{"id":51411,"date":"2024-12-27T03:32:42","date_gmt":"2024-12-27T02:32:42","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=51411"},"modified":"2024-12-28T05:16:06","modified_gmt":"2024-12-28T04:16:06","slug":"thomas-mann-el-antifascista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2024\/12\/27\/thomas-mann-el-antifascista\/","title":{"rendered":"Thomas Mann, el antifascista"},"content":{"rendered":"\n

En este texto, escrito en forma de rese\u00f1a de la colecci\u00f3n de ensayos de Thomas Mann sobre sus maestros literarios (Leiden und Gr\u00f6\u00dfe der Meister<\/em>, 1935) justo un a\u00f1o despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n alemana, el cr\u00edtico marxista h\u00fangaro Georg Luk\u00e1cs entabla una discusi\u00f3n intelectual con el autor de La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em><\/a>, al tiempo que reconoce su m\u00e9rito pol\u00edtico al oponerse al ascenso del fascismo. Aunque, para \u00e9l, su autor segu\u00eda siendo un \u00abimportante humanista burgu\u00e9s\u00bb, \u00abno cabe la menor duda de que los ensayos de Thomas Mann son antifascistas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La originalidad del texto que presentamos a continuaci\u00f3n reside precisamente en esta convergencia asumida por Luk\u00e1cs \u2013ya en 1936, cuando el hitlerismo estaba a punto de arrasar Europa\u2013 a favor de Mann. \u00abEsta lucha por el humanismo y contra la barbarie es sin duda un problema ideol\u00f3gico central de la lucha antifascista, y Thomas Mann merece un gran reconocimiento por haber emprendido la lucha precisamente en este punto\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La lucha por el legado cultural es una de las tareas ideol\u00f3gicas m\u00e1s importantes del antifascismo en Alemania. El nacionalsocialismo utiliz\u00f3 el poder gubernamental, el monopolio de las publicaciones legales, para falsificar todo el pasado pol\u00edtico y cultural de Alemania sin el menor escr\u00fapulo. Desde las universidades hasta las escuelas primarias, desde los grandes libros \u00aberuditos\u00bb hasta los peque\u00f1os panfletos populares y burdamente demag\u00f3gicos, esta labor de falsificaci\u00f3n se llev\u00f3 a cabo de forma sistem\u00e1tica y masiva. La demagogia de la propaganda de masas transform\u00f3 simple y descaradamente a todas las grandes figuras del pasado en precursores del nacionalsocialismo. La ignorancia m\u00e1s flagrante y el gusto m\u00e1s vil por la mentira son caracter\u00edsticos de este tipo de literatura, de la que podemos citar el libro de Fabricius sobre Schiller como ejemplo de libro de texto. Esta literatura se basa en el hecho de que las masas en su conjunto no est\u00e1n familiarizadas con las grandes figuras del pasado y, por lo tanto, obedecer\u00e1n a la propaganda oficialmente fascista sin pesta\u00f1ear.<\/p>\n\n\n\n

El tipo \u00abm\u00e1s refinado\u00bb, \u00abcient\u00edfico\u00bb de falsificaci\u00f3n del pasado es al menos igual de peligroso. Con este fin, el nacionalsocialismo moviliz\u00f3 a toda la ciencia acad\u00e9mica y puso en jaque a la literatura \u00ablibre\u00bb. Al hacerlo, esta orientaci\u00f3n encontr\u00f3 un n\u00famero nada desde\u00f1able de l\u00edderes verdaderamente voluntariosos que, incluso antes de la llegada de Hitler al poder, hab\u00edan llevado a cabo esa interpretaci\u00f3n reaccionaria del pasado, en consonancia con los objetivos pol\u00edticos del fascismo. Baste mencionar a escritores como Spengler, Klages y Baeumler, cuyos sucesores llevaron a cabo una cantidad cuantitativamente considerable de trabajo en la direcci\u00f3n de una falsificaci\u00f3n m\u00e1s refinada y oculta del pasado. Tales escritores no rompen limpiamente con las tradiciones de la literatura y la historia literaria de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Al contrario. Enlazan conscientemente con los conocidos te\u00f3ricos del periodo imperialista, Dilthey y Gundolf en particular. La falsificaci\u00f3n del pasado alem\u00e1n se disfraza de rehabilitaci\u00f3n de ese pasado frente a su anterior depreciaci\u00f3n \u00abracionalista\u00bb y \u00abliberal\u00bb. Y s\u00f3lo en algunos casos concretos la tendencia reaccionaria se manifest\u00f3 abiertamente como calumnia u olvido intencionado; en casos en los que se trataba de figuras tan claramente revolucionarias que era imposible \u00abinterpretarlas\u00bb de forma reaccionaria (Heine). All\u00ed donde las corrientes de la \u00e9poca, la lengua, las caracter\u00edsticas individuales de determinadas figuras revolucionarias permiten, aunque s\u00f3lo sea en peque\u00f1a medida, una \u00abinterpretaci\u00f3n\u00bb en sentido contrario, la cr\u00edtica literaria fascista orienta su trabajo muy en\u00e9rgicamente hacia la anexi\u00f3n de tales figuras, hacia su incorporaci\u00f3n al linaje de los antepasados del fascismo (Thomas M\u00fcnzer, H\u00f6lderlin, Georg B\u00fcchner). En estas condiciones, el libro de Thomas Mann, que en una serie de ensayos trata de Goethe, Richard Wagner, Cervantes, Platen y Tormenta (Grandeza y sufrimiento de los maestros<\/em>, Berl\u00edn 1934), es sumamente importante. Tanto m\u00e1s cuanto que el libro se public\u00f3 en la propia Alemania, y no en la emigraci\u00f3n, de modo que su distribuci\u00f3n e influencia no se vieron limitadas por ning\u00fan obst\u00e1culo policial. Adem\u00e1s, el tema del libro es de gran actualidad. Goethe y Wagner, en particular, son figuras clave del mito nacionalsocialista de la literatura alemana. Un an\u00e1lisis al margen del fascismo, un an\u00e1lisis antifascista de tales figuras, la revelaci\u00f3n de su verdadero car\u00e1cter y su verdadera significaci\u00f3n en la historia de la civilizaci\u00f3n alemana tienen, precisamente por ello, una importancia que va mucho m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito puramente literario.<\/p>\n\n\n\n

