{"id":108826,"date":"2026-08-19T10:21:45","date_gmt":"2026-08-19T08:21:45","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=108826"},"modified":"2026-08-19T10:21:52","modified_gmt":"2026-08-19T08:21:52","slug":"europa-debe-empezar-a-construir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/08\/19\/europa-debe-empezar-a-construir\/","title":{"rendered":"Europa debe volver a construir"},"content":{"rendered":"\n
Europa se ha otorgado a s\u00ed misma el t\u00edtulo de \u00absuperregulador\u00bb mundial en el \u00e1mbito digital, posicion\u00e1ndose como pionera y punta de lanza en la materia, tal y como demuestra el famoso \u00abefecto Bruselas\u00bb. La estrategia es bien conocida: consiste en regular las pr\u00e1cticas de un pu\u00f1ado de gigantes digitales sin tener ni la propiedad ni el control de los mismos. En la actualidad, la oleada inicial de medidas antimonopolio y reguladoras dirigidas contra estas empresas est\u00e1 perdiendo fuerza, no solo porque Europa tiende a ceder discretamente ante la administraci\u00f3n de Trump para evitar represalias comerciales, sino tambi\u00e9n porque la futilidad de todo este proceso empieza a salir a la luz. Pero, mientras tanto, \u00bfen qu\u00e9 punto se encuentra nuestra propia infraestructura tecnol\u00f3gica? Vamos muy a la zaga en materia de inteligencia artificial. \u00bfC\u00f3mo hemos podido llegar a esta situaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n
La respuesta \u2014sin duda poco halag\u00fce\u00f1a para Europa\u2014 es que nos hemos dormido en los laureles. O, mejor dicho, que nos hemos dejado llevar por un estribillo colectivo: aquel que nos dec\u00eda que, al avanzar paso a paso en el arduo juego de la competencia y la regulaci\u00f3n <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u00aba peque\u00f1a escala\u00bb, lograr\u00edamos civilizar a los gigantes digitales que han invadido el continente. Mientras nos esforz\u00e1bamos por ense\u00f1arles buenos modales, esas mismas empresas se dedicaban a cubrir Europa con una vasta infraestructura que hoy sustenta nuestra vida digital: la nube, los centros de datos, el software y la conectividad. Ahora nos movemos en un contexto de dependencias sist\u00e9micas existenciales, a merced de una compleja infraestructura externa compuesta por varios niveles (hardware, software, arquitecturas, entornos de datos, autorizaciones), de la que no somos ni propietarios ni due\u00f1os, y que, sin embargo, determina nuestra capacidad econ\u00f3mica, nuestra productividad industrial, nuestra influencia geopol\u00edtica y la orientaci\u00f3n de nuestra innovaci\u00f3n. Nos hemos convertido en una colonia digital.<\/p>\n\n\n\n Se trata de un gran fracaso a la hora de comprender la verdadera naturaleza del poder que se extendi\u00f3 entonces por toda Europa. Pens\u00e1bamos que se trataba de un acto de mala conducta: en realidad, se trataba de infraestructuras materiales. Estas no tienen nada de ilegal en s\u00ed mismas: los gigantes estadounidenses simplemente ocuparon el espacio que dejaron vac\u00edo los europeos, demasiado ocupados en \u00abregular\u00bb en lugar de \u00abconstruir\u00bb. De este modo, hemos apoyado de facto la pol\u00edtica industrial estadounidense en el \u00e1mbito digital, al tiempo que no quer\u00edamos ver que la situaci\u00f3n era cr\u00edtica para Europa en ese mismo \u00e1mbito. Pens\u00e1bamos que lo \u00fanico que ten\u00edamos que hacer era contener la situaci\u00f3n \u00abhaciendo cumplir la ley\u00bb y algunas normas de conducta, cuando el desarrollo de nuestra propia infraestructura digital habr\u00eda requerido una pol\u00edtica industrial en\u00e9rgica y proactiva. Seguimos pensando que \u00abla pol\u00edtica industrial es distinta de la pol\u00edtica digital\u00bb, y la Comisi\u00f3n vincula su gesti\u00f3n a competencias separadas y compartimentadas. Peor a\u00fan: aunque ahora es evidente que nuestro fracaso se debe a nuestra