{"id":51382,"date":"2024-12-25T18:14:35","date_gmt":"2024-12-25T17:14:35","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=51382"},"modified":"2024-12-25T18:15:46","modified_gmt":"2024-12-25T17:15:46","slug":"thomas-mann-nieve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2024\/12\/25\/thomas-mann-nieve\/","title":{"rendered":"Thomas Mann: \u00abNieve\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>Cinco veces por d\u00eda los ocupantes de las siete mesas manifestaban un descontento un\u00e1nime a causa del tiempo invernal. Se juzgaba que no se cumpl\u00edan m\u00e1s que insuficientemente los deberes del invierno en la alta monta\u00f1a, que no proporcionaba los recursos meteorol\u00f3gicos, a los cuales aquella esfera deb\u00eda su reputaci\u00f3n, en la medida garantizada por los folletos, y a los que los veteranos estaban habituados y los novicios hab\u00edan esperado encontrar. A menudo el sol se ocultaba, ese factor importante de curaci\u00f3n y sin el concurso del cual \u00e9sta se ve\u00eda inevitablemente retardada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensara lo que pensase el se\u00f1or Settembrini acerca de la sinceridad con que los huespedes de la monta\u00f1a trabajasen para su restablecimiento y deseasen su vuelta a la llanura, ellos reclamaban de todos modos lo que se les deb\u00eda, aquello a que ten\u00edan derecho por el dinero que pagaban, por el que pagaban sus parientes y esposos, y murmuraban en las conversaciones durante las comidas, en el ascensor y en el vest\u00edbulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n la direcci\u00f3n general comprend\u00eda que le incumb\u00eda tratar de remediar aquella situaci\u00f3n y compensarla con otras ventajas. Se admiti\u00f3 un nuevo aparato de \u00absol artificial\u00bb, porque los dos que ya se pose\u00eda no eran suficientes para atender las demandas de los que quer\u00edan broncearse artificialmente, lo que favorec\u00eda mucho a las jovencitas y a las mujeres y daba a los hombres, a pesar de su existencia horizontal, un aspecto magn\u00edfico de deportistas conquistadores. Incluso esa apariencia proporcionaba reales ventajas: las mujeres, aunque plenamente informadas sobre el origen t\u00e9cnico y el car\u00e1cter ficticio de esa virilidad, eran lo bastante tontas o astutas para dejarse embriagar y seducir por el espejismo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Dios m\u00edo -dec\u00eda la se\u00f1ora Schoenfeld, una enferma pelirroja, de ojos enrojecidos, procedente de Berl\u00edn-, Dios m\u00edo -dec\u00eda en el vest\u00edbulo a un caballero de largas piernas y de pecho hundido que, en su tarjeta de visita, redactada en franc\u00e9s, se presentaba como Aviateur dipl\u00f4m\u00e9 et enseigne de la marine Allemande, que se hallaba provisto de neumot\u00f3rax y que se pon\u00eda el esmoquin para la comida y se lo quitaba por la noche, asegurando que \u00e9ste era el uso de la marina-. \u00a1Dios m\u00edo! -dec\u00eda la se\u00f1ora, mirando golosamente al marino-, \u00a1que admirablemente bronceado est\u00e1 usted por el sol artificial! \u00a1Se dir\u00eda que es un cazador de \u00e1guilas!<\/p>\n\n\n\n<p>-Vaya con cuidado, ondina -murmur\u00f3 \u00e9l a su o\u00eddo, en el ascensor (y a ella se le puso la carne de gallina)-. \u00a1Usted me pagar\u00e1 sus miradas seductoras! -Y, por los balcones, por las mamparas de vidrio mate, el cazador de \u00e1guilas se uni\u00f3 a la ondina.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el sol artificial no compensaba la carencia del astro. Dos o tres bellos d\u00edas de sol por mes -d\u00edas que resplandec\u00edan con un profundo azul de terciopelo por encima de las cimas blancas, con un brillo de diamantes y una exquisita quemaz\u00f3n en la nuca de los hombres, disipando el gris de la bruma y sus espesos velos-, dos o tres d\u00edas despu\u00e9s de varias semanas, eran insuficientes para el estado de alma de las personas cuyo destino justificaba la excepcional serenidad de ser confortadas y que estaban en su fuero interno con un pacto en el que, a cambio de renunciar a los placeres y a los temores de la humanidad de la altiplanicie, les garantizaba una vida sin duda inerte pero completamente f\u00e1cil y agradable, despreocupada hasta la supresi\u00f3n del tiempo y favorecida bajo todos los aspectos.<\/p>\n\n\n\n<p>No era muy \u00fatil al consejero el recordar que, aun en esas condiciones, la vida en el Berghof estaba lejos de recordar la vida en una mina siberiana, y que las ventajas del aire de aquellas cumbres, raro y ligero, \u00e9ter por decirlo as\u00ed, pobre en elementos terrestres, en elementos malos o buenos, preservaba a los hu\u00e9spedes, incluso en la ausencia del sol, del humo y de las emanaciones de la llanura.<\/p>\n\n\n\n<p>El mal humor se difund\u00eda, las protestas se multiplicaban, las amenazas de partidas repentinas se hallaban a la orden del d\u00eda, y hasta ocurri\u00f3 que algunas se realizaron a pesar del ejemplo del regreso reciente y aflictivo de la se\u00f1ora Salomon, cuyo caso no hab\u00eda sido grave al principio, a pesar de que mejorase lentamente, pero que, a consecuencia de permanecer en las corrientes de aire y en la humedad de Amsterdam, se hab\u00eda convertido en incurable.<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar del sol, vino la nieve, la nieve en cantidad, en masas tan formidables que Hans Castorp no vio en su vida cosa semejante. El invierno pasado no hab\u00eda dejado nada que desear a este respecto, pero su rendimiento hab\u00eda sido muy d\u00e9bil en relaci\u00f3n con el nuevo. Por su cantidad monstruosa, desmesurada, la nieve contribu\u00eda a solidificar la conciencia del car\u00e1cter peligroso y exc\u00e9ntrico de aquella regi\u00f3n. Nevaba continuamente y durante noches enteras: una nieve fina, sin torbellinos, pero nevaba. Los raros senderos practicables parec\u00edan caminos encajados entre murallas de nieve m\u00e1s altas que un hombre, por ambos lados, con placas de alabastro agradables a la vista, resplandecientes, cristalinas y granulosas, que serv\u00edan a los pensionistas del Berghof para transmitir por escrito y por medio del dibujo toda clase de noticias, de bromas y de alusiones picarescas. Pero incluso entre esas murallas se marchaba sobre un espesor de nieve bastante considerable, a pesar de que se hab\u00eda cavado profundamente, y se daba uno cuenta de este espesor porque se hund\u00eda f\u00e1cilmente hasta la rodilla. Era preciso ir con mucho cuidado para no romperse una pierna. Los bancos hab\u00edan desaparecido. Alg\u00fan pedazo de respaldo emerg\u00eda en alg\u00fan punto de aquella tumba blanca. Abajo, en la aldea, el nivel de las calles se hab\u00eda modificado tan extra\u00f1amente que las tiendas se hab\u00edan convertido en s\u00f3tanos y se descend\u00eda desde la acera por medio de escalones tallados en la nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>Continuaba nevando sobre las masas ya amontonadas, con una temperatura media -diez a quince grados bajo cero- que se sent\u00eda poco, como si no se registrasen m\u00e1s que cinco o seis grados, a causa de la ausencia de viento y de la sequedad del aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la ma\u00f1ana reinaba mucha oscuridad y se desayunaba con la luz artificial de las l\u00e1mparas en forma de luna y alegremente coloreadas en las b\u00f3vedas. Afuera se hallaba la nada gris, el mundo sumido en un algod\u00f3n suave que se oprim\u00eda contra los vidrios como embalado en el vapor de la nieve y de la bruma. La monta\u00f1a era invisible; todo lo m\u00e1s se distingu\u00eda, a intervalos, alg\u00fan macizo de abetos cercano, que se encontraban cargados de nieve y se perd\u00edan r\u00e1pidamente en la bruma. De tiempo en tiempo, alg\u00fan pino hac\u00eda caer su nieve por exceso de peso y difund\u00eda un polvo blanco en el ambiente gris.<\/p>\n\n\n\n<p>A las diez, el sol aparec\u00eda como una humareda vagamente iluminada por encima de la monta\u00f1a; era una vida p\u00e1lida y fantasmal, un reflejo l\u00edvido del mundo sensible en la nada del paisaje desconocido. Todo permanec\u00eda disuelto en una delicadeza y en una palidez espectral; los contornos de las cimas se perd\u00edan, se cubr\u00edan de bruma y se disolv\u00edan en humo. Las extensiones de nieve, alumbradas por una luz p\u00e1lida, sum\u00edan la mirada en la uniformidad. Una nube iluminada, semejante a humo, flotaba largamente, sin cambiar de forma ante una pared rocosa.<\/p>\n\n\n\n<p>A mediod\u00eda, el sol atravesaba un poco la bruma y se esforzaba en disolver la niebla en el azul. Pero estaba lejos de conseguirlo, a pesar de que por unos momentos se columbrase un trocito azul de cielo y que ese poco de luz bastase para hacer brillar, con reflejos diamantinos, el paisaje deformado por la aventura de la nieve. A aquella hora cesaba generalmente de nevar, como para permitir una vista de conjunto del resultado obtenido, y los raros d\u00edas intermitentes de sol, cuando cesaban los torbellinos y el incendio pr\u00f3ximo del cielo se esforzaba en fundir la exquisita y pura superficie de la nieve nueva, parec\u00edan tambi\u00e9n perseguir el mismo objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto del mundo era m\u00e1gico, pueril y c\u00f3mico. Los gruesos almohadones, formados de copos como recientemente batidos, que reposaban sobre las ramas de los \u00e1rboles; los amontonamientos del suelo, bajo los cuales se disimulaban los arbustos y las rocas, el aspecto encogido, hundido, c\u00f3micamente disfrazado, del paisaje produc\u00eda todo un mundo de gnomos, como sacados de una colecci\u00f3n de cuentos de hadas. Pero si la escena en donde uno se mov\u00eda penosamente adquir\u00eda un aspecto fant\u00e1stico y barroco, los lejanos fondos despertaban impresiones de grandeza y de santidad: eran la arquitectura superpuesta de los Alpes cubiertos de nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la tarde, de dos a cuatro, Hans Castorp se hallaba tendido en su balc\u00f3n, muy bien empaquetado, la nuca apoyada contra el respaldo de su excelente chaise-longue, ni demasiado alta, ni demasiada baja, y miraba, por encima de la balaustrada almohadillada de nieve, el bosque y la monta\u00f1a. El bosque de pinos, de un verde negro cubierto de nieve, escalaba las vertientes; entre los \u00e1rboles, el suelo estaba en todas partes cubierto de nieve y en las alturas se elevaba la cresta rocosa, de un gris blancuzco, con inmensas extensiones de nieve que interrump\u00edan aqu\u00ed y all\u00e1 algunas rocas m\u00e1s sombr\u00edas y picachos que se perd\u00edan blandamente en las nubes.<\/p>\n\n\n\n<p>Nevaba dulcemente. Todo se confund\u00eda. La mirada se mov\u00eda dentro de una nada blanda, y se inclinaba f\u00e1cilmente al sue\u00f1o. Un estremecimiento acompa\u00f1aba al sopor, pero luego no hab\u00eda sue\u00f1o m\u00e1s puro que ese sue\u00f1o helado, sue\u00f1o que no estaba afectado por ninguna reminiscencia del peso de la vida, sue\u00f1o sin sue\u00f1os, porque la respiraci\u00f3n del aire rarificado, inconsistente y sin olor ya no pesaba sobre el organismo, lo mismo que la no respiraci\u00f3n del muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando le despertaban, la monta\u00f1a hab\u00eda desaparecido completamente dentro de la bruma de nieve, y s\u00f3lo por algunos minutos reaparec\u00edan algunos fragmentos, una cima, una arista rocosa, que se velaban luego r\u00e1pidamente. Ese juego silencioso de fantasmas resultaba divertido. Era preciso aplicar una atenci\u00f3n muy aguda para sorprender esa fantasmagor\u00eda de velas en sus transformaciones secretas. Salvaje y grandiosa, desprendi\u00e9ndose de la bruma, aparec\u00eda una cadena rocosa de la que no se ve\u00eda ni la cumbre ni la base, pero, por poco que la abandonasen los ojos, la visi\u00f3n desaparec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n\n<div class=\"double-picture my-12 lg:my-20\" \n    data-images-sizes=\"half\"\n    data-same-height=\"true\"\n    data-reference-image=\"left\"\n>    <!-- Images -->\n    <div class=\"lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <a \n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif02.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  \" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif02.jpg\" alt=\"\u00abRetour des Grands Mulets \u2014 Glacier des Bossons\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" >\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abRetour des Grands Mulets \u2014 Glacier des Bossons\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <a\n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif01.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  lg:!absolute lg:h-full lg:right-0 lg:left-2 overflow-hidden\" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif01.jpg\" alt=\"\u00abSilhouettes petites filles \u2014 Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" class=\"lg:!h-full object-cover\">\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abSilhouettes petites filles \u2014 Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n    <!