a partir de 8 euros al mes.<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\nEn las grandes instituciones se observa a menudo una cierta tendencia a repetir lo que se hac\u00eda hasta ahora, una especie de sonambulismo. Eso es precisamente lo que est\u00e1 ocurriendo hoy en d\u00eda en el seno de la Uni\u00f3n en lo que respecta a las relaciones con \u00c1frica. Sin embargo, hay que romper sin m\u00e1s demora con esta rutina para lograr restablecer los v\u00ednculos con un continente que desempe\u00f1ar\u00e1 un papel esencial en el futuro del mundo en el siglo XXI. <\/p>\n\n\n\n
Una gran ola de democratizaci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n
Repasemos, en primer lugar, lo que ha ocurrido en \u00c1frica durante las \u00faltimas d\u00e9cadas. En la d\u00e9cada de los noventa, con la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn y el fin de la Guerra Fr\u00eda, surgi\u00f3 una esperanza leg\u00edtima en el continente africano: la de ver c\u00f3mo los reg\u00edmenes autocr\u00e1ticos que imperaban pr\u00e1cticamente en todas partes daban paso a reg\u00edmenes democr\u00e1ticos.<\/p>\n\n\n\n
Tras varias d\u00e9cadas en las que la mayor\u00eda de los pa\u00edses africanos hab\u00edan estado gobernados por reg\u00edmenes de partido \u00fanico, entre 1989 y 1994 se celebraron decenas de elecciones multipartidistas en el continente. Durante la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, 42 de los 48 pa\u00edses del \u00c1frica Subsahariana llevaron a cabo reformas democr\u00e1ticas. Treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la gran transformaci\u00f3n hist\u00f3rica que supuso la ola de independencias, se ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que \u00c1frica estaba atravesando de nuevo un cambio hist\u00f3rico. Por parte de Europa, esta din\u00e1mica cont\u00f3 con un amplio apoyo en aquella \u00e9poca, tanto en el plano pol\u00edtico como en el financiero.<\/p>\n\n\n\n
Las circunstancias variaban de un pa\u00eds a otro, pero la tendencia general era clara. Este movimiento ten\u00eda su origen principalmente en un sentimiento de gran frustraci\u00f3n entre las poblaciones africanas, cuya calidad de vida apenas hab\u00eda mejorado, o incluso nada, desde las independencias. Este punto es especialmente importante y no se ha tenido suficientemente en cuenta en Europa: las poblaciones africanas no participaron masivamente en las elecciones simplemente porque les guste votar o porque valoren la posibilidad de expresar su diversidad pol\u00edtica en las urnas. Acudieron a votar porque ten\u00edan grandes expectativas en cuanto a la mejora de la gobernanza y al progreso econ\u00f3mico y social.<\/p>\n\n\n\n
Desde entonces, los pa\u00edses africanos presentan un balance econ\u00f3mico que puede parecer positivo en t\u00e9rminos de crecimiento, pero que, en la pr\u00e1ctica, lo es mucho menos de lo que a menudo se cree. El periodo comprendido entre 1980 y 1995 fue desastroso. El escaso crecimiento econ\u00f3mico registrado se vio ampliamente superado por el crecimiento demogr\u00e1fico. A lo largo de esa d\u00e9cada y media, la renta per c\u00e1pita se redujo considerablemente.<\/p>\n\n\n\n
Los veinte a\u00f1os siguientes fueron mejores. Sin duda, gracias a las reformas econ\u00f3micas, pero sobre todo debido a la fuerte demanda internacional de materias primas africanas. Este periodo tambi\u00e9n se caracteriz\u00f3 por una afluencia de inversiones extranjeras directas, que, sin embargo, se centraron principalmente en el sector primario, en particular el petr\u00f3leo, el gas y los minerales. <\/p>\n\n\n\n
Un crecimiento econ\u00f3mico significativo, pero que hay que relativizar<\/h2>\n\n\n\n
