{"id":108000,"date":"2026-08-09T19:29:53","date_gmt":"2026-08-09T17:29:53","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=108000"},"modified":"2026-08-09T19:32:49","modified_gmt":"2026-08-09T17:32:49","slug":"varsovia-bajo-varsovia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/08\/09\/varsovia-bajo-varsovia\/","title":{"rendered":"Varsovia bajo Varsovia"},"content":{"rendered":"\n
Antes de mi primer viaje en 2011, Varsovia era una ciudad que me daba miedo. Era un lugar marcado, ante todo, por el recuerdo de la guerra y del Holocausto, donde la mera idea de hacer turismo all\u00ed me parec\u00eda descabellada. No es que no tuviera ganas de ir, pero desde luego no me apetec\u00eda dar un paseo por all\u00ed. Para m\u00ed, como historiadora, Varsovia era la ciudad de la destrucci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n
Pero, una vez all\u00ed, no me qued\u00f3 m\u00e1s remedio que reconocer la realidad: Varsovia es tambi\u00e9n una ciudad de hoy, con sus estudiantes, sus turistas, sus zonas verdes y sus barrios de moda. El V\u00edstula, ese vasto r\u00edo que aporta gran parte del encanto de la ciudad, confiere a la capital una energ\u00eda natural. Cuando fui profesora invitada en la Universidad de Varsovia, tuve la oportunidad de vivir all\u00ed durante un tiempo. Conoc\u00ed a gente extraordinaria y me encant\u00f3 estar all\u00ed, pero sin llegar a resolver del todo esa tensi\u00f3n que siempre he sentido: Varsovia es a la vez uno de los corazones oscuros de la historia europea y una ciudad en la que todo cambia muy r\u00e1pido, donde las grandes torres modernas y los hoteles de lujo surgen como tantos atributos de una sociedad muy consumista. <\/p>\n\n\n\n
Me encanta Varsovia por su primavera, que en Polonia es especialmente espl\u00e9ndida. Toda la ciudad est\u00e1 salpicada de tilos en flor, que desprenden ese aroma a miel tan embriagador. La naturaleza, en general, tiene una gran presencia en Varsovia, sobre todo en el barrio de Praga, en la margen derecha del r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n
Me encanta el mercado del centro de la ciudad, en los alrededores de la Hala Mirowska, adonde voy para revivir el recuerdo familiar \u2014casi un sue\u00f1o\u2014 de la cocina polaca que hered\u00e9 de mi abuela materna. En otra vida, podr\u00eda haber sido antrop\u00f3loga de la cocina. Me encantan los aspectos m\u00e1s r\u00fasticos del arte culinario polaco, con sus sabores \u00e1cidos y agrios: el pan de centeno, la sopa de remolacha, los arenques y los pepinillos, los aromas del eneldo y el ajo fresco. En ella se refleja la imagen, un tanto idealizada, de una Europa Central muy generosa. Por no hablar de las monta\u00f1as de cerezas. <\/p>\n\n\n\n
Pero, en esta \u00e9poca de olas de calor, yo recomendar\u00eda m\u00e1s bien un ch\u0142odnik<\/em>, un borscht fr\u00edo. <\/p>\n\n\n\n Los padres de mi abuela eran de Cracovia, en una zona de Polonia que por entonces pertenec\u00eda al Imperio Austroh\u00fangaro. Mi abuela naci\u00f3 en Par\u00eds antes de la Primera Guerra Mundial, pero su lengua materna era el polaco. Se cas\u00f3 con mi abuelo, que, por su parte, proced\u00eda de una familia originaria del Imperio Ruso, en la actual Letonia. Mis bisabuelos maternos regentaban una joyer\u00eda y, posteriormente, una marroquiner\u00eda en la rue des \u00c9coles, frente al Coll\u00e8ge de France. Seg\u00fan la tradici\u00f3n familiar, parece ser que Marie Curie sol\u00eda visitarlos de vez en cuando para hablar juntos en su lengua materna. Por mi parte, fueron sobre todo mis estudios universitarios en la EHESS los que me llevaron a retomar el contacto con la lengua y con Polonia. <\/p>\n\n\n\n Cuando fui a Varsovia por primera vez, fue en el marco de mi investigaci\u00f3n sobre los testimonios escritos del