-- Captions -->\n    <div class=\"hidden lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                    <figcaption>\u00abRetour des Grands Mulets \u2014 Glacier des Bossons\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">   \n                    <figcaption>\u00abSilhouettes petites filles \u2014 Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Algunas veces se desencadenaban tempestades de nieve que imped\u00edan permanecer en la galer\u00eda, porque los blancos torbellinos invad\u00edan el balc\u00f3n y cubr\u00edan todo el suelo y los muebles de una espesa capa, pues hab\u00eda tambi\u00e9n tempestades en aquel alto valle rodeado de monta\u00f1as. Aquella atm\u00f3sfera tan inconsistente se hallaba agitada por remolinos, se llenaba de un hervidero de copos y entonces no se ve\u00eda a un paso de distancia. R\u00e1fagas de una fuerza que cortaba la respiraci\u00f3n imprim\u00edan a la nieve un movimiento salvaje, la hac\u00edan girar oblicuamente, la impel\u00edan de abajo arriba, del fondo del valle hacia el cielo, y la hac\u00edan bambolear en una loca zarabanda. No era entonces una ca\u00edda de nieve, era un caos de oscuridad blanca, un monstruoso desorden, el fen\u00f3meno de una regi\u00f3n fuera de la zona moderada y en la cual s\u00f3lo el vuelo s\u00fabito de una bandada de p\u00e1jaros de las alturas pod\u00eda tener una direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Hans Castorp amaba aquella vida en la nieve. Se le aparec\u00eda semejante, en muchos aspectos, a la vida en las arenas del mar, pues la monoton\u00eda sempiterna del paisaje era com\u00fan a las dos esferas; la nieve, con su polvo profundo, inmaculado, desempe\u00f1aba aqu\u00ed el mismo papel que, all\u00e1 abajo, la arena de amarillenta blancura; su contacto no manchaba: se hac\u00eda caer de los zapatos y de los vestidos aquel polvo blanco y fr\u00edo como, all\u00e1 abajo, el polvo de la piedra y de las conchas del fondo del mar sin que dejase rastro alguno. La marcha por la nieve era penosa como un paseo a trav\u00e9s de las dunas, a menos que el ardor de sol la hubiese fundido superficialmente y la noche endurecido. Se marchaba entonces m\u00e1s ligera y m\u00e1s agradablemente que sobre un parqu\u00e9, con la misma facilidad y ligereza que sobre la arena lisa, firme, mojada y el\u00e1stica de la orilla del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este a\u00f1o se registraban ca\u00eddas aparatosas que limitaban para todos, a excepci\u00f3n de los esquiadores, las posibilidades de moverse al aire libre. Los limpianieves trabajaban, aunque apenas pod\u00edan desbrozar los senderos m\u00e1s frecuentados y la carretera de la estaci\u00f3n, de manera que los raros caminos que quedaban practicables y que terminaban r\u00e1pidamente en un callej\u00f3n sin salida se ve\u00edan muy frecuentados por gentes sanas y enfermas, por los ind\u00edgenas y por los hu\u00e9spedes de los hoteles internacionales. Los que iban en luge se met\u00edan por entre las piernas de los peatones, y los se\u00f1ores que, echados hacia atr\u00e1s, con las piernas hacia adelante, los tripulaban, lanzaban gritos de advertencia cuyo tono testimoniaba que eran conscientes de la importancia de su empresa. Resbalaban sobre sus peque\u00f1os trineos de juguete a lo largo de las vertientes, entrechocaban y volcaban para volver a subir enseguida cuando hab\u00edan llegado abajo, arrastrando, por medio de una cuerda, el juguete de moda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp estaba harto de esos paseos. Acariciaba dos deseos: el m\u00e1s fuerte era hallarse solo con sus pensamientos y sus ensue\u00f1os, deseo que hubiera podido satisfacer, aunque de un modo superficial, en su balc\u00f3n. El otro se hallaba unido al primero; era la necesidad de entrar en un contacto m\u00e1s libre con las monta\u00f1as cubiertas por la nieve, hacia la cual sent\u00eda simpat\u00eda, y ese deseo no pod\u00eda realizarse mientras fuese un peat\u00f3n desarmado y sin alas, pues inmediatamente se habr\u00eda hundido hasta el pecho en aquella blancura caso de haber intentado ir m\u00e1s all\u00e1 de los senderos usuales, abiertos con la pala, y a cuyo final se llegaba r\u00e1pidamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp decidi\u00f3, pues, un d\u00eda comprar unos esqu\u00edes en este segundo invierno que pasaba aqu\u00ed, y aprender a servirse de ellos en la medida que exig\u00eda la necesidad que experimentaba. No era un deportista, no lo hab\u00eda sido nunca, se hallaba falto de disposiciones f\u00edsicas; adem\u00e1s, no fing\u00eda serlo, como era el caso de numerosos hu\u00e9spedes del Berghof, que para adaptarse a los usos del lugar y de la moda, se disfrazaban tontamente, las mujeres especialmente, Herminia Kleefeld entre ellas, a quien, a pesar de que la asfixia mantuviese constantemente amoratada la punta de su nariz y el borde de sus labios, le gustaba aparecer en el comedor vestida con pantalones de lana y tenderse, despu\u00e9s de la comida, con las piernas separadas en uno de los sillones del vest\u00edbulo de un modo bastante inconveniente. Si Hans Castorp hubiese pedido la autorizaci\u00f3n del consejero para realizar su extravagante proyecto, hubiera seguramente encontrado una negativa. El deporte estaba absolutamente prohibido a la comunidad de enfermos, en el Berghof y en todos los establecimientos del mismo genero, pues la atm\u00f3sfera que en apariencia penetraba tan f\u00e1cilmente en los pulmones impon\u00eda a los m\u00fasculos del coraz\u00f3n extraordinarios esfuerzos, y en lo que se refer\u00eda a Hans Castorp, su observaci\u00f3n despreocupada sobre la \u00abcostumbre de no acostumbrarse\u00bb hab\u00eda permanecido plenamente en vigor, y la tendencia febril que Rhadamante atribu\u00eda a una mancha h\u00fameda, persist\u00eda obstinadamente. Si no hubiese sido as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 ten\u00eda que buscar aqu\u00ed? Su deseo y su proyecto eran, pues, contradictorios e inoportunos. Pero era necesario intentar comprenderle. Lo que le mov\u00eda no era la ambici\u00f3n de igualar a los imb\u00e9ciles que llevaban una vida al aire libre, ni a los deportistas por coqueter\u00eda que habr\u00edan puesto el mismo celo presuntuoso, si la moda lo hubiese exigido, en jugar a las cartas en una habitaci\u00f3n completamente cerrada. Se sent\u00eda, de un modo absoluto, miembro de otra comunidad mucho menos libre que el peque\u00f1o pueblo de turistas, y desde un punto de vista m\u00e1s amplio y m\u00e1s nuevo todav\u00eda, en virtud de una cierta dignidad distante que impon\u00eda la contestaci\u00f3n, experimentaba la sensaci\u00f3n de que no deb\u00eda obrar a la ligera como esas gentes y rodar por la nieve como un loco. No proyectaba realizar escapadas, ten\u00eda la intenci\u00f3n de conservar la medida, y Rhadamante hubiera podido permitirle eso sin mucha dificultad. Pero como preve\u00eda que se lo iba a prohibir a pesar de todo, en nombre del reglamento general, Hans Castorp decidi\u00f3 obrar a espaldas del consejero.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se present\u00f3 la ocasi\u00f3n comunic\u00f3 su proyecto a Settembrini, y \u00e9ste estuvo a punto de abrazarle de alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed, s\u00ed, naturalmente, ingeniero, \u00a1h\u00e1galo, por amor de Dios! No consulte a nadie y h\u00e1galo. \u00a1Es el \u00e1ngel de la guarda quien se lo ha inspirado! H\u00e1galo inmediatamente, antes de que haya perdido el saludable deseo. Ir\u00e9 con usted, le acompa\u00f1ar\u00e9 a la tienda inmediatamente para comprar esos benditos utensilios. Me gustar\u00eda poder acompa\u00f1arle a la monta\u00f1a, correr con usted con los esqu\u00edes alados en los pies, como Mercurio, pero no me lo permiten&#8230; \u00a1Eh, permitido! Lo har\u00eda aunque eso no me fuese \u00abpermitido\u00bb, pero no puedo hacerlo, soy un hombre perdido. Usted, en cambio&#8230;, eso no le har\u00e1 da\u00f1o, el menor da\u00f1o, si es usted razonable, si no abusa. Vamos, y aunque eso le hiciese un poco de da\u00f1o, de todos modos es un \u00e1ngel quien&#8230; No quiero decir nada m\u00e1s. \u00a1Qu\u00e9 excelente idea! \u00a1Se halla usted aqu\u00ed desde hace dos a\u00f1os y todav\u00eda es capaz de tener tales ideas! \u00a1Ah!, el fondo de usted es muy bueno, no tiene motivos para dudar de s\u00ed mismo. \u00a1Bravo, bravo! Usted se burla de su pr\u00edncipe de las sombras. Compre usted los esqu\u00edes, h\u00e1galos enviar a mi casa o a casa de Lukacek, o a casa del abacero. Usted vendr\u00e1 a buscarlos para ejercitarse y resbalar sobre la nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera lo hizo. En presencia de Settembrini, que se comport\u00f3 con inteligencia, a pesar de que no ten\u00eda noci\u00f3n alguna de deporte, Hans Castorp compr\u00f3, en una tienda especializada de la calle principal, un par de espl\u00e9ndidos esqu\u00edes de madera de fresno, barnizados de amarillo claro, con magn\u00edficas correas y puntas curvadas. Compr\u00f3 igualmente bastones. Con todo aquello sobre los hombros fue hasta la casa de Settembrini, en donde concert\u00f3 con el tendero las condiciones de dep\u00f3sito.<\/p>\n\n\n\n<p>Bastante enterado, por haber observado con frecuencia a los esquiadores, Hans Castorp comenz\u00f3 solo, lejos de los frecuentados terrenos de ejercicio, a realizar, lo mejor que pod\u00eda, el aprendizaje en una vertiente situada no lejos del sanatorio Berghof, y de cuando en cuando Settembrini iba a contemplarle, a cierta distancia, apoyado en su bast\u00f3n, cruzando graciosamente las piernas y saludando con exclamaciones los progresos del joven.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo iba bien hasta que un d\u00eda Hans Castorp, que se dirig\u00eda por uno de los senderos hacia Dorf para dejar los esqu\u00edes en casa del abacero, se encontr\u00f3 con Behrens. El consejero no le reconoci\u00f3, a pesar de que era pleno d\u00eda y que el principiante estuvo a punto de darse de narices con \u00e9l. El doctor se envolvi\u00f3 en una nube de su cigarro y pas\u00f3 de largo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp comprendi\u00f3 que r\u00e1pidamente adquir\u00eda la pr\u00e1ctica suficiente. No pretend\u00eda convertirse en un virtuoso. Lo necesario lo aprendi\u00f3 en el espacio de algunos d\u00edas sin cansarse ni sofocarse. Trataba de juntar los pies como es preciso y dejar surcos paralelos. Aprendi\u00f3 la manera de servirse del bast\u00f3n en la partida y franquear de un solo empuje, con los brazos elevados, los peque\u00f1os obst\u00e1culos, las peque\u00f1as prominencias, elev\u00e1ndose y hundi\u00e9ndose como un bloque en un mar agitado, y a partir de sus veinte sesiones ya no se ca\u00eda cuando, en plena carretera, frenaba a lo Telemark, con una pierna hacia adelante y doblando la rodilla de la otra. Poco a poco ampli\u00f3 el n\u00famero de sus ejercicios. Un d\u00eda Settembrini le vio desaparecer en medio de una niebla blanca y con las manos en forma de trompeta le envi\u00f3 un consejo prudente, y se retir\u00f3 sintiendo gran satisfacci\u00f3n en su coraz\u00f3n de pedagogo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo el signo del invierno el tiempo era bello en esa monta\u00f1a, pero era bello no de un modo dulce y agradable, sino de la misma manera que el desierto salvaje del mar del Norte es bello en los d\u00edas de un vigoroso viento del oeste. No hab\u00eda, en verdad, el retumbar de los truenos, ya que, por el contrario, reinaba un silencio de muerte que despertaba sentimientos muy afines al recogimiento. Las largas planchas flexibles de Hans Castorp le llevaban en muchas direcciones, a lo largo de la vertiente izquierda hacia Clavadell, o a la derecha pasando por delante de Frauenkirch y Glaris, detr\u00e1s de las cuales la sombra del macizo de Amselfluh se dibujaba entre la niebla; igualmente el valle de Dischma, o detr\u00e1s del Berghof, subiendo en direcci\u00f3n al bosque de Seehorn, cuya cima nevada se elevaba solitaria por encima del l\u00edmite de los \u00e1rboles del bosque de Drusatscha, detr\u00e1s del cual se columbraba la silueta p\u00e1lida de la cadena del Rhaetikon, cubierta de una nieve espesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hac\u00eda transportar con su esqu\u00edes de madera por el funicular hasta Schazalp y se paseaba tranquilamente all\u00e1 arriba, elevado a dos mil metros de altura, sobre los planos inclinados y los esplendores de una nieve polvorosa que, cuando el tiempo era claro, ofrec\u00eda una vista extensa y sublime sobre el paisaje de sus aventuras.<\/p>\n\n\n\n<p>Se alegraba de aquella conquista que remediaba su impotencia y que venc\u00eda casi todos los obst\u00e1culos. Le envolv\u00eda en la soledad deseada, en la soledad m\u00e1s profunda que puede imaginarse, en una soledad que llenaba el coraz\u00f3n de la lejan\u00eda distante de los hombres. Hab\u00eda all\u00ed, por ejemplo, a un lado, una garganta con abetos sumidos en la bruma de la nieve, y al otro sub\u00eda una vertiente rocosa con formidables masas de nieve, cicl\u00f3peas, curvas y gibosas, que formaban cavernas y calas. Cuando se deten\u00eda para no o\u00edrse a s\u00ed mismo, el silencio era absoluto y perfecto; una ausencia de sonidos inusitada, jam\u00e1s sentida, no existente en ning\u00fan otro sitio. Ning\u00fan soplo rozaba los \u00e1rboles, ni siquiera el m\u00e1s sutil del mundo; no hab\u00eda un solo murmullo, ni una sola voz de p\u00e1jaro. Era el silencio eterno lo que Hans Castorp espiaba cuando permanec\u00eda de pie, apoyado en su bast\u00f3n, con la boca abierta y la cabeza inclinada sobre el hombro, y dulcemente, sin descanso, la nieve continuaba cayendo, cayendo lentamente, sin ruido.