{"id":100351,"date":"2026-05-26T21:47:12","date_gmt":"2026-05-26T19:47:12","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=100351"},"modified":"2026-05-26T21:47:20","modified_gmt":"2026-05-26T19:47:20","slug":"magnifica-humanitas-texto-integro-de-enciclica-de-leon-xiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/05\/26\/magnifica-humanitas-texto-integro-de-enciclica-de-leon-xiv\/","title":{"rendered":"Magnifica Humanitas, texto \u00edntegro de la Enc\u00edclica de Le\u00f3n XIV"},"content":{"rendered":"\n

Este 25 de mayo, el papa Le\u00f3n XIV presenta Magnifica Humanitas<\/em>, la primera enc\u00edclica dedicada a la inteligencia artificial y el primer gran texto doctrinal de su pontificado.<\/p>\n\n\n\n

Firmada el 15 de mayo, con motivo del 135.\u00ba aniversario de Rerum Novarum<\/em>, la enc\u00edclica inscribe expl\u00edcitamente la revoluci\u00f3n de la IA en el legado de la doctrina social de la Iglesia inaugurada por Le\u00f3n XIII ante la revoluci\u00f3n industrial.<\/p>\n\n\n\n

M\u00e1s de cien p\u00e1ginas, 250 p\u00e1rrafos, cerca de 40.000 palabras: el texto pretende proponer una doctrina cat\u00f3lica sobre la IA, articulando una cr\u00edtica al capitalismo tecnol\u00f3gico, una reflexi\u00f3n geopol\u00edtica sobre la guerra y un cuestionamiento antropol\u00f3gico sobre el lugar del hombre en un mundo automatizado.<\/p>\n\n\n\n

Ampliando las intuiciones del papa Francisco sobre la inteligencia artificial, Magnifica Humanitas<\/em> marca la entrada del Vaticano en el debate mundial sobre la gobernanza de las tecnolog\u00edas emergentes.<\/p>\n\n\n\n

Publicamos el texto \u00edntegro, acompa\u00f1ado de comentarios de nuestro vaticanista Jean-Beno\u00eet Poulle, del general Beno\u00eet Durieux y de los especialistas Pasquale Annichino y Alberto Melloni. Para una primera lectura de actualidad, tambi\u00e9n puede leer nuestra entrevista con el jesuita Antonio Spadaro<\/a>. <\/p>\n\n\n\n

Carta enc\u00edclica
MAGNIFICA HUMANITAS<\/em>
del Santo Padre L\u00c9ON XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial<\/h2>\n\n\n\n

INTRODUCCI\u00d3N<\/h2>\n\n\n\n

1. La magn\u00edfica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elecci\u00f3n decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generaci\u00f3n recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada \u00e9poca se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y m\u00e1s injusto. All\u00ed donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que \u00abel misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> En Jesucristo, esta magn\u00edfica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la v\u00eda para crecer hacia la plenitud.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Las primeras palabras de una enc\u00edclica son siempre program\u00e1ticas. En este caso, el adjetivo latino \u00abmagnificus\u00bb debe entenderse en su sentido etimol\u00f3gico m\u00e1s profundo: capaz de hacer grandes cosas. En este primer p\u00e1rrafo crucial se revela, de manera complementaria, tanto todo el arraigo agustiniano de Le\u00f3n XIV (con la referencia a la \u00abCiudad de Dios\u00bb) como su cristocentrismo, que se\u00f1ala a la persona de Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado para los cat\u00f3licos, como el verdadero centro de la historia. <\/p>\n\n\n\n

2. Cimentados en Cristo, la piedra viva, experimentamos la acci\u00f3n poderosa y misteriosa del Esp\u00edritu Santo, y creemos que todo esfuerzo humano aut\u00e9ntico por cooperar con \u00c9l en pro del bien ser\u00e1 bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza. Por este motivo, podemos contribuir con determinaci\u00f3n a todas aquellas iniciativas que construyen un mundo m\u00e1s justo, y podemos invitar a otros a colaborar con nosotros en la promoci\u00f3n del desarrollo integral de cada ser humano. Deseamos entrar en di\u00e1logo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> Queremos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien com\u00fan y la promoci\u00f3n de una vida digna para todos. Esta actitud de di\u00e1logo es parte integrante de la vocaci\u00f3n de la Iglesia, ya que ella, constituida \u00aben Cristo como un sacramento, [\u2026] de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb, <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> reconoce en la historia el lugar donde el Evangelio interpela y acompa\u00f1a la experiencia humana.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Aqu\u00ed surge el tema conciliar y posconciliar de la Iglesia \u00abexperta en humanidad\u00bb (Pablo VI), al servicio del desarrollo integral de la persona humana, tema en el que el papa Francisco ha insistido mucho a lo largo de su pontificado. Se cita ampliamente el Concilio Vaticano II como la principal br\u00fajula magisterial de los papas recientes.<\/p>\n\n\n\n

3. Con este esp\u00edritu, en 1891 Le\u00f3n XIII public\u00f3 la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>, cuyo 135\u00b0 aniversario celebramos este a\u00f1o con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido Predecesor impuls\u00f3 aquella reflexi\u00f3n sobre la sociedad, la econom\u00eda y la pol\u00edtica que hoy llamamos \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d. Y cuando algunos objetaban que la Iglesia no deb\u00eda desperdiciar energ\u00edas en cuestiones mundanas, sino preocuparse por comunicar un mensaje de vida eterna, \u00e9l respond\u00eda con realismo y sabidur\u00eda que el anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> Han pasado muchas d\u00e9cadas desde entonces, y el Magisterio, los pastores, los te\u00f3logos y los fieles han seguido reflexionando sobre las cuestiones sociales a la luz del Evangelio. Hoy, la Doctrina social de la Iglesia es un patrimonio de sabidur\u00eda, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar. Se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n y, en di\u00e1logo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desaf\u00edos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano l\u00edmpido, con alegr\u00eda y al servicio del mundo. No es un conjunto est\u00e1tico de conceptos, sino un corpus vivo de verdades, que custodia e interpreta la vocaci\u00f3n de la humanidad a una vida plena y justa. A esta tradici\u00f3n viva deseo, por tanto, sumar mi voz, invocando la asistencia del Esp\u00edritu de sabidur\u00eda, que habita en el mundo desde su creaci\u00f3n (cf. Pr<\/em> 8,22-31).<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Como muchos comentaristas hab\u00edan percibido acertadamente, Le\u00f3n XIV sigue los pasos de su predecesor Le\u00f3n XIII (papa de 1878 a 1903), \u00abel inventor\u00bb, con la enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>, de la doctrina social de la Iglesia, aqu\u00ed vinculada al concepto central de \u00abtradici\u00f3n viva\u00bb para expresar que esta doctrina no es est\u00e1tica, sino que se enriquece a medida que debe tener en cuenta nuevas realidades sociales.<\/p>\n\n\n\n

Las res novae<\/em> de nuestro tiempo<\/h3>\n\n\n\n

4. Si en su momento Le\u00f3n XIII hablaba de \u201cnuevos asuntos\u201d ( rerum novarum<\/em>), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas ense\u00f1anzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabidur\u00eda para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la t\u00e9cnica. En los \u00faltimos a\u00f1os se ha hecho cada vez m\u00e1s evidente cu\u00e1n r\u00e1pida y profundamente la digitalizaci\u00f3n, la inteligencia artificial (IA) y la rob\u00f3tica est\u00e1n transformando nuestro mundo. La t\u00e9cnica no debe considerarse, en s\u00ed misma, como una fuerza antag\u00f3nica respecto a la persona; por el contrario, est\u00e1 arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es \u00abun hecho profundamente humano, vinculado a la autonom\u00eda y libertad del hombre\u00bb. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnol\u00f3gico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso tambi\u00e9n ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar da\u00f1o cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situaci\u00f3n nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnolog\u00edas emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: \u00abNunca la humanidad tuvo tanto poder sobre s\u00ed misma\u00bb. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> Las nuevas tecnolog\u00edas abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, a\u00fan no podemos prever por completo. Esto hace que sea m\u00e1s complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En este p\u00e1rrafo clave, Le\u00f3n XIV considera que las cuestiones relacionadas con lo digital (sobre las que la Iglesia ya se hab\u00eda pronunciado), la rob\u00f3tica y la IA est\u00e1n interrelacionadas; sin embargo, se\u00f1ala que estas tecnolog\u00edas conllevan una forma de imprevisibilidad e indecidibilidad intr\u00ednsecas, que sit\u00faan a la humanidad en una situaci\u00f3n sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n

5. Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnol\u00f3gico. Pero la cuesti\u00f3n no se limita a la regulaci\u00f3n. Como advert\u00eda el papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo qui\u00e9n detenta hoy ese poder y hacia qu\u00e9 fines lo orienta: \u00abNo podemos ignorar que la energ\u00eda nuclear, la biotecnolog\u00eda, la inform\u00e1tica, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido [\u2026] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder econ\u00f3mico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero\u00bb. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovaci\u00f3n. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acci\u00f3n superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnol\u00f3gico adquiere as\u00ed un rostro in\u00e9dito, predominantemente \u201cprivado\u201d, y por ello a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Esta vez, la pregunta se dirige a los \u00abse\u00f1ores de la tecnolog\u00eda\u00bb y a los oligopolios que se han formado y que han dado lugar a concentraciones de poder sin precedentes; en este sentido, Le\u00f3n XIV retoma de su predecesor la cr\u00edtica a los poderes industriales: \u00bfqui\u00e9n, hoy en d\u00eda, controla, da forma e impulsa los modelos de IA?<\/p>\n\n\n\n

6. Por esta raz\u00f3n es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las ra\u00edces espirituales y culturales de las transformaciones que se est\u00e1n produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesi\u00f3n de emergencias decida por nosotros la direcci\u00f3n del camino. Estamos viviendo una r\u00e1pida fase de transici\u00f3n, un \u201ccambio de \u00e9poca\u201d en el que \u2014mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnolog\u00edas y otros se dedican a reflexionar sobre ellas\u2014 la mayor\u00eda de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: \u00bfHacia d\u00f3nde vamos? \u00bfHacia qu\u00e9 meta deseamos orientarnos? \u00bfQu\u00e9 direcci\u00f3n elegir como comunidad humana y como pueblos?<\/p>\n\n\n\n

Sophie de Ravinel<\/span>Procedente de Estados Unidos \u2014un origen que, hace un a\u00f1o, lo habr\u00eda dejado fuera de las predicciones sobre el c\u00f3nclave\u2014, discreto e introvertido, Le\u00f3n XIV revela un temperamento firme con esta primera enc\u00edclica. Desde su viaje a \u00c1frica, en abril, Le\u00f3n XIV hab\u00eda dejado claro que no apartar\u00eda la mirada de los problemas, ya se tratara de la corrupci\u00f3n o de las provocaciones de la administraci\u00f3n de Trump. Este l\u00edder moral, adaptado a la historia de hoy por su origen y su trayectoria misionera por todo el mundo, tiene la intenci\u00f3n evidente de ejercer su influencia, que no es meramente simb\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n

Dos im\u00e1genes b\u00edblicas<\/h4>\n\n\n\n

7. Para responder a estas preguntas y discernir c\u00f3mo vivir con responsabilidad en la era de la IA, me gustar\u00eda evocar dos im\u00e1genes b\u00edblicas: la construcci\u00f3n de la torre de Babel (cf. Gn<\/em> 11,1-9) y la reconstrucci\u00f3n de los muros de Jerusal\u00e9n (cf. Ne<\/em> 2-6). En el libro del G\u00e9nesis, el relato de Babel se sit\u00faa en los or\u00edgenes de la humanidad, inmediatamente despu\u00e9s de las genealog\u00edas de los hijos de No\u00e9. Los seres humanos, habi\u00e9ndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre \u00abcuya c\u00faspide llegue hasta el cielo\u00bb (Gn<\/em> 11,4). Quieren as\u00ed asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo \u201cperpetuarse un nombre\u201d, temiendo ser dispersados por la tierra. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnolog\u00eda, una sola direcci\u00f3n. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo enga\u00f1o: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comuni\u00f3n, elige la homogeneizaci\u00f3n. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensi\u00f3n de bastarse a s\u00ed misma, la comunicaci\u00f3n se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersi\u00f3n. Babel revela as\u00ed el l\u00edmite de toda construcci\u00f3n que, por grandiosa que sea, surge de la absolutizaci\u00f3n de lo humano y de su pretensi\u00f3n de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendici\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Pasaje crucial en el que se evocan dos figuras b\u00edblicas que la tradici\u00f3n patr\u00edstica y exeg\u00e9tica ha identificado desde hace mucho tiempo como met\u00e1foras de las sociedades humanas, una negativa y la otra positiva. El episodio de la torre de Babel es bien conocido: a menudo se utiliza para criticar la falsa unidad y la arrogancia de los hombres que quieren elevarse hasta el Cielo sin Dios, a costa de la confusi\u00f3n y la discordia; el episodio que se presenta como un espejo de Babel, en el Nuevo Testamento, es el de Pentecost\u00e9s, donde la Iglesia, a trav\u00e9s de la venida del Esp\u00edritu sobre los ap\u00f3stoles, que les comunica el don de lenguas, se presenta como el sacramento de la verdadera unidad en la diversidad de las sociedades humanas, fundada esta vez en Dios. Pero aqu\u00ed, Le\u00f3n XIV ha optado por comentar m\u00e1s bien otro pasaje del Antiguo Testamento, menos conocido.<\/p>\n\n\n\n

8. El libro de Nehem\u00edas, a su vez, comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babil\u00f3nico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusal\u00e9n, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas (cf. Ne<\/em> 1-2). Nehem\u00edas, un jud\u00edo al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado de la ciudad de sus padres. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo; luego pide permiso al rey para regresar a Jerusal\u00e9n y, una vez all\u00ed, examina en silencio los lugares destruidos. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, conf\u00eda a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra c\u00f3mo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a trav\u00e9s de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y j\u00f3venes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los v\u00ednculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusal\u00e9n recupera as\u00ed un lenguaje com\u00fan, no el de la uniformidad, sino el de la comuni\u00f3n: la armon\u00eda que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El Libro de Nehem\u00edas no es el m\u00e1s famoso de los libros del Antiguo Testamento cristiano (o del Tanaj jud\u00edo); es el complemento del libro de Esdras: ambos narran el regreso de los jud\u00edos del exilio a la Tierra Prometida tras la deportaci\u00f3n a Babilonia (587 a. C.), a partir del a\u00f1o 459 a. C. Estos libros relatan la esperanza renovada de los pioneros, pero tambi\u00e9n unos comienzos modestos. La llegada de Nehem\u00edas a Jerusal\u00e9n se sit\u00faa en el a\u00f1o 445 a. C.; la Jerusal\u00e9n que hay que reconstruir es una figura de la Iglesia, pero tambi\u00e9n de la Jerusal\u00e9n celestial evocada en el Apocalipsis de Juan, que representa esta vez el reino de Dios consumado al final de los tiempos, donde sus murallas son de oro y piedras preciosas. El simbolismo de las murallas de Jerusal\u00e9n ha sido ampliamente comentado por Agust\u00edn en La ciudad de Dios. <\/p>\n\n\n\n

9. A la luz de estas dos im\u00e1genes, el Esp\u00edritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relaci\u00f3n con la tecnolog\u00eda y con la revoluci\u00f3n digital en curso. Los descubrimientos cient\u00edficos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar (cf. Mt<\/em> 25,14-30). La tecnolog\u00eda puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa com\u00fan; pero tambi\u00e9n puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en s\u00ed misma, no es una soluci\u00f3n a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en s\u00ed; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por eso, la primera elecci\u00f3n no es entre un \u201cs\u00ed\u201d o un \u201cno\u201d a la tecnolog\u00eda, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusal\u00e9n: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> La imagen de la \u00abCasa com\u00fan\u00bb para referirse a la Tierra y al futuro compartido de la humanidad se ha impuesto desde la enc\u00edclica Laudato Si\u2019<\/em> (2015) del papa Francisco; a trav\u00e9s de la par\u00e1bola de los talentos que hay que hacer fructificar, el papa esboza las oportunidades que ofrece la IA. La elecci\u00f3n moral que hay que hacer no es entre la aceptaci\u00f3n o el rechazo de la IA, sino en el discernimiento de sus buenos o malos usos. Al mismo tiempo, en una aparente contradicci\u00f3n, retoma la cr\u00edtica a la no neutralidad de la t\u00e9cnica, bien puesta de manifiesto en el siglo pasado por diferentes pensadores, desde Hans Jonas y G\u00fcnther Anders hasta Jacques Ellul.<\/p>\n\n\n\n

10. Evitemos, por tanto, el \u201cs\u00edndrome de Babel\u201d: la idolatr\u00eda del lucro que sacrifica a los d\u00e9biles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensi\u00f3n de un lenguaje \u00fanico \u2014incluso digital\u2014 capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanizaci\u00f3n \u2014construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio\u2014, una tentaci\u00f3n antigua y siempre nueva, que hoy tambi\u00e9n toma un rostro t\u00e9cnico. Elijamos, en cambio, el \u201ccamino de Nehem\u00edas\u201d, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron. Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersi\u00f3n de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del di\u00e1logo el terreno com\u00fan en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acci\u00f3n hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la pr\u00e1ctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos s\u00f3lidos y su fin \u00faltimo. En el Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusal\u00e9n \u00abque descend\u00eda del cielo y ven\u00eda de Dios\u00bb (Ap<\/em> 21,2) como un regalo para toda la humanidad. Y esta visi\u00f3n de gracia es para nosotros, los cristianos, una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida com\u00fan pac\u00edfica, justa y digna en las \u201cciudades\u201d de hoy.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> La enc\u00edclica establece, por lo tanto, una oposici\u00f3n entre un \u00abs\u00edndrome de Babel\u00bb que hay que conjurar y un \u00abcamino de Nehem\u00edas\u00bb que hay que seguir. Si bien las cr\u00edticas a la \u00abidolatr\u00eda del lucro\u00bb y a la \u00abuniformidad que borra las diferencias\u00bb no difieren mucho de las que Francisco dirig\u00eda a la sociedad mercantil en su conjunto, se perfila un nuevo peligro con la \u00abpretensi\u00f3n de un lenguaje \u00fanico\u00bb que traducir\u00eda en \u00abdatos\u00bb el \u00abmisterio de la persona\u00bb: en resumen, un nuevo reduccionismo que se expresar\u00eda a trav\u00e9s de la codificaci\u00f3n del fen\u00f3meno humano, cuya conversi\u00f3n en datos supuestamente conducir\u00eda a su absoluta previsibilidad.<\/p>\n\n\n\n

Edificar en el bien<\/h4>\n\n\n\n

11. Edificar una ciudad centrada en el bien com\u00fan exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relaci\u00f3n con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida \u00aben abundancia\u00bb ( Jn<\/em> 10,10) y a la comuni\u00f3n con \u00c9l. Junto con san Agust\u00edn, tambi\u00e9n nosotros podemos decir: \u00abPorque nos has hecho para ti y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> En efecto, Dios ha inscrito en nuestro coraz\u00f3n un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida; y la Iglesia, en el di\u00e1logo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, siente la urgencia de custodiar y orientar esa aspiraci\u00f3n hacia su verdad m\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n

12. En segundo lugar, edificar en el bien significa aceptar los l\u00edmites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. Hoy en d\u00eda, el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas enga\u00f1osas: la ilusi\u00f3n de una tecnolog\u00eda que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que \u201cdejan atr\u00e1s\u201d a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. As\u00ed, mientras algunos persiguen la quimera de una autoafirmaci\u00f3n ilimitada, muchos carecen de lo necesario. La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realizaci\u00f3n no nace de la eliminaci\u00f3n de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: all\u00ed donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado rec\u00edproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Ante este peligro, Le\u00f3n XIV plantea dos respuestas, arraigadas en la espiritualidad cat\u00f3lica: siguiendo a Agust\u00edn (las palabras citadas se encuentran entre las m\u00e1s famosas de las Confesiones), un ethos relacional con Dios y con el otro, donde encontrar a Dios es, en el fondo, encontrarse a uno mismo, saber qu\u00e9 constituye nuestro yo \u00edntimo donde, por decirlo como Agust\u00edn, \u00abm\u00e1s \u00edntimo para m\u00ed que yo mismo\u00bb. En la antropolog\u00eda cristiana agustiniana, este ethos relacional est\u00e1 vinculado al deseo de felicidad y verdad constitutivo del hombre, deseo que solo encuentra su plena satisfacci\u00f3n en Dios; otra respuesta es la idea de que la fragilidad es en s\u00ed misma constitutiva de la experiencia humana y que, por consiguiente, pretender poder suprimirla es enga\u00f1arse sobre lo que es el hombre mismo. El fil\u00f3sofo franc\u00e9s Jean-Louis Chr\u00e9tien (1952-2019) record\u00f3, en particular, la gran importancia del concepto de fragilidad en Agust\u00edn y sus implicaciones morales.<\/p>\n\n\n\n

13. En tercer lugar, edificar un mundo en el que todos puedan \u201cflorecer\u201d exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por s\u00ed sola, basta para sostener el peso de los desaf\u00edos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan d\u00e9bil como para no poder ofrecer su contribuci\u00f3n: \u00abMi poder triunfa en la debilidad\u00bb (2 Co<\/em> 12,9). A cada uno corresponde su tramo de muralla: cient\u00edficos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe. Esta es la l\u00f3gica de la subsidiariedad, que valora la cooperaci\u00f3n entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz. Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energ\u00edas creativas cuando est\u00e1n orientadas por una responsabilidad compartida. <\/em><\/p>\n\n\n\n

14. Por \u00faltimo, edificar en el bien requiere un lenguaje evang\u00e9lico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos est\u00e9riles. M\u00e1s bien, indiquemos criterios de discernimiento \u2014la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opci\u00f3n por los pobres, el cuidado de la Casa com\u00fan, la paz\u2014 y traduzc\u00e1moslos en pr\u00e1cticas: planificaci\u00f3n responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusi\u00f3n de los m\u00e1s fr\u00e1giles, alfabetizaci\u00f3n digital, investigaci\u00f3n e industria orientadas a la justicia y la paz.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Estos dos \u00faltimos p\u00e1rrafos tienen un car\u00e1cter m\u00e1s pol\u00edtico, con la referencia a varios conceptos clave de la doctrina social de la Iglesia: la corresponsabilidad y la subsidiariedad, la dignidad inalterable de la persona humana, la destinaci\u00f3n universal de los bienes como l\u00edmite moral al derecho de propiedad, la opci\u00f3n preferencial por los pobres, etc., que luego se traducen en acciones concretas. La referencia a la cooperaci\u00f3n y al esp\u00edritu pionero recuerda en cierta medida el entusiasmo de los textos magisteriales de la d\u00e9cada de 1960.<\/p>\n\n\n\n

Permanecer siendo humanos<\/h4>\n\n\n\n

15. En el reciente Jubileo ordinario del 2025, hemos caminado como peregrinos de la esperanza y hemos sido colmados de gracias. Fortalecidos por estos dones, podemos avanzar con \u00e1nimo confiado ante las arduas tareas y los exigentes desaf\u00edos que se perfilan en nuestro futuro. En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanizaci\u00f3n, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magn\u00edfica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna m\u00e1quina podr\u00e1 jam\u00e1s sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un coraz\u00f3n abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une m\u00e1s que lo que separa.<\/p>\n\n\n\n

16. A todos los fieles cat\u00f3licos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehem\u00edas, oremos, proyectemos con sabidur\u00eda, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas \u2014los pobres, los enfermos, los migrantes, los peque\u00f1os\u2014 se convertir\u00e1n en piedras angulares, y sobre la tierra surgir\u00e1 un hogar com\u00fan s\u00f3lido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrar\u00e1n, y la justicia y la paz se besar\u00e1n (cf. Sal<\/em> 85,11). Esta es la bendici\u00f3n que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comuni\u00f3n, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no due\u00f1os de torres destinadas a derrumbarse. Y, con \u00e1nimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcci\u00f3n de la en\u00e9sima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez m\u00e1s, en el coraz\u00f3n del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El llamado pastoral a \u00abno ensuciarse las manos\u00bb tiene un tono muy bergogliano; la conclusi\u00f3n de la introducci\u00f3n tiene un car\u00e1cter exhortativo muy marcado, tras haber expuesto los grandes temas y esbozado las opciones morales existentes. La introducci\u00f3n de una enc\u00edclica est\u00e1 concebida, en efecto, como una unidad aut\u00f3noma, que puede leerse por separado, a modo de compendio de los cap\u00edtulos que siguen y de resumen de las soluciones propuestas.<\/p>\n\n\n\n

Cap\u00edtulo primero
UN PENSAMIENTO DIN\u00c1MICO FIEL EL EVANGELIO<\/h2>\n\n\n\n

17. Dans ce premier chapitre, j\u2019entends retracer, de mani\u00e8re synth\u00e9tique, le cheminement par lequel la Doctrine sociale de l\u2019\u00c9glise a pris forme dans le magist\u00e8re r\u00e9cent des Papes et du Concile Vatican II, afin de mettre en lumi\u00e8re son caract\u00e8re dynamique. \u00c0 chaque \u00e9poque, en effet, les res novae<\/em> invitent cet enseignement \u00e0 se confronter aux questions de l\u2019histoire \u00e0 la lumi\u00e8re de la V\u00e9rit\u00e9 r\u00e9v\u00e9l\u00e9e. C\u2019est pourquoi l\u2019intelligence artificielle doit \u00eatre comprise non pas comme un th\u00e8me annexe, ni comme une urgence \u00e0 g\u00e9rer, mais comme une transformation qui interpelle de l\u2019int\u00e9rieur les cat\u00e9gories de la Doctrine sociale et en r\u00e9clame un d\u00e9veloppement suppl\u00e9mentaire dans la fid\u00e9lit\u00e9 \u00e0 l\u2019\u00c9vangile.<\/p>\n\n\n\n

18. Dans ce premier chapitre, j\u2019entends retracer, de mani\u00e8re synth\u00e9tique, le cheminement par lequel la Doctrine sociale de l\u2019\u00c9glise a pris forme dans le magist\u00e8re r\u00e9cent des Papes et du Concile Vatican II, afin de mettre en lumi\u00e8re son caract\u00e8re dynamique. \u00c0 chaque \u00e9poque, en effet, les res novae<\/em> invitent cet enseignement \u00e0 se confronter aux questions de l\u2019histoire \u00e0 la lumi\u00e8re de la V\u00e9rit\u00e9 r\u00e9v\u00e9l\u00e9e. C\u2019est pourquoi l\u2019intelligence artificielle doit \u00eatre comprise non pas comme un th\u00e8me annexe, ni comme une urgence \u00e0 g\u00e9rer, mais comme une transformation qui interpelle de l\u2019int\u00e9rieur les cat\u00e9gories de la Doctrine sociale et en r\u00e9clame un d\u00e9veloppement suppl\u00e9mentaire dans la fid\u00e9lit\u00e9 \u00e0 l\u2019\u00c9vangile.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Este primer cap\u00edtulo pretende ser una exposici\u00f3n y una aclaraci\u00f3n doctrinal sobre la doctrina social de la Iglesia; a trav\u00e9s de sus numerosas referencias b\u00edblicas, patr\u00edsticas y magisteriales, una enc\u00edclica recuerda que esta sigue arraigada en la doctrina de los pontificados anteriores: la continuidad es la base del concepto cat\u00f3lico de tradici\u00f3n. La imagen de una Iglesia que \u00abcamina con la humanidad\u00bb retoma tambi\u00e9n una expresi\u00f3n muy querida por el papa Francisco.<\/p>\n\n\n\n

Una Iglesia en camino en la historia de la humanidad<\/h3>\n\n\n\n

19. La Iglesia, presente en el mundo como signo de unidad para toda la familia humana, reconoce en los interrogantes y los desaf\u00edos de la \u00e9poca actual el \u00e1mbito en el cual ejercer su vocaci\u00f3n a la escucha, al di\u00e1logo y al servicio, dej\u00e1ndose interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy. Este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez m\u00e1s que su misi\u00f3n tiene un alcance hist\u00f3rico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales. Por ello no puede considerarse ajena a las din\u00e1micas que configuran el rostro de la sociedad. M\u00e1s bien, participa con compromiso en los caminos a trav\u00e9s de los cuales la sociedad misma crece y se organiza, y ofrece su contribuci\u00f3n al logro de una convivencia m\u00e1s justa y fraterna. El papa Francisco recordaba con fuerza esta dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la misi\u00f3n eclesial, se\u00f1alando que \u00abnadie puede exigirnos que releguemos la religi\u00f3n a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos\u00bb. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

20. La llamada y el compromiso de caminar con la humanidad en lo concreto de la historia llevan a la Iglesia a reconocer que las realidades terrenas poseen una consistencia y un orden propio. El Concilio Vaticano II expres\u00f3 con especial precisi\u00f3n este principio en la Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes<\/em>, cuyo 60\u00b0 aniversario celebramos con grato recuerdo el pasado 7 de diciembre de 2025: \u00abSi por autonom\u00eda de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, [\u2026] es absolutamente leg\u00edtima esta exigencia de autonom\u00eda\u00bb. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> Este \u00e9nfasis pone de manifiesto que la creaci\u00f3n lleva impresa una bondad originaria que la mirada humana debe custodiar, cultivar y hacer madurar. En este horizonte, la Iglesia se ofrece como una presencia que ayuda a leer en profundidad la realidad, sosteniendo con humilde firmeza aquellas decisiones que promueven la dignidad de cada persona, la cohesi\u00f3n de las comunidades y el bien de todos. As\u00ed, se sit\u00faa a la par del mundo sin imponerse sobre \u00e9l, para que en cada acontecimiento humano pueda germinar la promesa de justicia y paz que el Esp\u00edritu Santo sigue suscitando en el coraz\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n

21. Al reconocer que Dios acompa\u00f1a la libertad de los seres humanos en el desarrollo de la historia, el Concilio Vaticano II afirmaba la distinci\u00f3n entre comunidad eclesial y comunidad pol\u00edtica, subrayando que cada una de ellas debe actuar con la m\u00e1s plena autonom\u00eda. La presencia de la Iglesia en el mundo se expresa as\u00ed tambi\u00e9n en su relaci\u00f3n con la sociedad civil y con las instituciones p\u00fablicas. Al dialogar con ellas, la Iglesia reconoce el valor de las realidades sociales y pol\u00edticas y respeta su propia responsabilidad, apoyando todo lo que protege la vida de las personas y fortalece los cimientos del tejido social. No pretende asumir las funciones que competen al Estado; por el contrario, valora su servicio al bien com\u00fan y reconoce con convicci\u00f3n la responsabilidad que las instituciones civiles ejercen en la sociedad. Al mismo tiempo, la misi\u00f3n que se le ha confiado la lleva a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercan\u00eda no nace de la intenci\u00f3n de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una cr\u00edtica impl\u00edcita a su labor, sino de la caridad evang\u00e9lica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreci\u00f3n y cercan\u00eda, consciente de que lo que surge de una necesidad inmediata no puede convertirse en norma, ni sustituir las responsabilidades institucionales propias de la comunidad civil.<\/p>\n\n\n\n

22. A partir de este doble reconocimiento \u2014la autonom\u00eda de las realidades terrenas y la distinci\u00f3n de competencias entre la comunidad eclesial y la pol\u00edtica\u2014 se comprende mejor la orientaci\u00f3n que el Concilio Vaticano II ha dado a la Iglesia en su relaci\u00f3n con el mundo. Gaudium et spes<\/em> recuerda que \u00abes propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb. <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> Escuchar los \u201cdiferentes lenguajes\u201d no es una mera atenci\u00f3n sociol\u00f3gica, sino que implica un discernimiento espiritual en el que, con la ayuda del Esp\u00edritu, el Pueblo de Dios reconoce en las transformaciones culturales y sociales tanto los signos de la presencia de Cristo, que viene y gu\u00eda la historia hacia su plenitud, como aquellas desviaciones que oscurecen su rostro. As\u00ed, la Verdad revelada no se modifica en su n\u00facleo esencial, sino que se explicita y se asume como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversi\u00f3n personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evang\u00e9lico en la vida p\u00fablica. La historia es, por tanto, uno de los lugares en los que la Iglesia se deja instruir por el Esp\u00edritu sobre el alcance humanizador del Evangelio y aprende a adaptar su ense\u00f1anza al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En los p\u00e1rrafos anteriores, Le\u00f3n XIV, bas\u00e1ndose en el Concilio Vaticano II, recuerda por qu\u00e9 motivos la Iglesia, \u00abexperta en humanidad\u00bb (Pablo VI), se ve llamada a pronunciarse sobre realidades sociales que no entran intr\u00ednsecamente dentro de su finalidad propia; reconoce la necesaria autonom\u00eda de las sociedades humanas en el orden pol\u00edtico, distinci\u00f3n recordada en el Concilio Vaticano II (la tarea de la Iglesia no es, por tanto, imponer el cristianismo), pero tambi\u00e9n que la Iglesia no puede desinteresarse totalmente del orden secular, en la medida en que este afecta necesariamente a su misi\u00f3n espiritual.<\/p>\n\n\n\n

La sabidur\u00eda de la Palabra y el di\u00e7alogo con las ciencias humanas<\/h4>\n\n\n\n

23. La Iglesia considera compa\u00f1eros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente \u00abla verdad, la bondad y la belleza\u00bb, consider\u00e1ndolos \u00abpreciosos aliados\u00bb <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span> en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creaci\u00f3n. Asumiendo el estilo pastoral del Concilio Vaticano II, que invita a escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos, la Iglesia, iluminada por la sabidur\u00eda de la Palabra, no teme el encuentro con el saber humano. La Palabra de Dios ofrece criterios fiables para orientar los caminos de la justicia y abrir v\u00edas de reconciliaci\u00f3n y paz entre los seres humanos. Cuando se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro tiempo, resulta esencial la contribuci\u00f3n de la filosof\u00eda y de las ciencias humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar m\u00e1s a fondo las din\u00e1micas culturales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas. San Juan Pablo II recordaba que la Iglesia acoge la aportaci\u00f3n de las ciencias sociales \u00abpara sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempe\u00f1ar su misi\u00f3n de Magisterio\u00bb. <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> El di\u00e1logo con esos conocimientos no resta fuerza al Evangelio; al contrario, permite identificar con mayor claridad lo que realmente promueve la vida de las personas y las comunidades. El papa Francisco, en consonancia con esta perspectiva, subrayaba que, en muchas cuestiones espec\u00edficas, la Iglesia no pretende ofrecer \u00abuna palabra definitiva\u00bb, <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> pero reconoce la importancia de prestar atenci\u00f3n a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y de fomentar un di\u00e1logo serio y leal entre los acad\u00e9micos, aceptando la diversidad de opiniones.<\/p>\n\n\n\n

24. Alimentada por este di\u00e1logo fecundo entre el Evangelio y los conocimientos humanos, la Iglesia ha profundizado progresivamente en su Doctrina social, madurando con el tiempo un patrimonio de sabidur\u00eda dotado de una coherencia teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica arraigada en la visi\u00f3n cristiana de la persona. Precisamente porque nace de la fe y de su comprensi\u00f3n de la realidad, este patrimonio no se traduce en un repertorio de soluciones t\u00e9cnicas ni en un modelo econ\u00f3mico o pol\u00edtico que se oponga a otros: tiene una categor\u00eda propia,  <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>la de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos y sustentan una interpretaci\u00f3n evang\u00e9lica de los procesos hist\u00f3ricos y de las decisiones que estos implican. De ah\u00ed surge la funci\u00f3n propia de la Doctrina social, que no pretende sustituir las responsabilidades de la pol\u00edtica y de las instituciones, sino que se ofrece como apoyo al discernimiento com\u00fan, ayudando a reconocer y promover lo que contribuye a la dignidad de las personas, a la vitalidad de las comunidades y al bien de todos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>  Especialmente en el \u00e1mbito de la doctrina social de la Iglesia, el Magisterio pontificio interpreta sus propias posiciones como herramientas de ayuda al discernimiento, que a su vez recurren a la ayuda de las ciencias sociales. Adem\u00e1s de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, creada por Juan Pablo II en 1994, cabe mencionar las recientes Cartas pastorales de Francisco sobre la literatura y el estudio de la historia (2024), que han tenido una gran repercusi\u00f3n, incluso m\u00e1s all\u00e1 de los \u00e1mbitos confesionales.<\/p>\n\n\n\n

La Doctrina social como discernimiento comunitario<\/h4>\n\n\n\n

25. La comprensi\u00f3n de la verdad como un don que hay que compartir y no como una posesi\u00f3n que hay que reclamar, libera a la Iglesia de la tentaci\u00f3n de a\u00f1orar formas de presencia basadas en el poder. San Juan Pablo II invitaba a mirar con sinceridad hacia aquellos tiempos en los que se cedi\u00f3 a \u00abm\u00e9todos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad\u00bb, <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span> para reencontrar el camino evang\u00e9lico del anuncio apacible y de la verdad que no se impone. En la misma l\u00ednea, he reiterado que la Iglesia \u00abno quiere levantar la bandera de la posesi\u00f3n de la verdad\u00bb, <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir. Esta misma perspectiva la resumi\u00f3 el papa Francisco en sus famosas palabras, seg\u00fan las cuales \u00abel tiempo es superior al espacio\u00bb: lo importante no es, ante todo, ocupar puestos de poder o controlar bastiones culturales, sino iniciar procesos de bien y dejar que maduren; as\u00ed, la verdad del Evangelio no se impone desde lo alto, sino que crece con el tiempo, en el entretejido concreto de las vidas, las comunidades y las culturas. Es una verdad que no teme a la diversidad, sino que la acoge y la ordena; que no elimina los conflictos, sino que los transfigura; que recompone lo que la historia tiende a dispersar. De ah\u00ed tambi\u00e9n la imagen del poliedro, una figura de muchas caras donde se refleja, desde diferentes \u00e1ngulos, la misma verdad del Evangelio. <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

26. Esta actitud de apertura a la verdad, \u00fanica y a la vez multifac\u00e9tica, expresa en lo m\u00e1s profundo la catolicidad de la Iglesia, que abarca a toda la familia humana y, al mismo tiempo, vive inmersa en las condiciones concretas de los pueblos y las culturas. El Concilio Vaticano II recuerda que, precisamente en virtud de esta catolicidad, \u00abcada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia\u00bb, <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>y que, de este modo, tanto en su conjunto como en cada comunidad individual, crece gracias a un intercambio rec\u00edproco y a un esfuerzo mutuo hacia una comuni\u00f3n cada vez m\u00e1s plena. De ello se desprende que el Pueblo de Dios no s\u00f3lo est\u00e1 compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior est\u00e1 tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. En esta perspectiva, san Pablo VI reconoc\u00eda que, dada la gran variedad de situaciones hist\u00f3ricas, no es realista pensar que la Doctrina social pueda \u00abpronunciar una palabra \u00fanica\u00bb, <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> una respuesta exclusiva y v\u00e1lida para todos los contextos; por eso invitaba a cada comunidad cristiana a leer con lucidez y responsabilidad la realidad de su propio pa\u00eds. La tensi\u00f3n fecunda entre la universalidad de la misi\u00f3n y el arraigo local forma parte \u00edntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida.<\/p>\n\n\n\n

27. A la luz de lo dicho hasta ahora, la Doctrina social de la Iglesia se muestra en su faceta m\u00e1s aut\u00e9ntica: no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribuci\u00f3n de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Por eso, cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la pol\u00edtica no responde a los dramas de la humanidad, cuando la econom\u00eda se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los l\u00edmites de su m\u00e9todo, <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span> la Iglesia \u2014junto con las dem\u00e1s confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones\u2014 debe hacer o\u00edr su voz no para dominar, sino para servir a la comuni\u00f3n. Entendida as\u00ed, la Doctrina social se convierte en una teolog\u00eda de la comuni\u00f3n a; un lugar en el que la Palabra, hecha carne, sigue convirti\u00e9ndose en di\u00e1logo, memoria y profec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>En la l\u00ednea de las posturas adoptadas por los papas recientes, y en particular por Francisco, Le\u00f3n XIV recuerda que la Iglesia no es tanto una instituci\u00f3n dominante que pretenda imponer de manera uniforme una verdad extr\u00ednseca, sino una realidad profundamente inmersa en la diversidad de las sociedades humanas, en cuyo seno se propone ser un fermento de unidad: por lo tanto, debe estar atenta al di\u00e1logo y a los procesos graduales, en un enfoque casi dial\u00e9ctico del desvelamiento de la verdad.<\/p>\n\n\n\n

El desarrollo del Magisterio social desde Le\u00f3n XIII hasta hoy<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

