{"id":11887,"date":"2022-12-14T15:40:00","date_gmt":"2022-12-14T15:40:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=11887"},"modified":"2022-12-14T15:40:01","modified_gmt":"2022-12-14T15:40:01","slug":"musica-del-futuro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/12\/14\/musica-del-futuro\/","title":{"rendered":"M\u00fasica del futuro"},"content":{"rendered":"\n<p><em>p. 9-26&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">1<\/h2>\n\n\n\n<p>A miles de verstas o millas o kil\u00f3metros al este de Mosc\u00fa, la osamenta de una estaci\u00f3n de radar se alzaba en el cielo nocturno, tenuemente iluminado por las l\u00e1mparas de una f\u00e1brica de bombillas que siempre estaba encendida. Hac\u00eda un clima agradable en ese mes de marzo, la temperatura estaba justo por debajo de cero y el suelo arenoso del terreno bald\u00edo cubr\u00eda la nieve sucia. La nieve tambi\u00e9n brillaba en la orilla, donde la costa ca\u00eda en picada; detr\u00e1s, las estrellas proyectaban su tenue resplandor en el horizonte circular; era bonito, y m\u00e1s abajo, Ianka lo sab\u00eda muy bien, la corriente perezosa y negra como el alquitr\u00e1n arrastraba todo consigo, incluso el tiempo. Ianka se sent\u00f3 en el tronco de un \u00e1rbol, se subi\u00f3 el cierre de la parka y prendi\u00f3 un cigarro. Su mano ol\u00eda a metal agrio.<\/p>\n\n\n\n<p>A mitad del turno de la noche, el capataz hab\u00eda ido a ver al personal, sosten\u00eda una radio de transistores que reproduc\u00eda la marcha f\u00fanebre de Chopin. Saben lo que significa eso, dijo, pero a\u00f1adi\u00f3 que no era motivo para dejarse abatir, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica necesitaba la luz m\u00e1s que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo dos horas para el amanecer. Ianka tir\u00f3 el cigarro y lo vio consumirse en la arena fr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">2<\/h2>\n\n\n\n<p>Matvei Alexandrovich fue sacado de su sue\u00f1o por un esc\u00e1ndalo y el sonido de unos pies arrastr\u00e1ndose en el pasillo. Busc\u00f3 a tientas en la mesilla de noche su reloj de pulsera y Gagarin se le resbal\u00f3 del pecho. No eran ni las cinco y media de la ma\u00f1ana, y Matvei esperaba que Ianka no despertara a su hija de inmediato, como sol\u00eda hacer despu\u00e9s del turno de la noche, pues la ni\u00f1a se quejar\u00eda y su rutina matutina se alterar\u00eda bastante. Escuch\u00f3 a Gagarin y le rasc\u00f3 la parte posterior de las orejas. El a\u00f1o anterior, el pelo del viejo minino hab\u00eda encanecido, y Matvei hab\u00eda temido inmediatamente que muriera, pero no pensaba en ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Matvei Alexandrovich se levant\u00f3 y encendi\u00f3 el radio. Tocaban el tercer movimiento de la Sonata para piano n\u00ba 2 de Chopin, la marcha f\u00fanebre. Baj\u00f3 el volumen, se coloc\u00f3 junto a la cama en ropa interior, se puso de puntitas, que era el comienzo de su gimnasia diaria, y entonces, la peque\u00f1a Krochka empez\u00f3 a chillar. Matvei se dej\u00f3 caer sobre los tobillos y par\u00f3 la oreja. La ni\u00f1a se call\u00f3. Eso a\u00fan dejaba abierta la posibilidad de que no todos estuvieran despiertos y aparecieran pronto en la cocina com\u00fan. Matvei Alexandrovich se enfund\u00f3 albornoz y pantuflas, cruz\u00f3 su habitaci\u00f3n en dos pasos y se desliz\u00f3 en la de enfrente. Se detuvo brevemente en el pasillo, hab\u00eda ruido en el cuarto del profesor, como si alguien tosiera en la campana de una tuba.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda una gran olla de arroz con trozos de carne en la estufa de los Karisen. Sin encender la luz, cogi\u00f3 una cuchara y comi\u00f3 directamente de la olla. La carne sab\u00eda ligeramente a pavo. \u00bfO era serpiente? \u00bfD\u00f3nde encontraron los Karisen serpientes comestibles? En el jard\u00edn p\u00fablico de la ciudad s\u00f3lo hab\u00eda culebrillas indefensas, incluso en verano. Comi\u00f3 unas cuantas cucharadas m\u00e1s, se limpi\u00f3 la boca con un trapo ra\u00eddo y escudri\u00f1\u00f3 la cocina, que, bajo la apagada luz de una farola, dejaba entrever sus lejanos or\u00edgenes aristocr\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seis grupos de inquilinos viv\u00edan bajo las viejas molduras desmoronadas de mediados del siglo XIX y se evitaban mutuamente, en la medida de lo posible. Matvei rara vez se cruzaba con los habitantes de las habitaciones del fondo del pasillo, los Karisen por ejemplo, o el viejo profesor, que llevaba una existencia tan insignificante que Matvei siempre olvidaba su nombre. En medio del pasillo oficiaba la Liebermann, al lado -en la mayor de todas las habitaciones- viv\u00edan los Kosolapij. Matvei hablaba sobre todo con las se\u00f1oras de la parte delantera del departamento, cuya habitaci\u00f3n quedaba frente a la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>Matvei Alexandrovich coloc\u00f3 la cuchara en una tinaja llena de cubiertos y platos sucios. La falta de higiene era un tema recurrente y fastidioso en la kommunalka, pero los Karisen siempre pon\u00edan orden al final. Cu\u00e1ndo, nadie lo sab\u00eda, nunca los hab\u00edan visto hacerlo, pero a veces, a media noche, Matvei Alexandrovich ten\u00eda la impresi\u00f3n de o\u00edr a los Karisen atareados con escoba y trapeador.