{"id":15992,"date":"2022-12-15T04:22:00","date_gmt":"2022-12-15T04:22:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=15992"},"modified":"2023-04-25T00:35:00","modified_gmt":"2023-04-24T23:35:00","slug":"la-pasion-de-la-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/12\/15\/la-pasion-de-la-libertad\/","title":{"rendered":"La pasi\u00f3n de la libertad"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfPor qu\u00e9 escribir una biograf\u00eda de Thomas Jefferson en 2022?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La idea inicial de emprender el libro surgi\u00f3 de una conversaci\u00f3n que ambos autores mantuvimos en Nueva York en 2015. Est\u00e1bamos interesados en dar a conocer mejor en el mundo hispanohablante a una figura de la altura pol\u00edtica e intelectual de Thomas Jefferson, que apenas ha sido estudiada entre nosotros. Debido a nuestras respectivas vidas profesionales, la escritura se fue demorando, pero, visto en retrospectiva, puede decirse que el retraso confiri\u00f3 un mayor sentido a nuestro proyecto y le dot\u00f3, si cabe, de mayor actualidad. Hemos de recordar que, en 2015, a\u00f1o que hoy nos parece tan lejano, Estados Unidos y Europa, al menos en la porci\u00f3n m\u00e1s occidental de nuestro continente, nos encontr\u00e1bamos en una suerte de remanso entre la Gran Recesi\u00f3n y antes de la sucesi\u00f3n de crisis que sobrevino con posterioridad: el Brexit, la Administraci\u00f3n del presidente Trump, las revueltas civiles asociadas al movimiento Black Lives Matter, la pandemia y ahora la tr\u00e1gica guerra en Ucrania. La figura de Jefferson pod\u00eda por entonces todav\u00eda ser reivindicada, con sus claroscuros, como s\u00edmbolo de unos valores y de una cierta concepci\u00f3n de la modernidad transatl\u00e1ntica que merec\u00eda la pena preservar y proyectar hacia el futuro. Todos sabemos que apenas seis a\u00f1os despu\u00e9s, las estatuas de Jefferson, como las de otras figuras hist\u00f3ricas, yac\u00edan por tierra o eran mutiladas en numerosos puntos de la geograf\u00eda estadounidense, incluyendo en la Universidad de Virginia, que el mismo Jefferson hab\u00eda fundado. Hasta en Nueva York, el consejo municipal vot\u00f3 en octubre de 2021 quitar su efigie del New York City Hall. El Jefferson que presentamos en nuestra obra parte, precisamente, de la mutaci\u00f3n radical que han sufrido su imagen y la interpretaci\u00f3n de su legado en estos a\u00f1os m\u00e1s recientes. El resultado es un espejo donde se reflejan las contradicciones de nuestra propia \u00e9poca, con sus luces y sombras. Har\u00edamos mal arrumbando el espejo en el desv\u00e1n, o cubri\u00e9ndolo con veladuras porque no nos satisface la imagen que nos devuelve. Aqu\u00ed cabe la admonici\u00f3n de Jorge Santayana: quienes no recuerdan el pasado, est\u00e1n condenados a repetirlo. Ahora bien, no basta con recordar. En necesario que el ejercicio de la memoria, para no quedar inerte, sea acompa\u00f1ado por un esfuerzo activo de reflexi\u00f3n sobre la historia compartida, aprendiendo de ella,&nbsp;<em>sine ira et studio<\/em>, extrayendo ense\u00f1anzas que sirvan para mejor vivir el presente y preparar el futuro y, sobre todo, sin caer en juicios retrospectivos. Esta es una de las lecciones que nos gustar\u00eda transmitir con este ensayo biogr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La historia de la redacci\u00f3n colectiva de la Constituci\u00f3n estadounidense por sus Padres Fundadores tiene un valor m\u00edtico en Estados Unidos y en otros pa\u00edses. Cada una de sus figuras, con sus habilidades y talentos complementarios, parecen encajar en una narraci\u00f3n perfectamente escrita. \u00bfCu\u00e1l fue exactamente el papel de Jefferson en esta colaboraci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo reintroducir huellas de oposiciones y compromisos en nuestra lectura de lo que ahora se ha convertido en la Constituci\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La Constituci\u00f3n estadounidense, fue, en efecto, el resultado de un muy trabajado y delicado equilibrio de intereses -territoriales, demogr\u00e1ficos y econ\u00f3micos entre los estados meridionales, intermedios y septentrionales &#8211; y de la aportaci\u00f3n de personalidades muy diferentes, pero que terminaron complement\u00e1ndose. Fue, tambi\u00e9n, el precipitado de un ambiente intelectual en el que convergieron diversas corrientes filos\u00f3ficas y de interpretaci\u00f3n del Derecho, tanto propias de la tradici\u00f3n anglosajona como procedentes de la Europa continental y, en particular, de la Ilustraci\u00f3n. A todo ello hay que a\u00f1adir la fuerte impronta religiosa, de estirpe de\u00edsta, que ya impregnaba la Declaraci\u00f3n de Independencia. Sus autores fueron, por otra parte, una minor\u00eda en el seno de una sociedad colonial muy desigual y de cuyo proceso de toma de decisiones estaba excluida la mayor parte de la poblaci\u00f3n, que se mov\u00eda entre la supervivencia, la servidumbre o la esclavitud. Dedicamos un cap\u00edtulo del libro a estudiar en profundidad la estructura y mentalidades de la sociedad colonial anglo-americana, que algunos autores, seguidores de una especie de determinismo teleol\u00f3gico, se empe\u00f1an en presentar como portadora de unas cualidades que terminar\u00edan eclosionando, como si estuvieran gen\u00e9ticamente programados para ello, en unos Estados Unidos mod\u00e9licos en el orden del progreso material y social y en el ejercicio de la democracia. <\/p>\n\n\n\n<p>La realidad fue muy distinta y la Constituci\u00f3n estadounidense, con todas sus virtudes, lleva adheridos defectos de origen que desembocaron casi un siglo m\u00e1s tarde en una cruel\u00edsima Guerra de Secesi\u00f3n, o en la exclusi\u00f3n,&nbsp;<em>ab initio,&nbsp;<\/em>de las poblaciones ind\u00edgenas amerindias, que fueron inmisericordemente exterminadas o confinadas a reservas, sin que los supervivientes gozaran en su mayor\u00eda del derecho al voto como ciudadanos estadounidenses hasta el Indian Citizenship Act de 1924. Y, por supuesto, est\u00e1 el estigma de la esclavitud y del tratamiento de la poblaci\u00f3n afroamericana, todav\u00eda no plenamente resuelto y del que nuestro protagonista fue part\u00edcipe. Jefferson era plenamente consciente de todas estas limitaciones y de la carga de profundidad que supon\u00edan para el devenir futuro de Estados Unidos. Tambi\u00e9n de los inevitables compromisos subyacentes a los que tuvieron que llegar las distintas facciones e intereses representados por los otros Padres Fundadores y que estuvo dispuesto a aceptar en beneficio del bien com\u00fan. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero, hay que a\u00f1adir que su papel en los trabajos de elaboraci\u00f3n de la Constituci\u00f3n fue limitado. Una de las grandes frustraciones de su vida fue que estuvo f\u00edsicamente ausente tanto en la confecci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de su estado natal, Virginia, pues se hallaba por entonces en Filadelfia, como durante las negociaciones que culminaron en la Constituci\u00f3n de la nueva rep\u00fablica estadounidense, ya que se encontraba en Par\u00eds cuando fue redactada. En ambos casos intent\u00f3 influir desde la distancia a trav\u00e9s de la correspondencia con sus seguidores y afines, pero no fue la suya una fuerza esencial, quiz\u00e1 tambi\u00e9n porque nunca fue un operador pol\u00edtico al que le gustara inmiscuirse en los detalles de la confrontaci\u00f3n partidista, como s\u00ed lo fueron John Adams o Alexander