{"id":10825,"date":"2022-11-22T10:58:51","date_gmt":"2022-11-22T10:58:51","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=10825"},"modified":"2022-11-22T11:00:36","modified_gmt":"2022-11-22T11:00:36","slug":"el-siglo-de-la-injerencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2022\/11\/22\/el-siglo-de-la-injerencia\/","title":{"rendered":"El siglo de la injerencia"},"content":{"rendered":"\n

A finales del siglo XX, un peque\u00f1o n\u00famero de instituciones internacionales hab\u00eda llegado a ejercer una influencia considerable en las pol\u00edticas econ\u00f3micas nacionales de muchos Estados del mundo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, en particular, han condicionado la ayuda a los Estados miembros a una amplia gama de reformas, a menudo con profundas consecuencias pol\u00edticas y sociales. Desde \u00c1frica hasta Am\u00e9rica Latina y Asia, los pr\u00e9stamos estaban vinculados al equilibrio de los presupuestos p\u00fablicos, la privatizaci\u00f3n de las industrias estatales, la eliminaci\u00f3n de las regulaciones y la reducci\u00f3n de los aranceles. <\/p>\n\n\n\n

El FMI desarroll\u00f3 estas capacidades durante dos d\u00e9cadas de agitaci\u00f3n mundial, con la crisis de la deuda del Tercer Mundo de los a\u00f1os 1980 y 1990, el colapso de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y la crisis financiera asi\u00e1tica de 1997-98. Al mismo tiempo, se enfrent\u00f3 a una crisis de legitimidad. En todo el mundo, el FMI fue criticado por interferir en la pol\u00edtica interna e imponer pol\u00edticas neoliberales a los Estados del Sur y al antiguo bloque comunista. En la d\u00e9cada de 2000, conscientes de la mala reputaci\u00f3n de la instituci\u00f3n, algunos funcionarios del Fondo dijeron que se pondr\u00edan menos condiciones a sus ayudas. Pero cuando las condiciones se hicieron m\u00e1s flexibles, normalmente fue porque el pa\u00eds que recib\u00eda los pr\u00e9stamos ya hab\u00eda emprendido tantas reformas de liberalizaci\u00f3n que s\u00f3lo quedaban unas pocas medidas por aplicar. Y mientras que algunos miembros del FMI insisten cada vez m\u00e1s en que la instituci\u00f3n ha abandonado su neoliberalismo doctrinario, sigue exigiendo las mismas medidas de austeridad generalizadas cuando los Estados piden ayuda, incluso en el momento m\u00e1s \u00e1lgido de la pandemia de Covid-19.<\/p>\n\n\n\n

En la actualidad, aunque el FMI sigue siendo la \u00fanica instituci\u00f3n financiera internacional con recursos para hacer frente a crisis financieras graves, s\u00f3lo los Estados m\u00e1s desesperados suelen recurrir a \u00e9l. Es probable que otros lo hagan en los pr\u00f3ximos meses a medida que los bancos centrales, con la Reserva Federal de Estados Unidos a la cabeza, suban los tipos de inter\u00e9s, encareciendo mucho el servicio de la deuda soberana. Desde Sri Lanka hasta Pakist\u00e1n o Ghana, muchos pa\u00edses se encuentran ahora en situaci\u00f3n de extrema dificultad de endeudamiento, lo que apunta a una nueva ola de impagos de la deuda soberana mundial. Tras las \u00faltimas crisis mundiales de la deuda de los a\u00f1os ochenta y noventa, en las que el FMI se inmiscuy\u00f3 en las pol\u00edticas internas m\u00e1s delicadas de algunos de sus Estados miembros, se produjo una reacci\u00f3n generalizada contra lo que se consideraba una injerencia del FMI. Para evitar los rescates del FMI, varios Estados buscaron otras formas de protegerse de la inestabilidad financiera, como la acumulaci\u00f3n de grandes cantidades de reservas de divisas. Este fue el caso no s\u00f3lo de rivales estadounidenses como China y Rusia, sino tambi\u00e9n de muchos mercados emergentes y pa\u00edses en desarrollo de bajos ingresos, como Corea del Sur y Brasil.<\/p>\n\n\n\n

Mientras que algunos miembros del FMI insisten cada vez m\u00e1s en que la instituci\u00f3n ha abandonado su neoliberalismo doctrinario, sigue exigiendo las mismas medidas de austeridad generalizadas cuando los Estados piden ayuda, incluso en el momento m\u00e1s \u00e1lgido de la pandemia de Covid-19.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Esta estrategia no ha sido ni mucho menos indolora: ha desviado dinero de la inversi\u00f3n p\u00fablica y de los programas de reducci\u00f3n de la pobreza en los pa\u00edses de renta baja y ha canalizado el capital del Sur hacia la inversi\u00f3n en la deuda p\u00fablica del Norte. Pero para algunos Estados, la alternativa -aceptar un pr\u00e9stamo condicionado de una instituci\u00f3n dominada por el Tesoro estadounidense- podr\u00eda parecer a\u00fan peor. <\/p>\n\n\n\n