<\/p>\n\n\n\n<p>Al lado, Ianka se estaba dando un ba\u00f1o, lo que aplaz\u00f3 su afeitado hasta una hora indeterminada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un arco el\u00e9ctrico en los cables del autob\u00fas n\u00famero 17, que pasaba por delante del edificio, ilumin\u00f3 la cara de Mijail Potapich Toptygin, la alcanc\u00eda que reinaba en la gran estanter\u00eda. Cada semana, se ped\u00eda a los habitantes de la kommunalka que deslizaran unas monedas entre los ojos del oso para las compras comunitarias de jab\u00f3n o papel higi\u00e9nico. Mijail Potapitch Toptygin ten\u00eda la barriga vac\u00eda muy seguido, pero las reservas se repon\u00edan m\u00e1gicamente en cuanto era necesario. Tambi\u00e9n en ese caso seguramente hab\u00eda alguien que maldec\u00eda el sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>Matvei Alexandrovich mir\u00f3 hacia afuera. S\u00f3lo hab\u00eda una ventana iluminada en la calle, la gente dorm\u00eda como lir\u00f3n. Pero a la luz de una l\u00e1mpara de noche, dos seres se abrazaban en el sof\u00e1 en pleno acto amoroso, rebosantes de salud, intercambiando palmadas y besos hasta el amanecer. Matvei Alexandrovich suspir\u00f3 y se sobresalt\u00f3 al o\u00edr el extra\u00f1o eco de su suspiro en la cocina. Volvi\u00f3 a suspirar, esta vez m\u00e1s suavemente. Susurr\u00f3 un poco, gru\u00f1\u00f3, tarare\u00f3, tarare\u00f3 m\u00e1s alto y luego se puso a cantar:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ustedes, los h\u00e9roes,cayeron ah\u00ed.Nosotros lloramossu tan triste fin.Ustedes lucharonpor causa com\u00fan.Nosotros, en cambio,penamos a\u00fan.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPuedo saber d\u00f3nde se esconden los h\u00e9roes en nuestra cocina, querido Matvei Alexandrovich?<\/p>\n\n\n\n<p>Se dio la vuelta. Frente a \u00e9l estaba Mar\u00eda Nikolayevna con una bata de noche rosa palo, y fue el efecto sorpresa, o los rizos rubios que ca\u00edan sobre sus hombros, rizos rubios recogidos en un estricto chongo durante el d\u00eda, o bien fue el cuello de su camis\u00f3n que asomaba bajo la solapa de su bata, no estaba seguro, pero se dej\u00f3 llevar y la agarr\u00f3 por los hombros y le cant\u00f3 la siguiente estrofa de la canci\u00f3n como si no hubiera ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero si un d\u00edaresurge en los hombres la libertady aquellos anhelos cobran realidad,aquel d\u00eda contaremosde c\u00f3mo vivieronponiendo en alto\u00a1a la humanidad!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Matvei, c\u00e1lmese. Har\u00e9 un poco de t\u00e9. Tambi\u00e9n hay chocolates, que guard\u00e9 especialmente para el cumplea\u00f1os de mi madre, pero parece que usted los necesita m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hubiera sabido que una canci\u00f3n patri\u00f3tica me permitir\u00eda disfrutar de su presencia y de los chocolates, habr\u00eda dado este paso mucho antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Nikolayevna encendi\u00f3 la estufa y se puso a hacer cosas. Matvei Alexandrovich contempl\u00f3 sus empeines, de los que asomaba una delgada franja desnuda entre el dobladillo de la bata y el borde de las pantuflas forradas. Se dej\u00f3 caer en una silla. Ninguna constelaci\u00f3n, ning\u00fan sol pod\u00eda penetrar tanto en la \u00f3rbita del otro como para provocar consecuencias imprevisibles, que ahora se formalizaban en el tumulto de sus pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Usted sabe, Mar\u00eda Nikolayevna, que cada ser humano vive en su propio mundo, es una ley suprema que me parece honesta y justa. Pero su hija Ianka vive en un cosmos especialmente ajeno y remoto, \u00bfy cree que por eso, cuando vuelve de su turno de noche a primera hora de la ma\u00f1ana, puede mostrar tal ego\u00edsmo despertando inmediatamente a su hija, que entonces despierta a toda la kommunalka de su sue\u00f1o balbuceando y berreando?