{"id":108965,"date":"2026-08-20T18:45:18","date_gmt":"2026-08-20T16:45:18","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=108965"},"modified":"2026-08-20T18:45:24","modified_gmt":"2026-08-20T16:45:24","slug":"el-mundo-es-otra-vez-imperial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/08\/20\/el-mundo-es-otra-vez-imperial\/","title":{"rendered":"\u00bfDe verdad ha vuelto el mundo a ser imperial?"},"content":{"rendered":"\n

Para prepararse para el fin del verano, pruebe <\/em>el Grand Continent. Ideas y an\u00e1lisis que no encontrar\u00e1 en ning\u00fan otro sitio. Pero que pronto ver\u00e1 por todas partes. Directamente en su correo electr\u00f3nico a partir de 8 euros al mes<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n

El resurgimiento o el retorno del fen\u00f3meno imperial, y m\u00e1s concretamente del imperialismo, parece ser una caracter\u00edstica central de este momento. Tras haber coordinado una obra de 1.400 p\u00e1ginas en la que han participado 64 autores de seis nacionalidades, que sale hoy a la venta en las librer\u00edas y que adopta una perspectiva de historia mundial, <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u00bfles parece pertinente esta observaci\u00f3n?<\/h3>\n\n\n\n

Al igual que cualquier diagn\u00f3stico un\u00edvoco sobre una realidad compleja, una afirmaci\u00f3n de este tipo tiene el m\u00e9rito de poner de relieve una caracter\u00edstica crucial de nuestro presente, pero debe matizarse, ya que quiz\u00e1 nos dice m\u00e1s sobre nuestra situaci\u00f3n geogr\u00e1fica que sobre la hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n

La sensaci\u00f3n de estar asistiendo al resurgimiento de los imperialismos est\u00e1, de hecho, especialmente presente entre los europeos, que se sienten, con raz\u00f3n, atrapados entre las ambiciones rusas, chinas y estadounidenses. Este malestar es consecuencia de la confusi\u00f3n provocada por el cambio copernicano del orden geopol\u00edtico mundial: los europeos, que desde el siglo XVI se hab\u00edan acostumbrado a practicar el imperialismo a costa de los dem\u00e1s, se encuentran ahora en la inc\u00f3moda situaci\u00f3n de sufrirlo por parte de ellos. <\/p>\n\n\n\n

Desde el punto de vista de lo que ahora se conoce como el \u00abSur Global\u00bb \u2014es decir, los pa\u00edses que llevan siglos sufriendo el imperialismo occidental en todas sus formas\u2014, no se est\u00e1 produciendo, por el contrario, un retorno de los imperialismos, sino simplemente una ampliaci\u00f3n del n\u00famero de sus v\u00edctimas, lo que muchos viven como una sabrosa venganza o una iron\u00eda de la historia en la que el imperialista toma una cucharada de su propia medicina, como un doctor Frankenstein convertido en el blanco de su malvada criatura.<\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Nicolas Beaupr\u00e9 y Florian Louis (eds.), Histoire mondiale des imp\u00e9rialismes (XIXe-XXe si\u00e8cles)<\/em>, PUF, 20 de agosto de 2026.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Por eso, lo que los europeos perciben como imperialismo en la actitud de Rusia o de China puede ser presentado por estos pa\u00edses y por quienes los apoyan como antiimperialista. Debido a los recuerdos a\u00fan dolorosos del imperialismo occidental en gran parte del mundo, todo lo que socava la arrogancia de Occidente, incluidas las depredaciones imperiales m\u00e1s c\u00ednicas, se percibe con agrado en el resto del mundo como un golpe asestado al imperialismo, considerado como una desviaci\u00f3n intr\u00ednsecamente occidental. <\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Sin lugar a dudas, nuestra obra, cuyo proyecto surgi\u00f3 como continuaci\u00f3n de nuestra Historia mundial del siglo XX<\/em> (PUF, 2002), se inscribe en un nuevo contexto geopol\u00edtico global marcado por la invasi\u00f3n a gran escala de Ucrania por parte de la Rusia de Putin en 2022 y la elecci\u00f3n de Donald Trump para un segundo mandato en 2024.<\/p>\n\n\n\n

Hay quien ve en ello el surgimiento de una era neoimperial o neoimperialista. Aunque el prefijo \u00abneo\u00bb puede ser objeto de debate, resulta llamativo que las pol\u00edticas de poder de Estados imperiales \u00abantiguos\u00bb, como Rusia o China, o m\u00e1s \u00abj\u00f3venes\u00bb, como Estados Unidos, puedan sin duda calificarse de imperialistas. Esto plantea, para los historiadores, la cuesti\u00f3n de las continuidades con los dos siglos anteriores, en los que la forma de dominaci\u00f3n imperial estaba mucho m\u00e1s extendida que en la actualidad.<\/p>\n\n\n\n

Parad\u00f3jicamente, nos encontramos en una \u00e9poca que es a la vez postimperial e imperial. Desde este punto de vista, la d\u00e9cada de 2020 supuso un momento de brusco despertar. Ni el fin de los imperios coloniales europeos tras 1945 ni la ca\u00edda de la URSS en 1991 han puesto punto y final a la historia del imperialismo. Y si volvemos a la tesis de Jean-Baptiste Duroselle seg\u00fan la cual \u00abTodo imperio perecer\u00e1\u00bb, <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> cabr\u00eda a\u00f1adir que la muerte de los imperios no significa la muerte del imperialismo. <\/p>\n\n\n\n

