{"id":26990,"date":"2023-11-30T17:20:00","date_gmt":"2023-11-30T16:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=26990"},"modified":"2023-11-30T22:26:44","modified_gmt":"2023-11-30T21:26:44","slug":"contra-la-tentacion-colapsista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/11\/30\/contra-la-tentacion-colapsista\/","title":{"rendered":"Contra la tentaci\u00f3n colapsista"},"content":{"rendered":"\n

La creencia de que la trayectoria de nuestra sociedad se encamina hacia un colapso ecosocial se ha instalado con mucha fuerza, tanto en los imaginarios del ecologismo pol\u00edtico como del conjunto de la sociedad. En los c\u00edrculos ecologistas se multiplican las voces que nos advierten sobre el car\u00e1cter irreversible de la autodestrucci\u00f3n ecol\u00f3gica de la modernidad. Hoy es posible encontrar este discurso en muchos idiomas. Hay una franquicia de las distintas formas del colapsismo en cada pa\u00eds occidental: del movimiento de adaptaci\u00f3n profunda al estoicismo ecologismo de Scranton y su Aprender a morir en el Antropoceno<\/em>; de la teor\u00eda de Olduvai del supremacista Richard Duncan a la colapsolog\u00eda de Servigne y Stevens. Este \u00e1nimo aciago del ecologismo tiene vasos comunicantes con los imaginarios de una sociedad cada vez m\u00e1s nihilista, c\u00ednica y descre\u00edda de cualquier posibilidad de un futuro mejor. <\/p>\n\n\n\n

Sin duda, no se trata de un discurso gratuito. La evoluci\u00f3n tr\u00e1gica de la crisis ecol\u00f3gica le otorga verosimilitud. El verano del 2023, en el que la combinaci\u00f3n de la crisis clim\u00e1tica con el fen\u00f3meno meteorol\u00f3gico de El Ni\u00f1o ha pulido todos los r\u00e9cords de temperaturas extremas es un claro ejemplo de una experiencia social que, casi de modo espont\u00e1neo, nos invita a confundir la realidad con la cat\u00e1strofe. En el pico de la cuarta ola de calor que ha golpeado Espa\u00f1a en 2023, es f\u00e1cil y comprensible dejarse llevar por la tentaci\u00f3n de que estamos asistiendo a una suerte de apocalipsis en fasc\u00edculos. Pero aunque los peores escenarios ecol\u00f3gicos son perfectamente posibles, las posibilidades de transformaci\u00f3n ecosocial siguen abiertas. Sin embargo, esta idea, que es el n\u00facleo fundacional del ecologismo pol\u00edtico, est\u00e1 siendo crecientemente cuestionada desde dentro del mismo ecologismo por una corriente en auge que concibe cualquier cambio hacia la sostenibilidad como un proceso necesariamente mediado por un gran fracaso colectivo, que se proyecta bajo la categor\u00eda de colapso. <\/p>\n\n\n\n

En un libro recientemente publicado por Arpa, Contra el mito del colapso ecol\u00f3gico <\/em>realizo una cr\u00edtica a estas posiciones ideol\u00f3gicas, que he agrupado bajo la categor\u00eda de \u201ccolapsismo\u201d, y que est\u00e1n ganando el coraz\u00f3n del ecologismo pol\u00edtico. El hilo conductor del libro no es solo constatar que el colapsismo es pol\u00edticamente muy poco \u00fatil para evitar que se cumplan los peores escenarios. Quiz\u00e1 lo m\u00e1s novedoso de la investigaci\u00f3n que lo respalda es el desmontaje cr\u00edtico de los errores de diagn\u00f3stico y las inconsistencias te\u00f3ricas que alimentan la tentaci\u00f3n colapsista. Es decir, el problema del colapsismo no estar\u00eda solo en sus efectos pol\u00edticos nefastos, sino en sus cimientos intelectuales: una recopilaci\u00f3n parcial de los datos cient\u00edficos, y, sobre todo, la aplicaci\u00f3n de una mala teor\u00eda social. <\/p>\n\n\n\n

Pero, \u00bfrealmente existe el colapsismo?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

Muchas de las voces que dentro del ecologismo han convertido el colapso en el epicentro de su perspectiva rechazan el t\u00e9rmino \u201ccolapsismo\u201d. Consideran que es una etiqueta que no respeta matices, que tiene una connotaci\u00f3n p\u00fablica negativa, que abre debates contraproducentes o sencillamente un fantasma inexistente.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

