{"id":7086,"date":"2022-08-26T19:41:45","date_gmt":"2022-08-26T18:41:45","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=7086"},"modified":"2023-05-28T11:03:59","modified_gmt":"2023-05-28T10:03:59","slug":"en-el-interregno-climatico-escenarios-para-una-politica-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/08\/26\/en-el-interregno-climatico-escenarios-para-una-politica-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"En el interregno clim\u00e1tico: escenarios para una pol\u00edtica de la Tierra"},"content":{"rendered":"\n

Pol\u00edticas del planeta<\/h2>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo no ver que la crisis ecol\u00f3gica mundial <\/a>es ahora una cuesti\u00f3n pol\u00edtica<\/a>? Detr\u00e1s del espect\u00e1culo cada vez m\u00e1s frecuente de los incendios, las inundaciones y las olas de calor, vemos desplegarse los escenarios de una pol\u00edtica de la Tierra<\/a> que moviliza tanto a los expertos como a los legos. El planeta ya no es el tel\u00f3n de fondo pasivo y mudo de la historia humana, sino uno de los objetos que hay que tomar para conquistar el poder. La Tierra est\u00e1 en todas partes: en las grandes cumbres internacionales, en las reuniones diplom\u00e1ticas, en las instituciones multilaterales de comercio mundial, en el discurso de las ONG, en los grupos de investigaci\u00f3n geoestrat\u00e9gica, en los candidatos a las elecciones nacionales y locales, en las aulas universitarias. Tanto si se trata de preparar los sistemas sociales para las consecuencias del cambio clim\u00e1tico como de limitar su impacto, la competencia pol\u00edtica se organiza en torno a la capacidad de integrar la cuesti\u00f3n planetaria en la construcci\u00f3n de lo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n

Tanto si se trata de preparar los sistemas sociales para las consecuencias del cambio clim\u00e1tico como de limitar su impacto, la competencia pol\u00edtica se organiza en torno a la capacidad de integrar la cuesti\u00f3n planetaria en la construcci\u00f3n de lo pol\u00edtico.<\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, aunque la Tierra sea una cuesti\u00f3n de poder, tambi\u00e9n est\u00e1 claro que el curso de los acontecimientos a\u00fan no se ha alterado. Nos encontramos en un per\u00edodo hist\u00f3rico intermedio, una guerra clim\u00e1tica \u201cilusoria\u201d<\/a>, en la que se han colocado las piezas en el tablero de las relaciones de poder nacionales e internacionales, pero ninguna de ellas se ha jugado realmente a\u00fan. Los equilibrios ideol\u00f3gicos internos de las democracias liberales se est\u00e1n reajustando en la divisi\u00f3n entre un renacimiento social, democr\u00e1tico y ecol\u00f3gico, y un nacionalismo identitario, que tambi\u00e9n puede beneficiarse de un discurso de respuesta a la crisis clim\u00e1tica haciendo una apolog\u00eda de las fronteras y la seguridad. Sin embargo, el statu quo liberal sigue ocultando este nuevo conflicto en la mayor\u00eda de los pa\u00edses, precisamente difuminando el mensaje y jugando con la necesidad de reformar y de protegerse contra las amenazas percibidas como externas.<\/p>\n\n\n\n

