{"id":51451,"date":"2024-12-27T18:27:07","date_gmt":"2024-12-27T17:27:07","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=51451"},"modified":"2024-12-28T03:45:54","modified_gmt":"2024-12-28T02:45:54","slug":"leer-la-montana-magica-en-un-mundo-roto-con-merve-emre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2024\/12\/27\/leer-la-montana-magica-en-un-mundo-roto-con-merve-emre\/","title":{"rendered":"Leer La monta\u00f1a m\u00e1gica en un mundo roto, con Merve Emre"},"content":{"rendered":"\n
La monta\u00f1a m\u00e1gica cumple 100 a\u00f1os. Para celebrar este aniversario, el Grand Continent publica durante las vacaciones de Navidad una serie de extractos y entrevistas para leer o releer este hito de la literatura europea. Para recibir todos los episodios de esta serie, suscr\u00edbase<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n Leo La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> como uno de los grandes cuentos de hadas modernistas para adultos, como los relatos de Kafka. Aunque la cr\u00edtica la ha descrito generalmente como una novela de ideas, Mann la ofreci\u00f3 primero a sus lectores como una especie de par\u00e1bola o leyenda \u2014moderna, melanc\u00f3lica e ir\u00f3nica\u2014. Su argumento es una b\u00fasqueda, una b\u00fasqueda emprendida por nuestro h\u00e9roe, Hans Castorp, que anhela abandonar el mundo del trabajo, los ex\u00e1menes y los aprendizajes que le dejan p\u00e1lido y tiritando, por una utop\u00eda de comidas, cigarrillos, debates y aventuras amorosas. <\/p>\n\n\n\n Hans Castorp puede parecernos ingenuo, pero entre las aburridas y meticulosas clases burguesas alemanas, esta ingenuidad le confiere una parad\u00f3jica nobleza: es un caballero andante moderno, un joven con tiempo libre para buscar su para\u00edso en la tierra. Sus andanzas le conducen a Clawdia Chauchat, tan altiva como cualquier dama de los romances medievales. \u00c9l transforma su entusiasmo inicial en amor, con un solipsismo tan escrupuloso como encantador. A su alrededor, amantes y pacientes, vivos y moribundos, se ven envueltos en su propio reino misterioso, tan asombrosamente bello y original como perverso, desproporcionado, grotesco, irreductiblemente contaminado por la muerte.<\/p>\n\n\n\n En el n\u00famero de Neue Rundschau<\/em> dedicado al centenario de La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>, intent\u00e9 parafrasear la primera mitad de la novela al estilo de un cuento de hadas <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Me sorprendi\u00f3 el hecho de que, de este modo, es realmente posible hacer visibles la estructura narrativa de la novela y su anatom\u00eda. El romance forma el esqueleto del libro, ejecutando los movimientos esenciales de la trama. Las ideas son la carne que oculta esos movimientos. Confieren una respetabilidad secular a lo que, de otro modo, parecer\u00eda simplemente una historia de amor o deseo no correspondido. En una carta a su novia de entonces, Katia Pringsheim, Mann escrib\u00eda: \u00abSehnsucht<\/em> (melancol\u00eda, languidez, nostalgia) <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u2014mi palabra favorita, mi palabra sagrada, mi f\u00f3rmula m\u00e1gica, mi clave del misterio del mundo\u2014\u00bb.<\/p>\n\n\n\n\n Se necesitan muchas capas para mantener oculta<\/a> esta magia. Pasamos de un mon\u00f3logo a otro: el Dr. Krokowski, el psicoanalista serio; Settembrini, el \u00aborganista de la Ilustraci\u00f3n\u00bb; y Naphta, el jesuita autoritario. Sus discursos, largos, densos y excesivamente elaborados, parecen conferir a la novela una funci\u00f3n pedag\u00f3gica en la tradici\u00f3n humanista.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, ser\u00eda un error separar las superficies intelectuales de la novela de sus profundidades emocionales. Debemos leer la novela de manera dial\u00e9ctica, para revelar c\u00f3mo sus distintos g\u00e9neros luchan entre s\u00ed, se mezclan e interpenetran, para formar la f\u00f3rmula m\u00e1gica de su universo. S\u00f3lo entonces podremos apreciar c\u00f3mo la suprema virtuosidad de la prosa de Mann reside en su compromiso disciplinado, casi fan\u00e1tico, con el entrelazamiento de todo \u2014incluso de elementos que suelen parecer incompatibles: la enfermedad y la salud, la vida despierta y el sue\u00f1o, el amor y la pedagog\u00eda\u2014.