{"id":88684,"date":"2026-01-21T15:49:00","date_gmt":"2026-01-21T14:49:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=88684"},"modified":"2026-01-21T18:54:25","modified_gmt":"2026-01-21T17:54:25","slug":"la-era-de-la-hiperpolitica-una-conversacion-con-anton-jager","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/01\/21\/la-era-de-la-hiperpolitica-una-conversacion-con-anton-jager\/","title":{"rendered":"La era de la hiperpol\u00edtica, una conversaci\u00f3n con Anton J\u00e4ger"},"content":{"rendered":"\n

Anton<\/em> J\u00e4ger es profesor de Historia de las Ideas Pol\u00edticas y Teor\u00eda Pol\u00edtica en la Universidad de Oxford. Colaborador habitual del <\/em>New York Times y de la <\/em>New Left Review. <\/em>Nos reunimos con \u00e9l con motivo de la publicaci\u00f3n de su tercer libro, Hyperpolitics: Extreme Politicization without Political Consequences, que Verso Books lanzar\u00e1 el pr\u00f3ximo 10 de febrero.<\/em><\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo surgi\u00f3 el concepto de hiperpol\u00edtica?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

En un principio, de una manera casi banal. La primera intuici\u00f3n me vino durante una conversaci\u00f3n con un amigo, en 2021 o 2022, poco despu\u00e9s de la gran ola de protestas del verano de 2020, las que siguieron al asesinato de George Floyd, pero tambi\u00e9n las movilizaciones contra los confinamientos durante la pandemia de Covid.<\/p>\n\n\n\n

Algo parec\u00eda estar sucediendo: una efervescencia pol\u00edtica difusa estaba provocando un resurgimiento de las protestas masivas.<\/p>\n\n\n\n

Mi amigo, que tiene unos cuarenta a\u00f1os, una d\u00e9cada m\u00e1s que yo, me se\u00f1al\u00f3 un contraste sorprendente.<\/p>\n\n\n\n

Personas que en la d\u00e9cada de 2000 eran totalmente apol\u00edticas, incluso antipol\u00edticas, que ni siquiera sab\u00edan el nombre del jefe de gobierno de su pa\u00eds, de repente se ve\u00edan intensamente involucradas en complejos debates pol\u00edticos. Esta politizaci\u00f3n se produc\u00eda de forma r\u00e1pida, desordenada y, a veces, brutal.<\/p>\n\n\n\n

Tambi\u00e9n me confes\u00f3 una especie de nostalgia parad\u00f3jica. En la d\u00e9cada de 2000, me dec\u00eda, le dol\u00eda ser casi el \u00fanico interesado en la pol\u00edtica. Hoy, cuando todo el mundo parece politizado, ya no est\u00e1 seguro de si se sent\u00eda c\u00f3modo con esa situaci\u00f3n: esa politizaci\u00f3n generalizada le parec\u00eda ambigua, casi inc\u00f3moda.<\/p>\n\n\n\n

As\u00ed que cont\u00e9 esta an\u00e9cdota en Twitter. De forma un poco impulsiva, utilic\u00e9 la palabra \u00abhiperpol\u00edtica\u00bb, haciendo referencia inconscientemente al concepto acu\u00f1ado por el fil\u00f3sofo alem\u00e1n Peter Sloterdijk. En ese momento, no era m\u00e1s que una hip\u00f3tesis intuitiva, sin una verdadera elaboraci\u00f3n te\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n

Pero usted intuy\u00f3 que este concepto pod\u00eda ser operativo…<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Primero, dos editores de revistas me propusieron escribir un texto sobre el tema. Durante mucho tiempo pospuse la fecha l\u00edmite. Luego, al sumergirme en los datos emp\u00edricos, comprend\u00ed que esa intuici\u00f3n correspond\u00eda a una realidad medible.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfObservando qu\u00e9 variable exactamente?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Midiendo la actividad protestataria.<\/p>\n\n\n\n

Si observamos su evoluci\u00f3n en 2008-2009, se aprecia un aumento espectacular en casi todos los pa\u00edses occidentales, e incluso m\u00e1s all\u00e1, aunque se trata de una realidad especialmente marcada en Occidente. La participaci\u00f3n electoral tambi\u00e9n est\u00e1 repuntando. En el espacio p\u00fablico digital, la capacidad de expresar opiniones pol\u00edticas se ha ampliado considerablemente: participar en el debate se ha vuelto t\u00e9cnicamente m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s inmediato.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfEn qu\u00e9 sentido se trata de una ruptura?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Esto contrasta claramente con las d\u00e9cadas de 1990 y 2000, dominadas por el paradigma de la \u00abpostpol\u00edtica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

En aquella \u00e9poca, tanto en la teor\u00eda pol\u00edtica como en la ciencia pol\u00edtica dominante, la gran preocupaci\u00f3n era la desmovilizaci\u00f3n y la despolitizaci\u00f3n: la disminuci\u00f3n de la participaci\u00f3n electoral, el desinter\u00e9s por la vida pol\u00edtica y el retraimiento c\u00edvico.<\/p>\n\n\n\n

Este diagn\u00f3stico ya no es v\u00e1lido hoy en d\u00eda. Los diferentes indicadores coinciden: manifestaciones, votaciones, pero tambi\u00e9n fen\u00f3menos m\u00e1s extremos. Incluso se observa un recrudecimiento de la violencia pol\u00edtica<\/a>, incluidos los intentos de asesinato. En Estados Unidos, las manifestaciones de 2020 se encuentran entre las m\u00e1s importantes de toda la historia del pa\u00eds: algunas estimaciones hablan de m\u00e1s de 20 millones de participantes. Las elecciones presidenciales de 2020 tambi\u00e9n registraron una participaci\u00f3n r\u00e9cord, la m\u00e1s alta desde principios del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n