<\/p>\n\n\n\n<p>No, ese mundo, en su silencio insondable no ten\u00eda nada de hospitalario; admit\u00eda al visitante a su propio riesgo y peligro; no le acog\u00eda, toleraba su intromisi\u00f3n, su presencia, de una manera poco tranquilizadora, sin responder de nada, y era la impresi\u00f3n de una amenaza muda y elemental, no de una hostilidad, sino de una indiferencia mort\u00edfera, lo que de aquellos parajes se desprend\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El hijo de la civilizaci\u00f3n, extra\u00f1o por su educaci\u00f3n y sus or\u00edgenes a aquella naturaleza salvaje, era m\u00e1s sensible a su grandiosidad que los rudos hijos que han tenido que contemplarla desde la infancia y que viven con ella en un plano de familiaridad banal y tranquila. Estos conocen apenas el temor religioso con que el otro, frunciendo el entrecejo, hace frente a la naturaleza, temor que influye en todas sus relaciones \u00edntimas con ella y mantiene constantemente en su alma una especie de sobresalto religioso y una emoci\u00f3n inquieta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp, con su chaqueta de pelo de camello de largas mangas, con sus bandas y sobre sus esqu\u00edes de lujo, comprend\u00eda que era muy temerario espiando as\u00ed ese silencio original de la naturaleza salvaje y silenciosamente mortal del invierno, y la impresi\u00f3n de alivio que experimentaba cuando, a su regreso, las primeras habitaciones humanas aparec\u00edan a trav\u00e9s de la atm\u00f3sfera velada, le hac\u00eda comprender su estado de esp\u00edritu anterior y le instru\u00eda sobre el terror secreto y sagrado que hab\u00eda dominado su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En Sylt, con pantalones blancos, seguro, elegante y respetuoso, hab\u00eda permanecido al borde de los formidables acantilados como delante de la jaula de un le\u00f3n, detr\u00e1s de cuyos barrotes la bestia feroz muestra su bocaza abierta, de terribles colmillos. Luego se hab\u00eda ba\u00f1ado, mientras un guardi\u00e1n preven\u00eda del peligro tocando la trompa para avisar a aquellos que, temerariamente, intentaban franquear la primera ola y aproximarse a la tempestad amenazadora, y el \u00faltimo chorro de la catarata ara\u00f1aba la nuca como un golpe de garra de la fiera. El joven hab\u00eda conocido en aquella regi\u00f3n la felicidad entusiasta de los ligeros contactos amorosos con las potencias que le hubieran destruido con su brazo. Pero lo que no hab\u00eda experimentado jam\u00e1s era la veleidad de llevar ese contacto embriagador con la naturaleza moral hasta el l\u00edmite del abrazo completo; era el deseo de arriesgarse, d\u00e9bil mortal, pero armado y suficientemente provisto por la civilizaci\u00f3n, hacia lo enorme y lo terrible, o al menos evitar, el mayor tiempo posible, la huida, corriendo en esa aventura el peligro de rozar el instante cr\u00edtico en que todo l\u00edmite ser\u00eda rebasado y en que ya no se tratar\u00eda de espuma o de un ligero golpe de zarpa, sino de la ola misma de las fauces del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>En una palabra: Hans Castorp daba muestras de valor all\u00e1 arriba, si hay que entender por valor ante los elementos, no la sangre fr\u00eda ante su presencia, sino un don consciente de s\u00ed mismo y una victoria, alcanzada por la simpat\u00eda hacia ellos, sobre el miedo a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSimpat\u00eda? En efecto, Hans Castorp experimentaba, dentro de su estrecho pecho civilizado, simpat\u00eda hacia los elementos, y a esa simpat\u00eda era debida la nueva conciencia que hab\u00eda adquirido de su propia dignidad al considerar la turba de deportistas de luge, lo mismo que era m\u00e1s conveniente y deseable para \u00e9l una soledad m\u00e1s profunda y m\u00e1s grande, menos c\u00f3moda que el balc\u00f3n de su hotel. Desde lo alto de su balc\u00f3n, hab\u00eda contemplado las cumbres sumidas en la niebla, la danza de las tempestades de nieve, y hab\u00eda sentido verg\u00fcenza, en el fondo de su alma, de permanecer espectador abrigado detr\u00e1s de la muralla de las comodidades. Por eso -y no por pretensi\u00f3n deportiva, ni por alegr\u00eda f\u00edsica y espont\u00e1nea- hab\u00eda aprendido a usar los esqu\u00edes. Si no se sent\u00eda en seguridad all\u00e1 arriba, en la grandiosidad y el silencio de muerte de este paisaje -y ese hijo de la civilizaci\u00f3n no se sent\u00eda en su elemento-, su esp\u00edritu y sus sentidos hab\u00edan ya de antemano trabado conocimiento con lo enorme y con lo extra\u00f1o. Una entrevista con Naphta y Settembrini no era mucho m\u00e1s tranquilizadora, llevaba igualmente fuera de los senderos abiertos y hacia los peligros m\u00e1s graves, y si se pod\u00eda hablar de una simpat\u00eda de Hans Castorp hacia el enorme salvajismo del invierno, es porque experimentaba, a pesar de su piadoso terror, que ese paisaje era la decoraci\u00f3n m\u00e1s conveniente para madurar los complejos de sus pensamientos, que era aqu\u00e9l un lugar indicado para alguien que, sin saber mucho de \u00e9l, se hallaba agobiado por la carga de \u00abgobernar\u00bb pensamientos que concern\u00edan al estado y a la posici\u00f3n del homo dei.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed no hab\u00eda nadie para prevenir al imprudente del peligro, tocando el cuerno, a menos que Settembrini hubiese sido ese hombre cuando con el caracol de sus manos ahuecadas hab\u00eda llamado a Hans Castorp que se alejaba. Pero el joven se sent\u00eda lleno de simpat\u00eda y de valor, no se preocupaba de la llamada que sonaba tras \u00e9l, de la misma manera que no se hab\u00eda preocupado de la llamada que hab\u00eda escuchado cierto d\u00eda de Carnaval: \u00abEh, Ingegnere, un po&#8217;di ragione, sa! Todav\u00eda t\u00fa, Satana-pedagogo con tu ragione y tu ribellione -pens\u00f3-. Por otra parte, te amo. Eres un charlat\u00e1n y un organillero, pero est\u00e1s lleno de buena intenci\u00f3n, de las mejores intenciones, y te amo m\u00e1s que al peque\u00f1o jesuita y terrorista, que al torturador y flagelador espa\u00f1ol con sus lentes relampagueantes, a pesar de que tenga casi siempre raz\u00f3n cuando disput\u00e1is; cuando os disput\u00e1is como pedagosos, mi pobre alma, como Dios y el diablo hac\u00edan con el hombre durante la Edad Media.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Con las piernas salpicadas de nieve, iba subiendo, apoy\u00e1ndose en los bastones, por una blanca altura cuyas extensiones, semejantes a sabanas, se extend\u00edan en planos cada vez m\u00e1s altos y conduc\u00edan no se sab\u00eda adonde. Parec\u00eda que no llevaban a ninguna parte. La regi\u00f3n superior se perd\u00eda en el cielo, que era tan blanco y brumoso como ellas y que no se pod\u00eda saber d\u00f3nde comenzaba. Ninguna cima, ninguna cresta eran visibles, era una nada brumosa hacia la cual Hans Castorp avanzaba; detr\u00e1s de \u00e9l, el mundo, el valle habitado por hombres, no tard\u00f3 en desaparecer igualmente ante su vista, y como ning\u00fan sonido llegaba ya de all\u00ed, su soledad, su aislamiento, se hicieron tan profundos, antes de que se diese cuenta, que llegaron hasta producirle espanto, que es la condici\u00f3n previa del valor. \u00abPraeterit figura hujus mundi\u00bb, se dijo a s\u00ed mismo en un lat\u00edn que no era el de un esp\u00edritu humanista. Esa expresi\u00f3n la hab\u00eda aprendido de Naphta. Se detuvo y se volvi\u00f3. Por ninguna parte se ve\u00eda nada, excepto algunos min\u00fasculos copos de nieve que, de la blancura de las alturas, descend\u00edan hacia la blancura de la tierra, y el silencio en torno era grandioso e imponente.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras su mirada chocaba por todas partes contra el vac\u00edo blanco que le cegaba, sinti\u00f3 c\u00f3mo, agitado por la subida, lat\u00eda su coraz\u00f3n, ese \u00f3rgano cuya forma hab\u00eda entrevisto tal vez con una audacia criminal, la forma animal y el mecanismo, entre los rel\u00e1mpagos crepitantes del gabinete de radioscopia. Y se sinti\u00f3 pose\u00eddo de una especie de emoci\u00f3n, de una simpat\u00eda simple y ferviente hacia su coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n del hombre, que late tan solitario en esas alturas, en el vac\u00edo, con sus preguntas y sus enigmas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sub\u00eda cada vez m\u00e1s arriba, hacia el cielo. A veces la parte superior de su bast\u00f3n de punta se hund\u00eda en la nieve y ve\u00eda brotar de la profundidad del agujero como una luz azul que persegu\u00eda al bast\u00f3n hasta que lo retiraba. Esto le divert\u00eda. Era una extra\u00f1a y delicada luz de las monta\u00f1as y de las profundidades, un azul verdoso, claro como el hielo y, sin embargo, sombr\u00edo y misteriosamente atractivo. Le hac\u00eda pensar en el color y en la luz de ciertos ojos, de los ojos oblicuos, de los de su destino, y que Settembrini hab\u00eda, desde el punto de vista humanista, calificado de hendiduras t\u00e1rtaras y de \u00abojos de lobo de la estepa\u00bb; de ojos que contempl\u00f3 en otro tiempo y que hab\u00eda indudablemente vuelto a encontrar, ojos de Hippe y de Clawdia Chauchat. \u00abCon mucho gusto -dijo a media voz en el silencio-. Pero no lo rompas. Il est \u00e0 visser, tu sais.\u00bb Y en pensamiento oy\u00f3, tras \u00e9l, elocuentes exhortaciones a ser razonable.<\/p>\n\n\n\n<p>A su derecha, a cierta distancia, el bosque se perd\u00eda en la bruma. Se volvi\u00f3 hacia aquella direcci\u00f3n para tener un objetivo terrestre ante sus ojos, en lugar de una trascendental blancura, y de pronto resbal\u00f3 sin haberse dado cuenta de un declive del suelo. La cegadora monoton\u00eda le hab\u00eda impedido reconocer la forma del terreno. No se ve\u00eda nada, todo se fund\u00eda ante sus ojos. Se presentaban obst\u00e1culos completamente imprevistos. Y se abandon\u00f3 a la vertiente, sin distinguir su grado de inclinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El bosque que le hab\u00eda atra\u00eddo se hallaba situado m\u00e1s all\u00e1 de la garganta a la cual hab\u00eda descendido sin darse cuenta. Su fondo, cubierto de una nieve blanda, se extend\u00eda por un lado de la monta\u00f1a, como pudo darse cuenta cuando sigui\u00f3 un instante en esa direcci\u00f3n. Las vertientes eran cada vez m\u00e1s elevadas por ambos lados, como un camino hundido, y el pliegue del terreno parec\u00eda conducir al seno de la monta\u00f1a. Luego las puntas de su veh\u00edculo se alzaron de nuevo, el terreno sub\u00eda, y pronto no hubo pared lateral por donde ascender. La carrera sin camino de Hans Castorp conduc\u00eda de nuevo, por una extensi\u00f3n abierta de monta\u00f1as, hacia el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Vio el bosque de pinos por un lado, detr\u00e1s y bajo de \u00e9l, tom\u00f3 esta direcci\u00f3n y lleg\u00f3 a una inclinaci\u00f3n r\u00e1pida. Los pinos cargados de nieve, que formaban una especie de vanguardia del bosque, ya no desaparec\u00edan dentro de la niebla, en la extensi\u00f3n libre. Bajo sus ramas se sent\u00f3 a descansar y fum\u00f3 un cigarrillo, con el alma un poco oprimida, angustiada por el silencio demasiado profundo, por aquella soledad, pero orgulloso de haberla conquistado con su valor, consciente de los derechos que su dignidad le daba sobre aquel paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Era por la tarde a eso de las tres. Inmediatamente despu\u00e9s de la comida se hab\u00eda puesto en camino, decidido a dejar una parte de la gran cura de reposo y la merienda, y con la intenci\u00f3n de hallarse de vuelta antes de la llegada de la noche. Se sinti\u00f3 feliz al pensar que ten\u00eda todav\u00eda ante \u00e9l algunas horas para correr libremente a trav\u00e9s de aquellos grandiosos parajes. Llevaba un poco de chocolate en el bolsillo del pantal\u00f3n y una botellita de oporto en el de la chaqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas pod\u00eda distinguir d\u00f3nde estaba el sol, pues la niebla era espes\u00edsima en torno suyo. Detr\u00e1s de \u00e9l, por el lado del valle, del \u00e1ngulo monta\u00f1oso que ya no se ve\u00eda, las nubes se iban oscureciendo y la niebla avanzaba cada vez m\u00e1s baja. Parec\u00eda que era nieve, que hab\u00eda que esperar a\u00fan m\u00e1s nieve para responder a alguna necesidad urgente, que se pod\u00eda esperar una verdadera tempestad de nieve. En efecto, los peque\u00f1os copos silenciosos ca\u00edan ya m\u00e1s abundantemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp avanz\u00f3 para recoger algunos sobre la manga de su chaqueta, y como naturalista aficionado los contempl\u00f3 con ojos expertos. Parec\u00edan min\u00fasculos trocitos informes, pero hab\u00eda tenido otros semejantes bajo su excelente lupa y sab\u00eda perfectamente de qu\u00e9 preciosos y precisos joyeles se compon\u00edan: estrellas y diamantes como el joyero m\u00e1s experto no hubiera podido conseguir. Aquel ligero polvo blanco que pesaba en masas sobre el bosque, cubr\u00eda su extensi\u00f3n y por encima del cual pasaban sus esqu\u00edes, era, a la verdad, muy diferente de la arena en que hac\u00eda pensar. Se sab\u00eda, en efecto, que no se compon\u00eda de granitos de piedra, sino de mir\u00edadas de part\u00edculas de agua, concentradas en una multitud uniforme y cristalina, parcelas de la sustancia inorg\u00e1nica que hac\u00eda surgir el plasma vital, el cuerpo de las plantas y del hombre, y entre esas mir\u00edadas de estrellas m\u00e1gicas, en su impenetrable esplendor sagrado, invisible, y en modo alguno destinado a la mirada humana, ninguna era semejante a la otra. Un ardor infinito de inventor en la transformaci\u00f3n y el desarrollo refinado de un solo y mismo tema fundamental, del hex\u00e1gono de lados y \u00e1ngulos, reinaba all\u00ed, pero, en ellos mismos, cada uno de esos fr\u00edos productos era de una uniformidad absoluta y de una regularidad glacial, y precisamente en esto estaba lo inquietante, lo antiorg\u00e1nico y lo hostil a la vida. Eran demasiado regulares, la sustancia organizada no llegaba jam\u00e1s a semejante grado, la vida repugnaba una precisi\u00f3n tan exacta que juzgaba mortal, era el misterio mismo de la muerte, y Hans Castorp cre\u00eda comprender por qu\u00e9 las construcciones de los tiempos de la antig\u00fcedad hab\u00edan expresamente y en secreto, previsto ciertas infracciones a la simetr\u00eda en la disposici\u00f3n de sus columnas.