{"id":11838,"date":"2022-12-13T15:51:18","date_gmt":"2022-12-13T15:51:18","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=11838"},"modified":"2022-12-13T21:12:37","modified_gmt":"2022-12-13T21:12:37","slug":"la-bajamar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/12\/13\/la-bajamar\/","title":{"rendered":"La bajamar"},"content":{"rendered":"\n<p><em>p. 15-31&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">1&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">MAT\u00cdAS<\/h2>\n\n\n\n<p>No les ense\u00f1aban a nadar. A pesar de vivir en la r\u00eda. El agua estaba muy fr\u00eda porque era noviembre. El agua estaba negra. Los peces ara\u00f1aban calor de la superficie. Cuando el ni\u00f1o se cans\u00f3 de mover los brazos y se hundi\u00f3, ya nadie pudo ver m\u00e1s. Todav\u00eda se levantaba un poco de espuma cuando el otro ni\u00f1o dijo desde el pretil que un perro se hab\u00eda ca\u00eddo. Des\u00ad pu\u00e9s, se arrepinti\u00f3 y pidi\u00f3 ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>Una pescadora, acerc\u00e1ndose a la r\u00eda, grit\u00f3 que nadie se tirara. Ya que nadie se tire o ser\u00e1n dos los cuerpos. Y nadie se tir\u00f3. Los pescadores de las escaleras no levantaron la cabe\u00ad za de los nudos. Las barcas siguieron recibiendo brochazos de pintura. La f\u00e1brica escup\u00eda su humo negro en la parte nueva. Algunas contraventanas se cerraron. Un carguero re\u00admovi\u00f3 la bah\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, la pescadora clav\u00f3 el remo en el agua una vez y otra. Pero no pudo cruzar por debajo del puente porque la marea estaba muy alta y el agua lo golpeaba con el vaiv\u00e9n de las olas. Las vecinas apretaron los cuerpos unos a otros y se acercaron al borde agarradas de los brazos. Todas las manos se fueron a la boca. Todas recorrieron las calles buscando a sus hijos para aliviarse. Se oyeron los nombres de los chicos por todo el pueblo. Luego se fueron callando. Y se fueron mar\u00adchando a sus casas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ni\u00f1o grande su madre lo agarr\u00f3 del codo y lo arrastr\u00f3 por la calle. No lo miraba. Solo los dedos \u00edndice y pulgar de\u00ad masiados clavados en la carne: T\u00fa no te mueves hoy. Y t\u00fa te callas.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando, el cr\u00edo daba la vuelta y todav\u00eda le pare\u00ad c\u00eda estar oyendo la bronca, la discusi\u00f3n por qui\u00e9n usaba los salabardos. El ni\u00f1o peque\u00f1o hab\u00eda cortado en casa las cabezas de los cinco chicharros con una tijera y los hab\u00eda echado a la arpillera. Estaba sentado con los pies colgando sobre el canal del pueblo, que se llena de agua con las mareas altas y deja descubierto el fondo con las bajas. M\u00e1s de dos metros entre subida y bajada. El ni\u00f1o estaba a punto de lanzar la cuerda cuando apareci\u00f3 el otro. Y el otro le dijo que \u00e9l, que era ma\u00ad yor, pescar\u00eda. D\u00e9jame pescar a m\u00ed. T\u00fa no sabes. No, son m\u00edos, le respondi\u00f3 el peque\u00f1o. Y se agarr\u00f3 fuerte a las redes. El cr\u00edo grande, sin pensarlo, empuj\u00f3 al peque\u00f1o y el peque\u00f1o cay\u00f3 al agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no les ense\u00f1aban a nadar.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella tarde nadie rond\u00f3 la r\u00eda. Ninguno pase\u00f3 por sus bordes. La pescadora s\u00ed mir\u00f3 durante todo el d\u00eda el agua negra de la bah\u00eda. No es verdad que lo buscara, pero cuando fue bajando la marea, pas\u00f3 varias veces por encima del sitio y mir\u00f3 hacia abajo y mir\u00f3 hacia todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya se estaba poniendo el sol cuando una mujer sali\u00f3 corrien\u00ad do de una calle. Una mujer que hab\u00eda descubierto cinco pe\u00ad ces muertos y sin cabeza sobre la mesa de la cocina. Y unas tijeras abiertas. Una sola de todas las mujeres que no encon\u00ad traba esa noche a su hijo peque\u00f1o. Una vestida de negro que descendi\u00f3 urgente por la calle y se arrodill\u00f3 junto a la orilla y meti\u00f3 los brazos hasta el codo en el agua movi\u00e9ndolos en un intento de despejar la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces se parti\u00f3 en dos. Y entonces la mujer ya no fue m\u00e1s esa mujer. Y el cauce, como un espejo, expandi\u00f3 el sonido del grito por toda la bah\u00eda hasta la bocana del puerto como un altavoz de la muerte. Los vecinos temblaron. Pero cada uno adentro de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>A la bajamar, sobre el fondo de cieno, boca abajo y con las manos abiertas sobre el suelo negro, el ni\u00f1o peque\u00f1o qued\u00f3 al descubierto.<\/p>\n\n\n\n<p>El juez fue a preguntar esa noche a la mujer qu\u00e9 hac\u00edan con el chico grande. Lo mismo me da, respondi\u00f3 mientras restregaba con un trapo la mancha de sangre a\u00fan fresca de los pescados.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la casa ol\u00eda a podrido.<\/p>\n\n\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image wp-block-image-large\"\n    data-shadow=\"false\"\n    data-use-original-file=\"false\">\n    <a\n        data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/FiqJ-nlXEAIU2YN.jpeg\"\n        class=\"inline-block gallery-item no-underline \"\n        data-pswp-width=\"1600\"\n        data-pswp-height=\"1067\">\n                                        <picture>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/FiqJ-nlXEAIU2YN-330x220.jpeg\"\r\n                media=\"(max-width: 374px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/FiqJ-nlXEAIU2YN-690x460.jpeg\"\r\n                media=\"(max-width: 989px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/FiqJ-nlXEAIU2YN-1340x894.jpeg\"\r\n                media=\"(min-width: 990px)\" \/>\r\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/FiqJ-nlXEAIU2YN-125x83.jpeg\" \/>\r\n        <\/picture>\r\n                            \n            <\/a>\n<\/figure>\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">MAREA BAJA<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">2<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">LA ESCALA&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">(Adirane)<\/h2>\n\n\n\n<p>Jon baja a su encuentro por el paseo de Francia. Lleva un abrigo oscuro. \u00bfNo hace demasiado calor? Ella no llega a sa\u00adber si los pantalones son vaqueros o si los zapatos est\u00e1n gasta\u00addos. Porque no tiene mucho tiempo para mirarle. Lo que s\u00ed trae son esos dos ojos puestos en la cara. \u00bfAcaso no es eso caminar?: lo que va haciendo. Estar cada vez menos lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo respondi\u00f3 con un s\u00ed a su mensaje pidi\u00e9ndole que fuera a buscarla despu\u00e9s de tanto tiempo? \u00bfNo pregunt\u00f3 ad\u00f3nde llegas, si al pueblo o a la ciudad? \u00bfNo ha conducido por una carretera diferente despu\u00e9s del trabajo? \u00bfNo se llama a eso, piensa, premeditaci\u00f3n? \u00bfEs que no ha ido dejando el mar a su derecha, a su mujer atr\u00e1s, todos los diminutivos del afecto sobre la mesa, los a\u00f1os envueltos dos veces en papel de estraza? Verduras asadas, agendas, botas de monta\u00f1a. Est\u00e1 se\u00ad gura de que usan azafr\u00e1n a menudo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene que haber pensado en ella en estos d\u00edas, al menos, un instante, y tal vez haberse excitado camino de la oficina, en la calle, debajo de ese abrigo y debajo del pantal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando est\u00e1n a tres pasos ya no quedan \u00e1rboles detr\u00e1s de los que esconderse y la ciudad se ve tan perfecta que esta podr\u00eda ser su \u00faltima tarde antes del fin del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dan el primer abrazo, ella se pone de puntillas, clav\u00e1ndose en su hombro, no llega a respirarle.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 has venido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAd\u00f3nde?, dice ella, apretando, \u00bfaqu\u00ed? Y echa de la boca todo el peso de la pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>La saturaci\u00f3n de la dopamina ya ha colapsado las articula\u00adciones y se descuelga el macuto de los hombros, se saca la chamarra negra con torpeza, y se queda fr\u00eda al segundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La bajamar ha descubierto el fondo del r\u00edo y una gaviota rebusca en la orilla entre las piedras cubiertas de verd\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTomamos algo?, le pregunta, \u00bftienes tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo. Le dije a Nora que llegar\u00eda para cenar, responde Jon.<\/p>\n\n\n\n<p>Empiezan a caminar sin rumbo en direcci\u00f3n al mar, cruzan el \u00faltimo de los puentes sobre el r\u00edo, no quiere apurar los minutos, solo que todo sea un ficticio atropello de las palabras felices, un vuelo abajo de la falda. No quiere llegar a ninguna parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos han seguido envi\u00e1ndose mensajes de vez en cuan\u00ad do y \u00e9l escribe frases hechas disparando sin apuntar, poes\u00eda trillada sobre la distancia, y ella nunca se espanta, sino que hay d\u00edas, cuando le conviene, que siente ternura, porque le parece que los axiomas m\u00e1s perversos, en esa pantalla, son la verdad pura. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os y tantos correos siempre inten\u00ad tando quedar en tablas, que nadie acabe de levantar la voz, salir indemnes: Hola, Jon. Hola, Adi. Ayer vi a tu madre. Qu\u00e9 tal el monte. Beso grande.<\/p>\n\n\n\n<p>A ella ahora no le importa que \u00e9l le cuente que son los vecinos los que limpian el agua de la r\u00eda cada mes en el pue\u00adblo, que su padre no se encuentra ya bien, que ya no le acom\u00adpa\u00f1a al caser\u00edo, o que tiene un perro mediano blanco y negro de pelo largo que su mujer y \u00e9l recogieron en alguna parte y que duerme entre ellos cada noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Adirane no pregunta acerca de nada porque no podr\u00eda archivar ninguna novedad en su memoria en este momento.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y tampoco le interesan. Pero intenta rellenar el silencio que hay entre los dos diciendo algo ocurrente sobre la ciudad que pisan juntos otra vez. Aunque se esfuerza, no llega a ac\u00adceder al lugar de su cerebro donde tiene grabada de sobra la fecha exacta en que unos extranjeros asaltaron el centro y saquearon las casas, quemaron toda la ParteVieja y violaron a las mujeres.Y se queda callada durante un largo rato buscan\u00addo en su cabeza. Piensa que la memoria tiene un cupo y que todo lo vivido ha ido sacando lo viejo por la puerta de atr\u00e1s. Y entonces \u00e9l la trae de vuelta y le dice \u00bfAdi?, y mueve una mano delante de su cara, y ella suelta algo en voz baja mien\u00ad tras se\u00f1ala una calle y \u00e9l no llega a saber de qu\u00e9 le est\u00e1 hablan\u00ad do exactamente cuando paran en el cruce donde una brecha abri\u00f3 la muralla.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nto hace que no nos vemos, y solo entonces se encara a \u00e9l esperando el verde de un sem\u00e1foro del Boulevard.<\/p>\n\n\n\n<p>Estabas embarazada, \u00bfte acuerdas?