<\/p>\n\n\n\n En un momento concreto de mi vida, durante el invierno de 2011. Acababa de conocer a mi marido, y recuerdo que me cont\u00f3 que, en los primeros a\u00f1os de su formaci\u00f3n universitaria, hab\u00eda seguido un curso sobre La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> que consideraba el m\u00e1s influyente de su vida. A \u00e9l no le apasiona especialmente la literatura, pero a veces me pregunto si los consejos de lectura m\u00e1s influyentes no provienen de personas que no est\u00e1n realmente acostumbradas a leer.<\/p>\n\n\n\n Le\u00ed La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> durante las vacaciones de invierno. Es el momento perfecto para leer una novela sobre la experiencia de estar inmerso en un clima extranjero, una novela que te invita a sumergirte en otro mundo. Me sent\u00ed como inmersa en mi pel\u00edcula de invierno favorita, El arca rusa<\/em>, de Alexander Sokurov. Es una secuencia de 86 minutos rodada en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Cada sala por la que pasa la c\u00e1mara est\u00e1 poblada por personajes de distintas \u00e9pocas. Es una de las pel\u00edculas m\u00e1s dolorosamente bellas que he visto nunca. Comparte con La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> esa capacidad de atraparte en un mundo que al principio parece ajeno, pero que luego se vuelve inquietantemente familiar.<\/p>\n\n\n\n Volv\u00ed a leer La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> con motivo de su centenario, y esta vez lo hice junto a una extraordinaria biograf\u00eda de Thomas Mann titulada The Mind in Exile: Thomas Mann in Princeton<\/em>, de Hermann Kurzke <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Me impresion\u00f3 la forma en que Thomas Mann intuy\u00f3 desde muy joven la relaci\u00f3n entre Eros y la muerte. Pas\u00f3 mucho tiempo trabajando esta relaci\u00f3n, retorci\u00e9ndola, d\u00e1ndole vueltas, hasta La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>.<\/p>\n\n\n\n Fue escrito en el interregno entre dos grandes guerras. Est\u00e1 marcado por las secuelas de las inmensas p\u00e9rdidas, tanto en el campo de batalla como en las grandes ciudades europeas, causadas por otra pandemia mundial: la epidemia de gripe espa\u00f1ola. Esto parece evidente, pero hay que recordar que La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> es una novela sobre la enfermedad. En el sanatorio Berghof, la enfermedad es omnipresente, aunque casi invisible. Desata, en un sentido freudiano, el instinto de muerte, junto a una fuerza er\u00f3tica incre\u00edblemente convincente, casi irresistible. Estas son las dos fuerzas que vemos coexistir en el sanatorio de Mann.<\/p>\n\n\n\n Estas dos fuerzas tambi\u00e9n parecen definir nuestro tiempo. La muerte est\u00e1 en todas partes \u2014a escala global y local: de Estados Unidos a Ucrania, pasando por Oriente Pr\u00f3ximo\u2014. Al mismo tiempo, durante y especialmente despu\u00e9s de la pandemia, hemos sido testigos de un deseo er\u00f3tico de conexi\u00f3n, una demanda generalizada de construir otras formas de comunidad, de reunirse de maneras que desaf\u00eden la pulsi\u00f3n de muerte.<\/p>\n\n\n\n Mann es intensamente ir\u00f3nico<\/a> en su descripci\u00f3n de estas fuerzas. Lo que es a la vez maravilloso y frustrante es que no se fija en ning\u00fan punto de vista particular ni ofrece ninguna receta precisa para toda esta devastaci\u00f3n. Esto parece muy propio de nuestros tiempos, en los que no hay un camino claro para reparar el mundo, y en los que parece que todo lo que tenemos ante nosotros es la posibilidad de un deslizamiento sin fin hacia el colapso planetario.