A medida que aumenta la escala de los desaf\u00edos globales del siglo XXI, el ideal de una cooperaci\u00f3n financiera internacional que no implique estas impopulares exigencias intervencionistas sobre las pol\u00edticas nacionales no parece estar m\u00e1s cerca de realizarse que antes. Hasta ahora, no se ha encontrado ninguna forma estable y leg\u00edtima de gobernanza econ\u00f3mica mundial para navegar por una econom\u00eda mundial inestable. <\/p>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 hay que hacer? La respuesta depende en parte de c\u00f3mo contemos la historia de la crisis de gobernanza econ\u00f3mica mundial. Una versi\u00f3n popular de la historia ve la crisis en t\u00e9rminos del ascenso del neoliberalismo. Seg\u00fan este punto de vista, las instituciones de Bretton Woods, creadas en 1944 en el punto \u00e1lgido del consenso keynesiano de mediados del siglo XX -incluyendo el FMI y el Banco Mundial- s\u00f3lo se convirtieron en veh\u00edculos de injerencia a partir de la d\u00e9cada de 1970. Despu\u00e9s de que Nixon pusiera fin a la convertibilidad del d\u00f3lar en oro en 1971, el FMI y el Banco Mundial perdieron sus mandatos originales y el Estado estadounidense los utiliz\u00f3 para supervisar una revoluci\u00f3n del mercado mundial. Anteriormente, estas instituciones hab\u00edan representado lo que el polit\u00f3logo John Ruggie ha llamado \u00abel compromiso del liberalismo incrustado\u00bb en el coraz\u00f3n del orden econ\u00f3mico de la posguerra, un sistema que era a la vez multilateral y revolucionario, ya que daba a los Estados una mayor autonom\u00eda para llevar a cabo pol\u00edticas econ\u00f3micas y sociales ambiciosas que la que hab\u00edan tenido antes de los a\u00f1os 1930, cuando el patr\u00f3n oro hab\u00eda limitado gravemente la gesti\u00f3n de sus econom\u00edas nacionales.<\/p>\n\n\n\n

La moraleja de esta historia es esencialmente nost\u00e1lgica: si abandon\u00e1ramos el neoliberalismo actual, estas instituciones podr\u00edan volver a funcionar como los veh\u00edculos leg\u00edtimos de cooperaci\u00f3n internacional que una vez fueron. El objetivo, en definitiva, deber\u00eda ser recuperar una edad de oro perdida de la gobernanza econ\u00f3mica mundial. <\/p>\n\n\n\n

Pero centrarse en el giro neoliberal de la posguerra, por muy importante que fuera, oscurece los defectos de las instituciones liberales de mediados del siglo XX, defectos que se hacen m\u00e1s evidentes cuando se retrocede en el tiempo. Los primeros esfuerzos internacionales para gobernar la econom\u00eda global se remontan en realidad a d\u00e9cadas antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando los imperios del siglo XIX se adaptaron a un orden mundial transformado por la Primera Guerra Mundial. Aunque exacerbado por la revoluci\u00f3n neoliberal, el surgimiento de un FMI intervencionista tiene sus ra\u00edces en este proceso de m\u00e1s largo plazo de adaptaci\u00f3n imperial a las nuevas formas de pol\u00edtica de masas y al surgimiento de la autodeterminaci\u00f3n a principios del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n

Los primeros esfuerzos internacionales para gobernar la econom\u00eda global se remontan en realidad a d\u00e9cadas antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando los imperios del siglo XIX se adaptaron a un orden mundial transformado por la Primera Guerra Mundial.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En otras palabras, la idea de una era estable de cooperaci\u00f3n internacional a mediados del siglo XX que s\u00f3lo habr\u00eda que reactivar hoy es un mito. Desde su creaci\u00f3n en 1918, las instituciones econ\u00f3micas internacionales siempre han sido acusadas de injerencia, y siempre han estado estrechamente vinculadas a las prerrogativas de los imperios. A diferencia de los organismos internacionales encargados de evitar que los ministerios de asuntos exteriores se declaren la guerra, su trabajo consist\u00eda en interferir en los asuntos nacionales conflictivos. Incluso cuando se pusieron l\u00edmites a su poder, estas instituciones tendieron, con el tiempo, a ser m\u00e1s intervencionistas, ya que sus decisiones afectaban a muchos niveles de la vida pol\u00edtica, social y econ\u00f3mica de los Estados e imperios. Si se quieren construir hoy instituciones verdaderamente cooperativas para la gobernanza econ\u00f3mica mundial, es esencial comprender y tener en cuenta este legado. <\/p>\n\n\n\n\n\n

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\u00a9 Tommaso Picone<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

