{"id":6072,"date":"2022-07-24T15:04:35","date_gmt":"2022-07-24T14:04:35","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=6072"},"modified":"2022-07-24T16:42:28","modified_gmt":"2022-07-24T15:42:28","slug":"los-ordenes-de-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/07\/24\/los-ordenes-de-la-ciudad\/","title":{"rendered":"Los \u00f3rdenes de la ciudad"},"content":{"rendered":"\n
En este enlace<\/a> encontrar\u00e1 los dem\u00e1s episodios de esta serie de verano en colaboraci\u00f3n con la revista Le Visiteur<\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n <\/p>\n\n\n\n La ciudad occidental naci\u00f3 de una separaci\u00f3n. En la \u00c9poca Cl\u00e1sica, la deidad tutelar se situaba a cierta distancia de la ciudad que proteg\u00eda <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo que lo alberga est\u00e1 aislado, pero lo est\u00e1 con dignidad, ocupando la cima de una colina <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esta posici\u00f3n le permite dominar su territorio y obligar a sus fieles a acercarse por una ruta destinada a lo largo de un recorrido dise\u00f1ado para realzar el front\u00f3n, punto de mira de las procesiones <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La acr\u00f3polis es el pedestal del templo: lo hace visible desde lejos y, a la inversa, permite observar los horizontes desde el altar exterior <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Hay, pues, una doble raz\u00f3n para esta distancia: ver desde lejos y ser visto desde lejos.<\/p>\n\n\n\n\n\n El privilegio de tal situaci\u00f3n obliga al templo a ser un cuerpo perfecto. Es, por tanto, objeto de un conocimiento basado en la autonom\u00eda: inicialmente, el templo se destaca en el cielo por razones rituales <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span>, pero este aislamiento le permite tambi\u00e9n afirmarse como objeto ideal, un objeto que ejemplifica y concentra los principios del arte de la construcci\u00f3n <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El objeto-templo s\u00f3lo obedece a sus propias leyes: no se le impone ninguna servidumbre de alineaci\u00f3n, sus dimensiones y su ubicaci\u00f3n no est\u00e1n limitadas por ning\u00fan dato externo, salvo la orientaci\u00f3n, la visibilidad y la accesibilidad <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo es soberano.<\/p>\n\n\n\n La acr\u00f3polis se dirige al cielo, mientras que la ciudad baja re\u00fane las viviendas y las funciones comerciales, c\u00edvicas y religiosas <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esta separaci\u00f3n es la firma de una civilizaci\u00f3n en la que s\u00f3lo los dioses tienen derecho a un monumento y en la que el lugar dominante pertenece al primero de ellos <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Cuanto m\u00e1s se aleja el templo, m\u00e1s tiene el privilegio de hacer el contexto, en lugar de estar sometido a \u00e9l. As\u00ed toma forma la ambici\u00f3n de la arquitectura estatal, cuyas manifestaciones a lo largo de los siglos estructurar\u00e1n y embellecer\u00e1n la ciudad.<\/p>\n\n\n\n La ciudad es un tejido \u00absin cualidades\u00bb. Hay dos tipos de ciudades: las que crecen emp\u00edricamente y las que se rigen por un plano ortonormal. Las primeras crecen ca\u00f3ticamente en torno a un centro; las segundas, mon\u00f3tonamente en una cuadr\u00edcula <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tambi\u00e9n hay templos, ya que no todos los dioses est\u00e1n destinados a ocupar la acr\u00f3polis o a alejarse de la ciudad. Sin embargo, cuando se encuentra en la ciudad \u2014en Delos, por ejemplo\u2014 el templo tiene dificultades para encontrar un lugar desde el que pueda irradiar: simplemente se deposita en alg\u00fan lugar y queda un vac\u00edo residual a su alrededor. Su radio de acci\u00f3n se limita a las inmediaciones de un terreno. Este templo no tiene lugar. Su d\u00e9bil relaci\u00f3n