Desde mediados de la d\u00e9cada de 1990 hasta mediados de la d\u00e9cada de 2010, el crecimiento econ\u00f3mico del continente fue significativo, con una tasa superior al 5 % anual. Un crecimiento del 5 % anual ser\u00eda un resultado formidable para las econom\u00edas europeas, pero en \u00c1frica hay que relativizar esa tasa. Por dos razones. En primer lugar, porque, debido a un crecimiento demogr\u00e1fico superior al 2 % anual, el crecimiento real de la renta per c\u00e1pita no es suficiente. En segundo lugar, porque muchas econom\u00edas africanas parten de un nivel extremadamente bajo y, por lo tanto, se encuentran inmersas en un proceso de recuperaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n
Desde hace diez a\u00f1os, por diversas razones, se observa de nuevo un crecimiento econ\u00f3mico m\u00e1s d\u00e9bil. En torno al 3-4 % anual, lo que apenas representa algo m\u00e1s del 1 % por habitante una vez tenido en cuenta el crecimiento demogr\u00e1fico. A esto se suma el hecho de que \u00c1frica es, junto con Am\u00e9rica Latina, la regi\u00f3n del mundo donde las desigualdades son mayores. Y estas desigualdades no han disminuido en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas. Se trata de uno de los factores m\u00e1s importantes que sigue frenando el desarrollo del continente.<\/p>\n\n\n\n
\u00c1frica es, en realidad, un continente extremadamente heterog\u00e9neo, por lo que hay que desconfiar de los discursos demasiado generales sobre ella. De hecho, cuenta con unos cincuenta pa\u00edses con historias, climas, culturas y realidades pol\u00edticas muy diversas. Pero para comprender las din\u00e1micas pol\u00edticas africanas, incluidas las internacionales, hay que tener muy presente que una gran parte de la poblaci\u00f3n africana sigue sintiendo una gran frustraci\u00f3n respecto a sus perspectivas econ\u00f3micas y sociales.<\/p>\n\n\n\n
La poblaci\u00f3n africana es la m\u00e1s joven del planeta. Es ambiciosa y posee los mismos talentos que en cualquier otra parte del mundo, a pesar de tener un nivel educativo m\u00e1s bajo. Al analizar su situaci\u00f3n actual y el camino recorrido en las \u00faltimas d\u00e9cadas, el sentimiento que predomina es el de la rebeli\u00f3n. En \u00c1frica reina un clima de profunda insatisfacci\u00f3n, no solo hacia los propios dirigentes, sino tambi\u00e9n hacia sus aliados tradicionales. Ah\u00ed es donde entra en juego Europa.<\/p>\n\n\n\n
Una Europa distra\u00edda<\/h2>\n\n\n\n
En las \u00faltimas d\u00e9cadas, Europa ha demostrado tener muy poca capacidad para comprender la situaci\u00f3n del continente y adaptarse a los cambios que ha experimentado. La Uni\u00f3n no ha permanecido inactiva durante este tiempo, pero s\u00ed se ha distra\u00eddo. <\/p>\n\n\n\n
Desde el inicio de la integraci\u00f3n europea y de las independencias africanas, se hab\u00eda establecido una relaci\u00f3n centrada en la ayuda al desarrollo con \u00c1frica, a trav\u00e9s de los convenios de Yaund\u00e9, posteriormente de Lom\u00e9 y, por \u00faltimo, del Acuerdo de Coton\u00fa. Fue fundamentalmente a trav\u00e9s de esos mecanismos \u2014impulsados en un primer momento en gran medida por Francia\u2014 como se produjo una europeizaci\u00f3n de las relaciones econ\u00f3micas con \u00c1frica. Sin embargo, el n\u00facleo de la relaci\u00f3n pol\u00edtica sigui\u00f3 estando m\u00e1s centrado en Par\u00eds y Londres que en Bruselas. En otras palabras, la estructura de las relaciones entre la Uni\u00f3n y los pa\u00edses africanos era tecnocr\u00e1tica y se centraba en el desarrollo econ\u00f3mico, pero carec\u00eda de una dimensi\u00f3n pol\u00edtica significativa y no gener\u00f3 una din\u00e1mica a ese nivel.<\/p>\n\n\n\n