No cabe la menor duda de que los ensayos de Thomas Mann son antifascistas. (Con la excepci\u00f3n del estudio sobre Cervantes, publicado en 1934, fueron escritos antes de la llegada de Hitler al poder, en 1932 y 1933). La aspiraci\u00f3n fundamental de todos estos ensayos es antifascista: la l\u00ednea general de Thomas Mann es, tambi\u00e9n en este libro, la defensa del humanismo frente a la barbarie. Las grandes figuras del pasado no son grandes a los ojos de Thomas Mann principalmente por su maestr\u00eda formal, sino por su amplia y decidida postura a favor de mantener y continuar las tendencias humanistas, por su lucha contra todo intento de barbarizaci\u00f3n. Thomas Mann no hace la menor concesi\u00f3n a la corriente fascista dominante, que transforma falsamente el Tercer Reich en una \u00e9poca que ya no es burguesa, y que encuentra tales aspiraciones de superaci\u00f3n del \u00abesp\u00edritu burgu\u00e9s\u00bb (en el sentido del fascismo) por doquier en el pasado. En particular, deriva el humanismo de Goethe de su naturaleza burguesa, su modo de vida burgu\u00e9s y su ideolog\u00eda burguesa. Y en el caso de los grandes escritores del siglo XIX que analiza, combate la denigraci\u00f3n reaccionaria y fascista de las importantes aspiraciones y logros art\u00edsticos de la burgues\u00eda decimon\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n

Esta lucha por el humanismo y contra la barbarie es sin duda un problema ideol\u00f3gico central en la lucha antifascista, y Thomas Mann merece un gran reconocimiento por haber emprendido la lucha precisamente en este punto. Sin embargo, la eficacia y persuasi\u00f3n de su lucha por salvar el humanismo se ven mermadas por la profunda confusi\u00f3n de su posici\u00f3n central. Thomas Mann no ve el v\u00ednculo indisoluble entre el humanismo burgu\u00e9s y la revoluci\u00f3n burguesa.<\/p>\n\n\n\n

El humanismo burgu\u00e9s naci\u00f3 en el per\u00edodo heroico de la emancipaci\u00f3n de la clase burguesa, y con la extinci\u00f3n de la llama de este entusiasmo revolucionario, el humanismo burgu\u00e9s debi\u00f3 perder tambi\u00e9n su brillo y su calor. La gran importancia hist\u00f3rica de los escritos en prosa de Heine, de su an\u00e1lisis de la filosof\u00eda y la religi\u00f3n en Alemania, consiste precisamente en esto, en que \u00e9l concedi\u00f3 muy clara y muy resueltamente el lugar central a este v\u00ednculo entre humanismo y revoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Por supuesto, ser\u00eda una exageraci\u00f3n y una injusticia afirmar que Thomas Mann no vio nada de esta relaci\u00f3n. Pero cometi\u00f3 el error fatal, estrechamente ligado a la evoluci\u00f3n de la ideolog\u00eda alemana, de negar esta relaci\u00f3n para Alemania, para la literatura alemana. Thomas Mann ve\u00eda algo franc\u00e9s en el humanismo revolucionario de Schiller, mientras que ve\u00eda el humanismo de Goethe como t\u00edpicamente alem\u00e1n. Desde este punto de vista, Thomas Mann traza entonces un paralelismo entre Goethe y Schiller tan importante para su concepci\u00f3n fundamental, que debemos citarlo detalladamente. \u00abEs el car\u00e1cter del esp\u00edritu literario franc\u00e9s lo que \u00e9l [Schiller] transcribe en pocas palabras, esa singular mezcla de impulso humanitario y revolucionario, de generosa fe en la humanidad y de pesimismo muy profundo, muy amargo e incluso muy sarc\u00e1stico con respecto al hombre en particular. Define la pasi\u00f3n abstracta, pol\u00edtica y humanitaria como opuesta al realismo sensible, cuyas simpat\u00edas est\u00e1n con el individuo. Es el patriota de la humanidad con esp\u00edritu humanitario y revolucionario…\u00bb. Seg\u00fan Thomas Mann, Goethe podr\u00eda calificarse por tanto de \u00abantipatriota fundamentalmente alem\u00e1n\u00bb, mientras que Schiller era \u00abun patriota internacional\u00bb y representa la idea burguesa en el sentido pol\u00edtico, democr\u00e1tico, mientras que Goethe la representa en el sentido espiritual, cultural.<\/p>\n\n\n\n

A pesar de todas las sutilezas que encierra este paralelismo, refleja una l\u00ednea peligrosa que conduce por necesidad objetiva, y a menudo en contra de la intenci\u00f3n de Thomas Mann, a un falso juicio sobre la evoluci\u00f3n cultural de Alemania, porque a partir de estos postulados Thomas Mann debe acabar haciendo una apolog\u00eda espiritual del conservadurismo de Goethe y, a trav\u00e9s de ello, de un cierto matiz del conservadurismo en general. Thomas Mann contin\u00faa diciendo: \u00abGoethe defendi\u00f3 la sociedad en el sentido conservador inherente a la noci\u00f3n de defensa. No se puede ser apol\u00edtico, s\u00f3lo se puede ser antipol\u00edtico, es decir, conservador, mientras que el esp\u00edritu de la pol\u00edtica es humanitario y revolucionario en s\u00ed mismo\u00bb. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> En todo esto hay, pues, por un lado, una infravaloraci\u00f3n de los elementos progresistas en la concepci\u00f3n global de Goethe, que Thomas Mann subraya en otros lugares con encomiable ligereza. Por otra parte, Thomas Mann se ve obligado a ver en el conservadurismo y el nacionalismo alemanes posteriores una \u00abconsecuencia\u00bb de esta tendencia justificada \u00abfundamentalmente alemana\u00bb, de la tendencia fundamental de Goethe; se priva as\u00ed de la posibilidad de criticar deliberada y acertadamente las tendencias reaccionarias de la segunda mitad del siglo XIX, que \u00e9l distingue con bastante claridad.<\/p>\n\n\n\n

