Mercosur<\/a>, que entr\u00f3 en vigor con car\u00e1cter provisional el 1 de mayo y que ha impulsado parcialmente los sectores agr\u00edcolas brasile\u00f1os. Sin embargo, los Estados miembros han endurecido sus requisitos en materia de sostenibilidad y salud, lo que complica el acceso de Brasil a sus mercados. Por otra parte, el resto de Asia no est\u00e1 en condiciones de absorber los vol\u00famenes producidos por Brasil. Peor a\u00fan, el aliado m\u00e1s respetado de los bolsonaristas, Estados Unidos, se ha convertido en el principal competidor de Brasil en la exportaci\u00f3n de sus productos agr\u00edcolas: la soya y la carne de vacuno. El pasado mes de octubre, fue el presidente Trump quien logr\u00f3 cerrar un acuerdo con China para venderle la soya producida en Estados Unidos. <\/p>\n\n\n\nEstas contradicciones se han puesto de manifiesto a lo largo de su mandato, debido a la convergencia de grupos pol\u00edticos dispares que hab\u00eda logrado llevar a cabo al entrar en la pol\u00edtica. Entre estos grupos se encuentran los seguidores de las iglesias evang\u00e9licas neopentecostales, los oficiales militares retirados, los votantes urbanos opuestos a Lula, el lobby de las armas de fuego y la clase agroexportadora. De entre estos distintos colectivos, solo la clase agroexportadora presenta un inter\u00e9s econ\u00f3mico claramente identificado, y este est\u00e1 fundamentalmente orientado al mercado internacional. De hecho, los productores brasile\u00f1os de soya y carne de vacuno dependen de las rutas mar\u00edtimas, de una log\u00edstica portuaria previsible, de condiciones monetarias estables y de relaciones comerciales fluidas con los pa\u00edses consumidores. Las orientaciones culturales del resto de la coalici\u00f3n de Bolsonaro, que abarcan una postura altermundialista, una desconfianza hacia las instituciones multilaterales y una fascinaci\u00f3n por las guerras culturales en Estados Unidos, entran, por el contrario, en contradicci\u00f3n con los intereses de la agroindustria.<\/p>\n\n\n\n
Entre 2019 y 2022, estas contradicciones se mantuvieron bajo control gracias a un reparto t\u00e1cito de funciones. Por un lado, Jair Bolsonaro y sus hijos se encargaban de la puesta en escena ideol\u00f3gica. Por otro, el vicepresidente Hamilton Mour\u00e3o, los miembros del gobierno y gran parte del cuerpo diplom\u00e1tico se ocupaban de las negociaciones propiamente dichas. Este enfoque pragm\u00e1tico permiti\u00f3 garantizar la continuidad y la expansi\u00f3n de las inversiones chinas en las redes el\u00e9ctricas y las infraestructuras portuarias brasile\u00f1as. Resultado: las relaciones comerciales y de inversi\u00f3n entre Brasil y China han sobrevivido a los desaires pol\u00edticos y a las grandilocuentes declaraciones de enemistad del presidente brasile\u00f1o. <\/p>\n\n\n\n\u00abLa derecha no puede garantizar la prosperidad del sector agroalimentario y, al mismo tiempo, librar una guerra ideol\u00f3gica contra China, mientras que la izquierda no puede reactivar la industria y, al mismo tiempo, aceptar sin reservas una colaboraci\u00f3n muy estrecha con Pek\u00edn\u00bb. <\/p>Monica de Bolle<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\nTras las elecciones presidenciales de 2022, la situaci\u00f3n no ha cambiado. La derecha bolsonarista sigue siendo la derecha de la agroindustria, que contin\u00faa dependiendo de China. Los intelectuales cercanos a Bolsonaro siguen presentando a China como una amenaza existencial, al tiempo que mantienen una visi\u00f3n positiva de Estados Unidos, a pesar de los aranceles impuestos por Trump y de la reciente designaci\u00f3n por parte de Estados Unidos de dos bandas brasile\u00f1as como organizaciones terroristas extranjeras, lo que podr\u00eda dar lugar a sanciones dirigidas directamente contra el sistema financiero del pa\u00eds. <\/p>\n\n\n\n
