{"id":97718,"date":"2026-04-30T10:12:58","date_gmt":"2026-04-30T08:12:58","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=97718"},"modified":"2026-04-30T10:13:03","modified_gmt":"2026-04-30T08:13:03","slug":"la-era-de-las-fronteras-difusas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/04\/30\/la-era-de-las-fronteras-difusas\/","title":{"rendered":"La era de las fronteras difusas"},"content":{"rendered":"\n
Al inicio de la guerra de Ir\u00e1n, se le pregunt\u00f3 al presidente estadounidense Donald Trump si el mapa del pa\u00eds seguir\u00eda siendo el mismo tras el conflicto. Su respuesta no se hizo esperar: \u00abNo sabr\u00eda dec\u00edrselo. Probablemente no\u00bb. Esta observaci\u00f3n, pronunciada de manera incidental, no deja de ser sorprendente. Sugiere que la redefinici\u00f3n de las fronteras del decimos\u00e9ptimo Estado soberano m\u00e1s grande, considerado durante mucho tiempo en el orden internacional moderno como fijado por un acuerdo formal, se ha vuelto no solo concebible, sino habitual en las m\u00e1s altas esferas del gobierno estadounidense.<\/p>\n\n\n\n
El presidente estadounidense habla mucho, y a menudo es dif\u00edcil extraer tendencias de una de sus declaraciones. Pero no se trat\u00f3 en absoluto de una declaraci\u00f3n aislada pronunciada en el calor del momento. Se inscribe en una tendencia m\u00e1s general que ha marcado el regreso de Trump al poder: una obstinaci\u00f3n constante por considerar las fronteras no como realidades jur\u00eddicas reconocidas, sino como elementos contingentes y susceptibles de ser revisados en cualquier momento.<\/p>\n\n\n\n\n\n Entre la multitud de decretos, publicaciones en redes sociales, discursos y medidas arancelarias fluctuantes que han marcado la presidencia de Trump desde enero de 2025, uno de los hilos conductores m\u00e1s sorprendentes ha sido su inter\u00e9s, siempre renovado, por la extensi\u00f3n \u2014o la redefinici\u00f3n\u2014 de las fronteras territoriales del propio Estados Unidos. Sus declaraciones sobre Panam\u00e1, Groenlandia, Canad\u00e1 e incluso Gaza tambi\u00e9n hacen eco de ello.<\/p>\n\n\n\n Consideradas en su conjunto, ponen de relieve una concepci\u00f3n notablemente coherente del espacio pol\u00edtico: las fronteras no son fijas, sino difusas; no son una cuesti\u00f3n de derecho, sino de historia; no son restricciones, sino objetos de negociaci\u00f3n. Esta tendencia expansionista se distingue por su car\u00e1cter c\u00edclico, exacerb\u00e1ndose en per\u00edodos de confianza pol\u00edtica interna y atenu\u00e1ndose ante la oposici\u00f3n internacional o la evoluci\u00f3n de las prioridades estrat\u00e9gicas.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, a pesar de los altibajos del revisionismo territorial de Trump, la tendencia subyacente es clara: Estados Unidos est\u00e1 dando poco a poco la espalda al orden internacional basado en fronteras estatales legales claramente delimitadas, en favor de un mundo de \u00abfronteras difusas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Prueba de ello son las cr\u00edticas recurrentes de Trump a la transferencia de soberan\u00eda sobre el Canal de Panam\u00e1 iniciada por Jimmy Carter. Si bien antes tomaban la forma de burlas irreflexivas dirigidas al expresidente dem\u00f3crata, se han endurecido durante el segundo mandato para tomar un giro mucho m\u00e1s grave. Trump ha afirmado en varias ocasiones que el canal \u2014construido por Estados Unidos y cedido a Panam\u00e1 en virtud de los tratados Torrijos-Carter\u2014 es en realidad \u00abadministrado por China\u00bb y, por lo tanto, controlado de manera ileg\u00edtima. A pocas semanas de asumir el cargo, envi\u00f3 al secretario de Estado Marco Rubio a Panam\u00e1 para abordar directamente el tema con el presidente paname\u00f1o. \u00abLo vamos a recuperar, de lo contrario va a pasar algo muy grave\u00bb, advirti\u00f3 Trump, antes de declarar en su discurso ante el Congreso en marzo de 2025 que Estados Unidos iba a \u00abrecuperar el Canal de Panam\u00e1\u00bb. As\u00ed fue como una cuesti\u00f3n de derecho de los tratados se convirti\u00f3 en una decisi\u00f3n pol\u00edtica, susceptible de ser objeto de un cambio de rumbo.