{"id":89222,"date":"2026-01-28T10:38:37","date_gmt":"2026-01-28T09:38:37","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=89222"},"modified":"2026-01-28T10:38:41","modified_gmt":"2026-01-28T09:38:41","slug":"construir-acelerar-notas-para-desbloquear-la-accion-europea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/01\/28\/construir-acelerar-notas-para-desbloquear-la-accion-europea\/","title":{"rendered":"Construir, acelerar: notas para desbloquear la acci\u00f3n europea"},"content":{"rendered":"\n
\u00bfNos lee? \u00bfViene a nuestros eventos? \u00bfQuiere apoyarnos? D\u00e9 el paso y<\/em> descubra todas las ofertas para suscribirse al Grand Continent<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n La pregunta que hoy en d\u00eda preocupa a las democracias occidentales puede parecer sorprendente. Ya no se trata solo de la justicia social o del crecimiento. Se trata de algo mucho m\u00e1s fundamental: la capacidad de actuar.<\/p>\n\n\n\n El llamativo contraste a escala global plantea una pregunta a los responsables pol\u00edticos europeos: \u00bfpor qu\u00e9 algunos Estados parecen volver a ser capaces de imponer una direcci\u00f3n, movilizar recursos y modificar el rumbo de sus econom\u00edas, mientras que otros permanecen encerrados en una especie de impotencia regulatoria y fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n En un art\u00edculo anterior, propusimos de manera provocadora la aplicaci\u00f3n de un \u00abDOGE progresista<\/a>\u00bb: una reforma del Estado de una exigencia y una amplitud sin precedentes, destinada a reanclar la acci\u00f3n p\u00fablica en una l\u00f3gica de servicio y a devolverle una legitimidad de eficacia y proximidad. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Este primer proyecto, centrado en la forma en que el Estado se hace presente y leg\u00edtimo ante los ciudadanos, deja intacta la otra cuesti\u00f3n, m\u00e1s subterr\u00e1nea pero igualmente decisiva, que atraviesa hoy nuestras democracias: la del gobierno del poder material. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u00bfQui\u00e9n organiza la producci\u00f3n, la energ\u00eda, las tecnolog\u00edas, las cadenas de valor, las infraestructuras f\u00edsicas y digitales, sin las cuales una sociedad no puede sostenerse? \u00bfQui\u00e9n decide las dependencias aceptables, las vulnerabilidades toleradas, las prioridades productivas, y seg\u00fan qu\u00e9 reglas pol\u00edticas?<\/p>\n\n\n\n Estas cuestiones no tienen nada de abstracto o te\u00f3rico. Han vuelto a ser brutalmente concretas.<\/p>\n\n\n\n Porque, en un momento en que algunas democracias tienen dificultades para actuar, otras potencias retoman formas asumidas de proyecci\u00f3n imperial, incluida la territorial. Las repetidas declaraciones de los responsables estadounidenses sobre espacios estrat\u00e9gicos, los discursos desinhibidos sobre la \u00abrecolonizaci\u00f3n<\/a>\u00bb de zonas consideradas incapaces de gobernarse a s\u00ed mismas, o incluso la revalorizaci\u00f3n expl\u00edcita de las l\u00f3gicas de ocupaci\u00f3n, influencia directa y control de los recursos se\u00f1alan un profundo cambio de rumbo.<\/p>\n\n\n\n El imperio, que se cre\u00eda relegado a los m\u00e1rgenes de la historia, vuelve a ser una categor\u00eda operativa de la acci\u00f3n pol\u00edtica contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n Karl Polanyi demostr\u00f3 en su momento que el mercado nunca es un orden natural, <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> sino que siempre est\u00e1 incrustado en instituciones y relaciones de poder pol\u00edticas. Lo que observamos hoy va m\u00e1s all\u00e1 de un simple desequilibrio econ\u00f3mico: se trata de una rearticulaci\u00f3n importante entre las instituciones pol\u00edticas, el capitalismo y la tecnolog\u00eda, en un mundo en el que el control del poder material \u2014productivo, energ\u00e9tico, tecnol\u00f3gico y territorial\u2014 vuelve a ser el principal objetivo de toda expresi\u00f3n de soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n Atrapado entre dos formas contempor\u00e1neas de imperio<\/a> \u2014una, la estadounidense, basada en la captura de dependencias, y la otra, la china, que organiza e integra estas dependencias en un sistema jer\u00e1rquico\u2014, el continente europeo se ve ahora obligado a transformar su vulnerabilidad en un proyecto pol\u00edtico. Esta exigencia viene respaldada por una expectativa ciudadana expl\u00edcita: como muestra la \u00faltima oleada de la encuesta Eurobazuka, el 75 % de los europeos considera que la Uni\u00f3n no debe alinearse ni con Estados Unidos ni con China<\/a>, sino mantener una posici\u00f3n aut\u00f3noma frente a ambas potencias.