{"id":88417,"date":"2026-01-19T21:10:36","date_gmt":"2026-01-19T20:10:36","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=88417"},"modified":"2026-01-19T21:10:40","modified_gmt":"2026-01-19T20:10:40","slug":"comprender-la-revolucion-conservadora-investigacion-con-jean-francois-bayart-1-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/01\/19\/comprender-la-revolucion-conservadora-investigacion-con-jean-francois-bayart-1-3\/","title":{"rendered":"Comprender la revoluci\u00f3n conservadora: investigaci\u00f3n con Jean-Fran\u00e7ois Bayart (1\/3)"},"content":{"rendered":"\n
Jean-Fran\u00e7ois Bayart es profesor en el IHEID de Ginebra, titular de la c\u00e1tedra Yves Oltramare \u00abReligi\u00f3n y pol\u00edtica en el mundo contempor\u00e1neo \u00bb. En el marco de su docencia, ha desarrollado una reflexi\u00f3n sobre el paso de un mundo de imperios a un mundo de Estados-naci\u00f3n, sobre las definiciones etnorreligiosas de la ciudadan\u00eda que han resultado de ello y sobre las \u00abrevoluciones conservadoras\u00bb que pueden darles forma. Como contrapunto a algunas de sus obras \u2014 <\/em>La ilusi\u00f3n identitaria (Fayard, 1996); <\/em>El gobierno del mundo. Una cr\u00edtica pol\u00edtica de la globalizaci\u00f3n (Fayard, 2004);<\/em> L\u2019Islam r\u00e9publicain. Ankara, T\u00e9h\u00e9ran, Dakar (Albin Michel, 2010);<\/em> L\u2019\u00e9nergie de l\u2019\u00c9tat. Pour une sociologie historique et compar\u00e9e du politique (La D\u00e9couverte, 2022)\u2014, ha elaborado un paradigma comparativo de la \u00abrevoluci\u00f3n conservadora\u00bb al que vuelve en esta entrevista en tres partes.<\/em><\/p>\n\n\n\n Para recibir el pr\u00f3ximo episodio antes de su publicaci\u00f3n,<\/em> suscr\u00edbase<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n La expresi\u00f3n aparece de manera program\u00e1tica en una famosa conferencia pronunciada por Hugo von Hofmannsthal en 1927, Las letras como espacio espiritual de la naci\u00f3n<\/em>, en la que hace un llamado expl\u00edcito a una \u00abrevoluci\u00f3n conservadora\u00bb. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Aunque el t\u00e9rmino no se consolid\u00f3 realmente como categor\u00eda historiogr\u00e1fica hasta despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial \u2014algunos incluso han buscado su origen en la obra de Dostoievski\u2014, esta intervenci\u00f3n marca, sin embargo, uno de sus primeros usos te\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n Fue sobre todo con la tesis de Armin Mohler \u2014La revoluci\u00f3n conservadora en Alemania. 1918-1932<\/em>\u2014 dirigida por Karl Jaspers, que el t\u00e9rmino se impone como concepto anal\u00edtico. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> Primera obra universitaria de referencia dedicada a esta corriente de pensamiento, el trabajo de Mohler presenta, sin embargo, una singularidad: es el de un insider<\/em>. Ciudadano suizo, Mohler se alist\u00f3 en las Waffen-SS antes de desertar tras pasar unos meses en el frente oriental y regresar a Suiza, no sin antes pasar una breve temporada en prisi\u00f3n. De regreso a Alemania, se convirti\u00f3 en secretario particular de Ernst J\u00fcnger, colaborando posteriormente con la Nueva Derecha y el GRECE. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Por supuesto.<\/p>\n\n\n\n Arthur Moeller van den Bruck (1876-1925), considerado comouno de los principales ide\u00f3logos de la revoluci\u00f3n conservadora alemana, dec\u00eda que \u00aben una situaci\u00f3n revolucionaria, e incluso con medios revolucionarios, es posible alcanzar fines conservadores\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Walter Benjamin, Victor Klemperer y Ernst Bloch comprendieron muy pronto dicha orientaci\u00f3n b\u00edfica. Bloch, en particular, hablar\u00e1 de \u00absimultaneidad de los contrarios\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Thomas Mann, que durante mucho tiempo fue sensible a esas ideas, denunciar\u00e1, despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, su mezcla de \u00abrobusto modernismo, eficiencia avanzada y sue\u00f1o del pasado\u00bb. Evocar\u00e1 un \u00abromanticismo tecnificado\u00bb, como eco del \u00abromanticismo de acero\u00bb que celebraba Goebbels. El autor de La decadencia de Occidente<\/em>, Oswald Spengler, tiene una frase muy llamativa: para \u00e9l, los ingenieros deben convertirse en los \u00absacerdotes eruditos de la m\u00e1quina\u00bb. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n No por completo. Louis Dupeux, la ve como una \u00abnebulosa ideol\u00f3gica\u00bb y habr\u00eda preferido el t\u00e9rmino \u00abreacci\u00f3n moderna\u00bb. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Impulsada m\u00e1s por escritores que por intelectuales acad\u00e9micos, por Privatdozenten<\/em>, economistas, ingenieros y juristas, esta sensibilidad se difundi\u00f3 a trav\u00e9s de una galaxia de c\u00edrculos, revistas y editoriales, en \u00f3smosis con los partidos de la derecha nacionalista a los que irrigaba, pero tambi\u00e9n con un movimiento abierto a la experiencia bolchevique, en particular los Linke Leute von Rechts<\/em>, los \u00abizquierdistas de la derecha\u00bb, en torno a Ernst Niekisch (1889-1967) .<\/p>\n\n\n\n Su difusi\u00f3n fue tanto m\u00e1s eficaz cuanto m\u00e1s fragmentada estaba. En la d\u00e9cada de 1920, el propio Hitler cultiv\u00f3 esta ambivalencia, tomando prestado del imaginario socialista y obrero. Rec\u00edprocamente, el Partido Comunista convirti\u00f3 a Schlageter, jefe de los cuerpos francos nacionalistas fusilado por los franceses en 1923, en un h\u00e9roe provisional, adoptando brevemente una \u00abl\u00ednea Schlageter\u00bb.<\/p>\n\n\n\n La versi\u00f3n que propone la revoluci\u00f3n conservadora es especialmente radical: implica, entre otras cosas, la relegaci\u00f3n de la tradici\u00f3n cristiana plurisecular. <\/p>Jean-Fran\u00e7ois Bayart<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n La intuici\u00f3n decisiva de los defensores de la revoluci\u00f3n conservadora \u2014que Fran\u00e7ois Furet pondr\u00e1 de relieve en Le Pass\u00e9 d\u2019une illusion<\/em> <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> y en su correspondencia con el historiador alem\u00e1n Ernst Nolte\u2014 <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> fue comprender la inutilidad del proyecto contrarrevolucionario revolucionario como respuesta al afrenta de la Revoluci\u00f3n Francesa y a la difusi\u00f3n de su legado a escala europea.<\/p>\n\n\n\n Nadie pod\u00eda adherirse seriamente a un retorno puro y simple al Antiguo R\u00e9gimen, salvo algunos so\u00f1adores y la fracci\u00f3n m\u00e1s r\u00edgida de la aristocracia o de las Iglesias cristianas. En lugar de hundirse en una nostalgia est\u00e9ril y en el Kulturpessimismus<\/em>, hab\u00eda que adaptarse a los nuevos tiempos, \u00abapoyarlos\u00bb y llevar a cabo una verdadera revoluci\u00f3n copernicana de la \u00abactitud\u00bb hacia la modernidad, aunque fuera para ponerla al servicio de la tradici\u00f3n, o de lo que se consideraba como tal.<\/p>\n\n\n\n Seg\u00fan Arthur Moeller van den Bruck, \u00abno se trata de restaurar el pasado, sino de vincularse a \u00e9l\u00bb. Su objetivo es, por tanto, \u00abarrancar la revoluci\u00f3n de las manos de los revolucionarios\u00bb. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> Ernst J\u00fcnger, en la prosa enf\u00e1tica de la \u00e9poca, apelaba por su parte a la \u00abfusi\u00f3n del pasado y el futuro en un presente ardiente\u00bb. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Absolutamente. Su lema es el \u00abderrocamiento\u00bb (Umsturz<\/em>) del orden establecido, que se detesta; de ah\u00ed su orientaci\u00f3n voluntariamente antiburguesa, que comparte con el bolchevismo, y cuya orientaci\u00f3n anticapitalista, en Alemania, remite al economista Friedrich List y al fil\u00f3sofo Johann Gottlieb Fichte. Incluso la reivindicaci\u00f3n de la tradici\u00f3n es fundamentalmente disruptiva.<\/p>\n\n\n\n Se trata de una tradici\u00f3n \u00abinventada\u00bb, una operaci\u00f3n en s\u00ed misma banal si se acepta la tesis de Eric Hobsbawm y Terence Ranger, seg\u00fan la cual la modernidad del siglo XIX se construy\u00f3 en gran medida mediante la \u00abinvenci\u00f3n de la tradici\u00f3n\u00bb. Pero la versi\u00f3n que propone la revoluci\u00f3n conservadora es de una radicalidad particular: pasa, en particular, por la relegaci\u00f3n de la tradici\u00f3n cristiana plurisecular, a la que sustituye la exaltaci\u00f3n m\u00e1s o menos expl\u00edcita de un paganismo reinventado \u2014el de las tribus germ\u00e1nicas, la Antigua Grecia o, en el caso italiano, Roma\u2014 y, sobre todo, de una fuerza guerrera y virilista, no exenta de cierto nihilismo.