El problema del colapsismo no estar\u00eda solo en sus efectos pol\u00edticos nefastos, sino en sus cimientos intelectuales.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Probablemente, que el grueso del debate se haya dado a trav\u00e9s de redes sociales como Twitter, algor\u00edtmicamente programadas para generar c\u00e1maras de eco y caricaturas polarizadoras, no ha ayudado a que las formas de esta pol\u00e9mica fueran las m\u00e1s amables. A pesar de ello, conviene desdramatizar. La unanimidad es directamente proporcional al anquilosamiento de un movimiento transformador. Cualquier propuesta viva de cambio social alberga posiciones diferentes que friccionan. Y en comparaci\u00f3n con otros tiempos pasados, sin duda estas disputas se llevan hoy con un nivel de civilidad comparativa impresionante. A su vez, salvo para fan\u00e1ticos e integristas, es evidente que diferentes corrientes del ecologismo, m\u00e1s colapsistas o m\u00e1s posibilistas, compartimos lo suficiente como para que podamos y debamos encontrarnos y colaborar en luchas y objetivos concretos. Apostar por una transformaci\u00f3n ecologista de nuestra econom\u00eda que sea justa, en principio, ofrece tanto o m\u00e1s posibilidades para la cooperaci\u00f3n que para el desencuentro.   <\/p>\n\n\n\n

Aunque no es el tema de este texto, dos de las cr\u00edticas que el colapsismo esgrime para evitar ser pensado como un fen\u00f3meno ideol\u00f3gico coherente merecen una respuesta. La primera, es la que considera el colapsismo una parodia para desprestigiar las posiciones decrecentistas. Esta reacci\u00f3n defensiva es un disparate porque decrecimiento no es colapsismo. De hecho, el grueso del movimiento decrecentista internacional no es colapsista, aunque en Espa\u00f1a se solapen notablemente. Jason Hickel, uno de los grandes gur\u00fas del decrecimiento defend\u00eda, hace en unas semanas, la idoneidad de un Green New Deal radicalizado, una posici\u00f3n que muchos defendemos y que es profundamente incompatible con la mirada colapsista.<\/p>\n\n\n\n

La segunda cr\u00edtica que debe ser respondida es aquella que afirma que el colapsismo no existe, que se tratar\u00eda de un hombre de paja. Esta afirmaci\u00f3n me resulta especialmente dada\u00edsta e inveros\u00edmil. Yo milit\u00e9 en primera persona en los c\u00edrculos colapsistas fundados alrededor de la hip\u00f3tesis del pico del petr\u00f3leo casi 15 a\u00f1os de mi vida. De hecho, el libro de Contra el mito del colapso ecol\u00f3gico<\/em> tiene mucho de autocr\u00edtica, de distancia respecto a posiciones intelectuales con las que he estado profundamente comprometido, que sigo respetando aunque discrepe de ellas y que creo que conozco bastante bien. Lo suficiente no solo para saber que el colapsismo existe, sino tambi\u00e9n que la etiqueta no es tan desacertada. Al fin a y al cabo, dentro de este microuniverso social, el t\u00e9rmino \u201ccolapsista\u201d es de uso identificativo com\u00fan. Por ejemplo, en Espa\u00f1a existe una suerte de jerga que divide este espacio ideol\u00f3gico en dos sensibilidades, los \u201cmo-cos\u201d \u2013moderadamente colapsistas- y los \u201cco-cos\u201d \u2013completamente colapsistas.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Un Green New Deal radicalizado es profundamente incompatible con la mirada colapsista.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Por si hab\u00eda alguna duda, emplear la categor\u00eda colapsismo no es un ataque que denigre unas posiciones. Al rev\u00e9s. Es el reconocimiento de una coherencia anal\u00edtica e ideol\u00f3gica colectiva<\/em> suficientemente potente como para que merezca la pena tener con ella un debate sobre asuntos en juego que son importantes. En cuanto a la cuesti\u00f3n del decrecimiento, aunque la etiqueta me genera problemas por su inmadurez pol\u00edtica, en mi caso afirmo que he abandonado el ecologismo colapsista, pero no el objetivo decrecentista. Si por decrecimiento entendemos la necesaria reducci\u00f3n de muchas dimensiones materiales de nuestra econom\u00eda para reintegrarlas dentro de los l\u00edmites planetarios, unido a una cr\u00edtica a la acumulaci\u00f3n de capital como sujeto autom\u00e1tico (Marx) y una denuncia a la equiparaci\u00f3n falaz de productivismo, consumismo y bienestar, me considero netamente decrecentista. Es m\u00e1s, defiendo que si crees en la justicia social y los derechos humanos en el siglo XXI, probablemente solo puedas ser decrecentista, aunque no te convenza esa bandera, al menos tal y como hoy se formula. <\/p>\n\n\n\n

Delimitando el fen\u00f3meno ideol\u00f3gico \u201ccolapsismo\u201d<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

Hechas estas aclaraciones, \u00bfqu\u00e9 podemos entender por colapsismo? Una corriente ideol\u00f3gica en formaci\u00f3n dentro del ecologismo que considera que algo que se decide llamar \u201ccolapso ecosocial\u201d es un destino, o bien un suceso muy probable. Y que adem\u00e1s es suficientemente inminente, en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, como para condicionar las estrategias pol\u00edticas del presente.  <\/p>\n\n\n\n