incapacidad para mostrar iniciativa y aprovechar nuestras capacidades, algunos europeos afirman que Europa es una \u00abpotencia media\u00bb y que, como tal, nuestra \u00fanica esperanza es aliarme con otras \u00abpotencias medias\u00bb como Canad\u00e1, la India, Jap\u00f3n o Brasil. De lo contrario, no tendr\u00edamos ninguna oportunidad. <\/p>\n\n\n\n \u00bfC\u00f3mo ha podido esta mentalidad reguladora, tan caracter\u00edstica de Europa, minar hasta tal punto nuestro sentido de la autonom\u00eda y nuestras perspectivas de futuro? Queda mucho por hacer: es imprescindible que Europa asuma el control de una parte m\u00e1s importante de su infraestructura tecnol\u00f3gica. No se trata ni de proteccionismo ni de autarqu\u00eda, como sugieren algunos detractores. Simplemente, Europa es una superpotencia econ\u00f3mica que dispone de todos los medios, fondos y talento necesarios para hacerlo mejor.<\/p>\n\n\n\n Los gigantes digitales, que se han impuesto en Europa en \u00e1mbitos como la investigaci\u00f3n, las redes sociales, las tiendas de aplicaciones, el comercio electr\u00f3nico y el software, etc., han sido objeto de denuncias legales por parte de peque\u00f1os sitios web europeos descontentos por no beneficiarse de una distribuci\u00f3n y una visibilidad \u00abequitativas\u00bb. Como siempre que la relaci\u00f3n de fuerzas es extremadamente asim\u00e9trica, las condiciones eran desiguales: se observaban pr\u00e1cticas de \u00abautopreferencia\u00bb (que consiste en favorecer la propia versi\u00f3n del servicio), explotaci\u00f3n, robo de ideas a los reci\u00e9n llegados y tarifas excesivas. Todo ello se percibi\u00f3 en Europa a trav\u00e9s del conocido prisma jur\u00eddico del \u00ababuso de posici\u00f3n dominante\u00bb: las empresas que disponen de un importante poder de mercado y que se benefician de una situaci\u00f3n desigual deben aprender a comportarse correctamente. Se ha dedicado un considerable esfuerzo intelectual a explicar por qu\u00e9 este comportamiento pod\u00eda calificarse de \u00abanticompetitivo\u00bb. <\/p>\n\n\n\n Ahora nos movemos en un contexto de dependencias sist\u00e9micas existenciales, a merced de una infraestructura externa compleja compuesta por varios niveles, de la que no somos ni propietarios ni due\u00f1os. <\/p>Cristina Caffarra<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Hemos desarrollado \u00abteor\u00edas econ\u00f3micas del perjuicio\u00bb que explican por qu\u00e9 resultaba \u00abracional y rentable\u00bb para estas empresas marginar, excluir o explotar a sus competidores. La Comisi\u00f3n Europea se embarc\u00f3 en un laborioso proceso de apertura de expedientes, recopilaci\u00f3n de pruebas y elaboraci\u00f3n de \u00abteor\u00edas del perjuicio\u00bb, con a\u00f1os de idas y venidas, solicitudes de informaci\u00f3n, pr\u00f3rrogas de plazos, comparecencias, resoluciones, recursos, sentencias y, posteriormente, nuevos recursos. Todo ello se prolong\u00f3 durante al menos una d\u00e9cada. Entonces, nos centramos en la regulaci\u00f3n y propusimos aplicar las mismas normas antimonopolio como principios de conducta (\u00abNo te favorecer\u00e1s a ti mismo\u00bb), partiendo de la idea de que definir las reglas del juego ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil que demostrar una infracci\u00f3n a posteriori. Esta empresa parec\u00eda tit\u00e1nica. Provoc\u00f3 emojis de b\u00edceps por parte de los reguladores (\u00ab\u00a1Los domamos!\u00bb), amplificados por un peque\u00f1o grupo de acad\u00e9micos y actores de la sociedad civil que ve\u00edan en ello la resistencia de Europa frente a los \u00abmonopolios digitales\u00bb. Pero ninguno de los gigantes a los que se pretend\u00eda \u00abdomar\u00bb se tom\u00f3 estas medidas muy en serio: con posibilidades de recurso interminables y recursos infinitos, el proceso puede prolongarse indefinidamente. En general, estas empresas incluso han salido ganando: ninguno de estos casos ha logrado cambiar las reglas del juego, ni siquiera un poco, para modificar los modelos econ\u00f3micos que est\u00e1n en el origen de estas pr\u00e1cticas.