{"id":104922,"date":"2026-07-12T07:00:00","date_gmt":"2026-07-12T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=104922"},"modified":"2026-07-12T00:41:52","modified_gmt":"2026-07-11T22:41:52","slug":"la-leccion-de-jean-monnet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/07\/12\/la-leccion-de-jean-monnet\/","title":{"rendered":"La lecci\u00f3n de Jean Monnet"},"content":{"rendered":"\n

La tragedia de Europa es haber convertido a Jean Monnet en alguien aburrido. Este personaje fabuloso, que recorri\u00f3 el mundo durante d\u00e9cadas, viviendo aventuras incre\u00edbles y persiguiendo sin descanso el loco ideal de una Europa unida, se ha convertido en una referencia anticuada, un padre fundador disecado, que solo sirve para citarlo en todos los discursos m\u00e1s convencionales sobre el estado de la Uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Durante la pr\u00f3xima hora <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> me esforzar\u00e9, ante todo, por hacer justicia a la locura propia de Jean Monnet, repasando algunos episodios de su vida.<\/p>\n\n\n\n

A continuaci\u00f3n, intentar\u00e9 analizar su legado y lo que el ejemplo de Jean Monnet significa para nosotros hoy en d\u00eda. <\/p>\n\n\n\n

Uno de los pocos aspectos positivos de este per\u00edodo tan sombr\u00edo que estamos atravesando es que comprendemos la historia, la sentimos en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser. <\/p>\n\n\n\n

Antes, le\u00edamos las cr\u00f3nicas de la primera mitad del siglo XX y nos parec\u00edan lejanas, como algo tr\u00e1gico y superado. Las estudi\u00e1bamos con cierta distancia, como si no nos afectaran directamente. Hoy, en cambio, leemos el relato de esos acontecimientos a trav\u00e9s de la voz de los testigos de aquella \u00e9poca y nos emocionamos con ellos, porque su situaci\u00f3n es tambi\u00e9n la nuestra.<\/p>\n\n\n\n

Ahora comprendemos, es m\u00e1s, sentimos lo que Stefan Zweig quer\u00eda decir cuando escribi\u00f3 en 1936:<\/p>\n\n\n\n

\u00abPocas veces el ambiente en el mundo, y en nuestra vieja Europa en particular, ha estado tan envenenado por la desconfianza, la desuni\u00f3n y el miedo. Cada ma\u00f1ana, leemos el peri\u00f3dico con nerviosismo y lo dejamos con un suspiro de alivio cuando vemos que no ha ocurrido nada especialmente peligroso. La desconfianza hacia los vecinos se ha convertido poco a poco en un fen\u00f3meno patol\u00f3gico en muchos pueblos; por todas partes, las fronteras se cierran con temor; d\u00eda y noche, las f\u00e1bricas de Europa trabajan para crear, tras veinte siglos de magn\u00edficos logros en todos los \u00e1mbitos de la cultura, los instrumentos de destrucci\u00f3n m\u00e1s impresionantes y geniales\u00bb. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Ese suspiro de alivio matutino cuando, al encender el tel\u00e9fono, descubrimos que no ha ocurrido nada especialmente peligroso en el mundo durante la noche: hoy en d\u00eda ya lo conocemos.<\/p>\n\n\n\n

Pero si tenemos que soportar y sentir en nuestra propia piel el lado m\u00e1s oscuro de la historia, quiz\u00e1 tambi\u00e9n podamos rendir homenaje y comprender mejor que nunca a los hombres y mujeres que supieron plantar cara a la oscuridad. Todos y todas aquellas que, tras la Segunda Guerra Mundial, sentaron las bases de uno de los per\u00edodos m\u00e1s prolongados de paz y prosperidad de la historia de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n

La aventura<\/h2>\n\n\n\n

Jean Monnet es uno de ellos. Y quiz\u00e1, de entre todos, aquel cuyo ejemplo resulta m\u00e1s fundamental. Pero para que pueda servirnos de inspiraci\u00f3n, hay que, ante todo, liberarlo de la capa de pomposidad y ret\u00f3rica con la que se le ha recubierto en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n

Y para ello, quiz\u00e1 la mejor forma no sea partir del papel central que desempe\u00f1\u00f3 en la construcci\u00f3n de Europa, ni de los logros casi incre\u00edbles que marcaron su trayectoria como hombre de Estado y art\u00edfice visionario, sino m\u00e1s bien de algunos episodios m\u00e1s \u00edntimos.<\/p>\n\n\n\n

Solo voy a mencionar tres.<\/p>\n\n\n\n

El primero nos transporta al a\u00f1o 1906. Jean Monnet tiene 18 a\u00f1os. Dos a\u00f1os antes, hab\u00eda abandonado Cognac y sus estudios para hacer unas pr\u00e1cticas en la City de Londres; ahora se le env\u00eda a Norteam\u00e9rica como representante de la empresa familiar. Primero desembarca en Canad\u00e1 y, a continuaci\u00f3n, recorre el oeste de Estados Unidos. All\u00ed descubre un mundo sin l\u00edmites, donde Europa ya parece lejana, casi insignificante.<\/p>\n\n\n\n

Un d\u00eda, llega a una granja en medio de la nada. Con la intenci\u00f3n de llegar a una granja de colonos escandinavos, grandes aficionados al co\u00f1ac, le pregunta a un herrero qu\u00e9 medios de transporte hay. Sin interrumpir su trabajo, el hombre le responde que no hay ninguno y, a continuaci\u00f3n, se\u00f1alando un caballo, le propone simplemente que se lo lleve y que luego lo devuelva al mismo lugar. Esa confianza le parece algo natural.<\/p>\n\n\n\n