<\/p>\n\n\n\n Al hacerlo, la revoluci\u00f3n conservadora se proyecta decididamente hacia el futuro \u2014al estilo de los futuristas italianos\u2014, pero para responder a la distop\u00eda muy real del presente inmediato: la de la guerra masiva, su desastre absoluto, la derrota o la \u00abvictoria mutilada \u00bb \u2014en Mussolini y D’Annunzio\u2014, los \u00e9xodos que ha provocado y la abyecci\u00f3n de la pobreza masiva. La exaltaci\u00f3n del pasado y de la \u00abtradici\u00f3n\u00bb constituye as\u00ed una respuesta orientada hacia el futuro: una promesa de redenci\u00f3n, la perspectiva de recuperar la grandeza perdida.<\/p>\n\n\n\n Desde este punto de vista, las revoluciones conservadoras del periodo de entreguerras pueden entenderse como fundamentalismos identitarios, comparables, mutatis mutandis<\/em>, a ciertos fundamentalismos religiosos contempor\u00e1neos. \u00abImaginaron una comunidad\u00bb, por retomar la expresi\u00f3n de Benedict Anderson: una naci\u00f3n primitiva e ideal, una identidad supuestamente original, as\u00ed esencializada. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Sin embargo, la identidad no es una esencia, sino un \u00abevento\u00bb, en el sentido deleuziano: una acci\u00f3n, un proceso, una din\u00e1mica de identificaci\u00f3n siempre inestable. <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> Las revoluciones conservadoras dotaron as\u00ed a \u00absu\u00bb naci\u00f3n de una cultura denominada \u00abpopular\u00bb, tambi\u00e9n en gran medida imaginaria, entendi\u00e9ndose que lo imaginario no es lo contrario de lo real, sino, seg\u00fan Gilles Deleuze, el lugar de \u00abla indiscernibilidad de lo real y lo irreal\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Sus adeptos eran m\u00e1s bien \u00abrenacidos\u00bb de la naci\u00f3n que de Dios. El pasado y la \u00abtradici\u00f3n\u00bb a los que se refer\u00edan eran fruto de la fantas\u00eda; a menudo eran kitsch y espectaculares, una caracter\u00edstica que los acerca, una vez m\u00e1s, al salafismo o al cristianismo evang\u00e9lico contempor\u00e1neos.<\/p>\n\n\n\n Hay un conjunto de reg\u00edmenes y movimientos pol\u00edticos que surgieron en el periodo de entreguerras y que pueden interpretarse a partir de este sintagma ox\u00edmor\u00f3nico: el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alem\u00e1n, pero tambi\u00e9n toda una constelaci\u00f3n de reg\u00edmenes autoritarios de Europa Central y Oriental que, en diversos grados, se inspiran en ellos.<\/p>\n\n\n\n Estas experiencias tambi\u00e9n se\u00f1alan las fuerzas pol\u00edticas de la misma sensibilidad que operaban en el seno de las propias democracias liberales, ese \u00abcampo magn\u00e9tico\u00bb, por retomar la expresi\u00f3n de Philippe Burrin, que influ\u00eda profundamente en las sociedades europeas de la \u00e9poca. <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n A esta genealog\u00eda se pueden a\u00f1adir otros reg\u00edmenes que, sin pertenecer al fascismo, participan de la misma l\u00f3gica de s\u00edntesis entre revoluci\u00f3n y conservadurismo.<\/p>\n\n\n\n La revoluci\u00f3n conservadora se proyecta decididamente hacia el futuro \u2014al estilo de los futuristas italianos\u2014, pero para responder a la distop\u00eda muy real del presente inmediato. <\/p>Jean-Fran\u00e7ois Bayart<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El r\u00e9gimen de partido \u00fanico instaurado por Mustafa Kemal en Turqu\u00eda, por ejemplo, fascin\u00f3 a una parte de la derecha nacionalista alemana por su rechazo al Diktat<\/em> de Versalles y su capacidad para refundar el Estado sobre una base autoritaria y nacionalista.<\/p>\n\n\n\n Del mismo modo, el \u00absocialismo en un solo pa\u00eds\u00bb impuesto por Stalin en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, al abrazar una pasi\u00f3n nacional gran-rusa, suscit\u00f3 una forma de empat\u00eda parad\u00f3jica en el seno de la derecha nacionalista alemana, a la vez antiburguesa, antiliberal y profundamente antioccidental.<\/p>\n\n\n\n En su diversidad, estas f\u00f3rmulas pol\u00edticas pretenden responder, de manera identitaria, a los trastornos generados por la sociedad industrial y capitalista de masas, as\u00ed como a la amenaza revolucionaria que esta ha suscitado, encarnada, para las \u00e9lites europeas, por el espectro de la Revoluci\u00f3n de Octubre. Se trata, en palabras de Eric Hobsbawm y Terence Ranger, de una verdadera \u00abinvenci\u00f3n de la tradici\u00f3n\u00bb: <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> una b\u00fasqueda de autenticidad destinada a restaurar continuidades imaginarias frente a un mundo percibido como desarticulado.