{"id":27839,"date":"2023-12-26T17:00:00","date_gmt":"2023-12-26T16:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=27839"},"modified":"2023-12-30T23:58:14","modified_gmt":"2023-12-30T22:58:14","slug":"1923-1924-un-punto-de-inflexion-en-el-largo-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/12\/26\/1923-1924-un-punto-de-inflexion-en-el-largo-siglo-xx\/","title":{"rendered":"1923-1924: un punto de inflexi\u00f3n en el \u00ablargo\u00bb siglo XX"},"content":{"rendered":"\n

\u00bfC\u00f3mo explicar un punto de inflexi\u00f3n? Para ver con claridad las macrocrisis, a veces necesitamos aumentar la escala de an\u00e1lisis, hasta el final del a\u00f1o. Para ayudarnos a pasar de 2023 a 2024, pedimos al historiador franc\u00e9s Pierre Grosser que encargue diez textos, uno por cada d\u00e9cada, para estudiar y contextualizar puntos de inflexi\u00f3n m\u00e1s amplios. Tras el primer episodio sobre 1913-1914<\/a>, he aqu\u00ed el segundo sobre 1923-1924.<\/em><\/p>\n\n\n\n

Descubre nuestras otras series de 2023 \u2013<\/em>de\u00a0Estrategias<\/a>\u00a0a\u00a0Oppenheimer<\/a>\u00a0pasando por\u00a0Kabul<\/a>\u2013 y aprovecha las fiestas para\u00a0suscribirte o regalar el Grand Continent<\/a>.<\/em><\/p>\n\n\n\n

El periodo posterior a la Primera Guerra Mundial se percibe a menudo como un periodo de desorden, incluso de paz ilusoria, situado entre dos grandes guerras mundiales: el conflicto catacl\u00edsmico de la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, a\u00fan m\u00e1s destructiva y supuestamente inevitable <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En un contexto m\u00e1s amplio, la d\u00e9cada de 1920 se ha considerado una fase formativa de lo que Eric Hobsbawm ha denominado el \u00abcorto\u00bb siglo XX (1914-1991) y su conflicto definitorio: la lucha global entre el capitalismo liberal dominado por Estados Unidos y el comunismo dominado por la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica que comenz\u00f3 con la batalla de \u00abWilson contra Lenin\u00bb <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n

Estas interpretaciones siguen estando muy extendidas, pero son profundamente err\u00f3neas. La d\u00e9cada que sigui\u00f3 a la Gran Guerra debe verse bajo una luz totalmente diferente. Marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n diferente, mucho m\u00e1s orientado hacia el futuro, en la historia moderna. Fue una ruptura en un proceso de transformaci\u00f3n m\u00e1s fundamental que tuvo lugar durante lo que aqu\u00ed llamaremos el \u00ablargo\u00bb siglo XX (1860-2022) y que remodel\u00f3 el mundo: el desarrollo del primer orden internacional moderno, que surgi\u00f3 como el nuevo orden atl\u00e1ntico <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Los a\u00f1os veinte marcaron una ruptura en el desarrollo del primer orden internacional moderno, que surgi\u00f3 como el nuevo orden atl\u00e1ntico.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Esencialmente, pues, la d\u00e9cada de 1920 no fue una \u00abd\u00e9cada de ilusiones\u00bb, sino m\u00e1s bien una notable nueva era de reorientaci\u00f3n, progreso y aprendizaje en la historia de la pol\u00edtica europea, transatl\u00e1ntica y mundial. Fue un periodo en el que los pol\u00edticos y responsables elegidos democr\u00e1ticamente que sucedieron a los protagonistas de 1919 extrajeron las consecuencias de las insuficiencias de la Conferencia de Paz de Par\u00eds, desarrollaron visiones pol\u00edticas m\u00e1s orientadas al futuro y propusieron una reforma significativa y ampliamente estabilizadora del orden internacional<\/a> que sustituy\u00f3 de facto al sistema de Versalles. Se plasm\u00f3 en los acuerdos de la Conferencia de Washington sobre el control del armamento naval mundial y un nuevo statu quo en Asia del Este en 1922 y, sobre todo, en los acuerdos de reparaciones de Londres de 1924 y el pacto de seguridad de Locarno de 1925. Estos dos acuerdos sustituyeron la paz impuesta por los vencedores de 1919 por un concierto euroatl\u00e1ntico reconfigurado de Estados democr\u00e1ticos, que ahora inclu\u00eda a la Alemania de Weimar y prefiguraba la comunidad euroatl\u00e1ntica que naci\u00f3 despu\u00e9s de 1945 <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n

En realidad, lo que se consigui\u00f3 tras los esfuerzos iniciales de reorganizaci\u00f3n en Par\u00eds, que sentaron unas bases muy fr\u00e1giles -y, en algunos aspectos, poco leg\u00edtimas- para la paz, no se limit\u00f3 a la simple superaci\u00f3n del \u00absistema de Versalles\u00bb. Fue un primer intento, aunque limitado y a la postre inviable, de construir para el largo siglo XX las bases de un orden atl\u00e1ntico y mundial funcional compuesto por Estados democr\u00e1ticos o en v\u00edas de democratizaci\u00f3n. Por desgracia, los avances de mediados de los a\u00f1os veinte no fueron lo suficientemente s\u00f3lidos como para resistir las ondas expansivas de la crisis econ\u00f3mica mundial. Pero siguen siendo relevantes hoy en d\u00eda. Desde una perspectiva a largo plazo, iniciaron un proceso mucho m\u00e1s largo y decisivo de reorganizaci\u00f3n y aprendizaje en la segunda mitad del largo siglo XX. Este proceso no s\u00f3lo prefigur\u00f3, sino que tambi\u00e9n proporcion\u00f3 lecciones decisivas para quienes trataron de crear un nuevo orden despu\u00e9s de 1945, basado en el Plan Marshall y la Alianza del Atl\u00e1ntico Norte, y para quienes trataron de extender ese orden a Europa del Este y al resto del mundo despu\u00e9s de la Guerra Fr\u00eda. En realidad, el parteaguas de mediados de la d\u00e9cada de 1920 forma parte de una larga historia de progreso que, poco a poco, va estructurando la pol\u00edtica internacional frente a conflictos y desaf\u00edos masivos, un progreso que, al final del largo siglo XX, vuelve a ver amenazada su propia existencia <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

El parteaguas de mediados de la d\u00e9cada de 1920 forma parte de una larga historia de progreso que, poco a poco, va estructurando la pol\u00edtica internacional.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Carl Grossberg, Komposition mit Turbine, 1929. \u00a9 Wikimedia Commons<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Las transformaciones formativas del largo siglo XX y el crisol de la Gran Guerra<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 se entiende exactamente por el \u00ablargo\u00bb siglo XX? \u00bfY qu\u00e9 procesos fundamentales de transformaci\u00f3n tuvieron lugar a lo largo de ese siglo? <\/p>\n\n\n\n