Esto se traduce tambi\u00e9n en un cambio de perspectiva historiogr\u00e1fica sobre el fen\u00f3meno imperial: no se trata de un fen\u00f3meno concluido, relegado a un pasado irremediablemente perdido. Es una muestra de un lamentable eurocentrismo considerar que el fin de un imperialismo concreto, el colonialismo europeo, sea sin\u00f3nimo del fin de los imperialismos en general. <\/p>\n\n\n\n

Precisamente, \u00bfc\u00f3mo definir\u00edan el imperialismo?<\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> El concepto de imperialismo resulta dif\u00edcil de utilizar y de definir para el historiador, ya que, hist\u00f3ricamente, fue ante todo un concepto de combate, de lucha pol\u00e9mica y pol\u00edtica, m\u00e1s que de an\u00e1lisis cient\u00edfico. Esto explica su fuerte connotaci\u00f3n peyorativa, lo que hace que, aunque muchos Estados hayan asumido con orgullo \u2014y no siempre con raz\u00f3n\u2014 el hecho de ser imperios, ninguno se haya gloriado jam\u00e1s de ser imperialista. En los discursos de los actores hist\u00f3ricos, el imperialismo siempre designa la actitud que se atribuye a un rival con la intenci\u00f3n de satanizarlo. <\/p>\n\n\n\n

A pesar de esta dificultad, los historiadores llevan mucho tiempo tratando de ofrecer una definici\u00f3n objetiva del imperialismo. La que actualmente predomina en el \u00e1mbito historiogr\u00e1fico fue elaborada por nuestros colegas Jane Burbank y Frederick Cooper en su magistral s\u00edntesis de 2010. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> En ella conciben el imperialismo como una \u00abpol\u00edtica de la diferencia\u00bb, es decir, un conjunto de estrategias destinadas a hacer que coexistan, dentro de una \u00fanica entidad soberana, poblaciones heterog\u00e9neas. Un enfoque interesante para abarcar, como ellos hacen, varios milenios de historia, pero que gana en precisi\u00f3n cuando nos centramos, como hacemos en esta obra, en un periodo hist\u00f3rico m\u00e1s limitado. <\/p>\n\n\n\n

Nos encontramos, de manera parad\u00f3jica, en una \u00e9poca que es a la vez postimperial e imperial.<\/p>Nicolas Beaupr\u00e9<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En lo que respecta a la \u00e9poca contempor\u00e1nea, nos parece que el imperialismo puede caracterizarse por la conjunci\u00f3n de cinco criterios: el expansionismo, la inmensidad, la multi\u00e9tnicidad (o multinacionalidad), la asimetr\u00eda y la coacci\u00f3n. Un imperio es, por tanto, una formaci\u00f3n pol\u00edtica compuesta, expansionista o heredera de una expansi\u00f3n, en cuyo seno conviven, en un vasto territorio \u2014continuo o no\u2014, pueblos que se consideran distintos y de los cuales uno (o incluso varios, si pensamos en el caso del Imperio Austroh\u00fangaro) impone su preeminencia sobre los dem\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9 \u2014<\/strong> Cabe se\u00f1alar tambi\u00e9n que el \u00abimperialismo\u00bb como concepto se fue forjando progresivamente durante el periodo que estudiamos en el libro y que dependemos de los intentos, cada vez m\u00e1s numerosos, de los contempor\u00e1neos por describir lo que ten\u00edan ante sus ojos, especialmente a partir de finales del siglo XIX. Podemos citar aqu\u00ed a John Atkinson Hobson, quien en 1902, en el contexto de la Guerra de los B\u00f3ers, public\u00f3 Imperialism, A Study,<\/em> en el que pone de relieve el v\u00ednculo entre el capitalismo y la expansi\u00f3n imperial, al tiempo que propone una primera distinci\u00f3n entre colonialismo e imperialismo. <\/p>\n\n\n\n

Como se\u00f1ala Florian Louis, el concepto tambi\u00e9n viene definido por sus detractores. En una obra como esta, por lo tanto, hay que proponer, por un lado, una definici\u00f3n operativa que permita comprender el fen\u00f3meno en toda su complejidad \u2014heredera de una tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica muy rica, presentada en el libro por Talbot Imlay\u2014 y, al mismo tiempo, tener en cuenta la forma en que los contempor\u00e1neos dieron cuenta del fen\u00f3meno del que formaban parte.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfC\u00f3mo han estructurado el libro?<\/h3>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014 <\/strong>Tras una introducci\u00f3n dedicada al legado de los imperios europeos de la Edad Moderna, a cargo de Jean-Fr\u00e9d\u00e9ric Schaub, y una reflexi\u00f3n destinada a establecer los marcos conceptuales, cronol\u00f3gicos e historiogr\u00e1ficos, hemos optado por dividir la obra en tres grandes partes.<\/p>\n\n\n\n

En una primera parte, repasamos la historia de las \u00abproyecciones\u00bb imperiales partiendo de sus centros: en ella se analizan todos los principales imperios e imperialismos contempor\u00e1neos. A continuaci\u00f3n, en una segunda parte, se abordan los efectos de estas proyecciones en los distintos espacios que tuvieron que sufrirlos (los \u00abescenarios\u00bb del imperialismo): en ella se destaca la forma en que los distintos imperialismos interactuaron sobre el terreno. Por \u00faltimo, en una tercera parte, analizamos de forma tem\u00e1tica los \u00abretos\u00bb de esta historia para las sociedades imperiales e imperializadas. <\/p>\n\n\n\n