Los acuerdos comerciales, las estrategias industriales y las instituciones que regulan las finanzas internacionales tambi\u00e9n est\u00e1n muy \u00abclimatizados\u00bb, por utilizar el t\u00e9rmino de Stefan Aykut y Lucile Maertens: as\u00ed, est\u00e1 de moda condicionar las asociaciones comerciales a cl\u00e1usulas ecol\u00f3gicas, desincentivar o gravar las inversiones sucias o volver a situar al Estado inversor-estratega en el mapa. Lo mismo ocurre con los organismos responsables de la seguridad mundial y la estabilidad geoestrat\u00e9gica <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Pero, al igual que en la escena nacional, todos esos cambios siguen siendo potenciales: las emisiones de CO2<\/sub> siguen aumentando, y las medidas de protecci\u00f3n y adaptaci\u00f3n al cambio clim\u00e1tico son un alivio muy magro, generalmente reservado a los m\u00e1s ricos<\/a>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Lago Poyang (el mayor lago de agua dulce del pa\u00eds), China. Agosto de 2022 \u00a9 Foto de CFOTO\/Sipa USA<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Este interregno se explica por la ausencia de un motor social capaz de propiciar una salida al estancamiento clim\u00e1tico. En primer lugar, el productivismo impl\u00edcito de los modelos de crecimiento y protecci\u00f3n social dificulta el desarrollo de un amplio apoyo democr\u00e1tico a los principios de una econom\u00eda pol\u00edtica antropoc\u00e9nica<\/a> <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. De hecho, una parte de los empleos y de la condici\u00f3n social de las personas sigue dependiendo de la econom\u00eda de los combustibles f\u00f3siles, ya sea directamente en los sectores industriales, o indirectamente a trav\u00e9s de los presupuestos de las clases populares limitados por el precio de la energ\u00eda, los combustibles y los alimentos <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La cuesti\u00f3n del costo del cambio de modelo<\/a>, y su distribuci\u00f3n social, sigue siendo el principal obst\u00e1culo para una activaci\u00f3n real de la politizaci\u00f3n del planeta. Con esto nos referimos a una politizaci\u00f3n que desencadene transformaciones reales en las infraestructuras de toma de decisiones, en el orden socioecon\u00f3mico y, en \u00faltima instancia, en las formas de vida. Una politizaci\u00f3n que supere los discursos de alerta y la econom\u00eda de la promesa perpetua, capaz de provocar una redefinici\u00f3n profunda, m\u00e1s all\u00e1 de la adhesi\u00f3n o no de los individuos a la causa del medio ambiente, de la relaci\u00f3n entre el capital, el trabajo y la biosfera. A falta de una politizaci\u00f3n tan transversal y eficaz de la cuesti\u00f3n planetaria, es de temer que la coalici\u00f3n de los combustibles f\u00f3siles, que en su versi\u00f3n estadounidense llev\u00f3 al poder a Donald Trump, tenga un largo futuro por delante <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

La cuesti\u00f3n del costo del cambio de modelo, y su distribuci\u00f3n social, sigue siendo el principal obst\u00e1culo para una activaci\u00f3n real de la politizaci\u00f3n del planeta. <\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 nos falta? S\u00f3lo una mediaci\u00f3n simb\u00f3lica y sociol\u00f3gica parece poder establecer el v\u00ednculo entre el conocimiento que tenemos del estado del mundo y las instituciones que inventamos para gobernarnos, para enmarcar de forma sostenible y responsable el mundo al que est\u00e1 ligado nuestro destino. Durante mucho tiempo, el pacto entre el proceso de conquista de la abundancia material y la construcci\u00f3n jur\u00eddica y pol\u00edtica de la autonom\u00eda hab\u00eda asegurado ese v\u00ednculo. En la mayor\u00eda de las democracias liberales, el pacto fue asumido por la econom\u00eda pol\u00edtica capitalista y por el Estado de seguridad: se trataba de hacer productiva la naturaleza para liberar a los individuos de la carencia y asegurar las relaciones internacionales mediante la interdependencia econ\u00f3mica. Tras la descolonizaci\u00f3n, el pacto se reinvent\u00f3 en el marco del Estado desarrollista <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> y la preocupaci\u00f3n por la soberan\u00eda de los recursos <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, ahora es imposible atenerse a esa f\u00f3rmula que ha definido en gran medida la modernidad, ya que la relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre la ampliaci\u00f3n de las fronteras de la productividad y la construcci\u00f3n de una base de protecciones jur\u00eddicas y sociales para los individuos se est\u00e1 tambaleando. Los aumentos de productividad son cada vez m\u00e1s dif\u00edciles de conseguir, generalmente a costa de la calidad de vida y las condiciones de trabajo de las masa, adem\u00e1s, la legitimaci\u00f3n del orden democr\u00e1tico mediante el crecimiento amenaza constantemente con erosionar sus cimientos. Pero los cambios de paradigma no ocurren por arte de magia: el hecho de que la econom\u00eda de los combustibles f\u00f3siles, y m\u00e1s ampliamente, la productividad ilimitada, hayan capturado la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica est\u00e1 profundamente arraigado en nuestros patrones de pensamiento y acci\u00f3n <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Gran parte de esta confiscaci\u00f3n del futuro est\u00e1 relacionada con la construcci\u00f3n deliberada por parte de los intereses de los combustibles f\u00f3siles de lo que podr\u00eda llamarse un discurso de inevitabilidad. El coche individual y los modelos urbanos asociados a \u00e9l, los procesos industriales que sustentan los aspectos m\u00e1s cotidianos de nuestra vida, todo ello debi\u00f3 ser objeto de una importante inversi\u00f3n hist\u00f3rica, que contin\u00faa en la actualidad <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Pero la fosilizaci\u00f3n de nuestros imaginarios pol\u00edticos no s\u00f3lo se explica por el lobby de la industria energ\u00e9tica: como ya hab\u00eda demostrado Pierre Bourdieu en los a\u00f1os 60, la pol\u00edtica de productividad y crecimiento tambi\u00e9n neutraliz\u00f3 en parte los conflictos distributivos entre la clase trabajadora y los inversionistas al hacer posible un \u00abreparto de los beneficios\u00bb que parec\u00eda m\u00e1s justo para todos <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La correspondencia temporal entre la expansi\u00f3n de la productividad y el bien com\u00fan, o incluso alguna forma de universalidad, es ya cosa del pasado. L\u00f3gicamente, la tarea actual es construir otro sustrato material sobre el cual basar la justicia socioecon\u00f3mica, y encontrar su traducci\u00f3n institucional.<\/p>\n\n\n\n

