{"id":20860,"date":"2023-08-04T10:15:00","date_gmt":"2023-08-04T09:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=20860"},"modified":"2023-08-04T20:10:03","modified_gmt":"2023-08-04T19:10:03","slug":"la-doctrina-oppenheimer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/08\/04\/la-doctrina-oppenheimer\/","title":{"rendered":"La doctrina Oppenheimer"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"intro\">En julio de 1957, varios cient\u00edficos de todo el mundo, encabezados por Bertrand Russel, se reunieron en la ciudad canadiense de Pugwash para advertir de <a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/03\/27\/desbaratar-el-final-pensar-la-guerra-nuclear-que-viene\/\">la posibilidad real de una \u00abcat\u00e1strofe insoportable\u00bb provocada por una guerra nuclear<\/a>. El f\u00edsico J. Robert Oppenheimer no asisti\u00f3 a la conferencia, pues tambi\u00e9n se hab\u00eda negado a firmar el manifiesto Russell-Einstein de 1955; un episodio m\u00e1s de su compleja relaci\u00f3n con el cient\u00edfico de origen alem\u00e1n, analizada en otro cap\u00edtulo de esta serie veraniega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"intro\">Sin embargo, casi un mes antes, del 23 al 27 de mayo, Oppenheimer participaba en una conferencia de naturaleza totalmente distinta, organizada por el Centro de Estudios Internacionales del MIT. Punto de contacto crucial entre el mundo acad\u00e9mico y la administraci\u00f3n de la Guerra Fr\u00eda, el Centro fue un aut\u00e9ntico motor de la tecnocracia de la guerra. En \u00e9l, soci\u00f3logos, cient\u00edficos, historiadores y economistas desarrollaron nuevas formas de pensar sobre el poder estadounidense pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 tipo de modernidad estar\u00eda dispuesto a ofrecer Estados Unidos, dentro y fuera de sus fronteras, en un mundo en el que la supremac\u00eda militar no ser\u00eda suficiente. Varios investigadores y analistas brillantes formularon teor\u00edas extremadamente influyentes, que fueron acogidas con entusiasmo por el Departamento de Estado y la Casa Blanca, especialmente durante la administraci\u00f3n de Kennedy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"intro\">Junto a Walter Rostow, padre de la teor\u00eda de la modernizaci\u00f3n y modelo perfecto del cient\u00edfico movilizado que escuchaba atentamente, Oppenheimer tom\u00f3 la palabra. Aunque el contexto del discurso atestiguara claramente la profunda y persistente integraci\u00f3n del f\u00edsico en el aparato de seguridad estadounidense, a pesar de las acusaciones que se le hab\u00edan hecho unos a\u00f1os antes, el texto tambi\u00e9n demuestra su persistente intento de ir m\u00e1s all\u00e1 del estrecho marco de la Guerra Fr\u00eda y la pol\u00edtica de poder, para llegar a temas m\u00e1s amplios e investigar \u00ablos signos de una crisis cultural bastante profunda\u00bb. El enfrentamiento con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, tanto en el plano militar como en el cient\u00edfico, ofreci\u00f3 a Oppenheimer la oportunidad de presentar su \u00abmirada hacia dentro\u00bb (<em>inward look<\/em>), t\u00edtulo dado al discurso publicado, y de cuestionar los pilares de la sociedad y la cultura estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"intro\">A lo largo del discurso, examina las fallas que atraviesan a una pr\u00f3spera democracia en la cima de su poder: el problema de la educaci\u00f3n; la \u00abvacilante visi\u00f3n del futuro\u00bb; y la dificultad \u00abde formular pol\u00edticas\u00bb. Para responder a esas cuestiones, Oppenheimer hizo un vibrante llamado a las autoridades, a los ciudadanos estadounidenses y a sus colegas: \u00abLo que necesitamos es un vigor intelectual y una disciplina mucho mayores, una apertura de esp\u00edritu m\u00e1s com\u00fan y generalizada, y una especie de infatigabilidad que no es incompatible con la fatiga, pero s\u00ed con la rendici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"intro\">El vigor intelectual que Oppenheimer pide a su pa\u00eds es el mismo que \u00e9l demuestra en este inspirado texto. Hace an\u00e1lisis filos\u00f3ficos del pensamiento occidental, comparaciones hist\u00f3ricas entre el Estados Unidos de los a\u00f1os cincuenta y civilizaciones pasadas, desde la India cl\u00e1sica hasta la Inglaterra victoriana; examina la antropolog\u00eda norteamericana de la frontera, su particular sentido del individualismo y el pragmatismo, sus ventajas y limitaciones en un mundo cambiante. A trav\u00e9s de la amplitud de su an\u00e1lisis, Oppenheimer tambi\u00e9n nos recuerda que la Guerra Fr\u00eda es real e importante, pero que no puede ser el \u00fanico filtro a trav\u00e9s del cual la \u00e9lite estadounidense entiende el mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"intro\">El \u00abproblema cognitivo\u00bb es a la vez m\u00e1s profundo y m\u00e1s amplio: afecta a los fundamentos de la sociedad estadounidense, pero tambi\u00e9n concierne a pueblos para los que la Guerra Fr\u00eda no es m\u00e1s que un tel\u00f3n de fondo, mientras que han hecho un gran esfuerzo \u00abpor conseguir educaci\u00f3n, aprendizaje, tecnolog\u00eda y nuevas riquezas\u00bb. Si Estados Unidos quiere conservar tanto su modelo democr\u00e1tico en el interior como su preeminencia en un mundo cambiante, Oppenheimer insta a que se tome en serio la organizaci\u00f3n del conocimiento y el aprendizaje en nuestras sociedades.