<\/p>\n\n\n\n La misma l\u00f3gica se aplica, de manera a\u00fan m\u00e1s flagrante, a Groenlandia. Aunque Trump acariciaba desde hac\u00eda tiempo la idea de adquirir este territorio dan\u00e9s, no hab\u00eda hecho nada al respecto durante su primer mandato. Tras su regreso al poder, sin embargo, Trump retom\u00f3 el proyecto de manera mucho m\u00e1s apremiante, afirmando que Estados Unidos estaba decidido a adquirir Groenlandia \u00abde una forma u otra\u00bb y que no exclu\u00eda el uso de la fuerza. No contento con estas declaraciones, su administraci\u00f3n pas\u00f3 de las palabras a los hechos: visitas de Estado de alto nivel a Nuuk, recopilaci\u00f3n de inteligencia y amenazas econ\u00f3micas destinadas a presionar a Dinamarca. Los l\u00edderes europeos no tomaron esto como simples bravuconadas. Dinamarca convoc\u00f3 al embajador estadounidense, aument\u00f3 su gasto en defensa en el \u00c1rtico y, en colaboraci\u00f3n con Estados clave de la OTAN, comenz\u00f3 a prepararse para un posible conflicto. Los responsables daneses advirtieron abiertamente que un intento estadounidense de apoderarse de Groenlandia podr\u00eda significar el fin de la propia OTAN. Lo que antes parec\u00eda un impulso fantasioso circunstancial tom\u00f3 la forma de una inclinaci\u00f3n persistente: reclamaciones territoriales presentadas, suspendidas y luego presentadas de nuevo.<\/p>\n\n\n\n Si las declaraciones de Trump sobre Groenlandia sacudieron a la OTAN, su actitud hacia Canad\u00e1 afect\u00f3 a un aliado que le es a\u00fan m\u00e1s cercano geogr\u00e1ficamente. Su repetida ambici\u00f3n de convertirlo en el estado n\u00famero 51 fue tomada muy en serio por Ottawa, que se negaba a verlo como una simple provocaci\u00f3n o un chiste de dudoso gusto. El exprimer ministro Justin Trudeau advirti\u00f3 que la anexi\u00f3n era \u00abuna posibilidad real\u00bb, y las maniobras estadounidenses que siguieron lo confirmaron. Trump calific\u00f3 a Trudeau de \u00abgobernador\u00bb, hizo circular mapas que mostraban a Canad\u00e1 como parte de Estados Unidos e incluso habr\u00eda cuestionado la validez del tratado que delimita la frontera misma. Aunque el presidente estadounidense subray\u00f3 que alcanzar\u00eda sus objetivos mediante la \u00abfuerza econ\u00f3mica\u00bb, el mensaje fue inequ\u00edvoco: la frontera pac\u00edfica m\u00e1s larga del mundo puede, en principio, convertirse en objeto de negociaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, a pesar de los altibajos del revisionismo territorial de Trump, la tendencia subyacente es clara: Estados Unidos est\u00e1 dando poco a poco la espalda al orden internacional basado en fronteras estatales legales claramente delimitadas, en favor de un mundo de \u00abfronteras difusas\u00bb. <\/p>Stephen E. Hanson, Jeffrey S. Kopstein <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Las consecuencias pol\u00edticas fueron inmediatas. Una ola de reacciones nacionalistas contribuy\u00f3 a impulsar a Mark Carney al poder, y su gobierno comenz\u00f3, lento pero seguro, a revertir la profunda integraci\u00f3n de Canad\u00e1 en las estructuras de seguridad y econ\u00f3micas estadounidenses. Poco despu\u00e9s de la elecci\u00f3n de Carney, Trump tambi\u00e9n comenz\u00f3 a llamarlo \u00abgobernador\u00bb. M\u00e1s recientemente, afirm\u00f3 que no \u00abquer\u00eda\u00bb Canad\u00e1. Sin embargo, esta declaraci\u00f3n no hac\u00eda m\u00e1s que subrayar el postulado subyacente a sus amenazas anteriores: que si quisiera, podr\u00eda apoderarse del pa\u00eds vecino.<\/p>\n\n\n\n Entonces, \u00bfqu\u00e9 hacer con este brutal rechazo a la inviolabilidad de las fronteras de los Estados soberanos que profesa Trump? La dicotom\u00eda simplista que domina nuestros debates actuales \u2014seg\u00fan la cual Trump ser\u00eda o bien deficiente mental, o bien un \u00abactor racional\u00bb experto en la escalada verbal, que utiliza para imponer una relaci\u00f3n de poder\u2014 es fundamentalmente enga\u00f1osa. No solo no nos da ninguna indicaci\u00f3n sobre el tipo de r\u00e9gimen que Trump est\u00e1 instaurando en Estados Unidos, sino que tampoco pone de relieve las fuerzas m\u00e1s amplias que completan su visi\u00f3n del territorio y la de su administraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n La l\u00f3gica que fundamenta las acciones de Trump no se deriva ni de una mente trastornada, ni de una visi\u00f3n ponderada y realista del mundo, sino del r\u00e9gimen pol\u00edtico que intenta instaurar a escala nacional.<\/p>\n\n\n\n Lo que Trump hab\u00eda iniciado durante su primer mandato, lo ha proseguido con ah\u00ednco desde el inicio de su segundo, a saber, la fundaci\u00f3n de un r\u00e9gimen patrimonial.