{"id":105931,"date":"2026-07-27T07:39:27","date_gmt":"2026-07-27T05:39:27","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=105931"},"modified":"2026-07-27T07:39:32","modified_gmt":"2026-07-27T05:39:32","slug":"todo-lo-que-siempre-ha-querido-saber-sobre-la-enciclica-magnifica-humanitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/07\/27\/todo-lo-que-siempre-ha-querido-saber-sobre-la-enciclica-magnifica-humanitas\/","title":{"rendered":"Todo lo que siempre ha querido saber sobre la enc\u00edclica Magnifica Humanitas"},"content":{"rendered":"\n
El g\u00e9nero literario de la enc\u00edclica ha ido transform\u00e1ndose con el paso del tiempo. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> Desde la primera \u00ablittera encyclica<\/em>\u00bb en el sentido moderno \u2014Ubi primum,<\/em> de Benedicto XIV, del 3 de diciembre de 1740\u2014, este tipo de acto dirigido al episcopado y a todos los fieles fue el instrumento mediante el cual el papado \u00abaliment\u00f3\u00bb una ense\u00f1anza diferente de las que se hab\u00edan venido practicando hasta entonces. Este tipo de ense\u00f1anza y legislaci\u00f3n sustituir\u00eda a las \u00abdecretales\u00bb, mediante las cuales se trataban cuestiones de disciplina, incluida la teol\u00f3gica, que pasaban a formar parte del corpus<\/em> del magisterio acad\u00e9mico y, a partir de ah\u00ed, se convert\u00edan en norma general para la Iglesia; y lo mismo ocurrir\u00eda con las \u00abbulas\u00bb promulgadas para zanjar cuestiones doctrinales, se\u00f1alar el error y poner en marcha su represi\u00f3n, tanto secular como eclesi\u00e1stica.<\/p>\n\n\n\n La enc\u00edclica, en efecto, se caracterizar\u00eda por una acumulaci\u00f3n de funciones y ambiciones, desde la posici\u00f3n suprema de un magisterio que no pod\u00eda recurrir ni al carisma de la infalibilidad ni a la dignidad de los actos conciliares, pero que se propon\u00eda hacer valer su autoridad a lo largo de un per\u00edodo prolongado, durante el cual formar, obligar, inspirar, orientar, sancionar, reconocer y desautorizar.<\/p>\n\n\n\n Yves Congar, mucho antes de que la cuesti\u00f3n cobrara actualidad, hab\u00eda puesto de relieve la importancia de estos documentos en la formaci\u00f3n de una construcci\u00f3n ideol\u00f3gica (\u00ab el magisterio ordinario\u00bb) y la funci\u00f3n eclesiol\u00f3gica que desempe\u00f1aba esta categor\u00eda, en cuyo seno a menudo se albergaban enunciados que no siempre eran conciliables entre s\u00ed. Sin embargo, reservaban a la autoridad del sucesor de Pedro una funci\u00f3n cuya exclusividad no desaparecer\u00eda hasta 2013, cuatro docenas de a\u00f1os despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, cuando la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii gaudium<\/em> del papa Francisco (n. 32) reconoci\u00f3 a los episcopados una cierta \u00abautoridad doctrinal\u00bb <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> y dej\u00f3 claro lo que entend\u00eda por ello al citar las posiciones de las conferencias episcopales en sus actos pontificios y, sobre todo, en sus enc\u00edclicas.<\/p>\n\n\n\n Esta trayectoria parab\u00f3lica del \u00abg\u00e9nero enc\u00edclico\u00bb ha venido acompa\u00f1ada de un doble desenlace parad\u00f3jico. Por un lado, una ambici\u00f3n moderna de perdurabilidad, de legibilidad s\u00f3lida o\/y r\u00edgida. Por otro lado, un retorno a la \u00e9poca de las decretales de los siglos XII y XIII, que solo cobraban vigencia cuando se empezaban a impartir en la Universidad de Bolonia con la ambici\u00f3n m\u00e1s modesta de ser reconocidas en el momento y para el momento. <\/p>\n\n\n\n A partir de 1854, en efecto, el mayor reconocimiento al que pod\u00eda aspirar una enc\u00edclica \u2014y al que aspir\u00f3\u2014 era ser literalmente reducida a \u00abtrozos\u00bb (o, si se quiere, en pruebas documentales) y que sus enunciados se incorporaran, como tantos p\u00e1rrafos, a una famos\u00edsima obra acad\u00e9mica privada: el \u00abEnchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum\u00bb,<\/em> creado por Heinrich J. D. Denzinger (1819-1883). Frente a las teor\u00edas sobre la autoridad y al principio de autoridad, una f\u00f3rmula pontificia, un pensamiento teol\u00f3gico, una categor\u00eda disciplinaria o una tesis doctrinal se convert\u00eda en auctoritas<\/em> cuando se emancipaba de su emisor y entraba \u00aben el Denzinger\u00bb. Este vadem\u00e9cum<\/em>, que goz\u00f3 de un enorme \u00e9xito y cont\u00f3 con innumerables reediciones (a cargo posteriormente del P. Alfons Sch\u00f6nmetzer, S.J., de ah\u00ed las siglas DS, y, en \u00faltima instancia, de Peter H\u00fcnermann, de ah\u00ed las siglas DSH), reun\u00eda dos tipos de ense\u00f1anza. Por un lado, seleccionaba y publicaba proposiciones de car\u00e1cter dogm\u00e1tico pertenecientes al magisterio extraordinario definitorio de la Iglesia, aquel que exige un asentimiento de fe divina y cat\u00f3lica (o teologal), es decir, la \u00abadhesi\u00f3n plena, libre y sobrenatural de la inteligencia y la voluntad a las verdades reveladas por Dios\u00bb. Por otro lado, y sin distinci\u00f3n alguna, situaba el magisterio ordinario que, como dec\u00edan los manuales del siglo XIX, no requiere \u00abm\u00e1s que\u00bb el respeto religioso de la inteligencia y la voluntad. <\/p>\n\n\n\n Fue en el siglo XIX y en el siglo XX preconsiliar cuando esta exigencia llev\u00f3 a concebir y redactar las enc\u00edclicas como actos doctrinales completos, comprometidos, homog\u00e9neos, calibrados y potencialmente inmutables: tanto cuando deb\u00edan arremeter contra fil\u00f3sofos o te\u00f3logos denostados como cuando deb\u00edan establecer una cadena de transmisi\u00f3n de ense\u00f1anzas aut\u00e9nticas, cuyas etapas quedaron marcadas por los manuales y el Denzinger.<\/p>\n\n\n\n Por lo tanto, no ha sido el aumento del volumen ni la ampliaci\u00f3n de estos documentos lo que ha cambiado su significado hist\u00f3rico, sino la transformaci\u00f3n de las relaciones entre el papado y el episcopado, entre la Iglesia y las Iglesias, entre la Iglesia y las sociedades: una evoluci\u00f3n que ha coincidido con el periodo posconciliar y la posmodernidad, y que ha exigido e impuesto la metamorfosis de estos documentos, que han pasado de ser enunciados a actos performativos: ya no se trata solo de decir qui\u00e9n \u00abense\u00f1a\u00bb, sino de gestos que convierten la palabra en un corolario de la actitud que traza los contornos del discurso.