{"id":102670,"date":"2026-06-17T21:09:13","date_gmt":"2026-06-17T19:09:13","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=102670"},"modified":"2026-06-17T21:09:17","modified_gmt":"2026-06-17T19:09:17","slug":"un-lapsus-de-marc-bloch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/06\/17\/un-lapsus-de-marc-bloch\/","title":{"rendered":"Un lapsus de Marc Bloch"},"content":{"rendered":"\n

Mi intenci\u00f3n es centrarme en el cap\u00edtulo m\u00e1s reciente de un asunto que me ocupa desde hace d\u00e9cadas: leer a Marc Bloch, aprender de Marc Bloch, de su extraordinaria figura como historiador y luchador por la libertad. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> La forma en que estos elementos se entrecruzan reviste para m\u00ed un significado personal. Cuando pude leer la traducci\u00f3n italiana de Apolog\u00eda de la historia o el oficio de historiador, <\/em>me di cuenta de que mi relaci\u00f3n con Marc Bloch estaba filtrada por la figura de mi padre. Leone Ginzburg, fil\u00f3logo e historiador de la literatura rusa, hab\u00eda fallecido en 1944 en la prisi\u00f3n romana de Regina Coeli, donde hab\u00eda sido encarcelado y torturado por las SS a causa de sus actividades antifascistas.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

En mi ponencia me centrar\u00e9 en un detalle que se puede apreciar en la obra maestra de Marc Bloch, Los reyes taumaturgos<\/em>. Analizar\u00e9 c\u00f3mo la historia de la recepci\u00f3n de un texto puede arrojar una luz inesperada sobre el texto en cuesti\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

I<\/h2>\n\n\n\n

1.<\/h3>\n\n\n\n

Hace unos meses, un antiguo soldado israel\u00ed, que lleva alg\u00fan tiempo viviendo en Bolonia, vino a cenar a casa y me hizo algunas preguntas sobre los temas en los que estaba trabajando. En un momento de la conversaci\u00f3n, tom\u00e9 un poco de distancia y le habl\u00e9 de un ensayo, publicado hace varios a\u00f1os, en el que analizaba un milagro de Jes\u00fas relatado en los Evangelios sin\u00f3pticos: la curaci\u00f3n de la mujer con hemorragia, es decir, de una mujer que padec\u00eda p\u00e9rdidas de sangre. Volver\u00e9 sobre este milagro dentro de un momento. Me limitar\u00e9 a decir que, al d\u00eda siguiente de esa conversaci\u00f3n, me puse a trabajar en la introducci\u00f3n de Los reyes taumaturgos<\/em>, de Marc Bloch, cuya reedici\u00f3n acaba de salir a la luz en la colecci\u00f3n Folio de Gallimard.<\/p>\n\n\n\n

2. <\/h3>\n\n\n\n

Aqu\u00ed tengo que dar un paso atr\u00e1s. Mi primer contacto con Los Reyes Taumaturgos<\/em> se remonta al oto\u00f1o de 1958. Ten\u00eda 19 a\u00f1os, estaba en Pisa y estudiaba en la Escuela Normal. Cada a\u00f1o, los alumnos de la Escuela ten\u00edamos que hablar con algunos profesores, en una entrevista personal, sobre un proyecto de investigaci\u00f3n. En segundo curso, decid\u00ed acudir a Arsenio Frugoni, un medievalista de gran originalidad que hab\u00eda dirigido un seminario \u2014en el que yo hab\u00eda participado el a\u00f1o anterior\u2014 sobre El Pr\u00edncipe <\/em>de Maquiavelo. Frugoni me propuso, como tema de investigaci\u00f3n, \u00ablos Anales\u00bb: un nombre que no me dec\u00eda absolutamente nada (hoy en d\u00eda, tal ignorancia me parece incre\u00edble). En una biblioteca de Pisa, descubr\u00ed la colecci\u00f3n completa de los<\/em> Anales de Historia Econ\u00f3mica y Social <\/em>desde 1929, a\u00f1o de su fundaci\u00f3n. Me sumerg\u00ed en los diez primeros a\u00f1os y qued\u00e9 inmediatamente cautivado por los ensayos y las cr\u00edticas de Marc Bloch. Pero en la biblioteca donde se conservaba la colecci\u00f3n de los Anales<\/em>, tambi\u00e9n encontr\u00e9, por pura casualidad, un ejemplar de la primera edici\u00f3n de Los Reyes Taumaturgos<\/em><\/em>, publicada en Estrasburgo en 1924: un libro que por entonces estaba agotado y casi olvidado. Empec\u00e9 a leerlo y ya no pude dejarlo. Nunca habr\u00eda imaginado que se pudiera escribir un libro de historia como este (es cierto que no ten\u00eda nada que ver con los pocos libros de historia que hab\u00eda le\u00eddo hasta entonces, empezando por la Historia de Europa<\/em> en el siglo XIX<\/em> de Benedetto Croce). Fue en ese momento cuando decid\u00ed formarme como historiador.<\/p>\n\n\n\n

