{"id":90408,"date":"2026-02-12T20:36:21","date_gmt":"2026-02-12T19:36:21","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=90408"},"modified":"2026-02-12T20:36:24","modified_gmt":"2026-02-12T19:36:24","slug":"archivos-epstein-en-los-backrooms-de-la-globalizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/02\/12\/archivos-epstein-en-los-backrooms-de-la-globalizacion\/","title":{"rendered":"Archivos Epstein: en los backrooms de la globalizaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n
\u00bfNos lee y desea apoyar a una redacci\u00f3n independiente? Descubra todas <\/em>nuestras ofertas para suscribirse al Grand Continent<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n El concepto de backrooms<\/em> (en plural) <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> surgi\u00f3 en mayo de 2019 en un hilo an\u00f3nimo de 4chan. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> La fotograf\u00eda iba acompa\u00f1ada de una frase algo cr\u00edptica: \u00abIf you\u2019re not careful and you noclip out of reality in the wrong areas, you\u2019ll end up in the Backrooms\u2026<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Esta fotograf\u00eda \u2014moqueta beige, paredes amarillentas (que dan la impresi\u00f3n de nicotina o moho), neones p\u00e1lidos y una perspectiva que conduce a un callej\u00f3n sin salida\u2014 encarnaba la est\u00e9tica \u00abcursed<\/em>\u00bb <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> al tiempo que popularizaba el concepto de los espacios liminales.<\/p>\n\n\n\n\n\n La imagen revela un lugar vaciado de su funci\u00f3n. Esta brutal desarticulaci\u00f3n \u2014entre la imagen por un lado y su raz\u00f3n de ser por otro\u2014 provoca una fuerte sensaci\u00f3n de \u00abinquietante extra\u00f1eza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Desde entonces, las backrooms<\/em> se han organizado en torno a un vocabulario visual ahora definido: luz fluorescente sin sombras, repetici\u00f3n claustrof\u00f3bica de motivos, arquitectura clonada, puertas que no dan a nada, ventanas tapiadas. Todo apunta a la desorientaci\u00f3n y a la confusa impresi\u00f3n de una temporalidad suspendida. Las backrooms<\/em> son por excelencia lugares de lo liminal. El lugar que se muestra no parece ni vivo ni muerto, sino atrapado en alg\u00fan punto entre el espacio p\u00fablico y la esfera privada. En pocas palabras, es un umbral convertido en prisi\u00f3n, una exageraci\u00f3n fant\u00e1stica de lo que Marc Aug\u00e9 denomina \u00abno lugares\u00bb. Estos espacios de circulaci\u00f3n estandarizados est\u00e1n pensados para el tr\u00e1nsito de personas an\u00f3nimas. Al revelar el reverso del decorado, las backrooms <\/em>exponen la l\u00f3gica inherente a estos lugares, que finalmente se entienden como no lugares. La construcci\u00f3n impl\u00edcita de nuestros espacios modernos queda al descubierto: vivimos en inmensos espacios de despersonalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n\n Desde la publicaci\u00f3n de los expedientes de Epstein, el ciudadano de a pie puede ahora acceder al corpus fotogr\u00e1fico de los registros judiciales, que nos enfrentan de forma extra\u00f1a a una realidad casi id\u00e9ntica.<\/p>\n\n\n\n En los interiores fotografiados de las residencias del criminal, las backdoors<\/em> liminales desempe\u00f1an el papel de lo que Erwin Panofsky denominaba una forma simb\u00f3lica: transmiten una visi\u00f3n del mundo que nos devuelven.