<\/p>\n\n\n\n El punto de inflexi\u00f3n fue la enc\u00edclica Human\u00e6 vit\u00e6<\/em>, publicada el 25 de julio de 1968, mediante la cual Pablo VI rechazaba la propuesta formulada por una comisi\u00f3n (cuyos miembros hab\u00edan sido elegidos \u00edntegramente por \u00e9l) de declarar moralmente l\u00edcita la anticoncepci\u00f3n hormonal y de permitir a las parejas cat\u00f3licas regular el tama\u00f1o de su familia con \u00abla\u00bb p\u00edldora. El resultado fue que fue precisamente una enc\u00edclica la que sufri\u00f3 la inaplicaci\u00f3n masiva del dictatum papae <\/em>de la \u00e9poca gregoriana: hasta el punto de hacer pensar que la antigua norma del Digesto (D. 1,3,32,1: \u00ableges non solum suffragio legislatoris, sed etiam tacito consensu omnium per desuetudinem abrogentur<\/em>\u00bb (\u00ablas leyes no solo se derogan por la voluntad del legislador, sino tambi\u00e9n por el consenso t\u00e1cito un\u00e1nime cuando no se observan\u00bb) hab\u00eda encontrado aquel a\u00f1o un ejemplo llamativo. Esta postura pareci\u00f3 haber llevado al \u00absuicidio\u00bb del \u00abg\u00e9nero enc\u00edclico\u00bb, hasta tal punto que Pablo VI no volvi\u00f3 a escribir ninguna enc\u00edclica hasta su muerte, diez a\u00f1os y once d\u00edas despu\u00e9s. Y cuando llegaron las enc\u00edclicas renovadas de Juan Pablo II (14), y despu\u00e9s las de Benedicto XVI (3) y de Francisco (4), nos encontramos ante textos muy diferentes de los del pasado. Eran largos ensayos, a menudo extensas antolog\u00edas de fragmentos redactados por diferentes autores y reunidos con una intenci\u00f3n distinta a la, casi eterna, del pasado: el objetivo era se\u00f1alar un tema al que el papa daba prioridad y forma, m\u00e1s que obligar al clero o a los fieles a adoptar comportamientos concretos. Y es precisamente por esta raz\u00f3n por la que las enc\u00edclicas comenzaron a pasar del \u00e1mbito de los bienes duraderos al de los bienes de consumo: su contenido parec\u00eda perecedero, mientras que la fuerza de los gestos papales quedaba grabada en la memoria. <\/p>\n\n\n\n De hecho, bajo el pontificado de Juan Pablo II, ninguna enc\u00edclica sufri\u00f3 un fracaso comparable al de la Humanae vitae<\/em>; pero ninguna traspas\u00f3 la dimensi\u00f3n del simple gesto, con una funci\u00f3n tanto interna como externa. A nivel interno, se trataba de enc\u00edclicas largas o muy largas, elaboradas mediante la yuxtaposici\u00f3n de secciones que satisfac\u00edan la ambici\u00f3n de la Curia del Sumo Pont\u00edfice de dejar entrever la funci\u00f3n que desempe\u00f1aba, con grados crecientes de indiscreci\u00f3n (el punto \u00e1lgido lo alcanz\u00f3 un economista que, el d\u00eda de la publicaci\u00f3n de una enc\u00edclica de Benedicto XVI, se jact\u00f3 en el telediario de la RAI de haber escrito una parte de ella). Hacia el exterior, la enc\u00edclica se\u00f1ala un problema, ya no a los editores de los nuevos Denzinger, sino a la opini\u00f3n p\u00fablica, y llama la atenci\u00f3n sobre \u00e9l \u2014casi consciente de que en cada enc\u00edclica no faltar\u00eda el consenso\u2014, sin prejuzgar el futuro de sus elecciones ling\u00fc\u00edsticas, teol\u00f3gicas o incluso doctrinales.<\/p>\n\n\n\n Esto es tan cierto que, cuando se produce una excepci\u00f3n de una solemnidad poco habitual, pasa desapercibida: de hecho, es en una enc\u00edclica (Evangelium vitae<\/em>) donde el papado hace uso, por primera y \u00fanica vez, del carisma de la infalibilidad consagrado en el Concilio Vaticano I; y lo hace no en relaci\u00f3n con un amplio fragmento de texto, sino con tres palabras: la definici\u00f3n del aborto provocado como \u00abdesorden moral grave\u00bb <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> que no alteran en nada una postura del discurso p\u00fablico de la Iglesia que se hab\u00eda ido endureciendo progresivamente, no solo con respecto a la interrupci\u00f3n del embarazo, sino sobre todo a las legislaciones que primero la hab\u00edan despenalizado y luego la hab\u00edan tratado como un derecho de la mujer.<\/p>\n\n\n\n Esta tendencia a convertir la enc\u00edclica en un gesto (y los gestos en magisterio) se ha mantenido intacta durante dos pontificados muy diferentes, el de Benedicto XVI y el de Francisco, cuyos actos y documentos, acompa\u00f1ados en su publicaci\u00f3n de muestras de admiraci\u00f3n muy profundas, han quedado grabados en la memoria a trav\u00e9s de un fragmento, una expresi\u00f3n, a veces incluso solo un t\u00edtulo (\u00abFratelli tutti\u00bb)<\/em> o una referencia vaga (\u00abLaudato si\u2019\u00bb<\/em> \u00abla enc\u00edclica verde\u00bb), que se convierte en un sello en el que se resume y se agota un esfuerzo de redacci\u00f3n en el que han participado varias personas.<\/p>\n\n\n\n No sabemos si, ni en qu\u00e9 medida, Bob Prevost \u2014que se orden\u00f3 sacerdote cuando Wojty\u0142a llevaba ya cuatro a\u00f1os en el cargo\u2014 reflexion\u00f3 sobre algunos de esos legados hist\u00f3ricos antes de convertirse en obispo en Chiclayo y, posteriormente, en Roma.<\/p>\n\n\n\n Lo que resulta evidente para quien ha observado c\u00f3mo ha comenzado un pontificado que, previsiblemente, ser\u00e1 largo, es que los cardenales no han elegido a alguien que \u00abhaga\u00bb cosas diferentes a las de su predecesor, sino que \u00absea\u00bb una figura diferente, al tiempo que se inscribe en una prolongaci\u00f3n sustancial de la l\u00ednea teol\u00f3gica del papa Bergoglio. Los factores que propiciaron el consenso en el c\u00f3nclave se convirtieron as\u00ed en un mandato al que el elegido se ha atenido meticulosamente, al igual que en otros momentos de la historia reciente del papado.