{"id":32590,"date":"2024-04-06T15:12:51","date_gmt":"2024-04-06T13:12:51","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=32590"},"modified":"2024-04-07T17:47:54","modified_gmt":"2024-04-07T15:47:54","slug":"quien-cuenta-no-tiene-odio-en-el-corazon-una-conversacion-con-scholastique-mukasonga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2024\/04\/06\/quien-cuenta-no-tiene-odio-en-el-corazon-una-conversacion-con-scholastique-mukasonga\/","title":{"rendered":"\u00abQuien cuenta no tiene odio en el coraz\u00f3n\u00bb, una conversaci\u00f3n con Scholastique Mukasonga"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Hace apenas cinco a\u00f1os apareci\u00f3 Grand Continent. Publicado en l\u00ednea la noche del 6 al 7 de abril de 2019, el primer n\u00famero especial de la revista estaba dedicado al genocidio de los tutsis en Ruanda, pues se conmemoraba el 25 aniversario. En esa ocasi\u00f3n, en colaboraci\u00f3n con la \u00c9cole normale sup\u00e9rieure y Sciences Po, el Groupe d&#8217;\u00e9tudes g\u00e9opolitiques <a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/evenements\/le-genocide-des-tutsi-au-rwanda-comprendre-juger-agir\/\">organiz\u00f3 una conferencia fundacional para renovar el campo<\/a>. Desde entonces, hemos seguido recurriendo a los nombres m\u00e1s relevantes para continuar esta labor: de <a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2021\/04\/01\/un-silencio-de-palabras-una-conversacion-con-gael-faye\/\">Ga\u00ebl Faye<\/a> a Guillaume Pitron, pasando por Guillaume Ancel, el superviviente Charles Habonimana y las im\u00e1genes del cineasta Christophe Cotteret.<\/em> Si crees que este trabajo es importante y merece apoyo, <a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/ofiertas-new-1\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">considera la posibilidad de suscribirte a la revista<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>En su \u00faltima novela, <em>Sister Deborah<\/em> (2022), al igual que en <em>C\u0153ur Tambour<\/em> (2016) y <em>Kibogo est mont\u00e9 au ciel<\/em> (2020), se aleja de la historia reciente de Ruanda y del genocidio tutsi, evocados en sus primeras obras, para remontarse a episodios anteriores: la colonizaci\u00f3n, la evangelizaci\u00f3n, las leyendas y los mitos. Tambi\u00e9n ha ampliado el \u00e1mbito geogr\u00e1fico de sus escritos a las Antillas, Estados Unidos y Brasil. \u00bfC\u00f3mo se ha producido esta evoluci\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Para responder a su pregunta, primero tenemos que \u00abremontarnos al pasado de Ruanda\u00bb, es decir, deconstruir el c\u00famulo de falsificaciones hist\u00f3ricas e ideol\u00f3gicas acumuladas por la antropolog\u00eda racial del siglo XIX, que persistieron en la primera mitad del siglo XX. En Ruanda, donde se ubicaban con mayor o menor precisi\u00f3n las fuentes del Nilo, empezaron a acumularse leyendas: se supon\u00eda que las inaccesibles Monta\u00f1as de la Luna estaban habitadas por seres fabulosos, reci\u00e9n salidos de tiempos heroicos. Adem\u00e1s de los rumores relatados por los exploradores, un p\u00fablico \u00e1vido de exotismo y misterio se sinti\u00f3 sin duda atra\u00eddo por lo que Jean-Lo\u00efc Le Quellec denomina \u00abcuentos de razas perdidas\u00bb, en los que el h\u00e9roe descubre, en el coraz\u00f3n de la selva o del desierto, un mundo perdido sobre el que reina una reina, generalmente blanca, de una belleza fatal y fascinante. El autor m\u00e1s emblem\u00e1tico del g\u00e9nero es sin duda Henry Rider Haggard y su ciclo de novelas que giran en torno a la figura de She, la princesa que, en el fondo de un volc\u00e1n extinguido, lleva dos mil a\u00f1os esperando el regreso de su amante. Aludo, evidentemente con iron\u00eda, a este tipo de novela colonial en <em>Coeur tambour<\/em>. El c\u00f3mic de Julien, el amante algo plat\u00f3nico de Prisca, desarrolla los mismos temas narrativos, pero ah\u00ed la reina es negra, ya que Julien dibuja a Prisca como la reina del reino perdido; lo mismo ocurre con la pel\u00edcula para la que se contrata a James Rwatangabo para tocar los tambores.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1956, <em>Las minas del rey Salom\u00f3n<\/em>, adaptaci\u00f3n de la novela de Hagard y rodada en parte en Ruanda, se proyect\u00f3 en la corte real de Nyanza. Fue una proyecci\u00f3n solemne a la que asistieron el mwami y la reina Rosalie Gicanda, vestida con un velo rosa p\u00e1lido. En Ruanda, algunas personas hac\u00edan suyos peligrosamente los mitos construidos sobre ellos por los europeos. En <em>Notre Dame du Nil<\/em>, V\u00e9ronica acepta interpretar el papel de Isis en el delirio decadente de Monsieur de Fontenaille, para su desgracia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>En Ruanda, donde se ubicaban con mayor o menor precisi\u00f3n las fuentes del Nilo, empezaron a acumularse leyendas: se supon\u00eda que las inaccesibles Monta\u00f1as de la Luna estaban habitadas por seres fabulosos, reci\u00e9n salidos de tiempos heroicos.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>A finales del siglo XIX, Ruanda era <em>terra incognita<\/em>, la \u00faltima mancha blanca en el mapa de \u00c1frica que las potencias europeas acababan de repartirse en Berl\u00edn. Hab\u00eda que ocupar r\u00e1pidamente las tierras asignadas, y los alemanes trataban de establecerse antes que los belgas y los brit\u00e1nicos. En 1897, el capit\u00e1n Ramsay acudi\u00f3 a la corte del rey Musinga y firm\u00f3 con \u00e9l un tratado de amistad; en realidad, se trataba de un tratado por el que se establec\u00eda un protectorado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los invasores ya hab\u00edan trazado un retrato robot de los nativos: los tutsis, porque se trataba sobre todo de ellos, eran todos muy altos, de piel clara y nariz recta. Se puede comprobar midiendo el volumen de los cr\u00e1neos y la longitud de las narices. La conclusi\u00f3n es irrefutable: los tutsis no son africanos, es decir, bant\u00faes de nariz roma. Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan los africanos primitivos haber ideado rituales en torno a la realeza sagrada tan sofisticados como los de los faraones? Est\u00e1 claro que proced\u00edan de otro lugar. Los cient\u00edficos tambi\u00e9n han sugerido su procedencia: Etiop\u00eda, por supuesto, pero quiz\u00e1 tambi\u00e9n Egipto o el C\u00e1ucaso. \u00bfY por qu\u00e9, con su inmenso reba\u00f1o de vacas con grandes cuernos, no habr\u00edan bajado del T\u00edbet, a menos que los pastores de las Mil Colinas fueran los restos perdidos de las diez tribus perdidas de Israel? En \u00faltima instancia, la Biblia podr\u00eda proporcionar la clave del enigma: los tutsis son hamitas, descendientes de Ham o Cam, uno de los hijos de No\u00e9. Hemos encontrado as\u00ed el nombre de una nueva raza, los hamitas, ni muy blancos, ni muy negros. Charles Seligman, en su libro <em>Razas de \u00c1frica<\/em> (1930), ofrece un brillante resumen de estas elucidaciones: \u00abLas civilizaciones africanas son civilizaciones hamitas: su historia registra la interacci\u00f3n de estos pueblos con los negros y los bosquimanos. Los hamitas llegados en oleadas sucesivas eran pastores &#8216;europeos&#8217;, mejor armados y m\u00e1s listos que los campesinos negros\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>En Ruanda, algunos hac\u00edan suyos peligrosamente los mitos creados sobre ellos por los europeos.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Las estructuras econ\u00f3micas de la sociedad tradicional, en la que los tutsis eran pastores, los hutus agricultores y los twas alfareros o cazadores, se interpretaban en t\u00e9rminos de invasi\u00f3n, raza y feudalismo. Los tutsis fueron descritos como extranjeros en su propio pa\u00eds, los primeros colonizadores. Por su parte, la \u00e9lite hutu, formada en los seminarios, estaba dispuesta a devolver al Nilo a la minor\u00eda tutsi.<\/p>\n\n\n\n<p>La erradicaci\u00f3n de las antiguas creencias religiosas se llev\u00f3 a cabo con el mismo \u00e9xito aparente. Los belgas, que tras la Primera Guerra Mundial hab\u00edan recibido de la Sociedad de Naciones un mandato sobre Ruanda y Burundi, confiaron la educaci\u00f3n a las misiones, y en particular a los padres blancos: a ellos correspond\u00eda llevar las luces de la civilizaci\u00f3n a las tinieblas de \u00c1frica. La idea de fundar un reino cristiano en \u00c1frica formaba parte del programa de su fundador, monse\u00f1or Lavigerie, arzobispo de Argel. Sus seguidores trabajaron duro para conseguirlo en Ruanda. La destituci\u00f3n en 1931 del rey Musinga, hostil al cristianismo, provoc\u00f3 la movilizaci\u00f3n de los jefes y, tras ellos, de toda la poblaci\u00f3n. Estos bautismos masivos fueron celebrados en la revista misionera <em>Grands Lacs<\/em> como un verdadero tornado del Esp\u00edritu Santo: ser llamado pagano se convirti\u00f3 en el peor de los insultos. El bautismo consagraba nuestra entrada en la \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb. Mi padre nos le\u00eda cada noche un pasaje de la Biblia y estaba orgulloso de haber sido elegido para dirigir el movimiento de los Hijos de Mar\u00eda en el pueblo. Mi madre, m\u00e1s circunspecta, invocaba a la Virgen Mar\u00eda y, en casos graves, recurr\u00eda a Nyabingi, el esp\u00edritu femenino especializado en las enfermedades ruandesas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Mi madre, m\u00e1s circunspecta, invocaba a la Virgen Mar\u00eda y, en casos graves, recurr\u00eda a Nyabingi, el esp\u00edritu femenino especializado en las enfermedades ruandesas.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Tras la independencia, la llegada al poder de una \u00e9lite hutu formada en los seminarios y que hab\u00eda integrado la ideolog\u00eda racial de sus amos exacerb\u00f3 a\u00fan m\u00e1s este fen\u00f3meno de aculturaci\u00f3n. Si, al igual que los misioneros, rechazaron violentamente las antiguas creencias, censuraron con igual vigor la cultura tradicional considerada tutsi y producida en la corte real: la poes\u00eda y los rituales se consideraron incompatibles con la rep\u00fablica campesina y cristiana que acababa de proclamarse. El tambor, instrumento emblem\u00e1tico de Ruanda pero demasiado asociado a las manifestaciones carism\u00e1ticas del poder real, fue prohibido, al igual que las danzas femeninas, consideradas demasiado hier\u00e1ticas y, por tanto, et\u00edopes. La literatura oral tradicional, los relatos hist\u00f3ricos, las genealog\u00edas y los poemas heroicos no estaban permitidos en las escuelas de ning\u00fan nivel, a pesar de que estas obras eran investigadas y publicadas por etn\u00f3logos occidentales, cuyos trabajos aparec\u00edan en revistas cient\u00edficas que segu\u00edan siendo inaccesibles para los ruandeses, incluso para los alfabetizados. Los fundamentos racistas de las dos rep\u00fablicas hutus privaron a Ruanda de gran parte de su cultura y su historia. Fue en la di\u00e1spora tutsi, entre otros, donde se perpetuaron y transmitieron estas artes.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis dos primeros libros, <em>Inyenzi ou les cafards<\/em> y <em>La femme aux pieds nus<\/em> son esencialmente autobiogr\u00e1ficos: son las tumbas de papel que tuve que erigir para los que perecieron durante el genocidio tutsi de 1994. Fue con mi tercer libro, una colecci\u00f3n de relatos cortos, <em>L&#8217;Iguifou<\/em>, cuando me aventur\u00e9 en la ficci\u00f3n. El siguiente libro, <em>Notre-Dame du Nil<\/em>, me consagr\u00f3 como novelista de pleno derecho al ganar el premio Renaudot. Es cierto que la novela me permiti\u00f3, al distanciarme de mi historia personal, utilizar la ficci\u00f3n para abordar temas como la historia de Ruanda y sus falsificaciones, la condici\u00f3n de la mujer y el choque entre las tradiciones religiosas tradicionales y la importaci\u00f3n del cristianismo en todas sus formas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Mis dos primeros libros son las tumbas de papel que tuve que erigir para los que perecieron durante el genocidio tutsi de 1994.