{"id":6072,"date":"2022-07-24T15:04:35","date_gmt":"2022-07-24T14:04:35","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=6072"},"modified":"2022-07-24T16:42:28","modified_gmt":"2022-07-24T15:42:28","slug":"los-ordenes-de-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/07\/24\/los-ordenes-de-la-ciudad\/","title":{"rendered":"Los \u00f3rdenes de la ciudad"},"content":{"rendered":"\n

En este enlace<\/a> encontrar\u00e1 los dem\u00e1s episodios de esta serie de verano en colaboraci\u00f3n con la revista Le Visiteur<\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n

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La ciudad occidental naci\u00f3 de una separaci\u00f3n. En la \u00c9poca Cl\u00e1sica, la deidad tutelar se situaba a cierta distancia de la ciudad que proteg\u00eda <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo que lo alberga est\u00e1 aislado, pero lo est\u00e1 con dignidad, ocupando la cima de una colina <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esta posici\u00f3n le permite dominar su territorio y obligar a sus fieles a acercarse por una ruta destinada a lo largo de un recorrido dise\u00f1ado para realzar el front\u00f3n, punto de mira de las procesiones <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La acr\u00f3polis es el pedestal del templo: lo hace visible desde lejos y, a la inversa, permite observar los horizontes desde el altar exterior <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Hay, pues, una doble raz\u00f3n para esta distancia: ver desde lejos y ser visto desde lejos.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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El Parten\u00f3n, siglo V a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El privilegio de tal situaci\u00f3n obliga al templo a ser un cuerpo perfecto. Es, por tanto, objeto de un conocimiento basado en la autonom\u00eda: inicialmente, el templo se destaca en el cielo por razones rituales <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span>, pero este aislamiento le permite tambi\u00e9n afirmarse como objeto ideal, un objeto que ejemplifica y concentra los principios del arte de la construcci\u00f3n <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El objeto-templo s\u00f3lo obedece a sus propias leyes: no se le impone ninguna servidumbre de alineaci\u00f3n, sus dimensiones y su ubicaci\u00f3n no est\u00e1n limitadas por ning\u00fan dato externo, salvo la orientaci\u00f3n, la visibilidad y la accesibilidad <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo es soberano.<\/p>\n\n\n\n

La acr\u00f3polis se dirige al cielo, mientras que la ciudad baja re\u00fane las viviendas y las funciones comerciales, c\u00edvicas y religiosas <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esta separaci\u00f3n es la firma de una civilizaci\u00f3n en la que s\u00f3lo los dioses tienen derecho a un monumento y en la que el lugar dominante pertenece al primero de ellos <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Cuanto m\u00e1s se aleja el templo, m\u00e1s tiene el privilegio de hacer el contexto, en lugar de estar sometido a \u00e9l. As\u00ed toma forma la ambici\u00f3n de la arquitectura estatal, cuyas manifestaciones a lo largo de los siglos estructurar\u00e1n y embellecer\u00e1n la ciudad.<\/p>\n\n\n\n

La ciudad es un tejido \u00absin cualidades\u00bb. Hay dos tipos de ciudades: las que crecen emp\u00edricamente y las que se rigen por un plano ortonormal. Las primeras crecen ca\u00f3ticamente en torno a un centro; las segundas, mon\u00f3tonamente en una cuadr\u00edcula <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tambi\u00e9n hay templos, ya que no todos los dioses est\u00e1n destinados a ocupar la acr\u00f3polis o a alejarse de la ciudad. Sin embargo, cuando se encuentra en la ciudad \u2014en Delos, por ejemplo\u2014 el templo tiene dificultades para encontrar un lugar desde el que pueda irradiar: simplemente se deposita en alg\u00fan lugar y queda un vac\u00edo residual a su alrededor. Su radio de acci\u00f3n se limita a las inmediaciones de un terreno. Este templo no tiene lugar. Su d\u00e9bil relaci\u00f3n con el contexto le impide ejercer una influencia en el plano urbano. En este tipo de situaciones, el individualismo de los edificios encaja perfectamente con la ausencia de un plan general a escala urbana <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tanto el \u00e1gora de Delos como la de Atenas son representativas de lo que llamar\u00e9 \u00abciudad almac\u00e9n\u00bb, donde la disposici\u00f3n de los edificios es aleatoria. Esto tambi\u00e9n se observa en Delfos, donde ning\u00fan razonamiento global llega a ordenar los peque\u00f1os templos: cada uno de ellos ocupa el espacio haciendo valer su propia orientaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n\n\n

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Un barrio de Delos, siglo V a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Podemos ver que una forma urbana \u2014con eso me refiero a un orden compuesto por varios edificios\u2014 implica una l\u00ednea divisoria entre, por un lado, la \u00abpreocupaci\u00f3n por s\u00ed mismo\u00bb, que cada edificio expresa hasta cierto grado \u2014y cuyo modelo m\u00e1s logrado es el templo\u2014 y, por otro, la preocupaci\u00f3n por un conjunto al que cada edificio puede contribuir si renuncia a su autonom\u00eda. La calle pone en consonancia la arquitectura. En Delfos, la yuxtaposici\u00f3n de templos es como una sociedad donde s\u00f3lo hay l\u00edderes. Por lo dem\u00e1s, un santuario no hace ciudad: carece del tejido ordinario de las viviendas.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Delos, templos que datan de los siglos VI y V a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Plano de Delfos.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