La administraci\u00f3n de Trump ha ido a\u00fan m\u00e1s lejos: ha impuesto aranceles al acero y al aluminio brasile\u00f1os y, posteriormente, los ha ampliado \u2014aunque ya han sido cuestionados por la Suprema Corte\u2014 a una amplia gama de productos, con tasas que pueden alcanzar el 50 %. M\u00e1s recientemente, el USTR ha anunciado su intenci\u00f3n de imponer aranceles del 25 % a los productos brasile\u00f1os. Esta decisi\u00f3n llega tras las primeras conclusiones de las investigaciones sobre pr\u00e1cticas comerciales desleales, iniciadas el a\u00f1o pasado en virtud del art\u00edculo 301 de la Ley de Comercio de 1974. Si bien algunos productos agr\u00edcolas han quedado exentos de estos aranceles punitivos, otras exportaciones importantes no lo han estado. Por lo tanto, existe una brecha cada vez mayor entre la ret\u00f3rica de la derecha, que sigue bas\u00e1ndose en gran medida en la idea de una alineaci\u00f3n con Estados Unidos, y los intereses econ\u00f3micos de Brasil y de gran parte de su base electoral, que se ven perjudicados por Donald Trump. <\/p>\n\n\n\n
Lula frente al Partido <\/h2>\n\n\n\n Por el contrario, el presidente Lula y la izquierda brasile\u00f1a han adoptado una postura pragm\u00e1tica respecto a China y Estados Unidos, siguiendo as\u00ed la tradici\u00f3n de no alineaci\u00f3n del pa\u00eds frente a cualquier pa\u00eds o bloque internacional concreto. La importancia de China para Brasil y la de Brasil para China se refleja con frecuencia en las declaraciones de ambos pa\u00edses sobre sus relaciones: Lula y sus ministros suelen destacar que los objetivos de desarrollo de Brasil dependen de China. Sin embargo, la pol\u00edtica econ\u00f3mica defendida por el Partido de los Trabajadores, que tiene como objetivo reactivar la industria manufacturera brasile\u00f1a, parece entrar en contradicci\u00f3n con la presencia china, cada vez m\u00e1s marcada, en el pa\u00eds. Tal y como explic\u00f3 Fernando Haddad, miembro del partido y exministro de Hacienda, Brasil no quiere limitarse a exportar materias primas y cereales a China o al resto del mundo. Quiere ocupar segmentos de la cadena de suministro que favorezcan a la industria manufacturera y generen un mayor valor a\u00f1adido en sus exportaciones. Sin embargo, actualmente es China quien domina esos mismos segmentos, tanto a escala mundial como en Brasil. El Brasil de Lula persigue, por tanto, objetivos de pol\u00edtica industrial y de desarrollo que entran en conflicto directo con la presencia china en sectores que pretende volver a controlar. Un aspecto que el partido en el poder elude constantemente. <\/p>\n\n\n\n
Las contradicciones dentro del bando de Lula son m\u00e1s recientes y, en algunos aspectos, tienen consecuencias m\u00e1s graves que las que afectan al bando contrario. Desde que Lula asumi\u00f3 el cargo a principios de la d\u00e9cada de 2000, el PT siempre ha mostrado una actitud program\u00e1tica favorable hacia China, aunque la naturaleza de esta relaci\u00f3n ha ido evolucionando con el tiempo. Se considera a China como un socio, un polo alternativo y un modelo de desarrollo dirigido por el Estado en el que Brasil deber\u00eda inspirarse, en lugar de temerlo. El gobierno actual ha apostado firmemente por esta visi\u00f3n de la \u00abmultipolaridad soberana\u00bb. Lula ha visitado Pek\u00edn en varias ocasiones, el ministro de Asuntos Exteriores ha revitalizado los BRICS como instituci\u00f3n de pleno derecho y el nombramiento de la expresidenta Dilma Rousseff para el Nuevo Banco de Desarrollo pone de manifiesto el compromiso de Brasil y China de reforzar los lazos geopol\u00edticos y econ\u00f3micos entre ambos pa\u00edses. Nada de esto puede ponerse en duda, sea cual sea el resultado de las elecciones de finales de a\u00f1o. Sin embargo, parad\u00f3jicamente, a lo largo de su tercer mandato, Lula ha elaborado un programa econ\u00f3mico que contradice esta ret\u00f3rica de colaboraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n\u00abSe considera a China un socio. Sin embargo, el programa industrial de Lula entra en conflicto directo con la presencia china en Brasil\u00bb. <\/p>Monica de