{"id":11637,"date":"2022-12-09T06:01:00","date_gmt":"2022-12-09T06:01:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=11637"},"modified":"2022-12-09T18:13:35","modified_gmt":"2022-12-09T18:13:35","slug":"por-una-ecologia-epicurea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/12\/09\/por-una-ecologia-epicurea\/","title":{"rendered":"Por una ecolog\u00eda epic\u00farea"},"content":{"rendered":"\n
Medio siglo despu\u00e9s de la primera Cumbre de la Tierra, la destrucci\u00f3n de la vida contin\u00faa a gran escala y las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando inexorablemente. Esta incapacidad para cambiar de rumbo se explica, sobre todo, por la resistencia de los pilares de la econom\u00eda del carbono, de los que las multinacionales de combustibles f\u00f3siles constituyen la punta de lanza. Sin embargo, estos obst\u00e1culos objetivos no bastan para explicar nuestra inercia. Si avanzamos tan lentamente, tambi\u00e9n se debe a que no logramos convencer a la gente de que cambiar radicalmente nuestros modos de producci\u00f3n y consumo no significa necesariamente renunciar, sino que, al contrario, puede ser sin\u00f3nimo de progreso para la inmensa mayor\u00eda de los seres humanos.<\/p>\n\n\n\n
La cr\u00edtica del mundo actual como requisito previo para un movimiento hacia otra forma de organizaci\u00f3n social est\u00e1 cada vez mejor documentada. La historia de los hechos y las ideas nos ense\u00f1a que, al buscar la libertad en la abundancia, perdimos el sentido de los l\u00edmites, ya sean naturales o fisiol\u00f3gicos humanos <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Anclados en el r\u00e9gimen capitalista, nuestros modos de producci\u00f3n y consumo tambi\u00e9n refuerzan las relaciones de dominaci\u00f3n patriarcales y coloniales<\/a>. Las luchas sociales, feministas, ecologistas y antirracistas podr\u00edan converger te\u00f3ricamente <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> y sentar las bases de esta \u00abclase ecol\u00f3gica\u00bb, cuyos contornos ha tratado de definir Bruno Latour en sus recientes intervenciones <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, una cr\u00edtica social, por poderosa que sea, no basta para derribar las relaciones de dominaci\u00f3n. Las revoluciones democr\u00e1ticas y sociales de los tres \u00faltimos siglos no habr\u00edan podido derribar las instituciones de los viejos \u00f3rdenes si no hubieran movilizado una visi\u00f3n del mundo, un imaginario y s\u00edmbolos que indicaran el horizonte deseable. Sin embargo, las diversas formas de ecolog\u00eda pol\u00edtica que se han afirmado a lo largo del \u00faltimo medio siglo no han logrado, por el momento, concebir una \u00e9tica p\u00fablica lo suficientemente poderosa como para enfrentarse al ethos de acumulaci\u00f3n, consumo y distinci\u00f3n en el que se basa el r\u00e9gimen capitalista. Cuando enunci\u00f3 su Principio de responsabilidad<\/em>, en 1979, el fil\u00f3sofo alem\u00e1n Hans Jonas, quien a\u00fan es una referencia importante en los c\u00edrculos ecologistas, apost\u00f3 por un nuevo ascetismo. Puesto que \u00aben la era de la civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica, que se ha vuelto ‘todopoderosa’ […], el hombre se ha vuelto peligroso no s\u00f3lo para s\u00ed mismo, sino para toda la biosfera\u00bb, seg\u00fan escribe, ha llegado el momento de sustituir la \u00ab\u00e9tica del progreso y la perfecci\u00f3n\u00bb, que domina el pensamiento occidental desde el siglo XVII, por una \u00ab\u00e9tica de la conservaci\u00f3n, de la preservaci\u00f3n y de la prevenci\u00f3n\u00bb <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span>. A contracorriente de una sociedad de consumo en r\u00e1pida expansi\u00f3n, afirma que \u00abla restricci\u00f3n, m\u00e1s que el crecimiento, debe convertirse en la consigna\u00bb <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span>. El ascetismo que el cristianismo hab\u00eda logrado imponerles a muchos en nombre del \u00abM\u00e1s All\u00e1\u00bb debe imponerse de nuevo, pero \u00aben nombre de este mundo\u00bb <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n Las revoluciones democr\u00e1ticas y sociales de los tres \u00faltimos siglos no habr\u00edan podido derribar las instituciones de los viejos \u00f3rdenes si no hubieran movilizado una visi\u00f3n del mundo, un imaginario y s\u00edmbolos que indicaran el horizonte deseable.