Esta visi\u00f3n err\u00f3nea del desarrollo alem\u00e1n en el siglo XIX tiene, naturalmente, profundas ra\u00edces sociales. El gran florecimiento de la literatura y la filosof\u00eda alemanas fue un periodo de preparaci\u00f3n para la revoluci\u00f3n burguesa, es decir, un periodo en el que a\u00fan no se hab\u00edan dado las condiciones objetivas para la revoluci\u00f3n. El subjetivismo ferozmente impaciente, a veces incluso ciego y dogm\u00e1tico, de algunas de las grandes figuras de este periodo no es, pues, en modo alguno una importaci\u00f3n de Francia, sino, por el contrario, el producto necesario de esta situaci\u00f3n alemana. Y, paralelamente, las aspiraciones conservadoras de otras grandes figuras de este periodo (en primer lugar Goethe y Hegel) son repetidos intentos de adoptar el contenido social y cultural de la revoluci\u00f3n burguesa, el humanismo de este periodo, por medios no revolucionarios. Al calificar simplemente a Goethe de conservador, Thomas Mann hizo una concesi\u00f3n ligera e inaceptable a las ideolog\u00edas imperantes en su \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n

Estas ideolog\u00edas se basan en la derrota de la revoluci\u00f3n de 1848, causada por la traici\u00f3n de clase de la burgues\u00eda alemana con respecto a su propia revoluci\u00f3n, y en la soluci\u00f3n reaccionaria a la cuesti\u00f3n central de la revoluci\u00f3n burguesa en Alemania, a saber, el establecimiento de la unidad nacional por la Prusia de Bismarck. La burgues\u00eda alemana, que aprob\u00f3 el desarrollo pol\u00edtico de Alemania despu\u00e9s de 1870, tuvo que crear para s\u00ed misma una ideolog\u00eda cada vez m\u00e1s divorciada del humanismo revolucionario del periodo anterior a 1848. De este modo, se cre\u00f3 un profundo abismo en el desarrollo cultural alem\u00e1n, y los representantes m\u00e1s decididos del humanismo revolucionario trataron de extraer las consecuencias de ello de las formas m\u00e1s diversas. Pondr\u00e9 s\u00f3lo un ejemplo, el de Heinrich Mann, hermano de Thomas Mann, quien, para mantenerse fiel a su radicalismo pol\u00edtico y cultural, busc\u00f3 la herencia actual de Alemania en la evoluci\u00f3n literaria de Francia, vincul\u00e1ndose a las tradiciones sociales, pol\u00edticas y culturales de la evoluci\u00f3n desde Voltaire hasta Zola y Anatole France.<\/p>\n\n\n\n

En su cr\u00edtica a la ideolog\u00eda alemana imperante, Thomas Mann nunca lleg\u00f3 tan lejos como su hermano. Por eso, su posici\u00f3n ante las cuestiones centrales de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica, que determinan la elecci\u00f3n y valoraci\u00f3n del legado decisivo, es tambi\u00e9n m\u00e1s vacilante y contradictoria que la de Heinrich Mann. Esta contradicci\u00f3n se expresa directamente en el hecho de que Thomas Mann considera que el car\u00e1cter burgu\u00e9s de los grandes escritores del siglo XIX es el fundamento de su originalidad. Pero su justificada y acertada concepci\u00f3n adolece del hecho de que su noci\u00f3n de car\u00e1cter burgu\u00e9s es extremadamente contradictoria. Un rasgo importante del humanismo de Thomas Mann es que concibe que la sociedad burguesa puede no ser la forma definitiva de la evoluci\u00f3n humana. Tambi\u00e9n tiene raz\u00f3n al destacar en el Goethe de la vejez rasgos que coinciden con ciertas aspiraciones de los grandes ut\u00f3picos, y al relacionar los esfuerzos de Goethe por una literatura universal con estas aspiraciones sociales. Cuando destacamos la importancia de estas concepciones de Thomas Mann, subrayamos esta aspiraci\u00f3n a ir m\u00e1s all\u00e1 del horizonte burgu\u00e9s y no nos planteamos si podemos estar de acuerdo con sus an\u00e1lisis en el fondo y en el m\u00e9todo. Citemos un pasaje importante de su libro: \u00abEn las teor\u00edas ut\u00f3picas t\u00e9cnicas y racionales, el esp\u00edritu burgu\u00e9s conduce al universalismo, conduce, si queremos tomar el t\u00e9rmino en un sentido bastante amplio y no dogm\u00e1tico, al comunismo…. El burgu\u00e9s est\u00e1 perdido, y pierde el contacto con el nuevo mundo en ciernes, si no se resuelve a desprenderse de las facilidades criminales y de las ideolog\u00edas contrarias a la vida que a\u00fan lo dominan, y se pone audazmente del lado del futuro. El mundo nuevo, el mundo social, el mundo organizado, centralizado y planificado, en el que la humanidad se liberar\u00e1 del sufrimiento inhumano e in\u00fatil que ofende el sentido del honor de la raz\u00f3n, ese mundo llegar\u00e1… Llegar\u00e1, porque debe crearse un orden externo y racional, que corresponda al nivel alcanzado por la mente humana o, en el peor de los casos, debe establecerse mediante una convulsi\u00f3n violenta, para que entonces los valores del alma puedan obtener de nuevo el derecho a vivir y una buena conciencia a escala humana\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Con tales opiniones, Thomas Mann representa el mejor legado del humanismo alem\u00e1n. Por desgracia, no se mantiene fiel a estos puntos de vista en todas partes. Su juicio sobre la evoluci\u00f3n posterior a 1848 y sus principales exponentes lo llev\u00f3 a una noci\u00f3n totalmente distinta del esp\u00edritu burgu\u00e9s y a algunas concesiones muy escabrosas a la ideolog\u00eda reaccionaria del periodo imperialista.<\/p>\n\n\n\n