En los discursos de los actores hist\u00f3ricos, el imperialismo siempre se refiere a la actitud que se atribuye a un actor rival con la intenci\u00f3n de satanizarlo. <\/p>Florian Louis <\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Esta tercera parte ofrece, por tanto, an\u00e1lisis a largo plazo que ponen de manifiesto hasta qu\u00e9 punto el imperialismo ha calado, y en ocasiones sigue calando, en \u00e1mbitos tan diversos como el derecho \u2014estudiado por Isabelle Surun\u2014, la educaci\u00f3n (Lydia Hadj-Ahmed), las artes visuales (Marion Lagrange y Daniel Foliard) o el medio ambiente (Christophe Bonneuil)… Junto con mi colega Nadia Vargaftig, por ejemplo, he analizado la cuesti\u00f3n del patrimonio y c\u00f3mo la recopilaci\u00f3n de innumerables objetos, posteriormente expuestos e incorporados al patrimonio, est\u00e1 estrechamente ligada a la expansi\u00f3n imperial. Los debates que sacuden hoy en d\u00eda a los museos de todo el mundo en torno a la cuesti\u00f3n de las restituciones son un legado directo de aquella \u00e9poca y ponen de manifiesto la gran actualidad de una historia que sigue viva.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfEs el imperialismo una caracter\u00edstica exclusiva de los occidentales?<\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis \u2014<\/strong> En la \u00e9poca contempor\u00e1nea, en la que se centra la obra, Occidente, y m\u00e1s a\u00fan Europa, es el foco de los imperialismos m\u00e1s numerosos y poderosos. Por lo tanto, ocupa un lugar central en nuestro libro. <\/p>\n\n\n\n

Pero si nos hemos empe\u00f1ado en escribir una historia mundial<\/em> de los imperialismos, no es solo porque los imperialismos europeos \u2014en primer lugar, el brit\u00e1nico y el franc\u00e9s\u2014 se extendieran a escala planetaria. Es tambi\u00e9n porque los imperialismos no proced\u00edan \u00fanicamente de Occidente. Esto es cierto, por supuesto, si nos remontamos a \u00e9pocas antiguas, pero tambi\u00e9n lo es en los siglos XIX, XX y XXI. <\/p>\n\n\n\n

A menudo nos cuesta percibirlo debido a la tendencia a encasillar a los actores hist\u00f3ricos y, con ello, a pasar por alto la ambig\u00fcedad de sus posturas. La realidad es que muchos de ellos son v\u00edctimas del imperialismo al mismo tiempo que lo practican. Es el caso de China o del Imperio otomano, que, en el siglo XIX, sufrieron los imperialismos occidentales (y el japon\u00e9s, en el caso de China), al tiempo que impon\u00edan su propio imperialismo a sus vecinos. <\/p>\n\n\n\n

Dicho esto, conviene tener presente que, si bien la realidad a la que se refiere es universal, el concepto de imperialismo es de origen europeo y, por lo tanto, debe utilizarse con cautela al referirse a realidades propias de otros horizontes civilizatorios. La propia existencia de un \u00abImperio comanche\u00bb, popularizado y estudiado por el historiador finland\u00e9s Pekka H\u00e4m\u00e4l\u00e4inen, sigue siendo, por tanto, objeto de controversia historiogr\u00e1fica. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> Poner de relieve un imperialismo amerindio tiene, en efecto, el inter\u00e9s de devolver su capacidad de acci\u00f3n a los \u00abvencidos\u00bb de la historia, reducidos con demasiada frecuencia a su supuesta subalternidad. Pero tambi\u00e9n supone correr el riesgo de negar su alteridad al superponer a sus pr\u00e1cticas pol\u00edticas conceptos ex\u00f3genos que, lejos de devolverles su dignidad historiogr\u00e1fica, los condenan a ser considerados \u00fanicamente a trav\u00e9s del prisma de marcos interpretativos occidentaloc\u00e9ntricos. Cuestiones similares se plantean en relaci\u00f3n con formaciones pol\u00edticas como el \u00abImperio wassoulou\u00bb de Samori Tour\u00e9 o el califato de Sokoto. Los cap\u00edtulos que les dedican respectivamente en la obra Brian J. Peterson y Paul Naylor pretenden precisamente cuestionar su car\u00e1cter imperial para enriquecer tanto nuestra comprensi\u00f3n de estos Estados surgidos en \u00c1frica occidental a principios del siglo XIX como nuestra percepci\u00f3n de lo que es el imperialismo. <\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Plantear una historia del imperialismo que abarca m\u00e1s de dos siglos permite poner de relieve las transformaciones del mundo imperial en el plano geopol\u00edtico, con un movimiento tect\u00f3nico de los imperios en constante evoluci\u00f3n, que se traduce en el declive y la fragmentaci\u00f3n, o incluso la disoluci\u00f3n, de algunos, mientras que otros surgen, se expanden o se retraen. Este periodo medio, de casi dos siglos y medio, permite adem\u00e1s estudiar las transformaciones que se producen en el seno de los propios imperios. <\/p>\n\n\n\n

Consideran que la coacci\u00f3n es uno de los criterios del imperialismo. Pero tambi\u00e9n se\u00f1alan que existe un imperialismo informal que recurre a m\u00e9todos de dominaci\u00f3n m\u00e1s \u00absuaves\u00bb.<\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> Efectivamente. Es lo que David Todd denomina \u00abimperialismo de terciopelo\u00bb al referirse a la Francia del siglo XIX, es decir, una forma de extender su poder a determinados territorios sin por ello conquistarlos ni someterlos. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> No obstante, incluso cuando adopta un car\u00e1cter informal y se basa en la econom\u00eda y el prestigio m\u00e1s que en la fuerza armada, el imperialismo supone una relaci\u00f3n desequilibrada entre dos polos, en la que uno impone su dominio sobre el otro. <\/p>\n\n\n\n

