{"id":102836,"date":"2026-06-19T13:36:24","date_gmt":"2026-06-19T11:36:24","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=102836"},"modified":"2026-06-19T13:36:29","modified_gmt":"2026-06-19T11:36:29","slug":"el-momento-gaulliano-de-europa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/06\/19\/el-momento-gaulliano-de-europa\/","title":{"rendered":"El momento gaulliano de Europa"},"content":{"rendered":"\n

Hay momentos en los que la cuesti\u00f3n de la libertad deja de ser una abstracci\u00f3n para volver a convertirse en una cuesti\u00f3n pr\u00e1ctica. Junio de 1940 es uno de esos momentos. Francia ha sido derrotada. Su territorio est\u00e1 ocupado. Su gobierno ha optado por el armisticio. Todo invita al realismo, es decir, a la aceptaci\u00f3n del hecho consumado. Todo, salvo un hombre que se niega a creer que la debilidad obligue a la sumisi\u00f3n. Esta forma de insumisi\u00f3n ante la realidad, que muchos consideraban entonces una ilusi\u00f3n o incluso una locura, constituye quiz\u00e1s el n\u00facleo del gesto de De Gaulle. La reciente pel\u00edcula La batalla de De Gaulle<\/a><\/em>, de Antonin Baudry, capta admirablemente su motor profundo: la soledad de quien se niega a considerar la derrota como definitiva cuando los dem\u00e1s ya se han resignado a ella. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Ya se ha dicho todo sobre esas 297 palabras pronunciadas el 18 de junio de 1940, que tan pocos franceses escucharon, pero que salvaron a nuestro pa\u00eds y su honor. Para m\u00ed, el Llamado siempre ha simbolizado un acto puro de libertad. A trav\u00e9s de \u00e9l, el general De Gaulle afirma una idea sencilla que es, al mismo tiempo, una gran lecci\u00f3n pol\u00edtica: las circunstancias nunca agotan el abanico de posibilidades. Aunque est\u00e9 debilitada, aunque est\u00e9 aislada, una naci\u00f3n siempre conserva una parte de libertad mientras se niegue a dejarse definir por la relaci\u00f3n de fuerzas del momento.<\/p>\n\n\n\n

Esta intuici\u00f3n no solo es v\u00e1lida para la Francia de 1940. Arroja luz sobre una cuesti\u00f3n m\u00e1s general: \u00bfc\u00f3mo seguir siendo libre cuando no se es el m\u00e1s fuerte?<\/p>\n\n\n\n

Ya no estamos en 1940. Las analog\u00edas hist\u00f3ricas casi siempre resultan enga\u00f1osas cuando se aplican de forma mec\u00e1nica. Europa no est\u00e1 ni ocupada ni derrotada. Sigue siendo uno de los principales polos democr\u00e1ticos, econ\u00f3micos, cient\u00edficos y culturales del mundo. Sin embargo, algo ha cambiado.<\/p>\n\n\n\n

Durante varias d\u00e9cadas, los europeos vivieron con la idea de que la historia les era favorable. La paz estaba asegurada de forma duradera y la seguridad, en gran medida, garantizada por otros; la energ\u00eda barata circulaba libremente; el comercio acercaba a las naciones y el progreso t\u00e9cnico parec\u00eda converger espont\u00e1neamente con el progreso pol\u00edtico. Esa etapa ha llegado a su fin. <\/p>\n\n\n\n

El regreso de una guerra total al continente europeo, la rivalidad entre las potencias, el debilitamiento de las alianzas, la militarizaci\u00f3n de las interdependencias, la competencia tecnol\u00f3gica y los ataques cada vez m\u00e1s intensos contra las democracias nos recuerdan una verdad m\u00e1s antigua: la libertad nunca debe darse por sentada. Siempre depende de condiciones materiales, de un contexto estrat\u00e9gico y de una voluntad pol\u00edtica que hay que mantener continuamente.<\/p>\n\n\n\n

El peligro que nos acecha no es, por otra parte, el de una ruptura visible. Es m\u00e1s insidioso y solapado. Es el de la vasallizaci\u00f3n silenciosa: una dependencia que se va instalando poco a poco, una soberan\u00eda que se va erosionando sin que lo hayamos decidido, hasta el d\u00eda en que descubrimos que ya no somos realmente due\u00f1os de nuestras decisiones. Para entonces, ya es demasiado tarde.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

La cuesti\u00f3n que se plantean hoy los europeos no es, por tanto, fundamentalmente econ\u00f3mica. Ni siquiera es, en primer lugar, geopol\u00edtica. Es pol\u00edtica en el sentido m\u00e1s profundo del t\u00e9rmino: \u00bfqueremos seguir decidiendo por nosotros mismos o aceptamos que otros decidan por nosotros?<\/p>\n\n\n\n

La respuesta que dio el general De Gaulle en junio de 1940 no puede reproducirse tal cual. Pero quiz\u00e1 no sea in\u00fatil preguntarnos qu\u00e9 nos sigue diciendo a nosotros, franceses y europeos de 2026. Su gesto conserva, en mi opini\u00f3n, un valor metodol\u00f3gico: cuando una naci\u00f3n quiere seguir siendo libre, no puede delegar en otros la tarea de velar por sus intereses, proteger sus capacidades esenciales o definir su destino. Debe organizarse.<\/p>\n\n\n\n

Esta lecci\u00f3n merece ser reinterpretada en el contexto de nuestra \u00e9poca. <\/p>\n\n\n\n

Porque las condiciones del poder han cambiado: la tecnolog\u00eda, los mercados financieros, las cadenas industriales y los sistemas energ\u00e9ticos han ido superando progresivamente el marco del Estado-naci\u00f3n. Esta transformaci\u00f3n nos lleva a superar una oposici\u00f3n est\u00e9ril entre soberan\u00eda nacional y soberan\u00eda europea. El gaullismo nunca ha sido un nacionalismo de repliegue: siempre ha buscado el nivel en el que el poder se hace posible. Es este principio, que podr\u00edamos denominar \u00absubsidiariedad estrat\u00e9gica\u00bb, el que debe guiar las decisiones europeas de hoy. <\/p>\n\n\n\n