<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 vida de mierda tenemos, dijo Mar\u00eda Nikolayevna. Le entreg\u00f3 a Matvei una taza de t\u00e9, se sent\u00f3 a la mesa con \u00e9l y se inclin\u00f3 sobre la caja de chocolates. Al mismo tiempo, se dio cuenta de que esa frase, que le gustaba pronunciar tan seguido, no era apropiada para la situaci\u00f3n. As\u00ed que r\u00e1pidamente a\u00f1adi\u00f3: pero no por mucho tiempo, porque pronto llegar\u00e1 la primavera y los abedules se adornar\u00e1n con hojitas verdes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablando de \u00e1rboles, debo decirle que o\u00edrla hablar de la textura de la corteza de un serbal, de un aliso o incluso del color del follaje de un abedul me conmueve, como si su discurso estuviera dedicado a m\u00ed m\u00e1s que a los \u00e1rboles. Me halaga la delicadeza de sus palabras sobre los \u00e1rboles, que llevan una existencia tan silenciosa y solemne. Me gustar\u00eda a\u00f1adir una cosa, pero prom\u00e9tame que no se va a re\u00edr: el joven yo de hace treinta a\u00f1os no habr\u00eda podido imaginar que un d\u00eda me hundir\u00eda en la melancol\u00eda pensando en los \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Nikolayevna solt\u00f3 un bostezo fuerte, largo y lindo, se enderez\u00f3, retir\u00f3 la tetera del fuego, apart\u00f3 la ropa que colgaba de los muchos cables tendidos por la cocina y, finalmente, pregunt\u00f3 ensimismada:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bf\u00c1rboles, dice? Lee demasiado a Turgueniev.<\/p>\n\n\n\n<p>Se encendi\u00f3 un radio en el fondo del departamento, los \u00faltimos compases de la marcha f\u00fanebre de Chopin, y luego un coro enton\u00f3: \u201c<em>Ustedes, los h\u00e9roes, cayeron ah\u00ed<\/em>\u201d. El radio volvi\u00f3 a apagarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues s\u00ed, los \u00e1rboles, dijo Matvei Alexandrovich, que de pronto se sinti\u00f3 muy cansado. Si quiere, el domingo que viene vamos a dar un paseo por el jard\u00edn p\u00fablico y se los ense\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No, Matvei, no hace falta, y qui\u00e9n sabe si los \u00e1rboles no estar\u00e1n tambi\u00e9n de luto estos d\u00edas, y si no dan una imagen miserable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere decir, querida Mar\u00eda Nikolayevna?<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede negar el hecho de que Mosc\u00fa est\u00e1 de luto por otra muerte. Por cierto, \u00bftiene la hora?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLa hora?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 hora es?<\/p>\n\n\n\n<p>Casi las seis y media. No creo que los \u00e1rboles lloren, excepto los sauces, claro. Los olmos y los abedules son criaturas alegres y desenfadadas. Los robles a veces son un poco serios, \u00bfpero llorar? Lloramos por Stalin, lloramos por Brezhnev, \u00bfy ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Nikolayevna mir\u00f3 fijamente a Matvei Alexandrovich durante largo rato sin decir nada. Luego ech\u00f3 cuatro terrones de az\u00facar en otra taza y removi\u00f3 con cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu t\u00e9, mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00e1rbara Mij\u00e1ilovna entr\u00f3, cogi\u00f3 la taza, mir\u00f3 a su hija y dijo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Voy a morir pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos d\u00edas, querida B\u00e1rbara Mij\u00e1ilovna, dijo Matvei Alexandrovich.<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00e1rbara Mijailovna refunfu\u00f1\u00f3 a su vez y se volvi\u00f3 de nuevo hacia su hija.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Ianka?<\/p>\n\n\n\n<p>Se est\u00e1 ba\u00f1ando.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que s\u00ed. Qu\u00e9 est\u00fapida soy. O est\u00e1 en la ba\u00f1era o est\u00e1 gritando.<\/p>\n\n\n\n<p>No grita, canta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qui\u00e9n muri\u00f3? Est\u00e1n tocando Chopin.<\/p>\n\n\n\n<p>El querido Matvei Alexandrovich piensa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras nada sea oficial, \u00a1no pienso nada en absoluto!, exclam\u00f3 Matvei Alexandrovich con inusitada vehemencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea quien sea el difunto, plante\u00f3 Mar\u00eda Nikolayevna, debo prepararme. Hasta luego.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuidado con los Karisen, dijo B\u00e1rbara Mijailovna.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten cuidado contigo misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que se vaya, querida Mar\u00eda Nikolayevna, su hija sigue ocupando el ba\u00f1o. Hay que hacer algo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hay que hacer, Matvei? \u00bfQu\u00e9 sugiere?<\/p>\n\n\n\n<p>La peque\u00f1a Krochka lleg\u00f3 a la puerta descalza, B\u00e1rbara Mijailovna la sent\u00f3 en su regazo y sac\u00f3 un par de calcetines de su bata como por arte de magia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Te vas a resfriar, peque\u00f1a! Pero a nadie le importa aqu\u00ed, pobre angelito.<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre tiene que hablar con ella. Para hacer acto de autoridad, \u00bfentiende?