{"id":100351,"date":"2026-05-26T21:47:12","date_gmt":"2026-05-26T19:47:12","guid":{"rendered":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/?p=100351"},"modified":"2026-05-26T21:47:20","modified_gmt":"2026-05-26T19:47:20","slug":"magnifica-humanitas-texto-integro-de-enciclica-de-leon-xiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/legrandcontinent.eu\/es\/2026\/05\/26\/magnifica-humanitas-texto-integro-de-enciclica-de-leon-xiv\/","title":{"rendered":"Magnifica Humanitas, texto \u00edntegro de la Enc\u00edclica de Le\u00f3n XIV"},"content":{"rendered":"\n
Este 25 de mayo, el papa Le\u00f3n XIV presenta Magnifica Humanitas<\/em>, la primera enc\u00edclica dedicada a la inteligencia artificial y el primer gran texto doctrinal de su pontificado.<\/p>\n\n\n\n Firmada el 15 de mayo, con motivo del 135.\u00ba aniversario de Rerum Novarum<\/em>, la enc\u00edclica inscribe expl\u00edcitamente la revoluci\u00f3n de la IA en el legado de la doctrina social de la Iglesia inaugurada por Le\u00f3n XIII ante la revoluci\u00f3n industrial.<\/p>\n\n\n\n M\u00e1s de cien p\u00e1ginas, 250 p\u00e1rrafos, cerca de 40.000 palabras: el texto pretende proponer una doctrina cat\u00f3lica sobre la IA, articulando una cr\u00edtica al capitalismo tecnol\u00f3gico, una reflexi\u00f3n geopol\u00edtica sobre la guerra y un cuestionamiento antropol\u00f3gico sobre el lugar del hombre en un mundo automatizado.<\/p>\n\n\n\n Ampliando las intuiciones del papa Francisco sobre la inteligencia artificial, Magnifica Humanitas<\/em> marca la entrada del Vaticano en el debate mundial sobre la gobernanza de las tecnolog\u00edas emergentes.<\/p>\n\n\n\n Publicamos el texto \u00edntegro, acompa\u00f1ado de comentarios de nuestro vaticanista Jean-Beno\u00eet Poulle, del general Beno\u00eet Durieux y de los especialistas Pasquale Annichino y Alberto Melloni. Para una primera lectura de actualidad, tambi\u00e9n puede leer nuestra entrevista con el jesuita Antonio Spadaro<\/a>. <\/p>\n\n\n\n 1. La magn\u00edfica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elecci\u00f3n decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generaci\u00f3n recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada \u00e9poca se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y m\u00e1s injusto. All\u00ed donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que \u00abel misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb. <\/span>1<\/sup><\/a><\/span><\/span> En Jesucristo, esta magn\u00edfica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la v\u00eda para crecer hacia la plenitud.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Las primeras palabras de una enc\u00edclica son siempre program\u00e1ticas. En este caso, el adjetivo latino \u00abmagnificus\u00bb debe entenderse en su sentido etimol\u00f3gico m\u00e1s profundo: capaz de hacer grandes cosas. En este primer p\u00e1rrafo crucial se revela, de manera complementaria, tanto todo el arraigo agustiniano de Le\u00f3n XIV (con la referencia a la \u00abCiudad de Dios\u00bb) como su cristocentrismo, que se\u00f1ala a la persona de Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado para los cat\u00f3licos, como el verdadero centro de la historia. <\/p>\n\n\n\n 2. Cimentados en Cristo, la piedra viva, experimentamos la acci\u00f3n poderosa y misteriosa del Esp\u00edritu Santo, y creemos que todo esfuerzo humano aut\u00e9ntico por cooperar con \u00c9l en pro del bien ser\u00e1 bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza. Por este motivo, podemos contribuir con determinaci\u00f3n a todas aquellas iniciativas que construyen un mundo m\u00e1s justo, y podemos invitar a otros a colaborar con nosotros en la promoci\u00f3n del desarrollo integral de cada ser humano. Deseamos entrar en di\u00e1logo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad. <\/span>2<\/sup><\/a><\/span><\/span> Queremos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien com\u00fan y la promoci\u00f3n de una vida digna para todos. Esta actitud de di\u00e1logo es parte integrante de la vocaci\u00f3n de la Iglesia, ya que ella, constituida \u00aben Cristo como un sacramento, [\u2026] de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb, <\/span>3<\/sup><\/a><\/span><\/span> reconoce en la historia el lugar donde el Evangelio interpela y acompa\u00f1a la experiencia humana.