En mi opini\u00f3n, ese siglo comenz\u00f3 en la d\u00e9cada de 1860, cuando surgi\u00f3 una nueva constelaci\u00f3n global tras la desintegraci\u00f3n, a ra\u00edz de la Guerra de Crimea, de la superestructura global de mantenimiento de la paz del orden europeo y mundial del siglo XIX: el Sistema de Viena de 1815. A partir de la d\u00e9cada de 1860, surgi\u00f3 un sistema internacional fundamentalmente diferente y propenso al conflicto: el \u00ab(des)orden\u00bb del gran imperialismo. En ese momento se formaron o consolidaron los Estados modernos, cada vez m\u00e1s industrializados e imperialistas, que acabaron enfrent\u00e1ndose en la Gran Guerra: la reconfigurada pentarqu\u00eda europea de potencias imperiales, incluido el Reich de Bismarck, un Jap\u00f3n Meiji en proceso de modernizaci\u00f3n y una potencia mundial estadounidense en ascenso cuya uni\u00f3n interna hab\u00eda sido salvada por Lincoln en 1865. En el contexto de la primera verdadera globalizaci\u00f3n, no s\u00f3lo del capitalismo sino tambi\u00e9n de la pol\u00edtica de poder a la europea, esos Estados y sociedades se enzarzaron en una competencia sin precedentes, din\u00e1mica, global y esencialmente ilimitada, que iba a afectar a todo el mundo y a someter a la mayor parte de \u00e9l a la dominaci\u00f3n imperialista. Esta competencia se convirti\u00f3 r\u00e1pidamente en inseparable de una aut\u00e9ntica lucha pol\u00edtica dentro de Europa, en la que lo que estaba en juego era cada vez m\u00e1s importante. Estaba motivada no s\u00f3lo por ideolog\u00edas nacionalistas e imperialistas rivales, sino tambi\u00e9n por nociones darwinistas civilizatorias de \u00ablucha por la supervivencia de la potencia mundial m\u00e1s fuerte\u00bb. La lucha interconectada que sigui\u00f3 hizo que una posible guerra general no fuera inevitable, pero s\u00ed cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de evitar.<\/p>\n\n\n\n

El siglo XX comenz\u00f3 en la d\u00e9cada de 1860.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Los principales responsables de la toma de decisiones de ese periodo cr\u00edtico no caminaron son\u00e1mbulos hacia el abismo, como ha sugerido Christopher Clark<\/a>. Al contrario, cuando la crisis de julio se agrav\u00f3 en 1914, el ministro de Asuntos Exteriores brit\u00e1nico, sir Edward Grey, y sus hom\u00f3logos ya no dispon\u00edan de un mecanismo eficaz de resoluci\u00f3n de conflictos para evitar una guerra total, ni de la mentalidad y el margen pol\u00edtico para hacer lo necesario para salvar la paz <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La escalada que sigui\u00f3 no s\u00f3lo fue una Gran Guerra cada vez m\u00e1s total, sino tambi\u00e9n una Gran Guerra catal\u00edtica. Lo que desencaden\u00f3 no fue un proceso lineal, sino dial\u00e9ctico, que abarc\u00f3 m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas y alcanz\u00f3 su primera fase decisiva a mediados de la d\u00e9cada de 1920. Fue un proceso de ensayo, error y aprendizaje sucesivo a largo plazo, en respuesta a dos guerras mundiales y a una enorme crisis econ\u00f3mica mundial intermedia. Fue durante este proceso cuando se remodel\u00f3 fundamentalmente el sistema internacional, no s\u00f3lo en cuanto a la distribuci\u00f3n del poder y la influencia, sino tambi\u00e9n, a un nivel m\u00e1s profundo, en cuanto a las reglas, normas, principios y pr\u00e1cticas que rigen la pol\u00edtica internacional, haciendo posible la construcci\u00f3n de un orden mundial m\u00e1s sostenible <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

El sistema internacional que finalmente sustituy\u00f3 al \u00abdesorden\u00bb del imperialismo globalizado anterior a 1914 no adquiri\u00f3 sus primeros contornos hasta despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, lo que se conceptualiz\u00f3 y debati\u00f3 en aquella \u00e9poca iba a tomar forma despu\u00e9s de 1945. Se trataba esencialmente de una nueva Pax Atl\u00e1ntica, un orden atl\u00e1ntico de paz, seguridad y desarrollo sin precedentes. Desde una perspectiva global, tambi\u00e9n constituy\u00f3 el n\u00facleo de un nuevo orden mundial basado en normas para el largo siglo XX, que se manifest\u00f3 por primera vez en el naciente sistema de las Naciones Unidas y en las instituciones de Bretton Woods, pero que fue m\u00e1s all\u00e1 de ellas. Basado en una cooperaci\u00f3n m\u00e1s global entre el nuevo hegem\u00f3n estadounidense y los Estados de Europa Occidental, incluida Alemania Occidental, este nuevo sistema de orden se cre\u00f3 sobre la base de dos pilares fundamentales, el Programa Europeo de Recuperaci\u00f3n y la Alianza del Atl\u00e1ntico Norte. Esto se hizo bajo la presi\u00f3n de la escalada de la Guerra Fr\u00eda, pero esencialmente sobre cimientos m\u00e1s antiguos que se remontan al menos a 1919. Lo que se desarroll\u00f3 fue una aut\u00e9ntica comunidad atl\u00e1ntica, un sistema de seguridad colectiva, resoluci\u00f3n pac\u00edfica de conflictos, gobierno democr\u00e1tico, derechos humanos, capitalismo liberal limitado por la socialdemocracia y el desarrollo. Este sistema se vio reforzado por innumerables redes transnacionales y proporcion\u00f3 unas condiciones vitales para el nuevo proceso de integraci\u00f3n de Europa Occidental. Aunque a menudo cuestionado, y a pesar de los casos de superaci\u00f3n y violaci\u00f3n de sus normas, este sistema de paz adquiri\u00f3 un impresionante grado de estabilidad y legitimidad. Despu\u00e9s de 1989, se abrieron perspectivas sin precedentes para aprovechar estos avances, no s\u00f3lo para extenderlos a Europa del Este, sino tambi\u00e9n para trabajar en pro de un orden mundial m\u00e1s global y leg\u00edtimo <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Pero las perspectivas de crear dicho orden, sobre la base de las premisas atl\u00e1nticas, se han visto seriamente cuestionadas, en particular desde el advenimiento del autoritarismo populista al estilo de Trump y la guerra de agresi\u00f3n rusa de Putin contra Ucrania y Occidente, en lo que podr\u00eda ser el final o un punto formativo de renovaci\u00f3n del orden internacional del largo siglo XX.<\/p>\n\n\n\n