La hiperpol\u00edtica se refiere precisamente a esta situaci\u00f3n: una politizaci\u00f3n elevada, pero poco estructurada y poco institucionalizada. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Todo ello apunta a una conclusi\u00f3n: la intensidad de la actividad pol\u00edtica ha aumentado de forma objetiva y cuantificable. El concepto de hiperpol\u00edtica pretende, en primer lugar, nombrar esta ruptura cultural con d\u00e9cadas m\u00e1s ap\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n

Pero hay que a\u00f1adir inmediatamente una precisi\u00f3n esencial.<\/p>\n\n\n\n

Ante este aumento de intensidad, muchos comentaristas, tanto periodistas como acad\u00e9micos, tienden a recurrir a una comparaci\u00f3n hist\u00f3rica: el regreso de los a\u00f1os treinta, el \u00abd\u00eda m\u00e1s oscuro\u00bb de nuestra historia pol\u00edtica. Trump es asimilado al fascismo. El auge de la extrema derecha se interpreta como un retorno al periodo de entreguerras. Esta analog\u00eda es comprensible: una parte importante de la movilizaci\u00f3n pol\u00edtica beneficia efectivamente a la extrema derecha, cuyo peso electoral aumenta y que ahora accede al poder en varios pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, tal analog\u00eda es err\u00f3nea.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfPor qu\u00e9? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda, en su opini\u00f3n, la principal limitaci\u00f3n de esta comparaci\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Pasa por alto una diferencia estructural.<\/p>\n\n\n\n

Es cierto que la politizaci\u00f3n aumenta \u2014la curva sube\u2014, pero, al mismo tiempo, se derrumba otro eje: el de la institucionalizaci\u00f3n de la vida pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n

A diferencia de los a\u00f1os treinta, las sociedades contempor\u00e1neas est\u00e1n experimentando una erosi\u00f3n continua de las estructuras organizadas: sindicatos, partidos pol\u00edticos, asociaciones, pero tambi\u00e9n instituciones religiosas. Esta tendencia, que comenz\u00f3 en los a\u00f1os noventa, contin\u00faa sin interrupci\u00f3n en los a\u00f1os 2010 y 2020.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, nos encontramos ante una configuraci\u00f3n en forma de tijera. Por un lado, una fuerte intensidad pol\u00edtica, como en el periodo de entreguerras. Por otro, una marcada debilidad institucional, heredada de las d\u00e9cadas postpol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n

Esta combinaci\u00f3n no tiene un precedente hist\u00f3rico claro.<\/p>\n\n\n\n

La hiperpol\u00edtica designa precisamente esta situaci\u00f3n: un nivel de politizaci\u00f3n muy elevado, pero poco estructurado y poco institucionalizado. Esto se aplica tanto a la izquierda como a la derecha.<\/p>\n\n\n\n

Por supuesto, se trata de un modelo abstracto, de una tendencia general. No todos los fen\u00f3menos pol\u00edticos contempor\u00e1neos encajan perfectamente en \u00e9l, pero permite describir un campo de fuerzas, una din\u00e1mica dominante de la cultura pol\u00edtica contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n

Si la hiperpol\u00edtica es nuestro nuevo paradigma, nos sentimos tentados a preguntarnos por las causas y las consecuencias: \u00bfqu\u00e9 cambio explica esta transformaci\u00f3n? \u00bfY es algo bueno o malo?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

El punto de inflexi\u00f3n de la postpol\u00edtica a la hiperpol\u00edtica es muy claro. Los datos cuantitativos son inequ\u00edvocos en este sentido: el aumento masivo de la actividad protestataria comienza en 2008-2009. El detonante es, por tanto, la gran crisis financiera.<\/p>\n\n\n\n

Esta crisis comenz\u00f3 en Estados Unidos, por supuesto, pero r\u00e1pidamente se extendi\u00f3 a Europa y luego al resto del mundo. Incluso se puede argumentar que la Primavera \u00c1rabe debe entenderse, al menos en parte, como una consecuencia indirecta de ella: los mercados financieros internacionales se paralizaron, los reg\u00edmenes autoritarios del norte de \u00c1frica ya no pod\u00edan pedir pr\u00e9stamos para financiar sus subsidios alimentarios y estallaron disturbios por el hambre.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, existe un v\u00ednculo estructural entre 2008 y la primera ola de protestas en el mundo \u00e1rabe.<\/p>\n\n\n\n

En el Atl\u00e1ntico Norte, la historia es sobre todo la de las pol\u00edticas de austeridad aplicadas a ambos lados del oc\u00e9ano. La hiperpolitizaci\u00f3n es una reacci\u00f3n a una gesti\u00f3n de la crisis percibida como injusta y destructiva: el contrato social se desmorona y la base material sobre la que se sustentaba la econom\u00eda pol\u00edtica de las d\u00e9cadas de 1990 y 2000 desaparece.<\/p>\n\n\n\n

La forma espec\u00edfica que adopta este cambio tambi\u00e9n se debe a otro factor: los canales institucionales que, en el siglo XX, permit\u00edan absorber y estructurar los conflictos pol\u00edticos parecen hoy obstruidos. Ya no son accesibles ni cre\u00edbles. La politizaci\u00f3n ya no encuentra una salida institucional evidente.<\/p>\n\n\n\n

