{"id":22525,"date":"2023-09-09T18:52:26","date_gmt":"2023-09-09T17:52:26","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=22525"},"modified":"2023-09-10T14:57:44","modified_gmt":"2023-09-10T13:57:44","slug":"fue-asesinado-pablo-neruda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/09\/09\/fue-asesinado-pablo-neruda\/","title":{"rendered":"\u00bfFue asesinado Pablo Neruda?"},"content":{"rendered":"\n
El aire de la primavera austral envuelve la ciudad en un suave calor <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Al final de este d\u00eda, las jacarandas, engalanadas de malva y azul, bordean las avenidas bajo un cielo sumido en la oscuridad. El sol ha desaparecido tras la cordillera de los Andes y el canto de los p\u00e1jaros ha dado paso al silencio que s\u00f3lo perturba un lejano traqueteo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n El toque de queda ha comenzado hace unas horas. Los militares patrullan a pie, en helic\u00f3pteros y tanques. Peinan la capital y todo el pa\u00eds en busca de los que llaman \u00abratas\u00bb. Algunas de esas personas, a las que consideran responsables del \u00abc\u00e1ncer marxista\u00bb que habr\u00eda \u00abgangrenado\u00bb el pa\u00eds, ya est\u00e1n detenidas en el Estadio Nacional <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En ese recinto, con capacidad para 80 000 personas, se hace todo lo posible por arrancarles confesiones. Durante los duros interrogatorios, se rompen huesos, se cortan dedos y se viola a hombres y mujeres. Los recalcitrantes son ejecutados. Once d\u00edas despu\u00e9s del golpe, 7 000 personas se encuentran privadas de libertad en el Estadio Nacional. Para dar ejemplo, el cantante V\u00edctor Jara es asesinado cuatro d\u00edas despu\u00e9s del golpe de Estado, el 15 de septiembre de 1973, en el Estadio Chile, hoy Estadio V\u00edctor Jara. Su cuerpo es encontrado acribillado por 44 impactos de bala <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n \u00bfQu\u00e9 piensa Pablo Neruda del caos al cual ha descendido Chile? \u00bfQu\u00e9 ha sido de la esperanza en un futuro mejor que le anim\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os, cuando fue candidato del Partido Comunista (PC) a la elecci\u00f3n presidencial de 1970? <\/p>\n\n\n\n Durante los duros interrogatorios, se rompen huesos, se cortan dedos y se viola a hombres y mujeres. Los recalcitrantes son ejecutados.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Durante sus pocos meses de campa\u00f1a, cada vez hab\u00eda acudido m\u00e1s gente a sus concentraciones. Pablo Neruda, que nunca pens\u00f3 seguir en liza hasta la elecci\u00f3n, siente a la vez \u00abfascinaci\u00f3n y terror\u00bb <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> por el cariz que adquiere su candidatura, que no es m\u00e1s que un subterfugio que permite al PC presionar al resto de la izquierda para obtener un candidato com\u00fan. A falta de acuerdo, el PC amenaza con mantenerse en la carrera. Pablo Neruda retira finalmente su candidatura para unirse a su amigo, el socialista Salvador Allende. Para que la izquierda, unida en la coalici\u00f3n de la Unidad Popular, gane este escrutinio por primera vez en la historia del pa\u00eds. El poeta trabaja \u00abafanosamente\u00bb <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> con \u00abChicho\u00bb Allende, a quien ya hab\u00eda apoyado en sus tres campa\u00f1as presidenciales anteriores. Esta vez recorren juntos unos 4 000 kil\u00f3metros de norte a sur para encontrarse con los olvidados del pa\u00eds. <\/p>\n\n\n\n\n Y esa alianza de izquierda funciona: Salvador Allende gana en las urnas la elecci\u00f3n presidencial del 4 de septiembre de 1970, con el 36.2% de los votos. Una victoria ratificada por el Congreso el 24 de octubre de 1970 <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> por 153 votos, frente a Jorge Alessandri, el candidato de la derecha que obtuvo 35 votos, con 7 abstenciones. \u00abLa candidatura de Pablo Neruda jug\u00f3 un papel clave en la elecci\u00f3n de Salvador Allende\u00bb, se\u00f1ala el historiador Pablo Seguel. <\/p>\n\n\n\n Augusto Pinochet se ha alarmado por el ascenso al poder de