{"id":111218,"date":"2026-09-16T10:32:45","date_gmt":"2026-09-16T08:32:45","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=111218"},"modified":"2026-09-16T10:32:50","modified_gmt":"2026-09-16T08:32:50","slug":"ejercito-estadounidense-ya-sabe-como-hacer-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/09\/16\/ejercito-estadounidense-ya-sabe-como-hacer-la-guerra\/","title":{"rendered":"El ej\u00e9rcito estadounidense ya no sabe c\u00f3mo hacer la guerra"},"content":{"rendered":"\n

Para prepararse para la rentr\u00e9e, pruebe <\/em>el Grand Continent. Ideas y an\u00e1lisis que no se encuentran en ning\u00fan otro sitio. Pero que pronto ver\u00e1 por todas partes. En su bandeja de entrada a partir de 8 euros al mes.<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n

Todo comenz\u00f3 con la estrategia del \u00abshock and awe<\/em>\u00bb (conmoci\u00f3n y pavor<\/a>), que ha acompa\u00f1ado a casi todas las guerras importantes libradas por Estados Unidos durante el \u00faltimo medio siglo y que recientemente ha quedado patente en el conflicto contra Ir\u00e1n. <\/p>\n\n\n\n

La abrumadora demostraci\u00f3n de fuerza durante el ataque inicial llevado a cabo conjuntamente por Estados Unidos e Israel contra objetivos iran\u00edes, marcado por las ya conocidas im\u00e1genes<\/a> de ataques de precisi\u00f3n, de fuerzas enemigas paralizadas y de civiles en estado de shock, se vio amplificada por la eliminaci\u00f3n de gran parte de la \u00e9lite gobernante, incluido el gu\u00eda supremo, el ayatola Al\u00ed Jamenei. Aunque este ataque lo llev\u00f3 a cabo la Fuerza A\u00e9rea israel\u00ed, el implacable asalto de las fuerzas estadounidenses contra objetivos militares y posiciones de la Guardia Revolucionaria pareci\u00f3 confirmar la posici\u00f3n hegem\u00f3nica indiscutible de Estados Unidos en el \u00e1mbito militar.<\/p>\n\n\n\n

Seis meses despu\u00e9s, la situaci\u00f3n es muy diferente. La guerra que el presidente Donald Trump esperaba que durara solo unos d\u00edas, o unas semanas, sigue en curso, sin que se vislumbre una soluci\u00f3n pol\u00edtica clara. Ir\u00e1n ha demostrado su capacidad para perturbar el tr\u00e1fico mar\u00edtimo en el estrecho de Ormuz y para amenazar las bases estadounidenses y a sus aliados en la regi\u00f3n. Las reservas de defensa a\u00e9rea y antimisiles est\u00e1n bajo presi\u00f3n, y los buques y aviones llevan movilizados mucho m\u00e1s tiempo del previsto. Decenas de miles de soldados estadounidenses siguen desplegados y las misiones se han prolongado hasta 2027, a pesar de las advertencias de los altos mandos sobre las consecuencias que esto tendr\u00e1 en otros teatros de operaciones. La escala del USS Abraham Lincoln en Pattaya, Tailandia, tras 286 d\u00edas de presencia en el mar, con una tripulaci\u00f3n agotada y un casco oxidado, ofrece una met\u00e1fora inc\u00f3moda para un establishment<\/em> militar que sigue siendo inmensamente poderoso, pero al que se le pide que haga m\u00e1s de lo que permiten sus fundamentos institucionales.<\/p>\n\n\n\n

Resulta tentador atribuir las causas de esta crisis a las decisiones err\u00e1ticas de la segunda administraci\u00f3n de Trump y a las perturbaciones infligidas al cuerpo de oficiales por el secretario de Guerra, Pete Hegseth<\/a>. Sin embargo, la situaci\u00f3n cada vez m\u00e1s precaria del ej\u00e9rcito estadounidense no puede reducirse \u00fanicamente a los acontecimientos de los dos \u00faltimos a\u00f1os. Sus or\u00edgenes se remontan al \u00abdividendo de la paz\u00bb de principios de la d\u00e9cada de 1990, pasando por las disfunciones provocadas por la guerra contra el terrorismo tras 2001, hasta la reticencia, durante la d\u00e9cada de 2010, a cuestionar los supuestos fundamentales relativos a las adquisiciones, la log\u00edstica, la doctrina, el papel de los aliados y la propia naturaleza del poder militar.<\/p>\n\n\n\n