<\/p>\n\n\n\n Estos reg\u00edmenes y movimientos se proponen restaurar la dignidad de los pueblos humillados: por la derrota militar \u2014o por la \u00abvictoria mutilada\u00bb, en el caso italiano\u2014; por la abyecci\u00f3n de la pobreza masiva que se deriva de ella, en un contexto de crisis estructural del capitalismo. Prometen el advenimiento de un \u00ab hombre nuevo\u00bb mediante la resurrecci\u00f3n de un pasado mitificado, ya sea \u00abario\u00bb, \u00abromano\u00bb, \u00abmagiar\u00bb o \u00abturco\u00bb, seg\u00fan los contextos nacionales.<\/p>\n\n\n\n Se alimentaban de una misma econom\u00eda afectiva, estructurada por la \u00abrumiaci\u00f3n\u00bb y el \u00abresentimiento\u00bb, en el sentido que le da Max Scheler en El resentimiento en la moral<\/em>, publicado en 1912. <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> Dirigido contra enemigos internos se\u00f1alados como responsables de la disoluci\u00f3n identitaria y social, este resentimiento se convierte en una fuerza motriz, tanto moral como pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n Es precisamente este mecanismo el que la fil\u00f3sofa Cynthia Fleury ha puesto de relieve al subrayar sus afinidades electivas con la idea de autenticidad: el resentimiento alimenta la b\u00fasqueda de un yo supuestamente puro, anterior a los compromisos del mundo moderno, y legitima, a su vez, la exclusi\u00f3n de aquellos que son considerados responsables de la corrupci\u00f3n o la decadencia. <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Por supuesto. El jud\u00edo ocupa un lugar central, junto con variaciones recurrentes como la masoner\u00eda, la burgues\u00eda, los banqueros o los bolcheviques. En el caso turco, esta l\u00f3gica se traduce en la acusaci\u00f3n contra los \u00e1rabes, presentados como los que \u00abapu\u00f1alaron por la espalda\u00bb al Imperio Otomano, un esquema de traici\u00f3n que tambi\u00e9n se utiliz\u00f3 para justificar el genocidio armenio. En la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica estalinista, el papel de chivo expiatorio recae en los kulaks, se\u00f1alados como el enemigo interno que hay que eliminar.<\/p>\n\n\n\n Cabe destacar dos caracter\u00edsticas. Por un lado, estas f\u00f3rmulas pol\u00edticas acompa\u00f1an al colapso de los grandes imperios multinacionales que dominaban estos espacios \u2014austroh\u00fangaro, otomano, zarista\u2014 en beneficio de nuevos Estados-naci\u00f3n, a menudo fr\u00e1giles, que aplicaban definiciones etnorreligiosas de la ciudadan\u00eda. Esta redefinici\u00f3n exclusiva de la pertenencia nacional alimenta pol\u00edticas de discriminaci\u00f3n, expulsi\u00f3n e incluso llamados expl\u00edcitos a la limpieza \u00e9tnica.<\/p>\n\n\n\n Por otra parte, estos reg\u00edmenes y movimientos permiten a la derecha conservadora o reaccionaria salir de lo que Fran\u00e7ois Furet denomin\u00f3 el \u00abimpasse de la idea contrarrevolucionaria\u00bb. <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span> Incapaz de conformarse con una defensa restauradora del antiguo orden, consigue entonces \u00abrecuperar el encanto de la revoluci\u00f3n al servicio de una cr\u00edtica radical de los principios de 1789\u00bb. La revoluci\u00f3n deja de ser el horizonte exclusivo de la izquierda: se convierte en un instrumento movilizable contra el liberalismo pol\u00edtico, el parlamentarismo y el universalismo de los derechos.<\/p>\n\n\n\n La barrera \u2014o el cruce del Rubic\u00f3n\u2014 entre la revoluci\u00f3n conservadora y el nazismo o, en Italia, el fascismo, ha residido generalmente en la aceptaci\u00f3n o, por el contrario, en el rechazo del antisemitismo biol\u00f3gico y de la violencia desatada de las milicias.<\/p>\n\n\n\n Para Michael Mann<\/a>, gran especialista en la formaci\u00f3n del Estado, es precisamente esta violencia paramilitar y miliciana la que marca la diferencia decisiva entre el fascismo y el nazismo, por un lado, y los reg\u00edmenes conservadores o reaccionarios del periodo de entreguerras, por otro, reg\u00edmenes a menudo corporativistas, a veces autoritarios, que en ocasiones fueron aliados y en otras apoyos funcionales de estos movimientos. Los fascismos hist\u00f3ricos se apoyaron as\u00ed m\u00e1s f\u00e1cilmente en estos Estados que en los movimientos fascistas locales propiamente dichos, cuya violencia incontrolada resultaba a menudo disfuncional, especialmente en tiempos de