<\/p>\n\n\n\n\n<div class=\"double-picture my-12 lg:my-20\" \n    data-images-sizes=\"half\"\n    data-same-height=\"true\"\n    data-reference-image=\"left\"\n>    <!-- Images -->\n    <div class=\"lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <a \n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif10.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  \" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif10.jpg\" alt=\"\u00abChamonix vu des Grands Mulets \u2014 Gabrielle &amp; 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Se daba cuenta, con satisfacci\u00f3n, de su independencia alada, de su libre movimiento. No ten\u00eda ante \u00e9l ning\u00fan camino que se viese obligado a seguir, no ten\u00eda tampoco ninguno tras \u00e9l para llevarle al punto de donde hab\u00eda salido. Hab\u00eda visto, al principio, jalones plantados en la nieve, pero Hans Castorp no hab\u00eda tardado en liberarse intencionadamente de aquella tutela, porque todo aquello le hac\u00eda pensar en el hombre de la trompeta y no le parec\u00eda que armonizase con sus relaciones \u00edntimas con la grandiosa soledad salvaje del invierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de las alturas rocosas cubiertas de nieve, entre las cuales pas\u00f3 dirigi\u00e9ndose unas veces a la derecha y otras a la izquierda, se extend\u00eda un plano inclinado, despu\u00e9s un plano horizontal, y luego la alta monta\u00f1a cuyas gargantas y desfiladeros, muellemente almohadillados, parec\u00edan accesibles y tentadores.<\/p>\n\n\n\n<p>La atracci\u00f3n de las lejan\u00edas y de las alturas, de las soledades que aparec\u00edan continuamente, era muy fuerte en el coraz\u00f3n de Hans Castorp, y, aun corriendo peligro de que pasase demasiado tiempo, continuaba penetrando en el silencio salvaje, en lo extra\u00f1o, en la esfera peligrosa, sin preocuparse de que, de un momento a otro, su tensi\u00f3n y sus angustias pod\u00edan transformarse en un verdadero miedo ante el aspecto de la oscuridad prematura y creciente del cielo, que se extend\u00eda como una vela gris sobre la comarca. Aquel miedo le hizo comprender que, hasta aquel momento, se hab\u00eda esforzado secretamente en perder incluso el sentido de la orientaci\u00f3n, en olvidar en qu\u00e9 direcci\u00f3n se hallaban situados el valle y la aldea, y lo hab\u00eda conseguido completamente. Adem\u00e1s, pod\u00eda decirse que si retroced\u00eda inmediatamente y descend\u00eda siempre, lograr\u00eda alcanzar r\u00e1pidamente el valle, si no exactamente el Berghof. En este caso llegar\u00eda demasiado pronto, no habr\u00eda gastado todo su tiempo, mientras que si la tempestad de nieve le sorprend\u00eda, era, en efecto, probable que ya no podr\u00eda encontrar el camino de regreso. Pero rehusaba tomar prematuramente la huida a pesar de sentir el miedo, y el temor sincero de los elementos. Eso no era obrar como deportista, pues el deportista entabla la lucha con los elementos mientras se considera due\u00f1o de ellos; obra con prudencia, y lo cuerdo es ceder. Pero lo que pasaba en el alma de Hans Castorp se pod\u00eda designar con una palabra: \u00abreto\u00bb. Y, aunque esa palabra implica sentimientos censurables, incluso si la veleidad criminal que designa se halla unida a un miedo sincero, se pueden, sin embargo, comprender, por poco que se reflexione humanamente, que en el fondo del alma de un joven y de un hombre que ha vivido durante a\u00f1os a la manera de nuestro h\u00e9roe, se amalgaman muchas cosas, se acumulan y un d\u00eda u otro hacen explosi\u00f3n en un \u00ab\u00a1Vamos!\u00bb y en un \u00ab\u00a1All\u00e1 va!\u00bb espont\u00e1neos, llenos de una impaciencia exasperada; en una palabra: se traducen en un reto y en una negativa opuesta a la prudencia razonable. Y era de esta manera como iba con sus largos zapatos resbalando a lo largo de aquella vertiente. Subi\u00f3 luego sobre la altura que segu\u00eda y en la cual se elevaba, a alguna distancia, un chalet de madera, con el techo cargado de fragmentos de rocas, de cara a la monta\u00f1a siguiente y con la espalda erizada de pinos, tras los cuales las altas cimas se perd\u00edan en una bruma confusa. Delante de \u00e9l, la pared sembrada de algunos grupos de \u00e1rboles se elevaba a pico, pero hacia la derecha se le pod\u00eda dar la vuelta hasta la mitad por una pendiente moderada, para pasar detr\u00e1s de ella y ver lo que vendr\u00eda despu\u00e9s. Hans Castorp comenz\u00f3 por realizar esta exploraci\u00f3n, cuidadosamente, despu\u00e9s de lo cual, ya ante la plataforma del chalet, descendi\u00f3 a un barranco m\u00e1s profundo cuya vertiente se inclinaba a derecha e izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Acababa apenas de reanudar la subida, cuando -como hab\u00eda podido prever- la tormenta de nieve y la tempestad estallaron repentinamente; la tempestad de nieve, que hab\u00eda amenazado durante largo tiempo, se encontraba ya all\u00ed, si puede hablarse de \u00abamenaza\u00bb con referencia a esos elementos ciegos e ignorantes que no tienden en modo alguno a aniquilarnos (lo que por comparaci\u00f3n hubiese sido relativamente confortante), pues a esos elementos ciegos le son indiferentes, de la manera m\u00e1s extraordinaria, las consecuencias de su actuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Bueno! -pens\u00f3 Hans Castorp, y se detuvo cuando el primer golpe de viento pas\u00f3 a trav\u00e9s del espeso torbellino de nieve y lleg\u00f3 hasta \u00e9l-. \u00a1Ese viento es capaz de helar la m\u00e9dula!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y, en efecto, ese viento era de una especie completamente da\u00f1ina; el espantoso fr\u00edo que reinaba -unos veinte grados bajo cero- no era insensible y no parec\u00eda dulce m\u00e1s que cuando el aire desprovisto de humedad se hallaba tranquilo e inm\u00f3vil como de costumbre; pero inmediatamente que un golpe de viento lo agitaba, cortaba la carne como un cuchillo, y cuando ocurr\u00eda como ahora -pues el primer golpe de viento que hab\u00eda barrido la nieve no era m\u00e1s que un precursor- siete abrigos de piel no hubieran bastado para poner los huesos al abrigo de un espanto mortal y glacial. Hans Castorp no llevaba siete pieles, sino una camiseta de lana que en otras circunstancias le hab\u00eda sido suficiente y que incluso le hab\u00eda pesado al menor rayo de sol. Por otra parte, la borrasca le azotaba de lado y por la espalda, de manera que no era recomendable dar la vuelta y recibirla en plena cara, y como esa consideraci\u00f3n se mezclaba a su obstinaci\u00f3n y al \u00ab\u00a1Adelante, pues!\u00bb, decidido, el loco joven continu\u00f3 avanzando entre los abetos dispersos a fin de llegar al otro lado de la monta\u00f1a que se hallaba escalando.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no resultaba un placer, pues no pod\u00eda distinguir nada de la danza de los copos que, sin que se les viese caer, llenaban el espacio con su multitud densa y atorbellinada; las olas heladas que la atravesaban quemaban las orejas y produc\u00edan un dolor agudo, paralizaban los miembros y entorpec\u00edan las manos, de manera que ya no se sab\u00eda si uno llevaba o no en ellas el bast\u00f3n de punta de hierro. La nieve, por detr\u00e1s, penetraba por dentro de su cabello, se fund\u00eda a lo largo de la espalda, se posaba sobre sus hombros y cubr\u00eda todo su lado derecho. Le parec\u00eda que iba a convertirse en un mu\u00f1eco de nieve con su bast\u00f3n en la mano. Su situaci\u00f3n era insoportable, a pesar de las condiciones relativamente favorables. Por poco que se volviese la cosa ir\u00eda peor, y, sin embargo, el camino de regreso aparec\u00eda como una tarea dif\u00edcil que hubiese sido mejor emprender sin dilaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se detuvo, encogi\u00f3 los hombros con c\u00f3lera y volvi\u00f3 los esqu\u00edes. El viento contrario le cort\u00f3 inmediatamente la respiraci\u00f3n, de manera que realiz\u00f3, una vez m\u00e1s, aquella media vuelta complicada para recobrar alientos antes de hacer frente de nuevo, mejor preparado, al enemigo implacable. Con la cabeza baja y conteniendo prudentemente la respiraci\u00f3n, consigui\u00f3 ponerse en camino en la direcci\u00f3n opuesta, sorprendido, a pesar de que esperaba lo peor, por la dificultad de la marcha, debido principalmente a que estaba cegado y a que no consegu\u00eda respirar. A cada momento se ve\u00eda obligado a detenerse, primeramente para respirar al abrigo del hurac\u00e1n y luego porque, con la cabeza baja y los ojos contra\u00eddos no ve\u00eda nada en aquella oscuridad blanca y deb\u00eda ir con cuidado para no chocar contra los \u00e1rboles o no hundirse en los obst\u00e1culos. Los copos le golpeaban el rostro y se fund\u00edan sobre su cara, de manera que su piel se iba helando; se met\u00edan en su boca y se fund\u00edan con un sabor d\u00e9bilmente acuoso; volaban contra sus p\u00e1rpados, que se cerraban convulsivamente: inundaban sus ojos y le cortaban la visi\u00f3n, que por otra parte no le hubiese servido de nada porque el campo visual estaba velado por una cortina espesa y toda la cegadora blancura paralizaba el sentido de la vista. Cuando se esforzaba por ver, s\u00f3lo pod\u00eda mirar el torbellino de la nada blanca. De tiempo en tiempo emerg\u00edan fantasmas del mundo fenomenal: un macizo de pinos enanos, la vaga silueta del chalet ante el cual acababa de pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dej\u00f3 tras \u00e9l y se esforz\u00f3 en encontrar el camino de regreso m\u00e1s all\u00e1 de la altura en la que se elevaba el chalet. Pero no hab\u00eda camino. Conservar una orientaci\u00f3n, la orientaci\u00f3n aproximada de la casa y del valle, era m\u00e1s bien una cuesti\u00f3n de suerte que de inteligencia, porque si se consegu\u00eda ver la mano delante de los ojos, no se ve\u00edan ya las puntas de los esqu\u00edes y, aunque se hubiesen visto mejor, no por eso hubiese dejado de ser extraordinariamente dif\u00edcil el avanzar a causa de los obst\u00e1culos, con el rostro cubierto de nieve, el viento adverso que cortaba la respiraci\u00f3n, que imped\u00eda tanto aspirar como espirar, y que obligaba en todo momento a volverse de espaldas para recobrar el aliento. \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda continuar de ese modo? En lo que se refiere a Hans Castorp -y no hubiese sido distinto aunque se tratase de otro m\u00e1s fuerte que \u00e9l- se deten\u00eda, jadeaba, apretaba los p\u00e1rpados para expulsar el agua de sus pesta\u00f1as, daba golpes en el suelo para sacudirse la capa de nieve que hab\u00eda ca\u00eddo sobre \u00e9l, y ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que constitu\u00eda una presunci\u00f3n insensata el pretender avanzar en tales condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Hans Castorp avanzaba a pesar de todo, es decir, cambiaba de lugar. Pero cambiaba de lugar in\u00fatilmente, se mov\u00eda dentro de la buena direcci\u00f3n y no hubiese sido menos peligroso para \u00e9l permanecer donde estaba, pues esto parec\u00eda tambi\u00e9n absolutamente impracticable. La probabilidad te\u00f3rica inclinaba al sentido contrario y, pr\u00e1cticamente hablando, le pareci\u00f3 pronto a Hans Castorp que no segu\u00eda el buen camino, la altura llana que, subiendo del barranco, hab\u00eda ganado con gran trabajo y que se trataba ante todo de escalar nuevamente. La parte llana era demasiado corta y sub\u00eda ya de nuevo. Probablemente, el hurac\u00e1n, que ven\u00eda del suroeste de la regi\u00f3n, de la entrada del valle, le hab\u00eda desplazado del camino por medio de una furiosa presi\u00f3n contraria. Era un falso avance que le estaba agotando. A ciegas, envuelto en una noche blanca, iba penetrando con gran trabajo hacia adelante dentro de aquella amenaza indiferente.