Trump y Hegseth son, por tanto, tanto s\u00edntomas como causas de una crisis que se ha ido acumulando a lo largo de los \u00faltimos treinta a\u00f1os. La erosi\u00f3n institucional<\/a> de las Fuerzas Armadas las ha hecho cada vez m\u00e1s vulnerables a la subversi\u00f3n pol\u00edtica ejercida por una presidencia reaccionaria e impredecible, que, en el fondo, ha acentuado unas debilidades ya profundamente arraigadas.<\/p>\n\n\n\n

Estas deficiencias se manifiestan de forma diferente en cada una de las ramas del ej\u00e9rcito. En la Armada, las disfunciones organizativas han socavado los cimientos materiales del poder mar\u00edtimo. En la Fuerza A\u00e9rea, la sofisticaci\u00f3n tecnol\u00f3gica coexiste con una rigidez doctrinal en cuanto a las capacidades reales del poder a\u00e9reo. Por \u00faltimo, en el Ej\u00e9rcito de Tierra y el Cuerpo de Marines, el \u00e9nfasis en una determinada concepci\u00f3n del combatiente \u2014reforzada por el prestigio adquirido por las fuerzas especiales a lo largo de veinte a\u00f1os de lucha contra el terrorismo\u2014 ha favorecido formas de \u00abpretorianismo\u00bb<\/a> cada vez m\u00e1s dif\u00edciles de conciliar con la profesionalidad militar democr\u00e1tica y las exigencias pr\u00e1cticas de una victoria decisiva. <\/p>\n\n\n\n

En conjunto, estas tres crisis plantean una cuesti\u00f3n que tiene profundas implicaciones para los aliados de Washington. Mientras se intensifican los debates sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio, ante el liderazgo err\u00e1tico de Trump y su obsesi\u00f3n por imponer aranceles, la cuesti\u00f3n central sobre la posici\u00f3n de Estados Unidos como potencia mundial ya no se limita \u00fanicamente a la voluntad de Washington de ejercer un liderazgo mundial. Ahora se trata de saber si, tras d\u00e9cadas de erosi\u00f3n institucional, el pa\u00eds seguir\u00e1 disponiendo de la capacidad militar necesaria para hacerlo.<\/p>\n\n\n\n

El fracaso organizativo: el declive material de la Marina de Estados Unidos<\/h2>\n\n\n\n

Visto desde fuera, la Marina de Estados Unidos sigue siendo formidable. Sus once portaaviones, su flota de submarinos nucleares, sus fuerzas operativas conjuntas con el Cuerpo de Marines y su red de bases le confieren una presencia mundial sin igual, lo que le permite conectar el Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico, el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, el Mar Mediterr\u00e1neo, el Oc\u00e9ano \u00cdndico y el Golfo P\u00e9rsico. La marina china, que actualmente est\u00e1 experimentando una expansi\u00f3n acelerada, a\u00fan no dispone de una infraestructura mundial similar.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, estas impresionantes capacidades ocultan el estado cada vez m\u00e1s precario de la infraestructura mar\u00edtima estadounidense. Para un pa\u00eds continental cuyos intereses econ\u00f3micos y estrat\u00e9gicos se extienden por todo el mundo, el poder mar\u00edtimo es la condici\u00f3n previa para casi todas las dem\u00e1s capacidades. Los aviones, la infanter\u00eda, los misiles y las fuerzas de operaciones especiales solo pueden llevar a cabo operaciones militares con buques, redes log\u00edsticas y existencias preposicionadas.<\/p>\n\n\n\n