La China del siglo XIX ofrece un buen ejemplo de ello. Aunque segu\u00eda siendo soberana, al mismo tiempo hab\u00eda quedado sometida al yugo de potencias imperialistas extranjeras que le impon\u00edan sus exigencias y no dudaban en recurrir a la violencia extrema cuando se les cuestionaba. Las guerras del opio (1839-1843 y 1856-1860), as\u00ed como la destrucci\u00f3n y el saqueo \u2014de gran carga simb\u00f3lica\u2014 del Palacio de Verano en 1860 a manos de franceses y brit\u00e1nicos, dan fe de ello. La represi\u00f3n de la revuelta de los B\u00f3xers en 1901 por parte de una coalici\u00f3n formada por el Reino Unido, Rusia, Austria-Hungr\u00eda, Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y Jap\u00f3n nos recuerda que el imperialismo \u00abinformal\u00bb no es \u00abm\u00e1s suave\u00bb que ning\u00fan otro, ni mucho menos.<\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Numerosos trabajos, que se remontan ya a la d\u00e9cada de 1970, tambi\u00e9n hacen hincapi\u00e9 en la b\u00fasqueda, por parte de las potencias coloniales, de \u00abcolaboradores\u00bb o de \u00absistemas de colaboraci\u00f3n ind\u00edgena\u00bb <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> que contribuyeran al establecimiento y, posteriormente, a la continuidad de la dominaci\u00f3n imperial. Estos sistemas pueden ser muy variados, desde la b\u00fasqueda de aliados \u2014formalizada mediante la firma de tratados con potencias locales identificadas como posibles intermediarios del poder central\u2014 hasta el reclutamiento y la formaci\u00f3n de funcionarios. A su vez, estas investigaciones permiten poner de relieve la capacidad de acci\u00f3n de las poblaciones imperializadas. <\/p>\n\n\n\n\n\n

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Miembros de las fuerzas armadas coloniales posan para un fot\u00f3grafo ante la mirada del p\u00fablico durante el desfile organizado con motivo del jubileo de diamante de la reina Victoria, el 22 de junio de 1897. Fotograf\u00eda: London Stereoscopic and Photographic Company\/Hulton<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Estos sistemas de colaboraci\u00f3n, a pesar de su gran variedad, no excluyen, sin embargo, el recurso a la coacci\u00f3n y a la violencia siempre que el \u00abcentro\u00bb lo considere necesario. La b\u00fasqueda de representantes locales del centro imperial en la Polonia rusificada o la creaci\u00f3n de una universidad en Varsovia en 1816 no impidieron en absoluto que la Rusia zarista reprimiera sangrientamente las insurrecciones del movimiento nacional polaco. La represi\u00f3n de las insurrecciones de Budapest y Praga en 1956 y 1968, en un contexto totalmente distinto, ilustra tambi\u00e9n este recurso a la fuerza cuando los \u00abcolaboradores\u00bb locales del Imperium <\/em>fallan o simplemente flaquean. <\/p>\n\n\n\n

Cabe a\u00f1adir que, entre los reclutas m\u00e1s buscados por las potencias imperiales, destacan los auxiliares de los ej\u00e9rcitos, encargados precisamente de mantener el orden. En el caso de Francia, el ej\u00e9rcito recurri\u00f3 masivamente a sus tropas coloniales para reprimir con extrema violencia la insurrecci\u00f3n malgache de 1947. Tarde o temprano, desde el inicio, pasando por el mantenimiento, hasta el fin del imperio, la violencia y la coacci\u00f3n forman parte del repertorio de acciones de la dominaci\u00f3n imperial. Una de las caracter\u00edsticas del per\u00edodo contempor\u00e1neo es, adem\u00e1s, dotar a los Estados imperiales de herramientas militares y policiales cada vez m\u00e1s modernas y sofisticadas. La \u00abpol\u00edtica de la diferencia\u00bb es tambi\u00e9n una pol\u00edtica de la diferencia tecnol\u00f3gica y militar. <\/p>\n\n\n\n