<\/p>\n\n\n\n Trump no es un caso aislado, sino que forma parte de una ola mundial de l\u00edderes a los que se puede calificar, siguiendo al soci\u00f3logo alem\u00e1n Max Weber, de \u00abpatrimoniales\u00bb: se presentan como poderosos \u00abpadres\u00bb que dirigen el Estado como una empresa familiar. En el siglo XXI, el patrimonialismo abarca pa\u00edses tan diversos como la Rusia de Vladimir Putin, la Hungr\u00eda de Viktor Orb\u00e1n, la India de Narendra Modi y el Israel de Benjamin Netanyahu. Los l\u00edderes patrimoniales consideran que su autoridad no puede ser limitada por la ley, al tiempo que ven el territorio de su pa\u00eds, y a veces el de sus vecinos, como un patrimonio<\/em>, es decir, como una propiedad que forma parte del \u00ablegado\u00bb de la naci\u00f3n y que est\u00e1 leg\u00edtimamente controlada por la familia en el poder. En este contexto, las fronteras nacionales se consideran \u00abhist\u00f3ricas\u00bb m\u00e1s que \u00abjur\u00eddicas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n El Estados Unidos patrimonial de Trump se ha sumado al creciente grupo de reg\u00edmenes del siglo XXI que ya no consideran que el territorio de las entidades pol\u00edticas est\u00e9 fijado por tratados. Lo que Trump desea, por lo tanto, no es la dominaci\u00f3n mundial, sino m\u00e1s bien un orden mundial gobernado por l\u00edderes personalizados que se reparten los territorios \u2014\u00abel bot\u00edn\u00bb\u2014 de los Estados m\u00e1s d\u00e9biles seg\u00fan acuerdos informales basados en sus respectivos patrimonios.<\/p>\n\n\n\n En resumen, Trump quiere un mundo poblado por otros Trumps.<\/p>\n\n\n\n\n\n \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 este nuevo mundo?<\/p>\n\n\n\n Para comprender la direcci\u00f3n que toma el sistema internacional, primero debemos analizar el origen de las fronteras. Desde una perspectiva weberiana, las fronteras estatales representan una forma de organizaci\u00f3n social, construida, mantenida y aplicada por personas reales que deben obedecer \u00f3rdenes. Esto plantea una pregunta clave: \u00bfpor qu\u00e9, exactamente, los agentes del Estado obedecen las \u00f3rdenes del gobernante? Los agentes pueden optar por ayudar a expandir o defender el territorio del Estado por razones puramente instrumentales, por ejemplo, cuando se enriquecen gracias a la conquista, o cuando el incumplimiento de las \u00f3rdenes destinadas a defender el territorio del Estado conlleva una sanci\u00f3n o la muerte. Pero una orden basada \u00fanicamente en intereses es costosa e inestable. Seg\u00fan Weber, las instituciones estatales, incluida la defensa de las fronteras pol\u00edticas, son mucho m\u00e1s confiables y duraderas cuando los agentes tambi\u00e9n consideran que tienen el deber de obedecer las \u00f3rdenes de la \u00e9lite, aunque ello vaya en contra de sus intereses personales a corto plazo, es decir, cuando consideran que esas \u00f3rdenes son \u00ableg\u00edtimas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n A lo largo de la historia, solo tres tipos de legitimidad han suscitado en los agentes el sentimiento de que ten\u00edan el deber de obedecer las \u00f3rdenes pol\u00edticas. Seg\u00fan Weber, la forma m\u00e1s com\u00fan de \u00abdominaci\u00f3n leg\u00edtima\u00bb es la de tipo \u00abtradicional\u00bb: las \u00f3rdenes deben ser obedecidas porque representan modos de vida v\u00e1lidos desde \u00abtiempos inmemoriales\u00bb. El l\u00edder tradicional se considera generalmente \u2014y es considerado por su personal\u2014 como una figura paterna, lo que llev\u00f3 a Weber a calificar este tipo de dominaci\u00f3n de \u00abpatrimonial\u00bb.<\/p>\n\n\n\n La segunda forma de dominaci\u00f3n leg\u00edtima, que Weber calific\u00f3 de manera un tanto torpe como \u00abracional-legal\u00bb, es aquella que la mayor\u00eda de nosotros, en el mundo moderno, conocemos bien. La obediencia se basa en leyes y procedimientos impersonales, constituciones y tribunales; obedecemos a la funci\u00f3n, no a la persona.<\/p>\n\n\n\n Trump afirm\u00f3 que no \u00abquer\u00eda\u00bb Canad\u00e1. Sin embargo, esta declaraci\u00f3n no hac\u00eda m\u00e1s que subrayar el postulado subyacente a sus amenazas anteriores: que si quisiera, podr\u00eda apoderarse del pa\u00eds vecino. <\/p>Stephen E. Hanson, Jeffrey S. Kopstein <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Por \u00faltimo, la dominaci\u00f3n carism\u00e1tica surge cuando quienes obedecen las \u00f3rdenes creen seguir a una \u00e9lite dotada de cualidades y poderes \u00abextraordinarios\u00bb, capaz de producir \u00abmilagros\u00bb m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y el espacio ordinarios.<\/p>\n\n\n\n Weber no desarroll\u00f3 una teor\u00eda expl\u00edcita de las fronteras estatales en sus propios trabajos, pero este tema reviste una importancia capital para su concepci\u00f3n del Estado, que define como una \u00abcomunidad humana que logra asegurarse el monopolio del uso leg\u00edtimo de la fuerza f\u00edsica en un territorio dado<\/em>\u00bb. En otras palabras, un Estado es una entidad creada por los gobernantes y sus colaboradores para controlar una zona espec\u00edfica, recurriendo a la fuerza que consideran justificada. De ello se desprende que, al igual que existen tres grandes tipos ideales de dominaci\u00f3n leg\u00edtima, tambi\u00e9n existen tres grandes tipos ideales de fronteras estatales, cada uno de ellos asociado a un tipo de r\u00e9gimen convencional: tradicional (patrimonial), racional-legal (constitucional liberal) y carism\u00e1tico (revolucionario).