Bolle<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\nAs\u00ed, a lo largo de los \u00faltimos tres a\u00f1os, Lula y otros miembros de su gobierno han afirmado, tanto en Brasil como en el extranjero, que el pa\u00eds no pod\u00eda seguir siendo indefinidamente un exportador de materias primas. Varios factores respaldan esta opini\u00f3n. Por un lado, Brasil ya no puede contar con la subida vertiginosa de los precios de las materias primas que impuls\u00f3 los programas sociales y el crecimiento de los ingresos durante la d\u00e9cada de 2000, bajo los mandatos de Lula y Rousseff. La mejora de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de los m\u00e1s desfavorecidos y de la clase media baja solo puede lograrse y consolidarse mediante pol\u00edticas que favorezcan el desarrollo. Por otro lado, la econom\u00eda brasile\u00f1a se ha desindustrializado en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas y la participaci\u00f3n de la industria manufacturera en el PIB se sit\u00faa ahora en torno al 12 %, es decir, la mitad de su nivel de 1970. Por \u00faltimo, la transici\u00f3n ecol\u00f3gica y la carrera por la inteligencia artificial ofrecen una oportunidad a Brasil: gracias a su mix el\u00e9ctrico limpio, a sus yacimientos de minerales cr\u00edticos y a la abundancia de sus tierras, el pa\u00eds podr\u00eda reindustrializarse produciendo acero e hidr\u00f3geno verdes, litio procesado y elementos de tierras raras, as\u00ed como fabricando componentes para veh\u00edculos el\u00e9ctricos y biocombustibles. Se trata de nuevas oportunidades que Brasil puede aprovechar para ascender en la cadena de valor. Sin embargo, esta perspectiva omite mencionar que China ya est\u00e1 muy implicada en algunas de estas actividades en territorio brasile\u00f1o. Adem\u00e1s, como primer procesador mundial de minerales cr\u00edticos, China puede suponer un obst\u00e1culo importante para las ambiciones de Brasil de procesar, refinar y separar estos materiales.<\/p>\n\n\n\n
El papel de China, tanto en Brasil como a escala mundial, constituye, por tanto, un obst\u00e1culo importante, aunque poco conocido, para las ambiciones de la izquierda. Las industrias que la izquierda desea reactivar y crear, como los p\u00e1neles solares y los veh\u00edculos el\u00e9ctricos, son precisamente aquellas en las que los exportadores chinos se muestran m\u00e1s agresivos. La empresa china BYD ha adquirido una antigua f\u00e1brica de Ford en Cama\u00e7ari, en el estado de Bah\u00eda, y tiene previsto producir hasta 300.000 veh\u00edculos h\u00edbridos y el\u00e9ctricos al a\u00f1o para el mercado brasile\u00f1o. Los p\u00e1neles solares chinos dominan el mercado local de la instalaci\u00f3n. La producci\u00f3n de acero china es tan importante que los principales productores del pa\u00eds han solicitado la adopci\u00f3n de medidas antidumping. El gobierno brasile\u00f1o ha restablecido los aranceles sobre los veh\u00edculos el\u00e9ctricos, que hab\u00edan sido suprimidos por el gobierno anterior, ha abierto investigaciones sobre varias categor\u00edas de productos chinos y ha iniciado conversaciones sobre los requisitos de contenido local. Estas medidas son pol\u00edticamente delicadas, ya que obligan al gobierno a adoptar medidas que no se ajustan exactamente a la postura que Brasil ha manifestado respecto a sus relaciones con Pek\u00edn.<\/p>\n\n\n\n\u00abLa realidad es que Brasil necesita el mercado chino, pero tambi\u00e9n debe protegerse de la competencia que ejercen las empresas de Pek\u00edn\u00bb.<\/p>Monica de Bolle<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\nEl malestar es cada vez m\u00e1s palpable. Cuando Lula viaja a Pek\u00edn, el comunicado conjunto hace referencia a las alianzas, las complementariedades, la construcci\u00f3n de un orden internacional m\u00e1s justo y la importancia de los BRICS. Pero cuando los responsables comerciales brasile\u00f1os dialogan con sus hom\u00f3logos chinos, siempre hablan de posibles concesiones en materia de medidas proteccionistas, nunca de su eliminaci\u00f3n. La postura diplom\u00e1tica del partido de Lula resulta un tanto ir\u00f3nica: gran parte de lo que el gobierno est\u00e1 llevando a cabo con China se asemeja a la Ley de Reducci\u00f3n de la Inflaci\u00f3n (Inflation Reduction Act) de Joe Biden y al marco europeo de reducci\u00f3n de riesgos relacionados con China. Desde los aranceles sobre los veh\u00edculos el\u00e9ctricos chinos hasta los requisitos de contenido local para los minerales cr\u00edticos, Brasil ha puesto en marcha medidas de defensa comercial similares a las de Washington y Bruselas. <\/p>\n\n\n\n