guerra. <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Desde este punto de vista, el fascismo \u00absolo\u00bb triunf\u00f3 en cinco pa\u00edses europeos, menos como consecuencia de la crisis del liberalismo que del agotamiento de los reg\u00edmenes \u00abduales\u00bb, semiparlamentarios y semiautoritarios: Italia, Alemania, Austria, Hungr\u00eda y Ruman\u00eda. El fascismo tambi\u00e9n fue notable en los Sudetes y entre los eslovacos de Checoslovaquia, Ucrania y Croacia. Por el contrario, Espa\u00f1a y Portugal no fueron, propiamente hablando, reg\u00edmenes fascistas. La Espa\u00f1a de Franco, en la d\u00e9cada de 1960, bajo la influencia del Opus Dei, abandon\u00f3 lo que quedaba del modelo corporativista inicial para adoptar el de la revoluci\u00f3n conservadora y dedicarse a la modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n Del mismo modo, aunque la mayor\u00eda de los revolucionarios conservadores eran culturalmente antisemitas, su horizonte pol\u00edtico no apuntaba generalmente al exterminio ni al asesinato en masa. M\u00e1s bien contemplaban la relegaci\u00f3n de los jud\u00edos a una ciudadan\u00eda de segunda clase, su exclusi\u00f3n social o su exilio forzoso, umbral decisivo que el nazismo s\u00ed cruz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n Hab\u00eda en el nazismo, y en su pr\u00e1ctica de la violencia, una bestialidad que repugnaba profundamente a la burgues\u00eda alemana y, sin duda, la inquietaba a\u00fan m\u00e1s por el hecho de que las SA (Sturmabteilung<\/em>), la milicia del partido nazi, formada en gran parte por antiguos combatientes y marginados sociales, mostraban un virulento antiburguesismo.<\/p>\n\n\n\n La paradoja es que la eliminaci\u00f3n de los l\u00edderes de las SA durante la Noche de los Cuchillos Largos pudo, en cierto modo, tranquilizar a quienes se sent\u00edan repugnados por su brutalidad ostentosa y su homoerotismo, al tiempo que confer\u00eda a Hitler una mayor respetabilidad, la de un l\u00edder ahora percibido como m\u00e1s \u00abmoderado\u00bb y \u00abresponsable\u00bb. Sin embargo, esta violenta represi\u00f3n del movimiento acentu\u00f3 al mismo tiempo el temor suscitado por el \u00abpensamiento sin frenos\u00bb <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u2014y en particular sin frenos religiosos\u2014 de los revolucionarios conservadores m\u00e1s radicales, entre los que destacaban los propios nazis, y m\u00e1s concretamente aquellos que ve\u00edan en los liberales, m\u00e1s a\u00fan que en los marxistas, sus verdaderos enemigos, acusados de disolver toda jerarqu\u00eda moral y espiritual. <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n El fascismo triunf\u00f3 \u00absolo\u00bb en cinco pa\u00edses europeos, menos como consecuencia de la crisis del liberalismo que del agotamiento de los reg\u00edmenes \u00abduales\u00bb, semiparlamentarios y semiautoritarios. <\/p>Jean-Fran\u00e7ois Bayart<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El racismo biol\u00f3gico del nazismo choc\u00f3 as\u00ed con los sentimientos religiosos, el sentido de las conveniencias y, a veces, el simple sentido com\u00fan de muchos conservadores y revolucionarios conservadores, que pod\u00edan tolerar el autoritarismo o la exclusi\u00f3n, pero se mostraban reticentes ante una antropolog\u00eda radicalmente desinhibida, basada en la negaci\u00f3n de todo l\u00edmite moral.<\/p>\n\n\n\n Desde la revoluci\u00f3n conservadora hasta el nazismo, los itinerarios individuales fueron m\u00faltiples y a menudo ambivalentes. Moeller sac\u00f3 de su \u00fanico encuentro con Hitler la conclusi\u00f3n inequ\u00edvoca de que \u00abeste tipo nunca entender\u00e1 nada\u00bb. Como Moeller se suicid\u00f3 en 1925, nunca sabremos si se habr\u00eda unido a un hombre al que consideraba demasiado plebeyo para encarnar el F\u00fchrerprinzip<\/em>.<\/p>\n\n\n\n Ya se ha recordado que Thomas Mann, inicialmente sensible a los encantos de la revoluci\u00f3n conservadora, se alej\u00f3 de ella y huy\u00f3 del nazismo. Carl Schmitt<\/a> y Heidegger, por su parte, pasaron de la afinidad a la adhesi\u00f3n, al menos temporal; sin embargo, la revoluci\u00f3n espiritual de Heidegger era demasiado retr\u00f3grada para encajar en la sensibilidad revolucionaria conservadora propiamente dicha. Ernst J\u00fcnger mantuvo su distancia con respecto al nazismo. Ernst Niekisch y Otto Strasser (1897-1974), \u00abizquierdistas de la derecha\u00bb, terminaron oponi\u00e9ndose violentamente a ella. El hermano de este \u00faltimo, Gregor Strasser (1892-1934), fue asesinado durante la Noche de los Cuchillos Largos.