\u00abEstaba lejos de Cognac y de los pa\u00edses de derecho escrito \u2014comenta Jean Monnet en sus Memorias\u2014. En Estados Unidos, me encontr\u00e9 por todas partes con la impresi\u00f3n de que, all\u00ed donde el espacio no estaba limitado, la confianza tampoco ten\u00eda l\u00edmites\u00bb. <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Monnet aborda la dificultad como siempre lo har\u00e1: ampliando el marco. <\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Durante casi ocho a\u00f1os, recorri\u00f3 as\u00ed el mundo: Am\u00e9rica del Norte, Escandinavia, Rusia, Egipto. A la estabilidad casi inm\u00f3vil de la sociedad europea se sumaba, en su mente, el dinamismo de un mundo en expansi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

El segundo episodio pertenece al \u00e1mbito de la vida privada, pero, a su manera, resulta igualmente revelador. En julio de 1934, Jean Monnet abandona Shangh\u00e1i, donde ejerce como banquero de negocios y mantiene una estrecha relaci\u00f3n con Chiang Kai-shek, para trasladarse a Mosc\u00fa. All\u00ed se reencuentra con Silvia Giannini, a quien hab\u00eda conocido cinco a\u00f1os antes: fue amor a primera vista, pero se top\u00f3 con un gran obst\u00e1culo, ya que ella estaba casada y el divorcio era pr\u00e1cticamente imposible en la Europa de aquella \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n

Monnet aborda la dificultad como siempre lo har\u00e1: ampliando el marco. <\/p>\n\n\n\n

El \u00fanico pa\u00eds en el que el divorcio era posible en aquel momento era la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. As\u00ed pues, ambos quedaron de encontrarse all\u00ed: \u00e9l, procedente del Lejano Oriente, y ella, de Suiza, donde viv\u00eda con su hijo. En pocos d\u00edas, Silvia se convierte en ciudadana sovi\u00e9tica, consigue el divorcio y, a continuaci\u00f3n, se casan sin demora antes de regresar. Monnet recordar\u00e1 m\u00e1s tarde este episodio como \u00abla mejor historia de su vida\u00bb. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> Su uni\u00f3n durar\u00e1 45 a\u00f1os, hasta la muerte de Silvia en 1979, y constituir\u00e1 para \u00e9l un punto de apoyo fundamental.<\/p>\n\n\n\n

El tercer episodio ya no pertenece al \u00e1mbito \u00edntimo, pero pone de manifiesto, de forma espectacular, el alcance de su influencia. En diciembre de 1940, Franklin D. Roosevelt pronunci\u00f3 un discurso radiof\u00f3nico que ha pasado a la historia, en el que presentaba a Estados Unidos como \u00abel arsenal de la democracia\u00bb. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> La expresi\u00f3n es de Jean Monnet.<\/p>\n\n\n\n

Tras llegar a Washington unos meses antes, tras la ca\u00edda de Francia, ya se hab\u00eda consolidado como una figura clave dentro de la administraci\u00f3n estadounidense. Una nota del Departamento de Estado lo describe entonces como \u00abel mentor de nuestra defensa\u00bb. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

En los dos a\u00f1os siguientes, desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo en la elaboraci\u00f3n del \u00abVictory Program\u00bb<\/em> (\u00abPrograma para la Victoria\u00bb). Aunque no era un t\u00e9cnico, impuso un m\u00e9todo: evaluar con precisi\u00f3n las necesidades militares, compararlas con las capacidades industriales y poner de manifiesto la diferencia. Monnet aboga incansablemente por una l\u00f3gica de abundancia: \u00abEs mejor \u2014dice\u2014 tener diez mil tanques de m\u00e1s que uno de menos\u00bb. De este modo, contribuye a convencer a la administraci\u00f3n de Roosevelt de que duplique sus objetivos de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Este proceso culmin\u00f3 con el mensaje dirigido por Roosevelt al Congreso el 6 de enero de 1942, en el que se fijaban objetivos industriales de una magnitud sin precedentes. Menos de un mes despu\u00e9s de su entrada en guerra, Estados Unidos puso en marcha el esfuerzo productivo decisivo. Keynes afirmar\u00eda m\u00e1s tarde que Monnet \u00abacort\u00f3 la guerra en un a\u00f1o\u00bb. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Se podr\u00edan multiplicar los ejemplos de este tipo. Pero por s\u00ed solos bastan para dar una idea de una personalidad y una trayectoria absolutamente fuera de lo com\u00fan. De un cosmopolitismo alocado \u2014y tremendamente aventurero\u2014.<\/p>\n\n\n\n

La aventura, seg\u00fan Giorgio Agamben, es lo que hace que algo o alguien surja, lo que forja una identidad, lo que da un nombre: \u00abLa aventura es el ser en cuanto surge\u00bb. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> Al comienzo del Cuento del Grial<\/em> de Chr\u00e9tien de Troyes, antes de partir, el h\u00e9roe no tiene nombre. No ser\u00e1 hasta el final cuando descubra que se llama Perceval el Gal\u00e9s. <\/p>\n\n\n\n

La vida de Jean Monnet es una aventura. Pero tambi\u00e9n lo es su obra, su obra principal: la Europa tal y como la conocemos hoy en d\u00eda, es una aventura.<\/p>\n\n\n\n