Entonces, para responder a su pregunta: \u00bfla hiperpol\u00edtica es algo bueno o malo?<\/p>\n\n\n\n

Si nos fijamos en lo que Bertolt Brecht<\/a> llamaba \u00abalfabetizaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, es decir, la capacidad de los ciudadanos para comprender cuestiones fundamentales como qui\u00e9n decide, c\u00f3mo se distribuyen los recursos o c\u00f3mo se organiza la sociedad, entonces no hay motivo para sentir nostalgia por las d\u00e9cadas 1990 y 2000.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 produce un espacio p\u00fablico que se convulsiona peri\u00f3dicamente, atravesado por debates intensos y fuertemente polarizados, sin una capacidad clara para transformar esta conflictividad en pol\u00edticas p\u00fablicas? <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

El fin de la apat\u00eda pol\u00edtica es en s\u00ed mismo una buena noticia. Significa que los individuos vuelven a sentir que tienen control sobre el orden social.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, esta politizaci\u00f3n es en cierto modo problem\u00e1tica.<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

De hecho, la ambig\u00fcedad del momento actual est\u00e1 en otra parte. Gran parte de esta actividad pol\u00edtica es extremadamente dif\u00edcil de institucionalizar. Le cuesta transformarse en un poder colectivo duradero, capaz de modificar las relaciones de poder, tanto a nivel estatal como econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n

Hemos visto movilizaciones impresionantes y masivas en Estados Unidos, Francia, pero tambi\u00e9n en los Pa\u00edses Bajos o Alemania. Hoy en d\u00eda parece m\u00e1s f\u00e1cil \u2014sobre todo en la izquierda, pero no solo\u2014 movilizar r\u00e1pidamente a un gran n\u00famero de personas. El costo de la expresi\u00f3n pol\u00edtica ha disminuido, al igual que el de la movilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, cristalizar esta energ\u00eda en estructuras duraderas, capaces de actuar a largo plazo y de transformar la movilizaci\u00f3n en decisiones pol\u00edticas efectivas, resulta mucho m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n

Los Chalecos Amarillos son un ejemplo emblem\u00e1tico: se trata de una movilizaci\u00f3n de una magnitud notable, pero que ha rechazado expl\u00edcitamente cualquier institucionalizaci\u00f3n, por lo que solo ha dejado un legado organizativo limitado.<\/p>\n\n\n\n

En otras palabras, podemos alegrarnos de la repolitizaci\u00f3n de las sociedades sin idealizar las d\u00e9cadas anteriores, pero sigue habiendo una pregunta: \u00bfqu\u00e9 produce un espacio p\u00fablico que se convulsiona peri\u00f3dicamente, atravesado por debates intensos y fuertemente polarizados, sin una capacidad clara para transformar esta conflictividad en pol\u00edticas p\u00fablicas? \u00bfA d\u00f3nde nos lleva esto?<\/p>\n\n\n\n

Han pasado casi 20 a\u00f1os desde 2008<\/a>.<\/p>\n\n\n\n

La d\u00e9cada de 2010 ha sido una \u00abd\u00e9cada de protestas\u00bb. Algunas estimaciones sugieren que nunca en la historia de la humanidad se ha manifestado tanto como entre 2008 y 2025, y la movilizaci\u00f3n contin\u00faa.<\/p>\n\n\n\n

Pero, \u00bfqu\u00e9 huella duradera deja? \u00bfCu\u00e1l es la capacidad real de esta politizaci\u00f3n para transformar la forma en que se gobiernan nuestras sociedades?<\/p>\n\n\n\n

Cuando nos damos cuenta de que la entrada en la pol\u00edtica formal est\u00e1 plagada de obst\u00e1culos, la atracci\u00f3n de la hiperpol\u00edtica se vuelve muy fuerte. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Usted ha trabajado mucho sobre el \u00abmomento populista\u00bb que buscaba reconstruir un pueblo. \u00bfNo es la hiperpol\u00edtica, en el fondo, una era de revolucionarios sin revoluci\u00f3n<\/a>?<\/h3>\n\n\n\n

En el libro, he sido deliberadamente muy cauteloso con el t\u00e9rmino \u00abpopulismo\u00bb. Su uso period\u00edstico es a menudo perezoso, pol\u00e9mico, poco riguroso y confunde m\u00e1s de lo que aclara.<\/p>\n\n\n\n

He preferido distanciarme de \u00e9l para no oscurecer el an\u00e1lisis.<\/p>\n\n\n\n

La ola de politizaci\u00f3n que sigui\u00f3 a 2008 se desarroll\u00f3 en realidad en dos etapas. En primer lugar, una primera secuencia que denomino \u00abantipol\u00edtica\u00bb, a partir de 2009. Esta toma la forma de una protesta contra la gesti\u00f3n de la crisis, en la que la clase pol\u00edtica se identifica con la pospol\u00edtica. La cr\u00edtica de la pospol\u00edtica se convierte entonces en un cuestionamiento de la representaci\u00f3n misma. Aqu\u00ed hay una ambig\u00fcedad fundamental. Por un lado, el eslogan \u00abNo nos representan\u00bb \u2014el de los Indignados espa\u00f1oles\u2014 afirma un d\u00e9ficit de representaci\u00f3n. Por otro lado, se desliza hacia una posici\u00f3n m\u00e1s radical: \u00abNo queremos que nos representen\u00bb. Esta l\u00f3gica es muy clara en Occupy y reaparece luego en los Chalecos Amarillos.<\/p>\n\n\n\n

