{"id":65693,"date":"2025-05-04T13:29:35","date_gmt":"2025-05-04T11:29:35","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=65693"},"modified":"2025-05-04T13:30:08","modified_gmt":"2025-05-04T11:30:08","slug":"la-novela-policiaca-es-agustiniana-una-conversacion-con-francois-sureau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2025\/05\/04\/la-novela-policiaca-es-agustiniana-una-conversacion-con-francois-sureau\/","title":{"rendered":"\u00abLa novela polic\u00edaca es agustiniana\u00bb, una conversaci\u00f3n con Fran\u00e7ois Sureau"},"content":{"rendered":"\n
Creo que he encontrado la oportunidad de reconciliarme con mis amores de juventud, Holmes, Lupin, Poirot, Maigret. Por otra parte, esta f\u00f3rmula es imprecisa. No es que haya dejado de frecuentarlos. Al contrario, nunca han dejado de acompa\u00f1arme. Ellos, y no la trama polic\u00edaca en s\u00ed misma. Son h\u00e9roes a los que me ha gustado seguir, m\u00e1s que intrigas que me ha gustado resolver. Seguir como se puede seguir a Phileas Fogg o a Montecristo. Nos gusta Phileas Fogg porque nos ense\u00f1a a viajar sin perdernos; Montecristo, porque venga las ofensas que nos han hecho. La pregunta que se plantea entonces es: \u00bfpor qu\u00e9 quise crear un h\u00e9roe al que seguir, un h\u00e9roe al que amar? Simplemente porque toda la vida, como en la ep\u00edstola de Pablo, siempre me ha parecido \u00abcomo un espejo, un enigma\u00bb, y me gusta que un personaje de ficci\u00f3n me ayude a acercarme a ella. Un personaje que su talento, su complexi\u00f3n y su vocaci\u00f3n precisamente de descifrador de enigmas hacen agradable de seguir. Lo esencial no es el crimen, sino la verdad de los personajes.<\/p>\n\n\n\n
Queda la pregunta de \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 ahora?\u00bb. Nadie ha respondido mejor que T. S. Eliot cuando escribe: \u00abS\u00e9 por experiencia que, hacia la mitad de su vida, un hombre se encuentra ante tres opciones: dejar de escribir por completo, repetirse a s\u00ed mismo, quiz\u00e1 con un grado cada vez mayor de virtuosismo, o, mediante un esfuerzo mental, adaptarse a esta \u2018edad media\u2019 y encontrar otra forma de trabajar\u00bb. Yo estoy m\u00e1s bien en el \u00faltimo tercio que en la mitad, pero la idea es buena. La novela polic\u00edaca me proporciona esa \u00abotra forma de trabajar\u00bb. Por lo que yo puedo decir \u2014y seguramente habr\u00e1 notado que los autores que hablan de su trabajo, me refiero al fondo, no al m\u00e9todo, son o bien ingenuos o bien ampulosos, por lo que no me prestar\u00e9 a ese ejercicio\u2014, si la forma es nueva, el fondo no lo es. Siempre es el mismo. Para m\u00ed, es un poco como encontrar una nueva ruta para escalar la misma monta\u00f1a de granito desde cuya cima espero ver las cosas con m\u00e1s claridad.<\/p>\n\n\n\n La novela polic\u00edaca me proporciona esa \u00abotra forma de trabajar\u00bb de la que hablaba T.S. Eliot.<\/p>Fran\u00e7ois Sureau<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Est\u00e1 la t\u00e9cnica, por supuesto, y una forma diferente de escribir. Cometer el crimen uno mismo, en la mente, y luego ir dejando pistas a medida que se retrocede, como si fueran piedras. Pero eso no es importante. En cuanto a las preguntas, no se trata tanto de responderlas como de plantearlas. \u00bfQu\u00e9 hay de ese misterioso paso de la l\u00ednea que convierte de repente a un inocente en culpable, y a un culpable para siempre? \u00bfQu\u00e9 hay de esa verdad que siempre se escapa, de esa condena imposible de pronunciar? Habr\u00e1 notado que mi h\u00e9roe apenas juzga. Es la verdad lo que busca, no el castigo.