El hecho de que la econom\u00eda de los combustibles f\u00f3siles, y m\u00e1s ampliamente, la productividad ilimitada, hayan capturado la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica est\u00e1 profundamente arraigado en nuestros patrones de pensamiento y acci\u00f3n.<\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, a estas alturas del debate, ser\u00eda un error adoptar un enfoque dogm\u00e1tico que definiera in abstracto<\/em> una nueva teor\u00eda de la justicia adaptada al Antropoceno, independientemente de las relaciones de poder sociales y geoestrat\u00e9gicas. De hecho, la \u00abclimatizaci\u00f3n\u00bb de las pol\u00edticas nacionales e internacionales ha provocado transformaciones fundamentales en el ideal ecol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n

Los candados de la abundancia<\/h2>\n\n\n\n

Es necesario retroceder un poco para arrojar luz sobre esto. Tras la Segunda Guerra Mundial, la construcci\u00f3n de una gobernanza supranacional y la construcci\u00f3n de normas \u00e9tico-jur\u00eddicas que se supon\u00eda que se aplicaban a toda la humanidad deb\u00edan responder a la amenaza universal y existencial que el totalitarismo supon\u00eda para la humanidad (como realidad y como principio). A menudo se olvida, pero la preservaci\u00f3n del medio ambiente fue una de las misiones de ese universalismo de posguerra <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> bajo el liderazgo del director de la UNESCO, y futuro fundador del WWF, Julian Huxley. Las actuales Conferencias de las Partes (COP), en las que se pretende establecer la coordinaci\u00f3n internacional de la lucha contra el cambio clim\u00e1tico, son las herederas lejanas de esos primeros esfuerzos. Se apoyaban en la constataci\u00f3n de una crisis \u00e9tica, en un discurso de responsabilidad por el futuro, en la neutralidad pol\u00edtica de la ciencia y en el apego al principio universalista que obliga a superar las divisiones de intereses cuando est\u00e1 en juego el bien de la humanidad. Pero, como nos recuerda amargamente cada COP, este mecanismo neokantiano no contribuye en nada a la construcci\u00f3n de una paz perpetua descarbonizada, sencillamente porque no est\u00e1 en sinton\u00eda con los lugares reales de poder donde se deciden las estrategias industriales, las concesiones mineras y los flujos financieros <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Mientras que durante la mayor parte del siglo XX el ideal ecologista encontr\u00f3 su matriz en estos mecanismos humanitarios-universalistas, a principios del siglo XXI se vio empujado a buscar en otra parte sus justificaciones y el modelo de los procedimientos a defender. As\u00ed, en los \u00faltimos a\u00f1os, hemos visto surgir una pol\u00edtica de transformaci\u00f3n planetaria que no se basa tanto en la cr\u00edtica del antropocentrismo o en la necesidad de un nuevo c\u00f3digo \u00e9tico como en la redefinici\u00f3n de los v\u00ednculos entre capital, trabajo y naturaleza.<\/a><\/p>\n\n\n\n\n\n