El sistema internacional que finalmente sustituy\u00f3 al \u00abdesorden\u00bb del imperialismo globalizado anterior a 1914 no adquiri\u00f3 sus primeros contornos hasta despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

A la luz de todo esto, la Primera Guerra Mundial debe entenderse no como la \u00abcat\u00e1strofe original\u00bb de corto plazo, sino m\u00e1s bien como el crisol del \u00ablargo\u00bb siglo XX. Lo que hizo que la b\u00fasqueda m\u00e1s global de la paz y el orden despu\u00e9s de la guerra fuera tan necesaria y tan desalentadora s\u00f3lo puede comprenderse plenamente reconociendo no s\u00f3lo los desaf\u00edos globales sin precedentes que la propia guerra cre\u00f3, sino tambi\u00e9n los desaf\u00edos m\u00e1s profundos y a m\u00e1s largo plazo que dej\u00f3 la competencia imperialista globalizada de las d\u00e9cadas anteriores a la guerra. Son esos retos los que los pacificadores tuvieron que afrontar simult\u00e1neamente. La guerra precipit\u00f3 no s\u00f3lo el colapso de los imperios Guillermino, Habsburgo, Zarista y Otomano, sino tambi\u00e9n, de forma m\u00e1s fundamental, la desaparici\u00f3n de todo el sistema estatal europeo y del \u00aborden\u00bb mundial de la era del gran imperialismo. Al mismo tiempo, impuls\u00f3 a Estados Unidos hacia un nuevo papel mundial para el que apenas estaba preparado: el de una nueva potencia econ\u00f3mica y acreedora, pero tambi\u00e9n el de una potencia pol\u00edtica decisiva. Tambi\u00e9n marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en una lucha mundial mucho m\u00e1s amplia entre los intereses de las potencias imperiales restantes, en particular Gran Breta\u00f1a y Francia, y las demandas de \u00abautodeterminaci\u00f3n\u00bb de los nacionalistas antiimperiales del \u00abmundo colonizado\u00bb. Sin embargo, la Gran Guerra tambi\u00e9n dio lugar a una \u00abguerra dentro de la guerra\u00bb pol\u00edtica e ideol\u00f3gica de una ferocidad sin precedentes, que sobre todo se convirti\u00f3 en un conflicto transatl\u00e1ntico relativo no s\u00f3lo al significado de la propia guerra, sino tambi\u00e9n a la forma del orden internacional que iba a surgir tras ella. Primero, las \u00abideas de 1776 y 1789\u00bb occidentales chocaron con las \u00abideas de 1914\u00bb alemanas. Despu\u00e9s, a partir de 1917, la lucha se intensific\u00f3 a medida que las aspiraciones de Wilson de una \u00abpaz que ponga fin a todas las guerras\u00bb y a una nueva Sociedad de Naciones aut\u00f3nomas chocaban no s\u00f3lo con los objetivos b\u00e9licos de los principales beligerantes europeos, sino tambi\u00e9n con el llamado de Lenin a una revoluci\u00f3n bolchevique mundial. Esta situaci\u00f3n dio lugar a expectativas masivas, incluso exageradas y contradictorias, en cuanto al tipo de paz y orden que deb\u00edan establecerse tras la cat\u00e1strofe sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n

La Gran Guerra tambi\u00e9n dio lugar a una \u00abguerra dentro de la guerra\u00bb pol\u00edtica e ideol\u00f3gica de una ferocidad sin precedentes.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En ese contexto, el reto m\u00e1s importante al que se enfrentaban los pacificadores de 1919 no era ni crear un \u00abnuevo orden mundial\u00bb radical anclado en una Sociedad de Naciones con una autoridad considerable, ni, como se ha afirmado a menudo, establecer un nuevo equilibrio mundial viable, principalmente imponiendo condiciones restrictivas a las potencias derrotadas y haci\u00e9ndolas cumplir despu\u00e9s <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Cualquiera de esas aspiraciones result\u00f3 no s\u00f3lo esquiva, sino contraproducente. La paz econ\u00f3mica y financiera tampoco era la tarea m\u00e1s importante, aunque fuera innegablemente vital <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La \u00fanica v\u00eda realista hacia un orden de posguerra m\u00e1s sostenible pod\u00eda abrirse pol\u00edticamente, emprendiendo un proceso de negociaci\u00f3n y reorganizaci\u00f3n integrador y, en la medida de lo posible, equilibrado. En efecto, s\u00f3lo un proceso de este tipo podr\u00eda sentar las bases de lo m\u00e1s importante: un orden de paz reformado, esencialmente integrador, negociado en condiciones que pudieran ser consideradas leg\u00edtimas por todos los actores implicados, y no s\u00f3lo por los vencedores. S\u00f3lo en un proceso de este tipo pueden tenerse en cuenta, en la medida de lo posible, los intereses y las expectativas. En t\u00e9rminos sist\u00e9micos, se trataba ante todo de construir un concierto atl\u00e1ntico in\u00e9dito de Estados democr\u00e1ticos en el seno del nuevo sistema mundial y de la instituci\u00f3n sin precedentes de la Sociedad de Naciones. Para ser eficaz, el concierto deb\u00eda incluir no s\u00f3lo a Estados Unidos, Gran Breta\u00f1a y Francia, sino tambi\u00e9n a la joven Rep\u00fablica de Weimar. Y con el tiempo podr\u00eda ampliarse a Jap\u00f3n y a otras potencias clave, mientras que el futuro del r\u00e9gimen bolchevique era a\u00fan imprevisible en esa fase <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Las dificultades de la paz de 1919 y la necesidad de un orden m\u00e1s duradero y leg\u00edtimo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