con el contexto le impide ejercer una influencia en el plano urbano. En este tipo de situaciones, el individualismo de los edificios encaja perfectamente con la ausencia de un plan general a escala urbana <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tanto el \u00e1gora de Delos como la de Atenas son representativas de lo que llamar\u00e9 \u00abciudad almac\u00e9n\u00bb, donde la disposici\u00f3n de los edificios es aleatoria. Esto tambi\u00e9n se observa en Delfos, donde ning\u00fan razonamiento global llega a ordenar los peque\u00f1os templos: cada uno de ellos ocupa el espacio haciendo valer su propia orientaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n\n\n Podemos ver que una forma urbana \u2014con eso me refiero a un orden compuesto por varios edificios\u2014 implica una l\u00ednea divisoria entre, por un lado, la \u00abpreocupaci\u00f3n por s\u00ed mismo\u00bb, que cada edificio expresa hasta cierto grado \u2014y cuyo modelo m\u00e1s logrado es el templo\u2014 y, por otro, la preocupaci\u00f3n por un conjunto al que cada edificio puede contribuir si renuncia a su autonom\u00eda. La calle pone en consonancia la arquitectura. En Delfos, la yuxtaposici\u00f3n de templos es como una sociedad donde s\u00f3lo hay l\u00edderes. Por lo dem\u00e1s, un santuario no hace ciudad: carece del tejido ordinario de las viviendas.<\/p>\n\n\n\n\n\n La cuesti\u00f3n que se plantea entonces es la de la cohabitaci\u00f3n del monumento y el no monumento dentro de la ciudad. Pues si la acr\u00f3polis hace del templo el due\u00f1o de la casa, la ciudad le impone compromisos: abajo, ya no es el \u00fanico que hace el lugar, sino que se ve obligado a compartir el espacio exterior con otros edificios. La promiscuidad de la ciudad modera su aura, y las diversas funciones pr\u00e1cticas con las que est\u00e1 cargada la profanan <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El silencio del horizonte da paso al estruendo de la calle. \u00bfQu\u00e9 le queda? \u00bfQu\u00e9 representa el templo sin su promontorio y sin el gran paisaje que lo exalta? \u00bfQu\u00e9 puede quedar, en el desorden urbano, de lo que hace fuerte a Sunio? All\u00ed arriba, el p\u00f3rtico es golpeado a veces por el sol naciente y a veces inflamado por el poniente, mientras que en la ciudad est\u00e1 expuesto a recibir la sombra de otro edificio, literal y figuradamente. El templo est\u00e1 a la sombra de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n Si el caos de Atenas en el siglo VI a.C. no le ofrece un lugar destacado al templo, el trazado de Mileto no se lo concede tampoco. El templo de Dionisio, al igual que el de Atenea, \u00abse aloja\u00bb en un islote; no mantiene ninguna relaci\u00f3n con los dem\u00e1s islotes, a los que no debe nada, pero tampoco reclama ninguna ascendencia sobre ellos <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El plano urbano es indiferente a su presencia <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo se alinea con un dise\u00f1o que lo precede y lo supera. Sus dimensiones y orientaci\u00f3n se adaptan al lote. Queda al servicio de la continuidad de las fachadas, en una ciudad en la que la plantilla de los edificios es invariablemente horizontal y baja, donde ninguna masa destaca <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Los islotes de la ciudad son como las personas de la ciudad: iguales, similares e intercambiables. Al perder el inter\u00e9s en el templo urbano, Hipodamo nos recuerda que lo que cuenta en la cultura j\u00f3nica es el \u00e1gora, que tambi\u00e9n adquiere una geometr\u00eda regular <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n El templo, que no hab\u00eda entrado en la ciudad arcaica y cl\u00e1sica, se hizo poco a poco un hueco en ella aprovechando los principios del urbanismo hipod\u00e1mico. La decadencia de la ciudad y el ascenso de las monarqu\u00edas fue lo que le permiti\u00f3 hacer la ciudad en lugar