<\/p>\n\n\n\n Aqu\u00ed, la novela polic\u00edaca \u2014y esto es cierto en la mayor\u00eda de los casos\u2014 trasciende las condiciones hist\u00f3ricas de su aparici\u00f3n. Recordar\u00e1, a este respecto, el famoso intercambio entre Caillois y Borges sobre el origen de la novela polic\u00edaca. En su ensayo de 1941, Caillois deriva la novela polic\u00edaca de una circunstancia hist\u00f3rica muy particular, la creaci\u00f3n por Fouch\u00e9 de un cuerpo de esp\u00edas disfrazados, presente en todas las clases de la sociedad. Borges le responde que la cronolog\u00eda no cuadra, salvo que se admita un tiempo de latencia extremadamente largo. Un tenebroso caso s\u00f3lo anuncia la novela polic\u00edaca de muy lejos, y data de 1841, el mismo a\u00f1o del Doble asesinato en la calle Morgue, que, seg\u00fan \u00e9l, no es m\u00e1s que pura imaginaci\u00f3n de Poe. En cuanto a la primera novela que podr\u00eda inspirarse en la organizaci\u00f3n de la polic\u00eda parisina, El caso Lerouge de Gaboriau, data de 1865. As\u00ed, escribe Borges, \u00abla prehistoria del g\u00e9nero polic\u00edaco reside en las costumbres mentales de Edgar Allan Poe, su inventor, y en sus irrecuperables Erlebnisse, pero ciertamente no en la aversi\u00f3n que provocaron, hacia 1799, los \u2018agentes provocadores\u2019 de Fouch\u00e9\u00bb. A esto le sigui\u00f3 una breve disputa literaria, con una r\u00e9plica de Caillois y una r\u00e9plica de Borges, publicada en Sur, en la que Borges, para condenarlos, pone a Leblanc y Simenon al mismo nivel que V\u00e9ry y Gaboriau, y apenas salva, en las letras francesas, El misterio de la habitaci\u00f3n amarilla, a pesar de su \u00abespantosa redacci\u00f3n\u00bb, debido a su \u00abexcelente argumento\u00bb. Borges se equivocaba a menudo, de una manera que su tono de certeza le da un sabor inimitable. Me gusta imitarlo sin saberlo.<\/p>\n\n\n\n En cualquier caso, el detective, en el fondo, a pesar de algunas singularidades superficiales, no parece pertenecer a ning\u00fan entorno, sino que los atraviesa todos. Al igual que el juez de instrucci\u00f3n, est\u00e1 animado por esa indiferencia metodol\u00f3gica que es la condici\u00f3n para la eficacia de su arte. Puede ser m\u00e1s moral, como Holmes, que religioso, como Poirot, o razonable e indiferente, como Maigret. Lo esencial est\u00e1 en otra parte, en los mecanismos del mal que saca a la luz para informar al lector, como las moscas informan al ministro de la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n En definitiva, el aficionado a las novelas polic\u00edacas se encuentra en la posici\u00f3n del juez de instrucci\u00f3n, que hereda el voluminoso expediente de una investigaci\u00f3n concluida y, seg\u00fan sus inclinaciones, se regocija parad\u00f3jicamente de la ingeniosidad del criminal o se pregunta por sus motivos, sin olvidar felicitar en privado al investigador y a s\u00ed mismo de haberlo elegido. Si tuvi\u00e9ramos que retomar el razonamiento de Caillois, ser\u00eda interesante vincular la aparici\u00f3n de la novela polic\u00edaca con la codificaci\u00f3n moderna de la investigaci\u00f3n criminal, a partir de las revoluciones del siglo XVIII, m\u00e1s que con las t\u00e9cnicas policiales, que apenas han cambiado desde la Edad Media. Pero, al fin y al cabo, eso da igual.<\/p>\n\n\n\n \u00bfQu\u00e9 hay de ese misterioso cruce de la l\u00ednea<\/em> que de repente convierte a un inocente en culpable, y a un culpable para siempre?