{"id":88941,"date":"2026-01-24T12:09:26","date_gmt":"2026-01-24T11:09:26","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=88941"},"modified":"2026-01-24T12:09:29","modified_gmt":"2026-01-24T11:09:29","slug":"el-advenimiento-de-la-tecnocracia-imperial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/01\/24\/el-advenimiento-de-la-tecnocracia-imperial\/","title":{"rendered":"El advenimiento de la tecnocracia imperial"},"content":{"rendered":"\n
Para ofrecer cada d\u00eda art\u00edculos originales, exigentes y que intentan producir an\u00e1lisis de referencia sobre la vertiginosa actualidad, el Grand Continent cuenta con un equipo editorial comprometido e independiente. Si nos lee y desea que sigamos creciendo,<\/em> descubra todas nuestras ofertas para suscribirse al Grand Continent<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n Muchos encontraron su discurso aburrido, largo, particularmente confuso e inquietante, lo que reaviv\u00f3 incluso las dudas sobre su estabilidad mental<\/a>.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, la escena que protagoniz\u00f3 Donald Trump desde la tribuna del Foro Econ\u00f3mico Mundial esta semana ten\u00eda una funci\u00f3n muy precisa.<\/p>\n\n\n\n A Davos acudieron numerosos representantes de Estados Unidos. Incluso Elon Musk estuvo ah\u00ed. Entre la iglesia desacralizada cubierta de carteles con \u00e1guilas de cuatro metros de altura y la firma de la Carta del Consejo para la Paz \u2014una nueva herramienta de depredaci\u00f3n presentada como alternativa a la ONU\u2014, el objetivo no era hacer acto de presencia o marcar la pauta.<\/p>\n\n\n\n En Suiza, Trump y su clan escenificaron la ruptura definitiva entre un cierto orden internacional y la pr\u00e1ctica brutal del nuevo imperialismo estadounidense; entre la b\u00fasqueda de soluciones diplom\u00e1ticas y la imposici\u00f3n de la voluntad nacional; entre la tecnocracia mundial en su manifestaci\u00f3n m\u00e1s pura y un nuevo orden basado en el principio de la fuerza. En un foro creado para celebrar la integraci\u00f3n de los mercados, el multilateralismo regulado y la confianza en los expertos, Trump reivindic\u00f3 el papel de los aranceles como arma de presi\u00f3n pol\u00edtica; describi\u00f3 a los aliados europeos como \u00abdebilitados\u00bb e \u00abirreconocibles\u00bb; al reiterar su petici\u00f3n de \u00abadquirir\u00bb Groenlandia, plante\u00f3 la posibilidad concreta de redise\u00f1ar las fronteras no mediante negociaciones diplom\u00e1ticas y progresivas, sino mediante la amenaza del uso de la coacci\u00f3n econ\u00f3mica y militar.<\/p>\n\n\n\n En un discurso de una hora ante una \u00e9lite que hab\u00eda teorizado durante 30 a\u00f1os sobre la pacificaci\u00f3n tecnocr\u00e1tica del mundo, Trump demostr\u00f3 que el lenguaje de la t\u00e9cnica ya no pod\u00eda pretender ser neutral y estar destinado, por defecto, a una mejor coordinaci\u00f3n mundial.<\/p>\n\n\n\n Al contrario: con \u00e9l, la tecnocracia se convierte en una gram\u00e1tica de conflicto jer\u00e1rquico entre imperios, en la que incluso la energ\u00eda necesaria para alimentar la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales y los nuevos sectores estrat\u00e9gicos se presenta como un indicio de superioridad nacional.<\/p>\n\n\n\n Davos, lugar emblem\u00e1tico de la tecnocracia globalizada, era el escenario ideal para llevar a cabo esta mutaci\u00f3n gen\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n El dispositivo que hab\u00eda sostenido el orden de la posguerra fr\u00eda \u2014bancos centrales independientes, tribunales supranacionales, reguladores, instituciones cient\u00edficas mundiales\u2014 se hab\u00eda legitimado prometiendo estabilidad, crecimiento y la despolitizaci\u00f3n de los conflictos: un mundo en el que las desigualdades se borraban, absorbidas por algoritmos, procedimientos, par\u00e1metros econ\u00f3micos, estad\u00edsticos y jur\u00eddicos.<\/p>\n\n\n\n Hoy en d\u00eda, esta arquitectura parece un vestigio de una \u00e9poca pasada: los mismos instrumentos se reinvierten con toda su potencia, no para neutralizar la pol\u00edtica, sino, por el contrario, para armarla y hacerla a\u00fan m\u00e1s brutal.<\/p>\n\n\n\n La t\u00e9cnica ya no sirve para atenuar el conflicto, sino que se pone a su servicio para hacerlo m\u00e1s brutal, para asestar golpes m\u00e1s eficaces.<\/p>\n\n\n\n La administraci\u00f3n estadounidense asume el retorno de la guerra como medio para extender el dominio de un solo pa\u00eds, al frente del cual se encuentra un \u00abmonarca republicano\u00bb. Y este pide a sus aliados hist\u00f3ricos que acepten tal ox\u00edmoron.<\/p>\n\n\n\n Siguiendo esta l\u00f3gica tan poderosa, la pol\u00edtica monetaria se convierte en una prolongaci\u00f3n de las sanciones, las normas comerciales se desv\u00edan en beneficio de una guerra arancelaria, las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n y la energ\u00eda se transforman en palancas de chantaje y vigilancia, y las infraestructuras cr\u00edticas \u2014puertos, cables, redes, suministros y glaciares\u2014 se tratan como territorios que conquistar.<\/p>\n\n\n\n Nuestra \u00e9poca no marca el \u00abfin\u00bb de la tecnocracia, sino el fin de una variante particular de la tecnocracia: global, jur\u00eddica, confiada en su capacidad para sustituir el conflicto pol\u00edtico por una administraci\u00f3n competente.<\/p>\n\n\n\n Este ciclo, que se desarroll\u00f3 con cierta estabilidad desde finales de la d\u00e9cada de 1970 hasta mediados de la d\u00e9cada de 2010, se basaba en la fe en la \u00ab\u00fanica v\u00eda racional\u00bb de la pol\u00edtica econ\u00f3mica, en la primac\u00eda de los tratados y en la \u00abgobernanza sin pueblo\u00bb. Se ha desmoronado bajo el peso de las crisis: choques financieros, estancamiento de las clases medias, percepci\u00f3n de una integraci\u00f3n comercial asim\u00e9trica, oleadas migratorias y guerras interminables en la periferia del sistema.<\/p>\n\n\n\n La contrarrevoluci\u00f3n trumpista no pretende destruir la tecnocracia, sino obligarla a aceptar un nuevo amo, lo que consigue en parte. De este modo, obliga a la tecnocracia a entrar en el yugo de una nueva l\u00f3gica de legitimaci\u00f3n: un nuevo lenguaje y una nueva funci\u00f3n. De instrumento de pacificaci\u00f3n, debe convertirse en un instrumento de poder al servicio de los nuevos amos del poder pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n Davos era el marco ideal para llevar a cabo la mutaci\u00f3n gen\u00e9tica de la tecnocracia.