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Pero la novela tambi\u00e9n me permiti\u00f3 ampliar el alcance de mi escritura m\u00e1s all\u00e1 de las mil colinas de Ruanda. Debido a su posici\u00f3n geogr\u00e1fica y a su historia colonial y reciente, Ruanda ha seguido siendo un pa\u00eds enclave. En las desafortunadas palabras de un presidente franc\u00e9s, Ruanda, al igual que \u00c1frica, lleg\u00f3 tarde a la historia; a la historia europea, por supuesto. Y fue una suerte para los ruandeses entrar incluso m\u00e1s tarde: \u00a1al menos no entraron en la historia europea a trav\u00e9s de la esclavitud! Pero no escaparon al colonialismo y a la gran prisi\u00f3n que sufrieron como consecuencia de la aculturaci\u00f3n, cultural y religiosa, a la que volver\u00e9 cuando hable de la censura de la literatura africana franc\u00f3fona.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio, gracias al exilio, descubr\u00ed que el mundo se extend\u00eda mucho m\u00e1s all\u00e1 del horizonte que se divisaba desde las colinas de Ruanda. Pero fueron mis libros los que, habiendo adquirido cierto seguimiento internacional, ampliaron considerablemente el alcance geogr\u00e1fico de mis escritos. Las invitaciones a giras literarias me han llevado por toda Europa, \u00c1frica y Estados Unidos. Viaj\u00e9 por Brasil, R\u00edo y Sao Paulo, por supuesto, pero tambi\u00e9n Paraty, Tiradentes, Porto Alegre, Maringa y Belo Horizonte. Guardo un recuerdo imborrable de mi visita a la favela Vigidal, en R\u00edo. En todas partes mi presencia provocaba un fervor que yo cre\u00eda reservado a un jugador de f\u00fatbol o a una estrella de rock. A petici\u00f3n suya, el presidente Lula me recibi\u00f3 en su instituto de Sao Paulo: \u00abEl Atl\u00e1ntico es s\u00f3lo un arroyo entre Brasil y \u00c1frica\u00bb, me dijo entonces. Esta frase me conmovi\u00f3 e inquiet\u00f3: \u00bfpodr\u00eda Ruanda, tan lejos del oc\u00e9ano, formar parte de ese Atl\u00e1ntico Negro, como lo llamaba Paul Gilroy, que parec\u00eda propugnar Lula?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Los fundamentos racistas de las dos rep\u00fablicas hutus privaron a Ruanda de gran parte de su cultura y su historia. Fue en la di\u00e1spora tutsi, entre otros, donde se perpetuaron y transmitieron estas artes.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Fue en Guadalupe donde obtuve una respuesta. Bajo la direcci\u00f3n de Marie-Line Dahomey, escritora y m\u00fasica apasionada por la herencia africana de su isla, peregrin\u00e9 a los lugares de memoria de la esclavitud. Despu\u00e9s de la escalera monumental conocida como la \u00abescalinata de los esclavos\u00bb en Petit-Canal y el cementerio de esclavos en la cala de Sainte-Marguerite, me llev\u00f3 al \u00abpueblo internacional del Ka y de los tambores del sur\u00bb, una especie de museo-santuario dedicado a los tambores, dominado por el gran tambor Fondal Ka, un tambor monumental de 3.20 metros de altura. Una inscripci\u00f3n en su base reza: \u00abDurante la esclavitud, nuestros antepasados africanos deportados trajeron a Guadalupe sus tambores sagrados y rituales: as\u00ed naci\u00f3 el tambor-ka&#8230;\u00bb. Me pareci\u00f3 urgente a\u00f1adir los tambores sagrados de Ruanda a los del Caribe, y as\u00ed naci\u00f3 la idea de mi novela <em>C\u0153ur Tambour<\/em>, en la cual, alrededor de la ruandesa Prisca alias Kitami y su tambor sagrado Rugina, vienen a sonar los tambores gwoka de Guadalupe, los tambores rasta de Jamaica, los tambores asotor de Hait\u00ed y muchos otros que los tamborileros encuentran en sus giras. \u00a1Con el redoble de los tambores, las olas del Atl\u00e1ntico Negro tambi\u00e9n podr\u00edan batir los flancos del volc\u00e1n Karisimbi!<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>&nbsp;Usted entr\u00f3 en la literatura a trav\u00e9s de la experiencia del dolor, la p\u00e9rdida de todos sus seres queridos en el genocidio de los tutsis en Ruanda en 1994. Lo que se conoce como su \u00abtrilog\u00eda ruandesa\u00bb (<em>Inyenzi ou les Cafards<\/em>, 2006, <em>La femme aux pieds nus<\/em>, 2008, <em>Notre-Dame du Nil<\/em>, 2012) naci\u00f3 de la necesidad de preservar la memoria de los desaparecidos. Usted utiliza a menudo las im\u00e1genes de una tumba de papel o de un sudario tejido con palabras. \u00bfSe habr\u00eda convertido en escritora sin este trauma?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>A menudo he dicho y escrito: \u00abFue el genocidio de los tutsis en Ruanda, en abril-junio de 1994, lo que me convirti\u00f3 en escritora\u00bb. Mis dos primeros libros, <em>Inyenzi ou les cafards<\/em> y <em>La femme aux pieds nus<\/em>, son en efecto las tumbas de papel que ten\u00eda el deber de erigir para mi propio pueblo y para todos aquellos cuyos huesos est\u00e1n enterrados en fosas comunes o esparcidos por el monte, desgarrados por los dientes de las hienas y los chacales. Mi deber como superviviente era sacarlos del anonimato del genocidio.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nada me prepar\u00f3 para convertirme en escritora. Por supuesto, hablaba y escrib\u00eda en franc\u00e9s. Fue porque mi hermano Andr\u00e9 y yo lo habl\u00e1bamos con fluidez que nuestros padres nos eligieron para el exilio: a sus ojos, el franc\u00e9s era un pasaporte internacional. En Nyamata, aprendimos franc\u00e9s desde el primer a\u00f1o de primaria. Los maestros que se encontraban entre los exiliados se apresuraron a reabrir las clases, primero bajo los altos ficus, luego con la ayuda de la misi\u00f3n en chozas de adobe. Para ir a la escuela, bastaba con presentar un certificado de bautismo o, en su defecto, un nombre de pila cristiano y el m\u00edo, Sikolasitika, era irrefutable, y comprar un uniforme: un vestido azul para las ni\u00f1as, pantalones cortos y camisas caqui para los ni\u00f1os. Pagar la tela y al sastre supon\u00eda un gran gasto para las familias. Tuvimos que gastar todo el dinero que hab\u00edamos ganado con la venta de nuestra escasa cosecha de caf\u00e9, y mam\u00e1 tuvo que renunciar a la preciosa falda nueva que las madres se pon\u00edan los domingos para ir a misa.