<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que me acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella recuerda todo lo que tiene que ver con \u00e9l sin forzarlo, pero cada vez debe rescatarlo de un lugar m\u00e1s inaccesible. Es\u00adtar ah\u00ed juntos y lo que acaba de dejar en Madrid no pertene\u00ad cen a la misma escala de gravedades. Pero se deja llevar por la presencia de Jon, que es lo m\u00e1s leve, lo m\u00e1s f\u00e1cil. Y recuerda una vez anterior, la \u00faltima en la que estuvieron los dos solos, en la que \u00e9l hizo escala un par de noches en su casa de Madrid, antes de irse a vivir a Viena, porque \u00e9l siempre aparece con excusa mediante. Fue justo antes de que ella conociera a Iv\u00e1n, no hace tanto teniendo en cuenta la longitud de su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda que el sol entraba por la ventana y ella ten\u00eda los pies descalzos sobre una silla. Aunque estaban desayunando, en su recuerdo \u00e9l le dice que no fume m\u00e1s y ella toma un vino blanco. Y eso es todo un poco absurdo. La foto tiene las grietas on\u00edricas del pasado lejano.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed es real es que despu\u00e9s le acompa\u00f1\u00f3 a la calle con un chubasquero azul marino que ya no conserva, y que nunca tuvo respuesta para la pregunta de cu\u00e1nto dur\u00f3 aquella des\u00ad pedida. La mano ya sin la mano que lo hab\u00eda tocado todo en la cama. El ojo azul dentro del ojo marr\u00f3n. La mujer fuera del abrazo del hombre. El hombre ya para siempre fuera de la mujer. No pudo precisar entonces cu\u00e1ntos trenes hicieron temblar el suelo debajo de sus pies mientras la resistencia de uno se med\u00eda con la resistencia del otro. Cuando nadie dijo qu\u00e9date ni vente conmigo. Mientras todav\u00eda ten\u00edan encima el olor de la noche. Cu\u00e1nta gente sali\u00f3 y entr\u00f3 por aquella boca de metro mientras ellos fueron foto fija. Nadie ten\u00eda hijos entonces. Nadie hab\u00eda renunciado a nada por nadie. La onda expansiva de dar un paso adelante habr\u00eda tenido damnificados cuantificables. Pero no lo dieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos dos s\u00ed sab\u00edan cu\u00e1nto tiempo pueden mirarse dos per\u00adsonas que no son una madre y un hijo sin decir una palabra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entran en un bar y cuando ella empieza a hablar hay mu\u00adcho ruido y no quiere responder a eso que \u00e9l ha tardado tan poco en poner sobre la mesa: por qu\u00e9 est\u00e1 de vuelta en el norte y por qu\u00e9 le ha llamado para que venga a buscarla. Ella no va a hablar de lo que ha dejado atr\u00e1s y no quiere enfren\u00ad tar todav\u00eda lo que tiene por delante. Esta tarde, solo quiere hacer un breve par\u00e9ntesis juvenil de despreocupaci\u00f3n ma\u00adnejable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs que no vas a darme una tarde? Y le suplica sin pronun\u00adciarlo: D\u00e9jame pensar que es diez a\u00f1os atr\u00e1s, Jon. Dame un poco de nuestra levedad. D\u00e9jame pensar que tengo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00e9l no parece dispuesto a consentir un silencio inc\u00f3\u00ad modo ni un poco de sarcasmo. No quiere dejar ning\u00fan hue\u00adco en blanco. \u00c9l no tiene ya la paciencia, la cabeza o el tiem\u00adpo para eso. Jon hace preguntas que, en realidad, s\u00ed tienen respuesta. Hagamos como siempre, le dice. Y esto se lo calla: Pisemos el borde de un precipicio inofensivo. Y tambi\u00e9n le da una evasiva: Es que no quer\u00eda volver a entrar sola en el pueblo despu\u00e9s de tantos a\u00f1os y pens\u00e9 que tu trabajo estaba a medio camino entre esto y aquello.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquello, repite \u00e9l, y se r\u00ede de la forma despectiva en que ella lo ha dicho todo y le da un trago largo a la cerveza. \u00bfY c\u00f3\u00admo est\u00e1 tu abuela?<\/p>\n\n\n\n<p>He venido a que me cuente su vida. Ya sabes lo que quie\u00ad ro decir. Me da miedo que se me escape una parte de ella sin haberle preguntado bien. Que se la lleve consigo y no haber tenido oportunidad de hablarlo, como si yo diese por hecho que ella siempre fuera a estar y que no haya tenido m\u00e1s his\u00ad toria ni m\u00e1s vida que los lazos familiares que compartimos. Puede acabarse cualquier d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso no se sabe. \u00bfO es que ha enfermado?<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, se sabe. \u00bfDe qu\u00e9 va a haber enfermado a estas al\u00ad turas? La sangre coagul\u00e1ndose, miles de agujeros en la memo\u00ad ria, los \u00f3rganos agotados. Se le han muerto ya todos. No tiene a qui\u00e9n enterrar. Hay d\u00edas enteros en los que parece la misma mujer que me cuid\u00f3, sabes c\u00f3mo es, tan l\u00facida y con ese hu\u00admor seco, esa forma de hablar tan precisa. Y otros d\u00edas me dice cosas imposibles, nos confunde a unos con otros, cambia los lugares, los nombres, lo que ha sido su vida y lo que ha sido la vida de otros. O se queda ensimismada y de pronto me cuelga el tel\u00e9fono y me deja al otro lado escuchando el silen\u00ad cio. O me repite mil veces lo mismo. Como si no hubi\u00e9semos hablado justamente de eso el d\u00eda anterior. Es como si se des\u00adpidiera interrumpidamente. Un d\u00eda est\u00e1 aqu\u00ed; el otro, no. Un d\u00eda es capaz de manejar un m\u00f3vil y al otro un temblor le impide llevarse la cuchara a la boca. Grita el nombre de su madre por las noches, llama a sus hermanos. Llama a la belga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY tu madre?<\/p>\n\n\n\n<p>No, no. Con mi madre no hablo. Esto lo s\u00e9 porque me lo ha contado Naia, que vive debajo de ellas. Los d\u00edas en que la abuela no me llama, le mando un mensaje y ella le pregunta a su madre y me pasa el informe.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 dif\u00edcil os lo pon\u00e9is. \u00bfHasta cu\u00e1ndo te quedas?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Adirane se calla. Porque esa pregunta ya no sabe res\u00adponderla, y menos a\u00fan antes de haber llegado y haber pisado la casa de su abuela, que es tambi\u00e9n la casa de su madre y su propia casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sacude la cabeza e intenta hacer borr\u00f3n mental y regresar al presente. Y trata de mantener la cordura en esa disertaci\u00f3n que hace para \u00e9l de por qu\u00e9 quiere hablar con su abuela. Pero \u00e9l es el hombre que est\u00e1 ah\u00ed, sentado a menos de un metro con el equipaje de ella entre las piernas. Es \u00e9l quien material\u00ad mente ocupa un espacio muy cerca. Esta vez no es un men\u00adsaje. No es un atrevimiento en una noche de desesperaci\u00f3n. Ella le ha convocado sin pensarlo dos veces en su peor mo\u00admento y \u00e9l ha acudido al silbido.<\/p>\n\n\n\n<p>Es \u00e9l de quien sabe de memoria todav\u00eda c\u00f3mo es su forma de cerrar los ojos en un momento preciso y recuerda que hubo un tiempo en que se dejaban llevar el uno al otro. Es \u00e9l de quien recuerda su perfil desnudo contra la ventana, la car\u00adne apretada y lisa, el remolino del pelo, mas largo en la nuca siempre. \u00bfNo eres mayor para ese pelo, Jon?<\/p>\n\n\n\n<p>Es \u00e9l quien ha venido a buscarla. Esa es la \u00fanica cuerda tendida en la realidad: \u00e9l\u00ad est\u00e1 \u00adah\u00ed.Y parece real. Pero asume que la derrota de la que ella procede no necesita ahora mis\u00ad mo calificar este encuentro m\u00e1s all\u00e1 de un afecto antiguo y acaso entra\u00f1able.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no amarga la sonrisa de la boca en ning\u00fan momento de la tarde con un gesto bobalic\u00f3n. Parece regodearse en su pre\u00adsencia y ella le devuelve una mueca torcida porque todo su cuerpo est\u00e1 r\u00edgido. Finalmente, asume que no es momento de tensar el encuentro y dejar de obviar que hay dibujada en el suelo la l\u00ednea que separa dos frentes: es la distancia de un cuerpo a cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasan m\u00e1s de una hora hablando de los viejos tiempos. Suenan los nombres de todos los amigos a los que hace a\u00f1os que no ven, las an\u00e9cdotas mil veces repetidas, pero ya tan le\u00ad janas que vuelven a ser originales. Ella no es completamente consciente de c\u00f3mo articula las frases, del hilo del discurso, y va dejando todos los cabos sueltos. Le habla algo m\u00e1s del proyecto que tiene entre manos, de contar esa parte de la historia de la familia y de otras familias. De grabar todo lo que pueda. De registrar el testimonio y fijar esa \u00faltima memoria todav\u00eda viva.<\/p>\n\n\n\n<p>Me gustar\u00eda hacer algo as\u00ed como un mosaico de memorias, le dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso \u00e9l lo entiende y dice que le gusta. Quiere filmar a su abuela contando sus recuerdos. Grabar la parte m\u00e1s antigua. Le dice que no sabe c\u00f3mo hacerlo. Que tiene que hacerse primero muchas preguntas. Qu\u00e9 es lo que le mueve a contar esta historia ahora. Qu\u00e9 habr\u00eda de s\u00ed misma en esa pel\u00edcula de no ficci\u00f3n atravesada por su propia historia familiar. \u00bfPor qu\u00e9 debe contarla ella?<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una parte de intuici\u00f3n, le dice, pero tengo que traba\u00ad jar. Tengo que pensar. Hace mucho que no hago nada de esto. Me he vuelto cobarde. Y luego le dice: O eso creo. Necesito trazar algunas l\u00edneas, pero no tengo mucho tiempo, as\u00ed que, si ma\u00f1ana est\u00e1 bien, empezar\u00e9 y ya ir\u00e9 colocando cada cosa en su sitio mientras avanza el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>Un argumento interno se impone. Qu\u00e9 hace hablando as\u00ed. \u00bfY esa tranquilidad? \u00bfQuiere impresionarle? Como si no hu\u00ad biera pasado nada en Madrid. Como si no arrastrara nada. Como si no se hubiera marchado de su casa, dejando a una hija, y no solo a una hija, sino a una familia detr\u00e1s. Como si no hubiera dinamitado los puentes, las puertas y el sal\u00f3n antes de decidir dejarlos solos. Antes de hacerse cargo de que esa tristeza no se le iba a pasar solo poniendo tierra de por medio. Sin decir hasta aqu\u00ed. Sin asumir un giro radical. Como si su abuela no fuera una excusa y a la vez fuera una buena y gran raz\u00f3n. Como si se hubiera equivocado llamando a qui\u00e9n, a un hombre del pasado en este momento. Para sentirse menos sola, para recordar que otra vez fue querida, para decir yo tuve un cuerpo que fue amado por esas manos que ya no.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, todo aquello en lo que hab\u00eda eludido pensar durante el viaje, \u00e9l lo va iluminando con peque\u00f1os fuegos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, aun as\u00ed, mientras hablan, la imagen de \u00e9l aparece y desapa\u00adrece como un holograma que ahora se acaba un vaso de cer\u00ad veza. Y ella se queda pensando en su casa. Y se siente profun\u00addamente rid\u00edcula por haberle hecho venir a recogerla. Y ya no quiere estar ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNos vamos?, le suelta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y solo en ese momento, como si haber dicho v\u00e1monos disculpara el disparate paralelo que es ese encuentro, consi\u00adgue concentrarse y hace r\u00e1pidamente cuentas con el pasado. Mientras \u00e9l paga y sigue de espaldas, ella mira la consistencia de su postura, los pies enraizados en la tarima del bar, la cur\u00advatura lumbar. Al final de ese metro casi noventa, el pelo se revuelve como si se lo hubiera rascado. Ella se pone la cha\u00adqueta y recuerda un d\u00eda en que todav\u00eda no amanec\u00eda. Ser\u00edan las cinco o las seis. No sabe ahora c\u00f3mo lleg\u00f3 hasta el aero\u00ad puerto a esas horas del invierno. \u00c9l ya viv\u00eda en Viena. Y le hab\u00eda dicho, finalmente, que fuera y ella se hab\u00eda decidido a ir. Y antes de subir al avi\u00f3n se arrepinti\u00f3.Y no lleg\u00f3 a volar. No le cont\u00f3 por qu\u00e9 s\u00ed pas\u00f3 el control de la polic\u00eda, si sonri\u00f3 o no en la aduana, o por qu\u00e9 hasta hizo la cola para embarcar. Que lleg\u00f3 hasta la puerta. Y que no entr\u00f3. No fue. Que tuvo miedo a romperlo todo. A no ser m\u00e1s amigos. A no volver a ser nada. Que a\u00fan guarda el billete en una caja de madera