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, es necesario que esta autonom\u00eda deje de ser meramente declarativa y se traduzca, en un mundo con recursos finitos<\/a>, en el control de la producci\u00f3n, la energ\u00eda, las tecnolog\u00edas y las infraestructuras que condicionan toda capacidad de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n El imperio, que se cre\u00eda relegado a los m\u00e1rgenes de la historia, vuelve a ser una categor\u00eda operativa de la acci\u00f3n pol\u00edtica contempor\u00e1nea. <\/p>Alexandre Pointier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Desde principios del siglo XXI, la relaci\u00f3n entre el Estado y las empresas ha dado un giro en Europa hacia una paradoja estructural.<\/p>\n\n\n\n Por un lado, las grandes multinacionales no han dejado de ganar autonom\u00eda, desde la movilidad del capital hasta la optimizaci\u00f3n fiscal, pasando por los arbitrajes regulatorios, un poder normativo de facto cada vez m\u00e1s amplio y el control de tecnolog\u00edas que se han vuelto esenciales para la soberan\u00eda de los Estados. Pueden elegir sus ubicaciones, desplazar sus cadenas de valor y estructurar la competencia entre territorios a un nivel sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n Por otro lado, estas mismas empresas han demostrado ser estructuralmente dependientes de los Estados para sobrevivir a las crisis sist\u00e9micas. El colapso financiero de 2008, la pandemia de 2020 y la crisis energ\u00e9tica de 2022 han demostrado que, en situaciones de crisis, los actores privados m\u00e1s globalizados vuelven a buscar anclajes nacionales. Siempre necesitan al Estado para obtener liquidez, estabilizaci\u00f3n macroecon\u00f3mica, continuidad log\u00edstica y mantenimiento del tejido productivo.<\/p>\n\n\n\n El historiador Adam Tooze<\/a> es quien mejor ha descrito este mecanismo.<\/p>\n\n\n\n En su libro Crashed<\/em>, muestra que el capitalismo financiarizado ha desmantelado los amortiguadores internos de las empresas: extracci\u00f3n accionarial, reducci\u00f3n de las reservas, dependencia de la deuda a corto plazo, externalizaci\u00f3n de los riesgos. Este modelo hace que las empresas globales sean m\u00e1s m\u00f3viles pero menos resilientes, m\u00e1s eficaces en fase ascendente y m\u00e1s vulnerables en caso de ruptura. El Estado se convierte as\u00ed en el garante impl\u00edcito de un sistema que se presenta como aut\u00f3nomo, pero cuya estabilidad se basa en realidad en una intervenci\u00f3n p\u00fablica continua, a menudo anticipada.<\/p>\n\n\n\n La principal caracter\u00edstica de esta relaci\u00f3n p\u00fablico-privada es que se ha despolitizado progresivamente: se supon\u00eda que la empresa era aut\u00f3noma, el Estado era a veces un \u00e1rbitro neutral, a veces un simple facilitador de la competitividad, y la interdependencia entre ambos segu\u00eda siendo en gran medida impl\u00edcita y, por lo tanto, totalmente ajena al debate democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n Esta despolitizaci\u00f3n ha producido dos desequilibrios importantes, que se refuerzan mutuamente.