A este primer rasgo definitorio se le a\u00f1aden otros, que no comparten todas las voces del colapsismo pero s\u00ed una parte importante de ellas. Esencialmente, un paquete de especulaciones sobre la sociedad post-colapso, que estar\u00eda caracterizada por un descenso importante de la poblaci\u00f3n, un notable retroceso tecnol\u00f3gico, un ascenso del mundo rural y del sector primario frente a la decadencia de lo urbano-industrial y una descomposici\u00f3n de las grandes instituciones de la modernidad en un orden m\u00e1s simplificado, fragmentario y descentralizado. Por \u00faltimo, el colapsismo ser\u00eda incomprensible sin atender a su letra peque\u00f1a pol\u00edtica: aunque ning\u00fan colapsista busca intencionalmente provocar el colapso \u2013no existe, hasta donde yo conozco, un aceleracionismo colapsista\u2013, muchos de ellos entienden que adem\u00e1s de la tragedia que le ser\u00e1 inherente el colapso ofrecer\u00e1 una oportunidad que puede tener rendimiento pol\u00edtico. Especialmente para propuestas de signo anarquista o libertario. <\/p>\n\n\n\n

Redefiniendo el colapso para hacer el concepto operativo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

En mi definici\u00f3n de colapsismo he matizado que los colapsistas consideran inevitable un evento, acontecimiento o proceso \u201cque deciden llamar colapso\u201d\u00a0 porque uno de los primeros problemas te\u00f3ricos importantes del colapsismo es la vaguedad del t\u00e9rmino. En no pocas ocasiones se usa la palabra \u201ccolapso\u201d con mucha gratuidad: realmente, la parte m\u00e1s inteligente del colapsismo proyecta un horizonte de futuro peor que ir\u00e1 evolucionando en unos plazos de tiempo dilatados. Lo que es incongruente con el imaginario del colapso, al menos, por dos razones. La primera, porque el hecho de que el futuro ser\u00e1 ecol\u00f3gicamente dif\u00edcil es innegable y aporta poco a un an\u00e1lisis de ecolog\u00eda pol\u00edtica. La segunda, porque la conversi\u00f3n del colapso en un largo proceso de degeneraci\u00f3n, que pueda durar d\u00e9cadas o incluso siglos, es incoherente con apuesta sem\u00e1ntica. Y, mucho m\u00e1s importante, porque desactiva la hip\u00f3tesis pol\u00edtica del colapsismo, que es la primac\u00eda, en el corto plazo, de la acci\u00f3n autogestionaria de peque\u00f1as comunidades que ocupan el hueco de un Estado y un Mercado en v\u00edas de derrumbe.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

El hecho de que el futuro ser\u00e1 ecol\u00f3gicamente dif\u00edcil es innegable y aporta poco a un an\u00e1lisis de ecolog\u00eda pol\u00edtica.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La definici\u00f3n de colapso m\u00e1s coherente que manejan los discursos colapsistas es, siguiendo a Tainter, una p\u00e9rdida dr\u00e1stica de la complejidad social. El problema de esta definici\u00f3n es que la complejidad social es una categor\u00eda tan dif\u00edcil de definir como de medir. Mi propuesta es entender el colapso ecosocial como un fallo muy destructivo, r\u00e1pido y relativamente irreversible de la capacidad de regulaci\u00f3n del Estado (que incluye el mercado, en tanto que todos nuestros mercados funcionan en simbiosis inseparable con el Estado moderno) provocado por un shock o golpe que se origina en la crisis ecol\u00f3gica (escasez energ\u00e9tica o de recursos, evento clim\u00e1tico extremo, pandemia originada en un proceso de zoonosis). Un escenario de disrupci\u00f3n r\u00e1pida de la estabilidad reproductiva del orden moderno cuyo derrumbe ofrecer\u00eda una posibilidad para que estrategias pol\u00edticas con un fuerte perfil anarquista o aut\u00f3nomo, y con un marcado car\u00e1cter revolucionario y a la vez local y comunitario, pudiesen triunfar. <\/p>\n\n\n\n

El colapsismo ante el examen de los hechos: el pico de Hubbert <\/strong><\/h2>\n\n\n\n

En el libro de Contra el mito del colapso ecol\u00f3gico<\/em> se desglosan con cierto nivel de detalle distintos argumentos que problematizan el esquema base del pensamiento colapsista: desde una revisi\u00f3n actualizada de las evidencias cient\u00edficas que el colapsismo emplea, y que en algunos campos como la energ\u00eda admiten importantes matices e interpretaciones alternativas, hasta un cuestionamiento de la viabilidad pol\u00edtica de sus ilusiones anarquistas, pasando por un an\u00e1lisis pormenorizado de la arquitectura te\u00f3rica que sostiene su argumentario. Una arquitectura te\u00f3rica que, por cierto, presenta unos paralelismos impresionantes al catastrofismo marxista previo a la Primera Guerra Mundial. <\/p>\n\n\n\n