<\/p>\n\n\n\n Uno de los pilares del nazismo en la esfera protestante, Wilhelm Stapel (1882-1954), autor de El hombre de Estado cristiano. Teolog\u00eda del nacionalismo<\/em>, publicado en 1932, rechazaba cualquier idea de pol\u00edtica cristiana universal, ya que cada pueblo deb\u00eda seguir su propia ley de origen divino; sin embargo, no se afili\u00f3 al partido, era sospechoso para Goebbels y no compart\u00eda el antisemitismo biol\u00f3gico de Hitler. Para Stapel, los pueblos alem\u00e1n y jud\u00edo eran ambos \u00abideas de Dios\u00bb que no pod\u00edan mezclarse impunemente, pero, en su opini\u00f3n, bastaba con asignar a los jud\u00edos un estatus (Stand<\/em>) que garantizara el Estado. Partidario de una nueva \u00abreligi\u00f3n alemana\u00bb, al margen de la Iglesia institucional, Paul Ernst (1866-1933) otorg\u00f3 \u00abletras de nobleza\u00bb culturales al nazismo, sin abrazar su racismo biol\u00f3gico, su expansionismo imperialista ni su culto a la guerra.<\/p>\n\n\n\n S\u00ed, absolutamente. El fundador del futurismo, Marinetti, lleg\u00f3 muy lejos en su compromiso con Mussolini, por vanidad y ambici\u00f3n personal. Muchos de sus amigos rompieron con \u00e9l incluso antes del advenimiento del fascismo, desde su furiosa exaltaci\u00f3n de la \u00abbelleza\u00bb de la guerra en Libia (1911), en los Balcanes (1912-1913) y finalmente en los Alpes, durante la Primera Guerra Mundial. Algunos, sin querer antagonizar al fascismo, se refugiaron en su Eigensinn<\/em>, su \u00abyo\u00edsmo\u00bb, poniendo su talento al servicio de la industria, la publicidad o la arquitectura.<\/p>\n\n\n\n En el giro \u2014o el rechazo al giro\u2014 de la revoluci\u00f3n conservadora hacia el fascismo y el nazismo interfirieron multitud de factores: el idealismo y el oportunismo pol\u00edtico, las intrigas cortesanas y las animadversiones personales, la erotizaci\u00f3n del l\u00edder supremo y sus secuaces, la codicia, pero tambi\u00e9n la habituaci\u00f3n a la violencia, de la que la Gran Guerra fue escuela para toda una generaci\u00f3n, incluidos los ni\u00f1os y adolescentes que la vivieron apropi\u00e1ndosela a trav\u00e9s de sus juegos y la ingenuidad de sus sentimientos patri\u00f3ticos. En resumen, una constelaci\u00f3n de factores determinantes, irreductibles a una causalidad \u00fanica, influy\u00f3 en estas bifurcaciones hist\u00f3ricas.<\/p>\n\n\n\n La estetizaci\u00f3n de la pol\u00edtica \u2014y de la guerra\u2014, la representaci\u00f3n fundamentalista de la naci\u00f3n, la preocupaci\u00f3n por responder a la abstracci\u00f3n alienante del Estado y del capitalismo mediante la \u00abconfiguraci\u00f3n\u00bb de otra abstracci\u00f3n, la del pueblo o la raza, o incluso la voluntad de devolver la dignidad a las v\u00edctimas de la Primera Guerra Mundial, proporcionaron l\u00edneas de continuidad de la revoluci\u00f3n conservadora al fascismo o al nazismo, pero sin que el paso fuera autom\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n Hay que releer el testimonio de Sebastian Haffner sobre su juventud para comprender los peque\u00f1os pasos que condujeron al \u00abcolapso colectivo\u00bb que sumi\u00f3 a Alemania y, por extensi\u00f3n, al mundo en el horror durante al menos 15 a\u00f1os. <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Es una cuesti\u00f3n importante y compleja.<\/p>\n\n\n\n Antonio Gramsci habr\u00eda tomado prestado de Vincenzo Cuoco el t\u00e9rmino \u00abrevoluci\u00f3n pasiva\u00bb para calificar la \u00abrevoluci\u00f3n sin revoluci\u00f3n\u00bb napolitana de 1799, que termin\u00f3 con una represi\u00f3n particularmente brutal de los adversarios de la monarqu\u00eda, posible gracias a la movilizaci\u00f3n conjunta de una parte del pueblo y del clero. Sin embargo, es m\u00e1s probable que Gramsci tomara esta referencia del fil\u00f3sofo liberal y antifascista Guido De Ruggiero (1888-1948), que analizaba la misma secuencia hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n En Gramsci, la \u00abrevoluci\u00f3n pasiva\u00bb \u2014tambi\u00e9n denominada \u00abrevoluci\u00f3n sin revoluci\u00f3n\u00bb o \u00abrevoluci\u00f3n-restauraci\u00f3n \u00bb, por retomar la expresi\u00f3n de Edgar Quinet <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u2014 se refiere a la capacidad de una \u00e9lite social para mantener el control del cambio pol\u00edtico y las transformaciones econ\u00f3micas mediante la cooptaci\u00f3n, en forma de integraci\u00f3n o alianzas m\u00e1s o menos duraderas, de las contra\u00e9lites susceptibles de conducir a una radicalizaci\u00f3n popular de tipo revolucionario, en su caso bajo el pretexto de una guerra nacional.