<\/p>\n\n\n\n\n El primero se refiere a la financiaci\u00f3n del modelo de protecci\u00f3n social. Cuando se considera que la empresa multinacional es fundamentalmente aut\u00f3noma y m\u00f3vil, mientras que el Estado sigue siendo territorial y responsable ante sus ciudadanos, la contribuci\u00f3n de las grandes empresas a la financiaci\u00f3n de los bienes colectivos se vuelve estructuralmente inestable. La competencia fiscal, la optimizaci\u00f3n y el arbitraje jur\u00eddico debilitan la base contributiva de los Estados en un momento en que aumentan las necesidades sociales. La iniciativa de imposici\u00f3n m\u00ednima a las empresas, llevada a nivel internacional, ten\u00eda precisamente por objeto corregir estos efectos. Pero su r\u00e1pido debilitamiento, debido en particular a las exenciones obtenidas por Estados Unidos para sus paladines nacionales, pone de manifiesto el desfase entre la ambici\u00f3n de estabilizar un orden econ\u00f3mico multilateral y una realidad ahora dominada por la rivalidad de poder. En la pr\u00e1ctica, lo que deb\u00eda impedir la carrera hacia la fiscalidad m\u00e1s baja ha consolidado una asimetr\u00eda duradera entre los Estados, lo que debilita la capacidad de la Uni\u00f3n para financiar de forma sostenible su modelo social.<\/p>\n\n\n\n El segundo problema es a\u00fan m\u00e1s profundo: afecta a la capacidad de organizar el poder material. A falta de una relaci\u00f3n p\u00fablico-privada expl\u00edcitamente politizada y contractualizada, los Estados tienen dificultades para orientar las decisiones productivas, coordinar las inversiones y acelerar las transiciones necesarias.<\/p>\n\n\n\n Los retrasos acumulados en la transici\u00f3n ecol\u00f3gica son un ejemplo llamativo de ello: incapacidad para planificar las capacidades industriales necesarias, dependencia persistente de cadenas de valor extraeuropeas para las tecnolog\u00edas clave, lentitud en el despliegue de las infraestructuras energ\u00e9ticas. La misma l\u00f3gica prevalece en el \u00e1mbito de la inteligencia artificial, donde Europa regula abundantemente, pero sigue dependiendo en gran medida de actores extraeuropeos para el c\u00e1lculo, los modelos fundamentales, las plataformas y los datos, al no haber sabido organizar un auge industrial y tecnol\u00f3gico coordinado.<\/p>\n\n\n\n Por \u00faltimo, la guerra en Ucrania ha puesto brutalmente de manifiesto los l\u00edmites de esta despolitizaci\u00f3n en el \u00e1mbito de la defensa: como ha demostrado Olivier Schmitt, la credibilidad estrat\u00e9gica no se basa en la existencia formal de capacidades industriales, sino en la capacidad pol\u00edtica para activarlas, coordinarlas y mantenerlas a lo largo del tiempo. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n En ausencia de una relaci\u00f3n p\u00fablico-privada expl\u00edcitamente politizada y contractualizada, los Estados tienen dificultades para orientar las decisiones productivas. <\/p>Alexandre Pointier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Durante mucho tiempo, el capitalismo estadounidense \u2014y m\u00e1s a\u00fan el de Silicon Valley\u2014 se construy\u00f3 en contra del Estado, o m\u00e1s bien al margen de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n Las grandes empresas tecnol\u00f3gicas prosperaron aprovechando los puntos ciegos de la regulaci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n institucional, la lentitud democr\u00e1tica y la ideolog\u00eda libertaria de un Estado m\u00ednimo.<\/p>\n\n\n\n Esta estrategia de evasi\u00f3n ha producido una concentraci\u00f3n econ\u00f3mica sin precedentes. Los gigantes tecnol\u00f3gicos no solo se han vuelto dominantes en sus mercados, sino tambi\u00e9n en t\u00e9rminos de infraestructura: ahora organizan el acceso a la informaci\u00f3n, la comunicaci\u00f3n, los pagos, la log\u00edstica, la nube y la inteligencia artificial.<\/p>\n\n\n\n Este giro, analizado en particular por Henry Farrell y Abraham Newman, es decisivo. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> Estados Unidos no planific\u00f3 conscientemente un imperio econ\u00f3mico: descubri\u00f3, a menudo a posteriori, que ocupaba posiciones centrales en las redes mundiales, tanto financieras como digitales y tecnol\u00f3gicas. Esta centralidad es el producto de un proceso estoc\u00e1stico<\/a>: las decisiones privadas, tomadas para maximizar los beneficios, han dado lugar a una arquitectura de dependencias explotables por el Estado.<\/p>\n\n\n\n A partir del 11 de septiembre de 2001, y luego con el aumento de las rivalidades entre China y Estados Unidos, el Estado federal comprendi\u00f3 poco a poco que estas dependencias pod\u00edan ser utilizadas como armas. El d\u00f3lar, los sistemas de pago, las plataformas digitales y los est\u00e1ndares tecnol\u00f3gicos se convirtieron en instrumentos del poder estadounidense.