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">I<\/h2>\n\n\n\n<p>De vez en cuando, el conflicto con el poder comunista arroja una dura luz sobre nuestra propia sociedad. A medida que el conflicto contin\u00faa, y a medida que su obstinaci\u00f3n, alcance y mortandad se hacen cada vez m\u00e1s evidentes, empezamos a ver rasgos de la sociedad estadounidense de los que apenas \u00e9ramos conscientes y que, en este contexto, aparecen como graves deficiencias. Quiz\u00e1 el primero sea nuestra incapacidad para informar sobre nuestros objetivos, intenciones y esperanzas nacionales de un modo que sea a la vez honesto e inspirador. Hace mucho tiempo que nadie habla en nombre de este pa\u00eds sobre nuestro futuro o el futuro del mundo de una forma que sugiera total integridad, cierta juventud de esp\u00edritu y un toque de verosimilitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras dos caracter\u00edsticas nacionales han suscitado recientemente gran preocupaci\u00f3n. Dado que el conflicto con el r\u00e9gimen comunista tiene lugar en un momento de extrema aceleraci\u00f3n de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, y en particular porque en los \u00faltimos a\u00f1os se ha producido la plena madurez de los aspectos militares de la era at\u00f3mica, la atenci\u00f3n p\u00fablica se ha centrado en la eficacia relativa del sistema sovi\u00e9tico y del nuestro en la formaci\u00f3n y reclutamiento de cient\u00edficos y t\u00e9cnicos. Esta comparaci\u00f3n revel\u00f3 que, en un \u00e1rea en la que antes \u00e9ramos mejores que los rusos, pronto podr\u00edamos llegar a ser inferiores a ellos. El sistema sovi\u00e9tico, al combinar incentivos raros y notables para el \u00e9xito en ciencia y tecnolog\u00eda con una b\u00fasqueda masiva de talentos y con unos est\u00e1ndares rigurosos y elevados en la educaci\u00f3n inicial, parece a punto de atraer a una fracci\u00f3n mayor de su poblaci\u00f3n al trabajo cient\u00edfico de lo que lo haremos nosotros.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>El sistema sovi\u00e9tico, al combinar incentivos raros y notables para el \u00e9xito en ciencia y tecnolog\u00eda con una b\u00fasqueda masiva de talentos y con unos est\u00e1ndares rigurosos y elevados en la educaci\u00f3n inicial, parece a punto de atraer a una fracci\u00f3n mayor de su poblaci\u00f3n al trabajo cient\u00edfico de lo que lo haremos nosotros.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Cuando supimos eso, fue natural buscar las causas. Algunas de ellas radican en la relativamente baja estima en que se tiene el aprendizaje en este pa\u00eds y, sobre todo, en nuestra indiferencia hacia la profesi\u00f3n docente, en particular hacia la ense\u00f1anza en las escuelas, una baja estima que es tanto manifiesta como causada por el hecho de que pagamos muy poco a nuestros profesores y muy poco a nuestros cient\u00edficos. La dura vida en los pa\u00edses sovi\u00e9ticos hace que sea f\u00e1cil convertir el prestigio en lujo y privilegio. Aqu\u00ed no queremos eso. Sin embargo, al reflexionar m\u00e1s detenidamente, hemos descubierto que en nuestras propias escuelas el nivel de la ense\u00f1anza es mucho m\u00e1s bajo en idiomas, matem\u00e1ticas y ciencias que en sus equivalentes sovi\u00e9ticos. Hemos aprendido que muchos de nuestros profesores no est\u00e1n realmente versados en las materias que ense\u00f1an y que, en muchos casos, su falta de conocimientos va unida a una falta de afecto o inter\u00e9s. En definitiva, nos hemos encontrado con un problema de extrema gravedad para la vida de nuestro pueblo enfrent\u00e1ndonos a un antagonista lejano y odiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que el mismo fen\u00f3meno se est\u00e1 produciendo en un \u00e1mbito completamente distinto. Se trata de la capacidad de nuestro gobierno -de hecho, la capacidad de nuestras instituciones y de nuestro pueblo, a trav\u00e9s de nuestro gobierno- para determinar la pol\u00edtica nacional en asuntos relacionados con los asuntos exteriores y la estrategia militar y pol\u00edtica. Citando a Walter W. Rostow en un discurso pronunciado en la Escuela de Guerra Naval a finales de 1956:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo creo que como naci\u00f3n hayamos creado todav\u00eda una pol\u00edtica militar y una pol\u00edtica exterior civil dise\u00f1adas para alcanzar [nuestros objetivos] y explotar las oportunidades de cambio social y pol\u00edtico favorables a nuestros intereses dentro del bloque comunista. [\u2026] Hist\u00f3ricamente, Estados Unidos ha dedicado sus energ\u00edas a resolver problemas militares y de pol\u00edtica exterior s\u00f3lo cuando se enfrentaba a peligros concretos y obvios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>[Si encuentra nuestro trabajo \u00fatil y quiere que el GC siga siendo una publicaci\u00f3n abierta, puede suscribirse&nbsp;<a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/ofiertas-new\/\">aqu\u00ed.