La cuesti\u00f3n que se plantea entonces es la de la cohabitaci\u00f3n del monumento y el no monumento dentro de la ciudad. Pues si la acr\u00f3polis hace del templo el due\u00f1o de la casa, la ciudad le impone compromisos: abajo, ya no es el \u00fanico que hace el lugar, sino que se ve obligado a compartir el espacio exterior con otros edificios. La promiscuidad de la ciudad modera su aura, y las diversas funciones pr\u00e1cticas con las que est\u00e1 cargada la profanan <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El silencio del horizonte da paso al estruendo de la calle. \u00bfQu\u00e9 le queda? \u00bfQu\u00e9 representa el templo sin su promontorio y sin el gran paisaje que lo exalta? \u00bfQu\u00e9 puede quedar, en el desorden urbano, de lo que hace fuerte a Sunio? All\u00ed arriba, el p\u00f3rtico es golpeado a veces por el sol naciente y a veces inflamado por el poniente, mientras que en la ciudad est\u00e1 expuesto a recibir la sombra de otro edificio, literal y figuradamente. El templo est\u00e1 a la sombra de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n

Si el caos de Atenas en el siglo VI a.C. no le ofrece un lugar destacado al templo, el trazado de Mileto no se lo concede tampoco. El templo de Dionisio, al igual que el de Atenea, \u00abse aloja\u00bb en un islote; no mantiene ninguna relaci\u00f3n con los dem\u00e1s islotes, a los que no debe nada, pero tampoco reclama ninguna ascendencia sobre ellos <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El plano urbano es indiferente a su presencia <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El templo se alinea con un dise\u00f1o que lo precede y lo supera. Sus dimensiones y orientaci\u00f3n se adaptan al lote. Queda al servicio de la continuidad de las fachadas, en una ciudad en la que la plantilla de los edificios es invariablemente horizontal y baja, donde ninguna masa destaca <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Los islotes de la ciudad son como las personas de la ciudad: iguales, similares e intercambiables. Al perder el inter\u00e9s en el templo urbano, Hipodamo nos recuerda que lo que cuenta en la cultura j\u00f3nica es el \u00e1gora, que tambi\u00e9n adquiere una geometr\u00eda regular <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Mileto, el templo de Dionisio.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Mileto, el templo de Dionisio.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

La toma de la polis<\/h2>\n\n\n\n

El templo, que no hab\u00eda entrado en la ciudad arcaica y cl\u00e1sica, se hizo poco a poco un hueco en ella aprovechando los principios del urbanismo hipod\u00e1mico. La decadencia de la ciudad y el ascenso de las monarqu\u00edas fue lo que le permiti\u00f3 hacer la ciudad en lugar de vivir discretamente en ella. Recordemos que la ciudad que Cl\u00edstenes hab\u00eda iniciado con sus reformas no se identificaba con ning\u00fan personaje en particular <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, en cuanto el poder se personific\u00f3, busc\u00f3 un lugar para estar representado con dignidad. En ese sentido, la influencia persa desempe\u00f1\u00f3 un papel innegable en la construcci\u00f3n de la magnificencia urbana en Occidente. Ya en el siglo III a.C., las monarqu\u00edas y los imperios establecieron, dentro del propio tejido de la ciudad ordinaria, lugares que ten\u00edan el prestigio de la acr\u00f3polis. El reto era dar a los templos una posici\u00f3n destacada sin depender de la geograf\u00eda, y de forma que se integraran en la ciudad para que se convirtieran en uno con ella en lugar de representarla desde lejos <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Mileto, el \u00e1gora norte en los siglos IV a. C, II a. C, y II d.C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Para distinguirse en la multitud de edificios, el templo urbano reivindic\u00f3 un aislamiento con el cual realzar su valor. El monumento restableci\u00f3 as\u00ed, en la ciudad, la distancia necesaria \u2014f\u00edsica y simb\u00f3lica\u2014 que lo separara del mundo. La forma m\u00e1s f\u00e1cil y ambiciosa de ocupar un lugar aislado en el centro mismo de la ciudad era colonizar un espacio disponible, ya constituido, listo para ser utilizado y de gran simbolismo: el \u00e1gora fue la presa ideal para el monumento en busca de estatus. Todo comenz\u00f3 erigiendo en un costado del \u00e1gora la figura tutelar del p\u00f3rtico con front\u00f3n \u2014una representaci\u00f3n \u00abresumida\u00bb del templo\u2014, que, al sobresalir hacia el frente, interrumpiera la estoa. Y, para que esta figura adquiriera todo su peso, el \u00e1gora \u2014inicialmente abierta al tr\u00e1fico y dotada de varios accesos\u2014 se fue cerrando hasta convertirse en un patio peristilo, con lo que perdi\u00f3 el v\u00ednculo org\u00e1nico que ten\u00eda con la ciudad circundante <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El hilo continuo de la columnata <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> se convirti\u00f3 en el collar del que emerg\u00eda el p\u00f3rtico con front\u00f3n como joya central. El motivo del templo se apoder\u00f3 as\u00ed de un espacio libre y abierto y lo convirti\u00f3 en un teatro, es decir, un espacio cerrado en torno a un escenario. La asociaci\u00f3n de estas dos figuras que hab\u00edan permanecido ajenas entre s\u00ed, el templo y el \u00e1gora, dio lugar al atrio <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Mediante esta operaci\u00f3n, el espacio profano del \u00e1gora adquiri\u00f3 solemnidad y, a la inversa, el poder tom\u00f3 prestada de la figura del templo la gravedad que necesitaba para imponer respeto. Este dispositivo tuvo una gran posteridad, como demuestran los innumerables ejemplos que marcaron nuestras ciudades hasta el siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Mileto, simulaci\u00f3n del \u00e1gora norte en el siglo II d.C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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El foro de la Paz en Rome, silgo I (simulaci\u00f3n). <\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Ange-Jacques Gabriel, castillo de Compi\u00e8gne, siglo XVIII.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Este punto de inflexi\u00f3n hist\u00f3rico sell\u00f3 el destino del espacio p\u00fablico. Mi hip\u00f3tesis es que la ciudad occidental es el resultado de esta toma del \u00e1gora, cuyas razones fueron sobre todo pol\u00edticas. El \u00e1gora no representaba nada <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> ni estaba sujeta a ning\u00fan edificio en particular. En la \u00e9poca helen\u00edstica, los monarcas se dieron cuenta de que el gobierno de los hombres depend\u00eda del gobierno del espacio, que requer\u00eda edificios que impusieran un orden; su orden. La inserci\u00f3n del templo en el \u00e1gora debe su \u00e9xito al hecho de que combina dos componentes fundamentales \u2014dos constantes\u2014 de la civilizaci\u00f3n: el objeto de reverencia, que marca un punto (el menhir es la expresi\u00f3n m\u00e1s antigua de esto), y el espacio vac\u00edo de reuni\u00f3n. Fue una f\u00f3rmula ganadora. Al ubicarse frente al espacio vac\u00edo del \u00e1gora, el monumento se asegura de que la gente lo mire. El vac\u00edo parece ser s\u00f3lo la consecuencia del monumento, como si \u00e9ste hubiera hecho retroceder las fachadas para crear un hueco a su alrededor a escala de la multitud. Aquello que los ojos voltean a ver, aquello que la mirada se alza para ver <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> invade el espacio de la reuni\u00f3n, le da su nombre y su rostro. El espacio p\u00fablico est\u00e1, a partir de entonces, marcado con el sello de la instituci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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De izquierda a derecha: los patios del palacio de Mari, siglos XII y XI a. C.; plan del palacio de Tirinto, periodo mic\u00e9nico; plano del palacio de Sarg\u00f3n II en Dur-Sharrukin, siglo VIII a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Se trata de un intercambio de buena voluntad: los reyes y las dinast\u00edas se apropian del monumento y, al mismo tiempo, \u00e9ste recibe un lugar de primer orden dentro de las murallas de la ciudad. Este urbanismo naciente encontr\u00f3 sus primeros campos de pr\u00e1ctica en Alejandr\u00eda, P\u00e9rgamo y Roma. Alejandr\u00eda es un compromiso entre el \u00abhecho del pr\u00edncipe\u00bb <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span> en forma de monumento urbano escenificado y el principio de igualdad expresado por la cuadr\u00edcula <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En P\u00e9rgamo, el urbanismo monumental se logr\u00f3 con un sentido de moderaci\u00f3n, a diferencia de la Roma imperial, cuyos excesos condujeron al amontonamiento.<\/p>\n\n\n\n