<\/p>\n\n\n\n En realidad, eso equival\u00eda a querer apagar un incendio con un vaso de agua. En realidad, mientras la \u00e9lite europea se tranquilizaba con estas medidas de buena conducta (\u00ab\u00a1Estamos haciendo algo!\u00bb), las empresas afectadas se frotaban las manos entre bastidores: \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 est\u00e1 pasando en Europa? Estamos encantados de que se ocupen de estos asuntos, pero \u00bfcu\u00e1les son sus verdaderas ventajas? \u00bfUnas cuantas p\u00e1ginas web? Sigan con sus normativas: mientras tanto, lo construiremos todo nosotros mismos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Y eso es lo que han hecho. Hoy en d\u00eda, nuestra vida digital se rige por una compleja estructura de componentes \u2014desde el software hasta los datos, pasando por las aplicaciones, los chips, las arquitecturas, los dispositivos de control o incluso las autorizaciones y las autenticaciones\u2014 de la que no tenemos ninguna clave: Europa se ha convertido en un vasallo digital. Por lo tanto, no es de extra\u00f1ar que nos \u00abencontremos\u00bb a la zaga de Estados Unidos y China en materia de inteligencia artificial, un t\u00e9rmino que ahora utilizan casi todos los responsables europeos. Pero Europa no se \u00abencuentra\u00bb ah\u00ed por casualidad. No se trata de un fen\u00f3meno que haya surgido de repente, de la noche a la ma\u00f1ana, ni de un caso de fuerza mayor. Somos nosotros mismos los responsables.<\/p>\n\n\n\n El vocabulario de la legislaci\u00f3n antimonopolio y la regulaci\u00f3n, con sus \u00abguardianes\u00bb y su \u00abautopreferencia\u00bb, no era el adecuado. El problema es mucho m\u00e1s fundamental: hemos externalizado gran parte de nuestra nube, nuestros sistemas operativos, nuestra distribuci\u00f3n de aplicaciones, nuestro software empresarial, nuestros motores de b\u00fasqueda, nuestra infraestructura publicitaria, nuestras comunicaciones, nuestro almacenamiento de datos y, ahora cada vez m\u00e1s, nuestra infraestructura de IA, a un n\u00famero \u00ednfimo de empresas privadas extranjeras. No podr\u00edamos plantearnos hacer lo mismo con otras infraestructuras, como las de los sectores de la energ\u00eda, la banca, la defensa o las telecomunicaciones. Sin embargo, lo hemos normalizado en el \u00e1mbito digital, ya que cada paso se ha presentado como una elecci\u00f3n de producto m\u00e1s que como una transferencia de poder estrat\u00e9gico.<\/p>\n\n\n\n No es que la legislaci\u00f3n antimonopolio y la normativa sean totalmente in\u00fatiles: algunos litigios eran necesarios e importantes desde el punto de vista intelectual. Por ejemplo, era importante comprender c\u00f3mo Google se aprovechaba de su poder al incitar a los fabricantes de dispositivos Android a designar su motor de b\u00fasqueda como motor predeterminado en los nuevos dispositivos, a cambio de la posibilidad de preinstalar Google Play Store, o c\u00f3mo su presencia en ambos lados de las subastas publicitarias le confer\u00eda un poder desmesurado que le permit\u00eda distorsionar el mercado publicitario a su favor. Pero este trabajo nunca estuvo a la altura de la consolidaci\u00f3n de esa posici\u00f3n dominante que empez\u00e1bamos a observar. Hemos dedicado a\u00f1os a analizar minuciosamente casos concretos de venta vinculada, autopreferencia, exclusi\u00f3n y discriminaci\u00f3n, mientras que la arquitectura que sustentaba esta dependencia segu\u00eda afianz\u00e1ndose cada vez m\u00e1s. Hemos perdido a\u00f1os intentando explicar c\u00f3mo deb\u00eda evolucionar el pensamiento antimonopolio convencional para tener en cuenta los efectos de red y la econom\u00eda del precio cero. Por \u00faltimo, se han esfumado a\u00f1os dedicados a publicar actas de coloquios universitarios