","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-informe-draghi-un-debate-europeo","staff-el-grand-continent","editorial_format-archivos-y-discursos","geo-europa"],"acf":{"open_in_webview":false,"accent":"default","_thumbnail_id":99257,"excerpt":"El discurso completo del Premio Carlomagno en Aquisgr\u00e1n.","display_date":"","new_abstract":true},"yoast_head":"\n
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