Transferencia<\/h2>\n\n\n\n

De Atenas a P\u00e9rgamo observamos un traslado del mito: el fin de los dioses <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> anuncia el reinado de los reyes. A partir de entonces, el alto logro arquitect\u00f3nico se desprende gradualmente del templo y toma el camino del palacio. Este traspaso, iniciado en el periodo helen\u00edstico, no habr\u00eda sido posible sin la aparici\u00f3n de un tercer t\u00e9rmino entre los dioses y los hombres: el rey. Como figura intermedia, el rey preside la organizaci\u00f3n social al tiempo que est\u00e1 te\u00f1ido de lo divino <\/span>27<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Con las monarqu\u00edas y los imperios, el templo, que era la morada de los dioses, se convirti\u00f3 as\u00ed en el adorno del poder, y el altar de los sacrificios, en una tribuna pol\u00edtica. La transici\u00f3n se realiz\u00f3 suavemente, a trav\u00e9s del p\u00f3rtico con front\u00f3n, para garantizar la continuidad. Al pasar de un rito a otro, el santuario pol\u00edado se convirti\u00f3, en Roma, en el lugar del culto imperial.<\/p>\n\n\n\n

Por tanto, no es casualidad que el \u00e1gora naciera y muriera con la ciudad-Estado. Porque no era una simple plaza como las que hab\u00eda antes, o en otros lugares. Los patios de los palacios mic\u00e9nicos y babil\u00f3nicos, aunque tuvieran funciones administrativas y religiosas, no se parec\u00edan en nada al \u00e1gora <\/span>28<\/sup><\/a><\/span><\/span>: la idea de un espacio ingobernable en el coraz\u00f3n de la ciudad, destinado a conservar la vivacidad pol\u00e9mica entre los ciudadanos, era lo \u00faltimo que pod\u00edan imaginar esas feudalidades hereditarias excesivamente jerarquizadas. El \u00e1gora representa una civilizaci\u00f3n de la libertad; el patio, una civilizaci\u00f3n de la servidumbre <\/span>29<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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El \u00e1gora de Assos, construido bajo la influencia de P\u00e9rgamo, recibe el templo al oeste a inicios del siglo II a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

La disposici\u00f3n un tanto aleatoria de los templos en la urbanizaci\u00f3n emp\u00edrica, o el deslucido lugar que se les asignaba en la cuadr\u00edcula, hab\u00edan preservado de alg\u00fan modo al \u00e1gora de la tutela de un monumento. Como espacio libre, sin cualidades ni jerarqu\u00edas, el \u00e1gora acompa\u00f1a perfectamente los tres principios fundadores de la democracia griega, en particular la isegor\u00eda: el acceso libre e igualitario a la palabra <\/span>30<\/sup><\/a><\/span><\/span>. No olvidemos que fue el debate p\u00fablico contradictorio en un espacio igualitario lo que permiti\u00f3 la formaci\u00f3n conjunta de la ciudad y la racionalidad <\/span>31<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, la aparici\u00f3n de un front\u00f3n estableci\u00f3 una jerarqu\u00eda al romper la horizontalidad \u2014la \u00abneutralidad\u00bb\u2014 del \u00e1gora tanto en el plano f\u00edsico como en el simb\u00f3lico <\/span>32<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En Aso, el templo entero es invitado y ocupa su lugar a un lado del \u00e1gora, con lo que reforz\u00f3 de inmediato la diferenciaci\u00f3n del espacio que hab\u00eda iniciado el p\u00f3rtico con front\u00f3n. Ese gesto fund\u00f3 la noci\u00f3n de lugar urbano y dio origen a un dispositivo que arquitectos y soberanos aprovechar\u00edan durante m\u00e1s de dos mil a\u00f1os: la plaza monumental. La plaza florece en la tumba del \u00e1gora. El \u00e1gora, que era una extensi\u00f3n isotr\u00f3pica, se convirti\u00f3 inmediatamente en un espacio orientado. La plantilla, invariablemente baja, de las estoas qued\u00f3 rota por un monumento cuya altura gobierna ahora el recinto <\/span>33<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Mientras que el \u00e1gora apenas ten\u00eda elementos arquitect\u00f3nicos, el front\u00f3n introdujo la noci\u00f3n de fachada. Sea cual sea el uso de la plaza \u2014mercado o reuni\u00f3n pol\u00edtica\u2014, el monumento se apropi\u00f3 de ella. Desde el templo de Dionisio en Mileto hasta el de Dem\u00e9ter en P\u00e9rgamo, la venganza del templo es impresionante.<\/p>\n\n\n\n