No se trata de proclamar la unidad europea, sino de hacerla necesaria, concreta, casi inevitable.<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

No vamos a repasar aqu\u00ed toda esa trayectoria. Pero, una vez m\u00e1s, bastan tres momentos \u2014tres aut\u00e9nticas aventuras\u2014 para comprender por qu\u00e9 Jean Monnet lleg\u00f3 a ser considerado uno de los padres de la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n\n\n\n

El primero tiene lugar en 1914, en los albores de la Gran Guerra. Jean Monnet tiene 26 a\u00f1os. No ocupa ning\u00fan cargo oficial, solo se representa a s\u00ed mismo y solo puede hacer valer la experiencia adquirida sobre el terreno, a lo largo de sus viajes. Tras ser eximido del servicio militar, decide servir de otra manera. Se da cuenta de algo evidente: es absurdo que Francia y Gran Breta\u00f1a, aliadas contra Alemania, organicen por separado su abastecimiento de materias primas. La intuici\u00f3n es sencilla; su puesta en pr\u00e1ctica, altamente improbable. Y, sin embargo, en plena batalla del Marne, Monnet consigue reunirse con el presidente del Consejo, Ren\u00e9 Viviani, y convencerlo de la necesidad de una estrecha coordinaci\u00f3n entre ambos pa\u00edses. Enviado a Londres, se dedic\u00f3 hasta el final de la guerra a esta tarea de organizaci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n, en un relativo anonimato. No obstante, esta acci\u00f3n fue decisiva: contribuy\u00f3 a dotar al esfuerzo aliado de la coherencia material sin la cual la victoria se habr\u00eda visto comprometida.<\/p>\n\n\n\n

El segundo episodio tiene lugar en junio de 1940. La derrota francesa parece inevitable. Monnet, que se niega a aceptar la evidencia de la rendici\u00f3n, hace suya una idea a la vez audaz y desesperada: la de una uni\u00f3n inmediata y total entre Francia y el Reino Unido. En una nota titulada \u00abAnglo-French Unity\u00bb<\/em>, propone la fusi\u00f3n de ambos Estados: un \u00fanico gobierno, un \u00fanico Parlamento, un \u00fanico ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n

Contra todo pron\u00f3stico, consigue convencer a Churchill, a su gabinete y al general De Gaulle, que en ese momento se encontraba en Londres. El 16 de junio, el propio De Gaulle dicta el texto por tel\u00e9fono a Paul Reynaud. Durante unas horas, la hip\u00f3tesis de una soberan\u00eda compartida, surgida en la m\u00e1s extrema de las urgencias, parece una posibilidad real. Pero, esa misma noche, Reynaud es sustituido por el mariscal P\u00e9tain, quien opta por la v\u00eda del armisticio. El proyecto se desvaneci\u00f3 de inmediato. No obstante, qued\u00f3 un precedente llamativo: la idea de que las naciones europeas pueden, si las circunstancias lo exigen, llegar incluso a unirse pol\u00edticamente para hacer frente a su destino.<\/p>\n\n\n\n

Por fin, el momento decisivo. En 1950, Jean Monnet propuso a Robert Schuman poner en com\u00fan con Alemania la gesti\u00f3n del carb\u00f3n y del acero. El Tratado de Par\u00eds de 1951, que establece la Comunidad Europea del Carb\u00f3n y del Acero, materializa esta intuici\u00f3n. Por primera vez, seis Estados aceptan ceder parte de su soberan\u00eda a una autoridad com\u00fan e independiente, encargada de organizar un sector clave de su econom\u00eda. La elecci\u00f3n del carb\u00f3n y el acero no es casual: se trata precisamente de los recursos que hab\u00edan alimentado las guerras europeas. Ponerlos bajo una gesti\u00f3n com\u00fan equivale a hacer que un nuevo conflicto entre Francia y Alemania no solo sea impensable, sino materialmente imposible.<\/p>\n\n\n\n

En pol\u00edtica, el aburrimiento es un arma temible.<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Es en ese momento cuando Jean Monnet entra de lleno en la historia. Pero ah\u00ed es tambi\u00e9n donde reside la gran paradoja del personaje y de la construcci\u00f3n europea: una aventura extraordinaria que desemboca en su contrario: el aburrimiento. No por casualidad, sino por estrategia.<\/p>\n\n\n\n

Al final de la Segunda Guerra Mundial, algunos pensaban que era necesario unir a Europa. Hicieron grandes declaraciones, lanzaron llamados y organizaron conferencias. Jean Monnet no formaba parte de ellos. Cuando, en 1948, Churchill intent\u00f3 poner en marcha el proyecto de los Estados Unidos de Europa en La Haya, Monnet no acudi\u00f3. Para \u00e9l, no se trataba de proclamar la unidad europea, sino de hacerla necesaria, concreta, casi inevitable, arraig\u00e1ndola en intereses materiales compartidos.<\/p>\n\n\n\n

Ah\u00ed, creo, reside el verdadero genio de Jean Monnet. El abatimiento europeo no es fruto del azar, sino de un proyecto pol\u00edtico concreto \u2014y l\u00facido\u2014. Tras la Segunda Guerra Mundial, Monnet comprendi\u00f3 que la uni\u00f3n era a la vez indispensable e imposible. Indispensable para evitar que la historia de los conflictos fratricidas se repitiera indefinidamente. E imposible porque, a pesar de todo, la poblaci\u00f3n no la quer\u00eda. De hecho, incluso en los a\u00f1os siguientes, los afiliados al Movimiento Federalista Europeo nunca superaron los 250.000.<\/p>\n\n\n\n