<\/p>\n\n\n\n Este momento marca una ruptura: el Estado federal deja de considerarse un simple regulador del mercado y se convierte en operador de redes, utilizando las empresas privadas como palancas geopol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n El verdadero cambio de r\u00e9gimen al que asistimos hoy en d\u00eda es, en cierto modo, el resultado de este proceso: las grandes empresas tecnol\u00f3gicas ya no solo buscan eludir al Estado, sino que invierten en el coraz\u00f3n del aparato estatal.<\/p>\n\n\n\n Proporcionan infraestructuras digitales, capacidades de vigilancia, inteligencia y, en ocasiones, incluso funciones cuasi militares.<\/p>\n\n\n\n Por su parte, el Estado acepta situaciones de monopolio, una opacidad creciente y un debilitamiento de los contrapoderes democr\u00e1ticos, en nombre de la eficacia estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n Si el Estado federal parece hoy de nuevo capaz de actuar, no es porque haya resuelto la crisis democr\u00e1tica o social. Es porque ha dado un giro tecno-cesarista<\/a> caracterizado por la concentraci\u00f3n del poder, la delegaci\u00f3n de la soberan\u00eda en actores privados dominantes y la primac\u00eda de la decisi\u00f3n sobre la deliberaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Este giro no es el resultado de una simple captura de la administraci\u00f3n y del poder soberano por parte de las grandes empresas tecnol\u00f3gicas, sino de un movimiento bidireccional de fusi\u00f3n funcional entre el poder p\u00fablico y las infraestructuras privadas. Los actores tecnol\u00f3gicos contribuyen poderosamente a definir la agenda estrat\u00e9gica, pol\u00edtica e industrial, y a ponerla en pr\u00e1ctica. Se sobreponen a la pol\u00edtica, que se ha vuelto impotente. A cambio, estos actores aceptan, sin resistencia visible, una recuperaci\u00f3n del control estatal que redefine los propios t\u00e9rminos de su autonom\u00eda \u2014incluida su exposici\u00f3n p\u00fablica al poder ejecutivo\u2014 siempre que consolide sus posiciones sist\u00e9micas.<\/p>\n\n\n\n Este modelo se basa en una profunda tensi\u00f3n con la democracia liberal, no porque el Estado haya desaparecido, sino porque se est\u00e1 reestructurando en torno a un n\u00facleo decisorio reducido, respaldado por infraestructuras privadas que se han vuelto indisociables del ejercicio de la soberan\u00eda. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> En el caso de Trump, estas infraestructuras adquieren una dimensi\u00f3n casi cl\u00e1nica. Los pensadores, inversionistas y empresarios de Silicon Valley ya no se contentan con influir en la decisi\u00f3n p\u00fablica: ahora contribuyen a configurar las categor\u00edas, las temporalidades y las modalidades de acci\u00f3n<\/a>, proporcionando hoy en d\u00eda una parte esencial de la gram\u00e1tica estrat\u00e9gica del trumpismo, ya sea en la cr\u00edtica de los contrapoderes, la valorizaci\u00f3n de la decisi\u00f3n r\u00e1pida o la subordinaci\u00f3n del derecho a los imperativos del poder.<\/p>\n\n\n\n Esta recomposici\u00f3n ideol\u00f3gica acompa\u00f1a a un movimiento m\u00e1s amplio, en el que el control de las infraestructuras digitales y las dependencias econ\u00f3micas se acompa\u00f1a de un retorno asumido del imaginario imperial, incluida su dimensi\u00f3n territorial. Los recientes discursos sobre espacios estrat\u00e9gicos, recursos naturales o zonas consideradas incapaces de gobernarse a s\u00ed mismas reflejan una continuidad: el imperio ya no pasa solo por las redes y las normas, sino que recupera tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n espacial y, por tanto, extractiva, al servicio de la seguridad de los recursos cr\u00edticos y la proyecci\u00f3n del poder.<\/p>\n\n\n\n En otras palabras, la captura tecno-cesarista del Estado no se limita a una transformaci\u00f3n interna de la gobernanza estadounidense, sino que forma parte de una recomposici\u00f3n m\u00e1s amplia del poder, en la que la alianza entre el Estado y las grandes empresas tecnol\u00f3gicas sustenta una renovada ambici\u00f3n imperial, tanto funcional como territorial.