Mann ve claramente muchos aspectos cuestionables del car\u00e1cter de Richard Wagner. Pero en ninguna parte critica sin reservas la actitud de su h\u00e9roe despu\u00e9s de 1848. Busca por todas partes no s\u00f3lo excusas, sino incluso razones para sublimar la rendici\u00f3n de Richard Wagner, que en 1848 era un revolucionario y particip\u00f3 en la lucha en las barricadas de Dresde frente al r\u00e9gimen triunfante de los Hohenzollern. \u00abWagner fue lo bastante astuto pol\u00edticamente como para vincular su causa a la del Reich de Bismarck: vio un \u00e9xito sin parang\u00f3n, asoci\u00f3 el suyo a \u00e9l, y la hegemon\u00eda europea de su arte se convirti\u00f3 en el accesorio cultural de la hegemon\u00eda pol\u00edtica de Bismarck\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Por el momento, esto no parece ser m\u00e1s que una constataci\u00f3n de ciertos hechos. Pero Thomas Mann a\u00f1ade, por desgracia, una teor\u00eda de su propia invenci\u00f3n. Dice de Wagner: \u00abSigui\u00f3 el camino de la burgues\u00eda alemana; de la revoluci\u00f3n a la desilusi\u00f3n, al pesimismo y a una resignada vida de la mente, bajo la \u00e9gida del poder\u00bb. Esta \u00abvida de la mente bajo la \u00e9gida del poder\u00bb es un intento de reconciliar la herencia cultural del per\u00edodo ascendente de la burgues\u00eda alemana con el r\u00e9gimen bismarckiano, con la rendici\u00f3n ante el r\u00e9gimen bismarckiano y sus sucesores. Por un lado, la palabra \u00abpoder\u00bb reconoce t\u00e1citamente que la forma dada por Bismarck a la fundaci\u00f3n del Reich alem\u00e1n no corresponde ni pol\u00edtica ni socialmente con los viejos ideales de la burgues\u00eda alemana; por otro lado, se hace una reverencia a esta ideolog\u00eda, que aprueba sin reservas la nueva era, que no es meramente terminol\u00f3gica (la ideolog\u00eda del \u00abEstado fuerte\u00bb de Treitschke, la escuela de Ranke, etc.). La reducci\u00f3n de la herencia cultural a esta \u00abvida de la mente\u00bb interior es caracter\u00edstica de la tendencia a conservar de la herencia del clasicismo alem\u00e1n s\u00f3lo lo que puede conciliarse con el individuo aislado, retirado de la pol\u00edtica y de la acci\u00f3n social, y por tanto con la rendici\u00f3n de la burgues\u00eda ante el r\u00e9gimen bismarckiano, con la traici\u00f3n de la burgues\u00eda a su propia revoluci\u00f3n burguesa. La aprobaci\u00f3n de semejante \u00abvida del esp\u00edritu bajo la \u00e9gida del poder\u00bb es el punto d\u00e9bil de toda la concepci\u00f3n de la cultura de Thomas Mann, y se opone violentamente a su amplia perspectiva sobre el desarrollo futuro, que ya hemos analizado. Tal posici\u00f3n abre la puerta a cualquier compromiso con el poder reinante de cualquier \u00e9poca, a cualquier rendici\u00f3n ante \u00e9l, a una renovaci\u00f3n actual de la \u00abmiseria alemana\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Naturalmente, Thomas Mann tiene toda la raz\u00f3n cuando no quiere enjuiciar la evoluci\u00f3n de Richard Wagner despu\u00e9s de 1848 en unas cuantas f\u00f3rmulas agudas y sarc\u00e1sticas, como suelen hacer muchos fan\u00e1ticos partidarios de Nietzsche. Metodol\u00f3gicamente, sin embargo, toma el camino equivocado cuando intenta explicar las debilidades de la ideolog\u00eda de Wagner al final de su vida, su rendici\u00f3n ante la religi\u00f3n cristiana y el nacionalismo de los Hohenzollern, por el hecho de que los elementos del pensamiento religioso y nacionalista son perceptibles en Wagner incluso antes de 1848. Que el Wagner pol\u00edticamente extremista, disc\u00edpulo de Feuerbach, llevara a\u00fan en su interior fuertes elementos de ideolog\u00eda religiosa antes de la revoluci\u00f3n de 1848, que no hab\u00eda superado, o que tambi\u00e9n glorificara la religi\u00f3n cat\u00f3lica en su arte, al mismo tiempo que se rend\u00eda ante el r\u00e9gimen bismarckiano, es fundamentalmente diferente. Si el Wagner revolucionario habl\u00f3 patri\u00f3ticamente \u2013aunque de manera muy imprecisa\u2013 sobre la cuesti\u00f3n central de la revoluci\u00f3n burguesa en Alemania, la de la unidad nacional, o si este patriotismo se puso al servicio de la monarqu\u00eda Hohenzollern despu\u00e9s de 1870, es tambi\u00e9n una diferencia de principio. Esta forma de defender una figura hist\u00f3rica importante, pero tr\u00e1gicamente rota, debe conducir necesariamente a valoraciones te\u00f3ricamente falsas del desarrollo hist\u00f3rico en su conjunto, en cuanto se profundiza en la l\u00ednea de tal defensa y se generaliza te\u00f3ricamente, como lamentablemente practica Thomas Mann. Para explicar a Wagner al final de su vida, se basa en el hecho hist\u00f3ricamente indiscutible de que el teatro y el drama tienen un origen religioso. Pero en su af\u00e1n por defender a Wagner, se basa en el hecho hist\u00f3ricamente indiscutible de que el teatro y el drama tienen un origen religioso. Pero en su af\u00e1n por defender a Wagner, invierte completamente el sentido de la evoluci\u00f3n. Declara: \u00abCreo que la aspiraci\u00f3n secreta, la ambici\u00f3n \u00faltima de todo teatro es el ritual, del que brota tanto para paganos como para cristianos. El arte de la escena es ya en s\u00ed mismo el barroco, el catolicismo, la iglesia; y un artista que, como Wagner, estaba acostumbrado a esgrimir s\u00edmbolos y blandir custodias, ten\u00eda que creerse al final hermano del sacerdote, e incluso sacerdote\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Esta l\u00ednea de desarrollo del drama es sin duda exacta para Wagner personalmente y para el desarrollo de Alemania despu\u00e9s de 1848 en general (Hebbel, Hauptmann, Hofmannsthal, Paul Ernst). Pero la tarea de Thomas Mann deber\u00eda haber sido precisamente descubrir e identificar las razones particulares que determinaron este desarrollo en Alemania. Su generalizaci\u00f3n porco cr\u00edtica de esta l\u00ednea de desarrollo moderno alem\u00e1n lo lleva a conclusiones hist\u00f3ricamente falsas, porque las dos \u00e9pocas m\u00e1s grandes del teatro, la griega y la shakesperiana, siguen precisamente el camino opuesto. De sus or\u00edgenes religiosos y rituales pasaron directamente a la irreligiosidad e incluso a la lucha dram\u00e1tica abierta contra las ideas religiosas. Y este giro antirreligioso no aparece en estas grandes \u00e9pocas s\u00f3lo al final del proceso evolutivo; al contrario, desde sus comienzos, el verdadero drama contiene fundamentalmente tales tendencias; basta pensar en el Prometeo de Esquilo o en Marlowe.<\/p>\n\n\n\n