sobre las variantes de los modelos econ\u00f3micos, el \u00abcierre del mercado\u00bb y la \u00abexclusi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n\n\n El balance de todas estas cruzadas es muy escaso: los procedimientos iniciados contra Google han dado lugar a resoluciones en las que se constata la infracci\u00f3n tanto en Bruselas como ante los tribunales federales estadounidenses, pero ninguna medida correctiva ha tenido el m\u00e1s m\u00ednimo impacto. En aras de la exhaustividad, cabe mencionar los dem\u00e1s procedimientos: las acciones judiciales de la Comisi\u00f3n Europea contra Amazon por favoritismo en la \u00abBuy Box\u00bb y por el uso de los datos de los vendedores concluyeron con acuerdos extrajudiciales y una medida insignificante para Amazon; los procedimientos contra Apple tambi\u00e9n han dado lugar a acuerdos extrajudiciales, algunas multas y obligaciones menores que no afectan en absoluto a su modelo econ\u00f3mico; lo mismo ocurri\u00f3 con Microsoft Teams, ya que el asunto concluy\u00f3 con un ingenioso acuerdo sobre una estructura de tarifas desagregada, que no favorece en absoluto la entrada en el mercado. La regulaci\u00f3n intervino entonces, reformulando y reorientando las mismas normas en el marco de la \u00abDMA\u00bb, pero el ritmo ha sido lento. La Comisi\u00f3n Europea sabe que se encuentra bajo la espada de Damocles de los aranceles y otras medidas de represalia. Solo Apple y Google han sido objeto de una decisi\u00f3n definitiva en los \u00faltimos tres a\u00f1os, todas ellas muy t\u00edmidas.<\/p>\n\n\n\n El verdadero problema ni siquiera resid\u00eda en las relaciones entre las grandes plataformas y los peque\u00f1os competidores del mercado, sino en el hecho de que estos actores se hab\u00edan convertido, de facto, en infraestructuras de mercado con capital privado. Si se controla la nube, el sistema operativo, la tienda de aplicaciones, los par\u00e1metros por defecto, la capa de identidad y, cada vez m\u00e1s, la interfaz de IA, el hecho de pedirte que no discrimines en un nivel concreto de la pila no cambia en absoluto la naturaleza de la propiedad del terreno.<\/p>\n\n\n\n Por fin empezamos a comprender que debemos abordar las infraestructuras digitales desde el punto de vista de la pol\u00edtica industrial. <\/p>\n\n\n\n En el \u00e1mbito digital, la pol\u00edtica industrial europea era id\u00e9ntica a la pol\u00edtica industrial estadounidense. Cada vez que un ministerio optaba por Microsoft, una universidad transfer\u00eda sus datos a Google, un hospital se hac\u00eda dependiente de AWS o un organismo p\u00fablico se estructuraba en torno a una pila de software propietaria, los fondos p\u00fablicos europeos contribu\u00edan a financiar la expansi\u00f3n, los efectos de aprendizaje, las ventajas en materia de datos y los costos de cambio de esas mismas empresas que la Comisi\u00f3n consider\u00f3 posteriormente demasiado poderosas. Las empresas europeas que se apoyan en esta infraestructura no hacen m\u00e1s que financiar los mecanismos mediante los cuales los actores establecidos perpet\u00faan su dominio. Las empresas europeas siguen, por tanto, dependiendo de la nube estadounidense, de las tiendas de aplicaciones estadounidenses, de la distribuci\u00f3n estadounidense y, a la larga, de los compradores estadounidenses.<\/p>\n\n\n\n Europa se ha convertido en un vasallo digital.<\/p>Cristina Caffarra<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n Un enfoque m\u00e1s firme podr\u00eda haber tenido como objetivo imponer una separaci\u00f3n estructural, limitar las fusiones entre los sectores de la nube, el software, la gesti\u00f3n de identidades y la inteligencia artificial, establecer restricciones estrictas a las adquisiciones de empresas europeas de importancia estrat\u00e9gica, imponer verdaderas obligaciones de interoperabilidad y de cambio de proveedor, exigir la diversificaci\u00f3n de la contrataci\u00f3n p\u00fablica y, tal vez incluso, establecer el principio de que las instituciones p\u00fablicas europeas cr\u00edticas no pueden llegar a depender tecnol\u00f3gicamente de un \u00fanico hiperescalador extranjero. Sin embargo, en el contexto pol\u00edtico-econ\u00f3mico de la d\u00e9cada de 2010, Europa simplemente no cre\u00eda que pudiera plantar cara seriamente a los gigantes estadounidenses. Desde entonces, el despliegue de las infraestructuras ha concluido.