<\/a>]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n, el Sr. Henry Kissinger escribi\u00f3 en el n\u00famero de abril de 1957 de <em>Foreign Affairs<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAl establecer un patr\u00f3n de respuesta anticip\u00e1ndose a las situaciones de crisis, la doctrina estrat\u00e9gica permite a una potencia actuar con sensatez ante los desaf\u00edos. En ausencia de tal doctrina, una potencia se ver\u00e1 constantemente sorprendida por los acontecimientos. Una doctrina estrat\u00e9gica adecuada es, por tanto, el requisito fundamental para la seguridad estadounidense\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En la actualidad se reconoce ampliamente que, a pesar de la organizaci\u00f3n del poder ejecutivo para tratar espec\u00edficamente los problemas a largo plazo, la pol\u00edtica exterior y la estrategia militar, a pesar del papel asignado a los jefes de Estado Mayor Conjunto, al Consejo de Seguridad Nacional y al equipo de planificaci\u00f3n pol\u00edtica del Departamento de Estado, a pesar de la puesta a disposici\u00f3n de dichas organizaciones del talento t\u00e9cnico e intelectual de todo este pa\u00eds y, en menor medida, de todo el mundo libre, a pesar de todo eso, Estados Unidos no ha desarrollado una comprensi\u00f3n de sus objetivos, intereses, alternativas y planes de futuro que est\u00e9 a la altura de la gravedad de los problemas a los que se enfrenta. La impresi\u00f3n general es que nos movemos de sorpresa en sorpresa, nunca suficientemente advertidos o prevenidos, y que las m\u00e1s de las veces estamos eligiendo entre males, cuando la previsi\u00f3n y la planificaci\u00f3n podr\u00edan habernos ofrecido alternativas m\u00e1s felices. \u00bfPor qu\u00e9 ha de darse este estado de cosas en un pa\u00eds donde abundan la riqueza y el ocio, donde m\u00e1s poblaci\u00f3n se dedica a la educaci\u00f3n que en ning\u00fan otro pa\u00eds en ning\u00fan otro momento, donde hay m\u00e1s colegios, universidades, institutos y centros de los que nos interesa contar, y en un momento en que un poder sin precedentes en manos de un Estado decidido y hostil nos amenaza m\u00e1s seriamente que en ning\u00fan otro momento desde los primeros tiempos de la Rep\u00fablica?<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Estados Unidos no ha desarrollado una comprensi\u00f3n de sus objetivos, intereses, alternativas y planes de futuro que est\u00e9 a la altura de la gravedad de los problemas a los que se enfrenta.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Hay, por supuesto, otros rasgos nacionales de los que no podemos estar orgullosos y en los que ni la era at\u00f3mica ni el conflicto con el comunismo han puesto el acento. Podemos pensar, por ejemplo, en nuestro gran descuido con los recursos de nuestro pa\u00eds; podemos pensar en las raras ocasiones en que una preocupaci\u00f3n por la belleza y la armon\u00eda p\u00fablica ha hecho del entorno f\u00edsico en que vivimos ese consuelo para el esp\u00edritu que la belleza de nuestra tierra y nuestra gran riqueza bien podr\u00edan hacer posible.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, todos los rasgos por los que nos juzgamos con severidad podr\u00edan haber sido dibujados por historiadores que nos compararan con culturas pasadas, o por observadores de la escena actual que nos compararan con contempor\u00e1neos. Entonces habr\u00edamos visto que ning\u00fan pueblo ha resuelto nunca el problema de la educaci\u00f3n que nos hemos planteado, y que ning\u00fan gobierno, en un mundo en el que pocos gobiernos tienen \u00e9xito durante mucho tiempo, ha logrado resolver un problema de la magnitud y dificultad del que nos enfrentamos. De hecho, podr\u00edamos reconocer los puntos d\u00e9biles de nuestra sociedad en t\u00e9rminos de una norma o un ideal, y o\u00edr hablar de ellos al fil\u00f3sofo o al profeta. Creo, de hecho, que estos caminos son los m\u00e1s constructivos, porque creo, como quedar\u00e1 m\u00e1s claro en lo que sigue, que los rasgos que nos preocupan son signos de una crisis cultural bastante profunda, irreductible y sin precedentes, y que acabar\u00e1n dando paso, no a una terapia sintom\u00e1tica, sino a cambios en nuestras vidas, cambios en lo que creemos, en lo que hacemos y en lo que valoramos.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, los problemas de nuestro pa\u00eds y de nuestro tiempo casi nunca se han planteado en su forma actual a lo largo de la historia, y desde luego nunca se han resuelto. Si nuestro adversario parece haberlos resuelto mejor que nosotros, puede ser saludable que tomemos nota; dif\u00edcilmente puede ser saludable que adoptemos sus medios. \u00c9l sabe lo que quiere, porque tiene una teor\u00eda sencilla del sentido de la vida humana y de su lugar en ella. Sobre la base de esta confianza, tiene un gobierno dispuesto a tomar, con un enorme costo humano, todas las medidas necesarias para alcanzar sus objetivos. Que su teor\u00eda s\u00f3lo tenga un tenue tinte de verdad, fragmentaria y en gran medida obsoleta, que excluya la mayor parte de la verdad, y la m\u00e1s profunda, deber\u00eda consolarnos en la idea de que no tendr\u00e1 \u00e9xito. Que su fracaso pueda, sin embargo, ir acompa\u00f1ado de una participaci\u00f3n humana generalizada, si no universal, y de una devastaci\u00f3n y un horror sin parang\u00f3n, deber\u00eda atemperar nuestro placer ante la perspectiva y devolvernos a la resoluci\u00f3n de nuestros problemas en nuestros propios t\u00e9rminos, a nuestra manera, en nuestro propio tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las razones de las debilidades de nuestra sociedad son m\u00faltiples, inteligibles e ir\u00f3nicas. Creo que las tres debilidades -en nuestra educaci\u00f3n, en nuestra vacilante visi\u00f3n de futuro y en nuestras dificultades para formular pol\u00edticas- tienen puntos en com\u00fan; pero no son lo mismo, y seguirlas todas no es el objetivo de este documento. No cabe duda de que el igualitarismo y la tolerancia de la diversidad que tradicionalmente apreciamos, una diversidad que concierne precisamente a las cuestiones m\u00e1s fundamentales de la naturaleza y el destino del hombre, de su salvaci\u00f3n y su fe, ciertamente esas cualidades, consideradas durante mucho tiempo como virtudes, tienen mucho que ver con nuestras dificultades en el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n, donde definen, por as\u00ed decirlo, el problema irresoluble; tienen mucho que ver con las dificultades de la profec\u00eda y de la pol\u00edtica, tradicionalmente basadas en el consenso, precisamente en aquellos \u00e1mbitos en los que estamos apegados a la divergencia. La buena fortuna del pa\u00eds, en t\u00e9rminos generales y a lo largo de los siglos, y el optimismo y la confianza que de ella se derivan, tienen algo que ver con nuestros problemas. Puede que no cambiemos nada, pero tenemos que considerar esos problemas cuando nos comparamos con Atenas, la Inglaterra isabelina o victoriana o la Francia del siglo XVII.