Tales objeciones cr\u00edticas al m\u00e9todo de juicio y a la concepci\u00f3n de la historia de Thomas Mann no significan que sea err\u00f3nea su intenci\u00f3n de estudiar con comprensi\u00f3n a figuras tan importantes como Richard Wagner y no rechazarlas de plano. Repetimos que estamos de acuerdo con la intenci\u00f3n de Mann, que incluso consideramos muy fruct\u00edfera para el an\u00e1lisis del patrimonio cultural. Pero para realizar esta intenci\u00f3n de forma realmente fruct\u00edfera, es necesario ver claramente la situaci\u00f3n objetivamente tr\u00e1gica en la que se encontraron los escritores importantes de Alemania, que vivieron la Revoluci\u00f3n de 1848 como una generaci\u00f3n ascendente, tras su derrota, tras la traici\u00f3n de la burgues\u00eda alemana con respecto a su propia revoluci\u00f3n. La historia de la literatura alemana de este per\u00edodo contiene toda una serie de tragedias estremecedoras, tragedias de grandes escritores que fracasaron a causa de esta evoluci\u00f3n, que, a causa de esta ruptura, nunca alcanzaron las alturas de las que habr\u00edan sido capaces y a las que habr\u00edan sido llamados si se creyera en su talento. Adem\u00e1s de Wagner, me refiero a Hebbel y Otto Ludwig; Heine tambi\u00e9n sufri\u00f3 ciertos cambios al final de su vida, y la carrera de Gottfried Keller tambi\u00e9n se vio alterada. La grandeza de estos personajes s\u00f3lo quedar\u00eda debidamente iluminada si los cr\u00edticos literarios estudiaran estas tragedias y las explicaran a partir de las condiciones objetivas y las particularidades subjetivas de cada escritor, con una comprensi\u00f3n tan delicada y una perspicacia tan \u00edntima como la de Thomas Mann cuando defend\u00eda la decadencia de Wagner. El concepto de la \u00abvida de la mente bajo la \u00e9gida del poder\u00bb, la idea de que, sobre la base de un pacto ideol\u00f3gico con la monarqu\u00eda Hohenzollern, ser\u00eda posible una gran literatura (o una gran filosof\u00eda), impide a Thomas Mann decir algo decisivo al respecto, aunque distingue claramente las tendencias decadentes de Wagner a trav\u00e9s de algunos signos aislados.<\/p>\n\n\n\n

Las consecuencias del planteamiento de Thomas Mann del problema del realismo son especialmente importantes cuando se trata de juzgar la propia literatura. Una vez m\u00e1s, la intenci\u00f3n es loable cuando Thomas Mann compara constantemente a Wagner con los realistas importantes de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente con Zola e Ibsen. De este modo supera aquella vulgar simplificaci\u00f3n sociol\u00f3gica del problema del realismo, tan peligrosa para la apreciaci\u00f3n de la literatura alemana en particular, concepci\u00f3n que negaba el realismo a todos los personajes que representaban tendencias fuertemente irrealistas, incluso antirrealistas. (Basta pensar en la consigna \u00ababajo Schiller\u00bb, tanto en el naturalismo alem\u00e1n como en cierta etapa del desarrollo te\u00f3rico en Rusia).<\/p>\n\n\n\n

Thomas Mann tiene raz\u00f3n cuando subraya la imposibilidad de dar a Wagner su verdadero valor art\u00edstico, incluso en su vejez, sin tener en cuenta estos elementos realistas de su m\u00e9todo creativo. Desgraciadamente, la puesta en pr\u00e1ctica de esta justa aspiraci\u00f3n fue incoherente en dos aspectos. Por un lado, no tiene en cuenta las condiciones particulares del desarrollo de Zola e Ibsen y, por tanto, descuida el predominio m\u00e1s marcado de las tendencias realistas en su obra en comparaci\u00f3n con Wagner. Y este mayor predominio del realismo no es, por supuesto, un simple aumento cuantitativo, sino que significa m\u00e1s bien m\u00e9todos creativos cualitativamente diferentes. Por otra parte, la comparaci\u00f3n de Thomas Mann se basa en las debilidades, las inclinaciones m\u00edsticas y simb\u00f3licas de los m\u00e9todos creativos de Zola e Ibsen. Puesto que defiende a Richard Wagner y no lo analiza como una v\u00edctima tr\u00e1gica de las circunstancias particulares de Alemania, estos lados d\u00e9biles e intrascendentes del realismo de Zola, por ejemplo, le proporcionan moment\u00e1neamente argumentos eficaces, pero complican a\u00fan m\u00e1s la l\u00ednea te\u00f3rica fundamental de sus an\u00e1lisis y lo llevan a sacar conclusiones err\u00f3neas.<\/p>\n\n\n\n