<\/p>\n\n\n\n Los registros realizados en las diferentes propiedades de Jeffrey Epstein (Nueva York, Palm Beach, Little St. James…) han sido documentados por varias series fotogr\u00e1ficas tomadas por los equipos t\u00e9cnicos de la polic\u00eda o del FBI. Si bien esta meticulosa recopilaci\u00f3n ten\u00eda como \u00fanico objetivo conservar y fijar posibles pruebas, al hojear las fotograf\u00edas, tenemos la impresi\u00f3n de sumergirnos en un universo desconectado del nuestro. Poco a poco, parece surgir un decorado de backroom: encontramos pasteles manchados, la luz cl\u00ednica de los neones, moquetas gruesas, numerosos laberintos y entramados de pasillos que se repiten sin cesar… Descubrimos lugares pensados para impresionar, as\u00ed como un torpe intento de crear espacios de socializaci\u00f3n que, una vez desiertos, revelan su inquietante verdad: no son m\u00e1s que m\u00e1quinas para hacer circular los cuerpos sin dejar rastro. Estas moradas no son verdaderas casas, son umbrales permanentes. Antic\u00e1maras que se multiplican hasta el infinito, pasillos de servicio, salones de fachada, ba\u00f1os est\u00e9riles, habitaciones que nunca lo son realmente… La arquitectura de los lugares muestra espacios dise\u00f1ados para que nadie se quede en ellos.<\/p>\n\n\n\n Las fotograf\u00edas judiciales del caso Epstein encarnan, a su pesar, la brutal liminalidad de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n Las im\u00e1genes no solo muestran interiores vac\u00edos: revelan la intrincada arquitectura del secreto.<\/p>\n\n\n\n Su poder evocador reside, en particular, en su proximidad pl\u00e1stica con los backrooms<\/em>. Estas instant\u00e1neas nos hacen sentir lo que se siente al estar atrapado en un entremedio. El concepto de liminalidad no es solo est\u00e9tico, sino tambi\u00e9n \u2014y sobre todo\u2014 un condicionamiento pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n Porque estos backrooms<\/em> nos hablan de una angustia contempor\u00e1nea: la de la opresi\u00f3n sin un d\u00e9spota visible.<\/p>\n\n\n\n El poder que somete al individuo es ahora ambiental y el horror proviene de la idea de que podemos desaparecer progresivamente en el seno mismo de nuestra vida cotidiana. Los backrooms son a menudo las trastiendas de nuestras oficinas. Como si el capitalismo ya no prometiera nada m\u00e1s que la garant\u00eda de su propia reproducci\u00f3n, sin aspirar a fines, sino a \u00abmedios sin fin\u00bb.<\/p>\n\n\n\n El fil\u00f3sofo Nathaniel Metz habla al respecto de \u00abnoumenal capitalism<\/em>\u00bb: una doctrina aut\u00f3noma, casi metaf\u00edsica, que ya no necesita justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica para ejercerse. Los \u00abbackrooms\u00bb ser\u00edan, por tanto, la traducci\u00f3n espacial de un mundo que ha aprendido a funcionar sin nosotros, incluso a pesar nuestro. Estas no anuncian en absoluto el colapso venidero. Formulan la promesa de que nada se derrumbar\u00e1 realmente nunca. El sistema continuar\u00e1 y, como una met\u00e1stasis, se duplicar\u00e1 sin fin.<\/p>\n\n\n\n El reportaje visual que sigue se articula en torno a las fotos de los registros de sus propiedades en Manhattan (Nueva York, redada del FBI en 2019) y, sobre todo, en Little St. James (la famosa isla privada en las Islas V\u00edrgenes, registrada en 2020). Todas estas fotos son f\u00e1cilmente accesibles en la p\u00e1gina web del Departamento de Justicia<\/a>, basta con introducir el n\u00famero de la fotograf\u00eda directamente en la barra de b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n\n Duchas y sanitarios<\/p> Tan funcional como impersonal, el techo, las paredes y el suelo de este cuarto de ba\u00f1o est\u00e1n completamente revestidos de azulejos blancos. Descentrado hacia la derecha, la mirada percibe un cabezal de ducha, mientras que, m\u00e1s a la izquierda, un saliente alberga algunas botellas de champ\u00fa y gel de ducha. A la izquierda se adivina un espejo sin marco, a menos que se trate de una superficie acristalada. No se ve ninguna toalla ni objeto personal, salvo estos productos de higiene alineados como en una estanter\u00eda de tienda. El espacio es limpio, casi est\u00e9ril, pero esta limpieza tiene algo casi opresivo, ya que evoca el cloro y la limpieza repetida.