28. Tras haber recordado la forma en que la Iglesia se sit\u00faa en la historia y entabla di\u00e1logo con el mundo, deseo ahora detenerme en el desarrollo de la Doctrina social en el Magisterio, que, desde el siglo XIX hasta nuestros d\u00edas, ha acompa\u00f1ado las grandes transformaciones sociales. Evidentemente, no podr\u00e9 dar cuenta de toda la riqueza de esta ense\u00f1anza, cuyos principios fundamentales se presentan en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/em> y se profundizan a\u00fan m\u00e1s en el Magisterio reciente. Tampoco podr\u00e9 retomar de manera sistem\u00e1tica lo que se ha elaborado en las Enc\u00edclicas de mis \u00faltimos venerados Predecesores, en particular en Laudato si\u2019<\/em> y en Fratelli tutti<\/em>. Sin embargo, quiero recordar algunas l\u00edneas esenciales, para mostrar que lo que escribo se coloca en continuidad con esta tradici\u00f3n y, al mismo tiempo, para destacar c\u00f3mo en ella el n\u00facleo estable de las verdades reveladas sobre la persona y la convivencia humana se entrelaza con una capacidad siempre renovada de escuchar las situaciones hist\u00f3ricas y de dejarse interpelar por las preguntas que surgen del presente. Recorrer\u00e9, por tanto, algunas etapas decisivas de este desarrollo, comenzando por la etapa inaugurada por la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>.<\/p>\n\n\n\n

Los primeros pasos de la Doctrina social de la Iglesia<\/h4>\n\n\n\n

29. Lo que hoy llamamos \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d no surge de improviso en la era contempor\u00e1nea, sino que recoge y organiza una larga tradici\u00f3n de reflexi\u00f3n eclesial sobre la vida social, que hunde sus ra\u00edces en la Sagrada Escritura, en los Padres de la Iglesia y en las elaboraciones teol\u00f3gicas y jur\u00eddicas de la Edad Media y la Edad Moderna. La expresi\u00f3n \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d fue empleada por primera vez por P\u00edo XII en 1950, <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> pero el contenido que encierra, entendido como un corpus org\u00e1nico de ense\u00f1anzas sociales, comenz\u00f3 a perfilarse con la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em> de Le\u00f3n XIII. Ante los \u201cnuevos asuntos\u201d de su tiempo \u2014el conflicto entre el capital y el trabajo, la cuesti\u00f3n obrera, las transformaciones econ\u00f3micas y sociales\u2014, Le\u00f3n XIII no se limit\u00f3 a constatar el malestar, sino que asumi\u00f3 esas situaciones como \u00e1mbito de la misi\u00f3n pastoral de la Iglesia, las someti\u00f3 a un discernimiento riguroso e ilumin\u00f3 sus causas y las posibles v\u00edas de salida a la luz del Evangelio y de una visi\u00f3n integral de la persona, creada a imagen de Dios. San Juan Pablo II vio en esta forma de proceder un \u00abparadigma permanente\u00bb <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> de la Doctrina social: una praxis ejemplar mediante la cual la Iglesia, ante t\u00f3ricas, ejerce su derecho y deber de examinar las realidades sociales, pronunciarse sobre ellas e indicar caminos hacia una soluci\u00f3n justa. De este modo, los contenidos perennes de la fe y de la antigua sabidur\u00eda eclesial se articulan en una doctrina viva que, permaneciendo fiel al Evangelio, crece en el di\u00e1logo con los \u201cnuevos asuntos\u201d de cada \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n

30. La Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em> de Le\u00f3n XIII constituye un hito en la evoluci\u00f3n del Magisterio social. El documento sit\u00faa en el centro de su reflexi\u00f3n la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un salario justo para uno mismo y para la propia familia, reconoce en las personas un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio, defiende la propiedad privada junto con su indispensable funci\u00f3n social, aprecia las asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboraci\u00f3n entre los diversos componentes de la sociedad como alternativa a la l\u00f3gica de la \u201clucha de clases\u201d. No sorprende, por tanto, que P\u00edo XI la haya definido como la \u00ab Magna Charta<\/em>\u00bb <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span> de la acci\u00f3n social de los cristianos: en Rerum novarum<\/em>, la sabidur\u00eda ancestral de la Iglesia sobre la persona y la vida en sociedad adquiere una nueva forma, capaz de enfrentarse a la era industrial y de ofrecer el primer gran marco sistem\u00e1tico de esa Doctrina social que las d\u00e9cadas siguientes desarrollar\u00edan a\u00fan m\u00e1s. Aunque muchas de las condiciones hist\u00f3ricas descritas por Le\u00f3n XIII han cambiado, al menos dos de sus principios siguen siendo de gran actualidad: la primac\u00eda del trabajo humano sobre cualquier l\u00f3gica puramente productiva o financiera, con la consiguiente atenci\u00f3n a las personas y a las familias m\u00e1s expuestas a la explotaci\u00f3n, y el v\u00ednculo indisoluble entre el anuncio evang\u00e9lico y la b\u00fasqueda de un orden social m\u00e1s justo. As\u00ed, Rerum novarum<\/em> sigue record\u00e1ndonos que no hay aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n que no toque tambi\u00e9n las estructuras de la convivencia humana.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0\u00a0En esta parte hist\u00f3rica, Le\u00f3n XIV repasa las principales etapas de la formaci\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia (DSI), y en primer lugar el origen de la expresi\u00f3n, empleada por primera vez por P\u00edo XII en 1950. Se detiene largamente en el acontecimiento fundacional que fue Rerum novarum<\/em> (1891), recordando que P\u00edo XI la consideraba como la Magna Carta de la DSI, en alusi\u00f3n al texto inaugural de la monarqu\u00eda parlamentaria limitada en Inglaterra (1215), a veces considerada como una forma de \u00abConstituci\u00f3n\u00bb de ese pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n

31. La Enc\u00edclica Quadragesimo anno<\/em> de P\u00edo XI, publicada en 1931 con motivo del 40\u00b0 aniversario de Rerum novarum<\/em> y en pleno apogeo de la gran crisis econ\u00f3mica mundial, da un paso m\u00e1s en el desarrollo del Magisterio social. No se limita a retomar la \u201ccuesti\u00f3n obrera\u201d, sino que ampl\u00eda su mirada a la configuraci\u00f3n general del orden econ\u00f3mico y pol\u00edtico. Denuncia la concentraci\u00f3n del poder econ\u00f3mico en manos de unos pocos; critica tanto la competencia sin l\u00edmites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas; recuerda con fuerza el derecho de asociaci\u00f3n de los trabajadores y reitera la exigencia de que el salario sea proporcional no s\u00f3lo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia. En este marco, formula de manera sistem\u00e1tica el principio de subsidiariedad, destinado a convertirse en uno de los referentes fijos de la Doctrina social, seg\u00fan el cual lo que puede ser realizado por las personas, las familias, los organismos intermedios y las comunidades locales no debe ser absorbido por instancias superiores. Junto a estas contribuciones, P\u00edo XI recuerda con claridad la funci\u00f3n social de la propiedad y, con diversas intervenciones de su Magisterio \u2014desde las Enc\u00edclicas Non abbiamo bisogno<\/em> y Mit brennender Sorge<\/em> hasta la Divini Redemptoris<\/em>\u2014, denuncia los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona, sofocan la vida social, exaltan al Estado por encima de su justo valor y adoptan la categor\u00eda discriminatoria de la raza. Para nuestra \u00e9poca siguen siendo particularmente actuales al menos tres intuiciones de su ense\u00f1anza social: la conciencia de que las injusticias no se refieren s\u00f3lo a los comportamientos individuales, sino tambi\u00e9n a las estructuras econ\u00f3micas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el v\u00ednculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneraci\u00f3n y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El pontificado de P\u00edo XI (1922-1939) representa, en efecto, una \u00e9poca de crecimiento sin precedentes de la Doctrina Social de la Iglesia; frente al materialismo conjunto del capitalismo liberal y el colectivismo, P\u00edo XI opone la doctrina de Cristo Rey (enc\u00edclica Quas primas<\/em>, 1925), y una visi\u00f3n corporativa y cooperativista de la Iglesia cat\u00f3lica, una verdadera contra-sociedad marcada por la idea de subsidiariedad, erigida tambi\u00e9n como una potencia fundamentalmente independiente de los Estados totalitarios, como lo recuerda Le\u00f3n XIV, con las sucesivas denuncias del fascismo de Mussolini (Non abbiamo bisogno<\/em>), del nazismo (Mit brennender Sorge<\/em>) y del comunismo ateo (Divini Redemptoris<\/em>).<\/p>\n\n\n\n

Pasquale Annicchino<\/span>El magisterio no se limita a sufrir pasivamente la transici\u00f3n digital; por el contrario, reivindica una competencia \u00e9tica y antropol\u00f3gica que le es propia, rechazando la supuesta neutralidad de los algoritmos y adoptando una postura cr\u00edtica. Pretende reconducir el desarrollo tecnol\u00f3gico dentro de los l\u00edmites del desarrollo humano en su conjunto. Rechaza tanto la satanizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica como su glorificaci\u00f3n. La Iglesia se presenta aqu\u00ed no como espectadora, sino como interlocutora que cuestiona los fines de los sistemas algor\u00edtmicos y no solo sus usos.<\/p>\n\n\n\n

32. En el contexto dram\u00e1tico de la Segunda Guerra Mundial y de los a\u00f1os de la reconstrucci\u00f3n, el Magisterio de P\u00edo XII ofrece una contribuci\u00f3n significativa al desarrollo de la Doctrina social, sobre todo a trav\u00e9s de los Mensajes radiof\u00f3nicos navide\u00f1os, en los que esboza las l\u00edneas generales de un orden internacional basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la justicia y la paz. En esas ocasiones, el papa propone un di\u00e1logo con la sociedad a partir de una exigente referencia al derecho natural, entendido como un conjunto de principios objetivos que preceden a los intereses de los individuos y de los estados y que deben regular la vida interna de las naciones y sus relaciones rec\u00edprocas. P\u00edo XII atribuye adem\u00e1s un papel decisivo a las asociaciones profesionales, a las uniones de trabajadores y a los diversos cuerpos intermedios de la vida econ\u00f3mica y social, reconociendo en estas formas organizadas de la sociedad un baluarte esencial para el equilibrio civil y para la tutela del bien com\u00fan. \u00c9l sostiene la necesidad de un estado de derecho s\u00f3lido para prevenir los abusos de poder y reconoce en la democracia un instrumento adecuado para favorecer el ejercicio correcto de la autoridad. Al mismo tiempo, advierte contra toda pretensi\u00f3n de fundar el derecho en el inter\u00e9s o en la fuerza, recordando que un orden internacional regulado por el beneficio de los m\u00e1s fuertes expone a los pueblos m\u00e1s d\u00e9biles a la opresi\u00f3n y socava de ra\u00edz la confianza entre las naciones. Por \u00faltimo, identifica en los profundos desequilibrios econ\u00f3micos entre los pa\u00edses uno de los factores que alimentan los conflictos. <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span>En nuestra \u00e9poca, marcada por nuevas formas de poder global y por desigualdades crecientes, siguen siendo especialmente significativos tres principios: la exigencia de que el derecho prevalezca sobre el inter\u00e9s, la conciencia de que las disparidades econ\u00f3micas son terreno f\u00e9rtil para las tensiones y la violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el individuo y el Estado. Estos siguen ofreciendo a la Doctrina social criterios importantes para interpretar las din\u00e1micas de la globalizaci\u00f3n y para promover un orden internacional m\u00e1s justo y pac\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>P\u00edo XII (papa de 1939 a 1958) se pronunci\u00f3, en efecto, sobre una gran cantidad de problemas sociales, combinando un anticomunismo firme con una cr\u00edtica a ciertas orientaciones socioecon\u00f3micas de las sociedades occidentales; al evocar sus advertencias contra una fuerza que se antepondr\u00eda al derecho, no se puede dejar de ver una alusi\u00f3n bastante clara al actual unilateralismo trumpista.<\/p>\n\n\n\n

Los a\u00f1os del Concilio Vaticano II<\/h4>\n\n\n\n

33. Con san Juan XXIII se abre una nueva etapa del Magisterio social, marcada por una atenci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita a la dimensi\u00f3n mundial de las cuestiones sociales y al lenguaje de los derechos. En Mater et magistra<\/em> presenta la fe cristiana como una luz capaz de unir el cielo y la tierra, recordando que la Iglesia, aunque tiene como misi\u00f3n principal la santificaci\u00f3n y el anuncio de los bienes eternos, no por ello descuida las necesidades concretas de la vida cotidiana de las personas, sino que se interesa por todo aut\u00e9ntico bien humano. <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> Partiendo de esta visi\u00f3n unitaria del ser humano, subraya que la vida social exige un equilibrio entre la iniciativa de los ciudadanos y de los grupos, llamados a autoorganizarse y colaborar, y la acci\u00f3n del Estado, que debe coordinar y sostener sin sofocar la libertad y la responsabilidad de los sujetos; por ello, presta atenci\u00f3n a la justa remuneraci\u00f3n del trabajo, a la participaci\u00f3n de los trabajadores y a las crecientes disparidades entre los pa\u00edses. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, con Pacem in terris<\/em>, dirigi\u00e9ndose por primera vez no s\u00f3lo a los fieles sino a todos los hombres de buena voluntad, san Juan XXIII vincula de manera org\u00e1nica la dignidad de la persona con el reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales y propone un orden de convivencia \u2014tambi\u00e9n en el plano internacional\u2014 fundado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. <\/span>27<\/sup><\/a><\/span><\/span> En nuestra \u00e9poca, marcada por conflictos generalizados y nuevas formas de interdependencia global, siguen siendo especialmente significativos el alcance universal de su llamamiento, la referencia a los derechos humanos como lengua com\u00fan y la convicci\u00f3n de que una paz duradera requiere instituciones y relaciones entre los pueblos inspiradas en la dignidad de cada persona.<\/p>\n\n\n\n

34. El Concilio Vaticano II marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en la forma en que la Iglesia se entiende a s\u00ed misma en el mundo contempor\u00e1neo. En la Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes<\/em> nos present\u00f3 la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones hist\u00f3ricas. El texto aborda las grandes cuestiones del matrimonio y la familia, de la vida econ\u00f3mica y social, de la comunidad pol\u00edtica, de la guerra y la paz, insistiendo en que las estructuras econ\u00f3micas e institucionales son justas s\u00f3lo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participaci\u00f3n responsable de todos. <\/span>28<\/sup><\/a><\/span><\/span> La importancia de este documento conciliar para la Doctrina social de la Iglesia radica no s\u00f3lo en haber abierto perspectivas de reflexi\u00f3n tem\u00e1tica, sino tambi\u00e9n en haber proporcionado un m\u00e9todo de discernimiento que invita a interpretar las transformaciones hist\u00f3ricas con una mirada evang\u00e9lica y competencia humana. Este estilo muestra que el di\u00e1logo con el mundo no es para la Iglesia una opci\u00f3n t\u00e1ctica, sino una forma concreta de su misi\u00f3n, porque el Evangelio, como levadura, puede transformar desde dentro las estructuras de la convivencia y abrir caminos hacia una mayor humanidad. En este horizonte se inscribe tambi\u00e9n la Declaraci\u00f3n Dignitatis humanae<\/em>, en la que el Concilio reconoce que la libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, que debe ser garantizado por el ordenamiento jur\u00eddico para que nadie sea obligado a actuar en contra de su conciencia ni impedido de buscar y profesar la verdad en privado y en p\u00fablico. <\/span>29<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Este principio, de gran relevancia para nuestro tiempo, sigue ofreciendo a la Doctrina social criterios decisivos para la protecci\u00f3n de la persona y para la construcci\u00f3n de sociedades pluralistas y pac\u00edficas.<\/p>\n\n\n\n

35. En el Pontificado de san Pablo VI surge una concepci\u00f3n de la paz que no se reduce a la ausencia de guerra, sino que se concreta en el camino hacia un desarrollo humano integral. En Populorum progressio<\/em>, describe el desarrollo como el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones m\u00e1s humanas y lo entiende como un proceso que ata\u00f1e a \u00abtodos los hombres y a todo el hombre\u00bb, <\/span>30<\/sup><\/a><\/span><\/span> es decir, a todas las dimensiones de la persona y a todos los pueblos, sin excepci\u00f3n. Sobre esta base, Pablo VI puede afirmar que un desarrollo as\u00ed concebido es, en realidad, \u00abel nuevo nombre de la paz\u00bb, <\/span>31<\/sup><\/a><\/span><\/span> porque tiene como objetivo eliminar las ra\u00edces de la injusticia y el conflicto y abrir espacios para una vida m\u00e1s digna para todos. Tambi\u00e9n la creaci\u00f3n de la Pontificia Comisi\u00f3n Iustitia et Pax<\/em> debe interpretarse en este sentido, como un intento de dar una forma estable, a nivel eclesial e internacional, a esta intuici\u00f3n, manteniendo viva la conciencia sobre la brecha creciente entre pa\u00edses ricos y pa\u00edses pobres y sobre la necesidad de pol\u00edticas que promuevan condiciones de vida realmente m\u00e1s humanas para todos.<\/p>\n\n\n\n

36.Con la Octogesima adveniens<\/em>, escrita con motivo del 80\u00b0 aniversario de la Rerum novarum<\/em>, Pablo VI traslada esta perspectiva a la sociedad postindustrial, marcada por transformaciones urbanas, nuevas formas de pobreza, cambios en el mundo laboral y r\u00e1pidos cambios culturales que ponen en tela de juicio el futuro de las personas y las comunidades. Para Pablo VI, el Evangelio, a pesar de haber sido anunciado, escrito y vivido en un contexto hist\u00f3rico-cultural muy diferente al nuestro, no se trata de un mensaje \u201csuperado\u201d, sino de una visi\u00f3n de la persona humana, de las relaciones, de la autoridad y del bien com\u00fan capaz de orientar tambi\u00e9n hoy las decisiones econ\u00f3micas, pol\u00edticas y culturales. <\/span>32<\/sup><\/a><\/span><\/span> En otras palabras, el Evangelio sigue siendo actual porque proporciona los criterios para reconocer lo que humaniza o deshumaniza, lo que libera u oprime, en situaciones siempre nuevas. Para la Doctrina social de la Iglesia, el legado m\u00e1s exigente de Pablo VI es precisamente este: mientras en el mundo haya pueblos excluidos de un desarrollo digno del ser humano, la comunidad cristiana no podr\u00e1 contentarse con proclamar la paz en abstracto, sino que deber\u00e1 dejar que el Evangelio juzgue, a partir de quienes quedan al margen, aquellas estructuras econ\u00f3micas y pol\u00edticas que, como recordar\u00eda Juan Pablo II, pueden convertirse en aut\u00e9nticas \u00abestructuras de pecado\u00bb, <\/span>33<\/sup><\/a><\/span><\/span> para que ninguna persona ni ning\u00fan pueblo sea tratado como prescindible en los procesos de desarrollo.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Los a\u00f1os del Concilio Vaticano II (1962-1965) y de la era posconciliar inmediata se caracterizan, en efecto, por nuevos giros en la Doctrina Social de la Iglesia, mediante los cuales la Iglesia adopta el lenguaje de los derechos humanos: la defensa de la libertad religiosa, antes condenada, y del pluralismo social en las sociedades democr\u00e1ticas, as\u00ed como la promoci\u00f3n del desarrollo humano integral. Estos giros se sintetizan, por ejemplo, en el discurso de Pablo VI ante la Asamblea General de la ONU en 1965.<\/p>\n\n\n\n

El Magisterio reciente<\/h4>\n\n\n\n

37. El fecundo Magisterio social de san Juan Pablo II se sit\u00faa en la encrucijada entre la crisis de los grandes sistemas ideol\u00f3gicos del siglo XX y el inicio de la globalizaci\u00f3n econ\u00f3mica. En la Enc\u00edclica Laborem exercens<\/em>, escrita noventa a\u00f1os despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de Rerum novarum<\/em>, se abre una nueva v\u00eda de reflexi\u00f3n sobre el trabajo. El salario justo se presenta en ella como una prueba concreta de la equidad de todo el sistema socioecon\u00f3mico, ya que muestra si al trabajador se le trata como persona o como un simple costo de producci\u00f3n. <\/span>34<\/sup><\/a><\/span><\/span> El trabajo no es considerado s\u00f3lo un problema que hay que gestionar o un medio para obtener ingresos, sino un bien fundamental para la persona, principio de la actividad econ\u00f3mica y clave de toda la cuesti\u00f3n social. En \u00e9l, el ser humano pone en juego su libertad, su creatividad y su capacidad de cooperar, contribuyendo a la elevaci\u00f3n cultural y moral de la sociedad. <\/span>35<\/sup><\/a><\/span><\/span> En vista de ello, las diversas formas de precariedad, la fragmentaci\u00f3n de las trayectorias profesionales y la automatizaci\u00f3n no pueden evaluarse \u00fanicamente en t\u00e9rminos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del trabajador, del derecho a una remuneraci\u00f3n suficiente y de la posibilidad efectiva de participar en la vida social.<\/p>\n\n\n\n

38. En el 20\u00ba aniversario de la Populorum progressio<\/em>, con la Enc\u00edclica Sollicitudo rei socialis<\/em>, Juan Pablo II vuelve a abordar la lacra del subdesarrollo y reconoce el fracaso de muchos intentos por reducir el retraso econ\u00f3mico de los pueblos pobres y acompa\u00f1ar su industrializaci\u00f3n, constatando la persistencia y, en ocasiones, la ampliaci\u00f3n de la brecha entre el Norte y el Sur del mundo. <\/span>36<\/sup><\/a><\/span><\/span> Denuncia, adem\u00e1s, los mecanismos econ\u00f3micos, financieros y comerciales que, gestionados por los pa\u00edses m\u00e1s fuertes, favorecen estructuralmente sus intereses y asfixian a las econom\u00edas m\u00e1s d\u00e9biles, y pide que sean sometidos tambi\u00e9n a un juicio \u00e9tico riguroso, y no s\u00f3lo t\u00e9cnico. <\/span>37<\/sup><\/a><\/span><\/span> En este contexto, la solidaridad se entiende como una corresponsabilidad concreta entre personas, pueblos y naciones, una forma de amistad social o caridad pol\u00edtica orientada hacia la \u201ccivilizaci\u00f3n del amor\u201d invocada por Pablo VI. <\/span>38<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

39. En el centenario de Rerum novarum<\/em>, la Enc\u00edclica Centesimus annus<\/em> ofrece, por \u00faltimo, una reflexi\u00f3n sobre el colapso del sistema sovi\u00e9tico y el afianzamiento de la democracia y la econom\u00eda de mercado. San Juan Pablo II retoma el mensaje de P\u00edo XII seg\u00fan el cual la Iglesia puede valorar la democracia en la medida en que garantiza la participaci\u00f3n efectiva de los ciudadanos, permite elegir y sustituir pac\u00edficamente a los gobernantes e impide que el poder sea monopolizado por \u00e9lites reducidas movidas por intereses particulares o ideol\u00f3gicos. <\/span>39<\/sup><\/a><\/span><\/span> Del mismo modo, reconoce el potencial positivo del mercado y de la iniciativa privada s\u00f3lo si se mantienen subordinados a la ley moral y guiados por el principio de solidaridad, sin sacrificar a los m\u00e1s d\u00e9biles en aras de la l\u00f3gica del lucro. <\/span>40<\/sup><\/a><\/span><\/span> Para la Doctrina social de la Iglesia esto supone un legado de especial actualidad: la afirmaci\u00f3n del v\u00ednculo entre la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos y la evaluaci\u00f3n cr\u00edtica de la democracia y la econom\u00eda de mercado sigue ofreciendo criterios para juzgar las nuevas formas de explotaci\u00f3n, exclusi\u00f3n y crisis de la representaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n

Sophie de Ravinel<\/span>Esta enc\u00edclica de Le\u00f3n XIV invita a establecer un paralelismo bastante claro con su predecesor Juan Pablo II, de quien, por cierto, elogia \u00abel fecundo magisterio social\u00bb. Entre el estadounidense y el polaco, una misma firmeza pol\u00edtica en la clara designaci\u00f3n de la amenaza totalitaria. Fue en la Unesco en 1980 y tres a\u00f1os m\u00e1s tarde en Lourdes, en v\u00edsperas del 15 de agosto, donde Juan Pablo II pronunci\u00f3 sus discursos m\u00e1s estructurados y prof\u00e9ticos contra el totalitarismo, en la \u00e9poca sovi\u00e9tica. Invitado a Francia el pr\u00f3ximo mes de septiembre, Le\u00f3n XIV tambi\u00e9n deber\u00eda visitar Lourdes y la Unesco durante su estancia en Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n

40. El papa Benedicto XVI, en su Enc\u00edclica social Caritas in veritate<\/em>, quiso retomar y profundizar en el concepto de desarrollo presentado en Populorum progressio<\/em>, reinterpret\u00e1ndolo en el contexto de la globalizaci\u00f3n. Recuerda que dicho desarrollo deber\u00eda traducirse en \u00abun crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible\u00bb, <\/span>41<\/sup><\/a><\/span><\/span> es decir, en un progreso econ\u00f3mico verdaderamente inclusivo y respetuoso con los l\u00edmites de la creaci\u00f3n. Constata, sin embargo, que en los pa\u00edses ricos surgen nuevas categor\u00edas de pobres y se multiplican formas in\u00e9ditas de exclusi\u00f3n, mientras que en las regiones m\u00e1s pobres peque\u00f1os grupos viven en un bienestar consumista que convive con situaciones de miseria deshumanizante. <\/span>42<\/sup><\/a><\/span><\/span> Observa, adem\u00e1s, que el nuevo sistema econ\u00f3mico-financiero mundial, caracterizado por una gran movilidad de los capitales y los medios de producci\u00f3n, ha reducido el poder pol\u00edtico de los estados y su capacidad para orientar los procesos econ\u00f3micos. <\/span>43<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por eso reitera que la actividad econ\u00f3mica no puede pretender resolver los problemas sociales simplemente ampliando la l\u00f3gica del mercado, sino que debe estar orientada al bien com\u00fan, respecto al cual la comunidad pol\u00edtica tiene una responsabilidad propia e insustituible. <\/span>44<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

41. En el centro de esta reinterpretaci\u00f3n, Benedicto XVI sit\u00faa la caridad, afirmando que esta \u00abes la v\u00eda maestra de la doctrina social de la Iglesia\u00bb, <\/span>45<\/sup><\/a><\/span><\/span> siempre que vaya unida a la verdad; y observa con preocupaci\u00f3n que, precisamente en los \u00e1mbitos social, jur\u00eddico, pol\u00edtico y econ\u00f3mico, se tiende a declarar su irrelevancia moral. La novedad de su aportaci\u00f3n radica en mostrar que el desarrollo, la justicia, las instituciones y el mercado no son realidades neutras, sino espacios en los que la caridad en la verdad debe tomar forma hist\u00f3rica. En la actualidad \u2015marcada por crecientes desigualdades, la presi\u00f3n de los mercados financieros, la crisis medioambiental y la desconfianza en la pol\u00edtica\u2015, esta ense\u00f1anza sigue vigente porque exige juzgar cada modelo de desarrollo por su capacidad de ser inclusivo y sostenible, recomponer la relaci\u00f3n entre econom\u00eda y pol\u00edtica en torno al bien com\u00fan y reconocer a la caridad un papel cr\u00edtico y generativo en la vida p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n

42. El Magisterio social del papa Francisco se desarrolla en la l\u00ednea de Gaudium et spes<\/em>, que invita a contemplar la historia partiendo de las heridas y las esperanzas de las personas y a ponerlas en di\u00e1logo con el Evangelio. Esta orientaci\u00f3n se pone de manifiesto con especial claridad en Evangelii gaudium<\/em>, donde se afirma que el anuncio cristiano tiene una dimensi\u00f3n social intr\u00ednseca y hace referencia a una Iglesia capaz de escuchar el clamor de los pobres, de los migrantes y de las v\u00edctimas de las nuevas formas de esclavitud. En esta perspectiva se inscribe tambi\u00e9n la insistencia de Francisco en una Iglesia sinodal, una Iglesia en la que se \u201ccamina juntos\u201d, que busca leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia. <\/span>46<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

43. En Laudato si\u2019<\/em>, Francisco ofrece el primer gran an\u00e1lisis sistem\u00e1tico de la crisis medioambiental en una Enc\u00edclica social, demostrando que no se trata de una cuesti\u00f3n sectorial, sino del aspecto ecol\u00f3gico de la crisis socioecon\u00f3mica contempor\u00e1nea. Su propuesta de \u00abecolog\u00eda integral\u00bb a\u00fana el cuidado de la Casa com\u00fan y la opci\u00f3n preferencial por los pobres, y afirma con determinaci\u00f3n que \u00abtanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres\u00bb <\/span>47<\/sup><\/a><\/span><\/span> no pueden separarse. En este sentido, vuelven a cobrar protagonismo el destino universal de los bienes, la cr\u00edtica a un paradigma tecnocr\u00e1tico que pretende reducirlo todo a un objeto de dominio, la defensa del trabajo humano amenazado por la l\u00f3gica del descarte, la exigencia de una justicia intergeneracional y el llamamiento a un di\u00e1logo aut\u00e9ntico entre pol\u00edtica y econom\u00eda, para que ninguna de las dos se encierre en su propia autorreferencialidad.<\/p>\n\n\n\n

44. Ante la desintegraci\u00f3n del tejido social, la \u201cguerra mundial a pedazos\u201d, la globalizaci\u00f3n individualista y las consecuencias de la pandemia sobre los lazos comunitarios, Francisco relanza en Fratelli tutti<\/em> el sue\u00f1o de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal. Propone la cultura del encuentro, una \u201cmejor pol\u00edtica\u201d capaz de buscar el bien com\u00fan, caminos de reconciliaci\u00f3n y un mundo que garantice \u00abtierra, techo y trabajo para todos\u00bb. <\/span>48<\/sup><\/a><\/span><\/span> Con Dilexit nos<\/em>, por \u00faltimo, muestra que estos grandes compromisos sociales no pueden separarse de la relaci\u00f3n personal con Cristo: al volver a la Palabra de Dios, recuerda que la respuesta m\u00e1s aut\u00e9ntica al amor del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas es el amor concreto hacia los hermanos y afirma que \u00abno hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor\u00bb. <\/span>49<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI corresponden a nuevas etapas de desarrollo y enriquecimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, que se va concretando y perfeccionando al entrar en contacto con los grandes cambios socioecon\u00f3micos del mundo contempor\u00e1neo; sin embargo, en su recepci\u00f3n, las numerosas enc\u00edclicas sociales de Juan Pablo II quedaron algo eclipsadas por su magisterio en los \u00e1mbitos moral, familiar y bio\u00e9tico, lo que dio lugar a un mayor conflicto con las sociedades liberales occidentales. En cuanto a Benedicto XVI, en su enc\u00edclica Caritas in veritate<\/em>, volvi\u00f3 a situar el concepto de verdad en el centro de las cuestiones de justicia social. El pontificado de Francisco corresponde a una \u00faltima etapa de evoluci\u00f3n de la DSI: un giro ambiental decidido con Laudato Si\u2019<\/em>, la integraci\u00f3n de ciertos elementos de la teolog\u00eda del pueblo (\u00abclamor de los pobres\u00bb), la consideraci\u00f3n de las desigualdades estructurales entre el Norte y el Sur en el rechazo de la \u00abcolonizaci\u00f3n ideol\u00f3gica\u00bb, y la profundizaci\u00f3n de la noci\u00f3n de fraternidad universal. Al igual que Caritas in Veritate<\/em>, la \u00faltima enc\u00edclica de Francisco, Dilexi nos<\/em>, representa un paso al costado en el sentido de que vincula temas muy concretos en el coraz\u00f3n de la DSI con consideraciones doctrinales y espirituales que se apoyan en devociones tradicionales, en este caso el Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, imagen del amor divino promovida en la tradici\u00f3n jesuita.<\/p>\n\n\n\n

Una lectura de la historia a la luz de la fe<\/h3>\n\n\n\n

45. Al contemplar este recorrido en su conjunto, se comprende que la Doctrina social de la Iglesia no es fruto de un proyecto elaborado en un escritorio, sino el resultado de un proceso paciente, en el que cada Pont\u00edfice \u2014junto con el Concilio Vaticano II\u2014 ha aportado una contribuci\u00f3n original a la luz de los \u201cnuevos asuntos\u201d de su tiempo. Cada uno, asumiendo los retos de su \u00e9poca e interpretando los cambios hist\u00f3ricos a la luz del Evangelio, ha puesto de relieve diferentes aspectos de un patrimonio \u00fanico: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creaci\u00f3n, la centralidad de la paz y la fraternidad. El resultado es un desarrollo armonioso, aunque no siempre lineal, marcado por diferentes acentos, por profundizaciones progresivas y, a veces, por cambios de perspectiva que no rompen con lo anterior, sino que hacen madurar sus implicaciones. Si hoy podemos hablar de un corpus de principios y criterios compartidos, es porque esta lectura de la historia a la luz de la fe nunca se ha interrumpido y ha sabido dejarse interpelar por las preguntas de cada generaci\u00f3n. Es a este n\u00facleo fundamental \u2014los grandes principios de la Doctrina social que orientan el discernimiento de los creyentes en la vida personal y p\u00fablica\u2014 al que deseo ahora dirigir la atenci\u00f3n, para captar mejor su coherencia interna y su fuerza generadora para nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>P\u00e1rrafo conclusivo en el que el papa destaca los conceptos fundamentales de la DSI y, sobre todo, su articulaci\u00f3n en un corpus coherente, lo que a su vez permite situar mejor el magisterio social de la Iglesia. Se trata de la fase recapitulativa de la enc\u00edclica, previa a la fase creativa, aplicada a nuevos objetos.<\/p>\n\n\n\n

Cap\u00edtulo segundo
FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

46. La Doctrina social de la Iglesia es una realidad viva, en di\u00e1logo con la historia, las culturas y las ciencias y, al mismo tiempo, conserva un n\u00facleo de verdad que no declina. Por eso puede ser considerada una forma de sabidur\u00eda capaz de orientar todav\u00eda hoy la vida personal y social de los creyentes. En este segundo cap\u00edtulo quisiera detenerme en algunos fundamentos y principios de la Doctrina social que ayudan a leer los \u201cnuevos asuntos\u201d de nuestro tiempo a la luz de la dignidad fundamental de la persona humana. Pienso que actualmente, para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien com\u00fan, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social. Estoy convencido de que la relaci\u00f3n armoniosa entre estos principios requiere que sean analizados conjuntamente, para que se evidencie con claridad c\u00f3mo se reclaman y se iluminan mutuamente.<\/p>\n\n\n\n

47. Al proponer estas reflexiones deseo, sobre todo, ayudar a los fieles laicos y a todas las mujeres y los hombres de buena voluntad a redescubrir la propia tarea de hacer presente en lo cotidiano \u2014en las relaciones familiares, en el trabajo y en la participaci\u00f3n social\u2014 los principios que voy a se\u00f1alar, dej\u00e1ndose animar por el prop\u00f3sito de encarnar el amor de Dios en la trama concreta de la historia. Al mismo tiempo, quisiera alentar a las academias y a las universidades a revitalizar tales principios, reconsider\u00e1ndolos de forma que se adapten a los tiempos actuales y sean eficaces para afrontar la revoluci\u00f3n digital. De este modo, la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica y filos\u00f3fica podr\u00e1 profundizar y sostener el camino pastoral de la Iglesia, contribuyendo a la tarea del Magisterio de iluminar la conciencia de los creyentes y orientar su compromiso para hacer m\u00e1s justa y fraterna la vida de nuestras sociedades.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV explica que, en este segundo cap\u00edtulo, intenta destacar la esencia de la DSI, tanto por la claridad de la exposici\u00f3n como con un enfoque pastoral, para orientar a los fieles que se enfrentan a situaciones concretas, y en un di\u00e1logo constante con el mundo acad\u00e9mico, cuya utilidad se reafirma aqu\u00ed, en un contexto en el que las ciencias sociales son a menudo cuestionadas por los poderes autoritarios y los movimientos populistas.<\/p>\n\n\n\n

Los fundamentos de la Doctrina social<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

El ser humano, imagen del Dios trinitario<\/h4>\n\n\n\n

48. La Doctrina social de la Iglesia nos conduce al coraz\u00f3n mismo de nuestra fe: el misterio del Dios viviente, revelado en Jesucristo como comuni\u00f3n de personas; Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo: amor en relaci\u00f3n, que se da rec\u00edprocamente y se comunica al mundo. <\/span>50<\/sup><\/a><\/span><\/span>Como recuerda el Concilio, el ser humano est\u00e1 llamado a la comuni\u00f3n con Dios y \u00abno puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo\u00bb; <\/span>51<\/sup><\/a><\/span><\/span> su vocaci\u00f3n m\u00e1s profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido.<\/p>\n\n\n\n

49. Si el misterio de Dios-Amor es la fuente de la Doctrina social, su rostro m\u00e1s concreto lo contemplamos en Jesucristo, Verbo encarnado. Haci\u00e9ndose hombre, el Hijo de Dios entra en la historia y en nuestra carne, tray\u00e9ndonos el amor que lo une al Padre y al Esp\u00edritu Santo. \u00abEl misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb, <\/span>52<\/sup><\/a><\/span><\/span> porque su humanidad es plenamente libre, abierta a los dem\u00e1s, capaz de construir relaciones solidarias y preciosas, y entregada al don total de s\u00ed. Quien cree en \u00c9l est\u00e1 involucrado en la gran obra de renovaci\u00f3n inaugurada por el misterio de su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, y coopera en la edificaci\u00f3n del Reino de Dios, aprendiendo a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano, hijos de un mismo Padre. As\u00ed, tanto el anuncio como la experiencia cristiana, guiados por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, tienden a generar en el mundo consecuencias sociales. <\/span>53<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

50. En el centro de la visi\u00f3n cristiana del ser humano est\u00e1 la gran afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual el hombre y la mujer son creados \u201ca imagen y semejanza\u201d (cf. Gn<\/em> 1,26-27) del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relaci\u00f3n, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comuni\u00f3n con \u00c9l, con los dem\u00e1s y con la creaci\u00f3n. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempe\u00f1a, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresi\u00f3n de su amor que nunca falla. Por eso, la persona humana permanece siempre como \u00abel camino primero y fundamental de la Iglesia\u00bb <\/span>54<\/sup><\/a><\/span><\/span> y el coraz\u00f3n de toda aut\u00e9ntica v\u00eda de desarrollo humano integral. <\/span>55<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Este pasaje est\u00e1, una vez m\u00e1s, profundamente marcado por la antropolog\u00eda agustiniana, retomada en toda la tradici\u00f3n de la Iglesia, seg\u00fan la cual la dignidad humana fundamental se deriva de la creaci\u00f3n del hombre a imagen de Dios; adem\u00e1s, el hombre est\u00e1 llamado, por gracia, a contemplar cara a cara el rostro de Dios y a ser \u00e9l mismo divinizado en el seno de la comuni\u00f3n trinitaria.<\/p>\n\n\n\n

La igual dignidad de todos los seres humanos<\/h4>\n\n\n\n

51. San Juan Pablo II afirmaba que \u00abel sentido m\u00e1s profundo de la dignidad de la persona humana y de su unicidad, as\u00ed como del respeto debido al camino de la conciencia, es ciertamente una adquisici\u00f3n positiva de la cultura moderna\u00bb. <\/span>56<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta afirmaci\u00f3n sigue las huellas ya trazadas por el Concilio Vaticano II, que hab\u00eda constatado un crecimiento en la conciencia de la excelsa dignidad de toda persona, de su valor superior a las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. <\/span>57<\/sup><\/a><\/span><\/span> Es importante vigilar para que este crecimiento en la conciencia de la dignidad humana no sea ofuscado bajo la presi\u00f3n de nuevas ideolog\u00edas o de determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy. Entre estas ideolog\u00edas considero particularmente insidiosa la que sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor val\u00eda a quienes son m\u00e1s eficientes y productivos. En semejante perspectiva, la persona termina reduci\u00e9ndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y no es reconocida como fin en s\u00ed misma, jam\u00e1s instrumentalizable. Pero el valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ning\u00fan poder humano puede leg\u00edtimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente. <\/span>58<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

52. Cuando hablamos de dignidad no siempre usamos la palabra de la misma manera; en ocasiones nos referimos a la dignidad moral, es decir, al modo en el que la persona orienta sus propias decisiones y su propio obrar; otras veces pensamos en la dignidad social, es decir, en las condiciones de vida de la persona y en el respeto concreto que le es reconocido por la sociedad; en otros casos indicamos la dignidad existencial, que alude al modo en el que una persona percibe el valor de s\u00ed y de su propia vida. Estas dimensiones de la dignidad pueden crecer o disminuir. Pero m\u00e1s all\u00e1 de estos significados hay un nivel m\u00e1s profundo, el m\u00e1s importante, que consiste en la dignidad ontol\u00f3gica. Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios; <\/span>59<\/sup><\/a><\/span><\/span>ning\u00fan pecado, ning\u00fan fracaso, ninguna humillaci\u00f3n, ninguna exclusi\u00f3n puede afectar el valor profundo de una vida humana que \u00c9l ha querido y llamado al ser. <\/span>60<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

53. Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada. La reciente Declaraci\u00f3n Dignitas infinita<\/em> ha ofrecido una s\u00edntesis de las convicciones de la Iglesia sobre este tema: \u00abUna dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, m\u00e1s all\u00e1 de toda circunstancia y en cualquier estado o situaci\u00f3n en que se encuentre\u00bb, <\/span>61<\/sup><\/a><\/span><\/span> es decir, siempre e ineludiblemente. Esta dignidad de todo ser humano puede definirse infinita, como dijo san Juan Pablo II, <\/span>62<\/sup><\/a><\/span><\/span> por dos razones: porque es infinito el amor de Dios que lo llama a la amistad con \u00c9l, y porque es absolutamente incondicionada, en el sentido de que, aun buscando hasta el infinito, nunca se encontrar\u00e1 nada que pueda suprimirla o negarla.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Le\u00f3n XIV retoma aqu\u00ed algunas reflexiones, ampliamente desarrolladas por Juan Pablo II (quien a su vez se vio influido por los pensadores personalistas), sobre la dignidad intr\u00ednseca e inalienable de la persona humana, que en cierto sentido es \u00abinfinita\u00bb, y se opone a una concepci\u00f3n subjetivista de la dignidad que la convertir\u00eda en funci\u00f3n de la realizaci\u00f3n o el rendimiento, ideas siempre susceptibles de ser instrumentalizadas ideol\u00f3gicamente. Debido a su condici\u00f3n intr\u00ednseca de criatura a imagen de Dios, posee por s\u00ed misma una dignidad que nadie tiene el poder de quitarle.<\/p>\n\n\n\n

El alt\u00edsimo valor de los derechos humanos<\/h4>\n\n\n\n

54. La Iglesia reconoce con gratitud que \u00abel movimiento hacia la identificaci\u00f3n y la proclamaci\u00f3n de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos m\u00e1s relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana\u00bb. <\/span>63<\/sup><\/a><\/span><\/span> Y, como afirm\u00f3 san Juan Pablo II, la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos del Hombre<\/em>, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, contin\u00faa siendo en nuestros d\u00edas una de las m\u00e1s altas expresiones de la conciencia humana.  <\/span>64<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta es \u00abunapiedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad\u00bb. <\/span>65<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por eso, en la perspectiva cristiana, los derechos humanos no son un a\u00f1adido externo a la persona, sino una traducci\u00f3n hist\u00f3rica de su dignidad intr\u00ednseca, que la comunidad internacional est\u00e1 llamada a tutelar y promover.<\/p>\n\n\n\n

55. Los derechos humanos son inviolables, porque son \u00abinherentes a la persona humana y a su dignidad\u00bb. <\/span>66<\/sup><\/a><\/span><\/span> En consecuencia, son universales e inalienables. <\/span>67<\/sup><\/a><\/span><\/span> Precisamente porque est\u00e1n fundados en la com\u00fan dignidad de todo hombre y de toda mujer, estos derechos comportan consecuencias pr\u00e1cticas y efectos jur\u00eddicos, porque \u00abser\u00eda vano proclamar derechos, si al mismo tiempo no se pone en pr\u00e1ctica todo lo necesario para asegurar el deber de respetarlos, por todos, en todas partes y para todos\u00bb. <\/span>68<\/sup><\/a><\/span><\/span> Entre estos, el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepci\u00f3n hasta su fin natural, <\/span>69<\/sup><\/a><\/span><\/span>sin el cual es imposible ejercitar cualquier otro derecho. Cuando este derecho fundamental es negado \u2014como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia\u2014 nos encontramos frente a decisiones que la Iglesia juzga gravemente il\u00edcitas. <\/span>70<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

56. Al observar nuestro tiempo, no podemos ignorar que la tutela de los derechos humanos hoy est\u00e1 expuesta a dos riesgos particularmente graves. El primero es el de una declaraci\u00f3n puramente formal, mientras que, junto con el progreso tecnol\u00f3gico, avanzan de manera disimulada o evidente violaciones de la dignidad humana. El segundo, que en realidad est\u00e1 en la base del primero, es el de no poder reconocer el fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado a la \u00abb\u00fasqueda de los fundamentos m\u00e1s s\u00f3lidos que est\u00e1n detr\u00e1s de nuestras opciones y tambi\u00e9n de nuestras leyes\u00bb. <\/span>71<\/sup><\/a><\/span><\/span> El papa Francisco invitaba a no subestimar este \u00faltimo problema. Recordaba que, cuando la raz\u00f3n se deja interrogar seriamente sobre la naturaleza humana, es capaz de descubrir valores aplicables a todos, porque derivan de ella. Si este trabajo de b\u00fasqueda fuera abandonado, podr\u00eda suceder que derechos hoy considerados intocables, en el futuro terminaran siendo cuestionados o negados por quienes ostentan el poder, quiz\u00e1 despu\u00e9s de haber obtenido un consenso s\u00f3lo aparente por parte de poblaciones aterrorizadas o manipuladas. <\/span>72<\/sup><\/a><\/span><\/span>.<\/p>\n\n\n\n

57. Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido tambi\u00e9n el reconocimiento de los derechos de las minor\u00edas. Sin embargo, todav\u00eda hay mucho camino por recorrer para que los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, est\u00e9n realmente garantizados en todo el mundo. Es una realidad que \u00abdoblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusi\u00f3n, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos\u00bb. <\/span>73<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por lo tanto, no es suficiente afirmar con palabras que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos; es necesario que esto se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucci\u00f3n, a las responsabilidades sociales y pol\u00edticas, en el modo en el que la sociedad escucha y valora el aporte de las mujeres. Mientras exista esta disparidad, no podremos decir que la sociedad reconoce realmente y en profundidad que las mujeres tienen la misma dignidad que los hombres.<\/p>\n\n\n\n

58. Son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias. Los movimientos sociales, las grandes proclamas pol\u00edticas en favor del pueblo y las ideolog\u00edas comunitarias no sirven para nada si no est\u00e1n orientadas a la promoci\u00f3n de las personas \u2014hombres y mujeres\u2014 con sus derechos inalienables. Del mismo modo, no basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si despu\u00e9s se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En este pasaje clave, Le\u00f3n XIV adopta el lenguaje de los derechos humanos y exhorta a su defensa; al igual que los dem\u00e1s papas, no tiene exactamente la misma concepci\u00f3n de los derechos humanos que la que prevalece en las sociedades liberales occidentales, como lo recuerda la menci\u00f3n del derecho a la vida desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural, mediante la cual se\u00f1ala su oposici\u00f3n de principio al aborto y a la eutanasia. Se opone tanto a una concepci\u00f3n puramente formal de los derechos humanos, desconectada de las situaciones concretas, como a una cr\u00edtica de ese mismo formalismo que acabar\u00eda por negar su universalidad. El llamado a prestar atenci\u00f3n a los derechos de las mujeres es decididamente nuevo en el \u00e1mbito de la Iglesia cat\u00f3lica, aunque ya se pod\u00edan encontrar indicios de ello en algunos textos de Francisco.<\/p>\n\n\n\n

Los principios de la Doctrina social<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

El principio del bien com\u00fan<\/h4>\n\n\n\n

59. Reconocer que toda mujer y todo hombre poseen una dignidad inalienable y derechos que ning\u00fan poder humano puede perjudicar o eliminar requiere configurar el modo en el que vivimos juntos, nuestras decisiones econ\u00f3micas y pol\u00edticas, el rostro concreto de nuestras ciudades. De aqu\u00ed nace el primer gran principio de la Doctrina social al que deseo referirme: el bien com\u00fan. Podemos describirlo como la forma social de la dignidad que se reconoce a cada uno. Cuando Benedicto XVI hizo alusi\u00f3n a los valores no negociables que la Iglesia siempre debe defender, incluy\u00f3 entre estos \u00abla promoci\u00f3n del bien com\u00fan\u00bb. <\/span>74<\/sup><\/a><\/span><\/span> Para un cristiano, en efecto, salir del peque\u00f1o mundo de sus propios intereses y comprometerse por el bien com\u00fan \u2014en los l\u00edmites de sus propias posibilidades\u2014 es un valor no negociable, como lo es la promoci\u00f3n de la vida.<\/p>\n\n\n\n

60. El Concilio Vaticano II ha afirmado que el bien com\u00fan consiste en \u00abel conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro m\u00e1s pleno y m\u00e1s f\u00e1cil de la propia perfecci\u00f3n\u00bb. <\/span>75<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esta definici\u00f3n nos ofrece una primera orientaci\u00f3n valiosa, porque el bien com\u00fan no se puede reducir a un simple listado de condiciones o de instituciones. No coincide con la suma de m\u00e9ritos de los individuos, ni con la uni\u00f3n de sus intereses particulares; es un bien mayor, que pertenece a todos, y que s\u00f3lo juntos podemos construir, acrecentar y custodiar. Podemos decir que la acci\u00f3n social alcanza su plenitud cuando tiende a este bien compartido, as\u00ed como la acci\u00f3n moral de la persona encuentra cumplimiento en la elecci\u00f3n del verdadero bien. <\/span>76<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

61. En este sentido, podemos afirmar que \u00abel todo es m\u00e1s que las partes\u00bb <\/span>77<\/sup><\/a><\/span><\/span> y que precisamente por eso \u00abla mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad\u00bb. <\/span>78<\/sup><\/a><\/span><\/span>. Es una ilusi\u00f3n pensar que sea suficiente con buscar el propio progreso para contribuir al bien de todos, sin tener que preocuparse realmente de los dem\u00e1s. Esta visi\u00f3n ignora el valor propio y espec\u00edfico del bien com\u00fan; este es fruto de la \u00abinterdependencia\u00bb <\/span>79<\/sup><\/a><\/span><\/span> que provoca una red de bien social que se difunde e incide en las personas. El bien com\u00fan es un plus<\/em>, resultado de la interacci\u00f3n y de la influencia rec\u00edproca que une diferentes acciones, iniciativas, esfuerzos y decisiones. Si se sumaran simplemente los bienes individuales, no se podr\u00eda explicar la existencia de este plus<\/em> que los supera y al mismo tiempo los enriquece.<\/p>\n\n\n\n

62. La b\u00fasqueda del bien com\u00fan es lo que da vida a un pueblo, entendido no como una mera suma de individuos, sino como una realidad viva donde las personas aprenden a reconocerse vinculadas las unas a las otras y corresponsables de la res publica<\/em>. En este sentido, cada persona contribuye a construir su propio pueblo con \u00abun trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armon\u00eda\u00bb. <\/span>80<\/sup><\/a><\/span><\/span> Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido. Es evidente que entre las diversas personas hay muchas diferencias ideol\u00f3gicas y pragm\u00e1ticas, hay variedad de intereses y frecuentes contrastes, pero eso no significa que sea imposible un proceso de di\u00e1logo para configurar una base de consenso que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos.<\/p>\n\n\n\n

63. Corresponde al Estado garantizar la cohesi\u00f3n, la unidad y una justa organizaci\u00f3n de la sociedad civil, para que el bien com\u00fan realmente pueda ser procurado con la contribuci\u00f3n de todos. Esto significa, en concreto, que el poder p\u00fablico tiene la delicada tarea de \u00abarmonizar con justicia\u00bb <\/span>81<\/sup><\/a><\/span><\/span> los diversos intereses en juego, buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atr\u00e1s a los m\u00e1s d\u00e9biles. Cuando la pol\u00edtica renuncia a una visi\u00f3n a largo plazo y se reduce a c\u00e1lculos de corto plazo o a polarizaciones est\u00e9riles, los discursos sobre el bien com\u00fan pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales.<\/p>\n\n\n\n

64. Esto vale tambi\u00e9n para la pol\u00edtica internacional. Mientras las distancias entre los pueblos aumentan, se abren camino l\u00f3gicas de confrontaci\u00f3n y de agresividad, y el dif\u00edcil recorrido hacia un mundo m\u00e1s unido y fraterno sufre nuevos y dolorosos contratiempos. En este marco, hablar de un camino compartido hacia un desarrollo m\u00e1s justo para toda la familia humana \u00absuena a delirio\u00bb. <\/span>82<\/sup><\/a><\/span><\/span> Pero no podemos perder la esperanza. Invito a todos a pensar en formas de cooperaci\u00f3n y de instituciones internacionales m\u00e1s eficaces, capaces de cuidar el bien com\u00fan global sin anular la leg\u00edtima pluralidad de los pueblos y de los estados. En efecto, la promoci\u00f3n del bien com\u00fan nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su propia originalidad a la familia de las naciones. <\/span>83<\/sup><\/a><\/span><\/span> Cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una naci\u00f3n es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> El primer principio que se aclara es el bien com\u00fan, que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n de la tradici\u00f3n filos\u00f3fica occidental y que fue desarrollado, en particular, por Tom\u00e1s de Aquino. En el p\u00e1rrafo 61 se ofrece una definici\u00f3n formal: el bien com\u00fan es la \u00abforma de la dignidad reconocida a todos\u00bb; trasciende los bienes particulares; la misi\u00f3n propia de los poderes p\u00fablicos, que son responsables de \u00e9l, es buscarlo y garantizarlo. En materia de derecho internacional, el bien com\u00fan se busca mediante la cooperaci\u00f3n multilateral de las potencias, no mediante el unilateralismo y la guerra de agresi\u00f3n: ecos, una vez m\u00e1s, muy actuales de la situaci\u00f3n presente, en la que nunca este principio ha parecido tan lejano.<\/p>\n\n\n\n

El principio del destino universal de los bienes<\/h4>\n\n\n\n

65. \u00abEntre las m\u00faltiples implicaciones del bien com\u00fan, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes\u00bb. <\/span>84<\/sup><\/a><\/span><\/span> Este principio nos recuerda sobre todo que los bienes de la tierra \u2014el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales\u2014 han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos bienes. San Juan Pablo II recordaba que \u00abDios ha dado la tierra a todo el g\u00e9nero humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno\u00bb. <\/span>85<\/sup><\/a><\/span><\/span> En consecuencia, \u00abno es conforme con el designio de Dios, usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan s\u00f3lo a unos pocos\u00bb. <\/span>86<\/sup><\/a><\/span><\/span> Hoy estamos llamados a reconocer que este destino universal no se refiere s\u00f3lo a los bienes materiales, sino tambi\u00e9n a los bienes inmateriales y culturales.<\/p>\n\n\n\n

66. Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su funci\u00f3n propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes. Seg\u00fan san Juan Pablo II, dicha subordinaci\u00f3n es la regla de oro del comportamiento social y el \u00abprimer principio de todo el ordenamiento \u00e9tico-social\u00bb. <\/span>87<\/sup><\/a><\/span><\/span> La tradici\u00f3n de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien com\u00fan. Dado que \u00abla tradici\u00f3n cristiana nunca reconoci\u00f3 como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada\u00bb, <\/span>88<\/sup><\/a><\/span><\/span> su funci\u00f3n social no debe ser considerada como una mera opini\u00f3n teol\u00f3gica, sino como una doctrina cierta de la Iglesia, ya presente en las Sagradas Escrituras y en los Padres. Por eso, el papa Francisco record\u00f3 que la solidaridad, vivida en profundidad, significa tambi\u00e9n \u00abdevolverle al pobre lo que le corresponde\u00bb. <\/span>89<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

67. Hoy, entre los bienes que est\u00e1n destinados universalmente a todos, debemos incluir tambi\u00e9n las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnol\u00f3gicas, datos. En un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez m\u00e1s de conocimientos y tecnolog\u00edas, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revoluci\u00f3n digital y quienes permanecen al margen. Adem\u00e1s, el cuidado de la Casa com\u00fan y la responsabilidad hacia los pobres y hacia las generaciones futuras requieren que el uso de los bienes de la creaci\u00f3n y de las nuevas posibilidades ofrecidas por la t\u00e9cnica est\u00e9 regulado de tal modo que respete el ambiente y evite despilfarros y nuevas formas de estafa.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Segundo principio de la DSI, el destino universal de los bienes: dado que Dios es el dispensador soberano de todo lo creado, la propiedad privada, cuya legitimidad es reconocida, solo encuentra su sentido a la luz de ese destino universal. Cabe se\u00f1alar que Le\u00f3n XIV emplea aqu\u00ed un lenguaje magisterial muy firme y preciso cuando afirma que la funci\u00f3n social de la propiedad privada es mucho m\u00e1s que una opini\u00f3n teol\u00f3gica, aunque sea com\u00fanmente aceptada, sino una \u00abdoctrina cierta\u00bb fundada en la Escritura y la Tradici\u00f3n: ense\u00f1a con ello que esta tesis requiere la adhesi\u00f3n obligatoria de todos los fieles cat\u00f3licos. Aqu\u00ed le da un giro notable a este concepto al afirmar que no se refiere solo a las riquezas materiales, sino tambi\u00e9n a los flujos y a los bienes culturales e informativos, en el contexto de una econom\u00eda del conocimiento: el \u00abanalfabetismo digital\u00bb es, por lo tanto, una nueva forma de precariedad a la que hay que ponerle remedio.<\/p>\n\n\n\n

El principio de subsidiariedad<\/h4>\n\n\n\n

68. El principio de subsidiariedad nace de la misma visi\u00f3n sobre la persona que ha guiado nuestra reflexi\u00f3n sobre la dignidad y el bien com\u00fan. Si toda mujer y todo hombre est\u00e1n llamados a ser protagonistas de su propia vida y a participar en la construcci\u00f3n de la sociedad, entonces tambi\u00e9n la organizaci\u00f3n social debe respetar y favorecer esta responsabilidad. La Doctrina social de la Iglesia llama \u201csubsidiariedad\u201d al principio seg\u00fan el cual aquello que pueden hacer las personas, las familias, las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores. Las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y la creatividad de los niveles inferiores, coordinando sus aportaciones para que cooperen eficazmente al bien com\u00fan. <\/span>90<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

69. Desde el inicio del Magisterio social moderno, a partir de Le\u00f3n XIII, la Iglesia ha insistido en el hecho de que ni la persona ni la familia deben ser absorbidas por el Estado, sino que deben actuar libremente, en la medida de lo posible, sin causar da\u00f1o al bien com\u00fan. <\/span>91<\/sup><\/a><\/span><\/span> San Juan Pablo II retom\u00f3 y profundiz\u00f3 esta perspectiva, recordando que la comunidad pol\u00edtica est\u00e1 al servicio de la sociedad civil y que el Estado debe velar por el bien com\u00fan, interviniendo cuando sea necesario, pero sin sustituir de manera permanente la responsabilidad de los cuerpos intermedios y de las entidades sociales. <\/span>92<\/sup><\/a><\/span><\/span>. La subsidiariedad no justifica el desinter\u00e9s del Estado, sino que orienta su acci\u00f3n; la intervenci\u00f3n p\u00fablica se requiere precisamente para permitir que todos los sujetos sociales desarrollen su misi\u00f3n sin ser aplastados. Corresponde a la comunidad pol\u00edtica crear las condiciones para que personas, familias, asociaciones y cuerpos intermedios puedan realizar su propia vocaci\u00f3n social, sin ser sustituidos o reducidos a meros ejecutores. <\/span>93<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

70. Este principio alienta a superar toda forma de gesti\u00f3n paternalista o asistencialista de la vida social, promoviendo un estilo de corresponsabilidad: un Estado que valora la iniciativa de los ciudadanos y una sociedad civil capaz de generar v\u00ednculos y activar energ\u00edas al servicio del bien com\u00fan. En una l\u00f3gica de subsidiariedad, las decisiones se toman al nivel m\u00e1s cercano posible a las personas involucradas, valorando la vida asociativa, de modo que el pueblo no se encuentre frente a decisiones ya tomadas, sino que pueda entrar en su camino de construcci\u00f3n. All\u00ed donde familias, asociaciones, comunidades locales, realidades del voluntariado y del denominado \u201ctercer sector\u201d son reconocidas y sostenidas, la vida social se vuelve m\u00e1s cercana a las personas, los servicios se brindan con mayor atenci\u00f3n a las necesidades reales y las respuestas son m\u00e1s creativas y respetuosas de la dignidad de cada uno. <\/span>94<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

71. El principio de subsidiariedad vale de manera particular en el contexto de la revoluci\u00f3n digital. Aqu\u00ed el nivel superior no es el Estado, sino todo gran actor econ\u00f3mico y tecnol\u00f3gico que ejerce un poder f\u00e1ctico sobre las condiciones de la vida com\u00fan. El nivel que absorbe competencias, datos y capacidad decisional est\u00e1 constituido por empresas y plataformas, que definen condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relaci\u00f3n e incluso oportunidades econ\u00f3micas. La subsidiariedad requiere que dichos procesos no se impongan desde lo alto de modo opaco y unilateral, sino que est\u00e9n orientados al bien com\u00fan mediante la transparencia, la responsabilidad y formas reales de participaci\u00f3n (auditor\u00edas independientes, transparencia en los algoritmos, acceso equitativo a los datos, herramientas de apelaci\u00f3n). <\/span>95<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

72. En este contexto, los estados y las instituciones supranacionales est\u00e1n llamados a garantizar reglas justas y mecanismos de protecci\u00f3n eficaces para que las comunidades locales, los cuerpos intermedios, las escuelas y las universidades, as\u00ed como las realidades eclesiales y asociativas puedan tener voz y contribuir al discernimiento de las decisiones que inciden en la vida de las personas: trabajo, acceso a los servicios, gesti\u00f3n de los datos y ambientes digitales. En las decisiones que se refieren a los flujos econ\u00f3micos, las plataformas digitales, la gesti\u00f3n de los datos y los algoritmos, no se puede dejar que pocos actores por s\u00ed solos orienten los procesos, sino que es necesario construir formas de cooperaci\u00f3n que respeten los diversos niveles de la comunidad mundial y los hagan corresponsables del bien com\u00fan. <\/span>96<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>La subsidiariedad se acerca al principio de que hay que pensar a la escala pertinente. La Iglesia afirma aqu\u00ed su visi\u00f3n de la sociedad como un entramado de comunidades naturales, empezando por la familia, \u00abc\u00e9lula b\u00e1sica de la sociedad\u00bb, y manifiesta as\u00ed su desconfianza secular hacia toda tradici\u00f3n jacobina. Se deben valorar la co-gesti\u00f3n y la capacidad de iniciativa de la sociedad civil. En el \u00e1mbito digital y de la IA, la promoci\u00f3n de la subsidiariedad se traduce en una cr\u00edtica radical a los oligopolios establecidos y en un fomento de las plataformas colaborativas, descentralizadas y de c\u00f3digo abierto, que tiendan, en todo caso, a involucrar al mayor n\u00famero posible de usuarios.<\/p>\n\n\n\n

Pasquale Annicchino<\/span>La reflexi\u00f3n cat\u00f3lica contrasta claramente con la ideolog\u00eda a la vez libertaria y escatol\u00f3gica de Silicon Valley. La insistencia papal en los derechos fundamentales se cruza con el debate emergente sobre la protecci\u00f3n del espacio interior de la persona. Mientras que cierta cultura tecnol\u00f3gica tiende a tratar la vida interior como un nuevo espacio por conquistar \u2014mediante la captaci\u00f3n de la atenci\u00f3n, la predicci\u00f3n de comportamientos o incluso la inserci\u00f3n en la interfaz neuronal\u2014, el magisterio reafirma la inviolabilidad del fuero interno como condici\u00f3n misma de la libertad y la dignidad.<\/p>\n\n\n\n

El principio de solidaridad<\/h4>\n\n\n\n

73. Despu\u00e9s de haber considerado el bien com\u00fan y la subsidiariedad, deseo detenerme en el principio de solidaridad. Este principio nace de la visi\u00f3n de persona concebida por la fe; todo ser humano es creado a imagen de Dios e incorporado a una red de relaciones que lo vinculan a los dem\u00e1s, a los pueblos y a la creaci\u00f3n. San Pablo VI recordaba que las obligaciones de solidaridad, justicia y caridad est\u00e1n radicadas en la fraternidad humana y sobrenatural que une a los hombres y a los pueblos entre ellos. <\/span>97<\/sup><\/a><\/span><\/span> La fraternidad no es solamente una aspiraci\u00f3n interior del que cree, sino una forma social y pol\u00edtica que se ha de encarnar en decisiones e itinerarios compartidos. La solidaridad, pues, es el reconocimiento concreto de que el destino de cada uno est\u00e1 ligado al destino de todos; realmente \u00abnadie se salva solo\u00bb. <\/span>98<\/sup><\/a><\/span><\/span>As\u00ed se manifiesta de manera evidente el estrecho v\u00ednculo entre subsidiariedad y solidaridad. Cuando la subsidiariedad no est\u00e1 acompa\u00f1ada de la solidaridad, termina por transformarse en la simple protecci\u00f3n de intereses particulares; cuando la solidaridad no est\u00e1 sostenida por la subsidiariedad, degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad. <\/span>99<\/sup><\/a><\/span><\/span> Este entramado remite tambi\u00e9n a la responsabilidad de una aut\u00e9ntica participaci\u00f3n; la solidaridad se expresa cuando cada uno, personalmente y junto con los dem\u00e1s, toma parte en la vida de la comunidad \u2014se informa, se asocia, hace sentir su propia voz, contribuye a las decisiones y a las opciones p\u00fablicas\u2014 asumiendo responsabilidades reales para que el bien com\u00fan se traduzca en toma de decisiones compartidas.<\/p>\n\n\n\n

74. En muchos \u00e1mbitos experimentamos ya una especie de \u201csolidaridad de hecho\u201d; nuestras vidas est\u00e1n entrelazadas, las econom\u00edas y las comunicaciones globales hacen que aquello que sucede en un lugar produzca efectos lejanos, y las redes digitales unen en tiempo real a personas y comunidades de todas partes del mundo. Sin embargo, esta trama de relaciones no es a\u00fan solidaridad en sentido pleno si no se convierte en una decisi\u00f3n consciente. La fe nos invita a leer esta realidad como una llamada; no somos simplemente vecinos unos de otros, sino que estamos confiados los unos a los otros, para que cada uno se haga cargo, en la medida de lo posible, de la vida y de las heridas del hermano y de la hermana. La solidaridad nace precisamente cuando decidimos no permanecer indiferentes frente a aquello que le sucede a nuestro pr\u00f3jimo y transformamos v\u00ednculos inevitables \u2014econ\u00f3micos, culturales y tecnol\u00f3gicos\u2014 en itinerarios de intercambio, de cooperaci\u00f3n y de cuidado mutuo, aprendiendo a \u00abpensar y actuar en t\u00e9rminos de comunidad\u00bb. <\/span>100<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

75. El Magisterio social ha insistido en el hecho de que la solidaridad es al mismo tiempo un principio y una virtud. En cuanto principio, expresa el orden objetivo de las relaciones entre personas, grupos y pueblos, y alude a la conciencia de una interdependencia, por lo que el bien de cada uno pasa a trav\u00e9s del bien de los dem\u00e1s. En cuanto virtud, requiere en cambio una \u00abdeterminaci\u00f3n firme y perseverante\u00bb <\/span>101<\/sup><\/a><\/span><\/span> de trabajar por el bien com\u00fan, con una atenci\u00f3n particular a los m\u00e1s d\u00e9biles. El papa Francisco ha recordado que la solidaridad es \u00abun modo de hacer historia\u00bb <\/span>102<\/sup><\/a><\/span><\/span> que construye pueblos y no simples masas de individuos. Por eso, implica estilos de vida sobrios y compartidos, capacidad de renunciar a beneficios inmediatos para abrir espacios de futuro a los dem\u00e1s, y disponibilidad para cuestionar h\u00e1bitos y privilegios \u2014incluidos aquellos que est\u00e1n vinculados al consumo digital y al uso de las tecnolog\u00edas\u2014 cuando impiden que los dem\u00e1s vivan con dignidad.<\/p>\n\n\n\n

76. En un mundo marcado por relaciones cada vez m\u00e1s estrechas entre personas, comunidades y naciones, la solidaridad asume tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n global. Benedicto XVI se\u00f1al\u00f3 con fuerza el nexo entre desarrollo, justicia y responsabilidad hacia las generaciones futuras, recordando que el aut\u00e9ntico progreso requiere una solidaridad intergeneracional <\/span>103<\/sup><\/a><\/span><\/span> y una atenci\u00f3n a los lazos que nos unen con el ambiente natural. Hoy esta responsabilidad se extiende tambi\u00e9n a las infraestructuras digitales e informativas; como el ambiente natural, tambi\u00e9n el \u201cecosistema digital\u201d puede ser cuidado o explotado, compartido o monopolizado. La solidaridad requiere que las decisiones en materia de datos, algoritmos, plataformas e IA tengan en cuenta no s\u00f3lo el beneficio inmediato de algunos, sino el impacto en todos los pueblos y en las generaciones futuras.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>  El principio de solidaridad est\u00e1 aqu\u00ed vinculado al de interdependencia; en este sentido, las redes sociales y las nuevas tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n se consideran una manifestaci\u00f3n insuficiente de esa aspiraci\u00f3n a la solidaridad, que debe transformarse mediante actos concretos de solidaridad, lo cual pasa por un uso moderado, la preocupaci\u00f3n por las generaciones futuras y la corresponsabilidad. En esta enc\u00edclica se empieza a comprender mejor el \u00abm\u00e9todo Le\u00f3n XIV\u00bb: partir de una definici\u00f3n cl\u00e1sica de los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia, para ver qu\u00e9 desplazamientos rec\u00edprocos opera su aplicaci\u00f3n a lo digital y a la IA; as\u00ed, en la noci\u00f3n de \u00abecosistema digital\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

El principio de la justicia social<\/h4>\n\n\n\n

77. Para la comunidad cristiana, la justicia social es una forma concreta de seguimiento de Jes\u00fas y de fidelidad a su Evangelio. En el Nuevo Testamento, Jes\u00fas anuncia una \u00abBuena Noticia a los pobres\u00bb ( Lc<\/em> 4,18) y se identifica con los peque\u00f1os, los enfermos, los presos y los extranjeros (cf. Mt<\/em> 25,31-46). As\u00ed nos ense\u00f1a que la justicia nace y se realiza en la fraternidad, porque el modo en el que nos acercamos a los \u00faltimos y nos relacionamos con ellos se convierte, en concreto, en la medida de nuestra relaci\u00f3n con Dios y con los hermanos. La justicia, sin embargo, no se refiere solamente al comportamiento de los individuos, sino tambi\u00e9n al modo en el que son concebidas y organizadas las estructuras de la convivencia. A este respecto, el Concilio Vaticano II recuerda que toda instituci\u00f3n est\u00e1 llamada a servir a la persona humana y a su dignidad. <\/span>104<\/sup><\/a><\/span><\/span> La justicia social se reconoce, entonces, por la capacidad de un orden social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico que permita a todos \u2014y en particular a los m\u00e1s fr\u00e1giles\u2014 vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n

78. El Magisterio reciente ha insistido en el hecho de que la justicia social exige una mirada cuyo punto de partida sean los \u00faltimos. San Juan Pablo II habl\u00f3 de una opci\u00f3n preferencial por los pobres <\/span>105<\/sup><\/a><\/span><\/span>\u00a0que debe marcar las decisiones personales y sociales, mientras el papa Francisco denunci\u00f3 una \u00abcultura del \u201cdescarte\u201d\u00bb <\/span>106<\/sup><\/a><\/span><\/span> que provoca cada vez m\u00e1s formas nuevas de exclusi\u00f3n. En esta perspectiva, la justicia social exige mirar a las personas y a los pueblos comenzando por los que son m\u00e1s vulnerables: los pobres, los migrantes, los refugiados, los desplazados internos, las v\u00edctimas de la violencia, las personas que viven en periferias urbanas o existenciales.<\/p>\n\n\n\n

79. La idea de \u201cjusticia social\u201d ayuda a reconocer que las injusticias no nacen s\u00f3lo de decisiones equivocadas de los individuos, sino tambi\u00e9n de estructuras, mecanismos, sistemas econ\u00f3micos y culturales que producen desigualdad casi autom\u00e1ticamente. San Juan Pablo II habl\u00f3 en este sentido de estructuras de pecado <\/span>107<\/sup><\/a><\/span><\/span> que se oponen a la voluntad de Dios y requieren un esfuerzo de conversi\u00f3n personal y social. En esta perspectiva, la justicia no concierne s\u00f3lo a la distribuci\u00f3n equitativa de los bienes o a la correcci\u00f3n de las injusticias presentes, sino que asume tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n reparadora. Ella mira a recomponer los v\u00ednculos rotos y a reintegrar al que ha sido excluido, teniendo en cuenta las heridas provocadas por las injusticias: guerras, colonialismo, discriminaciones raciales o de g\u00e9nero, violencia contra pueblos enteros y explotaci\u00f3n. Esto puede significar restituir dignidad y voz a quienes han sido ignorados, favorecer procesos de sanaci\u00f3n de la memoria colectiva, combatir leyes y pr\u00e1cticas discriminatorias, y sostener concretamente a quienes cargan a\u00fan con las consecuencias de agravios sufridos en el pasado.<\/p>\n\n\n\n

80. En este tiempo, la justicia social debe confrontarse tambi\u00e9n con el ambiente creado por las tecnolog\u00edas digitales. La difusi\u00f3n de redes globales, plataformas y sistemas de IA cambia el modo de informarse, de comunicar y de acceder a los servicios. La justicia exige que se impida el surgimiento de nuevas formas de exclusi\u00f3n y privaci\u00f3n de la libertad: personas y pueblos a los que se les niega o dificulta el acceso a las tecnolog\u00edas b\u00e1sicas, comunidades expuestas a vigilancia invasiva y grupos sociales perjudicados por algoritmos opacos que reproducen prejuicios y discriminaciones. Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los m\u00e1s peque\u00f1os y a los m\u00e1s fr\u00e1giles, se opone al odio y a la desinformaci\u00f3n, y somete a control p\u00fablico el uso de los datos y de las tecnolog\u00edas, de modo que el criterio no sea s\u00f3lo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n

81. Un examen decisivo para la justicia social hoy est\u00e1 representado por la condici\u00f3n de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio clim\u00e1tico y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia est\u00e1 guiada por el miedo o por la fraternidad. El papa Francisco invitaba a reconocer en los migrantes no simplemente un problema a resolver, sino \u00abuna imagen viva del Pueblo de Dios en camino\u00bb; <\/span>108<\/sup><\/a><\/span><\/span>\u00a0personas con dignidad, recursos y sue\u00f1os, que tienen derecho a ser tratadas con respeto y piden la oportunidad de poder formar parte activa de las sociedades que las reciben. La justicia social, en este campo, implica al menos dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quien est\u00e1 obligado a partir, garantiz\u00e1ndole v\u00edas seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integraci\u00f3n. Por otra, promover tambi\u00e9n el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias econ\u00f3micas y a la crisis clim\u00e1tica. Cuando estos derechos son respetados, las migraciones pueden ser una ocasi\u00f3n de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En estos p\u00e1rrafos fundamentales, la justicia social se vincula con la \u00abopci\u00f3n preferencial por los pobres\u00bb y la identificaci\u00f3n de las \u00abestructuras de pecado\u00bb (Juan Pablo II) que impiden su realizaci\u00f3n. Adem\u00e1s de la denuncia cl\u00e1sica de las discriminaciones, la enc\u00edclica hace una aplicaci\u00f3n innovadora de este concepto a las realidades digitales: se apunta as\u00ed tanto a la vigilancia digital masiva, tal como se aplica en la Rep\u00fablica Popular China, como a la proliferaci\u00f3n de campa\u00f1as de desinformaci\u00f3n y de odio en los pa\u00edses del Sur y en Occidente. Por \u00faltimo, la condici\u00f3n migratoria, en la l\u00ednea de Francisco, se erige como un campo de prueba de la justicia social, con la exhortaci\u00f3n a \u00abcondiciones de acogida dignas\u00bb, pero tambi\u00e9n con una correcci\u00f3n: el derecho a permanecer en el propio hogar, a no verse empujado al exilio.<\/p>\n\n\n\n

El desarrollo humano integral <\/strong><\/h3>\n\n\n\n

82. En la Enc\u00edclica Populorum progressio<\/em>, san Pablo VI afirma que el desarrollo es aut\u00e9ntico s\u00f3lo si es \u201cintegral\u201d, es decir, dirigido a \u00abpromover a todos los hombres y a todo el hombre\u00bb. <\/span>109<\/sup><\/a><\/span><\/span> En los decenios sucesivos, la Doctrina social de la Iglesia ha retomado y profundizado esta expresi\u00f3n para indicar el modo concreto en el cual los grandes principios \u2014dignidad, bien com\u00fan, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia social\u2014 se aplican en la historia. Por \u201cdesarrollo humano integral\u201d entendemos un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro tambi\u00e9n a las generaciones venideras.<\/p>\n\n\n\n

83. El desarrollo, tanto para las personas como para las naciones, es una tarea y al mismo tiempo un derecho; requiere condiciones m\u00ednimas que hagan posible a cada persona y a cada pueblo madurar seg\u00fan la propia dignidad, sin ser mantenidos en dependencia o excluidos del acceso a los bienes necesarios. El desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulaci\u00f3n de bienes, y cuando se refiere tambi\u00e9n a los pueblos, no s\u00f3lo a los individuos. La justicia exige el reconocimiento de los derechos sociales y de los derechos de los pueblos, e incluye la responsabilidad hacia los que vendr\u00e1n despu\u00e9s de nosotros. Por eso no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados impidi\u00e9ndoles expresar sus propias potencialidades. <\/span>110<\/sup><\/a><\/span><\/span> El desarrollo es integral cuando no se reduce al \u00e1mbito econ\u00f3mico, sino que promueve la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa com\u00fan, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir. <\/span>111<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

84. La idea de desarrollo humano integral encuentra hoy un criterio decisivo de verificaci\u00f3n en la ecolog\u00eda integral, convertida en una dimensi\u00f3n imprescindible de la Doctrina social de la Iglesia. La calidad del desarrollo, de hecho, se mide por su capacidad de mantener unidos, sin separar, la justicia hacia las personas y la custodia de la Casa com\u00fan, favoreciendo condiciones de vida digna, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, cuidado de la creaci\u00f3n y atenci\u00f3n a las generaciones futuras. De ah\u00ed se sigue que no es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades m\u00e1s vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s de nosotros.<\/p>\n\n\n\n

85. As\u00ed comprendido, el desarrollo humano integral es el horizonte en el cual se han de leer las transformaciones de nuestro tiempo, incluyendo las de la revoluci\u00f3n digital. Las innovaciones tecnol\u00f3gicas \u2014incluida la inteligencia artificial\u2014 no son neutrales; pueden aumentar la participaci\u00f3n y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusi\u00f3n. Por eso, han de ser examinadas con una pregunta decisiva: \u00bfcontribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa com\u00fan y a las generaciones futuras? Es aqu\u00ed donde los principios de la Doctrina social se vuelven criterios concretos de discernimiento en los \u00e1mbitos que afrontaremos en los pr\u00f3ximos cap\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> El \u00faltimo principio de la DSI que se aborda, el desarrollo humano integral, se entiende como aquello que permite la realizaci\u00f3n del ser humano en todas las dimensiones de su persona; la ecolog\u00eda integral sirve aqu\u00ed como prueba: un programa est\u00e1 al servicio del desarrollo integral si logra conciliar los aspectos econ\u00f3micos necesarios con las preocupaciones sociales y ambientales, e incluso, en cierto sentido, morales y generacionales. Se recuerda tambi\u00e9n, una vez m\u00e1s, la no neutralidad de la t\u00e9cnica, proporcion\u00e1ndose un criterio de discernimiento para evaluar su utilidad: el respeto a ese mismo desarrollo integral. Aqu\u00ed, Le\u00f3n XIV puede dar la impresi\u00f3n de que se limita a generalidades, pero precisamente recuerda los principios a la luz de los cuales deben juzgarse las nuevas realidades.<\/p>\n\n\n\n