<\/p>\n\n\n\n Parte de las dificultades europeas se deben en parte a este cambio. Regular la \u00abtecnolog\u00eda\u00bb estadounidense ya no consiste solo en apuntar a los actores privados, sino que ahora afecta a funciones directamente integradas en el poder estatal de Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n\n China es la otra potencia que ha demostrado su capacidad de actuar. A menudo descrito como el exacto opuesto del modelo estadounidense, el modelo chino es en realidad su reflejo invertido. En la Rep\u00fablica Popular, el Estado nunca ha pretendido estar al margen del mercado. El Partido Comunista asume expl\u00edcitamente que el capital es un instrumento al servicio de un proyecto pol\u00edtico. Las grandes empresas, incluidas las privadas, est\u00e1n integradas en una arquitectura de poder en la que las orientaciones estrat\u00e9gicas se definen pol\u00edticamente, el acceso al capital est\u00e1 condicionado y la disciplina pol\u00edtica prima sobre la autonom\u00eda econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n Este modelo coincide con la intuici\u00f3n de Polanyi: el mercado est\u00e1 subordinado a objetivos sociales, nacionales y geopol\u00edticos. Pero se diferencia radicalmente de \u00e9l por la ausencia de pluralismo y de contrapoderes.<\/p>\n\n\n\n Pek\u00edn se ha tomado en serio la gobernanza del poder material. China controla las cadenas de valor mediante una pol\u00edtica de planificaci\u00f3n, asegura el abastecimiento e invierte masivamente en energ\u00eda, metales cr\u00edticos, infraestructuras y tecnolog\u00edas estrat\u00e9gicas.<\/p>\n\n\n\n A diferencia de las democracias europeas, nunca ha separado la pol\u00edtica industrial, la pol\u00edtica social y la geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n Esta integraci\u00f3n le confiere una formidable capacidad de acci\u00f3n, pero a costa de un control social y pol\u00edtico incompatible con las ambiciones democr\u00e1ticas europeas.<\/p>\n\n\n\n Esta arquitectura produce un efecto que no se puede subestimar: una capacidad industrial de una magnitud sin precedentes, resultado de la combinaci\u00f3n de la planificaci\u00f3n estrat\u00e9gica y la competencia entre actores respaldados por el Estado. Al orientar masivamente el cr\u00e9dito, la inversi\u00f3n y la demanda p\u00fablica hacia sectores considerados prioritarios \u2014bater\u00edas, veh\u00edculos el\u00e9ctricos, energ\u00eda fotovoltaica, acero, qu\u00edmica, equipos digitales\u2014, al tiempo que permite a las empresas competir intensamente en materia de costos y vol\u00famenes, China ha creado un exceso de capacidad estructural capaz de inundar los mercados mundiales.<\/p>\n\n\n\n Esta potencia productiva no es una disfunci\u00f3n transitoria, sino un instrumento estrat\u00e9gico: permite a China imponer sus normas, comprimir los m\u00e1rgenes de sus competidores y debilitar de forma duradera las bases industriales europeas, a menudo incapaces de absorber un choque de volumen y precios de tal magnitud. Esta amenaza no solo pesa sobre la competitividad de algunos sectores estrat\u00e9gicos en Europa, sino sobre la propia viabilidad de todo el modelo productivo europeo.<\/p>\n\n\n\n Europa ha identificado claramente algunos sectores sensibles y ha multiplicado los instrumentos correctivos, pero a\u00fan no ha asumido lo que la situaci\u00f3n exige: una estrategia industrial global a la altura del poder\u00edo chino. M\u00e1s profundamente, la propia idea de pol\u00edtica industrial sigue siendo muy controvertida, incluso hoy en d\u00eda, en muchas direcciones generales de la Comisi\u00f3n Europea.<\/p>\n\n\n\n A diferencia de las democracias europeas, China nunca ha separado la pol\u00edtica industrial, la pol\u00edtica social y la geopol\u00edtica. <\/p>Alexandre Pointier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Ante estos modelos basados en la aceleraci\u00f3n y la producci\u00f3n sin tener en cuenta a la poblaci\u00f3n, Europa no puede persistir en una neutralidad competitiva que se ha vuelto poco realista, <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> ni importar un modelo de poder que sacrifique la democracia en aras de la eficiencia.