Si he recordado este episodio, en s\u00ed mismo insignificante, es porque me permite abordar, desde un punto de vista nada evidente, el tema que constituye el n\u00facleo de mi presentaci\u00f3n. A lo largo de los a\u00f1os, me he adentrado en varias ocasiones en la obra de Bloch y he rele\u00eddo en numerosas ocasiones Los reyes taumaturgos<\/em>: pero no fue hasta que empec\u00e9 a preparar mi ponencia para el coloquio celebrado en Lyon con motivo del centenario de la primera edici\u00f3n del libro cuando un pasaje me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, aunque hasta entonces se me hab\u00eda escapado.<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abNo cab\u00eda contemplar los ritos de curaci\u00f3n [de los escrofulosos por parte de los reyes de Francia e Inglaterra] de forma aislada, al margen de todo ese conjunto de supersticiones y leyendas que conforman lo \u201cmaravilloso\u201d mon\u00e1rquico: habr\u00eda sido condenarse de antemano a no ver en ellos m\u00e1s que una anomal\u00eda rid\u00edcula, sin relaci\u00f3n alguna con las tendencias generales de la conciencia colectiva\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Hace tiempo que me convenc\u00ed de que mi trayectoria hacia la microhistoria se ha caracterizado por el an\u00e1lisis de casos an\u00f3malos. No obstante, el pasaje de Bloch sobre las \u00abanomal\u00edas rid\u00edculas\u00bb hab\u00eda quedado grabado en un rinc\u00f3n de mi memoria sin que pudiera darme cuenta de que la conexi\u00f3n entre esas \u00abanomal\u00edas\u00bb y \u00abel car\u00e1cter sobrenatural atribuido al poder real, especialmente en Francia e Inglaterra\u00bb hubiera podido actuar durante d\u00e9cadas como un modelo subyacente de mi investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

3.<\/h3>\n\n\n\n

Vuelvo ahora a mi reciente relectura de Los<\/em> Reyes Taumaturgos<\/em>. Esta vez me puse a buscar (sin preguntarme por qu\u00e9) referencias al milagro de la mujer con hemorragia del que hab\u00eda hablado la noche anterior con el exsoldado israel\u00ed. Hay que reconocer que esa pista no resultaba nada obvia, si tenemos en cuenta que hasta entonces nunca se hab\u00eda planteado una relaci\u00f3n entre ese milagro y Los Reyes Taumaturgos<\/em> y que a m\u00ed tampoco se me hab\u00eda ocurrido nunca.<\/p>\n\n\n\n

Al llegar a la mitad del primer cap\u00edtulo de Los reyes taumaturgos,<\/em> me top\u00e9 con este fragmento:\u00a0<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abNi los merovingios ni los carolingios, seg\u00fan atestiguan los textos, pose\u00edan esa forma especial de poder curativo que se aplica a una enfermedad concreta: la escr\u00f3fula. Pero \u00bfno se les habr\u00eda considerado capaces de curar alguna otra enfermedad concreta, o incluso todas las enfermedades en general? Consultemos a Gregorio de Tours. En el libro IX, al referirse al rey Gontr\u00e1n (aproximadamente 532-592), hijo de Clotario I, se lee el siguiente pasaje: \u201cSe contaba com\u00fanmente entre los fieles que una mujer, cuyo hijo, que padec\u00eda fiebre cuartana, yac\u00eda en su lecho de dolor, se hab\u00eda abierto paso entre la multitud hasta llegar al rey y, acerc\u00e1ndose por detr\u00e1s, le hab\u00eda arrancado, sin que \u00e9l se diera cuenta, unos flecos de su manto real: los puso en agua y le dio a beber esa agua a su hijo; al instante la fiebre remiti\u00f3; el enfermo se cur\u00f3. Por mi parte, no pongo en duda este hecho. De hecho, yo mismo he visto, en numerosas ocasiones, a demonios que habitaban en cuerpos pose\u00eddos gritar el nombre de este rey y, al ser descubiertos por la virtud que emanaba de \u00e9l, confesar sus cr\u00edmenes\u00bb.\u00a0<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Cuando le\u00ed esa p\u00e1gina, me qued\u00e9 boquiabierto: acababa de dar, sin esperarlo, con lo que estaba buscando (sin preguntarme por qu\u00e9). En el pasaje de Gregorio de Tours, hab\u00eda reconocido un eco de la curaci\u00f3n milagrosa de la mujer con hemorragia, tal y como se describe en los Evangelios sin\u00f3pticos (Mateo, IX, 20; Marcos, V, 27; Lucas, VIII, 44), que relatan que llevaba 12 a\u00f1os padeciendo una hemorragia. El parecido entre este milagro y el que, seg\u00fan Gregorio de Tours, se atribu\u00eda al rey Gontr\u00e1n, \u00abno necesita comentarios\u00bb, se\u00f1ala Giselle de Nie. Sin embargo, en el pasaje de la Historia Francorum<\/em> no se menciona a Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n

Se trataba, evidentemente, de un silencio deliberado. En otra obra, los Libri miraculorum<\/em>, Gregorio de Tours menciona este milagro entre los que realiz\u00f3 Jes\u00fas: \u00abprofluvium mulieris tactu fimbriae salutaris avertit<\/em>\u00bb (\u00abdetuvo la hemorragia de una mujer haci\u00e9ndole tocar el borde de su manto\u00bb). Pero este resumen sint\u00e9tico del milagro de la mujer con hemorragia omite un detalle esencial que figura en los Evangelios sin\u00f3pticos y que, sin duda, est\u00e1 relacionado con la condici\u00f3n de impureza que padec\u00eda esta mujer en la sociedad (Lev\u00edtico<\/em>, XV, 25). Jes\u00fas no se hab\u00eda percatado de la presencia de la mujer: \u00abella se acerc\u00f3 por detr\u00e1s [\u1f44\u03c0\u03b9\u03c3\u03b8\u03b5\u03bd, opisthen<\/em>] y toc\u00f3 el borde de su manto\u00bb (Mateo, IX, 20; Marcos, V, 27; Lucas, VIII, 44). Ahora bien, este detalle aparece en el pasaje de la Historia Francorum<\/em> citado anteriormente, donde, sin embargo, no se menciona a Jes\u00fas. La madre del hijo enfermo \u00abse hab\u00eda abierto paso entre la multitud hasta llegar al rey [Gontr\u00e1n] y, acerc\u00e1ndose a \u00e9l por detr\u00e1s, le hab\u00eda arrancado, sin que \u00e9l se diera cuenta, algunos flecos de su manto real [accessit inter turbas populi usque ad tergum regis, abruptisque clam regalis indumenti fimbriis<\/em>]\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