Salvador Allende desde 1970. La noche de la victoria del candidato socialista en las urnas, encabeza la 6\u00aa divisi\u00f3n del ej\u00e9rcito con base en Iquique, en el norte del pa\u00eds, y les dice a los oficiales del cuartel general: \u00abEl pueblo de Chile no sabe el camino que ha tomado. Ha sido enga\u00f1ado, pues parece ignorar a d\u00f3nde nos llevar\u00e1 el marxismo-leninismo. Se\u00f1ores oficiales, creo que Chile a la larga pasar\u00e1 a ser un sat\u00e9lite de la Rusia sovi\u00e9tica. […] Estoy en los d\u00edas finales de mi carrera. El problema de salvar a Chile quedar\u00e1 en vuestras manos. Que Dios ayude al destino de nuestra patria\u00bb <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n Ya en 1972, Augusto Pinochet piensa en urdir un golpe de Estado. A principios de a\u00f1o, reci\u00e9n nombrado jefe del Estado Mayor del ej\u00e9rcito, encarga un informe sobre la \u00abseguridad nacional\u00bb del pa\u00eds al jefe de la Direcci\u00f3n de Inteligencia, y en abril comienza a \u00abanalizar cada una de las conclusiones\u00bb <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> de ese documento, \u00abcon las personas de mayor confianza\u00bb de su entorno. <\/p>\n\n\n\n Ya en 1972, Augusto Pinochet piensa en urdir un golpe de Estado.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El 11 de septiembre de 1973, durante el bombardeo del palacio presidencial ordenado por Augusto Pinochet entonces comandante en jefe del ej\u00e9rcito, Salvador Allende tuvo que elegir entre rendirse o morir. Eligi\u00f3 la segunda opci\u00f3n peg\u00e1ndose un tiro a la altura del ment\u00f3n <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n Acostado en la cama de una habitaci\u00f3n del cuarto piso de una renombrada cl\u00ednica privada de Santiago de Chile, \u00bfse siente seguro Pablo Neruda el 23 de septiembre de 1973? A los ojos de la junta militar, el inmenso escritor, autor del popular Veinte poemas de amor y una canci\u00f3n desesperada<\/em>, es ante todo un militante comunista de la vieja guardia y un antiguo senador que hab\u00eda pasado a la clandestinidad antes de exiliarse en los a\u00f1os cuarenta.<\/p>\n\n\n\n Los problemas de Pablo Neruda comienzan tres d\u00edas despu\u00e9s del golpe de Estado, el 14 de septiembre de 1973. La casa que comparte con su esposa es allanada por una armada de militares. En su autobiograf\u00eda Mi vida junto a Pablo Neruda<\/em> <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>, publicada p\u00f3stumamente en 1986, la viuda del poeta, Matilde Urrutia, recuerda c\u00f3mo los soldados observaban todo lo que hab\u00eda en la casa con gran curiosidad, sin atreverse a tocar nada. Como si, a pesar de todo, sintieran alg\u00fan tipo de respeto por el galardonado del Premio Nobel de literatura de 1971. De repente, uno de los soldados taconea el suelo: \u00ab\u00bfTiene subterr\u00e1neos esta casa?\u201d. Matilde se mantiene imp\u00e1vida. \u00bfSe est\u00e1 imaginando que comunistas armados escondidos bajo el suelo se disponen a saltar y matarlos a sangre fr\u00eda? <\/p>\n\n\n\n\n El ej\u00e9rcito chileno hab\u00eda difundido la idea de que el gobierno de Salvador Allende distribu\u00eda armas a militantes de izquierda para matar a un gran n\u00famero de soldados, opositores y periodistas. Algunos militares y gran parte de la poblaci\u00f3n cre\u00edan firmemente en esa descabellada idea, que incluso lleg\u00f3 a aparecer en varias primeras planas. Su nombre: Plan Z, uno de los mitos fundacionales de la dictadura para justificar la toma del poder a sangre y fuego. La teor\u00eda del Plan Z puede resumirse en \u00aberan ellos o nosotros\u00bb. Y para convencer mejor a\u00fan a la opini\u00f3n p\u00fablica, el propio Augusto Pinochet declara en una entrevista en 1973 que puede \u00abgarantizar\u00bb que ese plan ha sido \u00abelaborado por extranjeros con experiencia en la materia\u00bb. <\/p>\n\n\n\n El ej\u00e9rcito chileno hab\u00eda difundido la idea de que el gobierno de Salvador Allende distribu\u00eda armas a militantes de izquierda para matar a un gran n\u00famero de soldados, opositores y periodistas.