de vivir discretamente en ella. Recordemos que la ciudad que Cl\u00edstenes hab\u00eda iniciado con sus reformas no se identificaba con ning\u00fan personaje en particular <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, en cuanto el poder se personific\u00f3, busc\u00f3 un lugar para estar representado con dignidad. En ese sentido, la influencia persa desempe\u00f1\u00f3 un papel innegable en la construcci\u00f3n de la magnificencia urbana en Occidente. Ya en el siglo III a.C., las monarqu\u00edas y los imperios establecieron, dentro del propio tejido de la ciudad ordinaria, lugares que ten\u00edan el prestigio de la acr\u00f3polis. El reto era dar a los templos una posici\u00f3n destacada sin depender de la geograf\u00eda, y de forma que se integraran en la ciudad para que se convirtieran en uno con ella en lugar de representarla desde lejos <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n Para distinguirse en la multitud de edificios, el templo urbano reivindic\u00f3 un aislamiento con el cual realzar su valor. El monumento restableci\u00f3 as\u00ed, en la ciudad, la distancia necesaria \u2014f\u00edsica y simb\u00f3lica\u2014 que lo separara del mundo. La forma m\u00e1s f\u00e1cil y ambiciosa de ocupar un lugar aislado en el centro mismo de la ciudad era colonizar un espacio disponible, ya constituido, listo para ser utilizado y de gran simbolismo: el \u00e1gora fue la presa ideal para el monumento en busca de estatus. Todo comenz\u00f3 erigiendo en un costado del \u00e1gora la figura tutelar del p\u00f3rtico con front\u00f3n \u2014una representaci\u00f3n \u00abresumida\u00bb del templo\u2014, que, al sobresalir hacia el frente, interrumpiera la estoa. Y, para que esta figura adquiriera todo su peso, el \u00e1gora \u2014inicialmente abierta al tr\u00e1fico y dotada de varios accesos\u2014 se fue cerrando hasta convertirse en un patio peristilo, con lo que perdi\u00f3 el v\u00ednculo org\u00e1nico que ten\u00eda con la ciudad circundante <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El hilo continuo de la columnata <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> se convirti\u00f3 en el collar del que emerg\u00eda el p\u00f3rtico con front\u00f3n como joya central. El motivo del templo se apoder\u00f3 as\u00ed de un espacio libre y abierto y lo convirti\u00f3 en un teatro, es decir, un espacio cerrado en torno a un escenario. La asociaci\u00f3n de estas dos figuras que hab\u00edan permanecido ajenas entre s\u00ed, el templo y el \u00e1gora, dio lugar al atrio <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Mediante esta operaci\u00f3n, el espacio profano del \u00e1gora adquiri\u00f3 solemnidad y, a la inversa, el poder tom\u00f3 prestada de la figura del templo la gravedad que necesitaba para imponer respeto. Este dispositivo tuvo una gran posteridad, como demuestran los innumerables ejemplos que marcaron nuestras ciudades hasta el siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n\n\n Este punto de inflexi\u00f3n hist\u00f3rico sell\u00f3 el destino del espacio p\u00fablico. Mi hip\u00f3tesis es que la ciudad occidental es el resultado de esta toma del \u00e1gora, cuyas razones fueron sobre todo pol\u00edticas. El \u00e1gora no representaba nada <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> ni estaba sujeta a ning\u00fan edificio en particular. En la \u00e9poca helen\u00edstica, los monarcas se dieron cuenta de que el gobierno de los hombres depend\u00eda del gobierno del espacio, que requer\u00eda edificios que impusieran un orden; su orden. La inserci\u00f3n del templo en el \u00e1gora debe su \u00e9xito al hecho de que combina dos componentes fundamentales \u2014dos constantes\u2014 de la civilizaci\u00f3n: el objeto de reverencia, que marca un punto (el menhir es la expresi\u00f3n m\u00e1s antigua de esto), y el espacio vac\u00edo de reuni\u00f3n. Fue una f\u00f3rmula ganadora. Al ubicarse frente al espacio vac\u00edo