{"id":95429,"date":"2026-04-05T20:47:18","date_gmt":"2026-04-05T18:47:18","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=95429"},"modified":"2026-04-05T20:47:22","modified_gmt":"2026-04-05T18:47:22","slug":"el-sacrificio-y-la-supersticion-de-la-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/04\/05\/el-sacrificio-y-la-supersticion-de-la-sociedad\/","title":{"rendered":"El sacrificio y la superstici\u00f3n de la sociedad"},"content":{"rendered":"\n

1.<\/h2>\n\n\n\n

Ciento veinte a\u00f1os despu\u00e9s del Ensayo sobre la naturaleza y la funci\u00f3n del sacrificio<\/em> de Hubert y Mauss, cabe preguntarse qu\u00e9 ha sido del sacrificio <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>.\u00a0Porque durante este lapso de tiempo han aparecido algunos libros fundamentales y se ha acumulado una cantidad impresionante de materiales y estudios espec\u00edficos. Por lo tanto, \u00bfpodemos decir que las tesis de Hubert y Mauss <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> han sido confirmadas, refutadas, abandonadas o corroboradas? \u00bfPodemos decir que se ha ido m\u00e1s all\u00e1? \u00bfEn qu\u00e9 direcci\u00f3n? \u00bfY se puede identificar un rasgo indiscutible que se haya impreso, como un sello, en el conjunto de estos estudios, al menos en el \u00e1mbito acad\u00e9mico?<\/p>\n\n\n\n

Si tomamos el ensayo de Hubert y Mauss como un terminus a quo<\/em>, podemos considerar como terminus ad quem<\/em> el volumen colectivo Greek and Roman Animal Sacrifice<\/em> <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>, publicado en 2012 bajo la direcci\u00f3n de Christopher A. Faraone y F. S. Naiden, como una s\u00edntesis ejemplar del estado actual de la investigaci\u00f3n en el mundo acad\u00e9mico sobre el fen\u00f3meno en cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Proceder\u00e9 a la inversa, partiendo de este libro en el que \u2014con el fin de despejar el terreno de toda intromisi\u00f3n indebida\u2014 se aclara desde la introducci\u00f3n de los editores cient\u00edficos que, en lo que respecta al sacrificio sangriento, los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os han estado dominados por dos libros, Homo Necans<\/em> <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> de Walter Burkert y La Cuisine du sacrifice en pays grec<\/em> <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> de Marcel Detienne y Jean-Pierre Vernant, a los que Fritz Graf a\u00f1ade La Violence et le sacr\u00e9<\/em> <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> <\/em>de 1972 de Ren\u00e9 Girard, en una posici\u00f3n m\u00e1s secundaria \u2014quiz\u00e1s porque el estatus acad\u00e9mico del autor no es tan \u00abimpecable\u00bb como el de los dem\u00e1s especialistas\u2014.<\/p>\n\n\n\n

Al fin y al cabo, Girard comenz\u00f3 dedic\u00e1ndose exclusivamente a la literatura. Dado que el destino de la ciencia est\u00e1, por definici\u00f3n, bajo el signo del progreso, Faraone y Naiden dan a entender desde el principio que se tratar\u00e1 de ver qu\u00e9 sigue siendo v\u00e1lido de este libro en 2012. <\/p>\n\n\n\n

Pero, ante todo, \u00bfqu\u00e9 tienen en com\u00fan las obras tan divergentes de Burkert y de Detienne y Vernant? Seg\u00fan Fritz Graf, es el hecho de ser \u00abtres grandes teor\u00edas\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1 lo esencial, pues quiere demostrar en su volumen que las grandes teor\u00edas est\u00e1n pasadas de moda.<\/p>\n\n\n\n

Es decir, que son una pieza del pasado susceptible de ser estudiada, al igual que cualquier otro fen\u00f3meno como un hecho sociocultural, pero inadecuadas si se quiere dar cuenta del sacrificio, t\u00e9rmino que a continuaci\u00f3n se pone directamente en duda como tal.<\/p>\n\n\n\n

Este punto se aclara al final de la introducci\u00f3n de Faraone y Naiden, donde el prop\u00f3sito es subrayar el objetivo de todo el volumen: demostrar que el \u00absacrificio\u00bb, como un corpus delicti<\/em>, es una categor\u00eda del \u00abpensamiento de ayer\u00bb, frase perniciosa y devastadora que implica varias consecuencias, la primera de las cuales es que el sacrificio como tal ya no pertenece a los objetos de investigaci\u00f3n serios, actuales y futuros, sino, a lo sumo, a esa rama menor de los estudios que se ocupa de la historia de una disciplina en particular.<\/p>\n\n\n\n