A partir de mediados de la d\u00e9cada de 2010, sin embargo, surgen movimientos que, aunque provienen de esta matriz antipol\u00edtica, se dotan de un horizonte institucional. Ya se trate de Beppe Grillo, Geert Wilders, Jean-Luc M\u00e9lenchon o Jeremy Corbyn, todos invocan \u00abal pueblo\u00bb y buscan construir un v\u00ednculo representativo entre una base y una c\u00faspide, a trav\u00e9s de partidos, elecciones y formas de delegaci\u00f3n. Esto supone necesariamente una cierta idea de la soberan\u00eda popular, es decir, de la representaci\u00f3n, las instituciones y las estructuras.<\/p>\n\n\n\n

Pero estos intentos se topan r\u00e1pidamente con la dificultad de la institucionalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Sobre todo en la izquierda, el acceso al poder es m\u00e1s complejo de lo previsto, y el ejercicio del poder a\u00fan m\u00e1s restrictivo. Los ejemplos son numerosos, desde Syriza hasta Podemos, pasando por La France insoumise.<\/p>\n\n\n\n

Estos movimientos inventan entonces formas organizativas in\u00e9ditas, muy diferentes de los partidos del siglo XX: partidos digitales, estructuras plebiscitarias, fronteras difusas entre cuadros y militantes. El \u00abpartido gaseoso\u00bb de M\u00e9lenchon, la propia negativa al registro jur\u00eddico cl\u00e1sico, se inscriben en esta l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n

Esta institucionalizaci\u00f3n inconclusa revela sus l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n

Cuando nos damos cuenta de que la entrada en la pol\u00edtica formal est\u00e1 plagada de obst\u00e1culos, la atracci\u00f3n de la hiperpol\u00edtica se vuelve muy fuerte. No supone ning\u00fan horizonte institucional, ninguna representaci\u00f3n, ninguna estructura duradera. Permite mantener una espontaneidad permanente, sin elecciones, sin organizaciones, sin proyecci\u00f3n a largo plazo.<\/p>\n\n\n\n

Por eso distingo claramente entre la antipol\u00edtica y la hiperpol\u00edtica. La primera conserva a\u00fan una dimensi\u00f3n institucional, aunque sea conflictiva. La segunda se libera de ella casi por completo.<\/p>\n\n\n\n

Entre los Chalecos Amarillos, ya no se dice solo \u00abno nos representan\u00bb: se afirma que toda pretensi\u00f3n de representar es sospechosa por principio. Cualquier intento de mandato se vuelve inmediatamente ileg\u00edtimo.<\/p>\n\n\n\n

Ah\u00ed, en mi opini\u00f3n, radica un punto de ruptura decisivo.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo salir de esta situaci\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Todo depende del punto de vista que se adopte. Existe una categor\u00eda de actores que se han acostumbrado a tomar decisiones pol\u00edticas sin un control popular real, sin un contrapoder democr\u00e1tico efectivo.<\/p>\n\n\n\n

Pienso en particular en aquellos que, en las d\u00e9cadas de 1990 y 2000, externalizaron en gran medida la decisi\u00f3n pol\u00edtica a instancias tecnocr\u00e1ticas. Para ellos, la hiperpol\u00edtica aparece ante todo como una perturbaci\u00f3n, una fuente de inestabilidad. Desde este punto de vista, la hostilidad hacia la hiperpol\u00edtica es perfectamente comprensible.<\/p>\n\n\n\n

Pero si adoptamos otra perspectiva, la de los retos estructurales a los que se enfrentan Europa y Estados Unidos, ya sea en materia de clima, desigualdades sociales o profundas transformaciones econ\u00f3micas, entonces la hiperpol\u00edtica tambi\u00e9n revela algo positivo: muestra que estas cuestiones movilizan a las personas, que estas se comprometen, que pueden politizarse en torno a temas a largo plazo.<\/p>\n\n\n\n

La ambig\u00fcedad radica en el hecho de que esta politizaci\u00f3n se enfrenta a una dificultad persistente: inscribirse de manera duradera en estructuras institucionales capaces de tratar estas cuestiones con continuidad, paciencia y eficacia.<\/p>\n\n\n\n

Salir de la hiperpol\u00edtica supondr\u00eda, en pocas palabras, una reinstitucionalizaci\u00f3n, es decir, la traducci\u00f3n de la actividad pol\u00edtica en compromisos duraderos con las instituciones.<\/p>\n\n\n\n

En Estados Unidos, los partidos se asemejan a ministerios sin base militante. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo se llevar\u00eda a cabo un proceso de este tipo?<\/h3>\n\n\n\n

Desde el punto de vista de la izquierda \u2014que es el m\u00edo\u2014, la pregunta es la siguiente: \u00bfqu\u00e9 formas de organizaci\u00f3n pueden seguir desempe\u00f1ando ese papel hoy en d\u00eda?<\/p>\n\n\n\n

Pero esta dificultad tambi\u00e9n afecta a la derecha, que sufre la misma ambig\u00fcedad: le cuesta transformar sus logros electorales y su activismo en un movimiento de masas capaz de imponer verdaderos cambios institucionales.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, la salida de la hiperpol\u00edtica no pasa \u00fanicamente por el partido, sino por todo un ecosistema institucional: sindicatos, asociaciones, estructuras colectivas. <\/p>\n\n\n\n