<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, lo entiendo, Matvei Alexandrovich, pero usted no ser\u00e1 ese hombre. Mar\u00eda Nikolayevna pas\u00f3 junto a \u00e9l al salir de la cocina y llam\u00f3 en\u00e9rgicamente a la puerta del ba\u00f1o: Ianka, ya sal de ah\u00ed. Intent\u00f3 sonar autoritaria. Se oy\u00f3 a Ianka cantar unos compases m\u00e1s y luego maldecir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve, no hay nada que hacer, dijo Mar\u00eda Nikolayevna por encima del hombro.<\/p>\n\n\n<section class=\"dive print-block my-16\" style=\"background-color:#010617;\">\n\t<div class=\"wrapper\">\n\t\t<div class=\"container mx-auto \">\n\t\t\t<div class=\"row flex flex-wrap relative pt-6 pb-16 lg:py-8\">\n\t\t\t\t<div class=\"col w-full xl:ml-1\/10\n\t\t\t\t\t md:w-2\/5 xl:w-2\/5 \t\t\t\t\t\">\n\t\t\t\t\t<a href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"font-display font-normal text-4xl leading-9 mb-5 text-white no-underline\">\n\t\t\t\t\t\t3466\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"text-base leading-none font-sans\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>En el coraz\u00f3n del macizo del Mont Blanc, a 3.466 metros de altura, se entrega el Premio Grand Continent -el primer galard\u00f3n literario que reconoce cada a\u00f1o un gran relato europeo-.<\/p>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"mt-12 dive-list\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/seleccion\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Ver la selecci\u00f3n de finalistas del Premio Grand Continent 2022<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/jurado\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Descubrir el jurado del Premio<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Saber m\u00e1s<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"dive-footer font-sans text-xs border-t border-grey-darker py-2 leading-4\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>Jurado del Premio: Giuliano da Empoli, Nora Bossong, Andrea Marcolongo, Achille Mbembe, Barbara Cassin, Patrick Boucheron, Galyna Dranenko, Alberto Manguel y Agata Tuszy\u0144ska<\/p>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"col w-full md:w-3\/5 xl:w-2\/5  md:px-0 relative overflow-hidden mt-8 md:mt-0 macron-img\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<a class=\"!absolute !bg-none w-full h-full pin-t pin-l\" href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" class=\"no-underline\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img decoding=\"async\" style=\"object-fit: contain; width: 100%; height: 100%;\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-009-scaled-1-990x659.jpg\" \/>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/a> \n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t<\/div>\n<\/section>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">3<\/h2>\n\n\n\n<p>Ianka levant\u00f3 la pierna izquierda del agua tibia y se mir\u00f3 el pie, haciendo peque\u00f1os c\u00edrculos: un pie s\u00f3lido. Cerr\u00f3 los ojos; vamos, cinco minutos m\u00e1s en la tina. Sent\u00eda los miembros pesados. El turno hab\u00eda sido especialmente largo bajo la luz deslumbrante de miles de bombillas. Atornillar, comprobar, atornillar, clasificar. Esos turnos nocturnos hab\u00edan despertado su conciencia de un modo extra\u00f1o, e Ianka desarroll\u00f3 un sentido de lo intrascendente. Ve\u00eda a sus compa\u00f1eras charlando durante el descanso y, cuando llegaba para fumarse un cigarro, entornaban los ojos antes de cambiar de tema. \u00bfPor qu\u00e9? No importaba. No le importaban sus colegas. No le importaba la f\u00e1brica. Pod\u00eda ser ingr\u00e1vida y estar triste, pod\u00eda ser est\u00fapida y feliz. O pod\u00eda dejar -por fin dejar- de preguntarse c\u00f3mo pod\u00eda ser o c\u00f3mo quer\u00eda ser, o c\u00f3mo quer\u00eda el mundo que fuera. \u00bfEra \u00fatil o el mundo estaba igual de bien sin ella? Su mano baj\u00f3 hasta su vientre, sus caderas, peque\u00f1as burbujas de aire subieron para estallar en la superficie. Se sumergi\u00f3 y nad\u00f3 hasta la orilla, sali\u00f3 a la superficie. Estaban todos, P\u00e1vel, Olga, Emi, Kostia y Andrei. Emi y Kostya estaban abrazados bajo una manta y devor\u00e1ndose el uno al otro. Olga balbuceaba versos de Pasternak, Andrei miraba el shashlik sobre las brasas y P\u00e1vel la observaba desde la orilla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfMe pueden pasar una toalla, bola de idiotas?, dijo mientras sal\u00eda del agua helada, tan helada que los peces hab\u00edan emigrado a \u00c1frica. P\u00e1vel se quit\u00f3 la camisa y los pantalones, corri\u00f3 hacia ella con el pito al aire y la abraz\u00f3 con fuerza. Vale, eres mi toalla, murmur\u00f3 ella al calor de su hombro.