El punto de inflexi\u00f3n en esta historia no fue la Segunda Guerra Mundial, sino la Primera. Fue entonces cuando las instituciones econ\u00f3micas internacionales -por primera vez en la historia- comenzaron a intervenir en las decisiones econ\u00f3micas nacionales m\u00e1s importantes de algunos de sus Estados miembros. Al hacerlo, estas instituciones supervisaron una importante transformaci\u00f3n de la soberan\u00eda y el orden internacional, remodelando las viejas herramientas del imperialismo financiero para una nueva era de autodeterminaci\u00f3n. Durante mucho tiempo se ha restado importancia a esta \u00e9poca de injerencia internacional en la elaboraci\u00f3n de la pol\u00edtica econ\u00f3mica nacional, en gran medida porque las instituciones internacionales del periodo de entreguerras se consideraban un fracaso. En comparaci\u00f3n con sus objetivos de salvar al mundo de la depresi\u00f3n y evitar el estallido de la guerra, no se puede sacar otra conclusi\u00f3n. Pero los historiadores han demostrado recientemente c\u00f3mo los experimentos internacionalistas de estos a\u00f1os sentaron las bases del orden internacional posterior a 1945<\/a>. Junto con los avances en la regulaci\u00f3n internacional de la salud p\u00fablica, la migraci\u00f3n, la gesti\u00f3n de los refugiados y el contrabando, los esfuerzos para regular el capitalismo global se inauguraron en los tumultuosos a\u00f1os entre las dos guerras mundiales, no en la d\u00e9cada de 1940.<\/p>\n\n\n\n

Estas primeras instituciones econ\u00f3micas internacionales fueron concebidas para defender el capitalismo y estabilizar un orden internacional dominado por Europa que se hab\u00eda sumido en el caos de la Primera Guerra Mundial. Sus poderes fueron configurados por las prerrogativas de algunos gobiernos y bancos centrales europeos, principalmente los de las potencias aliadas vencedoras, aunque los intereses privados estadounidenses y a veces las autoridades p\u00fablicas tambi\u00e9n desempe\u00f1aron un papel en su g\u00e9nesis. La m\u00e1s importante de estas instituciones fue la Sociedad de las Naciones, concebida en parte por el presidente estadounidense Woodrow Wilson y fundada en 1920, pero a la que nunca se adhiri\u00f3 Estados Unidos. Los 42 miembros fundadores de la Liga abarcaban desde el Imperio Brit\u00e1nico y gran parte de Europa hasta Argentina, Cuba, China y Jap\u00f3n. El primer banco internacional del mundo, el Banco de Pagos Internacionales, se uni\u00f3 a la Sociedad en 1930, y pronto surgieron varios organismos intergubernamentales para facilitar la producci\u00f3n y el intercambio de materias primas y productos agr\u00edcolas como el esta\u00f1o, el caucho y el trigo. A ra\u00edz de estos acontecimientos, la intervenci\u00f3n internacional se convirti\u00f3 en una rutina a medida que los mercados mundiales se insertaban en nuevos marcos legales e institucionales, apoyados por un pu\u00f1ado de Estados, imperios y grandes bancos.<\/p>\n\n\n\n

La intervenci\u00f3n internacional se convirti\u00f3 en una rutina a medida que los mercados mundiales se insertaban en nuevos marcos legales e institucionales, apoyados por un pu\u00f1ado de Estados, imperios y grandes bancos.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Estas instituciones crearon poderes intervencionistas similares a los del actual FMI, Banco Mundial y otras organizaciones. Por ejemplo, la primera vez que una instituci\u00f3n internacional condicion\u00f3 los pr\u00e9stamos al compromiso de un gobierno con un programa de austeridad interna y a la independencia del banco central fue a principios de la d\u00e9cada de 1920, cuando la Sociedad de las Naciones supervis\u00f3 los programas de reconstrucci\u00f3n financiera en los antiguos territorios otomanos y de los Habsburgo, especialmente en Austria y Hungr\u00eda. Los banqueros y funcionarios implicados en estos programas los consideraban esenciales para evitar el caos financiero en partes inestables de Europa, la marcha del bolchevismo hacia el oeste, el estallido de una nueva guerra o grandes cambios territoriales que hubieran socavado el fr\u00e1gil equilibrio de la posguerra. <\/p>\n\n\n\n

Asimismo, la primera vez que la inversi\u00f3n privada se destin\u00f3 a un programa de desarrollo internacional fue en 1923-24, tras la crisis de los refugiados en Grecia despu\u00e9s de la guerra con Turqu\u00eda, cuando la Sociedad de las Naciones supervis\u00f3 el gasto de un gran pr\u00e9stamo extranjero para un proyecto de desarrollo agr\u00edcola, de infraestructuras y de viviendas. Este proyecto implicaba una comisi\u00f3n dirigida por extranjeros, desvinculada del gobierno griego, que esencialmente controlaba los medios de vida econ\u00f3micos de un amplio y emergente sector de la poblaci\u00f3n griega. En cuanto a la primera gran organizaci\u00f3n intergubernamental para controlar la producci\u00f3n y los precios de las materias primas, como hace hoy la Organizaci\u00f3n de Pa\u00edses Exportadores de Petr\u00f3leo (OPEP) con el petr\u00f3leo, se cre\u00f3 a principios de la d\u00e9cada de 1930 con otras dos materias primas -el esta\u00f1o y el caucho- cuando los funcionarios coloniales brit\u00e1nicos y holandeses trataban de contener las revueltas obreras en las colonias del sudeste asi\u00e1tico y satisfacer las exigencias de los lobbies comerciales. Lo que ten\u00edan en com\u00fan estos esfuerzos eran las sustanciales exigencias que planteaban a las pol\u00edticas econ\u00f3micas, los recursos y la informaci\u00f3n de las potencias soberanas, con el objetivo de estabilizar un sistema capitalista mundial que se hab\u00eda visto perturbado por la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias. <\/p>\n\n\n\n