<\/p>\n\n\n\n Y as\u00ed se vio cuando Le\u00f3n XIV no mostr\u00f3 ninguna prisa por firmar su primera enc\u00edclica. No sabemos si fue porque daba por hecho el r\u00e1pido olvido que se hab\u00eda convertido en una caracter\u00edstica propia del g\u00e9nero de la enc\u00edclica, o porque quer\u00eda meditar sobre sus contenidos. Sin embargo, es un hecho que, en el \u00faltimo siglo y medio de historia pontificia, de un Le\u00f3n a otro, las cosas han cambiado: el papa Pecci (Le\u00f3n XIII, P\u00edo X y Benedicto XV firmaron su primera enc\u00edclica en 60, 61 y 59 d\u00edas, respectivamente. Francisco tard\u00f3 108, Juan Pablo II, 139. A P\u00edo XII le llev\u00f3 232 d\u00edas, a Juan XXIII, 244, y a Benedicto XVI, 250; el \u00fanico que tard\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o fue Pablo VI (412 d\u00edas). As\u00ed, con sus 372 d\u00edas de gestaci\u00f3n, Le\u00f3n XIV roz\u00f3 el r\u00e9cord, que ostenta Montini, aunque fue durante las sesiones de un concilio ecum\u00e9nico…<\/p>\n\n\n\n En las 53 semanas transcurridas entre su elecci\u00f3n y su primera enc\u00edclica, el papa procedente de Am\u00e9rica no se ha precipitado en absoluto. No ha respondido a quienes sosten\u00edan que la elecci\u00f3n del nombre de Le\u00f3n era un homenaje \u00abal papa de la Rerum<\/em> novarum<\/em>\u00bb, cuesti\u00f3n sobre la que, por el momento, no ha dado ninguna indicaci\u00f3n \u2014algo que, por otra parte, nadie puede preguntarle\u2014.<\/p>\n\n\n\n Una vez m\u00e1s, sin embargo, es un hecho que Prevost quiso restablecer la tradici\u00f3n seg\u00fan la cual, a lo largo de los \u00faltimos 11 siglos, los obispos de Roma han adoptado como nombre de cargo el de uno de sus predecesores \u2014una costumbre (leg\u00edtimamente) interrumpida por el papa Francisco, quien eligi\u00f3 el nombre de un santo muy importante, pero no el de otro pont\u00edfice. Y, yendo hacia atr\u00e1s, como no quer\u00eda ser ni Benedicto, ni Juan, ni Pablo, ni Juan Pablo, ni P\u00edo, acab\u00f3 eligiendo Le\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n El pontificado de Pecci, en cualquier caso, era una figura a la que la familia religiosa en la que madur\u00f3 la vocaci\u00f3n del P. Prevost estaba agradecida, ya que hab\u00eda detenido el proceso de decadencia que, tras 600 a\u00f1os, estaba minando a los agustinos. Estos hermanos, en efecto, no tienen relaci\u00f3n directa con el santo de Hipona, del que son int\u00e9rpretes y no descendientes. Surgieron \u00fanicamente en 1244, cuando Inocencio IV oblig\u00f3 a unos ermita\u00f1os del centro de Italia a vivir en conventos bajo una regla famosa; y, tras la fama adquirida por uno de los suyos \u2014el hermano Mart\u00edn Lutero\u2014, mantuvieron un perfil discreto que les hab\u00eda llevado a una profunda crisis, hasta que precisamente Le\u00f3n XIII les propici\u00f3 una nueva primavera, tanto mediante beatificaciones y canonizaciones (Alonso de Orozco, Clara de Montefalco y Rita de Cascia) como al depositar su confianza en el P. Antonio Pac\u00edfico Neno, protagonista sui generis <\/em>de la pol\u00edtica \u00abantiamericanista\u00bb de Pecci.<\/p>\n\n\n\n Le\u00f3n XIV \u2014seg\u00fan un rumor period\u00edstico muy extendido\u2014 se habr\u00eda aliado con Le\u00f3n XIII porque \u00e9l tambi\u00e9n quer\u00eda ocuparse de \u00abcosas nuevas\u00bb: un \u00e9nfasis \u00abrerumnovarumista\u00bb marcado por dos equ\u00edvocos hist\u00f3ricos reveladores.<\/p>\n\n\n\n El primer malentendido lo cometieron aquellos que, a ra\u00edz de su incipit, consideraban que la m\u00e1s famosa de las 86 enc\u00edclicas del papa Pecci mostraba simpat\u00eda por algo \u00abnuevo\u00bb que se estaba gestando en la historia: en realidad, era todo lo contrario, y fue precisamente el exordio del documento de 1891 el que manifestaba desconfianza hacia la \u00abrerum novarum semel excitata cupidine<\/em> \u00bb (\u00abla sed de innovaciones suscitada desde hace tiempo por la codicia\u00bb) que se apoderaba de las sociedades del mundo global-colonial de finales del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n El segundo error consist\u00eda en atribuir a la enc\u00edclica de 1891 la funci\u00f3n de una respuesta consciente y oportuna a la \u00abrevoluci\u00f3n industrial\u00bb: en realidad, este episodio \u2014denominado as\u00ed, entre otros, por J\u00e9r\u00f4me-Adolphe Blanqui (1837) y por Friedrich Engels (1845)\u2014 ya se hab\u00eda consumado en dos fases consecutivas: el primero, con la llegada de las m\u00e1quinas de vapor, 125 a\u00f1os antes; el segundo, con la irrupci\u00f3n de la qu\u00edmica y la electricidad, desde hac\u00eda al menos dos d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n De hecho, pues \u2014tal y como relata respetuosamente don Luigi Sturzo, por ejemplo\u2014, la Rerum novarum<\/em> fue \u00fatil no por lo que dec\u00eda, sino por lo que se\u00f1alaba<\/em>: la condici\u00f3n obrera, emblema del conflicto entre el capital y el trabajo desde hac\u00eda m\u00e1s de un siglo, y, en \u00faltima instancia, la pol\u00edtica como \u00e1mbito en el que la distancia entre el mundo de los tronos y el de los altares era ya insalvable.<\/p>\n\n\n\n Escrita 21 a\u00f1os despu\u00e9s del nacimiento del partido cat\u00f3lico alem\u00e1n \u2014el Zentrum<\/em>\u2014 y 28 a\u00f1os antes del nacimiento del Partido Popular<\/em> en Italia, la enc\u00edclica del papa Pecci se enfrentaba de lleno a las teor\u00edas \u00absocialistas\u00bb, pero no se defin\u00eda a s\u00ed misma como una \u00abdoctrina social\u00bb. Es m\u00e1s, de \u00absocial\u00bb (solo citaba esta palabra como adjetivo: de la disciplina, de los bienes, de las leyes sociales \u2014una vez cada una\u2014). Combat\u00eda tanto la cultura liberal del mercado como la lucha de clases, proponiendo una visi\u00f3n interclasista de los problemas de la econom\u00eda, de los que \u00abse derivaban\u00bb los problemas pol\u00edticos (\u00aba rationibus politicis in oeconomicarum cognatum genus aliquando defluerent<\/em>\u00bb). Abr\u00eda la puerta a un inter\u00e9s cat\u00f3lico por la comunidad de destino de los Estados, que se formar\u00eda no en el atril sagrado del pont\u00edfice romano, sino en el pensamiento y la din\u00e1mica social.<\/p>\n\n\n\n Las prudentes aperturas de esta enc\u00edclica iban a tener numerosas aplicaciones, pero tambi\u00e9n iban a tropezar con muchos problemas, precisamente porque no hab\u00eda legitimado las consecuencias de lo que admit\u00eda. De tal modo que, por poner un ejemplo, cuando don Romolo Murri interpret\u00f3 que este documento instaba a organizar \u00abgrupos dem\u00f3crata-cristianos\u00bb y se present\u00f3 en el Parlamento del Reino de Italia, fue excomulgado. Y cuando, en 1919, don Sturzo fund\u00f3 el Partido Popular, la guerra ya hab\u00eda sepultado la Rerum novarum<\/em> y olvidado esa mira vis<\/em> (RN 15: \u00abpoder formidable\u00bb) que la enc\u00edclica instaba a manifestar.