Hamilton, m\u00e1s acostumbrados al mundo pr\u00e1ctico de los litigios y siempre dispuestos a entrar con fruici\u00f3n en la trifulca pol\u00edtica. En ese sentido, Jefferson siempre fue, o pretendi\u00f3 ser, un prototipo del idealizado caballero virginiano. Por el contrario, la herencia de la que s\u00ed se sent\u00eda directamente responsable y por la que quiso ser recordado, como \u00e9l mismo dej\u00f3 escrito en su epitafio, estaba constituida por el Acta de Establecimiento de la Libertad Religiosa de Virginia y por la propia Declaraci\u00f3n de Independencia, dos de los textos fundamentales de la moderna tradici\u00f3n pol\u00edtica euroatl\u00e1ntica. <\/p>\n\n\n\n<p>A estos dos documentos, sum\u00f3 un tercer legado: el dise\u00f1o y creaci\u00f3n de la Universidad de Virginia, de la que se mostr\u00f3 particularmente orgulloso. Jefferson siempre sostuvo que una democracia necesita ciudadanos libres, obviamente, pero tambi\u00e9n educados y para ello era necesario que tuvieran acceso a las mejores instituciones acad\u00e9micas y a bibliotecas p\u00fablicas. Uno de sus proyectos m\u00e1s queridos fue concebir un sistema que permitiera a los m\u00e1s brillantes estudiantes seleccionados de cada generaci\u00f3n ir progresando desde la escuela primaria hasta la universidad, pagando sus carreras con aportaciones del erario com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La \u00abdemocracia jeffersoniana\u00bb comenz\u00f3 como una tendencia pol\u00edtica opuesta a la centralizaci\u00f3n federal hamiltoniana y a favor del sufragio universal (blanco y masculino) en los estados; luego evolucion\u00f3 hasta convertirse en el ADN del Partido Dem\u00f3crata hasta los a\u00f1os de entreguerras, antes de que las posiciones se invirtieran casi por completo entre los dos partidos dominantes durante los a\u00f1os de Roosevelt. \u00bfC\u00f3mo trazan ustedes esta genealog\u00eda, y qu\u00e9 legado (o lugar) ven para el esp\u00edritu del modelo jeffersoniano en los Estados Unidos de hoy?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Hay, en efecto, una tradici\u00f3n de pensamiento que opone los modelos jeffersoniano y hamiltoniano como dos visiones contrapuestas del futuro estadounidense. Jefferson y, por extensi\u00f3n, el partido Dem\u00f3crata-Republicano que fund\u00f3, era favorable, en principio, a una arquitectura pol\u00edtica descentralizada, en la que los poderes conferidos al gobierno federal deb\u00edan ser tasados y estar constantemente sujetos a un sistema estricto de pesos y contrapesos para que no se extralimitaran. Su mayor temor era que figuras carism\u00e1ticas como George Washington, John Adams o Alexander Hamilton, mascar\u00f3n de proa del partido Federalista, introdujeran la monarqu\u00eda por la puerta de atr\u00e1s o por la fuerza de los hechos, aprovechando, por ejemplo, alguna de las graves crisis pol\u00edticas internas o una de las muchas amenazas externas a las que la joven rep\u00fablica tuvo que enfrentarse en sus primeros a\u00f1os de vida. <\/p>\n\n\n\n<p>Su modelo econ\u00f3mico era tambi\u00e9n antit\u00e9tico al de Hamilton, quien quer\u00eda convertir Estados Unidos en una potencia comercial, industrial y financiera de primer orden. Jefferson representaba los intereses de los grandes plantadores del sur, aunque su ideal era el del mediano propietario agr\u00edcola y el de un libre comercio no distorsionado por excesivas concentraciones en el lado de la oferta o de la demanda. Sent\u00eda una profunda desconfianza e incluso animadversi\u00f3n hacia la banca y el capitalismo financiero, seguramente porque, como muchos de los miembros de su clase, se ve\u00eda constantemente obligado a endeudarse para mantener un nivel de vida acorde con lo que se esperaba de un caballero sure\u00f1o, adem\u00e1s