{"id":96625,"date":"2026-04-17T12:54:41","date_gmt":"2026-04-17T10:54:41","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=96625"},"modified":"2026-04-17T12:54:45","modified_gmt":"2026-04-17T10:54:45","slug":"la-guerra-en-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/04\/17\/la-guerra-en-casa\/","title":{"rendered":"La guerra en casa"},"content":{"rendered":"\n
Para recibir nuestros art\u00edculos en primicia y apoyar el trabajo de una redacci\u00f3n independiente,<\/em> suscr\u00edbase al Grand Continent<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n En un discurso<\/a> pronunciado el 30 de septiembre de 2025, Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, arremeti\u00f3 contra la \u00abideolog\u00eda woke\u00bb que, seg\u00fan \u00e9l, estar\u00eda corrompiendo al ej\u00e9rcito estadounidense hasta el punto de disuadir a los j\u00f3venes viriles de alistarse.<\/p>\n\n\n\n Al recompensar la ideolog\u00eda progresista de los nuevos reclutas y al diluir a las tropas mediante pol\u00edticas denominadas de \u00abdiversidad e inclusi\u00f3n\u00bb (DEI), las administraciones dem\u00f3cratas habr\u00edan ahuyentado de esta instituci\u00f3n a los j\u00f3venes patriotas estadounidenses, apegados a los valores del honor y el sacrificio.<\/p>\n\n\n\n El ej\u00e9rcito deber\u00eda considerarse, por tanto, un campo de batalla de la guerra cultural que libran conservadores y liberales.<\/p>\n\n\n\n Como escribi\u00f3 en estas p\u00e1ginas Louis Lapeyrie<\/a>, Pete Hegseth, veterano de Irak y Afganist\u00e1n, \u00abha convertido la virilidad militar ostentosa en un rasgo distintivo de su identidad pol\u00edtica. En sus intervenciones p\u00fablicas, manifiesta abiertamente su desprecio por los procedimientos institucionales o los juristas del Pent\u00e1gono. Lejos de ser un bur\u00f3crata, es un guerrero (warrior<\/em>) que a veces exagera hasta la caricatura la s\u00edntesis cultural entre la cultura de los first person shooter games<\/em>, la masculinidad reaccionaria y el poder militar\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Aunque Hegseth sobreestima<\/a> el n\u00famero de \u00abguerreros\u00bb que habr\u00edan abandonado el ej\u00e9rcito, acusado de haberse convertido en una instituci\u00f3n \u00abdemasiado woke\u00bb, sus palabras ponen sobre todo de relieve una profunda transformaci\u00f3n en curso en la \u00e9tica de las fuerzas armadas estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n Iniciada bajo Ronald Reagan y acelerada bajo Donald Trump, anuncia un nuevo giro en la guerra, que se emancipa del derecho internacional. Hegseth expuso el programa en un discurso pronunciado el pasado 2 de marzo, durante los primeros d\u00edas de la guerra de Ir\u00e1n: \u00abSin est\u00fapidas reglas de combate [que dictan las condiciones en las que se puede abrir fuego], sin el atolladero de la nation-building<\/em>, sin ejercicios de instauraci\u00f3n de la democracia, sin guerras pol\u00edticamente correctas\u00bb, sino una guerra de un nuevo tipo, a la vez punitiva, brutal y l\u00fadica.<\/em><\/p>\n\n\n\n\n\n La ludificaci\u00f3n de la guerra puesta en pr\u00e1ctica por Hegseth es el resultado de una dial\u00e9ctica que asocia el \u00e1mbito de la producci\u00f3n audiovisual con los militares, que se han convertido \u2014primero de forma involuntaria, luego voluntaria\u2014 en creadores de contenidos.<\/p>\n\n\n\n Las grabaciones de las \u00abkillcams<\/em>\u00bb, las im\u00e1genes de drones, helic\u00f3pteros de ataque o aviones de apoyo, algunas de las cuales se filtraron a trav\u00e9s de Wikileaks, <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> son las primeras im\u00e1genes de la guerra contra el terrorismo que influyen en los videojuegos.