Pregunt\u00e9monos \u201cqui\u00e9n se beneficia\u201d de esta plaza reci\u00e9n creada. El \u00e1gora no ofrec\u00eda nada que contemplar, mientras que la plaza es un nuevo tipo de aislamiento en tanto que es un espacio que se interpone entre el individuo y lo que lo gobierna. Ese distanciamiento del monumento \u2014del que la plaza es, en \u00faltima instancia, s\u00f3lo una consecuencia\u2014 le confiere una dimensi\u00f3n ic\u00f3nica. El \u00e1gora cl\u00e1sica acog\u00eda a los ciudadanos; el monumento helen\u00edstico los convoca.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Base de escultura, cementerio D\u00edpylon, Atenas, 510 a. C. Museo nacional arqueol\u00f3gico, Atenas.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El \u00e1gora conlleva una funci\u00f3n que su etimolog\u00eda ayuda a definir. En ella coexisten dos significados diferentes, incluso contrarios. Uno viene de ageirein<\/em>, que significa \u00abreunirse\u00bb, verbo en torno al cual se ha desarrollado a lo largo del tiempo una cultura del espacio p\u00fablico entendido como\u2026 reserva de encuentros fortuitos, posibilidades inesperadas y acontecimientos diversos. La otra ra\u00edz es ag\u00f4n<\/em>, que designa tanto el combate como el lugar donde se desarrolla. Si el \u00e1gora encarna en \u00faltima instancia la unidad de la ciudad, es precisamente porque acoge la divisi\u00f3n y la rivalidad. El \u00e1gora existe para que la violencia pueda ser canalizada, contenida y domesticada en un espacio controlado, y no se extienda por el cuerpo social. Los griegos se dieron cuenta de que hab\u00eda que observar la violencia para entenderla, y que hab\u00eda que aislarla para evitar su propagaci\u00f3n <\/span>34<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Por ello, la polis es hija del \u00e1gora, el mismo espacio que los reinos abandonar\u00edan y que las dictaduras destruir\u00edan sin m\u00e1s. Con la plaza monumental, el lugar de la competencia de ideas, fundamento de los reg\u00edmenes democr\u00e1ticos, se convierte en el lugar de la aclamaci\u00f3n, propio de los reg\u00edmenes desp\u00f3ticos. Lo espectacular despliega ah\u00ed su eficacia pol\u00edtica y el pueblo forma una masa, como un ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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La multitud ante Mussolini, palacio de Venecia, el 4 de noviembre de 1928.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El \u00e1gora era un espacio pol\u00edtico informal, accesible a todos, donde se formaba la opini\u00f3n p\u00fablica <\/span>35<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esta idea de un espacio libre en el que nada supera al ciudadano desaparece definitivamente de nuestras civilizaciones en el periodo helen\u00edstico. Podr\u00eda decirse que, hace unos veinte a\u00f1os, encontr\u00f3 las condiciones para un nuevo modo de existencia en internet, al menos tal y como se imagin\u00f3 en su nacimiento[\/note]No es casualidad que las antiguas nociones de foro y \u00e1gora hayan resurgido en internet.[\/note].<\/p>\n\n\n\n

La evoluci\u00f3n del foro romano es comparable a la del \u00e1gora: durante la Rep\u00fablica, era un espacio abierto, descubierto, donde ning\u00fan monumento ocupaba el eje longitudinal. En Paestum, el templo estaba a un lado del foro, pero como su lugar a\u00fan no quedaba establecido, invad\u00eda torpemente la zona del comitium<\/em>. Fue en Pompeya donde encontr\u00f3 un lugar dominante. Quedar\u00eda muy apegado a \u00e9l. Desde la Rep\u00fablica hasta el Imperio, el foro tan s\u00f3lo fue el t\u00edtere del templo. El templo de C\u00e9sar se elevaba sobre un estil\u00f3bato; la ausencia de escaleras reforzaba la frontalidad y la postura de desaf\u00edo. El cierre del foro a todo el tr\u00e1fico abandon\u00f3 el esp\u00edritu de apertura caracter\u00edstico de los primeros modelos. Augusto continu\u00f3 por la misma v\u00eda <\/span>36<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: plano restituido del foro de Cosa hacia 180 a. C. Seg\u00fan F. E. Brownagrig. <\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Si comparamos el \u00e1gora de las ciudades griegas y el foro imperial en el que desemboc\u00f3 la evoluci\u00f3n aqu\u00ed descrita, las diferencias son significativas. Los accesos del \u00e1gora cl\u00e1sica se situaban en las esquinas, por razones esencialmente pr\u00e1cticas pero tambi\u00e9n est\u00e9ticas <\/span>37<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, el foro imperial se inclina por un acceso medianero para mejorar la percepci\u00f3n de un edificio central <\/span>38<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Las proporciones del foro, tradicionalmente oblongas, encajan perfectamente con el realce de la profundidad de la perspectiva frente al templo, a lo largo de un eje rector <\/span>39<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El urbanismo se convirti\u00f3 en la expresi\u00f3n de una ideolog\u00eda real e imperial. La arquitectura tambi\u00e9n contribuy\u00f3 a ello: la tipolog\u00eda habitual de los templos romanos abandon\u00f3 la planta per\u00edptera a favor de la planta prost\u00edlica, que \u00abresum\u00eda\u00bb el templo en una sola cara. Esta evoluci\u00f3n refleja el abandono de la ambulatio<\/em> a lo largo de las estoas. El templo imperial no ofrece su flanco a una galer\u00eda <\/span>40<\/sup><\/a><\/span><\/span>; concentra todo su efecto en el p\u00f3rtico con front\u00f3n. Por \u00faltimo, se moviliza un arsenal decorativo primero con el motivo del p\u00f3rtico, luego con el conjunto del templo, pero tambi\u00e9n con puertas, como la que daba acceso, en \u00e9poca romana, al \u00e1gora meridional de Mileto <\/span>41<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La decoraci\u00f3n, que estaba prohibida e incluso vetada en la ciudad griega por las leyes, alegando que pod\u00eda pervertir el esp\u00edritu de los ciudadanos, se introdujo en la ciudad <\/span>42<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Nunca saldr\u00e1 de ella <\/span>43<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La emoci\u00f3n es ahora parte del urbanismo, y el urbanismo es una herramienta de propaganda.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Reconstituci\u00f3n del foro de Julio C\u00e9sar en Rome y del templo de Venus Genetrix, por Olindo Grossi, 1934.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