<\/p>\n\n\n\n En las sociedades tradicionales, las fronteras se justifican mediante antiguas reivindicaciones hist\u00f3ricas que la gente considera que se remontan a tiempos inmemoriales. Como cada grupo cuenta estas historias a su manera, las fronteras tienden a ser difusas y cambiantes, en lugar de fijas y lineales. En las sociedades premodernas, las reivindicaciones territoriales se basan a menudo en relatos fundacionales que vinculan a una comunidad con lugares sagrados, as\u00ed como en patrones de migraci\u00f3n y poblamiento. En los grandes imperios tradicionales, las zonas fronterizas son generalmente zonas mixtas donde conviven diferentes comunidades y donde soberanos rivales reclaman el mismo territorio. Para los soberanos patrimoniales premodernos, el territorio se consideraba una especie de \u00abtesoro\u00bb, como una extensi\u00f3n de su dominio personal.<\/p>\n\n\n\n Las fronteras estatales racionales y jur\u00eddicas, por el contrario, se justifican mediante leyes y procedimientos impersonales que pretenden ser universalistas, es decir, aplicables por igual a todos. A diferencia de las fronteras estatales tradicionales, suelen estar claramente delimitadas, sobre la base de tratados o constituciones. Como se basan en normas m\u00e1s que en la historia, no siempre corresponden con la geograf\u00eda natural o con las reivindicaciones comunitarias m\u00e1s antiguas. Los territorios no se consideran posesiones del gobernante, sino la jurisdicci\u00f3n leg\u00edtima de un Estado de derecho impersonal y abstracto. En el mundo moderno, estas fronteras suelen justificarse desde la perspectiva de la ciudadan\u00eda liberal: las personas que viven dentro de los l\u00edmites legales de un Estado tienen ciertos derechos y obligaciones que quienes se encuentran fuera no tienen.<\/p>\n\n\n\n Lo que Trump desea, por lo tanto, no es la dominaci\u00f3n mundial, sino m\u00e1s bien un orden mundial gobernado por l\u00edderes personalizados que se reparten los territorios de los Estados m\u00e1s d\u00e9biles. <\/p>Stephen E. Hanson, Jeffrey S. Kopstein <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Por \u00faltimo, las fronteras estatales carism\u00e1ticas surgen cuando las \u00e9lites logran convencer a sus seguidores de que encarnan algo extraordinario, m\u00e1s all\u00e1 de las reglas habituales, de la historia o de los l\u00edmites. Los l\u00edderes carism\u00e1ticos suelen rechazar tanto las reivindicaciones territoriales tradicionales como las fronteras jur\u00eddicas fijas. De hecho, al igual que los l\u00edderes carism\u00e1ticos de todo el mundo se han presentado como los \u00fanicos capaces de superar la \u00abhistoria\u00bb para inaugurar un tipo de sociedad humana cualitativamente nuevo, tambi\u00e9n han pretendido, por lo general, trascender los l\u00edmites del espacio pol\u00edtico ordinario. Una pol\u00edtica exterior carism\u00e1tica representa intr\u00ednsecamente una amenaza revolucionaria para los Estados vecinos estables y consolidados, como, por ejemplo, en el caso del movimiento del Estado Isl\u00e1mico en los territorios oficiales de Siria e Irak, que se declar\u00f3 representante del n\u00facleo de un futuro califato mundial y se esforz\u00f3 deliberadamente por borrar el significado de las antiguas fronteras estatales, as\u00ed como las reivindicaciones territoriales de las comunidades \u00e9tnicas y religiosas tradicionales en toda la regi\u00f3n que controlaba. Estos Estados y su orientaci\u00f3n respecto a las fronteras pueden ser excepcionalmente peligrosos y \u00abrevisionistas\u00bb, pero dedicar tanta energ\u00eda a actividades externas acaba ejerciendo presi\u00f3n a favor de un retorno a una rutina normal. As\u00ed, con el tiempo, los Estados carism\u00e1ticos tienden a desintegrarse, como ocurri\u00f3 principalmente con el Estado Isl\u00e1mico, o a \u00abrutinizarse\u00bb en una direcci\u00f3n tradicional o racional-jur\u00eddica.