Un examen para la Iglesia<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

86. En conclusi\u00f3n, deseo tocar un punto que me preocupa de manera particular. La Doctrina social no es s\u00f3lo una palabra dirigida a la sociedad; es tambi\u00e9n un examen de conciencia para la Iglesia, casa y escuela de comuni\u00f3n, siempre llamada a verificar que los principios expuestos en este cap\u00edtulo se vivan sobre todo en su interior. El bien com\u00fan, en el \u00e1mbito eclesial, toma el rostro de un estilo sinodal para la misi\u00f3n al servicio del Reino. La Iglesia, en efecto, es \u00abel sujeto comunitario e hist\u00f3rico de la sinodalidad y de la misi\u00f3n\u00bb. <\/span>112<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esto requiere atenci\u00f3n al modo de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad. El Documento final<\/em> del S\u00ednodo identifica, entre las pr\u00e1cticas decisivas para la transformaci\u00f3n misionera, la cultura de la transparencia, la rendici\u00f3n de cuentas y la evaluaci\u00f3n. <\/span>113<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

87. En esta perspectiva, la subsidiariedad se convierte en un criterio de gobierno y de vida pastoral, que reconoce y sostiene la responsabilidad de los fieles y de los cuerpos intermedios eclesiales, valorando carismas y competencias, y evitando todo paternalismo que sofoca la libertad evang\u00e9lica. Concretamente, la participaci\u00f3n de los bautizados en los procesos de decisi\u00f3n y la corresponsabilidad en la misi\u00f3n pasan a trav\u00e9s de organismos de participaci\u00f3n reales, no nominales. <\/span>114<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Sophie de Ravinel<\/span>Decir que la Iglesia est\u00e1 comprometida y debe participar en la aplicaci\u00f3n interna de la subsidiariedad, pilar de la doctrina social de la Iglesia, es una verdadera novedad. Esta declaraci\u00f3n perdurar\u00e1 y, sin duda, algunos la considerar\u00e1n una ruptura clara, una voluntad pontificia de romper las barreras entre el clero y los fieles en el gobierno de la Iglesia. Le\u00f3n XIV sigue la l\u00ednea de su predecesor directo, el papa Francisco, pero se implica a t\u00edtulo personal y orienta a la Iglesia en esta direcci\u00f3n. Un hecho significativo, ya que pronto nombrar\u00e1 nuevos cardenales. Estos deber\u00e1n tener en cuenta y asumir esta orientaci\u00f3n, mientras que unas l\u00edneas m\u00e1s arriba, Le\u00f3n XIV hace un llamado a un \u00abexamen de conciencia para la Iglesia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

88. La solidaridad, para la comunidad cristiana, tiene su fuente en el misterio de Cristo y se nutre de la Eucarist\u00eda. Esta nace de la comuni\u00f3n en la fe y en los sacramentos: el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n nos unen en Cristo, para que seamos un solo cuerpo y un solo esp\u00edritu, un solo coraz\u00f3n y una sola alma (cf. Ef<\/em> 4,4; Hch <\/em>4,32). La Eucarist\u00eda, sacramento de la unidad, alimenta nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo y nos ense\u00f1a a compartir. Las diversas sensibilidades presentes en la Iglesia, las convicciones fuertes que animan a cada uno, son una riqueza si permanecen ancladas en la certeza de la unidad como don recibido y como tarea por asumir.<\/p>\n\n\n\n

89. Vivir la justicia en la Iglesia significa sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos. Al respecto, la escucha de las v\u00edctimas de abusos espirituales, econ\u00f3micos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del da\u00f1o, la reparaci\u00f3n justa y la prevenci\u00f3n. Todo poder est\u00e1 al servicio de la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n. Toda autoridad est\u00e1 al servicio del Pueblo de Dios. Esta diacon\u00eda se manifiesta no s\u00f3lo en la fe celebrada y vivida en los sacramentos, y en la adopci\u00f3n de un estilo sinodal, sino tambi\u00e9n en el hecho de compartir concretamente los bienes. Siguiendo el ejemplo de la Iglesia primitiva, los recursos eclesiales est\u00e1n llamados a ser realmente comunes, para que entre nosotros no haya necesitados (cf. Hch<\/em> 4,34) y para que su administraci\u00f3n sostenga la misi\u00f3n de anunciar el Evangelio a los m\u00e1s pobres. Han de promoverse formas regulares de evaluaci\u00f3n del ejercicio de las responsabilidades ministeriales, que no sean un juicio sobre las personas, sino instrumentos de formaci\u00f3n y de correcci\u00f3n orientados a la misi\u00f3n. <\/span>115<\/sup><\/a><\/span><\/span> Estos principios de la Doctrina social se encarnan en la vida eclesial en la medida en que estemos abiertos a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. De ese modo, la Iglesia es capaz de ofrecer a la sociedad un signo cre\u00edble: porque buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utop\u00eda, sino una posibilidad real. <\/span>116<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Le\u00f3n XIV concluye este cap\u00edtulo afirmando que la DSI no es solo un mensaje que la Iglesia transmite al mundo ad extra, sino tambi\u00e9n criterios de discernimiento para el autoexamen; por ello, aplica los distintos principios extra\u00eddos a la vida de la Iglesia cat\u00f3lica; el bien com\u00fan y la subsidiariedad, por ejemplo, est\u00e1n relacionados con la sinodalidad, forma de gobierno mediante la cual las decisiones deben tomarse en com\u00fan, y la solidaridad se vive en la diacon\u00eda, es decir, la participaci\u00f3n concreta en el servicio de la caridad y en la distribuci\u00f3n de los recursos; de manera bastante moderna, Le\u00f3n XIV tambi\u00e9n llama a introducir una cultura de la evaluaci\u00f3n interna y de la retroalimentaci\u00f3n en la Iglesia, no con una perspectiva de rendimiento, sino para identificar y corregir mejor los problemas de gobernanza, que se han hecho particularmente evidentes en el caso de los abusos sexuales, que el papa no pasa por alto.<\/p>\n\n\n\n

Cap\u00edtulo tercero
T\u00c9CNICA Y DOMINIO.
LA GRANDEZA DE LA PERSONA HUMANA
ANTE LAS PROMESAS DE LA IA<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

90. Despu\u00e9s de haber recordado los principios que iluminan la Doctrina social, deseo dirigir la mirada hacia algunos desaf\u00edos que afectan a nuestro modo de vivir este tiempo. La imagen b\u00edblica que acompa\u00f1a estas p\u00e1ginas es la de una construcci\u00f3n: por un lado, la torre de Babel, donde la obra com\u00fan est\u00e1 guiada por un proyecto de dominio que termina por deshumanizar (cf. Gn<\/em> 11,1-9); por otro lado, las ruinas de Jerusal\u00e9n, que con Nehem\u00edas se reconstruyen pieza por pieza, como una labor de responsabilidad compartida (cf. Ne<\/em> 2-6). Estamos llamados a interrogarnos sobre el gran proyecto de nuestra \u00e9poca: \u00bfqu\u00e9 estamos construyendo? Mientras el desarrollo tecnol\u00f3gico cambia r\u00e1pidamente lenguajes, relaciones, instituciones y formas de poder, nosotros, los creyentes, debemos y podemos elegir en qu\u00e9 proyecto trabajar y con qu\u00e9 estilo, para custodiar y valorar la magn\u00edfica humanidad que nos ha sido brindada como don. No se trata de una decisi\u00f3n sobre nuestro futuro, sino sobre nuestro presente, porque la IA y las dem\u00e1s tecnolog\u00edas emergentes ya son parte de nuestra vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n, formulada como una constataci\u00f3n, es muy contundente y constituye sin duda alguna una de las claves para interpretar la enc\u00edclica: no se trata tanto de prever el cambio que est\u00e1 por venir como de reflexionar sobre la transformaci\u00f3n que ya est\u00e1 aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n

91. Me acompa\u00f1a la convicci\u00f3n de que el modo concreto de vivir las relaciones sociales a la luz del Evangelio no est\u00e1 establecido de una vez para siempre, sino que sigue siendo una tarea confiada de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n a la comunidad cristiana. Bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, la Iglesia se deja iluminar por la Palabra, para leer los signos de los tiempos y buscar con creatividad nuevos caminos para que las relaciones entre las personas y los pueblos est\u00e9n cada vez m\u00e1s de acuerdo con las exigencias del Reino de Dios. <\/span>117<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por eso animo a todos, de manera particular a los fieles laicos, a no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad, de ponerse a la escucha rec\u00edproca y de asumir con firmeza la propia responsabilidad en la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s humana y fraterna.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Le\u00f3n XIV recuerda que el desaf\u00edo de adaptarse a las novedades de cada \u00e9poca se ha planteado a todas las generaciones de cristianos que deseaban perpetuar el mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n\n\n\n

El paradigma tecnocr\u00e1tico y el poder digital<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

92. En la Enc\u00edclica Laudato si\u2019<\/em> el papa Francisco denunciaba el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocr\u00e1tico <\/span>118<\/sup><\/a><\/span><\/span> en el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la l\u00f3gica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por s\u00ed sola las decisiones personales, sociales y econ\u00f3micas. As\u00ed se manifiesta con mayor evidencia que la t\u00e9cnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qu\u00e9 cuenta y qu\u00e9 puede descartarse, reduciendo la creaci\u00f3n a un objeto de explotaci\u00f3n y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez m\u00e1s eficaz.<\/p>\n\n\n\n

93. Este paradigma se ha extendido r\u00e1pidamente en los \u00faltimos a\u00f1os, tambi\u00e9n como efecto de la difusi\u00f3n de la IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnolog\u00eda, la rob\u00f3tica y la biotecnolog\u00eda. En s\u00ed mismas, dichas innovaciones pueden ser una gran ayuda para el desarrollo humano integral y el cuidado de la Casa com\u00fan. Pero, precisamente por su poder, pueden actuar como un acelerador del paradigma tecnocr\u00e1tico y, por ello, necesitan un nuevo marco espiritual, \u00e9tico y pol\u00edtico. M\u00e1s poderoso no significa necesariamente mejor. En este sentido, siguen siendo actuales las palabras de Romano Guardini: \u00abEl hombre moderno no est\u00e1 preparado para utilizar el poder con acierto\u00bb. <\/span>119<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Le\u00f3n XIV cita aqu\u00ed a una de las grandes fuentes de inspiraci\u00f3n de Benedicto XVI (y tema de la tesis doctoral del futuro papa Francisco), el sacerdote alem\u00e1n de origen italiano Romano Guardini (1885-1968), uno de los principales te\u00f3logos del Movimiento Lit\u00fargico y, como tal, analista de la modernidad filos\u00f3fica.<\/p>\n\n\n\n

94. El peligro de que la humanidad sea v\u00edctima de sus propias conquistas hab\u00eda sido ya percibido con lucidez por san Pablo VI, cuando advert\u00eda que \u00ablos progresos cient\u00edficos m\u00e1s extraordinarios, las proezas t\u00e9cnicas m\u00e1s sorprendentes, el crecimiento econ\u00f3mico m\u00e1s prodigioso, si no van acompa\u00f1ados de un aut\u00e9ntico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre\u00bb. <\/span>120<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por eso el progreso t\u00e9cnico, valioso en s\u00ed mismo, requiere un discernimiento sobre la visi\u00f3n antropol\u00f3gica que lo gu\u00eda y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnol\u00f3gico avanza sin una adecuada maduraci\u00f3n \u00e9tica y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se \u201ctiene m\u00e1s\u201d, pero no se \u201ces m\u00e1s\u201d, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece. <\/span>121<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

95. Aqu\u00ed es necesario reconocer un aspecto decisivo, que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de c\u00e1lculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores econ\u00f3micos y tecnol\u00f3gicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participaci\u00f3n. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control p\u00fablico, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Es evidente que este es uno de los temas recurrentes de la enc\u00edclica: los magnates de la tecnolog\u00eda concentran poderes tanto paraestatales como supranacionales, lo cual es intr\u00ednsecamente una anomal\u00eda y un factor de peligro.<\/p>\n\n\n\n

96. Frente a esta concentraci\u00f3n de poder en el mundo digital, los grandes principios de la Doctrina social se convierten en criterios para juzgar y discernir el nuevo escenario: la dignidad inalienable de la persona, el bien com\u00fan, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Estos principios exigen verificar si el poder de las infraestructuras digitales y de los algoritmos favorece realmente la participaci\u00f3n y la responsabilidad, protege a los m\u00e1s vulnerables, asegura un acceso equitativo a las oportunidades y se ordena al bien de todos. Con estas premisas podemos entonces considerar m\u00e1s de cerca qu\u00e9 es la inteligencia artificial, qu\u00e9 posibilidades abre y qu\u00e9 riesgos comporta.<\/p>\n\n\n\n

La inteligencia artificial<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

97. No es mi intenci\u00f3n ofrecer aqu\u00ed un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliograf\u00eda que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones importantes, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito eclesial, a las que es posible hacer referencia. <\/span>122<\/sup><\/a><\/span><\/span> Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que gu\u00ede las innovaciones t\u00e9cnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n

98. Es oportuno anteponer dos consideraciones: la primera es que cualquier afirmaci\u00f3n sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los dise\u00f1an, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo. Las inteligencias artificiales modernas est\u00e1n m\u00e1s \u201ccultivadas\u201d que \u201cconstruidas\u201d: los desarrolladores no dise\u00f1an directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA \u201ccrece\u201d. En consecuencia, los aspectos cient\u00edficos fundamentales \u2014como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas\u2014 siguen siendo desconocidos. Se manifiesta, por tanto, la urgencia de un doble compromiso: por una parte, una profundizaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El hecho de que el funcionamiento real de la IA escape en parte incluso a quienes la dise\u00f1an reviste, en efecto, una importancia capital para comprender en qu\u00e9 se diferencia esta tecnolog\u00eda de las anteriores: no se trata solo de la insuficiente cultura digital del p\u00fablico en general, que ya era el caso en la era del desarrollo de internet (no todo el mundo sab\u00eda programar ni dise\u00f1ar nuevos programas), sino de un proceso en s\u00ed mismo, que asemeja a la IA a algo creado pero no dominado.<\/p>\n\n\n\n

99. No es posible dar una definici\u00f3n \u00fanica y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equ\u00edvoco de equiparar esta \u201cinteligencia\u201d a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de c\u00e1lculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegr\u00eda y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido \u00faltimo de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empat\u00eda o comprensi\u00f3n, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de \u201caprender\u201d, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perd\u00f3n y fidelidad; es m\u00e1s bien una adaptaci\u00f3n estad\u00edstica a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Aqu\u00ed se entrecruzan constantemente los lenguajes cognitivo y moral: en el fondo, se vislumbra, por supuesto, la antropolog\u00eda cristiana de la persona humana y la concepci\u00f3n relacional o existencial que la sustenta. De hecho, resulta fundamental la afirmaci\u00f3n de que \u00abeste poder [la IA] sigue estando vinculado exclusivamente al procesamiento de datos\u00bb, y no a la evaluaci\u00f3n sapiencial de lo que es un dato.<\/p>\n\n\n\n

Una ayuda valiosa que requiere atenci\u00f3n<\/h4>\n\n\n\n

100. A la luz de cuanto se ha dicho, podemos comprender mejor por qu\u00e9 la IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exija un enfoque prudente y cauteloso. En los \u00faltimos a\u00f1os su uso privado ha crecido notablemente, y desde distintos \u00e1mbitos se reflexiona sobre las oportunidades y los riesgos vinculados a su r\u00e1pida difusi\u00f3n. En el uso personal, tres aspectos, en particular, deben ser tenidos en especial consideraci\u00f3n: la facilidad para lograr el resultado, la impresi\u00f3n de objetividad y la simulaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n humana. La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos medi\u00e1ticos y formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero tambi\u00e9n pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas r\u00e1pidas, debilitando el juicio personal y la creatividad. La impresi\u00f3n de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar, corre el riesgo de hacernos olvidar que estas reflejan los par\u00e1metros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado, con todas sus virtudes y defectos. La imitaci\u00f3n artificial de una comunicaci\u00f3n humana positiva \u2014palabras de consejo, de empat\u00eda, de amistad, de amor\u2014 puede resultar gratificante e incluso \u00fatil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a enga\u00f1o y dar la falsa impresi\u00f3n de estar en una relaci\u00f3n con un aut\u00e9ntico sujeto personal. Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relaci\u00f3n, sino una apariencia. La imitaci\u00f3n artificial de la relaci\u00f3n de cuidado o de acompa\u00f1amiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que est\u00e1 hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El papa se basa aqu\u00ed en estudios y observaciones emp\u00edricas que ponen de manifiesto el peligro de utilizar con demasiada frecuencia un asistente virtual como apoyo emocional, lo que puede provocar depresi\u00f3n, ansiedad, aislamiento social…<\/p>\n\n\n\n

101. Ampliando la mirada al uso de la IA en nuestras sociedades, constatamos que ya est\u00e1 presente en procesos de decisi\u00f3n en todos los \u00e1mbitos y a diversos niveles: en la comunicaci\u00f3n, la gesti\u00f3n y el control. Las ventajas en t\u00e9rminos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopci\u00f3n r\u00e1pida y acr\u00edtica nos expone a diversos riesgos, como el de subestimar el impacto ambiental. Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energ\u00eda y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anh\u00eddrido carb\u00f3nico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos ling\u00fc\u00edsticos, crecen tambi\u00e9n las necesidades de potencia de c\u00e1lculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de m\u00e1quinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energ\u00eda. Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnol\u00f3gicas m\u00e1s sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa com\u00fan. <\/span>123<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Este es el segundo gran enfoque, de car\u00e1cter ecol\u00f3gico, de la cr\u00edtica a la IA: a medida que aumenta su potencia de c\u00e1lculo, su impacto ambiental se intensifica.<\/p>\n\n\n\n

Responsabilidad, transparencia y gobernanza de la IA<\/h4>\n\n\n\n

102. El uso de la IA nunca es un hecho puramente t\u00e9cnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputaci\u00f3n y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a cr\u00e9ditos y a otros servicios, y la reputaci\u00f3n de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen \u00abla compasi\u00f3n, la misericordia, el perd\u00f3n y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo\u00bb, <\/span>124<\/sup><\/a><\/span><\/span> pudiendo as\u00ed producir nuevas formas de descarte. Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n o la violaci\u00f3n de la privacidad, pero puede haber tambi\u00e9n un enga\u00f1o menos evidente, cuando los sistemas de IA, present\u00e1ndose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideol\u00f3gicas de quienes los han dise\u00f1ado y programado.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Es interesante observar que Le\u00f3n XIV hace aqu\u00ed referencia al discurso de Francisco durante los muy discretos \u00abDi\u00e1logos Minerva\u00bb que se celebraron en el Vaticano sobre la IA.<\/p>\n\n\n\n

Pasquale Annicchino<\/span>La eficacia algor\u00edtmica no puede sustituir al juicio moral y jur\u00eddico humano. Delegar decisiones existenciales o legales en sistemas automatizados opacos corre el riesgo de socavar el Estado de derecho, transformando la justicia en un simple c\u00e1lculo probabil\u00edstico carente de equidad y responsabilidad. El derecho supone una deliberaci\u00f3n, una motivaci\u00f3n y una imputabilidad que la \u00abcaja negra\u00bb algor\u00edtmica disuelve. De hecho, la rendici\u00f3n de cuentas constituye el n\u00facleo de la responsabilidad jur\u00eddica.<\/p>\n\n\n\n

103. Confiar, en la pr\u00e1ctica, a un algoritmo el poder de seleccionar qui\u00e9n es digno y qui\u00e9n no, sin que nadie asuma el peso de la decisi\u00f3n, significa encomendarle la tarea de redefinir los l\u00edmites de las posibilidades humanas. Lo que disminuye, en este proceso, no es s\u00f3lo la empat\u00eda hacia el excluido, que puede ser imitada artificialmente, sino la responsabilidad pol\u00edtica, porque el descarte de los d\u00e9biles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar. Y, de ese modo, la injusticia se realiza silenciosamente y la compasi\u00f3n, la misericordia y el perd\u00f3n, no como simple apariencia, sino como gestos pol\u00edticos, desaparecen del horizonte.<\/p>\n\n\n\n

104. De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto t\u00e9cnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelaci\u00f3n, no es un simple instrumento que \u201chay que usar correctamente\u201d; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento \u00e9tico no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse tambi\u00e9n sobre el modo en el que est\u00e1 dise\u00f1ado y qu\u00e9 idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo gu\u00edan. <\/span>125<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Un pasaje fundamental, que intenta comprender en profundidad el problema espec\u00edfico que plantea la IA en comparaci\u00f3n con otras nuevas tecnolog\u00edas: la IA no es solo un pedernal m\u00e1s sofisticado del que se puede hacer, como con cualquier herramienta, un uso bueno o malo, sino que en su propia configuraci\u00f3n incluye la posibilidad de tratar el fen\u00f3meno humano como un conjunto de datos que hay que optimizar.<\/p>\n\n\n\n

105. Para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien com\u00fan, es esencial que las responsabilidades est\u00e9n claras en todas las etapas: desde quienes dise\u00f1an y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas. En muchos casos, sin embargo, los procesos internos que conducen a un resultado pueden ser poco transparentes, y eso hace m\u00e1s dif\u00edcil atribuir responsabilidades y corregir los errores. Es aqu\u00ed donde se vuelve decisivo lo que llamamos \u201cresponsabilidad\u201d( accountability<\/em>): la posibilidad de identificar qui\u00e9n debe \u201crendir cuentas\u201d de las decisiones, motivarlas, controlarlas y, cuando es necesario, cuestionarlas y remediar los da\u00f1os que derivan de ellas. <\/span>126<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Es la conclusi\u00f3n l\u00f3gica y, sin embargo, en este momento no pasa de ser una ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

106. Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, tambi\u00e9n una ralentizaci\u00f3n en la adopci\u00f3n de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana. Esta exigencia es a\u00fan m\u00e1s urgente porque existe a menudo un desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnol\u00f3gico y el ritmo al que maduran la conciencia, las normas, los controles y las instituciones capaces de gobernar sus efectos. No basta invocar gen\u00e9ricamente la \u00e9tica; se necesitan marcos jur\u00eddicos adecuados, vigilancia independiente, educaci\u00f3n de los usuarios, una pol\u00edtica que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio ser\u00e1 gobernado s\u00f3lo por l\u00f3gicas tecnocr\u00e1ticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de c\u00e1lculo.<\/p>\n\n\n\n

107. No podemos limitarnos a invocar la moralizaci\u00f3n de la m\u00e1quina, la denominada \u201calineaci\u00f3n\u201d de la IA con los valores humanos, sin tener la valent\u00eda de poner una condici\u00f3n ulterior: la posibilidad de discutir el c\u00f3digo \u00e9tico que debe ser usado, someti\u00e9ndolo a criterios de justicia social compartida. De lo contrario, quien controla la IA impondr\u00e1 su propia visi\u00f3n moral, que se convertir\u00e1 en la infraestructura invisible de los sistemas. No servir\u00eda de nada una IA m\u00e1s moral, si esta moral es decidida por unos pocos. Se necesita una pol\u00edtica m\u00e1s presente, capaz de ralentizar donde todo acelera y de proteger los espacios en los que las comunidades pueden seguir participando e interrog\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> De una manera bastante inusual para un papa, Le\u00f3n XIV politiza aqu\u00ed la moral al afirmar que no basta con vagas invocaciones a una \u00e9tica supuestamente compartida por todos, sino que hay que preguntarse de manera muy concreta qu\u00e9 moral o morales subyacen en los creadores de los modelos de entrenamiento; esta moral debe convertirse en tema de debates colectivos y, por lo tanto, pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n

108. En efecto, como ocurre con todo gran avance tecnol\u00f3gico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos econ\u00f3micos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien com\u00fan y del destino universal de los bienes, este fen\u00f3meno suscita seria preocupaci\u00f3n: peque\u00f1os grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democr\u00e1ticos e incidir en las din\u00e1micas econ\u00f3micas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos. Por eso es indispensable que el uso de la IA \u2014sobre todo cuando involucra bienes p\u00fablicos y derechos fundamentales\u2014 est\u00e9 acompa\u00f1ado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participaci\u00f3n y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia. Adem\u00e1s, la propiedad de los datos no puede confiarse s\u00f3lo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Estos son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos. Hace falta una creatividad capaz de gestionarlos como uno de los bienes comunes o colectivos, en la l\u00f3gica del compartir, como ya suger\u00eda san Juan Pablo II a prop\u00f3sito de los bienes colectivos. <\/span>127<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

109. Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital inform\u00e1tico y capacidad normativa, hablar de bien com\u00fan significa desenmascarar esta nueva asimetr\u00eda epist\u00e9mica, econ\u00f3mica y pol\u00edtica, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnolog\u00edas y a la formaci\u00f3n. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervenci\u00f3n a una vigilancia posterior, una vez que los est\u00e1ndares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que alimenta los modelos algor\u00edtmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las geograf\u00edas del poder que definen qui\u00e9n puede programar los modelos y qui\u00e9n es s\u00f3lo objeto de esa programaci\u00f3n, y reconocer que la justicia social no es s\u00f3lo un objetivo que hay que tutelar despu\u00e9s de la adopci\u00f3n de las tecnolog\u00edas, sino una condici\u00f3n que se debe poner en pr\u00e1ctica desde su dise\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n

110. Quisiera, por \u00faltimo, usar una palabra muy importante para m\u00ed: \u201cdesarmar\u201d. Desarmar la IA significa sustraerla a la l\u00f3gica de la competencia armament\u00edstica, que hoy ya no es s\u00f3lo militar sino econ\u00f3mica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo m\u00e1s eficaz y por el banco de datos m\u00e1s amplio, para consolidar una ventaja geopol\u00edtica o comercial sobre todos los dem\u00e1s. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnol\u00f3gico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnolog\u00eda, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es s\u00f3lo \u00e9tica o t\u00e9cnica; es ecol\u00f3gica en el sentido m\u00e1s radical, porque interpela una nueva dimensi\u00f3n de nuestra Casa com\u00fan. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> El p\u00e1rrafo anterior contiene una serie de afirmaciones muy contundentes; el llamado a desarmar la IA recuerda las posturas adoptadas contra la carrera armamentista nuclear, en la l\u00ednea de Juan XXIII y de Pacem in terris<\/em> (1963); la postura bastante radicalmente antinuclear militar de la Iglesia le vali\u00f3 la acusaci\u00f3n de irenismo. \u00bfSe expone Le\u00f3n XIV a la misma cr\u00edtica? Sin embargo, el \u00abdesarme\u00bb invocado aqu\u00ed no tiene el mismo sentido.<\/p>\n\n\n\n

111. Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participaci\u00f3n en el acto divino de la creaci\u00f3n. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso \u00e9tico y espiritual, ya que cada elecci\u00f3n de proyecto expresa una visi\u00f3n de la humanidad. As\u00ed como el autor de una obra art\u00edstica o literaria est\u00e1 obligado a considerar los valores que manifiesta, as\u00ed tambi\u00e9n ellos est\u00e1n llamados a tratar con la debida seriedad los valores que infunden en sus proyectos: con transparencia, con responsabilidad hacia las comunidades involucradas y con atenci\u00f3n a verificar que lo que se cultiva sea realmente un bien.<\/p>\n\n\n\n

Lo que no podemos perder<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

112. Despu\u00e9s de haber recordado las cuestiones de la responsabilidad y del gobierno de la IA, es necesario volver a nuestro tema central: qu\u00e9 significa custodiar lo humano. El riesgo no es s\u00f3lo que algunas tecnolog\u00edas se usen mal, sino que el paradigma tecnocr\u00e1tico en el que estamos inmersos, potenciado por la revoluci\u00f3n digital y la IA, haga parecer justa y normal una visi\u00f3n antihumana, seg\u00fan la cual la plenitud de la vida consistir\u00eda en tener m\u00e1s, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo. Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse m\u00e1s que como una criatura llamada a la relaci\u00f3n y a la comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

113. En realidad, absolutizar una sola dimensi\u00f3n del ser humano es siempre err\u00f3neo. En efecto, no es s\u00f3lo la carencia lo que genera desorden. Tambi\u00e9n aquello que crece sin medida puede convertirse en una forma de pobreza. En un ecosistema, la armon\u00eda se rompe cuando una sola especie prolifera en detrimento de las dem\u00e1s; en lo humano, ocurre lo mismo cuando una facultad pretende ser la medida de todo. As\u00ed, la inteligencia, si se absolutiza, termina por velar otras dimensiones esenciales de la vida: el afecto, la voluntad, la entrega y la relaci\u00f3n. El poder t\u00e9cnico, si no se equilibra, no nos hace m\u00e1s capaces; nos a\u00edsla, y nos expone a\u00fan m\u00e1s a l\u00f3gicas de dominio y de exclusi\u00f3n. No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en s\u00ed misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Le\u00f3n XIV se adentra aqu\u00ed en una cr\u00edtica de car\u00e1cter m\u00e1s filos\u00f3fico de la IA y de la concepci\u00f3n materialista y determinista del hombre que esta subyace; en la ra\u00edz del proyecto demi\u00fargico que evocan algunos de sus promotores se encuentra una cierta pobreza definicional de lo propio del hombre, a la que el papa pretende poner remedio mediante una antropolog\u00eda espiritual y relacional.<\/p>\n\n\n\n

114. La calidad de una civilizaci\u00f3n se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una funci\u00f3n. La capacidad de saber cuidarnos los unos a los otros es una dimensi\u00f3n importante de nuestro ser humano. Esta capacidad se aprende y se perfecciona con la experiencia. Leer cuentos a un ni\u00f1o, acompa\u00f1ar a una persona anciana o hacer acogedor un espacio, son gestos que se viven en un ambiente familiar, pero que nos ayudan a aprender y a interiorizar la importancia del cuidado a nivel social y nos entrenan para reconocer al otro como persona digna de atenci\u00f3n. La tecnolog\u00eda puede sostener tambi\u00e9n el cuidado mutuo entre personas, por ejemplo si ofrece instrumentos que ayuden a prever y organizar, sin despojar al ser humano de su libertad y de su juicio, en cuanto sujeto de relaciones y responsable de decisiones.<\/p>\n\n\n\n

Narrativas de fondo: transhumanismo y posthumanismo<\/h4>\n\n\n\n

115. Tratando de hacer emerger los presupuestos culturales que acompa\u00f1an la revoluci\u00f3n digital en curso, quisiera ahora dirigir la atenci\u00f3n a algunas corrientes que interpretan el progreso como una superaci\u00f3n del ser humano y que podemos clasificar con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Estas corrientes constituyen el trasfondo ideol\u00f3gico que reside en algunos centros de poder tecnol\u00f3gico y colonizan el imaginario colectivo de forma simplificada, especialmente en los medios y en las redes sociales, induciendo el entusiasmo por las nuevas tecnolog\u00edas con una visi\u00f3n futurista de \u201chumanidad potenciada\u201d o de \u201chombre hibridado\u201d con la m\u00e1quina.<\/p>\n\n\n\n

Pasquale Annicchino<\/span>Estos p\u00e1rrafos me parecen fundamentales, con su \u00e9nfasis en el \u00abdesarme\u00bb de una ideolog\u00eda pseudoreligiosa que promete superar los l\u00edmites humanos mediante la IA. El magisterio responde reafirmando la centralidad del l\u00edmite y la vulnerabilidad humanos, desenmascarando el car\u00e1cter reduccionista y materialista de la antropolog\u00eda transhumanista que subyace a gran parte del desarrollo tecnol\u00f3gico de Silicon Valley. Mientras que el transhumanismo interpreta la finitud como un defecto que hay que corregir, la tradici\u00f3n cristiana la interpreta como una dimensi\u00f3n constitutiva de la condici\u00f3n humana \u2014lugar de la relaci\u00f3n, de la dependencia rec\u00edproca y, en definitiva, del sentido\u2014. Desarmar esta escatolog\u00eda tecnol\u00f3gica no significa rechazar el progreso, sino rechazar que este se erija en salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

116. El transhumanismo y el posthumanismo comprenden en su interior una pluralidad de corrientes y sensibilidades, y resulta dif\u00edcil hacer una descripci\u00f3n un\u00edvoca de ellas. Pueden ser comparadas con un archipi\u00e9lago de islas conceptuales diferentes, pero unidas por el mismo mar de presupuestos: la centralidad de la t\u00e9cnica y el sue\u00f1o de superar los l\u00edmites de la condici\u00f3n humana. En general, el transhumanismo imagina una potenciaci\u00f3n del ser humano por medio de las tecnolog\u00edas \u2014biomedicina, ingenier\u00eda del cuerpo, dispositivos, algoritmos\u2014, con la aspiraci\u00f3n de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo, sobre todo en sus versiones m\u00e1s radicales, va m\u00e1s all\u00e1: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridaci\u00f3n entre el ser humano, la m\u00e1quina y el ambiente, hasta imaginar que atravesar\u00e1 el umbral en el que la humanidad se superar\u00e1 a s\u00ed misma, entrando en una nueva etapa evolutiva. Aun cuando estas hip\u00f3tesis siguen siendo en gran parte especulativas, van adquiriendo relevancia, porque modifican el imaginario colectivo y, en consecuencia, orientan las decisiones sociales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas. <\/span>128<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

117. El punto cr\u00edtico, a la luz de la Doctrina social de la Iglesia, no es el uso de la t\u00e9cnica en cuanto tal, sino la visi\u00f3n que all\u00ed subyace; si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve m\u00e1s f\u00e1cil aceptar que algunos sean considerados menos \u00fatiles, menos deseables, menos dignos. En nombre del progreso se puede llegar a pensar en \u201csacrificios necesarios\u201d, y hacer pagar a los m\u00e1s vulnerables el precio de una presunta optimizaci\u00f3n de la especie. La ya mencionadaadvertencia de san Pablo VI sigue siendo una gran intuici\u00f3n: realmente las conquistas de la ciencia y de la t\u00e9cnica, desvinculadas del progreso moral y social, terminan por volverse contra el hombre. <\/span>129<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por ello es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnolog\u00edas en una visi\u00f3n humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el l\u00edmite y promete una \u201csalvaci\u00f3n\u201d puramente t\u00e9cnica.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Aqu\u00ed, Le\u00f3n XIV vuelve a una cr\u00edtica m\u00e1s tradicional del imaginario transhumanista, en la medida en que deja de lado o transforma radicalmente la cuesti\u00f3n de la salvaci\u00f3n, que se encuentra en el centro de las fragilidades humanas, al articular el transhumanismo del hombre mejorado y el posthumanismo del hombre \u00abmigrado\u00bb a la m\u00e1quina, hibridado con ella, o incluso reemplazado por una IA general.<\/p>\n\n\n\n

El l\u00edmite, el coraz\u00f3n, la grandeza del ser humano<\/h3>\n\n\n\n

118. Hoy nuestra relaci\u00f3n con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un \u201cl\u00edmite\u201d \u2014incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad\u2014 tiende a ser le\u00eddo principalmente como un defecto que hay que corregir, m\u00e1s que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relaci\u00f3n. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar<\/em> del l\u00edmite, sino a menudo a trav\u00e9s<\/em> del l\u00edmite. Una visi\u00f3n de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos \u201ccontingencia\u201d de las cosas de este mundo. Si por un lado es necesario tratar de eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva, sabiendo que \u00abla experiencia religiosa, en particular la fe cristiana, proponen habitar sin simplificaciones esta ambivalencia entre la grandeza y el l\u00edmite de lo humano, interpret\u00e1ndola a la luz de la relaci\u00f3n originaria y fundante con Dios\u00bb. <\/span>130<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

119. Es precisamente en nuestro ser limitados donde encuentran lugar la compasi\u00f3n, la sincera preocupaci\u00f3n ante las necesidades de los dem\u00e1s, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoraci\u00f3n a Dios. Lo vemos en tantos momentos en los que el l\u00edmite se hace tangible en nuestra vida: cuando recibimos un rechazo, cuando sufrimos a causa de la enfermedad o la muerte de una persona amada, cuando experimentamos la incapacidad o el error. Misteriosamente, es en estos casos que podemos encontrar una nueva sabidur\u00eda, palpar el afecto de las personas y experimentar la presencia del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n

120. Aun cuando el l\u00edmite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana ense\u00f1a a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor ser\u00eda necesario, a fin de cuentas, apagar tambi\u00e9n el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los a\u00f1os conservamos en nosotros ense\u00f1anzas que quedan marcadas como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y ca\u00eddas, sue\u00f1os y decepciones. S\u00f3lo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el coraz\u00f3n esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto m\u00e1s dulce de nuestro ser humanos. <\/span>131<\/sup><\/a><\/span><\/span> Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dram\u00e1tica y espl\u00e9ndida, en nombre de una presunta superaci\u00f3n de todo l\u00edmite podr\u00eda ser cualquier cosa, pero no significar\u00eda ser humanos.<\/p>\n\n\n\n

121.La corrupci\u00f3n moral de nuestro l\u00edmite creatural \u2014el mal que evidentemente agita el coraz\u00f3n del hombre\u2014 arruina la sociedad y la vida, llegando incluso a extremos de deshumanidad. Y, sin embargo, tambi\u00e9n esta dolorosa forma de l\u00edmite deja resquicios al bien. Aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una peque\u00f1a luz sigue brillando en la humanidad y sigue siendo capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Viktor Frankl dec\u00eda justamente que en los momentos de horror \u00abhemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las c\u00e1maras de gas de Auschwitz, pero tambi\u00e9n es el ser que ha entrado en esas mismas c\u00e1maras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shem\u00e1 Israel en los labios\u00bb. <\/span>132<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Siguiendo, en particular, a Urs von Balthasar, Le\u00f3n XIV parece indicar que lo propio del hombre reside en su condici\u00f3n dram\u00e1tica, que es a la vez aceptaci\u00f3n de su finitud y apertura a un m\u00e1s all\u00e1 procedente de otra parte que la trascender\u00eda; desde esta perspectiva, cualquier avance t\u00e9cnico que niegue lo tr\u00e1gico de la condici\u00f3n humana no puede ser m\u00e1s que una parodia de la Salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

122. La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro. Por lo dem\u00e1s, precisamente porque experimenta el l\u00edmite \u2014la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso\u2014 puede reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable. Y en la misma experiencia del l\u00edmite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad m\u00e1s grande que \u00e9l mismo y de reconocer la injusticia como esc\u00e1ndalo. La cultura y el arte, cuando son aut\u00e9nticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalizaci\u00f3n del mal. De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi prof\u00e9tico: la Novena Sinfon\u00eda<\/em> de Beethoven como deseo de unidad; Guernica<\/em> como denuncia de la deshumanizaci\u00f3n; La<\/em> lista de Schindler<\/em> como una invitaci\u00f3n a no entregar el pasado al olvido.<\/p>\n\n\n\n

123. La historia no se presenta s\u00f3lo como el cat\u00e1logo de nuestras acciones violentas, sino tambi\u00e9n como la prueba de que el ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida com\u00fan. En los \u00faltimos dos siglos lo vemos en algunos acontecimientos emblem\u00e1ticos: el nacimiento del Comit\u00e9 Internacional de la Cruz Roja (1863), cuya neutralidad operativa garantiza un cuidado compasivo para todos; el largo proceso que ha llevado a la abolici\u00f3n de la esclavitud, que no ha sido un simple cambio jur\u00eddico, sino una transformaci\u00f3n de la conciencia; la fundaci\u00f3n de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (1945) y la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos<\/em> (1948), que han fijado un lenguaje com\u00fan para decir, al menos como ideal compartido, que la dignidad es universal; la Convenci\u00f3n sobre los refugiados<\/em> (1951), que reconoce un deber de protecci\u00f3n hacia los que huyen de persecuciones y amenazas. En estos ejemplos, el deseo de bien se traduce concretamente en formas p\u00fablicas \u2014normas, instituciones, pr\u00e1cticas\u2014 capaces de limitar la fuerza y defender a los vulnerables. Pero nada de eso ha surgido sin ser enfrentado por resistencias, intereses mezquinos e inercias culturales. Las conquistas morales tienen casi siempre el rostro de un camino largo y fatigoso, marcado tambi\u00e9n por contratiempos; pensemos en los procesos de paz interrumpidos o en la lenta aplicaci\u00f3n de los compromisos ambientales. Aun as\u00ed, precisamente la fragilidad de estos resultados demuestra cu\u00e1n preciosa es la responsabilidad de quienes los inician y los sostienen.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Le\u00f3n XIV, al referirse a los grandes textos fundamentales del derecho internacional, hace una sutil alusi\u00f3n al proceso de desmantelamiento (de los acuerdos de Par\u00eds, los procesos de paz, etc.) que parece estar en marcha.<\/p>\n\n\n\n

124. Algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos: el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de Am\u00e9rica, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del apartheid<\/em> en Sud\u00e1frica despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n de Nelson Mandela y su decisi\u00f3n de no poner el futuro en manos del odio. En diversos contextos se han distinguido adem\u00e1s mujeres valientes y generosas como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Sk\u0142odowska-Curie, Maria Montessori, Elisabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto y tantas otras de todos los continentes, que con su esfuerzo han contribuido a hacer m\u00e1s humana la historia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Cabe destacar que esta \u00faltima lista, que re\u00fane a figuras de religiones y culturas muy diferentes, est\u00e1 compuesta exclusivamente por mujeres.<\/p>\n\n\n\n