Esta realidad se ha ocultado a menudo tras la admiraci\u00f3n que se siente por las fuerzas de operaciones especiales y sus capacidades de ataque de vanguardia, ya que la destrucci\u00f3n espectacular de un objetivo se considera la esencia misma del poder\u00edo militar.<\/p>\n\n\n\n

Pero un avi\u00f3n F-35 o un miembro de las fuerzas especiales dependen, en realidad, de un dispositivo log\u00edstico colosal. Sin una infraestructura de abastecimiento y mantenimiento capaz de asegurar el control de las rutas mar\u00edtimas mundiales y de garantizar la capacidad operativa de los buques de guerra, gran parte de lo que confiere a Estados Unidos su superioridad militar se vuelve r\u00e1pidamente inutilizable.<\/p>\n\n\n\n

La crisis estructural que amenaza este sistema tiene su origen a principios de la d\u00e9cada de 1990, tras el colapso de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, cuando la b\u00fasqueda del \u00abdividendo de la paz\u00bb condujo a recortes presupuestarios que redujeron la flota de la Marina estadounidense a la mitad en veinte a\u00f1os. Al mismo tiempo, tras los atentados terroristas perpetrados por Al-Qaeda en septiembre de 2001, los principales recursos y la atenci\u00f3n pol\u00edtica se centraron en las guerras terrestres y la lucha contra el terrorismo en Medio Oriente. Debido a estas presiones financieras adicionales, las funciones de mantenimiento y aprovisionamiento, que antes estaban bajo supervisi\u00f3n gubernamental, se externalizaron; se redujeron las capacidades de construcci\u00f3n naval y la flota restante tuvo que mantener una presencia mundial con menos buques y tripulaciones reducidas. Ante esta contradicci\u00f3n, los responsables de la Armada buscaron soluciones tecnol\u00f3gicas para paliar los problemas organizativos. El resultado m\u00e1s conocido fue el programa Littoral Combat Ship, <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> que, en lugar de proporcionar buques modulares y econ\u00f3micos que requirieran tripulaciones reducidas, acumul\u00f3 fallos t\u00e9cnicos y sobrecostos.<\/p>\n\n\n\n\n

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\n \n \"\u00abExiste\n <\/picture>\n
\u00abExiste una diferencia cada vez mayor entre la potencia te\u00f3rica y la potencia efectiva en el mar\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n \n <\/div>\n
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\n \n \"\u00abLas\n <\/picture>\n
\u00abLas impresionantes capacidades de la Marina de Estados Unidos ocultan el estado cada vez m\u00e1s precario de su infraestructura\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n <\/div>\n <\/div>\n \n
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\u00abExiste una diferencia cada vez mayor entre la potencia te\u00f3rica y la potencia efectiva en el mar\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n \n <\/div>\n
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\u00abLas impresionantes capacidades de la Marina de Estados Unidos ocultan el estado cada vez m\u00e1s precario de su infraestructura\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/div>\n <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n

Los problemas relacionados con la modernizaci\u00f3n de la flota, especialmente en el marco de los programas de portaaviones de la clase Ford y de submarinos de la clase Columbia, han sido menos espectaculares, pero ponen de manifiesto dificultades similares y, a pesar de los recientes aumentos en los presupuestos destinados a la construcci\u00f3n naval, la Marina a\u00fan no ha logrado estabilizar el tama\u00f1o de su flota. <\/p>\n\n\n\n

