{"id":109504,"date":"2026-08-27T05:00:00","date_gmt":"2026-08-27T03:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=109504"},"modified":"2026-08-26T23:12:26","modified_gmt":"2026-08-26T21:12:26","slug":"el-poder-de-los-que-critican-al-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/08\/27\/el-poder-de-los-que-critican-al-poder\/","title":{"rendered":"El poder de quienes critican al poder"},"content":{"rendered":"\n
Este texto sobre la responsabilidad de los intelectuales se pronunci\u00f3 como conferencia inaugural con motivo de la ceremonia de inicio de curso en el campus de Sciences Po Par\u00eds, el martes 24 de agosto de 2026. <\/em><\/p>\n\n\n\n Para prepararse para la rentr\u00e9e, prueb<\/em>e el Grand Continent. Ideas y an\u00e1lisis que no se encuentran en ning\u00fan otro sitio. Pero que pronto ver\u00e1 por todas partes. En su correo a partir de 8 euros al mes.<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n Andrew Carnegie (1835-1919) fue uno de los mayores magnates del acero de la era industrial, durante lo que los historiadores estadounidenses denominan la \u00abGilded Age\u00bb<\/em> o \u00abEdad Dorada\u00bb. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> Pas\u00f3 de la pobreza a amasar una inmensa fortuna. En junio de 1889 public\u00f3 un ensayo que ha pasado a la historia con el t\u00edtulo The Gospel of Wealth<\/em> (El evangelio de la riqueza), uno de los textos fundacionales de la filantrop\u00eda moderna en Estados Unidos. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Los ricos, dice, tienen una responsabilidad. Son \u00abtrustees\u00bb<\/em> (administradores) de una fortuna que en realidad no les pertenece. Son \u00fanicamente sus gestores temporales en nombre de la sociedad. Hay tres formas de disponer de la riqueza excedente y Carnegie las clasifica por orden creciente de m\u00e9rito. Dejar la herencia a la familia, la peor soluci\u00f3n porque los herederos malgastan el dinero. Dejar la fortuna a organizaciones ben\u00e9ficas tras su muerte, tambi\u00e9n una mala opci\u00f3n, ya que el donante ya no controla el uso de los fondos. La mejor forma es donar en vida, de manera reflexiva y activa. <\/p>\n\n\n\n \u00abEl hombre que muere rico muere deshonrado\u00bb. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> Es la frase m\u00e1s famosa del ensayo. Carnegie don\u00f3 su dinero a m\u00e1s de 2.500 bibliotecas, universidades e institutos de ense\u00f1anza superior, museos, parques, instituciones m\u00e9dicas y de investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Empiezo con Andrew Carnegie porque, en una \u00e9poca en la que los magnates de la tecnolog\u00eda tienen una fortuna tres veces superior a la de los barones ladrones y han roto el contrato social, <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> cabe olvidar que las \u00e9lites sociales y econ\u00f3micas han propuesto a menudo una teor\u00eda sobre sus responsabilidades, partiendo de la idea de que los privilegios conllevan deberes para con la sociedad que las rodea. <\/p>\n\n\n\n En el modelo feudal aristocr\u00e1tico, los nobles justificaban en parte los ingresos que obten\u00edan de sus rentas mediante obligaciones como la protecci\u00f3n militar o el mecenazgo. De hecho, la expresi\u00f3n \u00abla nobleza obliga\u00bb proviene precisamente de ah\u00ed. La filantrop\u00eda es otro modelo de responsabilidad que ha acompa\u00f1ado a la sociedad industrial. <\/p>\n\n\n\n Si las \u00e9lites tienen responsabilidades, lo mismo deber\u00eda aplicarse a las \u00e9lites intelectuales. Por eso, en este contexto, me gustar\u00eda plantear la cuesti\u00f3n de la responsabilidad de los intelectuales.