que no se abre porque esas cajas no se deben volver a abrir sin grandes razones. Podr\u00eda decirle qu\u00e9 libro iba leyendo de ca\u00ad mino al aeropuerto. C\u00f3mo imagin\u00f3 que era su casa sin cono\u00ad cerla. Qu\u00e9 ropa hab\u00eda decidido ponerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda contarle tambi\u00e9n que aquella noche fue al cine junto a San Telmo. Que vio sola <em>Las horas<\/em>. Que despu\u00e9s me\u00ad ti\u00f3 la nariz dentro de un abrazo que no tocaba, que alguien le dijo est\u00e1s guapa con la chaqueta de rayas, con las botas as\u00ed, con el pelo, con la mirada as\u00ed. Que despu\u00e9s encendieron la calefacci\u00f3n del coche durante mucho rato y que nadie volvi\u00f3 a hablar sobre por qu\u00e9 hab\u00eda dejado despegar un avi\u00f3n sin estar dentro. Tampoco ella sabe todav\u00eda responderse a esa pregunta de forma exacta, pero no le pesa. Hace mucho tiempo que, en realidad, lo que pudo ser o no ser con Jon le da lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad, la memoria y la imaginaci\u00f3n ahora son tres l\u00edneas confusas que se funden y se separan.Todas las situacio\u00adnes tra\u00eddas una y otra vez, como un flotador de salvamento, la reescritura imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Su vida real son los \u00faltimos a\u00f1os: su ni\u00f1a, Madrid. Piensa en Iv\u00e1n y en ella.Y luego mira a este otro hombre. \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1 todo el tiempo juzg\u00e1ndose por estar justamente aqu\u00ed, con \u00e9l?Y ya no sabe si es el mismo de siempre o es solo otro que en realidad no existe el que siempre le da un abrazo m\u00e1s lar\u00ad go de lo permitido, un poco m\u00e1s apretado de lo que se con\u00ad siente a un amigo antes de que llegue la incomodidad, el que nunca ara\u00f1ar\u00e1 m\u00e1s abajo del hueso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSomos amigos?<\/p>\n\n\n\n<p>Somos amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1ntas vidas caben en lo que ya no suceder\u00e1. Cu\u00e1ntas han tenido ellos dos desde los quince a\u00f1os. Desde el calor h\u00fa\u00admedo de la playa, los primeros estr\u00f3genos&nbsp; acentuando el des\u00ad control y el rid\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando salen del bar, ninguno sabe c\u00f3mo han cruzado media ciudad. Ella siente la bajada de la adrenalina y aparece el descuido. La falta de mecanismos para la supervivencia. El fin del estado de alerta. Los ojos regresando al tama\u00f1o habi\u00ad tual de la noche. La decepci\u00f3n. Porque entonces \u00e9l se lo dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNos damos prisa? As\u00ed llego a la cena.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya solo queda hablar de cosas f\u00e1ciles. \u00c9l le mira las manos agarradas a los tirantes del macuto. Ella tambi\u00e9n se mira las manos. \u00bfAcaso no sabes que me muerdo las u\u00f1as? Nadie nombra m\u00e1s a los que esperan. No existen en sus bocas, pero est\u00e1n ah\u00ed, son el p\u00fablico fantasma que asiste al encuentro. \u00c9l est\u00e1 m\u00e1s flaco que en su recuerdo. Es m\u00e1s alto que en su re\u00adcuerdo. M\u00e1s guapo. M\u00e1s listo. Sonr\u00ede mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n m\u00e1s viejo.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cuenta las nuevas arrugas que tiran de los ojos oscuros y se han acentuado por los d\u00edas de monta\u00f1a, de tantos viajes a sitios altos, a ruinas de antiguas de civilizaciones abandona\u00ad das donde el sol pega con m\u00e1s fuerza. No le distingue el iris y la pupila. El jersey rojo que se pega a los brazos y a la respi\u00ad raci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Te queda bien as\u00ed el pelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me lo cort\u00e9 yo misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de esta ficci\u00f3n a c\u00e1mara lenta ya lo \u00fanico que im\u00adporta es no salir con la boca demasiado manchada. S\u00e1lvese el que pueda. Cuando Jon gira la llave del coche, se enciende la radio. Suena una canci\u00f3n: \u00absiempre quiero, lobo hambriento\u00bb, y ella se r\u00ede y lleva su mano al asidero del techo y guarda la cara en su propio brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se disculpa: A ver, le gustan a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya, ya. No pasa nada. D\u00e9jame aqu\u00ed, le pide cuando van a entrar en el barrio.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 dices.Te dejo en tu puerta y nos vemos estos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre las diez ya se han despedido y \u00e9l no ha apagado el mo\u00adtor. \u00bfEst\u00e1 escapando? Ella le llama cuando empieza a acelerar, le da un grito. Entonces, se da cuenta de que, justo en ese momento, el tel\u00e9fono comienza a vibrar en su bolsillo. A la vez, \u00e9l baja la ventanilla y ella lo \u00fanico que le dice es Jon, no corras, llegas de sobra a cenar. Y luego, sin volver a levantar la mirada, ninguna noche aguantar\u00eda otra pausa, descuelga: Te dije que no me llamaras, por favor. \u00bfPasa algo grave? No ha pasado ni un d\u00eda.Y cuelga.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de llamar desde el portal, mira el lugar exacto donde muri\u00f3 Mat\u00edas, donde un cr\u00edo acab\u00f3 con \u00e9l de un empuj\u00f3n. Y piensa que esa r\u00eda que ahora est\u00e1 limpia es leyenda familiar. Hace una respiraci\u00f3n profunda que baja hasta el vientre, sien\u00adte que necesita ir al ba\u00f1o con urgencia, y pulsa el bot\u00f3n, que suena con el mismo timbre de siempre. Se queda mirando la inclinaci\u00f3n de la casa sobre la marisma.Todo el pueblo siem\u00adpre a punto de derrumbarse. Las casas viejas apoyadas sobre las casas nuevas. Es el pasado empujando sobre el presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien abre, pero no pregunta qui\u00e9n es. Cuando est\u00e1 a pun\u00adto de cruzar el umbral de la casa, ve una sombra r\u00e1pida que apaga una luz al final del pasillo. Otra ha quedado encendida, es el cuarto donde dorm\u00eda de ni\u00f1a. Encima del escritorio hay un bocadillo de tortilla y un vaso de agua. Una naranja y un cuchillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las once y media de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Baja la persiana y el olor de la casa entra s\u00fabitamente en su memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image wp-block-image-large\"\n    data-shadow=\"false\"\n    data-use-original-file=\"false\">\n    <a\n        data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-020-scaled-1.jpg\"\n        class=\"inline-block gallery-item no-underline \"\n        data-pswp-width=\"2560\"\n        data-pswp-height=\"1707\">\n                                        <picture>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-020-scaled-1-330x220.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 374px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-020-scaled-1-690x460.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 989px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-020-scaled-1-1340x894.jpg\"\r\n                media=\"(min-width: 990px)\" \/>\r\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-020-scaled-1-125x83.jpg\" \/>\r\n        <\/picture>\r\n                            \n            <\/a>\n<\/figure>\n\n\n<p><em>p. 123-150&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">13<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">LA CERRADURA (Adriana)<\/h2>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda decirle que voy al local de la vieja academia de franc\u00e9s. Que si quiere puede acompa\u00f1arme. Se lo podr\u00eda decir todo como si las cosas no tuvieran importancia para que exista la posibilidad de negarse sin pensar que me hace da\u00f1o. En rea\u00adlidad, queda ya poca incisi\u00f3n que hacerse. Escojo el abrigo negro y grande, largo hasta la rodilla. Necesito calor y que la ropa no suponga un artificio para los movimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n puedes no venir, le dir\u00eda. Y ella seguir\u00eda toda la ma\u00f1ana en pijama, despeinada y sentada en el mismo sof\u00e1 y no pasar\u00eda nada, leyendo al lado de mi madre, que mira la televisi\u00f3n por encima del plato de pastas que nos manda sacar por la ma\u00f1ana y guardar cada noche por si queremos probar. Todav\u00eda, en la confianza de nuestra soledad compartida, nos agasaja. Siempre las mismas galletas ablandadas, cada vez m\u00e1s h\u00famedas.<\/p>\n\n\n\n<p>O, si no, directa: Salgo hacia la academia de franc\u00e9s de la abuela, abr\u00edgate porque all\u00ed hace fr\u00edo, el aire est\u00e1 helado den\u00adtro porque es una habitaci\u00f3n peque\u00f1a donde lleva a\u00f1os sin prenderse ning\u00fan radiador y la puerta tiene un cristal roto. Solo si quieres, podemos revisar qu\u00e9 queda, hurgar en los papeles, en los registros y en los cajones, planificar c\u00f3mo la vaciamos en estos d\u00edas, su limpieza y su venta, podemos to\u00admar algo despu\u00e9s en la tahona, un caf\u00e9 con un dulce, antes de volver a casa, algo as\u00ed como un desplazamiento natural de la ruta, un frenazo espont\u00e1neo en la media ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>La reconocer\u00eda en el gesto de quitarse el abrigo, de remo\u00ad ver el caf\u00e9. A lo mejor, podr\u00eda enfadarse porque su madre dice algo que no le conviene o\u00edr. \u00bfC\u00f3mo llevas as\u00ed los bajos del pantal\u00f3n? Sigue siendo tan silenciosa como era de ni\u00f1a. Atenta a los discursos de los adultos, enterada antes de tiempo de lo que se dice en voz baja. Se molestar\u00e1 conmigo con cual\u00ad quier frase que empiece por una madre lo que deber\u00eda&#8230; y lo que sea detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no viene, no importa. Esto me lo repito para no confundirme. Puede dejarse los auriculares, no fijar la mirada en algo m\u00e1s concreto, yo misma, no responder al tel\u00e9fono que se ilumina y se vuelve a apagar. Podr\u00eda decirle tambi\u00e9n que lo que saquemos por la venta del local ser\u00e1 suyo. Que eso est\u00e1 pensado. Qui\u00e9reme bien por algo, <em>maitea<\/em>. O qui\u00e9rela a ella solamente. Yo me quito de en medio. Qui\u00e9reme sin esfuerzo como el eslab\u00f3n necesario de un engranaje antiguo. Con eso podr\u00e1s financiar alg\u00fan proyecto. Es justo, \u00bfno te parece? Eso le dir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, sabe que nunca he querido ni he sabido acon\u00ad sejarla por encima de lo que me ha pedido. No se lo digo, pero quiero que entienda que, de alguna manera, una madre y una hija sabr\u00e1n c\u00f3mo rellenar ese silencio o dejarlo vac\u00edo, no importa. Aunque yo sea solamente la \u00faltima isla antes del oc\u00e9ano abierto. El \u00faltimo pelda\u00f1o antes de la ca\u00edda. Me cru\u00adzo el bolso y, mientras me ato los cordones del zapato, solo pronuncio: Voy a la academia, \u00bfvienes?<\/p>\n\n\n\n<p>Y ella responde que s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Le lleno a mi madre una botella de agua que dejo abierta sobre la mesa y le digo que nos marchamos. Muy bien, res\u00ad ponde sin mirarme. Dudo si es buena idea dejarla sola y sen\u00ad tada. Hace d\u00edas que no la veo bien. Se cansa demasiado hablan\u00addo. Se duerme temprano y le cuesta amanecer por las ma\u00f1a\u00adnas. A veces, ha tardado en despertarse angustiosos minutos. Alg\u00fan d\u00eda, le he puesto el o\u00eddo sobre el coraz\u00f3n, le he vigila\u00ad do el pecho respirando. Le doy un beso en la frente y le digo: No tardamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero a mi hija con las manos en los bolsillos y un me\u00ad ch\u00f3n de pelo sobre los ojos que no me retiro para que no pueda ver mi cara de p\u00e1nico y cierro la puerta mientras ella desciende los pelda\u00f1os de la escalera sin esperarme, la palma llev\u00e1ndose el polvo del pasamanos, y atraviesa los rellanos a punto de tropezar con el cord\u00f3n suelto de un zapato.