<\/p>\n\n\n\n\n\n La mejor ilustraci\u00f3n de este punto la ofrece el libro de Olga Tokarczuk, Tierra de empusas<\/em> <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>, que es una parodia de La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>. La historia se desarrolla en un sanatorio m\u00e1s modesto, que no es ni tan bello ni tan lujoso como el Berghof. El protagonista no es un burgu\u00e9s alem\u00e1n, sino un joven hermafrodita polaco de clase trabajadora. Se nos dice que los pacientes del sanatorio celebran los grandes debates hist\u00f3ricos al estilo Settembrini y Naphta, pero el protagonista, que no tiene ni el capital cultural ni la sensibilidad nacional para captar su importancia, no participa. Todas estas ideas son barridas por frases tan sabrosas como: \u00abY luego hablaron de progreso, pero \u00e9l no escuchaba realmente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Intento imaginar c\u00f3mo ser\u00edan estos personajes en el mundo de las redes sociales, pero no es un ejercicio f\u00e1cil. La forma de hablar de Naphta y Settembrini no se corresponde con ninguna forma de expresarse en la vida real, no s\u00f3lo en nuestro tiempo, sino tambi\u00e9n en el suyo. La funci\u00f3n de su discurso es profundamente literaria: a trav\u00e9s de sus intercambios, la novela nos permite habitar el puro ocio de los intelectuales, alejado del mundo del trabajo cotidiano. Ning\u00fan pol\u00edtico, podcaster o incluso el intelectual m\u00e1s brillante y elegante podr\u00eda lograr esto en la vida real.<\/p>\n\n\n\n Uno de los trucos de la novela, y una de las razones por las que la considero en parte un cuento de hadas, es que nos hace creer que personajes como \u00e9stos pueden ser reales, y que pueden encarnar posturas adoptadas por personas que podr\u00edamos conocer y con las que podr\u00edamos entrar en contacto a diario. Pero esto es absurdo. Nadie habla como Naphta o Settembrini y, en consecuencia, ning\u00fan discurso es vulnerable a lecturas ir\u00f3nicas de esta naturaleza. Lo que me interesa de su extremismo es que es dif\u00edcil determinar si se trata de puro ballet intelectual o si hay un sentimiento real detr\u00e1s de las ideas que defienden.<\/p>\n\n\n\n Esta novela es plenamente consciente de la disciplina que exige a sus lectores. Por ejemplo, la primera parte del libro \u2014el primer \u00ablibro\u00bb, si se puede llamar as\u00ed\u2014 nos lleva a trav\u00e9s de las tres primeras semanas de Hans en el sanatorio. Es relativamente corta en comparaci\u00f3n con el resto de la novela, y los cap\u00edtulos que la componen tambi\u00e9n lo son. Pero a medida que avanza la novela, el libro se ampl\u00eda. Los cap\u00edtulos se alargan y el contenido se vuelve m\u00e1s exigente y complejo, con largos discursos declamatorios y extensas secciones de pensamientos de Hans y relatos fenomenol\u00f3gicos de su propio cuerpo y del cuerpo de Clawdia Chauchat. <\/p>\n\n\n\n Al hacerlo, la novela reconfigura nuestra percepci\u00f3n del tiempo de lectura. Nos ense\u00f1a a leer a nuestro ritmo, a nuestro tempo, y no al del reloj, al de la semana laboral o, hoy, al de nuestros smartphones. Creo que Mann era muy consciente de que estaba pidiendo a sus lectores que ajustaran su comprensi\u00f3n de la temporalidad literaria, lo cual es una exigencia extraordinaria para imponer a su p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n La novela mide el tiempo de diferentes maneras. Al principio, registra su paso de forma muy precisa, casi calend\u00e1rica. Cada d\u00eda y cada hora est\u00e1n contados. El tiempo est\u00e1 marcado por un ciclo de veinticuatro horas, siete d\u00edas, el paso del martes al mi\u00e9rcoles o la llegada del fin de semana. Esto es muy similar a la forma en que medimos el tiempo en nuestra vida cotidiana: el tiempo de la jornada laboral o de la semana.<\/p>\n\n\n\n Luego, poco a poco, se desvanece. La novela avanza hacia una temporalidad m\u00e1s social, marcada por los personajes y sus din\u00e1micas. El tiempo est\u00e1 marcado por los que llegan, los que se van y la duraci\u00f3n de su estancia. Seguimos el tiempo de los diagn\u00f3sticos: cu\u00e1ntos meses le quedan a un paciente en su tratamiento, o cu\u00e1ndo empieza a morir activamente. La novela tambi\u00e9n rastrea, por ejemplo, la duraci\u00f3n y frecuencia de los debates entre Settembrini y Naphta. O cuenta los momentos en que Hans Castorp ve a Clawdia Chauchat y los d\u00edas o semanas que pasan entre esos encuentros.