del \u00e1gora, el monumento se asegura de que la gente lo mire. El vac\u00edo parece ser s\u00f3lo la consecuencia del monumento, como si \u00e9ste hubiera hecho retroceder las fachadas para crear un hueco a su alrededor a escala de la multitud. Aquello que los ojos voltean a ver, aquello que la mirada se alza para ver <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> invade el espacio de la reuni\u00f3n, le da su nombre y su rostro. El espacio p\u00fablico est\u00e1, a partir de entonces, marcado con el sello de la instituci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n\n\n Se trata de un intercambio de buena voluntad: los reyes y las dinast\u00edas se apropian del monumento y, al mismo tiempo, \u00e9ste recibe un lugar de primer orden dentro de las murallas de la ciudad. Este urbanismo naciente encontr\u00f3 sus primeros campos de pr\u00e1ctica en Alejandr\u00eda, P\u00e9rgamo y Roma. Alejandr\u00eda es un compromiso entre el \u00abhecho del pr\u00edncipe\u00bb <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span> en forma de monumento urbano escenificado y el principio de igualdad expresado por la cuadr\u00edcula <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En P\u00e9rgamo, el urbanismo monumental se logr\u00f3 con un sentido de moderaci\u00f3n, a diferencia de la Roma imperial, cuyos excesos condujeron al amontonamiento.<\/p>\n\n\n\n De Atenas a P\u00e9rgamo observamos un traslado del mito: el fin de los dioses <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> anuncia el reinado de los reyes. A partir de entonces, el alto logro arquitect\u00f3nico se desprende gradualmente del templo y toma el camino del palacio. Este traspaso, iniciado en el periodo helen\u00edstico, no habr\u00eda sido posible sin la aparici\u00f3n de un tercer t\u00e9rmino entre los dioses y los hombres: el rey. Como figura intermedia, el rey preside la organizaci\u00f3n social al tiempo que est\u00e1 te\u00f1ido de lo divino <\/span>27<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Con las monarqu\u00edas y los imperios, el templo, que era la morada de los dioses, se convirti\u00f3 as\u00ed en el adorno del poder, y el altar de los sacrificios, en una tribuna pol\u00edtica. La transici\u00f3n se realiz\u00f3 suavemente, a trav\u00e9s del p\u00f3rtico con front\u00f3n, para garantizar la continuidad. Al pasar de un rito a otro, el santuario pol\u00edado se convirti\u00f3, en Roma, en el lugar del culto imperial.<\/p>\n\n\n\n Por tanto, no es casualidad que el \u00e1gora naciera y muriera con la ciudad-Estado. Porque no era una simple plaza como las que hab\u00eda antes, o en otros lugares. Los patios de los palacios mic\u00e9nicos y babil\u00f3nicos, aunque tuvieran funciones administrativas y religiosas, no se parec\u00edan en nada al \u00e1gora <\/span>28<\/sup><\/a><\/span><\/span>: la idea de un espacio ingobernable en el coraz\u00f3n de la ciudad, destinado a conservar la vivacidad pol\u00e9mica entre los ciudadanos, era lo \u00faltimo que pod\u00edan imaginar esas feudalidades hereditarias excesivamente jerarquizadas. El \u00e1gora representa una civilizaci\u00f3n de la libertad; el patio, una civilizaci\u00f3n de la servidumbre <\/span>29<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n La disposici\u00f3n un tanto aleatoria de los templos en la urbanizaci\u00f3n emp\u00edrica, o el deslucido lugar que se les asignaba en la cuadr\u00edcula, hab\u00edan preservado de alg\u00fan modo al \u00e1gora de la tutela de un monumento. Como espacio libre, sin cualidades ni jerarqu\u00edas, el \u00e1gora acompa\u00f1a perfectamente los tres principios fundadores de la democracia griega, en particular la isegor\u00eda: el acceso libre e igualitario a la palabra <\/span>30<\/sup><\/a><\/span><\/span>. No olvidemos que fue el debate p\u00fablico contradictorio en un espacio igualitario lo que permiti\u00f3 la formaci\u00f3n conjunta de la ciudad y la racionalidad <\/span>31<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, la aparici\u00f3n de un front\u00f3n estableci\u00f3 una jerarqu\u00eda al romper la horizontalidad \u2014la \u00abneutralidad\u00bb\u2014 del \u00e1gora tanto en el plano f\u00edsico como en el simb\u00f3lico <\/span>32<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En Aso, el templo entero es invitado y ocupa su lugar a un lado del \u00e1gora, con lo que reforz\u00f3 de inmediato la diferenciaci\u00f3n del espacio que hab\u00eda iniciado el p\u00f3rtico con front\u00f3n. Ese gesto fund\u00f3 la noci\u00f3n de lugar urbano y dio origen a un dispositivo que arquitectos y soberanos aprovechar\u00edan durante m\u00e1s de dos mil a\u00f1os: la plaza monumental. La plaza florece en la tumba del \u00e1gora. El \u00e1gora, que era una extensi\u00f3n isotr\u00f3pica, se convirti\u00f3 inmediatamente en un espacio orientado. La plantilla, invariablemente baja, de las estoas qued\u00f3 rota por un monumento cuya altura gobierna ahora el recinto <\/span>33<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Mientras que el \u00e1gora apenas ten\u00eda elementos arquitect\u00f3nicos, el front\u00f3n introdujo la noci\u00f3n de fachada. Sea cual sea el uso de la plaza \u2014mercado o reuni\u00f3n pol\u00edtica\u2014, el monumento se apropi\u00f3 de ella. Desde el templo de Dionisio en Mileto hasta el de Dem\u00e9ter en P\u00e9rgamo, la venganza del templo es impresionante.<\/p>\n\n\n\n Pregunt\u00e9monos \u201cqui\u00e9n se beneficia\u201d de esta plaza reci\u00e9n creada. El \u00e1gora no ofrec\u00eda nada que contemplar, mientras que la plaza es un nuevo tipo de aislamiento en tanto que es un espacio que se interpone entre el individuo y lo que lo gobierna. Ese distanciamiento del monumento \u2014del que la plaza es, en \u00faltima instancia, s\u00f3lo una consecuencia\u2014 le confiere una dimensi\u00f3n ic\u00f3nica. El \u00e1gora cl\u00e1sica acog\u00eda a los ciudadanos; el monumento helen\u00edstico los convoca.<\/p>\n\n\n\n\n\n El \u00e1gora conlleva una funci\u00f3n que su etimolog\u00eda ayuda a definir. En ella coexisten dos significados diferentes, incluso contrarios. Uno viene de ageirein<\/em>, que significa \u00abreunirse\u00bb, verbo en torno al cual se ha desarrollado a lo largo del tiempo una cultura del espacio p\u00fablico entendido como\u2026 reserva de encuentros fortuitos, posibilidades inesperadas y acontecimientos diversos. La otra ra\u00edz es ag\u00f4n<\/em>, que designa tanto el combate como el lugar donde se desarrolla. Si el \u00e1gora encarna en \u00faltima instancia la unidad de la ciudad, es precisamente porque acoge la divisi\u00f3n y la rivalidad. El \u00e1gora existe para que la violencia pueda ser canalizada, contenida y domesticada en un espacio controlado, y no se extienda por el cuerpo social. Los griegos se dieron cuenta de que hab\u00eda que observar la violencia para entenderla, y que hab\u00eda que aislarla para evitar su propagaci\u00f3n <\/span>34<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Por ello, la polis es hija del \u00e1gora, el mismo espacio que los reinos abandonar\u00edan y que las dictaduras destruir\u00edan sin m\u00e1s. Con la plaza monumental, el lugar de la competencia de ideas, fundamento de los reg\u00edmenes democr\u00e1ticos, se convierte en el lugar de la aclamaci\u00f3n, propio de los reg\u00edmenes desp\u00f3ticos. Lo espectacular despliega ah\u00ed su eficacia pol\u00edtica y el pueblo forma una masa, como un ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n\n\n El \u00e1gora era un espacio pol\u00edtico informal, accesible a todos, donde se formaba la opini\u00f3n p\u00fablica
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\r\n <\/picture>\r\n \n La toma de la polis<\/h2>\n\n\n\n
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\r\n <\/picture>\r\n \n Transferencia<\/h2>\n\n\n\n
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