La subsidiariedad, en la tradici\u00f3n europea, significa que solo se act\u00faa en un nivel superior si el nivel inferior resulta insuficiente. La subsidiariedad estrat\u00e9gica adapta este principio a la brutalizaci\u00f3n del mundo: se elige el nivel en el que se puede ser verdaderamente soberano, es decir, libre para actuar sin depender de la buena voluntad de un tercero. <\/p>\n\n\n\n

Esto no tiene nada que ver con una elecci\u00f3n binaria entre dos ideolog\u00edas simplistas y opuestas, ya sea el federalismo o el soberanismo. Es una cuesti\u00f3n de f\u00edsica pol\u00edtica. Siempre que Francia pueda ser m\u00e1s fuerte siendo Francia, debe elegir a Francia. Siempre que pueda ser m\u00e1s fuerte con Europa, debe elegir a Europa.<\/p>\n\n\n\n

En este nuevo mundo, en el que vuelve a plantearse, una vez m\u00e1s en nuestra historia, la cuesti\u00f3n del futuro de nuestro poder, el legado de De Gaulle, la loca audacia de la Francia Libre y el extraordinario valor del Llamado aportan tres respuestas de una actualidad sorprendente: la soberan\u00eda integral, la no alineaci\u00f3n democr\u00e1tica y la capacidad de decir \u00abno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La soberan\u00eda integral<\/h2>\n\n\n\n

La primera lecci\u00f3n de la Francia Libre suele malinterpretarse.<\/p>\n\n\n\n

A veces se reduce a la independencia nacional. Pero es algo m\u00e1s exigente. Para De Gaulle, la soberan\u00eda no es un principio abstracto. Es la capacidad efectiva de un pueblo para decidir su destino.<\/p>\n\n\n\n

La soberan\u00eda no es, ante todo, una cuesti\u00f3n institucional, sino una cuesti\u00f3n de control.<\/p>\n\n\n\n

Esta convicci\u00f3n explica tanto la negativa del general a aceptar la m\u00e1s m\u00ednima injerencia estadounidense en el territorio nacional desde la Liberaci\u00f3n como la construcci\u00f3n decidida de una industria de defensa y una disuasi\u00f3n nuclear aut\u00f3nomas. Detr\u00e1s de estas decisiones se esconde una misma idea: una naci\u00f3n que renuncia al control de sus funciones esenciales acaba siempre viendo mermada su libertad.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, las funciones esenciales del siglo XXI ya no son las mismas que las del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n

La energ\u00eda, la tecnolog\u00eda, la defensa y las finanzas forman ahora un \u00fanico sistema. Las centrales el\u00e9ctricas alimentan los centros de datos. Los centros de datos alimentan los modelos de inteligencia artificial. Estos modelos controlan los sistemas militares. Los mercados financieros financian el conjunto. Renunciar a uno de estos eslabones es debilitar todos los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n

A esta nueva realidad la denomino \u00absoberan\u00eda integral\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Se basa en una idea sencilla: la libertad pol\u00edtica depende ahora del control de un conjunto de funciones cr\u00edticas estrechamente interrelacionadas: tecnolog\u00eda, energ\u00eda, defensa y finanzas. <\/p>\n\n\n\n

La exigencia de una soberan\u00eda plena significa que un continente en armas ya no puede permitirse el lujo de la dispersi\u00f3n. Europa debe concentrar sin demora sus recursos en estas cuatro pol\u00edticas vitales; de lo contrario, ser\u00e1 derrotada. Todas sus decisiones presupuestarias, normativas e industriales deben evaluarse a partir de ahora a la luz de esta exigencia.<\/p>\n\n\n\n

En primer lugar, la tecnolog\u00eda se ha convertido en el principal motivo de nuestra dependencia. La decisi\u00f3n<\/a> de la administraci\u00f3n de Trump de suspender el acceso a los modelos m\u00e1s potentes de Anthropic para los no estadounidenses nos lo vuelve a recordar de forma contundente.<\/p>\n\n\n\n

Siempre que Francia pueda ser m\u00e1s fuerte siendo Francia, debe optar por Francia. Siempre que pueda ser m\u00e1s fuerte con Europa, debe optar por Europa.<\/p>\u00c9douard Philippe<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Pero el fen\u00f3meno es m\u00e1s profundo. Apenas cinco de las cincuenta principales empresas tecnol\u00f3gicas del mundo son europeas. Las dem\u00e1s nos imponen sus est\u00e1ndares, sus arquitecturas, sus ritmos de innovaci\u00f3n, sus recursos financieros e incluso su visi\u00f3n del mundo. Europa ha cre\u00eddo durante mucho tiempo que pod\u00eda compensar este d\u00e9ficit mediante la regulaci\u00f3n. Y ha hecho un buen trabajo: proteger los datos, regular la responsabilidad de las plataformas, imponer normas de competencia, defender a los consumidores\u2026 Todo ello tiene su importancia. Pero comprar productos estadounidenses seis d\u00edas a la semana y regular a la europea el domingo no es una estrategia de poder. La primera regulaci\u00f3n \u00fatil, para un continente que quiera seguir siendo libre, consiste en crear las condiciones para la adquisici\u00f3n de tecnolog\u00edas europeas.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, hay que pasar de una Europa que regula lo que no compra a una Europa que compra lo que quiere que exista. La contrataci\u00f3n p\u00fablica constituye una palanca considerable. En el caso de las tecnolog\u00edas cr\u00edticas financiadas con fondos p\u00fablicos europeos o nacionales, debe darse preferencia a las soluciones europeas cuando estas existan o puedan surgir en un plazo razonable. Esta Buy European Tech Act<\/em> servir\u00e1 para garantizar un mercado inicial a nuestros l\u00edderes tecnol\u00f3gicos, tal y como llevan haciendo desde hace tiempo Estados Unidos y China, con menos escr\u00fapulos y m\u00e1s resultados. Deber\u00e1 ir acompa\u00f1ada de \u00abmercados tecnol\u00f3gicos europeos\u00bb, que permitan a varias administraciones y Estados europeos agruparse para invertir en IA, la nube, los drones, la ciberseguridad o los veh\u00edculos aut\u00f3nomos. No basta con instar a nuestras empresas a crecer si les negamos los primeros clientes que les permiten dar el salto a una escala superior. No basta con decir que queremos una IA europea si nuestras administraciones, nuestros hospitales, nuestras comunidades, nuestras fuerzas armadas y nuestros centros educativos acaban comprando ma\u00f1ana soluciones de actores no europeos por falta de un marco de contrataci\u00f3n coordinado. Europa debe organizar la demanda para que surja la oferta.<\/p>\n\n\n\n