<\/p>\n\n\n\n Las ideas de Weber sobre la justificaci\u00f3n de las fronteras pueden ayudarnos a comprender los diferentes enfoques actuales en materia de fronteras, y de pol\u00edtica exterior. En resumen: los Estados liberales tratan las fronteras como l\u00edneas jur\u00eddicas trazadas en un mapa por tratados, los reg\u00edmenes patrimoniales las consideran difusas e hist\u00f3ricas, y los reg\u00edmenes revolucionarios las ignoran por completo en la b\u00fasqueda de su misi\u00f3n de transformaci\u00f3n. Desde este punto de vista, el \u00aborden mundial liberal\u00bb no es m\u00e1s que otro nombre para designar un mundo compuesto principalmente por Estados comprometidos con la defensa de definiciones racionales y jur\u00eddicas de las fronteras estatales.<\/p>\n\n\n\n Esto no significa que los Estados liberales nunca modifiquen sus fronteras o aumenten (o reduzcan) su superficie; pero cuando lo hacen, por lo general siguen un procedimiento legal. La unificaci\u00f3n de Alemania, que tuvo lugar el 3 de octubre de 1990 en virtud del art\u00edculo 23 de la Ley Fundamental de la Rep\u00fablica Federal, con el acuerdo de los parlamentos tanto de Alemania Oriental como de Alemania Occidental, es un buen ejemplo de ello. Mientras que la aplicaci\u00f3n de la \u00abseguridad fronteriza\u00bb suele ser laxa e incoherente en los imperios tradicionales, en los Estados racionales-legales, o bien se vuelve irrelevante debido a acuerdos jur\u00eddicos internacionales que prevalecen sobre las funciones de las fronteras estatales (como en el Acuerdo de Schengen de la Uni\u00f3n Europea), o bien puede aplicarse de manera draconiana mediante la construcci\u00f3n de muros fortificados y\/o el despliegue de fuerzas policiales especializadas.<\/p>\n\n\n\n Incluso cuando los Estados liberales discrepan en cuestiones de fronteras o posesiones territoriales, las consecuencias han sido generalmente leves. La \u00abguerra del whisky\u00bb entre Dinamarca y Canad\u00e1 por la Isla Hans, en el \u00c1rtico, constituye un ejemplo divertido. En 1984, soldados canadienses se dirigieron a la isla, plantaron all\u00ed una bandera canadiense y dejaron una botella de whisky; ese mismo a\u00f1o, el ministro dan\u00e9s de Asuntos de Groenlandia se dirigi\u00f3 a su vez a la isla y dej\u00f3 all\u00ed una botella de alcohol, as\u00ed como una carta en la que se le\u00eda: \u00abBienvenidos a la isla danesa\u00bb. Esta disputa territorial fue, en esencia, amistosa, pero no por ello menos real, hasta que finalmente se resolvi\u00f3 mediante un acuerdo entre ambos gobiernos en 2022, ratificado por el Parlamento dan\u00e9s en 2023. Tras la invasi\u00f3n rusa de Ucrania, ambas partes decidieron mostrar ejemplo de c\u00f3mo los Estados liberales resuelven los conflictos trazando una frontera terrestre en la propia isla, convirtiendo as\u00ed a Canad\u00e1 y Dinamarca en pa\u00edses oficialmente vecinos.<\/p>\n\n\n\n Lamentablemente, este modo procedimental de resoluci\u00f3n de disputas fronterizas est\u00e1 hoy en d\u00eda siendo cuestionado por l\u00edderes patrimoniales de todo el mundo. Estos suelen afirmar que \u00abel orden internacional basado en normas\u00bb no es m\u00e1s que una farsa, un pretexto para ocultar el poder y la hipocres\u00eda occidentales. Es cierto, por supuesto, que el orden mundial liberal no surgi\u00f3 hasta despu\u00e9s de varios siglos de imperialismo europeo y norteamericano que ignor\u00f3 todas las restricciones jur\u00eddicas y democr\u00e1ticas que pesaban sobre la conquista territorial. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, el reconocimiento generalizado de la legitimidad del principio de no injerencia en los asuntos de los Estados extranjeros ha dado lugar a un mundo en el que las fronteras estatales previsibles y legalmente definidas son, para gran parte de la poblaci\u00f3n mundial, ampliamente consideradas como algo natural. Un mundo dominado por reg\u00edmenes patrimoniales, por el contrario, ser\u00e1 un mundo de m\u00faltiples fronteras superpuestas, susceptible de hundirse en conflictos armados violentos y destructivos.<\/p>\n\n\n\n En este contexto, la disposici\u00f3n de Trump a tolerar formas sin precedentes de expansi\u00f3n territorial estadounidense no es m\u00e1s que una parte de una ola m\u00e1s amplia de cuestionamientos patrimoniales del sistema de posguerra basado en fronteras estables y legales.