Esto se debe, en particular, a la escasez de mano de obra calificada y a unos procesos de adquisici\u00f3n que asumen con frecuencia riesgos tecnol\u00f3gicos antes de que los dise\u00f1os est\u00e9n perfeccionados, lo que ha provocado retrasos en numerosos programas. La creciente crisis de mantenimiento, que ya suscitaba inquietud entre los altos responsables a principios de la d\u00e9cada de 2010, resulta a\u00fan m\u00e1s preocupante para los responsables de la planificaci\u00f3n naval estadounidense. En agosto de 2026, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (Government Accountability Office) se\u00f1al\u00f3 que los submarinos nucleares de ataque hab\u00edan perdido m\u00e1s de 15.000 d\u00edas operativos debido a retrasos en el mantenimiento y a tiempos de inactividad durante la d\u00e9cada anterior.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, existe una brecha cada vez mayor entre la potencia te\u00f3rica y la potencia efectiva en el mar. Un buque inmovilizado durante meses a la espera de mantenimiento sigue inscrito en el registro sin poder ser desplegado, y los cr\u00e9ditos aprobados no permiten reponer al mismo ritmo ni la cantera de soldadores e ingenieros ni el parque de diques secos, que d\u00e9cadas de falta de inversi\u00f3n han dejado mermar. Estas deficiencias organizativas son tales que la Marina estadounidense tiene dificultades para paliar la escasez de piezas de recambio y de personal de mantenimiento calificado, incluso cuando el Congreso asigna los fondos necesarios.<\/p>\n\n\n\n

Desde enero de 2025, la segunda administraci\u00f3n de Trump ha sometido a este sistema a tensiones adicionales. La destituci\u00f3n<\/a> de oficiales con amplia experiencia, como la exjefa de operaciones navales, la almirante Lisa Franchetti, y el exjefe del Mando Sur, el almirante Alvin Holsey, fue seguida de una oleada de bajas a\u00fan mayor. Adem\u00e1s, las luchas entre facciones y la incertidumbre pol\u00edtica han provocado una nueva p\u00e9rdida de personal en las instituciones navales, y la guerra contra Ir\u00e1n ha agravado a\u00fan m\u00e1s estas dificultades. <\/p>\n\n\n\n

A lo largo de la d\u00e9cada de 2010, la presi\u00f3n ejercida sobre las tripulaciones, que contaban con plantillas insuficientes, para cumplir con largos calendarios de despliegue ya contribu\u00eda al agotamiento del personal y a una serie de accidentes. Los despliegues de portaaviones, que ahora duran la mayor parte del a\u00f1o, ponen de manifiesto c\u00f3mo los compromisos pol\u00edticos que superan la capacidad organizativa para cumplirlos pueden acabar con cualquier instituci\u00f3n estatal.<\/p>\n\n\n\n

El fracaso doctrinal: el estancamiento intelectual de la Fuerza A\u00e9rea de Estados Unidos<\/h2>\n\n\n\n

La Fuerza A\u00e9rea se enfrenta a un problema m\u00e1s dif\u00edcil de definir. Estados Unidos sigue contando, con diferencia, con la flota m\u00e1s sofisticada del mundo en lo que respecta a aviones de combate, sensores, aviones cisterna, bombarderos y sistemas de apoyo. Su dominio a la hora de atacar objetivos situados a miles de kil\u00f3metros de distancia con armas de precisi\u00f3n sigue siendo \u00fanico. Sin embargo, en el centro de la crisis que atraviesa la Fuerza A\u00e9rea se encuentra una tendencia persistente a confundir la capacidad de destrucci\u00f3n con la capacidad de lograr victorias estrat\u00e9gicas duraderas.<\/p>\n\n\n\n

Desde la aparici\u00f3n de la teor\u00eda del bombardeo estrat\u00e9gico, la Fuerza A\u00e9rea estadounidense se ha basado sistem\u00e1ticamente en la idea de que la superioridad tecnol\u00f3gica permitir\u00eda eludir la compleja y costosa realidad de la guerra. Diferentes generaciones han formulado esta hip\u00f3tesis de diversas maneras, desde el bombardeo estrat\u00e9gico y el bloqueo a\u00e9reo hasta los ataques de precisi\u00f3n, pasando por las operaciones basadas en los efectos y la estrategia de \u00abshock and awe<\/em>\u00bb. La prioridad institucional siempre se ha centrado en los elementos vitales de los que depende el adversario, con el objetivo de destruirlos r\u00e1pidamente y, al mismo tiempo, limitar el recurso a operaciones terrestres a gran escala.<\/p>\n\n\n\n