Como resumen simplificador, por norma general el colapsismo combina ciencia-natural valiosa, aunque sujeta a muchas incertidumbres, con chapuza sociol\u00f3gica. El resultado es una intervenci\u00f3n pol\u00edtica problem\u00e1tica, que en el plano de la ciudadan\u00eda afianza el clima de nihilismo, resignaci\u00f3n y par\u00e1lisis preexistente. Y en el caso del ecologismo activista, lo desengancha de las demandas y los malestares de las capas populares para lanzarlo a un aventurismo pol\u00edtico fantasioso (y que tiene mucho de neoliberalismo inconsciente en tanto que aceptaci\u00f3n del mantra ideol\u00f3gico del \u201cno hay alternativa\u201d y la asunci\u00f3n de la impotencia de la pol\u00edtica institucional para transformar la sociedad).\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n

La arquitectura te\u00f3rica del colapsismo presenta unos paralelismos impresionantes al catastrofismo marxista previo a la Primera Guerra Mundial.\u00a0<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La primera d\u00e9cada del nuevo milenio estuvo marcada por un intenso debate energ\u00e9tico a partir de la publicaci\u00f3n de un c\u00e9lebre art\u00edculo de Campbell y Laherr\u00e8re en el a\u00f1o 1998, El fin del petr\u00f3leo barato<\/em> <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En dicho art\u00edculo se utilizaba la metodolog\u00eda de Hubbert para proyectar un pico global del petr\u00f3leo en la primera d\u00e9cada del siglo XXI, a partir del cual su producci\u00f3n declinar\u00eda irreversiblemente. En base a esta proyecci\u00f3n, y debido al impresionante car\u00e1cter petroc\u00e9ntrico del mundo contempor\u00e1neo (80% de combustibles f\u00f3siles en su matriz energ\u00e9tica, y un cuasi monopolio del petr\u00f3leo en sectores como el transporte o la agricultura industrial), se gener\u00f3 una escuela colapsista que entend\u00eda que la conclusi\u00f3n l\u00f3gica de este cruce de datos era la inmediata condena a muerte de la sociedad industrial tal y como la conoc\u00edamos. La complejidad moderna no podr\u00eda sostenerse en un contexto de declive irreversible de la disponibilidad energ\u00e9tica, lo que auguraba un proceso traum\u00e1tico de simplificaci\u00f3n social. Esto es, un colapso. Los acontecimientos de la primera d\u00e9cada del 2000 (la invasi\u00f3n de Irak, el incremento espectacular de los precios del crudo dentro del superciclo de las materias primas empujado por el desarrollo chino, la crisis financiera de 2008) contribuyeron mucho a conformar la narrativa del peak oil<\/em> como una mirada novedosa que articulaba los sucesos de aquella d\u00e9cada con una coherencia explicativa muy potente.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

De aquel magma discursivo surgi\u00f3 una red internacional conectada a trav\u00e9s de toda una serie de p\u00e1ginas web, blogs y foros de discusi\u00f3n online (que en Espa\u00f1a lider\u00f3 la web Crisis Energ\u00e9tica<\/em>, que hizo un impresionante trabajo tanto de traducci\u00f3n como de producci\u00f3n propia de pensamiento alrededor del peak oil). Se trat\u00f3 (y aun se trata) de una red h\u00edbrida, en parte conformada por cient\u00edficos preocupados por el agotamiento de los combustibles f\u00f3siles y en parte por ciudadanos que, una vez iniciados en un conocimiento enormemente disruptivo para sus vidas, o bien trataban de profundizar en \u00e9l y contribuir a su desarrollo o bien mostraban alguna vocaci\u00f3n adaptativa de muy diversas formas. Como constata Mathew Schneider-Mayerson, y no es casual sino una consecuencia l\u00f3gica de los esquemas colapsistas, la mayor\u00eda de estas reacciones fueron estrictamente individuales <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. De hecho, la iniciaci\u00f3n en el peak oil en EEUU supuso un importante desencadenante de giros biogr\u00e1ficos \u2013mudanzas, cambios de trabajo-, y en algunos casos, la puerta de entrada a la subcultura preparacionista. Otras respuestas, m\u00e1s minoritarias, adquirieron un car\u00e1cter m\u00e1s colectivo, como ocurri\u00f3 con el movimiento de Ciudades en Transici\u00f3n, que surgi\u00f3 en el mundo anglosaj\u00f3n. O con la recepci\u00f3n de la tesis del peak oil<\/em> por parte de movimientos sociales como el ecologismo o el anarquismo en Espa\u00f1a. Lo que un\u00eda todo este conglomerado de iniciativas y voces era la proyecci\u00f3n de una enorme ruptura civilizatoria, que tendr\u00eda impactos inminentes en la normalidad capitalista, y que era tan segura y contrastada que hasta se pod\u00eda fechar con relativa exactitud algunos de sus efectos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