Una precisi\u00f3n importante: esto no significa que haya que resucitar mec\u00e1nicamente las instituciones del siglo XX. Por citar a Jean Baudrillard, no se puede \u00abclonar un dinosaurio\u00bb. Incluso si se extrajera su ADN, no sobrevivir\u00eda en el entorno actual; el clima social, cultural y tecnol\u00f3gico del siglo XXI es hostil a muchas de las formas institucionales heredadas.<\/p>\n\n\n\n

Pero el hecho de que no se pueda clonar el pasado no implica que sea imposible inventar nuevas formas institucionales adaptadas al presente.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfCree usted que los partidos pol\u00edticos han tenido una mala estrategia?<\/h3>\n\n\n\n

Tomemos ejemplos muy diferentes: el Partido por la Libertad de Geert Wilders solo tiene un miembro, el propio Wilders. Sin directivos, sin congresos, sin afiliaci\u00f3n: solo seguidores. En el otro extremo del espectro, el \u00abpartido gaseoso\u00bb de Jean-Luc M\u00e9lenchon se basa en un rechazo asumido de la forma partidista cl\u00e1sica por temor a que reproduzca las patolog\u00edas de los partidos-c\u00e1rteles olig\u00e1rquicos y burocr\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n

La alternativa se presenta a menudo de forma binaria: o bien abandonar toda ambici\u00f3n institucional y adaptarse por completo a la fluidez de la \u00e9poca, o bien reconstruir una fortaleza militante a la antigua usanza, impermeable al espacio p\u00fablico digital. <\/p>\n\n\n\n

Creo que esta oposici\u00f3n es est\u00e9ril. Existen soluciones h\u00edbridas que combinan elementos del partido de masas del siglo XX con formas m\u00e1s \u00e1giles y flexibles, caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfEn qui\u00e9n piensa, por ejemplo?<\/h3>\n\n\n\n

El PTB en B\u00e9lgica, o incluso algunas campa\u00f1as locales en Estados Unidos, como la de Zohran Mamdani en Nueva York, articulan una organizaci\u00f3n militante cl\u00e1sica con una movilizaci\u00f3n digital, una inscripci\u00f3n local y una capacidad de respuesta a corto plazo.<\/p>\n\n\n\n

Estas experiencias me parecen ofrecer v\u00edas de salida m\u00e1s cre\u00edbles de la hiperpol\u00edtica que la simple rendici\u00f3n a la \u00abmodernidad l\u00edquida\u00bb de los a\u00f1os 2020, o que la nostalgia de una contrasociedad al estilo del Partido Comunista Franc\u00e9s, que en su momento fue una verdadera sociedad dentro de la sociedad, pero cuya reconstituci\u00f3n integral parece hoy fuera de alcance.<\/p>\n\n\n\n

Los pensadores posliberales comparten su an\u00e1lisis sobre los efectos nocivos de la desinstitucionalizaci\u00f3n. Es un diagn\u00f3stico que se encuentra tanto entre los posliberales de izquierda ingleses \u2014Maurice Glasman y Adrian Pabst, de Blue Labour<\/a>, por ejemplo\u2014 como entre la franja m\u00e1s conservadora de los posliberales estadounidenses, como Patrick Deneen o Adrian Vermeule<\/a>… \u00bfQu\u00e9 le inspira esta convergencia?<\/h3>\n\n\n\n

Es innegable que existe una coincidencia descriptiva entre su diagn\u00f3stico y el m\u00edo, especialmente en lo que respecta a la atomizaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n

Me distingo de ellos en dos puntos esenciales.<\/p>\n\n\n\n

En primer lugar, su enfoque suele estar marcado por un organicismo y un tradicionalismo que yo rechazo. En este punto, me siento m\u00e1s cercano a Durkheim: las sociedades modernas se basan en formas de solidaridad \u00aborg\u00e1nicas\u00bb, no en solidaridades mec\u00e1nicas heredadas.<\/p>\n\n\n\n

En segundo lugar, considero que su relato es hist\u00f3ricamente d\u00e9bil. No ofrecen un an\u00e1lisis convincente del origen de las formas de pol\u00edtica de masas de la derecha. Cuando evocan la democracia cristiana \u2014alemana o belga\u2014 como modelo impl\u00edcito, olvidan que estas formaciones se construyeron como reacci\u00f3n a una amenaza concreta: el auge del socialismo de masas, la secularizaci\u00f3n, la industrializaci\u00f3n. Los partidos conservadores y cristianos de masas no surgieron espont\u00e1neamente, sino que fueron respuestas estrat\u00e9gicas a un poder social organizado.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, estos pensadores parecen ignorar esta dimensi\u00f3n conflictiva. Su relaci\u00f3n con el pasado es en gran medida intelectual y abstracta. No se preguntan qu\u00e9 significar\u00eda concretamente la reconstrucci\u00f3n de tales instituciones hoy en d\u00eda. \u00bfRealmente creen que las personas se unir\u00edan a estas estructuras \u00fanicamente para romper con la soledad, por el simple placer de la comunidad?<\/p>\n\n\n\n

Las instituciones del siglo XX tambi\u00e9n funcionaban porque promet\u00edan algo muy claro: si nos delegan su mandato individual, seremos capaces de transformar la sociedad, de modificar las relaciones de poder, de hacer frente a intereses arraigados. Tal posibilidad de delegaci\u00f3n supone una reflexi\u00f3n seria sobre el poder social, reflexi\u00f3n que brilla por su ausencia en estos autores.<\/p>\n\n\n\n

Los pensadores que menciona hablan con gusto de la dominaci\u00f3n cultural liberal, del poder de las \u00e9lites profesionales, pero muy poco de c\u00f3mo un movimiento podr\u00eda realmente hacer frente a intereses econ\u00f3micos e institucionales s\u00f3lidamente establecidos. Esta laguna es tanto ideol\u00f3gica como anal\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n