<\/p>\n\n\n\n<p>-Malo -murmur\u00f3 entre dientes, y se detuvo. No se expres\u00f3 de un modo m\u00e1s pat\u00e9tico, a pesar de que por un instante tuvo la sensaci\u00f3n de que una mano de hielo se tend\u00eda hacia su coraz\u00f3n, que se sobresalt\u00f3 y lati\u00f3 luego con golpes r\u00e1pidos, como el d\u00eda en que Rhadamante hab\u00eda descubierto en su pecho una mancha h\u00fameda. Comprend\u00eda que no ten\u00eda derecho a pronunciar palabras solemnes, puesto que era \u00e9l mismo quien hab\u00eda lanzado el reto, y que todo lo que la situaci\u00f3n ten\u00eda de inquietante a \u00e9l se deb\u00eda. \u00abNo est\u00e1 mal\u00bb, se dijo, y sinti\u00f3 que los m\u00fasculos que mov\u00edan su rostro ya no obedec\u00edan al alma y ya no eran capaces de expresar nada, ni temor, ni c\u00f3lera, ni desprecio, pues estaban helados. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hacer ahora?\u00bb Descender por aqu\u00ed, oblicuamente, y seguir ese saliente en l\u00ednea recta, exactamente contra el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>-Est\u00e1 m\u00e1s pronto dicho que hecho -dijo con palabra entrecortada, suspirando. Hablaba a media voz, al mismo tiempo que se pon\u00eda en marcha-. Es preciso hacer algo; no puedo sentarme y esperar, me ver\u00eda pronto cubierto por esas masas hexagonales y uniformes, y Settembrini, si se presentase con su peque\u00f1a trompa para buscarme, me encontrar\u00eda acurrucado aqu\u00ed, con los ojos vidriosos y un bonete de nieve puesto de trav\u00e9s sobre la cabeza. -Observ\u00f3 que hablaba consigo mismo y de una manera bastante extra\u00f1a. Se prohibi\u00f3, pues, hablar, pero volvi\u00f3 a empezar pronto, a pesar de que sus labios fuesen tan pesados que renunci\u00f3 a servirse de ellos y hablaba sin consonantes labiales, lo que le record\u00f3 una situaci\u00f3n ya antigua en la que le hab\u00eda ocurrido lo mismo-. C\u00e1llate y trata de avanzar -se dijo, y a\u00f1adi\u00f3-: Me parece que desvar\u00edas y que ya no tienes el cerebro muy claro; esto es grave desde todos los puntos de vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero que eso fuese grave desde el punto de vista de las probabilidades que ten\u00eda de escapar, constitu\u00eda una simple comprobaci\u00f3n cr\u00edtica que parec\u00eda proceder de un extra\u00f1o desinteresado aunque preocupado. Por su parte natural se hallaba muy inclinado a abandonarse a aquella confusi\u00f3n que quer\u00eda tomar posesi\u00f3n de \u00e9l con la fatiga creciente, pero se daba cuenta de esta tendencia y se deten\u00eda a meditar sobre ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs la conciencia alterada de alguien que se encuentra cogido en una tempestad de nieve y que no puede encontrar el camino -pensaba penosamente, y pronunciaba frases sin sentido, evitando por discreci\u00f3n expresiones m\u00e1s claras-. Las gentes que oyen referirlo luego se imaginan que es espantoso, pero olvidan que la enfermedad, y mi estado es en cierta manera una enfermedad, pone al hombre de modo que pueda entenderse con ella. Hay fen\u00f3menos de sensibilidad disminuida, aturdimientos bienhechores, expedientes naturales, s\u00ed, perfectamente&#8230; Pero es preciso combatirlos, pues tienen un doble aspecto, son equ\u00edvocos hasta el m\u00e1s alto grado seg\u00fan se les quiere apreciar. Son provechosos y bienhechores cuando el camino est\u00e1 perdido para siempre, pero son malhechores y muy peligrosos, por poco que se pueda pensar en encontrar el camino, como me pasa a m\u00ed, pues mi coraz\u00f3n, que late tumultuosamente, no piensa en modo alguno dejarse recubrir por esa cristalinometr\u00eda est\u00fapida y regular&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, se encontraba ya muy fatigado y combat\u00eda un principio de confusi\u00f3n en sus percepciones, de una manera tambi\u00e9n confusa y febril. No se asust\u00f3, como le hubiese pasado siendo hombre sano, cuando comprend\u00eda que se hab\u00eda desviado de nuevo de su camino llano, esta vez probablemente en el sentido de la vertiente de la meseta. Se dej\u00f3 resbalar, teniendo el viento oblicuo contra \u00e9l. A pesar de que, por el momento, comprend\u00eda que era mejor no moverse, el dejarse resbalar le parec\u00eda m\u00e1s c\u00f3modo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abYa lo arreglaremos -se dijo-, encontrar\u00e9 la buena direcci\u00f3n un poco m\u00e1s abajo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y es lo que hizo o crey\u00f3 hacer, o no crey\u00f3, o -lo que es m\u00e1s inquietante- comenzaba a serle indiferente el hacer o el no hacer. Tal era el efecto de las ausencias de esp\u00edritu equ\u00edvocas que no combat\u00eda m\u00e1s que d\u00e9bilmente. Esta mezcla de fatiga y de emoci\u00f3n, que formaba el estado ordinario y familiar de un pensionista cuya aclimataci\u00f3n consist\u00eda en no acostumbrarse, se hab\u00eda declarado tan netamente que ya no pod\u00eda hablarse de luchar por medio de la reflexi\u00f3n contra esas ausencias. Presa de v\u00e9rtigo, temblaba de embriaguez y de excitaci\u00f3n, poco m\u00e1s o menos como le hab\u00eda pasado despu\u00e9s de su conversaci\u00f3n con Naphta y Settembrini, pero infinitamente m\u00e1s fuerte; y as\u00ed se le ocurri\u00f3 justificar su pereza en la resistencia que opon\u00eda a esas ausencias so\u00f1olientas, con reminiscencias de ciertas discusiones, y, a pesar de su sublevaci\u00f3n despreciativa contra la idea de dejarse recubrir por aquellas masas uniformes y hexagonales, balbuceaba algo en s\u00ed mismo cuyo sentido o no sentido era el siguiente: el sentimiento del deber que incitaba a combatir esas p\u00e9rdidas de conocimientos sospechosos no era pura \u00e9tica, era una mezquina concepci\u00f3n burguesa de la existencia y la posici\u00f3n de un filisteo irreligioso. El deseo y la tentaci\u00f3n de tumbarse y de reposar asaltaban su esp\u00edritu bajo la forma siguiente: se dec\u00eda que era como cuando durante una tempestad de arena en el desierto los \u00e1rabes se tienden boca abajo y se envuelven la cabeza con el albornoz. S\u00f3lo el hecho de que no tuviese albornoz y de que no pudiese envolver su cabeza con la camiseta de lana le parec\u00eda una objeci\u00f3n de peso contra tal conducta, a pesar de que ya no era un ni\u00f1o y que por muchos relatos estaba enterado de c\u00f3mo se produce la muerte por el hielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de una partida a una velocidad media sobre un terreno m\u00e1s bien llano, subi\u00f3 de nuevo, y la vertiente era bastante r\u00e1pida. Era posible que no siguiese un camino falso, pues el que conduc\u00eda al valle deb\u00eda tambi\u00e9n subir a trechos, y en lo que se refiere al viento hab\u00eda cambiado, sin duda caprichosamente, pues Hans Castorp lo ten\u00eda de nuevo por la espalda y eso constitu\u00eda una ventaja. \u00bfEra la tempestad lo que le curvaba hacia adelante o era el declive velado por un crep\u00fasculo de nieve, blanco y tierno, el que ejerc\u00eda una atracci\u00f3n sobre su cuerpo? No hab\u00eda m\u00e1s que ceder, que abandonarse a aquella atracci\u00f3n, y la tentaci\u00f3n era grande, tan grande y peligrosa y t\u00edpica como ten\u00eda fama de ser. Pero esta noci\u00f3n no disminu\u00eda en nada su fuerza viva y efectiva. Aquella atracci\u00f3n se envolv\u00eda con derechos particulares, no quer\u00eda dejarse clasificar entre las premisas generales de la experiencia, no quer\u00eda reconocerse, se declaraba \u00fanica e incomparable en su existencia, aunque sin poder negar, es verdad, que era una inspiraci\u00f3n que emanaba de un cierto aspecto, una sugesti\u00f3n que proced\u00eda de un ser vestido de negro a la espa\u00f1ola, con una golilla redonda y plisada de una blancura de nieve, imagen a la que se un\u00edan toda clase de impresiones sombr\u00edas, jesu\u00edticas, hostiles a la humanidad, toda clase de recuerdos de torturas y de flagelaci\u00f3n, cosas por las que Settembrini sent\u00eda horror, por lo cual aparec\u00eda rid\u00edculo, con su organillo y su ragione&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Hans Castorp se comport\u00f3 valientemente y resisti\u00f3 a la tentaci\u00f3n de dejarse llevar. No ve\u00eda nada, luchaba y avanzaba; in\u00fatilmente o no, se esforzaba por su parte y cambiaba de lugar despreciando los lazos que le pesaban y con los cuales la tempestad de nieve ligaba cada vez m\u00e1s sus miembros. Como la subida era demasiado r\u00e1pida, se dirigi\u00f3 hacia un lado, sin darse mucha cuenta, y sigui\u00f3 as\u00ed durante alg\u00fan tiempo la vertiente. Abrir sus p\u00e1rpados convulsivos constitu\u00eda un esfuerzo cuya inutilidad hab\u00eda ya experimentado, lo que no le animaba mucho a repetirlo. Sin embargo, ve\u00eda de vez en cuando alguna cosa: abetos que se aproximaban, un riachuelo o un barranco cuya negrura se dibujaba entre los rebordes de nieve; y cuando, para cambiar descendi\u00f3 de nuevo por una vertiente, divis\u00f3 delante de \u00e9l, a alguna distancia, flotando libremente como barrida por velos confusos, una construcci\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Aspecto consolador! Hab\u00eda trabajado valientemente, a pesar de todos los obst\u00e1culos, hasta que hab\u00eda conseguido llegar a ver construcciones debidas a la mano del hombre, que le advert\u00edan que el valle habitado estaba pr\u00f3ximo. Tal vez hab\u00eda all\u00ed hombres, tal vez se podr\u00eda entrar en la casa y, bajo su techo, esperar el fin de la tormenta, y en caso de necesidad procurarse un compa\u00f1ero o un gu\u00eda, si la oscuridad natural llegaba en el intervalo. March\u00f3 hacia aquella cosa casi quim\u00e9rica y que a cada momento estaba a punto de desaparecer en la oscuridad de la hora. Tuvo que realizar todav\u00eda una ascensi\u00f3n agotadora contra el viento para alcanzarla, y se convenci\u00f3, una vez llegado all\u00ed, con sentimientos de indignaci\u00f3n, de sorpresa, de espanto y de v\u00e9rtigo, que era la choza ya conocida, el refugio de tejado cargado de piedras que despu\u00e9s de un sinf\u00edn de vueltas y a costa de los m\u00e1s atrevidos esfuerzos, hab\u00eda vuelto a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que diablo! Graves juramentos salieron de los labios r\u00edgidos de Hans Castorp, que omit\u00eda los sonidos labiales. Para orientarse dio la vuelta a la choza, ayud\u00e1ndose de su bast\u00f3n, y comprob\u00f3 que hab\u00eda llegado a ella de nuevo por detr\u00e1s y que, por consiguiente, durante una hora larga, seg\u00fan pod\u00eda calcular, se hab\u00eda entregado a la m\u00e1s pura y a la m\u00e1s in\u00fatil de las tonter\u00edas. Pero la cosa pasaba as\u00ed, as\u00ed pod\u00eda leerse en los libros. Daba vueltas, se imaginaba avanzar y describ\u00eda en realidad algunos vastos y est\u00fapidos c\u00edrculos que conduc\u00edan de nuevo al punto de partida como la enga\u00f1adora \u00f3rbita del a\u00f1o. De esa manera se extraviaba, de esa manera no se volv\u00eda m\u00e1s. Hans Castorp reconoci\u00f3 el fen\u00f3meno tradicional con una cierta satisfacci\u00f3n, porque la experiencia se hab\u00eda producido puntualmente en su propio caso particular, individual y presente.<\/p>\n\n\n\n\n<div class=\"double-picture my-12 lg:my-20\" \n    data-images-sizes=\"half\"\n    data-same-height=\"true\"\n    data-reference-image=\"left\"\n>    <!-- Images -->\n    <div class=\"lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <a \n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif07.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  \" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif07.jpg\" alt=\"\u00abLa caravane Lopp\u00e9 montant aux Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" >\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abLa caravane Lopp\u00e9 montant aux Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <a\n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif05.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  lg:!absolute lg:h-full lg:right-0 lg:left-2 overflow-hidden\" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif05.jpg\" alt=\"\u00abLeslie Stephen\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" class=\"lg:!h-full object-cover\">\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abLeslie Stephen\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n    <!