La violencia est\u00e1 presente, de hecho, en pr\u00e1cticamente todos los cap\u00edtulos de este libro, pero hemos querido dedicar un cap\u00edtulo espec\u00edfico a las \u00abdiversas formas de violencia imperial\u00bb a uno de sus mejores especialistas, Erik Linstrum, quien ofrece una interpretaci\u00f3n muy novedosa que demuestra que \u00ablos escenarios de la violencia imperial no eran solo los campos de batalla y los cuarteles, sino tambi\u00e9n las comisar\u00edas de polic\u00eda, los campos de internamiento, las granjas, los lugares de trabajo y los hogares\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfEn qu\u00e9 se diferencia el imperialismo del colonialismo?<\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> El colonialismo es una forma particular de imperialismo que se caracteriza por una fuerte heterogeneidad entre el centro imperial y las periferias a las que somete, lo que tiene como consecuencia un trato m\u00e1s condescendiente, opresivo y violento hacia estas \u00faltimas que en los imperios que agrupan a poblaciones relativamente homog\u00e9neas. Esta marcada heterogeneidad entre el centro y la periferia, que se manifiesta tanto en el \u00e1mbito cultural como en el econ\u00f3mico, es especialmente frecuente en el caso de los imperios que se extienden por varios continentes, raz\u00f3n por la cual a veces se contraponen los imperios coloniales a los imperios continentales. Pero ocurre que un imperialismo continental adopta una actitud colonial, como en el caso de Rusia en el C\u00e1ucaso o del Segundo Imperio alem\u00e1n en Silesia o en Galitzia.  <\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Si lo pensamos bien, como ya hemos mencionado, el contexto ha influido sin duda en la elecci\u00f3n de nuestro enfoque y del t\u00edtulo del libro. La decisi\u00f3n de estudiar el imperialismo permite abordar plenamente la perspectiva global, al abarcar el conjunto de los imperios. Por otra parte, la proliferaci\u00f3n de estudios y s\u00edntesis sobre la historia de los mundos coloniales tambi\u00e9n se debe, sin duda, a un contexto poscolonial euroc\u00e9ntrico u occidentaloc\u00e9ntrico. No obstante, la historia colonial ocupa un lugar muy importante en nuestro libro. Para nosotros, optar por estudiar el imperialismo y no solo el colonialismo no supone en absoluto relativizar la historia colonial europea y occidental, sino ampliar el enfoque, tanto en el plano geogr\u00e1fico como en el cronol\u00f3gico. <\/p>\n\n\n\n

\u00bfConviene, pues, considerar el imperialismo en plural?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> Efectivamente, los cinco criterios del imperialismo contempor\u00e1neo que proponemos aportan coherencia a esta categor\u00eda, pero desde luego no homogeneidad. El imperialismo es multifac\u00e9tico y cambiante. Por eso resulta problem\u00e1tico hablar sin m\u00e1s precisi\u00f3n de un imperialismo \u00abfranc\u00e9s\u00bb, \u00abchino\u00bb o \u00abbrit\u00e1nico\u00bb de manera un\u00edvoca, ya que eso da a entender que estos ser\u00edan uniformes e inmutables. Pero nada m\u00e1s lejos de la realidad. Los estudios que hemos recopilado en la primera parte de la obra, dedicada a las diferentes proyecciones imperialistas, demuestran claramente que, en este \u00e1mbito, las rupturas son tan importantes como las continuidades. <\/p>\n\n\n\n

Incluso cuando adopta un car\u00e1cter informal y se basa en la econom\u00eda y el prestigio m\u00e1s que en la fuerza armada, el imperialismo supone una relaci\u00f3n desequilibrada entre dos polos, en la que uno impone su dominio sobre el otro. <\/p>Florian Louis<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

A modo de ejemplo, y tal y como bien muestra Aur\u00e9lien Lignereux en el cap\u00edtulo que le dedica, existe sin duda un imperialismo franc\u00e9s que se ha manifestado a lo largo de un amplio periodo, desde el siglo XVI hasta nuestros d\u00edas. Pero el imperialismo de Luis XIV no tiene mucho que ver con el de Napole\u00f3n, que a su vez difiere del de la Tercera Rep\u00fablica. Y en esa misma Tercera Rep\u00fablica, el imperialismo no adopta ni la misma forma ni el mismo significado seg\u00fan se est\u00e9 en Argelia (dividida en tres departamentos desde 1848), en T\u00fanez (bajo protectorado desde 1881) o en Madagascar (que se convirti\u00f3 en colonia en 1897). <\/p>\n\n\n\n

\u00bfPor qu\u00e9 empiezan su historia del imperialismo contempor\u00e1neo en el siglo XIX?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis \u2014<\/strong> El imperialismo es uno de los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos m\u00e1s antiguos. Su aparici\u00f3n se remonta a la del Estado, tres milenios antes de nuestra era. Por ello ha dado lugar a amplias s\u00edntesis historiogr\u00e1ficas de gran envergadura y larga duraci\u00f3n, ya sea la obra de Jane Burbank y Frederick Cooper, ya mencionada, o la recopilaci\u00f3n dirigida por Peter Fibiger Bang, Christopher A. Bayly y Walter Scheidel. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> Nuestra intenci\u00f3n no era duplicar estos trabajos de referencia, sino dar un paso al lado centr\u00e1ndonos en un per\u00edodo concreto y relativamente breve de la larga historia de los imperialismos: la \u00e9poca contempor\u00e1nea. La hacemos comenzar tras las guerras napole\u00f3nicas, convencidos de que, m\u00e1s que despu\u00e9s de Tamerl\u00e1n \u2014como postula John Darwin, <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> fue sobre todo tras Napole\u00f3n cuando se produjo un punto de inflexi\u00f3n decisivo en la historia de los imperialismos.<\/p>\n\n\n\n

El siglo XIX constituye, en efecto, un punto de inflexi\u00f3n fundamental en la historia del fen\u00f3meno imperial, que se dialectiza entonces debido a la aparici\u00f3n de una nueva fuerza que le resulta a la vez antag\u00f3nica y congruente: el nacionalismo. Antag\u00f3nico en la medida en que el proyecto estatal-nacional act\u00faa como un potente disolvente de los imperios. Congruente porque el nacionalismo es tambi\u00e9n un potente catalizador del imperialismo, ya que la expansi\u00f3n imperial se concibe a la vez como un vector y una manifestaci\u00f3n de la unidad y el poder nacionales. <\/p>\n\n\n\n