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n La responsabilidad se presenta, por tanto, como un v\u00ednculo de reciprocidad entre los privilegiados y aquellos a quienes dominan y, por ese mismo hecho, es tambi\u00e9n una forma de embellecer, casi siempre, el propio privilegio, otorg\u00e1ndole un elevado estatus moral. Por lo tanto, y curiosamente, tambi\u00e9n es una forma de legitimar esos privilegios. Andrew Carnegie no cuestionaba ni el capitalismo, ni las desigualdades, ni la herencia, a pesar de que todos ellos fueran duramente denunciados en la \u00e9poca de los \u00abbarones ladrones\u00bb. Es m\u00e1s: pensaba que la concentraci\u00f3n de la riqueza en manos de los m\u00e1s capaces era beneficiosa para la sociedad, siempre que esos ricos actuaran como administradores responsables. La responsabilidad de las \u00e9lites es, por tanto, parad\u00f3jica: limita el poder y el privilegio al crear obligaciones morales, sociales y econ\u00f3micas que, a su vez, dotan a su poder de una base m\u00e1s s\u00f3lida al elevarlo moralmente. <\/p>\n\n\n\n Si las \u00e9lites tienen responsabilidades, lo mismo deber\u00eda aplicarse a las \u00e9lites intelectuales. Por eso, en este marco general, me gustar\u00eda plantear la cuesti\u00f3n de la responsabilidad de los intelectuales, porque ustedes van a formar parte de esas \u00e9lites. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> Van a utilizar su intelecto para expresar sus opiniones e influir en los dem\u00e1s. \u00bfDe qu\u00e9 son responsables, exactamente, los intelectuales? \u00bfTiene esta responsabilidad el mismo car\u00e1cter de reciprocidad, de autoengrandecimiento y de autolegitimaci\u00f3n que acabo de mencionar al referirme a Andrew Carnegie? <\/p>\n\n\n\n El concepto de \u00abintelectual\u00bb, tal y como lo entiende la sociolog\u00eda, presupone que existen dos \u00e1mbitos diferenciados entre s\u00ed y concebidos como aut\u00f3nomos: el \u00e1mbito de la producci\u00f3n cultural (con sus propios criterios de legitimidad, como el valor literario, art\u00edstico, period\u00edstico o la verdad cient\u00edfica) y el \u00e1mbito pol\u00edtico. <\/p>\n\n\n\n El \u00abintelectual\u00bb es aquel que cruza o transgrede<\/em> la frontera entre ambos \u00e1mbitos, incorporando a uno el capital acumulado en el otro. Cuando escribe \u00abYo acuso\u00bb, Zola traslada al \u00e1mbito pol\u00edtico la autoridad que ha adquirido en el \u00e1mbito literario. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> Zola caus\u00f3 un gran revuelo porque convirti\u00f3 un capital simb\u00f3lico en una intervenci\u00f3n pol\u00edtica. <\/p>\n\n\n\n El caso Dreyfus se convierte en el mito fundacional del intelectual, universal y desinteresado, dedicado a la verdad porque esta representaba la adecuaci\u00f3n casi perfecta entre la epistemolog\u00eda y la justicia, entre la verdad de las pruebas y la causa moral. Fue esta s\u00edntesis la que constituy\u00f3, en un principio, el grupo social de los intelectuales.<\/p>\n\n\n\n Un d\u00eda despu\u00e9s del \u00abJ\u2019accuse\u00bb de Zola, el 14 de enero de 1898, se public\u00f3 en el peri\u00f3dico L\u2019Aurore <\/em>una carta firmada por cientos de escritores, ensayistas, cient\u00edficos y artistas en la que <\/em>se exig\u00eda la revisi\u00f3n del juicio del capit\u00e1n Alfred Dreyfus. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta petici\u00f3n convirti\u00f3 un asunto militar en una crisis colectiva. Maurice Barr\u00e8s, el ultranacionalista, comprendi\u00f3 desde el primer momento lo que estaba en juego: al defender los principios de la verdad y la justicia, lo que se pon\u00eda en tela de juicio era el Estado y el honor militar de la naci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n Esta sospecha pesar\u00e1 sobre los intelectuales a lo largo de su historia y plantear\u00e1 peri\u00f3dicamente la pregunta: \u00bfa qui\u00e9n pertenecen los intelectuales?<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n En Le Journal<\/em> del 1 de febrero de 1898, en una cr\u00f3nica titulada \u00ab\u00a1La protesta de los intelectuales!\u00bb, Barr\u00e8s arremet\u00eda contra los \u00abpeticionarios\u00bb que hab\u00edan irrumpido en la vida p\u00fablica: \u00abNo hay nada peor que esas bandas de semintelectuales (\u2026) Todos esos arist\u00f3cratas del pensamiento se empe\u00f1an en afirmar que no piensan como la vil multitud (\u2026). Estos supuestos intelectuales son un lastre fatal para el esfuerzo de la sociedad por crear una \u00e9lite (\u2026)\u00bb. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Es una de las primeras veces que un escritor de primer orden utiliza la palabra \u00abintelectual\u00bb como sustantivo, y se trata de un insulto, sobre todo porque \u00abesas pandillas\u00bb solo lo son a medias. La palabra los designa, ir\u00f3nicamente, como arist\u00f3cratas del pensamiento. Barr\u00e8s intuye que se trata de un nuevo grupo social en pleno auge y los desacredita al sembrar la duda sobre su verdadera motivaci\u00f3n: su objetivo no es moral, sino una mera estrategia de distinci\u00f3n social, para marcar su distancia respecto a \u00abla vil multitud\u00bb. Segundo elemento: Barr\u00e8s percibe acertadamente que los intelectuales no son incondicionalmente leales a la naci\u00f3n y al Estado. Se trata de una vanguardia que cuestiona la raz\u00f3n de Estado porque se mueve por una epistemolog\u00eda y un objetivo moral sin territorio ni naci\u00f3n. La autoridad que les confiere este distanciamiento se antepone a la del nacionalismo. Esta sospecha pesar\u00e1 sobre los intelectuales a lo largo de su historia y plantear\u00e1 peri\u00f3dicamente la pregunta: \u00bfa qui\u00e9n pertenecen los intelectuales? Tercera observaci\u00f3n: fue un supremacista (perd\u00f3n por el anacronismo) quien acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino \u00abintelectual\u00bb para designar, con desd\u00e9n, a los dreyfusistas universalistas y quien, por lo tanto, rechaz\u00f3 el t\u00e9rmino para su propio bando<\/em>. Esto tuvo como consecuencia que los intelectuales quedaran clasificados de entrada como de izquierda. <\/p>\n\n\n\n En 1927, Julien Benda le pag\u00f3 a Barr\u00e8s con la misma moneda. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span> Es la derecha nacionalista la que se ha hecho culpable de traici\u00f3n intelectual y moral, afirma. El intelectual debe ser un cl\u00e9rigo, figura heredada del clero medieval, un guardi\u00e1n desinteresado de valores trascendentes (verdad, justicia, raz\u00f3n universal). Se opone al mundo de la acci\u00f3n pol\u00edtica, de las pasiones nacionales y a lo que Barr\u00e8s denominaba \u00abrealismo pol\u00edtico\u00bb, que nos insta a elegir el Estado y la naci\u00f3n en lugar de la verdad. Para Benda, el cl\u00e9rigo debe decir, como Cristo: \u00abMi reino no es de este mundo\u00bb. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> Cabe precisar que Benda reserva un trato casi sim\u00e9trico a los cl\u00e9rigos de izquierda que defienden al proletariado internacional y a la revoluci\u00f3n. El \u00abesp\u00edritu de clase\u00bb no es menos culpable de traici\u00f3n que el \u00abesp\u00edritu de raza\u00bb, aunque el centro de gravedad de su denuncia recaiga sobre los nacionalistas. As\u00ed se puede enunciar lo que yo llamar\u00eda la paradoja de Benda: el intelectual traiciona su responsabilidad cuando se entromete en los asuntos de la ciudad y cuando hace coincidir su pol\u00edtica con su pensamiento. Por lo tanto, dir\u00eda que, en el fondo, existe una tensi\u00f3n, incluso una contradicci\u00f3n, en la posici\u00f3n del intelectual: esta surge de su capacidad para intervenir en la esfera p\u00fablica, pero en nombre de ideales que deben permanecer apol\u00edticos, como el universalismo, la verdad y la justicia. <\/p>\n\n\n\n El \u00abdelito\u00bb seg\u00fan Sartre (no comprometerse) es el inverso sim\u00e9trico del \u00abdelito\u00bb seg\u00fan Benda (comprometerse). De este modo, Sartre otorgaba as\u00ed al cl\u00e9rigo que hab\u00eda traicionado toda su legitimidad.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n El fin de la Segunda Guerra Mundial marcar\u00eda un cambio profundo en el modelo de Benda. La neutralidad clerical<\/em> empieza a levantar sospechas y es la tesis sartreana, formulada en \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la literatura?\u00bb <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> la que pasa a ser dominante: el escritor que pretende mantenerse al margen de la contienda sirve objetivamente al orden establecido. La experiencia de la Ocupaci\u00f3n hab\u00eda hecho que el silencio o el esteticismo resultaran sospechosos de ser una forma de consentimiento y hab\u00eda invertido la carga de la prueba: ya no era el compromiso lo que deb\u00eda justificarse, sino precisamente la distancia. El \u00abdelito\u00bb seg\u00fan Sartre (no comprometerse) es el inverso sim\u00e9trico del \u00abdelito\u00bb seg\u00fan Benda (comprometerse). Sartre otorgaba as\u00ed al cl\u00e9rigo que