125. Junto a estos signos p\u00fablicos, existe una trama m\u00e1s discreta pero decisiva: las comunidades religiosas que eligen lugares pobres y peligrosos; los m\u00e1rtires de la fraternidad y de la justicia como san Maximiliano Mar\u00eda Kolbe, san \u00d3scar Romero y el beato Enrique Angelelli, junto con testigos que han encarnado, en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre, como el venerable Fran\u00e7ois-Xavier Nguy\u1ec5n V\u0103n Thu\u1eadn. Y, sobre todo, los \u201cm\u00e1rtires de lo cotidiano\u201d que curan, educan, acompa\u00f1an y consuelan discretamente, como los padres de familia, los enfermeros, los m\u00e9dicos, los voluntarios y las personas que est\u00e1n junto a los ancianos o a los excluidos. Su testimonio muestra que el bien no progresa de manera autom\u00e1tica, sino que requiere perseverancia, memoria y una conversi\u00f3n que hace capaces de recomenzar incluso despu\u00e9s de las derrotas.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Maximiliano Kolbe (1894-1941, canonizado en 1982) fue un religioso polaco deportado a Auschwitz, donde se ofreci\u00f3 voluntariamente para ocupar el lugar de un padre de familia condenado a morir de hambre; \u00d3scar Romero (1917-1980) fue un arzobispo salvadore\u00f1o, figura destacada de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, asesinado por un escuadr\u00f3n de la muerte y canonizado por Francisco en 2018; Enrique Angelelli (1923-1976) es un obispo argentino que probablemente fue asesinado por oponerse a la dictadura militar, beatificado en 2019.<\/p>\n\n\n\n

126. Precisamente esta convergencia de instituciones justas, testimonios cre\u00edbles y fidelidades cotidianas mantiene viva la esperanza e indica una direcci\u00f3n: hacer que la t\u00e9cnica crezca sin que se repliegue el coraz\u00f3n. Por eso la humanidad \u2014magn\u00edfica y herida\u2014 no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la t\u00e9cnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relaci\u00f3n y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un aut\u00e9ntico \u201cm\u00e1s que humano\u201d, \u00bfd\u00f3nde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo.<\/p>\n\n\n\n

El verdadero \u201cm\u00e1s que humano\u201d: gracia y humanismo cristiano<\/strong><\/h4>\n\n\n\n

127. La expresi\u00f3n \u201cm\u00e1s que humano\u201d no pertenece s\u00f3lo al lenguaje de las promesas t\u00e9cnicas. Desde hace siglos, la tradici\u00f3n cristiana afirma que el ser humano no est\u00e1 encerrado en los l\u00edmites de la propia naturaleza, sino que est\u00e1 llamado a trascenderse a s\u00ed mismo; no para huir de la realidad o despreciar el l\u00edmite, sino para realizarse en el amor. La fe conoce un \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d que nace del don de Dios. Esta transformaci\u00f3n es obra del Esp\u00edritu Santo. Como ense\u00f1aba santo Tom\u00e1s de Aquino, este proceso de elevaci\u00f3n y transformaci\u00f3n \u00absobrepasa la capacidad de la naturaleza humana\u00bb, <\/span>133<\/sup><\/a><\/span><\/span> porque hay una distancia infinita <\/span>134<\/sup><\/a><\/span><\/span> entre nuestra naturaleza y la vida de Dios. Sin embargo, es posible ser introducidos en el seno de esa vida inextinguible, incluso mientras caminamos entre los l\u00edmites de este mundo. Y quien hace posible este camino s\u00f3lo puede ser el Infinito que se da: es Dios mismo quien supera la desproporci\u00f3n \u201cinfinita\u201d. <\/span>135<\/sup><\/a><\/span><\/span> As\u00ed se realiza la re-creaci\u00f3n de lo humano: \u00abEl que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente\u00bb ( 2 Co<\/em> 5,17).<\/p>\n\n\n\n

128. Cuando aceptamos esta posibilidad de trascendernos a nosotros mismos con la gracia de Dios no renegamos de nosotros mismos, no nos volvemos menos humanos. Por el contrario, como explicaba el papa Francisco, \u00abllegamos a ser plenamente humanos cuando somos m\u00e1s que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser m\u00e1s verdadero\u00bb. <\/span>136<\/sup><\/a><\/span><\/span> Aqu\u00ed se encuentra la diferencia radical respecto a los sue\u00f1os prometeicos: lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relaci\u00f3n que libera, una comuni\u00f3n que transforma. Frente a esto, una tecnolog\u00eda que clasifica y optimiza lo que ya existe puede ser, sin querer, un obst\u00e1culo al cambio y al crecimiento. Para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo. El futuro de una persona no es calculable, sino que est\u00e1 confiado a su libertad \u2015elevada por la inagotable gracia divina\u2015 y a las relaciones que cultiva.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Como contrapunto a las utop\u00edas de la regeneraci\u00f3n del hombre, Le\u00f3n XIV recuerda que, para la doctrina cat\u00f3lica, la \u00fanica regeneraci\u00f3n verdadera, operada por el bautismo, es aquella que eleva al hombre del orden de la naturaleza al orden de la gracia y, mediante la amistad divina, lo hace entrar en la vida de Dios mismo: esta Salvaci\u00f3n es a la vez extr\u00ednseca e \u00edntima, inaudita y reveladora, a la manera de una luz proyectada desde el exterior que revelar\u00eda los claroscuros del alma humana. Aqu\u00ed se relaciona con el ethos relacional que hace del hombre un ser de comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Dos ciudades y dos amores<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

129. El humanismo cristiano no rechaza la ciencia ni la t\u00e9cnica, sino que las asume con gratitud y realismo, y las sit\u00faa \u201ccon los pies en la tierra\u201d dentro de una vocaci\u00f3n m\u00e1s alta. La inteligencia creativa del ser humano es un don que puede aliviar sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero debe permanecer ordenada al bien com\u00fan, a la justicia, al cuidado de los fr\u00e1giles y de la creaci\u00f3n. En este sentido, la verdadera alternativa no est\u00e1 entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos modos de construir: un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, o un progreso que los doblega a l\u00f3gicas de poder. Al final, la pregunta decisiva sigue siendo la indicada por san Juan Pablo II: la IA, \u00bf\u00abhace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, \u201cm\u00e1s humana\u201d?; \u00bfla hace m\u00e1s \u201cdigna del hombre\u201d?\u00bb. <\/span>137<\/sup><\/a><\/span><\/span> Si la respuesta es \u201cs\u00ed\u201d, entonces podemos reconocer en ella una posibilidad buena para usar con responsabilidad, en un camino de reconstrucci\u00f3n compartida y paciente, seg\u00fan el modelo del renacimiento de Jerusal\u00e9n narrado en el libro de Nehem\u00edas. Si, en cambio, el poder crece mientras el coraz\u00f3n se marchita y los v\u00ednculos se rompen, entonces estamos frente a una nueva versi\u00f3n de Babel: una construcci\u00f3n grandiosa, pero inhumana.<\/p>\n\n\n\n

130. Interrogarnos sobre esta alternativa de progreso y sobre nuestro modo de interpretarlo y vivirlo significa siempre, a fin de cuentas, examinar tambi\u00e9n nuestro coraz\u00f3n. De hecho, el modo en el que pensamos y estructuramos las relaciones, el trabajo y las instituciones, manifiesta nuestros valores fundamentales y, en definitiva, nace de lo que tenemos en el coraz\u00f3n. Es un amor que nos gu\u00eda: aquello que amamos realmente, como individuos y como sociedad, orienta nuestra vida y nuestras acciones. San Agust\u00edn describe la historia humana como un lugar de lucha entre dos amores, que han construido dos modos de habitar el mundo y de convivir, dos \u201cciudades\u201d: por un lado, el amor a Dios y al pr\u00f3jimo; por otro, \u00fanicamente el amor a s\u00ed mismo. \u00abDos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de s\u00ed mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de s\u00ed, la celestial\u00bb. <\/span>138<\/sup><\/a><\/span><\/span> Como en toda la historia humana, tambi\u00e9n hoy estos dos amores luchan en nuestro coraz\u00f3n por el predominio. El tiempo de la IA no escapa a esta regla: la construcci\u00f3n de Babel o la de Jerusal\u00e9n comienza en cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Le\u00f3n XIV retoma aqu\u00ed el famoso incipit de La Ciudad de Dios<\/em>, de Agust\u00edn, tratado escrito en respuesta al trauma de la ca\u00edda de Roma a manos de los b\u00e1rbaros visigodos en el a\u00f1o 410: la historia humana, al igual que los movimientos del alma, se describe en ella como una mezcla constante del amor sui, que construye las ciudades terrenales, las cuales tienen todas algo de Babel, y el amor Dei, que a imagen de Nehem\u00edas reconstruyendo las murallas de Jerusal\u00e9n, edifica la ciudad celestial, la Jerusal\u00e9n del fin de los tiempos, cuya prefiguraci\u00f3n aqu\u00ed abajo es la Iglesia. Lo importante en el tiempo es aqu\u00ed menos la oposici\u00f3n de las dos ciudades, que es una realidad escatol\u00f3gica, que su constante mezcla en el curso de la historia humana, y hace que el entendimiento humano sea incapaz de discernir con certeza qui\u00e9n pertenece para la eternidad a qu\u00e9 bando: la IA, por s\u00ed misma, no pertenece a un bando u otro, pero puede convertirse en un temible auxiliar del encerramiento en uno mismo. Cada alternativa moral que se le presenta al hombre abre la posibilidad de construir su vida y edificar la sociedad en dos direcciones: o bien el castillo de naipes de la Torre de Babel, o bien los cimientos s\u00f3lidos del bien com\u00fan y la caridad desinteresada.
<\/p>\n\n\n\n

Cap\u00edtulo cuarto
CUSTODIAR LO HUMANO EN LA TRANSFORMACI\u00d3N.
VERDAD, TRABAJO, LIBERTAD<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

131. Tras haber esbozado el panorama en el que se inscribe el reto de la transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, en particular el vinculado con la IA y las corrientes transhumanistas y posthumanistas, no podemos limitarnos a simples an\u00e1lisis generales. Cuando cambian los lenguajes y las herramientas, tambi\u00e9n cambian los gestos cotidianos y las relaciones sociales. Por ello, es necesario detenerse en algunos \u00e1mbitos en los que estas transformaciones tienen repercusiones muy concretas, a veces dram\u00e1ticas. A la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformaci\u00f3n digital nos pide redescubrir la verdad como bien com\u00fan, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Entramos en la parte prescriptiva o exhortativa de la enc\u00edclica, con las pistas esbozadas como posibles soluciones.<\/p>\n\n\n\n

La verdad como bien com\u00fan<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Verdad y democracia<\/h4>\n\n\n\n

132. El uso de las plataformas digitales y los sistemas de IA acelera los profundos cambios en la comunicaci\u00f3n p\u00fablica y pol\u00edtica. Herramientas que podr\u00edan favorecer el debate y la participaci\u00f3n se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los l\u00edmites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformaci\u00f3n no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, im\u00e1genes y v\u00eddeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o enga\u00f1osas. El problema afecta a la dimensi\u00f3n cultural y moral, ya que la calidad de la comunicaci\u00f3n p\u00fablica depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una informaci\u00f3n veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado. En el discurso p\u00fablico, la verdad de los hechos tiene una dimensi\u00f3n racional, ya que requiere verificaci\u00f3n, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es a\u00fan m\u00e1s relacional: se construye a trav\u00e9s de v\u00ednculos de confianza y pr\u00e1cticas compartidas, en un di\u00e1logo honesto con los dem\u00e1s y con el mundo. S\u00f3lo la b\u00fasqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien com\u00fan, puede sentar las bases de una comunicaci\u00f3n justa.<\/p>\n\n\n\n

133. Quienes disponen de poderosos recursos t\u00e9cnicos y econ\u00f3micos \u2014y, con ellos, tambi\u00e9n de muchos recursos humanos para intervenir\u2014 tienen una gran capacidad para provocar cambios culturales y, en \u00faltima instancia, para convencer a un n\u00famero significativo de personas acerca de cu\u00e1l es la verdad sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre el sentido de la existencia, sobre la familia, e incluso sobre Dios. Se trata de puro poder carente de verdad, que impone sutil o abiertamente lo que quiere que los dem\u00e1s consideren como verdadero. Detr\u00e1s de todo ello hay una ra\u00edz enferma dif\u00edcil de reconocer: el hecho de que \u00abel hombre moderno tiene la err\u00f3nea convicci\u00f3n de ser el \u00fanico autor de s\u00ed mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunci\u00f3n fruto de la cerraz\u00f3n ego\u00edsta en s\u00ed mismo\u00bb. <\/span>139<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por ello, cree que puede construir la realidad y que lo que mejor se adapte a sus pretensiones es v\u00e1lido.\u00a0San Juan Pablo II\u00a0reflexion\u00f3 sobre las consecuencias de la \u201ccrisis en torno a la verdad\u201d, llegando a afirmar que,\u00a0\u00ababandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la raz\u00f3n humana puede conocer, ha cambiado tambi\u00e9n inevitablemente la concepci\u00f3n misma de la conciencia\u00bb. <\/span>140<\/sup><\/a><\/span><\/span> De este modo, disminuye el reconocimiento de verdades universalmente v\u00e1lidas que nos preceden y que la conciencia debe aceptar. Esto llev\u00f3 al\u00a0papa Francisco\u00a0a preguntarse con realismo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es la ley sin la convicci\u00f3n alcanzada tras un largo camino de reflexi\u00f3n y de sabidur\u00eda, de que cada ser humano es sagrado e inviolable?\u00bb, y a concluir: \u00abPara que una sociedad tenga futuro es necesario que haya asumido un sentido respeto hacia la verdad de la dignidad humana, a la que nos sometemos. Entonces no se evitar\u00e1 matar a alguien s\u00f3lo para evitar el escarnio social y el peso de la ley, sino por convicci\u00f3n. Es una verdad irrenunciable que reconocemos con la raz\u00f3n y aceptamos con la conciencia. Una sociedad es noble y respetable tambi\u00e9n por su cultivo de la b\u00fasqueda de la verdad y por su apego a las verdades m\u00e1s fundamentales\u00bb. <\/span>141<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

134. La b\u00fasqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en s\u00ed misma un instrumento de participaci\u00f3n en el bien com\u00fan. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde inter\u00e9s y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece \u00fatil o eficaz, la vida democr\u00e1tica se debilita. Esta, en efecto, no se sustenta \u00fanicamente en normas y procedimientos, sino, ante todo, en una relaci\u00f3n leal con los hechos y en una orientaci\u00f3n real hacia el bien de las personas y del conjunto de la sociedad. El desinter\u00e9s por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo, para el cual, como escribi\u00f3 la fil\u00f3sofa Hannah Arendt, los s\u00fabditos ideales no son tanto aquellos ideol\u00f3gicamente convencidos, sino \u00ablas personas para quienes ya no existe la distinci\u00f3n entre el hecho y la ficci\u00f3n (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinci\u00f3n entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)\u00bb. <\/span>142<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Mencionada por primera vez en una enc\u00edclica, la fil\u00f3sofa Hannah Arendt ofrece al papa la oportunidad de defender e ilustrar la informaci\u00f3n \u2014y, por ende, a la prensa\u2014 en su aspecto m\u00e1s s\u00f3lido, como un pilar de esa vida democr\u00e1tica contra la que atentan los arquitectos de la \u00abnueva Babel\u00bb. Un apoyo que se subraya unos p\u00e1rrafos m\u00e1s adelante con estas palabras dirigidas a los periodistas \u00abapasionados por la verdad\u00bb, quienes \u00abhan desempe\u00f1ado un papel fundamental en sacar a la luz injusticias y abusos\u00bb dentro de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>A partir de las reflexiones de Hannah Arendt y de las recientes cr\u00edticas magisteriales al relativismo, Le\u00f3n XIV intenta analizar la actual crisis de los hechos y del sentido, surgida de la saturaci\u00f3n de informaci\u00f3n y de la difusi\u00f3n de ideas falaces e informaci\u00f3n err\u00f3nea. Seg\u00fan nuestro conocimiento, este es el primer documento de la Santa Sede que reflexiona sobre los peligros de las noticias falsas y los medios para remediarlos. Al tiempo que recuerda, en l\u00ednea con la doctrina cat\u00f3lica, el valor moral y social de la idea de verdad objetiva, de la que no se puede apartar uno sin sufrir da\u00f1o, considera que la soluci\u00f3n tampoco reside en un control a priori y, por lo tanto, en formas sofisticadas de censura (cr\u00edtica apenas velada al sistema chino), sino en un apetito social por la Verdad, para el cual habr\u00eda que educar a las masas.<\/p>\n\n\n\n

Comunicaci\u00f3n e imaginario colectivo<\/h4>\n\n\n\n

135. En este horizonte es importante recordar que la comunicaci\u00f3n \u00abno es s\u00f3lo transmisi\u00f3n de informaciones, sino creaci\u00f3n de una cultura\u00bb. <\/span>143<\/sup><\/a><\/span><\/span> Los contenidos que circulan en los entornos digitales influyen en la forma en que las personas perciben el mundo e introducen en la conciencia colectiva im\u00e1genes y relatos que orientan los deseos e influyen en las decisiones cotidianas. \u00abNo es un mundo paralelo o puramente virtual\u00bb, <\/span>144<\/sup><\/a><\/span><\/span> porque lo que surge en internet pasa a formar parte de la vida de las personas, sobre todo de los m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n

136. Por eso, quienes controlan las plataformas digitales y los medios de comunicaci\u00f3n tienen una notable capacidad para influir en el imaginario colectivo y presentar como deseable una determinada visi\u00f3n de la realidad. Es un poder que debe ser continuamente iluminado por la b\u00fasqueda de la verdad y el respeto de la dignidad humana, para que la cultura que se genera en la red no se convierta en instrumento de distracci\u00f3n excesiva, de homogeneizaci\u00f3n y de dominio, sino en un espacio en el que puedan madurar la libertad interior y el pensamiento cr\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Una vez m\u00e1s, se trata de un pasaje muy innovador de la enc\u00edclica, en el que el papa intenta reflexionar sobre la forma en que las redes sociales y los flujos digitales est\u00e1n remodelando nuestro imaginario; se podr\u00eda pensar que aqu\u00ed tambi\u00e9n se vislumbra el inicio de una toma de posici\u00f3n sobre los universos de la \u00abrealidad virtual\u00bb, un tema algo eclipsado por la IA, pero que preocupaba enormemente a los gigantes de la tecnolog\u00eda hasta 2022-2023.<\/p>\n\n\n\n

Por una ecolog\u00eda de la comunicaci\u00f3n<\/h4>\n\n\n\n

137. La primera tarea que nos corresponde es no demonizar ni idolatrar los medios, sino gestionarlos a partir de un punto fijo: la verdad es un bien com\u00fan y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad. Por lo tanto, es necesario promover una ecolog\u00eda de la comunicaci\u00f3n: en el \u00e1mbito de las normas p\u00fablicas, esto significa establecer reglas que hagan m\u00e1s transparentes los criterios con los que se seleccionan y amplifican los contenidos y que protejan los datos personales; en el \u00e1mbito social y cultural, en cambio, implica el fortalecimiento de los organismos intermedios, un periodismo serio y espacios de debate en los que primen la argumentaci\u00f3n y la verificaci\u00f3n por encima de la reacci\u00f3n inmediata; en el \u00e1mbito de la escuela y la familia, la creciente necesidad de una nueva conciencia educativa y la formaci\u00f3n en el uso correcto y cr\u00edtico de las herramientas digitales, la IA y las plataformas de compra e inversi\u00f3n; en el \u00e1mbito de la universidad, el gran reto de la integraci\u00f3n de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las t\u00e9cnicas de verificaci\u00f3n de los hechos.<\/p>\n\n\n\n

138. Las comunidades cristianas tambi\u00e9n deben comprometerse con una comunicaci\u00f3n transparente y con la b\u00fasqueda honesta de los hechos. Lamentablemente, no siempre ha sido as\u00ed. Hemos sido testigos, con verg\u00fcenza, del arduo descubrimiento de verdades dolorosas incluso sobre miembros de la Iglesia y sobre realidades eclesiales. En particular, algunos periodistas comprometidos con la verdad han desempe\u00f1ado un papel fundamental a la hora de sacar a la luz injusticias y abusos. A ellos quisiera reiterar las palabras del\u00a0papa Francisco\u00a0al dirigirse a los vaticanistas: \u00abLes agradezco tambi\u00e9n por lo que dan a conocer de lo que no funciona en la Iglesia, por lo que nos ayudan a no ocultar bajo la alfombra y por la voz que han dado a las v\u00edctimas de abusos\u00bb. <\/span>145<\/sup><\/a><\/span><\/span> Sin embargo, la vigilancia y la transparencia son, ante todo, una grave responsabilidad de la propia Iglesia y no debemos esperar a que otros nos obliguen a afrontar verdades inc\u00f3modas sobre nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0De manera audaz, Le\u00f3n XIV plantea aqu\u00ed una doble exigencia \u00e9tica de transparencia: transparencia de los c\u00f3digos fuente y los algoritmos para comprender mejor la l\u00f3gica de lo que se muestra o se sugiere a los usuarios, a quienes conviene mantener informados; y, a nivel interno, la exigencia de transparencia de la Iglesia, en cuyo seno ha prevalecido durante demasiado tiempo una cultura del secreto perjudicial, en particular para ocultar los abusos sexuales y espirituales de los miembros del clero.<\/p>\n\n\n\n

Una alianza educativa para la era digital<\/h4>\n\n\n\n

139. En una \u00e9poca en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, el mundo de la educaci\u00f3n adquiere una importancia decisiva. Sin embargo, las r\u00e1pidas transformaciones tecnol\u00f3gicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el \u00e1mbito educativo. La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulaci\u00f3n, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apat\u00eda ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.<\/p>\n\n\n\n

140. Los procesos educativos, en cambio, requieren tiempo para madurar, una confrontaci\u00f3n con la realidad m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias y un camino paciente. La cuesti\u00f3n es fundamental, porque toda tecnolog\u00eda educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cu\u00e1ndo y para qu\u00e9\u00a0no<\/em>\u00a0utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una s\u00edntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que s\u00f3lo da fruto con el tiempo. Como escribe Plat\u00f3n, las cosas m\u00e1s profundas e importantes s\u00f3lo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometi\u00e9ndose en la discusi\u00f3n con los dem\u00e1s para \u201cfrotar\u201d los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensi\u00f3n. <\/span>146<\/sup><\/a><\/span><\/span> Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros j\u00f3venes de la promesa de la m\u00e1quina perfecta, de esa sutil seducci\u00f3n que hace parecer in\u00fatil el pensamiento humano precisamente cuando m\u00e1s se necesita.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

141. En los \u00faltimos a\u00f1os, la literatura psicol\u00f3gica y psiqui\u00e1trica ha documentado con creciente insistencia c\u00f3mo una exposici\u00f3n precoz y sin supervisi\u00f3n a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sue\u00f1o, a la atenci\u00f3n, a la regulaci\u00f3n emocional y a las relaciones, especialmente en las edades m\u00e1s vulnerables, con consecuencias a veces dram\u00e1ticas. A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornogr\u00e1ficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo. En la red no son raros los fen\u00f3menos de captaci\u00f3n, chantaje y explotaci\u00f3n sexual de menores, que se vuelven m\u00e1s insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular im\u00e1genes y v\u00eddeos. Tener un tel\u00e9fono m\u00f3vil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los j\u00f3venes, exponi\u00e9ndolos a din\u00e1micas de aislamiento, acoso y ciberacoso, as\u00ed como a la presi\u00f3n para compartir im\u00e1genes \u00edntimas o datos sensibles.<\/p>\n\n\n\n

142. A los padres de familia les resulta dif\u00edcil resistir por s\u00ed solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atenci\u00f3n y el tiempo. Por eso es indispensable una alianza entre la pol\u00edtica, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea. Es necesario oponerse, con decisiones p\u00fablicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas \u2014concentradas en pocas manos\u2014 cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores. En esta perspectiva, son oportunas intervenciones legislativas que establezcan l\u00edmites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios \u2015sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitaci\u00f3n\u2015 y prevean protecciones espec\u00edficas contra toda forma de explotaci\u00f3n y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado. <\/span>147<\/sup><\/a><\/span><\/span> Al mismo tiempo, es necesario educar a los ni\u00f1os, adolescentes y j\u00f3venes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los dem\u00e1s, tambi\u00e9n en los entornos digitales. <\/span>148<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Otro punto clave, que vincula entre s\u00ed varias problem\u00e1ticas se\u00f1aladas recientemente por psiquiatras y psic\u00f3logos: los trastornos de atenci\u00f3n provocados por el consumo excesivo de herramientas digitales; la p\u00e9rdida del gusto por el esfuerzo y, sobre todo, de la conciencia de que el camino para alcanzar un resultado, la ardua v\u00eda del pensamiento, es en realidad un proceso creativo, y no el resultado bruto en s\u00ed mismo y para s\u00ed mismo; el consiguiente temor a una verdadera abdicaci\u00f3n del pensamiento; y, por \u00faltimo, el temor a la exposici\u00f3n de los usuarios, especialmente de los menores, a contenidos degradantes e inhumanos.<\/p>\n\n\n\n

Rol central de la escuela<\/h4>\n\n\n\n

143. La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres de familia, que desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con esp\u00edritu cr\u00edtico y de tener valores s\u00f3lidos, depositan en ella grandes esperanzas, como una valiosa aliada en la educaci\u00f3n de sus hijos. En efecto, los padres tienen el derecho primario e inalienable de elegir el tipo de educaci\u00f3n y de formaci\u00f3n que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. El mundo educativo se encuentra hoy frente a algunos retos impostergables.<\/p>\n\n\n\n

144. El primer reto es de car\u00e1cter sociopol\u00edtico. Tanto dentro de cada pa\u00eds como entre las distintas regiones del mundo, persisten fuertes desigualdades en el acceso a la educaci\u00f3n b\u00e1sica y a los estudios superiores. En no pocos pa\u00edses, el Estado todav\u00eda no ha invertido los recursos necesarios para garantizar una educaci\u00f3n de calidad para todos, ya sea apoyando adecuadamente el sistema escolar p\u00fablico o sosteniendo a las instituciones privadas que ofrecen este servicio fundamental. Cuando una parte importante de la educaci\u00f3n, en varios niveles, se encomienda a instituciones privadas, puede ocurrir que, a falta de un apoyo p\u00fablico adecuado, el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades econ\u00f3micas de las familias. Frente a este riesgo, sin embargo, se debe reconocer y sostener la contribuci\u00f3n de muchas obras educativas cat\u00f3licas que, aunque sean instituciones privadas, garantizan una acogida inclusiva a ni\u00f1os y j\u00f3venes de todas las procedencias, incluso cuando las condiciones econ\u00f3micas de las familias no lo permitir\u00edan.<\/p>\n\n\n\n

145. El segundo gran reto es de car\u00e1cter pedag\u00f3gico. Muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos. El desarrollo de las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra \u00e9poca queden r\u00e1pidamente obsoletos, mientras que la organizaci\u00f3n de la escuela, los espacios, los m\u00e9todos de evaluaci\u00f3n y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educaci\u00f3n verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formaci\u00f3n continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnolog\u00edas, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, cr\u00edtico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia.<\/p>\n\n\n\n

146. El tercer gran desaf\u00edo es de car\u00e1cter intelectual y sapiencial. Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de informaci\u00f3n sustituya al ejercicio de la investigaci\u00f3n, la reflexi\u00f3n y el discernimiento. Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace m\u00e1s dif\u00edcil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un aut\u00e9ntico pensamiento cr\u00edtico y creativo. Muchos educadores perciben ya los signos de una posible deshumanizaci\u00f3n, en la que las personas \u201csaben muchas cosas\u201d pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida \u2015tambi\u00e9n debido a la incapacidad de conectar la informaci\u00f3n y los conocimientos\u2015 y para no perder de vista el horizonte de sentido. Es necesario promover una verdadera higiene de la atenci\u00f3n: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, an\u00e1lisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida.<\/p>\n\n\n\n

147. La Doctrina social de la Iglesia invita a las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones p\u00fablicas a una alianza educativa renovada. Esta se hace realidad cuando los principios fundamentales se traducen en objetivos educativos: educar en la sobriedad y en el sentido de los l\u00edmites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposici\u00f3n; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien com\u00fan. La escuela no est\u00e1 llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por s\u00ed solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Otro pasaje muy innovador, sobre todo si se compara con el magisterio tradicional sobre la educaci\u00f3n: la Iglesia, al considerar a los padres como los primeros educadores de los ni\u00f1os, ha profesado durante mucho tiempo cierta desconfianza hacia el control estatal sobre el sector; ante la urgencia de los peligros, Le\u00f3n XIV parece hacer un llamado a una \u00absanta alianza\u00bb de todas las escuelas \u2014p\u00fablicas, privadas laicas, cat\u00f3licas y de otras religiones\u2014 al servicio de un programa de dos vertientes: adaptaci\u00f3n, sin duda, de los programas de ense\u00f1anza a las nuevas herramientas digitales y a la IA, pero tambi\u00e9n, y m\u00e1s fundamentalmente, el aprendizaje de la concentraci\u00f3n, el esfuerzo y la desconexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

La dignidad del trabajo en la transici\u00f3n digital<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

El valor del trabajo<\/h4>\n\n\n\n

148. Desde el nacimiento de la Doctrina social, con la\u00a0Rerum novarum<\/em>, la Iglesia ha llamado la atenci\u00f3n sobre la protecci\u00f3n de los trabajadores y la necesidad de combatir toda forma de explotaci\u00f3n. Pero, sobre todo, el Magisterio ha reconocido en el trabajo \u00abla clave esencial\u00bb <\/span>149<\/sup><\/a><\/span><\/span> para comprender la cuesti\u00f3n social en su totalidad, ya que a trav\u00e9s de \u00e9l la persona desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia. Desde esta perspectiva se comprende tambi\u00e9n la gran intuici\u00f3n de san Benito de Nursia, quien uni\u00f3 la oraci\u00f3n y el trabajo, se\u00f1alando la actividad cotidiana como parte de la respuesta de la persona a la llamada de Dios. Creados a imagen del Creador, mediante nuestras obras prolongamos de alg\u00fan modo la suya: contribuimos al progreso de la sociedad y a la construcci\u00f3n del bien com\u00fan, ponemos en pr\u00e1ctica las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a nuestras familias, entablamos relaciones de cooperaci\u00f3n y aprendemos a construir juntos, en la escucha y el di\u00e1logo, algo que nadie podr\u00eda realizar por s\u00ed solo.<\/p>\n\n\n\n

149. Por estas razones, el trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una necesidad inherente a la condici\u00f3n humana, un camino habitual hacia la madurez, el desarrollo y la realizaci\u00f3n personal. En esta \u00f3ptica, las ayudas econ\u00f3micas a los pobres siguen siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia, pero no pueden convertirse en la \u00fanica respuesta, ya que el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a trav\u00e9s de su propio trabajo. <\/span>150<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0El papa se pronuncia aqu\u00ed en contra de la asignaci\u00f3n de una renta b\u00e1sica incondicional, que desvincular\u00eda la asignaci\u00f3n de recursos del papel social efectivo que implica el trabajo.<\/p>\n\n\n\n

150. Hoy en d\u00eda, la combinaci\u00f3n de la automatizaci\u00f3n, la rob\u00f3tica y la IA est\u00e1 transformando r\u00e1pidamente la estructura misma del trabajo. Se dice que esto traer\u00e1 grandes mejoras para todos. En realidad, los \u201cnuevos modos\u201d de trabajar no son necesariamente mejores, porque \u00abmientras la IA promete impulsar la productividad haci\u00e9ndose cargo de tareas ordinarias, a menudo los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las m\u00e1quinas, en lugar de que estas \u00faltimas est\u00e9n dise\u00f1adas para ayudar a quienes trabajan. As\u00ed, contrariamente a los beneficios anunciados sobre la IA, los enfoques actuales de la tecnolog\u00eda pueden parad\u00f3jicamente desespecializar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas r\u00edgidas y repetitivas. La necesidad de seguir el ritmo de la tecnolog\u00eda puede erosionar el sentido de la propia capacidad de obrar de los trabajadores y ahogar las capacidades innovadoras que est\u00e1n llamados a aportar en su trabajo\u00bb. <\/span>151<\/sup><\/a><\/span><\/span> Precisamente para evitar esta deriva, es necesario dise\u00f1ar sistemas centrados en la persona y no s\u00f3lo en el rendimiento.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Esta es la paradoja actual de una especie de \u00abcontrarrobotizaci\u00f3n\u00bb: si bien al principio fueron las tareas repetitivas y poco calificadas las que se automatizaron y se confiaron a los robots, ahora son las tareas intelectuales y de alto valor agregado las que corren el riesgo de ser reemplazadas por la IA, lo que a su vez amenaza con relegar el trabajo humano a tareas mec\u00e1nicas y tediosas, o a un simple papel de control, para el cual las calificaciones tender\u00e1n a disminuir.<\/p>\n\n\n\n

El problema del desempleo<\/h4>\n\n\n\n

151. San Juan Pablo II\u00a0record\u00f3 que el desempleo es un mal grave y que, sobre todo cuando adquiere proporciones masivas, puede convertirse en una verdadera calamidad social, lo que pone especialmente de relieve la responsabilidad del Estado. <\/span>152<\/sup><\/a><\/span><\/span> Hoy en d\u00eda, en la \u201ccuarta revoluci\u00f3n industrial\u201d, esta preocupaci\u00f3n se agudiza, ya que la innovaci\u00f3n suele acogerse \u00fanicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios. <\/span>153<\/sup><\/a><\/span><\/span> En algunos contextos, es realista temer una reducci\u00f3n significativa y r\u00e1pida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los j\u00f3venes y a las econom\u00edas locales. En muchos sectores, esto ya se traduce en nuevas formas de precariedad y desigualdad, con remuneraciones muy elevadas para una minor\u00eda altamente especializada y salarios cada vez m\u00e1s bajos para una gran parte de la poblaci\u00f3n activa.<\/p>\n\n\n\n

152. Sin duda, es deseable que la tecnolog\u00eda libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protecci\u00f3n de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistem\u00e1ticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden econ\u00f3mico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

153. Simult\u00e1neamente, debemos reconocer que toda transici\u00f3n real se produce a trav\u00e9s de una discontinuidad: es desigual, fragmentaria y, a veces, conflictiva. Por lo tanto, no existe un modelo de cambio \u00fanico, ni una soluci\u00f3n global; hay territorios e historias que exigen respuestas diferentes. Dada la desigualdad que caracteriza a nuestro mundo, la difusi\u00f3n de la IA y de los sistemas computacionales produce efectos distintos en cada lugar. Las sociedades ricas se automatizan r\u00e1pidamente y de forma ca\u00f3tica, reduciendo la necesidad de mano de obra y generando zonas de desempleo y fricciones institucionales. En cambio, vastas regiones del mundo permanecen atrapadas en econom\u00edas h\u00edbridas, donde el trabajo humano mal remunerado y las tecnolog\u00edas parciales conviven sin llegar a transformarse realmente. Estos territorios se convierten en reservas de mano de obra precaria y focos de inestabilidad y migraciones forzadas. Las soluciones, por tanto, deben encontrarse a nivel nacional y local, involucrando a las comunidades intermedias. Se necesitan herramientas capaces de adaptarse: modelos articulados, experimentos locales, redistribuciones progresivas, nuevos derechos de acceso a los bienes esenciales. Sin perseguir una armon\u00eda abstracta, se trata de construir formas concretas de convivencia humana en la transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

154. El trabajo sigue siendo una dimensi\u00f3n fundamental de la experiencia humana; no es s\u00f3lo un medio de subsistencia, sino tambi\u00e9n un espacio de expresi\u00f3n, de relaciones y de contribuci\u00f3n a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados con el trabajo no se limitan \u00fanicamente a los ingresos necesarios para la supervivencia de las familias. Una sociedad que garantizara trabajo s\u00f3lo a una peque\u00f1a parte de la poblaci\u00f3n expondr\u00eda a muchos a una situaci\u00f3n de inactividad forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de est\u00edmulos cotidianos, con consecuencias de empobrecimiento humano y cultural en contraste con el elevado nivel de desarrollo t\u00e9cnico. Nos encontrar\u00edamos ante una paradoja de progreso material y regresi\u00f3n antropol\u00f3gica, en la que desaparecer\u00edan las condiciones para una paz social justa y estable. Por eso, la Doctrina social de la Iglesia insiste en que el acceso al trabajo para todos debe seguir siendo un objetivo prioritario de las pol\u00edticas p\u00fablicas y de los procesos econ\u00f3micos, criterio de juicio para evaluar la calidad humana de un modelo de desarrollo. <\/span>154<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por otra parte, en aquellas partes del mundo en las que el empleo tiende a reducirse o a transformarse radicalmente, como consecuencia de procesos tecnol\u00f3gicos y organizativos que escapan al control democr\u00e1tico, es necesario replantearse el propio concepto de trabajo y su relaci\u00f3n con la ciudadan\u00eda, para que la falta de empleo no menoscabe la participaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n

155. A la luz de esta convicci\u00f3n, podemos tambi\u00e9n reinterpretar la historia de la Doctrina social de la Iglesia tras la\u00a0Rerum novarum<\/em>. Las iniciativas surgidas en ese contexto \u2014asociaciones, sindicatos, cooperativas, obras de asistencia social\u2014 han contribuido de manera decisiva a mejorar la legislaci\u00f3n laboral, a proteger a los m\u00e1s vulnerables y a promover condiciones m\u00e1s humanas. <\/span>155<\/sup><\/a><\/span><\/span> Hoy en d\u00eda, sin embargo, tales instrumentos ya no bastan por s\u00ed solos ante las transformaciones provocadas por la IA, la nueva organizaci\u00f3n de los mercados y la competitividad que rara vez se preocupa por la sostenibilidad social. Es necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables pol\u00edticos, las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad cient\u00edfica para elaborar con celeridad normas y medidas de protecci\u00f3n adecuadas y consensuadas, tambi\u00e9n a nivel internacional. <\/span>156<\/sup><\/a><\/span><\/span> Las organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, est\u00e1n llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones valientes, surgen m\u00e1s pobreza y m\u00e1s desigualdades, con una multitud de excluidos rodeados de m\u00e1quinas y sistemas automatizados que han ocupado su lugar.<\/p>\n\n\n\n

156. En esta transici\u00f3n, no basta con reaccionar cuando desaparecen los puestos de trabajo, sino que es necesario gestionar la transformaci\u00f3n de forma proactiva. Una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovaci\u00f3n: toda introducci\u00f3n de automatizaci\u00f3n y de IA deber\u00eda ir acompa\u00f1ada de medidas verificables de protecci\u00f3n del empleo, de recualificaci\u00f3n y de participaci\u00f3n de los trabajadores, para que la tecnolog\u00eda se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusi\u00f3n. En segundo lugar, es necesario que pol\u00edticas activas hagan accesibles a todos la formaci\u00f3n continua y las transiciones profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la adaptaci\u00f3n a las transformaciones. Por \u00faltimo, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de \u00e9xito. Cuando se dan estas condiciones, la innovaci\u00f3n puede convertirse en aliada de un trabajo m\u00e1s seguro, m\u00e1s creativo y m\u00e1s digno; cuando faltan, tiende a transformarse en una aceleraci\u00f3n de la injusticia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0El papa retoma aqu\u00ed la visi\u00f3n muy positiva del trabajo desarrollada por la doctrina social de la Iglesia, y ampliada por ciertas espiritualidades recientes como la del Opus Dei, que propone una \u00absantificaci\u00f3n a trav\u00e9s del trabajo\u00bb; desde esta perspectiva, en ciertos aspectos neohegeliana, el trabajo humaniza al hombre y le permite realizarse mediante la transformaci\u00f3n del mundo que lo rodea; no vale tanto por el resultado obtenido o la ganancia generada como por la obra en s\u00ed misma y la relaci\u00f3n con el tiempo que implica, el trabajo paciente del obrero o del artesano que, al actuar sobre la materia que lo rodea, tambi\u00e9n remodela su esp\u00edritu y esculpe su propia persona. Sin embargo, tampoco debe idealizarse, desconect\u00e1ndolo de sus condiciones reales: Le\u00f3n XIV recuerda la alianza de los cat\u00f3licos sociales y los sindicatos reformistas en torno a la lucha por mejores condiciones de trabajo, m\u00e1s acordes con la dignidad del hombre.<\/p>\n\n\n\n

