{"id":102836,"date":"2026-06-19T13:36:24","date_gmt":"2026-06-19T11:36:24","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=102836"},"modified":"2026-06-19T13:36:29","modified_gmt":"2026-06-19T11:36:29","slug":"el-momento-gaulliano-de-europa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/06\/19\/el-momento-gaulliano-de-europa\/","title":{"rendered":"El momento gaulliano de Europa"},"content":{"rendered":"\n
Hay momentos en los que la cuesti\u00f3n de la libertad deja de ser una abstracci\u00f3n para volver a convertirse en una cuesti\u00f3n pr\u00e1ctica. Junio de 1940 es uno de esos momentos. Francia ha sido derrotada. Su territorio est\u00e1 ocupado. Su gobierno ha optado por el armisticio. Todo invita al realismo, es decir, a la aceptaci\u00f3n del hecho consumado. Todo, salvo un hombre que se niega a creer que la debilidad obligue a la sumisi\u00f3n. Esta forma de insumisi\u00f3n ante la realidad, que muchos consideraban entonces una ilusi\u00f3n o incluso una locura, constituye quiz\u00e1s el n\u00facleo del gesto de De Gaulle. La reciente pel\u00edcula La batalla de De Gaulle<\/a><\/em>, de Antonin Baudry, capta admirablemente su motor profundo: la soledad de quien se niega a considerar la derrota como definitiva cuando los dem\u00e1s ya se han resignado a ella. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n Ya se ha dicho todo sobre esas 297 palabras pronunciadas el 18 de junio de 1940, que tan pocos franceses escucharon, pero que salvaron a nuestro pa\u00eds y su honor. Para m\u00ed, el Llamado siempre ha simbolizado un acto puro de libertad. A trav\u00e9s de \u00e9l, el general De Gaulle afirma una idea sencilla que es, al mismo tiempo, una gran lecci\u00f3n pol\u00edtica: las circunstancias nunca agotan el abanico de posibilidades. Aunque est\u00e9 debilitada, aunque est\u00e9 aislada, una naci\u00f3n siempre conserva una parte de libertad mientras se niegue a dejarse definir por la relaci\u00f3n de fuerzas del momento.<\/p>\n\n\n\n Esta intuici\u00f3n no solo es v\u00e1lida para la Francia de 1940. Arroja luz sobre una cuesti\u00f3n m\u00e1s general: \u00bfc\u00f3mo seguir siendo libre cuando no se es el m\u00e1s fuerte?<\/p>\n\n\n\n Ya no estamos en 1940. Las analog\u00edas hist\u00f3ricas casi siempre resultan enga\u00f1osas cuando se aplican de forma mec\u00e1nica. Europa no est\u00e1 ni ocupada ni derrotada. Sigue siendo uno de los principales polos democr\u00e1ticos, econ\u00f3micos, cient\u00edficos y culturales del mundo. Sin embargo, algo ha cambiado.<\/p>\n\n\n\n Durante varias d\u00e9cadas, los europeos vivieron con la idea de que la historia les era favorable. La paz estaba asegurada de forma duradera y la seguridad, en gran medida, garantizada por otros; la energ\u00eda barata circulaba libremente; el comercio acercaba a las naciones y el progreso t\u00e9cnico parec\u00eda converger espont\u00e1neamente con el progreso pol\u00edtico. Esa etapa ha llegado a su fin. <\/p>\n\n\n\n El regreso de una guerra total al continente europeo, la rivalidad entre las potencias, el debilitamiento de las alianzas, la militarizaci\u00f3n de las interdependencias, la competencia tecnol\u00f3gica y los ataques cada vez m\u00e1s intensos contra las democracias nos recuerdan una verdad m\u00e1s antigua: la libertad nunca debe darse por sentada. Siempre depende de condiciones materiales, de un contexto estrat\u00e9gico y de una voluntad pol\u00edtica que hay que mantener continuamente.<\/p>\n\n\n\n El peligro que nos acecha no es, por otra parte, el de una ruptura visible. Es m\u00e1s insidioso y solapado. Es el de la vasallizaci\u00f3n silenciosa: una dependencia que se va instalando poco a poco, una soberan\u00eda que se va erosionando sin que lo hayamos decidido, hasta el d\u00eda en que descubrimos que ya no somos realmente due\u00f1os de nuestras decisiones. Para entonces, ya es demasiado tarde.\u00a0<\/p>\n\n\n\n La cuesti\u00f3n que se plantean hoy los europeos no es, por tanto, fundamentalmente econ\u00f3mica. Ni siquiera es, en primer lugar, geopol\u00edtica. Es pol\u00edtica en el sentido m\u00e1s profundo del t\u00e9rmino: \u00bfqueremos seguir decidiendo por nosotros mismos o aceptamos que otros decidan por nosotros?