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Embalse de Baitings, Reino Unido. El descenso del nivel del agua debido a la sequ\u00eda deja al descubierto una carretera que ha estado bajo el agua desde la d\u00e9cada de 1950. Agosto de 2022 \u00a9 AP Photo\/Jon Super<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Tomemos como referencia hist\u00f3rica la publicaci\u00f3n del informe de Nicholas Stern sobre la econom\u00eda del cambio clim\u00e1tico en 2006. Al definir la crisis clim\u00e1tica como una falla del mercado, es decir, como una traici\u00f3n al principio liberal de que la libre competencia permite una asignaci\u00f3n \u00f3ptima de los recursos y, por tanto, el mal social menor, el Informe Stern populariz\u00f3 un debate hasta entonces t\u00e9cnico sobre las condiciones de la acumulaci\u00f3n de capital en un mundo finito. Abri\u00f3 la puerta a un encuentro hasta ahora ins\u00f3lito entre el debate sobre la racionalidad de la econom\u00eda neocl\u00e1sica y el empoderamiento pol\u00edtico del planeta.<\/p>\n\n\n\n

Lo que est\u00e1 en juego desde entonces en el \u00e1mbito intelectual y pol\u00edtico no es simplemente la aparici\u00f3n de una \u00abeconomizaci\u00f3n\u00bb de la crisis clim\u00e1tica <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>, sino la posibilidad de hacer de la racionalidad econ\u00f3mica el locus<\/em> privilegiado desde el cual pensar la construcci\u00f3n de las pol\u00edticas globales. Desde un punto de vista estrictamente te\u00f3rico, la idea de que el sistema de precios no contiene informaci\u00f3n fiable sobre el estado del metabolismo ecol\u00f3gico se remonta al menos a Thorstein Veblen, y quiz\u00e1s incluso antes. Sin embargo, desde un punto de vista hist\u00f3rico y social, la novedad es real: despu\u00e9s de d\u00e9cadas de intentar responsabilizar a los consumidores, de invocar una causa trascendente para dar la raz\u00f3n a otros seres distintos de los humanos, el centro de gravedad del debate se ha desplazado, y con \u00e9l la capacidad de traducir la cuesti\u00f3n clim\u00e1tica al lenguaje del poder que es la econom\u00eda. En el paradigma humanitario-universalista, nos vimos en cierto modo obligados a dar un salto entre el lenguaje de la ciencia (las advertencias de los climat\u00f3logos, y antes, de los ecologistas especializados en biodiversidad, toxicolog\u00eda, etc.) y el de las normas sociales. La incapacidad de cambiar las justificaciones del poder, las definiciones del bien com\u00fan y los resortes del cambio real se debe a la brecha entre dos esferas demasiado heterog\u00e9neas. Esto es lo que ha contribuido a confinar la causa ecologista al registro de la culpa moral durante tanto tiempo.<\/p>\n\n\n\n

La cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica y clim\u00e1tica afecta ahora a lo que constituye el c\u00f3digo del orden social en las sociedades industriales, comerciales y financiadas, es decir, el capital y las instituciones que garantizan su circulaci\u00f3n y distribuci\u00f3n.<\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica y clim\u00e1tica afecta ahora a lo que constituye el c\u00f3digo del orden social en las sociedades industriales, comerciales y financiadas, es decir, el capital y las instituciones que garantizan su circulaci\u00f3n y distribuci\u00f3n. El debate sobre los impuestos sobre el carbono, los mercados de derechos de contaminaci\u00f3n, la reconstrucci\u00f3n de un Estado inversionista y las pol\u00edticas industriales <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> sobre el papel de los bancos centrales o los posibles mecanismos de planificaci\u00f3n <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>, alimentan la esperanza de una futura codificaci\u00f3n econ\u00f3mica del nuevo orden planetario que pueda conquistar al mayor n\u00famero de personas. Naturalmente, todo un espectro de posiciones ideol\u00f3gicas compiten por imponer dispositivos m\u00e1s o menos favorables seg\u00fan la clase social considerada. Pero parece que al menos tenemos el lenguaje para traducir, para la sociedad, las noticias que nos llegan de las ciencias de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n

[El mundo est\u00e1 cambiando. Desde el inicio de la invasi\u00f3n rusa de Ucrania, con nuestros mapas, an\u00e1lisis y perspectivas hemos ayudado a casi 2 millones de personas a entender las transformaciones geopol\u00edticas de esta secuencia. Si encuentra \u00fatil nuestro trabajo y cree que merece apoyo, puede\u00a0suscribirse aqu\u00ed<\/a>].<\/em><\/p>\n\n\n\n