La red colapsista es h\u00edbrida, en parte conformada por cient\u00edficos preocupados por el agotamiento de los combustibles f\u00f3siles y en parte por ciudadanos que, una vez iniciados en un conocimiento enormemente disruptivo para sus vidas, o bien trataban de profundizar en \u00e9l y contribuir a su desarrollo o bien mostraban alguna vocaci\u00f3n adaptativa de muy diversas formas.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

A continuaci\u00f3n, un ejemplo de estos pron\u00f3sticos que eran comunes en aquel momento. En el editorial del n\u00famero cero de la revista colapsista ib\u00e9rica 15\/15\\15, un ejercicio de literatura ficci\u00f3n que se colocaba retrospectivamente en el a\u00f1o 2030, puede leerse la siguiente predicci\u00f3n que da nombre a la publicaci\u00f3n: \u201cSe hab\u00eda calculado que en tan s\u00f3lo 15 a\u00f1os a partir de aquel 2015, no quedar\u00eda m\u00e1s que el 15% de la energ\u00eda con la que el petr\u00f3leo hab\u00eda venido sosteniendo la Civilizaci\u00f3n del Crecimiento\u201d. Este enfoque de abrupta escasez energ\u00e9tica daba continuidad al trabajo pionero de gente como Pedro Prieto con la mencionaba web Crisis energ\u00e9tica o como Ram\u00f3n Fern\u00e1ndez Dur\u00e1n, qui\u00e9n public\u00f3 en 2008 el libro El crep\u00fasculo de la era tr\u00e1gica<\/em> del petr\u00f3leo<\/em>, uno de los primeros libros que trabaj\u00f3 este tema en Espa\u00f1a, donde pueden leerse interpretaciones de los informes de la Agencia Internacional de la Energ\u00eda en las que se concluye \u201cal ritmo actual del crecimiento de la demanda de petr\u00f3leo en el mundo, en el 2012 esa demanda ya no podr\u00e1 ser satisfecha, o quiz\u00e1s antes\u201d. <\/p>\n\n\n\n

Una alteraci\u00f3n en el terreno energ\u00e9tico<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

Sin embargo, hacia el a\u00f1o 2019 resultaba evidente que el relato del peak oil<\/em> no cuadraba con la realidad. Como yo mismo apuntaba aquel a\u00f1o, en el primer texto en el que tom\u00e9 cierta distancia respecto a los que por entonces eran mis compa\u00f1eros de militancia: \u201cDos son las realidades que vuelven nuestro discurso especialmente contraintuitivo a ojos de las mayor\u00edas: (a) el precio del petr\u00f3leo est\u00e1 relativamente bajo, en comparaci\u00f3n con las cifras estratosf\u00e9ricas de antes de 2014, y (b) la econom\u00eda mundial sigue creciendo, aunque lo haga a costa de acumular contradicciones en una demencial huida financiera hacia delante\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Un poco m\u00e1s adelante el art\u00edculo pon\u00eda el acento en el que era el n\u00facleo de experiencia cotidiana que contradec\u00eda nuestras creencias colapsistas:\u00a0\u201cen 2004, cuando supimos gracias a una charla de Pedro Prieto del peak oil<\/em> y los planteamientos de Hubbert, nos parec\u00eda imposible llegar a 2019 con este nivel de continuidad esencial en la forma de vida moderna\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Sin duda la d\u00e9cada de los diez hab\u00eda sido turbulenta. La crisis financiera puso contra las cuerdas el supuesto fin de la historia neoliberal. Su gesti\u00f3n austericida, especialmente integrista en Europa, provoc\u00f3 un ejercicio de tortura s\u00e1dico e innecesariamente doloroso sobre el cuerpo social. Revueltas y estallidos populares cambiaron el mapa pol\u00edtico del mundo. Pero hacia mediados de d\u00e9cada, era evidente, al menos en Occidente, pero tambi\u00e9n en China y en muchos pa\u00edses emergentes, que el suministro energ\u00e9tico, el orden p\u00fablico o la seguridad alimentaria no se hab\u00edan visto sustancialmente alterados. Al menos no a la escala que preve\u00edamos. Tambi\u00e9n resultaba poco discutible que la producci\u00f3n de petr\u00f3leo hab\u00eda continuado increment\u00e1ndose gracias a la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica del fracking en EEUU, aunque esto implicara nuevos problemas t\u00e9cnicos y financieros de diverso tipo. O que la percepci\u00f3n de riesgo de escasez energ\u00e9tica, que hab\u00eda sido notable entre las \u00e9lites durante los a\u00f1os 2000, hab\u00eda disminuido radicalmente. Un aut\u00e9ntico \u201cchange game<\/em>\u201d al que se le puede seguir la pista en el cambio de posiciones de algunos autores que hab\u00edan ayudado mucho a consolidar el discurso del peak oil, como el espa\u00f1ol Mariano Marzo o el italiano Ugo Bardi.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Hacia mediados de d\u00e9cada, era evidente, al menos en Occidente, pero tambi\u00e9n en China y en muchos pa\u00edses emergentes, que el suministro energ\u00e9tico, el orden p\u00fablico o la seguridad alimentaria no se hab\u00edan visto sustancialmente alterados.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