<\/p>\n\n\n\n Hicieron falta d\u00e9cadas \u2014cuatro, para ser exactos\u2014 para que otro papa, P\u00edo XI, hiciera lo que nunca se hab\u00eda hecho: una enc\u00edclica que celebrara el aniversario de otra. Fue P\u00edo XI quien, en 1931, reinvent\u00f3 y solemniz\u00f3 la Rerum novarum<\/em> con la Quadragesimo anno<\/em>: es decir, tras la crisis de Wall Street y cuando la crisis de las relaciones entre la Iglesia y el fascismo empezaba a manifestarse. Tanto el papa Ratti como su secretario de Estado Pacelli ve\u00edan perfectamente la contradicci\u00f3n entre la necesidad hist\u00f3rica de resolver la cuesti\u00f3n romana \u2014reducida ya a un vestigio que el r\u00e9gimen liberal no hab\u00eda sabido resolver\u2014 y la propaganda que Mussolini iba a urdir en torno a una \u00abConciliazione\u00bb<\/em> que \u00ab\u00a1incluso Sturzo habr\u00eda firmado!\u00bb (De Gasperi). La tercera v\u00eda del papa Le\u00f3n XIII y su esfuerzo por dotar a los cat\u00f3licos de un bagaje ideol\u00f3gico alternativo tanto a la v\u00eda socialista como a la liberal adquieren entonces una nueva elocuencia: encierra una cultura del proyecto embrionariamente afascista (salvo en lo que respecta al corporativismo), pero a\u00fan no antifascista; y todo ello se plasma en una enc\u00edclica redactada con motivo del cuadrag\u00e9simo aniversario de la enc\u00edclica leonina \u2014es decir, Quadragesimo anno<\/em>\u2014. El papa Ratti analizaba el contexto de una Europa cuyo futuro dram\u00e1tico hab\u00eda vislumbrado Keynes \u2014el papa solo ve\u00eda su presente\u2014, aportando en algunos puntos un vocabulario nuevo: el diagn\u00f3stico de un capitalismo bajo el cual \u00abtota oeconomia horrendum in modum dura, immitis, atrox est facta\u00bb<\/em>; la afirmaci\u00f3n del doble car\u00e1cter de la propiedad privada; la formalizaci\u00f3n del principio de subsidiariedad; el rechazo simult\u00e1neo del socialismo y del liberalismo.<\/p>\n\n\n\n P\u00edo XI, contrariamente a lo que se suele decir, denomin\u00f3 lo que propon\u00eda \u00abparte de la doctrina social cristiana\u00bb (\u00abdoctrinae socialis christianae\u00bb<\/em>): una denominaci\u00f3n audaz, ya que entraba en contradicci\u00f3n con la \u00abdoctrina social\u00bb que el fascismo pretend\u00eda tener.<\/p>\n\n\n\n Prueba de ello es que, en 1932, el volumen XIV de la \u00abEnciclopedia italiana<\/em>\u00bb public\u00f3 una famosa entrada titulada \u00abfascismo\u00bb, firmada por el Duce con la colaboraci\u00f3n de Arturo Marpicati, Gioacchino Volpe y el propio Giovanni Gentile, cuya segunda parte esbozaba \u00abLa doctrina pol\u00edtica y social del fascismo<\/em>\u00bb y era principalmente obra de Benito Mussolini. Esta \u00abdoctrina social\u00bb del l\u00edder del r\u00e9gimen rechazaba tanto el marxismo como el liberalismo y propon\u00eda una tercera v\u00eda \u00abfascista\u00bb (lo que establece de una vez por todas que quien afirma no ser ni de derecha ni de izquierda, es, en realidad, de derecha).<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, esta arquitectura conceptual cristalizada por la Treccani imped\u00eda al papado definir su propia labor en estos t\u00e9rminos: y \u00abdoctrina social\u00bb (ahora sin el calificativo \u00abcristiana\u00bb) ser\u00e1 la definici\u00f3n de la cadena magisterial que va desde la Rerum novarum<\/em> hasta la Quadragesimo anno<\/em>, utilizada por P\u00edo XII. El papa Pacelli, a diferencia de su predecesor y de sus sucesores, no dedicar\u00e1, sin embargo, al texto de Le\u00f3n XIII ninguna \u00abenc\u00edclica conmemorativa\u00bb: ni en 1941 ni en 1951. Pero en el mensaje radiof\u00f3nico de Pentecost\u00e9s del 1 de junio de 1941, record\u00f3 y coment\u00f3 la enc\u00edclica, \u00abgermen fecundo, del que se ha desarrollado una doctrina social cat\u00f3lica que ha ofrecido a los hijos de la Iglesia, sacerdotes y laicos, directrices y medios para una reconstrucci\u00f3n social sumamente fecunda\u00bb. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n La enc\u00edclica \u00abconmemorativa\u00bb volver\u00e1 a aparecer como g\u00e9nero con motivo del 70.<\/sup>\u00ba aniversario: se tratar\u00e1 de Mater et magistra<\/em>, de Juan XXIII, quien, sin embargo, en 1963, con su \u00faltima enc\u00edclica, inicia el ciclo de una doctrina de la paz. Pablo VI tambi\u00e9n har\u00e1 algo similar: tras la Populorum progressio*<\/em> de 1967, que contin\u00faa un an\u00e1lisis sobre las condiciones de la paz, publica en 1971 la Octogesima adveniens<\/em>. De este modo, se mantiene una tradici\u00f3n a la que se adherir\u00e1 Juan Pablo II con Laborem exercens<\/em> en 1981 y Centesimus annus<\/em> en 1991. Con el siglo XXI, parec\u00eda que esta periodicidad de Rerum novarum<\/em> se hab\u00eda revisado, liberando a los papas de la periodicidad de los aniversarios (Caritas in veritate<\/em> es de 2009 y cierra una trilog\u00eda; Laudato si\u2019<\/em> es de 2015, Fratelli tutti<\/em> de 2020).<\/p>\n\n\n\n Hasta Le\u00f3n XIV, precisamente. Con motivo del 135.\u00ba aniversario de la publicaci\u00f3n del documento de su predecesor hom\u00f3nimo, el papa de Chicago retom\u00f3 el ciclo de aniversarios de la Rerum novarum<\/em>, sin tener siquiera a su alcance uno m\u00e1s solemne. Y quiso firmar la enc\u00edclica Magnifica humanitas<\/em> el 15 de mayo, al igual que el papa Pecci \u2014por primera vez fuera de las d\u00e9cadas can\u00f3nicas utilizadas por P\u00edo XI, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II\u2014.<\/p>\n\n\n\n Como era evidente y previsible, el entusiasmo general en torno a la enc\u00edclica se fue apagando r\u00e1pidamente. La enc\u00edclica, tras dar la vuelta al mundo, ha comenzado, precisamente por las razones expuestas hasta ahora, a sucumbir ante los embates de un olvido que podr\u00eda hacerle correr la misma suerte que las dem\u00e1s o preservarla de ello (volver\u00e9 sobre esto al final), pero no por la \u00abactualidad\u00bb de sus temas, ya que la actualidad pasa de moda r\u00e1pidamente. Por lo dem\u00e1s, nada hace pensar que Le\u00f3n XIV iniciara su pontificado con un acto de \u00abdoctrina social\u00bb para situarse en la l\u00ednea de cuatro de sus siete predecesores o para beneficiarse del aura de su consenso.