<\/p>\n Omnipresentes en las residencias de Jeffrey Epstein, estos cuartos de ba\u00f1o, a menudo id\u00e9nticos en su blancura cl\u00ednica, forman una especie de esclusa cr\u00edtica. Dise\u00f1ados para acoger el cuerpo desnudo, tienen la frialdad meticulosa de las duchas de una prisi\u00f3n. Los azulejos blancos no son en absoluto inocentes y recuerdan a las salas de examen, los quir\u00f3fanos y los cuerpos apilados en los dep\u00f3sitos de cad\u00e1veres. Todos ellos son lugares donde el individuo queda expuesto, manipulado y, a veces, borrado.<\/p>\n Se intuye que se trata de un lugar pensado para la vigilancia y el control. El cuarto de ba\u00f1o no es m\u00e1s que un cubo blanco donde el cuerpo pasa, es visto y luego desaparece.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n La iluminaci\u00f3n frontal del flash forma un peque\u00f1o halo blanco en la pared azul p\u00e1lida, lo que refuerza la sensaci\u00f3n de estar ante la mugshot<\/i> de un lugar.<\/p>\n A la derecha de la imagen, un peque\u00f1o taburete sobre el que descansa un tel\u00e9fono fijo que hace que la foto resulte absurda: \u00bfqu\u00e9 hace, bien visible, un tel\u00e9fono en un lugar as\u00ed? El ba\u00f1o, por naturaleza dedicado a la intimidad absoluta, se convierte en un espacio de comunicaci\u00f3n. El objeto m\u00e1s com\u00fan se vuelve sospechoso cuando se traslada a un lugar incongruente. Se denomina \u00abeerie\u00bb a esa sensaci\u00f3n de malestar ante algo que a primera vista parece normal, pero que nos sumerge en una realidad ligeramente \u00abdesfasada\u00bb. Nuestra mente no sabe c\u00f3mo analizar la improbable alianza de estos dos objetos \u2014sobre todo porque esta asociaci\u00f3n se repite varias veces en otros ba\u00f1os de Epstein\u2014, salvo por la certeza de que no puede haber ning\u00fan refugio. Toda la casa est\u00e1 cableada.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n En el centro de la habitaci\u00f3n se encuentra un sill\u00f3n de dentista amarillento, tirando a naranja, con su reposacabezas inclinable y su iluminaci\u00f3n quir\u00fargica. Una decena de m\u00e1scaras, del mismo tono que el sill\u00f3n, representan rostros masculinos con rasgos r\u00edgidos y ojos muy abiertos. Material (\u00bfm\u00e9dico?) embalado y diversos objetos abarrotan las esquinas, dando al conjunto el aspecto de una instalaci\u00f3n provisional. \u00bfQu\u00e9 hace este consultorio m\u00e9dico en una vivienda privada? El sill\u00f3n evoca de repente la coacci\u00f3n, el examen forzado, mientras que las m\u00e1scaras vigilan en silencio la habitaci\u00f3n. El motivo es demasiado insistente, demasiado repetitivo para no tener sentido. La pieza es un h\u00edbrido que se niega a definirse.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Los espacios de servicio<\/p> El suelo, con un damero blanco y negro, tiene una l\u00ednea de fuga an\u00f3mala en su parte derecha. El motivo se acelera y huye hacia una pared, como si la habitaci\u00f3n se hubiera \u00abinclinado\u00bb repentinamente fuera de la topolog\u00eda euclidiana. El techo, formado por paneles ac\u00fasticos salpicados de neones, recuerda a las oficinas open space.<\/p>\n En el centro de la imagen, dos refrigeradores blancos forman un extra\u00f1o monolito, casi escult\u00f3rico. Ocupan el espacio y bloquean la circulaci\u00f3n. En lugar de estar al servicio de esta habitaci\u00f3n, que evidentemente sirve de cocina, la parasitan y la condenan.