4.<\/h3>\n\n\n\n

La comparaci\u00f3n entre el pasaje de la Historia Francorum<\/em> de Gregorio de Tours y los pasajes de los Evangelios sin\u00f3pticos es elocuente. La curaci\u00f3n del hijo de la mujer tiene lugar sin que Gontr\u00e1n se enterara, del mismo modo que la curaci\u00f3n de la mujer con hemorragia ocurre sin que Jes\u00fas se d\u00e9 cuenta: en ambos casos, el milagro se produce al tocar el manto.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Este elemento an\u00f3malo en relaci\u00f3n con las descripciones de los milagros de Jes\u00fas se destaca en un pasaje del Evangelio de Marcos (V, 30) que describe el milagro de la mujer con hemorragia: \u00abY de repente Jes\u00fas, al percibir en su interior la fuerza que hab\u00eda salido de \u00e9l, se volvi\u00f3 hacia la multitud y dijo: \u201c\u00bfQui\u00e9n ha tocado mis vestiduras?\u201d\u00bb [Et statim Iesus cognoscens in semetipso virtutem, quae exierat de eo, conversus ad turbam aiebat: \u00abQuis tetigit vestimenta mea?<\/em>\u00bb]\u00bb. <\/sup>Al igual que Jes\u00fas, Gontr\u00e1n no act\u00faa: es objeto de acci\u00f3n.\u00a0<\/sup><\/p>\n\n\n\n

Ahora bien, el t\u00e9rmino \u00abvirtus\u00bb<\/em> de la Vulgata, que traduc\u00eda la \u00ab\u03b4\u03cd\u03bd\u03b1\u03bc\u03b9\u03c2\u00bb [d\u00fanamis<\/em>] de la Septuaginta, reaparece al final del pasaje de la Historia Francorum<\/em> citado anteriormente, cuando Gregorio de Tours compara el efecto de los flecos arrancados del manto de Gontr\u00e1n con el efecto del nombre de Gontr\u00e1n, que obligaba a los demonios a confesar sus delitos: \u00abDe hecho, yo mismo he visto, en numerosas ocasiones, a demonios, que habitaban en cuerpos pose\u00eddos, gritar el nombre de este rey y, al ser descubiertos por la virtud que emanaba de \u00e9l<\/em> (virtute ipsius discernente),<\/em> confesar sus cr\u00edmenes\u00bb. <\/em>Pero la traducci\u00f3n de las palabras virtute ipsius discernente<\/em> propuesta por Bloch en Los reyes taumaturges<\/em> introduce un detalle ajeno, sugerido por la palabra \u00abvirtus<\/em>\u00ab:\u00a0\u00abDescubiertos <\/em>por la virtud que emanaba de \u00e9l<\/em>\u00bb: un eco preciso del pasaje, absolutamente sorprendente, del Evangelio de Marcos (V, 30) que describe el milagro de la mujer con hemorragia: \u00abY de repente Jes\u00fas, reconociendo en s\u00ed mismo la virtud que hab\u00eda salido de \u00e9l<\/em> (Et statim Iesus cognoscens in semetipso virtutem, quae exierat de eo)<\/em>\u00bb. Como se ha dicho, en el pasaje de la Historia Francorum<\/em> citado en Los reyes<\/em> taumaturgos<\/em>, el reconocimiento de la virtud<\/em> (virtus<\/em>) se atribuye a los demonios que gritan el nombre del rey, lo que los obliga a confesar sus cr\u00edmenes. La traducci\u00f3n de Bloch (por la virtud que emanaba de \u00e9l<\/em>), en cambio, hace eco, de manera precisa, del pasaje del Evangelio seg\u00fan San Marcos: es Jes\u00fas quien reconoce la virtud que emana de s\u00ed mismo, sin darse cuenta. \u00bfC\u00f3mo interpretar la inclusi\u00f3n de este detalle en la traducci\u00f3n del pasaje de Gregorio traducido por Bloch? Suponer que se trata de una elecci\u00f3n que alud\u00eda t\u00e1citamente, pero de forma deliberada, a su derivaci\u00f3n del Evangelio de Marcos me parece inaceptable, sobre todo porque Bloch retoma la frase en su comentario al pasaje sobre Gontr\u00e1n: \u00abUna fuerza milagrosa se adher\u00eda a las vestiduras que lo hab\u00edan tocado\u00bb. \u00bfSe trata, pues, de un recuerdo involuntario?<\/p>\n\n\n\n

Nos encontrar\u00edamos entonces ante un lapsus, que se le escap\u00f3 a Bloch y (si no me equivoco) a sus lectores, y que nos permitir\u00eda adentrarnos de repente en el taller de Los reyes taumaturgos<\/em>.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