Una econom\u00eda que valore la dignidad<\/h4>\n\n\n\n

157. El mercado laboral es uno de los \u00e1mbitos en los que los riesgos de las nuevas tecnolog\u00edas se manifiestan con mayor claridad. Por eso es necesario recordar que la libertad econ\u00f3mica no es absoluta y debe medirse siempre en funci\u00f3n del bien com\u00fan y de la dignidad de cada persona. La iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocaci\u00f3n, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creaci\u00f3n de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad, y no como una variable dependiente \u00fanicamente del beneficio. <\/span>157<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

158. Con esp\u00edritu prof\u00e9tico, el\u00a0papa Francisco\u00a0advirti\u00f3 acerca de una libertad econ\u00f3mica proclamada s\u00f3lo de palabra, mientras que las condiciones reales impiden que muchos se beneficien realmente de ella. <\/span>158<\/sup><\/a><\/span><\/span> Los modelos econ\u00f3micos que resaltan la eficiencia y el \u00e9xito individual tienden a considerar in\u00fatil o poco rentable invertir en las personas que parten de situaciones de desventaja o que siguen trayectorias de crecimiento m\u00e1s lentas, como si su destino dependiera exclusivamente de su capacidad para seguir el ritmo de los ganadores. En realidad, una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera l\u00f3gica de la eficiencia, orientando expl\u00edcitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los m\u00e1s vulnerables. <\/span>159<\/sup><\/a><\/span><\/span> En lugar de esperar los beneficios de un crecimiento que \u201cal final\u201d llegar\u00e1 tambi\u00e9n a los pobres, se necesitan decisiones que hagan que el crecimiento sea inclusivo desde el principio. Las experiencias de las \u00faltimas d\u00e9cadas demuestran que, en las crisis econ\u00f3micas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio m\u00e1s alto, mientras que las teor\u00edas que prometen un bienestar general autom\u00e1tico suelen resultar ilusorias.<\/p>\n\n\n\n

159. Se observa la necesidad de superar los actuales par\u00e1metros de medici\u00f3n del grado de desarrollo \u2014anclados desde hace m\u00e1s de ochenta a\u00f1os en el concepto de Producto Interno Bruto\u2014 que hacen que se pasen por alto, de forma casi sistem\u00e1tica, aspectos esenciales para el bienestar general de las personas y del medioambiente. Al mismo tiempo, dichos par\u00e1metros valoran actividades que tienen un impacto, a corto o largo plazo, en la vida de nuestro planeta. El desarrollo de par\u00e1metros y m\u00e9tricas complementarios al PIB es decisivo para mejorar los datos de base utilizados para realizar an\u00e1lisis, tomar decisiones pol\u00edticas y de pol\u00edtica econ\u00f3mica, as\u00ed como para seleccionar las prioridades regionales, nacionales e internacionales. La introducci\u00f3n de nuevos par\u00e1metros permitir\u00e1 evaluar, con una visi\u00f3n amplia y adecuada a los tiempos, los efectos de las deliberaciones legislativas y normativas sobre la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducci\u00f3n de las desigualdades y la protecci\u00f3n del medioambiente. Repercutir\u00e1 en el propio concepto de desarrollo, en los procesos formativos, en la mentalidad y en la opini\u00f3n p\u00fablica, y tambi\u00e9n en la paz, que s\u00f3lo es verdadera si se basa en la justicia.<\/p>\n\n\n\n

160. Las finanzas han adquirido una importancia creciente en los \u00faltimos a\u00f1os y han experimentado una innovaci\u00f3n significativa, incluso despu\u00e9s de la introducci\u00f3n de las criptomonedas. Las reflexiones y directrices contenidas en el Magisterio de mis Predecesores, particularmente en sus Enc\u00edclicas, han puesto de relieve el funcionamiento de la intermediaci\u00f3n financiera \u00abcuyo funcionamiento, habi\u00e9ndose desvinculado de fundamentos antropol\u00f3gicos y morales apropiados, no s\u00f3lo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado tambi\u00e9n capaz de crear crisis sist\u00e9micas en todo el mundo\u00bb. <\/span>160<\/sup><\/a><\/span><\/span> Y es igualmente cierto que la renta del capital corre el riesgo de sustituir a los ingresos del trabajo, que a menudo quedan relegados a un segundo plano respecto a los principales intereses del sistema econ\u00f3mico. Sin embargo, el ahorro que se transforma en cr\u00e9dito para la econom\u00eda real, y por ende para crear empleo tanto por cuenta ajena como por cuenta propia, sigue siendo fundamental para el desarrollo y para las inversiones que deben acompa\u00f1ar a las transiciones en curso. La funci\u00f3n social del cr\u00e9dito sigue siendo insustituible. La financiaci\u00f3n por la financiaci\u00f3n misma es algo muy distinto de la financiaci\u00f3n para el desarrollo y para la creaci\u00f3n y evoluci\u00f3n del trabajo.<\/p>\n\n\n\n

161. Esta perspectiva debe considerarse dentro de una visi\u00f3n m\u00e1s amplia de las din\u00e1micas globales. La riqueza mundial ha crecido en t\u00e9rminos absolutos, pero su concentraci\u00f3n en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado, tanto entre pa\u00edses como dentro de un mismo pa\u00eds: \u00abpocos tienen demasiado y demasiados tienen poco, esta es la l\u00f3gica de hoy\u00bb. <\/span>161<\/sup><\/a><\/span><\/span> Los avances cient\u00edficos y tecnol\u00f3gicos, incluso en el \u00e1mbito m\u00e9dico, no son f\u00e1cilmente accesibles para la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, como se vio de forma dram\u00e1tica durante la reciente pandemia. Mientras que en algunas regiones se invierte en intervenciones superfluas o en sue\u00f1os de superaci\u00f3n personal que pocas personas pueden permitirse, en otras partes del mundo a\u00fan faltan equipos esenciales para salvar millones de vidas humanas. Pensar que las nuevas tecnolog\u00edas beneficiar\u00e1n autom\u00e1ticamente a todos significa ignorar una evidencia: si no se gestionan las transformaciones fijando como objetivo prioritario, desde la fase de planificaci\u00f3n, la prevenci\u00f3n de nuevas y mayores desigualdades, el progreso tecnol\u00f3gico genera autom\u00e1ticamente desigualdades estructurales. Hoy la justicia pasa tambi\u00e9n por el acceso a los beneficios de la innovaci\u00f3n: cuidados, conocimiento, herramientas y oportunidades.<\/p>\n\n\n\n

162. No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribuci\u00f3n que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los m\u00e1s d\u00e9biles y exijan m\u00e1s a quienes disponen de mayores recursos. Pero no hay que considerar la b\u00fasqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producci\u00f3n de riqueza, como si la econom\u00eda debiera limitarse a crear valor y la pol\u00edtica interviniera s\u00f3lo despu\u00e9s para distribuirlo. Por el contrario, la justicia afecta a todas las fases de la actividad econ\u00f3mica, desde la obtenci\u00f3n de recursos hasta la financiaci\u00f3n, desde la producci\u00f3n hasta el consumo, y cada elecci\u00f3n tiene consecuencias morales. <\/span>162<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

163. M\u00e1s a\u00fan, en la era de la IA y de la rob\u00f3tica, ya no es posible confiar \u00fanicamente en la \u201cmano invisible\u201d del mercado: <\/span>163<\/sup><\/a><\/span><\/span>\u00a0la pol\u00edtica tiene la tarea de orientar las din\u00e1micas econ\u00f3mico-tecnol\u00f3gicas hacia el bien com\u00fan, promoviendo el trabajo digno, la inclusi\u00f3n social y una distribuci\u00f3n equitativa de los beneficios de la innovaci\u00f3n. Dado que muchas decisiones econ\u00f3micas traspasan las fronteras de los estados, tambi\u00e9n es necesaria una cooperaci\u00f3n internacional capaz de definir estrategias comunes, sobre todo en favor de los pa\u00edses y los grupos m\u00e1s vulnerables, para promover el desarrollo y superar el asistencialismo. La l\u00f3gica que inspira estas decisiones es la de la inmensa dignidad de cada persona, del bien com\u00fan y de un mundo verdaderamente pensado para todos. La interdependencia entre paz y desarrollo, como escribi\u00f3 prof\u00e9ticamente san\u00a0Pablo VI\u00a0en 1967,\u00a0 <\/span>164<\/sup><\/a><\/span><\/span> podr\u00eda actualizarse hoy as\u00ed: la prosperidad puede contribuir a construir y fortalecer la paz s\u00f3lo si es generalizada, inclusiva y sostenible.<\/p>\n\n\n\n

164. En t\u00e9rminos concretos, orientar la econom\u00eda hacia la dignidad significa adoptar algunos criterios de actuaci\u00f3n estables incluso en la era de la IA. En primer lugar, transparencia y responsabilidad: cuando los datos y los algoritmos influyen en la concesi\u00f3n de cr\u00e9ditos, la selecci\u00f3n de personal o el acceso a servicios u oportunidades, es necesario que las decisiones sean comprensibles, cuestionables y sometidas a control, para que la persona no quede reducida a un perfil. En segundo lugar, inclusi\u00f3n y acceso: los beneficios de la innovaci\u00f3n deben ir acompa\u00f1ados de inversiones en competencias, infraestructuras y servicios esenciales, para que la tecnolog\u00eda no ampl\u00ede la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen. Por \u00faltimo, medidas de equidad: la fiscalidad, las protecciones sociales y las pol\u00edticas industriales deben corregir los desequilibrios creados por la concentraci\u00f3n de riqueza y poder. Estos criterios no son un freno a la innovaci\u00f3n; en realidad, la hacen viable y humana.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV asume aqu\u00ed la vertiente cr\u00edtica hacia la globalizaci\u00f3n liberal presente en la doctrina social de la Iglesia pr\u00e1cticamente desde sus inicios: frente al capitalismo liberal, la Iglesia expresa decididamente su \u00abopci\u00f3n preferencial\u00bb a favor de formas de socialdemocracia, o al menos de econom\u00eda social de mercado. Esta cr\u00edtica a las desigualdades agravadas por el neoliberalismo se ha intensificado mucho bajo el pontificado del papa Francisco, hasta el punto de constituir uno de los leitmotivs de sus discursos. Se expresa aqu\u00ed mediante el recordatorio de la insuficiencia estructural del PIB para medir el desarrollo de una sociedad, a favor de indicadores m\u00e1s inclusivos, y mediante la afirmaci\u00f3n de que las desigualdades no constituyen solo un problema de redistribuci\u00f3n posterior de la riqueza creada, sino bien de asignaci\u00f3n previa de los recursos y las herramientas de producci\u00f3n, en este caso las tecnolog\u00edas y los conocimientos t\u00e9cnicos. Aboga por un control (inter)estatal reforzado y por una descentralizaci\u00f3n decidida de los actores del sector tecnol\u00f3gico, en favor de una l\u00f3gica polic\u00e9ntrica e inclusiva.<\/p>\n\n\n\n

Familia y j\u00f3venes: condiciones sociales de la esperanza<\/h4>\n\n\n\n

165. La familia es un bien social primario. Fundada en la uni\u00f3n estable entre un hombre y una mujer, es el primer entorno en el que cada persona desarrolla su potencial, toma conciencia de su dignidad y aprende las primeras formas de verdad y bondad, interiorizando h\u00e1bitos que la preparan para la vida en sociedad. <\/span>165<\/sup><\/a><\/span><\/span> La familia, la primera sociedad natural, dotada de derechos originales, es la c\u00e9lula fundamental e insustituible de toda organizaci\u00f3n comunitaria. <\/span>166<\/sup><\/a><\/span><\/span> En consecuencia, cuando los proyectos pol\u00edticos y las decisiones econ\u00f3micas importantes la relegan a un papel marginal o secundario, se compromete el crecimiento aut\u00e9ntico de todo el cuerpo social. <\/span>167<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

166. La familia es, sin embargo, un bien social fr\u00e1gil, que se ve afectado de forma inmediata por las transformaciones econ\u00f3micas y tecnol\u00f3gicas que est\u00e1n cambiando el mundo laboral, y que requiere apoyo cultural, jur\u00eddico y econ\u00f3mico. Es bien conocido el impacto devastador del desempleo y la precariedad en el tejido familiar. A corto plazo puede parecer ventajoso reducir el coste laboral o maximizar la eficiencia financiera, pero a largo plazo esto socava los cimientos mismos de la convivencia: mientras se celebran los avances tecnol\u00f3gicos, la estructura social se ve progresivamente erosionada como por un virus silencioso.<\/p>\n\n\n\n

167. Para los j\u00f3venes, la precariedad laboral es especialmente grave. Como recuerdan los obispos de Estados Unidos de Am\u00e9rica, el trabajo no es s\u00f3lo fuente de ingresos, sino un \u00e1mbito decisivo en el que se forma la identidad, se tejen amistades y relaciones, se aprenden responsabilidades concretas y se discierne la propia vocaci\u00f3n. <\/span>168<\/sup><\/a><\/span><\/span> Cuando el acceso al empleo se ve obstaculizado por altas tasas de desocupaci\u00f3n, sistemas de formaci\u00f3n inadecuados o barreras estructurales, muchos j\u00f3venes ven bloqueado su camino hacia la realizaci\u00f3n personal y profesional. La necesidad de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida exige itinerarios de actualizaci\u00f3n y recualificaci\u00f3n permanentes, que hagan capaces a las nuevas generaciones de asumir, con competencia y autonom\u00eda, los riesgos de un contexto econ\u00f3mico cambiante y a menudo impredecible. <\/span>169<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

168. De ah\u00ed se deriva una espec\u00edfica responsabilidad p\u00fablica. El Estado tiene el deber de apoyar la actividad de las empresas creando condiciones favorables para el empleo, fomentando el trabajo donde escasea y defendi\u00e9ndolo en tiempos de crisis, ya que este es un bien primario para las familias y para la sociedad. <\/span>170<\/sup><\/a><\/span><\/span> Especialmente en una \u00e9poca de profundos cambios tecnol\u00f3gicos, se necesita una creatividad pol\u00edtica \u201ca favor del empleo\u201d que sit\u00fae en el centro a la familia y a las nuevas generaciones, si no queremos que los avances econ\u00f3micos se traduzcan en nuevas formas de inseguridad y exclusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

169. Sostener a las familias y a los j\u00f3venes en esta transici\u00f3n requiere medidas que hagan posible la estabilidad. Como ya se mencion\u00f3 anteriormente, se necesitan pol\u00edticas laborales que favorezcan la continuidad y la calidad del empleo, combatiendo la precariedad como condici\u00f3n normal de vida y promoviendo itinerarios realistas de acceso y desarrollo profesional. En segundo lugar, se necesitan medidas que garanticen ritmos humanos: sin un equilibrio entre trabajo, servicios y descanso, la familia se debilita y a los j\u00f3venes les cuesta madurar el sentido de responsabilidad. Adem\u00e1s, es fundamental invertir en formaci\u00f3n y capacitaci\u00f3n profesional accesibles, para que la movilidad profesional que exige la econom\u00eda digital no se convierta en una selecci\u00f3n cruel entre quienes pueden actualizarse y quienes no. Por \u00faltimo, hay que apoyar los v\u00ednculos sociales: redes y comunidades educativas que acompa\u00f1en las elecciones de vida e impidan que la incertidumbre genere soledad y dependencias. As\u00ed, la transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica puede ser atravesada sin romper aquello que hace generativa una sociedad: la capacidad de construir el futuro.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Otro aspecto cl\u00e1sico de la doctrina social de la Iglesia es el apoyo a la familia, \u00abc\u00e9lula b\u00e1sica de la sociedad\u00bb; si bien se reafirma discretamente la concepci\u00f3n cat\u00f3lica del derecho natural en la que se basa, no es tanto para defender este tema como para lamentar los efectos sociales nocivos de la desestructuraci\u00f3n del mercado laboral, que socavan toda estabilidad necesaria para los proyectos familiares. Tras describir las colosales desigualdades educativas que carcomen a\u00fan m\u00e1s a las sociedades del Sur, Le\u00f3n XIV se centra en los males que afectan principalmente a las del Norte, y distingue los efectos perversos de las exigencias de movilidad profesional. En un contexto de invierno demogr\u00e1fico de las sociedades del Norte, llama finalmente a preocuparse por las nuevas generaciones.<\/p>\n\n\n\n

Custodiar la libertad frente a la dependencia y la mercantilizaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

Dependencias y control social<\/h4>\n\n\n\n

170. Tras haber analizado la verdad y la educaci\u00f3n, el trabajo y las familias, debemos hablar del efecto de la revoluci\u00f3n digital sobre la libertad humana, reflexionando sobre c\u00f3mo abordar tanto los riesgos relacionados con la psicolog\u00eda individual como los grandes dramas sociales. No deben subestimarse las formas m\u00e1s sutiles de dependencia vinculadas a la econom\u00eda digital de la atenci\u00f3n, donde las plataformas y los servicios est\u00e1n dise\u00f1ados para captar el tiempo y la mirada de los usuarios, explotando sus fragilidades y debilitando la libertad interior. Cuando los modelos de negocio prosperan a costa de la debilidad humana, la persona es tratada como un medio y no como un fin, y quienes dise\u00f1an o financian estos sistemas asumen una responsabilidad moral de la que no pueden eximirse. Es urgente promover un uso de las tecnolog\u00edas que refuerce la libertad interior: educaci\u00f3n en la sobriedad digital, protecci\u00f3n de los menores y lucha contra los modelos que prosperan a costa de la vulnerabilidad.<\/p>\n\n\n\n

171. Un riesgo adicional, menos visible pero no menos grave, es el del control social que la recopilaci\u00f3n masiva de datos y el uso de sistemas algor\u00edtmicos hacen posible. Cuando cada gesto deja huellas \u2015desplazamientos, compras, relaciones, preferencias\u2015 se crea un poder nuevo: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos, a menudo sin que las personas tengan plena conciencia de ello. Si estos datos se utilizan para tomar decisiones que inciden en oportunidades concretas (acceso al cr\u00e9dito, selecci\u00f3n de personal, servicios), existe el riesgo de socavar la libertad y discriminar a los m\u00e1s vulnerables. Adem\u00e1s, el control no pasa s\u00f3lo por prohibiciones expl\u00edcitas, sino por la arquitectura de la visibilidad: lo que se amplifica o se vuelve invisible, lo que se recompensa o se penaliza, termina moldeando opiniones y elecciones, generando conformismo y autocensura. Por eso la libertad, en la era digital, no es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n interior; es tambi\u00e9n un asunto p\u00fablico, que exige normas claras, transparencia, v\u00edas de recurso y l\u00edmites proporcionados al uso de tecnolog\u00edas invasivas, para que la tecnolog\u00eda siga estando al servicio de la persona y no se convierta en una forma de dominio de las conciencias.<\/p>\n\n\n\n

172. La ra\u00edz de estos problemas es una mentalidad tecnocr\u00e1tica y posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar, <\/span>171<\/sup><\/a><\/span><\/span> eliminando todo lo que pone l\u00edmites a la maximizaci\u00f3n del beneficio: lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana. Algunas corrientes posthumanistas llegan incluso a plantear la existencia de seres humanos \u201cde segunda clase\u201d, al servicio de los intereses de \u00e9lites que se perciben a s\u00ed mismas como superiores: una perspectiva inquietante, m\u00e1s grave a\u00fan si se combina con instrumentos tecnol\u00f3gicos que ampl\u00edan de forma exponencial el poder de control y de selecci\u00f3n. Tambi\u00e9n ciertas l\u00f3gicas de endeudamiento estructural, que mantienen a pueblos enteros en condiciones de dependencia, revelan la misma mentalidad que acepta, bajo nuevas formas, relaciones de subordinaci\u00f3n cercanas a la esclavitud.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0L\u00e9on XIV identifica de manera m\u00e1s concreta diversas amenazas a la libertad humana y factores de dependencia digital: en primer lugar, el capitalismo de la atenci\u00f3n algor\u00edtmica, que, con el pretexto de optimizar las preferencias del usuario, no hace m\u00e1s que encerrarlo en su propia burbuja de confirmaci\u00f3n; pero tambi\u00e9n el sistema de control social digital tal como se aplica en China y en otros lugares; y, por \u00faltimo, el riesgo del conformismo y la autocensura. Como origen de estos males, diagnostica la tendencia a considerar a los individuos \u00fanicamente como datos o recursos.<\/p>\n\n\n\n

Romper las cadenas de las nuevas esclavitudes<\/h4>\n\n\n\n

173. Esta visi\u00f3n distorsionada del ser humano se traduce hoy en diversas formas de sometimiento vinculadas directamente a la econom\u00eda digital. En el mundo de la IA nada es inmaterial o m\u00e1gico. Cada respuesta que parece inmediata y perfecta proviene de una larga cadena de mediaciones, de una extensa red de recursos naturales, de infraestructuras energ\u00e9ticas y, sobre todo, de personas. Una parte significativa del funcionamiento de la econom\u00eda digital se sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderaci\u00f3n de contenidos \u2014a menudo p\u00e9simos\u2014 y entrenamiento de modelos. En muchos casos se trata de j\u00f3venes, en su mayor\u00eda mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones m\u00ednimas. A este arduo trabajo invisible se suma la tarea, a\u00fan m\u00e1s brutal, de la extracci\u00f3n de los recursos necesarios para la producci\u00f3n de los dispositivos y microprocesadores en los que se basa la IA. En algunas regiones del mundo, adolescentes y ni\u00f1os trabajan en condiciones peligrosas en la trituraci\u00f3n de los materiales de los que se obtienen las tierras raras. Cuerpos marcados, mutilados, consumidos para que el flujo de los c\u00e1lculos no se interrumpa. Adem\u00e1s, las redes criminales utilizan plataformas en internet, sistemas de mensajer\u00eda, pagos an\u00f3nimos y t\u00e9cnicas de perfilado para reclutar, controlar y trasladar a v\u00edctimas de la trata, muchas veces menores de edad, convirtiendo a hombres y mujeres en \u201cdatos\u201d que rastrear y \u201cpaquetes\u201d para transferir dentro de los mismos circuitos digitales que sustentan gran parte de la econom\u00eda global. Esta realidad interpela profundamente la conciencia moral de nuestro tiempo. No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los beneficios de la innovaci\u00f3n, si estos se basan en una cadena de explotaci\u00f3n que se mantiene deliberadamente oculta. Si una tecnolog\u00eda promete emancipaci\u00f3n, pero produce nuevas formas de subordinaci\u00f3n global, contradice el principio fundamental de la dignidad de la persona.<\/p>\n\n\n\n

174. La lucha contra las nuevas formas de esclavitud constituye una prueba de fuego decisiva para el discernimiento \u00e9tico de la IA y la transformaci\u00f3n digital. Siguiendo la tradici\u00f3n iniciada por\u00a0Le\u00f3n XIII, la Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilizaci\u00f3n de las personas, y recuerda la urgencia de un amplio movimiento de reflexi\u00f3n y acci\u00f3n que sit\u00fae en el centro la dignidad inalienable de todo ser humano y el bien com\u00fan, como fines de la sociedad y como criterios de toda decisi\u00f3n personal, social y pol\u00edtica. Sin esta reflexi\u00f3n \u00e9tica y humanizadora, el creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos, mientras seguimos present\u00e1ndonos como sociedades \u201cavanzadas\u201d y \u201ccivilizadas\u201d.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0\u00a0M\u00e1s all\u00e1 de la adicci\u00f3n, aqu\u00ed se denuncia un mal a\u00fan m\u00e1s grave: la explotaci\u00f3n desmesurada de los trabajadores del sector digital, que da lugar a formas similares a la esclavitud; la trata directa de personas por parte de redes criminales facilitada por la Dark Web, etc.<\/p>\n\n\n\n

175. La trata debe reconocerse como una forma contempor\u00e1nea de esclavitud y como una grave violaci\u00f3n de la dignidad humana; no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas pr\u00e1cticas significa, en cierta medida, hacerse c\u00f3mplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba. <\/span>172<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

176. La Iglesia, a medida que su doctrina fue madurando, fue tomando conciencia, progresivamente, de la gravedad de estas realidades. Es cierto que los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma ahist\u00f3rica, como si todos los criterios que se han ido madurando con el tiempo hubieran estado siempre disponibles. Sin embargo, no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud. Si en la Antig\u00fcedad y en la Edad Media muchas personas e instituciones eclesi\u00e1sticas tuvieron esclavos, ya en la Edad Moderna la Sede Apost\u00f3lica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducci\u00f3n a la esclavitud de los \u201cinfieles\u201d. <\/span>173<\/sup><\/a><\/span><\/span> Hubo que esperar hasta el siglo XIX para encontrar una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud, en particular con\u00a0Le\u00f3n XIII. <\/span>174<\/sup><\/a><\/span><\/span> Esto constituye un claro ejemplo de los progresos de la Iglesia en la comprensi\u00f3n de las verdades perennes de la Revelaci\u00f3n que ella custodia. Aunque no encontramos homogeneidad en la cuesti\u00f3n en s\u00ed \u2014habiendo tolerado durante mucho tiempo la esclavitud y llegando s\u00f3lo posteriormente a condenarla de manera absoluta\u2014, existe una continuidad a lo largo de toda la historia en cuanto a la convicci\u00f3n acerca de la dignidad de todo ser humano, creado a imagen de Dios, aunque sin haber logrado, en dieciocho siglos, explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad. Se trata de una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos. <\/span>175<\/sup><\/a><\/span><\/span> Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillaci\u00f3n que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin l\u00edmites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Se\u00f1or. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Sophie de Ravinel<\/span>Las palabras del papa resuenan especialmente en relaci\u00f3n con la nueva esclavitud provocada por el desarrollo tecnol\u00f3gico. La fuerza de su petici\u00f3n de perd\u00f3n, renovada tras Juan Pablo II, y su llamado a no repetir los mismos errores, tambi\u00e9n se pueden percibir en el coraz\u00f3n de su vida personal, ya que su familia, en parte mestiza, posiblemente haya atravesado ella misma esa dolorosa historia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV se basa aqu\u00ed en las conclusiones de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional entregadas a Juan Pablo II con motivo del a\u00f1o 2000, a veces presentadas como el \u00abacto de arrepentimiento\u00bb de la Iglesia cat\u00f3lica por los errores del pasado; \u00e9l hab\u00eda pedido perd\u00f3n p\u00fablicamente en su nombre; al mismo tiempo, Le\u00f3n XIV recuerda las principales condenas pontificias de la esclavitud desde el siglo XV, aunque es cierto que tuvieron poco efecto. Curiosamente, no menciona la bula Sublimis Deus de Pablo III de 1537, condena de la esclavitud de los ind\u00edgenas americanos, que sin embargo marc\u00f3 su \u00e9poca, al igual que la controversia de Valladolid (1551). Se\u00f1ala que la conciencia cristiana de la dignidad humana se va afinando con el paso del tiempo, lo que la lleva a cuestionar situaciones establecidas.<\/p>\n\n\n\n

177. Precisamente por eso, el recuerdo de la complicidad y la ceguera del pasado ante la injusticia de la esclavitud se convierte para nosotros en un llamamiento a la vigilancia: lo que hemos aprendido debe traducirse en discernimiento y responsabilidad en el presente. Si no queremos pedir perd\u00f3n en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe, hoy nos corresponde ser directos y firmes a la hora de denunciar la trata en sus m\u00faltiples manifestaciones y de apoyar, paso a paso, junto con todos aquellos que se comprometen con esta causa, caminos reales de prevenci\u00f3n, protecci\u00f3n, liberaci\u00f3n y rehabilitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

178. El colonialismo muestra en la actualidad un rostro in\u00e9dito. No s\u00f3lo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en informaci\u00f3n explotable. Territorios enteros, sobre todo aquellos con menos relevancia geopol\u00edtica y mayor fragilidad estructural, se ven, en el presente, atravesados por una nueva l\u00f3gica de extracci\u00f3n: la de los flujos sanitarios, perfiles epidemiol\u00f3gicos, mapas gen\u00e9ticos y datos demogr\u00e1ficos. Estas son las nuevas \u201ctierras raras\u201d del poder: informaciones vitales que, una vez correlacionadas, pueden utilizarse para entrenar modelos predictivos, orientar estrategias de inversi\u00f3n, anticipar crisis y, sobre todo, seleccionar qui\u00e9n y qu\u00e9 importa. Quien posee los datos sanitarios de poblaciones enteras, hoy recopilados a menudo bajo el pretexto de la ayuda, la investigaci\u00f3n o la innovaci\u00f3n, posee en realidad una palanca estructural sobre el futuro: puede moldear las necesidades y los mercados. Y puede decidir, antes que los dem\u00e1s, a qui\u00e9n destinar medicamentos, inversiones y protecciones. Es aqu\u00ed donde se juega una de las cuestiones morales m\u00e1s urgentes de nuestro tiempo: transformar el conocimiento compartido en bien com\u00fan, no en herramienta de dominio; devolver a los pueblos no s\u00f3lo los datos que los describen, sino tambi\u00e9n la posibilidad de decidir c\u00f3mo se utilizar\u00e1n, qui\u00e9n los utilizar\u00e1 y para qui\u00e9n. De lo contrario, la era digital no ser\u00e1 postcolonial, sino colonial bajo otra forma.<\/p>\n\n\n\n

179. Las nuevas esclavitudes se alimentan de cadenas econ\u00f3micas e infraestructuras digitales. Por lo tanto, es necesario actuar en varios frentes: en primer lugar, para exigir una mayor transparencia de las cadenas de suministro que sustentan la industria tecnol\u00f3gica y la econom\u00eda digital, de modo que ninguna ventaja competitiva se construya sobre la explotaci\u00f3n invisible. En segundo lugar, es necesario que las empresas y los inversionistas adopten criterios claros de verificaci\u00f3n \u00e9tica preventiva (due diligence<\/em>), incluyendo entre las prioridades la protecci\u00f3n de los trabajadores, la lucha contra el trabajo forzoso y el impacto social de los modelos de negocio basados en datos. Adem\u00e1s, se debe exigir a las plataformas digitales que cooperen de manera responsable con las autoridades y con la sociedad civil para impedir que las herramientas de comunicaci\u00f3n, pago y elaboraci\u00f3n de perfiles se conviertan en canales de captaci\u00f3n y control de las v\u00edctimas. Cuando estas decisiones convergen, el entorno digital puede transformarse de espacio de depredaci\u00f3n en espacio de protecci\u00f3n, prevenci\u00f3n y promoci\u00f3n de la dignidad.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La denuncia de un neocolonialismo occidental ya hab\u00eda sido formulada por Francisco; pero en su caso, se refer\u00eda sobre todo a una especie de paternalismo de los buenos sentimientos del Occidente progresista hacia los valores de las sociedades tradicionales; aqu\u00ed, la cr\u00edtica se dirige contra un colonialismo del Big Data, que se asimila de manera audaz a las tierras raras; esta es una de las partes m\u00e1s innovadoras de la enc\u00edclica en cuanto al diagn\u00f3stico y el remedio.<\/p>\n\n\n\n

Una responsabilidad compartida<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

180. Los distintos \u00e1mbitos considerados \u2014la b\u00fasqueda de la verdad en la vida p\u00fablica, la educaci\u00f3n en el entorno digital, las transformaciones del mundo laboral, la fragilidad de las familias y las nuevas formas de esclavitud\u2014 no son fen\u00f3menos aislados. Todos ellos ponen en juego lo mismo: si la t\u00e9cnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercanc\u00eda; si, por el contrario, la t\u00e9cnica se inscribe en un horizonte de sabidur\u00eda, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad.<\/p>\n\n\n\n

181. Desde esta perspectiva, la Doctrina social de la Iglesia propone una responsabilidad compartida. Pide que estos procesos sean gestionados con visi\u00f3n de futuro: por instituciones capaces de regular sin asfixiar y de proteger sin suplantar; por empresas que reconozcan en el trabajo y en la dignidad un criterio de \u00e9xito; por organismos intermedios y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y los v\u00ednculos; por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la sobriedad, el discernimiento y el sentido de la verdad. S\u00f3lo as\u00ed la innovaci\u00f3n podr\u00e1 convertirse realmente en desarrollo humano integral y no en factor de exclusi\u00f3n y dominio; y s\u00f3lo as\u00ed la promesa del progreso podr\u00e1 ser reconocida como verdadera, porque estar\u00e1 medida en funci\u00f3n de la dignidad inviolable de cada hombre y cada mujer.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La conclusi\u00f3n del cap\u00edtulo aboga por la educaci\u00f3n compartida, la regulaci\u00f3n estatal, la transparencia y la descentralizaci\u00f3n de los oligopolios tecnol\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n

Cap\u00edtulo quinto
LA CULTURA DEL PODER Y LA CIVILIZACI\u00d3N DEL AMOR<\/strong><\/h2>\n\n\n\n

182. Tras haber analizado c\u00f3mo la IA est\u00e1 transformando algunos aspectos de la vida y de la sociedad, con graves repercusiones para la dignidad humana, es necesario dirigir la mirada hacia un \u00e1mbito a\u00fan m\u00e1s dram\u00e1tico: la guerra. Aqu\u00ed la cuesti\u00f3n no se refiere \u00fanicamente a la eficiencia de los nuevos instrumentos, sino al riesgo de que la tecnolog\u00eda, separada de la \u00e9tica y de la responsabilidad, haga m\u00e1s r\u00e1pida e impersonal la decisi\u00f3n sobre la vida y la muerte, y presente el uso de la fuerza como una opci\u00f3n inmediata y viable. En un mundo cada vez m\u00e1s interdependiente, la paz no es un tema entre otros, sino una condici\u00f3n del bien com\u00fan universal y una prueba para la madurez moral de los pueblos, y especialmente de quienes son llamados a puestos de responsabilidad en el gobierno.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>En resumen, esta secci\u00f3n, centrada en el fen\u00f3meno b\u00e9lico, no solo constituye una reflexi\u00f3n moral sobre la guerra y la inteligencia artificial, sino tambi\u00e9n un intento de reintroducir l\u00edmites pol\u00edticos, jur\u00eddicos y antropol\u00f3gicos al uso contempor\u00e1neo de la violencia.<\/p>\n\n\n\n

183. La revoluci\u00f3n digital est\u00e1 modificando la gram\u00e1tica de los conflictos. A la guerra visible se suman formas h\u00edbridas: ataques cibern\u00e9ticos, manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n, campa\u00f1as de influencia y automatizaci\u00f3n de decisiones estrat\u00e9gicas. La IA entra en estos procesos como factor de aceleraci\u00f3n, en un contexto en el que muchas tecnolog\u00edas son intr\u00ednsecamente ambivalentes: lo que nace para proteger puede convertirse r\u00e1pidamente en ataque, y la frontera entre protecci\u00f3n y agresi\u00f3n tiende a difuminarse. La IA puede potenciar la defensa y la protecci\u00f3n de los civiles, pero tambi\u00e9n puede bajar el umbral del uso de la fuerza, hacer opacas las responsabilidades y alimentar una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la v\u00edctima a un \u201cda\u00f1o colateral\u201d. Ante estas transformaciones, debemos recurrir a los principios de la Doctrina social \u2014dignidad de la persona, bien com\u00fan, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia\u2014 como criterios para juzgar si las tecnolog\u00edas sirven realmente a la humanidad o terminan por someterla, y considerarlas como orientaciones para nuestras decisiones.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>\u00a0El texto retoma aqu\u00ed el concepto de \u00abforma h\u00edbrida\u00bb de la guerra, citando los ciberataques, la manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n y las campa\u00f1as de influencia. Destaca el peligro de este tipo de agresi\u00f3n: opacidad de las responsabilidades, reducci\u00f3n de las v\u00edctimas a meros datos, rebaja del umbral para el uso de la fuerza, tendencias que sin duda se ven acentuadas por la IA. El tema se retomar\u00e1 en el p\u00e1rrafo 204. De hecho, es conveniente mantener una distinci\u00f3n entre \u00abguerra visible\u00bb y \u00abforma h\u00edbrida\u00bb. El segundo t\u00e9rmino debe entenderse m\u00e1s como una analog\u00eda (la manipulaci\u00f3n de la informaci\u00f3n puede compararse con una guerra) que como la afirmaci\u00f3n de una identidad de naturaleza. Si, en efecto, se considerara que el fen\u00f3meno b\u00e9lico abarca ahora formas militares y no militares, esto abrir\u00eda la v\u00eda a respuestas militares a agresiones no militares. Por ejemplo, a una operaci\u00f3n militar para reaccionar ante una operaci\u00f3n de manipulaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica. Lo cual privar\u00eda de sentido a la restricci\u00f3n presentada en el \u00a7 192 de la guerra a la estricta leg\u00edtima defensa.<\/p>\n\n\n\n

184. En este cap\u00edtulo pretendo, por tanto, comparar dos l\u00f3gicas opuestas, que ya he evocado con im\u00e1genes b\u00edblicas: por un lado, la tentaci\u00f3n de construir la torre de Babel, confiando en el poder y en el orgullo; por otro, la paciencia de reconstruir Jerusal\u00e9n, como en tiempos de Nehem\u00edas, \u201cpieza por pieza\u201d, cuidando lo humano y el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

185. Si observamos las din\u00e1micas mundiales, reconocemos cada vez con mayor claridad la expansi\u00f3n de una cultura del poder, hecha de polarizaciones y violencias. La Babel moderna no es s\u00f3lo el paradigma tecnocr\u00e1tico globalizado, sino tambi\u00e9n el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos, entre potencias que quieren conservar su primac\u00eda y potencias que aspiran a conquistarla, con una multiplicidad de conflictos locales. Es, adem\u00e1s, la carrera por desarrollar tecnolog\u00edas cada vez m\u00e1s poderosas, o por asegurarse su control, seg\u00fan una din\u00e1mica deshumanizante que parece no conocer l\u00edmites. Y, sin embargo, junto a esta deriva, vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz. De ella, todos somos a menudo art\u00edfices inconscientes y arquitectos desunidos, capaces de gestos generosos pero carentes de una visi\u00f3n de conjunto: es una construcci\u00f3n m\u00e1s lenta, menos visible y menos llamativa, que espera ser mejor comprendida y m\u00e1s coordinada, para convertirse as\u00ed en el compromiso consciente y articulado de cada comunidad, desde la familia hasta el gobierno de los estados y sus relaciones. Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de \u201ccivilizaci\u00f3n del amor\u201d.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>\u00a0El papa sugiere que el contexto geopol\u00edtico se caracteriza ahora por \u00abel enfrentamiento a distancia entre imperialismos opuestos, entre potencias que quieren conservar su supremac\u00eda y aquellas que aspiran a conquistarla, con una multitud de conflictos locales\u00bb. Se trata de una afirmaci\u00f3n fundamental que ayuda a comprender los p\u00e1rrafos siguientes sobre el debilitamiento del di\u00e1logo multilateral. De hecho, el sistema de las Naciones Unidas lleva la huella de los Estados-naci\u00f3n europeos que, a lo largo del siglo XX, buscaron renunciar a la guerra como m\u00e9todo de resoluci\u00f3n de controversias. Varias grandes potencias parecen hoy retomar l\u00f3gicas de esferas de influencia o de poder imperial; estas potencias buscan menos resolver conflictos que disciplinar sus periferias.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Los usos militares de la IA, que ya se est\u00e1n aplicando en los conflictos mundiales, plantean tantos retos y preocupaciones que justifican su tratamiento en un cap\u00edtulo aparte. La Santa Sede se muestra aqu\u00ed fiel a su doctrina de pacifismo (casi integral), tal como fue integrada en la doctrina social de la Iglesia por Pacem in terris (1963) de Juan XXIII. A medida que se revelan los retos, por fin se designa al \u00abenemigo\u00bb: Babel designa el paradigma tecnocr\u00e1tico globalizado y los imperialismos enfrentados en una carrera armamentista; Babel parece reinar en la actualidad.<\/p>\n\n\n\n

La civilizaci\u00f3n del amor en la era digital<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

186. Cuando san\u00a0Pablo VI\u00a0introdujo la expresi\u00f3n \u201ccivilizaci\u00f3n del amor\u201d, <\/span>176<\/sup><\/a><\/span><\/span> el mundo se ve\u00eda marcado por la Guerra Fr\u00eda, la carrera armamentista y fuertes desequilibrios econ\u00f3micos. En ese contexto, la Iglesia indicaba un camino alternativo a la oposici\u00f3n ideol\u00f3gica entre sistemas, imaginando un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan y el amor se convierte en principio de organizaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica, pol\u00edtica y cultural. Hoy debemos recuperar con fuerza esta visi\u00f3n: la civilizaci\u00f3n del amor no es una utop\u00eda ingenua, sino un proyecto exigente. Consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro \u2014ya sea persona o pueblo\u2014 como un aliado necesario para la construcci\u00f3n del bien com\u00fan. Como nos ha recordado la Enc\u00edclica\u00a0Fratelli tutti<\/em>, s\u00f3lo este amor social, capaz de convertirse en cultura y norma, puede generar un orden internacional estable, transformando la convivencia de simple coexistencia armada en comunidad de destino. <\/span>177<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0\u00a0Ya santo Tom\u00e1s de Aquino recordaba que la pol\u00edtica es la forma m\u00e1s elevada de la caridad; el t\u00e9rmino \u00abamor\u00bb debe entenderse aqu\u00ed no en el sentido subjetivista y rom\u00e1ntico de la buena conciencia \u2014al igual que el t\u00e9rmino \u00abcaridad\u00bb ha sido desvirtuado en franc\u00e9s por sus aplicaciones paternalistas y miserabilistas\u2014, sino como un principio organizador exigente, que requiere un esfuerzo personal; an\u00e1logo a la caridad eclesial que San Agust\u00edn sit\u00faa como realidad eucar\u00edstica suprema, en el coraz\u00f3n de la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n