-- Captions -->\n    <div class=\"hidden lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                    <figcaption>\u00abLa caravane Lopp\u00e9 montant aux Grands Mulets\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">   \n                    <figcaption>\u00abLeslie Stephen\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>El chalet desierto era inaccesible, la puerta estaba cerrada, no se pod\u00eda entrar por ning\u00fan lado. Hans Castorp decidi\u00f3, sin embargo, permanecer all\u00ed provisionalmente, pues el alero daba la ilusi\u00f3n de un cierto abrigo, y la choza misma, por el lado orientado hacia la monta\u00f1a, donde Hans Castorp se refugi\u00f3, ofrec\u00eda realmente una cierta protecci\u00f3n contra la tempestad cuando se apoyaba el hombro contra la pared, pues a causa de la longitud de los esqu\u00edes no era posible adosarse a ella. De lado, permanec\u00eda de pie, despu\u00e9s de haber hundido su bast\u00f3n al lado de \u00e9l en la nieve, las manos en los bolsillos, levantado el cuello de su camiseta de lana, y manteni\u00e9ndose en equilibrio sobre la pierna adelantada. Con los ojos cerrados dej\u00f3 reposar la cabeza, que le daba vueltas, contra el muro; no miraba m\u00e1s que de tiempo en tiempo por encima de su hombro m\u00e1s all\u00e1 del barranco, hacia la pared rocosa, al otro lado, que aparec\u00eda a veces borrosamente a trav\u00e9s del velo de nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>Su situaci\u00f3n era relativamente c\u00f3moda. \u00abSi es necesario podr\u00eda permanecer aqu\u00ed toda la noche -se dijo-, mientras cambie alternativamente de pie, me vuelva del otro lado y, naturalmente, me mueva un poco en los intervalos, lo que es indispensable. No quiere decir nada que exteriormente me sienta aterido; he acumulado calor interiormente gracias al ejercicio que he hecho y mi excursi\u00f3n no ha sido, por lo tanto, completamente in\u00fatil, a pesar de que me haya perdido y haya dado vueltas en torno a la caba\u00f1a&#8230; \u00abPerdido\u00bb, \u00bfde qu\u00e9 expresi\u00f3n acabo de servirme? No es en modo alguno necesaria, no corresponde a lo que me ha ocurrido, me he servido de ella de un modo completamente arbitrario, porque no tengo todav\u00eda la cabeza muy clara y, sin embargo, bajo cierto aspecto, es una palabra muy justa&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que puedo soportar todo eso, pues esta tormenta, ese hurac\u00e1n de nieve, este torbellino ca\u00f3tico pueden durar perfectamente hasta ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana y tal vez hasta la entrada de la noche; eso ser\u00eda muy grave, pues durante la noche el peligro de perderse es tan grande como en medio de la tempestad de nieve&#8230; Debe haberse hecho de noche, pues he perdido mucho tiempo dando vueltas. \u00bfQu\u00e9 hora ser\u00e1?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Busc\u00f3 con sus dedos ateridos y muertos y no le fue muy f\u00e1cil desenterrar del bolsillo su reloj de oro, con tapa y monograma, que dejaba o\u00edr su tictac, vivo y fiel a su deber, aqu\u00ed, en esta desolada soledad, semejante en eso a su coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n humano tan conmovedor en el calor org\u00e1nico de su t\u00f3rax.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran las cuatro de la tarde. \u00a1Que diablo!, era casi la misma hora que cuando la tempestad hab\u00eda comenzado. \u00bfPod\u00eda creer que hubiese corrido solamente durante un cuarto de hora?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl tiempo me ha parecido largo -pens\u00f3-. Eso de perderse es muy fastidioso, seg\u00fan parece. Pero como a las cinco o a las cinco y media ya es completamente de noche, es un hecho que subsiste. \u00bfCesar\u00e1 la tempestad lo suficientemente pronto para evitar que me pierda? Entretanto, podr\u00eda beber un trago de oporto para recuperar las fuerzas.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llevado aquella bebida de buen paladar \u00fanicamente porque se la encontraba en el Berghof, en botellas planas y porque la vend\u00edan a los excursionistas, sin que se hubiese pensado, en verdad, en los que contra la regla se perdiesen en la monta\u00f1a, en medio de la nieve y del fr\u00edo, y esperasen la noche en tales condiciones. Si su esp\u00edritu hubiese estado m\u00e1s l\u00facido hubiera podido decirse que, desde el punto de vista de las posibilidades de regreso, era lo peor que pod\u00eda beber.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad se lo dijo, pero despu\u00e9s de haber bebido algunos sorbos que le hicieron un efecto semejante al que le hab\u00eda producido la cerveza de Kulmbach la noche de su llegada, cuando, al hablar desordenadamente sobre salsas de pescado y otras cosas semejantes, produjo la sorpresa de Settembrini, el se\u00f1or Lodovico, el pedagogo, que con su mirada exhortaba a los locos que se dejaban llevar y del cual Hans Castorp o\u00eda precisamente la agradable llamada del cuerno a trav\u00e9s de los aires, signo de que el elocuente educador se aproximaba a marchas forzadas para sacar de aquella loca situaci\u00f3n al alumno preferido, al hijo mimado por la vida y para llevarle&#8230; Lo que naturalmente era absurdo y no proced\u00eda m\u00e1s que de la cerveza de Kulmbach que hab\u00eda bebido por distracci\u00f3n, pues, primeramente, Settembrini no ten\u00eda cuerno, no ten\u00eda m\u00e1s que su organillo apoyado sobre una pata de palo, y cuyos sonidos acompa\u00f1aba elevando hacia las casas sus ojos humanistas y, en segundo lugar, no sab\u00eda ni notaba absolutamente nada de lo que estaba pasando, puesto que ya no se encontraba en el sanatorio Berghof, sino en casa de Lukaceck, sastre-modista, en el peque\u00f1o desv\u00e1n de la botella de agua, sobre la celda de seda de Naphta, y ya no ten\u00eda derecho ni medios para intervenir, como en otro tiempo en la noche de Carnaval, cuando Hans Castorp se hab\u00eda encontrado en una posici\u00f3n tan loca y tan grave como \u00e9sta, cuando hab\u00eda devuelto a la enferma Clawdia Chauchat su l\u00e1piz, el l\u00e1piz de Pribislav Hippe&#8230; Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda ocurrido con su \u00abposici\u00f3n\u00bb? Para hallarse en una posici\u00f3n es preciso \u00abhallarse\u00bb en alg\u00fan sitio y no de pie, para que esa palabra adquiera su sentido justo y propio en lugar de un sentido puramente metaf\u00f3rico. La posici\u00f3n horizontal, era la que conven\u00eda a un miembro tan antiguo de la sociedad de aqu\u00ed arriba. \u00bfNo estaba acostumbrado a permanecer tendido a pleno aire, con nieve y fr\u00edo, tanto de noche como de d\u00eda? Y se dispuso a dejarse caer, cuando la conciencia le penetr\u00f3, le cogi\u00f3 en cierta manera por el cogote y le sostuvo de pie; por el hecho de que los balbuceos de su pensamiento sobre la \u00abposici\u00f3n\u00bb deb\u00edan ser igualmente atribuidos a la cerveza de Kulmbach, no proced\u00edan m\u00e1s que de su deseo impersonal, t\u00edpicamente peligroso, de tenderse y dormir, y que estaba ahora a punto de seducirle por medio de sofismas y de juegos de palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHe cometido una torpeza -confes\u00f3-. El oporto no estaba indicado; esos sorbos me han puesto excesivamente pesada la cabeza; me cae, por decirlo as\u00ed, sobre el pecho, y mis pensamientos no son m\u00e1s que divagaciones y bromas de mal gusto de las cuales no debo fiarme. No solamente los pensamientos que se me ocurren son dudosos, sino tambi\u00e9n las observaciones cr\u00edticas que hago sobre ellos, y \u00e9sta es la desgracia. Son crayon, es decir, \u00abEl l\u00e1piz de ella\u00bb, y no de \u00e9l; no se dice sa crayon porque el l\u00e1piz se halla en masculino, y todo lo dem\u00e1s no es m\u00e1s que una broma. Tampoco s\u00e9 por qu\u00e9 me fijo en eso, cuando, por ejemplo, deber\u00eda inquietarme mucho m\u00e1s el hecho de que mi pierna izquierda, sobre la cual me apoyo, recuerda de una manera sorprendente la pata de palo del organillo de Settembrini que empuja siempre delante de s\u00ed con la rodilla, sobre el empedrado, cuando se aproxima a la ventana y tiende su sombrero de terciopelo para que la muchachita le eche su moneda. Y al mismo tiempo me siento, en alg\u00fan modo, atra\u00eddo por manos inmateriales hacia la nieve, para tumbarme en ella. \u00danicamente el movimiento puede remediar eso. Es preciso que haga movimiento para castigarme por haber bebido cerveza de Kulmbach y para desentumecer mis piernas de madera.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Con un movimiento del hombro se separ\u00f3 de la pared. Pero apenas se hubo alejado, apenas hubo dado un paso, el viento le asalt\u00f3 con sus golpes de hoz y le rechaz\u00f3 hacia el abrigo del muro. Sin duda era aqu\u00e9l el lugar a que se ve\u00eda reducido y con el que deb\u00eda provisionalmente contentarse; y ten\u00eda la facultad de apoyarse, para cambiar, sobre el hombro izquierdo, sosteni\u00e9ndose sobre la pierna derecha y moviendo un poco la otra para reanimarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCon un tiempo semejante -se dijo- uno debe quedarse en casa. Puede uno concederse un poco de variaci\u00f3n, pero no hay que pretender nada nuevo, no hay que exponerse al viento. Permanece tranquilo y deja tu cabeza, puesto que est\u00e1 tan pesada. La pared es buena, las vigas son de madera y parece que se desprende incluso cierto calor, si aqu\u00ed puede hablarse de cuestiones de calor; un discreto calor natural que tal vez es una cosa subjetiva&#8230; \u00a1Ah, los \u00e1rboles! \u00a1Oh, ese vivo clima de los hombres vivos! \u00a1Que perfume&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Se hallaba en un parque, situado bajo el balc\u00f3n en el cual se encontraba sin duda de pie. Un vasto parque de un verdor lujuriante, con \u00e1rboles llenos de hojas, olmos, pl\u00e1tanos, hayas, abedules, ligeramente en la coloraci\u00f3n de sus hojas frescas, lustrosas, y cuyas cimas se hallaban agitadas por un ligero murmullo. Un aire delicioso, h\u00famedo, embalsamado por los \u00e1rboles, murmuraba. Pas\u00f3 un vaho caliente de lluvia, pero la lluvia estaba iluminada por las transparencias. Se ve\u00eda muy alto en el cielo el aire que brillaba lleno de gotitas de agua. \u00a1Qu\u00e9 bello era todo eso! \u00a1Oh, soplo del suelo natal, plenitud de la tierra baja, despu\u00e9s de una privaci\u00f3n tan larga! El aire estaba lleno de cantos de p\u00e1jaros, lleno de silbidos aflautados, de gorjeos y de sollozos de un dulce y gr\u00e1cil fervor, sin que un solo p\u00e1jaro fuese visible. Hans Castorp sonri\u00f3, respirando con agradecimiento. Y todo se iba haciendo m\u00e1s bello. Un arco iris se tend\u00eda oblicuamente por encima del paisaje, un arco completo y n\u00edtido, de un esplendor puro, de un resplandor h\u00famedo, con todos sus colores que, untuosos como aceite, resbalaban sobre el verdor espeso y reluciente. Era como una especie de m\u00fasica, como un sonido de arpas mezclado con flautas y violines. El azul y el violeta, sobre todo, resbalaban maravillosamente. Todo se fund\u00eda y se part\u00eda de un modo m\u00e1gico, se metamorfoseaba sin cesar, siempre m\u00e1s bellamente y de un modo m\u00e1s nuevo. Era como el d\u00eda, hac\u00eda ya muchos a\u00f1os, en que Hans Castorp fue a o\u00edr a un cantante famoso en el mundo entero, un tenor italiano cuya garganta vert\u00eda en el coraz\u00f3n de los hombres el consuelo de un arte lleno de gracia. Hab\u00eda atacado una nota aguda que fue bella desde el principio. Pero, poco a poco, de instante en instante, esa armon\u00eda apasionada se hab\u00eda ampliado, dilatado y desenvuelto, se hab\u00eda iluminado con una luz cada vez m\u00e1s resplandeciente. Uno a uno, los velos que primeramente no hab\u00eda percibido cayeron, hab\u00eda todav\u00eda uno que iba a terminar por descubrir la luz suprema y la m\u00e1s pura, y luego a\u00fan otro velo, y luego otro, excelso, que dejaba aparecer una profusi\u00f3n deslumbrante de esplendores ba\u00f1ados en l\u00e1grimas, y un sordo rumor reson\u00f3 entonces como una objeci\u00f3n o una contradicci\u00f3n, elev\u00e1ndose de aquella multitud, y el joven Hans Castorp se sinti\u00f3 sacudido por los sollozos. El azul lo invad\u00eda todo&#8230; Los velos l\u00edmpidos de la lluvia ca\u00edan: aparec\u00eda un mar, era el mar del sur, de un azul profundo, y saturado, brillante de luces de plata; una bah\u00eda maravillosa, abierta en una costa de una pendiente ligera, medio cercada de cadenas de monta\u00f1as de un azul cada vez m\u00e1s mate, sembrada de islas, en donde surg\u00edan palmeras, y sobre las cuales se ve\u00edan lucir peque\u00f1as casas blancas entre bosques de cipreses. \u00a1Oh, oh, basta! No merec\u00eda todo aquello. \u00a1Qu\u00e9 beatitud de luz, que profunda pureza del cielo, que frescura de agua soleada! Hans Castorp no hab\u00eda visto jam\u00e1s aquello ni nada semejante. Hab\u00eda visto r\u00e1pidamente algo del Mediod\u00eda con motivo de breves viajes de vacaciones. Conoc\u00eda el mar salvaje, el mar t\u00e9trico, y se hallaba unido a \u00e9l por sentimientos pueriles y vagos, pero no hab\u00eda llegado jam\u00e1s hasta el Mediterr\u00e1neo, hasta N\u00e1poles, hasta Sicilia o hasta Grecia, por ejemplo. Sin embargo, se acordaba. S\u00ed, cosa extra\u00f1a, volv\u00eda a ver, reconoc\u00eda todo aquello. \u00abS\u00ed, s\u00ed, es eso\u00bb, exclam\u00f3 una voz en \u00e9l, como si hubiese llevado consigo y sin saberlo desde siempre, ese bienaventurado azul soleado, como escondi\u00e9ndoselo a s\u00ed mismo. Y ese \u00abdesde siempre\u00bb era vasto, infinitamente vasto como el mar abierto a su izquierda, all\u00ed donde el cielo lo te\u00f1\u00eda de un matiz violeta tierno.