Por eso, Monnet decidi\u00f3 tomar otro camino: el de los acuerdos t\u00e9cnicos. Primero sobre el carb\u00f3n y el acero, luego sobre una gama cada vez m\u00e1s amplia de \u00e1mbitos, hasta crear una red inextricable de relaciones e intereses comunes, que convierte a la Uni\u00f3n Europea en un hecho consumado, una construcci\u00f3n tecnocr\u00e1tica dotada de su propia l\u00f3gica implacable.<\/p>\n\n\n\n

En pol\u00edtica, el aburrimiento es un arma temible. Si se consigue que un tema resulte tan aburrido que todo el mundo pierda inter\u00e9s por \u00e9l, entonces se puede hacer lo que se quiera. El escritor estadounidense David Foster Wallace cuenta en El rey p\u00e1lido<\/em> c\u00f3mo los republicanos han construido en Estados Unidos una sociedad de dos velocidades, favoreciendo el enriquecimiento sin l\u00edmites de unos y agravando las desigualdades a trav\u00e9s de la pol\u00edtica fiscal. Y escribe: \u00abLa verdadera raz\u00f3n por la que los ciudadanos estadounidenses no eran \u2014y siguen sin ser\u2014 conscientes de estos conflictos, de estas transformaciones y de lo que est\u00e1 en juego en ellos es que toda la cuesti\u00f3n de la pol\u00edtica y la administraci\u00f3n fiscal es aburrida. Total y espectacularmente aburrida…\u00bb. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

As\u00ed es como el aburrimiento y la apat\u00eda se convierten en una especie de herramienta pol\u00edtica. <\/p>\n\n\n\n

As\u00ed ha sido en la Europa de los funcionarios, al menos hasta Maastricht y, en parte, hasta nuestros d\u00edas. Hay que quitarse el sombrero ante ellos: han conseguido ocultar una de las epopeyas pol\u00edticas m\u00e1s apasionantes de la historia tras una serie interminable de normas sobre el color de los chalecos salvavidas y el di\u00e1metro de las pizzas.<\/p>\n\n\n\n\n\n

\n \n \r\n \r\n \r\n \r\n \r\n <\/picture>\r\n \n
Con un pa\u00f1uelo anudado y un sombrero de fieltro calado en la cabeza, Jean Monnet frente a su casa con techo de paja en Houjarray, en Bazoches-sur-Guyonne. Fuente: Fundaci\u00f3n Jean Monnet para Europa.<\/figcaption>\n <\/a>\n<\/figure>\n\n\n

Ante los depredadores<\/h2>\n\n\n\n

La Uni\u00f3n Europea es, sin duda, el proyecto pol\u00edtico m\u00e1s hermoso del \u00faltimo siglo: el primer intento, en la historia, de constituir un conjunto supranacional en tiempos de paz, sin armas ni amenazas, sobre la base de la libre adhesi\u00f3n de los pueblos. Ning\u00fan otro proyecto pol\u00edtico resulta m\u00e1s estimulante; sin embargo, a lo largo de los \u00faltimos setenta a\u00f1os, Europa no se ha construido a base de grandes discursos. Se ha construido tejiendo una red cada vez m\u00e1s densa de normas, que han conducido a una integraci\u00f3n cada vez m\u00e1s s\u00f3lida de nuestro continente.<\/p>\n\n\n\n

Esta estrategia ha tenido un \u00e9xito que ha superado todas las expectativas, incluso las m\u00e1s optimistas.<\/p>\n\n\n\n

El problema, hoy en d\u00eda, es que el incumplimiento de las normas se ha convertido, pr\u00e1cticamente en todas partes, en la forma m\u00e1s r\u00e1pida de alcanzar el poder y la m\u00e1s segura de conservarlo. \u00abLo primero que hay que hacer es matar a todos los abogados\u00bb, dice Shakespeare. O, mejor dicho, Dick el Carnicero en Enrique VI, cuando se pregunta cu\u00e1l debe ser la primera medida que hay que tomar en el momento de la revuelta. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> Hoy en d\u00eda, ese es el programa de todos los depredadores que quieren deshacerse de cualquier freno a su poder: los l\u00edderes nacional-populistas, los aut\u00f3cratas desinhibidos, los nuevos oligarcas de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Ante esta situaci\u00f3n, los europeos que se indignan y gritan a voz en cuello tachando a sus enemigos de ignorantes y b\u00e1rbaros recuerdan a aquel emperador persa que, seg\u00fan Herodoto, orden\u00f3 a sus soldados azotar el mar para castigarlo por haber obstaculizado sus planes. <\/p>\n\n\n\n

No sirve de nada limitarse a denunciar a los depredadores que nos rodean y que basan su \u00e9xito en el incumplimiento de las normas. Hay que comprender la fuerza de este modelo. <\/p>\n\n\n\n

En sociedades como la nuestra, una parte cada vez mayor de los ciudadanos tiene, con raz\u00f3n o sin ella, la sensaci\u00f3n de que el sistema est\u00e1 estancado, de que los problemas siguen siendo siempre los mismos y de que votar por tal o cual pol\u00edtico no cambia absolutamente nada. En un contexto as\u00ed, los depredadores irrumpen ofreciendo una aut\u00e9ntica forma de milagro. <\/p>\n\n\n\n