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Mi deber como superviviente era sacarlos del anonimato del genocidio.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>En clase, repet\u00edamos con entusiasmo las palabras francesas que el profesor hab\u00eda escrito en la pizarra y pronunciado con las s\u00edlabas claramente separadas. Encontr\u00e1bamos estas palabras mal alineadas en columnas en las pocas hojas que constitu\u00edan nuestro \u00fanico libro de texto escolar, y las aprend\u00edamos de memoria mientras hac\u00edamos las innumerables tareas dom\u00e9sticas que nos esperaban a las ni\u00f1as en casa. Llen\u00e9 mi memoria con un tesoro de palabras nuevas.<\/p>\n\n\n\n<p>El franc\u00e9s no nos serv\u00eda de mucho fuera de la escuela. Ruanda tiene la suerte de contar con una lengua nacional hablada por todos los ruandeses: el kinyarwanda. Durante mucho tiempo, el franc\u00e9s fue para m\u00ed la lengua escrita. Lo escrib\u00eda antes de hablarlo y, a\u00fan hoy, me parece que antes de decir una palabra en franc\u00e9s, tengo que escribirla en mi cabeza. En el instituto Notre-Dame de C\u00eeteaux de Kigali, donde, para asombro de todos, me admitieron a pesar de la cuota del 10% que limitaba el acceso de los tutsis a la ense\u00f1anza secundaria, hablar franc\u00e9s era obligatorio y el kinyarwanda estaba prohibido, salvo durante las pocas horas de clase dedicadas a la lengua nacional. Pero el franc\u00e9s que nos ense\u00f1aban los profesores belgas o franceses cooperantes no ten\u00eda nada que ver con la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de la literatura del \u00c1frica franc\u00f3fona traspasaba los muros de la escuela. Nunca o\u00ed los nombres de Camara Laye, Sembene Ousmane, Cheikh Hamidou Kane, Ferdinand Oyono, etc\u00e9tera. El franc\u00e9s que se ense\u00f1aba en las clases era pragm\u00e1tico, sin duda adaptado a lo que se consideraban las limitadas capacidades de un cerebro africano. No recuerdo la existencia de una biblioteca en este prestigioso establecimiento, que deb\u00eda formar a la \u00e9lite femenina del pa\u00eds. Los intelectuales ruandeses de la \u00e9poca, que por supuesto eran todos hombres porque se formaban en los seminarios, quer\u00edan ser historiadores, soci\u00f3logos e incluso te\u00f3logos. El abate Alexis Kagame puede considerarse el autor emblem\u00e1tico de la \u00e9poca. Se le atribuye el m\u00e9rito de salvar y transcribir las tradiciones de la corte real. Escribi\u00f3 su tesis en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, <em>La philosophie bantoue rwandaise de l&#8217;\u00eatre<\/em>, publicada en 1966. Es autor de una obra considerable, que a\u00fan firma: Alexis Kagame, sacerdote del clero ind\u00edgena. Su obra incluye una epopeya en kinyarwanda, el canto del amo de la creaci\u00f3n (<em>Umulilimbyi Nyilibiremwa<\/em>), que ha sido comparada con <em>La l\u00e9gende des si\u00e8cles<\/em> de Victor Hugo. Est\u00e1 muy lejos de las novelas de los autores franc\u00f3fonos de \u00c1frica Occidental.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Durante mucho tiempo, el franc\u00e9s fue para m\u00ed la lengua escrita. Lo escrib\u00eda antes de hablarlo y, a\u00fan hoy, me parece que antes de decir una palabra en franc\u00e9s, tengo que escribirla en mi cabeza.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n\n<div class=\"double-picture my-12 lg:my-20\" \n    data-images-sizes=\"half\"\n    data-same-height=\"false\"\n    data-reference-image=\"\"\n>    <!-- Images -->\n    <div class=\"lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <a \n                    href=\"#\"\n                    data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/04\/mukasonga3-scaled.jpg\" \n                    class=\"gallery-item no-underline  \" \n                    data-pswp-width=\"1707\" \n                    data-pswp-height=\"2560\"\n                >\n                    <figure class=\"wp-block-image h-full -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                        <picture class=\"block h-full\">\n                            <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2024\/04\/mukasonga3-scaled.jpg\" alt=\"\u00a9 Gallimard\" >\n                        <\/picture>\n                        <figcaption class=\"lg:hidden pswp-caption-content\">\u00a9 Gallimard<\/figcaption>                    <\/figure>\n                <\/a>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                    <\/div>\n    <\/div>\n    <!-- Captions -->\n    <div class=\"hidden lg:flex\">\n        <div class=\"relative lg:pr-2 mb-7 lg:mb-0 lg:w-1\/2\">\n                            <figure class=\"wp-block-image -mx-2 lg:mx-0 !my-0\">\n                    <figcaption>\u00a9 Gallimard<\/figcaption>                <\/figure>\n                    \n        <\/div>\n        <div class=\"relative lg:pl-2 lg:w-1\/2\">\n                    <\/div>\n    <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Yo estaba en Francia durante los meses de abril a junio de 1994, cuando se desat\u00f3 el horror en Ruanda. Ten\u00eda pocas esperanzas para mi pueblo. Sab\u00eda que en Nyamata, como s\u00f3lo hab\u00eda tutsis, no habr\u00eda supervivientes. Fue una carta recibida tard\u00edamente de Ruanda la que me confirm\u00f3 el desastre: una lista de 37 nombres, toda mi familia que se hab\u00eda quedado en Ruanda hab\u00eda sido asesinada. S\u00f3lo quedaban sus nombres, a riesgo de mi memoria. En el p\u00e1nico de perder esa memoria, escrib\u00ed sus nombres en un cuaderno escolar de tapas azules. Y me dispuse a nombrarlos uno a uno, no s\u00f3lo los m\u00edos, sino todos los de mi pueblo, todos los de Gitagata, uno de los pueblos donde se reunieron los \u00abdesplazados\u00bb [tras la primera serie de masacres en 1959] donde pas\u00e9 mi infancia. Tuve que nombrarlos uno a uno, sin olvidar ninguno.