<\/p>\n\n\n\n<p>Justo en la puerta, nos chocamos al empezar a caminar. Cada una supone una ruta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo vamos en coche?<\/p>\n\n\n\n<p>No, son diez minutos. Damos un paseo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, me gustar\u00eda pasar por la librer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada es ligero como yo lo imaginaba. Los nubarrones no dejan ver el fondo del cielo y siento que me pesa el cuerpo m\u00e1s de lo normal, en un ajuste de cuentas con la gravedad. Me pienso cada paso, medito el balanceo de los brazos en los costados, \u00bfllevo la cabeza erguida? Me estiro. Bajo los hom\u00adbros, resuelvo la postura congestionada. Ella mira al suelo y vigila las se\u00f1ales de tr\u00e1fico, lanza un brazo r\u00edgido sobre mi vientre cuando casi cruzo con el sem\u00e1foro en rojo. No pasa nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Paramos en la librer\u00eda y le digo que espero fuera. Encien\u00addo un cigarro que enseguida me revuelve el est\u00f3mago y me baja la presi\u00f3n y la veo deambular entre las estanter\u00edas apreta\u00ad das, muchas de ellas combadas por el centro. Derriba una torre de libros con el abrigo. Veo que pide perd\u00f3n con la mano y vuelve a montar la pila en el mismo orden. Mira mu\u00adcho tiempo un libro grande con fotograf\u00edas en blanco y ne\u00adgro y se lo pone debajo del brazo. \u00bfSe habr\u00e1 olvidado de que estoy aqu\u00ed? Se acerca al mostrador y el librero consulta algo en el ordenador. Luego se levanta y pone una escalera junto a la estanter\u00eda para alcanzarle otro libro m\u00e1s. Cuando sale le pregunto qu\u00e9 ha comprado y me dice que nada, que algo sobre el urbanismo del barrio y el origen del puerto, y que poco m\u00e1s. Se le caen un par de fotograf\u00edas de dentro de uno de los libros. Las recojo y las miro y les doy la vuelta, leo sus leyen\u00addas. En una de ellas, varias mujeres trabajan de pie alrededor de una mesa de madera y bajo la luz de una bombilla en un secadero de bacalao en los a\u00f1os cincuenta. En otra, unas diez mujeres agarradas de los brazos suben por un monte. Por de\u00ad tr\u00e1s: \u00abMujeres que trabajan vendiendo pescado en sus distritos o en puestos de pescado de poblaciones cercanas. A\u00f1os cua\u00ad renta\u00bb. Todas sonr\u00eden a la c\u00e1mara, todas llevan falda y las pier\u00adnas al aire. Zapatos negros. La foto recoge el \u00edmpetu alegre de su paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre le han gustado los libros. A veces, mi madre le de\u00ad c\u00eda que iba a perder la cabeza de tanto leer. Como don Qui\u00adjote, le dec\u00eda. De ni\u00f1a, iba a esa misma librer\u00eda a gastarse el dinero que le daba mi padre los domingos y eleg\u00eda al azar las lecturas. Pero no fue buena estudiante. Le costaba hacer la tarea. Sentarse sabiendo que ten\u00eda unas cuantas horas por de\u00adlante para cumplir con la obligaci\u00f3n escolar. Era sucia en sus cuadernos, desorganizada y nada minuciosa. Las hojas de pa\u00adpel que escrib\u00eda ten\u00edan siempre relieve en el dorso de su trazo esforzado. Las letras picudas y disparadas. Perd\u00eda constante\u00ad mente los rotuladores, nunca me avisaba cuando ten\u00edamos que firmar las autorizaciones para una excursi\u00f3n. Cu\u00e1ntas veces, despu\u00e9s de llevarla al colegio, me encontraba con la escuadra y el cartab\u00f3n verdes de pl\u00e1stico olvidados sobre las migas al lado de la taza vac\u00eda del desayuno. Nunca le ha gustado que le digan lo que tiene que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Intento abrir la puerta de la academia despu\u00e9s de varios forcejeos con la llave. Es la cerradura, me quejo, est\u00e1 oxidada. Ella empuja con el pie. Le doy paso y entra y se queda parada en el centro con las manos en los bolsillos. Luego se sienta sobre una de las mesas. Est\u00e1n todas descolocadas, alguna silla ca\u00edda, no recuerdo nada que haya podido provocar este caos. En la pared, una gran humedad ya seca ha descascarillado la cal sobre el suelo de gres. Un p\u00f3ster del monte Saint\u00adMichel y unos dibujos que mi madre hac\u00eda para decorar la escuela con manos que parecen saludarse y despedirse. <em>Bonjour. Merci. Au revoire. <\/em>Enciendo el fluorescente, que tirita emitiendo un ruido de temblor al intentar arrancar. Qu\u00edtate el abrigo, o tendr\u00e1s m\u00e1s fr\u00edo cuando salgamos. Me hace caso. La estante\u00adr\u00eda est\u00e1 llena de papeles: matr\u00edculas, ex\u00e1menes, fotocopias de ejercicios de gram\u00e1tica. Te acercas y te quedas mirando una hoja con la conjugaci\u00f3n del verbo <em>\u00eatre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os dio clase la abuela?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfVeinte a\u00f1os? Algo as\u00ed. Hasta que t\u00fa ten\u00edas diez u once. \u00bfVen\u00eda mucha gente?<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, ten\u00eda seis o siete alumnos cada hora. Y daba clase cuatro horas al d\u00eda. No tanto. Pero suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no quisiste dar clase t\u00fa?<\/p>\n\n\n\n<p>Porque este era su espacio. Lo hab\u00eda levantado ella sola. Se empe\u00f1\u00f3. En casa hac\u00eda falta dinero y a ella le aburr\u00eda mucho pasarse el d\u00eda entre las cuatro paredes. Ya sabes c\u00f3mo es. Ella nunca me habl\u00f3 en franc\u00e9s. Pero pas\u00e9 tanto tiempo aqu\u00ed, es\u00adper\u00e1ndola, que acab\u00e9 aprendi\u00e9ndolo de o\u00eddo. Podr\u00eda haberme hablado cuando yo era ni\u00f1a, pero antes no se entend\u00eda que un idioma fuera tan importante como ahora, aunque ella reco\u00adnoc\u00eda que hablar la lengua de la gente que quieres es lo pri\u00admero para entenderla. Por eso le daba rabia no hablar euskera. No haberme podido ense\u00f1ar ni hablarlo ella. Cuando saqu\u00e9 la oposici\u00f3n de profesora y me liberaron un tiempo para apren\u00adderlo, se sentaba conmigo a hacer los ejercicios y algo se le que\u00add\u00f3 para leerlo, no para hablarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Adirane no hace caso a esto \u00faltimo que le digo y entra al cuarto de atr\u00e1s y la oigo hurgar entre los papeles, abrir y cerrar los cajones.Sale con un cartel plastificado y amarillen\u00adto en el que dice \u00abHoy no habr\u00e1 clase\u00bb. Me pregunta de cu\u00e1n\u00addo es. Le digo que por las amenazas y las huelgas. Que era un cartel que la abuela se hizo y plastific\u00f3 con celof\u00e1n para po\u00ad nerlo siempre que aparec\u00edan a decirnos que al d\u00eda siguiente no se abr\u00eda. Y que eso era a menudo. Porque hab\u00edan cogido a uno. Porque encarcelaban a otro. Porque se hab\u00edan matado manipulando una bomba. Un chico golpeaba la puerta en mitad de la clase y soltaba: Ma\u00f1ana no se abre. Y la abuela no abr\u00eda. Qu\u00e9 iba a hacer. Los que abr\u00edan se la jugaban. Al d\u00eda siguiente pod\u00edas tener el negocio reventado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfElla nunca se neg\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 crees que la cerradura abre tan mal?<\/p>\n\n\n\n<p>Pasamos casi una hora tirando papeles en bolsas de basura. No hay nada de valor. Saca el tel\u00e9fono y graba los sacos de papeles. El cartel exterior. El nombre de la academia impreso en las hojas de examen. S\u00e9 que me graba de espaldas y que graba mis manos pasando los papeles sobre mi pecho en bus\u00adca de algo que valga la pena conservar. Tengo la nariz y las manos congeladas y ella empieza a toser y le digo que nos vayamos. Apago la luz y cierro la academia.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que podremos sacar algo por este lugar, \u00bfno crees?<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos en un bar. Pide algo con un gesto al camarero.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos sentamos en la barra, algo enfrentadas la una a la otra. Estamos en una especie de tregua. Casi puedo sentir algo pa\u00ad recido a la paz que se cuela entre una y otra batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mujer rubia parece reconocerla y, a su paso por nues\u00adtro lado, suelta el manillar del carrito de beb\u00e9 que va empu\u00ad jando y apoya las manos en sus hombros, Adirane, <em>berdin zau- de<\/em>, le dice. Es una vieja compa\u00f1era del colegio. Ya ves, sigue, este es el tercero. Los otros est\u00e1n en la <em>ikastola<\/em>. Pero cu\u00e9ntame t\u00fa. Y ella le sonr\u00ede y no dice nada. Tarda demasiado en res\u00ad ponder.<\/p>\n\n\n\n<p>Adi, pero c\u00f3mo est\u00e1s. Pesa su silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 bien, respondo yo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 haces por aqu\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Ha venido a hacer un trabajo. Y a vernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 bien. La <em>amona <\/em>estar\u00e1 contenta. C\u00f3mo te quer\u00eda esa mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, lo est\u00e1, le digo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tendr\u00e1s ya ni\u00f1os y todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces la vieja compa\u00f1era entiende que no va a recibir respuestas y dice <em>agur <\/em>y parece coger impulso para volver a empujar el carro. Cuando suena la puerta, la miro y tiene los ojos cerrados. Parece decepcionada consigo misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Llevo mi mano a su mano. Y se deja acariciar sin retirarla. \u00bfHija?<\/p>\n\n\n\n<p>Se le caen dos l\u00e1grimas sobre la piel tensada por el fr\u00edo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tienes que decirme qu\u00e9 pasa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve mucho miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfA qu\u00e9, <em>maitea<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>A todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Traga saliva y pide con la mano al camarero otro vaso para m\u00ed. Yo me quito el abrigo y lo doblo sobre mis rodillas y tiro de su bufanda, que se desliza por debajo del pelo, y la pongo encima. Ella se baja la cremallera y echa el aire en un soplido que puedo o\u00edr. Y mira hacia arriba tragando saliva.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre todo, miedo de ser algo malo para ella. Para la ni\u00f1a. Porque no estaba bien. Porque pensaba que me iba a pasar algo. Y me fui. La dej\u00e9 con su padre. Me fui. Decid\u00ed no ser m\u00e1s su madre. No quer\u00eda que me viera angustiada. No quer\u00eda transmitirle esta oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfpor qu\u00e9 te iba a pasar algo a ti?