<\/p>\n\n\n\n En ning\u00fan lugar es este cuestionamiento m\u00e1s visible ni tiene mayores consecuencias que en la invasi\u00f3n a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. Pero, como veremos, patrones similares aparecen en toda una serie de casos: los esfuerzos por consolidar el poder nacional sobre la base de los principios de la legitimidad patrimonial tradicional generan inevitablemente reivindicaciones de pol\u00edtica exterior neoimperialistas. El an\u00e1lisis de la Rusia de Putin, la Hungr\u00eda de Orb\u00e1n y del Israel de Netanyahu revela c\u00f3mo los reg\u00edmenes patrimoniales producen fronteras \u00abdifusas\u00bb, al tiempo que pone de manifiesto las condiciones en las que estas ambiciones pueden materializarse o quedarse en mera ret\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n\n\n Es en Rusia donde se encuentran los or\u00edgenes del giro hacia la construcci\u00f3n de un Estado patrimonial en el mundo contempor\u00e1neo. Tras el fracaso de los intentos de democratizaci\u00f3n y capitalismo llevados a cabo por el pa\u00eds en la d\u00e9cada de 1990, Vladimir Putin se dedic\u00f3 a reconstruir un r\u00e9gimen basado en la lealtad personal y el tradicionalismo cultural, lo que, en la d\u00e9cada de 2020, condujo a una verdadera resurrecci\u00f3n del Estado zarista.<\/p>\n\n\n\n El patrimonialismo de Putin no solo ha determinado la pol\u00edtica interna del pa\u00eds, sino que tambi\u00e9n ha moldeado su pol\u00edtica exterior. Para comprender exactamente c\u00f3mo, es necesario examinar el panorama territorial que hered\u00f3.<\/p>\n\n\n\n La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica estaba compuesta por 15 rep\u00fablicas, cada una con sus propias fronteras. Como defensores de una ideolog\u00eda revolucionaria carism\u00e1tica, los dirigentes del Partido Comunista nunca consideraron permanentes ni el federalismo sovi\u00e9tico ni las fronteras trazadas entre 1922 (fecha de la creaci\u00f3n de la URSS) y 1940-1941 (cuando se anexaron Ucrania occidental, Bielorrusia occidental, los Estados b\u00e1lticos y Moldavia fueron anexados). Seg\u00fan la teor\u00eda marxista, la identidad nacional estaba destinada a ser superada a largo plazo por la unidad proletaria; dentro de la URSS, la ideolog\u00eda oficial proclamaba que el destino a largo plazo de los diferentes pueblos sovi\u00e9ticos era acercarse cada vez m\u00e1s hasta acabar formando un solo pueblo. Pero si bien las \u00e9lites del PCUS nunca aceptaron plenamente la permanencia de las fronteras internas sovi\u00e9ticas, las que gobernaban estas rep\u00fablicas s\u00ed lo hicieron con el paso del tiempo. Ten\u00edan todo el inter\u00e9s en hacerlo, sobre todo porque la voluntad de Mija\u00edl Gorbachov de autorizar elecciones democr\u00e1ticas a los parlamentos sovi\u00e9ticos en 1990 provoc\u00f3 una r\u00e1pida escalada de reivindicaciones a favor de la \u00absoberan\u00eda\u00bb republicana. Los antiguos dirigentes de las rep\u00fablicas socialistas sovi\u00e9ticas no rusas aparecieron as\u00ed, en el orden internacional posterior a 1991, como los defensores inesperados de las fronteras racionales y legales y de las instituciones internacionales liberales. Sin embargo, para gran parte de la poblaci\u00f3n de origen ruso, tanto dentro como fuera de la reci\u00e9n establecida \u00abFederaci\u00f3n de Rusia\u00bb, las fronteras internacionalmente reconocidas de \u00abRusia\u00bb se consideraban totalmente ileg\u00edtimas y artificiales, como producto de decisiones arbitrarias tomadas por las antiguas \u00e9lites sovi\u00e9ticas que no ten\u00edan nada que ver con la \u00abRusia hist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n El patrimonialismo de la pol\u00edtica exterior de Putin estaba motivado por un profundo resentimiento hacia el r\u00e9gimen fronterizo postsovi\u00e9tico, un sentimiento ampliamente compartido por los ciudadanos rusos de a pie. A los ojos de muchos rusos, las potencias occidentales parec\u00edan manipular cada vez m\u00e1s el discurso de la defensa \u00abracional y legal\u00bb de las fronteras de una manera que se percib\u00eda como puramente ego\u00edsta. Los bombardeos de Serbia por parte de la OTAN en 1999, la invasi\u00f3n de Irak por parte de Estados Unidos en 2003 y, sobre todo, el reconocimiento de la independencia nacional de Kosovo en 2007 \u2014este \u00faltimo parec\u00eda contradecir el acuerdo anterior seg\u00fan el cual solo las fronteras de las rep\u00fablicas sovi\u00e9ticas, y no las fronteras \u00absubnacionales\u00bb de las \u00abregiones \u00e9tnicas\u00bb de la era leninista y de las \u00abrep\u00fablicas aut\u00f3nomas\u00bb, deb\u00edan gozar de legitimidad racional y jur\u00eddica\u2014, han sido ampliamente citados por Putin y muchos rusos cultos como pruebas \u00abevidentes\u00bb de la hipocres\u00eda occidental y de su \u00abdoble rasero\u00bb. La decisi\u00f3n de Putin de reconocer a Abjasia y Osetia del Sur como \u00abnaciones independientes\u00bb tras la invasi\u00f3n rusa de Georgia en 2008, en lugar de simplemente anexarlas a Rusia, manten\u00eda a\u00fan, desde un punto de vista anal\u00edtico, la legitimidad de las fronteras racionales y legales en el espacio postsovi\u00e9tico, pero la institucionalizaci\u00f3n de las fronteras delimitadas como norma de la organizaci\u00f3n espacial postsovi\u00e9tica era, en ese momento, extremadamente fr\u00e1gil.