II<\/h2>\n\n\n\n

1. <\/h3>\n\n\n\n

Para aclarar lo que implica la hip\u00f3tesis de un lapsus, conviene hacer una digresi\u00f3n. La secuencia textual que he descrito es comparable a una serie de matrioskas, esas mu\u00f1ecas rusas de diferentes tama\u00f1os, encajadas unas dentro de otras. Voy a intentar enumerarlas en orden inverso: a) la lectura de Los<\/em> reyes<\/em> taumaturgos<\/em> por parte del autor; b) la lectura y la traducci\u00f3n por parte de Bloch del pasaje de la Historia Francorum<\/em> de Gregorio de Tours (IX, 21) sobre el milagro atribuido a los flecos del manto de Gontr\u00e1n, comparado con el efecto milagroso que el nombre de Gontr\u00e1n ten\u00eda sobre los demonios, obligados a confesar sus propios cr\u00edmenes; c) la lectura, por parte de Gregorio de Tours, de los pasajes de los Evangelios sin\u00f3pticos sobre el milagro de la mujer con hemorragia (en particular, Marcos<\/em> V, 30); d) los pasajes de los Evangelios sin\u00f3pticos sobre este milagro. Se trata de una lista simplificada, ya que en cada caso la lectura se refiere no solo al anillo contiguo, sino a todos los anillos, as\u00ed como a su entrelazamiento.<\/p>\n\n\n\n

Una secuencia de este tipo se basa en un entrelazamiento de elementos, uno de los cuales forma parte de la psique de numerosas especies animales (entre ellas la denominada homo sapiens<\/em>): la memoria involuntaria. El lapsus recurre involuntariamente a un acervo inconsciente.<\/p>\n\n\n\n

2.<\/h3>\n\n\n\n

Ser\u00eda imposible exponer adecuadamente los debates sobre este tema. Por eso voy a tomar r\u00e1pidamente un atajo claro y evidente, partiendo de un texto famoso: Las confesiones de un ingl\u00e9s<\/em> comedor de opio.<\/em> El autor, Thomas de Quincey, nacido en 1785 y fallecido en 1859, narra c\u00f3mo se convirti\u00f3 en consumidor de opio, confesando los placeres y los remordimientos que le provocaba ese h\u00e1bito. La obra se public\u00f3 por primera vez en 1821 en la revista London<\/em> Magazine, <\/em>sin mencionar al autor. Al a\u00f1o siguiente, se reimprimi\u00f3 con un ap\u00e9ndice, del que citar\u00e9 un pasaje de una versi\u00f3n francesa, publicada en Par\u00eds en 1828, sin mencionar al autor, bajo el t\u00edtulo L\u2019Anglais mangeur d\u2019opium, <\/em>\u00abtraducido del ingl\u00e9s por A. D. M.\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n

La experiencia con el opio \u2014escrib\u00eda De Quincey\u2014 le hab\u00eda hecho enfrentarse al regreso de los recuerdos del pasado: <\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abDe todo ello, al menos, saqu\u00e9 esta conclusi\u00f3n: que al hombre le resulta imposible olvidar<\/em>. Mil acontecimientos pueden y deben tender un velo entre la conciencia presente y las inscripciones<\/em> secretas del alma; accidentes de la misma naturaleza tambi\u00e9n pueden rasgarlo; pero, velada o al descubierto, la inscripci\u00f3n permanece siempre; como las estrellas parecen huir ante la luz del sol, mientras que la luz se interpone entre ellas y nosotros como un gran velo. Esperan, para revelarse, a que la oscuridad suceda al d\u00eda\u00bb. <\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

El autor de esta versi\u00f3n, que se ocultaba tras las iniciales A. D. M. en la p\u00e1gina de t\u00edtulo, era un joven de 18 a\u00f1os, Alfred de Musset. Se trataba de una versi\u00f3n bastante libre, hasta tal punto que llev\u00f3 al editor de una reciente edici\u00f3n cr\u00edtica a presentar a Musset como el autor del texto. Hubo que esperar m\u00e1s de 30 a\u00f1os para que la obra de De Quincey fuera reconocida en Francia en su justo valor. En las primeras p\u00e1ginas de Los para\u00edsos artificiales<\/em>(1860), Baudelaire escribe, en efecto:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abEl trabajo sobre el opio ya se ha realizado, y de una manera tan brillante, m\u00e9dica y po\u00e9tica a la vez, que no me atrever\u00eda a a\u00f1adir nada m\u00e1s. Me limitar\u00e9, pues, en otro estudio, a ofrecer un an\u00e1lisis de este libro incomparable, que nunca se ha traducido \u00edntegramente en Francia\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

La alusi\u00f3n a la traducci\u00f3n parcial de Musset se explica f\u00e1cilmente. Baudelaire ten\u00eda ante s\u00ed la edici\u00f3n de Confessions of an English Opium-Eater<\/em>, publicada en Boston en 1851. Esta edici\u00f3n inclu\u00eda un ap\u00e9ndice: Suspiria de profundis: being a sequel to the Confessions of an English opium-eater<\/em>. En este ap\u00e9ndice, tal y como se puede leer en Los para\u00edsos artificiales<\/em>, De Quincey<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abDedic\u00f3 su nueva vida a revivir la primera (\u2026) Revivi\u00f3 todo el mundo de su infancia, pero con la riqueza po\u00e9tica que ahora le aportaba una mente culta, ya sutil, y acostumbrada a encontrar sus mayores placeres en la soledad y el recuerdo\u00bb. <\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

En aquel momento se pod\u00eda leer un pasaje de De Quincey que cito en la espl\u00e9ndida traducci\u00f3n de Baudelaire:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00ab\u00bfQu\u00e9 es el cerebro humano, sino un inmenso y natural palimpsesto? Mi cerebro es un palimpsesto y el tuyo tambi\u00e9n, lector. Innumerables capas de ideas, im\u00e1genes y sentimientos se han ido depositando sucesivamente en tu cerebro, con la misma suavidad que la luz. Parec\u00eda que cada una de ellas sepultaba a la anterior. Pero, en realidad, ninguna ha perecido\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