<\/p>\n\n\n\n A la inversa, las im\u00e1genes de los videojuegos se utilizar\u00e1n con fines propagand\u00edsticos. Indios y pakistan\u00edes, por ejemplo, han utilizado recientemente im\u00e1genes extra\u00eddas de diversos simuladores durante la operaci\u00f3n Sindoor (2025), intentando hacerlas pasar por grabaciones reales de aparatos enemigos derribados.<\/p>\n\n\n\n Las \u00abhelmet cams<\/em>\u00bb se pusieron de moda a partir de la d\u00e9cada de 2000, en plena \u00abguerra contra el terrorismo\u00bb (war on terror<\/em>) en Irak y Afganist\u00e1n. Los soldados pod\u00edan entonces luchar y grabar sus combates en primera persona, ofreciendo una visi\u00f3n del terreno propia de los FPS (first person shooter<\/em>, videojuegos de disparos en primera persona).<\/p>\n\n\n\n Yo mismo he sido testigo y protagonista de los efectos perversos de esta dial\u00e9ctica. Era una \u00e9poca en la que estas im\u00e1genes a\u00fan no estaban destinadas a las redes sociales, es cierto, pero en la que ya influ\u00edan profundamente en los combates.<\/p>\n\n\n\n Sociedades dentro de las sociedades, los ej\u00e9rcitos se han dotado de sus propios c\u00f3digos, permeables, al igual que los grupos civiles, al soft power <\/em>de Estados Unidos. <\/p>Ryan Noordally<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Durante las guerras de Afganist\u00e1n e Irak, muchos j\u00f3venes comandantes, jefes de secci\u00f3n y comandantes de compa\u00f1\u00eda fueron incitados a exagerar el peligro y el n\u00famero de insurgentes para obtener menciones y medallas, para ganar notoriedad o, simplemente, para poder presumir despu\u00e9s. As\u00ed, simples enfrentamientos con armas ligeras fueron utilizados como pretexto por los comandantes, los JTAC, <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> los FOO\/FST <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> para solicitar apoyo indirecto o a\u00e9reo.<\/p>\n\n\n\n La presencia de c\u00e1maras, expresamente presentes en la zona de combate para capturar \u00abrecuerdos\u00bb \u2014siendo los m\u00e1s impresionantes los m\u00e1s apreciados\u2014, contribuy\u00f3 a este sesgo: el espect\u00e1culo provoc\u00f3 m\u00e1s disparos de proyectiles o bombardeos contra los afganos de lo que exig\u00eda la estrategia militar. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> Estas grabaciones acaban convirti\u00e9ndose en pruebas de cargo que permiten acusar a los soldados cuando graban cr\u00edmenes de guerra. Prueba de ello es el caso del Marine A. (cuyo nombre real es Alexander Blackman), <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> un marine brit\u00e1nico culpable del asesinato de un afgano herido en el campo de batalla. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Sin embargo, no hay que subestimar el uso propagand\u00edstico que se hace de estas im\u00e1genes. Hoy nos encontramos en una nueva era de la killcam<\/em>, la de las redes sociales. Desde YouTube hasta TikTok, pasando por Instagram, los ucranianos, por ejemplo, han logrado ganarse la opini\u00f3n p\u00fablica occidental difundiendo im\u00e1genes de drones TB2 Bayraktar lanz\u00e1ndose al ataque contra las columnas blindadas del invasor ruso, todo ello al son de una m\u00fasica tecno muy r\u00edtmica.<\/p>\n\n\n\n Del mismo modo, en lo que respecta al ej\u00e9rcito israel\u00ed, TikTok se ha convertido en un medio f\u00e1cil para ganarse la simpat\u00eda de la poblaci\u00f3n nacional, al tiempo que constituye una fuente inestimable de pruebas para los tribunales penales internacionales. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> Las diferentes formas de grabarse y ponerse en escena facilitan a\u00fan m\u00e1s la recopilaci\u00f3n de pruebas de cargo: los soldados ya no se contentan con grabar lo que hacen en primera persona, sino que se hacen selfies con gusto, al estilo de los influencers. Esta b\u00fasqueda desesperada de popularidad se ilustra mediante una nueva adecuaci\u00f3n entre un contenido \u2014en este caso b\u00e9lico\u2014 y una tendencia formal dictada por las redes sociales.<\/p>\n\n\n\n El alcance simb\u00f3lico de las im\u00e1genes de un enfrentamiento entre tropas ucranianas en veh\u00edculos Bradley y un carro de combate ruso T-90 <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> que logran destruir es doble. Este contenido remite tanto a la mitolog\u00eda b\u00edblica de David contra Goliat como a los combates ficticios, pero reproducibles, del simulador en l\u00ednea World of Tanks<\/em>. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Cuando altos mandos militares israel\u00edes se graban junto a sus tropas, invit\u00e1ndolas, de forma apenas velada, a sobrepasar la normativa internacional en materia de conflicto armado, <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> aluden a dos tipos de referencias culturales: por un lado, la del Dios vengador del Antiguo Testamento y, por otro, el llamado cine \u00abvigilante<\/em>\u00bb estadounidense, desde la pel\u00edcula de acci\u00f3n viril al estilo John Wick<\/em> hasta las pel\u00edculas comerciales de los a\u00f1os ochenta, como la muy popular saga Un justiciero en la ciudad<\/em>, que aboga por la autodefensa, con Charles Bronson.<\/p>\n\n\n\n Es precisamente a la luz de este dominio de la imagen como hay que entender la fascinaci\u00f3n que pueden ejercer ciertas figuras de combatientes, tanto sobre militares y civiles como sobre los responsables pol\u00edticos. Por su sentido metaf\u00f3rico y referencial, permiten poner en pr\u00e1ctica directamente un programa ideol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n Para comprender el nuevo modus operandi<\/em> del ej\u00e9rcito estadounidense, es necesario estudiar la forma en que se representa a s\u00ed mismo, pero tambi\u00e9n los relatos y los modelos que ofrece a su cantera de reclutamiento.<\/p>\n\n\n\n\n Las entidades beligerantes no estatales suelen hacer caso omiso de las convenciones y costumbres de la guerra. Del mismo modo, algunos Estados alientan a sus fuerzas armadas a cometer cr\u00edmenes de guerra, como Rusia desde la guerra sovi\u00e9tico-afgana, Israel desde la Primera Intifada de 1987, y m\u00e1s a\u00fan desde el 7 de octubre de 2023. Pero tal cultura de la guerra nunca ha sido la norma en el seno de las fuerzas armadas estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n Es cierto que se han cometido numerosos atropellos y masacres, en particular durante los conflictos de contrainsurrecci\u00f3n en Vietnam, Irak y Afganist\u00e1n. Con frecuencia, la instituci\u00f3n militar ha antepuesto su reputaci\u00f3n a los procesos judiciales que habr\u00edan permitido hacer justicia a las v\u00edctimas. No obstante, siempre ha tenido a su disposici\u00f3n mecanismos para llevar ante la justicia a los criminales de guerra: los torturadores de la prisi\u00f3n de Abu Ghraib, en Irak, fueron condenados a penas de prisi\u00f3n. No se puede decir lo mismo de los autores rusos de la masacre de Bucha en Ucrania ni de los asesinos israel\u00edes de Hind Rajab, una ni\u00f1a palestina asesinada el 29 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n El culto al guerrero es un caballo de Troya para las democracias liberales. <\/p>Ryan Noordally <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Sin embargo, los cimientos de este sistema judicial est\u00e1n siendo minuciosamente socavados por Donald Trump, y esto desde su primer mandato. El acto inaugural de este desmantelamiento tuvo lugar en 2019, cuando el presidente estadounidense