hab\u00eda traicionado toda su legitimidad. <\/p>\n\n\n\n El segundo cambio ven\u00eda a confirmar lo que Barr\u00e8s ya hab\u00eda planteado: la purga de los escritores (Robert Brasillach fue fusilado en febrero de 1945, Maurras condenado a cadena perpetua en enero de 1945 y C\u00e9line exiliado) asocia de forma duradera el nacionalismo y la xenofobia con la traici\u00f3n a la patria y la colaboraci\u00f3n, es decir, con un delito y no con un error de juicio. El Comit\u00e9 Nacional de Escritores (CNE), surgido de la Resistencia, elabor\u00f3 una lista negra de escritores colaboracionistas, alineando as\u00ed la legitimidad intelectual con la izquierda. <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span> A partir de entonces, el t\u00e9rmino \u00abintelectual\u00bb presupone una legitimidad moral que el \u00e1mbito intelectual niega estructuralmente a la extrema derecha, cuyos escritores pasan a ser \u00abpol\u00e9micos\u00bb, \u00abpanfletistas\u00bb e \u00abide\u00f3logos\u00bb, pero no \u00abintelectuales\u00bb. Ser intelectual pas\u00f3 a ser indisociable de un mandato moral. <\/p>\n\n\n\n El tercer cambio que se produjo en la posguerra fue la masificaci\u00f3n de la universidad y de los estudios. Este proceso hab\u00eda comenzado bajo la Tercera Rep\u00fablica con la expansi\u00f3n de los institutos de secundaria, el examen de agregaci\u00f3n y la universidad republicana, que hab\u00edan creado una cantera de profesores, alumnos de la \u00c9cole Normale Sup\u00e9rieure y publicistas dotados de un capital acad\u00e9mico. Tras la Segunda Guerra Mundial, en apenas 25 a\u00f1os, Francia experiment\u00f3 una masificaci\u00f3n escolar sin precedentes. El n\u00famero de estudiantes universitarios se multiplic\u00f3 casi por seis, pasando de unos 120.000 en 1945-1946 a cerca de 700.000 en 1970-1971. <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta masificaci\u00f3n provoc\u00f3 una inflaci\u00f3n de los t\u00edtulos acad\u00e9micos. El intelectual de la posguerra goza, por tanto, de un s\u00f3lido capital acad\u00e9mico y se configura como un grupo social, pero se encuentra en un mercado competitivo que amenaza con devaluar su capital. <\/p>\n\n\n\n La cr\u00edtica es un conjunto de esquemas de pensamiento que transforma el capital acad\u00e9mico en capital moral y pol\u00edtico.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n La ampliaci\u00f3n del grupo y su institucionalizaci\u00f3n en la universidad han ido acompa\u00f1adas de la formaci\u00f3n de un habitus de clase. El habitus, por decirlo de forma sencilla, son los h\u00e1bitos de pensamiento y de acci\u00f3n que un individuo adquiere en y a trav\u00e9s de su grupo social y que siguen gui\u00e1ndolo a lo largo de su trayectoria social. Los intelectuales tienen, al igual que la alta burgues\u00eda o los obreros, un habitus, pero lo adquieren a lo largo de su escolarizaci\u00f3n y su formaci\u00f3n universitaria. <\/p>\n\n\n\n Este habitus hay que buscarlo en lo que yo denominar\u00eda, siguiendo al soci\u00f3logo estadounidense Alvin Gouldner, \u00abla cultura del discurso cr\u00edtico\u00bb. <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> Gouldner sostiene que, en el capitalismo avanzado, han surgido una nueva clase de intelectuales y una intelectualidad burocr\u00e1tica, y que estas obtienen la legitimidad de su poder, no de la propiedad de los medios de producci\u00f3n (como en el caso de la burgues\u00eda): ese poder reside en su dominio del lenguaje racional, de la pericia y de la cr\u00edtica; m\u00e1s concretamente, en la cultura del discurso cr\u00edtico. <\/p>\n\n\n\n El esp\u00edritu cr\u00edtico es un conjunto de esquemas de pensamiento que transforma el capital acad\u00e9mico en capital moral y pol\u00edtico. Para ilustrar mi argumento, cito la p\u00e1gina web oficial del Ministerio de Educaci\u00f3n Nacional, que explica as\u00ed la vocaci\u00f3n de la educaci\u00f3n: \u00ab(\u2026) el esp\u00edritu cr\u00edtico forma a los alumnos para que interpreten la realidad y construyan progresivamente una mentalidad ilustrada, aut\u00f3noma y cr\u00edtica. Se trata de uno de los principales objetivos de la Escuela\u00bb. <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span> La may\u00fascula en \u00abEscuela\u00bb sugiere que el esp\u00edritu cr\u00edtico se erige aqu\u00ed como un valor y como el fin mismo de la educaci\u00f3n y el fundamento de la ciudadan\u00eda. Los profesores y los intelectuales se han convertido en los depositarios de esta misi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n Por \u00abcr\u00edtica\u00bb hay que entender el sentido que Kant hab\u00eda dado a la palabra: se trata de utilizar la raz\u00f3n para negarse a validar una afirmaci\u00f3n apelando a la autoridad o a la tradici\u00f3n. <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span> La raz\u00f3n debe exigir razones a las autoridades. Puesto que la cr\u00edtica se niega por principio a que una afirmaci\u00f3n se base en la autoridad, est\u00e1 estructuralmente dotada para cuestionar todo poder, toda tradici\u00f3n y toda ortodoxia. <\/p>\n\n\n\n Es en esta vocaci\u00f3n cr\u00edtica en la que van a formarse en esta magn\u00edfica escuela <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span> y, por lo tanto, es de ella de lo que hay que hablar para preguntarse qu\u00e9 responsabilidad conlleva. O si no la conlleva. <\/p>\n\n\n\n Karl Marx fue quien defini\u00f3, para generaciones enteras, la misi\u00f3n de la cr\u00edtica. Sus herederos han recogido, en particular, su llamado a utilizar la cr\u00edtica como un desmantelamiento implacable de los dogmas. En 1843, en una carta a Arnold Ruge, pensador hegeliano alem\u00e1n de izquierda, escrib\u00eda: \u00ab(\u2026) comprendemos con mayor claridad lo que tenemos que llevar a cabo en el presente \u2014me refiero a una cr\u00edtica implacable de todo lo que existe, implacable tanto en el sentido de no temer los resultados<\/em> a los que conduce como en el de no temer tampoco el conflicto con los poderes establecidos\u00bb. <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Hay que se\u00f1alar que Marx se deshizo del concepto de \u00abraz\u00f3n\u00bb y que, como si hubiera anticipado la futura objeci\u00f3n de Max Weber, afirma claramente que lo tienen sin cuidado los resultados. Define la cr\u00edtica como un acto sin l\u00edmites teleol\u00f3gicos, es decir, sin un modelo positivo previo ni preocupaci\u00f3n por las consecuencias. Esta postura exime<\/em> a priori al intelectual de asumir la responsabilidad de las consecuencias. Lo que importa es la radicalidad del diagn\u00f3stico y su oposici\u00f3n al poder, independientemente de su validez pragm\u00e1tica o de su fundamento en la raz\u00f3n. Ser\u00e1 Max Weber quien, en 1919, en un texto que leer\u00e1n y releer\u00e1n en sus clases, <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span> La pol\u00edtica como vocaci\u00f3n,<\/em> se oponga a este enfoque. <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> Debemos distinguir, dice, entre la \u00e9tica de la convicci\u00f3n y la \u00e9tica de la responsabilidad, es decir, entre la \u00e9tica de los principios absolutos y la \u00e9tica que reflexiona sobre las consecuencias pr\u00e1cticas de los principios. <\/p>\n\n\n\n Una cr\u00edtica puede ser justa, en los dos sentidos de la palabra, pero tener consecuencias profundamente injustas: se convierte en una radicalidad vac\u00eda si es indiferente a sus consecuencias y al mundo real.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n He aqu\u00ed un ejemplo de lo que esto significa. En la d\u00e9cada de 1960, el manicomio se hab\u00eda convertido en objeto de cr\u00edtica, sobre todo por iniciativa de Erving Goffman y Michel Foucault, quienes lo consideraban un dispositivo de poder y el diagn\u00f3stico psiqui\u00e1trico, una tecnolog\u00eda de control social de la desviaci\u00f3n. <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Franco Basaglia (1924-1980) fue un destacado psiquiatra y neur\u00f3logo italiano. Hab\u00eda le\u00eddo a Goffman y a Foucault y se hab\u00eda inspirado en sus cr\u00edticas para emprender una revoluci\u00f3n humanitaria en la atenci\u00f3n de la salud mental. La Ley 180 (conocida como Ley Basaglia) se promulg\u00f3 en 1978 y condujo al cierre de los hospitales psiqui\u00e1tricos en Italia. <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> No cabe duda de que, en aquella \u00e9poca, los hospitales psiqui\u00e1tricos eran