<\/p>PAUL MAGNETTE<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Jonas no intent\u00f3 apoyar hist\u00f3ricamente su argumento. Sin embargo, podr\u00eda haber demostrado que todas las sociedades humanas han intentado definir sus l\u00edmites. Los pueblos cazadores-recolectores descritos por Marshall Sahlins, Pierre Clastres, James Scott y David Graeber inventaron mil maneras de impedir la acumulaci\u00f3n de riqueza y la concentraci\u00f3n de poder. Las principales escuelas filos\u00f3ficas de la antig\u00fcedad, la epic\u00farea y estoica, defend\u00edan los valores de la frugalidad y de la moderaci\u00f3n y sustentaban las leyes e instituciones que, en Grecia y Roma, limitaban el consumo conspicuo y obligaban a los m\u00e1s ricos a redistribuir parte de su riqueza (fiestas lit\u00fargicas, banquetes, juegos, espect\u00e1culos, reparto de trigo, etc\u00e9tera). Todas las religiones, el budismo, el tao\u00edsmo, el juda\u00edsmo, el cristianismo primitivo (y sus regeneraciones dominica y franciscana), el islam, etc\u00e9tera, de un modo u otro, glorificaban la pobreza. Las leyes suntuarias del Renacimiento regulaban severamente las formas de vestir, comer y salir de fiesta. El romanticismo moderno denunciaba el lujo y otros vicios de la civilizaci\u00f3n y celebraba la contemplaci\u00f3n de la naturaleza. Estos valores impregnaron la modernidad: el primer socialismo, al mismo tiempo que les promet\u00eda abundancia a los trabajadores hambrientos, movilizaba una imaginaci\u00f3n de frugalidad feliz que hac\u00eda eco de estas tradiciones. Nuestra sociedad del \u00abno limit<\/em>\u00ab <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> es, por lo tanto, la excepci\u00f3n y no la regla en la historia de la humanidad, lo que podr\u00eda hacer cre\u00edble la hip\u00f3tesis asc\u00e9tica de Jonas. Salvo que esta historia tambi\u00e9n demuestre que la frugalidad ha sido, generalmente, una norma impuesta por las \u00e9lites dirigentes (que rara vez la aplicaban para s\u00ed mismas) y cuando era verdaderamente voluntaria, a\u00fan era muy minoritaria <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Queda por inventarse la limitaci\u00f3n libremente consentida, aut\u00f3noma y democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n Desde que alcanzamos un nivel de abundancia que, en teor\u00eda, nos permitir\u00eda erradicar el reino de la necesidad y lo que queda de pobreza en nuestras sociedades hiperindustrializadas, los signos de agotamiento del ethos capitalista se han multiplicado. El mundo laboral es testigo privilegiado de ello, acumulando estr\u00e9s y agotamiento, trastornos musculoesquel\u00e9ticos y depresi\u00f3n, absentismo y oleadas de resignaci\u00f3n. A esto, se le a\u00f1ade la generalizaci\u00f3n de la \u00abinseguridad de la existencia\u00bb, predicha por Engels pocos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Marx, cuyos signos m\u00e1s notorios son los temores de exclusi\u00f3n o de degradaci\u00f3n, el sentimiento de anomia y de p\u00e9rdida de sentido y el sufrimiento causado por la degradaci\u00f3n de los medios de vida humanos y naturales. Por el contrario, la multiplicaci\u00f3n de experiencias que intentan escaparse de la l\u00f3gica de la mercantilizaci\u00f3n revela una aspiraci\u00f3n generalizada a otras relaciones sociales. Las reconversiones profesionales hacia sectores artesanales y de tama\u00f1o humano, la aspiraci\u00f3n a modos de trabajo m\u00e1s aut\u00f3nomos, las nuevas formas de vivienda, de alimentaci\u00f3n y de educaci\u00f3n basadas en la cooperaci\u00f3n, la lucha