La met\u00e1fora del palimpsesto, que fascinaba a Baudelaire, resum\u00eda la superposici\u00f3n entre el velo y la inscripci\u00f3n propuesta por De Quincey en un pasaje que voy a volver a leer parcialmente:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abDe todo ello, al menos, saqu\u00e9 esta conclusi\u00f3n: que al ser humano le resulta imposible olvidar<\/em>. Mil acontecimientos pueden y deben tender un velo entre la conciencia presente y las inscripciones<\/em> secretas del alma\u00bb. <\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

La imagen de la memoria como un palimpsesto estratificado, \u00abinmenso y natural\u00bb, nos evoca a su vez un palimpsesto compuesto por capas cognitivas que se han ido acumulando a lo largo de un siglo: Freud \/ Proust \/ Baudelaire \/ De Quincey. El lapsus hace aflorar, de forma involuntaria, fragmentos presentes en la memoria inconsciente.<\/p>\n\n\n\n

III<\/h2>\n\n\n\n

Y con esto, ya podemos volver a Marc Bloch. <\/p>\n\n\n\n

En un ensayo publicado en 1934 en los Anales de la historia econ\u00f3mica y social, <\/em>dedicado a los problemas de la historia agraria a los que Bloch se hab\u00eda dedicado durante a\u00f1os, Bloch escribe que<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abLa disposici\u00f3n de los campos es el libro en el que las sociedades rurales han ido anotando, l\u00ednea a l\u00ednea, las vicisitudes de su pasado. Por desgracia, este gran palimpsesto de las tierras a\u00fan espera a que se realice su paleograf\u00eda\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Una afirmaci\u00f3n como esta, formulada por el autor de La historia rural francesa: caracteres originales<\/em><\/em> (1931), no puede tomarse al pie de la letra. Pero resulta dif\u00edcil imaginar que estas palabras no guarden relaci\u00f3n alguna con el recuerdo del pasaje en el que De Quincey, traducido por Baudelaire, presentaba el palimpsesto como una met\u00e1fora de la memoria. Bloch comparaba los paisajes agrarios con palimpsestos en los que, bajo caracter\u00edsticas de evidencia inmediata, afloraban capas de dep\u00f3sitos hist\u00f3ricos que se hab\u00edan acumulado a lo largo del tiempo. Bloch bien podr\u00eda haber comparado con un palimpsesto el pasaje de Gregorio de Tours sobre el milagro involuntario atribuido a Gontr\u00e1n, deteni\u00e9ndose en ese pasaje, a pesar de la ausencia de menci\u00f3n alguna a la escr\u00f3fula, porque hab\u00eda percibido vagamente, detr\u00e1s de la virtus<\/em> del rey Gontr\u00e1n, la virtus<\/em> de Jes\u00fas, a quien no se nombra. Esta percepci\u00f3n hab\u00eda sido descartada, pero hab\u00eda dejado huella en las palabras extra\u00eddas del Evangelio de Marcos que Bloch hab\u00eda incluido en su traducci\u00f3n del pasaje de Gregorio de Tours: \u00abdescubiertos por la virtud que emanaba de \u00e9l<\/em>\u00bb; de \u00e9l, <\/em>es decir, de Jes\u00fas. Este detalle demuestra, sin lugar a dudas, que Bloch hab\u00eda identificado, entre l\u00edneas en el pasaje de Gregorio de Tours, el milagro de la mujer con hemorragia que lo hab\u00eda inspirado. Bloch no hace menci\u00f3n alguna de esta identificaci\u00f3n, pero, al traducir el pasaje de Gregorio, dej\u00f3, sin mencionarlo, un fragmento del Evangelio seg\u00fan San Marcos que lo hab\u00eda inspirado. Algunos podr\u00edan objetar que el lapsus de Bloch fue fruto de una simple distracci\u00f3n. Pero este lapsus, fruto de una memoria involuntaria, pone de manifiesto un tema que Bloch, en su texto R\u00e9flexion pour les lecteurs curieux de m\u00e9thode<\/em><\/em>, redactado en 1939, situ\u00f3 en el centro de su concepci\u00f3n del oficio de historiador. Me refiero a la distinci\u00f3n entre los testimonios voluntarios y los involuntarios, retomada y desarrollada <\/em>en Apolog\u00eda de la historia<\/em>, en un pasaje que me parece imprescindible, a pesar de su extensi\u00f3n, citar aqu\u00ed:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abAhora bien, quiz\u00e1 el avance m\u00e1s notable logrado en los \u00faltimos siglos por la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica haya sido el de otorgar una importancia cada vez mayor a los testimonios involuntarios y, al mismo tiempo, diversificar casi hasta el infinito la naturaleza de los documentos de este tipo, cuyo uso permite hoy en d\u00eda una alianza concertada entre las distintas disciplinas. (\u2026) <\/em>A las propias obras narrativas, destinadas deliberadamente a instruir a las generaciones venideras, a veces les pedimos, preferentemente, algo muy distinto de lo que pretend\u00edan decirnos. Los escritos de los cronistas medievales y las Memorias<\/em> de Saint-Simon siguen, sin duda, interes\u00e1ndonos por los acontecimientos que en ellos se relatan; pero a\u00fan m\u00e1s por las revelaciones que estos textos aportan, de forma inconsciente, sobre el bagaje mental de los monjes o la psicolog\u00eda de un duque y par\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Quiero creer que, si se hubiera dado cuenta de su lapsus, Bloch lo habr\u00eda analizado como un testimonio involuntario. Hace unos a\u00f1os reflexion\u00e9 sobre la importancia que Bloch conced\u00eda a las \u00abrevelaciones que estos textos aportan, de forma inconsciente\u00bb en un ensayo titulado \u00abRevelaciones involuntarias\u00bb. En \u00e9l analic\u00e9 el uso convergente \u2014y no deliberado\u2014 de este t\u00e9rmino en el \u00e1mbito historiogr\u00e1fico y en relaci\u00f3n con el anticuario en Alessandro Manzoni, Marc Bloch y Arnaldo Momigliano. Hoy me parece oportuno insistir tambi\u00e9n en otra convergencia: la que existe entre el pasaje de Bloch y un pasaje de las Confesiones<\/em> de De Quincey, que citar\u00e9 una vez m\u00e1s en la fiel traducci\u00f3n de Musset:\u00a0<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abDe todo ello, al menos, saqu\u00e9 esta conclusi\u00f3n: que al hombre le resulta imposible olvidar<\/em>. Mil acontecimientos pueden y deben tender un velo entre la conciencia presente y las inscripciones<\/em> secretas del alma; accidentes de la misma naturaleza tambi\u00e9n pueden rasgarlo; pero, velada o al descubierto, la inscripci\u00f3n permanece siempre; como las estrellas parecen huir ante la luz del sol, mientras que la luz se interpone entre ellas y nosotros como un gran velo. Esperan, para revelarse, a que la oscuridad suceda al d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Dado que el autor del lapsus que intento analizar atribu\u00eda al inconsciente una importancia decisiva para la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, es necesario examinar detenidamente el contenido de dicho lapsus. Es Sigmund Freud, evidentemente, quien guiar\u00e1 mis reflexiones, \u00e9l, que dedic\u00f3 al lapsus <\/em>un extenso cap\u00edtulo de su obra La psicopatolog\u00eda de la vida cotidiana,<\/em> publicada por primera vez en 1901 y reeditada posteriormente en varias ocasiones con a\u00f1adidos. Los pasajes que citar\u00e9 proceden de la primera traducci\u00f3n al franc\u00e9s, realizada por Samuel Jank\u00e9l\u00e9vitch y <\/em>publicada en Par\u00eds <\/em>en 1922. Es posible que Marc Bloch, que por entonces estaba terminando Los reyes taumaturgos<\/em>, la consultara.<\/p>\n\n\n\n