Europa se ha construido sobre la base de la puesta en com\u00fan de recursos. La Comunidad Europea del Carb\u00f3n y del Acero (CECA) respond\u00eda a una evidencia: la paz y el poder\u00edo industrial depend\u00edan entonces de unas pocas materias primas y capacidades de producci\u00f3n decisivas. El carb\u00f3n y el acero de nuestra \u00e9poca se llaman GPU, litio, cobalto, cables submarinos, centros de datos, m\u00e1quinas de litograf\u00eda, software de optimizaci\u00f3n, capacidades de refrigeraci\u00f3n y redes el\u00e9ctricas. Debemos crear una CECA del siglo XXI en torno a los semiconductores y la capacidad de c\u00e1lculo. Una Europa seria debe poner en com\u00fan la inversi\u00f3n, garantizar el abastecimiento, constituir reservas, agilizar los tr\u00e1mites de autorizaci\u00f3n, orientar los pedidos, aceptar el riesgo industrial y permitir la aparici\u00f3n de l\u00edderes europeos, sin los cuales todas nuestras ambiciones digitales seguir\u00e1n dependiendo de las decisiones de otros.<\/p>\n\n\n\n

La simplificaci\u00f3n del marco normativo digital europeo es la otra condici\u00f3n de esta pol\u00edtica. Europa debe dejar de ponerse trabas a s\u00ed misma. Las m\u00faltiples obligaciones, las interpretaciones divergentes, la fragmentaci\u00f3n de las autoridades, la incertidumbre jur\u00eddica y la lentitud en la aplicaci\u00f3n acaban favoreciendo a quienes ya cuentan con ej\u00e9rcitos de abogados y posiciones dominantes. Regular a los gigantes no debe equivaler a impedir que los peque\u00f1os crezcan. En el caso de las tecnolog\u00edas cr\u00edticas, se necesitan procedimientos r\u00e1pidos, ventanillas \u00fanicas, experimentos supervisados, una doctrina clara sobre los datos y exenciones espec\u00edficas cuando el inter\u00e9s estrat\u00e9gico europeo as\u00ed lo exija.<\/p>\n\n\n\n

Por \u00faltimo, la tecnolog\u00eda es una cuesti\u00f3n de formaci\u00f3n. Francia, gran naci\u00f3n de ingenieros, debe fijarse el objetivo de formar a 100.000 cada a\u00f1o, frente a los 40.000 actuales. Por \u00faltimo, debe resolver la cuesti\u00f3n del costo de su mano de obra calificada, que la penaliza en la competencia por el talento. Por su parte, Europa debe crear las condiciones para su circulaci\u00f3n en el seno de una Uni\u00f3n de talentos en tecnolog\u00edas cr\u00edticas. Esta ambici\u00f3n podr\u00eda asociar a las mejores escuelas y universidades europeas, prever semestres de intercambio en empresas entre las empresas europeas, laboratorios comunes, as\u00ed como una base formativa com\u00fan en ciberseguridad, semiconductores, inteligencia artificial, energ\u00eda y \u00e9tica de las tecnolog\u00edas. No se trata de crear un s\u00edmbolo m\u00e1s, sino de formar una nueva generaci\u00f3n de ingenieros europeos conscientes de que su competencia es un atributo de soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

La energ\u00eda es la segunda condici\u00f3n para la soberan\u00eda. Europa sigue importando m\u00e1s de la mitad de la energ\u00eda que consume. Esta situaci\u00f3n resulta a\u00fan m\u00e1s parad\u00f3jica si se tiene en cuenta que Europa pretende liderar la transici\u00f3n ecol\u00f3gica m\u00e1s ambiciosa del mundo. La respuesta francesa debe ser clara: acelerar la energ\u00eda nuclear y todas las capacidades de producci\u00f3n el\u00e9ctrica descarbonizada. Francia cuenta aqu\u00ed con una ventaja estrat\u00e9gica que durante demasiado tiempo ha dudado en reconocer. Nuestro parque nuclear, nuestro saber hacer industrial, nuestros ingenieros, nuestras empresas y nuestra experiencia en materia de seguridad son bienes nacionales y europeos. Prolongar su vida \u00fatil, modernizarlos, construir nuevos reactores, desarrollar los SMR, reforzar las redes y producir m\u00e1s electricidad con bajas emisiones de carbono son prioridades que deber\u00edan contar con un consenso en un pa\u00eds como el nuestro, sobre todo cuando se trata de alimentar lo que constituir\u00e1 nuestra soberan\u00eda en el futuro: la IA, los centros de datos, las f\u00e1bricas de bater\u00edas, el hidr\u00f3geno y la relocalizaci\u00f3n industrial.<\/p>\n\n\n\n

Esta abundancia implica reducir dr\u00e1sticamente los plazos para la obtenci\u00f3n de permisos y dar prioridad en el acceso a los recursos a nuestros actores industriales. Ya no podemos pretender liderar la transici\u00f3n ecol\u00f3gica, la reindustrializaci\u00f3n y la soberan\u00eda energ\u00e9tica con procedimientos concebidos para un mundo temeroso. Cada mes perdido en la tramitaci\u00f3n de una conexi\u00f3n, una l\u00ednea, un reactor, un parque de energ\u00edas renovables, un centro de datos o una f\u00e1brica es un mes que cedemos a nuestros competidores. Hay que mantener las exigencias medioambientales, pero dejar de confundir exigencia con obst\u00e1culo. Francia debe proponer a Europa un pacto de permisos estrat\u00e9gicos: plazos m\u00e1ximos, tramitaci\u00f3n paralela en lugar de secuencial, un juez especializado, el silencio como decisi\u00f3n en determinados casos y una doctrina com\u00fan sobre las infraestructuras de inter\u00e9s europeo. El Estado de derecho no es la lentitud organizada.<\/p>\n\n\n\n