<\/p>\n\n\n\n Hoy en d\u00eda se encuentra atrapada en una triple trampa:<\/p>\n\n\n\n El resultado ya es visible: dependencia energ\u00e9tica, dependencia tecnol\u00f3gica, desindustrializaci\u00f3n relativa, fragilizaci\u00f3n del consenso social.<\/p>\n\n\n\n Para superar este bloqueo, nosotros tambi\u00e9n debemos cambiar de r\u00e9gimen. No para copiar a Estados Unidos o China, sino para inventar nuestro propio camino.<\/p>\n\n\n\n Europa debe dotarse de una capacidad de acci\u00f3n efectiva, compatible con sus principios democr\u00e1ticos y su modelo social.<\/p>\n\n\n\n El camino para lograrlo sigue siendo relativamente impensable.<\/p>\n\n\n\n Pasa por la repolitizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre el Estado y las grandes empresas privadas, multinacionales y estrat\u00e9gicas, sin ingenuidad alguna en cuanto a los riesgos de captura, capitalismo de connivencia, dirigismo autoritario o derivas imperialistas.<\/p>\n\n\n\n Todos los intentos recientes de aplicar una forma de pol\u00edtica industrial europea \u2014entre ellos las recientes propuestas del informe Draghi\u2014 <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> han tropezado con este punto cr\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n Repolitizar la relaci\u00f3n entre el sector p\u00fablico y el privado no significa oponer al Estado y a la empresa. Significa reconocer que la democracia no es solo un r\u00e9gimen de normas, sino una organizaci\u00f3n consciente del poder colectivo, y que ese poder se construye mediante la cooperaci\u00f3n gobernada, no mediante la despolitizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Una pol\u00edtica industrial repolitizada deber\u00eda basarse en seis principios.<\/p>\n\n\n\n En primer lugar, dicha pol\u00edtica industrial debe ser radicalmente diferenciada. Asume que existen sectores estrat\u00e9gicos \u2014energ\u00eda, semiconductores, nube, defensa, infraestructuras cr\u00edticas, finanzas de pago\u2014 y otros que no lo son. Asume que algunas empresas juegan el juego de la soberan\u00eda europea y que otras solo ven en la Uni\u00f3n un mercado que explotar. Renuncia al fetichismo de la neutralidad competitiva para jerarquizar expl\u00edcitamente las prioridades y los actores, concentrar los medios, aceptar la selecci\u00f3n y, por tanto, el conflicto. A falta de esta jerarquizaci\u00f3n asumida, la acci\u00f3n p\u00fablica se dispersa, y la dispersi\u00f3n de los instrumentos es enemiga de la soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n En segundo lugar, esta pol\u00edtica ser\u00eda expl\u00edcitamente condicional. El apoyo p\u00fablico nunca es un derecho, sino un contrato asim\u00e9trico. Las subvenciones, las garant\u00edas, los contratos p\u00fablicos, los cr\u00e9ditos bonificados y los mecanismos de apoyo en caso de choques ex\u00f3genos deben ir acompa\u00f1ados de contrapartidas verificables: contribuci\u00f3n fiscal m\u00ednima sobre los ingresos globales, compromisos ecol\u00f3gicos, participaci\u00f3n en la solidez colectiva, papel activo en los territorios fr\u00e1giles, responsabilidad en la calidad del debate p\u00fablico. Estas condiciones deben ser sancionables. Sin un mecanismo cre\u00edble de retirada, reembolso o exclusi\u00f3n, cualquier pol\u00edtica industrial se convierte autom\u00e1ticamente en una pol\u00edtica de rentas.<\/p>\n\n\n\n En tercer lugar, esta pol\u00edtica industrial deber\u00eda coordinarse activamente.<\/p>\n\n\n\n Con objetivos claramente definidos, los poderes p\u00fablicos pueden por fin armonizar todas sus pol\u00edticas, incluidas la pol\u00edtica comercial, la pol\u00edtica de competencia, la pol\u00edtica presupuestaria y la pol\u00edtica exterior. Pueden recuperar su capacidad de acci\u00f3n organizando el uso combinado de todas sus herramientas ofensivas y defensivas: contratos p\u00fablicos, coinversiones, instrumentos de defensa comercial, control aduanero, etc.