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, soy tu toalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Andrei desfil\u00f3 atl\u00e9ticamente con las pinzas de la parrilla y se meti\u00f3 a la boca un enorme trozo de pan blanco. A su alrededor brillaban los abedules, el agua centelleaba y el aire daba esa luminosa sensaci\u00f3n de que el verano no cumplir\u00eda su promesa de eternidad. Con el cuerpo desnudo de P\u00e1vel apretado contra ella, Ianka intent\u00f3 avanzar, deslizarse por la hierba como con esqu\u00eds sobre la nieve, una pierna tras otra. Me est\u00e1s rompiendo las pelotas. Ella lo pellizc\u00f3, \u00e9l finalmente la solt\u00f3 y cay\u00f3 al suelo como muerto. Andrei le lanz\u00f3 su camiseta a Ianka, riendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCantamos algo, Ianka?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPara qui\u00e9n?<\/p>\n\n\n\n<p>Para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quieres cantar?<\/p>\n\n\n\n<p>En lugar de responder, le entreg\u00f3 una brocheta con cebollas quemadas y carne grasa, la observ\u00f3 masticar. \u00c9l se comi\u00f3 los trozos de grasa que ella hab\u00eda dejado. Es la mejor parte y t\u00fa la escupes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka a\u00f1adi\u00f3 un poco m\u00e1s de agua caliente. Qu\u00e9 bien se est\u00e1 en el vientre de la ba\u00f1era. A\u00fan tengo la vida por delante, Dios m\u00edo, perm\u00edteme besar muchos labios m\u00e1s, que se oigan mis canciones. Esa noche dar\u00eda un concierto en su cocina, un kvartirnik, sola con su guitarra, ante diez, quiz\u00e1 veinte personas. Si ven\u00eda toda esa gente, estar\u00edan apretados, y ella a\u00fan no ten\u00eda un instrumento adecuado. Hac\u00eda unos d\u00edas, Andrei hab\u00eda tropezado borracho con su guitarra y, aunque el estuche hab\u00eda resistido la patada, la uni\u00f3n entre la caja de resonancia y el puente hab\u00eda saltado en un punto y amenazaba con desprenderse en cualquier momento. Andrei hab\u00eda exagerado su verg\u00fcenza con una mueca, deber\u00edas dar las gracias, Ianka, ahora sonar\u00e1 muy punk.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e1vel estuvo a punto de lanzarse sobre Andrei, Ianka hab\u00eda interferido, Andrei se hab\u00eda alejado. P\u00e1vel le hab\u00eda prometido conseguirle una guitarra nueva, pero todo el tiempo pon\u00eda un mont\u00f3n de excusas: dif\u00edcil de conseguir, demasiado cara, no es la adecuada para ti, y \u00bfpor qu\u00e9 no la guitarra de Andrei? La empe\u00f1\u00f3. Y Olga, \u00bfno tiene una? Olga toca el viol\u00edn. Ianka, te prometo que tendr\u00e1s una guitarra nueva para tu concierto. P\u00e1vel hab\u00eda llegado a decir que el famoso B. G. hab\u00eda llegado de Leningrado y quer\u00eda asistir a su concierto. A Andrei no le gustaba B.G., dec\u00eda que era comercial y traidor por su novia occidental que supuestamente se llevaba sus grabaciones a Am\u00e9rica y le hab\u00eda tra\u00eddo de all\u00e1 una Stratocaster roja. Con ella hab\u00eda podido tocar en el Rock Club de Leningrado, bajo la mirada de la KGB, pero ante un p\u00fablico y en un escenario de verdad. Aunque tal vez eran puras mentiras.<\/p>\n\n\n\n<p>Andrei tambi\u00e9n le hab\u00eda hablado de una cantante llamada Diaguileva que hac\u00eda m\u00fasica s\u00f3lo para ella, a la que no le importaba si gustaban o no sus canciones. Pero esa Diaguileva era probablemente una elegida que cruz\u00f3 el pa\u00eds sin miedo y con el alma encendida, que fue arrestada, que tuvo aventuras amorosas con otros elegidos. El alma de Ianka tambi\u00e9n quer\u00eda arder, arder de amor, ser amada con un amor ardiente. \u00bfTen\u00eda que hacerse sangrar los dedos con la guitarra como Andrei? \u00bfTen\u00eda que ser detenida por la milicia por alterar el orden p\u00fablico como la tal Diaguileva? Ianka iba tranquilamente a trabajar, a veces incluso de buena gana, porque controlar las bombillas le permit\u00eda olvidarse del mundo y componer sus canciones al ritmo de la m\u00e1quina. Escribir\u00eda una canci\u00f3n inolvidable antes de cumplir los veinti\u00fan a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El agua se enfriaba poco a poco. Pod\u00eda o\u00edr a Krochka balbucear alegremente. Krochka, que ayer todav\u00eda segu\u00eda aferrada a su pecho, y ella, que se hab\u00eda sorprendido al ver salir tanta leche de unos pechos tan peque\u00f1os. Una vez, Ianka se hab\u00eda despertado a media noche con la sensaci\u00f3n de que Krochka ya no respiraba a su lado, de que hab\u00eda perdido el aliento, de que su vida en com\u00fan hab\u00eda terminado antes incluso de empezar. Hab\u00eda visualizado el pulm\u00f3n vac\u00edo y grit\u00f3 tan fuerte que ni siquiera se dio cuenta. S\u00f3lo cuando su madre y su abuela se despertaron sobresaltadas y Krochka empez\u00f3 a gritar con su vocecita, Ianka recobr\u00f3 el sentido y volvi\u00f3 a apoyar la cabeza en la almohada. Qu\u00e9 tonta, estaba dormida, eso era todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si Ianka se quedaba m\u00e1s tiempo en la tina, no tendr\u00eda tiempo de preparar a Krochka para la guarder\u00eda y pasar unos minutos con ella. La ve\u00eda muy poco. A veces, Krochka la miraba con los ojos muy abiertos, como sorprendida, como si hubiera un malentendido entre la ni\u00f1a e Ianka. Disculpe, \u00bfnos conocemos? \u00bfNos hemos visto antes en alg\u00fan lado? Y cuando Ianka le ped\u00eda a Krochka que hiciera o que dejara de hacer algo, le sal\u00eda falso y torpe, e incluso le parec\u00eda ver una chispa de burla en los ojos de la ni\u00f1a. Si era realmente una burla, no lo sab\u00eda. Quiz\u00e1s simplemente tem\u00eda no tener nada que ofrecerle a su hija. Y luego estaba el remordimiento de dejar a su madre cuidando a su hija, de dormir cuando su madre llevaba a Krochka a la guarder\u00eda. Mar\u00eda nunca dec\u00eda nada, nunca dec\u00eda que no, nunca mostraba signos de agresi\u00f3n. A veces, Ianka notaba con horror que su joven madre empezaba a envejecer, pod\u00eda ver el parecido con su abuela en su rostro, los ojos ligeramente cerrados, el tic en la comisura de los labios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka sali\u00f3 de la tina, se sec\u00f3 y limpi\u00f3 el espejo empa\u00f1ado con la toalla. Se ri\u00f3 y observ\u00f3 el efecto de la risa en su rostro. Brilla, mi estrella, brilla.<\/p>\n\n\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image wp-block-image-large\"\n    data-shadow=\"false\"\n    data-use-original-file=\"false\">\n    <a\n        data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/skyway_montebianco6.jpg\"\n        class=\"inline-block gallery-item no-underline \"\n        data-pswp-width=\"1600\"\n        data-pswp-height=\"1066\">\n                                        <picture>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/skyway_montebianco6-330x220.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 374px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/skyway_montebianco6-690x460.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 989px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/skyway_montebianco6-1340x893.jpg\"\r\n                media=\"(min-width: 990px)\" \/>\r\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/skyway_montebianco6-125x83.jpg\" \/>\r\n        <\/picture>\r\n                            \n            <\/a>\n<\/figure>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">* * *<\/p>\n\n\n\n<p><em>p.&nbsp;178-186<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">21<\/h2>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda desaparecer en las monta\u00f1as, donde iba a acampar con su padre. Se bajaban del coche en un claro, miraban a su alrededor y constataban que no hubiera ni un alma. Nada m\u00e1s que el bosque, un estanque, el cielo que se reflejaba puntualmente en el agua. Su padre montaba la tienda en silencio, ella iba por agua al estanque, esperaba a que su padre encendiera el fuego para poder hacer la comida. Sab\u00eda que ten\u00eda a su padre para ella sola durante unos d\u00edas. Ir\u00edan a pescar y a pasear por el bosque, y su padre le contar\u00eda historias que ella escuchar\u00eda con seriedad, tratando de no hacer preguntas tontas. Por la noche, se acurrucan en la tienda y escuchan atentamente los sonidos del bosque, es posible que incluso deambulen osos y linces por ah\u00ed. Los que hacen los ruidos m\u00e1s extra\u00f1os son los erizos. Como si una horda de bandidos jadeantes acechara fuera de la tienda, armados de afilados cuchillos. Pero no tiene miedo, se siente segura con su padre. Son momentos de felicidad. Cuando el padre duerme, ella se acuesta e imagina el futuro. Le gustar\u00eda estar rodeada de cosas bonitas y que la dejaran en paz, que le hablaran poco y le exigieran poco. Le gustar\u00eda tener tiempo para pensar en el porqu\u00e9 de su existencia. Cuando comparte sus pensamientos con su padre, \u00e9l se r\u00ede. Deseo que tus sue\u00f1os se hagan realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con un gran estuche de guitarra en la mano, P\u00e1vel entr\u00f3 a la habitaci\u00f3n, la recorri\u00f3, cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed, dej\u00f3 el estuche y se sent\u00f3 junto a Ianka en la cama. Estaba un poco p\u00e1lido, s\u00f3lo sus labios eran de un rojo brillante, como si hubiera comido cerezas.<\/p>\n\n\n\n<p>Toma.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue nada f\u00e1cil, todo un alboroto. Ver\u00e1s, Ianka, sin tocar otros puntos, debo decir que el destino se comporta conmigo sin piedad, como la tormenta con un barquito en el mar, con el agua embravecida, un vaiv\u00e9n, horrible.