Lo sucedido en la Conferencia de Paz de Par\u00eds supuso el primer intento, pero tambi\u00e9n en algunos aspectos, el intento frustrado de crear un nuevo orden mundial atl\u00e1ntico, un orden que ya no pod\u00eda ser euroc\u00e9ntrico y que a\u00fan no pod\u00eda ser verdaderamente global, pero que deb\u00eda construirse esencialmente en torno a un nuevo n\u00facleo atl\u00e1ntico. Dominados por los objetivos, intereses y limitaciones de los l\u00edderes democr\u00e1ticamente legitimados de los principales vencedores occidentales -el presidente estadounidense Wilson, el primer ministro brit\u00e1nico Lloyd George y el primer ministro franc\u00e9s Clemenceau-, los procesos de pacificaci\u00f3n de Par\u00eds remodelaron sin duda el mundo. Pero 1919 no supuso el advenimiento de un nuevo orden mundial. Las negociaciones de Par\u00eds tuvieron efectos tanto masivos como ambivalentes en las esferas regionales del orden. Afectaron a Asia del Este, como ilustra tan crudamente el acuerdo pol\u00edtico real de Wilson con la delegaci\u00f3n japonesa, que concedi\u00f3 a Tokio autoridad sobre la provincia de Shandong y dej\u00f3 frustradas las aspiraciones de China de recuperar la soberan\u00eda. Tambi\u00e9n tuvo repercusiones dram\u00e1ticas en Medio Oriente, donde los violentos procesos de reorganizaci\u00f3n tras el colapso del Imperio Otomano s\u00f3lo tuvieron lugar de forma preliminar, mediante el Acuerdo de Lausana de 1923. Desde una perspectiva global, fue un momento cr\u00edtico en el que las expectativas m\u00e1s amplias de superaci\u00f3n de la dominaci\u00f3n imperial y globalizaci\u00f3n de la autodeterminaci\u00f3n, que la ret\u00f3rica de Wilson hab\u00eda suscitado especialmente, entraron en conflicto con el poder a\u00fan dominante y los intereses creados de quienes, sobre todo en Gran Breta\u00f1a y Francia, pretend\u00edan incluso ampliar las prerrogativas imperiales. Las estructuras imperialistas esenciales de influencia y poder no se revisaron a profundidad. No se establecieron nuevos principios o normas de validez universal. Se mantuvieron las gradaciones jer\u00e1rquicas y el doble rasero, en la India y fuera de ella, sobre todo en lo relativo a la autodeterminaci\u00f3n. Esto fue especialmente evidente en el sistema de mandatos neoimperiales de la Liga. No obstante, Par\u00eds allan\u00f3 el camino para el proceso m\u00e1s largo y violento que acabar\u00eda erosionando la legitimidad del imperialismo formal e informal y culminar\u00eda en las luchas de descolonizaci\u00f3n posteriores a 1945 <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Lo sucedido en la Conferencia de Paz de Par\u00eds supuso el primer intento, pero tambi\u00e9n en algunos aspectos, el intento frustrado de crear un nuevo orden mundial atl\u00e1ntico, un orden que ya no pod\u00eda ser euroc\u00e9ntrico y que a\u00fan no pod\u00eda ser verdaderamente global, pero que deb\u00eda construirse esencialmente en torno a un nuevo n\u00facleo atl\u00e1ntico.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, fue en Europa donde los pacificadores se enfrentaron a las tareas de reorganizaci\u00f3n m\u00e1s cruciales y desalentadoras. Y como sus enfoques de la paz y el orden segu\u00edan siendo irreconciliables en puntos clave, como sus necesidades de legitimaci\u00f3n segu\u00edan siendo tan dispares y como los retos a los que se enfrentaban eran tan vastos, s\u00f3lo fueron capaces de alcanzar tenues compromisos en las cuestiones m\u00e1s fundamentales. Esto se aplica a la cuesti\u00f3n clave de la seguridad de posguerra, en la que s\u00f3lo pudo elaborarse una tenue arquitectura de garant\u00edas espec\u00edficas angloamericanas y de seguridad colectiva basada en la Liga. Lo mismo cabe decir de los problemas interdependientes de las reparaciones alemanas y la reconstrucci\u00f3n de Europa, as\u00ed como de la gigantesca tarea de reorganizar Europa del Este tras el colapso de los imperios orientales. Dadas las complejas mezclas \u00e9tnicas y las reivindicaciones nacionales en conflicto, result\u00f3 imposible crear una nueva configuraci\u00f3n estable de Estados sobre la base de la \u00abautodeterminaci\u00f3n\u00bb. La perspectiva de encontrar un aut\u00e9ntico modus vivendi con el r\u00e9gimen bolchevique en medio de la guerra civil rusa no fue menos dif\u00edcil de alcanzar. Lo m\u00e1s importante, sin embargo, fue la mala gesti\u00f3n por parte de los vencedores de la cuesti\u00f3n crucial de Alemania. La principal potencia derrotada no fue castigada ni disminuida radicalmente, pero tampoco le hicieron concesiones. Al final, se impuso humillantemente una paz de los vencedores, y la Alemania de Weimar qued\u00f3 excluida del nuevo orden emergente <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n

As\u00ed pues, el naciente orden atl\u00e1ntico y mundial que tom\u00f3 forma en 1919 era un sistema claramente inacabado, dominado por los vencedores y carente de legitimidad a los ojos de los vencidos, los bolcheviques y todos aquellos cuyas demandas de autodeterminaci\u00f3n hab\u00edan sido rechazadas. Al mismo tiempo, surgi\u00f3 la Sociedad de Naciones, no como una organizaci\u00f3n inclusiva y verdaderamente mundial, sino como una instituci\u00f3n exclusiva de los vencedores <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Debido a estas deficiencias, la Conferencia de Paz de Par\u00eds s\u00f3lo pudo marcar el \u00abprincipio de un principio\u00bb en los intentos de establecer un orden de paz viable para el \u00ablargo\u00bb siglo XX. El resultado de la conferencia se vio a\u00fan m\u00e1s comprometido por la derrota de Wilson en la \u00abbatalla de los tratados\u00bb con el Senado, dominado por los republicanos, y la posterior abstenci\u00f3n de Estados Unidos en la Sociedad de Naciones <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Por eso los a\u00f1os veinte, y en particular los a\u00f1os clave de 1923-1925, fueron tan importantes.<\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Carl Grossberg, Brouwersgracht, Amsterdam, 1925. \u00a9 Wikimedia Commons<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El punto de inflexi\u00f3n. Los procesos de aprendizaje y las normas transformadoras de los a\u00f1os veinte<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

La constelaci\u00f3n original posterior a Versalles hab\u00eda creado un antagonismo estructural entre una Alemania aislada, proclive a perseguir un revisionismo asertivo para librarse del \u00abyugo\u00bb de Versalles, y una Francia ansiosa, que buscaba formas cada vez m\u00e1s asertivas de contener la inminente amenaza alemana. Tras la desaparici\u00f3n de la garant\u00eda de seguridad angloamericana de 1919, la \u00abguerra fr\u00eda\u00bb franco-alemana se convirti\u00f3 en un conflicto abierto cuando el primer ministro franc\u00e9s de posguerra, Raymond Poincar\u00e9, se sinti\u00f3 obligado a ir m\u00e1s all\u00e1 del statu quo de 1919 para reforzar la seguridad de Francia. Tratando de hacerse con el control de los recursos estrat\u00e9gicos de Alemania, especialmente en la regi\u00f3n industrial clave del Ruhr, no s\u00f3lo llev\u00f3 a la Alemania de Weimar al borde de la desintegraci\u00f3n. Tambi\u00e9n provoc\u00f3 la crucial crisis del Ruhr de 1923, que conducir\u00eda a la creaci\u00f3n del nuevo orden internacional euroatl\u00e1ntico de los a\u00f1os veinte, el sistema Londres-Locarno, aunque a\u00fan no estuviera consolidado.<\/p>\n\n\n\n