<\/p>\n\n\n\n A su juicio, la unificaci\u00f3n italiana constituye el prototipo de la revoluci\u00f3n pasiva, en contraposici\u00f3n a la \u00abhegemon\u00eda\u00bb que reconoc\u00eda a la burgues\u00eda francesa en el marco de la Tercera Rep\u00fablica. El Risorgimento se bas\u00f3 en la sumisi\u00f3n de los \u00abradicales\u00bb garibaldinos a la estrategia \u00abmoderada\u00bb de unificaci\u00f3n liderada por Cavour, as\u00ed como en la reproducci\u00f3n de los intereses agrarios dominantes en el Mezzogiorno<\/em>, a costa de una feroz represi\u00f3n del \u00abbandolerismo\u00bb y de la institucionalizaci\u00f3n de formas duraderas de delincuencia organizada de protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Gramsci ve\u00eda en el fascismo una nueva encarnaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n pasiva italiana: el ascenso de Mussolini se produjo mediante la devoluci\u00f3n del Estado a un l\u00edder carism\u00e1tico, por iniciativa de fuerzas liberales exang\u00fces e incapaces de contener pol\u00edticamente la amenaza revolucionaria, una amenaza que la milicia de las camisas negras, los squadristi<\/em>, ya hab\u00eda roto por la violencia, especialmente en la llanura del Po. Gramsci tambi\u00e9n identific\u00f3 el fordismo en Estados Unidos y el \u00abamericanismo\u00bb a escala mundial como formas de revoluci\u00f3n pasiva, de las que el fascismo constituir\u00eda la variante espec\u00edficamente italiana. Es probable que tambi\u00e9n percibiera el estalinismo como su avatar ruso, sin poder expresarlo expl\u00edcitamente.<\/p>\n\n\n\n Como tem\u00eda Frantz Fanon en Los condenados de la tierra<\/em>, muchas luchas de liberaci\u00f3n nacional \u2014armadas o pol\u00edticas\u2014 desembocaron as\u00ed en configuraciones de tipo revoluci\u00f3n pasiva, tanto en el sur y el Sudeste asi\u00e1tico como en \u00c1frica. <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> Una intuici\u00f3n similar se encuentra en el historiador subalternista Partha Chatterjee, <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> cuando evoca una \u00abhegemon\u00eda colonial\u00bb \u2014donde Ranajit Guha hablaba de \u00abdominaci\u00f3n sin hegemon\u00eda\u00bb\u2014 y la reproducci\u00f3n de esta \u00abhegemon\u00eda colonial\u00bb por el nacionalismo poscolonial. <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n En el nazismo, y en su pr\u00e1ctica de la violencia, hab\u00eda una bestialidad que molestaba profundamente a la burgues\u00eda alemana y, sin duda, la inquietaba. <\/p>Jean-Fran\u00e7ois Bayart<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n S\u00ed, efectivamente, yo mismo describ\u00ed la trayectoria pol\u00edtica de la mayor\u00eda de los Estados subsaharianos como una forma de revoluci\u00f3n pasiva. En estas configuraciones, la clase dominante en formaci\u00f3n \u2014procedente de las \u00e9lites que colaboraron con el colonizador y\/o del ala moderada de los movimientos nacionalistas\u2014 coopt\u00f3 en su seno a una parte de las contra\u00e9lites radicales, seg\u00fan la l\u00f3gica cl\u00e1sica del trasformismo <\/em>que hab\u00eda caracterizado la unificaci\u00f3n italiana, al tiempo que reprim\u00eda a quienes se negaban a integrarse.<\/p>\n\n\n\n Me parece que muchos reg\u00edmenes contempor\u00e1neos, surgidos de trayectorias de tipo \u00abrevoluci\u00f3n pasiva\u00bb, se est\u00e1n comprometiendo ahora de manera cada vez m\u00e1s expl\u00edcita en la v\u00eda de las \u00abrevoluciones conservadoras\u00bb.<\/p>\n\n\n\n En estos diferentes casos, el paso de la revoluci\u00f3n pasiva a la revoluci\u00f3n conservadora corresponde a un cambio de r\u00e9gimen pol\u00edtico y simb\u00f3lico. Mientras que la revoluci\u00f3n pasiva ten\u00eda como objetivo principal contener y neutralizar las din\u00e1micas de radicalizaci\u00f3n popular mediante la cooptaci\u00f3n de las contra\u00e9lites y la gesti\u00f3n controlada del cambio, la revoluci\u00f3n conservadora asume ahora una l\u00f3gica de confrontaci\u00f3n abierta. El v\u00ednculo entre violencia pol\u00edtica, revoluci\u00f3n pasiva y revoluci\u00f3n conservadora se hace entonces evidente, aunque la coacci\u00f3n no basta para agotar la complejidad de estas trayectorias: la capacidad de movilizaci\u00f3n, seducci\u00f3n y legitimaci\u00f3n ideol\u00f3gica es igualmente decisiva.