Por supuesto, los ministerios de asuntos exteriores, las empresas y los bancos llevaban mucho tiempo colaborando m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras nacionales, pero sin permitir que las instituciones internacionales tocaran los intereses econ\u00f3micos vitales de los Estados poderosos. M\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Europa, pocos Estados estuvieron aislados de las demandas externas; durante siglos, los imperios han codiciado violentamente la riqueza y los recursos del mundo no europeo. Incluso cuando sus incursiones no llegaron a la anexi\u00f3n colonial, las potencias imperiales, incluido Estados Unidos, obligaron a muchos pa\u00edses a abrir sus espacios internos a los actores extranjeros, ya sea en China, Oriente Medio, Am\u00e9rica Latina, el Caribe o la periferia de los Balcanes. De hecho, en el siglo XIX, los bancos y los imperios que los amparaban perfeccionaron el arte de inmiscuirse en los asuntos de otros pa\u00edses sin llegar a la colonizaci\u00f3n. Las primeras instituciones multilaterales de control financiero fueron, de hecho, comisiones de deuda creadas a instancias de los inversores europeos en el norte de \u00c1frica y Oriente Medio, a partir de la d\u00e9cada de 1860. Estas herramientas del imperialismo financiero informal permitieron a los representantes de los bancos y gobiernos extranjeros ejercer amplios poderes sobre los ingresos y los presupuestos de los prestatarios soberanos considerados de alto riesgo de impago. Desde el final de la Primera Guerra Mundial, hay muchos precedentes de pa\u00edses fuertes que violan la soberan\u00eda de los d\u00e9biles en nombre del poder y el beneficio.<\/p>\n\n\n\n

Incluso cuando sus incursiones no llegaron a la anexi\u00f3n colonial, las potencias imperiales, incluido Estados Unidos, obligaron a muchos pa\u00edses a abrir sus espacios internos a los actores extranjeros, ya sea en China, Oriente Medio, Am\u00e9rica Latina, el Caribe o la periferia de los Balcanes.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Sin embargo, instituciones de posguerra como la Sociedad de las Naciones deb\u00edan ser mecanismos de cooperaci\u00f3n entre entidades formalmente soberanas, y no simplemente nuevas formas de coerci\u00f3n imperial. Una nueva era de autodeterminaci\u00f3n estaba sobre nosotros. El colapso de antiguos imperios, como Rusia y Austria-Hungr\u00eda, dio lugar a nuevos Estados que protegieron cuidadosamente su soberan\u00eda. Estas transformaciones en el orden mundial se producen en paralelo a los cambios ideol\u00f3gicos y pol\u00edticos a nivel nacional. Muchos gobiernos se democratizan a medida que se eliminan las restricciones de clase y de g\u00e9nero al derecho de voto y los partidos socialistas se afianzan en los parlamentos. Esto hace que sea m\u00e1s dif\u00edcil que nunca para los gobiernos justificar la incursi\u00f3n de actores extranjeros en su pol\u00edtica interna, aunque las poderosas \u00e9lites nacionales reconocen a veces que esto puede ser \u00fatil para reducir la oposici\u00f3n interna a la austeridad u otras reformas controvertidas.<\/p>\n\n\n\n

A principios del siglo XX, la noci\u00f3n de soberan\u00eda formal que proteg\u00eda a los Estados de la influencia de actores extranjeros estaba profundamente arraigada en el derecho internacional. Esta concepci\u00f3n de la soberan\u00eda -como la protecci\u00f3n de los espacios dom\u00e9sticos frente a las injerencias externas- se desarroll\u00f3 primero en el contexto de las cuestiones religiosas a principios de la Edad Moderna, y luego se centr\u00f3 en si los cambios constitucionales, las revoluciones y las guerras civiles de algunos Estados pod\u00edan ser anulados por otros. A finales del siglo XIX, se consideraba que el derecho de no injerencia se extend\u00eda tambi\u00e9n a las medidas econ\u00f3micas, incluso cuando afectaban al bienestar de otros pa\u00edses, como los aranceles, los impuestos, las monedas y el gasto p\u00fablico. <\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, estos eran exactamente los \u00e1mbitos que parec\u00edan necesitar una intervenci\u00f3n tras la Primera Guerra Mundial, ya que una serie de banqueros, funcionarios y tecn\u00f3cratas internacionalistas occidentales (principalmente de las potencias aliadas vencedoras) instaron a los gobiernos a que se comprometieran con la restricci\u00f3n fiscal, limitaran las barreras comerciales y supervisaran una pol\u00edtica monetaria s\u00f3lida. A medida que las demandas de autodeterminaci\u00f3n se convirtieron en una poderosa matriz ideol\u00f3gica, estos esfuerzos por gobernar la econom\u00eda global plantearon un nuevo problema: \u00bfc\u00f3mo obligar a los gobiernos de los Estados soberanos a renunciar a la plena autonom\u00eda sobre las pol\u00edticas, los recursos y las instituciones nacionales sin que parezca que se insulta su orgullo nacional y sus demandas de autodeterminaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n