de para hacer frente a los muchos gastos derivados de su pasi\u00f3n por la arquitectura, la jardiner\u00eda y el coleccionismo. Todos estos elementos han hecho de Jefferson una figura de f\u00e1cil apropiaci\u00f3n por los detractores del&nbsp;<em>Big Government&nbsp;<\/em>y por los partidarios a ultranza de los derechos particulares, individuales y territoriales, frente al poder federal, desde el partido Whig, precedente decimon\u00f3nico del actual partido Republicano, hasta el Tea Party o incluso entre los miembros m\u00e1s extremos de las milicias antifederalistas. Ahora bien, hay otro Jefferson que ha sido a menudo reivindicado por el partido Dem\u00f3crata. En este sentido, tanto Franklin Delano Roosevelt, como John F. Kennedy o Bill Clinton acudieron a Jefferson como referente para defender la igualdad de oportunidades, la protecci\u00f3n de los desfavorecidos, la lucha contra los monopolios y la aprobaci\u00f3n de programas de avance social y todo ello por su original oposici\u00f3n a Hamilton, quien en el imaginario del partido Dem\u00f3crata vino a simbolizar la defensa de la oligarqu\u00eda y de los m\u00e1s turbios intereses ocultos. FDR, en particular, fue quien inaugur\u00f3 en 1943 el Jefferson Memorial en Washington D.C. y quien proclam\u00f3 oficialmente el 13 de abril de cada a\u00f1o como el Jefferson Day. Desde este punto de vista, como decimos en el ensayo, la figura y el legado de Jefferson, aunque puedan pasar por fases de relativo oscurecimiento o incluso ser objeto de ataques, siguen presentes y activos, de una u otra forma, en la vida estadounidense. Como afirmara su amigo, y a veces rival, John Adams: Jefferson, pese a todo, sobrevive.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Es sabido que Jefferson (y no fue el \u00fanico) no extendi\u00f3 su visi\u00f3n de la libertad a los esclavos, a los que pose\u00eda en gran n\u00famero y no liber\u00f3 a su muerte. Esta contradicci\u00f3n hace que su nombre sea hoy muy controvertido y dif\u00edcil de reivindicar en el debate estadounidense. \u00bfC\u00f3mo trabajar, en su opini\u00f3n, esta contradicci\u00f3n interna a esta generaci\u00f3n de hombres que pensaron la libertad de forma revolucionaria sin cuestionar la norma esclavista?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Jefferson, como hombre inteligente y con tendencia al examen introspectivo, era plenamente consciente de que su faceta como propietario de esclavos, sin los cuales ni \u00e9l ni su clase pod\u00edan sostener su modo de vida, supon\u00eda una contradicci\u00f3n flagrante con su concepci\u00f3n universalista de los derechos del hombre. Y ello le procuraba, claro est\u00e1, problemas de conciencia. El testimonio m\u00e1s claro que poseemos de esa \u00edntima lucha es una carta que escribi\u00f3 a un amigo diplom\u00e1tico franc\u00e9s, m\u00e1s tarde recogida en las c\u00e9lebres&nbsp;<em>Notas sobre el estado de Virginia.&nbsp;<\/em>En ella abogaba por poner fin a la trata y a la importaci\u00f3n de esclavos en Estados Unidos e incluso propon\u00eda la emancipaci\u00f3n gradual de los nacidos en suelo americano. En la misma misiva afirmaba que la pr\u00e1ctica de la esclavitud no solo degradaba al esclavo, sino tambi\u00e9n a su amo. Ahora bien, al mismo tiempo consideraba que la poblaci\u00f3n blanca y la afroamericana no podr\u00edan coexistir bajo un mismo gobierno y se mostraba favorable a deportar a los esclavos que pudieran ser liberados a Santo Domingo o a la costa occidental africana. Como muchos de sus contempor\u00e1neos, particularmente en el mundo anglosaj\u00f3n y protestante, era contrario a la mezcla entre razas. <\/p>\n\n\n\n<p>Ello no le impidi\u00f3, como sostienen estudios gen\u00e9ticos y numerosos indicios hist\u00f3ricos, engendrar varios hijos con una