El nacionalismo cambia radicalmente la naturaleza del imperialismo, en la medida en que los imperios ya no se enfrentan, como en el pasado, \u00fanicamente a otros imperios que pretenden ocupar su lugar, sino tambi\u00e9n a naciones que buscan derribarlos para dar paso a otras formas de organizaci\u00f3n pol\u00edtica: los Estados-naci\u00f3n. Sin embargo, estos \u00faltimos pueden a su vez caer en el imperialismo, dando lugar a una realidad h\u00edbrida, incluso oximor\u00f3nica: los Estados-naci\u00f3n imperiales. Una mezcla tan sorprendente como explosiva, origen de muchas de las convulsiones geopol\u00edticas que ha vivido el mundo desde el siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n

El lugar que ocupa el nacionalismo en el seno de las din\u00e1micas imperialistas modifica la propia naturaleza de estas. Por lo tanto, ya no se ajustan exactamente a la l\u00f3gica diferencialista destacada por Burbank y Cooper: ya se trate de China en Xinjiang o de Rusia en Ucrania, nos encontramos ante potencias imperialistas que ya no se limitan a tratar de forma diferente a las poblaciones consideradas distintas, sino que se esfuerzan, siguiendo una l\u00f3gica asimilacionista, por negar esa diferencia, \u00absinizando\u00bb o \u00abrusificando\u00bb por la fuerza a sociedades que han forjado su identidad y que se preocupan por preservar sus singularidades.<\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> De hecho, se puede decir que el siglo XIX es a la vez el de la \u00abconcierto de las naciones\u00bb y el del \u00abbaile de los imperios\u00bb. Es tambi\u00e9n el siglo en el que se hizo cada vez m\u00e1s patente la \u00abgran divergencia\u00bb entre los imperios dotados de poder financiero, econ\u00f3mico, industrial y tecnol\u00f3gica, y otros, que parec\u00edan m\u00e1s rezagados en su desarrollo, se hizo cada vez m\u00e1s patente, alterando los equilibrios entre imperios y aumentando al mismo tiempo de forma considerable los medios para proyectar y mantener el orden imperial por parte de quienes dispon\u00edan de ellos. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta multiplicaci\u00f3n del poder tuvo repercusiones no solo en las rivalidades, sino tambi\u00e9n en la cooperaci\u00f3n entre imperios que ten\u00edan mucho que temer de un estallido armado. A su vez, sin duda creaba una relaci\u00f3n de dependencia respecto a los recursos extra\u00eddos de los territorios sometidos al dominio imperial.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfSe pueden distinguir distintas fases en la historia del imperialismo desde el siglo XIX hasta nuestros d\u00edas?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Aunque la trayectoria de cada uno de los imperios tiene su propia y singular historia, nos ha parecido posible, sin embargo, esbozar una periodizaci\u00f3n que explicamos en uno de los cap\u00edtulos iniciales del libro.<\/p>\n\n\n\n

Los a\u00f1os que van desde el final de la Guerra de los Siete A\u00f1os (1756-1763) \u2014a veces considerada como una primera guerra mundial\u2014 hasta la d\u00e9cada de 1830, marcados por la rivalidad franco-brit\u00e1nica, fueron una \u00e9poca de retroceso de los imperios latinos (Francia, Espa\u00f1a, Portugal) y el inicio del declive de algunos imperios milenarios (los imperios otomano, indio, chino y persa). Esos a\u00f1os marcaron el inicio de la construcci\u00f3n de la hegemon\u00eda de la talasocracia brit\u00e1nica, pr\u00e1cticamente sin rival \u2014al menos a escala mundial\u2014 hasta bien entrada la d\u00e9cada de 1870. <\/p>\n\n\n\n

Por su parte, el per\u00edodo comprendido entre 1830 y 1870 se caracteriz\u00f3 por el surgimiento de movimientos de protesta antiimperiales en el seno de los imperios, debido a la afirmaci\u00f3n de ideolog\u00edas abiertamente antiimperialistas, entre las que destacaban los nacionalismos. El fortalecimiento de los aparatos estatales y militares permiti\u00f3 a los imperios, en la mayor\u00eda de los casos, superar estas crisis e incluso a algunos de ellos, como Alemania, emerger a la vez como Estado-naci\u00f3n e imperio. <\/p>\n\n\n\n

La construcci\u00f3n de los Estados modernos, los medios multiplicados por diez gracias al capitalismo y la cristalizaci\u00f3n de ideolog\u00edas imperiales dieron lugar, desde la d\u00e9cada de 1870 hasta la Gran Guerra, una era marcada tanto por rivalidades como por la cooperaci\u00f3n entre imperios, que se traduce en la imperializaci\u00f3n del mundo y la subordinaci\u00f3n de \u00c1frica y Asia. El mundo sigue estando dominado en gran medida por el Imperio Brit\u00e1nico, pero otros imperios, sobre todo europeos, se expanden mediante la conquista colonial (Francia, B\u00e9lgica, Italia, Alemania\u2026), al tiempo que surgen nuevas potencias imperiales no europeas. El a\u00f1o 1904 se caracteriza tanto por la afirmaci\u00f3n del presidente Roosevelt de la vocaci\u00f3n imperial de Estados Unidos como por el inicio de la guerra ruso-japonesa, que confirma a Jap\u00f3n en su vocaci\u00f3n imperial. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> <\/p>\n\n\n\n