IV<\/h2>\n\n\n\n

1. <\/h3>\n\n\n\n

En el cap\u00edtulo de Psicopatolog\u00eda de la vida cotidiana<\/em> que dedica al lapsus, Freud escribe:<\/p>\n\n\n\n

Debemos (y solemos hacerlo) introducir, incluso en la valoraci\u00f3n del estilo que emplea un autor, el principio de explicaci\u00f3n que nos resulta indispensable cuando queremos remontarnos a las causas de un lapsus aislado.  Una forma de escribir clara y franca demuestra que el autor est\u00e1 en consonancia consigo mismo, y cada vez que encontramos un modo de expresi\u00f3n forzado, sinuoso y evasivo, podemos afirmar, sin riesgo de equivocarnos, que nos encontramos ante ideas complicadas, que carecen de claridad y se exponen sin seguridad, como si hubiera una intenci\u00f3n cr\u00edtica subyacente. <\/p>\n\n\n\n

La expresi\u00f3n \u00abideas complicadas\u00bb parece, en efecto, un poco vaga si la relacionamos con una frase que precede por poco al pasaje que acabamos de citar, en el que \u00abel trastorno del habla\u00bb asociado al lapsus se remite a un \u00abconflicto interior\u00bb. Como veremos en breve, esta alusi\u00f3n puede ayudarnos a sacar a la luz las ra\u00edces del lapsus de Bloch. <\/p>\n\n\n\n

La chispa que hab\u00eda desencadenado ese lapsus hab\u00eda sido la decisi\u00f3n de Gregorio de Tours de no mencionar el nombre de Jes\u00fas al reescribir la historia de uno de sus milagros. Bloch compart\u00eda ese silencio, pero al traducir el pasaje de Gregorio de Tours, no pudo evitar reintroducir, sin darse cuenta, el comentario del Evangelio seg\u00fan San Marcos sobre el milagro de Jes\u00fas. \u00bfSe puede percibir tras este lapsus el rastro de un conflicto interior en el jud\u00edo Marc Bloch frente al cristianismo?<\/p>\n\n\n\n

2.<\/h3>\n\n\n\n

Para responder a esta pregunta, me parece necesario citar, a pesar de su extensi\u00f3n, el inolvidable testamento que Bloch escribi\u00f3 en Clermont-Ferrand el 18 de marzo de 1941:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abNo he pedido que, sobre mi tumba, se reciten las oraciones hebreas, cuyas cadencias, sin embargo, acompa\u00f1aron en su \u00faltimo descanso a tantos de mis antepasados y a mi propio padre. Durante toda mi vida me he esforzado, en la medida de mis posibilidades, por alcanzar una sinceridad total en la expresi\u00f3n y en el esp\u00edritu. Considero que la complacencia hacia la mentira, por muchos pretextos que pueda esgrimir, es la peor lepra del alma. Al igual que alguien mucho m\u00e1s grande que yo, desear\u00eda de todo coraz\u00f3n que, como \u00fanico lema, se grabaran en mi l\u00e1pida estas sencillas palabras: Dilexit veritatem.<\/em> Por eso me resultaba imposible admitir que, en esta hora de las despedidas supremas, en la que todo hombre tiene el deber de resumirse a s\u00ed mismo, no se hiciera en mi nombre ning\u00fan llamado a las efusiones de una ortodoxia cuyo credo<\/em> no reconozco.