instituciones de reclusi\u00f3n, abusivas y opresivas, y que la cr\u00edtica estaba ampliamente justificada. Pero la reforma humanitaria de Basaglia no se hab\u00eda planteado la cuesti\u00f3n de su puesta en pr\u00e1ctica, es decir, qu\u00e9 sustituir\u00eda al manicomio para los pacientes con trastornos graves. En 2020, un estudio publicado en The<\/em> European Journal of Public Health<\/em> estableci\u00f3 que la ley Basaglia se asoci\u00f3 a un aumento significativo de la tasa de suicidios, que fue tanto mayor cuanto m\u00e1s r\u00e1pidamente se cerraron los asilos al aplicar la reforma. <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Esto significa lo siguiente: una cr\u00edtica \u00abindiferente a sus consecuencias\u00bb no es necesariamente err\u00f3nea en su diagn\u00f3stico, pero falla en un segundo nivel, al negarse a considerar la acogida que tiene en el mundo como parte de aquello a lo que debe responder. Por esta raz\u00f3n, Max Weber se mostraba receloso ante la \u00e9tica de convicci\u00f3n, que juzga la acci\u00f3n ante todo seg\u00fan la pureza de los principios del actor, independientemente de las consecuencias. Exig\u00eda que se enfrentara a una \u00e9tica de la responsabilidad, que juzga la acci\u00f3n en funci\u00f3n de sus consecuencias y exige rendir cuentas por sus resultados. La conclusi\u00f3n es inquietante: una cr\u00edtica puede ser justa, en ambos sentidos de la palabra, pero puede tener resultados profundamente injustos. Una cr\u00edtica se convierte en una radicalidad vac\u00eda si es indiferente a sus resultados y al mundo real. <\/p>\n\n\n\n Poco m\u00e1s de un siglo despu\u00e9s de Marx, en 1967, Noam Chomsky se hac\u00eda eco de \u00e9l y defin\u00eda la responsabilidad de los intelectuales. En un <\/strong>famoso ensayo, <\/em>\u00abThe Responsibility of Intellectuals\u00bb<\/em>, denunciaba la guerra de Vietnam <\/em>y escrib\u00eda: \u00abLos intelectuales est\u00e1n en condiciones de denunciar las mentiras de los gobiernos, de analizar las acciones seg\u00fan sus causas, sus motivos y, a menudo, sus intenciones ocultas. Al menos en el mundo occidental, disponen del poder que confieren la libertad pol\u00edtica, el acceso a la informaci\u00f3n y la libertad de expresi\u00f3n. Para una minor\u00eda privilegiada, la democracia occidental ofrece el tiempo libre, los medios y la formaci\u00f3n necesarios para buscar la verdad, oculta tras el velo de la distorsi\u00f3n y la desinformaci\u00f3n, de la ideolog\u00eda y los intereses de clase, a trav\u00e9s de los cuales se nos presentan los acontecimientos de la historia contempor\u00e1nea. Las responsabilidades de los intelectuales son, por tanto, mucho m\u00e1s profundas que (\u2026) la \u00abresponsabilidad de la gente com\u00fan\u00bb, dados los privilegios \u00fanicos de los que gozan los intelectuales\u00bb. <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Una cr\u00edtica \u00abindiferente a sus consecuencias\u00bb no es necesariamente err\u00f3nea en su diagn\u00f3stico, pero falla en un segundo nivel, al negarse a considerar la recepci\u00f3n por parte del p\u00fablico como parte de aquello a lo que debe responder.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Hay que tener en cuenta varios aspectos. En la d\u00e9cada de 1950, Chomsky se hab\u00eda convertido en el art\u00edfice de una teor\u00eda cient\u00edfica revolucionaria en el \u00e1mbito de la ling\u00fc\u00edstica, lo que le convirti\u00f3 en uno de los ling\u00fcistas m\u00e1s famosos del mundo. Una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, transform\u00f3 su prestigio acad\u00e9mico en compromiso pol\u00edtico. Su intervenci\u00f3n tuvo un profundo impacto debido a<\/em> su prestigio cient\u00edfico y desempe\u00f1\u00f3 un papel importante en la movilizaci\u00f3n de los intelectuales contra la guerra de Vietnam y contra la mentira generalizada practicada por el gobierno estadounidense. Por otra parte, al igual que Carnegie, Chomsky es consciente de sus privilegios. Afirma que el intelectual dispone de un sueldo, de tiempo libre y, sobre todo, de la libertad que le otorga la democracia. Son estos privilegios los que le confieren una responsabilidad mayor que la del ciudadano de a pie. <\/p>\n\n\n\n