Estas innovaciones en materia de gobernanza mundial fueron controvertidas precisamente porque parec\u00edan llevarse a cabo en la estela del imperialismo.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Estas innovaciones en materia de gobernanza mundial fueron controvertidas precisamente porque parec\u00edan llevarse a cabo en la estela del imperialismo. En un orden mundial profundamente desigual, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda un Estado soberano exponer sus intereses internos a la intervenci\u00f3n externa sin perder su poder y autonom\u00eda? \u00bfC\u00f3mo puede permitir que una instituci\u00f3n que representa los intereses de gobiernos, bancos centrales o capitalistas rivales ejerza alguna influencia en su pol\u00edtica interior? Participar en esa cooperaci\u00f3n internacional iba m\u00e1s all\u00e1 de la simple firma de tratados; implicaba otorgar a una instituci\u00f3n el poder de emitir juicios sobre las cuestiones internas m\u00e1s delicadas de la econom\u00eda pol\u00edtica. Y, de hecho, cualquier intento de trascender la soberan\u00eda econ\u00f3mica de los Estados se encontr\u00f3 con una feroz resistencia, por parte de las \u00e9lites pol\u00edticas, los banqueros, los trabajadores y las empresas. Mientras libraban sus propias batallas, estos actores se preguntaban si las nuevas instituciones ofrec\u00edan una forma de internacionalismo genuino o simplemente un m\u00e9todo ingenioso para reciclar o justificar el imperio.<\/p>\n\n\n\n

El ejemplo de los primeros pr\u00e9stamos condicionados concedidos por la Sociedad de las Naciones en la d\u00e9cada de 1920 a las Potencias Centrales derrotadas, como Austria y Hungr\u00eda, es esclarecedor. A diferencia de instituciones posteriores como el FMI y el Banco Mundial, la Sociedad no ten\u00eda acceso directo al capital que pod\u00eda prestar. Lo que s\u00ed pod\u00eda hacer -y hac\u00eda- era mediar entre los prestamistas extranjeros y los Estados miembros nombrando asesores a los gobiernos receptores para que supervisaran sus presupuestos. Los funcionarios de la SDN argumentaron que este mecanismo de supervisi\u00f3n mejorar\u00eda la solvencia de los pa\u00edses receptores y los har\u00eda menos propensos al impago al garantizar que se comprometieran con las pol\u00edticas ampliamente consideradas como necesarias para la estabilizaci\u00f3n financiera: recortar el gasto p\u00fablico, aumentar los impuestos, poner fin a la impresi\u00f3n de dinero, retirar los bancos centrales del control pol\u00edtico y volver al patr\u00f3n oro. Esto supuso la adaptaci\u00f3n de una forma de control financiero semicolonial antes reservada a los deudores soberanos de fuera de Europa o de su supuesta periferia balc\u00e1nica subdesarrollada. <\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, la perspectiva de establecer comisiones de deuda p\u00fablica en Viena o Berl\u00edn, como las creadas d\u00e9cadas antes en China, Egipto y el Imperio Otomano, era muy controvertida. Desafi\u00f3 las fronteras imaginarias entre el llamado mundo europeo \u00abcivilizado\u00bb y el mundo no europeo. Al exponer a los pa\u00edses europeos a una forma de injerencia extranjera que los banqueros europeos (y los imperios que proteg\u00edan sus intereses) hab\u00edan impuesto durante mucho tiempo a las denominadas regiones \u00abatrasadas\u00bb del mundo, la soberan\u00eda de los pa\u00edses europeos se vio confundida, al igual que su posici\u00f3n en el orden internacional de posguerra. Las herramientas desarrolladas para la periferia hab\u00edan sido introducidas en el centro. <\/p>\n\n\n\n

Las herramientas desarrolladas para la periferia hab\u00edan sido introducidas en el centro. <\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Desde Am\u00e9rica Latina hasta China o la India, los cr\u00edticos vieron en este nuevo tipo de gobernanza internacional poco m\u00e1s que un intento de encubrir pr\u00e1cticas imperiales arcaicas. De hecho, una vez que se dieron cuenta de la p\u00e9rdida de autonom\u00eda de los beneficiarios de los pr\u00e9stamos de estabilizaci\u00f3n de la SDN, muchos pa\u00edses rechazaron esas ofertas de ayuda. Incluso en su desesperada b\u00fasqueda de capital, por ejemplo, el gobierno nacionalista que lleg\u00f3 al poder en China a finales de la d\u00e9cada de 1920 se neg\u00f3 a considerar cualquier pr\u00e9stamo con los mismos requisitos que la SDN hab\u00eda impuesto a Austria y Hungr\u00eda. Del mismo modo, en la d\u00e9cada de 1930, el gobierno de Liberia rechaz\u00f3 una propuesta de asistencia t\u00e9cnica de la SDN por considerar que supondr\u00eda una injerencia de gran alcance en los asuntos internos de uno de los \u00fanicos estados africanos soberanos de la SDN. Estado tras Estado, desde Portugal hasta Polonia y Yugoslavia, decidieron que preservar su autonom\u00eda era m\u00e1s importante que aceptar pr\u00e9stamos con onerosos requisitos de pol\u00edtica interna. Esta resistencia fue el preludio del clamor contra el mecanismo de condicionalidad del FMI que se introdujo varias d\u00e9cadas despu\u00e9s. <\/p>\n\n\n\n