de sus esclavas, Sally Hemings, a la que nunca manumiti\u00f3. Aunque la sospecha de que manten\u00eda una relaci\u00f3n desigual de larga data con Hemings fue moneda corriente en vida de Jefferson, e incluso fue utilizada por sus adversarios pol\u00edticos, ello no constitu\u00eda una excepci\u00f3n en aquella sociedad, ni le impidi\u00f3 culminar una sobresaliente carrera pol\u00edtica, al contrario. Era algo admitido entonces en el medio en que se desenvolv\u00eda, aunque hoy nos resulte obviamente inaceptable. La propia Sally Hemings era hija natural del suegro de Jefferson y pas\u00f3 a propiedad de este junto con la dote de su esposa, Mary. Cuando Jefferson muri\u00f3, completamente endeudado, sus descendientes, acuciados por la necesidad, vendieron sus propiedades, incluyendo sus esclavos. Su participaci\u00f3n plena en la pr\u00e1ctica de la esclavitud constituye, sin duda, el mayor dem\u00e9rito del personaje, por mucho que le resultara repulsiva moralmente y fuera consciente de la tacha que supondr\u00eda para su memoria p\u00f3stuma.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Tras Benjamin Franklin, Jefferson fue embajador estadounidense en Francia de 1785 a 1789. Con la experiencia del proceso de independencia y la redacci\u00f3n de la Constituci\u00f3n estadounidense todav\u00eda frescos, fue testigo de los \u00faltimos cuatro a\u00f1os del reinado de Luis XVI, hasta el primer verano de la Revoluci\u00f3n. \u00bfSabemos qu\u00e9 se llev\u00f3 de su experiencia parisina?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Jefferson pas\u00f3 de una francofilia exacerbada en su juventud y primera madurez a mostrar una profunda repulsi\u00f3n frente a los excesos en que culmin\u00f3 la Revoluci\u00f3n francesa. A sus tempranas lecturas de los ilustrados franceses sigui\u00f3 su experiencia directa, una vez obtenida la independencia, como ministro plenipotenciario del Congreso estadounidense en la corte de Luis XVI, a la que lleg\u00f3 en 1784 y ante la que fue acreditado como embajador desde 1785. <\/p>\n\n\n\n<p>En Par\u00eds, Jefferson coincidi\u00f3 con otros dos compatriotas que ya le eran familiares, Benjamin Franklin y John Adams, quienes all\u00ed se encontraban con una misi\u00f3n semejante a la suya: ganar para la nueva rep\u00fablica el favor de las potencias del Viejo Mundo y negociar tratados de amistad y comercio con una veintena de estados europeos y norteafricanos. Hombre de una gran curiosidad intelectual y dotado de un cierto encanto social, Jefferson no tard\u00f3 en hacerse un nombre entre los medios m\u00e1s cultivados de aquella Francia convulsa que se encontraba en las postrimer\u00edas del Antiguo R\u00e9gimen. Su simpat\u00eda, desde un inicio, estuvo con las fuerzas del cambio y lleg\u00f3 a albergar el sue\u00f1o de que Estados Unidos y una Francia revolucionaria y republicana se convirtieran en la antorcha que prendiera fuego al viejo mundo de privilegios y desigualdades encarnado en las monarqu\u00edas europeas. Par\u00eds fue, sin duda, la fase m\u00e1s exaltada en la vida de Jefferson. Hasta tal punto lleg\u00f3 su entusiasmo por los revolucionarios que incluso lleg\u00f3 a organizar cenas en las que participaban personajes abiertamente republicanos, como Lafayette, y donde se conspiraba abiertamente contra la monarqu\u00eda. No todo fue pol\u00edtica, empero. Cuando regres\u00f3 a su patria en 1789 para ser nombrado secretario de Estado bajo la presidencia de George Washington, Jefferson llev\u00f3 consigo el recuerdo del que fue muy probablemente el \u00faltimo amor de su vida, a la postre frustrado: Mary Cosway, una dama sensible y de temperamento art\u00edstico, pero ya casada, a la que conoci\u00f3 en Par\u00eds. Tambi\u00e9n adquiri\u00f3 en Europa un conocimiento de primera mano del estilo neocl\u00e1sico en la arquitectura y el urbanismo, que se empe\u00f1\u00f3 en exportar a Estados Unidos para dar forma a los primeros edificios p\u00fablicos de la rep\u00fablica y que terminar\u00eda inspirando su hermosa mansi\u00f3n en Monticello, el lugar donde se retir\u00f3 a pasar sus \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfC\u00f3mo ve\u00eda Jefferson a las potencias europeas -francesas, brit\u00e1nicas, austriacas, espa\u00f1olas, etc.