{"id":76204,"date":"2025-08-22T11:07:20","date_gmt":"2025-08-22T09:07:20","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=76204"},"modified":"2025-08-22T11:07:23","modified_gmt":"2025-08-22T09:07:23","slug":"el-nuevo-momento-grocio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2025\/08\/22\/el-nuevo-momento-grocio\/","title":{"rendered":"El Nuevo Momento Grocio"},"content":{"rendered":"\n
Para comprender las grandes transformaciones geopol\u00edticas en curso e identificar nuevas tendencias, aproveche nuestra <\/em>oferta por 8 euros al mes<\/em><\/a><\/p>\n\n\n\n La revoluci\u00f3n digital no es nueva. Su historia comenz\u00f3 hace poco m\u00e1s de 75 a\u00f1os, pero su ritmo ha cambiado y se ha acelerado. La magnitud de las innovaciones tecnol\u00f3gicas, as\u00ed como el alcance de sus repercusiones, han acabado por transformar la estructura del orden internacional, desarticulando su piedra angular: el Estado-naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n No basta con constatar este colapso. Se vislumbran los primeros indicios de un nuevo orden. Para comprender este cambio, hay dos elementos determinantes. En primer lugar, hay que identificar los indicadores ya visibles y, a continuaci\u00f3n, analizar la din\u00e1mica de estas transformaciones a la luz de transiciones an\u00e1logas en el pasado para comprender las que a\u00fan no lo son.<\/p>\n\n\n\n Como resumi\u00f3 Mark Twain, \u00abla historia no se repite, pero rima\u00bb. Incluso en per\u00edodos de cambios radicales, las fuerzas profundas que act\u00faan suelen presentar una sorprendente continuidad de una revoluci\u00f3n a otra.<\/p>\n\n\n\n Este momento presenta, en efecto, un parecido sorprendente con los acontecimientos que siguieron a otra revoluci\u00f3n t\u00e9cnica y medi\u00e1tica, correspondiente al auge de la imprenta entre los siglos XVI y XVII.<\/p>\n\n\n\n Para comprender c\u00f3mo estas innovaciones medi\u00e1ticas trastornaron el orden internacional, hay que fijarse en una figura: Hugo Grocio.<\/p>\n\n\n\n Nacido en Delft en 1582 y fallecido en Rostock en 1645, Hugo de Groot \u2014conocido como Grocio\u2014 vivi\u00f3 un periodo hist\u00f3rico de vertiginosas transformaciones que recuerda al que estamos viviendo actualmente.<\/p>\n\n\n\n A lo largo de su larga vida, este humanista y jurista neerland\u00e9s fue testigo de la revoluci\u00f3n de la imprenta, la revoluci\u00f3n copernicana, la Guerra de los Treinta A\u00f1os y, sobre todo, la Paz de Westfalia, el tratado fundacional del orden internacional basado en el Estado-naci\u00f3n moderno.<\/p>\n\n\n\n Grocio es considerado, con raz\u00f3n, el padre del derecho internacional p\u00fablico. Al constatar la erosi\u00f3n \u2014alimentada por la imprenta y el comercio\u2014 del orden mon\u00e1rquico, elabor\u00f3 una teor\u00eda del Estado y sent\u00f3 las bases de un sistema destinado a organizar sus relaciones.<\/p>\n\n\n\n El profesor estadounidense de derecho internacional Richard Falk habl\u00f3 de un \u00abmomento grociano\u00bb para describir un per\u00edodo de cambios paradigm\u00e1ticos, en el que nuevas normas y doctrinas del derecho internacional consuetudinario surgen con una rapidez inusual.<\/p>\n\n\n\n Podemos considerar que hoy estamos viviendo un nuevo momento Grocio<\/em>, impulsado por la aparici\u00f3n de los medios digitales, al igual que la imprenta revolucion\u00f3 Europa en el siglo XVI. Las similitudes entre estas dos revoluciones son sorprendentes. Sin embargo, lo que caracteriza este nuevo momento es un factor decisivo que, por s\u00ed solo, explica la erosi\u00f3n del orden internacional actual.