A pesar de esa feroz resistencia, esta nueva forma de diplomacia bancaria acab\u00f3 imponi\u00e9ndose. Naci\u00f3 una pr\u00e1ctica duradera de gobernanza internacional, una pr\u00e1ctica que sigue dando forma a las relaciones entre deudores y acreedores en la actualidad. <\/p>\n\n\n\n

Estas mismas cuestiones de soberan\u00eda e injerencia estuvieron en primera l\u00ednea de las negociaciones que condujeron al Acuerdo de Bretton Woods a mediados del siglo pasado. Esto se olvida a menudo en la historia de Bretton Woods, que tiende a centrarse en c\u00f3mo el economista brit\u00e1nico John Maynard Keynes luch\u00f3 con su hom\u00f3logo estadounidense, el economista del Tesoro Harry Dexter White, para crear un sistema monetario internacional que estabilizara las monedas, evitara un desastre en la balanza de pagos de Gran Breta\u00f1a y conciliara la estabilizaci\u00f3n financiera internacional con las pol\u00edticas nacionales de pleno empleo y bienestar. El compromiso al que llegaron fue, con algunas modificaciones, ratificado en la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944.<\/p>\n\n\n\n\n\n

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Sin embargo, lejos de marcar una ruptura radical con el sistema econ\u00f3mico mundial de antes de la guerra, Bretton Woods intervino en las disputas existentes sobre c\u00f3mo las instituciones internacionales pod\u00edan ejercer un poder leg\u00edtimo sobre los Estados soberanos sin someterlos a la interferencia de gobiernos extranjeros e intereses privados. Al dise\u00f1ar el FMI, Keynes y sus colegas trataron de garantizar que la instituci\u00f3n respetara la autonom\u00eda econ\u00f3mica de sus Estados miembros manteni\u00e9ndose al margen de sus pol\u00edticas fiscales y monetarias nacionales, especialmente cuando qued\u00f3 claro que los representantes estadounidenses de la instituci\u00f3n podr\u00edan ejercer un veto efectivo sobre sus decisiones; su \u00e1mbito de actuaci\u00f3n deb\u00eda limitarse a lo que Keynes denomin\u00f3 \u00abel terreno internacional\u00bb. Trataron de evitar cualquier cosa que se pareciera al estilo de pr\u00e9stamo de la Sociedad de las Naciones, que implicaba claramente la posibilidad de que el Imperio Brit\u00e1nico, debilitado por la guerra, se enfrentara al tipo de controles exteriores que antes se reservaban a los enemigos derrotados de Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n

Pero aunque los brit\u00e1nicos estaban seguros de que el FMI no adquirir\u00eda tales poderes, sus esfuerzos por evitar una organizaci\u00f3n intervencionista fueron infructuosos. Poco despu\u00e9s de su creaci\u00f3n, el FMI volvi\u00f3 gradualmente al estilo arcaico de la diplomacia de los banqueros, condicionando el acceso a sus recursos a exigencias cada vez m\u00e1s intrusivas en relaci\u00f3n con las pol\u00edticas econ\u00f3micas nacionales sensibles. Desde principios de la d\u00e9cada de 1950, la promesa de acceso al capital permiti\u00f3 al FMI ejercer una influencia considerable sobre las pol\u00edticas de algunos de sus Estados miembros, mientras que los banqueros de Wall Street -que hab\u00edan visto su influencia temporalmente reducida durante la guerra- fueron ganando m\u00e1s poder dentro de la instituci\u00f3n. No es de extra\u00f1ar que las exigencias del FMI a los Estados receptores de ayuda fueran inicialmente mayores en las regiones tradicionales del imperio informal estadounidense y europeo, especialmente en Am\u00e9rica Latina. Aunque los representantes europeos han hecho uso de los recursos del FMI, es fuera de Europa donde las condiciones fiscales y monetarias para acceder al capital del FMI han sido m\u00e1s importantes, desde Bolivia hasta Chile y Paraguay.<\/p>\n\n\n\n