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n En los a\u00f1os setenta, en plena guerra fr\u00eda, las guerrillas urbanas se extienden por toda Am\u00e9rica Latina, como los Montoneros en Argentina o los Tupamaros en Uruguay. El Movimiento de Liberaci\u00f3n Nacional – Tupamaros (MLN-T), de izquierda radical, recurre a la lucha armada para desestabilizar al poder. Los intelectuales y j\u00f3venes trabajadores del grupo llevan a cabo secuestros, sabotajes, roban bancos y redistribuyen el bot\u00edn… \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda ser m\u00e1s sencillo que hacer creer a la poblaci\u00f3n chilena que le esperaba el mismo peligro? Federico Willoughby, primer portavoz de la junta militar, admitir\u00e1 en 2003 que el Plan Z era nada menos que una \u00abmaniobra de guerra psicol\u00f3gica\u00bb <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> inventada desde cero. <\/p>\n\n\n\n En ese contexto, Pablo Neruda est\u00e1 febril y afiebrado, como si recibiera la sucesi\u00f3n de malas noticias desde el golpe de Estado como pu\u00f1aladas. El 18 de septiembre es la fiesta nacional de Chile. Con la vuelta del calor, los chilenos acostumbran reunirse en torno a asados y a bailar la cueca (una danza tradicional) en grandes salones llamados fondas, decorados con globos y banderines azules, blancos y rojos, los colores de la bandera chilena. Pero ese \u201cdieciocho\u201d tiene el sabor amargo de los d\u00edas de luto. En sus memorias, Matilde explica haberse resignado a llamar al m\u00e9dico de su marido, Roberto Vargas Salazar. \u00c9l le promete enviar una ambulancia al d\u00eda siguiente para llevar a Pablo a una cl\u00ednica y ponerlo a salvo. Se acaban las visitas improvisadas del ej\u00e9rcito. Matilde espera que su convoy \u2014formado por la ambulancia y el auto de su chofer, Manuel Araya\u2014 no sea detenido por la polic\u00eda en uno de los muchos retenes de la capital y sus alrededores. <\/p>\n\n\n\n Es la primera en o\u00edrla llegar. Preocupada, Matilde abre la puerta y ve la ambulancia en el camino de tierra que lleva a la casa. Panda, el chow-chow de la pareja, la hab\u00eda olido. Manuel, el conductor, sube a su coche mientras Pablo se instala en la ambulancia. Panda se cuela a bordo astutamente antes de acurrucarse en un rinc\u00f3n. Ya el d\u00eda anterior, el chow-chow con pelaje de zorro no hab\u00eda querido salir de la habitaci\u00f3n de Pablo. Se hab\u00eda tumbado con la cabeza entre las patas, suplic\u00e1ndole a Matilde con sus ojos brillantes que lo dejara pasar la noche junto a su amo. La \u00faltima noche.<\/p>\n\n\n\n Entre los 115 kil\u00f3metros que separan la casa de Neruda de la cl\u00ednica, la ambulancia y el coche de Manuel son inspeccionados varias veces. Los retenes policiales son numerosos, como en la salida de Melipilla. <\/p>\n\n\n\n Entre los 115 kil\u00f3metros que separan la casa de Neruda de la cl\u00ednica, la ambulancia y el coche de Manuel son inspeccionados varias veces. Los retenes policiales son numerosos, como en la salida de Melipilla. <\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Melipilla es un pueblo bordeado por campos y la cordillera de la Costa a lo lejos. Ah\u00ed pas\u00e9 mi primer fin de semana en Chile con un querido amigo en 2010, cuando reci\u00e9n me estaba instalando en el pa\u00eds. Como la mayor\u00eda de los pueblos chilenos, Melipilla tiene su iglesia y su Plaza de Armas, con su quiosco de revistas, tarjetas SIM y chicles… La madre de mi amigo vive en una de las muchas casas modestas de una planta de la localidad. Recuerdo que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el retrato del general Pinochet en la mesita de la sala de estar. Mucha gente extra\u00f1a a ese \u00abpresidente que construy\u00f3 casas e impuso el orden\u00bb <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>, me asegura ella. <\/p>\n\n\n\n\n La polic\u00eda les pide sus papeles, de d\u00f3nde son y a d\u00f3nde van. Matilde toma la mano de Pablo, que est\u00e1 tumbado en la ambulancia, cuando las autoridades le ordenan que se baje. Matilde no se lo puede creer. \u00bfC\u00f3mo pueden decirme eso? \u00bfNo ven que Pablo est\u00e1 enfermo y necesita mi fuerza? De su boca no sale ning\u00fan