La experiencia en Irak, en Afganist\u00e1n y, hoy en d\u00eda, en Ir\u00e1n, pone de manifiesto los l\u00edmites de un enfoque doctrinal que ya hab\u00eda sido objeto de cr\u00edticas feroces por parte de investigadores como Robert Pape en la d\u00e9cada de 1990. Es cierto que el poder a\u00e9reo puede destruir los centros de mando y el material, pero no permite determinar de forma fiable c\u00f3mo reaccionar\u00e1 el r\u00e9gimen pol\u00edtico del enemigo tras la desaparici\u00f3n de esos objetivos. De hecho, un adversario puede fragmentarse en lugar de rendirse, o simplemente sufrir niveles de destrucci\u00f3n que los planificadores estadounidenses consideran estrat\u00e9gicamente insensatos.<\/p>\n\n\n\n

El resultado es una discrepancia flagrante entre la excelencia t\u00e1ctica y la decepci\u00f3n estrat\u00e9gica que caracteriza a la estrategia estadounidense. Dado que los aviones estadounidenses demuestran constantemente su capacidad para dominar a adversarios convencionales, el fracaso siempre puede atribuirse a los dirigentes pol\u00edticos o a un uso insuficiente de la fuerza, y no a los principios fundamentales de la propia doctrina. La superioridad tecnol\u00f3gica tambi\u00e9n ha contribuido a poner el \u00e9nfasis en sistemas sofisticados, cuyo costo y complejidad dificultan su despliegue r\u00e1pido o en cantidad suficiente. Ya estamos viendo c\u00f3mo la proliferaci\u00f3n de drones y sistemas de misiles de bajo costo pone en tela de juicio un modelo en el que el control del espacio a\u00e9reo se basa principalmente en un n\u00famero reducido de plataformas con prestaciones excepcionales, cuya adquisici\u00f3n y mantenimiento pueden costar cientos de millones de d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n

Tambi\u00e9n hay que se\u00f1alar que algunos componentes de la Fuerza A\u00e9rea estadounidense reconocen ahora hasta qu\u00e9 punto su modelo corre el riesgo de quedar obsoleto. El programa \u00abDoctrina 2035\u00bb <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> identifica expl\u00edcitamente la necesidad de evitar un \u00abestancamiento doctrinal\u00bb, en un momento en que la inteligencia artificial, la miniaturizaci\u00f3n y las dificultades log\u00edsticas est\u00e1n transformando el espacio de combate. Las simulaciones de guerra para 2026 han puesto precisamente el acento en las vulnerabilidades relacionadas con la log\u00edstica y las comunicaciones, que los antiguos conceptos de supremac\u00eda tecnol\u00f3gica tend\u00edan a relegar a un segundo plano.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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\u00abLos compromisos pol\u00edticos que superan la capacidad organizativa para cumplirlos pueden acabar con cualquier instituci\u00f3n estatal\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El problema radica, por tanto, en que la adaptaci\u00f3n institucional debe superar d\u00e9cadas de inversiones, estructuras profesionales e identidades organizativas construidas en torno a una concepci\u00f3n bien arraigada de la supremac\u00eda a\u00e9rea. A pesar de los considerables esfuerzos de sus reformadores, el caos organizativo y la destituci\u00f3n arbitraria de dirigentes clave bajo la administraci\u00f3n de Trump han aumentado el riesgo de que las nuevas tecnolog\u00edas se integren en el antiguo marco conceptual, en lugar de impulsar su evoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

El fracaso estrat\u00e9gico en Ir\u00e1n es, por tanto, un s\u00edntoma de esa falta de adaptaci\u00f3n intelectual. Aunque la fuerza a\u00e9rea estadounidense ha destruido numerosos objetivos, no ha logrado obtener r\u00e1pidamente resultados decisivos frente a adversarios capaces de infligir p\u00e9rdidas a las redes log\u00edsticas y de agotar las reservas de misiles estadounidenses. Una doctrina militar centrada en la capacidad de atacar en cualquier lugar pierde considerablemente su eficacia cuando el problema es poder continuar la campa\u00f1a mientras que el mil\u00e9simo ataque a\u00fan no ha puesto fin a la guerra.<\/p>\n\n\n\n

