{"id":3172,"date":"2022-03-04T21:11:35","date_gmt":"2022-03-04T21:11:35","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=3172"},"modified":"2022-05-31T16:15:07","modified_gmt":"2022-05-31T15:15:07","slug":"cien-anos-de-soledad-geopolitica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/03\/04\/cien-anos-de-soledad-geopolitica\/","title":{"rendered":"Cien a\u00f1os de soledad geopol\u00edtica"},"content":{"rendered":"\n
Vladislav Surkov, cuya reputaci\u00f3n en Occidente parece limitarse a los c\u00edrculos de especialistas en la Rusia contempor\u00e1nea, es una de las figuras centrales del entorno de Vladimir Putin. Sus funciones como mano derecha del presidente de la Federaci\u00f3n hasta el verano de 2020 le valieron el t\u00edtulo de \u00abeminencia gris del Kremlin\u00bb (seryj kardinal Kremlja<\/em>). Sus habilidades diplom\u00e1ticas se pusieron a prueba en suelo ucraniano, donde su influencia con Viktor Janukovi\u010d en 2014 fue especialmente notable. Acusado por sus cr\u00edticos de ser uno de los principales responsables de la monopolizaci\u00f3n del poder pol\u00edtico por parte del partido gubernamental Rusia Unida (Edinaja Rossija<\/em>) y de la erradicaci\u00f3n de la oposici\u00f3n medi\u00e1tica y pol\u00edtica, ha sido el principal ide\u00f3logo del Kremlin durante los \u00faltimos veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n El art\u00edculo traducido a continuaci\u00f3n es una de sus principales intervenciones te\u00f3ricas. Publicada en la revista especializada en geopol\u00edtica, Rusia en la pol\u00edtica mundial<\/em> (Rossija v global’noj politike<\/em>), esta intervenci\u00f3n de 2018 se sit\u00faa precisamente a medio camino entre los acontecimientos ucranianos de 2014 y la guerra en curso. La posici\u00f3n que ah\u00ed expresa Vladislav Surkov puede resumirse as\u00ed: si bien la historia de Rusia est\u00e1 inextricablemente unida a la de Oriente y Occidente, ese pa\u00eds-continente sigue siendo una entidad independiente. La ruptura de 2014, que se hizo oficial con la cuesti\u00f3n ucraniana y las sanciones de Occidente, es un acto de divorcio que condena a Rusia al aislamiento geopol\u00edtico. Esta \u00faltima ya no tendr\u00eda nada que esperar de Occidente y deber\u00eda abrazar por completo su destino de \u00abmestizo\u00bb solitario.<\/p>\n\n\n\n Este art\u00edculo, con una prosa original y elaborada, alejada de los t\u00f3picos patri\u00f3ticos en los que suelen caer los ide\u00f3logos activos en la \u201cgran prensa\u00bb rusa, fue muy comentado \u2014en Rusia y en otros pa\u00edses\u2014 cuando se public\u00f3, y fue recibido de diferentes maneras. Algunos lo vieron no tanto como un gesto de previsi\u00f3n geopol\u00edtica como un intento de justificar los errores acumulados por el gobierno ruso desde 2014. Otros se alegraron de ver por fin que los dirigentes del Kremlin hicieran de la necesidad virtud y reconocieran el verdadero destino de este h\u00e1pax hist\u00f3rico y geopol\u00edtico que es Rusia. Sin embargo, muchos analistas no pudieron dejar de se\u00f1alar la falta de credibilidad del divorcio entre Rusia y Europa que profetiza el autor.