Holocausto. Me interes\u00e9, m\u00e1s concretamente, por el papel de la literatura en los campos y los guetos, y posteriormente por el lugar que se otorg\u00f3 a estos \u00abdocumentos literarios\u00bb en las primeras historiograf\u00edas del Holocausto. Los primeros historiadores del genocidio, que a menudo eran ellos mismos supervivientes, pudieron recopilar obras literarias y po\u00e9ticas producidas in situ e incorporarlas a sus trabajos. Para desarrollar esta investigaci\u00f3n, he podido apoyarme en las redes cient\u00edficas tejidas por la EHESS en los pa\u00edses del antiguo bloque comunista, en Polonia en particular. Estas redes se remontan a la d\u00e9cada de 1990, tras la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn. El objetivo era fomentar los intercambios entre investigadores en ciencias sociales a trav\u00e9s de talleres. <\/p>\n\n\n\n Tambi\u00e9n hubo otras en Praga, Budapest y Bucarest. Para la soci\u00f3loga Rose-Marie Lagrave, impulsora de este puente tendido entre Occidente y Oriente, se trataba de reforzar la colaboraci\u00f3n con figuras intelectuales que, en muchos casos, hab\u00edan sido disidentes en sus pa\u00edses, y de crear nuevas generaciones de investigadores decididamente abiertos a Europa. Ella lo denominaba la \u00abGira por Europa Central\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Varsovia es, en cierto modo, la ciudad de un mundo perdido. Me refiero al gueto, que lleg\u00f3 a albergar hasta 450.000 personas en una superficie equivalente a la de un distrito parisino. Sin embargo, casi no queda ning\u00fan vestigio en el que podamos proyectar nuestra melancol\u00eda, una idea del pasado o nuestros recuerdos. A pesar de todo, cuando paseo por all\u00ed, s\u00e9 que estoy caminando sobre miles de vidas y objetos destruidos. <\/p>\n\n\n\n\n\n Varsovia tiene la particularidad de no haber vivido su \u00abgiro de Berl\u00edn\u00bb, es decir, que las autoridades polacas no han optado realmente por integrar la memoria de la ciudad en el tejido urbano, a trav\u00e9s de obras de arte o de recorridos conmemorativos muy desarrollados. Se ve c\u00f3mo una ciudad crece sobre otra, la de la posguerra, que a su vez hab\u00eda surgido de entre las ruinas. <\/p>\n\n\n\n La sensaci\u00f3n resulta a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1a porque, aunque no quede rastro alguno de esas destrucciones \u2014ya que todo se ha reconstruido\u2014, el trazado urbano de antes de la guerra se ha conservado. Salvo algunas grandes avenidas de la \u00e9poca comunista, las calles han mantenido su ubicaci\u00f3n y su nombre. Es lo \u00fanico que queda de aquellos lugares donde se viv\u00eda: aparte de esos nombres de calles, ya casi no hay nada que nos recuerde c\u00f3mo eran antes de la guerra. Hay que buscarlo, saber adivinarlo, descifrarlo. Y cada vez es menos visible.<\/p>\n\n\n\n Entre los poetas del gueto de Varsovia sobre los que he trabajado se encontraba W\u0142adys\u0142aw Szlengel, de quien conservo un texto de enero de 1943, <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> destinado a animar a los combatientes jud\u00edos, enumera los nombres de las calles donde rug\u00eda la revuelta: Niska, Dzika, Pawia, Mila, Ostrowska. Son \u00abnuestros bosques de partisanos\u00bb, dice. Estos nombres, que a\u00fan perduran hoy en d\u00eda, a pesar de la destrucci\u00f3n casi total de esos espacios durante y tras el levantamiento del gueto, en abril de 1943, son, por tanto, sin\u00f3nimos tanto de la Varsovia de antes de la guerra \u2014las pintorescas calles descritas, por ejemplo, por el premio Nobel Isaac Bashevis Singer\u2014, de la guerrilla urbana a la que se dedicaron los combatientes durante la ocupaci\u00f3n alemana, de la destrucci\u00f3n pura y simple del gueto, pero tambi\u00e9n de la Varsovia comunista de