<\/p>\n\n\n\n<p>El horizonte era alto, la extensi\u00f3n parec\u00eda subir, lo que proced\u00eda de que Hans Castorp ve\u00eda el golfo desde arriba, desde cierta altura. Las monta\u00f1as avanzaban en promontorio, coronadas de selvas, entraban en el mar, retroced\u00edan en semic\u00edrculo, desde el centro del paisaje hasta el lugar en que \u00e9l se hallaba sentado. Era una altura rocosa, con escalones de piedra caldeados por el sol. Delante de \u00e9l, la ribera descend\u00eda musgosa y pedregosa cubierta de malezas, hasta la arena en donde los guijarros formaban, entre los juncos de azules bayas, peque\u00f1os puertos y peque\u00f1os lagos. Y esa comarca soleada, y esas altas riberas de acceso f\u00e1cil, y esas charcas rientes, rodeadas de rocas, lo mismo que el mar cubierto de islas y de barcas que iban y ven\u00edan, todo estaba poblado. Hombres, hijos del sol y del mar, se mov\u00edan y reposaban, alegres y tranquilos; una bella y joven humanidad, a cuya vista el coraz\u00f3n de Hans Castorp se dilataba dolorosamente pleno de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>J\u00f3venes adolescentes luchaban con caballos, corr\u00edan al lado de los animales, que relinchaban y sacud\u00edan la cabeza, o bien los montaban sin silla, batiendo los talones desnudos contra los flancos de sus monturas, empuj\u00e1ndolos hacia el mar, mientras los m\u00fasculos de sus espaldas jugaban al sol bajo la piel bronceada, y los gritos que cambiaban o dirig\u00edan a sus animales ten\u00edan una especie de sonoridad m\u00e1gica. Al borde de una de las bah\u00edas donde las riberas se reflejaban como en un lago y que penetraban en el interior de la tierra, unas muchachas danzaban. Una de ellas, con los cabellos anudados en la nuca, ten\u00eda un encanto particular; se hallaba sentada, los pies metidos en un hoyo, y tocaba una flauta pastoril, con los ojos fijos, por encima de sus dedos m\u00f3viles, en sus compa\u00f1eras que, con largos vestidos flotantes, aisladas, los brazos abiertos y sonriendo, o por parejas, las sienes graciosamente juntas, bailaban, mientras, detr\u00e1s de la que tocaba la flauta, detr\u00e1s de su espalda blanca, larga, delicada, y que los movimientos de sus brazos hac\u00edan ondular, otras hermanas estaban sentadas o se manten\u00edan abrazadas y lo contemplaban todo hablando tranquilamente. M\u00e1s lejos, unos j\u00f3venes se ejercitaban en tirar con arco. Era una visi\u00f3n feliz y amable el ver c\u00f3mo los mayores ense\u00f1aban a los adolescentes inh\u00e1biles, de cabellos rizados, la manera de tender el arco apoyando sobre la flecha, verlos apuntar con sus disc\u00edpulos, sostenerlos cuando el choque de retroceso del arco vibrante les hac\u00eda tambalear riendo. Otros pescaban con ca\u00f1a, se hallaban tendidos boca abajo en las rocas llanas de la ribera y hund\u00edan la liza en el agua, charlando tranquilamente, con la cabeza vuelta hacia su vecino, que, con el cuerpo alargado en posici\u00f3n oblicua, lanzaba muy lejos su cebo. Otros estaban ocupados en empujar una barca hacia el mar, con sus m\u00e1stiles y vergas&#8230; Los ni\u00f1os jugaban en las rompientes. Una mujer joven, tendida en el suelo, miraba hacia atr\u00e1s; con una mano sosten\u00eda su vestido florido entre los senos, tendiendo la otra hacia un fruto rodeado de hojas que un hombre de estrechas caderas, de pie ante ella, le ofrec\u00eda y luego le negaba, moviendo su brazo tendido. Unos se hallaban adosados a las rocas, otros titubeaban junto al agua, tanteando con la punta del pie su temperatura, con los brazos cruzados y las manos sobre los hombros. Unas parejas se paseaban a lo largo de la orilla, y cerca de la oreja de la muchacha estaba la boca del que la acompa\u00f1aba familiarmente. Cabras de largos pelos saltaban de roca en roca, guardadas por un joven pastor que se hallaba sobre una eminencia, con una mano en la cadera y apoy\u00e1ndose con la otra en un bast\u00f3n, cubriendo con un sombrero su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Eso es encantador! -pens\u00f3 Hans Castorp-. \u00a1Es completamente encantador y atrayente! \u00a1Qu\u00e9 lindos, qu\u00e9 llenos de salud, qu\u00e9 inteligentes y felices! No son solamente bellos, sino tambi\u00e9n inteligentes e interiormente amables. Eso es lo que me impresiona y me enamora de ellos. El esp\u00edritu y el sentido inmanente de su ser, eso es lo que quiero decir. El esp\u00edritu con que se hallan reunidos y viven juntos.\u00bb Entend\u00eda por eso aquella gran afabilidad y las consideraciones iguales para todos que esos hombres del sol ten\u00edan en su comercio: un respeto ligero y velado con una sonrisa, que se demostraban los unos a los otros casi insensiblemente, y que, sin embargo, en virtud de una idea que se hab\u00eda hecho carne, era un lazo de esp\u00edritu que, manifiestamente, les un\u00eda a todos; una dignidad y una severidad que se resolv\u00edan en alegr\u00eda y que les guiaban en sus actos y en sus abstenciones como una influencia espiritual e inexpresable, de una gravedad en modo alguno sombr\u00eda y de una piedad razonable, a pesar de que no estuviese falta de una solemnidad ceremoniosa. Pues all\u00e1 abajo, sobre una piedra redonda y cubierta de musgo, se hallaba sentada una joven madre que hab\u00eda desabrochado sobre uno de los hombros su oscuro vestido y que satisfac\u00eda la sed de su peque\u00f1o. Y los que pasaban cerca de ella la saludaban de una manera particular, que resum\u00eda todo lo que quedaba tan expresivamente inexpresado en la conducta general de esos hombres: los j\u00f3venes volvi\u00e9ndose hacia la madre, cruzando ligeramente los brazos sobre su pecho e inclinando la cabeza con una sonrisa; las muchachas, con una genuflexi\u00f3n apenas iniciada, semejante al gesto del que pasa por delante de un altar. Pero, al mismo tiempo, le hac\u00edan cordiales, alegres y vivos signos con la cabeza, y esa mezcla de devoci\u00f3n ritual y de amistad, lo mismo que la lenta dulzura con la que la madre ayudaba al ni\u00f1o a mamar sin pena, apoyando el \u00edndice sobre su seno, elevando los ojos y dando las gracias con una sonrisa a los que le rend\u00edan homenaje, terminaron de encantar a Hans Castorp. No se cansaba de mirar y se preguntaba con angustia si ten\u00eda derecho a mirar, si el hecho de espiar aquella felicidad so\u00f1ada y civilizada no era reprensible para \u00e9l, que se sent\u00eda desprovisto de nobleza, feo y desgarbado.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda que dudar. Un bello efebo, cuya larga cabellera peinada hacia un lado avanzaba sobre su frente y le ca\u00eda sobre la sien, permanec\u00eda exactamente debajo de donde el se hallaba, con los brazos cruzados sobre el pecho, separado de sus compa\u00f1eros, ni triste ni melanc\u00f3lico, sino sencillamente separado de los dem\u00e1s. El adolescente le vio, elev\u00f3 la mirada hacia \u00e9l, y sus ojos pasaron de \u00e9l a las im\u00e1genes de la arena y volvieron luego a posarse sobre el que espiaba. Pero, de pronto, mir\u00f3 por encima de su cabeza a la lejan\u00eda e inmediatamente la sonrisa de cortes\u00eda fraternal y amable, que era com\u00fan a todos, desapareci\u00f3 de su bello rostro infantil, de l\u00edneas severas, sin que frunciese las cejas, y una gravedad apareci\u00f3 en su semblante, una gravedad de piedra, sin expresi\u00f3n, insondable, algo firme y mortal, que impresion\u00f3 a Hans Castorp, que acababa apenas de tranquilizarse despu\u00e9s de haber sentido un espanto p\u00e1lido cuya oscura significaci\u00f3n present\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n volvi\u00f3 la cabeza&#8230; Potentes columnas sin base, hechas de bloques cilindricos, en las hendiduras de las cuales crec\u00eda el musgo, se elevaban detr\u00e1s de \u00e9l; eran las columnas del p\u00f3rtico de un templo sobre cuyos escalones se hallaba sentado. Con el coraz\u00f3n palpitante se puso en pie, subi\u00f3 los pelda\u00f1os por un lado y penetr\u00f3 en el profundo p\u00f3rtico, continuando su marcha por una v\u00eda empedrada que le dio inmediatamente acceso a un nuevo recinto. Lo atraves\u00f3 y delante de \u00e9l vio el templo enorme, verdoso y ro\u00eddo por el tiempo, con un frontispicio ancho que reposaba sobre capiteles de potentes columnas, casi chatas, pero que se adelgazaban en lo alto, y del conjunto de las cuales surg\u00eda un bloque redondeado. Con trabajo, ayud\u00e1ndose de sus manos y suspirando, pues el coraz\u00f3n estaba a cada momento m\u00e1s angustiado, Hans Castorp subi\u00f3 los altos escalones y lleg\u00f3 a la selva de columnas. \u00c9sta era muy profunda y pase\u00f3 por ella como entre los troncos del bosque de cedros, evitando el centro. Pero volv\u00eda siempre y se encontr\u00f3 en un lugar donde las hileras de columnas se separaban ante un grupo de estatuas, de dos figuras de mujer talladas en piedra, sobre un z\u00f3calo, al parecer la madre y la hija: una sentada, de m\u00e1s edad, m\u00e1s digna, muy clemente y divina, pero con los p\u00e1rpados tristes sobre sus ojos vac\u00edos y sin pupilas, envuelto en una t\u00fanica de pliegues, cubiertos con un velo sus cabellos ondulados de matrona: la otra de pie, enlazada maternalmente por la primera, con un rostro redondo de muchacha, los brazos y las manos juntos y ocultos entre las ondas de su pelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras Hans Castorp contemplaba el grupo, su coraz\u00f3n, por oscuras razones, se hac\u00eda m\u00e1s pesado, m\u00e1s angustiado, m\u00e1s cargado de presentimientos. Apenas se atrev\u00eda -y era preciso, sin embargo-, a rodear esas figuras para franquear, tras ellas, la segunda doble hilera de columnas; la puerta de bronce del santuario estaba abierta y las rodillas del desgraciado vacilaron ante el espect\u00e1culo que descubri\u00f3 su vista. Dos mujeres de cabellos grises, medio desnudas, de senos colgantes y pezones tan largos como dedos, se entregaban all\u00e1 dentro, ante las llamas del brasero, a espantosas manipulaciones. Sobre una cr\u00e1tera descuartizaban a un ni\u00f1o, lo descuartizaban en medio de un silencio salvaje, con sus manos -Hans Castorp ve\u00eda los finos cabellos rubios manchados de sangre- y devoraban los pedazos haciendo crujir los peque\u00f1os huesos dentro de sus bocas, mientras la sangre rezumaba por sus espantosos labios. Un estremecimiento helado inmoviliz\u00f3 a Hans Castorp. Quiso taparse los ojos con las manos pero no lo consigui\u00f3. Quiso huir y no pudo. Ellas, que le hab\u00edan visto, sin suspender su abominable trabajo, agitaron sus pu\u00f1os ensangrentados y le injuriaron sin voz, con la mayor groser\u00eda, en t\u00e9rminos obscenos, y eso en el idioma del pa\u00eds de Hans Castorp. Se sinti\u00f3 mal, peor que nunca. Desesperadamente quiso huir de aquel lugar y, al hacer un esfuerzo, cay\u00f3 junto a la columna. Con los o\u00eddos llenos de aquellas horribles palabras, se encontr\u00f3 apretado contra la caba\u00f1a, ca\u00eddo en la nieve, con la cabeza apoyada y los esqu\u00edes tendidos delante de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No se hallaba, sin embargo, verdaderamente despierto: parpade\u00f3 \u00fanicamente satisfecho de haberse desembarazado de aquellas atroces arp\u00edas, pero no distingu\u00eda claramente -ni se preocupaba mucho- si estaba apoyado en una columna del templo o en una caba\u00f1a, y su sue\u00f1o continuaba en cierto modo, no ya en im\u00e1genes, sino en pensamientos, de una manera no menos atrevida y extra\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe parece que se trata de un sue\u00f1o -murmur\u00f3 para s\u00ed mismo-. Sue\u00f1o, a la vez encantador y espantoso. En el fondo, ya lo he sabido siempre y todo ha sido concepci\u00f3n m\u00eda, el parque y la bella humedad, y lo que ha seguido, tanto lo bello como lo feo, ya lo sab\u00eda por adelantado. \u00bfPero c\u00f3mo se puede saber y construir una cosa semejante, tan encantadora y espantosa? \u00bfDe d\u00f3nde he sacado yo ese bello golfo sembrado de islotes y luego el recinto del templo hacia el cual me han dirigido las miradas de ese adolescente que se hallaba solo? No se sue\u00f1a \u00fanicamente con su propia alma, seg\u00fan me parece, se sue\u00f1a de un modo an\u00f3nimo y colectivo, aunque con su propia materia. La gran alma de la cual t\u00fa no eres m\u00e1s que una part\u00edcula, suena a trav\u00e9s de ti, a tu manera, cosas que en secreto sue\u00f1a siempre de nuevo -de su juventud, de su esperanza, de su felicidad, de su paz&#8230; y de su escenario sangriento-. Heme aqu\u00ed apoyado en mi columna, y tengo todav\u00eda en mi cuerpo los verdaderos vestigios de mi sue\u00f1o, el escalofr\u00edo glacial que he experimentado ante la escena sangrienta y tambi\u00e9n la alegr\u00eda del coraz\u00f3n, la alegr\u00eda que experiment\u00e9 delante de la felicidad y los piadosos usos de la humanidad blanca. Me corresponde, lo afirmo, me corresponde por derecho el encontrarme tendido aqu\u00ed y so\u00f1ar