En teolog\u00eda, el milagro corresponde a la intervenci\u00f3n directa de Dios, que elude las reglas normales de la existencia en la Tierra para producir un hecho extraordinario; la l\u00f3gica de Trump y de los dem\u00e1s l\u00edderes nacional-populistas es la misma. Infringir las normas \u2014y, muy a menudo, las leyes\u2014 con el pretexto de influir en los problemas que afectan a sus votantes.<\/p>\n\n\n\n

El momento actual exige a los europeos la capacidad de reinventarse, y no solo la de defenderse. Por eso volvemos a necesitar a Jean Monnet. \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda hecho \u00e9l en nuestro lugar?<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Ante este tipo de ofensiva, la respuesta de quienes se limitan a invocar el respeto de las normas y los procedimientos corre el riesgo de parecer d\u00e9bil. No porque no sea justa. Es evidente que, sin el respeto a las normas y los procedimientos, no puede haber ni democracia, ni Estado de derecho, ni, por supuesto, la construcci\u00f3n europea tal y como se ha concebido hasta ahora. Por lo tanto, todos aquellos que se esfuerzan por proteger la democracia o defender Europa tienen raz\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n

Pero su esfuerzo no puede limitarse a eso. Porque corremos el riesgo de dar una respuesta formal a un desaf\u00edo de fondo. Los ciudadanos piden que se resuelvan sus problemas, no que se respeten las formas.<\/p>\n\n\n\n

Los l\u00edderes populistas se centran en el fondo de las cuestiones, o al menos eso es lo que aparentan. Prometen resolver los verdaderos problemas de la gente: la delincuencia, la inmigraci\u00f3n, el costo de la vida. Si los liberales, los progresistas, los buenos dem\u00f3cratas y los proeuropeos se limitan a atrincherarse en la defensa de formas e instituciones que una parte cada vez mayor del electorado considera ineficaces, est\u00e1n abocados a ser barridos del mapa.<\/p>\n\n\n\n

El momento actual exige a los europeos la capacidad de reinventarse, y no solo la de defenderse. <\/p>\n\n\n\n

Por eso necesitamos de nuevo a Jean Monnet. \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda hecho \u00e9l en nuestro lugar?<\/p>\n\n\n\n

No se trata de una pregunta ret\u00f3rica. Creo que a \u00e9l mismo le habr\u00eda gustado, pues era una persona totalmente orientada hacia el futuro; lo \u00fanico que le interesaba era el futuro. De hecho, por eso ni siquiera quer\u00eda publicar sus Memorias (lo que habr\u00eda sido una p\u00e9rdida terrible\u2026). \u00ab\u00bfSe podr\u00edan concebir unas memorias que evocaran el futuro?\u00bb, le habr\u00eda preguntado a su amigo, el historiador Jean-Baptiste Duroselle. <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Pero, si no se trata de una pregunta ret\u00f3rica, hay que evitar responder con un t\u00f3pico: \u00abSi tuviera que volver a empezar, empezar\u00eda por la cultura\u00bb. En primer lugar, porque Monnet nunca pronunci\u00f3 esa frase tal y como est\u00e1 formulada. Y, adem\u00e1s, es err\u00f3nea: la estrategia de Monnet fue la correcta; si hubiera empezado por la cultura, nunca habr\u00eda llegado a donde lleg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n

La verdadera lecci\u00f3n de Jean Monnet es m\u00e1s compleja. El m\u00e9todo Monnet se basa en tres elementos principales. En primer lugar, una visi\u00f3n muy clara y extraordinariamente ambiciosa, que gu\u00eda constantemente cada una de sus acciones. Andr\u00e9 Bazin habr\u00eda dicho que los malos cineastas no tienen ninguna idea, los buenos tienen muchas, pero los grandes solo tienen una. Jean Monnet tiene una gran idea: la uni\u00f3n entre los pueblos y, en particular, la uni\u00f3n entre los pueblos europeos. <\/p>\n\n\n\n

Monnet es el hombre m\u00e1s pragm\u00e1tico del mundo, pero lo que alimenta su pragmatismo es un ideal de lo m\u00e1s noble: los Estados Unidos de Europa.<\/p>\n\n\n\n

La segunda faceta de la actuaci\u00f3n de Monnet reside en una capacidad casi adivinatoria para encontrar, en cada situaci\u00f3n, incluso en la m\u00e1s desesperada, el punto concreto en el que hacer palanca para desencadenar una din\u00e1mica positiva. <\/p>\n\n\n\n

Para lograrlo, se necesita experiencia t\u00e9cnica, algo que Monnet cultiv\u00f3 sobre todo gracias al extraordinario c\u00edrculo de colaboradores con el que se rode\u00f3 a lo largo de toda su vida. Sus subordinados lo adoraban. Les transmit\u00eda la embriagadora sensaci\u00f3n de estar en el centro de la acci\u00f3n y de hacer historia.<\/p>\n\n\n\n

En las \u00faltimas d\u00e9cadas, el proeuropeo se ha convertido en una persona prudente y no en un conquistador, lo que ha permitido a sus adversarios apropiarse del cambio, cuando en realidad lo \u00fanico que proponen es un retroceso pernicioso<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Monnet no es un tecn\u00f3crata, pero siempre parte de una palanca t\u00e9cnica y concreta, sabiendo que, si logra accionarla, todo lo dem\u00e1s puede derivarse de ella. A principios de los a\u00f1os cincuenta, el carb\u00f3n y el acero fueron claramente esa palanca, la chispa que desencaden\u00f3 una reacci\u00f3n en cadena que ha continuado hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n