<\/p>\n\n\n\n<p>Y arranca: A todo el mundo le pasaban cosas a mi alrede\u00addor. A m\u00ed ya me hab\u00eda fallado el cuerpo una vez, cuando per\u00add\u00ed el anterior embarazo tan tarde y tuvieron que ayudarme para sacar al beb\u00e9. Tuve que parir a un beb\u00e9 tan grande. Yo pens\u00e9 que eso no hab\u00eda significado nada. A todas nos dicen que eso pasa, que a casi todas nos pasa. Que a una de cada tres. Pero nadie nos habla de eso. Nadie te lo cuenta. Yo te dije estoy bien, y es que estaba bien. Pero algo se hab\u00eda que\u00ad dado ah\u00ed, quiero decir no adentro donde el beb\u00e9, sino una pena. Era una amargura que yo no pod\u00eda controlar. Que tam\u00adpoco pod\u00eda compartir. Eso era lo que me desquiciaba, que yo no ten\u00eda el control sobre lo que pasaba dentro de mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, <em>laztana<\/em>, eso le pasa a muchas mujeres. La abuela per\u00ad di\u00f3 dos. Pero \u00bfy la ni\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>Dice que el embarazo de la ni\u00f1a lo vivi\u00f3 mal, con mucha tensi\u00f3n. Dice que eso la transform\u00f3. Que le dol\u00eda la cabeza varios d\u00edas a la semana. Que no pod\u00eda trabajar. Que le hicie\u00adron mil ecograf\u00edas porque iba sola a urgencias diciendo que sent\u00eda algo o que no sent\u00eda nada y le hac\u00edan la ecograf\u00eda y no sab\u00eda si crec\u00eda bien o no crec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me aprend\u00ed de memoria c\u00f3mo es un embri\u00f3n, dice, cu\u00e1n\u00ad tos gramos crece un feto cada semana. Sab\u00eda lo que ten\u00eda que medir. Qu\u00e9 \u00f3rgano estaba cre\u00e1ndose en ese momento. Le\u00eda textos sobre los beb\u00e9s muertos antes de nacer. Buscaba foto\u00ad graf\u00edas. Cuando ya pod\u00eda sentirlo dentro, me compr\u00e9 un pe\u00adque\u00f1o aparato, como un estetoscopio que pasaba por encima de mi barriga y pod\u00eda encontrar su latido. Si iba a hacer una grabaci\u00f3n, volv\u00eda a casa y me lo pon\u00eda. Si iba a por el pan, con el abrigo abierto, pero todav\u00eda puesto, escuchaba. O si me despertaba a mitad de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 o\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p>Un zumbido, un burbujeo, gotas. Fum, fum, dice. Muy r\u00e1\u00adpido, pero eso me dejaba tranquila. Cuando yo no lo encon\u00adtraba, llamaba a Iv\u00e1n y \u00e9l me lo pasaba untado en gel por la barriga. Y me dec\u00eda: Conf\u00eda en ella, est\u00e1 aqu\u00ed. Y era verdad: la ni\u00f1a naci\u00f3. Cuando ya estuvimos en casa, dej\u00e9 de preocu\u00adparme de que algo le pasara a ella y empec\u00e9 a preocuparme de que algo me pasara a m\u00ed. Algo incontrolable, como una enfer\u00admedad, como apagarme de pronto. Y no he sabido controlar la preocupaci\u00f3n. Y \u00e9l tampoco me ayudaba. Pero tambi\u00e9n como si estuviera perdiendo los \u00faltimos d\u00edas de mi vida en esa casa, parada, aislada, empe\u00f1ada en la nada. Hasta que ya no he podido m\u00e1s. Porque ten\u00eda tristeza todos los d\u00edas. Estaba siem\u00adpre enfadada. Es dif\u00edcil vivir pensando que te va a pasar algo. Anticiparse es la peor forma de vivir. Y me alej\u00e9. Y ya estaba alejada de vosotras.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces se lo digo. Que lo siento. No s\u00e9 de d\u00f3nde nacen las palabras. Desde qu\u00e9 a\u00f1o de nuestra vida nacen. Ni s\u00e9 a d\u00f3nde van a caer. En cu\u00e1l de todas mis hijas. En la que jugaba sin preguntar a mis pies. En la que se encontr\u00f3 con la bofe\u00ad tada de la verdad en una bronca juvenil: Tu padre no se muri\u00f3 cuando te han dicho, lo mataron, pregunta a tu madre por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser madre no es f\u00e1cil, y no s\u00e9 si te lo he dicho antes, pero sueno como si me repitiera.Todas tenemos tardes dif\u00edciles. Todas dudamos.Todas tocamos alguna vez la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, sueno como si repitiera un secreto evidente gritado por generaciones de madres a las que no se ha pres\u00adtado atenci\u00f3n. Pero tampoco es esto, le digo. No puedes alejar a tu hija de ti.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed puedo. Lo he elegido. Necesito salvarme. T\u00fa me alejas\u00ad te de lo que te pareci\u00f3. En este caso, la violencia soy yo: la violencia es mi amargura.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces abre su cartera y saca una fotograf\u00eda reciente de la peque\u00f1a Ruth. Me la extiende sin conseguir mirarla. Es igual que t\u00fa, le digo. Ya no es un beb\u00e9, es una ni\u00f1a. La nariz peque\u00f1a y los ojos rasgados, casi orientales, m\u00e1s claros a\u00fan que los nuestros. Los mofletes rojos y brillantes. Pero tiene el pelo liso y claro de \u00e9l y le nace en la frente con un pico en medio casi platino. Sonr\u00ede con la boca enorme y dentro todos esos dientes brillantes y nuevos. Paso mi mano por su cara como si de verdad pudiera tocarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Me hace un gesto y me dice que me la quede.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pasa con Iv\u00e1n?<\/p>\n\n\n\n<p>No responde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEst\u00e1s mezclando las cosas? Nadie te ha dicho que teng\u00e1is que ser una familia como las dem\u00e1s. Tu hija os tiene a los dos.<\/p>\n\n\n\n<p>No puedes dejarla atr\u00e1s. T\u00fa eres su madre. Nadie te dice que tengas que estar de ninguna forma. Nosotras fuimos dos, nada m\u00e1s. Estaban los abuelos, pero \u00e9ramos t\u00fa y yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, <em>ama<\/em>. Por eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Se cierra el abrigo y se encara a la barra, deja un billete en el plato de metal. Me quita la bufanda de las manos y se la enrosca dos veces en el cuello. El borde de la bufanda acu\u00admula l\u00e1grimas que se quedan prendidas sobre la lana roja sin llegar a romperse.<\/p>\n\n\n\n<p>Sale.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la veo alejarse por la calle.<\/p>\n\n\n<section class=\"dive print-block my-16\" style=\"background-color:#010617;\">\n\t<div class=\"wrapper\">\n\t\t<div class=\"container mx-auto \">\n\t\t\t<div class=\"row flex flex-wrap relative pt-6 pb-16 lg:py-8\">\n\t\t\t\t<div class=\"col w-full xl:ml-1\/10\n\t\t\t\t\t md:w-2\/5 xl:w-2\/5 \t\t\t\t\t\">\n\t\t\t\t\t<a href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"font-display font-normal text-4xl leading-9 mb-5 text-white no-underline\">\n\t\t\t\t\t\t3466\t\t\t\t\t<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"text-base leading-none font-sans\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>En el coraz\u00f3n del macizo del Mont Blanc, a 3.466 metros de altura, se entrega el Premio Grand Continent -el primer galard\u00f3n literario que reconoce cada a\u00f1o un gran relato europeo-.<\/p>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"mt-12 dive-list\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/seleccion\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Ver la selecci\u00f3n de finalistas del Premio Grand Continent 2022<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/jurado\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Descubrir el jurado del Premio<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<a  style=\"color:#a29b96;\" class=\"no-underline block border-t border-grey-darker py-2 flex\"\n\t\t\t\t\t\t\t\t   href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\"><span class=\"font-sans font-semibold pr-4\">\u2192<\/span> Saber m\u00e1s<\/a>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<div style=\"color:#FFFFFF;\" class=\"dive-footer font-sans text-xs border-t border-grey-darker py-2 leading-4\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>Jurado del Premio: Giuliano da Empoli, Nora Bossong, Andrea Marcolongo, Achille Mbembe, Barbara Cassin, Patrick Boucheron, Galyna Dranenko, Alberto Manguel y Agata Tuszy\u0144ska<\/p>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"col w-full md:w-3\/5 xl:w-2\/5  md:px-0 relative overflow-hidden mt-8 md:mt-0 macron-img\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<a class=\"!absolute !bg-none w-full h-full pin-t pin-l\" href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" class=\"no-underline\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img decoding=\"async\" style=\"object-fit: contain; width: 100%; height: 100%;\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-009-scaled-1-990x659.jpg\" \/>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/a> \n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t<\/div>\n<\/section>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">14&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">OC\u00c9ANO MAR&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">(Adirane)<\/h2>\n\n\n\n<p>Pasea por uno de los muelles del puerto. No est\u00e1 pensando. No de forma verbal. \u00bfAs\u00ed que esto era? Cuando ella le ped\u00eda una raz\u00f3n para entender lo que les pasaba, le suplicaba que buscara dentro, \u00e1brete y encuentra, le dec\u00eda, expl\u00edcame t\u00fa, no tengo que ser yo siempre la que tire de esto: dos tazas de caf\u00e9 vac\u00edas sobre la mesa, la casa tomada por los juguetes. Dime qu\u00e9 hacemos. \u00bfQu\u00e9 es esto? Nosotros es esto. Pero no hab\u00eda ninguna aceleraci\u00f3n. Ning\u00fan resorte saltaba. Y \u00e9l le respon\u00add\u00eda que no ten\u00eda pensamientos que pudiera expresar. Que no sab\u00eda hilarlos. Que era una sensaci\u00f3n entre las costillas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEst\u00e1s angustiado?<\/p>\n\n\n\n<p>Si acaso miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Te tengo miedo, le dijo una vez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEra ella alguien a temer?<\/p>\n\n\n\n<p>Ha dejado a su madre en el bar, a punto de decirle algo pro\u00ad bablemente inteligente, un consuelo de palabras. La ha dejado con esa peque\u00f1a granada de mano en su palma sin estallar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A veces es mejor no saber, <em>ama<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiere encontrarse con nadie. Busca en los bolsillos y, entre restos de galletas y las instrucciones de montaje de la sorpresa de un Kinder, encuentra unas monedas. Las suma y paga el peaje de la motora y cruza al barrio del Este. La cam\u00adpana de la iglesia suena una vez. Van con ella un ni\u00f1o y su madre y su abuela. No son de aqu\u00ed. Est\u00e1n de visita. Madrid, quiz\u00e1. Esa forma recortada de dec\u00edrselo todo. No se parecen, pero la forma de la cara, una dulzura de las l\u00edneas, se repite de la una a la otra y al ni\u00f1o. El silencio del muelle recoge sus movimientos r\u00e1pidos y esa conversaci\u00f3n extranjera en la bah\u00eda. Todos con sus chubasqueros azules. Los zapatos h\u00famedos. El ni\u00f1o se inclina de pie sobre la barandilla de la barca y la ma\u00ad dre lo apresa como si de verdad fuera a caerse por la amura, como si existiera la posibilidad de que el ni\u00f1o se le escapara, se oyeran un par de gritos y despu\u00e9s se perdiera bajo el agua. Agua, agua, dice el ni\u00f1o. Eso es lo peor, que s\u00ed puede pasar, piensa ella. Y dice que s\u00ed con la cabeza sin darse cuenta. Que hay ni\u00f1os que caen al agua en una ma\u00f1ana de excursi\u00f3n y a los que no se vuelve a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es algo simple como la gravedad. Las posibilidades m\u00e1s oscuras de cada verdad pesan en el fondo de los r\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela del ni\u00f1o le sonr\u00ede como disculp\u00e1ndose porque la madre pronuncia tantas veces el nombre, le da \u00f3rdenes inquie\u00adtas, desea alcanzar ya la orilla y rompe la tranquilidad de ese mi\u00e9rcoles: Pablo, estate quieto, te puedes caer al fondo y yo no me voy a tirar a por ti, le dice. S\u00ed te tirar\u00edas, idiota. Claro que te tirar\u00edas, con el bolso cruzado, las botas australianas que se hin\u00ad char\u00edan de agua y ese tel\u00e9fono caro con el que intentas haceros fotos con la mano que no aprieta la cintura del ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Ir\u00edas de cabeza detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajan de la motora y, al otro lado, la pasarela de tablones desemboca en la plaza de la que arranca la \u00fanica calle que discurre paralela a la r\u00eda. La lluvia ha despejado las mesas de las terrazas junto al embarcadero.Va hasta el final del callej\u00f3n y toca la pared y da la vuelta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por m\u00ed. Casa.