Pero, \u00bfqu\u00e9 responsabilidad conlleva exactamente esta definici\u00f3n? Analicemos m\u00e1s detenidamente los tres supuestos simult\u00e1neos en los que se basa: el intelectual se encuentra en una posici\u00f3n de enunciaci\u00f3n fuera del campo de acci\u00f3n<\/em>, un lugar desde el que puede juzgar en nombre de la Verdad y la Justicia. Esta verdad es ajena a la ideolog\u00eda que denuncia y es el intelectual quien tiene acceso a ella; el poder pol\u00edtico al que critica est\u00e1 lejos y el intelectual se enfrenta a \u00e9l desde fuera; y, por \u00faltimo, el intelectual puede neutralizar sus propios privilegios e intereses. \u00bfQu\u00e9 es lo que hace posibles estos tres supuestos? Es la cr\u00edtica. Obs\u00e9rvese que, al hacerlo, el intelectual se arroga un papel heroico: lucha contra el poder y defiende ideales grandiosos desde una posici\u00f3n que pretende estar al margen, cuando en realidad Chomsky forma parte de una instituci\u00f3n objetivamente cercana al poder, el MIT, que le remunera y garantiza su libertad. Si el intelectual se autodefine como alguien carente de intereses y ajeno al poder y a la ideolog\u00eda, queda por encima de toda sospecha. No es m\u00e1s responsable que el pueblo, simplemente est\u00e1 por encima de \u00e9l. De este modo, se arroga una autoridad de la que no goza ning\u00fan otro actor social. <\/p>\n\n\n\n En la d\u00e9cada posterior al art\u00edculo de 1967, Chomsky escribi\u00f3 varios libros sobre la guerra de Vietnam y, en particular, lanz\u00f3 una acusaci\u00f3n no solo contra el poder del Estado, sino tambi\u00e9n contra sus colegas, los intelectuales liberales, los \u00abnuevos mandarines\u00bb que, seg\u00fan Chomsky, hab\u00edan proporcionado la cobertura ideol\u00f3gica necesaria para los abusos cometidos por su gobierno contra el pueblo vietnamita. <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span> Los expertos y los acad\u00e9micos, dec\u00eda, hab\u00edan puesto su competencia al servicio del poder en lugar de al servicio de la verdad. Al criticarlos, Chomsky se situaba por encima de ellos, tanto moral como epistemol\u00f3gicamente. <\/p>\n\n\n\n Continuar\u00e1 estos an\u00e1lisis junto a Edward Herman, en un libro que desmontaba la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos, su represi\u00f3n de los derechos humanos y su apoyo a los reg\u00edmenes autoritarios en Asia, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina durante la d\u00e9cada de 1960-1970. <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> Con ello, Chomsky y Herman ampliaban a\u00fan m\u00e1s el alcance de la cr\u00edtica: esa pol\u00edtica de represi\u00f3n, afirmaban, hab\u00eda sido ocultada con la colaboraci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n estadounidenses, que clasificaban las atrocidades en funci\u00f3n de su utilidad pol\u00edtica para Washington, m\u00e1s que seg\u00fan su gravedad objetiva. <\/p>\n\n\n\n Fue la alineaci\u00f3n geopol\u00edtica de los autores de los actos violentos con los intereses estadounidenses, y no la magnitud de la masacre, lo que determin\u00f3 la cobertura medi\u00e1tica. Sin embargo, fue precisamente esta misma postura la que llev\u00f3 a Chomsky y Herman a cuestionar los relatos de los refugiados camboyanos y de los medios de comunicaci\u00f3n occidentales que daban testimonio de la violencia sin precedentes de los Jemeres Rojos, el r\u00e9gimen comunista de Camboya, que no estaba bajo influencia estadounidense. Los Jemeres Rojos eran, seg\u00fan escrib\u00edan, comparables a \u00abla Francia de despu\u00e9s de la Liberaci\u00f3n, donde miles de personas fueron masacradas en pocos meses\u00bb. <\/span>27<\/sup><\/a><\/span><\/span> Recuerdo que cerca de dos millones de personas murieron a causa de las ejecuciones, los trabajos forzados, la hambruna y las enfermedades, lo que supone aproximadamente una cuarta parte de la poblaci\u00f3n del pa\u00eds, en poco menos de 45 meses durante los cuales los Jemeres Rojos estuvieron en el poder. <\/p>\n\n\n\n Su posici\u00f3n intocable es la de un monarca\u2026 La responsabilidad que este intelectual se atribuye le otorga infinitamente m\u00e1s poder y privilegios, ni m\u00e1s ni menos.