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>La buena fortuna del pa\u00eds, en t\u00e9rminos generales y a lo largo de los siglos, y el optimismo y la confianza que de ella se derivan, tienen algo que ver con nuestros problemas. <\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Nuestras debilidades, por supuesto, tienen un toque de iron\u00eda. Es nuestra fe en la educaci\u00f3n, nuestra determinaci\u00f3n de hacerla accesible a todos, nuestra creencia de que permitir\u00e1 a las personas encontrar la dignidad y la libertad, lo que ha desempe\u00f1ado un papel tan importante en la reducci\u00f3n de nuestro sistema educativo a la parodia medio vac\u00eda que es hoy. Cuando, por primera vez en a\u00f1os de paz formal, dedicamos esfuerzo, estudio, pensamiento y recursos a la b\u00fasqueda de la seguridad militar, creamos la inseguridad m\u00e1s aterradora que el hombre haya conocido en lo que conocemos de su historia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">II<\/h2>\n\n\n\n<p>A menudo se dice que nuestra cultura nacional privilegia la pr\u00e1ctica sobre la teor\u00eda, la acci\u00f3n sobre la reflexi\u00f3n, la invenci\u00f3n sobre la contemplaci\u00f3n. Hay algo de verdad en ello. No hay que exagerar. Por un lado, el equilibrio entre la acci\u00f3n y la reflexi\u00f3n siempre, en todas partes, debe favorecer num\u00e9ricamente a los que act\u00faan sobre los que reflexionan; incluso en Atenas, hab\u00eda bastantes sofistas por cada S\u00f3crates; y me resulta dif\u00edcil imaginar una sociedad en la que el trabajo del mundo no ocupe a m\u00e1s gente, m\u00e1s a menudo, que la comprensi\u00f3n del mundo. Por otra parte, el equilibrio entre esos aspectos de la vida se ha visto reforzado por las circunstancias, en la medida en que, en nuestro pa\u00eds, los que act\u00faan han tenido la suerte de poder marcar y celebrar sus actos: la riqueza del pa\u00eds, su amplitud, su gran libertad y, en general, el optimismo que aqu\u00ed reina. Har\u00edan falta logros considerables en teor\u00eda y comprensi\u00f3n para igualar la brillantez, a menudo casi impudicia, de nuestras creaciones materiales.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro pasado siempre ha estado marcado por algunas mentes originales y profundamente reflexivas cuya obra, aunque forme parte de la tradici\u00f3n intelectual de Europa y del mundo, tiene sin embargo un sello nacional particular, como en los cuatro nombres de Peirce, Gibbs, James y Veblen. Hoy en d\u00eda, en casi todos los campos de las ciencias naturales, y en algunos otros tambi\u00e9n, nuestro pa\u00eds es preeminente tanto en teor\u00eda como en experimentaci\u00f3n, invenci\u00f3n y pr\u00e1ctica. Eso ha provocado un gran cambio en la escena educativa, en lo que se refiere a la ense\u00f1anza superior, las escuelas superiores, el trabajo posdoctoral, los institutos y las universidades. Es cierto que en parte se debi\u00f3 a desgracias en el extranjero: las dos guerras en Europa y los nazis, los primeros efectos del r\u00e9gimen comunista en Rusia, que dificultaron mucho las condiciones para un estudio serio, al menos durante un tiempo. En parte fue provocado por la llegada a este pa\u00eds de estudiosos que trataban de huir del r\u00e9gimen, la tiran\u00eda y los disturbios en el extranjero. El hecho es que hoy en d\u00eda, un joven que desee recibir la mejor formaci\u00f3n en f\u00edsica te\u00f3rica o matem\u00e1ticas, qu\u00edmica te\u00f3rica o biolog\u00eda, es probable que venga a este pa\u00eds, mientras que hace tres d\u00e9cadas habr\u00eda ido a escuelas de Europa. Fue importante tras el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo un gran inter\u00e9s p\u00fablico por los logros en ciencia aplicada conseguidos en este pa\u00eds durante los a\u00f1os de la guerra, combatir cualquier sentimiento exagerado de superioridad estadounidense haciendo hincapi\u00e9 en las grandes contribuciones por las que est\u00e1bamos en deuda con los europeos y otros pa\u00edses; pero repetir hoy lo que entonces era cierto s\u00f3lo en parte, que los estadounidenses destacan en los esfuerzos pr\u00e1cticos pero son d\u00e9biles en teor\u00eda, es distorsionar la verdad. Hay que a\u00f1adir, por supuesto, que el n\u00famero de hombres dedicados a la ciencia te\u00f3rica es siempre peque\u00f1o, e incluso entre nosotros hoy es muy peque\u00f1o. Su trabajo y su existencia pueden tener poca influencia directa en el car\u00e1cter y el gusto del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto, me parece que en comparaci\u00f3n con otras civilizaciones -ciertamente la de la India cl\u00e1sica, la de la Europa continental y probablemente incluso la de Inglaterra, donde la teor\u00eda se desarrolla brillantemente pero se ignora en gran medida en la pr\u00e1ctica- la nuestra es una civilizaci\u00f3n en la que se hace hincapi\u00e9 en la pr\u00e1ctica mucho m\u00e1s que en la teor\u00eda, y en la acci\u00f3n mucho m\u00e1s que en la contemplaci\u00f3n. En el dif\u00edcil equilibrio de la ense\u00f1anza, tendemos a ense\u00f1ar demasiado en t\u00e9rminos de utilidad y no lo suficiente en t\u00e9rminos de belleza. Y cuando \u00ablo hacemos nosotros mismos\u00bb (<em>do it ourselves<\/em>), es poco probable que haya aprendizaje o reflexi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>En el dif\u00edcil equilibrio de la ense\u00f1anza, tendemos a ense\u00f1ar demasiado en t\u00e9rminos de utilidad y no lo suficiente en t\u00e9rminos de belleza.