<\/p>\n\n\n\n El papa \u00abborn in the USA\u00bb, en efecto, no parece buscar<\/em> un terreno f\u00e9rtil para sus propias semillas ni para un discurso cat\u00f3lico<\/em>: sino que, por as\u00ed decirlo, apunta justo a lo contrario. Es decir, ser<\/em> \u2014\u00e9l y la Iglesia de Roma\u2014 un terreno f\u00e9rtil para las semillas de la justicia que buscan lugares donde desarrollarse, ofreciendo lo que la familia cat\u00f3lica quiere y a veces sabe ofrecer: un lugar amplio, un hospital de campa\u00f1a, desarmado, reflexivo. Porque no hace falta asomarse a las ventanas del Palacio Apost\u00f3lico para ver que, en el mundo posglobal \u2014azotado por la pandemia de la guerra, agotado por las pr\u00e1cticas neocoloniales de explotaci\u00f3n, golpeado por una propaganda del miedo, agotado por lo que el soci\u00f3logo denomina la \u00absuperdiversidad\u00bb cuantitativo-cualitativa\u2014, basta con tener ojos y o\u00eddos para ver y o\u00edr a amplios sectores de la humanidad en busca de una comprensi\u00f3n m\u00e1s unitaria de lo real, de una visi\u00f3n de conjunto, de un conjunto de criterios que se deriven de principios<\/em> esenciales, y no construidos en torno a valores<\/em> que suben y bajan fren\u00e9ticamente por las escaleras mec\u00e1nicas de la conveniencia pol\u00edtica, o algo peor.<\/p>\n\n\n\n Criterios que tambi\u00e9n pueden interpretarse como indicios de una moral reticente (presente en la enc\u00edclica en las dos ocasiones en que aparece el \u00abpor desgracia\u00bb, que surge precisamente all\u00ed donde a la Santa Sede le complace que no se le escuche), pero tambi\u00e9n como indicios que se derivan de una cuesti\u00f3n radical y universal (como dice Romano Prodi) y que, por lo tanto, exigen una respuesta universal y radical.<\/p>\n\n\n\n Dar voz y fecundidad a una necesidad social y pol\u00edtica fundamental que atraviesa, insatisfecha y, por tanto, hambrienta, la vida del mundo: \u00bftiene eso un nombre? En s\u00ed mismo, existe un nombre, o al menos exist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n Si quisi\u00e9ramos emplear el lenguaje antiguo del conde Destutt de Tracy, habr\u00eda que llamarla \u00abciencia de las ideas\u00bb y, por consiguiente, como \u00e9l escribi\u00f3 en 1796, \u00abideolog\u00eda\u00bb. Pero este t\u00e9rmino ha quedado dif\u00edcil de utilizar debido a la cr\u00edtica de Karl Marx a la ideolog\u00eda como pensamiento metaf\u00edsico y como expresi\u00f3n de la autonomizaci\u00f3n del mundo de las mercanc\u00edas en la sociedad capitalista. Y para hacer un uso no ingenuo del mismo, habr\u00eda que tomar como referencia a Antonio Gramsci y a las ideolog\u00edas como cemento de los bloques sociales (v\u00e9ase al respecto Marie Lucas, \u00abReligi\u00f3n y herej\u00eda en Gramsci\u00bb); y, a partir de ah\u00ed, remontarse hasta Mannheim y esa capa intelectual flotante (freischwebende<\/em>) capaz de ofrecer s\u00edntesis relativas de todos los elementos de verdad presentes en las distintas posturas espirituales y pol\u00edticas de una \u00e9poca; y de nuevo a Horkheimer (\u00abEl t\u00e9rmino \u201cideolog\u00eda\u201d deber\u00eda reservarse, por oposici\u00f3n a \u201cverdad\u201d, para el saber que no es consciente de su dependencia, pero que puede ser desentra\u00f1ado hist\u00f3ricamente; para la opini\u00f3n que ha quedado relegada al rango de apariencia frente al conocimiento m\u00e1s avanzado\u00bb). <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> Habr\u00eda que discutir a\u00fan su plausibilidad l\u00e9xica debatiendo con los te\u00f3ricos de su fin (David Riesman o Helmut Schelsky). Pero eso no es todo: al tratarse de una enc\u00edclica, habr\u00eda que debatir la tesis de 1977 de Marie-Dominique Chenu, seg\u00fan la cual la \u00abdoctrina social\u00bb era una ideolog\u00eda que compet\u00eda con otras ideolog\u00edas, socialistas y liberales, que parec\u00edan avanzar, invictas, hacia un antagonismo total.<\/p>\n\n\n\n Quiz\u00e1 el t\u00e9rmino \u00abideolog\u00eda\u00bb no sea ni recuperable ni redefinible; algunas alternativas son excesivamente ambiguas (el papado prob\u00f3 con \u00abdesarrollo humano integral\u00bb, con un toque maritainiano; el cardenal Zuppi, el t\u00edtulo \u00abFratelli tutti\u00bb como programa social). Pero la esencia a la que resulta dif\u00edcil dar un nombre, die Sache<\/em> (la cosa), est\u00e1 clara: existen construcciones de pensamiento que no explican un problema de a uno, dando a cada segmento de preguntas un segmento de respuestas, sino que los abordan en su conjunto y ofrecen marcos interpretativos m\u00e1s amplios o globales. Una Weltanschauung<\/em> que no responde, repito, a una escala de valores (sobre cuya tiran\u00eda Carl Schmitt escribi\u00f3 un ensayo memorable), sino que aplica un dispositivo de principios<\/em> (ese era el t\u00edtulo de la revista de La Pira, hoy un poco olvidada).<\/p>\n\n\n\n Le\u00f3n XIV present\u00f3 su primera enc\u00edclica con ese ritmo pausado que, como ya dec\u00eda y como todo el mundo sabe, caracteriza la forma de ser y de gobernar del papa Prevost, y que lo distingue tambi\u00e9n de la \u00absorpresa\u00bb que hab\u00edan tenido, de formas diferentes, Juan Pablo II y Francisco, como de la antigua astucia de las<\/em> dilatas<\/em> (o de las m\u00e1s prosaicas, ya veremos<\/em>), mediante las cuales la curia romana ha aprendido desde hace siglos a \u00absofocar y adormecer\u00bb mediante el aplazamiento, la negligencia calculada a largo plazo.<\/p>\n\n\n\n Le\u00f3n XIV se limit\u00f3 a esperar y, posteriormente, el 15 de mayo de 2026, firm\u00f3 la Magnifica humanitas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n Esper\u00f3 a que los descifradores de simbolismos y los cart\u00f3grafos de la geopol\u00edtica divagaran, a que los cazadores de cotilleos descubrieran c\u00f3mo se desarroll\u00f3 realmente el c\u00f3nclave (parece que est\u00e1n de acuerdo en una cosa: se ha elegido al P. Prevost), y a que las canciller\u00edas asimilen que no hab\u00eda mucho que esperar ni que temer del papa, ya que su predicaci\u00f3n es, en esencia, previsible. Ha esperado sin ansiedad, porque esta se ve neutralizada por su vida como hermano y como hombre que sabe que \u2014si ning\u00fan tecn\u00f3crata le apaga los motores del avi\u00f3n en pleno vuelo y si Dios le concede vida y voluntad\u2014 reinar\u00e1 hasta mediados de siglo: por lo tanto, no tiene ning\u00fan motivo para desorientar a quienes creen comprenderlo todo de \u00e9l, ni para orientar a los desorientados: simplemente act\u00faa.