El fracaso moral: la \u00abpretorianizaci\u00f3n\u00bb cultural del Ej\u00e9rcito de Tierra y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos<\/h2>\n\n\n\n

La crisis a la que se enfrentan las fuerzas terrestres estadounidenses es diferente. El Ej\u00e9rcito y el Cuerpo de Marines conservan unas capacidades de combate formidables y, hasta ahora, han escapado a algunas de las presiones materiales a las que se enfrenta la Armada. Sin embargo, tras las cuestiones de abastecimiento y preparaci\u00f3n operativa se esconde una transformaci\u00f3n potencialmente m\u00e1s corrosiva, que ha propiciado un cambio en el ideal cultural a trav\u00e9s del cual algunas ramas del ej\u00e9rcito estadounidense conciben la raz\u00f3n de ser de un soldado.<\/p>\n\n\n\n

Estos cambios fundamentales en la cultura institucional se derivan de c\u00f3mo veinte a\u00f1os de \u00abguerra contra el terrorismo\u00bb han elevado considerablemente el estatus social de las fuerzas de operaciones especiales. Las unidades encargadas de misiones extremadamente especializadas se han convertido en un elemento central de la fuerza militar. Y lo que es m\u00e1s importante a\u00fan, tanto en la cultura popular como en ciertos sectores del propio ej\u00e9rcito, se las considera la expresi\u00f3n m\u00e1s pura de lo que es el ej\u00e9rcito. Desde 2001, el combatiente de \u00e9lite ha sustituido al \u00absoldado-ciudadano\u00bb como ideal de la identidad militar estadounidense.<\/p>\n\n\n\n

El resultado es lo que podr\u00edamos llamar un \u00abculto a las fuerzas especiales\u00bb, en forma de un relato semim\u00edtico protagonizado por peque\u00f1os grupos de hombres dotados de un poder destructivo extraordinario, cuya agresividad y habilidades les permiten superar las fuertes limitaciones de las instituciones convencionales. Estas din\u00e1micas se han visto reforzadas a\u00fan m\u00e1s por los medios de comunicaci\u00f3n y las redes sociales, que presentan estas operaciones especiales de forma espectacular. Mientras que una redada llevada a cabo por una unidad de los SEAL ofrece im\u00e1genes impresionantes en televisi\u00f3n, el sistema de abastecimiento que garantiza que un helic\u00f3ptero esencial para el cumplimiento de las misiones reciba las piezas necesarias para su funcionamiento no tiene el mismo impacto.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, la eficacia militar siempre ha dependido de este sistema, mucho m\u00e1s de lo que nuestras sociedades, fascinadas por las im\u00e1genes de soldados de \u00e9lite, quieren admitir. El colapso de la estrategia militar estadounidense en Afganist\u00e1n en 2021 ha puesto de manifiesto de forma flagrante unas lecciones estrat\u00e9gicas que se conocen desde hace tiempo. Ni toda la cantidad de equipamiento sofisticado ni ninguna unidad de comandos bien entrenada habr\u00eda podido proteger a un pa\u00eds cuyas fuerzas armadas depend\u00edan de sistemas log\u00edsticos y de mantenimiento que no pod\u00edan garantizar por s\u00ed mismas.<\/p>\n\n\n\n

La l\u00f3gica moral que puede acompa\u00f1ar al culto al combatiente es a\u00fan m\u00e1s peligrosa. Si la letalidad excepcional se convierte en la cualidad militar por excelencia, entonces la moderaci\u00f3n jur\u00eddica, el control civil y el respeto hacia los civiles no combatientes corren el riesgo de ser percibidos progresivamente como obst\u00e1culos burocr\u00e1ticos impuestos por personas que no entienden nada de la guerra. Los militares pueden entonces empezar a verse a s\u00ed mismos como profesionales dotados de competencias \u00fanicas, pertenecientes a una casta moral superior, cuya experiencia de la violencia les confiere una autoridad decisiva que los civiles no pueden ostentar.<\/p>\n\n\n\n