<\/p>\n\n\n\n En internet, la distancia entre dos puntos se reduce a cero. Puedes estar al otro lado del mundo con respecto a otra persona, pero, digitalmente, solo te separa un clic. Dos interlocutores pueden compartir el mismo espacio virtual, independientemente de que se encuentren muy lejos o muy cerca. El fin del concepto de distancia es crucial. Altera de mil maneras directas e indirectas conceptos que antes eran estables: la soberan\u00eda, la seguridad, la ciudadan\u00eda, la identidad nacional, as\u00ed como la frontera entre la esfera interna y la internacional.<\/p>\n\n\n\n Las telecomunicaciones han dejado de ser solo un medio para conectar lugares f\u00edsicos y se han convertido en un destino en s\u00ed mismas. Este espacio es ahora aquel en el que pasamos una parte cada vez mayor de nuestra existencia, ya sea para trabajar, jugar o so\u00f1ar. Se trata de un espacio social en constante expansi\u00f3n, sin fronteras ni distancias, en el que los intentos de los gobiernos por controlar las interacciones parecen menos l\u00edmites reales que obst\u00e1culos destinados a ser sorteados.<\/p>\n\n\n\n \u202fEl resultado es que, al igual que la Europa del siglo XVI reorganiz\u00f3 el orden internacional en torno a la difusi\u00f3n de la imprenta y el comercio, hoy estamos reorganizando el mundo en torno a la expansi\u00f3n de este espacio digital.<\/p>\n\n\n\n Y podemos suponer que, en las rupturas de nuestros a\u00f1os veinte, nos estamos acercando r\u00e1pidamente a un momento de profunda transformaci\u00f3n, en el que el consenso actual de las relaciones internacionales entre Estados-naci\u00f3n se ver\u00e1 trastocado, al igual que en la \u00e9poca de Hugo Grocio, que vio nacer las teor\u00edas fundacionales del derecho internacional a\u00fan vigentes hoy en d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n\n\n Los humanos ya no estamos solos en este espacio digital: lo compartimos constantemente con \u00abdaemons\u00bb: fragmentos de software autoejecutables que van desde simples programas aut\u00f3nomos que realizan tareas dom\u00e9sticas hasta inteligencias artificiales cada vez m\u00e1s sofisticadas que interact\u00faan directamente con los internautas.<\/p>\n\n\n\n En la mitolog\u00eda griega, el daim\u00f3n<\/em> designa un esp\u00edritu intermedio, a veces \u00fatil, a menudo caprichoso y ambiguo, capaz tanto de servir a los designios de los humanos como de jugarles malas pasadas. Es este t\u00e9rmino, anglicanizado como daemon<\/em>, el que los ingenieros de Unix retoman en la d\u00e9cada de 1960 para designar una categor\u00eda de programas en segundo plano encargados de garantizar funciones esenciales del sistema.<\/p>\n\n\n\n Dejando a un lado las met\u00e1foras, ya convivimos en el espacio digital con estos \u00abdaemons\u00bb, que hoy en d\u00eda han adquirido una nueva dimensi\u00f3n. Los r\u00e1pidos avances de la inteligencia artificial han transformado estos antiguos programas en una proliferaci\u00f3n de entidades cada vez m\u00e1s brillantes y aut\u00f3nomas: aut\u00e9nticos habitantes nativos del ciberespacio, cada vez m\u00e1s numerosos.<\/p>\n\n\n\n La cuesti\u00f3n de si alg\u00fan d\u00eda superar\u00e1n la inteligencia humana sigue abierta, pero al ritmo actual, su omnipresencia en todos nuestros sistemas parece asegurada mucho antes de mediados de siglo. Estos agentes aut\u00f3nomos operan en su mayor\u00eda en la sombra, hasta que, al exceder su autoridad, provocan un error que llama la atenci\u00f3n de los operadores humanos.<\/p>\n\n\n\n La explosi\u00f3n demogr\u00e1fica de los agentes aut\u00f3nomos constituye un riesgo importante. La historia de los conflictos demuestra que las guerras pueden surgir de un error de interpretaci\u00f3n o de protocolo. No se puede descartar que la pr\u00f3xima sea desencadenada por un error cometido por un agente de IA, lo que provocar\u00eda una cascada de cat\u00e1strofes a velocidad digital.