<\/p>\n\n\n\n Las opiniones que despliega Vladislav Surkov no s\u00f3lo tienen una relevancia inmediata. El autor ancla sus observaciones en el largo plazo y evoca hechos desde el siglo XVI hasta el XX. Esto no es sorprendente, ya que Surkov se ha hecho famoso por su teor\u00eda de los \u00abcuatro modelos de Estado\u00bb en Rusia: El Estado de Iv\u00e1n III entre los siglos XV y XVII, el de Pedro el Grande entre los siglos XVIII y XIX, el de Lenin en el siglo XX y el de Putin en el siglo XXI (este \u00faltimo destinado, seg\u00fan el autor, a durar tanto como el \u00abEstado galo\u00bb en la Francia de la Quinta Rep\u00fablica, el \u00abEstado de Atat\u00fcrk\u00bb en la Turqu\u00eda contempor\u00e1nea o el \u00abEstado de los Padres Fundadores\u00bb en Estados Unidos. <\/p>\n\n\n\n A pesar de sus insistentes referencias a la antigua Rusia, el art\u00edculo de Vladislav Surkov en realidad nos lleva al siglo XIX. Fue entonces cuando el movimiento de occidentalizaci\u00f3n \u2014iniciado por Pedro el Grande en el siglo anterior\u2014 y la idea de un Sonderweg ruso (osobennyj puy’ Rossii<\/em>), comenzaron a ocupar un lugar central en el debate pol\u00edtico y cultural. Nicol\u00e1s I (1825-1855) inaugur\u00f3 el discurso estatal sobre la identidad nacional rusa (narodnost’<\/em>) asoci\u00e1ndolo a la idea de una \u00abRusia Santa\u00bb (Svjataja Rus’<\/em>), elegida por Dios. Al mismo tiempo, las d\u00e9cadas de 1830 y 1840 vieron c\u00f3mo una nueva generaci\u00f3n de intelectuales se enfrentaba a la modernizaci\u00f3n del pa\u00eds y a la relaci\u00f3n que deb\u00eda mantener con Occidente. Mientras que los \u00aboccidentalistas\u00bb (zapadniki<\/em>) abogaban por el acercamiento, la colaboraci\u00f3n y la emulaci\u00f3n de Europa, los \u00abeslav\u00f3filos\u00bb (slavjanofily<\/em>) le confer\u00edan a Rusia un futuro y una funci\u00f3n hist\u00f3rica distintos, en nombre de una contradicci\u00f3n insoluble entre los valores supuestamente rusos y los supuestamente propios de Occidente (materialismo frente a espiritualismo, individualismo frente a colectivismo, raz\u00f3n frente a fe, sentimiento o fuerza vital). La dial\u00e9ctica del atraso y el avance entre los dos espacios y la tensi\u00f3n entre autonom\u00eda e integraci\u00f3n internacional segu\u00edan impregnando los enfrentamientos entre los socialistas rusos de fines del siglo XIX.El divorcio anunciado por Vladislav Surkov nos regresa a esos debates obsoletos, que siempre han mostrado dos reflejos de pensamiento: el determinismo y el esencialismo. Determinismo: en la visi\u00f3n desesperada de la historia que se nos da aqu\u00ed, son los muertos los que gobiernan a los vivos, es la \u00absangre\u00bb, derramada o hirviendo, la que controla el destino del presente. Esencialismo: la \u00abRusia\u00bb en cuesti\u00f3n se plantea en \u00faltima instancia como una entidad abstracta, que act\u00faa como un iconostasio entre los rusos y su futuro. En ambos casos, este discurso revela nada menos que una ontolog\u00eda de lo social: seg\u00fan sus postulados, no existen los \u00abrusos\u00bb, animados por culturas, ambiciones e imaginarios plurales, sino una masa pasiva, atrapada entre las garras de su pasado y esclava de una entidad superior, \u00abRusia\u00bb. Siempre actuados, nunca actores, sus destinos quedar\u00edan as\u00ed en manos de los zares, los \u00fanicos portadores de la voz de la Madre Rusia, de la Santa Rusia, pero tambi\u00e9n de la Rusia at\u00f3mica, aqu\u00e9lla cuyo presentador de la cadena gubernamental, Dimitri Kisel\u00ebv, dijo, este domingo 27 de febrero, mientras exaltaba el poder de destrucci\u00f3n nuclear del pa\u00eds: \u00ab\u00bfQu\u00e9 nos importa el mundo si Rusia ya no existe en \u00e9l?, o, en otras palabras: \u00abQue el mundo perezca con Rusia\u00bb. El futuro juzgar\u00e1 esta ontolog\u00eda sierva, emanaci\u00f3n at\u00f3nica de la autocracia en el poder, y dir\u00e1 si los propios rusos se reconocen en esta inalcanzable \u00absoledad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n \u00abHay muchos tipos de oficios, algunos de los cuales s\u00f3lo pueden realizarse en un estado ligeramente distinto al normal. As\u00ed, por ejemplo, un proletario de la industria period\u00edstica, un mero