La pol\u00e9mica en torno a Eddie Gallagher, <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> miembro de los Navy SEAL a mediados de la d\u00e9cada de 2010, ilustra bien la evoluci\u00f3n de estas tendencias culturales. La intervenci\u00f3n p\u00fablica de Hegseth en su favor, cuando a\u00fan era comentarista de Fox News<\/em> en 2019, reflejaba una din\u00e1mica pol\u00edtica m\u00e1s amplia: las acusaciones de comportamiento inapropiado en el campo de batalla pod\u00edan percibirse como una prueba de la autenticidad del combatiente, mientras que los juristas militares y los mandos que intentaban hacer respetar las normas profesionales eran presentados como enemigos de la letalidad. Una vez establecido este razonamiento, la distinci\u00f3n entre una acci\u00f3n militar selectiva y una violencia salvaje y ciega tiende a difuminarse.<\/p>\n\n\n\n

Hegseth se ha visto profundamente influido por esta cultura. El \u00e9nfasis que pone en la restauraci\u00f3n de la \u00ab\u00e9tica guerrera\u00bb<\/a> (warrior ethos<\/em>), sus ataques contra las iniciativas a favor de la diversidad y su definici\u00f3n de la reforma militar mediante un lenguaje agresivo y machista centrado en la letalidad confieren legitimidad pol\u00edtica a corrientes que se han desarrollado desde hace d\u00e9cadas en el seno de las subculturas militares estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n\n

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\n \n \"\u00abUna\n <\/picture>\n
\u00abUna doctrina centrada en la capacidad de atacar en cualquier lugar pierde eficacia cuando el mil\u00e9simo ataque sigue sin poner fin a la guerra\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n \n <\/div>\n
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\n \n \"\u00abTrump\n <\/picture>\n
\u00abTrump y Hegseth son tanto s\u00edntomas como causas de una crisis que se ha ido gestando a lo largo de los \u00faltimos treinta a\u00f1os\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/a>\n <\/div>\n <\/div>\n \n
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\u00abUna doctrina centrada en la capacidad de atacar en cualquier lugar pierde eficacia cuando el mil\u00e9simo ataque sigue sin poner fin a la guerra\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n \n <\/div>\n
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\u00abTrump y Hegseth son tanto s\u00edntomas como causas de una crisis que se ha ido gestando a lo largo de los \u00faltimos treinta a\u00f1os\u00bb. Foto: AP\/Sakchai Lalit<\/figcaption> <\/figure>\n <\/div>\n <\/div>\n<\/div>\n\n\n\n

Las implicaciones van m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito de las relaciones entre civiles y militares. Un ej\u00e9rcito que glorifica a los combatientes corre el riesgo de menospreciar a las personas en las que se sustenta cada vez m\u00e1s la guerra moderna: ingenieros, especialistas en log\u00edstica, analistas de inteligencia, expertos en drones, t\u00e9cnicos de mantenimiento, especialistas en software y oficiales capaces de aprender de los ej\u00e9rcitos extranjeros. El antiintelectualismo, a menudo asociado a una cultura de combate centrada en el rendimiento, tiene, por tanto, un impacto a nivel operativo, sobre todo porque fomenta la creencia de que la agresividad, la determinaci\u00f3n y la voluntad pueden sustituir a las competencias institucionales.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, la guerra entre Ucrania y Rusia, que se libra desde 2022, nos ense\u00f1a justo lo contrario. La resiliencia ucraniana se basa, de hecho, en una capacidad excepcional para improvisar a la hora de establecer redes de abastecimiento, adaptar las tecnolog\u00edas de drones e integrar innovaciones en el campo de batalla. Sesenta a\u00f1os antes, las fuerzas vietnamitas hab\u00edan demostrado de igual modo que ning\u00fan acto de hero\u00edsmo en el campo de batalla, por grande que fuera, pod\u00eda hacer frente al poder\u00edo estadounidense sin el apoyo de sofisticados sistemas log\u00edsticos.<\/p>\n\n\n\n