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Para comprender la importancia de este rasgo, debemos reconocer otra caracter\u00edstica del paisaje estadounidense: de manera importante, profunda y compleja, es un pa\u00eds de diversidad; y tolera, respeta y fomenta la diversidad en forma de aut\u00e9ntico pluralismo. En Estados Unidos hay mucha teor\u00eda: teor\u00eda cosmol\u00f3gica, teor\u00eda de los procesos gen\u00e9ticos, teor\u00eda sobre la naturaleza de la inmunidad, teor\u00eda sobre la naturaleza de la materia, teor\u00eda sobre el aprendizaje, sobre los precios, sobre la comunicaci\u00f3n; pero no hay una teor\u00eda unificadora sobre lo que es la vida humana; no hay consenso sobre la naturaleza de la realidad ni sobre el papel que debemos desempe\u00f1ar en ella; no hay una teor\u00eda de la buena vida ni mucha teor\u00eda sobre el papel del gobierno en su promoci\u00f3n. Los diversos talentos, habilidades, creencias y experiencias de nuestra gente contribuyen eficazmente a resolver un problema concreto, a responder a una pregunta bien definida, a construir una m\u00e1quina, una estructura o un sistema de armas; y en estos ejercicios concretos y limitados, la diversidad y la extra\u00f1eza de los participantes se armonizan gracias a la comunidad de la empresa concreta. El equipo de expertos, que a veces incluye a cient\u00edficos sociales, ha sido un invento extremadamente fruct\u00edfero para la investigaci\u00f3n en tiempos de guerra y sigue si\u00e9ndolo en muchas formas de empresa t\u00e9cnica. Sigue siendo inapropiado, y tiende a marchitarse, en las empresas generales de la vida acad\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe duda de que el pluralismo estadounidense puede entenderse en parte en funci\u00f3n de nuestra historia y de las caracter\u00edsticas que nos diferencian de la mayor\u00eda de las comunidades de Europa y de gran parte de Asia. Podemos pensar en las comunidades relativamente primitivas de los pueblos indios del Suroeste, que algunos de nosotros todav\u00eda recordamos a principios de este siglo. La calidad de su vida era relativamente est\u00e1tica y estaba estrechamente controlada; todos los elementos eran coherentes y se unificaban y daban sentido mediante ritos y doctrinas religiosas. El cambio era lento y la comunicaci\u00f3n se adaptaba a la limitada experiencia de los habitantes. Esas comunidades representan casi un ideal de unidad, entendimiento com\u00fan y visi\u00f3n monista del mundo. La vida estadounidense ha conocido poco de ese esp\u00edritu. La frontera, la apertura del pa\u00eds y, m\u00e1s tarde, la inmensa velocidad del cambio, el movimiento y el tr\u00e1fico nos han proporcionado una experiencia nacional muy diferente. Durante dos siglos, Nueva Inglaterra tuvo probablemente la estabilidad de la vida de pueblo; y creo que hoy vemos, en la coherencia, firmeza y comprensi\u00f3n mutua de sus supervivientes, uno de los elementos m\u00e1s estables y unificados de nuestro pa\u00eds. Es probable, aunque no estoy seguro, que se pueda encontrar una historia similar en el Sur, aunque las fortunas de los \u00faltimos cien a\u00f1os lo hayan golpeado mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso si volvemos nuestros pensamientos a Europa, donde hay tanto de la inquietud, la desilusi\u00f3n y la variedad que caracterizan a nuestro propio pa\u00eds, encontramos diferencias considerables; hay una larga historia de movilidad limitada, que culmin\u00f3 en el siglo XIII en la visi\u00f3n unificada de todos los asuntos esenciales para el hombre, en un universo determinado por Dios, y en el que Dios es omnipresente, donde la naturaleza de todas las cosas finitas es invariable, y la muerte el \u00fanico prop\u00f3sito de toda vida humana. Cuando este mundo empez\u00f3 a desmoronarse, lo hizo lentamente, primero en la mente de fil\u00f3sofos y cient\u00edficos. Hasta el siglo XVII no pudo observarse plenamente el paso de la contemplaci\u00f3n a la acci\u00f3n; mucho despu\u00e9s de que se hubiera producido, sus consecuencias segu\u00edan preocupando a John Donne: \u00abTodo est\u00e1 hecho pedazos, toda coherencia ha desaparecido; todo es provisional, todo es relativo\u00bb. La conciencia del hombre de su propio poder lleg\u00f3 lentamente a Europa; lleg\u00f3 a pueblos unidos por una lengua com\u00fan, un h\u00e1bito com\u00fan y tradiciones comunes de gusto, modales, artes y pr\u00e1cticas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>La conciencia del hombre de su propio poder lleg\u00f3 lentamente a Europa; lleg\u00f3 a pueblos unidos por una lengua com\u00fan, un h\u00e1bito com\u00fan y tradiciones comunes de gusto, modales, artes y pr\u00e1cticas. Comparados con todo esto, los estadounidenses son n\u00f3madas. <\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Comparados con todo esto, los estadounidenses