<\/p>Eva Illouz<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Pero como Chomsky y Herman actuaban en un marco de cr\u00edtica cada vez m\u00e1s generalizado \u2014en el que los intelectuales y los medios de comunicaci\u00f3n eran c\u00f3mplices del gobierno y de su anticomunismo\u2014, hab\u00edan minimizado autom\u00e1ticamente la magnitud de los cr\u00edmenes. Mucho m\u00e1s tarde, en 2010, Herman y Peterson argumentaron que la guerra de Kosovo, la masacre de Srebrenica o la de los tutsis a manos de los hutus se hab\u00edan presentado en los medios de comunicaci\u00f3n como \u00abgenocidios\u00bb para promover los intereses econ\u00f3micos e ideol\u00f3gicos de Occidente. <\/span>28<\/sup><\/a><\/span><\/span> No se trata de ceguera ni de negaci\u00f3n, sino de una postura que emana directamente de su actitud cr\u00edtica: si todo el mundo miente constantemente y est\u00e1 al servicio del poder, ya no es posible identificar a quienes dicen la verdad. <\/p>\n\n\n\n El fil\u00f3sofo Paul Ric\u0153ur propuso el concepto de \u00abhermen\u00e9utica de la sospecha\u00bb para designar una actitud mental en la que, por principio, se rechaza creer lo que dice un texto o una persona. <\/span>29<\/sup><\/a><\/span><\/span> El postulado de que siempre hay una intenci\u00f3n oculta, un dominio invisible, una mentira de Estado generalizada de la que son c\u00f3mplices periodistas, intelectuales y medios de comunicaci\u00f3n, conduce a una visi\u00f3n que ya no puede distinguir entre mentira y verdad, y que no puede concebir que el enemigo de Estados Unidos o de Occidente pueda ser tambi\u00e9n<\/em> un b\u00e1rbaro. <\/p>\n\n\n\n Esto queda m\u00e1s claro con el caso Faurisson. En diciembre de 1978 y en enero de 1979, Robert Faurisson, profesor de literatura en la Universidad de Lyon-II, public\u00f3 en Le Monde<\/em> dos cartas en las que negaba la existencia de las c\u00e1maras de gas utilizadas por los nazis para exterminar a los jud\u00edos. <\/span>30<\/sup><\/a><\/span><\/span> Llevado ante la justicia francesa, fue juzgado en 1981 y declarado culpable de difamaci\u00f3n e incitaci\u00f3n al odio racial. En 1980, Chomsky public\u00f3 un texto que servir\u00eda de pr\u00f3logo al libro de Faurisson, M\u00e9moire en d\u00e9fense<\/em>. <\/span>31<\/sup><\/a><\/span><\/span> <\/p>\n\n\n\n Este texto resulta sorprendente, no porque defienda el derecho de Faurisson a negar la existencia de las c\u00e1maras de gas en nombre de la libertad de expresi\u00f3n, sino porque arremete, con una arrogancia realmente asombrosa, a la clase intelectual francesa que se hab\u00eda escandalizado por el texto de Faurisson. Chomsky describe a Faurisson como \u00abuna especie de liberal relativamente apol\u00edtico\u00bb, perseguido por una intelectualidad francesa que no entender\u00eda nada del derecho a la libertad. El historiador Pierre Vidal-Naquet desmont\u00f3 de forma notable lo que estaba en juego aqu\u00ed. <\/span>32<\/sup><\/a><\/span><\/span> <\/p>\n\n\n\n Fue la desconfianza de principio de Chomsky hacia el consenso institucional lo que lo llev\u00f3 a borrar la diferencia entre defender un derecho y respaldar una tesis que negaba hechos hist\u00f3ricamente demostrados e inventaba otros. Chomsky sirve de aval precisamente porque, como figura antisistema y antiimperialista, su cr\u00edtica le confiere un capital moral acumulado; \u00ab(\u2026) un hombre cuya talla cient\u00edfica, unida a la justa y valiente lucha que libr\u00f3 contra la guerra de Estados Unidos en Vietnam, le ha valido un gran prestigio\u00bb. <\/span>33<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n El negacionismo de Faurisson gana legitimidad porque se nutre del capital moral de un reconocido disidente antiimperialista. La postura antisistema funciona, a priori, como un recurso legitimador. Pierre Vidal-Naquet, de nuevo: \u00abConsider\u00e1ndose intocable, invulnerable a la cr\u00edtica, ignorante de lo que fue el nazismo en Europa, envuelto en un orgullo imperial y un chovinismo estadounidense dignos de esos nuevos mandarines a los que antes denunciaba, Chomsky acusa a todos aquellos que tienen una opini\u00f3n diferente a la suya de ser asesinos de la libertad\u00bb. Definir al intelectual<\/h2>\n\n\n\n
La cr\u00edtica y sus incoherencias<\/h2>\n\n\n\n