contra el despilfarro y la obsolescencia programada, el voluntariado, el compromiso con la preservaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n de los entornos naturales, el \u00e9xito de las disciplinas orientadas al cuidado del cuerpo y del alma, e, incluso, la moda de las terapias de desarrollo personal: todo ello expresa la b\u00fasqueda de relaciones naturales y sociales m\u00e1s tranquilas. Sin embargo, reconozc\u00e1moslo, estas se\u00f1ales pesan poco frente al poder er\u00f3tico del consumo, al poderoso deseo de distinci\u00f3n social y frente a los inmensos medios financieros movilizados por el r\u00e9gimen capitalista y su aparato de propaganda. La propia izquierda, ya sea pol\u00edtica o sindical, parece haber renunciado a afirmar que, m\u00e1s all\u00e1 de un cierto nivel de prosperidad, indispensable para llevar una vida digna y plena, la acumulaci\u00f3n de riqueza y el consumo no traen la felicidad. Cuando la izquierda renuncia a fundar una \u00e9tica aut\u00f3noma y abandona el principio del placer en manos de otros <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span>, deja el campo libre al imaginario capitalista. <\/p>\n\n\n\n En sus primeros a\u00f1os, el movimiento obrero no promet\u00eda construir una nueva Esparta. \u00abNo somos ascetas; necesitamos la vida ancha\u00bb, exclam\u00f3 Jaur\u00e8s, en respuesta a los burgueses que le reprochaban querer imponerles un estilo de vida austero. Y, aunque no defini\u00f3 lo que abarcaba su llamado a la \u00abvida ancha\u00bb, de su lectura, se adivina que no se trataba de reproducir el estilo de vida ocioso y filisteo de la burgues\u00eda de la Belle \u00c9poque, sino de crear las condiciones materiales que le permitieran a cada ser humano expresar las capacidades de asombro y creaci\u00f3n inscritas en sus facultades f\u00edsicas, morales y est\u00e9ticas. El socialismo, pues, se concibi\u00f3 como una moral y trat\u00f3 de oponer al materialismo vulgar del mundo del dinero un ideal de voluptuosidad frugal y de goce inmaterial <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n Cuando la izquierda renuncia a fundar una \u00e9tica aut\u00f3noma y abandona el principio del placer en manos de otros, deja el campo libre a la imaginaci\u00f3n capitalista. <\/p>paul magnette<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n En este sentido, resucitaba el epicure\u00edsmo, el intento m\u00e1s antiguo conocido de fundar una \u00e9tica del placer. Caricaturizada por el cristianismo porque rechazaba las doctrinas de la creaci\u00f3n divina y de la inmortalidad del alma, la doctrina de Epicuro fue percibida durante mucho tiempo, y hasta la fecha, como pura apolog\u00eda del goce, centrada en lo inmediato, que ignoraba las responsabilidades colectivas y futuras y que se deslizaba r\u00e1pidamente hacia la lujuria y la depravaci\u00f3n. Sin embargo, si la filosof\u00eda de Epicuro (a la que el joven Marx dedic\u00f3 su tesis doctoral), es, efectivamente, materialista, no es, en absoluto, una invitaci\u00f3n al goce desinhibido. Al sustituir la b\u00fasqueda del placer por la definici\u00f3n de un bien abstracto, funda una \u00abdisciplina de los deseos\u00bb <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Epicuro clasifica los placeres en tres categor\u00edas: los que son naturales y necesarios (nuestras necesidades b\u00e1sicas), los que son naturales, pero no necesarios (la carne y la comida), y los que no son ni lo uno ni lo otro (los \u00abdeseos vac\u00edos\u00bb). Invita a sus disc\u00edpulos a cultivar los primeros, a medir los segundos y a expulsar los \u00faltimos. El secreto de una vida libre de los disgustos del cuerpo y de las angustias del alma reside en la capacidad de no ceder al lujo ni a la lujuria ni al deseo de dominio ni de gloria o de inmortalidad: es aceptar nuestra inevitable senectud, disfrutar del momento presente y recordar las alegr\u00edas del pasado, cultivar la amistad, contemplar la naturaleza y abrir la conciencia al sentido de