El ejemplo de Adrian Vermeule es revelador. Este explica a la coalici\u00f3n trumpista que querer desmantelar el Estado administrativo y llevar a cabo deportaciones masivas es contradictorio, ya que tal pol\u00edtica supondr\u00eda, precisamente, un aparato administrativo poderoso. Esto ilustra bien el problema central de los trumpistas: sue\u00f1an con un movimiento de masas capaz de coaccionar al Estado, pero sin los medios institucionales necesarios para hacerlo funcionar.<\/p>\n\n\n\n

Washington despliega hoy una maquinaria de deportaci\u00f3n espectacular, arbitraria y a menudo brutal.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, en t\u00e9rminos puramente cuantitativos, ni siquiera alcanza los niveles de finales de la era Biden. La diferencia radica menos en las cifras que en la puesta en escena. Esto revela una incapacidad estructural para traducir una hipermovilizaci\u00f3n pol\u00edtica en poder institucional efectivo.<\/p>\n\n\n\n

En mi opini\u00f3n, esta es la debilidad fundamental de los programas posliberales de derecha, que en el fondo denominan \u00abhiperliberalismo\u00bb a lo que yo llamo \u00abhiperpol\u00edtica\u00bb. No saben c\u00f3mo reconstruir un movimiento de masas, ni siquiera en la derecha. Siguen siendo extraordinariamente vagos sobre lo que eso implicar\u00eda en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n

Es evidente que existe una base afectiva y psicol\u00f3gica para esta nueva forma de compromiso pol\u00edtico. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 lugar ocupa el Estado en esta configuraci\u00f3n? \u00bfLa salida de la hiperpol\u00edtica pasar\u00eda necesariamente por una forma de \u00abcapitalismo de Estado\u00bb?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Si observamos la evoluci\u00f3n del Estado en las d\u00e9cadas de 1900 y 2000, se aprecia un doble movimiento. Por un lado, los partidos se han replegado en el Estado, al tiempo que se han debilitado estructuralmente como instancias de representaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Se han convertido en c\u00e1rteles, facciones y, a veces, en simples ap\u00e9ndices administrativos. Esto es especialmente visible en Estados Unidos, donde los partidos ya casi no funcionan como instituciones de la sociedad civil: se parecen m\u00e1s a ministerios sin base militante.<\/p>\n\n\n\n

Este fen\u00f3meno tambi\u00e9n existe en Europa. En Francia, por ejemplo, la transformaci\u00f3n del sistema partidista en los \u00faltimos 15 a\u00f1os muestra claramente que la democracia de partidos, tal y como exist\u00eda en el siglo XX, ha desaparecido pr\u00e1cticamente: asistimos a la formaci\u00f3n de coaliciones electorales temporales, sin una continuidad organizativa real.<\/p>\n\n\n\n

A nivel estatal, esto se ha traducido en un fortalecimiento de las instancias no elegidas, entre las que destacan los bancos centrales, ya poderosos en la d\u00e9cada de 1990, pero que se han vuelto imprescindibles en la d\u00e9cada de 2010 como \u00fanicos actores cre\u00edbles en la gesti\u00f3n de crisis. Al mismo tiempo, el Estado ha visto mermada su capacidad administrativa, en particular por la externalizaci\u00f3n masiva de funciones al sector privado. En cierto modo, el Estado ha organizado su propia incapacidad.<\/p>\n\n\n\n

En este contexto, la hiperpol\u00edtica se convierte en una forma de gestionar las relaciones entre el Estado y la sociedad. Nos enfrentamos a un Estado m\u00e1s central \u2014porque se enfrenta a los grandes retos del siglo XXI \u2014 y m\u00e1s impotente, por falta de mediaciones institucionales s\u00f3lidas.<\/p>\n\n\n\n

La capacidad de la Rep\u00fablica Popular China para producir transformaciones pol\u00edticas radicales podr\u00eda ser un contraejemplo de lo que usted describe.<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

El contraste con China es esclarecedor. A menudo se atribuye la espectacular transformaci\u00f3n de su econom\u00eda pol\u00edtica, especialmente en el \u00e1mbito clim\u00e1tico, \u00fanicamente a la capacidad del Estado. Pero es imposible comprender esta trayectoria sin tener en cuenta el papel del Partido.<\/p>\n\n\n\n

El sistema chino es, en realidad, muy descentralizado: Pek\u00edn env\u00eda orientaciones generales a las provincias. Lo que garantiza la coherencia del conjunto es el Partido, presente tanto en el Estado como en la sociedad, capaz de disciplinar tanto a las \u00e9lites como a las masas.<\/p>\n\n\n\n

En Europa y Estados Unidos, esta instituci\u00f3n mediadora brilla por su ausencia. Esta es una de las razones por las que los Estados occidentales tienen dificultades para implementar programas de transformaci\u00f3n comparables. La desregulaci\u00f3n de las relaciones entre las \u00e9lites, pero tambi\u00e9n entre estas y la sociedad, produce una incapacidad estructural del Estado. La hiperpol\u00edtica se convierte entonces en una soluci\u00f3n por defecto: un medio para que las \u00e9lites busquen un apoyo popular puntual, a falta de instituciones capaces de generar una cohesi\u00f3n duradera.<\/p>\n\n\n\n