El naciente orden atl\u00e1ntico y mundial que tom\u00f3 forma en 1919 era un sistema claramente inacabado, dominado por los vencedores y carente de legitimidad a los ojos de los vencidos, los bolcheviques y todos aquellos cuyas demandas de autodeterminaci\u00f3n hab\u00edan sido rechazadas.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En respuesta al conflicto del Ruhr, el sucesor de Wilson al frente de la pol\u00edtica exterior estadounidense, el secretario de Estado republicano Charles Hughes, inici\u00f3 una marcada reorientaci\u00f3n de la estrategia estadounidense hacia Europa. M\u00e1s all\u00e1 del aislacionismo tan bien definido y de la diplomacia econ\u00f3mica, propuso su propia doctrina y declar\u00f3 que sus principios rectores ser\u00edan la \u00abindependencia\u00bb, que no significaba \u00abaislamiento\u00bb, y la \u00abcooperaci\u00f3n\u00bb, que no se extend\u00eda a \u00abalianzas y enredos pol\u00edticos\u00bb. Sobre la base de esos principios, Hughes aspiraba a promover no la expansi\u00f3n unilateral de un imperio comercial, sino una nueva Pax Americana: una \u00abcomunidad\u00bb internacional de ideales e intereses en la que el gobierno estadounidense desempe\u00f1ara el papel de \u00e1rbitro informal pero siempre comprometido. Su n\u00facleo deb\u00eda incluir a Estados Unidos, Europa Occidental y, sobre todo, a la Alemania de Weimar. Seg\u00fan Hughes, lo m\u00e1s importante para la Europa de posguerra era iniciar un proceso de pacificaci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica eficaz. Y efectivamente encontr\u00f3 la manera de promover una \u00abcooperaci\u00f3n internacional eficaz\u00bb fomentando la \u00abdespolitizaci\u00f3n\u00bb y la resoluci\u00f3n \u00abracional\u00bb del conflicto del Ruhr a trav\u00e9s de un comit\u00e9 internacional de expertos. La iniciativa de Hughes acab\u00f3 dando lugar al Plan Dawes de 1924. En colaboraci\u00f3n con el primer gobierno laborista brit\u00e1nico de Ramsay MacDonald y los financieros angloamericanos, el secretario de Estado estadounidense ayud\u00f3 a transformar el Plan Dawes en un acuerdo pol\u00edtico complejo pero mundialmente leg\u00edtimo en la Conferencia de Londres sobre Reparaciones <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

El Acuerdo de Londres de agosto de 1924 fue aclamado en Europa como el advenimiento de una \u00abpaz americana\u00bb. A\u00fan no resolv\u00eda la disputa sobre las reparaciones alemanas que hab\u00eda lastrado la pol\u00edtica de posguerra desde Versalles. Sin embargo, fue el primer acuerdo negociado entre los vencedores y vencidos de la guerra. Por fin cre\u00f3 un instrumento para resolver el problema m\u00e1s agudo tras Versalles. Teniendo en cuenta la \u00abcapacidad real de pago\u00bb de Alemania, el r\u00e9gimen de Dawes redujo las obligaciones anuales de Alemania y condujo al pr\u00e9stamo inicial de 800 millones de florines por parte un sindicato dirigido por J. P. Morgan and Co. en octubre de 1924. El r\u00e9gimen de Dawes inici\u00f3 as\u00ed un ciclo asim\u00e9trico de estabilizaci\u00f3n financiera: Alemania depend\u00eda principalmente del capital estadounidense para pagar las reparaciones a Francia y Gran Breta\u00f1a, y estas \u00faltimas -ambas deudoras de Estados Unidos despu\u00e9s de 1918- pod\u00edan a su vez utilizar los fondos de las reparaciones para cumplir sus obligaciones con Washington, aunque Francia no ratific\u00f3 el acuerdo Mellon-B\u00e9renger sobre la deuda hasta julio de 1929. Hay que subrayar que una crisis masiva del r\u00e9gimen de reparaciones y de la deuda era evitable. En esas circunstancias, el acuerdo de 1924 ofrec\u00eda el mejor marco posible para consolidar la Alemania de Weimar. Puso a Europa en el camino de la pacificaci\u00f3n en los a\u00f1os \u00abdorados\u00bb de finales de la d\u00e9cada de 1920. Pero hab\u00eda que mantenerlo <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Alemania depend\u00eda principalmente del capital estadounidense para pagar las reparaciones a Francia y Gran Breta\u00f1a, y estas \u00faltimas -ambas deudoras de Estados Unidos despu\u00e9s de 1918- pod\u00edan a su vez utilizar los fondos de las reparaciones para cumplir sus obligaciones con Washington.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Anteriormente, Hughes tambi\u00e9n hab\u00eda desempe\u00f1ado un papel clave en los avances hacia un control mundial del armamento naval y un \u00abnuevo orden\u00bb m\u00e1s enfocado en el futuro en Asia del Este. Buscando establecer un nuevo bloque regional viable de orden mundial, hab\u00eda tomado la iniciativa en la creaci\u00f3n del Sistema de Washington de 1922, que estableci\u00f3 el primer r\u00e9gimen de control de armamento naval del mundo y una \u00abCarta Magna\u00bb que proteg\u00eda la integridad de China. Los acuerdos de Washington a\u00fan no pod\u00edan establecer un statu quo sostenible en Asia del Este. Se concluyeron durante un periodo de transici\u00f3n en el que resultaba dif\u00edcil conciliar las antiguas reivindicaciones europeas y estadounidenses, los intereses japoneses y las aspiraciones rivales de los nacionalistas y comunistas chinos, defendidas finalmente por Chiang Kai-shek y Mao. No obstante, el sistema de Washington supuso un importante paso adelante. Estabiliz\u00f3 una compleja constelaci\u00f3n durante casi una d\u00e9cada y allan\u00f3 el camino para un orden postimperial en Asia del Este. Al incluir a Jap\u00f3n, tambi\u00e9n reforz\u00f3 a los defensores de una nueva orientaci\u00f3n liberal y occidental en Tokio, como el futuro ministro de Asuntos Exteriores, Shidehara Kijuro, y el futuro primer ministro Hamaguchi Osachi <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, la cuesti\u00f3n crucial de la pol\u00edtica internacional que a\u00fan quedaba por abordar despu\u00e9s de 1919, no s\u00f3lo en Asia del Este -y a escala mundial-, sino tambi\u00e9n y sobre todo en Europa, era sin duda la cardinal y cada vez m\u00e1s compleja cuesti\u00f3n de la seguridad. En la esfera euroatl\u00e1ntica, este problema se hizo a\u00fan m\u00e1s urgente tras los acuerdos de Londres, precisamente porque Alemania hab\u00eda empezado a revitalizarse. Fue aqu\u00ed donde se produjo otro punto de inflexi\u00f3n a mediados de la d\u00e9cada de 1920: se lograron los avances m\u00e1s significativos hacia una nueva arquitectura de seguridad internacional m\u00e1s sostenible y democr\u00e1tica. En el centro de esos avances se encontraba el segundo acuerdo hist\u00f3rico de la \u00e9poca, no s\u00f3lo europeo sino esencialmente euroatl\u00e1ntico: el Pacto de Locarno de octubre de 1925, que fue negociado entre los nuevos actores clave de la pol\u00edtica europea: el ministro de Asuntos Exteriores franc\u00e9s, Aristide Briand, su hom\u00f3logo alem\u00e1n, Gustav Stresemann, y, en el papel de \u00abintermediario honesto\u00bb de Europa, el secretario de Asuntos Exteriores brit\u00e1nico Austen Chamberlain. Los Acuerdos de Locarno no s\u00f3lo consagraron la aceptaci\u00f3n por parte de Alemania del statu quo de posguerra en sus fronteras occidentales, sino tambi\u00e9n, mediante tratados de arbitraje independientes, el compromiso de Alemania con la evoluci\u00f3n pac\u00edfica de Europa del Este. En concreto, el gobierno alem\u00e1n se comprometi\u00f3, a pesar de la tangible oposici\u00f3n interna, a intentar alterar las disputadas fronteras posteriores a Versalles con Polonia y Checoslovaquia \u00fanicamente por medios pac\u00edficos. Y lo que es m\u00e1s importante, Locarno sent\u00f3 las bases de un nuevo concierto europeo de potencias democr\u00e1ticas, cuyo n\u00facleo inclu\u00eda a Gran Breta\u00f1a, Francia y la Rep\u00fablica de Weimar. El Acuerdo de Paz Democr\u00e1tica de Locarno revitaliz\u00f3 la Sociedad de Naciones al allanar el camino para que la Alemania de Weimar se uniera en oto\u00f1o de 1926. Tambi\u00e9n proporcion\u00f3 el marco interestatal esencial para los notables esfuerzos de pacificaci\u00f3n, reconciliaci\u00f3n y desarme militar y mental que las crecientes redes de activistas e intelectuales no gubernamentales llevaron a cabo en aquella \u00e9poca. Por \u00faltimo, cre\u00f3 las condiciones previas esenciales para lo que tuvo lugar, a pesar de los numerosos obst\u00e1culos y oposiciones de ambas partes: un incipiente y bastante notable proceso de paz franco-alem\u00e1n, que prefigur\u00f3 el acercamiento hist\u00f3rico del periodo posterior a 1945.<\/p>\n\n\n\n