<\/p> Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n En Davos, Trump encarn\u00f3 precisamente esta reconversi\u00f3n. El presidente se dirige a un p\u00fablico acostumbrado a los llamados a una cooperaci\u00f3n ordenada, a compromisos regulados, a riesgos sist\u00e9micos compartidos; el presidente de Estados Unidos, por el contrario, elabora una lista de reivindicaciones nacionales y venganzas pol\u00edticas: aranceles selectivos contra los aliados que no aumentan su gasto militar, una palanca comercial para doblegar a los gobiernos recalcitrantes, amenazas de reorganizar las cadenas de valor con una perspectiva abiertamente criptomercantilista<\/a> y una conquista material de nuevos territorios bajo el paradigma de la seguridad nacional.<\/p>\n\n\n\n Su ret\u00f3rica muy vanciana<\/a> contra una Europa \u00abirreconocible\u00bb y que \u00abno va por buen camino\u00bb no debe interpretarse como una en\u00e9sima variaci\u00f3n sobre el tema del populismo antiestablishment<\/em>: al interferir en la pol\u00edtica europea, Washington pide a los aparatos de cada pa\u00eds que tomen posici\u00f3n, que elijan un bando, que abandonen la pretensi\u00f3n de representar y servir al mayor n\u00famero posible de personas para convertirse en provincias de un imperio que reivindica su car\u00e1cter excepcional.<\/p>\n\n\n\n A menudo se critica a la tecnocracia por haber sustituido la pol\u00edtica por su propia ideolog\u00eda, por haberse encerrado en c\u00edrculos autorreferenciales, por haber transformado las instituciones \u00abindependientes\u00bb en bastiones de una nueva clase olig\u00e1rquica.<\/p>\n\n\n\n En el lenguaje de Trump, esta hostilidad se traduce en un ataque sistem\u00e1tico contra las \u00ab\u00e9lites globalistas\u00bb y sus lugares simb\u00f3licos \u2014Davos en primer lugar\u2014 en los que, sin embargo, el presidente ha decidido participar en lugar de deslegitimar el foro abandon\u00e1ndolo.<\/p>\n\n\n\n Porque, en la mente de la nueva \u00e9lite pol\u00edtica, el resultado de este proceso no es la anulaci\u00f3n del poder tecnocr\u00e1tico, sino su reasignaci\u00f3n a otro proyecto.<\/p>\n\n\n\n En otras palabras: Trump no gobierna solo. La novedad de esta fase reside precisamente en la fusi\u00f3n entre el culto al l\u00edder y la tecnocracia militante.<\/p>\n\n\n\n El trumpismo, en este sentido, no es una forma de liderazgo puramente plebiscitario, en el que un C\u00e9sar gobernar\u00eda \u00fanicamente a trav\u00e9s de una relaci\u00f3n directa con el \u00abpueblo\u00bb emocional y digital. Tampoco es una restauraci\u00f3n de la \u00abantigua\u00bb tecnocracia que habla el lenguaje neutro de las reglas.<\/p>\n\n\n\n La configuraci\u00f3n que surge es h\u00edbrida: el nuevo l\u00edder \u2014que desprecia la liturgia del multilateralismo y la hipocres\u00eda del lenguaje cosmopolita\u2014 construye a su alrededor un \u00abcerebro t\u00e9cnico\u00bb restringido, seleccionado por su lealtad y agresividad, capaz de traducir impulsos intuitivos en dispositivos jur\u00eddicos, financieros, administrativos y militares. Paralelamente a esta nueva tecnocracia trumpiana, en otros laboratorios pol\u00edticos nacionalistas, economistas, estrategas de datos, juristas especializados en seguridad e ingenieros de infraestructuras se convierten en la vanguardia operativa de una reconfiguraci\u00f3n imperial.<\/p>\n\n\n\n En este contexto, la tecnocracia deja de ser un c\u00f3digo universal de cooperaci\u00f3n y se reposiciona como una infraestructura de conflicto: el uso de algoritmos para optimizar las cadenas de valor mundiales da paso al software para la inteligencia y la guerra cibern\u00e9tica; las normas contables para armonizar los mercados dan paso a par\u00e1metros de exclusi\u00f3n, sanciones y embargos; las redes digitales como plataformas de conexi\u00f3n dan paso a dispositivos de vigilancia, manipulaci\u00f3n y construcci\u00f3n de enemigos.<\/p>\n\n\n\n Silicon Valley \u2014al menos una cierta Silicon Valley\u2014 pasa de ser un laboratorio entusiasta del globalismo progresista a convertirse en el brazo armado de una modernizaci\u00f3n reaccionaria: los empresarios e innovadores ya no solo reivindican el m\u00e9rito y la disrupci\u00f3n, sino que se presentan como la aristocracia t\u00e9cnica de un nuevo ciclo imperial, comprometida en la guerra por los datos, por la inteligencia artificial y por el control total de la \u00f3rbita terrestre baja.<\/p>\n\n\n\n Sin duda, lo m\u00e1s interesante de este fen\u00f3meno es que esta metamorfosis no solo afecta a Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n China y su paradigma del \u00abEstado ingeniero<\/a>\u00bb ofrecen otra variante de tecnocracia reconfigurada: una burocracia de ingenieros, planificadores y cient\u00edficos de datos integrada org\u00e1nicamente en el partido y en el Estado, que mide el \u00e9xito no en t\u00e9rminos de bienestar individual, sino en t\u00e9rminos de acumulaci\u00f3n de capacidades industriales, dominio de sectores estrat\u00e9gicos, control de infraestructuras materiales y digitales y penetraci\u00f3n progresiva y silenciosa en las palancas del poder de otros pa\u00edses. En Pek\u00edn, la competencia t\u00e9cnica est\u00e1 certificada por las instancias superiores, la lealtad pol\u00edtica es una condici\u00f3n para acceder al poder: la tecnocracia no es un filtro aut\u00f3nomo con respecto a la pol\u00edtica, sino el brazo especializado de una voluntad de poder colectivo que no finge neutralidad.<\/p>\n\n\n\n Mientras que la tecnocracia de ayer intentaba despolitizar la t\u00e9cnica, la nueva tecnocracia la repolitiza con instrumentos nuevos e inquietantes. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El resultado es un duelo entre dos tecnocracias imperiales \u2014la de Estados Unidos, reorganizada en torno al nacionalismo trumpista, y la de China, basada en el dirigismo t\u00e9cnico del partido\u2014 que redibuja la geograf\u00eda del poder mundial.