Pero me resultar\u00eda a\u00fan m\u00e1s odioso que, en este acto de probidad, alguien pudiera ver algo que se asemejara a una cobarde renegaci\u00f3n. Afirmo, pues, si es necesario, ante la muerte, que nac\u00ed jud\u00edo; que nunca he pensado en renegar de ello ni he encontrado motivo alguno para sentirme tentado a hacerlo. En un mundo asediado por la m\u00e1s atroz barbarie, \u00bfno sigue siendo la generosa tradici\u00f3n de los profetas hebreos \u2014que el cristianismo, en lo m\u00e1s puro que tuvo, retom\u00f3 para ampliarla\u2014 una de nuestras mejores razones para vivir, creer y luchar?

Alejado tanto de cualquier formalismo confesional como de cualquier solidaridad supuestamente racial, me he sentido, a lo largo de toda mi vida, ante todo y muy sencillamente, franc\u00e9s. Unido a mi patria por una larga tradici\u00f3n familiar, nutrido de su legado espiritual y de su historia, incapaz, en verdad, de concebir otra en la que pudiera respirar con tranquilidad, la he amado mucho y la he servido con todas mis fuerzas. Nunca he sentido que mi condici\u00f3n de jud\u00edo supusiera el m\u00e1s m\u00ednimo obst\u00e1culo para esos sentimientos. A lo largo de dos guerras, no se me concedi\u00f3 morir por Francia. Al menos, puedo, con toda sinceridad, dar este testimonio: muero, tal y como he vivido, como un buen franc\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Este extraordinario documento se ha utilizado en numerosas ocasiones con fines pol\u00edticos. Hoy en d\u00eda se utiliza m\u00e1s que nunca, y a veces precisamente por aquellos contra quienes Bloch luch\u00f3 hasta el punto de sacrificar su vida. <\/p>\n\n\n\n

Aislar la \u00faltima frase tal y como se ha hecho \u2014 \u00abMuero, tal y como he vivido, como buen franc\u00e9s\u00bb \u2014 equivale a traicionar el pensamiento de Bloch, quien, en la Francia entonces derrotada por las tropas nazis, reivindicaba el derecho a ser, sin m\u00e1s, franc\u00e9s, jud\u00edo, de la di\u00e1spora y ateo. Esta idea plural de identidad (un t\u00e9rmino que Bloch se cuida mucho de utilizar) no se limitaba a un contexto nacional espec\u00edfico. \u00abItaliano, jud\u00edo\u00bb y (a\u00f1adir\u00eda yo) ateo: as\u00ed es como se defini\u00f3 Primo Levi, quien hab\u00eda sido deportado a Auschwitz por ser jud\u00edo. Al reflexionar sobre estos casos, he podido proponer una concepci\u00f3n del individuo como punto de intersecci\u00f3n de sistemas de referencia diferenciados.<\/p>\n\n\n\n

Entrar en un debate sobre las condiciones de esta generalizaci\u00f3n me llevar\u00eda demasiado lejos. Prefiero volver al legado de Bloch y a su definici\u00f3n del cristianismo, en su forma m\u00e1s pura, como una ampliaci\u00f3n de la generosa tradici\u00f3n del profetismo hebreo. Tal afirmaci\u00f3n parece excluir a priori<\/em> la posibilidad de atribuir el lapsus de Bloch en Los reyes taumaturgos<\/em> a un conflicto interior (el concepto evocado por Freud) entre el hebra\u00edsmo y el cristianismo. Pero un camino un tanto tortuoso podr\u00eda llevarnos a otras conclusiones.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

3.<\/h3>\n\n\n\n

En su testamento, Bloch afirma que considera el cristianismo como la culminaci\u00f3n del juda\u00edsmo. He reflexionado largamente sobre esta idea, que se da por sentada desde hace milenios, planteando la hip\u00f3tesis de que el concepto de perspectiva hist\u00f3rica tendr\u00eda sus ra\u00edces en la ambivalencia del cristianismo respecto al juda\u00edsmo. Cuando empec\u00e9 a reflexionar sobre esta idea, me sent\u00ed profundamente turbado, ya que una de las facetas de esta ambivalencia es el antijuda\u00edsmo cristiano, que ha contribuido de manera tan decisiva a las persecuciones de los jud\u00edos a lo largo de los siglos. La otra faceta de la ambivalencia encontr\u00f3 su expresi\u00f3n concreta en la inclusi\u00f3n de la Biblia hebrea, como Antiguo Testamento, en la Biblia cristiana. Nunca dejaremos de reflexionar sobre las repercusiones de este hecho, que simboliza la derrota de Marci\u00f3n, seg\u00fan quien era imposible conciliar al Dios de los jud\u00edos con el de los cristianos: empezando por el concepto de ambivalencia y sus implicaciones. \u00bfEs leg\u00edtimo suponer que ha existido y sigue existiendo, por parte de los jud\u00edos, un sentimiento de ambivalencia \u2014totalmente asim\u00e9trico\u2014 respecto al cristianismo?<\/p>\n\n\n\n