sonido. Sin embargo, obedece. Una vez terminada la inspecci\u00f3n policial, al subir de nuevo al veh\u00edculo, entreve l\u00e1grimas <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span>, redondas como canicas, en los ojos de su marido. Matilde no tiene tiempo de perderse en sus pensamientos, ya que la polic\u00eda da se\u00f1ales de querer detener a Manuel Araya, parado frente a su auto con las manos en la nuca <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Gracias a la intervenci\u00f3n verbal de Neruda, queda libre. Por esa vez. El viaje habr\u00e1 tardado m\u00e1s de cinco horas, el triple de lo habitual. <\/p>\n\n\n\n El jueves 20 de septiembre de 1973, Neruda est\u00e1 muy agitado. Ha rechazado una invitaci\u00f3n de Gonzalo Mart\u00ednez Corbal\u00e1, embajador de M\u00e9xico en Chile, para viajar a Ciudad de M\u00e9xico. Matilde cree que quedarse en medio de esa furia no es una buena idea. As\u00ed que, para convencer a su marido \u2014muy apegado a Chile\u2014 de marcharse, le cuenta que su casa de Santiago ha sido saqueada y parcialmente destruida, y que incluso podr\u00eda ser dif\u00edcil encontrar la medicina para tratar su c\u00e1ncer de pr\u00f3stata. Pablo la escucha, dubitativo al principio, y se resigna. \u00abRegresar\u00e9 de todas maneras. […] \u00c9ste es nuestro pa\u00eds y \u00e9ste es mi sitio\u00bb <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Pero antes de partir, Pablo Neruda quiere que Matilde se lleve algunos de los libros a los que les tiene cari\u00f1o. Con Manuel Araya, ella se dirige a su casa, y deja a Pablo solo en la cl\u00ednica. <\/p>\n\n\n\n Antes de partir, Pablo Neruda quiere que Matilde se lleve algunos de los libros a los que les tiene cari\u00f1o.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Pablo Neruda se hizo construir una casa frente a las poderosas olas del oc\u00e9ano Pac\u00edfico, en Isla Negra, localidad situada a una hora y media en auto de la capital. Desde lo alto de las rocas, la casa, poblada de mascarones de proa, domina la vista. Una de ellas, ataviada con un vestido azabache que contrasta con su piel lechosa y su largo cabello rubio veneciano, permanece de pie junto a una mir\u00edada de conchas deformes, planas, redondas y nacaradas que transforman las estanter\u00edas de la biblioteca en un fondo marino. <\/p>\n\n\n\n El 22 de septiembre de 1973 <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>, mientras Matilde se dedica a hacer las maletas en el primer piso, le informan de que Pablo acababa de llamar a la vecina hoster\u00eda Santa Elena \u2014la casa no tiene tel\u00e9fono\u2014. \u00abVuelve de inmediato, no puedo hablar m\u00e1s\u00bb. Dos frases que hacen estremecer a Matilde. Asustada de que Pablo pudiera ser detenido por la polic\u00eda en la cl\u00ednica, agarra un \u00faltimo libro y cierra las maletas sin m\u00e1s. Manuel Araya las coloca sin ceremonias en el maletero de su Fiat 125 blanco, mientras Matilde corre hacia el lado del pasajero. \u00ab\u00a1Vaya m\u00e1s aprisa! Tenemos que ir lo m\u00e1s r\u00e1pido que pueda\u00bb, repet\u00eda fren\u00e9tica mientras recorr\u00edan una carretera que le parec\u00eda interminable. \u00abNo s\u00e9 c\u00f3mo no nos matamos\u00bb, recordar\u00e1 m\u00e1s tarde.<\/p>\n\n\n\n En cuanto el coche se acerca a la cl\u00ednica, ella baja a toda prisa y deja al conductor buscando estacionamiento. Sube corriendo los tres tramos de escaleras que la separan de Pablo y finalmente empuja la puerta de la habitaci\u00f3n 406. All\u00ed est\u00e1 \u00e9l, en la cama. No lo han detenido. Se sienta a su lado, de repente agotada por el golpe de adrenalina, y le toma la mano. <\/p>\n\n\n\n Pablo est\u00e1 agitado. Parece conmovido por algo, como si acabara de ver un fantasma. \u00ab\u00a1Es incre\u00edble que Usted no sepa nada! Est\u00e1n matando gente, entregan cad\u00e1veres despedazados\u00bb. Pablo habl\u00f3 con unos amigos. Le contaron lo que ella se esforzaba por callar. Con la garganta seca, no dice nada. Est\u00e1 enojada. Pablo ya sabe que V\u00edctor Jara est\u00e1 muerto. Ella tambi\u00e9n lo sabe. Al lado de la cl\u00ednica, incluso ha visto flotar cad\u00e1veres a la deriva