<\/p>\n\n\n\n La respuesta que dio el general De Gaulle en junio de 1940 no puede reproducirse tal cual. Pero quiz\u00e1 no sea in\u00fatil preguntarnos qu\u00e9 nos sigue diciendo a nosotros, franceses y europeos de 2026. Su gesto conserva, en mi opini\u00f3n, un valor metodol\u00f3gico: cuando una naci\u00f3n quiere seguir siendo libre, no puede delegar en otros la tarea de velar por sus intereses, proteger sus capacidades esenciales o definir su destino. Debe organizarse.<\/p>\n\n\n\n Esta lecci\u00f3n merece ser reinterpretada en el contexto de nuestra \u00e9poca. <\/p>\n\n\n\n Porque las condiciones del poder han cambiado: la tecnolog\u00eda, los mercados financieros, las cadenas industriales y los sistemas energ\u00e9ticos han ido superando progresivamente el marco del Estado-naci\u00f3n. Esta transformaci\u00f3n nos lleva a superar una oposici\u00f3n est\u00e9ril entre soberan\u00eda nacional y soberan\u00eda europea. El gaullismo nunca ha sido un nacionalismo de repliegue: siempre ha buscado el nivel en el que el poder se hace posible. Es este principio, que podr\u00edamos denominar \u00absubsidiariedad estrat\u00e9gica\u00bb, el que debe guiar las decisiones europeas de hoy. <\/p>\n\n\n\n La subsidiariedad, en la tradici\u00f3n europea, significa que solo se act\u00faa en un nivel superior si el nivel inferior resulta insuficiente. La subsidiariedad estrat\u00e9gica adapta este principio a la brutalizaci\u00f3n del mundo: se elige el nivel en el que se puede ser verdaderamente soberano, es decir, libre para actuar sin depender de la buena voluntad de un tercero. <\/p>\n\n\n\n Esto no tiene nada que ver con una elecci\u00f3n binaria entre dos ideolog\u00edas simplistas y opuestas, ya sea el federalismo o el soberanismo. Es una cuesti\u00f3n de f\u00edsica pol\u00edtica. Siempre que Francia pueda ser m\u00e1s fuerte siendo Francia, debe elegir a Francia. Siempre que pueda ser m\u00e1s fuerte con Europa, debe elegir a Europa.<\/p>\n\n\n\n En este nuevo mundo, en el que vuelve a plantearse, una vez m\u00e1s en nuestra historia, la cuesti\u00f3n del futuro de nuestro poder, el legado de De Gaulle, la loca audacia de la Francia Libre y el extraordinario valor del Llamado aportan tres respuestas de una actualidad sorprendente: la soberan\u00eda integral, la no alineaci\u00f3n democr\u00e1tica y la capacidad de decir \u00abno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n La primera lecci\u00f3n de la Francia Libre suele malinterpretarse.<\/p>\n\n\n\n A veces se reduce a la independencia nacional. Pero es algo m\u00e1s exigente. Para De Gaulle, la soberan\u00eda no es un principio abstracto. Es la capacidad efectiva de un pueblo para decidir su destino.<\/p>\n\n\n\n La soberan\u00eda no es, ante todo, una cuesti\u00f3n institucional, sino una cuesti\u00f3n de control.<\/p>\n\n\n\n Esta convicci\u00f3n explica tanto la negativa del general a aceptar la m\u00e1s m\u00ednima injerencia estadounidense en el territorio nacional desde la Liberaci\u00f3n como la construcci\u00f3n decidida de una industria de defensa y una disuasi\u00f3n nuclear aut\u00f3nomas. Detr\u00e1s de estas decisiones se esconde una misma idea: una naci\u00f3n que renuncia al control de sus funciones esenciales acaba siempre viendo mermada su libertad.<\/p>\n\n\n\n Sin embargo, las funciones esenciales del siglo XXI ya no son las mismas que las del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n La energ\u00eda, la tecnolog\u00eda, la defensa y las finanzas forman ahora un \u00fanico sistema. Las centrales el\u00e9ctricas alimentan los centros de datos. Los centros de datos alimentan los modelos de inteligencia artificial. Estos modelos controlan los sistemas militares. Los mercados financieros financian el conjunto. Renunciar a uno de estos eslabones es debilitar todos los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n A esta nueva realidad la denomino \u00absoberan\u00eda integral\u00bb.<\/p>\n\n\n\n Se basa en una idea sencilla: la libertad pol\u00edtica depende ahora del control de un conjunto de funciones cr\u00edticas estrechamente interrelacionadas: tecnolog\u00eda, energ\u00eda, defensa y finanzas. <\/p>\n\n\n\n La exigencia de una soberan\u00eda plena significa que un continente en armas ya no puede permitirse el lujo de la dispersi\u00f3n. Europa debe concentrar sin demora sus recursos en estas cuatro pol\u00edticas vitales; de lo contrario, ser\u00e1 derrotada. Todas sus decisiones presupuestarias, normativas e industriales deben evaluarse a partir de ahora a la luz de esta exigencia.<\/p>\n\n\n\nLa soberan\u00eda integral<\/h2>\n\n\n\n