<\/p>\n\n\n\n La decisi\u00f3n tomada por Putin en 2014 de anexar Crimea, borrando as\u00ed por completo las fronteras soberanas de Ucrania, puso al descubierto una concepci\u00f3n de las fronteras rusas que se inscribe en la prolongaci\u00f3n del r\u00e9gimen patrimonial interno que \u00e9l hab\u00eda establecido, y propuls\u00f3 a Europa y Eurasia hacia una nueva era.<\/p>\n\n\n\n A los ojos de muchos rusos, las potencias occidentales parec\u00edan manipular cada vez m\u00e1s el discurso de la defensa \u00abracional y legal\u00bb de las fronteras de una manera que parec\u00eda puramente ego\u00edsta.<\/p>Stephen E. Hanson, Jeffrey S. Kopstein<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Los argumentos esgrimidos por Putin para justificar la legitimidad de la anexi\u00f3n de Crimea eran, en esencia, de una tradici\u00f3n rigurosa: se articulaban en torno a la idea de que Crimea es una \u00abtierra santa\u00bb para todos los rusos como cuna del cristianismo ortodoxo, escenario de la guerra de Crimea y lugar profundamente arraigado en la cultura rusa. La \u00abtransferencia\u00bb de Crimea de la RSFSR a la RSS de Ucrania por parte de Jruschov en 1954 se present\u00f3 como el ejemplo por excelencia de la ilegitimidad de la definici\u00f3n de las fronteras de la era sovi\u00e9tica. En lugar de las fronteras de la era sovi\u00e9tica, Putin declar\u00f3 abiertamente su objetivo de reconstruir \u00abNovorossiya\u00bb, nombre con el que se conoc\u00eda a gran parte del este y el sur de Ucrania en la \u00e9poca de Catalina la Grande, un llamado que fue retomado por una asociaci\u00f3n informal de rusos y rusoparlantes en Donetsk y Lugansk, por ide\u00f3logos nacionalistas y \u00abvoluntarios\u00bb que se unieron al conflicto del lado de las fuerzas prorrusas, as\u00ed como por tropas regulares rusas que ayudaron a organizar y apoyar a los separatistas, a pesar de los desmentidos oficiales iniciales del Kremlin.<\/p>\n\n\n\n Durante el verano de 2021, Putin public\u00f3 un extenso ensayo hist\u00f3rico destinado a respaldar su afirmaci\u00f3n de que el Estado ucraniano ser\u00eda totalmente artificial; un producto, seg\u00fan \u00e9l, de las maquinaciones ideol\u00f3gicas de Lenin y Stalin. La ofensiva militar total de Rusia contra la soberan\u00eda territorial ucraniana se produjo poco despu\u00e9s. En lugar de las fronteras reconocidas de la era sovi\u00e9tica y postsovi\u00e9tica, Putin comenz\u00f3 a promover una concepci\u00f3n esencialmente tradicional e imperial del territorio ruso de contornos difusos, arraigada en mitos hist\u00f3ricos y patrones cambiantes de poblamiento ruso que no pueden delimitarse claramente en un mapa. Entre esta concepci\u00f3n tradicional del espacio pol\u00edtico leg\u00edtimo y la concepci\u00f3n formalmente racional y jur\u00eddica de las fronteras de Ucrania promulgada por el presidente Volodimir Zelenski, y respaldada por la gran mayor\u00eda de los ciudadanos ucranianos, existe una brecha paradigm\u00e1tica insalvable.<\/p>\n\n\n\n\n\n Tras renunciar al comunismo en 1989 y recuperar su soberan\u00eda, Hungr\u00eda se apresur\u00f3 a adherirse a las instituciones econ\u00f3micas y de seguridad occidentales, en particular a la OTAN y a la Uni\u00f3n Europea. Para ello, sin embargo, tuvo que renunciar a cualquier intento serio de cuestionar el Tratado de Trianon, que hab\u00eda privado a Hungr\u00eda de dos tercios de su territorio y dejado a millones de compatriotas en los Estados vecinos. El revisionismo del periodo de entreguerras hab\u00eda dominado en su momento la vida pol\u00edtica h\u00fangara, con \u00e9lites \u00abrefugiadas\u00bb y, finalmente, una alianza con la Alemania nazi con el objetivo de recuperar territorios. Aunque el nacionalismo irredentista resurgi\u00f3 despu\u00e9s de 1989, se mantuvo marginal hasta la adhesi\u00f3n a la Uni\u00f3n en 2004. A pesar de todo, la idea de una \u00abHungr\u00eda hist\u00f3rica\u00bb persisti\u00f3, visible en el discurso p\u00fablico y la simbolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n Viktor Orb\u00e1n, primer ministro de 1998 a 2002 y nuevamente desde 2010 hasta su reciente derrota electoral, consolid\u00f3 estos temas en un r\u00e9gimen patrimonialista construido sobre el debilitamiento sistem\u00e1tico y el control del Estado. Compuesto por leales y sostenido por la distribuci\u00f3n corrupta de los recursos del Estado entre sus aliados, este sistema llev\u00f3 a los cr\u00edticos a calificar a Hungr\u00eda de \u00abEstado mafioso\u00bb. El r\u00e9gimen de Orb\u00e1n combin\u00f3 ataques contra el liberalismo \u2014en particular, las normas de la Uni\u00f3n\u2014 con un legalismo estrat\u00e9gico que preservaba la apariencia de legalidad al tiempo que socavaba la autonom\u00eda institucional.