<\/p>\n\n\n\n Por \u00faltimo, la novela adopta el tiempo de la Historia. En cierto momento, quiz\u00e1s en el tercer o cuarto libro, empezamos a notar las estaciones, pero de repente estas estaciones se vuelven ambiguas en su correlaci\u00f3n con los a\u00f1os: sabemos que es invierno, pero no sabemos qu\u00e9 invierno. Al final de la estancia de siete a\u00f1os de Hans Castorp, nos encontramos en medio de la Primera Guerra Mundial, que estalla como un trueno, t\u00edtulo del \u00faltimo cap\u00edtulo. Intuimos que la guerra se ven\u00eda gestando desde hac\u00eda mucho tiempo, pero est\u00e1bamos en la \u00e9poca del sanatorio, por lo que la Historia s\u00f3lo se nos hace visible como una ruptura monumental en la novela.<\/p>\n\n\n\n\n\n Cuando pienso en otras novelas capaces de provocar este tipo de metamorfosis en el lector, pienso en Ulises<\/em> de James Joyce o en Middlemarch<\/em> de George Eliot. Son obras vastas, repletas, profundamente conscientes de la forma en que piden a los lectores que interact\u00faen con el tiempo. A menudo se dividen en cap\u00edtulos o secciones que reflejan este intento de recalibraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Por supuesto, pero cada vez menos.<\/p>\n\n\n\n Significa que la comunidad de personas dispuestas y capaces de mantener conversaciones como la que estamos teniendo ahora ser\u00e1 cada vez m\u00e1s peque\u00f1a. Se volver\u00e1 m\u00e1s elitista, m\u00e1s marcada por las desigualdades de clase y educaci\u00f3n. Tendremos que esforzarnos a\u00fan m\u00e1s para convencer a los de fuera de que este tipo de compromiso con la literatura merece la pena.<\/p>\n\n\n\n Tambi\u00e9n tendremos que convencerles de que inviertan tiempo en un proyecto literario que no tiene una moral pol\u00edtica ni un resultado definido. Los personajes de Mann hablan largo y tendido sobre los beneficios del humanismo liberal y el progreso, o sobre el inevitable impulso hacia el nihilismo y la destrucci\u00f3n. Mann sit\u00faa a Hans Castorp en medio de estos prol\u00edficos pedagogos. Y Castorp aprende a escuchar, a responder y a no aceptar nada como verdad incontestable. Pero al final del libro, no parece que ninguno de estos caminos, el humanismo liberal o el anarquismo nihilista, represente el camino a seguir.<\/p>\n\n\n\n Me cuesta creer que la muerte de Naphta resuelva algo. Se suicida en medio del duelo que se supone que est\u00e1 librando con Settembrini. El duelo alimenta la ilusi\u00f3n de una conclusi\u00f3n: al permitir que una persona triunfe sobre la otra \u2014ya sea Settembrini o Naphta\u2014, nosotros, como lectores, creemos que los interminables debates escenificados en La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> quedar\u00e1n por fin zanjados. Pero el suicidio hace a\u00f1icos esa ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Merece la pena pensar en c\u00f3mo se desarrolla el suicidio. Settembrini se niega a disparar a Naphta, y Naphta se pega un tiro. La inacci\u00f3n de Settembrini, seguida de la acci\u00f3n violenta y la muerte de Naphta, parece un reflejo perfecto de las ideolog\u00edas que encarnaban. A partir de ese momento, sin embargo, ya no pueden hablarse. Est\u00e1n congelados en sus respectivas posturas: la cobard\u00eda liberal, por un lado, y la autodestrucci\u00f3n violenta y la autoaniquilaci\u00f3n, por otro. Este espect\u00e1culo de autodestrucci\u00f3n congelada se repite en \u00abEl trueno\u00bb, el cap\u00edtulo final, en el que de repente nos vemos inmersos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Vemos a hombres paralizados, con las botas clavadas en el barro y la suciedad, mientras llueven sobre ellos bombas aterradoras.<\/p>\n\n\n\n Pienso en otro cap\u00edtulo, \u00abNieve\u00bb<\/a>, en el que Hans Castorp, perdido en una salida en esqu\u00ed, percibe im\u00e1genes arquet\u00edpicas del cielo y el infierno en el vac\u00edo blanco que le rodea. La monta\u00f1a se convierte en el escenario de profundas visiones filos\u00f3ficas del bien y del mal, del progreso pac\u00edfico frente a la aniquilaci\u00f3n y el anarquismo, que compiten por el dominio de su conciencia. Sin embargo, nunca debemos olvidar que estas visiones tienen lugar sobre un fondo de blancura que todo lo abarca, un resplandor, como el de las bombas, que amenaza con engullirlo todo, incluido a \u00e9l mismo. Si, en el sanatorio, los debates entre Settembrini y Naphta ponen de relieve profundas cuestiones filos\u00f3ficas, una vez que Hans Castorp se encuentra atrapado en la nieve o atrapado en las trincheras, estos debates parecen perder su fuerza. Se convierten en actividades alucinatorias de hombres moribundos e impotentes, como los que reorganizan las tumbonas en el Titanic.