En cierto modo, se trata de que la racionalidad econ\u00f3mica encuentre una forma de redenci\u00f3n despu\u00e9s de haber sido durante tanto tiempo c\u00f3mplice de las crisis del capitalismo contempor\u00e1neo. Las distintas variantes del Green New Deal desarrolladas en Estados Unidos y Europa, pero tambi\u00e9n la orientaci\u00f3n general del XIV plan quinquenal chino <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>, pretenden integrar la seguridad planetaria en la normativa que regula los flujos de capital, en particular mediante una \u00abtransici\u00f3n energ\u00e9tica\u00bb, y adaptar la organizaci\u00f3n del trabajo a esta transici\u00f3n. Incluso desde el punto de vista de las opciones te\u00f3rico-pol\u00edticas que rompen m\u00e1s claramente con estos principios, lo que est\u00e1 en juego se formula esencialmente en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, ya sea que hablemos de un abandono total de la racionalidad capitalista o de una desmercantilizaci\u00f3n masiva de los sectores estrat\u00e9gicos. En cualquier caso, el intermediario econ\u00f3mico permite imaginar de forma mucho m\u00e1s concreta que antes la manera de poner en marcha toda la estructura social<\/a> y superar el estancamiento clim\u00e1tico. Los dise\u00f1adores de estos diferentes escenarios econ\u00f3micos se ven impulsados por el deseo de construir alianzas democr\u00e1ticas (o al menos electorales) en las que puedan reunirse los ciudadanos interesados. Aunque el simple espect\u00e1culo de las cat\u00e1strofes ecol\u00f3gicas no parezca ser lo suficientemente eficaz para hacer campa\u00f1a por el cambio, es necesario pasar por programas de reindustrializaci\u00f3n, impuestos, redistribuci\u00f3n y formaci\u00f3n. Todas estas son herramientas que permiten codificar la crisis global no como una carga, sino \u2014a costa de un peque\u00f1o arreglo con la realidad\u2014 como una oportunidad, con la clave para redefinir las divisiones sociales e ideol\u00f3gicas del pasado <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Es este v\u00ednculo org\u00e1nico entre la creaci\u00f3n de coaliciones sociales y la econom\u00eda del cambio clim\u00e1tico lo que quiz\u00e1 ofrezca las mejores garant\u00edas de una transformaci\u00f3n real hoy. A medida que el romanticismo de la protesta se va desvaneciendo en el espejo retrovisor, aparece ante nosotros una ecolog\u00eda que escinde, politiza e implica. Una realineaci\u00f3n de intereses en torno a la transici\u00f3n, la voluntad de acoger en la pol\u00edtica de la Tierra a una parte de los \u00abperdedores\u00bb del orden neoliberal, son factores que constituyen la base de los conflictos actuales y futuros, as\u00ed como la matriz de un giro realista de la ecolog\u00eda pol\u00edtica<\/a> <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Es este v\u00ednculo org\u00e1nico entre la creaci\u00f3n de coaliciones sociales y la econom\u00eda del cambio clim\u00e1tico lo que quiz\u00e1 ofrezca las mejores garant\u00edas de una transformaci\u00f3n real hoy.<\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, es quiz\u00e1s aqu\u00ed donde la promesa de una codificaci\u00f3n esencialmente econ\u00f3mica de los problemas alcanza parad\u00f3jicamente sus l\u00edmites. Por supuesto, tenemos la suerte de leer casi a diario los riqu\u00edsimos an\u00e1lisis de los economistas que tratan de identificar los mecanismos de regulaci\u00f3n y distribuci\u00f3n de la riqueza capaces de devolvernos a los l\u00edmites del sistema Tierra. Pero, \u00bftenemos realmente una idea m\u00e1s precisa, a trav\u00e9s de esos trabajos, de la din\u00e1mica pol\u00edtica que puede conducir a una salida del estancamiento?<\/p>\n\n\n\n