187. Hoy, en el contexto de la revoluci\u00f3n digital, esta intuici\u00f3n resulta a\u00fan m\u00e1s decisiva. Las redes digitales, la econom\u00eda globalizada y el desarrollo de la IA crean v\u00ednculos cada vez m\u00e1s estrechos, conectando en tiempo real las decisiones tomadas en un lugar con los efectos que producen en otro. Por eso, siguen siendo actuales las palabras del\u00a0Concilio Vaticano II\u00a0sobre la creciente interdependencia entre los pueblos: el bien com\u00fan adquiere cada vez m\u00e1s una dimensi\u00f3n universal, con derechos y deberes que conciernen a toda la familia humana. <\/span>178<\/sup><\/a><\/span><\/span> El proyecto de la civilizaci\u00f3n del amor asume aqu\u00ed la tarea decisiva de transformar esta interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. Es el criterio para orientar los procesos tecnol\u00f3gicos: no basta con que la IA nos haga m\u00e1s eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasi\u00f3n real de encuentro y de cuidado rec\u00edproco.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0En Laudato Si\u2019<\/em>, Francisco ya se\u00f1alaba la existencia de interconectividades e interdependencias cada vez mayores.<\/p>\n\n\n\n

La cultura del poder<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

188. En los tiempos que vivimos se est\u00e1 consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisi\u00f3n, relegando el bien com\u00fan de la humanidad a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a una variable secundaria respecto a los intereses estrat\u00e9gicos. Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovech\u00e1ndose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas.<\/p>\n\n\n\n

La normalizaci\u00f3n de la guerra<\/h4>\n\n\n\n

189. En 1965 reson\u00f3 con fuerza\u00a0el grito de san Pablo VI ante la Asamblea de la ONU: \u00ab\u00a1Nunca m\u00e1s la guerra, nunca m\u00e1s la guerra!\u00bb. <\/span>179<\/sup><\/a><\/span><\/span> Debemos reconocer que, a pesar de los deseos y las proclamas de paz, los \u00faltimos sesenta a\u00f1os han estado marcados por conflictos de una ferocidad impresionante, que a menudo han afectado masivamente a las poblaciones civiles, causando v\u00edctimas inocentes, oleadas de refugiados, desestabilizaci\u00f3n social y heridas de larga duraci\u00f3n. Sin embargo, en el discurso p\u00fablico prevalec\u00eda la convicci\u00f3n de que la guerra deb\u00eda seguir siendo una\u00a0extrema ratio<\/em>, sujeta a rigurosos l\u00edmites \u00e9ticos y jur\u00eddicos y, en cualquier caso, a un horizonte pol\u00edtico orientado a la paz. A ra\u00edz de los acontecimientos ocurridos en el per\u00edodo de entreguerras, tras la Segunda Guerra Mundial se produjo un giro: la paz se situ\u00f3 en el centro del orden internacional, como lo atestigua en particular la\u00a0Carta de las Naciones Unidas<\/em>, que se propone \u00abpreservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra\u00bb. <\/span>180<\/sup><\/a><\/span><\/span> Muchas Constituciones nacionales, en la misma l\u00ednea, hab\u00edan relegado el uso de las armas a casos extremos y rigurosamente delimitados. Incluso durante la Guerra Fr\u00eda, a pesar de la presencia de conflictos graves, persist\u00eda la conciencia de que hab\u00eda que evitar a toda costa un nuevo conflicto mundial.<\/p>\n\n\n\n

190. Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso p\u00fablico y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitaci\u00f3n de la guerra como instrumento de pol\u00edtica internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios \u00e9ticos que hab\u00edan limitado su uso. Los conflictos regionales que se prolongan en el tiempo, la escalada de tensiones y las amenazas cruzadas se vuelven casi habituales, y resurgen formas de conflicto por la expansi\u00f3n territorial que se cre\u00edan superadas. La opini\u00f3n p\u00fablica se orienta y acostumbra progresivamente a narrativas medi\u00e1ticas polarizadas, a menudo amplificadas por algoritmos que valoran el enfrentamiento y la oposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>\u00a0El papa se pregunta aqu\u00ed por las causas del resurgimiento de la guerra. La paradoja es, sin duda, que la guerra est\u00e1 menos rehabilitada en el discurso que en la pr\u00e1ctica. Las potencias occidentales han llevado a cabo operaciones de neutralizaci\u00f3n, Rusia una \u00aboperaci\u00f3n militar especial\u00bb y Estados Unidos, en Ir\u00e1n, una \u00abexcursi\u00f3n\u00bb, si le creemos a Donald Trump. Y, de hecho, evitar asumir la guerra evita tanto caer bajo el peso de la reprobaci\u00f3n que el siglo XX asoci\u00f3 a esta empresa \u2014y que persiste, al menos en parte\u2014 como respetar las normas del derecho de la guerra.<\/p>\n\n\n\n

191. Tambi\u00e9n asistimos a una preocupante p\u00e9rdida de la memoria hist\u00f3rica. La desaparici\u00f3n gradual de los testimonios directos del Holocausto y de las dos guerras mundiales facilita la reescritura selectiva o distorsionada del pasado, en un clima en el que las noticias falsas y las manipulaciones narrativas empa\u00f1an las lecciones aprendidas. Sin una memoria viva de los horrores de la guerra, las decisiones pol\u00edticas corren el riesgo de tomarse sobre la base de c\u00e1lculos de fuerza, carentes de una visi\u00f3n de las consecuencias a largo plazo.<\/p>\n\n\n\n

192. A todo esto se suma un elemento nuevo y decisivo: la dimensi\u00f3n medi\u00e1tica y digital. Las redes de comunicaci\u00f3n, los entornos informativos fragmentados y los algoritmos que premian el enfrentamiento pueden amplificar la polarizaci\u00f3n y el resentimiento, acelerar la propaganda y dificultar el discernimiento com\u00fan. As\u00ed, la guerra no s\u00f3lo se libra, sino que tambi\u00e9n se prepara culturalmente a trav\u00e9s de narrativas simplistas, l\u00f3gicas de amigo-enemigo, desinformaci\u00f3n y miedo. Cuando se aten\u00faa la memoria hist\u00f3rica y se debilitan los criterios \u00e9ticos que protegen a los civiles y a los m\u00e1s fr\u00e1giles, se vuelve m\u00e1s f\u00e1cil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso \u201climpia\u201d. Es en este clima donde la humanidad est\u00e1 cayendo en la cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Hoy m\u00e1s que nunca es importante reiterar la superaci\u00f3n de la teor\u00eda de la \u201cguerra justa\u201d, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la leg\u00edtima defensa, entendida en el sentido m\u00e1s estricto. <\/span>181<\/sup><\/a><\/span><\/span> La humanidad cuenta con instrumentos mucho m\u00e1s eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el di\u00e1logo, la diplomacia y el perd\u00f3n. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles.<\/p>\n\n\n\n

General Durieux<\/span>\u00a0Aqu\u00ed el papa ampl\u00eda la reflexi\u00f3n del papa Francisco. Al afirmar que conviene ir m\u00e1s all\u00e1 de la teor\u00eda de la guerra justa, no condena por ello el principio, sino que lo hace evolucionar. La teor\u00eda de la guerra justa es, a decir verdad, un nombre bastante inapropiado. En realidad, es una teor\u00eda de la guerra injusta, que condena por principio el recurso a la guerra, salvo en unas pocas circunstancias enumeradas de manera restrictiva y siempre que se cumplan ciertas condiciones. El primero y sin duda el m\u00e1s importante de los criterios de la guerra justa es el de la justicia de la causa. La leg\u00edtima defensa frente a una agresi\u00f3n, aqu\u00ed retomada por el papa, siempre ha estado en el centro de las teor\u00edas de la causa justa. San Agust\u00edn o, m\u00e1s tarde, Grocio (siglo XVII) hab\u00edan se\u00f1alado que la reparaci\u00f3n de una injusticia tambi\u00e9n pod\u00eda ser causa de una guerra justa. Hoy en d\u00eda, esta extensi\u00f3n a la reparaci\u00f3n de una injusticia podr\u00eda abrir la puerta a numerosos conflictos, en particular si se aceptara que la injusticia que hay que reparar no es solo de origen militar, sino tambi\u00e9n, por ejemplo, econ\u00f3mico. Este es todo el alcance de la restricci\u00f3n a la estricta leg\u00edtima defensa, que debe entenderse como leg\u00edtima defensa frente a una agresi\u00f3n armada. No hay raz\u00f3n para renunciar a los dem\u00e1s criterios tradicionales de la guerra justa que se han enunciado a lo largo de los tiempos: la autoridad leg\u00edtima, la intenci\u00f3n recta, la proporcionalidad o las posibilidades razonables de \u00e9xito. Estos criterios siempre pueden intervenir de manera subsidiaria para evaluar la legitimidad del uso de las armas. Del mismo modo que el jus in bello<\/em> (el derecho que establece lo que est\u00e1 permitido hacer en la guerra) siempre complementa de manera \u00fatil al jus ad bellum<\/em> (el derecho que establece cu\u00e1ndo se puede justificar la guerra, en este caso solo en caso de leg\u00edtima defensa).<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV confirma aqu\u00ed la l\u00ednea multilateralista y pacifista integral de la Santa Sede, que le lleva a ir m\u00e1s all\u00e1 (al integrarlos) de los criterios de Tom\u00e1s de Aquino sobre la guerra justa, que de hecho son m\u00e1s amplios que la leg\u00edtima defensa. Constata que el poder moderado de la Guerra Fr\u00eda y de la \u00abpax americana\u00bb ha dado paso a una \u00abcultura del poder\u00bb marcada por l\u00f3gicas de depredaci\u00f3n y polarizaci\u00f3n, donde el umbral para recurrir a la guerra se ha rebajado peligrosamente, al tiempo que se hibrida con formas de alta conflictividad no armada, especialmente digitales. En resumen, aboga por una \u00abdiplomacia de \u00faltima oportunidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La fuerza sin l\u00edmites<\/h4>\n\n\n\n

193. Un elemento decisivo del panorama actual es el crecimiento de la industria b\u00e9lica, que se ha convertido en un sector clave de la econom\u00eda de algunos pa\u00edses. La estrecha conexi\u00f3n entre los intereses econ\u00f3micos, los aparatos militares y las decisiones pol\u00edticas genera una \u201cnaci\u00f3n armada\u201d, en la que la guerra parece casi una prolongaci\u00f3n natural de la pol\u00edtica y el mercado de las armas se convierte en un motor aut\u00f3nomo de las decisiones b\u00e9licas. No podemos ignorar los enormes intereses econ\u00f3micos que est\u00e1n detr\u00e1s de la guerra. Las industrias armament\u00edsticas y los pa\u00edses que suministran armas se benefician de un mercado que prospera precisamente gracias a los conflictos. En este sentido, existe tambi\u00e9n una l\u00f3gica econ\u00f3mica que contribuye a alimentar tensiones en diversas regiones del mundo.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>\u00a0Este p\u00e1rrafo se\u00f1ala acertadamente los peligros de lo que Eisenhower denominaba el \u00abcomplejo militar-industrial\u00bb, lamentando sus consecuencias. La cuesti\u00f3n es delicada, pues si, como hace acertadamente el papa, se reconoce a los Estados el derecho a defenderse frente a agresiones armadas, hay que concederles el derecho a equipar a sus fuerzas, ya sea desarrollando una industria armament\u00edstica o importando los bienes producidos por esa misma industria en otros pa\u00edses. Todo el desaf\u00edo radica, pues, como subraya el papa, en que esta industria no sea el motor de las decisiones de recurrir a las armas, sino que est\u00e9 al servicio de la defensa de los pa\u00edses. Se trata de la cuesti\u00f3n del control pol\u00edtico. Si bien el papa tiene raz\u00f3n al denunciar una guerra que ser\u00eda la prolongaci\u00f3n natural de la pol\u00edtica, a\u00fan m\u00e1s peligrosa ser\u00eda una l\u00f3gica b\u00e9lica que se sustraiga al control de la pol\u00edtica. Una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda en el marco de la doctrina social de la Iglesia podr\u00eda centrarse, en particular, en los mecanismos institucionales capaces de mantener el control pol\u00edtico de las decisiones militares en sociedades tecnol\u00f3gicamente dependientes de las industrias de defensa.<\/p>\n\n\n\n

194. Los arsenales militares est\u00e1n en el centro de la atenci\u00f3n. En el pasado, el reconocimiento de la amenaza que representaban las armas capaces de destruir a toda la humanidad hab\u00eda favorecido v\u00edas de distensi\u00f3n y de negociaci\u00f3n sobre el desarme. Lamentablemente, hemos salido de ese horizonte y la evoluci\u00f3n de los arsenales nucleares \u2014incluida la perspectiva de usos \u201ct\u00e1cticos\u201d\u2014 hace que el recurso a tales artefactos parezca una posibilidad cada vez menos remota. En este contexto, la entrada en vigor en 2021 del Tratado sobre la Prohibici\u00f3n de las Armas Nucleares<\/em>, respaldado por m\u00e1s de setenta pa\u00edses, representa una se\u00f1al importante, pero corre el riesgo de quedar en gran parte simb\u00f3lica, ya que las principales potencias at\u00f3micas no se han adherido a \u00e9l. As\u00ed se ha extendido la creencia, err\u00f3nea, de que la disuasi\u00f3n nuclear es una condici\u00f3n indispensable para la seguridad, lo que ha alimentado una nueva y dif\u00edcilmente controlable carrera armament\u00edstica, acompa\u00f1ada del desmantelamiento progresivo de los acuerdos de reducci\u00f3n de las armas nucleares y del desarrollo de armas \u201cminiaturizadas\u201d, que hacen m\u00e1s f\u00e1cil considerar su uso como una opci\u00f3n viable.<\/p>\n\n\n\n

195. La misma l\u00f3gica se observa en los conflictos convencionales: la fuerza militar, la debilidad de las iniciativas diplom\u00e1ticas y la complejidad de los intereses en juego favorecen conflictos que tienden a hacerse cr\u00f3nicos, con un costo humano y ambiental alt\u00edsimo. Es mucho m\u00e1s f\u00e1cil iniciar una guerra que detenerla y, sin embargo, la reflexi\u00f3n sobre la prevenci\u00f3n de conflictos sigue siendo dram\u00e1ticamente marginal.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>El papa confirma aqu\u00ed la evoluci\u00f3n de la postura de la Iglesia Cat\u00f3lica respecto a las armas nucleares. El papa Francisco, al t\u00e9rmino de un viaje a Jap\u00f3n, declar\u00f3: \u00abEl uso de las armas nucleares es inmoral, por eso debe incluirse en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, y no solo el uso, sino tambi\u00e9n la posesi\u00f3n, porque un accidente, o la locura de un gobernante, la locura de uno solo, puede destruir a la humanidad\u00bb. La Santa Sede firm\u00f3 y ratific\u00f3 el Tratado sobre la Prohibici\u00f3n de las Armas Nucleares (TPAN) el 20 de septiembre de 2017, tan pronto como se abri\u00f3 a la firma en la ONU, y fue uno de los primeros Estados parte del tratado cuando este entr\u00f3 en vigor el 22 de enero de 2021. Desde este punto de vista, la referencia al TPAN no es una sorpresa, ni tampoco la cr\u00edtica subyacente a las estrategias de disuasi\u00f3n: el papa declara err\u00f3nea la convicci\u00f3n de que la disuasi\u00f3n es una condici\u00f3n esencial para la seguridad. Cabe se\u00f1alar que los conflictos actuales no permiten contradecir al papa: demuestran que la posesi\u00f3n de armas nucleares no protege ni de los ataques convencionales ni de m\u00faltiples formas de vulnerabilidad estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Al pensar en esto, es imposible no recordar la guerra de Donald Trump en Ir\u00e1n y la invasi\u00f3n de Ucrania por parte de Vladimir Putin.<\/p>\n\n\n\n

196. El panorama se vuelve a\u00fan m\u00e1s inestable por la presencia de nuevos actores armados \u2014grupos yihadistas, milicias privadas, redes criminales\u2014 que marcan el fin del monopolio estatal de la fuerza. A menudo, estos sujetos entrelazan motivaciones ideol\u00f3gicas vagas con intereses econ\u00f3micos muy concretos, transformando la guerra en un verdadero modo de vivir para generaciones enteras de j\u00f3venes y ni\u00f1os: el objetivo ya no es una victoria definitiva, sino la perpetuaci\u00f3n del conflicto como fuente de poder y beneficios.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV retoma de Francisco su cr\u00edtica a los \u00abmercaderes de armas\u00bb y a los complejos militaro-industriales, en la que, en un discurso pacifista bastante cl\u00e1sico, se denunciaba que la guerra estaba al servicio de intereses econ\u00f3micos privados; fiel a la l\u00ednea de Pacem in terris<\/em> de Juan XXIII, publicada en el contexto de la crisis de los misiles de Cuba, retoma la cr\u00edtica radical a la disuasi\u00f3n nuclear llevada a cabo por la Iglesia cat\u00f3lica, que nunca crey\u00f3 en el \u00abequilibrio del terror\u00bb, a costa de grandes tensiones con las potencias nucleares, incluidas las occidentales. La proliferaci\u00f3n actual es ampliamente denunciada.<\/p>\n\n\n\n

Armas e IA<\/h4>\n\n\n\n

197. A este panorama se suma el desarrollo incesante de los sistemas de armas y en particular de las armas relacionadas con la IA. La Santa Sede ha se\u00f1alado recientemente que la creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas con autonom\u00eda operativa hace que la guerra sea m\u00e1s \u201cviable\u201d y menos sujeta al control humano, lo que contradice el principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser un \u00faltimo recurso en caso de leg\u00edtima defensa. <\/span>182<\/sup><\/a><\/span><\/span> Por ello, el desarrollo y el uso de la IA en el \u00e1mbito b\u00e9lico deben estar sujetos a las restricciones \u00e9ticas m\u00e1s rigurosas, y al respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida, evitando una carrera armamentista. <\/span>183<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>\u00a0En este caso, la reflexi\u00f3n se sit\u00faa en dos niveles: por un lado, en el plano t\u00e1ctico, se trata de la cuesti\u00f3n de los sistemas de armas letales aut\u00f3nomas (SALA), que se abordar\u00e1 en los p\u00e1rrafos 198 a 200, un tema sobre el que el Ministerio de Defensa franc\u00e9s ha publicado una interesante contribuci\u00f3n; por otro lado, a nivel estrat\u00e9gico, el papa destaca que la IA puede dar la ilusi\u00f3n de una mayor facilidad para decidir una guerra cuyos resultados podr\u00edan predecirse m\u00e1s f\u00e1cilmente, lo cual el papa cuestiona con raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

198. A veces se habla de \u201cagentes morales artificiales\u201d, como si una m\u00e1quina pudiera garantizar, con mayor coherencia que un ser humano, la distinci\u00f3n entre el bien y el mal. Pero el juicio moral no se puede reducir a un c\u00e1lculo: implica conciencia, responsabilidad personal y reconocimiento del otro como persona. Por eso no es l\u00edcito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable. La IA no libera al conflicto de su intr\u00ednseca inhumanidad: s\u00f3lo puede hacerlo m\u00e1s r\u00e1pido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsi\u00f3n operativa, con las v\u00edctimas reducidas a datos. As\u00ed, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y s\u00f3lo deba optimizarse. Por tanto, es de m\u00e1xima importancia infundir valores y un juicio prudente en la programaci\u00f3n de los sistemas artificiales que construimos; estos pueden contribuir a un ecosistema moral en el que los seres humanos est\u00e9n mejor preparados para escuchar su propia conciencia y en el que los modelos de IA establezcan l\u00edmites adecuados.<\/p>\n\n\n\n

199. No es suficiente invocar la \u00e9tica de manera gen\u00e9rica: es necesario indicar criterios precisos de discernimiento. El primero se refiere a la responsabilidad personal. Cuando la decisi\u00f3n de atacar se automatiza o se vuelve opaca, aumenta el riesgo de que se pierda el sentido de la responsabilidad. Por eso, la cadena de responsabilidades debe seguir siendo identificable y verificable: quienes planifican, entrenan, autorizan y emplean deben poder rendir cuentas de sus decisiones. El segundo criterio se refiere al tiempo del juicio moral. La IA tiende a acortar los tiempos de decisi\u00f3n; pero, en la guerra, las decisiones irreversibles no pueden tener como criterios supremos la rapidez y la eficiencia. El tercer criterio es la distinci\u00f3n y la protecci\u00f3n de los civiles. Toda tecnolog\u00eda que facilite atacar sin ver el rostro del otro baja el umbral moral del conflicto. La selecci\u00f3n de objetivos y el uso de la fuerza no pueden confundir a combatientes y no combatientes, ni ignorar el impacto sobre las poblaciones indefensas.<\/p>\n\n\n\n

200. De estos criterios se derivan algunas exigencias ineludibles. En primer lugar, para cada sistema empleado en el \u00e1mbito b\u00e9lico deben garantizarse la trazabilidad y la posibilidad de reconstruir las decisiones, de modo que la responsabilidad y las posibles culpas no se disuelvan \u201cen la m\u00e1quina\u201d. En segundo lugar, la decisi\u00f3n de emplear la fuerza letal no puede delegarse en procesos turbios o automatizados, sino que debe permanecer bajo un control humano efectivo, consciente y responsable. Por \u00faltimo, es necesario establecer reglas compartidas, incluso a nivel internacional, que frenen la carrera armament\u00edstica tecnol\u00f3gica y aseguren una protecci\u00f3n especial a los civiles y a las infraestructuras esenciales para su supervivencia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Aqu\u00ed se denuncia la ilusi\u00f3n oximor\u00f3nica de los \u00abagentes morales artificiales\u00bb; para Le\u00f3n XIV, la posibilidad de quitar la vida debe seguir estando sujeta al libre albedr\u00edo humano, y no delegarse en procesos automatizados que diluyen la responsabilidad con el pretexto de optimizar la eficacia.<\/p>\n\n\n\n

La crisis del multilateralismo<\/h4>\n\n\n\n

201. La cultura del poder surge tambi\u00e9n de la crisis del sistema multilateral. Las instituciones creadas para salvaguardar la idea de un destino com\u00fan de los pueblos y de un bien com\u00fan a nivel mundial parecen debilitadas, no s\u00f3lo por limitaciones estructurales, sino porque a menudo falta una voluntad compartida de apoyarlas, reformarlas y reconocer su autoridad moral. En lugar de avanzar, estamos retrocediendo con respecto al giro hist\u00f3rico del siglo XX. Despu\u00e9s de 1989, el colapso de los reg\u00edmenes comunistas en Europa vino acompa\u00f1ado de una globalizaci\u00f3n predominantemente econ\u00f3mica, carente de una arquitectura pol\u00edtica adecuada capaz de sostener el di\u00e1logo y la paz. Se confi\u00f3 casi ciegamente a los mercados la capacidad de producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la globalizaci\u00f3n no ha generado autom\u00e1ticamente unidad y paz, sino que ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas. El resultado est\u00e1 lejos de un aut\u00e9ntico multilateralismo: se presenta m\u00e1s bien como un multipolarismo desordenado y conflictivo, donde prevalece la desconfianza hacia el otro.<\/p>\n\n\n\n

General Beno\u00eet Durieux<\/span>El papa inicia aqu\u00ed un an\u00e1lisis, lamentablemente dif\u00edcil de rebatir, de los factores que hacen m\u00e1s probable la guerra: la crisis del multilateralismo, el predominio de las l\u00f3gicas econ\u00f3micas, el resurgimiento del nacionalismo y las l\u00f3gicas identitarias, el paso a un segundo plano de los di\u00e1logos sobre la paz y el olvido de las tragedias del siglo XX. Su reflexi\u00f3n es estimulante para pensar en la estrategia: el estratega debe pensar primero en la paz y, si piensa en la guerra, solo puede ser al servicio de la paz, si es posible evitando la guerra y, de lo contrario, control\u00e1ndola; pero la guerra no puede ser un horizonte principal, siendo la paz solo una excepci\u00f3n. Sin duda, ah\u00ed radica el principal peligro de las teor\u00edas de la \u00abguerra h\u00edbrida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Por su parte, Francisco hablaba de una \u00abTercera Guerra Mundial a pedazos\u00bb: en este mundo desgarrado, cada vez m\u00e1s fragmentos b\u00e9licos se desprenden en zonas cada vez m\u00e1s extensas.<\/p>\n\n\n\n

202. Reaparece la tentaci\u00f3n de construir la identidad colectiva contra un enemigo, alimentando narrativas en las que cada uno se presenta como v\u00edctima legitimada para la revancha. La simplificaci\u00f3n en esquemas \u2014\u201cyo primero\u201d, \u201camigo-enemigo\u201d, \u201cnosotros-ustedes\u201d\u2014 facilita decisiones, a menudo irresponsables, que minan la confianza rec\u00edproca entre las naciones. La fuerza del derecho internacional es as\u00ed sustituida por el supuesto \u201cderecho del m\u00e1s fuerte\u201d, y sus instrumentos \u2014desde los tribunales competentes en cr\u00edmenes de guerra hasta los tribunales llamados a resolver las controversias entre estados\u2014 son a menudo eludidos o debilitados, con consecuencias devastadoras para la cultura pol\u00edtica y la convivencia. <\/span>184<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

203. En este contexto, la construcci\u00f3n de la paz ha pasado a un segundo plano: la cooperaci\u00f3n para el desarrollo, el desarme, la prevenci\u00f3n de conflictos y el fomento de la confianza mutua quedan relegados, en nombre de l\u00f3gicas de poder. As\u00ed se debilitan tambi\u00e9n los logros del derecho humanitario: el principio de proporcionalidad en la respuesta a las agresiones, la protecci\u00f3n del acceso al agua, los alimentos y los bienes esenciales, y el respeto por la vida de los civiles y de los ni\u00f1os son tratados como ingenuas reminiscencias del pasado.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Aqu\u00ed se denuncian los discursos etnonacionalistas; la Rusia de Putin parece ser el blanco principal, pero tambi\u00e9n cabr\u00eda pensar en el ultrasionismo mesi\u00e1nico de la extrema derecha israel\u00ed y en sus eco entre los sionistas cristianos estadounidenses. El Vaticano, un Estado desprovisto de los medios materiales del poder, aboga \u2014de manera ciertamente idealista, pero con gran coherencia de principios\u2014 por fortalecer lo que es justo, y no por hacer pasar por justas las l\u00f3gicas de la fuerza, parafraseando a Pascal.<\/p>\n\n\n\n

Un supuesto realismo pol\u00edtico<\/h4>\n\n\n\n

204. Vivimos en una \u00e9poca de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las ra\u00edces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de \u201cnueva creaci\u00f3n\u201d desvinculada del pasado; incluso quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo hist\u00f3rico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas din\u00e1micas resurgen bajo nuevas formas. Parece volver a imponerse la l\u00f3gica del equilibrio armado y de la disuasi\u00f3n. Pero, a diferencia del escenario bipolar de la Guerra Fr\u00eda, hoy la multiplicaci\u00f3n de los actores y de los frentes de conflicto hace que esta l\u00f3gica sea cada vez m\u00e1s fr\u00e1gil. La conflictividad exacerbada empuja hacia guerras asim\u00e9tricas e \u201ch\u00edbridas\u201d, libradas tambi\u00e9n en el terreno econ\u00f3mico, financiero e inform\u00e1tico, con el uso de la desinformaci\u00f3n y campa\u00f1as que alimentan el miedo para influir en la opini\u00f3n p\u00fablica. En muchos pa\u00edses, incluso en el Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la \u00fanica respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas, mientras que el costo real recae sobre los m\u00e1s pobres, que ven reducirse los recursos destinados a la salud, a la educaci\u00f3n y a los servicios sociales.<\/p>\n\n\n\n

205. Detr\u00e1s de todo esto se esconde un falso \u201crealismo\u201d, basado no s\u00f3lo en la l\u00f3gica arraigada de la fuerza, sino tambi\u00e9n en una convicci\u00f3n cultural y antropol\u00f3gica, como si la guerra fuera inevitablemente parte de la naturaleza humana. Siempre ha sido as\u00ed \u2014se dice\u2014 salvo breves par\u00e9ntesis, \u00a1y as\u00ed ser\u00e1 siempre! Por lo tanto, el problema ya no es la paz, perdida como referencia en el horizonte internacional, sino c\u00f3mo y cu\u00e1ndo actuar militarmente, mientras se sostiene que ser\u00eda irresponsable no prepararse para el enfrentamiento. En cambio, lo que es verdaderamente irresponsable es la Realpolitik<\/em>, esta forma de \u201crealismo\u201d pol\u00edtico, que siembra en las conciencias y en la cultura la resignaci\u00f3n ante una guerra ineludible, y califica la paz y el di\u00e1logo como posiciones ut\u00f3picas o irracionales, que ignoran los riesgos en juego. Por el contrario, la paz no es una esperanza ingenua ni s\u00f3lo una ausencia de guerra: es fruto, siempre posible, de la justicia y la caridad.<\/p>\n\n\n\n

206. En este clima, el nihilismo y el pragmatismo terminan entrelaz\u00e1ndose y normalizando errores grav\u00edsimos: los extremismos religiosos y los fanatismos identitarios se al\u00edan con un economicismo irracional, mientras que la pol\u00edtica recurre con facilidad a la desinformaci\u00f3n, a la ridiculizaci\u00f3n del adversario y a la construcci\u00f3n sistem\u00e1tica de miedos y resentimientos. As\u00ed, la diversidad del otro se vive cada vez m\u00e1s como una amenaza, alimentando el deseo de posesi\u00f3n, la voluntad de dominio, las ambiciones hegem\u00f3nicas, los abusos de poder y el miedo a la diferencia, y preparando un terreno en el que pueden madurar nuevos conflictos sin apenas darnos cuenta. <\/span>185<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

207. Este es un terreno f\u00e9rtil para nuevas guerras, tal vez a\u00fan m\u00e1s peligrosas que las anteriores, ya que tienden a perder todo l\u00edmite \u00e9tico. Lo que antes se consideraba inaceptable hoy puede llevarse a cabo casi sin vacilaciones, mientras que la reacci\u00f3n internacional se adapta a la conveniencia de cada gobierno m\u00e1s que a la gravedad objetiva de los hechos. Las decisiones ahora parecen ser guiadas casi exclusivamente por c\u00e1lculos econ\u00f3micos, defendidas a trav\u00e9s de ilusiones medi\u00e1ticas, euforias artificiales y \u201csue\u00f1os\u201d que inevitablemente se desvanecen, generando frustraci\u00f3n y nueva violencia. Cuando uno se persuade de que nada es verdaderamente real y de que los \u201cprincipios\u201d no son m\u00e1s que un envoltorio vac\u00edo, la mecha de nuevas explosiones de intolerancia y agresividad se enciende en el coraz\u00f3n mismo de las personas.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Aqu\u00ed se puede ver una cr\u00edtica al plan de Trump de crear una Riviera en Gaza, una especie de ilusi\u00f3n alimentada por la IA.<\/p>\n\n\n\n

208. En este escenario, la pregunta sobre las garant\u00edas reales contra nuevas violencias sigue abierta. Cuando una cultura normaliza y justifica el conflicto, se abre una deriva peligrosa: lo que hoy parece impensable puede volverse ma\u00f1ana aceptable en base a c\u00e1lculos de utilidad o de seguridad. En pa\u00edses marcados por graves tensiones sociales, no podemos excluir que alguien termine considerando el conflicto armado como una forma eficaz de desviar la atenci\u00f3n de los problemas internos y como un instrumento de gesti\u00f3n c\u00ednica de las dificultades.<\/p>\n\n\n\n

General Durieux<\/span> \u00a0Aqu\u00ed el papa destaca la dimensi\u00f3n cultural de la guerra: puede convertirse en un reflejo y luego en una situaci\u00f3n normal, que satisface intereses poderosos. En este sentido, coincide con todas las teor\u00edas que consideran la guerra no tanto como un acto pol\u00edtico que permite alcanzar objetivos precisos al servicio de los intereses de un Estado, sino como una actividad de la que viven normalmente ciertas sociedades. Este enfoque no es ajeno a las teor\u00edas de Ren\u00e9 Girard o Bertrand Badie.<\/p>\n\n\n\n

209. Una responsabilidad particular recae sobre quienes trabajan en el mundo de la investigaci\u00f3n. Todos los protagonistas de este \u00e1mbito \u2014cient\u00edficos, empresarios, inversionistas, autoridades acad\u00e9micas, pol\u00edticos, entre otros\u2014 est\u00e1n llamados a trabajar con una l\u00f3gica de transparencia y responsabilidad, manteniendo viva la conciencia del amplio marco en el que se inscriben los avances tecnol\u00f3gicos a los que contribuyen, incluidos los relacionados con la IA. Cuando uno se limita a mirar s\u00f3lo a su propio sector, se enga\u00f1a a s\u00ed mismo creyendo que realiza una tarea moralmente neutra y evita las preguntas sobre los fines \u00faltimos que orientan determinados experimentos: as\u00ed se corre el riesgo de cooperar, tal vez sin quererlo, en proyectos oscuros que alimentan nuevas formas de violencia, manipulaci\u00f3n y dominio.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La cr\u00edtica contra la Realpolitik<\/em> es aqu\u00ed particularmente contundente, y sin duda ser\u00e1 objeto de cr\u00edticas: una forma en que la Santa Sede se sit\u00faa decididamente \u00abpor encima de la contienda\u00bb, casi a semejanza de un Romain Rolland que se negaba a identificar un bando del bien en la Primera Guerra Mundial; aqu\u00ed se contraponen la tendencia al rearme de las democracias occidentales y la militarizaci\u00f3n de los reg\u00edmenes del Sur Global en lugar del desarrollo prometido, as\u00ed como el pragmatismo falsamente tranquilizador, que acaba produciendo los mismos efectos que el fanatismo ideologizado. La paz, invocada desde las primeras palabras de Le\u00f3n XIV en el balc\u00f3n de San Pedro, aparece decididamente como un s\u00edmbolo emblem\u00e1tico del pontificado.<\/p>\n\n\n\n

Construir la civilizaci\u00f3n del amor<\/strong><\/h3>\n\n\n\n

210. La construcci\u00f3n de un mundo en estado de beligerancia permanente es un mal, y hay que llamarlo por su nombre. Esta forma de describir la realidad que vivimos puede parecer sombr\u00eda o pesimista, pero considero que es una denuncia necesaria. La perspectiva cristiana, sin embargo, no se agota en la denuncia del mal. Nosotros miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado, a quien el Padre ha dado \u00abtodo poder en el cielo y en la tierra\u00bb (Mt<\/em> 28,18). No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversi\u00f3n personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla a partir de la peque\u00f1ez de un grano de mostaza, como una semilla que, una vez sembrada, brota y crece (cf. Mc<\/em> 4,26-32). Mientras el ruido de la confusi\u00f3n nos rodea, el bien crece silenciosamente desde la tierra. Con las palabras del profeta: \u00abYo estoy por hacer algo nuevo: ya est\u00e1 germinando, \u00bfno se dan cuenta?\u00bb (Is<\/em> 43,19).<\/p>\n\n\n\n

211. Una lectura atenta de la historia lo confirma. Incluso en las noches m\u00e1s oscuras, el Se\u00f1or suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los fr\u00e1giles y abren caminos de reconciliaci\u00f3n. La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, muestra que la gracia no elimina el conflicto con un gesto m\u00e1gico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien. Los cristianos ven las tinieblas y las llaman por su nombre, pero no se quedan paralizados contempl\u00e1ndolas: conocen la luz y saben que las tinieblas no la recibieron y no pueden vencerla (cf. Jn<\/em> 1,5). Por eso, sirven al bien incluso donde el dolor parece tener la \u00faltima palabra, sostenidos por una esperanza teologal que da a la realidad un horizonte y una direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Tras el diagn\u00f3stico del mal (la \u00abcultura del poder\u00bb), el remedio: la \u00abcivilizaci\u00f3n del amor\u00bb, que no tiene nada de la sensibler\u00eda de un deseo piadoso, sino que designa las resistencias al orden del poder que ya est\u00e1n ah\u00ed, a trav\u00e9s de la pr\u00e1ctica discreta del bien y de lo justo, como un germen invisible, en el orden de la caridad: el error, cuando se quiere resistir a la cultura del poder, es precisamente adoptar los instrumentos del poder, seg\u00fan una teolog\u00eda de la inversi\u00f3n espiritual inducida por la Cruz, donde el poder de Dios se despliega en y a trav\u00e9s de la debilidad.<\/p>\n\n\n\n

Todos podemos dar nuestro aporte<\/h4>\n\n\n\n

212. En este punto, sin embargo, se insin\u00faa una tentaci\u00f3n sutil: pensar que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado peque\u00f1os, y que, por tanto, nuestras decisiones no cambian nada. Es una forma elegante de rendirse, a menudo disfrazada de realismo. Claro, no todos tienen el mismo poder de influir sobre la realidad: hay quienes gobiernan, quienes deciden inversiones, quienes dirigen instituciones, quienes investigan, quienes educan, quienes informan, quienes producen; y hay quienes parecen tener s\u00f3lo su propia vida cotidiana. Sin embargo, nadie est\u00e1 exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un \u00e1mbito propio de acci\u00f3n, y ah\u00ed \u2014no en otro lugar\u2014 est\u00e1 llamado a elegir si alimenta la l\u00f3gica de la fuerza \u2014aunque sea s\u00f3lo con indiferencia, cinismo, mentira y odio\u2014; o si promueve la l\u00f3gica de la paz \u2014con verdad, sobriedad, cercan\u00eda y cuidado\u2014.<\/p>\n\n\n\n

213. Un escritor cat\u00f3lico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describi\u00f3 as\u00ed nuestra responsabilidad: \u00abNo nos ata\u00f1e a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que est\u00e1 en nuestras manos por el bien de los d\u00edas que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendr\u00e1n despu\u00e9s una tierra limpia para la labranza\u00bb. <\/span>186<\/sup><\/a><\/span><\/span> La civilizaci\u00f3n del amor no nace de un gesto \u00fanico y espectacular, sino de una suma de fidelidades peque\u00f1as y tenaces, que hacen frente a la deshumanizaci\u00f3n. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de c\u00f3mo, cada uno en su \u00e1mbito, podemos colaborar en su construcci\u00f3n. Sin pretender agotar el tema, propongo cinco v\u00edas de responsabilidad cotidiana y p\u00fablica: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las v\u00edctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el di\u00e1logo y el multilateralismo.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La obra de Tolkien, ferviente cat\u00f3lico, est\u00e1, en efecto, salpicada de manera discreta pero constante de lecciones espirituales; de hecho, su popularidad en los c\u00edrculos cat\u00f3licos occidentales no hace m\u00e1s que crecer. La cita aparece aqu\u00ed en boca del mago Gandalf, l\u00edder de la lucha contra las fuerzas de la Oscuridad. Revela una profunda influencia agustiniana, con la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a como trasfondo (\u00a1Gandalf es un agustiniano sin saberlo!): la tarea que se le presenta a la conciencia recta no es tanto erradicar el mal de una vez por todas, lo cual estar\u00eda fuera de sus fuerzas, sino mantener, en la medida de sus posibilidades, el mal a distancia de s\u00ed mismo. Quiz\u00e1s haya aqu\u00ed tambi\u00e9n un intento de arrancar a Tolkien de la instrumentalizaci\u00f3n que hacen de \u00e9l la Ilustraci\u00f3n Oscura, gran amante de la fantas\u00eda \u00e9pica.<\/p>\n\n\n\n