tales cosas. He aprendido mucho, entre las gentes de aqu\u00ed, sobre la sinraz\u00f3n y la raz\u00f3n. Me he perdido con Naphta y Settembrini en las monta\u00f1as m\u00e1s peligrosas. S\u00e9 todo lo del hombre, he escrutado su carne y su sangre, he restituido a la enferma Clawdia Chauchat el l\u00e1piz de Pribislav Hippe. Pero quien conoce el cuerpo conoce la vida y conoce la muerte. Y eso no es todo, a lo m\u00e1s un principio, si uno se coloca desde el punto de vista pedag\u00f3gico. Es preciso a\u00f1adir el otro aspecto, el reverso. Pues, por inter\u00e9s que se siente hacia la muerte y la enfermedad, no es m\u00e1s que una forma del inter\u00e9s que se experimenta por la vida, como lo demuestra la facultad humanista de la medicina, que se dirige en un lat\u00edn tan cort\u00e9s a la vida y a la enfermedad y que no es m\u00e1s que una variedad de esa \u00fanica, de esa grande y anhelante preocupaci\u00f3n que quiero llamar con toda simpat\u00eda por su nombre: es el hijo mimado de la vida, es el hombre, su estado y su posici\u00f3n&#8230; Los conozco bastante bien: he aprendido mucho entre esas gentes de aqu\u00ed arriba, he subido muy alto por encima del pa\u00eds llano, hasta el punto de haber perdido casi el aliento; pero desde la base de mi columna disfruto de una vista que no me parec\u00eda mala&#8230; He so\u00f1ado sobre el estado del hombre y su cort\u00e9s comunidad, inteligente y respetuosa, detr\u00e1s de la cual se desarrolla en el templo la espantosa escena sangrienta&#8230; \u00a1Qu\u00e9 corteses y encantadores eran esos hombres del sol, teniendo en el fondo esa cosa atroz! Sacan de ella una conclusi\u00f3n sutil y muy galante. Quiero, con toda mi alma, quedarme con ellos y no con Naphta, como tampoco con Settembrini: los dos son unos charlatanes. El uno es sensual y perverso, y el otro no toca nunca m\u00e1s que el peque\u00f1o cuerno de la raz\u00f3n y se imagina que puede llevar a ella incluso a los locos. \u00a1Qu\u00e9 falta de gusto! Es el esp\u00edritu primario y la \u00e9tica pura, es la irreligi\u00f3n; completamente de acuerdo. Pero tampoco quiero, en modo alguno, pasarme al partido del peque\u00f1o Naphta, a su religi\u00f3n, que no es m\u00e1s que un guazzabuglio de Dios y del diablo, del bien y del mal, buena para el individuo que se tire de cabeza a fin de hundirse m\u00edsticamente en lo universal. \u00a1Qu\u00e9 dos pedagogos! Sus disputas y sus desacuerdos no son en ellos mismos m\u00e1s que un guazzabuglio y un confuso estr\u00e9pito de batalla que no puede aturdir a quien tenga el cerebro libre y el coraz\u00f3n piadoso. \u00a1Y ese problema de la aristocracia con su nobleza! Vida o muerte, enfermedad, salud, esp\u00edritu y naturaleza, \u00bfson contrarios? \u00bfSon eso problemas? No, no son problemas, y el problema de su nobleza no es un problema. Lo irrazonable de la muerte se desprende de la vida; si no, la vida no ser\u00eda vida, y la posici\u00f3n del homo dei se halla en el centro, con la falta de raz\u00f3n y con la raz\u00f3n, de la misma manera que su posici\u00f3n est\u00e1 entre la comunidad m\u00edstica y el individualismo inconsciente. Eso es lo que veo desde mi columna. En esta posici\u00f3n es preciso tener con uno mismo relaciones refinadas, galantes y amablemente respetuosas, pues uno solo es noble y los contrarios no lo son. El hombre es el due\u00f1o de las contradicciones, \u00e9stas existen gracias a \u00e9l y, por consiguiente, es m\u00e1s noble que ellas. M\u00e1s noble que la muerte, demasiado noble para ella, y \u00e9sa es la libertad de su cerebro. M\u00e1s noble que la vida, demasiado noble para ella, y eso es la piedad de su coraz\u00f3n. He rimado un sue\u00f1o po\u00e9tico sobre el hombre. Quiero acordarme, quiero ser bueno. \u00a1No quiero conceder a la muerte ning\u00fan poder sobre mis pensamientos! Pues en eso consiste la bondad y la caridad, y en nada m\u00e1s. La muerte es una gran potencia. Uno se descubre y anda a paso r\u00edtmico sobre la punta de los pies, ante su proximidad. Lleva la golilla de ceremonia del pasado y se viste severamente de negro en su honor. La raz\u00f3n es tonta ante la muerte, pues no es nada m\u00e1s que virtud, mientras que la muerte es libertad, la falta de raz\u00f3n, la ausencia de forma y la voluptuosidad. La voluptuosidad, dice mi sue\u00f1o, no el amor&#8230; \u00a1La muerte y el amor es una mala rima, un mal gusto, una falsedad! El amor hace frente a la muerte; \u00e9l solo, no la virtud, es m\u00e1s fuerte que ello. \u00c9l solo, no la virtud, inspira buenos pensamientos. La forma tambi\u00e9n s\u00f3lo est\u00e1 hecha de amor y de bondad, la forma y la civilizaci\u00f3n de una comunidad inteligente y amistosa, y de un bello listado humano -con el sobrentendido discreto de la escena sangrienta-. \u00a1Eso ha sido so\u00f1ado con claridad y bien \u00abgobernado\u00bb! Quiero reflexionar. Quiero conservar en mi coraz\u00f3n mi fe en la muerte, pero quiero acordarme claramente que la fidelidad a la muerte y al pasado no es m\u00e1s que vicio, voluptuosidad sombr\u00eda e inhumana, cuando dirige nuestros pensamientos y nuestra conducta. El hombre no debe dejar que la muerte reine sobre sus pensamientos en nombre de la bondad y del amor. Y pensando esto, yo, Hans Castorp, el hijo mimado de la vida, me despierto&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAs\u00ed he seguido mi sue\u00f1o hasta el final. Desde hace tiempo buscaba esa palabra: en el lugar en que Hippe se me apareci\u00f3, en mi balc\u00f3n y por todas partes. Mis investigaciones me llevaron luego a las monta\u00f1as cubiertas de nieve. Ahora la poseo. Mi sue\u00f1o me lo ha revelado claramente, de manera que ya lo s\u00e9. S\u00ed, estoy encantado y animado. Mi coraz\u00f3n late con fuerza y sabe por qu\u00e9. No late solamente por razones f\u00edsicas, no late por la misma raz\u00f3n que las u\u00f1as de un cad\u00e1ver contin\u00faan creciendo, late humanamente, y en verdad se siente feliz. Es un libro esa palabra de sue\u00f1o, mejor que el oporto y la cerveza, y me circula por las venas como el amor y la vida, y por eso no deseo arrancarme a mi sue\u00f1o y a mi so\u00f1ar, sue\u00f1o que, como s\u00e9, pone en grave peligro mi vida joven&#8230; \u00a1Abiertos, abiertos! \u00a1Los ojos abiertos! \u00a1Esos son tus propios miembros, tus pies en la nieve! \u00a1Rec\u00f3gelos y ponte en pie! \u00a1Toma..! \u00a1Hace buen tiempo!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Era terriblemente dif\u00edcil la liberaci\u00f3n de los lazos que le reten\u00edan y que intentaban mantenerle en el suelo, pero el empuje que hab\u00eda tomado era m\u00e1s fuerte. Hans Castorp se apoy\u00f3 en un codo, tendi\u00f3 en\u00e9rgicamente las rodillas, tir\u00f3, se apoy\u00f3 y se puso en pie. Pisote\u00f3 las nieves con sus plantas, se golpe\u00f3 los brazos y sacudi\u00f3 los hombros, lanzando animadas miradas curiosas por todas partes y hacia el cielo, en donde un azul p\u00e1lido aparec\u00eda entre los velos sutiles de las nubes de un gris azul que resbalaba suavemente y que descubr\u00edan los delgados cuernos de la luna.<\/p>\n\n\n\n<p>Ligero crep\u00fasculo. \u00a1Nada de tempestad de nieve! La pared rocosa del otro lado con su espalda erizada de pinos, era visible plenamente y reposaba en paz. La sombra sub\u00eda hasta media altura y la otra mitad se hallaba delicadamente iluminada de rosa. \u00bfQu\u00e9 pasaba, c\u00f3mo se comportaba, pues, el mundo? \u00bfEra por la ma\u00f1ana? \u00bfHab\u00eda pasado Hans Castorp la noche en la nieve, sin morir de fr\u00edo, como ocurr\u00eda siempre, seg\u00fan pod\u00eda leerse en los libros? Ninguno de sus miembros estaba muerto, ninguno se romp\u00eda con un ruido seco, mientras \u00e9l se debat\u00eda, se mov\u00eda y se esforzaba en reflexionar sobre su situaci\u00f3n. Sus orejas, las puntas de sus dedos, los dedos de sus pies estaban entumecidos sin duda, pero nada m\u00e1s, cosa que ya le hab\u00eda ocurrido con frecuencia cuando permanec\u00eda tendido en el balc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Consigui\u00f3 sacar el reloj. Andaba. No se hab\u00eda detenido como acostumbraba hacer cuando se olvidaba de darle cuerda. No marcaba todav\u00eda las cinco, ni mucho menos. Faltaban a\u00fan doce o trece minutos. \u00a1Sorprendente! \u00bfEra, pues, posible que no hubiese permanecido aqu\u00ed, tendido en la nieve, m\u00e1s que diez minutos o un poco m\u00e1s, y que hubiese inventado tantas im\u00e1genes alegres y espantosas y tantos pensamientos temerarios, mientras el tumulto hexagonal se disipaba con la misma rapidez con que hab\u00eda llegado? Adem\u00e1s, hab\u00eda tenido una gran suerte para hacer posible su regreso, pues por dos veces sus sue\u00f1os y sus f\u00e1bulas hab\u00edan adquirido tal aspecto que le hab\u00edan sobresaltado, reanimado el cuerpo, primero de espanto, luego de alegr\u00eda. Parec\u00eda que la vida hab\u00eda tenido buenas intenciones para con su hijo mimado y extraviado&#8230;<\/p>\n\n\n\n\n<div class=\"double-picture my-12 lg:my-20\" \n    data-images-sizes=\"half\"\n    data-same-height=\"true\"\n    data-reference-image=\"left\"\n>    <!-- Images -->\n    <div class=\"lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <a \n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif12.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  \" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif12.jpg\" alt=\"\u00abEncodage pr\u00e8s du Schwartz Horn (Brienz)\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" >\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abEncodage pr\u00e8s du Schwartz Horn (Brienz)\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <a\n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif09.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  lg:!absolute lg:h-full lg:right-0 lg:left-2 overflow-hidden\" \n                    data-pswp-width=\"644\" \n                    data-pswp-height=\"950\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/12\/gabrielloppe-photos-massif09.jpg\" alt=\"\u00abFamille Lopp\u00e9 sur la Mer de glace\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb\" class=\"lg:!h-full object-cover\">\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00abFamille Lopp\u00e9 sur la Mer de glace\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n    <!-- Captions -->\n    <div class=\"hidden lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                    <figcaption>\u00abEncodage pr\u00e8s du Schwartz Horn (Brienz)\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">   \n                    <figcaption>\u00abFamille Lopp\u00e9 sur la Mer de glace\u00bb \u00a9 Association \u00abLes Amis de Gabriel Lopp\u00e9\u00bb<\/figcaption>                <\/figure>\n                    <\/div>\n    <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Sea lo que sea, y aunque fuese por la ma\u00f1ana o por la tarde -sin duda alguna era el principio del crep\u00fasculo vespertino- no hab\u00eda nada en las circunstancias ni en el estado personal que pudiese impedir a Hans Castorp regresar al Sanatorio, y esto es lo que hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con un empuje magn\u00edfico, con una especie de vuelo de p\u00e1jaro, descendi\u00f3 hacia el valle, donde ya brillaban las luces cuando lleg\u00f3, a pesar de que los restos de una claridad conservada por la nieve hubiese bastado plenamente. Descendi\u00f3 por el Brehmenb\u00fchl, a lo largo del Mattenwald, y lleg\u00f3 a las cinco y media a Dorf, dejando los esqu\u00edes en la tienda y descansando en la celda del desv\u00e1n de Settembrini, al que dio cuenta de la tempestad de nieve por la que se hab\u00eda dejado sorprender.<\/p>\n\n\n\n<p>El humanista se mostr\u00f3 muy alarmado. Movi\u00f3 la mano por encima de su cabeza, ri\u00f1\u00f3 en\u00e9rgicamente al imprudente que hab\u00eda corrido tal peligro y encendi\u00f3 la l\u00e1mpara de alcohol, que dejaba o\u00edr peque\u00f1as explosiones, para preparar caf\u00e9 al joven agotado, un caf\u00e9 cuya fuerza no impidi\u00f3 a Hans Castorp el dormirse sobre la silla.<\/p>\n\n\n\n<p>La atm\u00f3sfera civilizada del Berghof le rodeaba, una hora m\u00e1s tarde, con su aliento acariciador. En la comida mostr\u00f3 un gran apetito. Lo que hab\u00eda so\u00f1ado empez\u00f3 a palidecerse. Aquella misma noche ya no comprend\u00eda muy bien lo que hab\u00eda pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Navidad, en el marco de nuestra serie dedicada al centenario de la obra maestra de Thomas Mann, le proponemos descubrir o releer \u2014en su totalidad\u2014 el cap\u00edtulo m\u00e1s precioso de <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":51369,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-speeches.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[979],"tags":[],"staff":[],"editorial_format":[],"serie":[],"audience":[],"geo":[177],"class_list":["post-51382","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-montana-magica-de-thomas-mann-cien-anos-despues","geo-europa"],"acf":{"open_in_webview":false,"accent":false},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.1.1 - 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