<\/p>\n\n\n\n Grocio vivi\u00f3 en una \u00e9poca marcada por la revoluci\u00f3n de la imprenta, la aparici\u00f3n de complejos sistemas financieros y los espectaculares avances de las tecnolog\u00edas mar\u00edtimas, que permitieron el auge de las redes oce\u00e1nicas. Haciendo eco de la predicci\u00f3n de S\u00e9neca en Medea<\/em>, los oc\u00e9anos aflojaron los lazos del mundo, pasando de ser simples barreras a vastas autopistas comerciales y culturales. Las ideas florecieron, el comercio se dispar\u00f3, surgieron nuevas instituciones y las antiguas se tambalearon. No es de extra\u00f1ar que Grocio dedicara gran parte de su obra al derecho del mar, estableciendo el principio fundamental del Mare Liberum<\/em>, la libertad de los mares.<\/p>\n\n\n\n Todo esto nos recuerda extra\u00f1amente a nuestra \u00e9poca. El ciberespacio es la nueva autopista oce\u00e1nica, y las finanzas digitales ofrecen instrumentos comerciales sin precedentes, para bien o para mal.<\/p>\n\n\n\n Donde ellos ten\u00edan la construcci\u00f3n naval, nosotros tenemos la rob\u00f3tica, la IA y la exploraci\u00f3n espacial. Donde ellos tej\u00edan nuevas redes, nosotros construimos las nuestras. Donde la difusi\u00f3n de la imprenta desencaden\u00f3 disturbios sociales, los medios digitales catalizan hoy cambios profundos y r\u00e1pidos.<\/p>\n\n\n\n En aquella \u00e9poca, la imprenta, en forma de las primeras indulgencias papales y luego de los panfletos de Lutero, provoc\u00f3 la Reforma protestante. Roma perdi\u00f3 su monopolio cuando el cristianismo se diversific\u00f3 en innumerables nuevas formas religiosas. Hoy en d\u00eda, los medios digitales \u2014y ahora la IA\u2014 se han convertido en una poderosa herramienta de proselitismo religioso, pero esto es solo el principio.<\/p>\n\n\n\n Grocio fue testigo del declive de las monarqu\u00edas y de los cambios en la soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n Hoy en d\u00eda, de forma parad\u00f3jica, asistimos al declive del Estado-naci\u00f3n en su forma westfaliana, pero el debate sobre lo que vendr\u00e1 despu\u00e9s apenas est\u00e1 empezando.<\/p>\n\n\n\n A\u00fan debe surgir un nuevo Grocio para nuestra \u00e9poca, pero al igual que las monarqu\u00edas perdieron en su d\u00eda el monopolio del poder estatal, los Estados-naci\u00f3n est\u00e1n experimentando hoy, parad\u00f3jicamente, un declive similar de la exclusividad de su poder.<\/p>\n\n\n\n En realidad, el declive del Estado-naci\u00f3n comenz\u00f3 hace ocho d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n El Estado-naci\u00f3n cl\u00e1sico se define ante todo por dos cualidades: la exclusividad y la integridad territorial.<\/p>\n\n\n\n Antes de la Segunda Guerra Mundial, la exclusividad de que gozaban los Estados-naci\u00f3n como \u00abpersonas\u00bb a los ojos del derecho internacional era evidente. Sin embargo, esta exclusividad lleg\u00f3 a su fin en 1948 con la Declaraci\u00f3n Universal de Derechos Humanos, que abri\u00f3 la puerta al reconocimiento de entidades no estatales en el derecho internacional. Desde entonces, su importancia no ha hecho m\u00e1s que crecer.<\/p>\n\n\n\n La integridad territorial real lleg\u00f3 a su fin menos de una d\u00e9cada despu\u00e9s, con la llegada de los primeros misiles bal\u00edsticos intercontinentales y las armas termonucleares. La capacidad de un misil bal\u00edstico con ojiva nuclear para alcanzar cualquier lugar del planeta en cuesti\u00f3n de minutos hac\u00eda imposible que los Estados reclamaran la soberan\u00eda territorial total, y mucho menos la seguridad absoluta.