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Fue una carta recibida tard\u00edamente de Ruanda la que me confirm\u00f3 el desastre: una lista de 37 nombres, toda mi familia que se hab\u00eda quedado en Ruanda hab\u00eda sido asesinada.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>En torno a estos nombres surgieron recuerdos, conmovedores, a veces divertidos, de toda la vida cotidiana de este peque\u00f1o mundo aldeano, siempre amenazado, pero decidido a sobrevivir a toda costa. Tal vez sea un mito que me he creado para aliviar la culpa de ser una superviviente: \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda justificar seguir viva, cuando Antoine, mi hermano mayor, su mujer y sus siete hijos y todos los dem\u00e1s hab\u00edan sido masacrados? Si mis padres nos hab\u00edan elegido a mi hermano Andr\u00e9 y a m\u00ed para el exilio, no era s\u00f3lo porque habl\u00e1ramos franc\u00e9s, sino sobre todo para preservar la memoria de todos aquellos cuyos asesinos hab\u00edan querido erradicar todo rastro de ellos, negar su existencia. Mi padre me hab\u00eda empujado casi a la fuerza a la puerta de la escuela, cuando para m\u00ed el \u00fanico futuro concebible era permanecer cerca de mi madre, cultivando nuestro campo. Quiero creer que intu\u00eda que un d\u00eda yo ser\u00eda su recuerdo cuando llegara el momento de su muerte. Era un deber sagrado que me hab\u00eda confiado y estas palabras, estas frases, arrojadas en desorden en mi cuaderno eran otras tantas peque\u00f1as victorias, desaf\u00edos al olvido que habr\u00eda sido su segunda muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante mucho tiempo, no me atrev\u00ed a volver a Ruanda. No fue hasta 2004 cuando decid\u00ed enfrentarme al horror indescriptible. Como esperaba, no encontr\u00e9 nada. Me cost\u00f3 mucho reconocer el lugar de la caba\u00f1a y el campo familiar. La maleza se hab\u00eda apoderado de todo. Era imposible penetrar en la espesura de espinos afilados. \u00bfY c\u00f3mo pod\u00eda reconocer a mi familia en el gran osario de la iglesia de la misi\u00f3n de Nyamata, cr\u00e1neo entre cr\u00e1neos, hueso entre tantos huesos?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>\u00bfC\u00f3mo pod\u00eda justificar seguir viva, cuando Antoine, mi hermano mayor, su mujer y sus siete hijos y todos los dem\u00e1s hab\u00edan sido masacrados? &nbsp;<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>A la vuelta de este peregrinaje in\u00fatil, decid\u00ed reunir las notas dispersas que hab\u00eda arrojado en mi cuaderno durante las noches de insomnio. Mi libro ser\u00eda la tumba que se hab\u00eda negado a todos los que hab\u00edan perecido bajo los machetes de los asesinos. Pero esta tumba ten\u00eda que ser digna de ellos. Mi padre no sab\u00eda franc\u00e9s, pero exig\u00eda que sus hijos hablaran un \u00abhermoso kinyarwanda\u00bb, as\u00ed que intent\u00e9 escribir mi primer libro en \u00abbuen franc\u00e9s\u00bb. Envi\u00e9 mi manuscrito a varias editoriales. Ni siquiera me sorprend\u00ed cuando unas semanas m\u00e1s tarde recib\u00ed una llamada de Jean-No\u00ebl Schifano: Gallimard hab\u00eda aceptado publicar mi libro en la colecci\u00f3n Continents noirs. Creo que entonces no me di cuenta de que me iba a convertir en escritora.<\/p>\n\n\n\n<p>Para convertirme en escritora&#8230; por supuesto me gui\u00f3 el amor de mi padre por el \u00ablenguaje bello\u00bb, pero sobre todo me inspir\u00f3 el talento de mi madre: St\u00e9fania era una narradora de renombre, aunque en nuestro exilio en Gitagata hab\u00eda perdido gran parte de su p\u00fablico, que se reduc\u00eda normalmente a sus tres hijas, Julienne, Jeanne y yo, que nos qued\u00e1bamos en casa. St\u00e9fania, a pesar de las amenazas de muerte, la miseria y el hambre que pesaban sobre nosotros, redescubri\u00f3 el placer de contar historias cada noche. Y por eso, m\u00e1s que escritora, me gusta llamarme cuentacuentos, e imagino que es ella quien se inclina sobre la computadora a mi lado. Y a menudo me repito el proverbio con el que a St\u00e9fania le gustaba concluir sus recitales nocturnos: <em>Uca umugani ntagira inabi ku mutima<\/em> (Quien cuenta cuentos no tiene odio en el coraz\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto que me convert\u00ed en escritora, aunque sea un poco a mi pesar. Mi primera vocaci\u00f3n fue ser trabajadora social y ejerc\u00ed esta profesi\u00f3n en Burundi, en Francia, en Baja Normand\u00eda. Todav\u00eda me gusta llamarme trabajadora social. Despu\u00e9s del tercer a\u00f1o en el liceo de Kigali, opt\u00e9 por ir a la escuela de formaci\u00f3n de trabajadores sociales de Butare en lugar de continuar mis estudios hasta el \u00faltimo a\u00f1o y el examen de Humanidades, que me daba la posibilidad de ir a la universidad. Esperaba que esa profesi\u00f3n me permitiera volver a Nyamata para trabajar con los exiliados para mejorar sus condiciones de vida y compartir con ellos los conocimientos que hab\u00eda adquirido, para ser su embajadora ante las autoridades locales.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Mi libro ser\u00eda la tumba que se hab\u00eda negado a todos los que hab\u00edan perecido bajo los machetes de los asesinos. Pero esta tumba ten\u00eda que ser digna de ellos.