As\u00ed, de un solo golpe, y bas\u00e1ndose en los trabajos publicados durante los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os, se descarta una \u00abcategor\u00eda de pensamiento\u00bb que ha sobrevivido durante milenios con una impresionante constancia de temas y l\u00e9xico, no s\u00f3lo en el mundo cl\u00e1sico, sino tambi\u00e9n \u2014si nos remitimos a las dos tradiciones que sirven de pilares al estudio de Hubert y Mauss\u2014 en los textos v\u00e9dicos y b\u00edblicos.<\/p>\n\n\n\n

En otras palabras, el mundo acad\u00e9mico parece considerarse en 2012 demasiado sofisticado y demasiado ilustrado como para conformarse con lo que la humanidad ha acumulado torpemente a lo largo de tiempos inmemoriales y en los contextos sociales y geogr\u00e1ficos m\u00e1s dispares.<\/p>\n\n\n\n

Una actitud que, sin embargo, no es del todo nueva.<\/p>\n\n\n\n

Durante una conferencia sintom\u00e1tica en Santa Cruz, en el ya lejano a\u00f1o 1983, una autoridad en antropolog\u00eda como Jonathan Smith pronunci\u00f3 con notable franqueza las siguientes palabras: \u00abNo conozco ni una sola monograf\u00eda etnogr\u00e1fica publicada en los \u00faltimos veinte a\u00f1os en la que la palabra \u2018sacrificios\u2019 figure en el \u00edndice anal\u00edtico. De ello deduzco que no hay sacrificio hasta que lo inventamos nosotros mismos. Lo imaginamos y luego salimos en su b\u00fasqueda hasta que lo encontramos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Palabras de una presunci\u00f3n formidable, pero, en una ir\u00f3nica coincidencia emblem\u00e1tica, justo un a\u00f1o antes de la conferencia de Santa Cruz se public\u00f3 el magn\u00edfico estudio de Herta Krick sobre el ritual de la instalaci\u00f3n del fuego sacrificial v\u00e9dico <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>, un libro de casi 700 p\u00e1ginas en cuyo \u00edndice anal\u00edtico las entradas dedicadas expl\u00edcitamente al sacrificio ocupan tres columnas. Pero tal vez esta obra no perteneciera al g\u00e9nero de la monograf\u00eda etnogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n

La actitud intolerante de Jonathan Smith hacia el sacrificio, considerado una categor\u00eda anticuada, ileg\u00edtima o incluso inconsistente, podr\u00eda parecer idiosincr\u00e1sica y aislada. Sin embargo, es todo lo contrario lo que es cierto. Esta actitud abri\u00f3 una brecha en la comunidad acad\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n

Como estudio de la sociedad, la antropolog\u00eda no puede sino ser el locus electionis<\/em> donde act\u00faa esa suprema superstici\u00f3n constituida por la propia sociedad.\u00a0<\/p>Roberto Calasso<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

El volumen de Faraone y Naiden es testimonio de ello y a ello se suma una nueva implicaci\u00f3n insidiosa. Una vez que, con seguridad, \u00abse ha superado la \u00e9poca en la que se cre\u00eda poder elaborar una teor\u00eda del sacrificio capaz de abarcar a todo el mundo y a todas las civilizaciones\u00bb \u2014tal es la frase inaugural del importante volumen de la Fundaci\u00f3n Hardt <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> sobre el sacrificio\u2014, pueden darse los primeros pasos en esta joven disciplina que es la antropolog\u00eda del antrop\u00f3logo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

El primer intento, y hasta ahora sin parang\u00f3n en esta disciplina, fue la observaci\u00f3n de Wittgenstein al margen de La rama dorada<\/em>, en la que Wittgenstein trataba a Frazer como Frazer trataba a los primitivos: observando su comportamiento, sus reacciones inevitables, sus insinuaciones, su sordera, sus susceptibilidades victorianas, exactamente como un antrop\u00f3logo habr\u00eda registrado sobre el terreno la forma de actuar de un medicine man<\/em>.<\/p>\n\n\n\n

Se trata de un camino arduo y delicado en el que la clarividencia de Wittgenstein no ha tenido muchos sucesores, mientras que en el mundo acad\u00e9mico se extienden procedimientos bastante expeditivos que tienden a implicar la personalidad de los sabios en los juicios sobre sus trabajos. En el volumen de Faraone y Naiden, por ejemplo, esto se pone sobre la mesa con cierta brutalidad:<\/p>\n\n\n\n

\u00abEl tema de la violencia en Burkert se remonta al reaccionario franc\u00e9s Joseph de Maistre, y el tema de la solidaridad convivial en la escuela francesa se remonta a Durkheim y a la Ilustraci\u00f3n\u00bb, escriben los dos estudiosos. En cuanto a Girard, seg\u00fan Fritz Graf, bastar\u00e1 con decir que \u00abgeneraliza los aspectos pesimistas de la antropolog\u00eda de Freud\u00bb. Enunciados en indicativo como datos de hecho y con tal seguridad en el tono, estos juicios tienen algo de involuntariamente c\u00f3mico, sobre todo si se piensa en la incomodidad que podr\u00edan causar a Burkert en Alemania, donde el nombre de Joseph de Maistre es mal visto o desconocido, mientras que Burkert es muy estimado y considerado una autoridad en el \u00e1mbito de los estudios cl\u00e1sicos.<\/p>\n\n\n\n\n