Tercer punto: Jean Monnet se pone manos a la obra. No se conforma con tener una visi\u00f3n amplia e identificar la soluci\u00f3n t\u00e9cnica concreta. Se moviliza, con toda la fuerza de su energ\u00eda y su inteligencia t\u00e1ctica, y apoy\u00e1ndose en su inmensa red de contactos por todo el mundo para hacer avanzar las cosas. Y no se detiene hasta que lo consigue o, al menos, hasta que no ha agotado todas las v\u00edas para lograrlo.<\/p>\n\n\n\n

La historia de los dos a\u00f1os que separan la presentaci\u00f3n del Plan Schuman de la ratificaci\u00f3n del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carb\u00f3n y del Acero deber\u00eda formar parte de las materias obligatorias para cualquier estudiante de pol\u00edticas p\u00fablicas. De ella se desprende la figura de un Jean Monnet que, como se dice en Italia, ser\u00eda capaz de poner de acuerdo a dos sillas vac\u00edas, tal es su notable talento diplom\u00e1tico y su capacidad para adaptarse constantemente a las circunstancias con el fin de alcanzar su objetivo. Siguiendo con la met\u00e1fora del gran director, algo as\u00ed como Fellini cuando reescrib\u00eda el guion de sus mejores pel\u00edculas durante el rodaje.<\/p>\n\n\n\n

Es precisamente esta incre\u00edble combinaci\u00f3n de visi\u00f3n, competencia t\u00e9cnica y capacidad de ejecuci\u00f3n lo que convierte a Jean Monnet en una personalidad verdaderamente excepcional. <\/p>\n\n\n\n

Como habr\u00eda dicho Alexandre Koj\u00e8ve<\/a>, los \u00fanicos pensadores que cuentan desde un punto de vista hist\u00f3rico son aquellos cuyo pensamiento se ha plasmado en instituciones. Jean Monnet es uno de ellos. Sol\u00eda decir que nunca hab\u00eda desempe\u00f1ado un cargo que no hubiera creado \u00e9l mismo.<\/p>\n\n\n\n

Si decidimos aplicar la lecci\u00f3n de Jean Monnet a nuestra \u00e9poca, deber\u00edamos, por tanto, abordar estos tres frentes al mismo tiempo: la visi\u00f3n, la palanca y la ejecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

En primer lugar, desde el punto de vista de la visi\u00f3n, el reto que plantean los depredadores \u2014si aceptamos considerarlo desde un \u00e1ngulo positivo, lo cual es ciertamente dif\u00edcil, pero necesario si realmente queremos combatirlos en lugar de limitarnos a fingir que lo hacemos\u2014 consiste, como dec\u00eda, en ampliar el \u00e1mbito de lo posible. En el fondo, ah\u00ed es donde reside todo el encanto de Trump.<\/p>\n\n\n\n

\u00ab\u00bfDices que es imposible? Pues bien, te demostrar\u00e9 que no lo es, hasta tal punto que lo estoy haciendo\u00bb. Sin embargo, est\u00e1 claro que muchos de sus \u00abmilagros\u00bb fracasan, y est\u00e1 claro que, desde nuestro punto de vista, los Putin, los Trump, etc., lo que hacen sobre todo es ampliar el abanico de lo peor.<\/p>\n\n\n\n

Pero lo cierto es que esta ampliaci\u00f3n del \u00e1mbito de lo posible debe tomarse en serio. Si todas las transgresiones que cometen son posibles, sin duda tambi\u00e9n debe ser posible que los europeos sean m\u00e1s ambiciosos. <\/p>\n\n\n\n

Depende de nosotros redescubrir el car\u00e1cter \u00e9pico de la construcci\u00f3n europea.<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

No creo que sea una casualidad que, hoy en d\u00eda, europeos conocidos por su realismo invoquen cada vez con m\u00e1s frecuencia y determinaci\u00f3n los Estados Unidos de Europa. Llegados a este punto de nuestro camino, est\u00e1 claro que tenemos la opci\u00f3n de dar media vuelta o cruzar un umbral, comprometi\u00e9ndonos decididamente con la v\u00eda del federalismo ideal y pragm\u00e1tico<\/a> que Mario Draghi nos viene se\u00f1alando desde hace ya mucho tiempo.<\/p>\n\n\n\n

En las \u00faltimas d\u00e9cadas, el proeuropeo se ha convertido en un ser prudente y no en un conquistador, lo que ha permitido a sus adversarios apropiarse del cambio, cuando en realidad solo proponen un retroceso pernicioso. Los Estados Unidos de Europa siguen siendo, en mi opini\u00f3n, la \u00fanica respuesta a la altura de los retos actuales, la \u00fanica revoluci\u00f3n que \u2014como escribi\u00f3 Jean Monnet\u2014 \u00abpretende permitir un nuevo florecimiento de nuestra civilizaci\u00f3n y un nuevo renacimiento\u00bb. <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Hoy en d\u00eda, cualquiera de nosotros puede ponerse al volante y recorrer 3 mil kil\u00f3metros hasta Tallin sin cruzar ni una sola frontera y sin cambiar de moneda. Un milagro inimaginable si pensamos en la historia que nos ha precedido. Hoy en d\u00eda, depende de nosotros redescubrir el car\u00e1cter \u00e9pico de la construcci\u00f3n europea.<\/p>\n\n\n\n

Se trata, por supuesto, de una postura minoritaria. Pero en el nuevo ecosistema de la informaci\u00f3n, son los extremos los que generan energ\u00eda. Lo hemos visto con la extrema derecha, que, partiendo de una base muy minoritaria, ha logrado inclinar la balanza a su favor. Los proeuropeos tambi\u00e9n deben ser capaces de adaptarse a este contexto. Por eso necesitamos una minor\u00eda de activistas que mantenga vivo el sue\u00f1o de los Estados Unidos de Europa.<\/p>\n\n\n\n