<\/p>\n \u00bfQu\u00e9 significa esta puesta en escena? El damero lleva consigo el tranquilo horror lynchiano. Los cuartos de ba\u00f1o alicatados, los pasillos t\u00e9cnicos y las salas de servicio son espacios secundarios en los que el mal se percibe de forma residual en los rincones incomprensibles de la imagen. Aqu\u00ed, las perspectivas distorsionadas propias de Kubrick se encuentran con la confusa certeza de que \u00abalgo ha sucedido\u00bb, propia del cine de David Lynch.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Al final de un largo pasillo embaldosado, la perspectiva termina en la oscura ventanilla de una lavadora perfectamente centrada en la composici\u00f3n. Este c\u00edrculo que nos observa recuerda al objetivo de una gigantesca c\u00e1mara de videovigilancia. Ligeramente reflectante, recuerda al ojo impasible de HAL 9000 en 2001: Una odisea del espacio<\/i>. Esta presencia mec\u00e1nica observa sin intervenir y registra, sin cansarse, el vac\u00edo que habita.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Los pasillos de Epstein<\/p> Un pasillo interminable. En la pared izquierda, un fresco domina el espacio, una fila de siluetas oscuras sobre fondo claro: sillas, aparentemente. Enfrente, un lienzo blanco. La l\u00ednea de fuga, implacable, se ve reforzada por los paneles de contrachapado y la disposici\u00f3n de los neones, que obligan a la mirada a sumergirse en un horizonte que se aleja sin cesar. La luz plana y sin sombras cae de una sola vez.<\/p>\n Esta fotograf\u00eda recuerda las im\u00e1genes \u00abinspiradoras\u00bb o \u00abreconfortantes\u00bb que antes se colgaban como decoraci\u00f3n en hoteles y otros espacios de tr\u00e1nsito. No resuena ning\u00fan eco, salvo el eterno zumbido de los neones: recorremos el pasillo para ir a alg\u00fan sitio, pero nos quedamos atrapados en \u00e9l.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Las salas<\/p> La pared blanca con textura de cruces de San Andr\u00e9s y la moqueta amarilla mostaza t\u00edpica de los a\u00f1os setenta-ochenta contribuyen a la atm\u00f3sfera opresiva, sobre todo porque las ventanas, tambi\u00e9n dobles, se abren y se cierran con barrotes.<\/p>\n Un aparador coronado por objetos anodinos y un conjunto de sillones verdes contrastan con el color beige de los dem\u00e1s asientos. El conjunto parece congelado en la espera.<\/p>\n Esta sala de estar es el ejemplo perfecto que re\u00fane todos los signos est\u00e9ticos propios de Jeffrey Epstein: mezcla ecl\u00e9ctica de colores, despojo espacial … Estos decorados de fachada intentan en vano normalizar lo anormal, pero una vez vaciados de toda presencia humana, los lugares revelan su s\u00f3rdida verdad: solo est\u00e1n ah\u00ed para invitar a los cuerpos a sentarse, conversar, relajarse… antes de que los dirijan a otros espacios. En alg\u00fan momento del proceso, el invitado ha pasado de ser un hu\u00e9sped a ser una presa.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Las propiedades de Jeffrey Epstein suelen estar dise\u00f1adas para desorientar al invitado, las habitaciones no siempre tienen una funci\u00f3n clara o, por el contrario, la funci\u00f3n es tan ostentosa que resulta sospechosa. Aqu\u00ed, una sombrilla de jard\u00edn desplegada sobre una mesa redonda domina la escena. Con su m\u00e1stil central y sus varillas met\u00e1licas, invade el espacio de forma incongruente. Es dif\u00edcil explicar por qu\u00e9 un objeto asociado a terrazas, piscinas o playas tiene cabida en un interior. La imagen est\u00e1 sobrecargada. La mirada no sabe d\u00f3nde posarse. La luz parece provenir de una fuente artificial, lo que, junto con la ausencia visible de ventanas, refuerza la impresi\u00f3n de un espacio confinado y artificial.