por el r\u00edo Mapocho. Los militares ejecutan a los opositores a orillas del r\u00edo y arrojan los cuerpos dentro para deshacerse de ellos. Se les ha hecho costumbre. El r\u00edo que nace en las estribaciones de la cordillera de los Andes arrastra decenas de muertos que la gente intenta arrastrar hasta la orilla utilizando palos. Pablo le dedic\u00f3 un poema a ese r\u00edo en 1950. Si lo supiera, piensa Matilde. <\/p>\n\n\n\n De repente, Pablo aparta sus manos de las de ella. Se agarra el pijama con las dos manos y tira de ella, gritando con fuerza: \u00ab\u00a1Los est\u00e1n fusilando! \u00a1Los est\u00e1n fusilando!\u201d. Desesperada, Matilde pulsa fren\u00e9ticamente el timbre al lado de la cama. Llega una enfermera y, al ver que Pablo est\u00e1 fuera de s\u00ed, le inyecta un sedante. Pablo se adormila, Matilde vuelve en s\u00ed. Piensa en Manuel Araya. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? Deb\u00eda estacionar el auto y alcanzarlos. No ha vuelto a verle desde que se baj\u00f3 del auto que los hab\u00eda llevado a toda prisa a la cl\u00ednica Santa Mar\u00eda aquel 22 de septiembre. <\/p>\n\n\n\n Los militares ejecutan a los opositores a orillas del r\u00edo y arrojan los cuerpos dentro para deshacerse de ellos. Se les ha hecho costumbre. El r\u00edo que nace en las estribaciones de la cordillera de los Andes arrastra decenas de muertos que la gente intenta arrastrar hasta la orilla utilizando palos. Pablo le dedic\u00f3 un poema a ese r\u00edo en 1950.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n La tarde siguiente, domingo 23 de septiembre, Pablo sigue dormido. Cuando empieza a moverse, Matilde piensa que por fin despierta del letargo inducido por el remedio de la v\u00edspera. Un temblor le recorre el cuerpo, le llega a la cara y luego a la cabeza, que se convulsiona a su vez. Matilde se acerca. Pablo no despert\u00f3. Acababa de morir. Los m\u00e9dicos escriben en el certificado de defunci\u00f3n que Pablo Neruda ha muerto de c\u00e1ncer de pr\u00f3stata, met\u00e1stasis cancerosa y caquexia \u2014un estado de extrema debilidad acompa\u00f1ado de desnutrici\u00f3n\u2014. Antes del golpe de Estado, Matilde hab\u00eda encontrado a su marido \u00ablleno de vida y entusiasmo\u00bb. Recuerda a aquel m\u00e9dico asegur\u00e1ndole que Pablo estaba luchando maravillosamente contra su c\u00e1ncer. No entiende lo que acaba de ocurrir. <\/p>\n\n\n\n Manuel Araya es el otro testigo principal de los \u00faltimos d\u00edas de Pablo Neruda. Al igual que Matilde, recuerda muy bien el allanamiento de los militares de la casa en Isla Negra el 14 de septiembre, seguido ese mismo d\u00eda por la llegada de una tropa de la Marina. El mi\u00e9rcoles 19 de septiembre, Pablo Neruda acude a la cl\u00ednica Santa Mar\u00eda \u00abno para tratar su c\u00e1ncer \u2014estaba muy bien\u2014, sino por su propia seguridad\u00bb. Manuel insiste en que el escritor gozaba de buena salud; un mes antes de su muerte, en agosto de 1973, iba diariamente a San Antonio, Algarrobo, El Quisco y Mirasol, balnearios cercanos a su domicilio. <\/p>\n\n\n\n Recuerda que Pablo quer\u00eda recoger algunas cosas de la casa de Isla Negra antes de su partida a M\u00e9xico, que se acercaba r\u00e1pidamente. Pero mientras Matilde asegura que volvi\u00f3 a la cl\u00ednica el 22 de septiembre, Manuel relata que hizo \u00abel viaje de ida y vuelta a Isla Negra con Matilde el 23 de septiembre\u00bb. No obstante, al igual que Matilde, est\u00e1 seguro de que Pablo Neruda expres\u00f3 su deseo de recoger algunos efectos personales el d\u00eda anterior, el 22 de septiembre. Seg\u00fan Manuel, salen por la ma\u00f1ana, despu\u00e9s de desayunar con Pablo Neruda en la cl\u00ednica. La habitaci\u00f3n 406 consta de una cama y un ba\u00f1o. La precede otra habitaci\u00f3n con una mesa y algunas sillas que sirven a su vez como recibidor y comedor. Me cuenta Manuel Araya que se hab\u00eda acostumbrado a dormir en una silla para garantizar la seguridad del poeta. Salvo que el domingo 23 de septiembre \u2014seg\u00fan su versi\u00f3n\u2014 ni \u00e9l ni Matilde se encuentran en la cl\u00ednica. Nadie para vigilar las idas y venidas en la habitaci\u00f3n 406. Ese d\u00eda, alrededor de las 16:00 horas, la hoster\u00eda Santa Elena, vecina a la casa de Neruda, les avisa que Pablo acababa de llamar. Les pide que vuelvan de inmediato. \u00abPablo Neruda dijo que lo hab\u00eda despertado un m\u00e9dico que le hab\u00eda puesto una inyecci\u00f3n en el est\u00f3mago\u00bb, recuerda Manuel. <\/p>\n\n\n\n Nadie para vigilar las idas y venidas en la habitaci\u00f3n 406.