4.<\/h3>\n\n\n\n

En la Introducci\u00f3n al psicoan\u00e1lisis,<\/em> Freud escribi\u00f3 que \u00abla represi\u00f3n de la intenci\u00f3n de decir algo constituye la condici\u00f3n indispensable para que se produzca un lapsus\u00bb. Una ambivalencia jud\u00eda respecto al cristianismo bien podr\u00eda explicar, por un lado, la decisi\u00f3n de Bloch de omitir el nombre de Jes\u00fas al comentar el pasaje de Gregorio de Tours sobre el milagro atribuido a Gontr\u00e1n y, por otro lado, el gesto involuntario, dictado por una idea reprimida a medias, que llev\u00f3 a Bloch a dejar, en la traducci\u00f3n del pasaje de Gregorio, un rastro relativo a Jes\u00fas, ese Jes\u00fas at\u00edpico descrito por el evangelista Marcos.<\/p>\n\n\n\n

Este rastro involuntario, procedente de la memoria subyacente, contradice la frase con la que Bloch concluy\u00f3 su an\u00e1lisis del pasaje de Gregorio de Tours sobre el milagro atribuido al rey Gontr\u00e1n:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abLa serie ininterrumpida de reyes m\u00e9dicos que conoci\u00f3 la Francia medieval no comienza con el piadoso soberano, tan querido por Gregorio de Tours\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Bloch argumenta lo siguiente para respaldar esta valoraci\u00f3n negativa: <\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abEl texto de Gregorio de Tours surg\u00eda, totalmente aislado, en el silencio universal y prolongado de todos los documentos; para establecer un v\u00ednculo de filiaci\u00f3n entre las virtudes medicinales del hijo de Clotario [es decir, Gontr\u00e1n<\/em>] y el inicio aut\u00e9ntico de la curaci\u00f3n de la escr\u00f3fula bajo el reinado de Felipe I, habr\u00eda sido necesario dar un salto de cinco siglos a trav\u00e9s de tres dinast\u00edas\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

Como se puede ver, lo que resulta determinante para Bloch no es solo el desfase temporal, sino tambi\u00e9n la ausencia, en el pasaje de Gregorio de Tours, de una referencia al origen \u00abaut\u00e9ntico\u00bb de los ritos relacionados con el contacto con los enfermos de escr\u00f3fula. Y, sin embargo, Bloch hab\u00eda criticado, en un pasaje que ya he citado, la idea de aislar este elemento del \u00abconjunto de supersticiones y leyendas que conforman lo \u201cmaravilloso\u201d mon\u00e1rquico\u00bb:<\/p>\n\n\n\n

\n

\u00abNo cab\u00eda plantearse los ritos de curaci\u00f3n [de los escrofulosos por parte de los reyes de Francia e Inglaterra] de forma aislada, al margen de todo ese conjunto de supersticiones y leyendas que conforman lo \u00abmaravilloso\u00bb mon\u00e1rquico: habr\u00eda sido condenarse de antemano a ver en ellos solo una anomal\u00eda rid\u00edcula, sin relaci\u00f3n alguna con las tendencias generales de la conciencia colectiva\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n

La represi\u00f3n de una intenci\u00f3n es, para Freud, la condici\u00f3n necesaria del lapsus. Sin duda, Bloch pens\u00f3 en mencionar el milagro de la mujer con hemorragia como fuente \u2014pasada por alto\u2014 del milagro del rey Gontr\u00e1n descrito por Gregorio de Tours. Pero la represi\u00f3n de esa intenci\u00f3n dej\u00f3 una huella involuntaria, un cuerpo extra\u00f1o (la virtud que emanaba de \u00e9l<\/em>) incrustado en la traducci\u00f3n, incluida en Los Reyes Taumaturgos<\/em>, del pasaje de Gregorio: un min\u00fasculo fragmento del pasaje del Evangelio seg\u00fan San Marcos sobre el milagro de la mujer con hemorragia. La explicaci\u00f3n que aqu\u00ed se propone de este lapsus como fruto de la ambivalencia judeocristiana es conjetural; pero la existencia del lapsus, por su parte, no ofrece ninguna duda.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

5.<\/h3>\n\n\n\n

Se trata de un lapsus an\u00f3malo, tal y como he comprendido al releer una obra en cuya publicaci\u00f3n particip\u00e9: Il lapsus<\/em> freudiano. Psicanalisi e critica testuale,<\/em> de Sebastiano Timpanaro.\u00a0 Como indica el subt\u00edtulo, Timpanaro, fil\u00f3logo textual, someti\u00f3 a una rigurosa cr\u00edtica las interpretaciones de los lapsus que Freud hab\u00eda propuesto desde una perspectiva psicoanal\u00edtica. Yo no soy ni psicoanalista ni fil\u00f3logo textual como lo era \u2014y a qu\u00e9 nivel\u2014 Timpanaro. Y, sin embargo, mi investigaci\u00f3n sobre el lapsus de Marc Bloch se ha llevado a cabo desde una perspectiva (si parva licet<\/em>) de cr\u00edtica textual, utilizando inevitablemente las herramientas del psicoan\u00e1lisis. El resultado puede considerarse un puente entre dos trayectorias que no son incompatibles.<\/p>\n\n\n\n

6.<\/h3>\n\n\n\n

La conversaci\u00f3n sobre el milagro de la mujer con hemorragia que mantuve en Bolonia con el antiguo soldado israel\u00ed me llev\u00f3, sin que me diera cuenta, a un descubrimiento inesperado. La memoria involuntaria, con la ayuda del azar, nos permite a veces recuperar una capa oculta del palimpsesto del que hablaron, de forma inolvidable, De Quincey, Baudelaire y Marc Bloch.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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