A d\u00eda de hoy, en los c\u00edrculos de especialistas energ\u00e9ticos, el sentimiento predominante es que el momento peak oil<\/em> fue una falsa alarma. O al menos, un problema parcialmente pospuesto \u2013aunque no definitivamente resuelto\u2013. Como ejemplo, una de las figuras m\u00e1s importantes del pensamiento energ\u00e9tico en Espa\u00f1a, Antx\u00f3n Olabe, asesor del Ministerio de Transici\u00f3n Ecol\u00f3gica entre los a\u00f1os 2018 y 2020, y uno de los cerebros del Plan Nacional Integrado de Energ\u00eda y Clima (la hoja de ruta oficial del gobierno espa\u00f1ol para la descarbonizaci\u00f3n del pa\u00eds), se refer\u00eda en su \u00faltimo libro a la cuesti\u00f3n del peak oil<\/em> con estas palabras, de las que extraigo algunos fragmentos relevantes:<\/p>\n\n\n\n

\u201cLos defensores de dicha hip\u00f3tesis se equivocaron. En los casos ideol\u00f3gicamente m\u00e1s extremos, se construy\u00f3 toda una narrativa sobre el inevitable colapso ecosocial y civilizador, cuya causa principal ser\u00eda la incapacidad del sistema energ\u00e9tico para bombear petr\u00f3leo barato a la econom\u00eda (\u2026). Pues bien, una d\u00e9cada y media despu\u00e9s, el sistema energ\u00e9tico mundial, lejos de enfrentar un problema de escasez de oferta de crudo, dispone, como hemos dicho, de reservas de petr\u00f3leo equivalentes a cincuenta a\u00f1os de la producci\u00f3n actual (\u2026). <\/p>\n\n\n\n

Y despu\u00e9s de enumerar las diferentes innovaciones en curso que est\u00e1n surgiendo para enfrentar la crisis clim\u00e1tica (despliegue de renovables, movilidad el\u00e9ctrica), Olabe concluye afirmando que \u201cel aut\u00e9ntico problema del sistema energ\u00e9tico en general, y del sector del petr\u00f3leo en particular sea, a medio y largo plazo, el de encontrarse con una ingente cantidad de activos varados\u201d. <\/p>\n\n\n\n

Que la hip\u00f3tesis del peak oil<\/em>, tal y como se enunciaba en la primera d\u00e9cada de los 2000, no se haya cumplido, no significa que no enfrentemos problemas energ\u00e9ticos serios. Los descubrimientos de nuevos yacimientos presentan una curva descendente desde hace d\u00e9cadas. La concentraci\u00f3n de recursos rentables en algunos territorios sigue siendo una fuente peligrosa de vulnerabilidad, como nos ha demostrado la invasi\u00f3n rusa de Ucrania<\/a>, lo que nos recuerda que el suministro energ\u00e9tico seguir\u00e1 siendo la principal fuente de tensi\u00f3n de la geopol\u00edtica contempor\u00e1nea<\/a>. Los petr\u00f3leos no convencionales que nos ofreci\u00f3 el boom del esquisto en los EEUU son m\u00e1s caros, m\u00e1s dif\u00edciles de extraer, menos vers\u00e1tiles y mucho m\u00e1s contaminantes. No es descartable adem\u00e1s que se trate de un respiro energ\u00e9tico relativamente corto en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos. Adem\u00e1s, la petrodependencia extrema de la sociedad moderna augura que la transici\u00f3n a una econom\u00eda descarbonizada ser\u00e1 una tarea tit\u00e1nica y llena de riesgos, salpicada de turbulencias y con altas posibilidades de cometer graves errores colectivos. Pero este escenario de rendimientos energ\u00e9ticos decrecientes y problemas sociopol\u00edticos asociados a ellos no asegura, en ning\u00fan caso, el derrumbe de la civilizaci\u00f3n industrial. Como tampoco es verdad que las energ\u00edas renovables no puedan sustentar un cambio en la matriz energ\u00e9tica de una sociedad industrial (aunque el debate de su capacidad est\u00e1 abierto y no hay consenso, la mayor\u00eda de los estudios apuntan a que sociedad moderna \u2013con cambios importantes\u2013 y renovables son fen\u00f3menos perfectamente compatibles). Este es el tipo de saltos argumentativos exagerados que la ideolog\u00eda colapsista favorece, y que desorientan, y comprometen para mal, las estrategias del ecologismo transformador.<\/p>\n\n\n\n