La era que se inici\u00f3 con la Gran Guerra y concluy\u00f3 en los a\u00f1os 1960-1970 se caracteriza por una \u00abdeseuropeizaci\u00f3n\u00bb del sistema imperial global y por una descolonizaci\u00f3n del mundo. Sin embargo, esto no significa el fin del imperialismo, ya que la Guerra Fr\u00eda puede interpretarse como un enfrentamiento entre dos imperios y dos formas de imperialismo. <\/p>\n\n\n\n

Durante un tiempo, el fin de la URSS pareci\u00f3 poder interpretarse como el inicio de una era plenamente postimperial. Hoy sabemos que no fue as\u00ed y que esa era postimperial no fue, en el mejor de los casos, m\u00e1s que un breve interludio y, lo m\u00e1s probable, una gran ilusi\u00f3n.  <\/p>\n\n\n\n

\u00bfSon los imperialismos, por naturaleza, generadores de guerras?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> El imperialismo es, efectivamente, fuente de numerosos conflictos armados, ya sea para someter por la fuerza a las poblaciones o para ampliar la base territorial de un imperio en detrimento de otro. La guerra ruso-japonesa de 1904 ofrece un buen ejemplo de un enfrentamiento armado de gran intensidad provocado directamente por las ambiciones de conquista antag\u00f3nicas de dos potencias imperialistas rivales. <\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, hay que tener cuidado de no reducir el imperialismo a esta din\u00e1mica conflictiva. En primer lugar, porque el imperio tambi\u00e9n puede ser sin\u00f3nimo de paz o, al menos, presentarse como tal: pensemos en el discurso propagand\u00edstico que ensalza los beneficios de la Pax Britannica<\/em>. En segundo lugar, lejos de enfrentarse perpetuamente, los imperialismos tambi\u00e9n saben cooperar para alcanzar sus fines. La conferencia de Berl\u00edn (1884-1885), impulsada y organizada por Bismarck, no fue, en sentido estricto \u2014como se ha escrito durante mucho tiempo\u2014, un \u00abreparto de \u00c1frica\u00bb, pero s\u00ed ten\u00eda como objetivo regular el acceso al continente para evitar que los posibles conflictos entre depredadores imperiales degeneraran all\u00ed en una guerra mundial. Es un ejemplo de cooperaci\u00f3n entre potencias imperialistas cuyas rivalidades nunca han impedido las sinergias.<\/p>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9 \u2014<\/strong> Parece que esta lecci\u00f3n se tuvo en cuenta, al menos hasta 1914. En varias ocasiones, la escalada entre imperios podr\u00eda haber desembocado en una guerra, como en Fachoda en 1898 entre franceses y brit\u00e1nicos, o en Marruecos en 1905 y 1911 entre franceses y alemanes. Pero la diplomacia acab\u00f3 imponi\u00e9ndose. La Gran Guerra es, sin duda, una guerra entre imperios, lo que contribuye a que el conflicto adquiera un car\u00e1cter global, pero no es, como durante mucho tiempo ha sostenido una interpretaci\u00f3n marxista, una guerra desencadenada por motivos de expansi\u00f3n imperialista. Al t\u00e9rmino del conflicto, aunque este factor no sea la \u00fanica explicaci\u00f3n, los vencedores fueron, sin embargo, aquellos que supieron \u2014o pudieron\u2014 movilizar de la manera m\u00e1s \u00f3ptima los recursos de sus respectivos imperios. <\/p>\n\n\n\n

Durante un tiempo, pareci\u00f3 que el fin de la URSS pod\u00eda interpretarse como el inicio de una era plenamente postimperial. Hoy sabemos que no fue as\u00ed.<\/p>Nicolas Beaupr\u00e9<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La Segunda Guerra Mundial, por su parte, tiene sin duda or\u00edgenes propiamente imperialistas, hasta tal punto que se ha llegado a presentar como \u00abla gran guerra imperial\u00bb por excelencia. <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> La Alemania nazi, que desat\u00f3 la guerra, proclam\u00f3 y puso en pr\u00e1ctica, tan pronto como pudo, una ideolog\u00eda imperialista radical. M\u00e1s a\u00fan que durante la Gran Guerra, se movilizan todos los recursos de los imperios beligerantes, que se convierten en campos de batalla y en ruinas de la guerra mundial. Con ella resuena tambi\u00e9n el canto del cisne del imperialismo europeo. <\/p>\n\n\n\n

\u00bfEn qu\u00e9 se diferencian los imperialismos chino, ruso y estadounidense actuales de los de los siglos XIX y XX? \u00bfY son de naturaleza similar entre s\u00ed?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Nicolas Beaupr\u00e9<\/strong> \u2014<\/strong> Para empezar, tal vez, parafraseando a St\u00e9phane Audoin-Rouzeau cuando habla de la \u00abnegaci\u00f3n de la guerra\u00bb de las sociedades europeas que viven en la dulce ilusi\u00f3n de una paz perpetua, <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u00bfestamos simplemente saliendo de una \u00abnegaci\u00f3n del imperialismo\u00bb? <\/p>\n\n\n\n

Quiz\u00e1 los europeos hayamos proyectado sobre el mundo nuestra propia, larga y dolorosa salida de una era imperial, sin darnos cuenta de que otras potencias imperiales no hab\u00edan seguido ese camino. Evidentemente, para Vladimir Putin, si la ca\u00edda de la URSS como imperio hab\u00eda supuesto una cat\u00e1strofe, esta deb\u00eda superarse y redimirse. Tal y como pone de manifiesto el cap\u00edtulo que Sabine Dullin dedica en nuestra obra a la larga trayectoria del imperialismo ruso, a la luz de la invasi\u00f3n a gran escala de Ucrania, es posible reinterpretar las intervenciones en Chechenia, Georgia y Siria como la continuaci\u00f3n de un destino imperial ruso asumido plenamente por el poder actual.<\/p>\n\n\n\n