la posguerra y de la actual. Esta estratificaci\u00f3n resulta bastante inquietante. <\/p>\n\n\n\n Este inter\u00e9s por las calles de Varsovia es casi una tradici\u00f3n: es a trav\u00e9s de las calles como mejor se comprende la historia de la ciudad. Uno de los m\u00e1s destacados historiadores de la literatura polaca, Jacek Leociak, ha elaborado lo que \u00e9l denomina \u00abbiograf\u00edas de las calles\u00bb del gueto, <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> en forma de \u00e1lbumes de gran belleza. Su trabajo se enmarca tanto en la historia visual como en la cartograf\u00eda hist\u00f3rica. <\/p>\n\n\n\n Rachel Auerbach es una de las figuras que se unieron al historiador Emmanuel Ringelblum para crear los archivos clandestinos del gueto, en 1940. Este colectivo, denominado Oneg Shabbat, reun\u00eda a historiadores, soci\u00f3logos y periodistas que recopilaban documentos sobre la vida en el gueto. Todos escrib\u00edan y animaban a su entorno a hacer lo mismo. <\/p>\n\n\n\n Auerbach, periodista antes de la guerra, empez\u00f3 a escribir un diario para describir su d\u00eda a d\u00eda en el comedor social donde trabajaba. En \u00e9l narra el deterioro de las condiciones de vida, tanto f\u00edsicas como morales, de los habitantes. Tambi\u00e9n da cuenta de su propio estado an\u00edmico ante la hambruna, la violencia y los saqueos, hasta la gran deportaci\u00f3n de julio de 1942, cuando los 350.000 jud\u00edos del gueto fueron trasladados a Treblinka. Por su parte, ella logr\u00f3 escapar y encontr\u00f3 refugio durante un tiempo en el zool\u00f3gico de Varsovia, m\u00e1s concretamente en la villa del director, conocido por acoger a personas perseguidas. Junto con Audrey Kichelewski, hemos querido dar a conocer al p\u00fablico el diario de Rachel Auerbach, que hab\u00eda sido magn\u00edficamente editado en polaco por Karolina Szymaniak y, gracias a Alexandre Dayet, el traductor, el texto est\u00e1 ahora disponible en franc\u00e9s en la editorial Presses universitaires de Strasbourg. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n De hecho, el equipo de Emmanuel Ringelblum recopil\u00f3 escritos y objetos del gueto, que posteriormente se ocultaron en bidones de leche y en cajas de hojalata. Despu\u00e9s de la guerra, estos archivos fueron hallados enterrados en la calle Nowolipki, donde hoy hay una plaza y un peque\u00f1o espacio conmemorativo, muy bonito y muy sobrio. Todos estos vestigios \u2014diarios personales, prensa del gueto, cartillas de racionamiento, programas de teatro, cuadernos escolares, fotograf\u00edas\u2014 encierran para m\u00ed el tesoro de una memoria de resistencia de la humanidad. <\/p>\n\n\n\n\n\n El conjunto de estas colecciones se conserva hoy en d\u00eda en uno de los pocos edificios que no fueron destruidos durante la guerra: la antigua Gran Biblioteca Jud\u00eda de Varsovia, que se ha convertido en el Instituto Hist\u00f3rico Jud\u00edo, un gran centro de investigaci\u00f3n y un museo. Es un lugar absolutamente singular, cuya visita recomiendo encarecidamente. En la entrada hab\u00eda un suelo de m\u00e1rmol que los nazis quemaron por completo durante la destrucci\u00f3n del gueto. Bajo el efecto del calor, el suelo se oscureci\u00f3 y se deform\u00f3. Se opt\u00f3 por conservarlo tal cual, con las ondulaciones del fuego que a\u00fan se pueden ver all\u00ed, como huellas de mutilaciones. <\/p>\n\n\n\n\n Por supuesto. Rachel Auerbach ha escrito dos textos a los que ha titulado, respectivamente, \u00abLa lamentaci\u00f3n de las cosas inanimadas\u00bb y \u00abLacrimae rerum\u00bb<\/em>, este \u00faltimo tomado de un verso de Virgilio en La Eneida<\/em>: \u00ablas l\u00e1grimas de las cosas\u00bb. Son escritos que rinden homenaje a las v\u00edctimas del Holocausto a trav\u00e9s de los objetos \u2014tanto los