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\n \n \"Detalle:\n <\/picture>\n
Detalle: Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, di\u00e1conos y laicos m\u00e1rtires.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n \n <\/div>\n
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\n \n \"Detalle:\n <\/picture>\n
Detalle: Santas m\u00e1rtires, v\u00edrgenes consagradas y laicas.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n <\/div>\n <\/div>\n \n
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Detalle: Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, di\u00e1conos y laicos m\u00e1rtires.<\/figcaption> <\/figure>\n \n <\/div>\n
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Detalle: Santas m\u00e1rtires, v\u00edrgenes consagradas y laicas.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/div>\n <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n

Como ejemplo de comicidad involuntaria, destacan a\u00fan m\u00e1s las siguientes l\u00edneas, en las que se recuerda \u00abque tanto Girard como Burkert podr\u00edan verse como una reacci\u00f3n a su experiencia personal de la Segunda Guerra Mundial. Ambos crecieron en pa\u00edses devastados por la guerra: Girard en el sur de Francia, Burkert en el sur de Alemania\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

No hace falta subrayar el nulo valor heur\u00edstico de esta observaci\u00f3n, ya que se aplica igualmente a millones de personas.<\/p>\n\n\n\n

No obstante, es una actitud compartida al menos por otro autor del libro, Bruce Lincoln <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>, para quien la teor\u00eda de Burke es \u00abatribuible a la Angst<\/em> de la posguerra alemana\u00bb y la de Vernant y Detienne a la \u00abeterna alegr\u00eda de vivir francesa\u00bb \u2014de la que soy el \u00fanico en dudar\u2014.<\/p>\n\n\n\n

Al no poder nombrar seg\u00fan las reglas de un canon lo que adora, la sociedad parece condenada a una nueva y solapada superstici\u00f3n: la superstici\u00f3n de s\u00ed misma.<\/p>Roberto Calasso<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, no es de este aspecto de lo que quisiera hablar aqu\u00ed, sino de la actitud general de rechazo hacia las grandes teor\u00edas, esos restos de una \u00e9poca m\u00e1s ingenua y menos informada. Del mismo modo que aquellos \u2014y son muchos\u2014 que manifiestan su rechazo a la pol\u00edtica pero, al mismo tiempo, est\u00e1n precisamente practic\u00e1ndola \u2014una pol\u00edtica de un tipo bastante virulento\u2014, los antrop\u00f3logos que tratan hoy con suficiencia y un desprecio mal disimulados las grandes teor\u00edas, ponen en pr\u00e1ctica otra al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfCu\u00e1l es? <\/p>\n\n\n\n

Para intentar comprenderlo, me baso decididamente en la perspicaz observaci\u00f3n de Ja\u015b Elsner, quien se\u00f1ala en la misma recopilaci\u00f3n que \u00abel problema fundamental, en mi opini\u00f3n, es que en el mundo, las opiniones actuales sobre el sacrificio sangriento, aunque se presenten como un hecho hist\u00f3rico, se basan en realidad en un supuesto teol\u00f3gico, en la medida en que consideran exclusivamente una cierta forma de religi\u00f3n arraigada en el intercambio sacrificial entre los hombres y los dioses, que tiene como resultado un beneficio material: la disponibilidad de la carne y los banquetes como acto final ineludible del proceso sacrificial\u00bb <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Esta visi\u00f3n del sacrificio es tan incongruente como aquella que, en el siglo XIX, explicaba las mitolog\u00edas en t\u00e9rminos meteorol\u00f3gicos, de vicisitudes, de nubes, de tormentas, de sequ\u00eda, de rayos.<\/p>\n\n\n\n

2.<\/h2>\n\n\n\n

Sea como fuere, lo que nos interesa aqu\u00ed no es tanto la mediocre sustancia especulativa de esta communis opinio <\/em>sobre el sacrificio como sus or\u00edgenes ocultos, que consisten en lo que yo definir\u00eda como la superstici\u00f3n de la sociedad \u2014donde la palabra \u00absociedad\u00bb debe entenderse como el objeto mismo de la superstici\u00f3n, como cuando se habla de la superstici\u00f3n del gato negro\u2014.<\/p>\n\n\n\n

Habr\u00eda que remontarse entonces muy atr\u00e1s y ampliar la perspectiva, pues lo que est\u00e1 en cuesti\u00f3n no concierne s\u00f3lo a la antropolog\u00eda, sino a nuestro mundo entero. En efecto, \u00bfpor qu\u00e9 sorprenderse si la Iglesia cat\u00f3lica ya no se parece m\u00e1s que a una gigantesca agencia de asistencia social? \u00bfPor qu\u00e9 una simple rama de la actividad acad\u00e9mica, como la antropolog\u00eda, deber\u00eda sustraerse a la presi\u00f3n que lleva a ver en la idea de sociedad el horizonte \u00faltimo del pensamiento?<\/p>\n\n\n\n