<\/p>Fran\u00e7ois Sureau<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Esto no quiere decir que estos testigos, Poirot, Holmes o Maigret, o incluso \u2014\u00a1perd\u00f3neme!\u2014 mi Thomas More, sean absolutamente seguros. Reflejan las preferencias de sus autores por tal o cual aspecto de la patolog\u00eda social, su sentido del mal, sus prejuicios tambi\u00e9n \u2014en lo que no difieren de los jueces\u2014, ya que la realidad s\u00f3lo aparenta llevar las riendas, puesto que el lenguaje de la justicia la traiciona en cuanto se propone organizarla, con el fin de permitir ese juicio que restablecer\u00e1 la tranquilidad del orden.<\/p>\n\n\n\n Tiene raz\u00f3n. Para m\u00ed, la novela polic\u00edaca cl\u00e1sica, aquella en cuya tradici\u00f3n he querido inscribirme, no espera en absoluto, y tal vez incluso al contrario, que las instituciones aporten una soluci\u00f3n al misterio del mal. Aunque el culpable sea condenado, no puede serlo por la acci\u00f3n de los profesionales de la justicia. No es s\u00f3lo que las figuras oficiales sean un poco rid\u00edculas, Japp en Christie, Lestrade o incluso Gregson en Conan Doyle, Com\u00e9liau en Maigret. De los tres, Maigret es el \u00fanico funcionario, pero parece estar del lado del culpable, incluso del peor, como nunca podr\u00edan estarlo el juez ni el abogado, figurantes de una comedia de la justicia que nos recuerda la famosa frase: la justicia es una virtud, pero juzgar es un pecado.<\/p>\n\n\n\n Tomemos el ciclo holmesiano. Merece la pena meditarlo porque proviene de una \u00e9poca en la que la moral cristiana a\u00fan no hab\u00eda cedido por completo ante las exigencias judiciales. Es el mundo de Hugo o el de Dickens. La justicia es necesaria, pero est\u00e1 al servicio del orden, y el orden es injusto. En La granja Abbey<\/em>, Holmes absuelve al culpable \u2014es decir, no lo denuncia a la justicia\u2014 porque le encuentra excusas. Por el contrario, en Un caso de identidad<\/em>, corrige a un culpable contra el que la justicia no puede hacer nada. Este rasgo se encuentra ya en el primer Maigret, firmado con su seud\u00f3nimo Georges Sim y titulado \u00abLa mujer pelirroja\u00bb. Maigret a\u00fan no tiene los rasgos que lo har\u00e1n famoso, la oficina del quai des Orf\u00e8vres, el apartamento del boulevard Richard Lenoir, pero su clemencia lo sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 del juego de las instituciones. Maigret ayuda a un supuesto culpable a escapar. M\u00e1s adelante, como ya he mencionado, repartir\u00e1 bofetadas y su ira se dirigir\u00e1 hacia los manipuladores, los bur\u00f3cratas y los mentirosos. Su principal caracter\u00edstica es tratar de comprender, al menos vagamente. En el fondo, se parece al juez de \u00abCarta a mi juez\u00bb. Sabe que antes del acto criminal s\u00f3lo hay un hombre como los dem\u00e1s, y se queda estupefacto, sin decirlo, ante el paso decisivo que ha dado el culpable al cruzar esa l\u00ednea que le dar\u00e1 para siempre su fisonom\u00eda de r\u00e9probo. No es diferente Hercule Poirot, que en varias ocasiones se reprocha no haber sabido prevenir el crimen, tanto porque se trata efectivamente de un crimen como porque ha empujado al culpable a un infierno sin remedio. As\u00ed, en la famosa muerte en el Nilo, muy al principio de la historia, conjura a la criminal \u2014aunque a\u00fan no sabe que lo es\u2014 para que tome otro camino, en una escena impactante que tiene lugar a orillas de un Nilo que se asemeja al Leteo. Mi personaje principal est\u00e1 hecho del mismo material.