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar pega fuerte sobre las balconadas de los restaurantes. Los tejados a dos aguas, cuya bisectriz parte los edificios en dos y traza una l\u00ednea entre las viviendas, con los marcos de las ventanas y las barandillas de los balcones todos de diferente color, pintados con los sobrantes de las barcas. Sobre la puer\u00adta de la taberna, una red de pescadores y una cesta de mimbre, una boya antigua, una taza de peltre, objetos viejos colgados que indican algo: aqu\u00ed se bebe pensando en el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>La ropa se moja en las cuerdas de tender, se ti\u00f1e de oscuro, las s\u00e1banas dan bandazos contra los balcones. Junto a una co\u00adlecci\u00f3n de pantalones de diferentes tama\u00f1os: <em>Euskal Preso Eta Iheslariak<\/em>. Saca la c\u00e1mara y baja unos pelda\u00f1os hacia el agua. Est\u00e1n completamente cubiertos de verd\u00edn y le cuesta mante\u00adner el equilibrio. Graba durante algunos minutos. Graba las olas pegando en los bajos de las casas. Graba la motora alej\u00e1n\u00ad dose vac\u00eda y una escalera estrecha, entre dos edificios, que trepa hasta el monte. Al fondo, en un muro pintado de blan\u00adco sobre el que cae la hiedra, aparece escrita en negro y ma\u00ady\u00fasculas la palabra tortura. Una l\u00ednea roja la atraviesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Siente un pinchazo de dolor en el vientre y la humedad pegada a sus pantalones. Tambi\u00e9n su propia humedad, esa descarga de calambres inesperados de los m\u00fasculos. Pero no va a volver ahora, tiene que dejar respirar a su madre, necesi\u00adta estar un rato sola, y sale del pueblo y toma la ruta de la costa, que avanza serpenteando hacia la bocana del puerto. Se para en una pared de piedra a la que le han recortado una ventana. Como en una l\u00e1mina, el Cant\u00e1brico asoma con es\u00ad puma y movimiento manso. Siempre esa frontera l\u00edquida. De aqu\u00ed para all\u00e1, arreglaos vosotros, parece recordar. De la orilla hacia dentro, la ley de las tormentas.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda los paseos por ese mismo camino junto a sus abuelos, una, dos y tres, salto. Y los abuelos, cargados, fr\u00e1giles, los tobillos cansados, tiraban de sus mu\u00f1ecas hacia arriba y ella consegu\u00eda saltar un desnivel o un charco. Ese esfuerzo cons\u00adtante por mostrarse felices. Le parece sentir en su mano la aspereza de la mano de su abuelo, la anchura de la palma y las falanges cortas y callosas. Y la tersura siempre en las de su abuela. La piel resbaladiza sobre los huesos. Nada m\u00e1s que una mano sobre otra mano sobre otra mano. \u00bfEs eso una familia? Y duda profundamente de que ese hombre y esa mujer tuvie\u00ad ran alguna vez una renuncia verdadera. Y c\u00f3mo se tomaron siempre tan en serio y,a la vez,con tanta alegr\u00eda,la obligaci\u00f3n de quererlas a ella y a su madre por encima de todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Intenta no pensar en el dolor de tripa, pero empieza a descender como una descarga hasta las rodillas.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l no le importaba la sangre. Sobre todo, al principio. Ni que tuvieran que cambiar despu\u00e9s las s\u00e1banas. No le importa\u00adban sus descuidos por la casa: la mancha sobre la silla, el tamp\u00f3n envuelto en papel sobre la cisterna, el sabor a hierro del sexo. Piensa en \u00e9l con algo parecido a la ternura y salta los a\u00f1os y hace un esfuerzo por regresar al primer comienzo, el resbal\u00f3n sobre el paso de cebra agarrada tan fuerte a su brazo que caye\u00adron los dos borrachos en San Bernardo. Las horas que pasaron tirados en un colch\u00f3n sobre el suelo porque no ten\u00edan dinero ahorrado para comprar el somier ni el sof\u00e1. Todas las pel\u00edculas que vieron en aquellos d\u00edas, <em>Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Hierro 3, Tideland, Pulp Fiction <\/em>mil veces repetida. La sa\u00adliva cambiando de piel sobre la almohada durante horas. La mano en el cine, dentro del pantal\u00f3n. El recorte de la silueta de \u00e9l de madrugada sobre la silla guardando im\u00e1genes de v\u00eddeo de ella en un disco duro. Los miles de correos a todas horas, tambi\u00e9n dentro de la oficina, mir\u00e1ndose por encima de los cu\u00adb\u00edculos blancos. Cuando cocinaban platos diferentes para me\u00ad ter en los t\u00faperes y que nadie sospechara en el comedor. Que\u00ad dando en la esquina a la salida y corriendo a casa. Todo lo que a \u00e9l le gustaba de ese secreto al principio, vivir como si exis\u00ad tiendo juntos se jugaran algo, como en las pel\u00edculas de esp\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda tambi\u00e9n la torre de libros le\u00eddos junto a su cama que hac\u00eda de mesilla y que ella derrumbaba cada amanecer, cuando se levantaban para salir corriendo a la productora. <em>La informaci\u00f3n <\/em>de Martin Amis con el billete de viaje sencillo incrustado en las p\u00e1ginas. Enero de 2008. <em>El pasado <\/em>de Alan Pauls terminado solo por \u00e9l; nunca por ella. En este libro no pasa nada, pero es una maravilla, dec\u00eda. <em>Oc\u00e9ano mar<\/em>, <em>Manituana<\/em>, <em>62 modelo para armar, <\/em>todos aquellos libros de tapa blanda de Terry Pratchett. Este s\u00ed que tienes que leerlo, insist\u00eda, soste\u00ad niendo desnudo y entre las manos <em>El d\u00eda del Watusi<\/em>: es el me\u00ad jor libro escrito aqu\u00ed en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os, m\u00ednimo. Pero ella nunca lo ley\u00f3. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda tomar\u00eda algunas veces ese mismo ejemplar de la estanter\u00eda, donde ya se mezclaban los libros de los dos, en busca de una pista, de algo revelador. Y encontrar\u00eda dentro una decena de aquellas propagandas que le daban en la boca del metro: magos, bru\u00ad jer\u00eda, m\u00e9diums. Peque\u00f1as fotocopias cuadradas de timos eso\u00ad t\u00e9ricos de principios de siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se metieron el uno en la vida del otro sin precauciones. Esta es mi familia. La m\u00eda est\u00e1 lejos, al norte. Pero tambi\u00e9n viajaron para conocerlas. No durmieron en la casa, apenas tomaron un caf\u00e9 con su madre y su abuela en el paseo. Todos estuvieron bastante callados. Ella se recuerda desnuda sobre \u00e9l en la cama, mirando el mar por la ventana del hotel m\u00e1s alto del monte. \u00c9l, que nunca sab\u00eda hacia d\u00f3nde estaba el puerto, hacia d\u00f3nde la playa. Y ella le explic\u00f3 que su pueblo estaba partido en cuatro. A un lado del r\u00edo, la postal de aldea, abertzale, euskalduna. Enfrente, la hilera de casitas de los pes\u00ad cadores. A las faldas del monte, las casas que se construyeron debajo del caser\u00edo para alojar a los marineros que llegaron durante el auge de la industria pesquera, el barrio de los gallegos. Despu\u00e9s, el pueblo obrero donde viven su abuela y su madre, que nace a los pies de la regata del r\u00edo y se extiende hasta los muelles nuevos. Atrapado bajo un puente del tren y la Marealta. Es dif\u00edcil, ya lo s\u00e9, y se re\u00eda de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHacia d\u00f3nde queda el mar ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>Por all\u00ed, respond\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, pi\u00e9nsalo, hacia all\u00e1 es Francia, \u00bfentonces? No nos confundas. Mira, aqu\u00ed es el pueblo. Y entonces ella se cruzaba en cuatro pasos la calle: Y aqu\u00ed, ya es la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel viaje, una tarde, ella empez\u00f3 a sentirse mal. La fiebre subi\u00f3 por encima de treinta y nueve y durmi\u00f3 casi un d\u00eda entero. Cuando se despert\u00f3, era su madre la que estaba sentada a su lado sobre el colch\u00f3n y le cambiaba el pa\u00f1o fr\u00edo de la frente. \u00bfTienes placas? No puedo tragar, <em>ama<\/em>. \u00c9l fuma\u00adba de espaldas a la habitaci\u00f3n, en la terraza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tuvo que llamarla?<\/p>\n\n\n\n<p>El primer golpe real se lo llevaron con la p\u00e9rdida del pri\u00ad mer embarazo. No pasaba nada. Segu\u00edan siendo dos. Ella se liber\u00f3 del peso que hab\u00eda cargado casi nueve meses. Un ras\u00adgu\u00f1o, apenas nada. Poco despu\u00e9s, la despidieron de la produc\u00ad tora y empez\u00f3 a trabajar desde casa. Pas\u00f3 muchas ma\u00f1anas sola. Aceptaba todo tipo de trabajos, publicidad, recursos, lo que fuera. Pero ella quer\u00eda hacer documentales, quer\u00eda contar.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces dijeron ahora. Y lleg\u00f3 Ruth, lleg\u00f3 la ni\u00f1a y la atrap\u00f3. Ellos dejaron de dormir y tambi\u00e9n dejaron de verse. No s\u00e9 por qu\u00e9 llora tanto. No puede ser que tenga m\u00e1s ham\u00adbre, dec\u00edan, acaba de comer. El amor cambi\u00f3 de direcci\u00f3n y converg\u00eda en un punto externo a ellos. El epicentro de una mujer a la intemperie desplazado a un cuerpo peque\u00f1o que proteger. \u00c9l ayudando como pod\u00eda. \u00c9l no llegando. No estan\u00addo. \u00c9l, con pies de plomo, no queriendo nunca despertar a la fiera. Luego, la resaca deforme de los somn\u00edferos. Solo he to\u00admado medio, solo un cuarto, solo las migas que quedaban en la caja. Cualquier paso en falso se convert\u00eda en una discusi\u00f3n que se arrastraba durante d\u00edas. \u00bfEra eso dejar de quererse?<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado se levantaba dentro de ella como una huella oro\u00ad gr\u00e1fica y lo pronunciaba sin pensarlo dos veces: \u00bfY si no me doy cuenta y la ni\u00f1a se cae al agua? \u00bfQu\u00e9 agua?, le preguntaba \u00e9l. No s\u00e9 qu\u00e9 agua, no lo s\u00e9. Como Mat\u00edas. \u00bfQu\u00e9 dices?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n dej\u00f3 de mirarla. Nunca m\u00e1s piel. Nunca m\u00e1s ojos. Solo dos adultos organizando los cuidados de un cuerpo peque\u00f1o que fue estir\u00e1ndose y ocupando un espacio cada vez mayor. El \u00fanico espacio posible, hermoso y aterrador, entre un hombre y una mujer que cr\u00edan y quieren a alguien nuevo. Y ella cada vez m\u00e1s fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando est\u00e1 pensando que no hay vuelta atr\u00e1s, que lo \u00fanico que pod\u00eda hacer era marcharse, cuando piensa que tal vez pudieron enderezarlo todo en alg\u00fan momento, pero ya no, frena en seco delante de una placa blanca con informa\u00adci\u00f3n. La mira durante varios minutos, pero no est\u00e1 leyendo. Sabe perfectamente lo que cuenta. Regresa la conciencia y pesta\u00f1ea para humedecer las c\u00f3rneas y mira m\u00e1s all\u00e1: la si\u00adlueta blanca sobre la roca de cuatro hombres que murieron tiroteados por la polic\u00eda en ese punto del camino. Sabe que tambi\u00e9n muri\u00f3 un animal. Que les dispararon a todos a bo\u00adcajarro. M\u00e1s de veinte orificios en los cuerpos. Que se oye\u00ad ron los disparos por toda la bah\u00eda. Tambi\u00e9n en su casa. Que el abuelo se asom\u00f3 a la terraza. Entra para dentro, Miguel, por favor. Ella misma oy\u00f3 la r\u00e1faga. Que a aquello siguieron d\u00edas a\u00fan m\u00e1s oscuros. Que la oscuridad tardar\u00eda mucho en marcharse. Que su madre no habl\u00f3 en todo aquel d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Vibra el tel\u00e9fono dentro del bolsillo del abrigo y sobre el muslo. S\u00ed, s\u00ed, no te he respondido, pero nos vemos, acomp\u00e1\u00f1a\u00ad me a ver de d\u00f3nde parti\u00f3 ese barco. Pero solo si quieres. Pue\u00addo ir sola.<\/p>\n\n\n\n<p>En la motora, de regreso, la familia de tres parece enfadada. El ni\u00f1o duerme sobre el hombro de la madre con el gesto desarmado de los confiados y la abuela y la madre miran cada una a un margen de la bah\u00eda. No se hablar\u00e1n al descargar el carro del beb\u00e9 en el muelle, pero ejecutan y sincronizan los movimientos como un equipo muy bien entrenado.