{"id":114332,"date":"2026-10-08T10:32:04","date_gmt":"2026-10-08T08:32:04","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=114332"},"modified":"2026-10-08T10:32:46","modified_gmt":"2026-10-08T08:32:46","slug":"marco-rubio-inventa-el-occidente-de-trump","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/10\/08\/marco-rubio-inventa-el-occidente-de-trump\/","title":{"rendered":"Marco Rubio inventa el Occidente de Trump"},"content":{"rendered":"\n
Es muy posible que el nuevo orden post-Trump haya encontrado ya su texto fundacional. El discurso pronunciado este mi\u00e9rcoles 7 de octubre por Marco Rubio en la Pnyx, frente a la Acr\u00f3polis, hace eco del que pronunci\u00f3 en la conferencia de M\u00fanich<\/a>. <\/p>\n\n\n\n En febrero, el secretario de Estado plante\u00f3 el colapso como una opci\u00f3n e inst\u00f3 a Europa a rechazar el \u00abdeclive controlado\u00bb. En Atenas, anclar\u00e1 este voluntarismo en una Antig\u00fcedad reconstruida en la que Le\u00f3nidas, Aquiles, Alejandro y Cort\u00e9s formar\u00e1n un \u00fanico linaje, el de un Occidente conquistador del que Washington se erige ahora en depositario y \u00e1rbitro.<\/p>\n\n\n\n El diagn\u00f3stico no ha cambiado desde que la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de diciembre de 2025 dejara entrever para Europa una \u00abdesaparici\u00f3n civilizacional\u00bb. Tampoco lo ha hecho la respuesta europea.\u00a0<\/p>\n\n\n\n El contexto griego no es neutro. A finales de septiembre, el Wall Street Journal<\/em> hizo eco de unas declaraciones realizadas en marzo en Atenas por la embajadora estadounidense, Kimberly Guilfoyle. Al referirse a la ca\u00edda del gobierno rumano de Ilie Bolojan, supuestamente le asegur\u00f3 a un ministro griego que Washington pod\u00eda hacer lo mismo en cualquier pa\u00eds. Stavros Papastavrou le habr\u00eda respondido que ninguna potencia pod\u00eda sustituir a un gobierno elegido por los votantes griegos. Su abogado niega esta versi\u00f3n, pero el asunto le ha valido a la embajadora una investigaci\u00f3n iniciada el 1 de octubre por el dem\u00f3crata Gregory Meeks.<\/p>\n\n\n\n Desde Ruman\u00eda hasta Alemania, Mosc\u00fa y Washington apoyan, por diferentes motivos, a las mismas fuerzas de extrema derecha. El discurso de Atenas esboza la doctrina de esta convergencia: la de un Norte global que define la civilizaci\u00f3n en t\u00e9rminos de poder, fronteras y ascendencia. Queda la pregunta que plantea J\u00f6rg Lau: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 los europeos permiten que los adversarios de la Uni\u00f3n utilicen su patrimonio como utiler\u00eda para su propaganda?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Hay grandes ruinas por todo el mundo. A menudo son lugares en los que la historia parece haberse agotado: vestigios de culturas lejanas, que hace tiempo que han desaparecido de la memoria viva.<\/p>\n\n\n\n En M\u00fanich, Rubio ya se refer\u00eda a las ruinas de 1945<\/a>. El inicio de su discurso sobre la Pnyx retoma un topos que va desde Gibbon hasta Spengler, pasando por Los hombres y las ruinas,<\/em> de Julius Evola. Si bien la profec\u00eda del declive de Occidente<\/a> suele servir de base ideol\u00f3gica para el ataque contra la democracia liberal, las ruinas del Parten\u00f3n son, sin embargo, testimonio de un choque de civilizaciones parad\u00f3jico. Convertido en polvor\u00edn por los otomanos, el templo vol\u00f3 por los aires en 1687 tras el impacto de un ob\u00fas veneciano, disparado por un ej\u00e9rcito de la Liga Santa cristiana. <\/p>\n\n\n\n Pero la Acr\u00f3polis es diferente.<\/p>\n\n\n\n Desde hace miles de a\u00f1os, la civilizaci\u00f3n que construy\u00f3 lo que se alza a mis espaldas cautiva la imaginaci\u00f3n del mundo occidental. Generaciones de nuestros estadistas, artistas y fil\u00f3sofos se han fijado en ella con asombro y con un temor respetuoso.