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Las paredes tapizadas con paneles rojos enmarcados con molduras doradas crean una melod\u00eda de geometr\u00eda opresiva. El techo bajo y curvado est\u00e1 perforado por focos empotrados. El suelo de damero negro y marr\u00f3n recuerda vagamente a los a\u00f1os setenta y a las pel\u00edculas de esp\u00edas. Todo es rojo: la mesa, el sill\u00f3n, el banco. A la izquierda, una bolsa de viaje negra yace abandonada en el suelo, mientras que se adivina una almohada tirada en el suelo. Lo que podr\u00eda parecer un espejo es una puerta que da a un pasillo. Los objetos desordenados recuerdan que la imagen es, efectivamente, la de un registro.<\/p>\n En modo de saturaci\u00f3n crom\u00e1tica, la intimidad se escenifica de forma expl\u00edcita. Los paneles acolchados evocan a la vez la insonorizaci\u00f3n \u2014para que nada salga\u2014 y la celda acolchada \u2014para que nada se oiga\u2014.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Las habitaciones<\/p> En esta habitaci\u00f3n, el rosa chicle de las paredes evoca un kitsch asumido, mientras que la gruesa moqueta refuerza la sensaci\u00f3n de un espacio cerrado y sofocante. En el centro de la habitaci\u00f3n hay una cama king size<\/i> flanqueada por dos mesitas de noche con l\u00e1mparas con pantallas con flecos verdes y negros, en lo que parece ser el revival<\/i> de un motel.<\/p>\n A los pies de la cama, dos taburetes tapizados contribuyen a\u00fan m\u00e1s al efecto de decorado de serie B.<\/p>\n Las cortinas a rayas, en un sorprendente arlequ\u00edn de beige, rosa y verde, ocultan la ventana y cierran el espacio. Lejos de resultar acogedor, el conjunto parece forzado, a la espera, prepar\u00e1ndose para recibir al pr\u00f3ximo cliente o al pr\u00f3ximo objetivo an\u00f3nimo. El rosa se vuelve empalagoso y la posibilidad de intimidad se congela y se anula en una puesta en escena barata.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Esta habitaci\u00f3n, con paredes pintadas de un azul marino profundo, casi real, contrasta con el techo bajo y las pesadas cortinas con motivos florales. Dos l\u00e1mparas de noche con pantallas beige iluminan d\u00e9bilmente la habitaci\u00f3n, mientras que el suelo est\u00e1 cubierto por una moqueta a cuadros tart\u00e1n t\u00edpica de los interiores de los hoteles de cadena de lujo de los a\u00f1os noventa.<\/p>\n Dos ventanas id\u00e9nticas, perfectamente sim\u00e9tricas, est\u00e1n enmarcadas por las mismas cortinas de color crema, como si el arquitecto hubiera copiado y pegado una abertura sin ninguna raz\u00f3n funcional aparente. Esta duplicaci\u00f3n perfecta, este error visual, es como un glitch<\/i> en la matriz: un lugar donde la realidad se habr\u00eda generado apresuradamente y donde los objetos se habr\u00edan duplicado sin que nadie se diera cuenta.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n Dos sillas, alineadas una al lado de la otra, miran hacia la cama. \u00bfQui\u00e9n est\u00e1 invitado a sentarse all\u00ed para mirar a la persona que duerme, va a dormir o ha dormido? A la izquierda, un espejo refleja parcialmente la imagen de la cama; a la derecha, una pantalla de televisi\u00f3n apagada, negra y mate, evoca el ojo ciego de un c\u00edclope, una mirada ciega que, sin embargo, fija la habitaci\u00f3n.<\/p>\n Sobre la c\u00f3moda baja, un peque\u00f1o peluche aislado, \u00fanico vestigio de la infancia arrojado all\u00ed como al azar. Se convierte en un punctum<\/i>: en una habitaci\u00f3n normal, un objeto as\u00ed ser\u00eda anodino. Aqu\u00ed, resulta amenazador. Dispuesto seg\u00fan las reglas de una l\u00f3gica que se nos escapa, parece formar parte de una puesta en escena cuyas reglas el espectador no debe comprender. Todas las habitaciones de las casas de Epstein comparten la misma ambig\u00fcedad fundamental: c\u00f3modas en apariencia, siguen siendo profundamente inh\u00f3spitas. Imitan la intimidad, cuando en realidad solo pretenden exponerla.<\/p>\n<\/div> <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n\n
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