A lo largo del siglo XX se ha cristalizado un proceso de inmenso alcance que ha invadido todo lo que abarca el nombre de lo religioso.<\/p>\n\n\n\n

La sociedad secular, sin que haya sido necesario proclamarlo, se ha convertido en el marco de referencia \u00faltimo para todo significado, como si su forma correspondiera a la fisiolog\u00eda de cualquier comunidad, y como si el sentido s\u00f3lo debiera buscarse en el seno de la propia sociedad, pudiendo esta adoptar las formas pol\u00edticas y econ\u00f3micas m\u00e1s divergentes: capitalistas o socialistas, democr\u00e1ticas o dictatoriales, proteccionistas o liberales, militares o sectarias. Todas, sin excepci\u00f3n, deben considerarse como simples variantes de una \u00fanica entidad: la sociedad en s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n

Es como si la imaginaci\u00f3n se hubiera amputado, tras milenios, de su capacidad de mirar m\u00e1s all\u00e1 de la sociedad, en busca de algo que d\u00e9 sentido a lo que ocurre en su interior. Se trata de un enfoque extremadamente audaz, que implica un formidable alivio ps\u00edquico pero, inevitablemente, de corta duraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Vivir m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal es algo que encuentra una resistencia insuperable.<\/p>\n\n\n\n

Producir, o al menos favorecer, este alivio es una caracter\u00edstica decisiva de la democracia \u2014la cual, sin embargo, se revela incapaz de conservarlo\u2014. En comparaci\u00f3n con todos los dem\u00e1s reg\u00edmenes, la democracia no es un pensamiento espec\u00edfico, sino un conjunto de procedimientos que pretenden ser capaces de acoger cualquier pensamiento, excepto aquellos que se proponen derrocar a la propia democracia.<\/p>\n\n\n\n

Ah\u00ed es donde resulta m\u00e1s vulnerable, como qued\u00f3 demostrado en Alemania en enero de 1933. As\u00ed, la sociedad secular ha dado muestras de flexibilidad e ingenio a la hora de reabsorber, bajo falsas apariencias, esas mismas potencias que acababa de expulsar. La teolog\u00eda acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en pol\u00edtica, mientras que la teolog\u00eda en sentido estricto qued\u00f3 relegada a las universidades.<\/p>\n\n\n\n

Ahora bien, este proceso se aplica a todos los niveles. <\/p>\n\n\n\n

Sin el estremecimiento de lo sagrado, la sociedad secular parece negarse a subsistir, mientras que lo sagrado como tal queda confinado en la esfera acad\u00e9mica. Al no poder, por consiguiente, nombrar seg\u00fan las reglas de un canon aquello que adora, la sociedad parece condenada a una nueva y solapada superstici\u00f3n: la superstici\u00f3n de s\u00ed misma, la m\u00e1s dif\u00edcil de percibir y disipar.<\/p>\n\n\n\n

Sabemos ahora que los peores desastres se han producido cuando las sociedades seculares han querido volverse org\u00e1nicas, una aspiraci\u00f3n recurrente en todas las sociedades que desarrollan el culto a s\u00ed mismas, siempre con las mejores intenciones, siempre para recuperar una unidad perdida y una supuesta armon\u00eda. En este punto, Marx, Rousseau, pero tambi\u00e9n Hitler y Lenin, as\u00ed como el liberal Henri de Saint-Simon, encontraron un acuerdo fugaz y org\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n

Esto es lo que conviene a todo el mundo. Nadie se atreve a decir que la tan denostada atomizaci\u00f3n de la sociedad puede ser tambi\u00e9n una forma de autodefensa contra males m\u00e1s graves. En una sociedad atomizada, uno puede camuflarse m\u00e1s f\u00e1cilmente. No se espera que la polic\u00eda secreta llame a la puerta a las cuatro de la madrugada. Todo esto es el resultado de una evoluci\u00f3n larga y tormentosa que nunca se ha interrumpido, aunque a veces se haya disimulado.<\/p>\n\n\n\n

A lo largo del siglo XX, la sociedad secular, sin que fuera necesario proclamarlo, se ha convertido en el marco de referencia definitivo para todo significado.<\/p>Roberto Calasso<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Si tuvi\u00e9ramos que establecer de manera totalmente arbitraria, por necesidades puramente dram\u00e1ticas, el momento inicial de este proceso, ninguna imagen parecer\u00eda m\u00e1s apropiada que la de Esparta tal y como la puso de relieve Jakob Burckhardt con su habitual sobriedad, sintetizando la cuesti\u00f3n en pocas palabras: \u00abEn la Tierra, el poder puede tener una misi\u00f3n superior. S\u00f3lo en ella, sin duda en un mundo fortificado por ella, pueden surgir civilizaciones de un orden superior. Pero el poder de Esparta no parece haber aparecido en el mundo m\u00e1s que por s\u00ed mismo, por su propia afirmaci\u00f3n y su patetismo. Su aspiraci\u00f3n constante ha sido la subyugaci\u00f3n de un pueblo sometido y la extensi\u00f3n de su imperio como un fin en s\u00ed mismo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Vista de todos los paneles del retablo abiertos.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Que estas palabras de Burckhardt revelan una importancia particular y pueden aplicarse no s\u00f3lo a Esparta, sino a la historia reciente y a lo que ocurre hoy, puede corroborarse con una curiosa circunstancia editorial.<\/p>\n\n\n\n