<\/p>\n\n\n\n El paso del tiempo tiende a embotar los sentidos. Tanto las grandes victorias como las derrotas catastr\u00f3ficas parecen reducirse a una nota a pie de p\u00e1gina en un libro de texto, un hecho m\u00e1s que nuestros estudiantes aprenden y luego olvidan. Pero los griegos de la Antig\u00fcedad ejercen sobre nuestra memoria un influjo casi m\u00edstico. Nos atraen hacia ellos, una y otra vez.<\/p>\n\n\n\n En el a\u00f1o 480 a. C., los ej\u00e9rcitos de Jerjes llegaron a esta ciudad e incendiaron sus santuarios. La mayor\u00eda de los atenienses ya hab\u00edan sido evacuados en barco a una isla cercana. Pero un pu\u00f1ado de ellos se hab\u00eda negado a abandonar sus hogares. Se atrincheraron en la fortaleza rocosa de la Acr\u00f3polis para librar una \u00faltima y extraordinaria batalla. Hicieron rodar enormes piedras desde lo alto de los acantilados sobre los invasores persas y mantuvieron a raya, durante d\u00edas, al imperio m\u00e1s grande de la \u00e9poca. Al final, acabaron siendo abrumados. Los persas saquearon los templos, incendiaron los santuarios y arrasaron la Acr\u00f3polis. Pero, a su regreso, los atenienses recogieron los escombros de la antigua Acr\u00f3polis y los enterraron en la colina donde se hab\u00eda alzado. Unas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, bajo el mandato de Pericles, erigieron el Parten\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n El eco del enfrentamiento entre persas y griegos que se desprende de este discurso es ampliamente destacado y objeto de burla en su variante mem\u00e9tica, a partir de los callejones sin salida de la guerra librada por la administraci\u00f3n de Trump en Ir\u00e1n. Sin embargo, el relato de Rubio se basa en una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea. Her\u00f3doto cuenta, en efecto, que los que se hab\u00edan quedado cre\u00edan que la \u00abmuralla de madera\u00bb prometida por la Pitia contra los persas se refer\u00eda a la empalizada de la Acr\u00f3polis, mientras que el estratega ateniense Tem\u00edstocles hab\u00eda comprendido que se trataba de la flota. La decisi\u00f3n que salv\u00f3 a Atenas fue, por tanto, la contraria a la que Rubio ensalza: abandonar la ciudad para luchar en el mar. Cabe se\u00f1alar, adem\u00e1s, que la victoria de Salamina fue obra de los tetes, los ciudadanos m\u00e1s pobres que remaban.<\/p>\n\n\n\n Desde hace veinticinco siglos, el Parten\u00f3n sigue en pie. A su sombra han surgido y se han derrumbado imperios. Y los descendientes de los hombres que lo construyeron, los hijos de Atenas y Roma, han llevado su civilizaci\u00f3n hasta los confines de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n Dos siglos y medio despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica de Estados Unidos, en el otro extremo del mundo, me encuentro hoy aqu\u00ed como secretario de Estado de esta Rep\u00fablica y bisnieto de colonos que llegaron desde Espa\u00f1a al Nuevo Mundo. Vengo a dar testimonio de una deuda que ni el paso del tiempo ni la distancia podr\u00e1n borrar jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n La historia de Estados Unidos, la historia de mi pa\u00eds, lleva por todas partes las huellas de la Antig\u00fcedad. Grecia est\u00e1, literalmente, grabada en la arquitectura de nuestro gobierno: en las inmensas columnas, en las c\u00fapulas y en los monumentos de nuestra capital. La ciudad donde naci\u00f3 nuestra Constituci\u00f3n, Filadelfia, lleva ella misma un nombre griego.<\/p>\n\n\n\n Los hombres que fundaron mi pa\u00eds estaban fascinados por el legado que recibimos del suyo. Conoc\u00edan la historia a la perfecci\u00f3n y eran muy conscientes del lugar \u00fanico que ocupaban en ella. Pero ninguna otra \u00e9poca del pasado captaba su atenci\u00f3n e imaginaci\u00f3n tanto como la Antig\u00fcedad. A mucha gente le sorprende saber que el autor m\u00e1s citado en los Federalist Papers<\/em> no es un fil\u00f3sofo de la Ilustraci\u00f3n ni un te\u00f3rico pol\u00edtico. No, es Plutarco, el bi\u00f3grafo griego de los grandes hombres de Grecia y Roma.<\/p>\n\n\n\n