En su momento, e incluso con m\u00e1s fervor desde los a\u00f1os treinta, los cr\u00edticos denigraron el Pacto de Locarno como una manifestaci\u00f3n peligrosamente ilusoria de \u00abapaciguamiento\u00bb <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Por su parte, Stalin, que acababa de embarcarse en la brutal industrializaci\u00f3n y remodelaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, lo describi\u00f3 despectivamente como \u00abun ejemplo de la hipocres\u00eda sin parang\u00f3n de la diplomacia burguesa\u00bb que no hac\u00eda sino encubrir \u00ablos preparativos de una nueva guerra\u00bb <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Sin embargo, desde una perspectiva a largo plazo, el acuerdo de 1925 puede considerarse un logro fundamental, un paso decisivo en un proceso de transformaci\u00f3n a m\u00e1s largo plazo que, desgraciadamente, s\u00f3lo podr\u00eda traer una paz m\u00e1s duradera tras una segunda guerra mundial. Es importante reconocer, sin embargo, que s\u00f3lo los avances transatl\u00e1nticos de 1924 hab\u00edan creado las condiciones previas esenciales para el \u00e9xito del proceso de Locarno, y que el apoyo de Estados Unidos era entonces tambi\u00e9n crucial para su \u00e9xito. El gobierno estadounidense a\u00fan no estaba preparado para asumir compromisos estrat\u00e9gicos directos en Europa. Por el contrario, el Departamento de Estado subray\u00f3 que la responsabilidad de establecer un nuevo mecanismo de seguridad reca\u00eda en las potencias europeas. Sin embargo, viendo en el Pacto de Locarno un paso importante en esta direcci\u00f3n, la administraci\u00f3n de Coolidge y los principales banqueros de Wall Street hicieron valer a su favor la influencia financiera y pol\u00edtica de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el enfoque de Locarno ten\u00eda la virtud de liberar a Washington de cualquier obligaci\u00f3n oficial que ni el Senado ni el electorado estadounidense hubieran sancionado. A diferencia del \u00absistema de Versalles\u00bb, que en realidad agrav\u00f3 las calamidades europeas de posguerra, el sistema de Londres y Locarno cre\u00f3 el marco esencial para la reconstrucci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica de Europa. Al mismo tiempo, sent\u00f3 las bases de la estabilizaci\u00f3n y la integraci\u00f3n internacional de una Alemania democr\u00e1tica, al tiempo que sentaba las bases de un nuevo sistema de seguridad indispensable para ello, aunque a\u00fan estuviera lejos de consolidarse. En conjunto, los compromisos de Londres y Locarno lograron lo que hab\u00eda resultado imposible en Versalles: inauguraron unos principios y unas reglas de juego que abr\u00edan la \u00fanica v\u00eda realista hacia un orden duradero de posguerra, unos principios y unas reglas de juego en virtud de los cuales los vencedores y los vencidos de la Gran Guerra pod\u00edan negociar acuerdos equilibrados y rec\u00edprocos que estuvieran en consonancia con el orden liberal basado en normas y con el r\u00e9gimen de derecho internacional simbolizado por la Sociedad de Naciones, y que de hecho lo reforzaban <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Carl Grossberg, Der gelbe Kessel, 1933. \u00a9 Wikimedia Commons<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El nuevo amanecer de fines de los a\u00f1os veinte y el devastador impacto de la crisis econ\u00f3mica mundial<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

Los \u00faltimos a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1920 marcaron un verdadero nuevo amanecer en Europa y fuera de ella, y una notable consolidaci\u00f3n del nuevo orden transatl\u00e1ntico. Parec\u00eda abrirse un periodo de esperanza para la democracia liberal y la paz, no s\u00f3lo en Europa sino tambi\u00e9n en Estados Unidos. Sin embargo, el sucesor de Hughes, Frank Kellogg, el futuro presidente Herbert Hoover y otros pol\u00edticos clave en Washington hab\u00edan sacado lecciones miopes de los \u00e9xitos de Londres y Locarno. Llegaron a la conclusi\u00f3n de que la promoci\u00f3n por parte de Estados Unidos del Plan Dawes y del Pacto de Seguridad Europeo hab\u00eda bastado para encarrilar al Viejo Continente hacia la paz, marcando as\u00ed los l\u00edmites esenciales de la implicaci\u00f3n oficial estadounidense en la Europa de posguerra. Por tanto, no hab\u00eda perspectivas reales de lograr lo que habr\u00eda sido esencial: ampliar el naciente concierto europeo de 1925 para convertirlo en un sistema de seguridad euroatl\u00e1ntico m\u00e1s s\u00f3lido y eficaz. Fue durante las negociaciones del Pacto Kellogg-Briand cuando esta situaci\u00f3n se hizo m\u00e1s evidente. <\/p>\n\n\n\n