En 1940 \u2014la fecha es importante\u2014 la Deutsche Buch-Gemeinschaft public\u00f3 en un solo volumen la Griechische Kulturgeschichte<\/em> de Burckhardt <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>, precedida de una nota firmada por la editorial que conten\u00eda esta advertencia: \u00abSe han eliminado el aparato cr\u00edtico, las notas, las referencias a las fuentes, as\u00ed como las repeticiones flagrantes y los detalles que s\u00f3lo interesan a los especialistas. De este modo, la obra ha ganado en legibilidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, al llegar a la p\u00e1gina cincuenta, el lector puede darse cuenta de que se ha suprimido un p\u00e1rrafo entero. Se trata precisamente del que concluye con las palabras que acabamos de citar. <\/p>\n\n\n\n

Tambi\u00e9n merece la pena leer las l\u00edneas que lo preceden, igualmente suprimidas: \u00abYa se ha hecho hincapi\u00e9 anteriormente en los costes, por lo general muy elevados, de la fundaci\u00f3n de una ciudad. Pero la fundaci\u00f3n de Esparta se distingue por el precio exorbitante que pag\u00f3 el pueblo sometido. Tuvieron que elegir entre todas las formas de esclavitud, de aniquilaci\u00f3n, la aniquilaci\u00f3n y la deportaci\u00f3n.\u00bb <\/p>\n\n\n\n

Burckhardt conclu\u00eda que, aunque tal configuraci\u00f3n social no careciera de grandeza, no se pod\u00eda evitar considerarla \u00absin ning\u00fan sentimiento de simpat\u00eda\u00bb<\/p>\n\n\n\n

Para un editor alem\u00e1n fiel al r\u00e9gimen \u2014y todos eran entonces fieles al r\u00e9gimen\u2014 era intolerable que ciertos hechos se nombraran con esa precisi\u00f3n inflexible y \u00absin ning\u00fan sentimiento de simpat\u00eda\u00bb, seg\u00fan la propia expresi\u00f3n de Burckhardt. En lo que respecta a la sociedad secular, cabe preguntarse si esta sociedad cree en algo que no sea ella misma o si alcanza ese alto grado de sabidur\u00eda que hace que se renuncie a creer y que uno se limite a observar, estudiar y comprender seg\u00fan una progresi\u00f3n indefinida e imprevisible.<\/p>\n\n\n\n

Este estado, que exige sobriedad y concentraci\u00f3n, no parece corresponder a lo que ocurre d\u00eda tras d\u00eda en la sociedad secular desmesurada que se extiende ahora por todos los continentes, sacudida permanentemente por violentas turbulencias de diversos or\u00edgenes \u2014las cuales, por cierto, no dejan de recordar a las que se produc\u00edan en la \u00e9poca de las guerras de religi\u00f3n\u2026\u2014. Pero estas se basaban precisamente en choques entre creencias. Junto a los ej\u00e9rcitos terrestres, se enfrentaban los ej\u00e9rcitos invisibles de las teolog\u00edas y las liturgias, ej\u00e9rcitos que, en cambio, hoy ser\u00eda imposible percibir.<\/p>\n\n\n\n

Los conflictos de la sociedad ya no tienen por objeto algo que est\u00e9 fuera o m\u00e1s all\u00e1, sino la sociedad misma. <\/p>\n\n\n\n

Ahora bien, esta es ante todo una vasta superficie experimental, un laboratorio donde fuerzas opuestas se desgarran mutuamente por el rumbo de los experimentos. <\/p>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo puede alguien que forma parte de una sociedad secular, educado para ignorar lo invisible, volver a reconocerlo?<\/p>Roberto Calasso<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

3.<\/h2>\n\n\n\n

Este panorama deber\u00eda bastar para que se reconozca a la sociedad secular un car\u00e1cter de unicidad. Todo etn\u00f3grafo de la escuela positivista sab\u00eda que las cientos de sociedades catalogadas por su disciplina ten\u00edan al menos un rasgo en com\u00fan: el de creer en poderes y entidades ajenas a la propia sociedad \u2014invisibles, autosuficientes y que acechan la vida de todos\u2014, algo de lo que, sin embargo, la sociedad secular afirma prescindir, y a la que en adelante llamar\u00e9 \u00absociedad experimental\u00bb para aislar su car\u00e1cter particular. <\/p>\n\n\n\n