<\/p>\n\n\n\n Y aunque muchos dec\u00edan que escribir\u00eda una enc\u00edclica sobre la IA, ha escrito una enc\u00edclica (al parecer) sobre la IA: lo que confirma su voluntad de mostrarse predecible, lo que constituye el principal cambio con respecto a su predecesor. Y aunque se filtr\u00f3 el t\u00edtulo Magnifica humanitas<\/em>, esto no caus\u00f3 ning\u00fan perjuicio, sino que se convirti\u00f3 en una aut\u00e9ntica campa\u00f1a de avance, con todo el revuelo que ello conlleva.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, calificar la primera enc\u00edclica de Le\u00f3n XIV, no desde el punto de vista del marketing, sino desde el de la historia de las doctrinas, no es tan sencillo como parece. Magnifica humanitas<\/em>, en efecto, aunque se sit\u00fae al inicio del pontificado \u2014y, por tanto, en un momento en el que cabr\u00eda esperar un acto \u00abprogram\u00e1tico\u00bb\u2014, no parece tener intencionadamente ese car\u00e1cter. En cualquier caso, no tiene nada que ver con la \u00abprimera enc\u00edclica\u00bb de P\u00edo XI, P\u00edo XII, Pablo VI o Juan Pablo II, ni siquiera con el verdadero primer acto de Francisco, publicado recurriendo al g\u00e9nero de la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica, en homenaje al papa Montini.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, al decir esto, hay que destacar las palabras \u00abaparentemente\u00bb e \u00abintencionadamente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Porque, en realidad, y m\u00e1s all\u00e1 de cualquier intenci\u00f3n de su autor, Magnifica humanitas<\/em> ha pasado a ocupar el centro del debate p\u00fablico a ra\u00edz de un acontecimiento externo e imprevisible: la decisi\u00f3n de Donald Trump de atacar al primer papa estadounidense con expresiones groseras y desordenadas, lo que situ\u00f3 ipso facto<\/em> al reci\u00e9n elegido en un pedestal inusualmente alto, incluso para un papa.<\/p>\n\n\n\n De hecho, Trump ha sido el tercer \u00absoberano\u00bb (\u00bfaut\u00f3crata?) que ha influido en el desarrollo de un c\u00f3nclave entre los siglos XX y XXI: el primero fue el emperador de Austria en 1903, quien vet\u00f3 al cardenal Rampolla y, al excluir al gran diplom\u00e1tico, favoreci\u00f3 la elecci\u00f3n del papa Sarto, cuya santidad personal y obsesi\u00f3n por la infiltraci\u00f3n de peligrosos \u00abmodernistas \u00bb en la Iglesia marcaron la primera mitad del siglo; el segundo fue Leonid Brezhnev, quien, al permitir la salida de los pa\u00edses del Pacto de Varsovia, facilit\u00f3 la elecci\u00f3n de Karol Wojty\u0142a, quien no deseaba la ca\u00edda del comunismo y no hab\u00eda reivindicado ning\u00fan m\u00e9rito (para \u00e9l era evidente y necesaria, debido al error antropol\u00f3gico que caracterizaba al bolchevismo ateo), pero desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo para evitar que el ocaso del imperio socialista se produjera en el ba\u00f1o de sangre que vimos, a peque\u00f1a escala, en la desintegraci\u00f3n de Yugoslavia; el tercero fue Trump, y lo que Trump representa.<\/p>\n\n\n\n El vicepresidente que le asign\u00f3 Peter Thiel \u2014J.D. Vance\u2014 fue, de hecho, el protagonista de un primer acercamiento al papado en las \u00faltimas horas de vida de Francisco. Una visita con un contenido \u00abneocarolingio\u00bb: ofrecer a Roma un reconocimiento a cambio de la certificaci\u00f3n de la translatio<\/em> de la \u00abOld Nice Europe<\/em>\u00bb hacia la \u00abAmerica Great Again<\/em>\u00bb, un papel distinto del papel puramente paternalista ejercido en el siglo anterior. Luego estuvo la del propio presidente, que acudi\u00f3 al funeral del papa Francisco con cierta arrogancia protocolaria y verbal: lo que, sin embargo, garantiz\u00f3 a todos que, frente a un hombre como Prevost, estadounidense de M\u00edchigan y Per\u00fa, el belicoso inquilino de la Casa Blanca no tendr\u00eda capacidad alguna para ejercer presi\u00f3n. Y as\u00ed fue como cay\u00f3 esa regla no escrita seg\u00fan la cual, tras la Segunda Guerra Mundial, un cardenal de Estados Unidos nunca habr\u00eda sido un candidato plausible.<\/p>\n\n\n\n Si bien, ex parte pap\u00e6<\/em><\/em>, la cuesti\u00f3n se resolvi\u00f3 as\u00ed, por parte del presidente estadounidense la elecci\u00f3n de Prevost tuvo consecuencias: pues ese pacto neocarolingio esbozado por Vance<\/a> cambi\u00f3 de rumbo. La aparici\u00f3n, junto a Vance, de otros dos cat\u00f3licos con perfiles distintos \u2014Ron DeSantis y Marco Rubio\u2014 entre los posibles candidatos a las primarias republicanas ha puesto de manifiesto que la columna vertebral del protestantismo evang\u00e9lico del movimiento MAGA pod\u00eda ponerse en tela de juicio: en lugar de absorber el catolicismo en una mezcla cat\u00f3lico-evang\u00e9lica<\/em> impulsada por un fundamentalismo supremacista, podr\u00eda sustituirla, con consecuencias catastr\u00f3ficas para la multitud de televangelistas que hasta ahora han guiado, motivado y protegido el trumpismo de verdad. Por lo tanto, han pedido \u2014o han conseguido sin siquiera pedirlo\u2014 que el presidente se distancie, lo que se ha manifestado de muchas formas, entre ellas una serie de mensajes escritos y visuales ofensivos hacia el papa reinante.<\/p>\n\n\n\n De este modo, sin embargo, un presidente que se siente elegido por Dios y al que sus vestales \u2014por ejemplo, Paula White\u2014 celebran como tal le ha dado al papa de Roma la oportunidad de decir cosas muy sencillas, pero que han convertido a Prevost en el \u00abanti-Trump\u00bb y a Trump en el \u00abanti-papa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Un enfrentamiento que no pod\u00eda tener ning\u00fan efecto sobre el contenido de la enc\u00edclica. Detr\u00e1s de ella hay meses de trabajo de las oficinas, de los te\u00f3logos y de los dicasterios, que no han tenido en cuenta la coyuntura m\u00e1s inmediata, pero que se han visto dotados de un significado que ya ten\u00edan y que corr\u00eda el riesgo de pasar desapercibido: pues si la administraci\u00f3n de Trump no puede ni bombardear al papa como ha hecho con otros l\u00edderes pol\u00edtico-religiosos, ni secuestrarlo como ha hecho con otros jefes de Estado, entonces el papa se convierte en la \u00abotra voz\u00bb, que es fuerte no porque tenga divisiones (como pretend\u00eda el sarcasmo estalinista), sino porque forja la unidad; y lo que dice adquiere un peso mucho mayor y un valor objetivo.<\/p>\n\n\n\n As\u00ed pues, la enc\u00edclica ha adquirido una funci\u00f3n que ha amplificado su repercusi\u00f3n, pero que ha desviado la atenci\u00f3n de sus aportaciones espec\u00edficas, de las posturas que adopta y de los problemas que aborda con un enfoque propio respecto a sus predecesoras.