Por el momento, podemos ver con bastante claridad c\u00f3mo un cierto n\u00famero de intereses econ\u00f3micos tienen encadenado el futuro y, por tanto, imaginar las relaciones de poder capaces de liberarlo. Sin embargo, la mayor\u00eda de las veces, \u00e9stas siguen siendo bastante tecnocr\u00e1ticas: son las normas de funcionamiento de los bancos centrales, la l\u00f3gica de los grupos de presi\u00f3n, el chantaje que los inversionistas pueden hacer respecto al uso o a la devaluaci\u00f3n de los activos \u00abvarados\u00bb, todos ellos mecanismos que implican principalmente a las \u00e9lites financieras y pol\u00edticas. El contenido sociol\u00f3gico real de los grupos capaces de defender y llevar a cabo uno u otro de estos proyectos de codificaci\u00f3n econ\u00f3mica del Antropoceno est\u00e1 menos claro. La principal explicaci\u00f3n de esta inercia, del sorprendente retraso de la vida social <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span> respecto a sus m\u00e1s altas instituciones, es que pocos representantes pol\u00edticos se atreven a decir la verdad sobre las consecuencias de la crisis global.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Ankara, Turqu\u00eda. Agosto de 2022 \u00a9 Mustafa Kaya\/Xinhua<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El crecimiento del mal y la racionalidad econ\u00f3mica<\/h2>\n\n\n\n

La crisis se presenta alternativamente como una cat\u00e1strofe en curso y destinada a empeorar<\/a>, una cat\u00e1strofe que es nuestra responsabilidad y, al mismo tiempo, como una oportunidad para regenerar la igualdad y la justicia social, como un argumento imparable para gravar a los ricos y restaurar la democracia. El dilema es real, imposible de sortear: para constituir el bloque social que apoye la transici\u00f3n, es necesario presionar los afectos pol\u00edticos del mayor n\u00famero, arrancar apoyos poniendo en juego la supervivencia de los ni\u00f1os y suscitar un sentimiento de esperanza en el que resuenen los logros de las grandes luchas sociales del pasado. El precio que hay que pagar por mantener la esperanza es callar lo que nadie quiere o\u00edr, es decir, que la integraci\u00f3n de los l\u00edmites planetarios en el orden social tendr\u00e1 consecuencias para todos. Consecuencias que deben repartirse de la forma m\u00e1s justa posible, pero que, sin embargo, son dif\u00edciles de presentar de forma totalmente positiva<\/a>: se trata de una lucha por reducir las injusticias asociadas a la perturbaci\u00f3n del sistema Tierra y, por tanto, de una lucha en la que la premisa inevitable es la del aumento del mal <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

La funci\u00f3n de la racionalidad econ\u00f3mica que se est\u00e1 implantando actualmente es, entre otras cosas, disipar los efectos de este reconocimiento, que sin embargo est\u00e1 en estado latente en la sociedad. Al hablar de una reorganizaci\u00f3n de los canales de financiamiento de la econom\u00eda y de una redistribuci\u00f3n de las oportunidades a favor de la clase media, la econom\u00eda del cambio clim\u00e1tico se conforma con demasiada frecuencia con un pensamiento que adopta el punto de vista de los organismos gubernamentales, que se sit\u00faa en la cabina de mando de las decisiones globales para controlar a distancia las palancas macroecon\u00f3micas de la transici\u00f3n. El costo bruto de las necesidades de protecci\u00f3n y adaptaci\u00f3n rara vez se menciona. El origen de los fondos que se utilizar\u00e1n para mantener las infraestructuras, los sistemas de reproducci\u00f3n de la sociedad, todos los sectores no lucrativos o de baja rentabilidad, se deja cort\u00e9smente de lado para dar a entender que, bajo la direcci\u00f3n de la experiencia econ\u00f3mica, se equilibrar\u00e1n los costos y los beneficios. En lo que respecta a la inversi\u00f3n en la transici\u00f3n, la raz\u00f3n econ\u00f3mica puede navegar con sus herramientas y hacer promesas interesantes<\/a>, pero en lo que respecta a las \u00abmagnitudes negativas\u00bb, la cuesti\u00f3n permanece. La m\u00e1s enigm\u00e1tica de dichas magnitudes negativas es, por supuesto, la cuesti\u00f3n de la sobriedad: traducido en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, el desarrollo de las infraestructuras de transporte p\u00fablico, la eliminaci\u00f3n de la obsolescencia programada, el acortamiento de las cadenas de suministro, la reducci\u00f3n de los residuos, todo ello implica inevitablemente una contracci\u00f3n de la esfera econ\u00f3mica y de la l\u00f3gica de la acumulaci\u00f3n. Sin embargo, me parece que no tenemos una visi\u00f3n clara de las consecuencias pol\u00edticas de esa contracci\u00f3n, deseada o sufrida, y menos a\u00fan de la composici\u00f3n de la coalici\u00f3n social que apostar\u00e1 por ese escenario, es decir, que aceptar\u00e1 soportar las consecuencias de esa contracci\u00f3n econ\u00f3mica en nombre de un bien que no es cuantificable: la seguridad, la estabilidad y la paz. El cambio de lo cuantitativo a lo cualitativo es lo que marca el paso del universo econ\u00f3mico de la calculabilidad y la previsibilidad al universo pol\u00edtico de la decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