Pero, \u00bfcu\u00e1ndo y c\u00f3mo se form\u00f3 esta configuraci\u00f3n singular? Si bien es cierto que siempre se pueden fijar los primeros indicios \u2014con excelentes argumentos\u2014 en una \u00e9poca que oscila entre el Paleol\u00edtico y la Revoluci\u00f3n Francesa, siempre existe un momento de cristalizaci\u00f3n en el que se manifiesta la figura completa.<\/p>\n\n\n\n

En este caso, coincidir\u00eda con aquellos a\u00f1os que corresponden a la \u00e9poca de Bouvard y P\u00e9cuchet<\/em> <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Estos dos intr\u00e9pidos innovadores, siempre incomprendidos, fueron los primeros experimentadores absolutos. No hay \u00e1mbito de la actividad humana que se hayan prohibido. Sea cual sea la direcci\u00f3n que tomaran sus investigaciones, dejaron huellas indelebles. Ya se tratara de jardiner\u00eda o de astrof\u00edsica, sus esfuerzos ten\u00edan por objeto preparar el terreno para cualquier experimentaci\u00f3n futura, la cual deb\u00eda, sin embargo, basarse en una especie de enciclopedia totalizadora. <\/p>\n\n\n\n

A ellos se remonta, en su germen, lo que un d\u00eda se llamar\u00eda Internet<\/em>.<\/p>\n\n\n\n

Pero si el t\u00edtulo de \u00abh\u00e9roes fundadores de la sociedad experimental\u00bb corresponde a Bouvard y P\u00e9cuchet, siempre existe, en lo que respecta a la doctrina, un libro gu\u00eda, como las Ep\u00edstolas<\/em> de San Pablo para el cristianismo, la breve Historia del Partido Comunista Bolchevique de la URSS<\/em> <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> de Stalin para el sovietismo, o La interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os<\/em> de Sigmund Freud para el psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n\n\n\n

En el caso de la antropolog\u00eda, fue Las formas elementales de la vida religiosa<\/em>, publicado por \u00c9mile Durkheim en 1912 <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Por una extra\u00f1a paradoja, el libro de Durkheim se presenta como el opuesto especular del ensayo publicado por su sobrino Marcel Mauss trece a\u00f1os antes. La obra de Hubert y Mauss versaba sobre la naturaleza y la funci\u00f3n del sacrificio, y lo que importaba a Mauss \u2014como un vidente v\u00e9dico camuflado\u2014 era ante todo esbozar los rasgos esenciales de la naturaleza del sacrificio, sin por ello desconocer su funci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n

Mauss quer\u00eda descubrir qu\u00e9 era el sacrificio, qu\u00e9 riesgos entra\u00f1aba, con qu\u00e9 establec\u00eda contacto: ni m\u00e1s ni menos, en realidad, que una gran teor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Durkheim, por el contrario, s\u00f3lo conced\u00eda importancia a la funci\u00f3n, ese fen\u00f3meno singular gracias al cual ceremonias oscuras y vertiginosas serv\u00edan para mantener el equilibrio y la cohesi\u00f3n de cualquier sociedad. El camino de Durkheim result\u00f3 victorioso y sigue siendo un fundamento inquebrantable. No tiene nada de sorprendente que un erudito como R. N. Bellah se proclame profundamente durkheimiano <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>: la afirmaci\u00f3n se ajusta perfectamente a la corriente dominante de la antropolog\u00eda. Parece casi evidente, como si un profesor de instituto se calificara a s\u00ed mismo de profundamente newtoniano. De hecho, sean cuales sean sus m\u00e9todos, sean cuales sean las escuelas, la antropolog\u00eda hoy es funcionalista o no es. Tal es el terreno del pensamiento com\u00fan universalmente aceptado.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

\u00bfPero podr\u00eda ser de otra manera? Como estudio de la sociedad, la antropolog\u00eda no puede sino ser el locus electionis <\/em>donde act\u00faa esa suprema superstici\u00f3n constituida por la propia sociedad.<\/p>\n\n\n\n

El fundamento de la superstici\u00f3n de la sociedad se expone en la obra maestra de Durkheim con una candidez formidable, una perspicacia sin igual y sin temor a llevar las cosas hasta el extremo.<\/p>\n\n\n\n

Durkheim era perfectamente consciente de que su teor\u00eda exclu\u00eda que pudiera establecerse una cesura conceptual entre los arunta, que celebran los ritos de la oruga witchetty<\/em> \u00abimitando los movimientos del animal cuando sale de su cris\u00e1lida y se esfuerza por alzar el vuelo\u00bb <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>, por un lado, y, por otro, los austeros funcionarios con levita que, a su alrededor, celebraban los fastos del progreso y de la ciencia.<\/p>\n\n\n\n