La defensa es el tercer inter\u00e9s vital, aquel que la guerra ha puesto tan de manifiesto. Europa se ha dado cuenta de que se hab\u00eda desarmado demasiado r\u00e1pido. Las reservas son insuficientes, las cadenas de producci\u00f3n demasiado lentas, las normas demasiado fragmentadas y las adquisiciones demasiado dispersas. Desde 2022 ha comenzado el esfuerzo de rearme, pero avanza con demasiada lentitud. Al contrario de lo que proclamamos, no nos encontramos en una \u00abeconom\u00eda de guerra\u00bb. Los gastos adicionales, al no poder ser asumidos por las l\u00edneas de producci\u00f3n existentes, han beneficiado principalmente a proveedores externos a la Uni\u00f3n Europea, con Estados Unidos a la cabeza. Europa \u2014no Francia\u2014 ha ca\u00eddo en una paradoja: tomar conciencia de la necesidad de aumentar nuestro gasto en defensa al tiempo que nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad europea al financiar la capacidad industrial de otros. Esto no puede durar.<\/p>\n\n\n\n

La historia de Europa es la de una civilizaci\u00f3n que, poco a poco, ha aprendido a poner l\u00edmites al poder.<\/p>\u00c9douard Philippe<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

La preferencia europea en las adquisiciones de defensa est\u00e1 empezando a implantarse con dificultad: debe convertirse en algo sistem\u00e1tico. Es cierto que algunos equipos seguir\u00e1n procediendo de aliados, que algunas alianzas extraeuropeas seguir\u00e1n siendo \u00fatiles y que la urgencia de la situaci\u00f3n en Ucrania exige a veces comprar con rapidez; todo ello se entiende. Pero el dinero europeo debe destinarse, de forma prioritaria, a construir la base industrial y tecnol\u00f3gica de la defensa europea. Los programas comunes no deben convertirse en estructuras administrativas en las que cada pa\u00eds reclame su parte correspondiente. Debe prevalecer el modelo de proyecto: un n\u00facleo de Estados voluntarios, una necesidad militar clara, un l\u00edder industrial, plazos vinculantes, cl\u00e1usulas de salida, una gobernanza rigurosa y una financiaci\u00f3n previsible. En esto, como en el resto, habr\u00e1 que avanzar con firmeza y, por tanto, con rapidez.<\/p>\n\n\n\n

Las finanzas, por \u00faltimo, constituyen el cuarto inter\u00e9s vital. A Europa no le falta capital, sino organizaci\u00f3n. Contamos con 30 billones de euros de ahorro privado. Esta cifra deber\u00eda bastar para que no podamos quejarnos de nuestra falta de recursos. Pero ese ahorro, cuando no financia la deuda, el sector inmobiliario o los mercados estadounidenses, se invierte en productos sin riesgo, mientras que nuestras empresas m\u00e1s prometedoras cruzan el Atl\u00e1ntico para encontrar el capital necesario para su crecimiento. Formamos a personas con talento, financiamos la investigaci\u00f3n, asumimos los primeros riesgos p\u00fablicos y, luego, dejamos que otros se apropien del valor creado. Es una pol\u00edtica industrial al rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, la culminaci\u00f3n de la Uni\u00f3n de los Mercados de Capitales debe convertirse en una prioridad estrat\u00e9gica y no en un tema administrativo que no acaba nunca. Armonizar determinados reg\u00edmenes de insolvencia, simplificar las salidas a bolsa, facilitar las inversiones transfronterizas, fomentar una titulizaci\u00f3n sana, crear un aut\u00e9ntico mercado europeo de capital de riesgo y de capital de desarrollo, as\u00ed como impulsar los fondos de pensiones a largo plazo, son condiciones imprescindibles para que las empresas europeas permanezcan y crezcan en Europa.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

La no alineaci\u00f3n democr\u00e1tica<\/h2>\n\n\n\n

La segunda lecci\u00f3n de la Francia Libre suele ser m\u00e1s controvertida.<\/p>\n\n\n\n

En ocasiones se ha presentado el gaullismo como una pol\u00edtica de aislamiento. En realidad, fue una pol\u00edtica de independencia. De Gaulle nunca fue neutral. Nunca mantuvo una posici\u00f3n equidistante entre las democracias y sus adversarios. La Francia Libre pertenec\u00eda plenamente al bando de las democracias. En su discurso del 25 de mayo de 1942 en Londres, el general lleg\u00f3 incluso a afirmar que, para Francia, \u00abla democracia se confunde exactamente con la soberan\u00eda nacional\u00bb. Pero tambi\u00e9n se negaba a que su pertenencia a una alianza, por muy democr\u00e1tica que fuera, le privara de su libertad de juicio y de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Esta distinci\u00f3n sigue teniendo hoy toda su importancia. Estamos del lado de las democracias. Nuestra pol\u00edtica debe estar al servicio de nuestros intereses.<\/p>\n\n\n\n

En el mundo que se abre ante nosotros, la tentaci\u00f3n ser\u00e1 grande para los europeos de definirse a trav\u00e9s de las rivalidades ajenas. La competencia entre China y Estados Unidos ya marca cada vez m\u00e1s las relaciones internacionales. Las presiones ejercidas sobre los aliados para que elijan un bando, adopten determinadas tecnolog\u00edas, limiten ciertos intercambios o alineen sus posiciones diplom\u00e1ticas no dejar\u00e1n de aumentar.<\/p>\n\n\n\n

Europa debe resistirse a esta l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n

No porque pudiera mantenerse a igual distancia de Washington y Pek\u00edn. Una postura as\u00ed ser\u00eda tan artificial como ilusoria. Nuestras instituciones, nuestros valores, nuestra historia y nuestros intereses fundamentales nos vinculan al mundo democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n