la existencia <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span>. <\/p>\n\n\n\n La \u00e9tica de Epicuro se vive en la meditaci\u00f3n practicada en soledad o amistad y promete, para quienes la practican, no experimentar \u00abning\u00fan problema ni en sue\u00f1os ni en vigilia\u00bb, vivir \u00abcomo un Dios entre los hombres\u00bb (Carta a Meneco). \u00c9sta es su principal debilidad: limitado a ejercicios espirituales, parece a priori<\/em> mal equipado para apoyar una pr\u00e1ctica pol\u00edtica; su rechazo expl\u00edcito a cualquier forma de compromiso c\u00edvico le valdr\u00e1 el eterno reproche de los estoicos. Sin embargo, toda doctrina acaba por eludir a su fundador y a sus primeros disc\u00edpulos. Redescubierto en la Italia humanista del quattrocento, donde le ofreci\u00f3 un \u00fatil contrapeso al providencialismo cristiano, el epicure\u00edsmo inspir\u00f3 una moral p\u00fablica que pretend\u00eda conciliar la disciplina de los deseos con la implicaci\u00f3n en los asuntos de la ciudad. Maquiavelo le dio la expresi\u00f3n m\u00e1s poderosa a esta moral, que luego alimentaron Spinoza, Harrington, Montesquieu, Rousseau, los socialistas ut\u00f3picos y el joven Marx… A la idea de libertad postulada por los liberales, basada en la protecci\u00f3n de los derechos personales frente a cualquier intervenci\u00f3n p\u00fablica, se le opone, desde entonces, otra idea de libertad que resucita el antiguo ideal de compromiso con la ciudad <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span>. En esta visi\u00f3n de la libertad, frugalidad y autonom\u00eda son inseparables; compromiso c\u00edvico e inscripci\u00f3n en la naturaleza est\u00e1n \u00edntimamente vinculados, como recordaban Montesquieu y Rousseau, ambos lectores de Maquiavelo. En estos t\u00e9rminos, razonaron los primeros movimientos socialistas y libertarios, que prefiguraron la conciencia ecol\u00f3gica <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span>, y esta uni\u00f3n fue la conexi\u00f3n que intentaron revivir los primeros te\u00f3ricos del ecosocialismo, desde Andr\u00e9 Gorz y Cornelius Castoriadis hasta Murray Bookchin.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, esta \u00e9tica del placer no ha logrado imponerse en el \u00e1mbito pol\u00edtico. En 1977, el dirigente comunista italiano Enrico Berlinguer llam\u00f3 al movimiento obrero a \u00abtomar la bandera de la austeridad\u00bb <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>: al \u00abconsumo privado, fuente de parasitismo y de privilegios\u00bb, una austeridad de izquierda deb\u00eda oponerle una \u00abnueva moral\u00bb <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span>, basada en los valores de \u00abracionalidad, rigor, justicia, goce de los bienes aut\u00e9nticos, es decir, cultura, educaci\u00f3n, salud, relaci\u00f3n sana y libre con la naturaleza\u00bb <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Maquiavelo no habr\u00eda dicho otra cosa. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el presidente dem\u00f3crata estadounidense Jimmy Carter declar\u00f3 en un solemne discurso para la naci\u00f3n norteamericana: \u00abDescubrimos que poseer y consumir cosas no satisface nuestro deseo de sentido. Hemos aprendido que la acumulaci\u00f3n de bienes materiales no puede llenar el vac\u00edo de vidas sin confianza ni prop\u00f3sito\u00bb. Sonar\u00eda como Epicuro. No obstante, estos llamados duraron tanto como las rosas. Unos meses m\u00e1s tarde, Ronald Reagan gan\u00f3 las elecciones presidenciales estadounidenses y dio una nueva encarnaci\u00f3n a la fantas\u00eda del consumo desenfrenado, que, m\u00e1s tarde, encontr\u00f3 representaciones hipertrofiadas en Silvio Berlusconi y Donald Trump. Desde entonces, la codicia, la arrogancia, el desprecio y la obscenidad se han convertido en una nueva moral p\u00fablica <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Y cualquier intento de limitar la acumulaci\u00f3n de riqueza, el consumo o la dominaci\u00f3n por parte de los hombres blancos ricos es juzgado instant\u00e1neamente como \u00abwokismo\u00bb y ecologismo punitivo.