Unos y otros eran las ramas de un mismo \u00e1rbol de frondoso follaje. En ambos casos, se trataba de \u00abdelirio\u00bb \u2014si nos atenemos al t\u00e9rmino que el propio Durkheim consideraba m\u00e1s adecuado\u2014.<\/p>\n\n\n\n

Pero se trataba de delirios eminentemente \u00fatiles, pues, gracias a ellos, la cohesi\u00f3n social entre los arunta, al igual que en la Francia de la Tercera Rep\u00fablica, estaba asegurada.<\/p>\n\n\n\n

Durkheim se entrega entonces a los acentos de una elocuencia mordaz: \u00abEn resumen, la sociedad no es en absoluto ese ser il\u00f3gico o a-l\u00f3gico, incoherente y caprichoso, que con demasiada frecuencia nos complace ver. Todo lo contrario, la conciencia colectiva es la forma m\u00e1s elevada de la vida ps\u00edquica, ya que es una conciencia de las conciencias, situada fuera y por encima de las contingencias individuales locales. S\u00f3lo ve las cosas por su aspecto permanente y esencial, que fija en nociones comunicables. Al mismo tiempo que ve desde lo alto, ve a lo lejos. En cada instante del tiempo, abarca toda la realidad conocida. Por eso s\u00f3lo ella puede proporcionar al esp\u00edritu marcos que se aplican a la totalidad de los seres y que permiten pensarlos.\u00bb<\/p>\n\n\n\n

Parecer\u00eda que estamos escuchando a un presocr\u00e1tico hablar del l\u00f2gos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, quien se expresa es el fundador de esa triste ciencia que es la sociolog\u00eda. No obstante, siempre hay un fundador antes del fundador, y Durkheim ve\u00eda en Henri de Saint-Simon al fundador de la sociolog\u00eda. \u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan? No eran \u00fanicamente los expertos y analistas de algo que se llamaba \u00absociedad\u00bb. Eran los primeros sacerdotes \u2014m\u00e1s l\u00facidos y m\u00e1s consecuentes que los dem\u00e1s, que se hab\u00edan quedado a medio camino\u2014 de un nuevo culto: el culto a la sociedad divinizada. <\/p>\n\n\n\n

Sin el estremecimiento de lo sagrado, la sociedad secular parece negarse a subsistir, mientras que lo sagrado como tal queda confinado en la esfera acad\u00e9mica.<\/p>Roberto Calasso<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

4.<\/h2>\n\n\n\n

Antiguamente, bastaba con divinizar al emperador para garantizar la cohesi\u00f3n social. Eso ya no bastaba. Hab\u00eda que divinizar a la sociedad misma y la cohesi\u00f3n se convirti\u00f3 en la sustancia divina que irrigaba su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n

A Durkheim no le preocupaba criticar o demostrar la inexistencia del objeto divino al que se dirig\u00edan los religiosos declarados. Al contrario, los tranquilizaba con una solicitud paternal: ese objeto existe, pero no hay que designarlo con el nombre de Dios o de un Dios. Ese objeto es la sociedad misma \u00abpues es para sus miembros lo que un Dios es para sus fieles\u00bb <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

De acuerdo con los deseos de Durkheim, el modelo ideal del antrop\u00f3logo o del historiador de la Antig\u00fcedad actual se caracteriza por un marcado desinter\u00e9s por las entidades beneficiarias del sacrificio.<\/p>\n\n\n\n

Seg\u00fan los oficiantes, pueden ser dioses, demonios, esp\u00edritus, potencias, antepasados. Sea como fuere, se da por sentado que, al ser estas entidades inexistentes, dirigirse a ellas no es fundamentalmente diferente de dirigirse a un armario.<\/p>\n\n\n\n

Lo que se le dice a ese armario se considera insignificante, mientras que se presta una atenci\u00f3n minuciosa a las causas econ\u00f3micas y sociales que podr\u00edan haber inducido tales comportamientos. La soluci\u00f3n m\u00e1s codiciada ser\u00e1, por tanto, aquella que logre describir en detalle la funci\u00f3n homeost\u00e1tica que un comportamiento as\u00ed, en s\u00ed mismo aberrante, cumple dentro de una sociedad determinada.<\/p>\n\n\n\n

Hubo, en el siglo XX, una voz solitaria que identific\u00f3 con claridad e inflexibilidad el proceso que llev\u00f3 a la sociedad a convertirse en la principal y m\u00e1s poderosa de las supersticiones que act\u00faan hoy: la voz de Simone Weil.<\/p>\n\n\n\n\n

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Detalle: Fil\u00f3sofos paganos y profetas jud\u00edos.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n \n <\/div>\n
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Detalle: Santos papas, doctores de la Iglesia, obispos, sacerdotes y di\u00e1conos.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n <\/div>\n <\/div>\n \n
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Detalle: Fil\u00f3sofos paganos y profetas jud\u00edos.<\/figcaption> <\/figure>\n \n <\/div>\n
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Detalle: Santos papas, doctores de la Iglesia, obispos, sacerdotes y di\u00e1conos.<\/figcaption> <\/figure>\n <\/div>\n <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n