proveedor de noticias frescas, es por regla general una persona con un cerebro fren\u00e9tico, que vive en una especie de febrilidad permanente. No es de extra\u00f1ar, ya que todo el sector de la informaci\u00f3n se encuentra en una carrera contra el tiempo: debe saberlo todo antes que los dem\u00e1s, comunicarlo todo antes que los dem\u00e1s, interpretarlo todo antes que los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n Estos mismos informadores contagian su febrilidad a los que informan. Al mismo tiempo, quienes la padecen suelen tomar su estado de febrilidad por un verdadero proceso intelectual, cuando no lo sustituye por completo. De ah\u00ed la tendencia a eliminar de su entorno objetos tan duraderos como las \u00abconvicciones\u00bb y los \u00abprincipios\u00bb en favor de las \u00abopiniones\u00bb desechables. De ah\u00ed tambi\u00e9n la total incoherencia de sus previsiones, lo que, por cierto, no parece molestar a nadie. Tal es el precio de las prisas y de la primac\u00eda de la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n Son pocos los que pueden percibir el silencio burl\u00f3n del destino, ahogado por el estruendo constante de los medios de comunicaci\u00f3n. Pocos prestan atenci\u00f3n a la informaci\u00f3n lenta y masiva, la que no surge de la espuma de la vida, sino de sus profundidades, del lugar donde se mueven y chocan las estructuras geopol\u00edticas y los periodos hist\u00f3ricos. Si sus significados s\u00f3lo se nos muestran tras los hechos, nunca es demasiado tarde para tomar conciencia de ellos.<\/p>\n\n\n\n El a\u00f1o n\u00famero 14 de este siglo se volvi\u00f3 memorable por una serie de logros importantes y significativos, conocidos por todos y de los que ya se ha dicho todo. Pero es ahora cuando se nos revela el acontecimiento fundamental de ese a\u00f1o, cuando nos llega su tard\u00eda y profunda ense\u00f1anza. Este acontecimiento no es otro que el final del \u00e9pico viaje de Rusia hacia Occidente, la culminaci\u00f3n de sus numerosos e infructuosos intentos de integrarse a la civilizaci\u00f3n occidental, de unirse a la \u00abbuena familia\u00bb de los pueblos europeos. <\/p>\n\n\n\n Este a\u00f1o 14 de nuestro siglo inaugur\u00f3 una nueva era, de duraci\u00f3n a\u00fan desconocida, la \u00abera 14+\u00bb, que nos reserva cien, doscientos, trescientos a\u00f1os, qui\u00e9n sabe, de soledad geopol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n ***<\/p>\n\n\n\n Durante cuatro siglos, no se ha dejado piedra sin remover en la occidentalizaci\u00f3n de Rusia, iniciada a la ligera por el \u00abfalso Dimitri\u00bb y proseguida con decisi\u00f3n por Pedro I. \u00bfQu\u00e9 no ha hecho Rusia para imitar a Holanda y Francia, para convertirse en Estados Unidos o Portugal? \u00bfQu\u00e9 esfuerzos no ha hecho para integrarse plenamente a Occidente? Todas las convulsiones de Occidente y todas las ideas que nos han llegado de ah\u00ed han sido acogidas por nuestra \u00e9lite con un entusiasmo fenomenal y, quiz\u00e1 en parte, excesivo. <\/p>\n\n\n\n L\u017eedmitrij<\/em> o \u00abel falso Dimitri\u00bb, zar de 1605 a 1606 durante la \u00ab\u00c9poca de la Inestabilidad\u00bb, apoyado por el rey de Polonia. V\u00e9ase, en particular, Yves-Marie Berc\u00e9, Le Roi cach\u00e9. Sauveurs et imposteurs: mythes politiques populaires dans l’Europe moderne<\/em>, Par\u00eds, Fayard, 1990.<\/p>\n\n\n\n Nuestros aut\u00f3cratas se casaban obstinadamente con mujeres alemanas; nuestra nobleza y burocracia imperial estaban pobladas de \u00abextranjeros errantes\u00bb. Pero si los europeos se han ido rusificando en masa y con mucha rapidez gracias al contacto con Rusia, los rusos no se han europeizado en absoluto.<\/p>\n\n\n\n