<\/p>\n\n\n\n Esta erosi\u00f3n del orden mundial cl\u00e1sico se ha visto acentuada por la omnipresencia sin fronteras de los medios de comunicaci\u00f3n digitales.<\/p>\n\n\n\n Pero hay m\u00e1s: la aparici\u00f3n del ciberespacio como destino virtual por derecho propio crea una nueva y extra\u00f1a din\u00e1mica territorial. \u00bfPuede existir realmente una entidad soberana nacional en el espacio digital?<\/p>\n\n\n\n La pregunta se plantea con mayor urgencia a\u00fan, ya que el ciberespacio est\u00e1 a punto de convertirse en el punto de partida para la formaci\u00f3n de las nuevas entidades soberanas del futuro.<\/p>\n\n\n\n Esta es la esencia del nuevo momento \u00abgrociano\u00bb: el antiguo orden se disuelve mientras su sucesor emerge del hervidero de las tecnolog\u00edas exponenciales y la difusi\u00f3n continua de los medios digitales en el coraz\u00f3n de la sociedad mundial. Se trata de un momento multiforme, cuya forma final sigue siendo indeterminada, que se ir\u00e1 configurando a lo largo de la pr\u00f3xima d\u00e9cada, al igual que el orden que elaboraron Grocio y sus contempor\u00e1neos en el siglo XVII.<\/p>\n\n\n\n\n\n El camino que nos lleva desde la \u00e9poca de Grocio hasta nuestros d\u00edas est\u00e1 marcado por una sucesi\u00f3n de cambios de poder. Y cada uno de estos cambios se lee con bastante claridad: basta con mirar cu\u00e1l es el edificio m\u00e1s grande del centro de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n En el siglo XIII, la catedral sustituye al castillo. El cambio contin\u00faa en el siglo XV. A finales de siglo, la catedral comparte el centro con los edificios del poder civil y del comercio. As\u00ed, en Venecia, el Palacio Ducal ocupa<\/em> la plaza de San Marcos junto a la bas\u00edlica. El sacerdote, el pr\u00edncipe y el comerciante coexisten en una simbiosis productiva, pero fr\u00e1gil.<\/p>\n\n\n\n A principios del siglo XVI, justo antes del nacimiento de Grocio, esta nueva estructura administrativa sigue evolucionando, entrelazando m\u00e1s estrechamente el comercio y el gobierno. Un buen ejemplo de ello es el Stadhuis<\/em> de Middelburg, en los Pa\u00edses Bajos, que adquiere toda su importancia despu\u00e9s de la d\u00e9cada de 1520. Subrayando el v\u00ednculo entre el gobierno y el comercio, originalmente inclu\u00eda un mercado de carne dentro de sus muros.<\/p>\n\n\n\n A finales del siglo XVI, un nuevo edificio ocupaba el lugar central: el parlamento. En los Pa\u00edses Bajos, fue el Binnenhof<\/em> que, en 1584, se convirti\u00f3 en la sede del poder de la Rep\u00fablica Neerlandesa.<\/p>\n\n\n\n Demos un salto hasta el siglo XX: el poder vuelve a cambiar de manos. Las capitales nacionales se adornan con grandes edificios como s\u00edmbolos de poder, pero un nuevo actor viene a disputar esta supremac\u00eda: la sede social de las empresas.<\/p>\n\n\n\n S\u00edmbolo de este cambio: el Union Carbide Building, el primer rascacielos dise\u00f1ado como sede de una multinacional, construido en Manhattan en 1960. Hab\u00eda nacido la multinacional y, con ella, una nueva simbiosis, fr\u00e1gil pero duradera, entre el poder nacional y el poder privado. Charles Wilson, director general de General Motors, ya lo formul\u00f3 ante el Congreso en 1953, poco antes del inicio de las obras: \u00abLo que es bueno para General Motors es bueno para el pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Hemos asistido a una evoluci\u00f3n secular, desde el castillo a la corporaci\u00f3n y luego al Capitolio, pasando por fases sucesivas religiosas, c\u00edvicas, pol\u00edticas y econ\u00f3micas. La pregunta ahora es: \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la pr\u00f3xima forma dominante?