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Hacia las seis de la tarde, Matilde y Manuel est\u00e1n de vuelta en la cl\u00ednica. Matilde se apresura a reunirse con Pablo, mientras el chofer le entrega las maletas al embajador mexicano en Chile. Luego asegura haber subido tambi\u00e9n a la habitaci\u00f3n 406. <\/p>\n\n\n\n \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa, don Pablo? <\/p>\n\n\n\n \u2014Me inyectaron algo, estoy ardiendo desde adentro\u00bb. <\/p>\n\n\n\n Manuel cuenta que toma una toalla y la moja en el ba\u00f1o antes de aplic\u00e1rsela en el vientre de Neruda para bajarle la fiebre. Recuerda que, en la zona del est\u00f3mago, alrededor del pinchazo, se ve\u00eda una mancha roja, del tama\u00f1o de una moneda de 5 pesos <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En ese momento entra un m\u00e9dico. Es joven, rubio, de ojos azules y bigote. Insta a Manuel a que vaya a comprar un remedio que Neruda suele tomar durante sus \u00abataques de gota\u00bb, esos brotes inflamatorios de las articulaciones que lo aquejan con frecuencia. <\/p>\n\n\n\n Manuel mira fijamente al m\u00e9dico y al principio se niega. \u201cNo estoy de acuerdo, esta cl\u00ednica es muy cara, ustedes deben darnos los medicamentos\u00bb. El m\u00e9dico consigue convencerlo. De todas formas, Manuel es muy dedicado a su jefe, al que sigue llamando Don Pablo o Pablito hasta el d\u00eda de hoy. Y se toma su misi\u00f3n muy en serio. <\/p>\n\n\n\n El m\u00e9dico le indica a Manuel d\u00f3nde se encuentra la farmacia con los medicamentos. Todo lo que tiene que hacer es dirigirse hacia dos arterias cercanas a la cl\u00ednica: las avenidas Independencia y Vivaceta. <\/p>\n\n\n\n Sin perder un segundo, Manuel, malhumorado, sale de la habitaci\u00f3n. Son las 18:50, todav\u00eda seg\u00fan su relato. En su Fiat 125, conduce cuatro kil\u00f3metros hacia el oeste de Santiago. La farmacia no debe de estar muy lejos, piensa. Le parece extra\u00f1a la petici\u00f3n del m\u00e9dico. Pero no importa. Saber que Matilde est\u00e1 con Pablo lo tranquiliza. <\/p>\n\n\n\n Su serenidad se derrumba cuando dos autos lo detienen <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span> en la esquina de las calles Balmaceda y Vivaceta. Todo sucede muy r\u00e1pido. Unos hombres vestidos de civil le ordenan bajar del coche y le llueven golpes sin explicaci\u00f3n: la brutalidad de la polic\u00eda ha dejado at\u00f3nito a todo el mundo desde el primer d\u00eda de la represi\u00f3n. Los hombres lo llevan a la comisar\u00eda m\u00e1s cercana, donde pasa varias horas entre interrogatorios y violencias f\u00edsicas. <\/p>\n\n\n\n Mientras Pablo Neruda vive sus \u00faltimos instantes, Manuel no entiende lo que le est\u00e1 pasando, o mejor dicho, s\u00f3lo entiende muy bien el motivo de su detenci\u00f3n. Militante comunista desde los 14 a\u00f1os y chofer de Pablo Neruda, es un \u00abpar\u00e1sito\u00bb para el nuevo r\u00e9gimen. <\/p>\n\n\n\n A las 22:30, Pablo Neruda exhala su \u00faltimo aliento. Hacia medianoche, Manuel se dirige al Estadio Nacional y a sus miles de hombres y mujeres sospechosas de amenazar el nuevo orden establecido. All\u00ed es torturado e interrogado de nuevo. \u00ab\u00bfQui\u00e9n suele visitar a Pablo Neruda? \u00bfQu\u00e9 hace el poeta con sus amigos? \u00bfHay armas en su casa?\u201d. No es sino hasta casi una semana despu\u00e9s de su detenci\u00f3n cuando Manuel se entera de la muerte de Pablo Neruda por el cardenal Ra\u00fal Silva Henr\u00edquez, que acudi\u00f3 a apoyar a los detenidos. Desde ese d\u00eda, Manuel tiene una convicci\u00f3n: Pablo Neruda ha sido asesinado.