<\/p>\n\n\n\n La izquierda no puede esperar invertir la tendencia si se contenta con corregir el r\u00e9gimen y el imaginario cuyos s\u00edntomas son Berlusconi y Trump. Reagan y Thatcher comprendieron que s\u00f3lo una ruptura radical podr\u00eda acabar con la hegemon\u00eda del paradigma socialdem\u00f3crata y la izquierda contempor\u00e1nea deber\u00eda recordarlo. Esto implica dejar de ver la transici\u00f3n clim\u00e1tica como un reto puramente tecnol\u00f3gico, admitir que el capitalismo verde es una contradicci\u00f3n por definici\u00f3n <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span> y pensar en una amplia planificaci\u00f3n ecol\u00f3gica y social para tomar al capitalismo por los cuernos <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Esto ya era la apuesta de Jaur\u00e8s: una \u00abevoluci\u00f3n revolucionaria\u00bb para introducir \u00aben la sociedad actual formas de propiedad que la contradigan y la superen, que anuncien y preparen la nueva sociedad y que, por su fuerza org\u00e1nica, aceleren la disoluci\u00f3n del viejo mundo\u00bb <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span> -lo que hoy llamar\u00edamos \u00abbucles o circuitos de retroacci\u00f3n\u00bb pol\u00edtica-. No hay que olvidar que la transformaci\u00f3n de las estructuras de la sociedad no deja de ser fr\u00e1gil si no va acompa\u00f1ada de la correspondiente evoluci\u00f3n cultural y moral. \u00abSon muchos\u00bb, escribi\u00f3 el soci\u00f3logo y combatiente de la Resistencia Georges Friedmann, \u00abquienes se absorben por completo en la pol\u00edtica militante, en la preparaci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Social. Raros, muy raros son aquellos quienes, para preparar la Revoluci\u00f3n, quieren hacerse dignos de ella\u00bb <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n La transformaci\u00f3n de las estructuras de la sociedad no deja de ser fr\u00e1gil si no va acompa\u00f1ada de la correspondiente evoluci\u00f3n cultural y moral.<\/p>paul magnette<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Los \u00abpeque\u00f1os gestos\u00bb de los pioneros de la transici\u00f3n anticipan el movimiento: los ciudadanos que se implican en jardines compartidos, caf\u00e9s locales, viviendas compartidas, protecci\u00f3n de la biodiversidad, escuelas alternativas… no podr\u00e1n contrarrestar el poder del capital, pero contribuyen a demostrar la posibilidad de otro mundo y a difundir una contracultura. El reto es amplificar el movimiento, pasar de una peque\u00f1a escala a la hegemon\u00eda cultural. Desde este punto de vista, la historia del movimiento obrero es rica en ense\u00f1anzas que podr\u00edan aprovecharse mejor. Desde su fundaci\u00f3n y hasta el giro neoliberal, la izquierda europea siempre ha intentado remodelar simult\u00e1neamente las relaciones sociales y la conciencia, la vida material y la cultura. La experiencia de los \u00abreg\u00edmenes socialdem\u00f3cratas\u00bb demuestra que las libertades sindicales, la fiscalidad progresiva, la inversi\u00f3n en servicios p\u00fablicos y la seguridad social reducen las desigualdades y refuerzan la cohesi\u00f3n social y la salud p\u00fablica <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span>, pero tambi\u00e9n que estas instituciones alimentan a su vez el sentido de la solidaridad y las preferencias pol\u00edticas por soluciones colectivas <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Tras un siglo de reformas encaminadas a desjerarquizar las relaciones sociales, es posible identificar opciones pol\u00edticas que pueden amplificar e intensificar la transici\u00f3n clim\u00e1tica y transformar tanto nuestros modelos de producci\u00f3n y consumo como nuestras relaciones sociales y nuestras preferencias morales.