indult\u00f3 al suboficial Eddie Gallagher, de los Navy SEAL, las fuerzas especiales de la Marina estadounidense. Acusado de una larga serie de cr\u00edmenes de guerra \u2014entre ellos el asesinato de un prisionero herido\u2014 <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> cometidos tanto contra combatientes como contra civiles, Gallagher se benefici\u00f3 de una ley del silencio digna de las organizaciones mafiosas m\u00e1s violentas. <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta ley del silencio tambi\u00e9n se ha respetado en otros delitos cometidos contra los Boinas Verdes de las Fuerzas Especiales del Ej\u00e9rcito de Estados Unidos, como recuerda la muerte del sargento primero Logan Melgar. <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n En muchos otros pa\u00edses, tal conjunto de delitos probados y acusaciones corroboradas por m\u00faltiples testimonios habr\u00eda llevado a la disoluci\u00f3n de la unidad que hab\u00eda fallado de tal manera a la \u00e9tica militar.<\/p>\n\n\n\n As\u00ed, el regimiento aerotransportado canadiense fue disuelto tras 1995 y varios cr\u00edmenes de guerra cometidos en Somalia; <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> al Regimiento del Servicio A\u00e9reo Especial australiano se le suprimi\u00f3 su segundo escuadr\u00f3n a ra\u00edz del informe Brereton, que hab\u00eda documentado al menos 39 asesinatos cometidos por 25 miembros de las fuerzas especiales australianas; <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span> del mismo modo, el Kommando Spezialkr\u00e4fte, perteneciente a las fuerzas especiales del ej\u00e9rcito alem\u00e1n, fue parcialmente reorganizado tras el descubrimiento de reliquias nazis en varios cuarteles. <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n No ha sido as\u00ed en el caso de los Navy SEALs, a pesar de los cr\u00edmenes de guerra cometidos por varios miembros de esta fuerza. Es m\u00e1s, esta unidad se ha librado de la cr\u00edtica de la prensa y ha sido objeto de una aut\u00e9ntica adulaci\u00f3n por parte de la industria cinematogr\u00e1fica. En los \u00faltimos 15 a\u00f1os, cuatro \u00e9xitos de taquilla han presentado a sus miembros como aut\u00e9nticos h\u00e9roes. Tres de ellos, presentados como \u00abbasados en hechos reales\u00bb, pero adapt\u00e1ndolos a una narrativa muy novelada, contribuyen a difuminar las fronteras entre la informaci\u00f3n y la ficci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Centr\u00e9monos en uno de estos largometrajes: Lone Survivor<\/em>, de Peter Berg, estrenada en 2014.<\/p>\n\n\n\n Basada en un libro que se presenta como autobiogr\u00e1fico de Marcus Luttrell y Patrick Robinson, ilustra bien los v\u00ednculos entre la guerra contra el terrorismo, <\/em>la cultura popular estadounidense y la pol\u00edtica que se elabora en Washington.<\/p>\n\n\n\n Los acontecimientos descritos en esta pel\u00edcula tienen lugar durante la operaci\u00f3n de contrainsurgencia \u00abRed Wings\u00bb, llevada a cabo en Afganist\u00e1n contra los talibanes en 2005. Mientras una patrulla de cuatro Navy SEALs intenta capturar y eliminar a un l\u00edder insurgente local, es descubierta por un grupo de pastores.