<\/p>\n\n\n\n<p>Te equivocaste de cuarto, P\u00e1vel. \u00bfQuiz\u00e1s quieras a\u00f1adir que esta ma\u00f1ana ten\u00edas una ara\u00f1a enorme en el pecho, para luego decirme que no hab\u00eda ninguna ara\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>Y t\u00fa podr\u00edas responder: En seis d\u00edas estar\u00e9 de nuevo en Par\u00eds. Ma\u00f1ana subiremos al expreso y desapareceremos como si nunca hubi\u00e9ramos estado aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 ser\u00eda m\u00e1s apropiado decir: Mi alma y la suya no tienen punto de contacto. La quiero, estoy tan atormentado que no puedo quedarme en casa; cada d\u00eda camino seis verstas hasta aqu\u00ed, y seis para volver, y no encuentro m\u00e1s que indiferencia de su parte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n dice eso?<\/p>\n\n\n\n<p>Semi\u00f3n Semionovich Medvedenko a Masha. \u00bfFuiste a la cocina, P\u00e1vel?<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo te est\u00e1 esperando. Toda la kommunalka. Tu madre, tu abuela y tu hija. Amigos de Andrei y B. G. Andrei acaba de dejar de cantar, todos est\u00e1n sentados en silencio esperando a que salgas al escenario.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn silencio, dices?<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso ese gato horrible est\u00e1 esperando all\u00ed con las orejas levantadas. \u00bfNo vas a ver tu guitarra?<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka mira el estuche.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, claro, dice, sin abrirlo. Hablas de silencio, esc\u00fachalo. \u00bfQu\u00e9 es ese ruido?<\/p>\n\n\n\n<p>Van a demoler el edificio.<\/p>\n\n\n\n<p>No, es otro ruido. Es un ruido de fiesta. Como si la gente se divirtiera, bebiendo juntos, hablando y haciendo trucos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es enga\u00f1oso, Ianka.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfRecuerdas c\u00f3mo nos conocimos? Ten\u00edamos diez a\u00f1os. Me recogiste del colegio y hablamos de lombrices de tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00edas un hueco enorme entre los incisivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscamos a mi padre. T\u00fa quer\u00edas conocer todos los detalles de su desaparici\u00f3n, pero yo s\u00f3lo sab\u00eda lo que me hab\u00eda contado mi madre: \u00a1Se larg\u00f3 a la taiga! Buscamos en todos los arbustos y matorrales del jard\u00edn p\u00fablico y, cansados, nos sentamos en el gran c\u00e9sped y me trenzaste el pelo. M\u00e1s tarde, en el campamento de verano, me quedaba despierta por la noche y so\u00f1aba contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el estuche est\u00e1 la guitarra que quer\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias. Quiz\u00e1 me equivoqu\u00e9 entonces, quiz\u00e1 no exista el derecho al amor rec\u00edproco, Ianka le tendi\u00f3 la mano a P\u00e1vel, pero no pudo tocarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no vas a la cocina de inmediato\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 me puede pasar?<\/p>\n\n\n\n<p>Que cantes tan mal que todos se vayan. Que cantes tan bien que B. G. las lleve a ti y a Krochka a Leningrado, directamente al gran escenario. O puede que cantes muy bien, pero nadie entienda tu arte, que nadie lo aprecie, que todo el mundo bostece. O que cantes mal y todo el mundo est\u00e9 contento, pero que te d\u00e9 tanta verg\u00fcenza que prefieras esconderte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bf\u00c9sas son mis posibilidades?<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n podr\u00edan decir que estuvo bien, pero nada m\u00e1s. O a todos les gusta, pero B. G. no te lleva con \u00e9l a Leningrado, y te quedas aqu\u00ed con nosotros. O a todos les gusta, pero s\u00f3lo a B.G. le parece mediocre y provinciano. O tu abuela llora de emoci\u00f3n y Matvei Alexandrovich, el obediente comunista, nos denuncia y acabamos todos en la c\u00e1rcel.<\/p>\n\n\n\n<p>Voy para all\u00e1. T\u00fa primero. Necesito un momento m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfIanka?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfP\u00e1vel?<\/p>\n\n\n\n<p>Si vuelve a Par\u00eds, hazme el favor de llevarme contigo. Usted misma lo ve: el pa\u00eds es salvaje, la gente est\u00e1 depravada, y con eso, \u00a1qu\u00e9 tedio! En la cocina nos dan de comer muy mal. Ll\u00e9veme con usted; \u00a1sea tan amable!<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka asinti\u00f3. P\u00e1vel abri\u00f3 la ventana y sali\u00f3 volando.