El ejemplo alem\u00e1n es revelador. Hist\u00f3ricamente, los partidos desempe\u00f1aban un papel central de articulaci\u00f3n entre las facciones de la \u00e9lite y la base social. Su debilitamiento dificulta hoy en d\u00eda la reactivaci\u00f3n industrial, la respuesta a la competencia china o la adaptaci\u00f3n a las nuevas limitaciones geopol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n

En otras palabras: el Estado quiere actuar, pero ya no dispone de los instrumentos pol\u00edticos necesarios.<\/p>\n\n\n\n

Esta es la expresi\u00f3n m\u00e1s clara del nuevo r\u00e9gimen afectivo de la hiperpol\u00edtica: una intensidad m\u00e1xima del deseo de cambio combinada con una incapacidad casi total para llevarlo a cabo. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En su libro, aborda el tema de los afectos y el impacto de lo digital en ellos. Algunas corrientes psicoanal\u00edticas <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> hablan hoy de una evoluci\u00f3n ps\u00edquica caracterizada por la desaparici\u00f3n de la contenci\u00f3n y la frustraci\u00f3n en favor de la liquidez y la inmediatez. \u00bfEs esta otra consecuencia de la hiperpol\u00edtica?<\/h3>\n\n\n\n

Efectivamente, desde los a\u00f1os noventa existe una amplia bibliograf\u00eda sobre la individualizaci\u00f3n, en Ulrich Beck, Anthony Giddens y otros. No pretendo dominar todos sus aspectos, pero es evidente que existe una base afectiva y psicol\u00f3gica para esta nueva forma de compromiso pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n

Vivimos en un r\u00e9gimen marcado por una transformaci\u00f3n de la atenci\u00f3n y de lo que podr\u00edamos llamar la econom\u00eda libidinal. Numerosos dispositivos culturales y tecnol\u00f3gicos alimentan la idea de que los problemas pueden resolverse r\u00e1pidamente, que la satisfacci\u00f3n \u2014material, emocional, sexual, simb\u00f3lica\u2014 es inmediatamente accesible. Las autoridades colectivas que serv\u00edan de pantalla entre el individuo y la gratificaci\u00f3n han desaparecido en gran medida.<\/p>\n\n\n\n

Esto produce una frustraci\u00f3n muy diferente a la del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n

En aquella \u00e9poca, el individuo se enfrentaba a instituciones masivas que bloqueaban la expresi\u00f3n de ciertas identidades o preferencias. Podemos pensar en la conflictiva relaci\u00f3n de Michel Foucault con el Partido Comunista Franc\u00e9s, o en los relatos de Didier Eribon sobre la violencia simb\u00f3lica de estas instituciones. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Hoy en d\u00eda, la situaci\u00f3n se ha invertido. El individuo dispone de una capacidad supuestamente ilimitada para expresar sus necesidades, sus identidades, sus deseos, precisamente porque esas instituciones intermedias se han derrumbado. Pero le faltan los marcos colectivos que le permitan traducir esas expresiones en acciones eficaces.<\/p>\n\n\n\n

La acertada f\u00f3rmula de Michel Clouscard \u2014\u00abtodo est\u00e1 permitido, pero nada es posible\u00bb\u2014 describe perfectamente este nuevo r\u00e9gimen afectivo y el callej\u00f3n sin salida de la hiperpol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n

Ante un problema masivo \u2014violencia policial, desigualdades, crisis clim\u00e1tica\u2014, el deseo de transformaci\u00f3n es inmediato. Se puede movilizar, tuitear, lanzar una campa\u00f1a, llegar a miles de personas en pocas horas. Pero la realizaci\u00f3n de este deseo requiere tiempo, paciencia, trabajo institucional, elementos incompatibles con la inmediatez afectiva dominante. <\/p>\n\n\n\n

La frustraci\u00f3n contempor\u00e1nea ya no proviene del hecho de que las instituciones bloqueen al individuo, sino de la constataci\u00f3n inversa: la expresi\u00f3n individual no sirve pr\u00e1cticamente para nada en ausencia de capacidad colectiva. Estados Unidos ofrece hoy un ejemplo tr\u00e1gico de esta situaci\u00f3n. Una abrumadora mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n \u2014incluidas las \u00e9lites\u2014 reconoce que la violencia policial y el sistema penitenciario constituyen un esc\u00e1ndalo hist\u00f3rico<\/a>. Existe un consenso discursivo al respecto. Sin embargo, estructuralmente, la situaci\u00f3n empeora.<\/p>\n\n\n\n

En mi opini\u00f3n, esta es la expresi\u00f3n m\u00e1s clara del nuevo r\u00e9gimen afectivo de la hiperpol\u00edtica: una intensidad m\u00e1xima del deseo de cambio combinada con una incapacidad casi total para llevarlo a cabo.<\/p>\n\n\n\n

La obra de Jonathan White<\/a> In the Long Run: The Future as a Political Idea<\/em> recuerda que la pol\u00edtica ha estado dictada durante mucho tiempo por una visi\u00f3n del futuro. La aceleraci\u00f3n reaccionaria trumpista<\/a> es hoy una manifestaci\u00f3n de ello. \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n mantiene la hiperpol\u00edtica con el futuro?<\/h3>\n\n\n\n

Jonathan White parte de una idea simple pero decisiva: solo se puede pensar en el futuro pol\u00edticamente a trav\u00e9s de instituciones colectivas, entre las que destaca el partido. Imaginar el futuro supone, por tanto, creer que podemos transformar juntos el presente de tal manera que el ma\u00f1ana sea efectivamente diferente del hoy.<\/p>\n\n\n\n