<\/p>\n\n\n\n Se produce entonces un debate entre los Navy SEALs sobre si matarlos o no; sin embargo, los cuatro militares deciden liberarlos. Poco despu\u00e9s, se inicia un combate contra los insurgentes locales, que, seg\u00fan Luttrell en su autobiograf\u00eda, eran unos 200, aunque una investigaci\u00f3n del ej\u00e9rcito estadounidense los ha estimado desde entonces entre diez y veinte. Todos los miembros de la patrulla mueren, excepto Luttrell, que debe su salvaci\u00f3n a unos pastunes que lo acogen, lo curan, le dan cobijo y lo ocultan de los insurgentes, para luego avisar a las fuerzas de la coalici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Luttrell es repatriado y condecorado. Mientras a\u00fan se recupera, la Marina se apresura a recabar su testimonio. Dado que la misi\u00f3n de rescate enviada inicialmente para extraer a la patrulla tras quedar comprometida se convirti\u00f3 en un fiasco \u2014un helic\u00f3ptero Chinook fue derribado, causando la muerte de 16 miembros de las fuerzas especiales\u2014, <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span> la Marina necesita una distracci\u00f3n, es decir, un h\u00e9roe cuya palabra pueda ser sacralizada.<\/p>\n\n\n\n La publicaci\u00f3n de libros autobiogr\u00e1ficos por parte de miembros de las fuerzas especiales con fines de autopromoci\u00f3n y justificaci\u00f3n, en particular para legitimar ciertas decisiones tomadas durante resonantes fiascos militares, no es un fen\u00f3meno exclusivo de la guerra de Afganist\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n En 1993, Bravo Two Zero<\/em> <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span> sent\u00f3 las bases de este tipo de obras con un guion bien rodado, que inclu\u00eda una misi\u00f3n mal planificada y una figura local a la que se perdona la vida. En contraposici\u00f3n a otros relatos con los que contradice por completo, <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span> este \u00e9xito editorial result\u00f3 muy lucrativo para su autor. Al igual que en otros testimonios, la heroizaci\u00f3n y mitificaci\u00f3n de las fuerzas especiales que propone sirvi\u00f3 para crear una distracci\u00f3n y transformar un relato objetivo de incompetencia en una leyenda dorada de superhombres sobreentrenados.<\/p>\n\n\n\n La obra de Luttrell, sin embargo, radicaliza esta l\u00f3gica narrativa. Su Lone Survivor<\/em> es, de hecho, una vehemente acusaci\u00f3n contra los \u00abmedios liberales\u00bb y las reglas de enfrentamiento (ROE).<\/p>\n\n\n\n La ludificaci\u00f3n de la guerra llevada a cabo por Hegseth es el resultado de una dial\u00e9ctica que asocia el \u00e1mbito de la producci\u00f3n audiovisual con los militares convertidos en creadores de contenidos. <\/p>Ryan Noordally <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Luttrell afirma que la decisi\u00f3n de perdonar la vida a los pastores afganos le cost\u00f3 la vida a sus compa\u00f1eros de armas: el respeto de las ROE ser\u00eda responsable de su muerte. <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> Adem\u00e1s, los soldados solo habr\u00edan respetado las reglas por miedo a ser denunciados por periodistas \u00edntegros: \u00abImag\u00ednenme, ah\u00ed, ahora mismo, en mi relato. Vulnerable, torturado, herido por balas y explosivos, mis mejores amigos todos muertos, y todo eso porque tem\u00edamos a los liberales en casa, porque tem\u00edamos hacer lo necesario para salvar nuestras vidas; porque tem\u00edamos a los abogados estadounidenses\u00bb. <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span> Para Luttrell, solo ese miedo a ser denunciados les habr\u00eda impedido comportarse de manera tan b\u00e1rbara como los insurgentes afganos a los que se enfrentan.<\/p>\n\n\n\n El autor llega incluso a defender a los torturadores de Abu Ghraib. <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> La verdad es sin duda muy diferente: seg\u00fan Ed Darack, que interrog\u00f3 a los afganos que escondieron a Luttrell, estos oyeron el helic\u00f3ptero que despleg\u00f3 la patrulla de SEAL. Por lo tanto, los soldados solo se habr\u00edan visto comprometidos por no haber sido prudentes en sus desplazamientos, <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> y no por los pastores a los que Luttrell lamenta no haber asesinado.