El cambio de lo cuantitativo a lo cualitativo es lo que marca el paso del universo econ\u00f3mico de la calculabilidad y la previsibilidad al universo pol\u00edtico de la decisi\u00f3n.<\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Buena parte del esfuerzo de los economistas, o digamos m\u00e1s ampliamente del discurso econ\u00f3mico sobre la crisis global, consiste en apoyar la viabilidad de la transici\u00f3n energ\u00e9tica demostrando que el costo est\u00e1 a nuestro alcance <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span>, que los beneficios son mayores que los riesgos \u2014sobre todo si son medidos y asegurados por los poderes p\u00fablicos\u2014, que la mayor\u00eda saldr\u00e1 ganando, y que no se trata de alterar la vida cotidiana de los ciudadanos. La estrategia es correcta. Pero si todav\u00eda no est\u00e1 ganando, no es s\u00f3lo porque se ve frenada por otras estrategias competidoras como la del repliegue en la negaci\u00f3n y el unilateralismo, sino tambi\u00e9n porque deja lugar a dudas sobre c\u00f3mo gobernar las magnitudes negativas. El necesario estrechamiento de la amplitud material de nuestros estilos de vida es generalmente entendido por una gran parte de la poblaci\u00f3n como un estrechamiento de la libertad, de las oportunidades materiales y simb\u00f3licas de emancipaci\u00f3n. Desde ese punto de vista, la sobriedad y la sustentabilidad constituyen un muro pol\u00edtico que siempre se puede intentar sortear por medios ideol\u00f3gicos m\u00e1s o menos sutiles, o por c\u00e1lculos de inter\u00e9s, pero que no por ello est\u00e1 menos presente en la mente de todos. Que se presente como una cuesti\u00f3n de \u00abpoder adquisitivo\u00bb, \u00ablibertad de movimiento\u00bb, \u00ablibertad de elecci\u00f3n\u00bb, o cualquier otra expresi\u00f3n que encierre el v\u00ednculo entre abundancia y libertad, no cambia nada: m\u00e1s all\u00e1 de las recetas econ\u00f3micas inventadas para reorientar los flujos de capital de la cat\u00e1strofe hacia la sustentabilidad, est\u00e1 el problema realmente pol\u00edtico de acomodar las aspiraciones de todos en el nuevo espacio ecol\u00f3gico disponible.<\/p>\n\n\n\n

El necesario estrechamiento de la amplitud material de nuestros estilos de vida es generalmente entendido por una gran parte de la poblaci\u00f3n como un estrechamiento de la libertad, de las oportunidades materiales y simb\u00f3licas de emancipaci\u00f3n. <\/p>pierre charbonnier<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La conclusi\u00f3n natural de esta observaci\u00f3n es que la lucha pol\u00edtica actual debe ser tanto de reorganizaci\u00f3n econ\u00f3mica como de reorganizaci\u00f3n de las normas sociales de consumo, alimentaci\u00f3n, movilidad, trabajo y pertenencia al grupo. Casi todo lo que conforma la construcci\u00f3n de la persona y el sentimiento de autonom\u00eda puede verse afectado por esa reorientaci\u00f3n. El cambio de la dimensi\u00f3n metab\u00f3lica y energ\u00e9tica de la sociedad, en la medida en que afecta a las relaciones sociales en general, y no s\u00f3lo a los h\u00e1bitos de consumo de los m\u00e1s ricos, nos concierne a todos: aunque sea absolutamente correcto hacer que los m\u00e1s ricos financien la transici\u00f3n, el dinero as\u00ed recaudado se invertir\u00e1 en infraestructuras y en un modelo de desarrollo que cambiar\u00e1 la vida de todos. Y mientras este cambio sea visto como una carga, hay pocas posibilidades de que prevalezca el argumento estrictamente econ\u00f3mico de las oportunidades asociadas a la transici\u00f3n: para muchos, la aparente seguridad del orden productivo del pasado ofrece a\u00fan m\u00e1s garant\u00edas que la anticipaci\u00f3n de riesgos considerados inciertos y lejanos.<\/p>\n\n\n\n