<\/p>\n\n\n\n Una hip\u00f3tesis obvia es el auge de las ciudades-Estado, una forma de \u00abdesevoluci\u00f3n\u00bb casi natural del orden westfaliano de los Estados-naci\u00f3n. La idea no es nueva: Kenichi Ohmae ya la plante\u00f3 en la d\u00e9cada de 1990 y, de hecho, las ciudades-Estado, como modelo de gobernanza, precedieron a la llegada de los Estados-naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Las ciudades-Estado que existen hoy en d\u00eda se dividen en dos categor\u00edas: las ciudades-Estado soberanas de jure,<\/em> como Singapur, que tiene un puesto en la ONU; y las ciudades-Estado de facto<\/em>, entidades que existen dentro de un Estado-naci\u00f3n sin estatus internacional independiente, pero que, no obstante, ejercen un considerable poder econ\u00f3mico, cultural y pol\u00edtico. As\u00ed, si la regi\u00f3n de la bah\u00eda de San Francisco fuera un pa\u00eds independiente, ser\u00eda la decimoctava econom\u00eda mundial.<\/p>\n\n\n\n Pero el poder de las ciudades-Estado no reside \u00fanicamente en su fuerza econ\u00f3mica, sino sobre todo en su tama\u00f1o. Son eficaces porque son lo suficientemente poderosas como para ejercer una influencia econ\u00f3mica y cultural a escala mundial, al tiempo que siguen siendo lo suficientemente compactas como para que su poblaci\u00f3n conserve una identidad social coherente. Por lo tanto, no es de extra\u00f1ar que las ciudades-Estado de facto sean hoy en d\u00eda los principales motores econ\u00f3micos de las naciones.<\/p>\n\n\n\n Las regiones urbanas \u2014las famosas \u00abmegarregiones\u00bb\u2014 son ahora importantes contribuyentes al poder y la identidad nacional. Pero tambi\u00e9n son una fuente de tensiones, ya que su creciente influencia debilita la estabilidad del orden estatal a medida que buscan aumentar su peso pol\u00edtico y econ\u00f3mico dentro del propio Estado.<\/p>\n\n\n\n En Estados Unidos, gran parte de las fracturas actuales enfrentan a las poblaciones urbanas, liberales y concentradas en megarregiones altamente productivas, con las poblaciones rurales m\u00e1s dispersas, pero dotadas de un gran poder pol\u00edtico debido a las particularidades del sistema bicameral y del colegio electoral.<\/p>\n\n\n\n Las megarregiones de Estados Unidos llevan mucho tiempo tratando de aumentar su independencia de Washington.<\/p>\n\n\n\n El reciente protocolo de acuerdo firmado entre el estado de Illinois y el Reino Unido, impulsado por el gobernador Pritzker, es un excelente ejemplo de ello. Tambi\u00e9n podr\u00edan considerarse las iniciativas emprendidas por el gobernador de California, Gavin Newsom, para celebrar acuerdos con otras naciones extranjeras. No se trata de una novedad ni de un acto de rebeli\u00f3n pol\u00edtica. Hace m\u00e1s de 15 a\u00f1os, el gobernador republicano de California, Arnold Schwarzenegger, ya hab\u00eda firmado acuerdos con Jap\u00f3n y otros pa\u00edses, en oposici\u00f3n directa al presidente Bush.<\/p>\n\n\n\n California es reveladora en otro sentido: se han llevado a cabo m\u00e1s de 200 intentos de dividir este estado en dos o incluso en varias entidades distintas. Todos fracasaron r\u00e1pidamente, excepto uno en 1915, que estuvo a punto de prosperar antes de ser frustrado por la finalizaci\u00f3n de la Ridge Route, que conectaba el norte y el sur del estado. Sin embargo, estos intentos de partici\u00f3n no han desaparecido. En el clima pol\u00edtico actual, algunos grupos descontentos, tanto en California como en otros estados, llegan incluso a plantearse la secesi\u00f3n pura y simple de Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n Ninguna de estas iniciativas tiene posibilidades de \u00e9xito a corto plazo, pero la tecnolog\u00eda digital