<\/p>\n\n\n\n Entre estos dos polos, Europa aparece como el gran vestigio del ciclo tecnocr\u00e1tico anterior: un continente que ha interiorizado profundamente la idea de que los tribunales, los bancos centrales independientes, las autoridades reguladoras y los tratados pueden compensar la falta de poder y de decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Mientras Trump exhibe y reivindica sin ning\u00fan pudor la nueva l\u00f3gica del imperio, muchos dirigentes europeos siguen hablando el lenguaje de la gobernanza, el derecho, el desarrollo sostenible y la diplomacia, como si el mundo no hubiera entrado ya en una fase de intensa militarizaci\u00f3n de las interdependencias, incluso entre aliados.<\/p>\n\n\n\n En este momento, estos dos mundos pol\u00edticos parecen incapaces de comunicarse para renegociar los t\u00e9rminos de una alianza.<\/p>\n\n\n\n El siguiente texto propone una lectura realista del \u00abfin\u00bb de cierta tecnocracia y del auge de la nueva alianza entre los l\u00edderes y la tecnocracia militante.<\/p>\n\n\n\n No se trata de lamentar el \u00abpiloto autom\u00e1tico\u00bb de la globalizaci\u00f3n, ni de exaltar ingenuamente el retorno de la pol\u00edtica como si fuera sin\u00f3nimo de m\u00e1s democracia.<\/p>\n\n\n\n El quid de la cuesti\u00f3n est\u00e1 en otra parte.<\/p>\n\n\n\n Lo que nos corresponde intentar comprender es c\u00f3mo la competencia, liberada de la ret\u00f3rica de la neutralidad, ha sido reabsorbida en proyectos abiertamente imperiales, nacionales y conflictivos; y c\u00f3mo, en la gran circulaci\u00f3n de \u00e9lites que se est\u00e1 produciendo, la sustituci\u00f3n de la antigua tecnocracia mundial por la nueva tecnocracia nacionalista est\u00e1 redise\u00f1ando las fronteras entre la fuerza y el derecho, entre la excepci\u00f3n y la norma, entre el Estado y el mercado.<\/p>\n\n\n\n Es en este espacio abierto entre Davos y Washington, entre Pek\u00edn y Bruselas, donde se est\u00e1 librando una guerra de tecnocracias.<\/p>\n\n\n\n\n El orden tecnocr\u00e1tico de la globalizaci\u00f3n se basaba en un principio sencillo: el conflicto pol\u00edtico-social es potencialmente destructivo.<\/p>\n\n\n\n Para salvarse y garantizar la paz social, era necesario neutralizarlo transfiriendo las decisiones m\u00e1s importantes a instancias protegidas, t\u00e9cnicas y profesionalizadas. La constituci\u00f3n material de Occidente tras la Guerra Fr\u00eda pas\u00f3 por la expansi\u00f3n de instituciones que obten\u00edan su legitimidad no del consentimiento popular directo, sino de su competencia: bancos centrales independientes, autoridades administrativas, tribunales constitucionales y supranacionales, organizaciones internacionales y reg\u00edmenes de tratados.<\/p>\n\n\n\n Las democracias liberales delegaron en la ciencia econ\u00f3mica, el derecho y las estad\u00edsticas la gesti\u00f3n de los grandes asuntos: inflaci\u00f3n, d\u00e9ficit, comercio, pol\u00edticas industriales, incluso los derechos fundamentales, en nombre de una racionalidad superior.<\/p>\n\n\n\n A cambio, los tecn\u00f3cratas promet\u00edan un crecimiento estable, una integraci\u00f3n pac\u00edfica de los mercados y la protecci\u00f3n de los derechos individuales: en definitiva, un mundo con pocos conflictos, en el que la pol\u00edtica quedaba encapsulada en las restricciones jur\u00eddicas y econ\u00f3micas definidas por una nueva aristocracia de la competencia.<\/p>\n\n\n\n Este sistema funcion\u00f3, al menos durante un tiempo.<\/p>\n\n\n\n Mientras la econom\u00eda mundial garantizara m\u00e1rgenes de redistribuci\u00f3n y una movilidad social suficientes para legitimar el \u00abpilotaje autom\u00e1tico\u00bb y mientras se mantuviera la confianza en una cultura liberal y optimista en torno a la globalizaci\u00f3n, pocas presiones externas pod\u00edan poner en tela de juicio este modelo. Esta cultura, que respaldaba la legitimaci\u00f3n pol\u00edtica de las \u00abinstituciones de competencia\u00bb, tambi\u00e9n hac\u00eda posible la interacci\u00f3n entre los sistemas pol\u00edticos a varios niveles en torno a nodos tecnocr\u00e1ticos supranacionales e internacionales.<\/p>\n\n\n\n Pero algo se rompi\u00f3. La gran crisis financiera, el estancamiento de las clases medias, la percepci\u00f3n de una integraci\u00f3n comercial asim\u00e9trica, las oleadas migratorias y las interminables guerras en Medio Oriente acabaron por erosionar la confianza en el gobierno de los competentes. La propia idea de que exist\u00eda una \u00fanica v\u00eda racional en materia de pol\u00edtica econ\u00f3mica e internacional comenz\u00f3 a tambalearse, abriendo el camino a los emprendedores pol\u00edticos de la revuelta.<\/p>\n\n\n\n Una vez rota esta promesa de orden y bienestar, el resentimiento se concentr\u00f3 no tanto contra la democracia como contra quienes la administraban en nombre de la competencia.<\/p>\n\n\n\n Se acus\u00f3 a la tecnocracia de haberse convertido en una \u00abcasta\u00bb: autorreferencial, ideologizada, impermeable al voto, incapaz de asumir la responsabilidad pol\u00edtica de sus fracasos.<\/p>\n\n\n\n Durante la \u00faltima d\u00e9cada, una parte del mundo intelectual intent\u00f3 defender a esta \u00e9lite reivindicando su papel racionalizador frente a las derivas populistas. Tom Nichols denunci\u00f3 la \u00abmuerte de la competencia\u00bb, Adrian Wooldridge ha teorizado sobre una nueva aristocracia del talento, Jason Brennan ha llevado el razonamiento hasta imaginar sistemas en los que el sufragio universal se ver\u00eda debilitado en favor de mecanismos mixtos de tecnocracia y sorteo. Otros, como Parag Khanna, han apostado por una \u00abtecnocracia directa\u00bb, en la que la tecnolog\u00eda digital conciliar\u00eda la democracia participativa y el gobierno de los expertos. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Las criptomonedas se convierten en un arma geopol\u00edtica, la automatizaci\u00f3n en una herramienta de relocalizaci\u00f3n industrial y las plataformas digitales en sistemas de vigilancia e influencia. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Al mismo tiempo, han surgido propuestas a\u00fan m\u00e1s radicales de las profundidades de la nueva derecha: desde el \u00abgobierno propietario\u00bb de Curtis Yarvin, inspirado en el modelo de las empresas privadas, hasta el mito de la ciudad-Estado hiperrentable. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Todas estas visiones, por muy divergentes que sean, parten en realidad del mismo postulado: el papel central de la experiencia no se cuestiona, simplemente debe disociarse del antiguo compromiso liberal-progresista y vincularse a nuevas formas de legitimaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n En Estados Unidos, las teor\u00edas tecnocr\u00e1ticas de Peter Thiel y Alex Karp ampl\u00edan la comprensi\u00f3n de las nuevas formas de gobernanza elitista en la era digital, en l\u00ednea con la \u00abaceleraci\u00f3n reaccionaria\u00bb que describimos en estas p\u00e1ginas tras la elecci\u00f3n de Trump. Peter Thiel, en Zero to One<\/em> y en otros textos, promueve as\u00ed una visi\u00f3n tecnocr\u00e1tica y olig\u00e1rquica en la que la innovaci\u00f3n radical ser\u00eda privilegio de un pu\u00f1ado de empresarios visionarios e inversionistas capaces de fundar monopolios creativos como instrumentos de progreso y supremac\u00eda geopol\u00edtica. Para Thiel, la democracia de masas ser\u00eda totalmente ineficaz para reconocer el m\u00e9rito en el desarrollo tecnol\u00f3gico. El futuro pertenecer\u00eda a quienes poseen los conocimientos t\u00e9cnicos y la propiedad intelectual, consolidando as\u00ed una nueva \u00e9lite \u00abt\u00e9cnica\u00bb capaz de redefinir las relaciones de poder econ\u00f3mico y nacional.<\/p>\n\n\n\n Alex Karp, cofundador de Palantir junto con Thiel, en diversas intervenciones y cartas a los accionistas, as\u00ed como en su \u00faltimo libro, en el que aboga por el advenimiento de una \u00abrep\u00fablica tecnol\u00f3gica\u00bb, presenta la tecnocracia como necesaria en el contexto de la seguridad nacional y la competencia entre Estados. Seg\u00fan \u00e9l, la integraci\u00f3n entre el big data, la inteligencia artificial y los aparatos burocr\u00e1ticos conducir\u00eda a un modelo en el que solo las \u00e9lites dotadas de capacidades anal\u00edticas e infraestructuras digitales podr\u00edan garantizar el orden y la previsibilidad social. Karp defiende as\u00ed abiertamente la intervenci\u00f3n de las empresas privadas como herramienta de gesti\u00f3n pura de las sociedades humanas, afirmando que la \u00ablegitimidad democr\u00e1tica\u00bb es secundaria cuando est\u00e1n en juego la seguridad y el liderazgo tecnol\u00f3gico mundial. Su propuesta de una versi\u00f3n radical de la tecnocracia gerencial refleja la l\u00f3gica de la nueva derecha estadounidense. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Es en este terreno donde se produce el cambio de fase: la t\u00e9cnica deja de presentarse como un instrumento de pacificaci\u00f3n y orden y vuelve a ser expl\u00edcitamente un instrumento de poder que se puede movilizar, incluso de forma brutal.<\/p>\n\n\n\n Mientras que la tecnocracia de ayer intentaba despolitizar la t\u00e9cnica, la nueva tecnocracia la repolitiza con instrumentos nuevos e inquietantes.<\/p>\n\n\n\n Las criptomonedas se convierten en un arma geopol\u00edtica, la automatizaci\u00f3n en una herramienta de relocalizaci\u00f3n industrial y las plataformas digitales en sistemas de vigilancia e influencia.<\/p>\n\n\n\n En esta nueva fase, la experiencia solo tiene sentido si est\u00e1 al servicio de una voluntad pol\u00edtica clara.<\/p>\n\n\n\n La cuesti\u00f3n ya no es tanto si los expertos deben gobernar, sino qu\u00e9<\/em> expertos deben tomar el poder y en beneficio de qu\u00e9 comunidades pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n La tecnocracia trumpiana no se presenta como un vac\u00edo de competencias, sino que expresa m\u00e1s bien una reorganizaci\u00f3n agresiva de estas en torno a un proyecto imperial, encarnado por un grupo relativamente restringido de personalidades que constituyen el nuevo \u00abcerebro t\u00e9cnico\u00bb del America First. Tres de ellos son emblem\u00e1ticos de esta generaci\u00f3n: Stephen Miran<\/a>, Scott Bessent y Stephen Miller<\/a>.<\/p>\n\n\n\n Ser\u00eda err\u00f3neo creer que Trump ha expulsado a los expertos de la Casa Blanca.<\/p>\n\n\n\n Lo que est\u00e1 ocurriendo en Washington es un proceso de sustituci\u00f3n de las \u00e9lites<\/a>: la nueva tecnocracia renuncia deliberadamente al velo de la neutralidad para reivindicar su car\u00e1cter parcial y comprometido.<\/p>\n\n\n\n Esta es una de las diferencias fundamentales entre el primer y el segundo mandato de Donald Trump.<\/p>\n\n\n\n Stephen Miran representa bien este cambio. Encarna el arquetipo del tecn\u00f3crata econ\u00f3mico de alto nivel: formaci\u00f3n universitaria muy t\u00e9cnica, doctorado en Harvard, experiencia en los mercados y la pol\u00edtica econ\u00f3mica, dominio del vocabulario de los bancos centrales y las instituciones financieras internacionales. Su papel dentro del bloque trumpista no es desmantelar la maquinaria t\u00e9cnico-financiera, sino reorientarla: la sofisticaci\u00f3n macroecon\u00f3mica se utiliza para transformar el Tesoro, la Reserva Federal y los instrumentos fiscales y regulatorios en palancas de un nacionalismo econ\u00f3mico asertivo, basado en las guerras comerciales, la reestructuraci\u00f3n de las cadenas de valor y el uso estrat\u00e9gico del d\u00f3lar.<\/p>\n\n\n\n Scott Bessent, por su parte, encarna el aspecto puramente financiero de esta misma metamorfosis. Procedente del mundo de los hedge funds<\/em>, con una reputaci\u00f3n forjada en su capacidad para anticipar las crisis y maniobrar capitales a escala mundial, el secretario del Tesoro no pretende legitimarse por sus cualidades de imparcialidad y ponderaci\u00f3n. Su funci\u00f3n es ser un \u00aboperador\u00bb extraordinario de los mercados. Es precisamente este capital de credibilidad, adquirido en la esfera privada, el que se le pide que transfiera a la esfera p\u00fablica: el Estado se concibe como una gran cartera que hay que reestructurar, un presupuesto imperial que hay que reequilibrar en beneficio de los intereses de los ciudadanos estadounidenses… y de la familia Trump.