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Aqu\u00ed surge el tema conciliar y posconciliar de la Iglesia \u00abexperta en humanidad\u00bb (Pablo VI), al servicio del desarrollo integral de la persona humana, tema en el que el papa Francisco ha insistido mucho a lo largo de su pontificado. Se cita ampliamente el Concilio Vaticano II como la principal br\u00fajula magisterial de los papas recientes.<\/p>\n\n\n\n 3. Con este esp\u00edritu, en 1891 Le\u00f3n XIII public\u00f3 la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>, cuyo 135\u00b0 aniversario celebramos este a\u00f1o con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido Predecesor impuls\u00f3 aquella reflexi\u00f3n sobre la sociedad, la econom\u00eda y la pol\u00edtica que hoy llamamos \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d. Y cuando algunos objetaban que la Iglesia no deb\u00eda desperdiciar energ\u00edas en cuestiones mundanas, sino preocuparse por comunicar un mensaje de vida eterna, \u00e9l respond\u00eda con realismo y sabidur\u00eda que el anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos. <\/span>4<\/sup><\/a><\/span><\/span> Han pasado muchas d\u00e9cadas desde entonces, y el Magisterio, los pastores, los te\u00f3logos y los fieles han seguido reflexionando sobre las cuestiones sociales a la luz del Evangelio. Hoy, la Doctrina social de la Iglesia es un patrimonio de sabidur\u00eda, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar. Se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n y, en di\u00e1logo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desaf\u00edos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano l\u00edmpido, con alegr\u00eda y al servicio del mundo. No es un conjunto est\u00e1tico de conceptos, sino un corpus vivo de verdades, que custodia e interpreta la vocaci\u00f3n de la humanidad a una vida plena y justa. A esta tradici\u00f3n viva deseo, por tanto, sumar mi voz, invocando la asistencia del Esp\u00edritu de sabidur\u00eda, que habita en el mundo desde su creaci\u00f3n (cf. Pr<\/em> 8,22-31).<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Como muchos comentaristas hab\u00edan percibido acertadamente, Le\u00f3n XIV sigue los pasos de su predecesor Le\u00f3n XIII (papa de 1878 a 1903), \u00abel inventor\u00bb, con la enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>, de la doctrina social de la Iglesia, aqu\u00ed vinculada al concepto central de \u00abtradici\u00f3n viva\u00bb para expresar que esta doctrina no es est\u00e1tica, sino que se enriquece a medida que debe tener en cuenta nuevas realidades sociales.<\/p>\n\n\n\n 4. Si en su momento Le\u00f3n XIII hablaba de \u201cnuevos asuntos\u201d ( rerum novarum<\/em>), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas ense\u00f1anzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabidur\u00eda para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la t\u00e9cnica. En los \u00faltimos a\u00f1os se ha hecho cada vez m\u00e1s evidente cu\u00e1n r\u00e1pida y profundamente la digitalizaci\u00f3n, la inteligencia artificial (IA) y la rob\u00f3tica est\u00e1n transformando nuestro mundo. La t\u00e9cnica no debe considerarse, en s\u00ed misma, como una fuerza antag\u00f3nica respecto a la persona; por el contrario, est\u00e1 arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es \u00abun hecho profundamente humano, vinculado a la autonom\u00eda y libertad del hombre\u00bb. <\/span>5<\/sup><\/a><\/span><\/span> A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnol\u00f3gico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso tambi\u00e9n ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar da\u00f1o cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situaci\u00f3n nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnolog\u00edas emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: \u00abNunca la humanidad tuvo tanto poder sobre s\u00ed misma\u00bb. <\/span>6<\/sup><\/a><\/span><\/span> Las nuevas tecnolog\u00edas abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, a\u00fan no podemos prever por completo. Esto hace que sea m\u00e1s complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En este p\u00e1rrafo clave, Le\u00f3n XIV considera que las cuestiones relacionadas con lo digital (sobre las que la Iglesia ya se hab\u00eda pronunciado), la rob\u00f3tica y la IA est\u00e1n interrelacionadas; sin embargo, se\u00f1ala que estas tecnolog\u00edas conllevan una forma de imprevisibilidad e indecidibilidad intr\u00ednsecas, que sit\u00faan a la humanidad en una situaci\u00f3n sin precedentes.