- incluso en sus reflexiones como primer Secretario de Estado estadounidense bajo la presidencia de Washington?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Los primeros a\u00f1os de la rep\u00fablica estadounidense fueron muy precarios. El temor a una intervenci\u00f3n brit\u00e1nica y, m\u00e1s tarde, de la Francia napole\u00f3nica, con sus iniciales ambiciones, m\u00e1s tarde abandonadas, de reconstituir un imperio franc\u00e9s en Am\u00e9rica, era constante. Para Jefferson, su temprana asociaci\u00f3n con los revolucionarios franceses termin\u00f3 siendo un lastre explotado por sus adversarios hamiltonianos. Estos \u00faltimos eran partidarios de establecer una alianza con la antigua metr\u00f3poli brit\u00e1nica &#8211; que cristalizar\u00eda con el Tratado de Jay de 1794- y ve\u00edan cualquier aproximaci\u00f3n a Francia como una v\u00eda para que el radicalismo de la revoluci\u00f3n llegara a Estados Unidos. A la postre, Jefferson tuvo que reconocer que tan peligrosa era una alianza con Londres como con Par\u00eds, pues en ambos casos era cuesti\u00f3n de tiempo que ambas potencias terminaran arrastrando a Estados Unidos a un conflicto de grandes dimensiones para el que la neonata rep\u00fablica no estaba todav\u00eda preparada. Ello le llev\u00f3 a inclinarse hacia una pol\u00edtica de neutralidad tan solo rota con su involucraci\u00f3n en las llamadas guerras berberiscas, la primera vez que se produjo una intervenci\u00f3n militar estadounidense en el exterior, destinadas a liberar a los barcos y tripulaciones estadounidenses apresados en el Mediterr\u00e1neo por piratas norteafricanos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00edtica de neutralidad jeffersoniana, destinada a aislar Estados Unidos de los conflictos y rivalidades europeos durante sus dos presidencias, fue acompa\u00f1ada, todo hay que decirlo, por una muy activa pulsi\u00f3n expansiva en el propio continente americano, que culmin\u00f3 con la compra de la Luisiana y con las exploraciones hacia el Pac\u00edfico, como la protagonizada por Lewis y Clark. Aqu\u00ed es donde cobra relevancia el estudio de la ambivalente relaci\u00f3n de Jefferson con el mundo hisp\u00e1nico, al que dedicamos amplio espacio en nuestro ensayo. Jefferson fue un gran admirador de la cultura y de la lengua espa\u00f1olas, que supuestamente aprendi\u00f3 durante su traves\u00eda hacia Francia leyendo&nbsp;<em>El Quijote<\/em>. Incluso recomend\u00f3 a su futuro yerno que estudiara espa\u00f1ol, por considerar que ser\u00eda la lengua m\u00e1s pr\u00e1ctica, junto con el franc\u00e9s, para la nueva rep\u00fablica. En el caso del espa\u00f1ol, hay que decir que no se equivoc\u00f3, pues hoy Estados Unidos es, de facto, uno de los mayores pa\u00edses hispanohablantes. Por otra parte, Jefferson era consciente del esencial apoyo que Espa\u00f1a y su imperio ofrecieron a la causa independentista. De hecho, como recordamos en el libro, sin la decisiva contribuci\u00f3n militar de Bernardo de G\u00e1lvez en el frente meridional, la captura de convoyes brit\u00e1nicos por la Armada espa\u00f1ola, o la sustancial ayuda log\u00edstica y econ\u00f3mica prestada por Madrid al Ej\u00e9rcito Continental de Washington cuando este se encontraba al borde de la quiebra, probablemente Gran Breta\u00f1a se hubiera