As\u00ed fue como el espacio de todos se convirti\u00f3 en el espacio ante aquello que nos gobierna. As\u00ed fue como la arena de la disputa se convirti\u00f3 en el estrado del pr\u00edncipe, y c\u00f3mo el monumento consigui\u00f3 domar a esa agitada multitud que Bataille describi\u00f3 como la \u00abchusma arquitect\u00f3nica\u00bb <\/span>44<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La plaza monumental contribuy\u00f3 a convertir al ciudadano en s\u00fabdito. En el \u00e1gora, el pueblo ten\u00eda una cita consigo mismo, mientras que la plaza es el lugar donde el poder apela al pueblo. Las monarqu\u00edas y los imperios ofrecieron as\u00ed al templo urbano un estatus que los griegos nunca le hab\u00edan concedido. As\u00ed cobr\u00f3 forma un paradigma urban\u00edstico tan eficaz que los poderes f\u00e1cticos nunca se deshicieron de \u00e9l. La m\u00e1quina estatal que es la plaza monumental glorifica el poder al mismo tiempo que halaga la autoestima del ciudadano, que se siente m\u00e1s inclinado a obedecer. Dejar su huella en la forma urbana es, adem\u00e1s, la forma m\u00e1s segura de hacerse un hueco en la posteridad. Esto aplica a Eumenes II (siglo I a.C.), Julio II, Luis XIV, Napole\u00f3n y Fran\u00e7ois Mitterrand.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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El \u00e1gora sur de Mileto, siglo IV o II a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Foro de Augusto en Roma, siglo I a. C.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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El \u00e1gora sur de Mileto, cercado en la \u00e9poca romana.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Puerta del \u00e1gora sur de Mileto, siglo II.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Pierre-Antoine Demachy, C\u00e9r\u00e9monie de la pose de la premi\u00e8re pierre de la nouvelle \u00e9glise Sainte-Genevi\u00e8ve, Par\u00eds, 1765.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Francesco Granacci, Joseph pr\u00e9sente son p\u00e8re et ses fr\u00e8res au pharaon, Florencia, Galer\u00eda Uffizi, 1517.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Taddeo di Bartolo, plano de Roma, siglo XV.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Una cierta idea de orden<\/h2>\n\n\n\n

La plaza monumental, tanto en sus or\u00edgenes grecorromanos como en su evoluci\u00f3n, ha acompa\u00f1ado a todos los reg\u00edmenes. Por tanto, invita a una reflexi\u00f3n pol\u00edtico-arquitect\u00f3nica sobre el orden, qu\u00e9 es, c\u00f3mo se reifica, qu\u00e9 significa y qu\u00e9 efecto produce en el cuerpo social. Utilizar\u00e9 dos tipos emblem\u00e1ticos de la historia del poder, que se oponen directamente entre s\u00ed: la plaza comunal de la Italia medieval y la plaza real francesa. La primera reinventa la forma en que el monumento adquiere importancia en la ciudad, sin depender de la planificaci\u00f3n urbana. Conviene recordar aqu\u00ed que el orden de la ciudad tiene sus art\u00edfices en cada \u00e9poca: Hipodamo, Enrique IV y Haussmann marcan una tradici\u00f3n en la que la forma urbana precede a los edificios: el primero impone una cuadr\u00edcula; el segundo, una cadena de plazas regulares; el tercero, una serie de aperturas. Sin embargo, en el mundo de las ciudades-Estado del sur de Italia, la forma urbana se deriva de los edificios. Los lugares dependen  esencialmente de los objetos, como puede verse en la pintura. El espacio p\u00fablico medieval no tiene, pues, ninguna forma a priori<\/em>; acompa\u00f1a a los edificios como si fuera su emanaci\u00f3n. El orden de la plaza medieval no se impone, sino que se negocia con el vecindario; la irregularidad de la plaza y la multiplicidad de sus fachadas dan a cada edificio su parte del efecto global, como los objetos de una naturaleza muerta. Desde el punto de vista de la composici\u00f3n, la plaza medieval es una s\u00edntesis de los dos tipos originales: el \u00e1gora arcaica (sobre todo en Elis), que adopta la forma de un conjunto de edificios aislados que bordean un espacio cuyo per\u00edmetro es, cuando menos, discontinuo, y la llamada \u201c\u00e1gora j\u00f3nica\u201d, que es un vac\u00edo rectangular fuertemente enmarcado, como en \u00c9feso <\/span>45<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La comparaci\u00f3n se detiene ah\u00ed, porque la plaza medieval tiene que ver con un poder: est\u00e1 adosada a un palacio o una catedral, pero \u2014y \u00e9sta es su especificidad\u2014 sin hacerlo su \u00fanico amo. El modelo pol\u00edtico comunal dio lugar as\u00ed a plazas a su imagen y semejanza, como la Piazza del Campo de Siena, donde el Palazzo Pubblico re\u00fane varios edificios en torno a su atrio. Los re\u00fane sin limitarlos. El palacio se impone con autoridad, pero extiende los brazos de forma amistosa. A trav\u00e9s de la curvatura de su fachada, se hace uno con su parcela en lugar de infligirle una geometr\u00eda ideal. De pie frente a \u00e9l, uno se siente a la vez impresionado por la amplitud de sus muros y acogido por el hueco que dibujan con delicadeza.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Siena, elPalazzo Pubblico, fines siglo XIII y XIV.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