Desarmar las palabras<\/h4>\n\n\n\n

214. La primera contribuci\u00f3n que podemos hacer a una civilizaci\u00f3n m\u00e1s humana es prestar atenci\u00f3n a nuestras palabras. \u00abDesarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra\u00bb. <\/span>187<\/sup><\/a><\/span><\/span> El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicaci\u00f3n cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de \u00e1nimo, ya sea para bien o para mal. \u00abLa paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los dem\u00e1s, escuchamos a los dem\u00e1s, hablamos de los dem\u00e1s; y, en este sentido, el modo en que comunicamos tiene una importancia fundamental; debemos decir \u201cno\u201d a la guerra de las palabras y de las im\u00e1genes, debemos rechazar el paradigma de la guerra\u00bb. <\/span>188<\/sup><\/a><\/span><\/span> Todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que est\u00e1n impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva. Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0El papa retoma aqu\u00ed la exhortaci\u00f3n tradicional de que la reforma comience por uno mismo, siguiendo el ejemplo, por ejemplo, de San Felipe Neri (1515-1595), sacerdote de la Contrarreforma y fundador del Oratorio Romano, quien aconsejaba a sus disc\u00edpulos que mantuvieran la boca cerrada; pues, en efecto, la acci\u00f3n sobre el mundo comienza con un lenguaje de verdad.<\/p>\n\n\n\n

Construir la paz en la justicia<\/h4>\n\n\n\n

215. Todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia. De hecho, no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia. \u00abHay una estrecha relaci\u00f3n entre la justicia de cada uno y la paz para todos\u00bb. <\/span>189<\/sup><\/a><\/span><\/span> Al comentar el vers\u00edculo del salmo \u00abla justicia y la paz se besar\u00e1n\u00bb (\u00a0Sal<\/em>\u00a085,11b), san Agust\u00edn escribe: \u00abNadie hay que no desee estar en paz, pero no todos quieren practicar la justicia. [\u2026] Pero t\u00fa debes practicar la justicia, ya que la paz y la justicia se besan, no est\u00e1n en discordia. Y t\u00fa, \u00bfpor qu\u00e9 no est\u00e1s de acuerdo con la justicia? Por ejemplo, te dice la justicia: no robes, y t\u00fa no le haces caso; no cometas adulterio, y te haces el sordo; no hagas a otro lo que t\u00fa no quieres que te hagan; no comentes de otros lo que no quieres que comenten de ti. [\u2026] \u00bfQuieres encontrarte con la paz? Practica la justicia\u00bb. <\/span>190<\/sup><\/a><\/span><\/span> \u00a1No nos cansemos, entonces, de buscar la justicia!<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Esta relaci\u00f3n entre justicia y paz es inseparable del inicio del vers\u00edculo del Salmo 85: \u00abEl amor y la verdad se encuentran\u00bb: son precisamente las relaciones rec\u00edprocas entre estos cuatro t\u00e9rminos las que Agust\u00edn nos invita a reflexionar.<\/p>\n\n\n\n

Asumir la mirada de las v\u00edctimas<\/h4>\n\n\n\n

216. Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en \u201cno ser c\u00f3mplices\u201d. <\/span>191<\/sup><\/a><\/span><\/span> Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los ni\u00f1os, nos encontramos ante esc\u00e1ndalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de an\u00e1lisis abstractos. Como record\u00f3 el\u00a0papa Francisco, debemos \u201ctocar la carne\u201d de quienes sufren: <\/span>192<\/sup><\/a><\/span><\/span>\u00a0mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido.<\/p>\n\n\n\n

217. Dar espacio, en la informaci\u00f3n y en la educaci\u00f3n, a la mirada y a la voz de las v\u00edctimas ayuda a tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra la guerra y, en general, toda forma de violencia; a no aceptar como normal la l\u00f3gica del conflicto; a no apartar la mirada cuando se comete una afrenta contra la dignidad humana; y a devolver a las personas afectadas la dignidad de ser reconocidas y escuchadas. <\/span>193<\/sup><\/a><\/span><\/span>La atenci\u00f3n a estas voces alimenta la convicci\u00f3n de que, m\u00e1s all\u00e1 de las minor\u00edas violentas, la humanidad no desea la guerra. La Iglesia puede ser de modo especial un lugar de memoria viva de las v\u00edctimas. Como recordaba san\u00a0Pablo VI, ella siente que debe hacer suyas tanto la voz de los muertos de las guerras pasadas como la de los vivos que a\u00fan llevan sus heridas, para que su grito se convierta en un llamamiento a la paz y a la concordia, y no en un preludio de nuevos conflictos. <\/span>194<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El cambio de perspectiva hacia la v\u00edctima, el rechazo de la visi\u00f3n de los verdugos como falsa e injusta, ya est\u00e1 muy presente en los relatos evang\u00e9licos de la Pasi\u00f3n: se trata, en sentido estricto, de la conversi\u00f3n (metanoia) de la mirada, proceso que constituye la base de la experiencia espiritual en la tradici\u00f3n cristiana. La nueva atenci\u00f3n a las v\u00edctimas tambi\u00e9n se entiende en el contexto de los abusos sexuales, espirituales y de poder dentro de la Iglesia, y de la atenci\u00f3n prestada a los \u00abpeque\u00f1itos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

Cultivar un sano realismo<\/h4>\n\n\n\n

218. Necesitamos un sano realismo, que evite tanto el idealismo pol\u00edtico como el cinismo. De hecho, existe un idealismo que, para salvar su propia visi\u00f3n del mundo, selecciona los hechos, los manipula, los renombra y termina habitando una realidad construida a la medida de sus propias convicciones. Por otro lado, existe tambi\u00e9n un realismo degradado que confunde la constataci\u00f3n con la resignaci\u00f3n: dado que la fuerza domina, concluye que debe dominar. El realismo aut\u00e9ntico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qu\u00e9 es posible lograr y con qu\u00e9 pasos. No reduce la pol\u00edtica a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia: busca modos viables para que la paz sea m\u00e1s que una palabra, es decir, instituciones cre\u00edbles, garant\u00edas verificables, negociaciones pacientes, prevenci\u00f3n de conflictos y protecci\u00f3n de los civiles.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Frente a las burbujas informativas generadas por las herramientas digitales, Le\u00f3n XIV propone la confrontaci\u00f3n cr\u00edtica de puntos de vista. El \u00absano realismo\u00bb aqu\u00ed invocado contrarresta de antemano la acusaci\u00f3n de idealismo contra la Santa Sede que podr\u00edan suscitar algunos pasajes tomados de manera aislada; lo que est\u00e1 en juego aqu\u00ed es conjugar las dos \u00e9ticas weberianas: la convicci\u00f3n y la responsabilidad.<\/p>\n\n\n\n

Relanzar el di\u00e1logo<\/h4>\n\n\n\n

219. Para construir la civilizaci\u00f3n del amor debemos ejercitar el di\u00e1logo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto. Ya lo recordaba\u00a0P\u00edo XII\u00a0en v\u00edsperas de la Segunda Guerra Mundial, cuando afirmaba que con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo se puede perder, y que los hombres deben volver a dialogar, porque un di\u00e1logo sincero y perseverante abre siempre la posibilidad de una soluci\u00f3n honorable. <\/span>195<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

El di\u00e1logo es una dimensi\u00f3n ordinaria de la vida humana, y no se refiere \u00fanicamente a las relaciones entre los estados. Se trata de adquirir una actitud para construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos. Porque, si experimentamos el encuentro aut\u00e9ntico con el otro, el diferente, el extranjero, el migrante, se vuelve incluso mucho m\u00e1s dif\u00edcil siquiera imaginar la guerra.<\/p>\n\n\n\n

221. A nivel pol\u00edtico, es urgente pasar de la \u201ccultura del poder\u201d a una aut\u00e9ntica \u201ccultura de la negociaci\u00f3n\u201d, en la que el di\u00e1logo y las relaciones diplom\u00e1ticas se conviertan en la v\u00eda habitual para afrontar los conflictos, tal como deseaba Giorgio La Pira: \u00abAl m\u00e9todo de la guerra habr\u00e1 que sustituirlo por el m\u00e9todo de la paz: el m\u00e9todo de la negociaci\u00f3n, del encuentro, de la convergencia; \u00a1es decir, el m\u00e9todo aut\u00e9nticamente humano!\u00bb. <\/span>196<\/sup><\/a><\/span><\/span> La conciencia de un destino com\u00fan de los pueblos exige que la cultura de la negociaci\u00f3n se convierta cada vez m\u00e1s en un compromiso compartido, pol\u00edtico y cultural, capaz de alejar gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Giorgio La Pira (1904-1977), poco conocido en Francia, es una de las grandes figuras de la Democracia Cristiana italiana; alcalde de Florencia en los a\u00f1os 1950-1960, distinguido jurista universitario, fue consultor laico en el Concilio Vaticano II, amigo del papa Juan XXIII; y declarado venerable en 2018 por el papa Francisco.<\/p>\n\n\n\n

222. A quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernar, quisiera repetir unas palabras que dije al inicio de mi Pontificado: \u00abLos pueblos quieren la paz y yo, con el coraz\u00f3n en la mano, digo a los responsables de los pueblos: \u00a1encontr\u00e9monos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasar\u00e1n a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan v\u00edctimas; porque los dem\u00e1s no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no son malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar. Rechacemos las visiones maniqueas t\u00edpicas de los relatos violentos, que dividen el mundo entre buenos y malos\u00bb. <\/span>197<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La cita pone de manifiesto la importancia de este discurso program\u00e1tico de Le\u00f3n XIV, desde el inicio de su pontificado: la coherencia interna del tema de la paz parece ir tomando forma.<\/p>\n\n\n\n

223. Al rechazar la l\u00f3gica de la violencia, el di\u00e1logo entre las religiones tiene un papel decisivo, porque en el centro de los grandes caminos espirituales se encuentra un mensaje de paz. <\/span>198<\/sup><\/a><\/span><\/span>Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religi\u00f3n significa, en realidad, golpear a la religi\u00f3n misma. <\/span>199<\/sup><\/a><\/span><\/span> El \u201cesp\u00edritu de As\u00eds\u201d, promovido por\u00a0san Juan Pablo II\u00a0y continuado en el compromiso del\u00a0papa Francisco\u00a0\u2014por ejemplo, en el di\u00e1logo con el Gran Im\u00e1n de al-Azhar\u2014, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes m\u00e1s aut\u00e9nticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Una vez m\u00e1s, Le\u00f3n XIV se sit\u00faa en la l\u00ednea directa del Concilio Vaticano II, en particular de la declaraci\u00f3n Nostra Aetate<\/em> sobre las religiones no cristianas, y de la materializaci\u00f3n de este di\u00e1logo por parte de los sucesivos pont\u00edfices, especialmente en los encuentros interreligiosos de As\u00eds organizados por Juan Pablo II desde 1986, y por el papa Francisco, quien hab\u00eda forjado lazos de amistad con Ahmed Al-Tayeb, Gran Im\u00e1n de Al-Azhar, una de las m\u00e1s altas autoridades intelectuales del islam sun\u00ed.<\/p>\n\n\n\n

La necesidad de la diplomacia y el multilateralismo<\/h4>\n\n\n\n

224. En las relaciones internacionales, el di\u00e1logo es el instrumento insustituible de la diplomacia para prevenir los conflictos y restablecer los lazos de confianza. Frente a las comunicaciones impulsivas, las ret\u00f3ricas agresivas y las l\u00f3gicas de poder que marcan nuestro tiempo, \u00abla vocaci\u00f3n de la diplomacia es aquella de favorecer el di\u00e1logo con todos, incluidos los interlocutores que se consideran m\u00e1s \u201cinc\u00f3modos\u201d o que no se estiman leg\u00edtimos para negociar\u00bb, <\/span>200<\/sup><\/a><\/span><\/span> utilizando hasta el extremo la humildad y la paciencia para recuperar los m\u00e1s tenues signos de buena voluntad de las partes en conflicto, a fin de iniciar una pacificaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Cabe destacar que Francisco es el predecesor de Le\u00f3n XIV m\u00e1s mencionado en esta enc\u00edclica; las \u00abcomunicaciones impulsivas\u00bb y la \u00abret\u00f3rica agresiva\u00bb son alusiones bastante evidentes a Trump y Putin (entre otros).<\/p>\n\n\n\n

225. Tambi\u00e9n el ciberespacio se ha convertido en terreno de enfrentamiento: los ataques inform\u00e1ticos, la manipulaci\u00f3n de datos y las campa\u00f1as de influencia orquestadas con la ayuda de la IA pueden desestabilizar pa\u00edses enteros, incluso antes de que se llegue a un enfrentamiento armado abierto. En este \u00e1mbito, adem\u00e1s, la atribuci\u00f3n de responsabilidades es a menudo incierta: cuando no est\u00e1 claro qui\u00e9n ha atacado, crece el riesgo de reacciones desproporcionadas, errores de evaluaci\u00f3n y espirales de escalada. Por eso hace falta una diplomacia capaz de operar tambi\u00e9n en este nuevo entorno, negociando reglas compartidas sobre el uso de las tecnolog\u00edas digitales, protegiendo a los civiles y a los m\u00e1s vulnerables de formas de violencia invisibles, pero no por ello menos reales.<\/p>\n\n\n\n

Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilizaci\u00f3n del amor, al apoyar el di\u00e1logo entre las naciones, la soluci\u00f3n pac\u00edfica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protecci\u00f3n de las personas m\u00e1s vulnerables, el desarme y el cuidado de la creaci\u00f3n. A trav\u00e9s de estas instancias, la comunidad internacional puede tratar de reducir las desigualdades, defender los derechos de los refugiados y de las minor\u00edas, liberar recursos destinados al armamento para destinarlos a la promoci\u00f3n humana y proteger la Casa com\u00fan. La Santa Sede apoya y acompa\u00f1a este compromiso, aunque reconoce que la actual debilidad de la ONU y del sistema pol\u00edtico internacional revela la necesidad de reformas profundas: no se trata s\u00f3lo de ajustes t\u00e9cnicos, porque la crisis de convicciones y de valores afecta tambi\u00e9n a los fundamentos \u00e9ticos de la vida de las naciones y dificulta orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien com\u00fan. <\/span>201<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

227. En el contexto internacional, la diplomacia de la Santa Sede asume el principio evang\u00e9lico de la misericordia como criterio concreto de la acci\u00f3n pol\u00edtica. Es una de las formas en que la Santa Sede se pone al servicio de la humanidad, llamando a las conciencias a la caridad y a la verdad, defendiendo la dignidad de cada persona y haci\u00e9ndose voz de los pobres, de los migrantes y de las v\u00edctimas de las guerras. De este modo, la diplomacia pontificia expresa la catolicidad de la Iglesia y contribuye a la construcci\u00f3n de una civilizaci\u00f3n del amor en la que tambi\u00e9n las nuevas tecnolog\u00edas est\u00e9n orientadas al bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0\u00daltimo llamado a favor del multilateralismo, los organismos internacionales y la b\u00fasqueda de soluciones negociadas por la v\u00eda diplom\u00e1tica, al tiempo que se se\u00f1alan los recientes peligros de las ciberguerras y los conflictos h\u00edbridos.<\/p>\n\n\n\n

Orar y esperar<\/h4>\n\n\n\n

228. Estas v\u00edas de compromiso se nutren de la oraci\u00f3n y la alimentan. Para nosotros, en efecto, la paz, ante todo, \u00abproviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente\u00bb.\u00a0<\/a> <\/span>202<\/sup><\/a><\/span><\/span> Es un don entregado por Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos el d\u00eda de Pascua: \u00ab\u00a1La paz est\u00e9 con ustedes! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante\u00bb. <\/span>203<\/sup><\/a><\/span><\/span> Con estas palabras salud\u00e9 a la Iglesia y al mundo el d\u00eda de mi elecci\u00f3n a la Sede de Pedro, y deseo repetirlas para invitar a todos a pedir este don. No nos cansemos de orar por la paz y de comprometernos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>La conclusi\u00f3n del \u00faltimo cap\u00edtulo, que toma la forma de un llamado a la oraci\u00f3n, a la conversi\u00f3n de los corazones y a la paz, y que retoma las primeras palabras del pontificado de Le\u00f3n XIV, es totalmente cl\u00e1sica en una enc\u00edclica.<\/p>\n\n\n\n

CONCLUSI\u00d3N<\/h2>\n\n\n\n

229. \u00abQue cada cual se fije bien de qu\u00e9 manera construye\u00bb (1 Co<\/em>\u00a03,10): son palabras de san Pablo, que exhorta a los cristianos de Corinto a custodiar la unidad. Amad\u00edsimos hermanos y hermanas, nos hemos interrogado sobre el mundo que estamos construyendo, pregunt\u00e1ndonos qu\u00e9 significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA. Al final de este camino, deseo entregarles un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente con el cual vivir este cambio de \u00e9poca a la luz del Evangelio. Es un camino que nace de la contemplaci\u00f3n del designio de Dios, vive la unidad eclesial nutri\u00e9ndose de la Palabra y de la Eucarist\u00eda, construye el bien en el mundo y ora junto con la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0A trav\u00e9s de la cita de la Primera Carta de Pablo a los Corintios, el papa retoma la met\u00e1fora de Babel y Nehem\u00edas, las dos ciudades que toda innovaci\u00f3n t\u00e9cnica puede construir: la \u00abcultura del poder\u00bb dominadora o la \u00abcivilizaci\u00f3n del amor\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

El Verbo se hizo carne<\/h3>\n\n\n\n

230. En un mundo atravesado por tantas maniobras que apuntan a conquistar mercados y espacios de influencia, a menudo revestidas de ret\u00f3rica tranquilizadora y construcciones ideol\u00f3gicas seductoras, nuestro coraz\u00f3n siente la necesidad de descubrir un proyecto diferente, sabio y ben\u00e9volo, semejante al que Mar\u00eda contempla en el\u00a0Magn\u00edficat<\/em>, cuando proclama que la misericordia de Dios se extiende de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n sobre aquellos que le temen.\u00a0 <\/span>204<\/sup><\/a><\/span><\/span> Este designio de misericordia atraviesa la historia tambi\u00e9n hoy, dentro de los cambios m\u00e1s r\u00e1pidos y fren\u00e9ticos marcados por los algoritmos y las redes globales, y se convierte en la br\u00fajula para orientar una existencia evang\u00e9lica en la era digital.<\/p>\n\n\n\n

231. En el centro est\u00e1 el misterio de la Encarnaci\u00f3n: el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros. La carne del Hijo, pobre y vulnerable, evoca la carne de tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio. <\/span>205<\/sup><\/a><\/span><\/span> Y a trav\u00e9s de esta cercan\u00eda, el don de la paz entra en el mundo de modo parad\u00f3jico: como el poder de llegar a ser hijos de Dios, que se aviva cuando nos dejamos conmover por el llanto de los peque\u00f1os, por la fragilidad de los ancianos, por el silencio de las v\u00edctimas, por el esfuerzo de quienes luchan contra el mal que no querr\u00edan hacer. <\/span>206<\/sup><\/a><\/span><\/span> En esta carne herida y amada, el Padre nos muestra la verdadera humanidad de una vida que se realiza en la apertura y en la comuni\u00f3n, hasta el punto de hacernos desear que su voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo. <\/span>207<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Aqu\u00ed se reitera la centralidad de la Encarnaci\u00f3n en la fe cristiana, lo que conjura el riesgo de traicionar esta \u00faltima y convertirla en una ideolog\u00eda desencarnada: el hecho de que el Hijo de Dios se haya hecho carne proclama tambi\u00e9n la dignidad de toda carne y la condici\u00f3n intr\u00ednsecamente carnal de la humanidad, en contraposici\u00f3n a toda gnosis.<\/p>\n\n\n\n

232. En las promesas del transhumanismo y de algunas corrientes posthumanistas, que persiguen una humanidad potenciada y casi desencarnada, reconocemos un deseo que nos interpela: la necesidad de una vida m\u00e1s plena, menos expuesta a la fragilidad y al sufrimiento. Pero la Encarnaci\u00f3n abre un camino diferente. Mientras las ideolog\u00edas antiguas y nuevas empujan al hombre a la superaci\u00f3n t\u00e9cnica del l\u00edmite y a elevarse por encima de los dem\u00e1s para afianzar un dominio, el misterio del Hijo de Dios que entra en nuestra condici\u00f3n narra un movimiento opuesto: el Dios vivo que desciende a nuestra historia para liberarnos de toda esclavitud, <\/span>208<\/sup><\/a><\/span><\/span>asume nuestra debilidad y la transforma en lugar de salvaci\u00f3n. No hay un momento ni una condici\u00f3n humana que no sea digno de Dios: \u00abDe manera que tenemos, como nos ense\u00f1a nuestra fe y dilucidamos en nuestros misterios, a Dios que nace en la cuna, un Dios que vive y viaja por Judea, un Dios que muere en la cruz y un Dios muerto y sepultado\u00bb. <\/span>209<\/sup><\/a><\/span><\/span> El futuro de la humanidad encuentra as\u00ed su criterio en la capacidad de acoger este modo divino de hacerse cercano, de compartir el peso del mundo, de transformar las relaciones desde dentro. \u00a1Qu\u00e9 maravilla!, \u00abeste hombre es Dios, y Dios-Hombre pasa por estos escalones, \u00a1los santifica y deifica en s\u00ed mismo!\u00bb. <\/span>210<\/sup><\/a><\/span><\/span> Lo que salva al hombre es el amor divino que desciende hasta el punto m\u00e1s fr\u00e1gil de su historia y la regenera desde lo profundo.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV cita aqu\u00ed a uno de los grandes pensadores de la Escuela Francesa de Espiritualidad, el cardenal Pierre de B\u00e9rulle (1575-1629), figura destacada de la Reforma cat\u00f3lica en Francia, conocido por su devoci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica al Verbo Encarnado, misterio de la humillaci\u00f3n del Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n

233. Por eso, como creyente entre creyentes, invito a contemplar en el rostro del Hijo una\u00a0magn\u00edfica humanidad<\/em>\u00a0que tambi\u00e9n ilumina la \u00e9poca de la IA. En Cristo comprendemos que el hombre est\u00e1 llamado a ser colaborador en la obra de la creaci\u00f3n, y no espectador resignado ante los procesos tecnol\u00f3gicos que limitan su libertad y su responsabilidad.\u00a0 <\/span>211<\/sup><\/a><\/span><\/span> La dignidad que el Esp\u00edritu Santo esculpe en cada uno de nosotros se reconoce tambi\u00e9n en la capacidad de reflexionar cr\u00edticamente, de elegir y amar gratuitamente, y de establecer relaciones aut\u00e9nticas. Ning\u00fan sistema de c\u00e1lculo, por sofisticado que sea, genera un coraz\u00f3n que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien. Incluso cuando las m\u00e1quinas sobresalen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que exige ser contemplado. Este rostro humano es la plenitud hacia la que camina la historia. Es el misterio de la recapitulaci\u00f3n, la certeza de que el Padre ha establecido recapitular en Cristo \u2015\u00fanica Cabeza\u2015 todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (cf.\u00a0Ef<\/em>\u00a01,10). En este designio, nada de lo que es verdaderamente humano se perder\u00e1, sino que todo ser\u00e1 purificado y reunido en Aquel que recoge cada fragmento de vida, cada l\u00e1grima y cada aut\u00e9ntica conquista humana para sustraerlos de la nada y entregarlos, redimidos, al Padre.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Aqu\u00ed se aprecia el tema agustiniano del rostro de Dios, del que la humanidad se ha apartado; al volver a mirarlo, la humanidad se revela a s\u00ed misma al mismo tiempo que se le revela Dios.<\/p>\n\n\n\n

Un solo cuerpo en Cristo<\/h3>\n\n\n\n

234. La espiritualidad que necesitamos es una espiritualidad eucar\u00edstica, es decir, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor. La Encarnaci\u00f3n y la Pascua revelan a Dios que entra en nuestra condici\u00f3n humana y la transfigura en el don de s\u00ed mismo. Este don permanece presente y operante en la Eucarist\u00eda, en la cual el Se\u00f1or se comunica y re\u00fane a la Iglesia, para que su entrega se convierta en principio de unidad y fuente de vida nueva. De esta comuni\u00f3n nace tambi\u00e9n la solidaridad cristiana, porque la \u00abuni\u00f3n con Cristo es al mismo tiempo uni\u00f3n con todos los dem\u00e1s a los que \u00e9l se entrega\u00bb.\u00a0 <\/span>212<\/sup><\/a><\/span><\/span> Como explica san Agust\u00edn a los nuevos cristianos de su Iglesia, el pan y el vino sobre el altar son el sacramento de la unidad de los fieles en Cristo: \u00abLo que vemos tiene aspecto corporal; lo que entendemos, fruto espiritual. Por tanto, si quieres entender el cuerpo de Cristo, escucha al Ap\u00f3stol que dice a los fieles:\u00a0Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros<\/em>\u00a0(\u00a01 Co\u00a0<\/em>12,27). En consecuencia, si vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros, sobre la mesa del Se\u00f1or est\u00e1 puesto el misterio que vosotros mismos sois: recib\u00eds el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respond\u00e9is \u201cAm\u00e9n\u201d, y al responder (as\u00ed) lo rubric\u00e1is. Escuchas, pues: \u201cCuerpo de Cristo\u201d, y respondes: \u201cAm\u00e9n\u201d. S\u00e9 miembro del cuerpo de Cristo, para que tu \u201cAm\u00e9n\u201d responda a la verdad\u00bb. <\/span>213<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

235. El \u201cAm\u00e9n\u201d que decimos en la liturgia, el Cuerpo que comemos y la Sangre que bebemos, dan forma a toda nuestra vida. La Eucarist\u00eda \u00abes elencuentro personal\u00edsimo con el Se\u00f1or y, sin embargo, nunca es un mero acto de devoci\u00f3n individual\u00bb. <\/span>214<\/sup><\/a><\/span><\/span> En ella se muestra visiblemente que nosotros \u00absomos la Iglesia de Cristo, somos sus miembros, su cuerpo. Somos hermanos y hermanas en \u00c9l. Y en Cristo, aun siendo muchos y diferentes, somos uno: \u201c\u00a0In Illo uno unum<\/em>\u201d\u00bb. <\/span>215<\/sup><\/a><\/span><\/span> La Eucarist\u00eda nos mueve a la justicia y al compartir, con una atenci\u00f3n preferencial hacia quienes sufren el peso de la pobreza y de la marginaci\u00f3n. Y mientras las nuevas redes econ\u00f3micas y tecnol\u00f3gicas pueden generar exclusi\u00f3n, aislamiento y dependencias, la Iglesia, alimentada por la Eucarist\u00eda, est\u00e1 llamada a hacer visible otro tipo de medida, custodiando los v\u00ednculos, devolviendo la voz a los invisibles y orientando los procesos hacia la dignidad de las personas.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Le\u00f3n XIV recuerda aqu\u00ed su lema episcopal y pontificio: \u00abser uno en aquel que es Uno\u00bb, tomado del comentario de San Agust\u00edn sobre el Salmo 127: es Cristo quien recapitula la unidad de la Iglesia y del g\u00e9nero humano; evoca tambi\u00e9n la concepci\u00f3n agustiniana de la Eucarist\u00eda: para Agust\u00edn, la realidad representada tras el sacramento es la caridad eclesial, que se podr\u00eda relacionar con la \u00abcivilizaci\u00f3n del amor\u00bb.<\/p>\n\n\n\n

La obra de nuestro tiempo<\/em><\/h3>\n\n\n\n

236. La espiritualidad que deseo entregar es la del \u201carquitecto sabio\u201d que, animado por la esperanza en el Reino de Dios, se compromete a construir el bien en el mundo (cf.\u00a01 Co\u00a0<\/em>3,10). Como escrib\u00ed al comienzo de esta reflexi\u00f3n, <\/span>216<\/sup><\/a><\/span><\/span> hoy nuestra edificaci\u00f3n debe tener como fundamento la relaci\u00f3n con Dios, como norma la aceptaci\u00f3n del l\u00edmite humano en cuanto realidad natural y positiva, y como estilo la corresponsabilidad y el lenguaje evang\u00e9lico. Al final del camino, el proyecto de una civilizaci\u00f3n del amor se perfila m\u00e1s claramente y la obra se muestra ya iniciada, sobre todo gracias a tantas piedras vivas s\u00f3lidamente unidas en Cristo, la piedra angular (cf. 1 P<\/em> 2,4-6). En esta obra estamos llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en el espiritualismo ni en nuestros peque\u00f1os mundos: debemos ser fieles a la verdad, invertir en la educaci\u00f3n, cuidar las relaciones, y amar la justicia y la paz.<\/p>\n\n\n\n

237. \u00a1Permanezcamos fieles a la verdad! Viviendo inmersos en flujos incesantes de informaci\u00f3n, opiniones e im\u00e1genes, sabemos lo f\u00e1cil que es influir en decisiones y preferencias a trav\u00e9s de algoritmos cada vez m\u00e1s sofisticados. <\/span>217<\/sup><\/a><\/span><\/span> En este escenario es importante custodiar un coraz\u00f3n que ama la verdad, que desea lo justo m\u00e1s que los contenidos de mayor atractivo, que busca la sabidur\u00eda m\u00e1s que el impacto inmediato. La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado. Es necesario abandonar una visi\u00f3n del hombre individualista y t\u00e9cnica, como si la realidad fuera solamente materia para modelar con base en intereses ego\u00edstas, tanto individuales como de grupo. <\/span>218<\/sup><\/a><\/span><\/span> Cultivemos en cambio lo que el\u00a0papa Francisco\u00a0ha definido como un \u00abantropocentrismo situado\u00bb, <\/span>219<\/sup><\/a><\/span><\/span>\u00a0que reconoce al ser humano como criatura inserta en una trama de relaciones con los dem\u00e1s seres vivos y con la totalidad de la creaci\u00f3n. La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la t\u00e9cnica en un camino de sabidur\u00eda, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de nuestra Casa com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Aqu\u00ed se expresa la esencia de la antropolog\u00eda relacional del papa Le\u00f3n XIV, en contra de todo reduccionismo tecnol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n

238. \u00a1Invirtamos en la educaci\u00f3n que empieza por nosotros mismos! Todos necesitamos formarnos para vivir en el mundo digital de manera humana, como parte integrante de la educaci\u00f3n en la fe y en la vida virtuosa del Evangelio. Debemos educarnos para considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar, que requiere misioneros generosos y maduros en la fe. De modo particular, adem\u00e1s, se necesitan adultos que redescubran su vocaci\u00f3n de artesanos de la educaci\u00f3n, dispuestos a un trabajo diario, paciente y sostenido por amplias y compartidas alianzas educativas. Acompa\u00f1ar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes para que utilicen las tecnolog\u00edas como espacio de relaci\u00f3n responsable, ayud\u00e1ndoles a reconocer los riesgos y a elegir lo que hace crecer la libertad interior, representa hoy una forma concreta de caridad y de salvaguardia de su dignidad. Educar a las nuevas generaciones para que logren creer que la evoluci\u00f3n de las tecnolog\u00edas no sigue un camino inevitable, sino que puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva, constituye uno de los servicios m\u00e1s valiosos al bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0El \u00e9nfasis en la educaci\u00f3n y la investigaci\u00f3n ha sido otro de los temas recurrentes de la enc\u00edclica.<\/p>\n\n\n\n

239. \u00a1Cuidemos las relaciones! En una \u00e9poca que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el coraz\u00f3n humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad. Invito a salvaguardar los espacios y los momentos en que la presencia f\u00edsica sigue siendo decisiva: la mesa compartida, la comunidad cristiana que se re\u00fane, la visita a quien est\u00e1 solo, el servicio a los pobres. Son signos de una humanidad que sigue creyendo que cada cuerpo es templo del Esp\u00edritu y casa de Dios, y precisamente esta alianza entre gloria y fragilidad se convierte en criterio para evaluar los modelos antropol\u00f3gicos propuestos por la cultura actual.<\/p>\n\n\n\n

240. \u00a1Amemos la justicia y la paz! Las mismas tecnolog\u00edas que facilitan la comunicaci\u00f3n y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los m\u00e1s vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro. Cada decisi\u00f3n t\u00e9cnica o econ\u00f3mica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasi\u00f3n para verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y participaci\u00f3n o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos. Invito a mirar con lucidez las redes de producci\u00f3n digital, las condiciones de trabajo ocultas detr\u00e1s de nuestros dispositivos, los mecanismos que se aprovechan de la manipulaci\u00f3n y la guerra y, al mismo tiempo, a buscar v\u00edas concretas para hacer crecer la equidad, la participaci\u00f3n y el cuidado de la creaci\u00f3n. \u00abLa esperanza que anunciamos [\u2026] viene del cielo, pero para generar aqu\u00ed abajo una historia nueva\u00bb: precisamente por esto quien cree se compromete para que, en lugar de las desigualdades, haya m\u00e1s justicia y para que \u00aben vez de la industria de la guerra se afirme la artesan\u00eda de la paz\u00bb. <\/span>220<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

241. Mirando al ma\u00f1ana, deseo evocar la imagen de Nehem\u00edas, que al comienzo de este itinerario elegimos como compa\u00f1ero y gu\u00eda. Nehem\u00edas escucha el grito de una ciudad herida, lleva ese dolor a la oraci\u00f3n, discierne ante Dios, pide ayuda, obtiene permiso para ponerse en marcha, organiza el trabajo, afronta resistencias internas y externas y, ladrillo tras ladrillo, reconstruye con el pueblo las murallas de Jerusal\u00e9n. En \u00e9l reconozco una par\u00e1bola luminosa de nuestra vocaci\u00f3n a ser, en el tiempo de la transformaci\u00f3n digital, no espectadores resignados a las fracturas sociales y culturales, ni simples comentaristas de las ruinas, sino mujeres y hombres que entran en las obras de la historia \u2015laboratorios de investigaci\u00f3n, empresas tecnol\u00f3gicas, escuelas, medios de comunicaci\u00f3n, instituciones, comunidades locales\u2015 para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que est\u00e1 expuesto. Como Nehem\u00edas, tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a unir escucha y valent\u00eda, oraci\u00f3n y responsabilidad, para que la ciudad de los hombres se vuelva m\u00e1s habitable, incluso cuando las l\u00f3gicas tecnocr\u00e1ticas y los intereses partidistas parecen prevalecer.<\/p>\n\n\n\n

242.La imagen de la reconstrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n evoca la promesa del Nuevo Testamento, de la ciudad santa que nos es dada ante todo como un don. En el Apocalipsis, la nueva Jerusal\u00e9n desciende hacia nosotros como don para todo el Pueblo de Dios, \u00abembellecida como una novia preparada para recibir a su esposo\u00bb (Ap<\/em> 21,2).Los muros de Jerusal\u00e9n ya no son fortificaciones para la defensa, sino adornos preciosos de la Esposa del Cordero.Sus puertas, que Nehem\u00edas proteg\u00eda con tanta atenci\u00f3n, se mantienen permanentemente abiertas a todas las naciones. La presencia de Dios ofrece a todos luz y vida. La ciudad es un nuevo Ed\u00e9n, con su agua viva donada a los sedientos y con su \u00e1rbol de la vida, cuyas hojassirven \u00abpara curar a los pueblos\u00bb (Ap<\/em> 22,2).En espera de su plenitud, esta visi\u00f3n est\u00e1 ante nosotros como una exhortaci\u00f3n, un llamado a superar nuestras divisiones y a trabajar juntos: este es el camino de Jesucristo, ayer, hoy y siempre.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La figura prof\u00e9tica de Nehem\u00edas, que ha servido de hilo conductor a lo largo de toda la enc\u00edclica, se desvanece ante lo que representa: la Nueva Jerusal\u00e9n que desciende, descrita en el Apocalipsis de Juan, el reino de Dios en construcci\u00f3n que se revela al final de la historia.<\/p>\n\n\n\n

El canto de la esperanza: el \u201cMagn\u00edficat\u201d<\/h3>\n\n\n\n

243. El cuarto punto de este programa de vida cristiana \u2014despu\u00e9s de la fe que contempla el designio de amor del Padre, la caridad que nos une en un \u00fanico cuerpo eclesial y la esperanza que sostiene nuestra acci\u00f3n en el mundo\u2014 es la oraci\u00f3n. El c\u00e1ntico de Mar\u00eda acompa\u00f1a nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Se\u00f1or, Mar\u00eda prorrumpe en un himno de alabanza y de alegr\u00eda: su alma proclama la grandeza del Se\u00f1or y su esp\u00edritu exulta en Dios su Salvador, porque \u00c9l eligi\u00f3 a una joven pobre y peque\u00f1a para su plan de salvaci\u00f3n. De repente, Mar\u00eda ve toda la historia con los ojos de este descubrimiento. Nada ha cambiado a su alrededor: la situaci\u00f3n sociopol\u00edtica de su \u00e9poca sigue siendo la misma, con los romanos que dominan su tierra y su pueblo dividido y humillado. Sin embargo, todo ha cambiado dentro de ella, y eso le permite ver lo invisible. Dios\u00a0ya<\/em>\u00a0ha hecho proezas con el poder de su brazo,\u00a0ya<\/em>\u00a0ha dispersado a los soberbios, ha derrotado a los poderosos, ha elevado a los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vac\u00edas. \u00c9l\u00a0ya<\/em>\u00a0ha auxiliado a Israel, su siervo. Dios \u00abse pone de parte de los \u00faltimos. Su proyecto a menudo est\u00e1 oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan \u201clos soberbios, los poderosos y los ricos\u201d. Con todo, est\u00e1 previsto que su fuerza secreta se revele al final\u00bb. <\/span>221<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0Es muy com\u00fan que una enc\u00edclica u otro discurso pontificio termine con una exhortaci\u00f3n a la piedad mariana, ya que Mar\u00eda es modelo y figura de la Iglesia. El episodio elegido es el del canto del Magnificat por parte de la Virgen tras la Visitaci\u00f3n, que exalta el cambio de perspectiva que se da en la Encarnaci\u00f3n: al elegir el camino de la fragilidad y la peque\u00f1ez, la obra divina \u00abderriba a los poderosos de sus tronos\u00bb y \u00abexalta a los humildes\u00bb, \u00abllena de bienes a los hambrientos\u00bb y \u00abdespide a los ricos con las manos vac\u00edas\u00bb. En su momento, los precursores del \u00abnacionalismo cristiano\u00bb se hab\u00edan asustado ante las potencialidades revolucionarias de este c\u00e1ntico, a pesar de que se cantaba todas las noches en las v\u00edsperas.<\/p>\n\n\n\n

244. La Virgen Mar\u00eda no s\u00f3lo nos ense\u00f1a a ver la obra invisible de Dios, sino que dirige tambi\u00e9n nuestra mirada \u00aba los puntos de fractura de la humanidad, all\u00ed donde se produce la distorsi\u00f3n del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos\u00bb, ense\u00f1\u00e1ndonos \u00aba adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la \u00f3ptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los peque\u00f1os y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del hu\u00e9rfano, del extranjero, del ni\u00f1o herido, del exiliado, del fugitivo\u00bb. <\/span>222<\/sup><\/a><\/span><\/span> De esta manera, la Virgen se convierte en \u00abpoetisa y profetisa de la redenci\u00f3n\u00bb, porque de sus labios brota \u00abel himno m\u00e1s fuerte e innovador que jam\u00e1s se haya pronunciado, el Magn\u00edficat; es ella quien revela el dise\u00f1o transformador de la econom\u00eda cristiana, el resultado hist\u00f3rico y social, que a\u00fan hoy deriva del cristianismo su origen y su fuerza\u00bb. <\/span>223<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n

245. Con la misma fe de Mar\u00eda, convirt\u00e1monos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jes\u00fas crezca entre nosotros y su Reino tome forma. En la fidelidad humilde de cada d\u00eda, tambi\u00e9n el tiempo de la IA puede ser un paso en el que el Esp\u00edritu haga madurar la civilizaci\u00f3n del amor en nuestras vidas; el Se\u00f1or sigue haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta para cada \u00e9poca la posibilidad de convertirse en historia de salvaci\u00f3n a la luz de la Encarnaci\u00f3n. Encomiendo este deseo a la Madre de Cristo, a la mujer del\u00a0Magn\u00edficat<\/em>, para que acompa\u00f1e nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magn\u00edfica humanidad habitada por Dios.<\/p>\n\n\n\n

Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0La enc\u00edclica concluye de manera muy tradicional con un llamado a la oraci\u00f3n y una invocaci\u00f3n a la Virgen. En un giro interesante, las \u00faltimas palabras de Le\u00f3n XIV parecen indicar que la entrada en la \u00abera de la IA\u00bb (la expresi\u00f3n es fuerte), que sin embargo lo trastoca todo, no cambia nada de lo que debemos hacer en el \u00e1mbito de la acci\u00f3n moral: la humilde fidelidad al trabajo cotidiano, las relaciones con el pr\u00f3jimo y con los dem\u00e1s, la edificaci\u00f3n silenciosa del Reino, a la vez ya presente y siempre por venir.<\/p>\n\n\n\n

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de mayo del a\u00f1o 2026, segundo de mi Pontificado<\/em>.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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