terminando imponiendo en la contienda. Dicho esto, Jefferson consideraba que su proyecto de una rep\u00fablica de propietarios dedicados a la explotaci\u00f3n agr\u00edcola y al libre comercio necesitaba de grandes extensiones contiguas de terreno y de mercados accesibles que solo pod\u00edan provenir de sustraerlos a la Am\u00e9rica hisp\u00e1nica, que por entonces inclu\u00eda hasta un tercio de lo que hoy es Estados Unidos, desde California y Florida hasta los estados del Pac\u00edfico noroccidental, pasando por grandes porciones del Midwest. La gran v\u00edctima de ese proyecto expansivo jeffersoniano, continuado por sus sucesores, terminar\u00eda siendo el M\u00e9xico independiente, heredero tras su emancipaci\u00f3n de aquel enorme espacio que le fue sustra\u00eddo por su vecino norte\u00f1o en la guerra de 1846-1848, culminada con el tratado de Guadalupe Hidalgo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La relaci\u00f3n de Jefferson con Virginia es crucial para entender su relaci\u00f3n liberal con la Constituci\u00f3n estadounidense. \u00bfQu\u00e9 puede aportar hoy a Europa este tipo de pensamiento sobre la asociaci\u00f3n entre Estados?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos aristot\u00e9licos, la actual Uni\u00f3n Europea ha venido siendo, por as\u00ed decirlo, jeffersoniana en acto y hamiltoniana en potencia. Esta es la tensi\u00f3n no resuelta inscrita en su propia naturaleza constitutiva y en la que se ha desenvuelto a lo largo de su historia. La potente respuesta concertada a las m\u00faltiples crisis derivadas de la pandemia, as\u00ed como la afirmaci\u00f3n de una Europa geopol\u00edtica ante la amenaza que supone la guerra en Ucrania, han sido saludadas por los partidarios de una mayor integraci\u00f3n como se\u00f1ales de que el salto tantas veces anhelado, y otras tantas frustrado, desde una Europa jeffersoniana a otra hamiltoniana no solo es posible, sino que podr\u00eda estar al alcance de la mano. Los federalistas europeos recuerdan que fue precisamente la combinaci\u00f3n de una amenaza inminente de quiebra econ\u00f3mica junto con la constataci\u00f3n de que exist\u00eda un real peligro exterior el detonante del paso de los art\u00edculos de Confederaci\u00f3n a la Constituci\u00f3n estadounidense y de la visi\u00f3n jeffersoniana de una asociaci\u00f3n laxa de estados a la hamiltoniana, con un ejecutivo fuerte, unas competencias impl\u00edcitas expansivas, el embri\u00f3n de una banca nacional, una deuda mutualizada y un ej\u00e9rcito poderoso. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, conviene recordar que, pese a sus muchas diferencias con Hamilton, Jefferson termin\u00f3 aceptando la Constituci\u00f3n federal y, como presidente, dot\u00f3 con mejores medios a la marina de guerra estadounidense, que lanz\u00f3 por primera vez a una guerra exterior, emple\u00f3 la doctrina de los poderes impl\u00edcitos para la compra de la Luisiana y no repudi\u00f3 la creaci\u00f3n de un sistema bancario nacional como hab\u00eda sido propuesto por su adversario. En \u00faltima instancia, Jefferson termin\u00f3 aceptando que un Estado federal fuerte era condici\u00f3n&nbsp;<em>sine qua non&nbsp;<\/em>para la supervivencia y progreso de la rep\u00fablica que tanto contribuy\u00f3 a crear. Es ese consenso b\u00e1sico que, sobre lo esencial, ten\u00edan los Padres Fundadores estadounidenses el que ser\u00eda necesario en el actual momento europeo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEn t\u00e9rminos aristot\u00e9licos, la actual Uni\u00f3n Europea ha venido siendo, por as\u00ed decirlo, jeffersoniana en acto y hamiltoniana en potencia.\u00bb  Una conversaci\u00f3n con los autores de <em>La pasi\u00f3n de la libertad. 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