son n\u00f3madas. Hay, por supuesto, mucho en com\u00fan en lo que trajo a la gente a este pa\u00eds; pero en un grado abrumador, lo que era com\u00fan era negativo o personal y pr\u00e1ctico: el deseo de escapar de la represi\u00f3n, o la esperanza de hacer una nueva fortuna. En los a\u00f1os de formaci\u00f3n de nuestra historia, el vac\u00edo, la necesidad y la recompensa de la improvisaci\u00f3n, la variedad y la apertura de las fronteras dieron peso y reconocimiento a las diferencias entre las personas. Nuestra filosof\u00eda pol\u00edtica ha tratado de conciliar los beneficios pr\u00e1cticos de la uni\u00f3n con la m\u00e1xima tolerancia de la diversidad. En el \u00faltimo siglo, al cierre de la frontera f\u00edsica se a\u00f1adi\u00f3 una nueva fuente de cambio, m\u00e1s radical y, en definitiva, m\u00e1s universal que las anteriores. Se trata, por una parte, del crecimiento sin precedentes del conocimiento, cuya escala temporal, estimada conservadoramente en medio siglo hace 200 a\u00f1os, podr\u00eda estimarse mejor hoy en una d\u00e9cada; y con ello, bas\u00e1ndose en parte en el conocimiento, en parte en la riqueza acumulada, y en parte en la propia tradici\u00f3n de libertad y movilidad, asistimos a una explosi\u00f3n tecnol\u00f3gica y a una econom\u00eda como el mundo nunca ha visto.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios de este siglo, William James escribi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl punto que ahora les invito a observar particularmente es el papel desempe\u00f1ado por las verdades m\u00e1s antiguas&#8230; Su influencia es absolutamente decisiva. La lealtad a ellas es el primer principio, en la mayor\u00eda de los casos es el \u00fanico principio, ya que la forma m\u00e1s habitual de tratar fen\u00f3menos tan nuevos que implican una seria reorganizaci\u00f3n de nuestras ideas preconcebidas es ignorarlos por completo o abusar de quienes dan testimonio de ellos\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra \u00e9poca, el equilibrio entre las verdades antiguas y las nuevas se ha roto, y no es anormal que la mayor\u00eda de los hombres limiten, de la manera m\u00e1s severa posible, el n\u00famero y el tipo de verdades nuevas a las que tendr\u00e1n que enfrentarse. Esto es lo que hace de la escena intelectual una escena de especialistas, y esto es lo que hace que nuestros pueblos, a pesar de todas las evidencias superficiales de similitud, sean m\u00e1s diversos en su experiencia, m\u00e1s ajenos entre s\u00ed en los lenguajes que utilizan para hablar de lo que les es pr\u00f3ximo, que en cualquier \u00e9poca o lugar que yo pueda imaginar; esto es lo que limita el consenso a enunciados tan vagos que pueden significar casi cualquier cosa, o a situaciones tan duras, tan amenazadoras y tan inmediatas que ninguna estructura te\u00f3rica, ninguna visi\u00f3n del mundo, necesita intervenir.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>En nuestra \u00e9poca, el equilibrio entre las verdades antiguas y las nuevas se ha roto, y no es anormal que la mayor\u00eda de los hombres limiten, de la manera m\u00e1s severa posible, el n\u00famero y el tipo de verdades nuevas a las que tendr\u00e1n que enfrentarse.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 la m\u00e1s coherente de todas nuestras grandes estructuras te\u00f3ricas sea la de las ciencias naturales. No es relevante para muchas de las cuestiones pol\u00edticas y estrat\u00e9gicas a las que se enfrenta nuestro gobierno, pero s\u00ed para algunas de ellas. Esta coherencia es, sin embargo, de un tipo muy particular: generalmente consiste en una ausencia de contradicci\u00f3n entre las diferentes partes y una relevancia mutua omnipresente, a menudo s\u00f3lo potencial. No consiste en una coherencia estructural por la que el todo pueda derivarse de un simple resumen, una clave, una feliz mnemotecnia. As\u00ed pues, no existen principios fundamentales de la ciencia. Sus mayores verdades no son definibles en t\u00e9rminos de experiencia com\u00fan; tampoco implican al resto. Nuestro conocimiento de la naturaleza no es en absoluto un conocimiento com\u00fan; es el tesoro de muchas comunidades especializadas florecientes, a menudo aisladas unas de otras en el curso de su r\u00e1pido crecimiento. Nuestro conocimiento com\u00fan nunca ha sido una parte tan fr\u00e1gil de lo conocido. Las ciencias naturales no son, y probablemente no puedan ser, conocidas por todos; peque\u00f1as partes s\u00ed lo son; y en el mundo del saber, entre las regiones ilustradas, media la gran oscuridad de la ignorancia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora de evaluar la importancia pr\u00e1ctica de los avances cient\u00edficos, el gobierno puede verse confrontado a un reflejo de tal situaci\u00f3n. Incluso en un campo tan relativamente limitado como los peligros de la radiaci\u00f3n at\u00f3mica en tiempos de paz, no puede recurrir a un experto para obtener una respuesta. Recurre a la Academia Nacional de Ciencias, que re\u00fane una serie de comit\u00e9s, numerosos y bien atendidos; sus conocimientos colectivos y su reconocimiento colectivo de la ignorancia constituyen, por el momento, nuestra mejor respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros aspectos de la vida intelectual, m\u00e1s relevantes para la pol\u00edtica y la estrategia, nos encontramos con una situaci\u00f3n no del todo diferente, aunque menos formal y menos claramente reconocida. En nuestros propios asuntos internos, el conocimiento por parte del gobierno de las situaciones reales a las