<\/p>\n\n\n\n La fuerza de los conceptos de \u00abrevoluci\u00f3n pasiva\u00bb y \u00abrevoluci\u00f3n conservadora\u00bb radica en su car\u00e1cter ox\u00edmor\u00f3nico, que refleja la ambivalencia y el poder de seducci\u00f3n de estas configuraciones ideol\u00f3gicas, capaces de articular ruptura y restauraci\u00f3n, modernizaci\u00f3n y regresi\u00f3n. La revoluci\u00f3n conservadora alemana de los a\u00f1os veinte puede entenderse as\u00ed como la prolongaci\u00f3n de una \u00abmodernizaci\u00f3n conservadora\u00bb iniciada en la \u00e9poca de Bismarck, seg\u00fan el an\u00e1lisis de Barrington Moore: <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> una trayectoria marcada por la capacidad de ciertas \u00e9lites para conducir la transformaci\u00f3n social sin democratizaci\u00f3n, no sin contradicciones, como lo demuestra el papel posterior de los nacional-liberales en la entrega del poder a Hitler, a pesar de su oposici\u00f3n inicial al canciller de hierro. Primera parte: el paradigma de la revoluci\u00f3n conservadora<\/h2>\n\n\n\n
\u00bfQu\u00e9 se entiende, desde un punto de vista hist\u00f3rico, por \u00abrevoluci\u00f3n conservadora\u00bb?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfHan captado los observadores contempor\u00e1neos la ambivalencia de la constelaci\u00f3n ideol\u00f3gica que abarcaba?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
M\u00e1s all\u00e1 de estas ambig\u00fcedades program\u00e1ticas, \u00bfconstituy\u00f3 la revoluci\u00f3n conservadora una corriente homog\u00e9nea?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfC\u00f3mo se explica su influencia?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Desde este punto de vista, \u00bfser\u00eda la revoluci\u00f3n conservadora una especie de derrocamiento ut\u00f3pico?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfEn qu\u00e9 sentido?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfEn qu\u00e9 experiencias pol\u00edticas del periodo de entreguerras encontramos estos elementos?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfCu\u00e1les?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Se trata de experiencias pol\u00edtica e ideol\u00f3gicamente heterog\u00e9neas. \u00bfQu\u00e9 las une?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfComparten estas experiencias heterog\u00e9neas afectos o pasiones comunes?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfEsta construcci\u00f3n identitaria va acompa\u00f1ada de la designaci\u00f3n de chivos expiatorios, considerados responsables de la desgracia colectiva?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Desde un punto de vista geopol\u00edtico y en la configuraci\u00f3n internacional del periodo de entreguerras, \u00bfcu\u00e1les son los factores determinantes de estas experiencias pol\u00edticas?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Analicemos la relaci\u00f3n entre la revoluci\u00f3n conservadora del periodo de entreguerras y el fascismo. Si la dimensi\u00f3n radical prevalece sobre la conservaci\u00f3n, \u00bfes porque la din\u00e1mica revolucionaria es m\u00e1s intensa que la <\/strong>gravedad<\/em><\/strong> conservadora?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfLa cultura burguesa y la sensibilidad religiosa cristiana dificultaron el paso de ese umbral hacia la brutalidad y la violencia?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfOcurri\u00f3 lo mismo en Italia con el r\u00e9gimen fascista?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfQu\u00e9 llev\u00f3 a algunos actores y en determinados contextos a optar por el fascismo y a otros a rechazar este cambio?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfDir\u00eda usted que la revoluci\u00f3n conservadora es una \u00abrevoluci\u00f3n pasiva\u00bb, por retomar las categor\u00edas de Antonio Gramsci?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Este fue tambi\u00e9n el tema de su tesis en L\u2019\u00c9tat en Afrique. La politique du ventre\u2026<\/em> <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/h3>\n\n\n\n
\u00bfPor qu\u00e9 y c\u00f3mo las \u00abrevoluciones pasivas\u00bb en el sentido de Gramsci desembocan hoy en \u00abrevoluciones conservadoras\u00bb?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n