Descifrando la f\u00f3rmula del error colapsista<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo podemos explicar el error de la hip\u00f3tesis colapsista con el peak oil<\/em>? Los mecanismos mentales y argumentativos que alimentan el colapsismo son muchos. Los hay de tipo psicol\u00f3gico, los hay relacionados con inercias culturales e imaginarias monopolizadas por la distop\u00eda, los hay que tienen que ver con cuestiones microsociol\u00f3gicas y tambi\u00e9n con la adecuaci\u00f3n de la teor\u00eda a ciertos axiomas pol\u00edticos, como ocurri\u00f3 con el caso de su celebrada recepci\u00f3n anarquista. Expongo, de manera muy simplificada, cinco elementos recurrentes de tipo epistemol\u00f3gico y te\u00f3rico que ayudan a entender qu\u00e9 fall\u00f3 en las proyecciones de los c\u00edrculos del peak oil<\/em>, y que forman parte  del sustrato intelectual del pensamiento colapsista:<\/p>\n\n\n\n

    \n
  • Un cierto nivel de sesgo de confirmaci\u00f3n cient\u00edfica, priorizando siempre aquellas perspectivas o datos que, en debates acad\u00e9micos muy complejos y llenos de incertidumbres, se adecuaban m\u00e1s al relato general.  <\/li>\n\n\n\n
  • Un acusado reduccionismo, como si el petr\u00f3leo y su declive pudieran abarcar el conjunto de los fen\u00f3menos de la historia reciente, obviando las muchas otras dimensiones de los acontecimientos, en muchos casos con un poder explicativo mayor (como ocurre en estos c\u00edrculos con la crisis financiera del 2008).  <\/li>\n\n\n\n
  • Un notable mecanicismo, que sistem\u00e1ticamente ha minusvalorado el dinamismo abierto de lo social y su capacidad adaptativa en muchos frentes, desde la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica hasta la posibilidad de diferentes arreglos econ\u00f3micos y pol\u00edticos. Dos factores que han ido modulando el estr\u00e9s energ\u00e9tico del siglo XXI desobedeciendo el guion prestablecido por la teor\u00eda. <\/li>\n\n\n\n
  • Un enfoque determinista, en el que la energ\u00eda se entiende del mismo modo que entend\u00eda el marxismo m\u00e1s vulgar la econom\u00eda: como la base infraestructural de la que depende el comportamiento evolutivo de la sociedad.  <\/li>\n\n\n\n
  • Un cierto abuso del concepto de sistema, que facilita una confusi\u00f3n constante de las escalas macro y micro, difuminar lo particular de las coyunturas en un esquema explicativo general, y apostar demasiado a una noci\u00f3n de crisis gobernada bajo la idea de efecto domin\u00f3. <\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n

    El Reino de la Libertad no est\u00e1 clausurado<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

    Este tipo de errores te\u00f3ricos ser\u00edan irrelevantes si quedaran dentro del campo de la experimentaci\u00f3n acad\u00e9mica. Pero cristalizan en narrativas simplificadas, mitos e ideas fuertes con una influencia creciente en el debate y en la acci\u00f3n del movimiento ecologista. Los cuadros pol\u00edticos ecologistas que est\u00e1n llamados a ejercer un liderazgo esencial en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas hoy se socializan en ambientes ideol\u00f3gicos que invitan a todo tipo de confusiones peligrosas. Por ejemplo, llev\u00e1ndole la contraria el grueso del trabajo acad\u00e9mico al respecto, que las energ\u00edas renovables son un ap\u00e9ndice de los combustibles f\u00f3siles. Un espejismo energ\u00e9tico por el que no merece la pena apostar ya que todo futuro sostenible pasa por aproximarnos a una realidad metab\u00f3lica de signo preindustrial. Por cierto, que las energ\u00edas renovables puedan sostener una civilizaci\u00f3n industrial, aunque sea transformada en par\u00e1metros importantes como la alimentaci\u00f3n o la movilidad, no elimina los problemas y las violencias de su implementaci\u00f3n bajo una gram\u00e1tica econ\u00f3mica capitalista. Pero este es otro debate: el de la necesidad del ecosocialismo. Otra confusi\u00f3n peligrosa que promueve el colapsismo es\u00a0 pensar que desentenderse del Estado es una opci\u00f3n cient\u00edficamente respaldada por la supuesta descomposici\u00f3n irreversible de nuestros niveles de complejidad social.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

    Los errores te\u00f3ricos cristalizan en narrativas simplificadas, mitos e ideas fuertes con una influencia creciente en el debate y en la acci\u00f3n del movimiento ecologista.<\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