<\/p>\n\n\n\n 5. Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnol\u00f3gico. Pero la cuesti\u00f3n no se limita a la regulaci\u00f3n. Como advert\u00eda el papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo qui\u00e9n detenta hoy ese poder y hacia qu\u00e9 fines lo orienta: \u00abNo podemos ignorar que la energ\u00eda nuclear, la biotecnolog\u00eda, la inform\u00e1tica, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido [\u2026] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder econ\u00f3mico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero\u00bb. <\/span>7<\/sup><\/a><\/span><\/span> En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovaci\u00f3n. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acci\u00f3n superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnol\u00f3gico adquiere as\u00ed un rostro in\u00e9dito, predominantemente \u201cprivado\u201d, y por ello a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Esta vez, la pregunta se dirige a los \u00abse\u00f1ores de la tecnolog\u00eda\u00bb y a los oligopolios que se han formado y que han dado lugar a concentraciones de poder sin precedentes; en este sentido, Le\u00f3n XIV retoma de su predecesor la cr\u00edtica a los poderes industriales: \u00bfqui\u00e9n, hoy en d\u00eda, controla, da forma e impulsa los modelos de IA?<\/p>\n\n\n\n 6. Por esta raz\u00f3n es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las ra\u00edces espirituales y culturales de las transformaciones que se est\u00e1n produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesi\u00f3n de emergencias decida por nosotros la direcci\u00f3n del camino. Estamos viviendo una r\u00e1pida fase de transici\u00f3n, un \u201ccambio de \u00e9poca\u201d en el que \u2014mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnolog\u00edas y otros se dedican a reflexionar sobre ellas\u2014 la mayor\u00eda de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: \u00bfHacia d\u00f3nde vamos? \u00bfHacia qu\u00e9 meta deseamos orientarnos? \u00bfQu\u00e9 direcci\u00f3n elegir como comunidad humana y como pueblos?<\/p>\n\n\n\n Sophie de Ravinel<\/span>Procedente de Estados Unidos \u2014un origen que, hace un a\u00f1o, lo habr\u00eda dejado fuera de las predicciones sobre el c\u00f3nclave\u2014, discreto e introvertido, Le\u00f3n XIV revela un temperamento firme con esta primera enc\u00edclica. Desde su viaje a \u00c1frica, en abril, Le\u00f3n XIV hab\u00eda dejado claro que no apartar\u00eda la mirada de los problemas, ya se tratara de la corrupci\u00f3n o de las provocaciones de la administraci\u00f3n de Trump. Este l\u00edder moral, adaptado a la historia de hoy por su origen y su trayectoria misionera por todo el mundo, tiene la intenci\u00f3n evidente de ejercer su influencia, que no es meramente simb\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n 7. Para responder a estas preguntas y discernir c\u00f3mo vivir con responsabilidad en la era de la IA, me gustar\u00eda evocar dos im\u00e1genes b\u00edblicas: la construcci\u00f3n de la torre de Babel (cf. Gn<\/em> 11,1-9) y la reconstrucci\u00f3n de los muros de Jerusal\u00e9n (cf. Ne<\/em> 2-6). En el libro del G\u00e9nesis, el relato de Babel se sit\u00faa en los or\u00edgenes de la humanidad, inmediatamente despu\u00e9s de las genealog\u00edas de los hijos de No\u00e9. Los seres humanos, habi\u00e9ndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre \u00abcuya c\u00faspide llegue hasta el cielo\u00bb (Gn<\/em> 11,4). Quieren as\u00ed asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo \u201cperpetuarse un nombre\u201d, temiendo ser dispersados por la tierra. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnolog\u00eda, una sola direcci\u00f3n. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo enga\u00f1o: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comuni\u00f3n, elige la homogeneizaci\u00f3n. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensi\u00f3n de bastarse a s\u00ed misma, la comunicaci\u00f3n se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersi\u00f3n. Babel revela as\u00ed el l\u00edmite de toda construcci\u00f3n que, por grandiosa que sea, surge de la absolutizaci\u00f3n de lo humano y de su pretensi\u00f3n de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendici\u00f3n de Dios.