<\/p>\n\n\n\n Para m\u00ed, la novela polic\u00edaca cl\u00e1sica se sit\u00faa, en definitiva, del lado de los apotegmas de los Padres del desierto, de la filosof\u00eda del gran Arsenio: \u00abHuye y calla\u00bb. El mundo es invivible, en todas las \u00e9pocas, nada puede liberarnos del mal, y la salvaci\u00f3n est\u00e1 en la huida: para el criminal, que escapa de la angustia de la muerte d\u00e1ndola. Para el detective, que acaba en el exilio (Poirot), en la coca\u00edna (Holmes), en la nostalgia de la infancia (Maigret) o en el regreso a la Gran Cartuja (More). Al final, la novela polic\u00edaca se centra \u00fanicamente en las consecuencias del pecado original: la posibilidad del asesinato y el dolor de estar entonces entregado sin defensa a un mundo en el que hay que luchar para sobrevivir, siendo en el fondo poco interesantes las sucesivas formas de organizaci\u00f3n que puede adoptar. O de desorganizaci\u00f3n, si, como es el caso de mi libro, la acci\u00f3n se desarrolla en tiempos de guerra. En definitiva, se trata s\u00f3lo de pasiones en el sentido de los moralistas\u2026 <\/p>\n\n\n\n La novela polic\u00edaca cl\u00e1sica, aquella en cuya tradici\u00f3n he querido inscribirme, no espera en absoluto que las instituciones aporten una soluci\u00f3n al misterio del mal.<\/p>Fran\u00e7ois Sureau<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Y del paso del tiempo. De los tres cr\u00edmenes que abordo en mi libro, s\u00f3lo el tercero es puramente un crimen del presente. Los otros dos evocan m\u00e1s bien el dicho ingl\u00e9s: old sins cast long shadows<\/em> (los viejos pecados proyectan largas sombras). Para m\u00ed, en el fondo, la novela polic\u00edaca es agustiniana, en el sentido de que es pesimista sobre las instituciones humanas y sostiene la idea de que estar inmersos en el tiempo es la fuente de la desgracia y, en \u00faltima instancia, del crimen. El detective, en definitiva, s\u00f3lo revela a los protagonistas, y al mismo tiempo al lector, la maldici\u00f3n original. En la medida de lo posible, antes del fin de los tiempos, descorre un poco el velo. Y esa es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la que \u00abmi\u00bb Tom\u00e1s Moro viaja en el tiempo, lo que le hace m\u00e1s sabio, m\u00e1s consciente, y no s\u00f3lo en el plano t\u00e9cnico del conocimiento de los grandes acontecimientos del pasado.<\/p>\n\n\n\n Tiene raz\u00f3n. Eleg\u00ed esta forma particular porque borra al narrador y muestra una acci\u00f3n que se desarrolla por s\u00ed misma, impulsada por los di\u00e1logos, como en el teatro. Esto se corresponde con lo que le dec\u00eda hace un momento sobre el misterio de nuestra condici\u00f3n objetiva como sujetos inmersos en el tiempo. El tiempo de la narraci\u00f3n puede as\u00ed acordarse con ese tiempo existencial que es el nuestro, un tiempo que vive independientemente de quien pretende contarlo. Los decorados, las voces, eso es lo que cuenta en realidad. En cambio, los elementos que encabezan los cap\u00edtulos pertenecen sobre todo al entretenimiento, al recuerdo, a la novela por entregas. Hacer so\u00f1ar un poco sin dar la soluci\u00f3n. Si hubiera podido, habr\u00eda introducido esos dibujos al estilo de Gustave Dor\u00e9, ya sabe, aquellos bajo los que se lee: \u00abcogi\u00f3 la escalera y la acerc\u00f3 a la ventana… p. 79\u00bb, y la imagen siempre est\u00e1 desplazada con respecto al texto que se lee. Es la t\u00e9cnica que utiliza Breton en Nadja<\/em>, pero con fotograf\u00edas: el hotel de los grandes hombres, la estatua de Etienne Dolet, Benjamin P\u00e9ret estaba all\u00ed. Eso es lo que record\u00e9, y La vuelta al mundo en 80 d\u00edas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n El detective, en definitiva, s\u00f3lo revela a los protagonistas, y al mismo tiempo al lector, la maldici\u00f3n original. En la medida de lo posible, antes de que llegue el fin de los tiempos, descorre un poco el velo.