Bas\u00e1ndose en el pasaje de la Rep\u00fablica<\/em> de Plat\u00f3n dedicado al \u00abgran animal\u00bb <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span>, circunscribe con palabras luminosas el fen\u00f3meno seg\u00fan el cual lo social \u00abimita a lo religioso hasta el punto de confundirse con \u00e9l, salvo por un discernimiento sobrenatural\u00bb <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Un discernimiento que pone a prueba el pensamiento, como la propia Simone Weil subraya en un par\u00e9ntesis: \u00abEste misterio crea una apariencia de parentesco entre lo social y lo sobrenatural y excusa hasta cierto punto a Durkheim\u00bb. Este \u00abparentesco\u00bb es un cegamiento comprensible y fatal, si es cierto \u2014como ella escribe en otra parte\u2014 que \u00abbajo diversos aspectos, lo social es el \u00fanico \u00eddolo\u00bb <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Entonces surge inevitablemente una pregunta: \u00bfc\u00f3mo se puede escapar de esta variante de la magia negra? \u00bfC\u00f3mo puede un sujeto de la sociedad secular, educado para ignorar lo invisible, volver a reconocerlo? \u00bfDe qu\u00e9 forma? \u00bfQu\u00e9 le suceder\u00e1 si se niega a imponerse un credo, a diferencia de los adeptos de las lamentables sectas occidentales, ya se proclamen hind\u00faes, budistas, chiitas o, gen\u00e9ricamente, cham\u00e1nicos? Un juego risible, acorde con las m\u00faltiples oportunidades que ofrece la sociedad secular y marcadas por su sello.<\/p>\n\n\n\n

La disponibilidad y la accesibilidad de todas las creencias del pasado es precisamente una de las caracter\u00edsticas de la \u00e9poca que antes llamaba \u00abposhist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Pero si se excluye este camino inevitablemente par\u00f3dico, \u00bfqu\u00e9 posibilidades quedan?<\/p>\n\n\n\n

\u00bfDeber\u00e1 el sujeto secular an\u00f3nimo conformarse con la desaparici\u00f3n de lo invisible, que es ahora el presupuesto de la vida en com\u00fan? Ah\u00ed est\u00e1 la l\u00ednea divisoria.<\/p>\n\n\n\n

Si lo esencial no es creer, sino conocer, como exige toda gnosis, se tratar\u00e1 de abrirse camino en la oscuridad utilizando cualquier medio, en una especie de bricolaje incesante del conocimiento, sin disponer de ninguna certeza sobre el punto de partida y sin poder imaginar tampoco incluir ning\u00fan punto de llegada. Tal es la condici\u00f3n, a la vez humilde y exaltante, en la que se encuentra sumido quien hoy no pertenece a ninguna confesi\u00f3n, al tiempo que se niega a aceptar la religi\u00f3n \u2014o, m\u00e1s exactamente, la superstici\u00f3n\u2014 de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n

Es un camino dif\u00edcil, sin nombre ni punto de referencia que no sea cr\u00edptico y estrictamente personal.<\/p>\n\n\n\n

Pero tambi\u00e9n es un camino en el que se encuentra la ayuda inesperada de voces similares, como en una constelaci\u00f3n clandestina. No creo que se pueda esperar m\u00e1s en la fracci\u00f3n temporal en la que vivimos. Sin embargo, ya es mucho.<\/p>\n\n\n\n

Es un gran juego. Son muchos los que lo han practicado sin proclamarlo a lo largo de los siglos, pero que, hoy, s\u00f3lo puede mostrarse con descaro a plena luz.Puesto que ya me he referido a las Observaciones sobre la<\/em>Ramita de oro<\/em> de Wittgenstein, me gustar\u00eda concluir con sus propias palabras, tal y como se pueden leer en sus notas: \u00abCasi se podr\u00eda decir que el hombre es un animal ceremonial\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Nos han ense\u00f1ado a ignorar lo invisible.<\/p>\n

\u00bfC\u00f3mo volver a reconocerlo?<\/p>\n

Una meditaci\u00f3n de Roberto Calasso.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":95386,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-editorials.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[791],"tags":[],"staff":[111],"editorial_format":[1429],"serie":[],"audience":[],"geo":[177],"class_list":["post-95429","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-antropologia","staff-roberto-calasso","editorial_format-pieces-de-doctrines","geo-europa"],"acf":{"open_in_webview":false,"accent":"default"},"yoast_head":"\nEl sacrificio y la superstici\u00f3n de la sociedad - El Grand Continent<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/04\/05\/el-sacrificio-y-la-supersticion-de-la-sociedad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El sacrificio y la superstici\u00f3n de la sociedad - El Grand Continent\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Nos han ense\u00f1ado a ignorar lo invisible. \u00bfC\u00f3mo volver a reconocerlo? 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