Incluso han surgido tensiones en el seno del Partido de los Trabajadores. El ala m\u00e1s comprometida con la idea de China como socio, liderada por el asesor especial del presidente, Celso Amorim, es tambi\u00e9n la que m\u00e1s se implica en la solidaridad internacional, la diplomacia de los BRICS y la pol\u00edtica simb\u00f3lica del Sur Global. El ala que promueve el programa industrial, liderada por Fernando Haddad, est\u00e1 vinculada a la antigua tradici\u00f3n manufacturera de S\u00e3o Paulo. Aunque ambas tendencias no est\u00e1n en conflicto abierto, sus pol\u00edticas no son del todo compatibles.<\/p>\n\n\n\n
La paradoja brasile\u00f1a <\/h2>\n\n\n\n Lo que llama la atenci\u00f3n es hasta qu\u00e9 punto este debate interno en la izquierda refleja el de la derecha, aunque los protagonistas sean muy diferentes. En ambos bandos, las decisiones ret\u00f3ricas y operativas relativas a China las toman personas distintas cuyas motivaciones y objetivos difieren considerablemente.<\/p>\n\n\n\n
Hay tres razones estructurales que explican por qu\u00e9 las contradicciones tanto en la derecha como en la izquierda adoptan esta forma sim\u00e9trica. La primera es que la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Brasil no permite llevar a cabo una pol\u00edtica \u00fanica y coherente respecto a China. A diferencia de la \u00abdiplomacia del bamb\u00fa\u00bb de Vietnam o de la estrategia de M\u00e9xico<\/a>, Brasil no est\u00e1 integrado en las redes de producci\u00f3n de China ni de Estados Unidos. El pa\u00eds es, adem\u00e1s, mucho m\u00e1s que un simple exportador de materias primas. Se trata de una econom\u00eda amplia y diversificada cuyos intereses abarcan desde el extractivismo puro hasta la compleja econom\u00eda pol\u00edtica de la industria manufacturera. Sin embargo, tambi\u00e9n es un pa\u00eds de renta media y no un gigante institucional como la Uni\u00f3n Europea, capaz de formular pol\u00edticas destinadas a reducir los riesgos relacionados con China o Estados Unidos. Por el contrario, la econom\u00eda brasile\u00f1a depende en gran medida de estas dos potencias. Brasil vende materias primas a estos dos pa\u00edses y compite con ellos en la fabricaci\u00f3n de bienes, especialmente en su propio mercado interior. Esta situaci\u00f3n hace que a Brasil le resulte muy dif\u00edcil contar con un marco coherente para negociar con estos dos socios. El Partido de los Trabajadores, por tanto, no gestiona bien sus relaciones con China, ya que su discurso promete una colaboraci\u00f3n ut\u00f3pica. Jair Bolsonaro, por su parte, tampoco las ha abordado adecuadamente \u2014y esto probablemente continuar\u00eda si Fl\u00e1vio Bolsonaro llegara a ser presidente\u2014, ya que su discurso era excesivamente belicoso. La realidad es que Brasil necesita el mercado chino, pero tambi\u00e9n debe protegerse de la competencia que ejercen las empresas de Pek\u00edn. Lo mismo ocurre con Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n\u00abBrasil no quiere limitarse a exportar materias primas; quiere ascender en las cadenas de valor. Sin embargo, es precisamente China la que domina esos mismos segmentos\u00bb.