Poco despu\u00e9s de su creaci\u00f3n, el FMI volvi\u00f3 gradualmente al estilo arcaico de la diplomacia de los banqueros, condicionando el acceso a sus recursos a exigencias cada vez m\u00e1s intrusivas sobre las pol\u00edticas econ\u00f3micas nacionales sensibles.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Estas pr\u00e1cticas continuaron a lo largo de las d\u00e9cadas de 1950 y 1960, ya que el FMI perfeccion\u00f3 sus m\u00e9todos para imponer condiciones a los pr\u00e9stamos a trav\u00e9s de los llamados \u00abstand-by arrangements<\/em>\u00bb (\u201cacuerdos de confirmaci\u00f3n) y centr\u00f3 sus esfuerzos principalmente en proporcionar ayuda financiera a los pa\u00edses del llamado mundo en desarrollo. Tras el colapso del sistema de Bretton Woods a principios de la d\u00e9cada de 1970, las pr\u00e1cticas de pr\u00e9stamo condicionado del FMI se ampliaron, dando lugar a la aparici\u00f3n de la l\u00f3gica intervencionista dentro del Fondo que conocemos hoy. Durante la d\u00e9cada de 1980, el alcance de la instituci\u00f3n en los asuntos internos de algunos Estados miembros se ampli\u00f3 considerablemente, yendo m\u00e1s all\u00e1 de las cuestiones fiscales y monetarias para incluir tambi\u00e9n importantes reformas estructurales: privatizaci\u00f3n, liberalizaci\u00f3n del comercio, desregulaci\u00f3n, imposici\u00f3n de la independencia del banco central y cambios en las pol\u00edticas sociales y la legislaci\u00f3n laboral. Aunque estos poderes son m\u00e1s amplios de lo que el FMI ha ejercido nunca, su aparici\u00f3n no esper\u00f3 al surgimiento del neoliberalismo: siempre han estado latentes en la configuraci\u00f3n del FMI. <\/p>\n\n\n\n

Uno de los efectos de esta perspectiva m\u00e1s larga es dejar a un lado cualquier tentaci\u00f3n de ser nost\u00e1lgicos con respecto a la mitad del siglo XX. Las instituciones econ\u00f3micas internacionales creadas en 1944 no fueron las primeras de su tipo, ni respetaron la autonom\u00eda de todos sus Estados miembros. El \u00abliberalismo integrado\u00bb era, en el mejor de los casos, una doctrina limitada, relevante principalmente para los Estados del Atl\u00e1ntico Norte en su versi\u00f3n m\u00e1s fuerte. Despu\u00e9s de 1945, gran parte del mundo sigui\u00f3 viviendo dentro de los confines de los imperios coloniales, no de los Estados-naci\u00f3n soberanos, donde la autonom\u00eda pol\u00edtica era d\u00e9bil. Los pa\u00edses que alcanzaron la independencia formal rara vez vieron c\u00f3mo su nuevo estatus legal se traduc\u00eda inmediatamente en una ausencia de presiones externas. Y lo que es m\u00e1s importante, las nuevas instituciones de Bretton Woods nunca renunciaron en la pr\u00e1ctica a su poder de intervenci\u00f3n en los asuntos internos de los Estados. Casi desde que el FMI comenz\u00f3 a prestar asistencia financiera a los Estados miembros de Am\u00e9rica Latina, la recepci\u00f3n de esta ayuda estuvo subordinada a reformas de austeridad y antiinflacionistas. Incluso tras el abandono del patr\u00f3n oro, varios pa\u00edses siguieron enfrent\u00e1ndose a presiones disciplinarias externas, ahora impuestas por instituciones intergubernamentales que ejerc\u00edan juicios discrecionales que eran ineludiblemente pol\u00edticos. Estas instituciones eran menos las defensoras de una reconfiguraci\u00f3n radicalmente nueva de la soberan\u00eda, la democracia y el capitalismo global que las herederas de un antiguo r\u00e9gimen imperialista financiero informal, actualizado en la era de la supremac\u00eda estadounidense.<\/p>\n\n\n\n

La contrapartida de esta renuncia a la nostalgia debe ser una confrontaci\u00f3n l\u00facida y ambiciosa con las realidades de la gobernanza global del capitalismo del siglo XXI. Los desaf\u00edos son mucho mayores de lo que a veces sugieren las historias esquem\u00e1ticas de la ruptura neoliberal. A la luz de los profundos desequilibrios de poder a escala mundial, la capacidad de intervenir en los asuntos econ\u00f3micos internos de otro Estado, ya sea directa o indirectamente, siempre ha provocado importantes problemas de legitimidad, socavando por completo el proyecto de cooperaci\u00f3n econ\u00f3mica internacional. Uno de los mayores retos para los internacionalistas ha sido convencer a los Estados de que renuncien a parte de su soberan\u00eda en nombre de la cooperaci\u00f3n, al tiempo que afirman la existencia de un dominio que s\u00f3lo pertenece al Estado. Estos esfuerzos se ven amenazados cuando dichos sacrificios no se exigen a todos los Estados, sino s\u00f3lo a los que se considera que ocupan una posici\u00f3n subordinada en el orden mundial, y cuando se dise\u00f1an para promover los beneficios privados y los objetivos estrat\u00e9gicos de los Estados competidores en lugar de una aut\u00e9ntica forma de cooperaci\u00f3n internacional. El hecho de que este problema, en diversas formas, haya persistido durante m\u00e1s de un siglo sugiere que las simples reformas de las instituciones existentes no ser\u00e1n suficientes para producir una forma m\u00e1s estable y leg\u00edtima de gobernanza econ\u00f3mica mundial.<\/p>\n\n\n\n