<\/p>\n\n\n\n Mientras Pablo Neruda vive sus \u00faltimos instantes, Manuel no entiende lo que le est\u00e1 pasando, o mejor dicho, s\u00f3lo entiende muy bien el motivo de su detenci\u00f3n. <\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Pasar\u00e1n treinta d\u00edas aproximadamente en el Estadio Nacional antes de que lo soltaran en plena noche, a la una de la madrugada, me cuenta. En aquel entonces pesa 33 kilos y apenas puede mantenerse en pie. Colmo de la perversi\u00f3n: el toque de queda dura hasta las seis de la ma\u00f1ana. Cualquiera que ande por la calle puede recibir un tiro \u2014o tiene muchas posibilidades de sufrir esa suerte\u2014 o ser detenido. Manuel le debe su salvaci\u00f3n a los soldados que lo escondieron en la entrada del estadio hasta el final del toque de queda. Conoc\u00edan a su padre, de ah\u00ed ese raro gesto de humanidad, me conf\u00eda. <\/p>\n\n\n\n Durante los 12 d\u00edas que transcurren entre el golpe de Estado de Augusto Pinochet y la muerte de Pablo Neruda, se detienen a periodistas y se queman libros. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de los autos de fe en la Alemania nazi, las obras de Karl Marx vuelven a ser consumidas por las llamas de un r\u00e9gimen que aborrece el socialismo y el marxismo. Otro continente, otro hemisferio, la misma historia, siempre. <\/p>\n\n\n\n La tarde del 23 de septiembre de 1973, los militares se afanan cerca de la cl\u00ednica Santa Mar\u00eda, donde se encuentra Pablo Neruda. Sitian las torres San Borja, un cubo de hormig\u00f3n sobre el que se levantan una veintena de rect\u00e1ngulos verticales de color gris. En ese Mes de la Patria, ni una sola bandera chilena alegra el alf\u00e9izar de una ventana. Los edificios est\u00e1n desesperadamente grises. Una postal monocrom\u00e1tica. En el centro de la ciudad, a plena luz del d\u00eda, los soldados entran met\u00f3dicamente a los departamentos. Uno a uno, registran las bibliotecas, hojean las revistas. Su misi\u00f3n: encontrar y quemar todos los libros \u00absubversivos\u00bb \u2013 hay que \u00abextirpar el c\u00e1ncer marxista\u2013\u00bb <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tienen mucho trabajo, cada torre tiene unos veinte pisos. Los soldados est\u00e1n tan orgullosos de cumplir con su deber que se dejan filmar por la prensa internacional y responden a las preguntas de los periodistas, antes de ser reprendidos por su superior. Un soldado se jacta de quemar libros de Lenin, Fidel Castro \u2014primer ministro cubano desde hace 14 a\u00f1os en aquella \u00e9poca\u2014, del \u00abChe\u00bb Guevara \u2014uno de los padres de la revoluci\u00f3n cubana ejecutado casi seis a\u00f1os antes\u2014. En un video de archivo, veo tambi\u00e9n la portada medio quemada de un libro sobre la Comuna de Par\u00eds. <\/p>\n\n\n\n\n \u00bfSe ordena quemar las obras de Pablo Neruda ese d\u00eda? El poeta molesta, ciertamente. El comunismo ha sido prohibido por el decreto-ley n\u00famero 77 del 8 de octubre de 1973 <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Y el 11 de septiembre, d\u00eda del golpe <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span>, el primer decreto-ley de la junta acusa a esa \u00abideolog\u00eda dogm\u00e1tica\u00bb de sumir a Chile en \u00abun proceso de destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica e integral de [los] elementos constitutivos de su ser\u00bb. <\/p>\n\n\n\n Durante los 12 d\u00edas que transcurren entre el golpe de Estado de Augusto Pinochet y la muerte de Pablo Neruda, se detienen a periodistas y se queman libros.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Bajo Pinochet, aunque no se promulga ning\u00fan decreto prohibiendo los libros de Pablo Neruda, sus escritos pol\u00edticos como Incitaci\u00f3n al nixonicidio y alabanza a la revoluci\u00f3n chilena<\/em> \u2014en referencia al presidente estadounidense Richard Nixon\u2014 son censurados de facto<\/em> desde los primeros a\u00f1os de la dictadura. <\/p>\n\n\n\n La prensa tambi\u00e9n ha sido r\u00e1pidamente amordazada. El 11 de septiembre, todos los medios de comunicaci\u00f3n partidarios de la Unidad Popular han tenido que suspender sus actividades <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Es el caso de Radio Magallanes, que retransmiti\u00f3 en directo el \u00faltimo