<\/p>Fran\u00e7ois Sureau<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El silencio est\u00e1 presente como signo de esa verdad que se escapa, por as\u00ed decirlo. Rodea los cad\u00e1veres. Siempre me ha llamado la atenci\u00f3n ese silencio que envuelve a los muertos. Pero tambi\u00e9n manifiesta la negativa a juzgar del protagonista principal, cuando dice \u00abque no le gusta aventurarse a esas profundidades\u00bb. Aqu\u00ed abajo no puede haber juicio justo. Y es tambi\u00e9n por eso que cada una de estas novelas \u2014la primera y las que le seguir\u00e1n\u2014 terminan con el regreso de Tom\u00e1s Moro a la Gran Cartuja, ese lugar del \u00abgran silencio\u00bb que prefigura, y tal vez anuncia, la \u00fanica palabra que puede ser verdaderamente consoladora.<\/p>\n\n\n\n S\u00ed, tiene raz\u00f3n. Siempre me ha sensibilizado la considerable distancia que separa a quienes deciden las guerras de quienes las hacen. En el diario parisino de J\u00fcnger, encontramos el relato de una conversaci\u00f3n del autor con Picasso, y J\u00fcnger dice m\u00e1s o menos: \u00abEntre nosotros dos, podr\u00edamos hacer la paz, y esta noche los pueblos podr\u00edan iluminarse\u00bb. No me refiero, por supuesto, de la opci\u00f3n del pacifismo absoluto, la de Giono o Romain Rolland, a la que no adhiero; sino de esa sensaci\u00f3n, que he experimentado varias veces, desde Yugoslavia hasta Afganist\u00e1n, de que hay poca relaci\u00f3n sensible, existencial, entre la realidad de la guerra y las razones que la justifican \u2014o no\u2014. Una buena manera de reflejarlo es poner en escena, por as\u00ed decirlo, una muerte \u00abindividual\u00bb en medio de muertes colectivas. Eso es lo que he intentado hacer, imaginando adem\u00e1s una situaci\u00f3n parad\u00f3jica en la que el vencedor \u2014en este caso, el rey de Prusia\u2014 no tiene otra soluci\u00f3n que poner su reputaci\u00f3n en manos del vencido, un comisario franc\u00e9s prisionero de sus tropas.<\/p>\n\n\n\n No s\u00e9 qu\u00e9 dice el crimen en s\u00ed mismo, pero desde hace mucho tiempo me fascina lo que dice el relato del crimen, la novela que toma el crimen como motor de la narraci\u00f3n, que es algo muy diferente. Y lo que dice, en la mayor\u00eda de los casos, es esa mezcla sorprendente, ese compuesto qu\u00edmico entre un arraigo, siempre diferente, unas pasiones, siempre las mismas, y un azar, siempre decisivo. Es el azar el que preside el crimen, porque no somos m\u00e1quinas; y es tambi\u00e9n el azar, una coincidencia, una frase escuchada, lo que permite resolverlo. Como en mi libro, donde la naturaleza del \u00faltimo crimen es revelada por una frase afectuosa escuchada por el investigador.<\/p>\n\n\n\n En primer lugar, es una simple homonimia, pero que invita a so\u00f1ar. En segundo lugar, porque siempre me ha gustado esta figura entre dos mundos, pol\u00edtico alejado de la pol\u00edtica, m\u00e1rtir ir\u00f3nico, avisado, riguroso. Pero sobre todo porque a menudo he pensado que el origen de su martirio no era donde se cre\u00eda generalmente. A menudo se le ha descrito como un gran defensor de Roma, del matrimonio indisoluble. Yo creo sobre todo, y esto le convierte en precursor de los escritores antitotalitarios, que rechazaba absolutamente la confusi\u00f3n entre la soberan\u00eda pol\u00edtica y la soberan\u00eda espiritual, independientemente de que esta \u00faltima se basara o no en la idea de Dios. Por eso, el detective que lleva su nombre hace lo que tiene que hacer \u2014revelar la verdad\u2014 sin usurpar un lugar que no le corresponde \u2014juzgar en lugar de Dios, lo que hacen la mayor\u00eda de los jueces, sin saberlo o sabi\u00e9ndolo\u2014. Ahora bien, como se suele decir, si la justicia es una virtud, juzgar es un pecado.