Llevar\u00e1 tiempo, lo conseguiremos poco a poco, mediante coaliciones de voluntarios, como ha sido el caso hasta ahora, pero es un objetivo que no debemos perder de vista.<\/p>\n\n\n\n

El carb\u00f3n y el acero de hoy en d\u00eda son la tecnolog\u00eda digital y la inteligencia artificial; se trata de encontrar la forma de situarlos en el centro de la reinvenci\u00f3n de Europa.<\/p>Giuliano da Empoli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Segundo punto. Apuntar bien, encontrar el punto crucial del que se derivan todos los dem\u00e1s. A principios de los a\u00f1os cincuenta, Monnet parti\u00f3 del carb\u00f3n y el acero porque eran el nervio de la guerra. Hoy en d\u00eda, el equivalente es evidente: se trata de lo digital y, m\u00e1s a\u00fan, de la inteligencia artificial.<\/p>\n\n\n\n

Uno de los soci\u00f3patas m\u00e1s poderosos e inquietantes de Silicon Valley, Marc Andreessen<\/a>, public\u00f3 hace 15 a\u00f1os su manifiesto titulado \u00abSoftware Is Eating the World\u00bb. <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> Su tesis era que, poco a poco, el avance de lo digital acabar\u00eda conquistando todas las esferas de la actividad econ\u00f3mica y de la actividad humana en general. Quince a\u00f1os despu\u00e9s, todo el mundo puede constatar que este proceso est\u00e1 llegando a su fin y que el software ha comenzado a devorar los \u00faltimos bastiones de la soberan\u00eda de los Estados: la acci\u00f3n militar, el control del territorio y el monopolio de la violencia.<\/p>\n\n\n\n

El carb\u00f3n y el acero de hoy en d\u00eda son la tecnolog\u00eda digital y la inteligencia artificial; se trata de encontrar la forma de situarlos en el centro de la reinvenci\u00f3n de Europa. Si Monnet estuviera entre nosotros, sin duda no intentar\u00eda competir frontalmente con las grandes potencias en todos los \u00e1mbitos; identificar\u00eda una palanca estructurante y se esforzar\u00eda por crear en ella interdependencias organizadas.<\/p>\n\n\n\n

Aqu\u00ed no tenemos tiempo para entrar en detalles, pero no faltan iniciativas y propuestas sobre la mesa. De entre todas las que se nos presentan, se trata de identificar aquella que pueda desencadenar una nueva reacci\u00f3n en cadena, a semejanza de la que desencaden\u00f3 el Plan Schuman a principios de los a\u00f1os cincuenta.<\/p>\n\n\n\n

Pero una vez encontrado el hilo conductor, hay que tirar de \u00e9l. Esa es la tercera parte del m\u00e9todo Monnet: la ejecuci\u00f3n, la puesta en marcha del mecanismo, la construcci\u00f3n paciente del consenso pol\u00edtico que permitir\u00e1 hacer realidad su visi\u00f3n. Es en este aspecto, en comparaci\u00f3n con la \u00e9poca de Jean Monnet, donde nos topamos con el elefante en la habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

En la \u00e9poca de Jean Monnet, Estados Unidos fue el impulsor y catalizador m\u00e1s poderoso de la integraci\u00f3n europea. Si hoy celebramos el D\u00eda de Europa el 9 de mayo, fecha de la presentaci\u00f3n del Plan Schuman, elaborado por Monnet, es porque dos d\u00edas despu\u00e9s, el 11, el propio Schuman deb\u00eda viajar a Londres para asistir a la reuni\u00f3n de ministros de Asuntos Exteriores de los Aliados, en la que Dean Acheson, el secretario de Estado estadounidense, le hab\u00eda pedido que presentara un plan sobre las relaciones de Francia con Alemania.<\/p>\n\n\n\n

\u00a1La propia Fiesta de Europa surgi\u00f3 a ra\u00edz de un deadline <\/em>estadounidense!<\/p>\n\n\n\n

Hoy en d\u00eda, no solo ha desaparecido ese recurso, sino que nuestros antiguos aliados se han vuelto ahora en nuestra contra, rechazando cualquier forma de integraci\u00f3n europea, una caracter\u00edstica que comparten con los dem\u00e1s depredadores geopol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n

En cambio, ha surgido un nuevo factor del que Monnet no dispon\u00eda: una opini\u00f3n p\u00fablica europea en ciernes, fruto precisamente de su estrategia, que acab\u00f3 uniendo al continente. Mientras que, tras la guerra, Monnet tuvo que adoptar una estrategia casi sigilosa \u2014a falta de cualquier tipo de apoyo popular y ante unos pueblos agotados y profundamente divididos\u2014, hoy disponemos de una base de expectativas. A pesar de sus limitaciones y fragmentaciones, se perfila una opini\u00f3n p\u00fablica europea, que las encuestas \u00abEurobazuca\u00bb del Grand Continent<\/a> confirman de manera espectacular. Estas encuestas muestran un fuerte aumento del apego a la Uni\u00f3n a medida que atravesamos las crisis, en casi todas partes, y, m\u00e1s a\u00fan, una expectativa muy marcada de que se act\u00fae en \u00e1mbitos clave, empezando por la defensa y la tecnolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, existe una demanda de Europa que supera la oferta pol\u00edtica actual. Mientras que Monnet ten\u00eda que adelantarse a las opiniones, ahora es posible, al menos en parte, apoyarse en ellas. Necesitamos l\u00edderes pol\u00edticos capaces de sacar partido de ello.<\/p>\n\n\n\n