<\/p>\n\n\n\n Para evitar, pues, caer v\u00edctimas del alboroto que ha hecho que la publicaci\u00f3n de la enc\u00edclica haya tenido tanto revuelo \u2014y que se ir\u00e1 apagando en unos meses\u2014, me gustar\u00eda intentar sugerir a quienes ya la han estudiado algunas claves de interpretaci\u00f3n: por lo tanto, intentar\u00e9 describir de forma muy anal\u00edtica i) las caracter\u00edsticas externas de Magnifica humanitas<\/em>; luego, ii) me gustar\u00eda ofrecer un cat\u00e1logo de sus tensiones y otro, m\u00e1s breve, de iii) sus originalidades menos esperadas: un recorrido minucioso y pausado, al t\u00e9rmino del cual intentar\u00e9 extraer algunas consecuencias o conclusiones.<\/p>\n\n\n\n Para empezar, intentar\u00eda definir las caracter\u00edsticas materiales de una enc\u00edclica que, incluso con esta primera serie de datos, revela algo sobre s\u00ed misma y sobre la forma en que se ha elaborado, en una curia bergogliana, para un papa diferente.<\/p>\n\n\n\n Empecemos, pues, por las cifras: la enc\u00edclica Magnifica humanitas<\/em> es una enc\u00edclica extensa. Una introducci\u00f3n y cinco cap\u00edtulos: 245 p\u00e1rrafos, 36.000 palabras (la Rerum novarum<\/em> contaba con 42 p\u00e1rrafos y 11.500 palabras), 224 notas (solo el cap\u00edtulo II concentra un tercio de ellas, mientras que el cap\u00edtulo III menos de una d\u00e9cima parte).<\/p>\n\n\n\n La introducci\u00f3n representa el 7 % de la extensi\u00f3n total; los dem\u00e1s cap\u00edtulos, el 15,7 %, el 18 %, el 15,6 %, el 19,9 % y el 15,9 %, respectivamente, y la conclusi\u00f3n, el 7,8 %. La primera parte (nn. 1-89: Introducci\u00f3n<\/em>; cap. I: Un pensamiento din\u00e1mico fiel al Evangelio<\/em>; cap. II: Fundamentos y principios de la doctrina social<\/em>) es esencialmente recapitulativa; la segunda parte (nn. 90-228: cap. III: T\u00e9cnica y dominio<\/em>; cap. IV: Preservar lo humano en la transformaci\u00f3n<\/em>; cap. V: La cultura del poder y la civilizaci\u00f3n del amor<\/em>) adopta, en cambio, una postura sobre los problemas de la econom\u00eda y la tecnolog\u00eda a trav\u00e9s de la IA; la Conclusi\u00f3n<\/em> tiene un car\u00e1cter espiritual y termina, como es habitual, con el tradicional p\u00e1rrafo mariol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n Las \u00abauctoritates\u00bb<\/em> reflejan el estilo m\u00e1s caracter\u00edstico de los inicios de un pontificado, cuando los \u00abminutanti\u00bb<\/em>, encargados de las citas en las notas al pie de p\u00e1gina, llenan los actos del magisterio de autocitas del papa reinante (\u00aben mi opini\u00f3n, que, por cierto, comparto\u00bb, ironizaba un antiguo sustituto al referirse a esta mala consuetudo<\/em>), y cuando su reincorporaci\u00f3n en los discursos o escritos del sucesor consagra este esquema de continuidad en el pensamiento de los titulares de la c\u00e1tedra de Pedro. Por lo tanto, resulta totalmente natural y previsible que haya 42 citas del papa Francisco, 29 de Juan Pablo II, 14 de Pablo VI, 12 de Benedicto XVI, 7 del propio Le\u00f3n XIV, 4 de P\u00edo XI, 3 de P\u00edo XII, 2 de Juan XXIII y de Le\u00f3n XIII; el Concilio Vaticano II se cita 9 veces, Agust\u00edn 4 y Tom\u00e1s de Aquino 1.<\/p>\n\n\n\n Los marcadores<\/em> l\u00e9xicos son muy llamativos: la palabra \u00abhumano\u00bb<\/em> aparece 310 veces, lo que refleja el baricentro antropol\u00f3gico del texto; los hapax<\/em> (no lematizados) son 3.188, una cifra que se sit\u00faa en la media de la prosa period\u00edstica italiana.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, Magnifica humanitas<\/em> se basa en algo original: tres textos con distintos grados de autoridad y formalidad, pero que proceden todos de la producci\u00f3n documental vaticana y que tratan, en su totalidad, sobre la IA.<\/p>\n\n\n\n El primero es el Mensaje de Francisco para la LVII Jornada Mundial de la Paz, \u00abInteligencia artificial y paz\u00bb (con fecha del 8 de diciembre de 2023, para el 1 de enero de 2024); el segundo, una nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe titulada Antiqua et nova. Nota sobre las relaciones entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana<\/em>, del 28 de enero de 2025; y, por \u00faltimo, un documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional titulado Quo vadis, humanitas? Reflexiones sobre la antropolog\u00eda cristiana ante determinados escenarios sobre el futuro del ser humano<\/em>, publicado el 4 de marzo de 2026.<\/p>\n\n\n\n Tres textos que, evidentemente, reivindican su perfecta armon\u00eda y su filiaci\u00f3n, incluso jer\u00e1rquica (el mensaje est\u00e1 firmado por Francisco; \u00abAntiqua et nova\u00bb<\/em> fue aprobada \u00abex audientia SS.mi<\/em>\u00bb, es decir, con un permiso espec\u00edfico; \u00abQuo vadis, humanitas?<\/em>\u00bb <\/em>es un acto de la Comisi\u00f3n, pero su publicaci\u00f3n ha sido autorizada por el jefe del dicasterio, tras la aprobaci\u00f3n del nuevo papa), pero que, en realidad, expresan posiciones contrapuestas entre s\u00ed: un contraste que pone de manifiesto c\u00f3mo ha evolucionado el debate en torno al trono pontificio entre el final del pontificado de Bergoglio y el inicio del ministerio de Prevost. Me limitar\u00e9 a citar algunos ejemplos.<\/p>\n\n\n\n El mensaje de Francisco se enmarca en un contexto puramente moral: el hombre es imagen de Dios por su inteligencia, y la tecnolog\u00eda, fruto del don del Creador, debe emplearse en pro de la fraternidad y la paz. La categor\u00eda dominante es la responsabilidad \u00e9tica. Antiqua et nova<\/em>, por el contrario, plantea una serie de distinciones (ratio<\/em> e intellectus<\/em>; persona y funci\u00f3n; alma y cuerpo; inteligencia y conciencia; racionalidad y libertad; conocimiento y sabidur\u00eda), lo que marca un desplazamiento del centro de gravedad de la moral hacia la metaf\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n Antiqua et nova<\/em> se refiere, en su nota 7, al rechazo de la analog\u00eda entre el hombre y la m\u00e1quina: \u00abLos t\u00e9rminos utilizados en este documento para describir los resultados o los procedimientos de la IA se emplean en sentido figurado para explicar sus acciones y no pretenden atribuirle cualidades humanas \u00bb (Antiqua et nova<\/em>, nota 7), <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> y lamenta que \u00abesta distinci\u00f3n se vea a menudo oscurecida por el lenguaje utilizado por los profesionales, que tiende a antropomorfizar la IA y, por lo tanto, a difuminar la frontera entre lo humano y lo artificial\u00bb (Antiqua et nova<\/em>, n. 59). Quo vadis, humanitas?