En la primavera de 1927, el ministro de Asuntos Exteriores franc\u00e9s, Aristide Briand, propuso a Washington un pacto bilateral de paz perpetua, por el que ambas naciones se compromet\u00edan a \u00abrenunciar a la guerra como instrumento de pol\u00edtica nacional\u00bb. La iniciativa de Briand desencaden\u00f3 un complejo proceso de negociaciones transatl\u00e1nticas que desemboc\u00f3 en un tratado sin precedentes pero finalmente ineficaz. Urgido por el movimiento estadounidense de \u00abproscripci\u00f3n de la guerra\u00bb, uno de cuyos defensores fue su mentor pol\u00edtico, el senador republicano William Borah, generalmente aislacionista, Kellogg dirigi\u00f3 esencialmente el proceso de acuerdo con los intereses estadounidenses y las limitaciones estrat\u00e9gicas autoimpuestas en una fase de aislacionismo selectivo. Al final, la administraci\u00f3n de Coolidge no concluy\u00f3 un \u00abtratado defensivo\u00bb bilateral con Par\u00eds que hubiera comprometido a Estados Unidos con el statu quo de posguerra en Europa. En su lugar, el 27 de agosto de 1928, se uni\u00f3 a Gran Breta\u00f1a, Francia y Alemania, as\u00ed como a Polonia, Checoslovaquia y Jap\u00f3n, en la firma de un pacto general de renuncia a la guerra, al que se adhirieron muchos otros Estados y, con el tiempo, incluso la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Sin embargo, lo que se convirti\u00f3 en el acuerdo Kellogg-Briand no conten\u00eda ning\u00fan mecanismo internacional para hacer cumplir las disposiciones esenciales del tratado o imponer sanciones a quienes se desviaran del compromiso de renunciar a la guerra como medio de pol\u00edtica internacional <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, lo que se convirti\u00f3 en el acuerdo Kellogg-Briand no conten\u00eda ning\u00fan mecanismo internacional para hacer cumplir las disposiciones esenciales del tratado o imponer sanciones a quienes se desviaran del compromiso de renunciar a la guerra como medio de pol\u00edtica internacional.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Y lo que es m\u00e1s importante, la administraci\u00f3n de Hoover decidi\u00f3 abstenerse de cualquier papel de liderazgo pol\u00edtico en el desarrollo del Plan Young y en las negociaciones que condujeron al acuerdo euroatl\u00e1ntico m\u00e1s importante antes de la Gran Depresi\u00f3n: el acuerdo global, pero a\u00fan no definitivo, sobre reparaciones alcanzado en la primera Conferencia de La Haya en agosto de 1929. El compromiso alcanzado en La Haya -por las potencias de Locarno, pero sin participantes estadounidenses- tambi\u00e9n resolvi\u00f3 el aspecto m\u00e1s cr\u00edtico de la cuesti\u00f3n cardinal de Renania, que hab\u00eda dividido a Francia y Alemania. Se acord\u00f3 que la ocupaci\u00f3n franco-belga terminar\u00eda en junio de 1930, mucho antes de la fecha l\u00edmite de 1935 fijada por el Tratado de Versalles. En retrospectiva, sin embargo, este acuerdo no s\u00f3lo lleg\u00f3 demasiado tarde para anticipar el colapso del orden internacional que sigui\u00f3. Tambi\u00e9n fue menos importante de lo que podr\u00eda haber sido. Las limitaciones de las pol\u00edticas estadounidenses, en particular las de la reci\u00e9n inaugurada administraci\u00f3n Hoover, influyeron notablemente en este resultado, con consecuencias finalmente desastrosas para el naciente orden de posguerra de los a\u00f1os veinte. No cabe duda de que los responsables pol\u00edticos estadounidenses optaron por la desvinculaci\u00f3n en parte porque no quer\u00edan verse implicados en negociaciones pol\u00edticas que pudieran agitar el fantasma del alivio de la deuda. Sin embargo, su actitud distante tambi\u00e9n estaba motivada por consideraciones m\u00e1s fundamentales. Hoover, en particular, segu\u00eda convencido de que recurrir a una diplomacia europea anticuada era parte del problema, no de la soluci\u00f3n. Tambi\u00e9n se aferr\u00f3 a su credo de que una soluci\u00f3n real al conflicto de las reparaciones y a los problemas m\u00e1s amplios de la posguerra europea deb\u00eda basarse \u00fanicamente en \u00abmotivos econ\u00f3micos\u00bb, sin tener apenas en cuenta las \u00abconsideraciones pol\u00edticas\u00bb. Precisamente porque defend\u00edan una actitud progresista sobre estas bases, los responsables pol\u00edticos estadounidenses no vieron la necesidad de lo que sus hom\u00f3logos europeos, en particular Stresemann y Briand, consideraban esencial para avanzar en la estabilizaci\u00f3n de Europa: nuevos acuerdos globales que incluyeran elementos tanto financieros como pol\u00edticos <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