Pero precisamente porque pertenecemos a ese bando, debemos ser capaces de hacer o\u00edr en \u00e9l una voz propia.<\/p>\n\n\n\n

La alianza no implica subordinaci\u00f3n. La amistad no exige alineaci\u00f3n. Una democracia segura de s\u00ed misma no delega en otros la tarea de definir sus prioridades estrat\u00e9gicas.<\/p>\n\n\n\n

Esta exigencia cobra a\u00fan m\u00e1s importancia ahora que el mundo entra en una fase de fragmentaci\u00f3n duradera. La globalizaci\u00f3n, supuestamente beneficiosa, ha dado paso a un mundo conflictivo, en el que las relaciones de poder econ\u00f3micas, tecnol\u00f3gicas y militares vuelven a ocupar un lugar central. En este contexto, las potencias capaces de defender sus intereses ser\u00e1n aquellas que cuenten tanto con aliados s\u00f3lidos como con autonom\u00eda en la toma de decisiones.<\/p>\n\n\n\n

El primer \u00e1mbito de esta estrategia es, naturalmente, el europeo.<\/p>\n\n\n\n

Ninguna potencia europea est\u00e1 hoy en d\u00eda en condiciones de afrontar por s\u00ed sola los retos del siglo. La Uni\u00f3n Europea sigue siendo nuestro principal multiplicador de poder. Constituye el marco privilegiado de nuestra acci\u00f3n diplom\u00e1tica, econ\u00f3mica y estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n

Pero Europa no se limita a las fronteras de la Uni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

El Reino Unido y Noruega son socios naturales con los que compartimos intereses y valores fundamentales. El Brexit ha separado a las instituciones, pero no ha separado las geograf\u00edas ni los intereses estrat\u00e9gicos. El acercamiento entre la Uni\u00f3n Europea y el Reino Unido deber\u00e1 constituir una de las prioridades de la pr\u00f3xima d\u00e9cada. <\/p>\n\n\n\n

M\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito europeo, Canad\u00e1 debe formar parte de un c\u00edrculo privilegiado de democracias amigas con las que buscaremos una mayor coordinaci\u00f3n y cooperaci\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, esta pol\u00edtica no puede limitarse al mundo occidental.<\/p>\n\n\n\n

Una de las principales transformaciones del siglo XXI radica en el afianzamiento de potencias regionales que, a su vez, rechazan cualquier l\u00f3gica de alineamiento. La India, Brasil, Indonesia y varios Estados africanos o del Golfo pretenden ahora defender sus propios intereses sin dejarse encasillar en las categor\u00edas heredadas de la Guerra Fr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Siempre que se atienda su leg\u00edtimo deseo de participar m\u00e1s ampliamente en la gobernanza mundial y no se d\u00e9 pie a acusaciones, m\u00e1s o menos justificadas, de \u00abdoble rasero\u00bb, estas potencias pueden ser aliadas para reformar un nuevo orden mundial.<\/p>\n\n\n\n

No somos los \u00fanicos que defendemos el multilateralismo, el Estado de derecho, la soberan\u00eda y una globalizaci\u00f3n justa y equitativa: la mayor\u00eda de los Estados del mundo tambi\u00e9n lo hacen. <\/p>\n\n\n\n

Por eso, Europa se equivocar\u00eda si considerara a estos actores como meros \u00e1mbitos de influencia disputados entre Washington y Pek\u00edn.<\/p>\n\n\n\n

Por el contrario, debe establecer con ellos alianzas basadas en intereses concretos: energ\u00eda, comercio, infraestructuras, tecnolog\u00edas, clima, seguridad mar\u00edtima o acceso a materias primas esenciales.<\/p>\n\n\n\n

Europa no se limita a las fronteras de la Uni\u00f3n.<\/p>\u00c9douard Philippe<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Es un papel que le corresponde a Francia. Pocos pa\u00edses europeos cuentan a la vez con una presencia mundial, un puesto de miembro permanente en el Consejo de Seguridad, una capacidad militar aut\u00f3noma y v\u00ednculos de larga data con \u00c1frica, la regi\u00f3n del Indo-Pac\u00edfico, Medio Oriente y los pa\u00edses de Am\u00e9rica. Esta situaci\u00f3n sit\u00faa a nuestro pa\u00eds en una posici\u00f3n singular: la de un nexo de uni\u00f3n entre la potencia europea y el resto del mundo.<\/p>\n\n\n\n

Este enfoque implica tambi\u00e9n replantearnos nuestra concepci\u00f3n del multilateralismo.<\/p>\n\n\n\n

El orden internacional establecido en 1945 sigue siendo valioso. Pero ya no basta para organizar el mundo tal y como es hoy en d\u00eda. Los grandes foros multilaterales suelen verse paralizados por las rivalidades entre potencias. Las instituciones existentes tienen dificultades para obtener resultados a la altura de los retos y para abordar nuevos \u00e1mbitos como la inteligencia artificial y el espacio.<\/p>\n\n\n\n

Ante esta realidad, Europa debe dar muestras de pragmatismo. En lugar de esperar a una lejana reforma de la gobernanza mundial, debe fomentar la creaci\u00f3n de coaliciones flexibles que re\u00fanan a los Estados dispuestos a actuar en torno a objetivos concretos.<\/p>\n\n\n\n

El siglo XXI ser\u00e1 menos la era de los bloques que la de las coaliciones.<\/p>\n\n\n\n

En este mundo cada vez m\u00e1s fragmentado, la libertad no se preservar\u00e1 ni mediante el aislamiento ni mediante la alineaci\u00f3n. Depender\u00e1 de nuestra capacidad para elegir a nuestros socios sin renunciar a nuestra libertad de decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Este es, hoy en d\u00eda, el significado de la no alineaci\u00f3n democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n

La libertad de decir \u00abno\u00bb<\/h2>\n\n\n\n

La tercera lecci\u00f3n de la Francia Libre se resume en una sola palabra: no.<\/p>\n\n\n\n