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>En 1973, el gobierno expuls\u00f3 a los funcionarios y estudiantes tutsis de la administraci\u00f3n y de las escuelas secundarias. Me salv\u00e9 por los pelos de ser linchada por los chicos del instituto vecino, dirigidos por mis amigos hutus. As\u00ed que me vi obligada a exiliarme al vecino Burundi. Volv\u00ed a la escuela en Gitega y obtuve un diploma burund\u00e9s. Trabaj\u00e9 para la UNICEF y la FAO, ayudando a las agricultoras de las colinas de Burundi. Mi marido, franc\u00e9s, fue trasladado a Yibuti, as\u00ed que busqu\u00e9 trabajo all\u00ed, en vano: al parecer, no sab\u00edan qu\u00e9 sentido pod\u00eda tener una profesi\u00f3n as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En Francia no reconocieron mi t\u00edtulo burund\u00e9s, as\u00ed que volv\u00ed a presentarme a las oposiciones y por fin consegu\u00ed el t\u00edtulo adecuado. As\u00ed que durante 20 a\u00f1os ejerc\u00ed mi profesi\u00f3n por el Bessin y las colinas del Pays d&#8217;Auge. Siempre he dicho que el trabajo de una trabajadora social no consiste s\u00f3lo en ayudar a las personas en riesgo de exclusi\u00f3n a reclamar sus derechos y mejorar su situaci\u00f3n. Nunca es una v\u00eda de sentido \u00fanico. Cuando tuve que lidiar con la pesada carga de ser una superviviente, pude encontrar cierto consuelo gracias a mi profesi\u00f3n, que me permit\u00eda sentirme siempre \u00fatil a los dem\u00e1s, que mi vida, incluso despu\u00e9s de la muerte de mis seres queridos, no era injusta ni carec\u00eda de sentido. Tal vez fue eso lo que me sostuvo y me permiti\u00f3 escribir esta dolorosa historia, tan dif\u00edcil de sobrellevar en soledad. Escribir tambi\u00e9n significa prestar mi pluma a quienes no han tenido acceso a ella.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Escribir tambi\u00e9n significa prestar mi pluma a quienes no han tenido acceso a ella.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>En la \u00e9poca del genocidio de los tutsis, en 1994, usted se encontraba en Francia: podr\u00edamos decir, como Viviane Azarian, que su escritura es \u00abel testimonio de los ausentes\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Catherine Coquio. \u00bfConsider\u00f3 que la distancia geogr\u00e1fica era un obst\u00e1culo para su comprensi\u00f3n de los hechos o, por el contrario, se la facilit\u00f3?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>No me salv\u00e9, soy una superviviente. Sin embargo, me definir\u00eda como salvada-superviviente. Es cierto que no estaba en Ruanda cuando se derramaban torrentes de sangre tutsi. Pero soy de Nyamata, y Nyamata ya no era Ruanda: era el pa\u00eds al que deportaban a los tutsis. En Nyamata, el genocidio fue r\u00e1pido y f\u00e1cil: s\u00f3lo hab\u00eda tutsis. No hab\u00eda necesidad de ralentizar el \u00abtrabajo\u00bb, como lo llamaban los asesinos, comprobando en tu documento de identidad a qu\u00e9 \u00abgrupo \u00e9tnico\u00bb pertenec\u00edas. En Nyamata, s\u00f3lo pod\u00edas ser tutsi: material para matar. En Gitagata, mi pueblo, exterminaban a todo el mundo. Si hubiera estado en Nyamata durante los meses del genocidio, no habr\u00eda tenido ninguna posibilidad de escapar de los machetes de los milicianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero estaba en Francia desde 1992.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que soy superviviente, pero no soy un \u00abtestigo de fuera\u00bb porque escap\u00e9 de lo que siempre he llamado el pregenocidio en Nyamata y luego en Butare. En aquella \u00e9poca, no est\u00e1bamos en el <em>gutsembatsemba bwoko<\/em>, el eslogan a\u00fan no era: \u00abMatar a todos\u00bb. Estaban precisando a qui\u00e9n hab\u00eda que eliminar: a los pocos intelectuales tutsis, a los estudiantes y a los funcionarios.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Yo me describir\u00eda como salvada-superviviente.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>En <em>Inyenzi ou les cafards<\/em>, repito palabra por palabra el testimonio de mi cu\u00f1ado Emmanuel, que pude grabar a petici\u00f3n suya, y las confidencias de Jeanne-Fran\u00e7oise, mi sobrina, superviviente de 13 a\u00f1os en aquella \u00e9poca, que presenci\u00f3 la tortura de su padre Pierre Ntereye, el asesinato de su madre, mi hermana mayor Alexia y de sus tres hermanos peque\u00f1os de 9, 5 y 3 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Fui testigo del nacimiento y la construcci\u00f3n del genocidio, que dur\u00f3 m\u00e1s de 30 a\u00f1os. Por tanto, puedo definirme como \u00absalvada-superviviente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Sus escritos incluyen muchas palabras en kinyarwanda, que usted traduce siempre que es posible. \u00bfQu\u00e9 papel desempe\u00f1a este entramado ling\u00fc\u00edstico en el proceso de la memoria?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>No utilizo palabras en kinyarwanda por exotismo. Como todos los exiliados, he conservado mi lengua materna como mi bien m\u00e1s preciado. E incluso si, cuando vuelvo a Ruanda, los j\u00f3venes pueden encontrarla un poco arcaica, lejos de burlarse de ella, la tratan con respeto. Me gusta comparar las palabras en kinyarwanda insertas en mis textos con las piedrecitas con las que el Pulgarcito se llena los bolsillos para encontrar el camino de vuelta a casa de su madre y poder recordar de d\u00f3nde vengo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Como todos los exiliados, he conservado mi lengua materna como mi bien m\u00e1s preciado. Me gusta comparar las palabras en kinyarwanda insertas en mis textos con las piedrecitas con las que el Pulgarcito se llena los bolsillos.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las mujeres est\u00e1n casi siempre en el primer plano de su obra, figuras heroicas y poderosas, sobre todo a trav\u00e9s de sus palabras. Varias de ellas, como Kitami (<em>C\u0153ur Tambour<\/em>) o Ikirezi (<em>Sister Deborah<\/em>), superan sus debilidades y se revelan: \u00bfpodr\u00edamos hablar de una forma de empoderamiento de la mujer, en particular de la mujer negra?