El reto de cerrar la brecha entre las emisiones reales y los compromisos internacionales no puede dejarse s\u00f3lo en manos del dise\u00f1o institucional y macroecon\u00f3mico. O m\u00e1s bien: la racionalidad econ\u00f3mica que se ajusta al Antropoceno no hace m\u00e1s que se\u00f1alar la dificultad de la reintegraci\u00f3n socio-ecol\u00f3gica al revelar una brecha entre la definici\u00f3n de los principios de regulaci\u00f3n y los obst\u00e1culos sociol\u00f3gicos reales que impiden que se traduzcan en sistemas de actitudes, comportamientos y normas que gu\u00eden las elecciones y representaciones de la colectividad. Desde este punto de vista, parece poco probable que la racionalidad econ\u00f3mica baste para ganar la batalla pol\u00edtica, aunque sea obviamente un aliado esencial.<\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Transformaci\u00f3n del paisaje urbano de la megal\u00f3polis de Chongqing, China, atravesada por el r\u00edo Yangtze, cuyos niveles de agua anteriores son visibles en las columnas del puente. Agosto de 2022 \u00a9 AP Photo\/Mark Schiefelbein<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Del c\u00e1lculo a la decisi\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n

Una de las principales fuentes de pesimismo a este respecto es la din\u00e1mica intr\u00ednseca de las relaciones internacionales. Las relaciones de poder militares y geoestrat\u00e9gicas tienden a alimentar una carrera por el crecimiento y por asegurar el suministro de energ\u00eda y materias primas, y se puede argumentar que, cuanta m\u00e1s presi\u00f3n tengan estas relaciones, m\u00e1s se acelerar\u00e1 la carrera<\/a>.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, existe un v\u00ednculo org\u00e1nico entre el estado de las relaciones internacionales y la capacidad de reorientar los modelos de desarrollo a escala mundial. El lenguaje de la confrontaci\u00f3n, que tiende a aumentar indefinidamente los arsenales industriales y militares de las grandes potencias, hace muy dif\u00edcil imaginar un atenuamiento coordinado a nivel mundial de los sistemas de energ\u00eda y producci\u00f3n. La consecuencia es, por supuesto, que los pa\u00edses que ya son los m\u00e1s ricos, y por tanto los m\u00e1s responsables de la crisis clim\u00e1tica, agravan el enorme desequilibrio entre ellos y la mayor\u00eda de las peque\u00f1as y medianas potencias del Sur<\/a>, que no tienen que hacer el mismo esfuerzo de autolimitaci\u00f3n que nosotros. \u00c9ste es un ejemplo m\u00e1s de la brecha que queda entre la racionalidad econ\u00f3mica y la pol\u00edtica: la distensi\u00f3n diplom\u00e1tica y comercial entre China y Estados Unidos, absolutamente necesaria para la construcci\u00f3n de pol\u00edticas globales, no puede ser el resultado de un c\u00e1lculo puramente econ\u00f3mico. Se trata de la voluntad de los actores pol\u00edticos, es decir, un enfoque orientado por la construcci\u00f3n de la paz y el equilibrio.<\/p>\n\n\n\n

Ya sea en la l\u00f3gica social interna de las democracias liberales del Norte, o en el plano de las relaciones internacionales, podemos identificar as\u00ed los l\u00edmites del enfoque principalmente econ\u00f3mico de la cuesti\u00f3n mundial. En otras palabras, no saldremos del estancamiento clim\u00e1tico por la simple fuerza del c\u00e1lculo y la movilizaci\u00f3n de intereses.<\/p>\n\n\n\n

La composici\u00f3n de las alianzas sociales y geopol\u00edticas que ser\u00e1n los motores del cambio tambi\u00e9n implica elementos como el sentimiento de miedo, el sentido de la responsabilidad, la capacidad de asumir riesgos y la capacidad de desprenderse del peso del pasado. Todos ellos son motivos de acci\u00f3n que superan el marco ideal del c\u00e1lculo costo-beneficio, y que abren forzosamente un tiempo de decisi\u00f3n en un espacio de posibilidades restringidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Tanto si se trata de preparar los sistemas sociales para las consecuencias del cambio clim\u00e1tico como de limitar su impacto, se est\u00e1 organizando una competici\u00f3n pol\u00edtica en torno a la capacidad de integrar la Tierra en la construcci\u00f3n de lo pol\u00edtico.
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