discurso de Salvador Allende el 11 de septiembre, as\u00ed como de los peri\u00f3dicos El Siglo<\/em>, Clar\u00edn<\/em>, Puro Chile<\/em>, Las Noticias de \u00daltima Hora<\/em>, Punto Final<\/em> y el mensual El Rebelde<\/em>. Este \u00faltimo, \u00f3rgano oficial del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), sigui\u00f3 public\u00e1ndose en la clandestinidad <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span>. S\u00f3lo se salvaron dos diarios de derecha, La Tercera de la Hora<\/em> (actualmente La Tercera<\/em>) y El Mercurio<\/em>. A\u00fan existen hoy. <\/p>\n\n\n\n Me sumerjo en los archivos de los peri\u00f3dicos chilenos y extranjeros de la \u00e9poca para analizar los relatos de la muerte de Neruda, encontrar un indicio, una pista, para eliminar cualquier contradicci\u00f3n. En aquella \u00e9poca, nadie pone en duda las circunstancias de la muerte de Neruda, al menos en p\u00fablico. La tesis oficial del poeta consumido por un c\u00e1ncer de pr\u00f3stata conmueve a Chile sin hacer olas. De todos modos, \u00bfc\u00f3mo informarse en un pa\u00eds desprovisto de \u00f3rganos de prensa independientes y de oposici\u00f3n en los a\u00f1os setenta? <\/p>\n\n\n\n La muerte de Pablo Neruda no despierta sospechas, pero es objeto de diferentes relatos. El 25 de septiembre de 1973, Marcel Niedergang, corresponsal en Chile del diario franc\u00e9s Le Monde<\/em>, escribe que Pablo Neruda \u00abpadec\u00eda un c\u00e1ncer de pr\u00f3stata\u00bb. \u00c9l \u00absab\u00eda muy bien que estaba condenado a muerte por este mal inexorable\u00bb <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span>. \u00abDurante sus \u00faltimas semanas parisinas\u00bb \u2014Neruda fue embajador de Chile en Francia de 1971 a 1972\u2014 \u00abya se desplazaba con dificultad, estirando la pierna derecha anquilosada\u00bb. Pablo Neruda sufr\u00eda de flebitis. <\/p>\n\n\n\n La muerte de Pablo Neruda no despierta sospechas, pero es objeto de diferentes relatos.<\/p>LAURIE FACHAUX-CYGAN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Me viene a la memoria aquella entrevista de Augusto Pinochet en Radio T\u00e9l\u00e9vision Luxembourg (RTL) el 16 de septiembre de 1973, siete d\u00edas antes de la muerte del poeta, de la que hizo eco Le Monde<\/em>. Corren rumores sobre Pablo Neruda. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfHa sido detenido? El general golpista, cuya familia es \u00aboriginaria de Francia\u00bb <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span>, se muestra tranquilizador: \u00abPablo Neruda no est\u00e1 muerto, est\u00e1 libre. Se mueve de forma libre como cualquier persona que, como \u00e9l, es muy mayor y est\u00e1 enferma. No estamos matando a nadie. Y si muere, ser\u00e1 por causas naturales\u00bb. En retrospectiva, todo en esa declaraci\u00f3n parece extra\u00f1o. <\/p>\n\n\n\n\n El New York Times<\/em>, con la pluma de Steven R. Weisman, tiene una versi\u00f3n completamente diferente: Neruda muri\u00f3 \u00abde un paro card\u00edaco, seg\u00fan sus m\u00e9dicos\u00bb <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span>. \u00bfQui\u00e9nes eran esos m\u00e9dicos que diagnosticaron un paro card\u00edaco? Localizo a ese periodista. Aquella noche estaba trabajando en Nueva York y tuvo que publicar r\u00e1pidamente un obituario del poeta. Pero ya no sabe de d\u00f3nde viene la informaci\u00f3n sobre el paro cardiaco mencionado por los m\u00e9dicos. <\/p>\n\n\n\n Sigo investigando. El diario chileno El Mercurio<\/em> tambi\u00e9n habla de un infarto. El art\u00edculo del 24 de septiembre de 1973, sin firma, a\u00f1ade un detalle que pas\u00f3 desapercibido en su momento: Pablo Neruda muri\u00f3 tras recibir \u00abuna inyecci\u00f3n\u00bb. No puedo creer lo que veo. Al instante establezco la conexi\u00f3n con las versiones de Manuel y Matilde, que mencionan ambas una inyecci\u00f3n. Matilde llama a una enfermera cuando Pablo Neruda empieza a jalonear su pijama y a vociferar \u00ab\u00a1los est\u00e1n fusilando!\u00bb, Manuel recuerda una llamada telef\u00f3nica de Neruda mencionando un pinchazo en el est\u00f3mago. <\/p>\n\n\n\n
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