<\/p>\n\n\n\n<p>Se alejar\u00e1n juntas. En silencio.<\/p>\n\n\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image wp-block-image-large\"\n    data-shadow=\"false\"\n    data-use-original-file=\"false\">\n    <a\n        data-pswp-src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-010-1-scaled-1.jpg\"\n        class=\"inline-block gallery-item no-underline \"\n        data-pswp-width=\"2560\"\n        data-pswp-height=\"1703\">\n                                        <picture>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-010-1-scaled-1-330x220.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 374px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-010-1-scaled-1-690x459.jpg\"\r\n                media=\"(max-width: 989px)\" \/>\r\n                    <source\r\n                srcset=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-010-1-scaled-1-1340x891.jpg\"\r\n                media=\"(min-width: 990px)\" \/>\r\n                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2022\/12\/MB-010-1-scaled-1-125x83.jpg\" \/>\r\n        <\/picture>\r\n                            \n            <\/a>\n<\/figure>\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">15<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">LA MU\u00d1ECA DE CARA DE CHINA&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\">(Ruth)<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfSabes lo que me gusta de los ni\u00f1os? Que no se compadecen de s\u00ed mismos. No se tienen pena. Est\u00e1n como en otra realidad m\u00e1s simple. Pero, no te creas, son capaces de detectar cualquier tristeza de los adultos. Puedes enga\u00f1arlos, pero no se les pue\u00adden guardar secretos. Se dan cuenta de la violencia, aunque no hablemos de ella cuando est\u00e1n delante. Esos silencios se les quedan. Es algo de la supervivencia. Somos animales. No so\u00admos otra cosa m\u00e1s que animales. Y es como si se fueran ha\u00adciendo marcas en nosotros y en ellas se acumularan los a\u00f1os. M\u00edrame a m\u00ed. Y un d\u00eda, sin darte cuenta, cuando est\u00e1s visitan\u00addo a un familiar lejano o te sientes desprotegido, cuando est\u00e1s como fuera de lugar, zas, te encuentras ante una angustia que no esperabas. Entonces, el adulto se da cuenta de algo que es\u00adtaba ah\u00ed, como si abriera una caja, y se acuerda de algo y re\u00adconoce el origen. Lo reconoce con agobio. Como cuando de pronto te acuerdas de una deuda que te has olvidado de pagar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cen\u00e1bamos pollo en Nochebuena. No lo as\u00e1bamos porque no ten\u00edamos horno. Mi madre nos mandaba a robar almendras a los caser\u00edos. Ella llamaba a todas las puertas del vecin\u00addario hasta que consegu\u00eda cambiar un par de pescados frescos por cuatro huevos. Las claras las usaba para la tortilla. Con las almendras picadas y la yema dura preparaba una salsa en la que coc\u00eda la carne. La almendra se reblandec\u00eda. El pollo se te\u00f1\u00eda de amarillo. A nuestra casa no ven\u00eda el <em>olentzero<\/em>, ni los Reyes Magos. No ven\u00edan las vecinas. No ten\u00edamos a qu\u00e9 in\u00advitar. El \u00faltimo a\u00f1o que pasamos juntos, nos regalaron una manzana de sidra a cada uno por Navidad. Esper\u00e9 tanto para com\u00e9rmela que el d\u00eda en que me decid\u00ed a abrirla estaba pica\u00ad da por los gusanos.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa casa no hab\u00eda desorden porque no hab\u00eda cosas que desordenar. No ten\u00edamos ropa de domingo, as\u00ed que no nos arregl\u00e1bamos para cenar. Pero mi madre nos atusaba el pelo antes de sentarnos a la mesa y nos echaba unas gotas de agua de lavanda y bergamota que mi padre le hab\u00eda tra\u00eddo de un puerto de Francia. Pon\u00eda los dedos sobre la boca del frasco para que no se escapara nada de l\u00edquido y nos los pasaba por encima del pelo. Luego, volv\u00eda a esconder el bote debajo de la cama para protegerlo de la luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, mi madre cantaba. Se juntaba con su hermana a \u00faltima hora y convert\u00edan las canciones en una obligaci\u00f3n a la que todos ten\u00edamos que asistir con buen \u00e1nimo. Corro de sillas. Botella vac\u00eda de an\u00eds. Almirez y majador. Sin turr\u00f3n, ni polvorones. Mi madre cantaba mucho antes de la guerra. Lue\u00adgo, ya se call\u00f3. De peque\u00f1a, en su pueblo, hab\u00edan tenido unos vecinos gaditanos y les hab\u00edan ense\u00f1ado canciones populares que no ten\u00edan nada que ver con las f iestas. \u00abEl cura no va a la iglesia, dice la ni\u00f1a, \u00bfpor qu\u00e9?\u00bb Si la estufa se apagaba y ya no quedaba le\u00f1a para la recarga de ese d\u00eda, cada uno a su casa y nos acost\u00e1bamos. \u00abPorque no tiene zapatos, zapatos yo le dar\u00e9. <em>Ora pro nobis, kirie leison<\/em>.\u00bb Harina de cacao en agua y sin chu\u00adrros para el desayuno del d\u00eda uno de enero.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta foto, estamos en la puerta de la iglesia para la misa del Gallo de 1935. La \u00fanica vez que fuimos. Mi padre lleva a Mat\u00edas dormido como un cordero al hombro. Despu\u00e9s de la misa, nos dej\u00f3 en casa y no volvi\u00f3 hasta la ma\u00f1ana siguiente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mira a mi madre, solo tiene veinticinco a\u00f1os ah\u00ed: tiene tres hijos y tiene a ese hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no hab\u00eda tenido cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tampoco hab\u00eda deseado tener cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>No entend\u00eda lo que significaba ser due\u00f1a de nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi vestido de percal hab\u00eda sido antes de mi hermana. S\u00ed eran m\u00edos el par de zapatos y sus cordones, iguales para el verano y para el invierno, deformados por mis huesos planos hasta que el calcet\u00edn asomaba por la suela gastada o los dedos se apretaban tanto en la puntera que no pod\u00eda caminar. La mancha de humo de la pared y la estrechez del colch\u00f3n para los tres cuerpos no ten\u00edan importancia. No la ten\u00eda vestirnos igual durante una semana. Pero cada noche, antes de irse a dormir, mi madre nos limpiaba los zapatos a todos cuando ya est\u00e1bamos acostados y los dejaba junto a la estufa para que perdieran la humedad y estuvieran calientes al d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera Navidad que pasamos en Ch\u00e2telineau, nos dimos cuenta de que todo lo que hab\u00edamos vivido en el pueblo era miserable. S\u00ed, s\u00ed, miserable, eso digo.<\/p>\n\n\n\n<p>A primeros de diciembre, Sinterklaas me dej\u00f3 una caja de chocolatinas de diferentes amargores y una mu\u00f1eca con la cara de china, de porcelana, y el cuerpo de cart\u00f3n y trapo y dos piernas largu\u00edsimas para ese cuerpo. C\u00f3mo me gust\u00f3. Por primera vez, tuve un juguete y era solo m\u00edo. Algo que ha\u00adb\u00eda sido construido expresamente para jugar. Y no un aro de alambre. Y no un cabo de barco encontrado en el muelle.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa mu\u00f1eca era para m\u00ed una ni\u00f1a de dos o tres a\u00f1os con un vestido de flores con canes\u00fa y cuellos blancos. Ten\u00eda la cara redonda y p\u00e1lida como una actriz americana. Unos ojos azules enormes, enmarcados por l\u00edneas negras y siempre abiertos, permanentemente sorprendidos, y la boca muy pe\u00adque\u00f1a y pintada de rojo. Llevaba unas peque\u00f1as medias blan\u00adcas y zapatos de papel mach\u00e9. Si pon\u00eda la mu\u00f1eca en el suelo, me llegaba m\u00e1s arriba de la cintura. Dorm\u00eda con ella, la sen\u00adtaba a la mesa, la sacaba al jard\u00edn bajo el toldo y me imagina\u00adba regresando a la casa en el tren agarrada a su cuerpo tieso y luci\u00e9ndola despu\u00e9s por La Alameda. Aquella mu\u00f1eca me qui\u00adt\u00f3 mucha pena.<\/p>\n\n\n\n<p>La llam\u00e9 Marie.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de noviembre, nos llevaron a la plaza para ver el mercado y a Sinterklaas. Hicimos una fila y cuando me toc\u00f3 el turno me agarr\u00e9 a la mano de la madrina.<\/p>\n\n\n\n<p>No, mejor, no, le dec\u00eda. <em>Il ne vaut mieux pas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ivo nos cogi\u00f3 a Amelia y a m\u00ed de la mu\u00f1eca y nos plant\u00f3 delante de aquel hombre vestido de obispo blanco y rojo. Estas ni\u00f1as vienen de la guerra de Espa\u00f1a, le solt\u00f3. Pues a Es\u00adpa\u00f1a nos llevamos a los ni\u00f1os que se portan mal. El obispo ese y sus ayudantes negros pod\u00edan devolverme a mi pa\u00eds. Eso s\u00ed que no me lo esperaba. \u00bfMe hab\u00edan llevado all\u00ed para devol\u00ad verme? No te creas que yo ten\u00eda muy claro si ese hombre era de verdad Sinterklaas o qu\u00e9 era. Pero me mir\u00f3 y me dijo: Creo que te has portado bien, \u00bfverdad? Yo no le respond\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Une sage jolie fille. <\/em>S\u00ed, s\u00ed, dec\u00eda Ivo. Es buen\u00edsima. <em>Une grande poup\u00e9e <\/em>para ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lleg\u00f3 la <em>poup\u00e9e<\/em>. Unos d\u00edas despu\u00e9s, cuando nos levanta\u00ad mos, junto a la chimenea estaba mi mu\u00f1eca.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora te voy a hablar de algo que sabes. Cierra la puerta. No es por tu madre. Es que no quiero que se oiga. Como si no estuviera el miedo ya ah\u00ed. No te acordar\u00e1s de la primera vez que te lo cont\u00e9 porque tu madre luego impuso un silencio total. Que para qu\u00e9 esas historias. Que ahora la ni\u00f1a vuelve a dormir en mi cama. Que ya est\u00e1 bien de lo antiguo. Que no se habla de lo que no existe. Que eso no es m\u00e1s que ruido.<\/p>\n\n\n\n<p>No te creas que a m\u00ed me encanta contarlo. Y menos ahora. Tu madre a veces se pone demasiado recta con lo que no tiene sentido. Ella sabr\u00e1. Deber\u00eda haber sido cient\u00edfica y dejarnos averiguar a los dem\u00e1s por qu\u00e9 hay esos agujeros incomprensi\u00adbles dentro de la vida de cada uno. La suya tambi\u00e9n los tiene. Otra cosa es que no los cuente o que mire para otro lado. Adem\u00e1s, de nada sirve la tenacidad para olvidar las cosas que nos impactaron.Tu madre ha tenido mucha aversi\u00f3n a lo pa\u00adsado. Y mira, de eso no se puede escapar. Tu propia memoria necesita de la suya. Al final, aqu\u00ed est\u00e1s otra vez, pidi\u00e9ndome que hable. Pues te voy a hablar. En la casa de Elise pasaban cosas para las que yo no he sabido encontrar explicaci\u00f3n. No todav\u00eda. A lo mejor, no s\u00e9, lo descubro enseguida.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo fue pasando y nosotras cada vez nos sent\u00edamos me\u00ad jor con Ivo y Elise. Ellos no hab\u00edan podido tener hijos. Algu\u00ad nos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando Elise ya hab\u00eda muerto, en una carta, Ivo nos cont\u00f3 que perdieron varios embarazos por un pro\u00ad blema que ella ten\u00eda en la sangre. Formaba co\u00e1gulos que iban a parar al coraz\u00f3n del beb\u00e9. Le pas\u00f3 como a ti, que uno de ellos se muri\u00f3 ya grande dentro de la tripa de Elise. Dej\u00f3 de moverse. Lo pari\u00f3 en casa. Era un chico enorme, eso dijo Ivo. Y ella no quiso intentarlo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos sab\u00edan que nuestra presencia all\u00ed podr\u00eda terminar en cualquier momento. Que solo iban a cuidarnos durante una \u00e9poca y formaba parte del acuerdo dejarnos marchar.