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Pasaje crucial en el que se evocan dos figuras b\u00edblicas que la tradici\u00f3n patr\u00edstica y exeg\u00e9tica ha identificado desde hace mucho tiempo como met\u00e1foras de las sociedades humanas, una negativa y la otra positiva. El episodio de la torre de Babel es bien conocido: a menudo se utiliza para criticar la falsa unidad y la arrogancia de los hombres que quieren elevarse hasta el Cielo sin Dios, a costa de la confusi\u00f3n y la discordia; el episodio que se presenta como un espejo de Babel, en el Nuevo Testamento, es el de Pentecost\u00e9s, donde la Iglesia, a trav\u00e9s de la venida del Esp\u00edritu sobre los ap\u00f3stoles, que les comunica el don de lenguas, se presenta como el sacramento de la verdadera unidad en la diversidad de las sociedades humanas, fundada esta vez en Dios. Pero aqu\u00ed, Le\u00f3n XIV ha optado por comentar m\u00e1s bien otro pasaje del Antiguo Testamento, menos conocido.<\/p>\n\n\n\n 8. El libro de Nehem\u00edas, a su vez, comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babil\u00f3nico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusal\u00e9n, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas (cf. Ne<\/em> 1-2). Nehem\u00edas, un jud\u00edo al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado de la ciudad de sus padres. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo; luego pide permiso al rey para regresar a Jerusal\u00e9n y, una vez all\u00ed, examina en silencio los lugares destruidos. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, conf\u00eda a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra c\u00f3mo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a trav\u00e9s de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y j\u00f3venes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los v\u00ednculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusal\u00e9n recupera as\u00ed un lenguaje com\u00fan, no el de la uniformidad, sino el de la comuni\u00f3n: la armon\u00eda que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El Libro de Nehem\u00edas no es el m\u00e1s famoso de los libros del Antiguo Testamento cristiano (o del Tanaj jud\u00edo); es el complemento del libro de Esdras: ambos narran el regreso de los jud\u00edos del exilio a la Tierra Prometida tras la deportaci\u00f3n a Babilonia (587 a. C.), a partir del a\u00f1o 459 a. C. Estos libros relatan la esperanza renovada de los pioneros, pero tambi\u00e9n unos comienzos modestos. La llegada de Nehem\u00edas a Jerusal\u00e9n se sit\u00faa en el a\u00f1o 445 a. C.; la Jerusal\u00e9n que hay que reconstruir es una figura de la Iglesia, pero tambi\u00e9n de la Jerusal\u00e9n celestial evocada en el Apocalipsis de Juan, que representa esta vez el reino de Dios consumado al final de los tiempos, donde sus murallas son de oro y piedras preciosas. El simbolismo de las murallas de Jerusal\u00e9n ha sido ampliamente comentado por Agust\u00edn en La ciudad de Dios. <\/p>\n\n\n\n 9. A la luz de estas dos im\u00e1genes, el Esp\u00edritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relaci\u00f3n con la tecnolog\u00eda y con la revoluci\u00f3n digital en curso. Los descubrimientos cient\u00edficos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar (cf. Mt<\/em> 25,14-30). La tecnolog\u00eda puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa com\u00fan; pero tambi\u00e9n puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en s\u00ed misma, no es una soluci\u00f3n a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en s\u00ed; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por eso, la primera elecci\u00f3n no es entre un \u201cs\u00ed\u201d o un \u201cno\u201d a la tecnolog\u00eda, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusal\u00e9n: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> La imagen de la \u00abCasa com\u00fan\u00bb para referirse a la Tierra y al futuro compartido de la humanidad se ha impuesto desde la enc\u00edclica Laudato Si\u2019<\/em> (2015) del papa Francisco; a trav\u00e9s de la par\u00e1bola de los talentos que hay que hacer fructificar, el papa esboza las oportunidades que ofrece la IA. La elecci\u00f3n moral que hay que hacer no es entre la aceptaci\u00f3n o el rechazo de la IA, sino en el discernimiento de sus buenos o malos usos. Al mismo tiempo, en una aparente contradicci\u00f3n, retoma la cr\u00edtica a la no neutralidad de la t\u00e9cnica, bien puesta de manifiesto en el siglo pasado por diferentes pensadores, desde Hans Jonas y G\u00fcnther Anders hasta Jacques Ellul.