La forma del edificio aten\u00faa as\u00ed la violencia de su tama\u00f1o. La pendiente del terreno tambi\u00e9n contribuye a ello, porque desde la calle, la altura del palacio se eleva sin aplastarnos, ni siquiera sobrepasarnos. Las cualidades de plano de esta plaza se suman as\u00ed a sus cualidades de taz\u00f3n, para reunir todas las caracter\u00edsticas de un teatro.<\/p>\n\n\n\n

Dos concavidades se responden mutuamente: la del Palazzo Pubblico y la forma redonda de los palacios de enfrente. Dos abrazos entre los que el ciudadano se siente protegido. Una majestuosidad sin ego: esto es lo que ha conseguido construir la Siena de los nueve magistrados <\/span>46<\/sup><\/a><\/span><\/span>. A pesar de las masas construidas, no hay tensi\u00f3n que lastre el espacio. De esta plaza surge una paz social en la que, excepcionalmente, el poder tiene una cara amable.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Plaza real, hacia 1660.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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La plaza Louis-le-Grand (actual place Vend\u00f4me), dibujo de Nicolas de Fer, hacia 1705.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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El honor municipal y el prestigio real tienen cada uno su propia forma urbana <\/span>47<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La monarqu\u00eda va acompa\u00f1ada de un orden ideal, donde todos los edificios est\u00e1n sometidos a la voluntad de una figura que no hace concesiones. El absolutismo \u2014de la palabra absolutus<\/em>: \u201clibre de todo apego\u201d\u2014 aplica tanto al propio rey como al lugar que lo representa. A pesar de las variaciones tipol\u00f3gicas, tres caracter\u00edsticas fundamentales definen la plaza real: la regularidad geom\u00e9trica, la ordenaci\u00f3n de las fachadas y la estatua del rey (que suele estar en el origen del proyecto de la plaza) <\/span>48<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Luis XIII ya anunciaba la monarqu\u00eda absoluta al hacer de la plaza real (que desde la Revoluci\u00f3n se llama Place des Vosges) no la plaza comercial y popular que hab\u00eda querido Enrique IV, sino una plaza aristocr\u00e1tica donde el terrapleno \u2014m\u00e1s tarde lleno de barricadas\u2014 no fuera m\u00e1s que la alfombra de la estatua ecuestre <\/span>49<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La plaza real puede apoyarse en una parcela privada con fines lucrativos: la cortina de fachadas es suficiente para encerrar el espacio alrededor de la estatua <\/span>50<\/sup><\/a><\/span><\/span>. \u200b\u200bEste exceso de representaci\u00f3n satura la plaza, como si estuviera hecha m\u00e1s para ser contemplada que para ser habitada. Adem\u00e1s, no es casualidad que la \u00fanica plaza de Siena que est\u00e1 desierta incluso en julio est\u00e9 ocupada por una estatua central <\/span>51<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

En la plaza real, el control absoluto de la articulaci\u00f3n es comparable al del templo, y los muros de la plaza Vend\u00f4me pueden verse como una inversi\u00f3n de la fachada del templo: la envoltura convexa se convierte en una envoltura c\u00f3ncava, y la estatua de la divinidad en el interior deja paso a la del rey, en el exterior <\/span>52<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La plaza real es el brazo no armado de la monarqu\u00eda. Contribuye a restaurar su imperio a trav\u00e9s de un territorio sometido a un poder central <\/span>53<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Reproduce la imagen de este poder al afirmarse como un espacio autocentrado, imperturbable y constituido por fachadas rigurosamente disciplinadas. La plaza medieval, en cambio, es la expresi\u00f3n de un poder municipal en el mundo fragmentado de las ciudades-Estado <\/span>54<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Por lo tanto, es natural que derive la raz\u00f3n de su forma singular del propio contexto <\/span>55<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Es un lugar con varias voces, que por tanto construye un orden sin decretarlo con un solo gesto; un orden sin dominaci\u00f3n. \u00bfSer\u00e1 por eso que es tan entra\u00f1able? Los edificios se complementan, y a veces tambi\u00e9n las plazas: en Lucca, la contig\u00fcidad de las plazas de San Giovanni, San Martino y Antelminelli pone cada una de ellas al servicio de otra. Las tres se apoyan en lugar de competir; cada una obtiene su calidad de la perspectiva que da sobre la siguiente.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Lucques, piazzas San Giovanni, San Martino y Antelminelli.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Al interior de la plaza medieval, la unidad es perceptible, pero sin recurrir a una ordenaci\u00f3n de las fachadas. Esta unidad se consigue mediante una multiplicidad de edificios, mientras que los edificios que delimitan la plaza real no constituyen una multiplicidad: la repetici\u00f3n y la continuidad de las fachadas disuelven la individualidad de cada una. La idealidad a priori<\/em> de la plaza real \u2014la que se dise\u00f1a entera e implacablemente con un solo gesto\u2014- se opone as\u00ed a la idealidad a posteriori<\/em> de la plaza medieval.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Giuseppe Zocchi, La place de la Seigneurie \u00e0 Florence, siglo XVII. <\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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Jules Hardouin-Mansart, los hoteles particulares de la place Vend\u00f4me, 1699. <\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