<\/p>\n\n\n\n\n\n En cuarto lugar, esta pol\u00edtica industrial debe ser \u00abanticaptura\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Parte del principio de que la proximidad entre el Estado y las grandes empresas es a la vez necesaria y peligrosa. Necesaria para comprender las limitaciones industriales reales; peligrosa si se desarrolla en la opacidad. De ah\u00ed la necesidad de dispositivos ex ante<\/em>: trazabilidad de las decisiones, transparencia de las interacciones, evaluaci\u00f3n p\u00fablica de las opciones estrat\u00e9gicas. La captura no es una patolog\u00eda moral: es un riesgo organizativo que debe tratarse como tal.<\/p>\n\n\n\n En quinto lugar, y este es un punto decisivo, esta pol\u00edtica industrial no puede ser ni autocentrada ni imperial.<\/p>\n\n\n\n Debe basarse en la construcci\u00f3n de alianzas estrat\u00e9gicas entre iguales con nuestros vecinos y aliados, en particular en la vecindad europea, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina. El poder europeo no se consolidar\u00e1 mediante la extracci\u00f3n o la dependencia, sino mediante el codesarrollo productivo, el reparto de valor y la seguridad conjunta de las trayectorias de crecimiento. Por lo tanto, una pol\u00edtica industrial europea coherente debe ir acompa\u00f1ada de una geopol\u00edtica de nuestras alianzas internacionales. A la extracci\u00f3n depredadora del petr\u00f3leo venezolano, se preferir\u00e1 una comunidad mediterr\u00e1nea-europea de energ\u00edas renovables<\/a>, que permita reforzar la estabilidad econ\u00f3mica y energ\u00e9tica de los pa\u00edses del Magreb y diversificar las fuentes de abastecimiento europeas. A la \u00abrecolonizaci\u00f3n\u00bb de territorios ricos en minerales cr\u00edticos<\/a>, como Groenlandia, se preferir\u00e1 la seguridad de los insumos mediante asociaciones industriales basadas en el reparto del valor y acuerdos a largo plazo.<\/p>\n\n\n\n Por \u00faltimo, esta pol\u00edtica industrial debe asumirse a nivel macroecon\u00f3mico y financiero.<\/p>\n\n\n\n Reconoce que la deuda, la creaci\u00f3n monetaria y la coordinaci\u00f3n entre las pol\u00edticas presupuestarias y monetarias no son anomal\u00edas, sino instrumentos de estabilizaci\u00f3n en un mundo de crisis sist\u00e9micas. El verdadero peligro no es la intervenci\u00f3n, sino la intervenci\u00f3n sin gobernanza, sin objetivos claros y sin control democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n La captura no es una patolog\u00eda moral: es un riesgo organizativo que debe tratarse como tal. <\/p>Alexandre Pointier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Entendida as\u00ed, la pol\u00edtica industrial no es ni un retorno del Estado productor ni una imitaci\u00f3n de la estrategia estadounidense. Es una pol\u00edtica de poder bajo restricciones, que acepta la conflictividad econ\u00f3mica al tiempo que se dota de salvaguardias institucionales para garantizar su car\u00e1cter democr\u00e1tico y evitar que la soberan\u00eda se convierta en imperialismo.<\/p>\n\n\n\nEstados y empresas: el c\u00edrculo vicioso de la despolitizaci\u00f3n y la impotencia<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n En Estados Unidos: la brutalidad del giro tecno-cesarista<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n C\u00f3mo China ha integrado org\u00e1nicamente el capital en el proyecto pol\u00edtico del Partido<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
Move fast and build things<\/em><\/strong>: seis principios para desbloquear una democracia bajo restricciones<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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Una diferenciaci\u00f3n radical<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Una pol\u00edtica industrial con condiciones<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Reaprender la coordinaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Responder al riesgo de captura<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Alianzas estrat\u00e9gicas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Los medios de una pol\u00edtica<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00abEs necesario un cambio radical\u00bb<\/strong><\/h2>\n\n\n\n