<\/p>\n\n\n\n Esta es solo una de las muchas ambig\u00fcedades del testimonio de Luttrell: mientras que est\u00e1 ampliamente documentado que los SEAL torturaron o asesinaron a afganos sin siempre intentar averiguar si participaban activamente en la insurgencia talibana, Luttrell se contradice al afirmar que sab\u00eda de fuente segura qui\u00e9nes, entre aquellos con los que se pod\u00eda encontrar, eran \u00ablos malos\u00bb, antes de admitir que la naturaleza del conflicto hac\u00eda imposible la identificaci\u00f3n de los enemigos. <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n La guerra de Afganist\u00e1n revela as\u00ed que ciertas tendencias que se desarrollan en Estados Unidos bajo la administraci\u00f3n de Trump deben inscribirse en una perspectiva a largo plazo: bajo las presidencias de Bush y luego de Obama, varios miembros de los Navy SEAL, unidad de \u00ab\u00e9lite\u00bb, se comportaron como miembros de un escuadr\u00f3n de la muerte. Sin embargo, en lugar de provocar una respuesta de sus superiores, inspiraron numerosos best-sellers y \u00e9xitos de taquilla, que a\u00fan hoy son alabados por un gran n\u00famero de influencers y podcasters. Aprovechando tanto la notoriedad como la bonanza econ\u00f3mica que las industrias del cine y los videojuegos obtienen de la guerra \u2014desde los estudios de Hollywood hasta Call of Duty<\/em>\u2014, varias marcas de camisetas, sudaderas y tiendas de caf\u00e9 <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span> siguen sus pasos.<\/p>\n\n\n\n Podr\u00eda tratarse de una mera operaci\u00f3n comercial, pero es pasar por alto el doble efecto pol\u00edtico de este tipo de discurso apolog\u00e9tico. Por un lado, socava la \u00e9tica militar, que se basa en la protecci\u00f3n de los civiles y de los enemigos que se rinden o est\u00e1n fuera de combate. Las propias tropas militares se ven as\u00ed m\u00e1s vulnerables, ya que mantener la violencia por debajo de un cierto umbral favorece el respeto del derecho de la guerra por ambas partes, al menos en teor\u00eda. Por otro lado, esta impunidad debilita el Estado de derecho al privar a los contrapoderes del ej\u00e9rcito de sus prerrogativas, a saber, investigar y exigir que los portadores legales de armas rindan cuentas del uso que hacen de ellas.<\/p>\n\n\n\n La prensa libre y la justicia se ven as\u00ed debilitadas, y tal vulnerabilidad no puede sino beneficiar a los elementos ultraconservadores o fundamentalistas del espectro pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n\n Hace unos a\u00f1os, mientras prestaba servicio en la Artiller\u00eda Real del ej\u00e9rcito brit\u00e1nico, comenc\u00e9 a estudiar los v\u00ednculos entre la cultura popular y la \u00e9tica guerrera. <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n El objetivo de mi investigaci\u00f3n era caracterizar un fen\u00f3meno de convergencia entre la b\u00fasqueda de lo \u00abcool\u00bb militar, cristalizada en torno a diversos adjetivos \u2014badass<\/em>, ally<\/em> en ingl\u00e9s brit\u00e1nico o warry<\/em> en ingl\u00e9s estadounidense\u2014 y una heroizaci\u00f3n politizada de la figura del guerrero, cuyo ejemplo paradigm\u00e1tico era la pel\u00edcula 300<\/em> de Zack Snyder (2006), adaptada de una novela gr\u00e1fica de Frank Miller. <\/span>
\r\n <\/picture>\r\n \n De la \u00abyoutubizaci\u00f3n\u00bb a la \u00abtiktokizaci\u00f3n\u00bb de la guerra: matrices t\u00e9cnicas de un imaginario<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n El culto a los asesinos: <\/strong>storytelling<\/em><\/strong> de la guerra de Afganist\u00e1n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n Contra la \u00e9tica del soldado: el imaginario de la \u00abcultura guerrera\u00bb<\/strong><\/h2>\n\n\n\n