<\/p>\n\n\n\n En este contexto, el recuerdo de Trianon se convirti\u00f3 en una herramienta central de legitimaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Orb\u00e1n ha presentado a Hungr\u00eda como una v\u00edctima de la imposici\u00f3n occidental \u2014estableciendo un paralelismo entre Versalles y la Bruselas actual\u2014 al tiempo que ha movilizado un resentimiento hist\u00f3rico para reforzar su autoridad. Gestos simb\u00f3licos, como la exhibici\u00f3n de im\u00e1genes de la \u00abGran Hungr\u00eda\u00bb, y las intervenciones ret\u00f3ricas durante las fiestas nacionales han subrayado este relato de una divisi\u00f3n injusta y de una unidad nacional duradera. Incluso en el orden jur\u00eddico-racional de la Europa de Schengen, Orb\u00e1n ha llevado a cabo pol\u00edticas que han difuminado la frontera entre la solidaridad cultural y la expansi\u00f3n territorial. Alrededor de dos millones de personas de origen h\u00fangaro viven en los Estados vecinos, y despu\u00e9s de 2010, su gobierno extendi\u00f3 la ciudadan\u00eda, el derecho al voto y los beneficios materiales a estas poblaciones. Los responsables h\u00fangaros han invocado regularmente una comunidad nacional que trasciende las fronteras existentes, presentando estos v\u00ednculos desde una perspectiva civilizacional e hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n Este irredentismo tambi\u00e9n ha cumplido una funci\u00f3n patrimonial bien distinta. Ha vinculado tanto a las poblaciones externas como a las \u00e9lites nacionales al r\u00e9gimen mediante beneficios selectivos y una inclusi\u00f3n simb\u00f3lica, al tiempo que ha reforzado la imagen de Orb\u00e1n como defensor de la naci\u00f3n frente a extranjeros hostiles. Las cr\u00edticas procedentes del extranjero han alimentado este discurso. La imagen de marca de la presidencia h\u00fangara de la Uni\u00f3n Europea en 2024 \u2014que combinaba el simbolismo europeo convencional con el eslogan \u00abMake Europe Great Again\u00bb \u2014 ilustr\u00f3 bien esta doble estrategia consistente en mostrar una aparente conformidad con las reglas de la Uni\u00f3n, al tiempo que se rechazaba impl\u00edcitamente el orden europeo existente.<\/p>\n\n\n\n \u200b\u200bEl irredentismo de Orb\u00e1n iba, sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 del simple simbolismo. Se posicion\u00f3 como una figura clave de una \u00abinternacional patrimonial\u00bb informal, aline\u00e1ndose estrechamente con Vladimir Putin, su m\u00e1s fiel partidario. Putin le devolvi\u00f3 el favor al considerar las ambiciones territoriales de Hungr\u00eda como, cuando menos, comprensibles, subrayando la persistencia de las poblaciones h\u00fangaras en Transcarpatia y el car\u00e1cter artificial de las fronteras de la era sovi\u00e9tica. Aunque neg\u00f3 toda coordinaci\u00f3n formal, la ret\u00f3rica de Putin proporcion\u00f3 una cobertura ideol\u00f3gica a la postura de Orb\u00e1n, revelando un rechazo com\u00fan a las fronteras fijas y jur\u00eddico-racionales en favor de reivindicaciones basadas en la historia.<\/p>\n\n\n\n Esta alineaci\u00f3n tuvo consecuencias tangibles. En 2025, los servicios de contraespionaje ucranianos descubrieron una red de espionaje h\u00fangara que recopilaba informaci\u00f3n sobre las vulnerabilidades militares y las actitudes locales en el oeste de Ucrania, actividades que correspond\u00edan a una planificaci\u00f3n de emergencia con vistas a una posible revisi\u00f3n territorial. Tales acciones suger\u00edan que la pol\u00edtica h\u00fangara iba m\u00e1s all\u00e1 de la promoci\u00f3n cultural para incluir la preparaci\u00f3n ante una oportunidad geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n Orb\u00e1n present\u00f3 a Hungr\u00eda como una v\u00edctima de la imposici\u00f3n occidental \u2014estableciendo un paralelismo entre Versalles y la Bruselas actual\u2014 al tiempo que movilizaba un resentimiento hist\u00f3rico para reforzar su autoridad.<\/p>Stephen E. Hanson, Jeffrey S. Kopstein<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Al mismo tiempo, las ambiciones de Hungr\u00eda segu\u00edan limitadas por su posici\u00f3n dentro del sistema internacional.<\/p>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Fuzzy borders<\/em><\/strong> y revisionismo imperial<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Los l\u00edderes patrimoniales y sus fronteras<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n El caso ruso<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n El caso h\u00fangaro<\/strong><\/h2>\n\n\n\n