<\/p>\n\n\n\n Hay que rehabilitar la norma. Gravar los comportamientos nocivos no basta para erradicarlos, aumenta las desigualdades entre quienes pueden seguir disfrutando de ellos y quienes no y alimenta un sentimiento general de inequidad. Los debates que suscita la norma revitalizan el espacio p\u00fablico democr\u00e1tico, como demuestra la historia de las normativas centradas en la salud, el tiempo y las condiciones de trabajo, la seguridad vial, la contaminaci\u00f3n del agua y del aire, etc\u00e9tera. Basar las opciones de producci\u00f3n en valores colectivos y no en las decisiones de los consumidores individuales evita enfrentar a los grupos sociales y refuerza el sentido com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n Debemos gravar a los m\u00e1s ricos: producen infinitamente m\u00e1s CO2 que otros grupos sociales; su estilo de vida determina los niveles de consumo de la sociedad en general; la concentraci\u00f3n de riqueza corrompe la democracia; no se le puede pedir al gran p\u00fablico que reduzca su consumo si una oligarqu\u00eda se sale de la regla com\u00fan y sigue disfrutando de un placer sin trabas.<\/p>\n\n\n\n Los servicios p\u00fablicos (educaci\u00f3n, salud, vivienda, movilidad, alimentaci\u00f3n, cultura, acceso a la naturaleza, etc\u00e9tera) deben desarrollarse porque ofrecen las respuestas m\u00e1s ahorradoras de recursos a las necesidades humanas b\u00e1sicas, porque crean empleo fuera de la l\u00f3gica del mercado y porque fomentan la cohesi\u00f3n social y el apego a los bienes comunes.<\/p>\n\n\n\n Si el advenimiento de una nueva moral p\u00fablica no puede decretarse, tampoco es el resultado de transformaciones culturales insondables.<\/p>paul magnette<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Hay que repartir mejor el trabajo necesario y establecer una garant\u00eda de empleo para todos porque la transici\u00f3n hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono destruir\u00e1 millones de puestos de trabajo y no preverlo no har\u00e1 sino alimentar la inseguridad de la existencia y crear generaciones de opositores a la transici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n \u00c9stos son s\u00f3lo algunos ejemplos. Nos recuerdan que el advenimiento de una nueva moral p\u00fablica no puede decretarse ni es el resultado de insondables transformaciones culturales. Todas las civilizaciones anteriores a la nuestra han intentado limitar la acumulaci\u00f3n de riqueza y la concentraci\u00f3n de poder. E incluso la sociedad productivista, en los momentos en los que tom\u00f3 conciencia de la gravedad del asunto, fue capaz de imponerse esos l\u00edmites, como demuestran las legislaciones que limitan la jornada laboral o gravan los ingresos muy elevados tras las grandes recesiones y guerras. Si la producci\u00f3n y el consumo desenfrenados causan los desastres ecol\u00f3gicos y humanos que conocemos y si el ascetismo no es una receta para el \u00e9xito, \u00bfpor qu\u00e9 no intentar redescubrir el placer que proviene de los l\u00edmites libremente consentidos?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":" El advenimiento de una nueva moral p\u00fablica no puede decretarse. Pero buscando el placer dentro de unos l\u00edmites libremente consentidos, es posible crear un poderoso imaginario social para estructurar la ecolog\u00eda pol\u00edtica. Una pieza de doctrina de Paul Magnette.<\/p>\n","protected":false},"author":1366,"featured_media":11642,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-editorials.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_trash_the_other_posts":false,"footnotes":""},"categories":[98],"tags":[],"geo":[198],"class_list":["post-11637","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-energia-y-medio-ambiente","staff-paul-magnette","geo-mundo"],"acf":[],"yoast_head":"\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Necesitamos la vida<\/strong> ancha <\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Pensar los circuitos de retroacci\u00f3n pol\u00edtic<\/strong>os<\/h2>\n\n\n\n
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