que les fueron confiscados como los que quedaron abandonados\u2014 que les pertenecieron. Su escritura es magn\u00edfica, muy modernista, y utiliza el lenguaje para crear lo que ella denomina \u00abnaturalezas muertas\u00bb del gueto. Adem\u00e1s de estos textos, tambi\u00e9n ha realizado grabaciones para conservar la \u00abbanda sonora\u00bb de esta historia, como las canciones de los ni\u00f1os que mendigan en la calle. Rachel Auerbach es la cronista sensible de esa vida que no era una vida, de ese mundo que no era un mundo, pero que, a pesar de todo, lo era. Se ha esforzado por captarlos tal y como eran. <\/p>\n\n\n\n Aunque la situaci\u00f3n se ha calmado desde que Donald Tusk regres\u00f3 al poder en 2023, en los \u00faltimos 15 a\u00f1os he sido testigo de aut\u00e9nticas batallas historiogr\u00e1ficas.\u00a0<\/p>\n\n\n\n Bajo el mandato de Andrzej Duda, el gobierno polaco promov\u00eda una pol\u00edtica de memoria centrada principalmente en un relato nacional muy positivo, cuyo objetivo era afirmar que los polacos no hab\u00edan participado en absoluto en la destrucci\u00f3n de los jud\u00edos de Polonia y que, por el contrario, estos \u00faltimos incluso se hab\u00edan beneficiado de una ayuda heroica por parte de sus compatriotas no jud\u00edos. En este sentido, el historiador Jan T. Gross, con su obra titulada Los vecinos<\/em>, que versaba sobre la masacre de jud\u00edos perpetrada por sus vecinos polacos en una peque\u00f1a localidad, desat\u00f3 una viva pol\u00e9mica en 2001. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Hay una an\u00e9cdota que ilustra bastante bien la complejidad de estas discrepancias en torno a la memoria, precisamente en el propio espacio de la ciudad de Varsovia. Me la cont\u00f3 un amigo, Piotr Laskowski, gran conocedor de la historia del gueto. A principios de la d\u00e9cada de 2000, el alcalde de Varsovia era Lech Kaczy\u0144ski, el futuro presidente de la Rep\u00fablica. Este \u00faltimo quer\u00eda recuperar el control del relato de la memoria sobre el levantamiento del gueto y centrarlo, no en el hero\u00edsmo del grupo m\u00e1s grande y conocido de combatientes jud\u00edos, la Organizaci\u00f3n Jud\u00eda de Combate, con sus figuras c\u00e9lebres, como Mordechaj Anielewicz, sino en un grupo minoritario de derecha y sionista, la Alianza Militar Jud\u00eda, que supuestamente habr\u00eda mantenido excelentes relaciones con la resistencia polaca (una afirmaci\u00f3n m\u00e1s que cuestionable). Era una forma de que el alcalde se reapropiara de la historia del gueto a trav\u00e9s del prisma del anticomunismo: ni se planteaba rendir homenaje a socialistas y mucho menos a marxistas. As\u00ed pues, en nombre de un tal Mieczys\u0142aw Apfelbaum, en 2004 hizo rebautizar una peque\u00f1a plaza situada en el territorio del antiguo gueto de Varsovia. Para quien tiene o\u00eddo polaco, el nombre de este supuesto soldado de la Alianza Militar Jud\u00eda hace sonre\u00edr, con ese nombre de pila t\u00edpicamente polaco y un apellido t\u00edpicamente jud\u00edo. <\/p>\n\n\n\n Pero eso era sin tener en cuenta las investigaciones de varios historiadores, que descubrieron que ese personaje, sencillamente, no exist\u00eda. Al parecer, fue inventado de la nada por un miembro de la resistencia polaca no jud\u00edo que, tras la guerra, con el fin de darse a conocer, afirm\u00f3 haber ayudado a un tal Moryc o Mieczys\u0142aw Apfelbaum. De este modo, este miembro de la resistencia polaca consigui\u00f3 el t\u00edtulo de Justo entre las Naciones en 1964. Esta historia ha tenido varios giros y no fue hasta 2023 cuando se renombr\u00f3 la plaza, que pas\u00f3 a llamarse plaza Rachel Auerbach. <\/p>\n\n\n\n Una memoria mucho m\u00e1s consensuada que la del gueto es, evidentemente, la de la insurrecci\u00f3n de Varsovia, en agosto de 