<\/p>\n\n\n\n\n\n La figura de Stephen Miller se despliega en un registro diferente y desempe\u00f1a otra funci\u00f3n. Encarna el rostro m\u00e1s ideol\u00f3gico de la tecnocracia trumpiana: no es economista ni financiero, sino estratega pol\u00edtico y arquitecto doctrinario, descrito como uno de los hombres m\u00e1s influyentes del clan Trump. Ha dise\u00f1ado las pol\u00edticas migratorias m\u00e1s radicales \u2014desde la prohibici\u00f3n de viajar hasta la separaci\u00f3n de familias en la frontera\u2014 y, como jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca con una cartera transversal, ha extendido su influencia mucho m\u00e1s all\u00e1 de la inmigraci\u00f3n, imponiendo una orientaci\u00f3n centralizadora a segmentos enteros de la pol\u00edtica federal.<\/p>\n\n\n\n Miller cumple la funci\u00f3n que los te\u00f3ricos cl\u00e1sicos de las \u00e9lites, como Mosca y Pareto, atribu\u00edan al n\u00facleo dirigente: transformar los impulsos difusos y las intuiciones viscerales del l\u00edder en programas, narrativas y dispositivos institucionales coherentes. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Su experiencia reside en su dominio de la teolog\u00eda pol\u00edtica secularizada: saber crearse enemigos eficaces, organizar una sem\u00e1ntica amigo-enemigo, convertir los resentimientos sociales en identidades colectivas y en medidas administrativas severas capaces de redefinir las fronteras, los derechos y las relaciones entre el Estado y el individuo.<\/p>\n\n\n\n La cuesti\u00f3n ya no es tanto si los expertos deben gobernar, sino qu\u00e9<\/em> expertos deben tomar el poder y en beneficio de qu\u00e9 comunidades pol\u00edticas. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Retomando la taxonom\u00eda que Pareto tom\u00f3 prestada de las categor\u00edas de Maquiavelo, en Miran y Bessent prevalece la dimensi\u00f3n \u00abzorro\u00bb de la \u00e9lite: astucia t\u00e9cnica, capacidad para manejar instrumentos complejos, familiaridad con la ingenier\u00eda financiera e institucional del capitalismo mundial. Miller, por su parte, se centrar\u00eda m\u00e1s bien en la funci\u00f3n \u00able\u00f3n\u00bb: insistencia en la soberan\u00eda, las fronteras, el orden, disposici\u00f3n a recurrir a la fuerza del Estado y a la dureza normativa para marcar una ruptura clara con el orden anterior. El entrelazamiento de estos perfiles da lugar a una tecnocracia h\u00edbrida, en la que la sofisticaci\u00f3n anal\u00edtica y la brutalidad decisoria se refuerzan mutuamente.<\/p>\n\n\n\n El trumpismo no es una negaci\u00f3n de la \u00e9lite, sino su toma de control con vistas a una reorientaci\u00f3n estrat\u00e9gica. Los expertos no son descartados en nombre de un vago \u00absentido com\u00fan\u00bb: son seleccionados por su capacidad para poner sus competencias \u2014econ\u00f3micas, financieras o narrativas\u2014 al servicio de un proyecto de desmantelamiento del multilateralismo y de reconfiguraci\u00f3n jer\u00e1rquica de las interdependencias. La tecnocracia ya no es la guardiana imparcial del orden mundial, sino el cuerpo operativo de una hegemon\u00eda imperial renovada, en la que figuras como Miran, Bessent y Miller sirven de enlace entre la intuici\u00f3n pol\u00edtica del l\u00edder y la compleja maquinaria del Estado contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n Esta nueva configuraci\u00f3n del poder pol\u00edtico en Washington tambi\u00e9n plantea otra cuesti\u00f3n. El excepcionalismo estadounidense estaba vinculado a una especie de escisi\u00f3n entre la constituci\u00f3n material del imperio y la constituci\u00f3n formal de la democracia liberal; la literatura m\u00e1s cr\u00edtica con las instituciones del pa\u00eds la hab\u00eda tematizado retomando el concepto de doble Estado o teorizando una polarizaci\u00f3n entre la democracia de los derechos y el Estado profundo: con los imperios, las instituciones \u00abnormativas\u00bb del Estado de derecho ser\u00edan sustituidas por las instituciones \u00abdiscrecionales\u00bb de una presidencia que procede por \u00abdecretos ejecutivos\u00bb, neutralizando los \u00f3rganos de garant\u00eda y las autoridades independientes en una versi\u00f3n actualizada a escala mundial del \u00abdoble Estado\u00bb, concepto teorizado por Ernst Fraenkel en referencia a la dictadura hitleriana y retomado posteriormente por Alan Wolfe en referencia a la democracia imperial estadounidense. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Hoy en d\u00eda, la separaci\u00f3n entre la constituci\u00f3n formal y la constituci\u00f3n material tiende a desvanecerse. Bajo la influencia de Silicon Valley, el Estados Unidos de hoy se parece cada vez m\u00e1s a otro sistema que presentan como su principal rival: China.<\/p>\n\n\n\n Esta comparaci\u00f3n no es en absoluto accesoria.<\/p>\n\n\n\n Como reproduce Dan Wang en su obra de referencia Breakneck<\/em>, el modelo chino se basa en una forma de \u00abtecnocracia dirigista\u00bb, en la que la burocracia de los ingenieros y la sinergia entre el Estado y la industria sustituyen a la autonom\u00eda de la empresa privada t\u00edpica del caso estadounidense. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n En China, la competencia t\u00e9cnica est\u00e1 \u00abcertificada por el Estado\u00bb y se utiliza expl\u00edcitamente como herramienta de centralizaci\u00f3n, aceleraci\u00f3n del desarrollo industrial y orientaci\u00f3n de las inversiones estrat\u00e9gicas, una soluci\u00f3n tecnocr\u00e1tica, pero profundamente diferente, que combina la selecci\u00f3n meritocr\u00e1tica con una legitimaci\u00f3n autoritaria y colectivista.<\/p>\n\n\n\n Para Wang, China es un Estado de ingenieros dedicados a la b\u00fasqueda del poder mediante el crecimiento tecnol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n Desde este punto de vista, la partida se juega precisamente entre modelos rivales de tecnocracia: la oligarqu\u00eda algor\u00edtmica y meritocr\u00e1tica estadounidense hibridada con el populismo, por un lado, y el centralismo pragm\u00e1tico y planificado de Pek\u00edn, por otro.<\/p>\n\n\n\n En ambos casos, la tecnolog\u00eda ya no se presenta como una herramienta para pacificar los conflictos, sino como un medio para intensificarlos y gestionarlos a escala nacional.<\/p>\n\n\n\n La tecnocracia olig\u00e1rquica de Silicon Valley tiende a legitimarse mediante el lenguaje de la innovaci\u00f3n y el m\u00e9rito individual, asoci\u00e1ndose al nacionalismo econ\u00f3mico de Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n La tecnocracia intervencionista china, por su parte, integra la competencia t\u00e9cnica y la planificaci\u00f3n estatal en una forma de ingenier\u00eda social que busca maximizar el poder colectivo.