<\/p>\n\n\n\n El azar preside el crimen, porque no somos m\u00e1quinas; y es tambi\u00e9n el azar, una coincidencia, una frase escuchada, lo que permite resolverlo.<\/p>Fran\u00e7ois Sureau<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n S\u00ed, claro, como en el soneto de las vocales. Sin embargo, no voy a hacer una tipolog\u00eda. Tienen en com\u00fan que nunca gustan, que nunca son agradables a la vista. La mayor\u00eda de los detectives que me gustan, incluido el m\u00edo, nunca los contemplan sin repugnancia. Un asco reprimido en Holmes, vago en Maigret, casi religioso en Poirot, so\u00f1ador en mi Tom\u00e1s Moro. Porque es el mayor de los pecados, por supuesto, pero tambi\u00e9n porque el crimen acaba absorbiendo a su autor, en una especie de posesi\u00f3n, a la vez ontol\u00f3gica y social, que da la impresi\u00f3n de una maldici\u00f3n de la que no se es testigo sin estremecerse.<\/p>\n\n\n\n El pecado original es una especie de juego de cartas. Los gobernantes culpan a los gobernados. Los pueblos culpan a sus l\u00edderes. Los hombres culpan a Dios. Escribir es dar un paso al lado, y esperar un poco m\u00e1s de discernimiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":" Con Les Enfants perdus<\/em>, el autor de Passavant<\/em> se lanza al g\u00e9nero polic\u00edaco.<\/p>\n Siguiendo una tradici\u00f3n \u00abcl\u00e1sica\u00bb a la que se reivindica con gallard\u00eda, se inventa un h\u00e9roe \u2014como modelo a seguir\u2014 y firma una novela magistral, tan cautivadora como metaf\u00edsica.<\/p>\n Entrevista e investigaci\u00f3n sobre el nuevo g\u00e9nero de Fran\u00e7ois Sureau.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":65547,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-interviews.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[1059],"tags":[],"geo":[177],"class_list":["post-65693","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","staff-florent-zemmouche","geo-europa"],"acf":[],"yoast_head":"\n\u00bfHa encontrado m\u00e1s libertad \u2014o lo contrario\u2014 al escribir una novela polic\u00edaca? \u00bfLas intrigas que se desarrollan en ella son pretextos para responder a otras preguntas, quiz\u00e1s m\u00e1s profundas y fundamentales? <\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Por otra parte, cabe se\u00f1alar que las instituciones est\u00e1n pr\u00e1cticamente ausentes de Les Enfants perdus<\/em>. Sin duda porque es una \u00e9poca de guerra, y en tiempos de guerra las instituciones est\u00e1n m\u00e1s o menos superadas. Pero se intuye algo m\u00e1s\u2026 <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfDe ah\u00ed, por muy entretenida que sea, la dimensi\u00f3n a veces metaf\u00edsica de su relato? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfY tambi\u00e9n del paso del tiempo?