1944. <\/p>\n\n\n\n Su s\u00edmbolo \u2014la Kotwica, que significa \u00abancla\u00bb\u2014 se puede ver por toda la ciudad. El Museo del Levantamiento de Varsovia es, sin duda, el lugar donde m\u00e1s se pone en escena este relato patri\u00f3tico unificador. Se trata de un museo inmersivo ultramoderno, que visitan todos los alumnos de los colegios de Varsovia. Los discursos de Juan Pablo II suenan en bucle en las salas, donde numerosas actividades nos invitan a participar: nos arrastramos por falsos t\u00faneles subterr\u00e1neos; podemos disparar a siluetas de soldados nazis, como en un tiro al blanco de las ferias; se puede probar un suced\u00e1neo de caf\u00e9 para experimentar las restricciones de abastecimiento en tiempos de guerra, o incluso entrar en una tienda que hace las veces de enfermer\u00eda y que huele a formalina. El lema del museo podr\u00eda ser: \u00abVive la insurrecci\u00f3n como si estuvieras all\u00ed\u00bb. <\/p>\n\n\n\n\n Por \u00faltimo, hay un peque\u00f1o rinc\u00f3n dedicado al gueto de Varsovia, siguiendo un recurso de \u00abhistoria dentro de la historia\u00bb que plantea interrogantes. Sobre todo porque las im\u00e1genes que se muestran, al ser aterradoras \u2014cuando lo que hay que evitar es asustar a los m\u00e1s peque\u00f1os\u2014, se proyectan en el fondo de un pozo, al que solo pueden acceder las personas que ya tienen una cierta estatura, es decir, los adultos. Asomamos la cabeza por encima del borde del pozo, como si se tratara de un visionado prohibido, mediante un dispositivo que podr\u00edamos calificar de pornogr\u00e1fico: una vez colocados, podemos ver desfilar im\u00e1genes de ahorcamientos, hambrunas y ejecuciones sumarias. Un compa\u00f1ero de la universidad organiz\u00f3, durante un tiempo, \u00abcontravisitas\u00bb al Museo de la Insurrecci\u00f3n: \u00edbamos al lugar y lo examin\u00e1bamos todo con ojo cr\u00edtico, para observar el reverso de esa memoria polaca aparentemente tan gloriosa y unificada. <\/p>\n\n\n\n\n\n Por desgracia, la direcci\u00f3n del museo no se mostr\u00f3 muy receptiva a este tipo de \u00abcontravisita\u00bb. En su lugar, organizamos, junto con unos colegas historiadores polacos, un recorrido por el antiguo gueto de Varsovia, aunque este haya sido totalmente reconstruido. Los estudiantes pudieron descubrir all\u00ed zonas residenciales, en algunos casos muy elegantes. Pero, y esto llama mucho la atenci\u00f3n, algunas casas se construyeron por encima del nivel original del suelo, a veces hasta diez metros de altura, sobre mont\u00edculos de escombros. Son vestigios de la destrucci\u00f3n del gueto, ya que no se pudieron retirar todos los escombros. <\/p>\n\n\n\n\n La topograf\u00eda de Varsovia, naturalmente llana, sigue reflejando, por tanto, esa historia. Del mismo modo, para conservar el rastro de los antiguos l\u00edmites del gueto: all\u00ed donde anta\u00f1o se alzaban sus muros, las aceras est\u00e1n ahora marcadas con placas met\u00e1licas. Pasear por la derecha o por la izquierda de estas placas no es algo balad\u00ed: significa que te encuentras dentro o fuera del antiguo gueto. Uno puede no prestarles ninguna atenci\u00f3n y, sin embargo, est\u00e1n ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n Creo que la visita a la ciudad y al Museo del Instituto Hist\u00f3rico Jud\u00edo, donde se conservan los archivos de Ringelblum, nos permite aprender mucho, no solo sobre la historia de la Europa ocupada por los nazis y sobre el Holocausto, sino tambi\u00e9n sobre la profesi\u00f3n de historiador. <\/p>\n\n\n\n Es una experiencia totalmente diferente a la de Auschwitz. No se conmemora la destrucci\u00f3n, sino la resistencia y<\/em> la destrucci\u00f3n. La trayectoria de Ringelblum nos ense\u00f1a lo que puede hacer un historiador en tiempos de guerra, mientras el mundo se