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Siempre me ha gustado retratar a las mujeres en su vida cotidiana, con sus innumerables tareas en casa y en el campo, aunque en uno de mis art\u00edculos ped\u00eda que tuvieran derecho al ocio. En <em>Inyenzi<\/em>, describo con cari\u00f1o la comunidad de mujeres que mi madre hab\u00eda construido a su alrededor en el exilio en Nyamata. Era un aut\u00e9ntico parlamento femenino que se sentaba en el patio trasero del \u00abinzu\u00bb, la casa de paja tejida \u00abcon curvas maternales\u00bb que St\u00e9fania hab\u00eda reconstruido a su alrededor, sobre el termitero que serv\u00eda de banco. A las j\u00f3venes les ense\u00f1aban buenos modales y los c\u00e1nones de la belleza ruandesa. Arreglaban los matrimonios m\u00e1s ventajosos para las j\u00f3venes seg\u00fan la ley de los clanes. Eran los guardianes vigilantes de la tradici\u00f3n, llegando incluso a forzar al exilio a cualquiera sospechoso de traer mala suerte a la aldea, pero tambi\u00e9n estaban dispuestos a inventar nuevos ritos para salvar a Viviane, que hab\u00eda sido violada por milicianos, del anatema que pesa sobre las ni\u00f1as madres.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n describo la comunidad de j\u00f3venes exiliadas que formamos en Gitega (Burundi), en un viejo edificio colonial en ruinas. A la luz de una l\u00e1mpara, intercambi\u00e1bamos sin cesar nuestros sue\u00f1os para el futuro. En mi libro, <em>Un si beau dipl\u00f4me<\/em>, evoco con nostalgia esta \u00abpeque\u00f1a rep\u00fablica femenina\u00bb. En Yibuti, las j\u00f3venes eleg\u00edan el modesto piso donde nos aloj\u00e1bamos para hablar libremente de las mutilaciones \u00edntimas a las que hab\u00edan sido sometidas por la tradici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Alrededor de mi madre, un verdadero parlamento de mujeres se sentaba en el patio trasero del \u00abinzu\u00bb, la casa de paja tejida \u00abcon curvas maternales\u00bb.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Pero no puedo olvidar c\u00f3mo las mujeres y ni\u00f1as tutsis fueron v\u00edctimas del mito de su supuesta belleza. En mi colecci\u00f3n <em>L&#8217;Iguifou<\/em>, el relato <em>Le malheur d&#8217;\u00eatre belle<\/em> (la desgracia de ser bella) narra el descenso a los infiernos de H\u00e9l\u00e9na, cuya belleza fascinaba a todo el mundo pero a la que las autoridades burundesas dieron de comer al ogro Mobutu y que acab\u00f3 asesinada de una docena de pu\u00f1aladas, ejecutada como la gran prostituta, portadora del sida. La fascinaci\u00f3n de los primeros exploradores y colonos por las mujeres tutsis era una mezcla de mito racial y exotismo. Las primeras huellas se encuentran incluso antes de que los europeos penetraran en Ruanda. En su libro <em>Across the Mysterious Continent<\/em> (1878), Stanley relata los rumores que le transmiti\u00f3 Hamed, un comerciante \u00e1rabe enfurecido por no poder comerciar con Ruanda, sobre la que, seg\u00fan \u00e9l, reinaba una \u00abemperatriz\u00bb descendiente de una raza del norte. Los ruandeses, dice, son un gran pueblo, pero tambi\u00e9n son malvados y mentirosos porque se niegan a comerciar con \u00e9l. Sin embargo, estar\u00eda encantado de casarse con una ruandesa, lo mismo que con una mujer de Mascate. Los europeos ven a las mujeres tutsis a trav\u00e9s de los filtros distorsionadores de sus fantas\u00edas. Por ejemplo, en mi libro <em>Notre-Dame du Nil<\/em>, Monsieur de Fontenaille hace que unas colegialas interpreten los papeles de Isis y de la reina Candace.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>La fascinaci\u00f3n de los primeros exploradores y colonos por las mujeres tutsis era una mezcla de mito racial y exotismo.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Las ni\u00f1as y mujeres tutsis fueron presa de la determinaci\u00f3n s\u00e1dica de los genocidas. Fueron violadas, torturadas y reducidas a la esclavitud sexual. Fueron infectadas deliberadamente de sida. Debemos vengarnos de estas \u00abserpientes\u00bb tentadoras cuyos encantos venenosos se insin\u00faan en las mentes de los europeos para calumniar y desacreditar al pueblo mayoritario y conspirar contra la rep\u00fablica del pueblo de la azada. Hay que acabar para siempre con su arrogancia. En <em>Notre-Dame du Nil<\/em>, el atroz asesinato de Ver\u00f3nica, que en el delirio de Monsieur de Fontenaille acept\u00f3 interpretar el papel de Isis, prefigura los s\u00e1dicos asesinatos de ni\u00f1as y mujeres tutsis durante el genocidio.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si, como suele ocurrir, se me puede calificar de feminista. Es cierto que, como no soy parisina, no salgo a la calle en las manifestaciones por la defensa o la promoci\u00f3n de la mujer. Es como escritora que pretendo participar en la lucha. En <em>Sister Deborah<\/em>, imagin\u00e9, en forma de ficci\u00f3n, una huelga general de las mujeres, sobre todo africanas: una huelga de la azada y del vientre. M\u00e1s concretamente, particip\u00e9 en numerosos encuentros y coloquios sobre el tema. En Nueva York, por ejemplo, fui invitada al Pen World Voices Festival en 2019 para participar en un seminario sobre la violencia contra las mujeres: Voices of the silenced. En R\u00edo de Janeiro, particip\u00e9 en una conferencia organizada por la organizaci\u00f3n Woman of the World, titulada \u00abViolent Death : dealing with pain in woman\u2019s daily life\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Guardo un grato recuerdo de mi conversaci\u00f3n con Concei\u00e7ao Evaristo, escritora reconocida por su lucha contra la discriminaci\u00f3n y la memoria silenciosa de la esclavitud, y de mi encuentro con Marinete da Silva, madre de Marielle Franco, asesinada por su acci\u00f3n pol\u00edtica en favor de las mujeres negras y los j\u00f3venes de las favelas. A mi regreso, publiqu\u00e9 un art\u00edculo en <em>Lib\u00e9ration<\/em> sobre la condici\u00f3n de la mujer negra en Brasil, titulado \u00abEn Brasil, una mujer negra no cuenta nada\u00bb. Sigo manteniendo muchos contactos con grupos de lectoras brasile\u00f1as, y mi libro, <em>La femme aux pieds nus<\/em>, se sugiere a los profesores como lectura prioritaria para sus alumnos. Como miembro del jurado de Femina, apoy\u00e9 el libro de la autora brasile\u00f1a Patricia Melo, <em>Celles qu&#8217;on tue<\/em>, sobre el feminicidio impune en la Amazonia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Es como escritora como pretendo participar en la lucha feminista.