En cuanto al cap\u00edtulo de Ludovic Tourn\u00e8s dedicado al imperialismo estadounidense, pone claramente de relieve las continuidades entre la ret\u00f3rica imperialista trumpista y sus reivindicaciones sobre Cuba, Panam\u00e1, Venezuela e incluso Groenlandia, y el corolario Roosevelt de 1904 a la doctrina Monroe, as\u00ed como la reivindicaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s antigua de un \u00abdestino manifiesto\u00bb que justifica el expansionismo estadounidense.<\/p>\n\n\n\n

El caso chino, tratado en nuestro libro por Cl\u00e9ment Fabre, es sin duda m\u00e1s complejo y m\u00e1s novedoso en relaci\u00f3n con un legado imperial interrumpido por el saqueo sistem\u00e1tico de China por parte de las potencias occidentales. Si bien el retorno de Hong Kong al seno de China, al igual que la reivindicaci\u00f3n constantemente renovada de que Taiw\u00e1n y los territorios fronterizos con la India pertenecen a China, as\u00ed como la represi\u00f3n interna de las identidades nacionales y religiosas percibidas como divergentes, pueden inscribirse en la larga historia del Imperio del Medio, el r\u00e9gimen actual ejerce una influencia a una escala m\u00e1s amplia que se asemeja m\u00e1s a un \u00abimperialismo informal\u00bb, algo en gran medida ajeno a China antes del siglo XXI. Hoy en d\u00eda, se tejen con gran cuidado v\u00ednculos de dependencia tecnol\u00f3gica, financiera y comercial a escala global. <\/p>\n\n\n\n

Florian Louis<\/strong> \u2014<\/strong> No se destaca lo suficiente la originalidad del imperialismo de Putin. De hecho, se tiende a dar por sentado que un imperio derrotado intente, cuando se presenta la oportunidad, renacer de sus cenizas. Sin embargo, se trata de una actitud totalmente in\u00e9dita en la historia contempor\u00e1nea: ni Jap\u00f3n, ni Alemania, ni Italia, ni Francia, ni Gran Breta\u00f1a \u2014por citar solo algunos de los principales imperios ca\u00eddos a lo largo del siglo XX\u2014 han albergado ambiciones de \u00abReconquista\u00bb<\/em> como las que promueve el actual l\u00edder del Kremlin. Son innumerables las potencias imperiales que han intentado oponerse por la fuerza a la emancipaci\u00f3n de pueblos que buscaban liberarse de ellas; pensemos, por citar solo algunos ejemplos bien conocidos, en Francia en Indochina o en Argelia, o a los Pa\u00edses Bajos en Indonesia. Tambi\u00e9n hay muchos casos en los que una antigua potencia imperial consigue, de forma m\u00e1s o menos subrepticia, mantener formas de influencia o incluso de coacci\u00f3n sobre sus antiguas posesiones (esa es la idea que encierra, por ejemplo, el concepto de \u00abFran\u00e7afrique\u00bb). Pero no existe ning\u00fan ejemplo de una potencia imperial que intente reanexar pura y simplemente una antigua provincia tras varias d\u00e9cadas de independencia, como intenta hoy en d\u00eda, en vano, Rusia en Ucrania. En ciertos aspectos, el imperialismo nazi estaba motivado por la voluntad de \u00abvengar\u00bb la p\u00e9rdida del primer Imperio alem\u00e1n en 1918, vivida como una injusticia, pero para ello no puso sus miras en las antiguas colonias alemanas de \u00c1frica u Ocean\u00eda, sino en Europa del Este. El imperio volv\u00eda a la ofensiva, pero contra nuevas presas.<\/p>\n\n\n\n

El actual imperialismo chino responde a otra l\u00f3gica. Con la excepci\u00f3n de Taiw\u00e1n, para Xi Jinping no se trata de anexionar territorios sin m\u00e1s. Su ambici\u00f3n es m\u00e1s bien convertir a China en el n\u00facleo de una red mundial jer\u00e1rquica de aliados m\u00e1s o menos consentidos, que le garantice capacidad de acci\u00f3n e influencia a escala mundial, con el fin de establecer una hegemon\u00eda eficaz pero discreta que permita mantener, en apariencia, una postura antiimperialista, especialmente \u00fatil para satanizar a sus rivales occidentales.<\/p>\n\n\n\n

En cuanto al imperialismo trumpista, presenta grandes similitudes con el de James Monroe, Theodore Roosevelt o William McKinley, sobre todo en la reivindicaci\u00f3n de una hegemon\u00eda estadounidense sobre un \u00abhemisferio occidental\u00bb presentado como un coto privado \u00abnatural\u00bb de Washington. Al igual que hac\u00edan sus predecesores en el siglo XIX, Donald Trump justifica sus pretensiones imperialistas por la supuesta necesidad de que Estados Unidos contrarreste en \u00absu\u00bb continente las incursiones de imperialismos no estadounidenses. Pero mientras que en la \u00e9poca de la doctrina Monroe (1823) se trataba de contrarrestar los imperialismos europeos, ahora son las ambiciones chinas, ya sea en Panam\u00e1 o en Venezuela, las que sirven de pretexto para las injerencias estadounidenses. Todo ello es un s\u00edmbolo del cambio copernicano al que me refer\u00eda al principio de nuestra conversaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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