<\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Podr\u00edan sorprender las especies de didascalias que abren cada cap\u00edtulo de la narraci\u00f3n. \u00bfSe trata de un deseo de llevar al l\u00edmite la puesta en escena y, con ello, buscar un cierto realismo? \u00bfO dir\u00eda incluso que se trata de una obra de teatro que se escribe ante nuestros ojos? Moro dice en un momento dado: \u00ab[…] fui a ver los decorados. Es importante. Ahora podremos escribir la obra\u00bb (p. 52). \u00bfPodr\u00edamos incluso ver en ello un gui\u00f1o a lo que hac\u00eda, por ejemplo, Kolt\u00e8s en La Fuite \u00e0 cheval tr\u00e8s loin dans la ville<\/em> con sus didascalias en la novela y leer Les Enfants perdus<\/em> como una novela-obra de teatro (o como en Diderot, que por cierto se menciona en un momento dado)? En el fondo, encontramos escenas muy visuales y la narraci\u00f3n parece avanzar en gran parte gracias a los numerosos di\u00e1logos. A este respecto, parece que concede precisamente un lugar central a los di\u00e1logos en la novela, lo cual tiene sentido en la medida en que, por lo general, en las investigaciones policiales, tanto en las novelas como en las pel\u00edculas o las series, es a trav\u00e9s del intercambio entre el inspector y sus colegas que surge la clave del enigma, del crimen. <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfEn qu\u00e9 se oponen estos di\u00e1logos al silencio que rodea al primer cad\u00e1ver encontrado? El t\u00e9rmino \u00absilencio\u00bb aparece varias veces, y es precisamente este silencio lo que intriga al principio (\u00abEl silencio, la muerte, el punto\u00bb, p. 16; \u00abCuando llegamos, cuando lo encontramos, hab\u00eda… una especie de silencio a su alrededor\u00bb, p. 17).<\/h3>\n\n\n\n
Moro dice en un momento dado, hablando de un sospechoso: \u00abSe esconde en alg\u00fan lugar esperando poder huir aprovechando el tumulto, cuando el destino de los prisioneros que somos haya sido decidido por esas potencias que nos superan\u00bb. Al narrar las intrigas de los personajes en un contexto hist\u00f3rico muy concreto, como es Sed\u00e1n en 1870, \u00bfquer\u00eda contar la historia a escala de los individuos, en lugar de la que se desarrolla por encima de sus cabezas? \u00bfPueden estas intrigas y cr\u00edmenes decirnos tambi\u00e9n algo sobre la historia que se desarrolla en otros lugares, sobre Sed\u00e1n, sobre el rey de Prusia? <\/h3>\n\n\n\n
A primera vista, puede parecer parad\u00f3jico interesarse por los cr\u00edmenes individuales cometidos entre los miles de muertos de una guerra. Moro dice: \u00abEs algo que he observado a menudo: un peque\u00f1o crimen oculto bajo los grandes. Es el destino de los periodos de guerra\u00bb. \u00bfSe trataba de restablecer una injusticia al interesarse por los \u00abpeque\u00f1os\u00bb cr\u00edmenes? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfQu\u00e9 dice el crimen sobre una sociedad, sobre los hombres?<\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n \u00bfPor qu\u00e9 decidi\u00f3 llamar a su protagonista Tom\u00e1s Moro?<\/h3>\n\n\n\n
Hay un fragmento muy bonito sobre el momento preciso en que se comete un crimen, en que se cruza la l\u00ednea y todo cambia. \u00abEs el instante lo que hace el crimen. El instante que convierte a un inocente en criminal. Ese instante nunca es el mismo. Por eso cada crimen tiene su color particular. Yo recuerdo los colores\u00bb. (p. 46). Me gustar\u00eda hacerle la pregunta con la que se abre este cap\u00edtulo: \u00ab\u00bfTiene colores el crimen?\u00bb.<\/h3>\n\n\n\n
Moro declara en la p\u00e1gina 64: \u00abSe culpa a Dios por los cr\u00edmenes de los hombres… y se dice que no hay Dios, cuando m\u00e1s bien habr\u00eda que ver que no hay hombres\u00bb. Esto parece resonar con la famosa idea que Dostoievski formula en Los hermanos Karam\u00e1zov<\/em>: si Dios no existe, todo est\u00e1 permitido. \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando, en realidad, \u00abno hay hombres\u00bb?<\/h3>\n\n\n\n