<\/p>\n\n\n\n La competencia entre estos modelos configura un campo de fuerzas en el que las antiguas tecnocracias liberales-globalistas europeas parecen cada vez m\u00e1s marginales y vulnerables.<\/p>\n\n\n\n A juzgar por la diversidad de posiciones que han surgido en la \u00faltima d\u00e9cada, la tecnocracia se ha convertido progresivamente en un tema cada vez m\u00e1s controvertido. Algunas partes del mundo intelectual han tratado de defender sus m\u00e9ritos, otras han denunciado sobre todo sus defectos y otras han hecho del crecimiento tecnocr\u00e1tico un medio para resolver la crisis de las instituciones y la representaci\u00f3n pol\u00edtica. A pesar de ello, la tecnocracia de la globalizaci\u00f3n, al menos en el mundo occidental, no ha logrado salvarse de la reacci\u00f3n y la espiral de deslegitimaci\u00f3n en la que han ca\u00eddo las instituciones competentes durante la \u00faltima d\u00e9cada. El retorno de la pol\u00edtica y de su conflictividad a trav\u00e9s del consenso y el uso de la fuerza parece haber alcanzado en 2025 un nivel de primac\u00eda tal que ha barrido el orden tecnocr\u00e1tico que se hab\u00eda desarrollado durante los \u00faltimos 50 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n Es precisamente en este punto donde aparece la diferencia m\u00e1s evidente entre las dos principales potencias y Europa.<\/p>\n\n\n\n El trumpismo no es una negaci\u00f3n de la \u00e9lite, sino su toma de control con vistas a una reorientaci\u00f3n estrat\u00e9gica. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Estados Unidos y China se han apoderado de la infraestructura tecnocr\u00e1tica de la globalizaci\u00f3n. La han convertido en una falange imperial lista para ser utilizada de forma agresiva, tanto contra sus adversarios como contra sus aliados. Los pa\u00edses europeos, y con ellos la Uni\u00f3n Europea, no parecen haber tomado plena conciencia de este cambio, oscilando entre los esquemas ya superados de la antigua tecnocracia globalista y las aproximaciones hiperpol\u00edticas<\/a>, a menudo poco concluyentes.<\/p>\n\n\n\n En este vaiv\u00e9n, la reconstrucci\u00f3n del poder en Europa resulta imposible. El continente es vulnerable a nuevas manipulaciones de la \u00e9lite pol\u00edtica e institucional por parte de las potencias que han completado el armamento de sus aparatos administrativos y tecnol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n Tras atravesar una crisis que ha durado varias d\u00e9cadas, la primac\u00eda de la pol\u00edtica reaparece bajo una nueva forma.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, no pierde por completo sus atributos tecnocr\u00e1ticos: estos han seducido a los profetas de la aceleraci\u00f3n reaccionaria en la que se basa la oferta pol\u00edtica del segundo Trump.<\/p>\n\n\n\n Al mismo tiempo, la pol\u00edtica se encarna en el poder a trav\u00e9s de la persona.<\/p>\n\n\n\n El predominio del liderazgo en la pol\u00edtica actual, combinado con la ruptura del orden institucional tecnocr\u00e1tico, abre el camino a la personalizaci\u00f3n del poder y a formas de neopatrimonialismo en las que los \u00abasistentes\u00bb del l\u00edder se reparten y administran los recursos de un imperio esencialmente cl\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n Es en este nuevo dispositivo donde se instala Silicon Valley, reclamando nuevos privilegios que le corresponden por el poder que ejerce debido al papel estrat\u00e9gico que desempe\u00f1a en el plano tecnol\u00f3gico y econ\u00f3mico. La antigua tecnocracia administrativa debe ser diezmada, mientras que los restos del poder pueden utilizarse para distribuir protecciones y recursos a determinados monopolios y oligopolios.<\/p>\n\n\n\n Esta transformaci\u00f3n se manifiesta incluso en los mecanismos diplom\u00e1ticos: Qatar negocia los aranceles, las armas y el equilibrio en Medio Oriente ofreciendo un avi\u00f3n al presidente de Estados Unidos; los pr\u00edncipes saud\u00edes invierten sumas exorbitantes en una criptomoneda de dudosa legalidad lanzada por la familia Trump a cambio de un bonito discurso ir\u00e9nico<\/a>; Suiza se ve obligada a ofrecer lingotes de oro y relojes Rolex de lujo a la Casa Blanca para que se reduzcan sus aranceles. El car\u00e1cter depredador y patrimonial tambi\u00e9n se acent\u00faa en la gesti\u00f3n de las relaciones institucionales, desestabilizando a todos aquellos que siguen apegados a las antiguas reglas de negociaci\u00f3n basadas en intercambios, normas, procedimientos ritualizados y separaci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado.<\/p>\n\n\n\n De la necesidad de deshacerse de una \u00e9lite deficiente \u2014sobre todo porque se basa en el principio de la competencia m\u00e1s que en el de la representaci\u00f3n democr\u00e1tica\u2014 surge la demanda de una metamorfosis destinada a liberarse del proceso de racionalizaci\u00f3n weberiana del poder. Solo la excepci\u00f3n permite establecer una nueva regla; solo el restablecimiento de la legitimidad pol\u00edtica, en una forma m\u00e1s directa y menos medi\u00e1tica, puede en este caso sentar las bases de una nueva legalidad que, sin embargo, transforma sustancialmente las garant\u00edas y los poderes institucionales, aunque no sea en t\u00e9rminos formales.<\/p>\n\n\n\n La nueva clase pol\u00edtica rechaza la t\u00e9cnica del Estado \u00abconstitucional\u00bb \u2014y, con ella, la fragmentaci\u00f3n de la soberan\u00eda y la pluralidad de poderes\u2014 que consigue aniquilar cualquier residuo de personalidad y responsabilidad individual en la formulaci\u00f3n de los preceptos jur\u00eddicos y, por consiguiente, en la administraci\u00f3n del Estado. De ah\u00ed se derivan las presiones y los ataques contra las agencias administrativas, los circuitos judiciales y las instituciones no partidistas, como los intentos de manipulaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n material.