derrumba a su alrededor. Ringelblum se dio cuenta de que era urgente crear unos archivos, no para \u00e9l, ni para los supervivientes del gueto \u2014puesto que no habr\u00eda ninguno\u2014, sino para el mundo del futuro. Ten\u00eda fe en el documento y en lo que significar\u00eda para los historiadores que le sucedieran. Hay algo profundamente conmovedor en esta labor archiv\u00edstica en tiempo real del genocidio, que se apoya en todos los estratos de la sociedad, desde el escritor hasta el ni\u00f1o que canta y dibuja, pasando por las madres de familia, los mendigos de la calle o los comerciantes. Esta puesta de relieve de la historia social nos recuerda, por cierto, a Marc Bloch, a quien acabamos de incluir en el Pante\u00f3n<\/a>: Marc Bloch y Emmanuel Ringelblum son dos historiadores, dos activistas, dos l\u00edderes, que se alzaron frente a los acontecimientos. Recomiendo a todos los j\u00f3venes historiadores que visiten Varsovia para experimentar esta forma tan particular de narrar su \u00e9poca y sus entresijos. <\/p>\n\n\n\n Varsovia es, de hecho, una ciudad en la que todav\u00eda se llevan a cabo excavaciones en espacios muy reducidos, para que resulten lo menos invasivas posible. En ellas se encuentran, al igual que en aquellos lugares desde donde se deportaba a la gente, vasos, libros de oraciones y, en general, muchos objetos religiosos jud\u00edos, como tefil\u00edn, pero tambi\u00e9n todo tipo de objetos de la vida cotidiana: cigarreras, vajilla, fragmentos de botellas. Exactamente igual que cuando se realizan excavaciones arqueol\u00f3gicas de los romanos o los egipcios. Salvo que el Holocausto es muy reciente, si lo pensamos bien. <\/p>\n\n\n\n Este tipo de excavaciones me provocan una ligera incomodidad: por un lado, creo que es importante llevarlas a cabo, saber qu\u00e9 esconde esta tierra y qu\u00e9 est\u00e1 a la espera de salir a la luz; por otro lado, me parece crucial no conformarnos con esa memoria embalsamada, no considerar la destrucci\u00f3n del pueblo jud\u00edo como una historia inmemorial. Esto plantea cuestiones apasionantes: \u00bfc\u00f3mo se mantiene viva la memoria sin sumergirla en el formol de la conmemoraci\u00f3n? <\/p>\n\n\n\n La transmisi\u00f3n literaria me parece un buen medio para revivir esa memoria. Pondr\u00e9 un ejemplo: el de la poetisa Zuzanna Ginczanka, jud\u00eda, miembro de la resistencia, asesinada por la Gestapo en Cracovia en 1944. Solo ten\u00eda 27 a\u00f1os. Su obra se puede leer en franc\u00e9s gracias a las magn\u00edficas traducciones de Isabelle Macor. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> La modernidad de Ginczanka, nacida en Kiev, pero de nacionalidad polaca, es asombrosa: el \u00fanico poemario publicado en vida, Les Centaures<\/em><\/em>, expresa de forma muy intensa su ansia de libertad, incluida la sexual, a trav\u00e9s de la exaltaci\u00f3n de su propio cuerpo. Ginczanka hab\u00eda sido una figura adorada de la vanguardia varsoviana del periodo de entreguerras. Una joven cineasta de origen polaco, Joanna Grudzinska, ha rodado recientemente un maravilloso documental sobre ella, titulado Tout de moi ne dispara\u00eetra pas<\/em><\/em>. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> <\/p>\n\n\n\n\n\n En ella se ve a unas j\u00f3venes polacas que se manifiestan en 2020 en defensa de su derecho al aborto y que recitan poemas de Ginczanka. La escena no solo es conmovedora, sino que tambi\u00e9n constituye un hermoso gesto de actualizaci\u00f3n de la literatura. <\/p>\n\n\n\n Los poemas de Ginczanka recuperan su fuerza y su belleza en boca de estas mujeres que luchan por su libertad. Esto difiere por completo de las iniciativas conmemorativas que son las llamadas \u00abexcavaciones arqueol\u00f3gicas\u00bb, los grandes museos o la reescritura de una novela nacional, que a veces, parad\u00f3jicamente, pueden producir un doloroso efecto de inmovilizaci\u00f3n y borrado. La obra de Ginczanka, cuya vida termin\u00f3 tr\u00e1gicamente en 1944, es una obra accesible, que se nos ofrece y a la que podemos dotar de nuevos significados. Sin duda, es esta historia de transmisi\u00f3n femenina la que mejor describe el Varsovia que me gusta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":" La historiadora de la literatura y directora de estudios de la EHESS sigue las huellas de un mundo que resplandece y que sangra.