Uno de los mayores retos para los internacionalistas ha sido convencer a los Estados de que renuncien a parte de su soberan\u00eda en nombre de la cooperaci\u00f3n, al tiempo que afirman la existencia de un dominio que s\u00f3lo pertenece al Estado.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Pero este mismo fracaso tambi\u00e9n podr\u00eda impulsar una reflexi\u00f3n m\u00e1s ambiciosa sobre c\u00f3mo dise\u00f1ar una nueva arquitectura de la cooperaci\u00f3n internacional que supere las instituciones del siglo XX y los legados del imperio.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 implicar\u00eda esto?<\/p>\n\n\n\n

Un primer paso ser\u00eda ampliar y consolidar las formas existentes de ayuda financiera a los Estados que no implican los mismos costosos requisitos de pol\u00edtica interna. Uno de estos m\u00e9todos ya existe en el FMI: los derechos especiales de giro (DEG), que proporcionan liquidez incondicional a todos los Estados miembros en cantidades determinadas por sus cuotas. Aunque el FMI asign\u00f3 650.000 millones de d\u00f3lares en DEG en agosto de 2021, s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de esta cantidad se destin\u00f3 a los pa\u00edses de bajos ingresos que m\u00e1s lo necesitaban. Sin embargo, la oposici\u00f3n del Congreso hace improbable que se apruebe m\u00e1s de esta cantidad, en gran medida porque estos activos no s\u00f3lo se proporcionan a los socios de Estados Unidos, sino tambi\u00e9n a rivales como Ir\u00e1n y China. El gobierno estadounidense no se opone uniformemente a la ayuda financiera incondicional: durante las graves crisis de 2008 y 2020, la Reserva Federal puso miles de millones de d\u00f3lares a disposici\u00f3n de los bancos centrales extranjeros de forma incondicional en virtud de acuerdos de intercambio de divisas. Pero este dinero s\u00f3lo se destin\u00f3 a un n\u00famero limitado de pa\u00edses, principalmente socios cercanos de Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n

El requisito m\u00ednimo ser\u00eda una verdadera red de seguridad financiera mundial que no ate el destino de los deudores a los caprichos estrat\u00e9gicos de las grandes potencias. A pesar de sus deficiencias, el FMI es la \u00fanica instituci\u00f3n multilateral existente que podr\u00eda, al menos en teor\u00eda, operar a esa escala. Pero el capital del Fondo no est\u00e1 a la altura de los retos a los que se enfrenta. Los esfuerzos por aumentar el tama\u00f1o de las cuotas de los miembros -y por reequilibrar el reparto de las mismas para que el proceso de toma de decisiones de la instituci\u00f3n sea m\u00e1s representativo- han sido bloqueados por sus directores estadounidenses. El hecho de que Estados Unidos tenga poder de veto en el FMI significa que la naturaleza estancada de la pol\u00edtica interna estadounidense desempe\u00f1a un papel clave a la hora de determinar lo que esta instituci\u00f3n oficialmente global puede y no puede hacer. Y asegura que las decisiones clave del FMI, a pesar de su naturaleza multilateral, est\u00e1n determinadas en \u00faltima instancia por los imperativos estrat\u00e9gicos de Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n

El hecho de que Estados Unidos tenga poder de veto en el FMI significa que la naturaleza estancada de la pol\u00edtica interna estadounidense desempe\u00f1a un papel clave a la hora de determinar lo que esta instituci\u00f3n oficialmente global puede y no puede hacer.<\/p>JAMIE MARTIN<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Mientras el FMI siga dominado por sus representantes estadounidenses, es poco probable que los numerosos programas nuevos de soluciones tecnocr\u00e1ticas den lugar a un cambio significativo. Es esencial ejercer una presi\u00f3n real para que los responsables pol\u00edticos apoyen una transformaci\u00f3n fundamental en la forma en que se distribuye el poder y se toman las decisiones dentro de sus muros. A largo plazo, se necesita una pol\u00edtica revitalizada de internacionalismo econ\u00f3mico, arraigada en los movimientos sociales existentes y en los nuevos, para impulsar nuevas instituciones que promuevan objetivos ambiciosos, ya sea canalizando el capital hacia transiciones con bajas emisiones de carbono o creando una red de seguridad financiera mundial que no vaya acompa\u00f1ada de las mismas exigencias intervencionistas y de talla \u00fanica para los deudores que han caracterizado durante mucho tiempo su relaci\u00f3n con los acreedores en las instituciones internacionales. De lo contrario, el futuro de la cooperaci\u00f3n econ\u00f3mica internacional corre el riesgo de quedarse estancado en el mismo ciclo de crisis, excesos y contragolpes que ha experimentado durante m\u00e1s de un siglo -si es que no se derrumba por completo-.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

La idea de una edad de oro de la cooperaci\u00f3n econ\u00f3mica internacional es un mito -a escala mundial, la intervenci\u00f3n de entidades supranacionales en la vida econ\u00f3mica de los Estados no data de las instituciones de Bretton Woods-. 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