El 18 de junio es, ante todo, un rechazo. Un rechazo a la derrota. Un rechazo a la resignaci\u00f3n. Un rechazo a la idea de que el equilibrio de fuerzas del momento deba determinar de forma definitiva el futuro.<\/p>\n\n\n\n

Esta capacidad de decir \u00abno\u00bb suele considerarse el n\u00facleo del gaullismo, encarnaci\u00f3n del esp\u00edritu de resistencia. Quiz\u00e1 sea tambi\u00e9n uno de los rasgos m\u00e1s profundos de la civilizaci\u00f3n europea.<\/p>\n\n\n\n

Europa no se ha construido en torno a un imperio, a una lengua \u00fanica ni a una religi\u00f3n \u00fanica. Se ha construido a lo largo de una dilatada historia de limitaciones al poder. Decir \u00abno\u00bb a la arbitrariedad. Decir \u00abno\u00bb a la ley del m\u00e1s fuerte. Decir \u00abno\u00bb a los totalitarismos. La historia europea es la de una civilizaci\u00f3n que ha aprendido progresivamente a imponer l\u00edmites al poder.<\/p>\n\n\n\n

Por eso, la libertad europea no puede sobrevivir sin esa capacidad de rechazo.<\/p>\n\n\n\n

Decir \u00abno\u00bb sigue siendo hoy en d\u00eda una necesidad estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n

Ese \u00abno\u00bb debe dirigirse a Rusia cuando ataca a un pa\u00eds soberano, bombardea a civiles y deporta a ni\u00f1os. Ucrania es la prueba europea de nuestra generaci\u00f3n pol\u00edtica, al igual que lo fue la Guerra Civil Espa\u00f1ola en los a\u00f1os treinta: \u00bfqueremos la victoria de Ucrania o nos resignamos a la de Rusia? Quienes responden con timidez a esta pregunta no piensan en la seguridad de los europeos. Los franceses deben saberlo. No apoyar a Kiev es optar por una Europa d\u00e9bil. Imponer condiciones es anunciar de antemano nuestras futuras renuncias. Y hacer pasar eso por patriotismo es un enga\u00f1o, cuando se trata precisamente de alinearnos con el discurso de potencias hostiles a nuestros intereses.<\/p>\n\n\n\n

Este \u00abno\u00bb debe dirigirse a China cuando incumple las normas del comercio mundial, genera un exceso de capacidad, acapara minerales cr\u00edticos y cierra su mercado mientras se beneficia del nuestro. Europa no tiene nada que ganar con el proteccionismo, pero s\u00ed todo con la reciprocidad: perseguir las ayudas estatales encubiertas, imponer derechos correctores cuando se demuestre la existencia de dumping, proteger nuestros contratos p\u00fablicos, asegurar nuestras cadenas de valor y filtrar las inversiones en los sectores estrat\u00e9gicos.<\/p>\n\n\n\n

Este \u00abno\u00bb tambi\u00e9n debe dirigirse a Estados Unidos cuando nos amenaza, cuando se vale de la extraterritorialidad de su legislaci\u00f3n, cuando subvenciona masivamente sus industrias a costa de las nuestras, cuando pretende inmiscuirse en nuestras elecciones para apoyar a sus amigos de la nueva internacional reaccionaria. La amistad franco-estadounidense es antigua. Ha superado guerras, crisis y desacuerdos. Pero la amistad se basa en el respeto. De Gaulle lo entendi\u00f3 mejor que nadie: no se hace ning\u00fan favor a los aliados convirti\u00e9ndose en su dependiente. Una Europa m\u00e1s aut\u00f3noma ser\u00e1 una mejor aliada, no una aliada menos leal.<\/p>\n\n\n\n

Este \u00abno\u00bb debe dirigirse, en definitiva, a los gigantes tecnol\u00f3gicos. Los imperios del siglo XXI no son solo territoriales, sino tambi\u00e9n tecnol\u00f3gicos. Una parte cada vez mayor de nuestra atenci\u00f3n, de nuestras interacciones, de nuestra informaci\u00f3n y de nuestros debates p\u00fablicos depende ahora de un peque\u00f1o n\u00famero de actores privados que disponen de un poder sin precedentes en la historia. Estas plataformas no gobiernan nuestros Estados, pero aspiran a reinar sobre nuestras mentes. Sin embargo, est\u00e1n configurando una parte cada vez mayor de nuestro entorno intelectual. La soberan\u00eda del siglo XXI es tambi\u00e9n una soberan\u00eda cognitiva.<\/p>\n\n\n\n

Durante siglos, las democracias han velado por sus fronteras, sus instituciones y sus territorios. Ahora deben proteger las condiciones mismas en las que se forjan la atenci\u00f3n, el juicio y el consentimiento de los ciudadanos.<\/p>\n\n\n\n

Una civilizaci\u00f3n que deja su espacio informativo a merced de quienes quieren destruirla o debilitarla socava los propios cimientos de su democracia.<\/p>\n\n\n\n

El riesgo, por otra parte, no es solo informativo. Es m\u00e1s profundo. Una democracia se basa en la existencia de hechos lo suficientemente compartidos como para permitir la deliberaci\u00f3n colectiva. Cuando cada uno se mueve en su propio universo informativo, alimentado por las preferencias de los algoritmos, la avalancha de contenidos artificiales y el aluvi\u00f3n de manipulaciones selectivas, surge entonces el riesgo de un aut\u00e9ntico colapso epistemol\u00f3gico: la desaparici\u00f3n progresiva de las condiciones comunes que permiten distinguir lo verdadero de lo falso, y ponerse de acuerdo sobre los hechos al tiempo que se debaten las opiniones.<\/p>\n\n\n\n

Europa debe hacer todo lo posible por proteger este espacio c\u00edvico.<\/p>\n\n\n\n

Esto implica proteger mejor a nuestros hijos frente a los mecanismos de captaci\u00f3n de la atenci\u00f3n. Aplicar sin vacilar las leyes que ampl\u00edan al \u00e1mbito digital las prohibiciones ya reconocidas en el mundo f\u00edsico. Hacer cumplir el estricto marco regulador del uso de la inteligencia artificial que pueda alterar la sinceridad del debate democr\u00e1tico. Reforzar nuestros esfuerzos en la lucha contra las injerencias extranjeras y las manipulaciones informativas.<\/p>\n\n\n\n