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo no estar orgullosa de mi pa\u00eds, Ruanda? En <em>Un si beau dipl\u00f4me<\/em>, \u00ablas mujeres\u00bb, dice Faustin, que fue mi gu\u00eda en la nueva Ruanda, \u00abest\u00e1n por todas partes. Creo que han tomado el poder. Son ministras, \u00a1y no ministras cualquiera! Son diputadas, fiscales, m\u00e9dicas, y todo lo que no te puedes imaginar, polic\u00edas, empresarias, agr\u00f3nomas, soldados. \u00bfY qu\u00e9 va a ser de nosotros, los hombres?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente deber\u00eda haber aconsejado a Faustin que fuera a ver a la ONG Rwamrec, que se encarga de ense\u00f1ar a los hombres la \u00abmasculinidad positiva\u00bb, para que comprendan que el trabajo en el campo y las tareas dom\u00e9sticas deben repartirse equitativamente. La tarea es dif\u00edcil: me contaron la historia de un hombre que abandon\u00f3 el cabaret y se atrevi\u00f3 a llevar a su beb\u00e9 a la espalda. Su mujer fue acusada inmediatamente de haberlo embrujado. Pero no s\u00f3lo en Ruanda hay que ense\u00f1ar la \u00abmasculinidad positiva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Tanto en sus relatos autobiogr\u00e1ficos como en sus cuentos, dedica mucho espacio a describir las tradiciones \u2014pr\u00e1cticas agr\u00edcolas, organizaci\u00f3n dom\u00e9stica, relaciones sociales\u2014, principalmente en lo que respecta a las mujeres y las madres. \u00bfEste enfoque \u00abautoetnogr\u00e1fico\u00bb est\u00e1 relacionado con su primer trabajo como trabajadora social? \u00bfO es el resultado de otras influencias, sobre todo literarias?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>No soy etn\u00f3loga, y mis descripciones de la vida tradicional, especialmente importantes en <em>La Femme aux pieds nus<\/em>, se basan en mis recuerdos de infancia o en la nostalgia de un mundo que ha desaparecido y que nunca conoc\u00ed. Mi madre hab\u00eda reservado un pedazo de su campo para cultivar viejas plantas que corr\u00edan peligro de desaparecer: \u00abEran como los supervivientes de una \u00e9poca m\u00e1s feliz, de la que, al parecer, sacaba nuevas energ\u00edas\u00bb. Como ella en su campo, he reservado algunas p\u00e1ginas para evocar este mundo tradicional, que era sobre todo el lugar privado de las mujeres. De este modo, creo responder a las expectativas de los j\u00f3venes ruandeses aculturados por el exilio o por la educaci\u00f3n occidental, que desean reencontrarse con un pasado que se les ha ocultado durante demasiado tiempo por razones pol\u00edticas o religiosas. \u00abTus libros son nuestros libros\u00bb, me dec\u00edan los estudiantes de la Universidad de Butare.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>No soy etn\u00f3loga, y mis descripciones de la vida tradicional se basan en mis recuerdos de infancia.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Su v\u00ednculo emocional, intelectual y pol\u00edtico con Ruanda es tan fuerte que se le ha descrito como \u00abembajadora de la memoria tutsi\u00bb. \u00bfC\u00f3mo reaccion\u00f3?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Por supuesto, rechazo el calificativo de \u00abembajadora de los tutsis\u00bb. Si tuviera que reclamar el t\u00edtulo de \u00abembajadora\u00bb, extraoficialmente por supuesto, ser\u00eda embajadora de todos los ruandeses. Probablemente sea demasiado ambicioso. Pero es cierto que soy la autora ruandesa en franc\u00e9s m\u00e1s traducida del mundo, en una treintena de idiomas. La pel\u00edcula adaptada de <em>Notre-Dame du Nil<\/em> ha recorrido los institutos franceses y sigue program\u00e1ndose regularmente en Brasil.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>En 2024 se conmemorar\u00e1 el trig\u00e9simo aniversario del genocidio tutsi. Visto desde Europa, y en comparaci\u00f3n con otros genocidios (armenio, jud\u00edo, gitano), el tiempo de reconciliaci\u00f3n parece haber sido particularmente corto entre las v\u00edctimas tutsis y los verdugos hutus. \u00bfC\u00f3mo se explica esto?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La particularidad del genocidio de los tutsis en Ruanda es que fue un genocidio de vecinos. El vecino asesina a su vecino. Hutus y tutsis viven uno al lado del otro. Nunca ha habido una regi\u00f3n hutu y una regi\u00f3n tutsi en Ruanda. Los ruandeses, sea cual sea su grupo, siempre han vivido juntos, e incluso despu\u00e9s del genocidio tuvieron que seguir conviviendo. Un territorio dividido seg\u00fan supuestas l\u00edneas \u00e9tnicas es impensable. En las colinas, el \u00abs\u00e1lvese quien pueda\u00bb es impensable. No se puede prescindir del vecino. Cada uno necesita al otro a diario. Es este sistema de intercambio de servicios y de ayuda mutua lo que da ritmo a la vida del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Liberar las voces de v\u00edctimas y victimarios fue el primer paso hacia lo que las autoridades llaman reconciliaci\u00f3n.<\/p><cite>Scholastique Mukasonga<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>La convivencia era, pues, inevitable, pero deb\u00eda pasar por la construcci\u00f3n de la reconciliaci\u00f3n, una empresa muy delicada y dif\u00edcil. Por eso recurrimos a los tribunales gacaca, tradicionalmente encargados de resolver las disputas vecinales. Liberar las voces de v\u00edctimas y victimarios fue el primer paso hacia lo que las autoridades llaman reconciliaci\u00f3n. Negarse a olvidar, reparar a las v\u00edctimas y reintegrar en la unidad nacional a quienes participaron en el genocidio de cerca o de lejos: el camino es ciertamente arduo, pero no hay otro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo escribir para los que han sido masacrados? Esta pregunta persigue la obra de Scholastique Mukasonga, que erigi\u00f3 \u00abtumbas de papel\u00bb para los 37 miembros de su familia asesinados durante el genocidio tutsi. 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