<\/p>\n\n\n\n Esto plantea la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la actividad est\u00e9tica y la pol\u00edtica. \u00bfEstos personajes hablan s\u00f3lo para o\u00edrse hablar a s\u00ed mismos? \u00bfEst\u00e1n realmente luchando entre s\u00ed por el alma del hombre burgu\u00e9s? \u00bfO son los movimientos de la Historia tan inevitables, tan omn\u00edmodos, que los argumentos de los personajes no son m\u00e1s que fantas\u00edas de individuos atrapados en medio de una \u00e9poca que no pueden controlar, dando forma a discursos tan insustanciales como las im\u00e1genes del cielo y el infierno que recorren la mente de Hans Castorp perdido en la nieve?<\/p>\n\n\n\n\nLa monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> cumple cien a\u00f1os<\/a>. \u00bfC\u00f3mo hay que leer o releer esta obra maestra de Thomas Mann?<\/h3>\n\n\n\n
Thomas Mann escribe en el prefacio que la historia \u00abse desarrolla, o, para evitar concienzudamente el tiempo presente, se desarroll\u00f3, se ha desarrollado una vez, en aquellos d\u00edas pasados del mundo antes de la Gran Guerra, con cuyo comienzo empezaron tantas cosas que, desde entonces, probablemente apenas han dejado de empezar. Por lo tanto, tiene lugar antes, si no mucho tiempo antes. Pero, \u00bfno es el car\u00e1cter antiguo de una historia tanto m\u00e1s profundo, tanto m\u00e1s logrado y tanto m\u00e1s legendario cuanto m\u00e1s inmediatamente tiene lugar \u2018antes\u2019? Es m\u00e1s, podr\u00eda ser que la nuestra, tambi\u00e9n en otros aspectos y por su propia naturaleza, fuera m\u00e1s o menos una leyenda.\u00bb\u2026<\/h3>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n Pero, \u00bfqu\u00e9 hacer con la \u00abconversaci\u00f3n infinita\u00bb que estructura y habita el libro?<\/h3>\n\n\n\n
\u00bfCu\u00e1ndo ley\u00f3 por primera vez La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>?<\/h3>\n\n\n\n
Este libro fue escrito durante un periodo suspendido entre la enfermedad y la guerra; puede leerse hoy en condiciones que parecen jugar de manera inquietante con esta repetici\u00f3n\u2026<\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n A menudo se dice que nuestra generaci\u00f3n tiene una d\u00e9bil capacidad de atenci\u00f3n. Las largas conversaciones y di\u00e1logos, por utilizar su met\u00e1fora, que forman la \u00abpiel\u00bb de La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> parecen totalmente anacr\u00f3nicas \u2014y es cierto que pocos autores siguen escribiendo de este modo hoy\u2014. <\/h3>\n\n\n\n
Pero podr\u00edamos preguntarnos si la cultura de los podcasts, a pesar de su superficialidad, no demuestra que sigue habiendo una fuerza narrativa y contempor\u00e1nea en esta particularidad de La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> \u2014la idea de una conversaci\u00f3n infinita\u2014. \u00bfNo deber\u00eda verse a Joe Rogan, reconozc\u00e1moslo de forma un tanto provocativa, como un Naphta travestido?<\/h3>\n\n\n\n
Leer una novela como La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> requiere cierta disciplina.<\/h3>\n\n\n\n
\u00bfC\u00f3mo es el tiempo en La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>?<\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n \u00bfHace falta una novela de esta envergadura para provocar tal transformaci\u00f3n en el lector? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfCree que todav\u00eda hoy hay gente dispuesta a someterse a este tipo de \u00abrecalibraci\u00f3n\u00bb?<\/h3>\n\n\n\n
\u00bfQu\u00e9 significa esto? <\/h3>\n\n\n\n
Entonces, \u00bfno es la muerte de Naphta el final de la crisis extrema de racionalidad \u2014reflejo de la evoluci\u00f3n personal de Mann durante la escritura del libro\u2014?<\/h3>\n\n\n\n
Si ning\u00fan argumento intelectual prevalece sobre otro, \u00bfqu\u00e9 queda en el fondo de la conversaci\u00f3n?<\/h3>\n\n\n\n
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