<\/p>\n\n\n\n 10. Evitemos, por tanto, el \u201cs\u00edndrome de Babel\u201d: la idolatr\u00eda del lucro que sacrifica a los d\u00e9biles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensi\u00f3n de un lenguaje \u00fanico \u2014incluso digital\u2014 capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanizaci\u00f3n \u2014construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio\u2014, una tentaci\u00f3n antigua y siempre nueva, que hoy tambi\u00e9n toma un rostro t\u00e9cnico. Elijamos, en cambio, el \u201ccamino de Nehem\u00edas\u201d, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron. Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersi\u00f3n de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del di\u00e1logo el terreno com\u00fan en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acci\u00f3n hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la pr\u00e1ctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos s\u00f3lidos y su fin \u00faltimo. En el Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusal\u00e9n \u00abque descend\u00eda del cielo y ven\u00eda de Dios\u00bb (Ap<\/em> 21,2) como un regalo para toda la humanidad. Y esta visi\u00f3n de gracia es para nosotros, los cristianos, una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida com\u00fan pac\u00edfica, justa y digna en las \u201cciudades\u201d de hoy.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> La enc\u00edclica establece, por lo tanto, una oposici\u00f3n entre un \u00abs\u00edndrome de Babel\u00bb que hay que conjurar y un \u00abcamino de Nehem\u00edas\u00bb que hay que seguir. Si bien las cr\u00edticas a la \u00abidolatr\u00eda del lucro\u00bb y a la \u00abuniformidad que borra las diferencias\u00bb no difieren mucho de las que Francisco dirig\u00eda a la sociedad mercantil en su conjunto, se perfila un nuevo peligro con la \u00abpretensi\u00f3n de un lenguaje \u00fanico\u00bb que traducir\u00eda en \u00abdatos\u00bb el \u00abmisterio de la persona\u00bb: en resumen, un nuevo reduccionismo que se expresar\u00eda a trav\u00e9s de la codificaci\u00f3n del fen\u00f3meno humano, cuya conversi\u00f3n en datos supuestamente conducir\u00eda a su absoluta previsibilidad.<\/p>\n\n\n\n 11. Edificar una ciudad centrada en el bien com\u00fan exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relaci\u00f3n con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida \u00aben abundancia\u00bb ( Jn<\/em> 10,10) y a la comuni\u00f3n con \u00c9l. Junto con san Agust\u00edn, tambi\u00e9n nosotros podemos decir: \u00abPorque nos has hecho para ti y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb. <\/span>8<\/sup><\/a><\/span><\/span> En efecto, Dios ha inscrito en nuestro coraz\u00f3n un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida; y la Iglesia, en el di\u00e1logo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, siente la urgencia de custodiar y orientar esa aspiraci\u00f3n hacia su verdad m\u00e1s profunda.<\/p>\n\n\n\n 12. En segundo lugar, edificar en el bien significa aceptar los l\u00edmites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. Hoy en d\u00eda, el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas enga\u00f1osas: la ilusi\u00f3n de una tecnolog\u00eda que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que \u201cdejan atr\u00e1s\u201d a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. As\u00ed, mientras algunos persiguen la quimera de una autoafirmaci\u00f3n ilimitada, muchos carecen de lo necesario. La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realizaci\u00f3n no nace de la eliminaci\u00f3n de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: all\u00ed donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado rec\u00edproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Ante este peligro, Le\u00f3n XIV plantea dos respuestas, arraigadas en la espiritualidad cat\u00f3lica: siguiendo a Agust\u00edn (las palabras citadas se encuentran entre las m\u00e1s famosas de las Confesiones), un ethos relacional con Dios y con el otro, donde encontrar a Dios es, en el fondo, encontrarse a uno mismo, saber qu\u00e9 constituye nuestro yo \u00edntimo donde, por decirlo como Agust\u00edn, \u00abm\u00e1s \u00edntimo para m\u00ed que yo mismo\u00bb. En la antropolog\u00eda cristiana agustiniana, este ethos relacional est\u00e1 vinculado al deseo de felicidad y verdad constitutivo del hombre, deseo que solo encuentra su plena satisfacci\u00f3n en Dios; otra respuesta es la idea de que la fragilidad es en s\u00ed misma constitutiva de la experiencia humana y que, por consiguiente, pretender poder suprimirla es enga\u00f1arse sobre lo que es el hombre mismo. El fil\u00f3sofo franc\u00e9s Jean-Louis Chr\u00e9tien (1952-2019) record\u00f3, en particular, la gran importancia del concepto de fragilidad en Agust\u00edn y sus implicaciones morales.