Sin control colectivo sobre el presente, no hay raz\u00f3n para pensar en el futuro m\u00e1s que como una mera especulaci\u00f3n. Siempre se puede decir: \u00abma\u00f1ana podr\u00eda ser diferente\u00bb, pero mientras no dispongamos de una capacidad colectiva para decidir sobre el presente, esa proyecci\u00f3n seguir\u00e1 siendo vac\u00eda. Por el contrario, cuando esa capacidad existe, se puede decir: \u00abMa\u00f1ana ser\u00e1 diferente, porque hemos decidido colectivamente c\u00f3mo ser\u00e1\u00bb .<\/p>\n\n\n\n

Para White, la crisis contempor\u00e1nea del futuro es, por lo tanto, fundamentalmente una crisis de la colectividad. Cuando ya no hay instituciones capaces de transformar el presente, ya no hay un futuro imaginable. Pensar en el futuro supone una forma de control, aunque sea parcial, sobre las condiciones de vida actuales. Sin ello, la idea misma de futuro se disuelve.<\/p>\n\n\n\n

La hiperpol\u00edtica se convierte en una soluci\u00f3n por defecto: un medio para que las \u00e9lites busquen un apoyo popular puntual, a falta de instituciones capaces de producir una cohesi\u00f3n duradera. <\/p>Anton J\u00e4ger<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Esto es exactamente lo que se observa en la hiperpol\u00edtica. Se trata de una pol\u00edtica a muy corto plazo, marcada por ciclos medi\u00e1ticos extremadamente breves. Durante una semana, la energ\u00eda pol\u00edtica es m\u00e1xima: multitudes inmensas, una intensidad afectiva considerable. Luego, a la semana siguiente, no queda casi nada. Ning\u00fan sedimento institucional, ninguna estructura duradera. <\/p>\n\n\n\n

Por el contrario, cuando existen instituciones colectivas, podemos plantearnos preguntas que trascienden el momento: \u00bfd\u00f3nde queremos estar dentro de un a\u00f1o, dentro de dos a\u00f1os, dentro de diez a\u00f1os?<\/p>\n\n\n\n

Esto implica una pol\u00edtica de paciencia \u2014casi, dir\u00eda yo, una pol\u00edtica \u00abb\u00e1rbara\u00bb o \u00abasc\u00e9tica\u00bb en el sentido noble\u2014 basada en la duraci\u00f3n, la disciplina e incluso el sacrificio.<\/p>\n\n\n\n

Esto supone aceptar que quiz\u00e1 no veamos nosotros mismos el resultado de las transformaciones que emprendemos, pero que la entidad colectiva sobrevivir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n

Esto se ve muy claramente a finales del siglo XIX: muchos militantes socialistas o bolcheviques dec\u00edan expl\u00edcitamente que no ver\u00edan la revoluci\u00f3n en vida, pero que trabajaban para que alg\u00fan d\u00eda llegara. Sin una colectividad duradera, sin instituciones capaces de soportar una temporalidad larga, esta postura se vuelve imposible.<\/p>\n\n\n\n

Si seguimos a Jonathan White, sin un control colectivo del presente, ya no hay futuro. Solo quedan ciclos cortos de ilusi\u00f3n de control, seguidos de des\u00e1nimo: \u00abNo s\u00e9 c\u00f3mo ser\u00e1 el a\u00f1o que viene\u00bb, no porque el futuro sea incierto, sino porque se ha vuelto impensable.<\/p>\n\n\n\n

Su libro es, en este sentido, extremadamente estimulante.<\/p>\n\n\n\n

Yo trabajo m\u00e1s bien en la dimensi\u00f3n espacial \u2014instituciones, mediaciones, estructuras\u2014 y \u00e9l aborda la cuesti\u00f3n desde la temporalidad, pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 pasa con una sociedad que ha perdido todo control colectivo sobre sus condiciones de existencia y, por lo tanto, toda capacidad de proyectarse hacia el futuro.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfEs la hiperpol\u00edtica un movimiento global y uniforme?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Evidentemente, existen grandes diferencias entre las trayectorias nacionales. El diagn\u00f3stico de hiperpol\u00edtica no se aplica de manera uniforme a todos los pa\u00edses. Las tradiciones pol\u00edticas var\u00edan, al igual que los niveles de institucionalizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

La manifestaci\u00f3n, por ejemplo, es una tradici\u00f3n mucho m\u00e1s antigua y estructurante en Francia que en algunos pa\u00edses vecinos. Alemania, Francia y Estados Unidos no tienen la misma historia pol\u00edtica ni las mismas formas de mediaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, mi intenci\u00f3n no es contar una historia homog\u00e9nea.<\/p>\n\n\n\n

Se trata m\u00e1s bien de identificar una tendencia estructural com\u00fan \u2014una configuraci\u00f3n general\u2014 que se declina de manera diferente seg\u00fan los contextos nacionales. Reconocer esta tendencia no implica borrar las diferencias ni generalizar de manera abusiva. Simplemente permite comprender mejor la direcci\u00f3n en la que se est\u00e1n transformando hoy en d\u00eda nuestras culturas pol\u00edticas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Uno de los pensadores m\u00e1s brillantes de su generaci\u00f3n ha acu\u00f1ado un concepto que parece captar a la perfecci\u00f3n la etapa que estamos atravesando.<\/p>\n

\u00bfC\u00f3mo vivir en una \u00e9poca de politizaci\u00f3n extrema, cada vez m\u00e1s radical, pero sin los marcos de la pol\u00edtica?<\/p>\n

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