refuerza la credibilidad de la idea. Independientemente de que se conviertan o no en el modelo de un nuevo orden internacional, las ciudades-Estado contribuyen indudablemente a la erosi\u00f3n de la coherencia de los Estados-naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Trabajo sobre el futuro y he aprendido a prestar especial atenci\u00f3n a las curiosidades aparentemente insignificantes, a las anomal\u00edas que, por parecer fuera de lugar, pueden indicar profundos cambios en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n Por ejemplo, nadie lee nunca las cl\u00e1usulas de los contratos impresos en letra peque\u00f1a en las cajas de software o las que se aceptan al comprar un nuevo tel\u00e9fono m\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, aunque no utilices el servicio Starlink de Elon Musk, leer la letra peque\u00f1a es revelador.<\/p>\n\n\n\n Este es el art\u00edculo 11 de un contrato tipo de Starlink, v\u00e1lido en Francia:<\/p>\n\n\n\n DERECHOS APLICABLES Y LITIGIOS<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n Para los Servicios prestados en, sobre o en \u00f3rbita alrededor del planeta Tierra o la Luna, el presente Contrato y cualquier litigio relacionado con el mismo (los \u00abLitigios\u00bb) se regir\u00e1n e interpretar\u00e1n de conformidad con las leyes francesas y se someter\u00e1n a la jurisdicci\u00f3n exclusiva de los tribunales franceses. Para los Servicios prestados en Marte o en tr\u00e1nsito hacia Marte a trav\u00e9s de Starship u otra nave espacial, las partes reconocen a Marte como un planeta libre y acuerdan que ning\u00fan gobierno terrestre tiene autoridad o soberan\u00eda sobre las actividades marcianas. En consecuencia, los litigios se resolver\u00e1n mediante principios aut\u00f3nomos, establecidos de buena fe, en el momento del establecimiento de la colonia marciana.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n Esto constituye, por supuesto, una clara se\u00f1al de que Musk se toma en serio su proyecto de colonizar Marte. Pero esto es solo una faceta de la historia y, para el futuro del orden internacional, sin duda la menos determinante. Porque Elon Musk tambi\u00e9n tiene grandes ambiciones en materia de gobernanza terrestre, y no es el \u00fanico.<\/p>\n\n\n\n El concepto de \u00abnetwork sate<\/em>\u00bb,o Estado en red, un h\u00edbrido entre el ciberespacio y el territorio f\u00edsico, lleva casi veinte a\u00f1os circulando.<\/p>\n\n\n\n Sus defensores lo definen de la siguiente manera: \u00abUn network state<\/em> es una entidad geogr\u00e1ficamente descentralizada, conectada por internet, concebida como un archipi\u00e9lago mundial de territorios f\u00edsicos. Su crecimiento se basa en un plebiscito permanente, que atrae a migrantes unidos por una comunidad de ideas y valores\u00bb.<\/p>\n\n\n\n En otras palabras, un \u00abnetwork state<\/em>\u00bb existe simult\u00e1neamente como entidad unitaria en el espacio digital y como presencia f\u00edsica en la superficie del planeta en forma de m\u00faltiples territorios f\u00edsicos no contiguos.<\/p>\n\n\n\n Cabe destacar que no se trata de una visi\u00f3n \u00fanica: podr\u00eda haber decenas o incluso cientos de network states<\/em>, cada uno centrado en un tema u objetivo com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n As\u00ed, un network state<\/em> podr\u00eda federar a los partidarios de la vida eterna, otro a los apasionados de las criptomonedas, otro a los aficionados al cine de Disney, o cualquier otro centro de inter\u00e9s imaginable.<\/p>\n\n\n\n Dado que el ciberespacio es potencialmente infinito y que algunos promotores de los \u00abnetwork states<\/em>\u00bb ya est\u00e1n pensando en poblar estaciones espaciales, explorar la Luna o colonizar Marte, en teor\u00eda habr\u00eda espacio suficiente para hacer realidad los sue\u00f1os de todos.