Compara a Zola y a Wagner de la siguiente manera: \u00abNo es s\u00f3lo la ambici\u00f3n de gigantismo, el gusto art\u00edstico por lo grandioso y lo masivo lo que los une, ni es s\u00f3lo, desde un punto de vista t\u00e9cnico, el leitmotiv hom\u00e9rico, es sobre todo un naturalismo que alcanza el simbolismo y culmina en el mito; pues \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda dejar de ver en la obra de Zola el simbolismo y la inclinaci\u00f3n m\u00edtica que elevan a sus personajes por encima de la realidad? \u00bfAcaso la Astart\u00e9 del Segundo Imperio, llamada Nana, no es un s\u00edmbolo y un mito? \u00bfDe d\u00f3nde le viene el nombre? Es un sonido original, un balbuceo antiguo y voluptuoso de la humanidad; Nana era un apodo de la Ishtar de Babilonia. \u00bfLo sab\u00eda Zola? Pero si no lo sab\u00eda, eso es tanto m\u00e1s notable y significativo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Esta opini\u00f3n de Thomas Mann no s\u00f3lo es muy importante en cuanto a la metodolog\u00eda de la historia literaria, no s\u00f3lo en cuanto a su juicio sobre Wagner y sus contempor\u00e1neos, sino tambi\u00e9n como posici\u00f3n de principio sobre el problema general del realismo contempor\u00e1neo. Mann extrae tambi\u00e9n todas las consecuencias de esta concepci\u00f3n al considerar el mito, la creaci\u00f3n y configuraci\u00f3n de los mitos contempor\u00e1neos, como un principio leg\u00edtimo y actual del realismo contempor\u00e1neo. Combate la idea de que el mito y la psicolog\u00eda son principios incompatibles de la creaci\u00f3n realista y as\u00ed, sin expresarlo claramente, y probablemente incluso sin ser consciente de ello, reduce los principios creativos del realismo a la psicolog\u00eda. Al hacerlo, alinea acr\u00edticamente sus teor\u00edas con el empobrecimiento del realismo moderno que se convirti\u00f3 en una tendencia dominante en la segunda mitad del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n

Su propensi\u00f3n a unir mito y psicolog\u00eda lo llev\u00f3, al defender la s\u00edntesis wagneriana, a hacer amplias concesiones a los pseudorrealistas que dominan en la actualidad. Comentando la uni\u00f3n de psicolog\u00eda y mito, dijo: \u00abQuieren negar su compatibilidad. La psicolog\u00eda se ve como algo tan racional que no se ve ning\u00fan obst\u00e1culo insalvable en el camino hacia el pa\u00eds de los mitos. Pasa por lo contrario del mito, como pasa por lo contrario de la m\u00fasica, aunque precisamente este complejo de psicolog\u00eda, mito y m\u00fasica se presenta inmediatamente a nuestros ojos en dos casos importantes, el de Nietzsche y el de Wagner, como una realidad org\u00e1nica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La afirmaci\u00f3n de Mann no es casual, como puede verse tanto en sus comentarios sobre el nuevo ciclo de novelas m\u00edticas Jos\u00e9 y sus hermanos<\/em> <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> como en su actividad cr\u00edtica. Al juzgar a importantes contempor\u00e1neos, tambi\u00e9n sucumbe a la debilidad que tuvimos que observar en su valoraci\u00f3n de Wagner. En el art\u00edculo que escribi\u00f3 con motivo del septuag\u00e9simo cumplea\u00f1os de Gerhart Hauptmann, Thomas Mann vio claramente que Hauptmann se hab\u00eda alejado cada vez m\u00e1s de la l\u00ednea de cr\u00edtica social que hab\u00eda seguido en su juventud. Pero Mann no s\u00f3lo constata este hecho, sino que lo glorifica. Habla del \u00abaspecto profunda y leg\u00edtimamente alem\u00e1n y po\u00e9tico\u00bb en la naturaleza de Hauptmann, \u00abque, a pesar de todo su declarado republicanismo y a pesar del socialismo naturalista de \u201cTejedores\u201d y \u201cRatas\u201d, se encuentra m\u00e1s a gusto en el mundo de lo infinito y lo c\u00f3smico que en el mundo social…\u00bb. Por eso la cr\u00edtica social, tal como la practican en los pa\u00edses latinos escritores de la talla de Hauptmann, \u00abse desv\u00eda en este hombre de mirada un tanto imprecisa hacia la metaf\u00edsica y el mito.\u00bb \u00abPero\u00bb, se pregunta Thomas Mann, \u201c\u00bfser\u00edan acaso mutuamente excluyentes el germanismo metaf\u00edsico y la profesi\u00f3n de fe social, en particular en Hauptmann?\u201d (Neue Rundschau<\/em>, noviembre de 1932).<\/p>\n\n\n\n

No obstante, est\u00e1 claro a d\u00f3nde conduc\u00eda esta \u00abligera desviaci\u00f3n metaf\u00edsica\u00bb. Sin embargo, lo decisivo aqu\u00ed no es el error de Mann en el caso de Hauptmann, sino su utilizaci\u00f3n desgraciadamente consecuente de esta concepci\u00f3n de la historia, que ya ve\u00eda en la apasionada lucha pol\u00edtica por la libertad de Schiller una tendencia \u00abfrancesa\u00bb, no aut\u00e9nticamente alemana, y que aprobaba acr\u00edticamente los desarrollos alemanes desde 1848, el giro m\u00edtico dado a los problemas sociales e hist\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n