\u00bfQu\u00e9 tipo de Europa ser\u00edamos si solo vel\u00e1ramos por nuestro mercado y nuestros consumidores, pero no por nuestras democracias y nuestros hijos? <\/p>\n\n\n\n

Sin embargo, el \u00abno\u00bb a Europa nunca ha sido un rechazo al mundo, ni un aislamiento. Es la condici\u00f3n para nuestra afirmaci\u00f3n y nuestra capacidad de ocupar el lugar que nos corresponde en el mundo.<\/p>\n\n\n\n

Porque si Europa ha aprendido a decir \u00abno\u00bb, es tambi\u00e9n para poder decir \u00abs\u00ed\u00bb. S\u00ed a la libertad. S\u00ed al Estado de derecho. S\u00ed a la dignidad de la persona humana. S\u00ed a la justicia social. S\u00ed a la palabra dada. Estos principios, que damos por sentados, se han convertido en excepciones. Por esta raz\u00f3n, hay quienes, incluso en Francia, querr\u00edan que renunci\u00e1ramos a ellos, cuando son el fruto de varios siglos de luchas intelectuales, pol\u00edticas y sociales y representan lo que nos distingue y lo mejor que tenemos para ofrecer.<\/p>\n\n\n\n

Europa por fin escucha las ideas francesas: ser\u00eda tr\u00e1gico que no fu\u00e9ramos capaces de ponerlas en pr\u00e1ctica nosotros mismos.<\/p>\u00c9douard Philippe<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

Una civilizaci\u00f3n no desaparece cuando es derrotada. Desaparece cuando deja de creer en sus principios fundamentales, de defenderlos y de transmitirlos.<\/p>\n\n\n\n

Desde este punto de vista, Francia no es un pa\u00eds europeo cualquiera. Dado que, desde la Ilustraci\u00f3n, ha forjado su destino sobre la base de una determinada concepci\u00f3n de la libertad, sigue ocupando un lugar especial en la defensa de este patrimonio pol\u00edtico europeo.<\/p>\n\n\n\n

La propia Europa debe seguir asumiendo su vocaci\u00f3n, sin arrogancia ni debilidad. Somos el \u00fanico continente que valora por igual la libertad individual, el esp\u00edritu emprendedor y la justicia social. No nos disculpemos por ello, asum\u00e1moslo y transmit\u00e1moslo a las nuevas generaciones, para que sepan de qu\u00e9 luchas nacieron estos principios y cu\u00e1l es su valor. Esto supone reforzar la ense\u00f1anza de la historia europea, fomentar el aprendizaje de las lenguas del continente, desarrollar la movilidad estudiantil y hacer surgir una verdadera conciencia c\u00edvica europea, lo que Romain Gary, un gran gaullista, denomin\u00f3 \u00abeducaci\u00f3n europea\u00bb y a lo que tambi\u00e9n se conoce como humanismo.<\/p>\n\n\n\n

El poder de Europa nunca se reducir\u00e1 a su PIB, a sus ej\u00e9rcitos o a sus tecnolog\u00edas. Se basar\u00e1 en aquello en lo que creemos juntos, en lo que queremos defender, ver crecer y compartir. En los momentos m\u00e1s oscuros de la historia de Europa, el genio franc\u00e9s se plasm\u00f3 en la audacia de la Francia Libre. Ahora nos toca a nosotros hacer crecer esa audacia europea, en una \u00e9poca de nuevas amenazas y nuevos peligros.<\/p>\n\n\n\n

Por un 18 de junio europeo<\/h2>\n\n\n\n

Dentro de exactamente un a\u00f1o, justo despu\u00e9s de las elecciones presidenciales francesas, con una nueva mayor\u00eda y un nuevo impulso, Francia puede tener una nueva oportunidad de enviar un mensaje a todos los europeos: rechacemos el declive y organic\u00e9monos para conservar nuestra libertad. Organicemos nuestra tecnolog\u00eda, nuestra energ\u00eda, nuestra defensa, nuestras finanzas. Organicemos nuestras escuelas, nuestras lenguas, nuestra memoria, nuestro espacio p\u00fablico. Organicemos nuestras alianzas, nuestros proyectos, nuestras inversiones, nuestras preferencias. <\/p>\n\n\n\n

Un pacto por una Europa libre: eso es lo que propondr\u00e1 Francia en junio de 2027.<\/p>\n\n\n\n

Lo propondr\u00e1 siendo plenamente consciente tanto de lo que se espera de ella como de lo que tiene que ofrecer. <\/p>\n\n\n\n

En primer lugar, pondremos orden en casa. Nuestro pa\u00eds debe aprender la lecci\u00f3n de estos \u00faltimos a\u00f1os: nuestros socios solo nos escuchar\u00e1n si ponemos nuestras propias casas en orden. No se puede pedir un trato preferencial en Europa si no se es capaz de producir con rapidez. No se puede exigir simplificaci\u00f3n en Bruselas y multiplicar las demoras en Par\u00eds. No se puede invocar la independencia del continente mientras dejamos que nuestras finanzas p\u00fablicas, nuestras competencias cient\u00edficas o nuestras capacidades industriales se debiliten. Ahora que Europa se acerca a sus intuiciones estrat\u00e9gicas, Francia debe llevar a cabo por fin las reformas que muchos Estados europeos han llevado a cabo desde hace varias d\u00e9cadas. Europa escucha por fin las ideas francesas: ser\u00eda tr\u00e1gico no ser capaces de ponerlas en pr\u00e1ctica nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n

Por lo tanto, Francia deber\u00e1 garantizar a sus socios que est\u00e1 dispuesta a llevar a cabo una reforma profundia. Saneamiento de las finanzas p\u00fablicas y cumplimiento de la regla del 3 %, porque la deuda siempre acaba decidiendo en lugar de los pueblos. Modernizaci\u00f3n de la acci\u00f3n p\u00fablica, para devolver al Estado su fuerza all\u00ed donde es indispensable. Simplificaci\u00f3n normativa, para dejar de desanimar a quienes producen, invierten, contratan e innovan. Reorientaci\u00f3n del gasto hacia la educaci\u00f3n, la investigaci\u00f3n, la defensa, la justicia y la seguridad.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Sobre esta base, podremos participar plenamente en el impulso europeo.<\/p>\n\n\n\n