Este \u00abpretorianismo\u00bb amenaza, por tanto, el poder\u00edo militar estadounidense en dos frentes a la vez: en el plano constitucional, anima a los oficiales y soldados a considerarse guardianes de una determinada concepci\u00f3n de la naci\u00f3n, en lugar de servidores de las autoridades civiles leg\u00edtimamente elegidas en el marco del orden constitucional; en el plano operativo, da prioridad a una concepci\u00f3n de la virilidad militar cada vez m\u00e1s obsoleta, precisamente en una \u00e9poca en la que la guerra exige una mayor sofisticaci\u00f3n institucional y curiosidad intelectual.<\/p>\n\n\n\n

Los dilemas de Europa ante el declive de Estados Unidos<\/h2>\n\n\n\n

Estados Unidos no dejar\u00e1 de ser una gran potencia de la noche a la ma\u00f1ana. El pa\u00eds cuenta con recursos econ\u00f3micos considerables, una infraestructura militar sin igual y unas reservas excepcionales de conocimientos tecnol\u00f3gicos, y ninguno de los procesos descritos es irreversible.<\/p>\n\n\n\n

Las lecciones que deben extraer los europeos y el resto de aliados se encuentran en otro \u00e1mbito: para invertir esta tendencia y evitar el mal funcionamiento estrat\u00e9gico de Estados Unidos, hay que reconocer el car\u00e1cter sist\u00e9mico del declive militar estadounidense. Los recursos financieros por s\u00ed solos no bastar\u00e1n para revitalizar unos astilleros cuya mano de obra calificada ha desaparecido. Del mismo modo, unos aviones m\u00e1s eficaces no pueden compensar una doctrina que confunde la destrucci\u00f3n con el \u00e9xito estrat\u00e9gico. Adem\u00e1s, la reflexi\u00f3n de Pete Hegseth sobre la \u00ab\u00e9tica guerrera\u00bb no puede compensar la erosi\u00f3n de las normas profesionales, las competencias log\u00edsticas y la apertura de esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n

Europa se enfrenta ahora a tres dilemas que se entrecruzan. A corto plazo, debe salvar la brecha entre la credibilidad estadounidense y el tiempo necesario para su rearme, y ello no solo frente a Rusia, sino tambi\u00e9n en la regi\u00f3n atl\u00e1ntica y en el Mediterr\u00e1neo. A mediano plazo, los europeos deben determinar qu\u00e9 elementos del sistema de defensa estadounidense son realmente esenciales, cu\u00e1les supondr\u00edan una carga financiera insostenible y en qu\u00e9 \u00e1mbitos las alianzas con Canad\u00e1, Jap\u00f3n y otras grandes potencias democr\u00e1ticas podr\u00edan garantizar la resiliencia global. A m\u00e1s largo plazo, podr\u00edan verse obligados a renegociar las bases de una relaci\u00f3n transatl\u00e1ntica en un contexto completamente diferente, con mayores capacidades militares por un lado y unos Estados Unidos debilitados, aunque a\u00fan poderosos, por el otro.<\/p>\n\n\n\n

Desde 1945, los europeos han afrontado importantes retos en materia de seguridad, con el apoyo militar de Estados Unidos. La confianza en esta relaci\u00f3n, profundamente arraigada, parece ahora peligrosa y complaciente. La cuesti\u00f3n estrat\u00e9gica a la que se enfrentan la Uni\u00f3n Europea y el Reino Unido es, por tanto, lo contrario de la broma de Henry Kissinger, quien dec\u00eda que Washington no sab\u00eda a qui\u00e9n llamar cuando quer\u00eda ponerse en contacto con Europa.<\/p>\n\n\n\n

D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, los europeos se enfrentan ahora a la posibilidad de que, cuando recurran a Estados Unidos, quiz\u00e1 ya no haya un Estados Unidos capaz de responder a su llamada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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