A partir de la d\u00e9cada de 1990, tras el fin de la Guerra Fr\u00eda, Europa se repleg\u00f3 sobre s\u00ed misma, centrada en la tarea hist\u00f3rica de reunificar el continente europeo. Sin embargo, en el seno de la Comisi\u00f3n, unos pocos miles de funcionarios segu\u00edan dedic\u00e1ndose, de manera tecnocr\u00e1tica, a promover proyectos de cooperaci\u00f3n con los pa\u00edses africanos. Aunque los textos de los acuerdos pon\u00edan cada vez m\u00e1s de relieve la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de esta relaci\u00f3n, el di\u00e1logo segu\u00eda siendo, en realidad, esencialmente de car\u00e1cter t\u00e9cnico. La voluntad de interacci\u00f3n pol\u00edtica era muy limitada por parte de las instituciones europeas y las reuniones sol\u00edan estar dirigidas por directores generales o jefes de divisi\u00f3n, incluso cuando, al otro lado de la mesa, se sentaban presidentes, primeros ministros o ministros.<\/p>\n\n\n\n
Los nuevos pa\u00edses europeos no conocen \u00c1frica<\/h2>\n\n\n\n
En 2004, la Uni\u00f3n experiment\u00f3 una gran ampliaci\u00f3n con la adhesi\u00f3n de diez nuevos pa\u00edses, ocho de ellos de Europa Central y Oriental, a los que se sumaron poco despu\u00e9s Ruman\u00eda, Bulgaria y Croacia. Ninguno de estos nuevos Estados miembros mantiene relaciones pol\u00edticas significativas con el continente africano. Inevitablemente, el centro de gravedad de la Uni\u00f3n se ha desplazado hacia el este y el norte. Pa\u00edses como Espa\u00f1a, Portugal, Francia o Italia han hecho todo lo posible para que \u00c1frica y el Mediterr\u00e1neo siguieran siendo componentes importantes de la pol\u00edtica europea, pero la ampliaci\u00f3n ha jugado en gran medida en sentido contrario.<\/p>\n\n\n\n
Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, se produjo la gran crisis financiera. Durante varios a\u00f1os, las cumbres europeas se centraron en el rescate del euro y de varias econom\u00edas, lo que suscit\u00f3 las controversias que todos conocemos. Luego vinieron la anexi\u00f3n de Crimea por parte de Rusia, la enorme complejidad de las relaciones transatl\u00e1nticas desde la llegada de Donald Trump a Washington, la pandemia de COVID-19 y, posteriormente, la invasi\u00f3n rusa de Ucrania. Desde principios de la d\u00e9cada de 1990 hasta hoy, \u00c1frica dista mucho de figurar entre las prioridades de los responsables pol\u00edticos europeos.<\/p>\n\n\n\n
Tambi\u00e9n predominaba la idea de que las relaciones entre Europa y \u00c1frica se hab\u00edan estabilizado en general, a pesar de las crisis que pudiera atravesar tal o cual pa\u00eds del continente africano. En muchos casos, las \u00e9lites africanas hab\u00edan cursado sus estudios en Europa y enviaban all\u00ed a sus hijos a la universidad, sobre todo a Francia o al Reino Unido. Europa segu\u00eda siendo un referente para las poblaciones africanas y no parec\u00eda necesario prestar mucha atenci\u00f3n a las din\u00e1micas internas del continente, sobre todo porque hab\u00eda otras cuestiones m\u00e1s urgentes para los europeos.<\/p>\n\n\n\n
En otras palabras, para la Uni\u00f3n, las relaciones con \u00c1frica segu\u00edan su curso habitual, bajo la direcci\u00f3n de tecn\u00f3cratas. Estos estaban convencidos de que los millones de euros destinados a proyectos de desarrollo bastar\u00edan para resolver todos los posibles problemas o malentendidos.<\/p>\n\n\n\n
El nudo gordiano de las migraciones<\/h2>\n\n\n\n
Volvamos al continente africano para precisar los retos a los que se enfrenta. El primero tiene que ver con la demograf\u00eda. El crecimiento demogr\u00e1fico sigue siendo importante all\u00ed y contrasta con el estancamiento demogr\u00e1fico de Europa y la clara desaceleraci\u00f3n observada en casi todas las dem\u00e1s partes del mundo. En 1950, la poblaci\u00f3n europea era m\u00e1s del doble que la del continente africano. Hacia el a\u00f1o 2000, la poblaci\u00f3n africana super\u00f3 a la de Europa. Hoy, al final del primer cuarto del siglo XXI, \u00c1frica cuenta con aproximadamente el doble de habitantes que Europa. Dentro de un cuarto de siglo, la poblaci\u00f3n africana ser\u00e1 de 2.500 millones de habitantes, es decir, m\u00e1s del triple de la poblaci\u00f3n europea, que ser\u00e1 de 700 millones.<\/p>\n\n\n\n