<\/p>\n\n\n\n Esta idea ha parecido durante mucho tiempo tan descabellada que ha suscitado poca o ninguna atenci\u00f3n fuera de una peque\u00f1a comunidad de adeptos. Sin embargo, cuenta desde hace tiempo con el apoyo de personalidades ricas e influyentes de Silicon Valley, en particular Elon Musk<\/a> y Peter Thiel<\/a>. Este \u00faltimo ha dedicado importantes recursos al desarrollo del concepto de network state<\/em> y a su promoci\u00f3n como propuesta seria.<\/p>\n\n\n\n En particular, Thiel ha apoyado a Curtis Yarvin<\/a>, un fil\u00f3sofo autodidacta de mirada oscura, cuyas ideas radicales seducen sorprendentemente a los libertarios tecn\u00f3filos que invierten masivamente en Silicon Valley. Entre sus convicciones, Yarvin cree que la democracia est\u00e1 condenada por su ineficacia y que deber\u00eda ser sustituida por una \u00abmonarqu\u00eda ilustrada<\/a>\u00bb profundamente antidemocr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n Elon Musk y Peter Thiel tienen una larga historia en com\u00fan, marcada por la cofundaci\u00f3n de PayPal a principios de la d\u00e9cada de 2000. Hoy en d\u00eda, el servicio parece una herramienta anodina, que permite, entre otras cosas, comprar f\u00e1cilmente art\u00edculos de segunda mano en eBay. Pero, en un principio, la ambici\u00f3n declarada de Musk y Thiel era mucho m\u00e1s radical: \u00abcrear una moneda de internet para sustituir al d\u00f3lar\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Si analizamos sus actividades recientes, vemos que proyectos aparentemente dispares y sin relaci\u00f3n entre s\u00ed forman en realidad un rompecabezas radical, orientado a la creaci\u00f3n de un network state<\/em>.<\/p>\n\n\n\n Musk, por ejemplo, ha trabajado para que Estados Unidos se retire de todos los tratados espaciales a los que se ha adherido, incluidos el Tratado sobre el Espacio Extraterrestre y los tratados relativos a los misiles bal\u00edsticos. Tambi\u00e9n quiere que Estados Unidos se retire de la Convenci\u00f3n de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.<\/p>\n\n\n\n La idea es sustituir el orden internacional institucional por un orden libertario radical, centrado en los individuos y las entidades privadas. Se trata de un cambio profundo, que apunta nada menos que a la desaparici\u00f3n completa del orden internacional de la posguerra tal y como se concibi\u00f3 en Bretton Woods.<\/p>\n\n\n\n Peter Thiel tiene visiones igualmente radicales, que ya ha intentado llevar a la pr\u00e1ctica con resultados dispares. Hace dos d\u00e9cadas, financi\u00f3 el Seasteading Institute, que propon\u00eda crear un para\u00edso libertario para programadores en un crucero situado fuera de cualquier jurisdicci\u00f3n nacional, frente a las costas de California. Los experimentadores descubrieron r\u00e1pidamente que incluso los libertarios sufren mareos. No obstante, el Seasteading Institute sigue activo y ahora se centra en buscar asociaciones legales con peque\u00f1os Estados del Pac\u00edfico. Si este enfoque tiene \u00e9xito, estos enclaves f\u00edsicos podr\u00edan convertirse en componentes de un network state<\/em>.<\/p>\n\n\n\nEntre la guerra y la paz<\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Un mundo poblado por nuevos actores sint\u00e9ticos<\/h2>\n\n\n\n
El espejo de la contemporaneidad<\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Reconocer los lugares de poder<\/h2>\n\n\n\n
La escala urbana y el modelo de la ciudad-Estado<\/h2>\n\n\n\n
El paradigma del \u00abnetwork state<\/em>\u00bb en el nuevo orden mundial<\/h2>\n\n\n\n
\n