<\/p>\n\n\n\n El intelectual posliberal Patrick Deneen aboga as\u00ed por un retorno a la \u00abconstituci\u00f3n mixta\u00bb, de tipo aristot\u00e9lico, que no se basa en la separaci\u00f3n de poderes \u2014que habr\u00eda cavado una profunda brecha entre el pueblo y la \u00e9lite\u2014, sino en una mezcla entre aristocracia y plebe que \u00e9l denomina \u00abaristopopulismo<\/a>\u00bb. Gracias a esta nueva configuraci\u00f3n del poder, sostiene Deneen, ser\u00e1 posible liberarse de la tecnocracia globalista y sus distorsiones, para dar paso a una sociedad m\u00e1s justa y virtuosa. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n La concepci\u00f3n de la pol\u00edtica que ha prevalecido durante tres generaciones est\u00e1 llegando a su fin.<\/p>\n\n\n\n Quiz\u00e1s incluso ya haya desaparecido.<\/p>\n\n\n\n Esta concepci\u00f3n da paso a un mundo basado en la verticalidad del poder, en un orden basado en la fuerza m\u00e1s que en las reglas, en una racionalidad pol\u00edtica centrada en la relaci\u00f3n de fuerzas y la identidad m\u00e1s que en la racionalidad t\u00e9cnico-cient\u00edfica. Produce un cambio doctrinal: una translatio <\/em>de la hegemon\u00eda imperial hacia el imperio desp\u00f3tico.<\/p>\n\n\n\n Mientras que la hegemon\u00eda imperial buscaba encontrar un punto de equilibrio entre el poder econ\u00f3mico, el poder pol\u00edtico y el poder militar, este nuevo imperio desp\u00f3tico concentra sus esfuerzos en el armamento y busca pasar a una econom\u00eda de guerra, una econom\u00eda dirigida por el poder pol\u00edtico y militar.<\/p>\n\n\n\n\n Mientras que la hegemon\u00eda imperial conllevaba las tensiones fecundas de la policracia econ\u00f3mica y el pluralismo pol\u00edtico, en nombre del universalismo y de una concepci\u00f3n exigente del derecho internacional, el imperio desp\u00f3tico es, por el contrario, particularista, siempre dispuesto a violar el derecho internacional \u2014humanitario, por ejemplo\u2014 para perseguir sus objetivos particulares, adoptando una versi\u00f3n brutal de la Realpolitik<\/em>. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Todav\u00eda no nos encontramos ante un imperio formal, es decir, un dominio por anexi\u00f3n y administraci\u00f3n mediante gobernadores coloniales apoyados por tropas metropolitanas y colaboradores locales, seg\u00fan el modelo romano, o por virreyes, como en el imperio brit\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n Pero los contornos de un imperio informal se perfilan cada vez con mayor claridad, lo que implica un modelo de control, ejercido indirectamente \u2014mediante la corrupci\u00f3n y la manipulaci\u00f3n de \u00e9lites dependientes y colaboradoras, mediante el dominio tecnol\u00f3gico, militar y de infraestructuras\u2014 sobre las pol\u00edticas internas y externas de reg\u00edmenes perif\u00e9ricos legalmente independientes.<\/p>\n\n\n\n Para Trump y los suyos, esta f\u00f3rmula tiene sus ventajas.<\/p>\n\n\n\n El imperio desp\u00f3tico puede permitirse una mayor coherencia entre su constituci\u00f3n material y su constituci\u00f3n formal, mientras que la hegemon\u00eda imperial solo toleraba una forma h\u00edbrida, muy criticada en el caso de Estados Unidos. En este sentido, se podr\u00eda incluso decir que el imperio desp\u00f3tico trumpista consolida un vac\u00edo institucional en beneficio de la personalizaci\u00f3n y la centralizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Estados Unidos y China han aprovechado la infraestructura tecnocr\u00e1tica de la globalizaci\u00f3n para convertirla en una falange imperial. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Ante esta profunda transformaci\u00f3n, cabe preguntarse cu\u00e1l ser\u00e1 el futuro de las relaciones entre la t\u00e9cnica y la pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n En la d\u00e9cada de 1920, la creciente presencia de grandes masas populares homog\u00e9neas hizo inevitable, al igual que al final del Imperio romano, un retorno generalizado a la concepci\u00f3n carism\u00e1tica del poder pol\u00edtico. En aquella \u00e9poca, la tecnocracia desapareci\u00f3 en el plano pol\u00edtico-cultural y se resign\u00f3, en el plano institucional, a servir a los nuevos amos del poder.<\/p>\n\n\n\n Los grandes mitos de la \u00abnaci\u00f3n\u00bb y la \u00abclase\u00bb permitieron as\u00ed muy r\u00e1pidamente no solo la fundaci\u00f3n de dictaduras y reg\u00edmenes desp\u00f3ticos en el \u00e1mbito de la organizaci\u00f3n estatal, sino tambi\u00e9n la afirmaci\u00f3n de un tipo paralelo de mando personal en toda una serie de organismos diferentes: desde los partidos hasta los sindicatos, desde las unidades de producci\u00f3n hasta las asociaciones profesionales.<\/p>\n\n\n\n Al mismo tiempo, la \u00abcrisis del derecho\u00bb no se manifest\u00f3 tanto por la incapacidad de los sistemas jur\u00eddicos vigentes para adaptarse a las nuevas situaciones sociales, sino m\u00e1s bien por la hostilidad de los grupos pol\u00edticos dominantes hacia una consolidaci\u00f3n institucional que habr\u00eda supuesto el fin de su poder personal y carism\u00e1tico. Es precisamente esta orientaci\u00f3n general \u2014impl\u00edcita en una multitud de problemas y fen\u00f3menos particulares, facilitada por la nivelaci\u00f3n cultural y, por tanto, por el abatimiento espiritual de las clases medias\u2014 la que debe considerarse \u00edntima e irremediablemente incompatible con el esp\u00edritu de la civilizaci\u00f3n occidental.<\/p>\n\n\n\n Europa ya ha vivido crisis de este tipo: para salir de ellas, a menudo se ha dejado guiar, como por un instinto infalible, hacia el establecimiento de \u00f3rdenes impersonales y racionales como \u00fanica garant\u00eda de la libertad individual.<\/p>\n\n\n\n \u00bfSe superar\u00e1 tambi\u00e9n la crisis actual? \u00bfPodr\u00e1 frenarse la tendencia a la personalizaci\u00f3n del poder y a la guerra \u2014civil e intraestatal\u2014?<\/p>\n\n\n\n Me parece que es posible responder afirmativamente.<\/p>\n\n\n\n La autoridad carism\u00e1tica puede llevar a las masas a sacrificios inauditos, pero no sirve, o sirve poco, para hacer funcionar la administraci\u00f3n, es decir, para organizar los servicios que el desarrollo de la civilizaci\u00f3n no deja de ampliar y multiplicar.