<\/p>\n\n\n\n<p>No les quise como a mis padres, eso no, aquello no nac\u00eda de la v\u00edscera, pero a lo mejor solo fue cuesti\u00f3n de tiempo. Aquella \u00e9poca en mi vida y en la de mi hermana fue impor\u00adtante. Un par\u00e9ntesis de pena y alegr\u00eda a la vez. Si todos los a\u00f1os que he vivido fueran un puzle, aquel exilio ser\u00eda una pieza muy grande para los pocos a\u00f1os que fueron. T\u00fa sabr\u00e1s c\u00f3mo colocas tus piezas, es muy pronto para eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la falta de noticias de la familia pesaba mucho. Me sent\u00eda culpable cuando abr\u00eda la boca y hablaba franc\u00e9s cada vez con m\u00e1s naturalidad, cuando pisaba descalza las alfombras tibias de la casa, cuando me lavaba la cara con una pastilla de jab\u00f3n. Era imposible que a cada cucharada de sopa caliente que me met\u00eda en la boca no recordara la boca de mugre de mi hermano. Todo lo anterior empezaba a transformarse en una pel\u00edcula de cine mudo donde las escenas se iban embo\u00adrronando y cada vez tomaban m\u00e1s velocidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 te pasa, <em>petite<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y yo: <em>Rien<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, est\u00e1bamos jugando a la cuerda en la huerta y en uno de los saltos, al clavar los talones en el suelo, me pareci\u00f3 que dentro se me hab\u00eda roto algo. Amelia me acompa\u00f1\u00f3 al ba\u00f1o y se qued\u00f3 esperando al otro lado de la puerta. Ruth, \u00bfqu\u00e9? Pasa algo, Amelia. Abr\u00ed la puerta y ella se rio y me dijo: S\u00ed, pasa, que ya eres mujer. \u00bfNo lo era antes? En mis bragas hab\u00eda una mancha marr\u00f3n oscura. Amelia me las envolvi\u00f3 en papeles y me dijo que ten\u00eda que cont\u00e1rselo a Elise para me diera algunas toallas y gasas. Pero no me atrev\u00ed. Pas\u00e9 esos d\u00edas pensando que me iba a morir y caminando con la espalda pegada a las paredes para que nadie notara el bulto de papel que llevaba entre las piernas. Me sentaba en el borde de las sillas para no mancharlas. Cuando me levantaba, siempre una mirada r\u00e1pida hacia atr\u00e1s. Voy a morirme, Ame, y madre no te dejar\u00e1 volver con una ni\u00f1a muerta. O te pegar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que no me mor\u00ed. La madrina me abraz\u00f3 cuando se lo dije y me estuvo explicando algunas cosas con mucha tor\u00adpeza. No me enter\u00e9 de casi nada. S\u00ed de que sangrar\u00eda cada mes, aunque a la vez yo siguiera jugando durante horas con mi mu\u00f1eca, aunque una parte de mi creyera en Sinterklaas. Ten\u00eda todav\u00eda un pie en el mundo de los ni\u00f1os, pero una puerta se hab\u00eda abierto y cada veintiocho d\u00edas, como las ma\u00adreas, echaba de menos a nuestra madre, incisiva y profunda\u00ad mente.<\/p>\n\n\n\n<p>No pod\u00eda creer que mi madre, mi hermana, Elise y todas las mujeres que hab\u00eda conocido me hubieran ocultado una cosa tan importante. Y, sobre todo, no pod\u00eda creer que esto solo nos pasara a nosotras. Qui\u00e9n se iba a acordar de explicar\u00ad le eso a una ni\u00f1a en medio de una guerra. A una ni\u00f1a que crece lejos de su casa, qui\u00e9n iba a hablarle de nada.<\/p>\n\n\n\n<p>En el oto\u00f1o de 1940, meses despu\u00e9s de que acabara la guerra, Elise se dio cuenta de que yo ya no era la ni\u00f1a rebel\u00ad de que lleg\u00f3, que aquella indocilidad estaba desapareciendo, dando lugar a algo peor, a la tristeza. As\u00ed que decidi\u00f3 volver a escribir a la familia exigiendo noticias. Las ni\u00f1as est\u00e1n bien, pero quieren saber. Nadie respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando pienso en aquello, se me pone r\u00edgida la espalda, mira las manos, no puedo abrirlas. Es un escalofr\u00edo. No es miedo. Es otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa sabes que nosotras no rez\u00e1bamos. Acaso nos persign\u00e1\u00adbamos con desma\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Am\u00e9n, dec\u00edan. Pues am\u00e9n nosotras.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando tienes urgencia por llenarte el est\u00f3mago, se te olvida que puedes alimentar tambi\u00e9n otras partes. Pues esa noche Amelia tuvo algo de fiebre y daba vueltas en la cama. La ayu\u00add\u00e9 a cambiarse el camis\u00f3n empapado. Le traje un vaso de agua y la desarrop\u00e9 para que bajara la temperatura. Ten\u00eda las me\u00adjillas con dos chapas amoratadas y calientes y las manos hela\u00ad das. Elise hab\u00eda estado toda la tarde con ella. Ser\u00e1 mejor que duerma. Vig\u00edlala, <em>petite<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sent\u00e9 a los pies de su cama y empec\u00e9 a hablar para distraerla. \u00bfTe acuerdas de cu\u00e1ndo apareciste toda blanca por\u00ad que te hab\u00edas ca\u00eddo contra los sacos de la harinera? Mam\u00e1 di\u00adjo que, si pudiera, te freir\u00eda en la sart\u00e9n. Con la flaqueza de la memoria de los pocos a\u00f1os, recordamos tambi\u00e9n el temblor de las bombas, c\u00f3mo hab\u00edan ido desapareciendo los hom\u00adbres de las casas, la feria suspendida de aquel verano, las calles cada vez m\u00e1s vac\u00edas. Antes de meterme en la cama, le dije a Amelia que le iba a hacer una infusi\u00f3n con miel. Y baj\u00e9 las escaleras a oscuras. Desde el recibidor, o\u00ed la voz de Elise en el comedor. Parada en el rellano, vi c\u00f3mo la puerta de la calle dio un portazo. Ivo se alejaba de la casa bajo el paraguas. Pero Elise segu\u00eda hablando y hablando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY con qui\u00e9n?, dir\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a subir porque me pareci\u00f3 raro. Parec\u00eda que hab\u00eda alguien con ella. \u00bfA estas horas? Es imposible, nunca nos visi\u00adtaban despu\u00e9s del atardecer. Le di la mano a Amelia y le hice un gesto para que no hablara. Fuimos bajando poco a poco los pelda\u00f1os. De puntillas. Como si nuestro cuerpo peque\u00f1o fuera capaz de hacer alg\u00fan ruido contra la moqueta mullida. Todos los dedos de nuestros pies hundi\u00e9ndose en la lana cla\u00adra del suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las puertas del comedor estaban cerradas, pero quedaba entre ellas una leve ranura. Dos velas altas iluminaban la ha\u00adbitaci\u00f3n. Elise estaba de espaldas a nosotras, sentada en una silla. Ten\u00eda las palmas extendidas sobre la mesa y la cabeza apoyada en el respaldo. Estuvo mucho rato en silencio. Pero luego empez\u00f3 a hablar otra vez, primero en voz baja y sin que pudi\u00e9ramos entenderla, hasta que grit\u00f3: Cristales, crista\u00ad les. Y luego cristales y el ni\u00f1o tiene tos. El ni\u00f1o tose. Cristales, cristales. Y mandaba callar a alguien agitando la mano arriba y abajo. Y dec\u00eda que silencio. O mandaba a alguien que man\u00ad dara callar a otra persona. Nos asustamos, porque en la voz de Elise hab\u00eda una cavernosidad diferente, surg\u00eda de un lugar m\u00e1s profundo que su garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no s\u00e9, te digo, qu\u00e9 estaba pasando all\u00ed, al otro lado de la puerta. Si me preguntas, hoy en d\u00eda, no s\u00e9 explic\u00e1rmelo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEstaba loca Elise? Ni idea.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la ma\u00f1ana, cuando baj\u00e9 para anunciar que Amelia es\u00adtaba mejor, me la encontr\u00e9 sentada en camis\u00f3n delante de una taza de caf\u00e9 en esa misma mesa del comedor.Aquella mu\u00adjer no hab\u00eda dormido. En el centro, hab\u00eda un balde de cristal lleno de agua. Me sonri\u00f3 y extendi\u00f3 hacia m\u00ed un papel do\u00adblado. En ese papel, en una letra casi indescifrable, hab\u00eda es\u00adcrito:<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestra madre ha vuelto a casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestro padre no.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo est\u00e1 quieto. Todo est\u00e1 mojado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Va a llegar una carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sonri\u00f3 y se levant\u00f3 y subi\u00f3 a su dormitorio. No volvi\u00admos a verla en todo el d\u00eda. No pregunt\u00e9 nada m\u00e1s porque entend\u00ed que en el silencio de Elise hab\u00eda algo que no se pod\u00eda abordar. Agradec\u00ed que mi hermana hubiera decidido acom\u00adpa\u00f1arme en aquella expedici\u00f3n; si no, habr\u00eda pensado que todo hab\u00eda sido una pesadilla. O que yo tambi\u00e9n estaba en\u00ad ferma y las dos delir\u00e1bamos. Amelia y yo nunca insistimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, fuimos testigos de c\u00f3mo algunos hombres y mu\u00adjeres llegaban de noche, cuando nosotras ya est\u00e1bamos en la cama, y ella les hablaba, con la cabeza siempre echada hacia atr\u00e1s en la silla y las manos abiertas sobre la mesa, todos los dedos extendidos, de gente que hab\u00edan perdido, les anunciaba la cura de enfermedades, cu\u00e1ndo iban a encontrar a alguien que les quisiera. Elise nunca dec\u00eda nada malo en aquellas se\u00ad siones. Ivo siempre se marchaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Si te digo la verdad, no s\u00e9 bien qu\u00e9 parte llegu\u00e9 a com\u00ad prender cuando era ni\u00f1a y cu\u00e1l no y qu\u00e9 parte entiendo aho\u00ad ra. Qu\u00e9 asum\u00ed como una forma de vivir en esa casa. He re\u00adnunciado a encontrar las razones. Qu\u00e9 de todo aquello no me importaba conocer. Pero nunca tuvimos miedo. Porque Elise no daba miedo. Jam\u00e1s nos meti\u00f3 miedo, no existieron las ame\u00ad nazas. Nada de eso llegaba a trascender hasta la luz del d\u00eda. Amelia y yo grabamos aquellas palabras con nosotras y guar\u00ad damos el papel.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1brelo, es ese que tienes ah\u00ed. F\u00edjate desde qu\u00e9 antig\u00fcedad vienen esas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>La carta lleg\u00f3. Nuestra madre no se extend\u00eda demasiado. Se alegraba de que sus ni\u00f1as estuvieran vivas, sanas, agradec\u00eda todos los cuidados de Ivo y Elise. Contaba que su hermana hab\u00eda tenido otro ni\u00f1o. Que sus hermanos segu\u00edan en pri\u00ad si\u00f3n. Que nuestro edificio volv\u00eda a estar, poco a poco, habi\u00adtado. Y que pronto podr\u00edamos estar todas juntas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella carta inici\u00f3 una cuenta atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la segunda gran guerra toc\u00f3 B\u00e9lgica, nos despedimos de Elise y de Ivo y regresamos a Espa\u00f1a. Elise llor\u00f3 desde d\u00edas antes de que nos march\u00e1ramos. En la estaci\u00f3n de trenes de Bruselas, antes de subir al vag\u00f3n, me entreg\u00f3 a Marie. Le ha\u00adb\u00eda cambiado el pelo de lana por mechones de su propio pelo rubio. Si me acercaba la cabeza a la nariz, pod\u00eda aspirar el olor del jab\u00f3n de Elise.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez, dej\u00e1bamos atr\u00e1s un pa\u00eds cercado por la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, sub\u00ed la mu\u00f1eca al trastero. Tu madre lleg\u00f3 a conocerla y jug\u00f3 con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo empec\u00e9 a pensar que esa mu\u00f1eca solo tra\u00eda desgracias a las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s, ya s\u00e9 que lo sabes, pero jam\u00e1s pongas un balde de agua sobre una mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>La mu\u00f1eca la puedes buscar, estar\u00e1 arriba. Ve a por ella si quieres.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa sabr\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de hoy y hasta el s\u00e1bado, publicamos cada d\u00eda extractos de las cinco novelas finalistas <a href=\"https:\/\/3466.eu\/es\/\" \/>del Premio Grand Continent<\/a>, que se entregar\u00e1 el domingo 18 de diciembre en el 3466, en el coraz\u00f3n del macizo del Mont Blanc. 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