En el siglo XVIII, el espacio p\u00fablico se ampl\u00eda y el entorno construido se desmantela: con la plaza Luis XV (actual plaza de la Concordia), el deseo de conectar las zonas circundantes prima sobre el de definir una plaza independiente. El objetivo de esta plaza es conciliar dos principios opuestos: la preocupaci\u00f3n por s\u00ed misma \u2014ser un lugar, un centro\u2014 y la necesidad de articular grandes \u00e1reas de territorio. Mientras que las plazas anteriores \u2014por ejemplo, la plaza de las Victorias\u2014 eran un lugar puramente de representaci\u00f3n, ajeno al tejido, la plaza Luis XV pretende ser \u00fatil poniendo de relieve lo que existe <\/span>56<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El deseo de permitir la circulaci\u00f3n del aire y de las personas llev\u00f3 a limitar las construcciones <\/span>57<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En el espacio de un siglo, el modelo de plaza centr\u00edpeto se transform\u00f3 en un modelo centr\u00edfugo <\/span>58<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Gabriel est\u00e1 m\u00e1s interesado en los alrededores que en el rey del centro: un gran gesto urban\u00edstico que el autom\u00f3vil transformar\u00e1 en una magn\u00edfica intersecci\u00f3n <\/span>59<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Un viento de apertura recorre as\u00ed la plaza real y la monarqu\u00eda que representa; como si la apertura de las ideas \u2014a la que contribuyeron pensadores como Montesquieu, Voltaire y Rousseau\u2014 y la de la plaza se respondieran. El rey de bronce ya no es una figura hier\u00e1tica colocada en su alhajero y proporcionada a \u00e9l. Luis XV est\u00e1 menos vestido y menos rodeado en esta explanada que lo supera, a pesar de las zanjas cavadas para intentar, en vano, estrechar el espacio a su alrededor <\/span>60<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Vista de la calle real hacia la fachada de la iglesia de la Madeleine.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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La avenida de la \u00d3pera.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

La plaza pierde su raz\u00f3n de ser en cuanto el poder deja de depender de ella. El templo cuya construcci\u00f3n impuls\u00f3 Napole\u00f3n no despej\u00f3 ninguna plaza, ya que la calle real era suficiente para escenificarlo. En su propio terreno, la iglesia de la Madeleine no crea por su ubicaci\u00f3n m\u00e1s que una glorieta rectangular sin inter\u00e9s. Otros ejemplos parisinos, como el Pante\u00f3n o el palacio Brongniart, nos recuerdan que el monumento, cuando ocupa el centro de la plaza, no libera ning\u00fan espacio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n

Posteriormente, el Estado se dot\u00f3 de los medios \u2014legales y financieros\u2014 para crear la gran red de espacios p\u00fablicos. En el Par\u00eds de Haussmann, el espacio del monumento ya no es la plaza sino el bulevar. En el bulevar de la \u00d3pera o de Estrasburgo, la antigua perspectiva del foro imperial se ha alargado hasta acabar en la fachada de un monumento. Las amplias aceras plantadas con \u00e1rboles han sustituido a las estoas.<\/p>\n\n\n\n

El bello divorcio<\/h2>\n\n\n\n

En el siglo pasado, la explosi\u00f3n urbana nos llev\u00f3 del orden de la ciudad al desorden de los suburbios. La crisis del per\u00edmetro urbano y el desarrollo descontrolado de la urbanizaci\u00f3n rural (rurbanisation<\/em>) anunciaron el fin del equilibrio entre la ciudad y el campo. Se elabor\u00f3 entonces una doctrina contra el proceso de erosi\u00f3n del territorio, como un par\u00e9ntesis de optimismo en el desastre en curso, y un ejemplo de voluntad en el dejar ser de un sistema productivo libre de injerencias. Se concreta en la Cit\u00e9 radieuse, que replantea la relaci\u00f3n entre la arquitectura y la naturaleza, sin la ciudad. El cuerpo dislocado de la ciudad es el fondo tr\u00e1gico del que se desprende este gesto que se pretende salvador, y que es inocente de los cr\u00edmenes que se cometer\u00e1n en su nombre. La Cit\u00e9 radieuse aparece como un Arca de No\u00e9 destinada a salvar al mundo del naufragio anunciado. Trescientas treinta y siete viviendas se re\u00fanen para restaurar la fuerza de la obra arquitect\u00f3nica y urbana. Este proyecto dignifica la vivienda ordinaria, arranc\u00e1ndola del tejido horizontal para darle la altura que merec\u00eda la acr\u00f3polis en su d\u00eda. El monumento se retira de la ciudad que hab\u00eda ocupado durante dos mil quinientos a\u00f1os, para volver al gran paisaje que lo vio nacer. La Cit\u00e9 radieuse encarna el principio del absolutismo a su manera, ya que es independiente y aut\u00f3noma. Al igual que el templo pol\u00edado, el edificio se libera del contexto inmediato para entrar en contacto con el horizonte y el cosmos a trav\u00e9s del trayecto del sol <\/span>61<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Una geograf\u00eda amueblada con unos cuantos edificios que lo merecen: lo que los griegos construyeron, Le Corbusier so\u00f1\u00f3 con reinterpretarlo.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Las explanadas de Brasilia (Lucio Costa), y de Chandigarh (Le Corbusier).<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