<\/p>\n\n\n\n Y es precisamente aqu\u00ed, en el \u00e1mbito modesto pero decisivo de la administraci\u00f3n, donde la autoridad debe, como en el pasado, plegarse a las exigencias objetivas de una t\u00e9cnica rigurosa, intolerante con la improvisaci\u00f3n y la arbitrariedad individual. Ya no se trata de la t\u00e9cnica de los juristas o los economistas, sino de algo hoy indefinido que podr\u00e1 ocupar su lugar y que, como ella, ser\u00e1 finalmente capaz de \u00abfrenar\u00bb el despotismo pol\u00edtico potencial y las nuevas formas de conflicto.<\/p>\n\n\n\n Porque esta din\u00e1mica de neutralizaci\u00f3n no es m\u00e1s que un desarrollo de posiciones ya bastante claras desde la edad de oro del \u00abcameralismo\u00bb y los \u00abingenieros econ\u00f3micos\u00bb del siglo XVIII, que ve\u00edan en el Estado una m\u00e1quina delicada y en el soberano un Maschinendirektor<\/em>.<\/p>\n\n\n\n Se trata de un desarrollo que ha encontrado su fuerza en el enorme crecimiento de la especializaci\u00f3n profesional y en la convicci\u00f3n derivada de ello de que las cosas pueden \u00abgobernarse por s\u00ed mismas\u00bb, es decir, que las decisiones administrativas, aunque tengan por objeto alcanzar objetivos m\u00e1s que respetar normas, pueden determinarse seg\u00fan criterios de un conocimiento impersonal, si no objetivo, al menos controlable. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Incluso las mentes menos perspicaces son capaces de percibir \u2014en todos los lugares donde existe un organismo estatal, pero sobre todo all\u00ed donde el mando personal ha sido o sigue siendo m\u00e1s duro\u2014 el terrible contraste subyacente entre los titulares de este \u00faltimo y una clase de t\u00e9cnicos regenerada y dedicada a una nueva hegemon\u00eda; una clase que a\u00fan no se manifiesta claramente en la actualidad, pero que se espera que pueda imponerse para poner orden en la transici\u00f3n, incluso en un sistema pol\u00edtico internacional m\u00e1s conflictivo.<\/p>\n\n\n\n Es probable que se produzca el paso de los \u00abingenieros del caos\u00bb \u2014titiriteros del conflicto y la deslegitimaci\u00f3n\u2014 a los \u00abingenieros del orden\u00bb \u2014dise\u00f1adores de una nueva legalidad y de un proceso de legitimaci\u00f3n y equilibrio de poderes\u2014. Es muy probable que esto ocurra. Sin embargo, no podr\u00e1n ser una copia exacta de los del ciclo anterior.<\/p>\n\n\n\n El imperio desp\u00f3tico trumpista consolida un vac\u00edo institucional en beneficio de la personalizaci\u00f3n y la centralizaci\u00f3n. <\/p>Lorenzo Castellani<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Si surgiera una nueva generaci\u00f3n de \u00abingenieros del orden\u00bb, podr\u00eda pasar por los nodos estrat\u00e9gicos en los que se concentra hoy el poder: la inteligencia y la seguridad nacional, el desarrollo de la inteligencia artificial, las infraestructuras energ\u00e9ticas y militares, las administraciones fiscales y de control de capitales.<\/p>\n\n\n\n Es ah\u00ed donde la combinaci\u00f3n de conocimientos t\u00e9cnicos, capacidad coercitiva y visi\u00f3n pol\u00edtica podr\u00e1 decidir si surgir\u00e1 un nuevo nomos <\/em>de la tierra y qu\u00e9 equilibrios contendr\u00e1. Esto solo ser\u00e1 posible con un nuevo pacto que afecte a la \u00abley fundamental\u00bb en la que se basa el orden pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n La tarea de las constituciones y las instituciones es, sin duda, frenar y dividir el poder, pero tambi\u00e9n crear una nueva autoridad y, con ella, una reserva de poder, un \u00e1mbito reservado de la capacidad de gobierno aplicada por las nuevas clases pol\u00edticas, en particular las clases europeas, que hoy en d\u00eda est\u00e1n llamadas a salir de su sentimiento de impotencia sin volver a esquemas ya superados.<\/p>\n\n\n\n En otras palabras: estas nuevas \u00e9lites t\u00e9cnicas y pol\u00edticas deber\u00edan consolidar una nueva concepci\u00f3n del poder capaz de neutralizar los conflictos internos y externos de los Estados, que privilegie la decisi\u00f3n sobre el formalismo, el poder policial sobre la jurisprudencia, el poder infraestructural sobre el poder constitucional, la pol\u00edtica y la tecnolog\u00eda sobre el derecho y la econom\u00eda, la disuasi\u00f3n sobre la diplomacia de los tratados.<\/p>\n\n\n\n En otras palabras, los nuevos \u00abingenieros del orden\u00bb deber\u00e1n hacerse cargo del gobierno de la sociedad en el sentido m\u00e1s tradicional y antiguo del t\u00e9rmino, asumiendo la responsabilidad de una nueva raz\u00f3n de Estado capaz de gestionar los conflictos internos y externos de manera asertiva y con las medidas necesarias. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n La victoria a largo plazo de estos \u00faltimos, de sus reglas y procedimientos, significar\u00eda un retorno completo a la autoridad impersonal de los \u00f3rdenes racionales.<\/p>\n\n\n\n Entonces estar\u00edamos muy lejos de Trump, en una nebulosa desconocida en la que ya no se distingue muy bien el amanecer del atardecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":" \u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3 realmente en el escenario y entre bastidores en Davos?<\/p>\n Donald Trump hizo una oferta que las \u00e9lites de la globalizaci\u00f3n feliz no pueden rechazar.<\/p>\n Servir a un nuevo imperio.<\/p>\n","protected":false},"author":17959,"featured_media":88921,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-editorials.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"geo":[172],"class_list":["post-88941","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica","staff-lorenzo-castellani","geo-americas"],"acf":[],"yoast_head":"\nTecnocracia contra tecnocracia<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n La traici\u00f3n de los tecn\u00f3cratas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
Dark Technocracy<\/em><\/strong>: la estructura elitista de la derecha estadounidense<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
Miran, Bessent, Miller: figuras de la tecnocracia en Estados Unidos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Un Estado ingeniero: el contrapunto chino<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
De la hegemon\u00eda imperial al imperio desp\u00f3tico<\/strong><\/h2>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n Los ingenieros del caos y el espectro de los ingenieros del orden<\/strong><\/h2>\n\n\n\n