Hoy en d\u00eda, no podemos permitirnos el lujo de esperar a que aparezca un nuevo Jean Monnet que nos saque del apuro. Lo menos que se puede decir es que no se vislumbra ninguno en el horizonte. En cambio, quiz\u00e1 podamos fijarnos como objetivo hacer surgir una especie de \u00abMonnet colectivo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Los enemigos de Europa quieren vivir eternamente, pero uno se pregunta por qu\u00e9, ya que no dan, ni siquiera por un instante, la impresi\u00f3n de saber disfrutar de la vida.<\/p>Giuliano da Empli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Este es el deseo, y la invitaci\u00f3n, que me gustar\u00eda dirigir aqu\u00ed: intentemos convertirnos, juntos, en un Jean Monnet colectivo.<\/p>\n\n\n\n

La tarea puede parecer ardua. Pero en la historia de Jean Monnet hay algo m\u00e1s que valor, algo m\u00e1s que visi\u00f3n y perseverancia. <\/p>\n\n\n\n

Hay un aspecto m\u00e1s discreto, m\u00e1s suave, al que me gustar\u00eda referirme para concluir.<\/p>\n\n\n\n

Jean Monnet tambi\u00e9n era alguien que sab\u00eda disfrutar de la vida. Ya he hablado de su gran amor. Podr\u00eda haberos descrito su sentido de la amistad y su amabilidad: Chang Kai Chek dec\u00eda de \u00e9l que podr\u00eda haber sido un gran general si no hubiera sido tan amable con sus subordinados. <\/p>\n\n\n\n

En sus memorias, Paul-Henri Spaak evoca la calidad de los platos que se serv\u00edan en la mesa de Jean Monnet. <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> En 1942, en Argel, donde desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo, Monnet resid\u00eda a las afueras de la ciudad, en un magn\u00edfico entorno de ruinas romanas, impregnado del aroma del tomillo silvestre, ba\u00f1ado por una luz mediterr\u00e1nea cristalina y con una profusi\u00f3n de flores y p\u00e1jaros.<\/p>\n\n\n\n

De vuelta en Francia, se instal\u00f3 en la encantadora casa con techo de paja de Houjarray, en pleno bosque de Rambouillet, donde pasar\u00eda el resto de su vida. Hoy en d\u00eda, sus archivos se conservan en la Ferme de Dorigny, en Lausana, otro lugar encantador. <\/p>\n\n\n\n

Puede parecer algo sin importancia, pero no lo es.<\/p>\n\n\n\n

Los enemigos de Europa no son as\u00ed. No buscan la belleza, porque no saben lo que es. Gastan recursos inmensos para rodearse de fealdad. Basta con fijarse en las elecciones inmobiliarias de Trump, los palacios que se est\u00e1 construyendo Putin o los b\u00fankeres de los oligarcas tecnol\u00f3gicos. Quieren vivir eternamente, pero uno se pregunta por qu\u00e9, ya que no dan, ni siquiera por un instante, la impresi\u00f3n de saber disfrutar de la vida.<\/p>\n\n\n\n

Nuestra misi\u00f3n, hoy en d\u00eda, es reinventar un estilo de vida europeo que est\u00e9 a la altura de los retos de nuestra \u00e9poca. La tarea puede parecer modesta; sin embargo, es la m\u00e1s decisiva. <\/p>Giuliano da Empli<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Aunque hoy en d\u00eda Europa haya perdido algunas posiciones, sigue siendo el lugar donde todo el mundo quiere vivir. Incluso aquellos que la odian. Una encuesta reciente realizada entre j\u00f3venes con estudios superiores sit\u00faa a seis pa\u00edses europeos entre los diez primeros. Estados Unidos, que ocupaba el primer puesto, ya no figura entre los diez primeros.<\/p>\n\n\n\n

A lo largo de la historia, el arte de vivir siempre ha sido el ant\u00eddoto contra todos los totalitarismos. Porque la aspiraci\u00f3n totalitaria \u2014ya sea religiosa o tecnol\u00f3gica\u2014 consiste en controlar el tiempo y estandarizar los comportamientos. Su sue\u00f1o es que el ser humano quede reducido a una m\u00e1quina, predecible, uniforme y transparente. La calidad de vida es todo lo contrario. Libertad, placer, capricho y p\u00e9rdida de tiempo. Todo aquello que hace \u00fanico al individuo y que debemos ser capaces de proteger y hacer prosperar en la nueva dimensi\u00f3n de lo digital y la inteligencia artificial.<\/p>\n\n\n\n

Nuestra misi\u00f3n, hoy en d\u00eda, es reinventar un estilo de vida europeo que est\u00e9 a la altura de los retos de nuestra \u00e9poca. La tarea puede parecer modesta; sin embargo, es la m\u00e1s decisiva. <\/p>\n\n\n\n

No lo conseguiremos sin inspirarnos en las cualidades m\u00e1s nobles de Jean Monnet: su valent\u00eda, su apertura de esp\u00edritu, su inteligencia estrat\u00e9gica y su perseverancia. Pero para lograrlo, tambi\u00e9n necesitaremos, y quiz\u00e1 ante todo, su alegr\u00eda, su sentido de la amistad y su gusto por la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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