    Como estamos viendo en Francia estos d\u00edas con la antidemocr\u00e1tica ilegalizaci\u00f3n del movimiento L\u00e9s Soul\u00e8vements de la Terre<\/em>, no hace falta que un gobierno de extrema derecha expl\u00edcita llegue al poder para que el ecologismo sufra procesos represivos profundamente desarticuladores. Y este pulso, aunque tendr\u00e1 que jugarse en la calle, no se ganar\u00e1 solo en la calle. Se ganar\u00e1 en el Estado, en una guerra de posiciones ardua e intermitente (Gramsci) por construir mayor\u00edas sociales con capacidad de gobierno. Y la primera premisa para la victoria pasa por no obviar que ese es el terreno de juego que ning\u00fan colapso repentino nos va a ahorrar. <\/p>\n\n\n\n

    Que el pico del petr\u00f3leo, tal y como se conceb\u00eda a principios de los 2000, haya resultado una falsa alarma no significa que no enfrentemos problemas ecol\u00f3gicos existenciales. Riesgos que ponen en peligro la vida social tal y como la conocemos. Un siglo XXII habitable sigue sin estar asegurado. Si la energ\u00eda nos est\u00e1 dando una tregua, lo est\u00e1 haciendo a costa de agravar y acelerar el desastre clim\u00e1tico en curso, un frente donde las malas noticias se est\u00e1n acelerando, tal y como hemos podido comprobar en primera persona del plural en el pasado verano terrible. La hecatombe de la biodiversidad sigue comprometiendo peligrosamente el futuro. Pero en ambos casos tenemos a\u00fan margen de maniobra temporal para impulsar las transformaciones estructurales que necesitamos, en parte tecnol\u00f3gicas pero sobre todo socioecon\u00f3micas y pol\u00edticas. Y a diferencia de lo que planteaba la hip\u00f3tesis del peak oil<\/em>, que con su descenso energ\u00e9tico dr\u00e1stico compromet\u00eda tambi\u00e9n nuestra capacidad de reacci\u00f3n, estas alternativas son pensables y ejecutables desde un cierto nivel de continuidad material (que no econ\u00f3mica, que debe ser transformada radicalmente) con los fundamentos de la vida moderna. Lo que despeja el horizonte de cambio y lo torna factible.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

    Que el pico del petr\u00f3leo, tal y como se conceb\u00eda a principios de los 2000, haya resultado una falsa alarma no significa que no enfrentemos problemas ecol\u00f3gicos existenciales. <\/p>EMILIO SANTIAGO<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

    Por supuesto, la soluci\u00f3n a la crisis ecol\u00f3gica pasa por una contracci\u00f3n selectiva de muchos sectores productivos para resituarlos dentro de unos l\u00edmites ecol\u00f3gicos seguros, que hoy han sido peligrosamente violados (ese objetivo que el decrecimiento apunta, aunque todav\u00eda est\u00e9 lejos de ser una idea pol\u00edticamente funcional). Tambi\u00e9n, y de modo m\u00e1s profundo pero m\u00e1s complejo, la sostenibilidad exige desactivar la maldici\u00f3n aut\u00f3mata de la bulimia capitalista, transitando hacia un orden econ\u00f3mico racional, que facilite la planificaci\u00f3n democr\u00e1tica de una producci\u00f3n ecol\u00f3gicamente viable en el tiempo, redistribuyendo riqueza y garantizando el acceso universal a la seguridad material. Un proyecto que muchos seguimos pensando en t\u00e9rminos ecosocialistas. <\/p>\n\n\n\n

    Que el colapsismo, al menos en su vertiente energ\u00e9tica, se est\u00e9 demostrando, a la luz de los hechos, una mitolog\u00eda basada en errores cient\u00edficos y te\u00f3ricos, es para los ecosocialistas, una buen\u00edsima noticia: nos anima a pensar que el bien mayor, el proyecto emancipador que Marx llam\u00f3 el Reino de la Libertad, no est\u00e1 clausurado. Su consecuci\u00f3n pasa, sin duda, por superponer su construcci\u00f3n paulatina con la tarea prioritaria de nuestra generaci\u00f3n, que es evitar el mal mayor: una trayectoria Tierra Invernadero que impida la vida humana civilizada en nuestro planeta. Para quienes dimos durante muchos a\u00f1os al colapso de la sociedad industrial la categor\u00eda de un destino, descubrir que no est\u00e1bamos en lo cierto supone una fuente de alegr\u00eda pol\u00edtica que el conjunto del ecologismo transformador se merece disfrutar.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

    Durante mucho tiempo, Emilio Santiago Mu\u00ed\u00f1o crey\u00f3 en las teor\u00edas colapsistas antes de cambiar de opini\u00f3n ante el fracaso de sus modelos de predicci\u00f3n. En una rica reflexi\u00f3n nutrida por su ensayo Contra el mito del colapso ecol\u00f3gico<\/em> (Arpa, 2023), explica los l\u00edmites y las apor\u00edas de un discurso que desarma la acci\u00f3n pol\u00edtica, bas\u00e1ndose en el caso de una teor\u00eda muy difundida a principios de siglo: el pico del petr\u00f3leo, que supuestamente marcar\u00eda el colapso de la civilizaci\u00f3n industrial. 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