<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka sac\u00f3 la guitarra del estuche. El barniz brillaba. Dej\u00f3 la guitarra y sali\u00f3 al pasillo. A la izquierda, entre la cocina y la puerta principal, hab\u00eda un tumulto, todas las puertas estaban abiertas, la gente entraba y sal\u00eda con frenes\u00ed, con maletas, libros, cajas, ollas. Nadie le prestaba atenci\u00f3n, alguien dijo: \u00a1Bueno, se\u00f1oras y se\u00f1ores, es hora de irse!. Otro buscaba su abrigo, alguien tos\u00eda fuerte y maldec\u00eda: tom\u00e9 agua y tragu\u00e9 chueco. \u00a1Qu\u00e9 tonto! V\u00e1monos. No vamos a dejar a nadie aqu\u00ed. \u00bfNo olvidamos a nadie? \u00a1Tenemos que cerrar todo! En medio del alboroto, Ianka oy\u00f3 decir a Kosolapij: Amigos m\u00edos, mis queridos y fieles amigos, la tristeza me embarga por dejar nuestra vieja casa, nuestro departamento, ya ven, parece que estas paredes tambi\u00e9n se despiden de nosotros. \u00a1No exageres, querido Ipolit Ivanovitch!. Entonces la voz de la abuela: Matvei, \u00bfhas visto mi mascada de seda nueva? La voy a buscar, B\u00e1rbara Mijailovna, la va a necesitar, hace fr\u00edo afuera, est\u00e1 cayendo una tormenta de nieve. \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 nuestra Ianka! \u00bfD\u00f3nde has estado? \u00a1Te est\u00e1bamos esperando!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Matvei Alexandrovich, dime, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 pasando?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQue qu\u00e9 pasa?, pregunt\u00f3 a su vez Matvei Alexandrovich antes de desaparecer de nuevo entre la multitud. Ianka agarr\u00f3 a Kosolapij de la manga, un momento, \u00bfa d\u00f3nde van todos?<\/p>\n\n\n\n<p>Van a demoler el edificio, tienes que darte prisa, grit\u00f3 Kosolapij y se ech\u00f3 a correr.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDemolerlo?<\/p>\n\n\n\n<p>O remodelarlo, nadie sabe bien. Dime d\u00f3nde est\u00e1n mis zuecos de goma. Tengo que ir a Mosc\u00fa a arreglar unos asuntos importantes, susurr\u00f3 la Liebermann en medio del alboroto. \u00a1Adelante, adelante! \u00bfPero la tormenta de nieve? Se las arreglar\u00e1n. Toma, mam\u00e1, ya estoy aqu\u00ed, dame tu maleta, pero es muy ligera, Matvei, \u00a1la maleta de mi madre es muy ligera! Tanto mejor, querida Mar\u00eda Nikolayevna, deme la maleta. \u00a1Vamos! \u00bfY los Karisen? \u00bfEs cierto, alguien les avis\u00f3 a los Karisen? Seguro que s\u00ed. Pero, \u00bfpodemos contar con ello? Hacen muchas preguntas, \u00bfrealmente podemos elegir? No debemos olvidar a los j\u00f3venes. \u00bfQui\u00e9n dijo eso? \u00bfFue usted, B\u00e1rbara Mikhailovna? No, Matvei, seguramente fue usted. Y la ni\u00f1a, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la ni\u00f1a? \u00a1P\u00e1seme el champ\u00e1n y brindemos a la salud de los que quedan! \u00a1Qu\u00e9 asco, ni siquiera es champ\u00e1n de verdad! Matvei, h\u00e1blenos otra vez de los planetas, \u00bfquiere? \u00a1Despu\u00e9s! D\u00e9jenme quedarme aqu\u00ed un minuto, ya ven lo grises que est\u00e1n las paredes. \u00bfNo se hab\u00eda dado cuenta? No, jam\u00e1s. Ya ve, no es para tanto. V\u00e1monos ya, aqu\u00ed todav\u00eda hay botas, el \u00faltimo apaga la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos salieron corriendo. Vuelta a la calma.<\/p>\n\n\n\n<p>Se olvidaron de m\u00ed, se dijo Ianka en voz baja.<\/p>\n\n\n\n<p>Camin\u00f3 por el pasillo. En el suelo hab\u00eda montones de algod\u00f3n aqu\u00ed y all\u00e1, en uno de ellos un cartel con la inscripci\u00f3n <em>Nieve rusa en los primeros meses del invierno<\/em>, en otro, un cartel con la inscripci\u00f3n <em>Nieve rusa al final del invierno<\/em>. Ianka sigui\u00f3 caminando, pas\u00f3 por el cuarto del profesor y por el de los Karisen, sigui\u00f3 hasta el final del pasillo, y ah\u00ed, donde nunca antes hab\u00eda estado, hab\u00eda otra puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s se abr\u00eda un paisaje: el sol estaba muy bajo, sobre el agua negra del r\u00edo, al otro lado brillaba la f\u00e1brica con un resplandor el\u00e9ctrico, la escarpada orilla justo delante. Hac\u00eda tanto calor como una tarde de verano, pero a\u00fan hab\u00eda nieve en la hierba entre las colinas. Al este, el bosquecillo, una silueta oscura, y los ins\u00f3litos cerezos florec\u00edan en todo su esplendor bajo un cielo sin nubes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ianka se qued\u00f3 un buen rato mirando, tan feliz como una paciente que vuelve al exterior por primera vez tras una larga enfermedad y siente la brisa fresca en la piel. Salud\u00f3 a los Karisen que se marchaban por las colinas, e hizo una reverencia muy profunda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de hoy y hasta el s\u00e1bado, publicamos cada d\u00eda extractos de las cinco novelas finalistas <a href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" \/>del Premio Grand Continent<\/a>, que se entregar\u00e1 el domingo 18 de diciembre en el 3466, en el coraz\u00f3n del macizo del Mont Blanc. Hoy, por primera vez en espa\u00f1ol, les ofrecemos largos fragmentos de la novela de Katerina Poladjan, <em>Zukunftsmusik<\/em>, que nos sumerge en la ins\u00f3lita atm\u00f3sfera de una Rusia entre dos \u00e9pocas. 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