No es de extra\u00f1ar, por tanto, que los pioneros de la arquitectura moderna perdieran el inter\u00e9s por las plazas <\/span>62<\/sup><\/a><\/span><\/span> y se decantaran por la explanada, un gusto que nos hab\u00eda dado el siglo XVIII franc\u00e9s y que, en virtud de su escala, otorga al objeto arquitect\u00f3nico una autonom\u00eda incondicional <\/span>63<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sabemos el \u00e9xito que tuvo la explanada m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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A la izquierda, el Parten\u00f3n, siglo V a.C. Derecha, Le Corbusier, la Cit\u00e9 Radieuse, Marsella, 1945.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Triste divorcio<\/h2>\n\n\n\n

Una sociedad tiene el espacio p\u00fablico que se merece. Las catedrales, los palacios, los museos y las mediatecas han sido grandes contribuyentes a la ciudad cuando se les ha dado los medios para hacerse con un espacio exterior.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Renzo Piano yRichard Rogers, el Centro Pompidou y su plaza, Par\u00eds, 1971 <\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El estado del espacio p\u00fablico se basa en la elecci\u00f3n del lote, la selecci\u00f3n del proyecto y el dise\u00f1o del suelo. \u00bfQu\u00e9 responsabilidad urbana puede asumir un gran edificio p\u00fablico cuando est\u00e1 relegado a un rinc\u00f3n entre un parque que lo aleja de la ciudad y la circunvalaci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 espacio urbano se puede compartir cuando un individualismo escandaloso impregna cada edificio de departamentos? \u00bfQu\u00e9 significa la explotaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la plaza m\u00e1s peque\u00f1a, incluso en Italia? El deseo de llenar el vac\u00edo entre nosotros y nuestros antiguos amos a toda costa \u2014y m\u00e1s a\u00fan a trav\u00e9s del entretenimiento\u2014 es s\u00edntoma de un malestar: nos liberamos de la tutela religiosa y de la monarqu\u00eda, pero \u00bfestamos en paz con la huella que dejaron atr\u00e1s? Los proyectos llamados \u00abparticipativos\u00bb y la supuesta \u00abreapropiaci\u00f3n\u00bb de plazas por parte de todos mantienen las ilusiones de una conquista social. Es como si la democracia no pudiera sobrevivir sin acabar con la grandeza que hemos heredado pero que est\u00e1 resultando demasiado engorrosa.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Jean Nouvel, la filarm\u00f3nica de Par\u00eds, 2015.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Nos las arreglamos al jugar con ella, integr\u00e1ndola en la industria del ocio, dando la impresi\u00f3n de estar ocupando ilegalmente nuestros propios vestigios. Una cosa es cierta: los caprichos pasan, pero el monumento permanece. Otra cosa es igualmente cierta: los hombres est\u00e1n fundamentalmente divididos entre dos deseos, el de la libertad, que proclaman f\u00e1cilmente, y el deseo menos declarado de ser gobernados. Cuando este \u00faltimo se reprime demasiado, vuelve con una potencia cuyos riesgos conocemos de sobra.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Brescia, Piazza della Loggia.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n\n\n
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La plaza de la catedral Saint-Jean-Baptiste de Tur\u00edn en 1933.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Nuestra historia est\u00e1 hecha de nuestra tumultuosa relaci\u00f3n con el espacio p\u00fablico y el monumento, bajo la tutela de pr\u00edncipes, obispos o alcaldes. Nacida del matrimonio forzado del templo y el \u00e1gora, el atrio \u2014-y, por extensi\u00f3n, la plaza\u2014 ha mantenido vivo el esp\u00edritu de lo sagrado en el coraz\u00f3n de la agitaci\u00f3n urbana. Ha sido portador de los s\u00edmbolos que han alimentado nuestras civilizaciones, tanto en la magnificencia como en el Terror, y ha sobrevivido a las revoluciones t\u00e9cnicas y pol\u00edticas <\/span>64<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Esta longevidad guarda su secreto. La arquitectura del poder, deslumbrante y manifiesta, revela con tranquilidad el poder de la arquitectura. He intentado esbozar una genealog\u00eda de la arquitectura del poder remont\u00e1ndome a sus or\u00edgenes occidentales, para identificar sus modalidades, comprender sus herramientas y prop\u00f3sitos, y situar los principales hitos de su evoluci\u00f3n. Por otra parte, es m\u00e1s dif\u00edcil captar el poder de la arquitectura, porque este poder no puede medirse por el poder de su amo. Se extiende m\u00e1s all\u00e1 de su \u00e9poca, sobrevive a las convulsiones pol\u00edticas y abarca religiones y reg\u00edmenes por igual. Este misterioso poder de la masa de piedra que se levanta en el espacio, del que el templo d\u00f3rico fue un gran fundador, no deb\u00eda nada a los dioses, que s\u00f3lo estaban de paso y que, al final, s\u00f3lo eran humo. Ninguna civilizaci\u00f3n comprendi\u00f3 mejor que los griegos este poder que tiene la arquitectura gracias a sus propios muros, y no por lo que encierran.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Nuestra historia est\u00e1 hecha de nuestra tumultuosa relaci\u00f3n con el espacio p\u00fablico y el monumento. Nacido del matrimonio forzado del templo y el \u00e1gora, el parvis -y por extensi\u00f3n la plaza- ha mantenido el esp\u00edritu de lo sagrado en el coraz\u00f3n de la agitaci\u00f3n urbana. La arquitectura del poder, brillante y manifiesta, revela en silencio el poder de la arquitectura. Sin embargo, este misterioso poder no debe nada a los dioses, meros pasajeros. Proviene de las propias paredes, no de lo que contienen.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":6125,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"templates\/post-studies.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[249],"tags":[],"geo":[177],"class_list":["post-6072","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-escalas-del-residir","staff-karim-basbous","geo-europa"],"acf":[],"yoast_head":"\nLos \u00f3rdenes de la ciudad - El Grand Continent<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/07\/24\/los-ordenes-de-la-ciudad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Los \u00f3rdenes de la ciudad - El Grand Continent\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Nuestra historia est\u00e1 hecha de nuestra tumultuosa relaci\u00f3n con el espacio p\u00fablico y el monumento. 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