<\/p>\n\n\n\n Por lo tanto, el fracaso no se debe simplemente a una aplicaci\u00f3n insuficiente de la normativa, ni siquiera a un dise\u00f1o deficiente de la misma en su conjunto. Se trata m\u00e1s bien de una mala comprensi\u00f3n de la propia naturaleza del poder que se ejerce en los mercados digitales. Lo que importa es la propiedad de las infraestructuras, el control de los cuellos de botella, el acceso al capital y la capacidad de expandirse a gran escala. Europa lleva quince a\u00f1os intentando \u00abcivilizar\u00bb cinco imperios digitales privados, sin hacer lo suficiente para reducir su dominio, desarrollar alternativas y restarles parte de su poder. A estas alturas, el objetivo ya no puede limitarse a exigir un mejor comportamiento por parte de estos operadores: hay que reducir deliberadamente la dependencia europea respecto a ellos, al tiempo que se crea una capacidad tecnol\u00f3gica propia.<\/p>\n\n\n\n Si esta cuesti\u00f3n reviste un car\u00e1cter tan existencial, no es \u00absimplemente\u00bb porque seamos dependientes y estemos expuestos a una posible instrumentalizaci\u00f3n geopol\u00edtica o a un uso estrat\u00e9gico de estos servicios. Se trata de un problema mucho m\u00e1s profundo: est\u00e1 en juego el propio futuro del modelo econ\u00f3mico europeo. En su informe sobre competitividad de septiembre de 2024<\/a>, Mario Draghi situ\u00f3 en el centro de su an\u00e1lisis la desaceleraci\u00f3n del crecimiento de la productividad en Europa en comparaci\u00f3n con Estados Unidos durante los \u00faltimos veinte a\u00f1os. La magnitud real de esta brecha ha sido objeto de un animado debate entre economistas en los \u00faltimos meses (entre Luis Garicano, Philippe Aghion y Antonin Bergeaud, por un lado, y Paul Krugman, Benjamin Wolf, Seth Ackerman, Brad de Long y algunos otros, por el otro). Pero, independientemente de la postura que se adopte sobre la cuesti\u00f3n de los m\u00e9todos y los tipos de medici\u00f3n que deben aplicarse, se admite ampliamente que gran parte de esta diferencia refleja diferencias en la creaci\u00f3n, la adopci\u00f3n y la difusi\u00f3n de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n. El avance de Estados Unidos en el \u00e1mbito digital y de la innovaci\u00f3n ha beneficiado, como era de esperar, mucho m\u00e1s a Am\u00e9rica que a Europa, lo que se ha traducido en salarios y beneficios m\u00e1s elevados en Estados Unidos. Para Europa, poseer una mayor parte de nuestras infraestructuras y apoyarnos en ellas nos permitir\u00eda captar una mayor parte del valor que creamos, en lugar de dejarlo escapar hacia actores externos. Es imprescindible que Europa se reapropie al menos de una parte de las infraestructuras que hemos subcontratado y de las que no tenemos el control. No se trata ni de proteccionismo ni de autarqu\u00eda: sencillamente, no podemos construir nuestro futuro bas\u00e1ndonos por completo en las infraestructuras de otros.<\/p>\n\n\n\n \u200b\u200bEsto resulta hoy en d\u00eda especialmente evidente en el \u00e1mbito de la inteligencia artificial. Europa constata que Estados Unidos est\u00e1 invirtiendo sumas colosales en el entrenamiento de modelos de vanguardia. A\u00fan no podemos afirmar si esta burbuja de financiaci\u00f3n circular<\/a> va a implosionar, pero una cosa es segura: en estos momentos no disponemos de un laboratorio a la vanguardia tecnol\u00f3gica. Una facci\u00f3n de \u00abmaximalistas de la IA\u00bb en Europa est\u00e1 tan desorientada que multiplica los llamados para que Europa se doblegue a\u00fan m\u00e1s ante los hiperescaladores estadounidenses. Suplica que se le prometa el acceso a estos modelos a cambio de condiciones favorables para construir m\u00e1s centros de datos estadounidenses en territorio europeo. Esta postura est\u00e1 abocada al fracaso. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> Como tampoco dispone de los recursos ni del dinamismo aparentemente excepcional de China, que est\u00e1 recuperando su retraso de forma impresionante, Europa parece haberse prometido a s\u00ed misma convertirse en la campeona de la \u00abIA industrial y f\u00edsica\u00bb. A falta de modelos de vanguardia, podr\u00eda convertirse en la reina de la mec\u00e1nica y las m\u00e1quinas. Es cierto que podemos hacerlo, pero eso dista mucho de ser una soluci\u00f3n que permita disponer de una \u00abIA soberana\u00bb y el problema seguir\u00e1 siendo el mismo: habremos construido una IA industrial a partir de la infraestructura de otra persona.<\/p>\n\n\n\n La dif\u00edcil situaci\u00f3n en la que se encuentra actualmente Europa exigir\u00eda un enfoque decidido para considerar las infraestructuras digitales tal y como los pa\u00edses consideraban anta\u00f1o los ferrocarriles, las redes el\u00e9ctricas, el sector aeroespacial o la defensa, es decir, como un \u00e1mbito en el que las capacidades p\u00fablicas, la contrataci\u00f3n p\u00fablica, el capital y la orientaci\u00f3n estrat\u00e9gica son leg\u00edtimos y necesarios. Dejemos de lado todo este alboroto en torno a las cuestiones de derecho de la competencia y la regulaci\u00f3n: nos distraen y nos hacen malgastar nuestra energ\u00eda. <\/p>\n\n\n\n M\u00e1s bien debemos realizar inversiones directas y muy importantes en computaci\u00f3n, la nube, los chips, los centros de datos, la energ\u00eda, el software b\u00e1sico y los modelos abiertos. Tambi\u00e9n ser\u00eda necesario que los gobiernos se convirtieran en clientes de referencia, en lugar de limitarse a firmar cheques para subvenciones, y que las instituciones p\u00fablicas generaran deliberadamente demanda para los proveedores europeos. Ser\u00eda necesario que los veh\u00edculos de inversi\u00f3n p\u00fablicos o parap\u00fablicos estuvieran dispuestos a asumir riesgos de capital a largo plazo, a una escala que el capital riesgo europeo cl\u00e1sico sencillamente no puede absorber. Las instituciones europeas han demostrado que son incapaces de hacerlo. Una y otra vez, los europeos recurren a Bruselas con esperanza, adoptando esa postura habitual, \u00abinfantilizante\u00bb, como si dijeran: \u00abLa Comisi\u00f3n tiene que hacer algo\u00bb. Europa fracasa una y otra vez porque el instinto regulador acaba imponi\u00e9ndose inevitablemente: produce una sucesi\u00f3n interminable de documentos de consulta y proyectos de ley, sin lograr proponer medidas lo suficientemente r\u00e1pidas o radicales, y reparte unos cuantos euros a iniciativas demasiado prudentes y modestas, sin ir m\u00e1s all\u00e1. Los Estados miembros han demostrado que pueden actuar por iniciativa propia (por ejemplo, algunos organismos de la administraci\u00f3n p\u00fablica en Francia, Alemania y otros pa\u00edses han recurrido a proveedores europeos sin esperar a recibir un mandato espec\u00edfico). Es una se\u00f1al \u00fatil, pero insuficiente. Las actitudes tardan en adaptarse a las aspiraciones.<\/p>\n\n\n\nLa obsesi\u00f3n de Europa por la \u00abbuena conducta\u00bb ha servido de pretexto para el deterioro de nuestras infraestructuras<\/h2>\n\n\n\n
Aunque no es in\u00fatil, la normativa es una herramienta muy insuficiente para satisfacer nuestras necesidades<\/h2>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n Una verdad inc\u00f3moda<\/h2>\n\n\n\n
Salir del punto muerto en materia de derecho de la competencia y regulaci\u00f3n es fundamental para el futuro econ\u00f3mico de Europa<\/h2>\n\n\n\n
\u00bfQu\u00e9 hacer? <\/h2>\n\n\n\n