Pero cuando se trataba de defender las grandes tradiciones de la filosof\u00eda humanista y del realismo literario contra la barbarie del fascismo, contra el seudorrealismo y el antirrealismo demag\u00f3gicos de los nacionalsocialistas, Thomas Mann se encontraba en una posici\u00f3n dif\u00edcil, a veces incluso extremadamente d\u00e9bil. Pues el mito, especialmente en la forma que adopta en Wagner y Nietzsche, es precisamente uno de los puntos clave de la justificaci\u00f3n \u00abte\u00f3rica\u00bb del mito por parte de los fascistas alemanes. Cualquiera que sea el odio y el desprecio de Thomas Mann por la falsedad y la duplicidad, por la barbarie decadente del fascismo alem\u00e1n, le resulta por tanto imposible, sobre la base de estos puntos de vista te\u00f3ricos, combatir eficazmente los puntos cruciales de la barbarie cultural del fascismo. En todas las cuestiones pol\u00edticas, culturales y literarias esenciales, se opuso resueltamente al fascismo; pero su concepci\u00f3n de la historia y sus consecuencias para su concepci\u00f3n de los m\u00e9todos realistas de creaci\u00f3n redujeron considerablemente la fuerza de su pol\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n

Esto se expres\u00f3 claramente en las discusiones sobre Jos\u00e9 y sus hermanos<\/em>, la novela de Thomas Mann calificada de m\u00edstica. Los cr\u00edticos fascistas percib\u00edan instintivamente las contradicciones del contenido e intentaban menospreciar al m\u00e1ximo la nueva obra de Thomas Mann. Sin embargo, los defensores de Mann se encontraron forzosamente en una posici\u00f3n te\u00f3ricamente falsa, ya que se vieron obligados a contrastar el \u00abmito\u00bb de Mann con los mitos fascistas, en lugar de exponer sin rodeos la naturaleza mendaz de toda la concepci\u00f3n fascista del mito. Uno de estos cr\u00edticos, E.H Gast, se\u00f1ala que las cr\u00edticas de los fascistas muestran \u00abhasta qu\u00e9 punto el encuentro con el viejo mito perturba a los inventores del nuevo, el \u201cmito del siglo XX\u201d\u00bb. Y en su comparaci\u00f3n del mito de Mann con el de los fascistas, concluye que \u00abexiste entre ellos la misma relaci\u00f3n que entre mentalidad u \u201copini\u00f3n\u201d e inspiraci\u00f3n, que entre lo fabricado y lo creado\u00bb. (Die Sammlung<\/em>, Amsterdam, enero de 1934.) Gast contrasta as\u00ed de forma muy ecl\u00e9ctica el mito \u00abbueno\u00bb de Mann con el mito \u00abmalo\u00bb de Rosenberg.<\/p>\n\n\n\n

El propio Thomas Mann no est\u00e1 del todo libre de culpa en esta posici\u00f3n te\u00f3ricamente d\u00e9bil de sus defensores. La l\u00ednea de evoluci\u00f3n de la literatura alemana, que \u00e9l traza en este libro, va desde Goethe, pasando por Schopenhauer, hasta Wagner y Nietzsche. Y Nietzsche se convierte as\u00ed para Thomas Mann, a pesar de las cr\u00edticas de detalle, en el principal te\u00f3rico de la evoluci\u00f3n reciente. En la medida en que esto es una afirmaci\u00f3n de hecho sobre el desarrollo de la literatura y la filosof\u00eda burguesas en Alemania, Thomas Mann tiene raz\u00f3n. Nietzsche es, en efecto, el pensador y escritor m\u00e1s influyente de las \u00faltimas d\u00e9cadas en Alemania. La cuesti\u00f3n, entonces, es en qu\u00e9 direcci\u00f3n se deja sentir la influencia de Nietzsche y qui\u00e9nes son los seguidores consecuentes y leg\u00edtimos de su obra. No se trata de una cuesti\u00f3n de nivel intelectual o de capacidad estil\u00edstica de Nietzsche. Que el caso de Nietzsche no puede zanjarse con un gesto de la mano o con unas pocas frases es lo que yo mismo he intentado demostrar (Nietzsche como precursor de la est\u00e9tica fascista<\/em>, una contribuci\u00f3n a la historia de la est\u00e9tica, publicado por Aufbau-Verlag). Pero tambi\u00e9n he mostrado que el punto central de la filosof\u00eda nietzscheana es la justificaci\u00f3n filos\u00f3fica de la barbarie que se convirti\u00f3 en una terrible realidad pol\u00edtica y cultural en la \u00e9poca del fascismo. La posesi\u00f3n de la herencia cl\u00e1sica por parte de Nietzsche s\u00f3lo sirvi\u00f3 para barbarizarla con poderosos medios intelectuales, para romper radicalmente los v\u00ednculos entre el humanismo revolucionario del periodo cl\u00e1sico de la evoluci\u00f3n humana y la ideolog\u00eda imperialista. Cuando Thomas Mann busc\u00f3 en Nietzsche un apoyo te\u00f3rico para sus aspiraciones humanistas, para su lucha contra la barbarie fascista, se dirigi\u00f3 a una fuente en la que no pod\u00eda encontrar nada eficaz para los objetivos que persegu\u00eda. En t\u00e9rminos de ingenio, cultura, talento, discernimiento y honestidad, Thomas Mann est\u00e1 cien pies por encima de cualquier ideolog\u00eda fascista, pero siempre se pueden extraer de Nietzsche conclusiones m\u00e1s l\u00f3gicamente fascistas que antifascistas.<\/p>\n\n\n\n