En materia de tecnolog\u00edas estrat\u00e9gicas, Francia propondr\u00e1 un pacto europeo para el poder\u00edo digital. Este incluir\u00e1 una Buy European Tech Act, contratos p\u00fablicos comunes para la inteligencia artificial, la nube, los drones, la ciberseguridad y los veh\u00edculos aut\u00f3nomos, una CECA del siglo XXI para los semiconductores, las capacidades de c\u00e1lculo y los minerales cr\u00edticos, un fondo europeo de deep tech<\/em> capaz de tomar decisiones con rapidez, y la simplificaci\u00f3n de la normativa aplicable a las infraestructuras cr\u00edticas. El objetivo deber\u00e1 ser cuantificable: una participaci\u00f3n mayoritaria de soluciones europeas en los contratos p\u00fablicos cr\u00edticos, capacidades de c\u00e1lculo soberanas accesibles para las empresas y los laboratorios europeos, un plan de formaci\u00f3n a gran escala y la aparici\u00f3n de al menos un l\u00edder europeo de talla mundial en el \u00e1mbito de los semiconductores avanzados.<\/p>\n\n\n\n

En materia de energ\u00eda, Francia propondr\u00e1 un pacto europeo por la abundancia descarbonizada. Europa no lograr\u00e1 ni su transici\u00f3n ecol\u00f3gica, ni su soberan\u00eda industrial, ni su revoluci\u00f3n digital sin producir mucha m\u00e1s electricidad con bajas emisiones de carbono. Esto supone financiar la expansi\u00f3n del parque nuclear a nivel europeo, reconocer plenamente su contribuci\u00f3n a la descarbonizaci\u00f3n y a la seguridad del suministro, acelerar las interconexiones necesarias, modernizar las redes, reducir los plazos de conexi\u00f3n, apoyar los reactores de tama\u00f1o reducido (SMR), garantizar la seguridad de las cadenas de suministro de uranio y combustibles, y desarrollar las energ\u00edas renovables all\u00ed donde resulten eficaces. <\/p>\n\n\n\n

En materia de defensa, Francia propondr\u00e1 ampliar la preferencia europea en la adquisici\u00f3n de equipamiento, replantearse programas industriales comunes realistas y coordinar mejor la planificaci\u00f3n de las capacidades. Si bien los miembros europeos de la OTAN se han comprometido a elevar su gasto en defensa hasta al menos el 3,5 % del PIB, deber\u00edan dedicar al menos el 1 % de su riqueza nacional a la adquisici\u00f3n de equipamiento fabricado en Europa. Una Europa que invierta m\u00e1s en su defensa sin reforzar su industria de defensa correr\u00eda el riesgo de financiar su dependencia en lugar de su seguridad. Las negociaciones en curso sobre el pr\u00f3ximo marco financiero plurianual europeo (2028-2034) constituyen un momento decisivo para animar a la Uni\u00f3n a invertir masivamente en defensa. Francia abogar\u00e1 por un componente de defensa que sea, por fin, ambicioso, del orden de 100.000 millones de euros.<\/p>\n\n\n\n

Ucrania es la prueba europea para nuestra generaci\u00f3n pol\u00edtica, al igual que lo fue la Guerra Civil Espa\u00f1ola en la d\u00e9cada de 1930.<\/p>\u00c9douard Philippe<\/cite><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n

En materia financiera, Francia propondr\u00e1 un pacto de inversi\u00f3n para la innovaci\u00f3n, la defensa y la industria. Los europeos deber\u00e1n ultimar sin demora la Uni\u00f3n de los Mercados de Capitales, desarrollar fondos de pensiones a largo plazo (lo haremos en Francia), crear productos de ahorro europeos orientados a las empresas estrat\u00e9gicas, simplificar las salidas a bolsa, armonizar las normas necesarias para la circulaci\u00f3n del capital y movilizar al Banco Europeo de Inversiones en torno a una doctrina de riesgo m\u00e1s adaptada a las tecnolog\u00edas cr\u00edticas. El ahorro europeo debe financiar el futuro de Europa antes de financiar el crecimiento de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n

Quiz\u00e1 no todos los pa\u00edses europeos quieran avanzar en todos los \u00e1mbitos. Algunos rechazar\u00e1n la energ\u00eda nuclear. Otros preferir\u00e1n seguir comprando productos estadounidenses para su defensa. Otros temer\u00e1n que una preferencia europea cierre los mercados. Europa ya no puede esperar a que todos est\u00e9n preparados para avanzar. Porque, al ritmo al que avanza el mundo, el inmovilismo no supone la preservaci\u00f3n del statu quo, sino la certeza de un retroceso. Como ha hecho siempre, desde Schengen hasta el euro, Francia estar\u00e1 al frente de las nuevas iniciativas que realmente necesitamos y seguir\u00e1 adelante con todos aquellos que lo deseen. <\/p>\n\n\n\n

El 18 de junio de 1940, el general de Gaulle hizo un llamado a la Francia Libre para que resistiera ante la derrota. El reto de los europeos de hoy es resistir ante la resignaci\u00f3n. El declive no es una fatalidad. La vasallizaci\u00f3n no puede ser nuestro destino. Se lo digo desde ahora a los franceses: Europa es una condici\u00f3n indispensable para el poder\u00edo de Francia. Ma\u00f1ana se lo dir\u00e9 a los europeos: Francia no pide a los dem\u00e1s lo que se niega a hacer por s\u00ed misma. Asumir\u00e9 ante nuestros aliados que seremos m\u00e1s \u00fatiles si somos m\u00e1s fuertes. Afirmar\u00e9 ante nuestros adversarios que tendr\u00e1n que contar con Europa y aprender a respetarla. Porque nosotros, los europeos, tenemos la firme intenci\u00f3n de seguir siendo libres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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