<\/em> atribuye a los sistemas agentes fines y peligros: \u00abAs\u00ed, la IA podr\u00eda decidir de hecho qu\u00e9 est\u00e1 permitido saber, relegando las dem\u00e1s cuestiones al \u00e1mbito subjetivo o a cuestiones de gusto\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 46, y v\u00e9ase n. 38). <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n La diferencia es radical: el marco de la \u00e9poca bergogliana es antropol\u00f3gico (crisis de la verdad en el foro p\u00fablico, naturaleza de la inteligencia: Antiqua et nova<\/em>, n. 3, 10-12); la de la \u00e9poca leonina es socioecon\u00f3mica (doctrina social, trabajo, en la genealog\u00eda de Rerum novarum<\/em>). De ello se deduce que, mientras que Antiqua et nova<\/em> hace hincapi\u00e9 en el registro instrumental (\u00abdebe considerarse por lo que es: una herramienta y no una persona\u00bb, Antiqua et nova<\/em>, n. 59; pero tambi\u00e9n: \u00abLa IA solo deber\u00eda utilizarse como una herramienta complementaria a la inteligencia humana y no deber\u00eda sustituir su riqueza\u00bb, n. 112; y n. 48: \u00abdebe estar dirigida por la inteligencia humana\u00bb), Quo vadis, humanitas?<\/em> declara obsoleta esta ontolog\u00eda de la herramienta y adopta \u2014para rechazar su \u00e9tica\u2014 el l\u00e9xico que populariz\u00f3 un soci\u00f3logo como Luciano Floridi: \u00abLa tecnolog\u00eda digital ya no es solo un instrumento, sino que constituye un aut\u00e9ntico entorno de vida (es una observaci\u00f3n intuitiva de Luciano Floridi), con su propia forma de estructurar las actividades humanas y las relaciones\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 33), y ve \u00abuna circularidad que implica un condicionamiento rec\u00edproco\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 32).<\/p>\n\n\n\n Esto desmonta la tesis sobre la moralidad humana de Antiqua et nova<\/em>, n. 39 (\u00abEntre una m\u00e1quina y un ser humano, solo este \u00faltimo es verdaderamente un agente moral\u00bb, Antiqua et nova<\/em>, n. 39; v\u00e9anse nn. 40-46) ya que un entorno no se \u00abutiliza\u00bb, sino que se habita, y condiciona a quien lo habita antes de cualquier elecci\u00f3n, lo que abre el camino a una audaz tesis de Magnifica humanitas<\/em> sobre la moral.<\/p>\n\n\n\n Si bien Antiqua et nova<\/em> sigue concibiendo la inteligencia de la IA como una herramienta (\u00abSin embargo, incluso en el caso de que una futura IAG resultara realmente inteligente, seguir\u00eda siendo de naturaleza funcional\u00bb, Antiqua et nova<\/em>, nota 10), Quo vadis, humanitas?<\/em> la ve como \u00abuna tecnolog\u00eda futura e invasiva, capaz de sustituir todos los aspectos computacionales y operativos de la inteligencia humana gracias a una velocidad de c\u00e1lculo muy elevada, que ser\u00e1 posible gracias al futuro desarrollo de procesadores cu\u00e1nticos \u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 38), y plantea la amenaza ontol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n Otro punto de contraste: la concepci\u00f3n del hombre como imago Dei<\/em>. Para Antiqua et nova<\/em>, en la l\u00ednea de la ex\u00e9gesis agustiniana y tomista, la diferencia entre el hombre y el animal viene dada por el intelecto, mientras que Quo vadis, humanitas? <\/em>(n. 19) \u00abreconoce que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las dem\u00e1s criaturas\u00bb, en una perspectiva ecol\u00f3gica y relacional que llega incluso a se\u00f1alar que \u00abla identidad filial es la determinaci\u00f3n \u00faltima y radical de nuestra identidad, y quien est\u00e1 marcado en su coraz\u00f3n por el Esp\u00edritu Santo encuentra en esta identidad de hijo el punto de referencia para cualquier otro aspecto de su identidad\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 115).<\/p>\n\n\n\n Mientras que Antiqua et nova<\/em> se ci\u00f1e a la anima forma corporis<\/em> del Concilio de Viena y al dictamen de Tom\u00e1s (ST I, q. 76, a. 1), Quo vadis, humanitas?<\/em> toma prestado de Lubac (Teolog\u00eda en la historia<\/em>, I) el modelo patr\u00edstico tripartito \u00abcuerpo-alma-esp\u00edritu\u00bb, como modelo complementario.<\/p>\n\n\n\n Antiqua et nova<\/em> ve en la IA una idolatr\u00eda latente (\u00abla IA puede resultar a\u00fan m\u00e1s seductora que los \u00eddolos tradicionales: de hecho, a diferencia de estos \u00faltimos, que \u201ctienen boca y no hablan\u201d (Sal 115, 5-6), la IA puede \u201chablar\u201d o, al menos, dar esa impresi\u00f3n (cf. Ap 13, 15)\u00bb, Antiqua et nova<\/em>, n. 105); por el contrario, Quo vadis, humanitas?<\/em> valora \u00abese deseo de \u201cir m\u00e1s all\u00e1\u201d, de superarse a uno mismo y de superar la condici\u00f3n actual para ser plenamente humanos\u00bb, que \u00abrepresenta una tensi\u00f3n constitutiva de la naturaleza humana\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 23), y que ser\u00eda el sentido del \u00abtransumanar\u00bb<\/em> del para\u00edso dantesco (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 24), porque \u00abno puede haber ning\u00fan \u201ctrans\u201d o \u201cpost\u201d que la novedad de Cristo no haya integrado ya de antemano\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 150), e integrada en el hecho de que \u00abel anuncio cristiano identifica la forma adecuada de ir m\u00e1s all\u00e1 (trans<\/em>) de los l\u00edmites de la experiencia humana con la divinizaci\u00f3n (theosis<\/em>)\u00bb (Quo vadis, humanitas?<\/em>, n. 161).<\/p>\n\n\n\nLa Denzingertheologie<\/em><\/em><\/h3>\n\n\n\n
La derogaci\u00f3n de la prisa<\/h3>\n\n\n\n
La ambig\u00fcedad \u00abrerumnovarumista<\/em>\u00bb<\/h3>\n\n\n\n
A ra\u00edz de la canonizaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n
Semillas y terrenos<\/h3>\n\n\n\n
Una visi\u00f3n doctrinal<\/h3>\n\n\n\n
El ritmo de la enc\u00edclica<\/h3>\n\n\n\n
L\u00e9on \u00abLos tiempos del c\u00f3lera\u00bb<\/h3>\n\n\n\n
El efecto Trump<\/h3>\n\n\n\n
CARACTER\u00cdSTICAS EXTERNAS DE LA ENC\u00cdCLICA<\/h2>\n\n\n\n
Las medidas<\/h3>\n\n\n\n
Antecedentes<\/h3>\n\n\n\n