<\/p>Monica de Bolle<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\nLa segunda raz\u00f3n de estas contradicciones entre s\u00ed es la debilidad de las instituciones que se supone deben abordar p\u00fablicamente las complejidades mencionadas. No existe en Brasil un equivalente a los debates pol\u00edticos que se han celebrado en los \u00faltimos cinco a\u00f1os en Washington, Bruselas, Tokio o Se\u00fal sobre la regulaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, las subvenciones industriales, la seguridad de las cadenas de suministro y la geopol\u00edtica de la descarbonizaci\u00f3n. El Ministerio de Asuntos Exteriores se ve limitado por las se\u00f1ales pol\u00edticas que recibe del gobierno. Aunque el Congreso brasile\u00f1o legisla sobre cuestiones como la regulaci\u00f3n de la inteligencia artificial, la de los minerales cr\u00edticos o la pol\u00edtica agr\u00edcola, no las relaciona con los debates m\u00e1s amplios que se est\u00e1n desarrollando. La prensa brasile\u00f1a dedica amplia cobertura a China, pero los art\u00edculos tienden a tratar por separado las cuestiones diplom\u00e1ticas y comerciales, sin relacionarlas nunca con el problema pol\u00edtico-econ\u00f3mico m\u00e1s amplio. Estas contradicciones quedan as\u00ed en suspenso, sin encontrar una soluci\u00f3n, lo que da la impresi\u00f3n de una sorprendente improvisaci\u00f3n pol\u00edtica. <\/p>\n\n\n\n
Aunque no est\u00e9 familiarizado con la pol\u00edtica brasile\u00f1a, un lector europeo reconocer\u00e1 los patrones estrat\u00e9gicos que se perfilan, ya que las coaliciones pol\u00edticas europeas se enfrentan a sus propias versiones de este dilema. La industria automovil\u00edstica alemana, por ejemplo, necesita a China al tiempo que compite con ella, mientras que los intereses de la industria manufacturera francesa difieren de los del sector agr\u00edcola. El marco de reducci\u00f3n de riesgos establecido por la Uni\u00f3n constituye, en parte, un intento de resolver una contradicci\u00f3n que las pol\u00edticas nacionales no pueden abordar abiertamente. La diferencia radica en que Europa cuenta con las instituciones necesarias para examinar estas contradicciones en profundidad, lo que a\u00fan no ocurre en el caso de Brasil.<\/p>\n\n\n\n\u00abLos partidarios de Bolsonaro y de Lula tendr\u00e1n que resolver, tarde o temprano, sus contradicciones internas. Mientras no lo hagan, la improvisaci\u00f3n sustituir\u00e1 a la estrategia\u00bb.<\/p>Monica de Bolle<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\nLa tercera raz\u00f3n tiene que ver con la pol\u00edtica presupuestaria. Las finanzas p\u00fablicas de Brasil se encuentran en una situaci\u00f3n delicada y el margen de maniobra del gobierno para subvencionar una reactivaci\u00f3n industrial es reducido. Una estrategia seria destinada a refinar y procesar los minerales cr\u00edticos requerir\u00eda tanto un gasto p\u00fablico sustancial como una protecci\u00f3n comercial significativa, dos elementos que no se han reconocido claramente. La coalici\u00f3n pol\u00edtica necesaria para defender la industria manufacturera brasile\u00f1a frente a la competencia china deber\u00eda incluir a sectores del movimiento sindical industrial y a segmentos del sector privado que rompieron con el Partido de los Trabajadores hace una d\u00e9cada, especialmente durante la destituci\u00f3n de Dilma Rousseff. <\/p>\n\n\n\n
Los partidarios de Bolsonaro y de Lula tendr\u00e1n que resolver tarde o temprano sus contradicciones internas, probablemente cuando uno de ellos asuma el poder en 2027. La derecha no puede garantizar la prosperidad del sector agroalimentario y, al mismo tiempo, librar una guerra ideol\u00f3gica contra China, mientras que la izquierda no puede reactivar la industria y, al mismo tiempo, aceptar sin reservas una colaboraci\u00f3n muy estrecha con Pek\u00edn. Mientras estas contradicciones no se resuelvan adecuadamente, la brecha entre los discursos y los actos de cada bando seguir\u00e1 obstaculizando la pol\u00edtica econ\u00f3mica exterior de Brasil. El resultado ser\u00e1, inevitablemente, una improvisaci\u00f3n pol\u00edtica, muy lejos de lo que podr\u00eda llamarse una estrategia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
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