que se enfrenta va acompa\u00f1ado de un tradicional sentido de garant\u00eda dentro de nuestras instituciones pol\u00edticas. Si, en efecto, los poderes ejecutivo y legislativo se han equivocado en su apreciaci\u00f3n de los problemas de los le\u00f1adores del Noroeste, o de la mano de obra mar\u00edtima o de los reclutas navales, los especialistas en esos asuntos, porque son quienes los viven, tienen la oportunidad de hacer o\u00edr su voz; y existe una tolerancia subyacente, a veces violada, a veces ignorada, que sin embargo otorga a la voz de los m\u00e1s profundamente implicados, y m\u00e1s \u00edntima e inmediatamente conscientes, el serio peso de la doctrina de la mayor\u00eda concurrente. En asuntos exteriores, en asuntos que conciernen a otros pa\u00edses y a otros pueblos, no existe tal protecci\u00f3n ni tal recurso. En este caso, el gobierno debe confiar mucho en lo que es esencialmente erudici\u00f3n: lo que el historiador, el ling\u00fcista, el artista y todos los dem\u00e1s que, con el arte lentamente aprendido del historiador de juzgar, evaluar y comprender, pueden dar una visi\u00f3n \u00edntima de lo que sucede en pa\u00edses extranjeros, a menudo muy extra\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a todo esto, frente a la complejidad, la variedad y la rapidez de los cambios que caracterizan tanto la escena intelectual como el propio mundo, existe una gran tentaci\u00f3n de buscar la clave que no existe, el simple resumen del que podr\u00eda desprenderse todo lo dem\u00e1s. Esto es lo que tendimos a hacer durante las guerras de este siglo, con las consecuencias, al parecer, de grandes dificultades cuando llegamos al final de la guerra. Probablemente fue malo incluso en la Primera Guerra Mundial, cuando nuestro gobierno ten\u00eda una teor\u00eda relativamente elaborada y erudita que era ampliamente aceptada por nuestro pueblo, pero que no era del todo cierta. Probablemente fue mala durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la teor\u00eda parec\u00eda muy primitiva y consist\u00eda en pensar que el mal, aunque extendido por el mundo, estaba tan exclusivamente concentrado en los gobiernos de las potencias hostiles que pod\u00edamos olvidarnos de \u00e9l en otros lugares.<\/p>\n\n\n\n<p><em>[Si encuentra nuestro trabajo \u00fatil y quiere que el GC siga siendo una publicaci\u00f3n abierta, puede suscribirse&nbsp;<a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/ofiertas-new\/\">aqu\u00ed.<\/a>]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Un gobierno puede, por razones m\u00e1s o menos v\u00e1lidas, llegar a una conclusi\u00f3n sobre lo que debe hacer, como hace el nuestro cuando declara la guerra o cuando adopta pol\u00edticas relativamente bien definidas, como la Doctrina Truman. Estas decisiones, que reflejan la mejor estimaci\u00f3n de las pruebas disponibles en el momento en que se toman, son actos de la voluntad; es evidente que las pruebas adicionales que apoyan las decisiones refuerzan la voluntad, hacen m\u00e1s probable que la prosecuci\u00f3n de la guerra o la ejecuci\u00f3n de la doctrina sean eficaces. La evidencia de que las decisiones pueden haber sido err\u00f3neas o de que ya no son convenientes tiene el efecto contrario. El apego del hombre a sus propias decisiones, su reticencia a aprender y a cambiar, no deben verse reforzados por una doctrina que menosprecie la verdad, y por tanto el valor, de lo que no concuerda con pruebas y juicios anteriores. El peligro no es tanto que se eval\u00faen las pruebas nuevas y contradictorias y se les d\u00e9 un peso insuficiente, sino que ni siquiera se vean, que nuestros \u00f3rganos de inteligencia y percepci\u00f3n est\u00e9n codificados, al igual que nuestros \u00f3rganos sensoriales, por nuestra devoci\u00f3n, de modo que ni siquiera seamos conscientes de la incoherencia y la novedad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Es evidente que las pruebas adicionales que apoyan las decisiones refuerzan la voluntad, hacen m\u00e1s probable que la prosecuci\u00f3n de la guerra o la ejecuci\u00f3n de la doctrina sean eficaces.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Creo que hoy estamos profundamente heridos por las simplificaciones de la \u00e9poca. La Guerra Fr\u00eda es real, amarga y mortal. Pero no es el \u00fanico problema del mundo, y para otros innumerables pueblos y sus gobiernos no es el problema que ven bajo la luz m\u00e1s brillante y dura. Esa visi\u00f3n global tiende a impedir la recepci\u00f3n de conocimientos esenciales porque, a la luz de nuestra doctrina dominante, esos conocimientos parecen irrelevantes o, de alg\u00fan modo, no encajan. Me parece evidente que este peligro es muy real si tenemos en cuenta que el curso de la historia siempre nos sorprende.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos rasgos de la situaci\u00f3n que he intentado esbozar merecen un comentario particular. Me parece que la variedad y el ritmo de los cambios en nuestra vida probablemente aumentar\u00e1n, que nuestros conocimientos seguir\u00e1n desarroll\u00e1ndose, quiz\u00e1 a un ritmo cada vez m\u00e1s r\u00e1pido, y que el propio cambio tender\u00e1 a acelerarse. Al describir ese mundo, probablemente no habr\u00e1 una sinopsis que nos ahorre el esfuerzo de un aprendizaje detallado. No creo que estemos en un breve periodo de cambio y aparente desorden que pronto llegar\u00e1 a su fin. El problema cognitivo me parece de una magnitud sin precedentes, un problema que no se ha planteado de esta forma a ninguna sociedad anterior y para el que s\u00f3lo se pueden encontrar en el pasado las normas de comportamiento m\u00e1s generales.