Es un rasgo particularmente interesante y significativo de Thomas Mann que su evoluci\u00f3n proceda suavemente en forma de crecimiento org\u00e1nico. A esta particularidad debemos sus importantes obras realistas. Pero esta particularidad ya lo llev\u00f3 una vez a una situaci\u00f3n peligrosa desde el punto de vista ideol\u00f3gico, cuando, en la \u00e9poca de la Guerra Mundial, este lento crecimiento org\u00e1nico no pudo seguir el ritmo de la tumultuosa evoluci\u00f3n de la historia, y Thomas Mann s\u00f3lo recuper\u00f3 el contacto con las corrientes democr\u00e1ticas de su tiempo con cierto retraso. Nos parece que la evoluci\u00f3n de Thomas Mann sigue amenazada hoy por un peligro similar. La superaci\u00f3n de estos elementos de experiencia y conocimiento, que proceden de un pasado m\u00e1s antiguo, se realiza muy lentamente, a veces a un ritmo org\u00e1nico, casi vegetal. Extrae las consecuencias de la nueva situaci\u00f3n mundial mucho m\u00e1s lentamente en t\u00e9rminos ideol\u00f3gicos y cr\u00edticos que en t\u00e9rminos pol\u00edticos y creativos. Ciertamente, en este libro tambi\u00e9n hay indicios de esa transformaci\u00f3n, de esa refundici\u00f3n. Hemos citado antes el interesante pasaje sobre el desarrollo del humanismo burgu\u00e9s m\u00e1s all\u00e1 de las costumbres burguesas. Y en su ensayo sobre Cervantes, escrito tras la llegada de Hitler al poder, encontramos ya un indicio de que Thomas Mann comienza a adoptar una postura m\u00e1s cr\u00edtica que hasta entonces, en particular hacia Nietzsche. Al final del ensayo, compara a Nietzsche con Don Quijote, y esta comparaci\u00f3n podr\u00eda llevar ocasionalmente a Thomas Mann a revisar toda su actitud hacia Nietzsche y, en relaci\u00f3n con ello, hacia los problemas del desarrollo alem\u00e1n en el siglo XIX. En el propio ensayo, esta comparaci\u00f3n es s\u00f3lo un atisbo. Pero es precisamente la evoluci\u00f3n org\u00e1nica de Thomas Mann la que puede dar al lector la esperanza de no quedarse con esta visi\u00f3n de conjunto.<\/p>\n\n\n\n

Es comprensible, de hecho casi inevitable, que la lucha antifascista de importantes humanistas burgueses se limitara al principio casi siempre a un ataque a la actividad pol\u00edtica inmediata de los nacionalsocialistas. La barbarie de Hitler era tan inaudita que, comparada con ella, toda etapa anterior del desarrollo alem\u00e1n aparec\u00eda como una era altamente civilizada, y el fascismo era visto como una ruptura radical con el pasado alem\u00e1n. Pero tarde o temprano los pensadores importantes del movimiento antifascista ya no se contentan con detenerse en la superficie inmediata de las manifestaciones del fascismo. Esta \u00faltima actitud no es m\u00e1s que una adaptaci\u00f3n cultural de la concepcpi\u00f3n del Tercer Reich como la dominaci\u00f3n de la burgues\u00eda y los trabajadores por una capa b\u00e1rbara y brutal de peque\u00f1oburgueses que entraron en c\u00f3lera. Pero tan pronto como el car\u00e1cter capitalista y monopolista del nacionalsocialismo queda claro para los antifascistas honestos y clarividentes, se les abre el camino, tambi\u00e9n culturalmente, para formarse una idea precisa de la relaci\u00f3n entre el fascismo y las tendencias reaccionarias del pasado.<\/p>\n\n\n\n

Este proceso ha comenzado en los \u00faltimos a\u00f1os. Por ello, el gran movimiento antifascista internacional comienza a emprender una cr\u00edtica de la cultura capitalista en general, y de la cultura del periodo imperialista en particular. Al hacerlo, ya est\u00e1 adoptando a veces una postura m\u00e1s cr\u00edtica hacia aquellos pensadores que antes eran venerados ciegamente, pero en los que ahora empezamos a ver tendencias reaccionarias y que conducen al fascismo. Los m\u00e1s eminentes representantes del frente antifascista se encuentran ahora en el dif\u00edcil y complicado proceso de revisar su propio bagaje ideol\u00f3gico. Entre ellos se encontraba Thomas Mann. No deber\u00eda sorprender que tambi\u00e9n para Mann una posici\u00f3n clara sobre cuestiones directamente pol\u00edticas precediera a una revisi\u00f3n filos\u00f3fica e hist\u00f3rica del pasado. Al contrario, deber\u00eda verse como una saludable oportunidad para la evoluci\u00f3n. Pues s\u00f3lo adoptando la postura creativa adecuada en relaci\u00f3n con el presente podremos tambi\u00e9n comprender con exactitud los entresijos del pasado.<\/p>\n\n\n\n

Los escritos de Thomas Mann aqu\u00ed analizados tambi\u00e9n deben considerarse productos de esa transici\u00f3n. Cuando comparamos su m\u00e9todo y sus resultados con las declaraciones pol\u00edticas aisladas y mucho m\u00e1s avanzadas de su autor, no olvidamos que la mayor\u00eda de estos ensayos fueron escritos antes de que Hitler tomara el poder, y que Thomas Mann ha recorrido un largo camino desde entonces. S\u00f3lo esperamos, en aras de la eficacia de la lucha antifascista, en aras de la cultura alemana, que tambi\u00e9n Thomas Mann sea cada vez m\u00e1s consciente de este desfase, que la cohesi\u00f3n org\u00e1nica tan hermosa que es la suya de todas las ideas, se perfeccione aline\u00e1ndose con sus puntos de vista m\u00e1s avanzados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Este texto es un pasaje \u2014cr\u00edtico, literario, hist\u00f3rico\u2014 y un intento de comprender una transici\u00f3n.<\/p>\n

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