<\/p>\n","protected":false},"author":61106,"featured_media":107968,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"templates\/post-interviews.php","format":"standard","meta":{"_acf_changed":true,"_trash_the_other_posts":false,"_yoast_wpseo_estimated-reading-time-minutes":18,"_lgc_tts_voice":"","_lgc_tts_publish":false,"_lgc_tts_history_item_id":"","_lgc_tts_generated_at":"","_lgc_tts_status":"","_lgc_tts_error":"","footnotes":""},"categories":[256],"tags":[],"staff":[1538],"editorial_format":[1473],"serie":[],"audience":[],"geo":[177],"class_list":["post-108000","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-gran-tour","staff-camille-nedellec","editorial_format-entrevistas","geo-europa"],"acf":{"open_in_webview":false,"accent":"default","_thumbnail_id":107968,"excerpt":"La historiadora de la literatura y directora de estudios de la EHESS sigue las huellas de un mundo que resplandece y que sangra.","display_date":"","new_abstract":true},"yoast_head":"\n\u00bfY qu\u00e9 hay del polaco? \u00bfSegu\u00eda habl\u00e1ndolo la familia de su abuela una vez que se instal\u00f3 en Francia? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfCon qu\u00e9 motivo?<\/h3>\n\n\n\n
\u00bfEs Varsovia una ciudad en la que perdura el recuerdo de su propia historia? <\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n \u00bfPodr\u00eda darnos algunos ejemplos de esas calles que se han conservado? <\/h3>\n\n\n\n
El diario de Rachel Auerbach es otra fuente literaria e historiogr\u00e1fica que usted ha ayudado a dar a conocer. \u00bfQui\u00e9n era ella? <\/h3>\n\n\n\n
El colectivo Oneg Shabbat tambi\u00e9n se ha encargado de la conservaci\u00f3n de otros escritos y de numerosos objetos. \u00bfSe pueden ver hoy en d\u00eda en Varsovia? <\/h3>\n\n\n\n
\r\n <\/picture>\r\n \n
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\n <\/picture>\n \u00bfSe puede hablar de una historia material de la vida en el gueto? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfExisten disputas en torno a la memoria en el espacio urbano de Varsovia? \u00bfD\u00f3nde se manifiestan con mayor intensidad? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfSu nombre encajaba, pues, perfectamente con la versi\u00f3n que las autoridades municipales quer\u00edan dar a conocer? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfSe reflejan tambi\u00e9n estas tensiones relacionadas con la memoria en el espacio muse\u00edstico? <\/h3>\n\n\n\n
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\r\n <\/picture>\r\n \n \u00bfHa podido realizar esas visitas de seguimiento con sus alumnos? De hecho, ha tenido la oportunidad de organizar estancias de investigaci\u00f3n para que sus doctorandos en Historia conocieran Varsovia. <\/h3>\n\n\n\n
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\n <\/picture>\n \u00bfEs Varsovia una ciudad imprescindible para quien quiera ser historiador? <\/h3>\n\n\n\n
Hace poco se llevaron a cabo excavaciones en la zona norte del antiguo gueto, donde la gente esperaba a ser deportada a Treblinka. \u00bfHay otros lugares en Varsovia en los que se deber\u00edan iniciar investigaciones de este tipo? <\/h3>\n\n\n\n
\u00bfC\u00f3mo responder a eso? <\/h3>\n\n\n\n
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