Hoover segu\u00eda convencido de que recurrir a una diplomacia europea anticuada era parte del problema, no de la soluci\u00f3n. <\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Desgraciadamente, estos logros tan dif\u00edciles de conseguir no pudieron ser lo suficientemente s\u00f3lidos como para resistir las ondas expansivas de la crisis econ\u00f3mica mundial. Esta calamidad pol\u00edtico-econ\u00f3mica sin precedentes, destructiva y de impacto global, se convirti\u00f3 en una espiral viciosa de crisis sucesivas que los l\u00edderes pol\u00edticos internacionales fueron finalmente incapaces de controlar. Mientras que el poder de los Estados europeos para contener las consecuencias del colapso financiero, la debacle econ\u00f3mica y el desempleo galopante era muy limitado, las respuestas del gobierno de Hoover a lo que se convirti\u00f3 en un proceso de r\u00e1pido deterioro fueron tard\u00edas y resultaron insuficientes para evitar la desintegraci\u00f3n de la incipiente paz euroatl\u00e1ntica de los a\u00f1os veinte. Una vez que la Gran Depresi\u00f3n eclips\u00f3 todo lo dem\u00e1s, Estados Unidos no dispuso de los medios necesarios para evitar el colapso del orden internacional. Sobre todo, los responsables pol\u00edticos estadounidenses ten\u00edan cada vez menos incentivos o poderes sancionadores para contrarrestar, y mucho menos revertir, la desintegraci\u00f3n de la Rep\u00fablica de Weimar y el giro final de Jap\u00f3n hacia el militarismo y el autoritarismo. No obstante, es importante comprender que la crisis mundial de principios de los a\u00f1os treinta no demostr\u00f3 que el sistema de Londres y Locarno fuera intr\u00ednsecamente defectuoso, y que los progresos realizados desde 1923 hab\u00edan allanado de hecho el camino a las calamidades que se abatieron sobre Europa y el mundo a partir de 1929. Pero lo que sin duda puede subrayarse es que la reticencia de los responsables pol\u00edticos y financieros estadounidenses a promover una arquitectura pol\u00edtica y financiera internacional m\u00e1s eficaz tuvo repercusiones tangibles: desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo en el hecho de que el crack de Wall Street acabara convirti\u00e9ndose en una crisis mundial en toda regla en 1931. De hecho, el comportamiento estadounidense aceler\u00f3 un cambio fundamental hacia pol\u00edticas de \u00abautoayuda\u00bb que tambi\u00e9n afect\u00f3 a Europa, Asia del Este y otras partes del mundo y acab\u00f3 por corroer el sistema internacional de los a\u00f1os veinte. El sistema financiero y comercial mundial se disolvi\u00f3 en bloques proteccionistas y esferas de influencia nacionales cerradas. El proceso de \u00abrenacionalizaci\u00f3n\u00bb, que ha tenido consecuencias a\u00fan m\u00e1s desastrosas, tambi\u00e9n ha remodelado la pol\u00edtica internacional. Al disolver el concierto europeo, tambi\u00e9n hizo in\u00fatiles los tard\u00edos y limitados intentos de gesti\u00f3n de crisis de la administraci\u00f3n de Hoover <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

En el \u00e1mbito crucial de la seguridad internacional, la pol\u00edtica estadounidense se vio gravemente limitada por la reticencia de Hoover a defender, en un contexto interno esencialmente aislacionista, compromisos estrat\u00e9gicos m\u00e1s amplios destinados a salvar el orden euroatl\u00e1ntico de posguerra. Cuando la \u00faltima Conferencia de Desarme de Ginebra inici\u00f3 sus trabajos en febrero de 1932, la administraci\u00f3n de Hoover hab\u00eda vuelto a la estricta falta de compromiso, distanci\u00e1ndose de los esfuerzos de la Liga por establecer un r\u00e9gimen general de control de armas. El fracaso de la posterior Conferencia de Ginebra pr\u00e1cticamente complet\u00f3 la desintegraci\u00f3n del sistema Londres-Locarno. Este proceso y la disoluci\u00f3n paralela de la Rep\u00fablica de Weimar permitir\u00edan finalmente a Hitler lanzar su asalto al orden mundial. El ejemplo m\u00e1s llamativo de la incapacidad de Estados Unidos para imponer el orden internacional durante la \u00e9poca de la Depresi\u00f3n no se produjo, por supuesto, en Europa, sino tras la invasi\u00f3n japonesa de Manchuria en septiembre de 1931, que condujo al establecimiento del r\u00e9gimen t\u00edtere de Manchukuo en febrero de 1932. La administraci\u00f3n de Hoover se neg\u00f3 a participar en las sanciones internacionales contra Jap\u00f3n y nunca protest\u00f3 en\u00e9rgicamente contra las violaciones japonesas del Tratado de las Nueve Potencias de Washington y sus garant\u00edas para la integridad de China. La respuesta estadounidense se limit\u00f3 finalmente a la Doctrina Stimson, que estipulaba que Estados Unidos no reconocer\u00eda el r\u00e9gimen de Manchukuo ni ning\u00fan otro cambio forzado del statu quo en Asia del Este. El propio secretario de Estado, Stimson, hab\u00eda abogado por una pol\u00edtica m\u00e1s firme. Pero Hoover no estaba dispuesto a aceptar medidas militares o econ\u00f3micas para imponer la nueva doctrina, entre otras cosas porque tem\u00eda la oposici\u00f3n del Congreso. La extensi\u00f3n de la crisis tambi\u00e9n sell\u00f3 el destino del sistema de Washington. A pesar del compromiso naval de la Conferencia de Londres de 1930, esta piedra angular del naciente orden de paz de la d\u00e9cada de 1920 ya hab\u00eda sido corro\u00edda por la rivalidad subyacente entre las potencias angloamericanas y los objetivos agresivos del ej\u00e9rcito japon\u00e9s y sus aliados pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n

El fracaso de la posterior Conferencia de Ginebra pr\u00e1cticamente complet\u00f3 la desintegraci\u00f3n del sistema Londres-Locarno.<\/p>PATRICK O. COHRS<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Tr\u00e1gicamente, los notables logros de la era de Washington, Londres y Locarno iban as\u00ed a ser destruidos en los oscuros a\u00f1os treinta, primero por el expansionismo de los militaristas autoritarios de Jap\u00f3n, luego por las haza\u00f1as fascistas de Mussolini y finalmente, de forma decisiva, por el descenso sin precedentes de la Alemania de Hitler a la barbarie, que sumi\u00f3 al mundo en una Segunda Guerra Mundial a\u00fan m\u00e1s abominable. Sin embargo, lo que se hab\u00eda conceptualizado y perseguido en la d\u00e9cada de 1920 prepar\u00f3 en muchos sentidos el terreno para el sistema de paz y la comunidad euroatl\u00e1ntica que se construir\u00eda despu\u00e9s de esa guerra, sobre los cimientos del Programa Europeo de Recuperaci\u00f3n y la Alianza del Atl\u00e1ntico Norte, y que se desarrollar\u00eda durante la segunda mitad del largo siglo XX. En un sentido m\u00e1s amplio, tanto los avances del periodo posterior a la Primera Guerra Mundial como el fracaso a la hora de preservarlos durante la Gran Depresi\u00f3n encierran lecciones fundamentales para el presente, lecciones que parecen especialmente pertinentes hoy en d\u00eda, en un momento en que la mayor aproximaci\u00f3n a un orden mundial basado en normas est\u00e1 sometida a una presi\u00f3n tan eminente, tanto desde fuera como desde dentro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Nada de felices a\u00f1os veinte. Nada de Roaring Twenties<\/em>. La d\u00e9cada de 1920 marc\u00f3 el comienzo de una profunda recomposici\u00f3n del orden mundial seg\u00fan la l\u00f3gica atl\u00e1ntica. Desde una perspectiva acad\u00e9mica basada en el largo plazo, Patrick O. Cohrs repasa esta etapa clave de la historia europea y mundial que, en muchos sentidos, configur\u00f3 todo el siglo XX. 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