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n me parece que debemos esperar un mundo en el que el problema estadounidense ser\u00e1 m\u00e1s o menos el problema de todos. Los inicios de esta evoluci\u00f3n son quiz\u00e1 tan importantes para el estado de \u00e1nimo actual en Europa como la historia de las dos guerras, el comunismo, los nazis y la p\u00e9rdida de poder pol\u00edtico, militar y econ\u00f3mico en el continente. Estas cuestiones parecen claramente implicadas en el deseo de los pueblos de \u00c1frica y Asia, Am\u00e9rica Central y del Sur, por medios a\u00fan no concebidos ni comprendidos, de alcanzar la educaci\u00f3n, el aprendizaje, la tecnolog\u00eda y nuevas riquezas. Forman parte de la nueva agitaci\u00f3n entre los intelectuales del mundo sovi\u00e9tico, quiz\u00e1 especialmente entre sus cient\u00edficos, y aumentan el pesimismo de cualquier perspectiva de transici\u00f3n de la tiran\u00eda a la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen, por lo tanto, razones externas muy convincentes para que en este pa\u00eds estemos en mejores condiciones de reflexionar y poner a disposici\u00f3n, para los urgentes problemas de pol\u00edtica y estrategia, los recursos intelectuales que en la actualidad nos faltan tanto. Esos recursos son necesarios en la lucha contra el comunismo; son necesarios si queremos tener alguna comprensi\u00f3n y alguna ligera influencia en los grandes cambios que esperan al resto del mundo. La conciencia de esa necesidad nos har\u00e1 bien; y no subestimo el valor de que el pueblo de este pa\u00eds lo reconozca, ni de que su gobierno lo reconozca oficialmente. S\u00f3lo puede contribuir a que haya dinero disponible para la educaci\u00f3n y la ense\u00f1anza; s\u00f3lo puede contribuir a que tanto los eruditos como los legos sean bienvenidos en los procedimientos gubernamentales de elaboraci\u00f3n de pol\u00edticas. Pero, aunque tales medidas sean muy necesarias y debieran haberse tomado hace mucho tiempo, me temo que el desarrollo real no vendr\u00e1 s\u00f3lo de ellas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Debemos esperar un mundo en el que el problema estadounidense ser\u00e1 m\u00e1s o menos el problema de todos.<\/p><cite>J. ROBERT OPPENHEIMER<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Puede haber razones v\u00e1lidas para discrepar en cuanto a si el reconocimiento oficial de una necesidad, o incluso el reconocimiento generalmente aceptado de una necesidad por parte de nuestro pueblo, traer\u00e1 consigo una respuesta a tal necesidad. Lo que necesitamos es un vigor intelectual y una disciplina mucho mayores, una apertura de esp\u00edritu m\u00e1s com\u00fan y generalizada, y un tipo de infatigabilidad que no es incompatible con la fatiga, pero s\u00ed con la rendici\u00f3n. No es que nuestro pa\u00eds carezca de curiosidad, de aut\u00e9ntico aprendizaje, del h\u00e1bito de detectar sus propias ilusiones, de dedicaci\u00f3n y de b\u00fasqueda del orden y la ley entre la novedad, la variedad y la contingencia. Hay respeto por el aprendizaje y la experiencia, y un justo reconocimiento del papel de la ignorancia y de nuestras limitaciones, como humanos y como humanidad; pero no hay suficiente de ello, ni entre nosotros ni en el valor que le damos, para garantizar que el gobierno del pueblo no desaparezca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/category\/guerra\/oppenheimer-escritos-selectos\/\" \/>Oppenheimer: escritos selectos<\/a>  | Episodio 6<\/p>\n<p>\u201cLos estadounidenses son n\u00f3madas\u201d<\/p>\n<p>En esta versi\u00f3n editada de un discurso pronunciado en 1957 en una conferencia organizada por el Centro de Estudios Internacionales del MIT, Robert Oppenheimer, a trav\u00e9s de las cuestiones planteadas por la Guerra Fr\u00eda, ofrece su clarividente an\u00e1lisis de la sociedad estadounidense en el apogeo de su riqueza y poder. Destaca el \u00abproblema cognitivo\u00bb, un aspecto del enfrentamiento con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, pero que es al mismo tiempo mucho m\u00e1s profundo y de mayor alcance.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":20862,"comment_status":"closed","ping_status":"","sticky":false,"template":"templates\/post-speeches.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[606],"tags":[],"staff":[7],"editorial_format":[],"serie":[],"audience":[],"geo":[172],"class_list":["post-20860","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-oppenheimer-escritos-selectos","staff-el-grand-continent","geo-americas"],"acf":{"open_in_webview":false,"accent":false},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.1.1 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>La doctrina Oppenheimer - El Grand Continent<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2023\/08\/04\/la-doctrina-oppenheimer\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La doctrina Oppenheimer - El Grand Continent\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Oppenheimer: escritos selectos | Episodio 6  \u201cLos estadounidenses son n\u00f3madas\u201d  En esta versi\u00f3n editada de un discurso pronunciado en 1957 en una conferencia organizada por el Centro de Estudios Internacionales del MIT, Robert Oppenheimer, a trav\u00e9s de las cuestiones planteadas por la Guerra Fr\u00eda, ofrece su clarividente an\u00e1lisis de la sociedad estadounidense en el apogeo de su riqueza y poder. 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