<\/p>\n\n\n\n 13. En tercer lugar, edificar un mundo en el que todos puedan \u201cflorecer\u201d exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por s\u00ed sola, basta para sostener el peso de los desaf\u00edos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan d\u00e9bil como para no poder ofrecer su contribuci\u00f3n: \u00abMi poder triunfa en la debilidad\u00bb (2 Co<\/em> 12,9). A cada uno corresponde su tramo de muralla: cient\u00edficos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe. Esta es la l\u00f3gica de la subsidiariedad, que valora la cooperaci\u00f3n entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz. Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energ\u00edas creativas cuando est\u00e1n orientadas por una responsabilidad compartida. <\/em><\/p>\n\n\n\n 14. Por \u00faltimo, edificar en el bien requiere un lenguaje evang\u00e9lico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos est\u00e9riles. M\u00e1s bien, indiquemos criterios de discernimiento \u2014la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opci\u00f3n por los pobres, el cuidado de la Casa com\u00fan, la paz\u2014 y traduzc\u00e1moslos en pr\u00e1cticas: planificaci\u00f3n responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusi\u00f3n de los m\u00e1s fr\u00e1giles, alfabetizaci\u00f3n digital, investigaci\u00f3n e industria orientadas a la justicia y la paz.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Estos dos \u00faltimos p\u00e1rrafos tienen un car\u00e1cter m\u00e1s pol\u00edtico, con la referencia a varios conceptos clave de la doctrina social de la Iglesia: la corresponsabilidad y la subsidiariedad, la dignidad inalterable de la persona humana, la destinaci\u00f3n universal de los bienes como l\u00edmite moral al derecho de propiedad, la opci\u00f3n preferencial por los pobres, etc., que luego se traducen en acciones concretas. La referencia a la cooperaci\u00f3n y al esp\u00edritu pionero recuerda en cierta medida el entusiasmo de los textos magisteriales de la d\u00e9cada de 1960.<\/p>\n\n\n\n 15. En el reciente Jubileo ordinario del 2025, hemos caminado como peregrinos de la esperanza y hemos sido colmados de gracias. Fortalecidos por estos dones, podemos avanzar con \u00e1nimo confiado ante las arduas tareas y los exigentes desaf\u00edos que se perfilan en nuestro futuro. En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanizaci\u00f3n, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magn\u00edfica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna m\u00e1quina podr\u00e1 jam\u00e1s sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un coraz\u00f3n abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une m\u00e1s que lo que separa.<\/p>\n\n\n\n 16. A todos los fieles cat\u00f3licos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehem\u00edas, oremos, proyectemos con sabidur\u00eda, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas \u2014los pobres, los enfermos, los migrantes, los peque\u00f1os\u2014 se convertir\u00e1n en piedras angulares, y sobre la tierra surgir\u00e1 un hogar com\u00fan s\u00f3lido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrar\u00e1n, y la justicia y la paz se besar\u00e1n (cf. Sal<\/em> 85,11). Esta es la bendici\u00f3n que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comuni\u00f3n, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no due\u00f1os de torres destinadas a derrumbarse. Y, con \u00e1nimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcci\u00f3n de la en\u00e9sima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez m\u00e1s, en el coraz\u00f3n del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El llamado pastoral a \u00abno ensuciarse las manos\u00bb tiene un tono muy bergogliano; la conclusi\u00f3n de la introducci\u00f3n tiene un car\u00e1cter exhortativo muy marcado, tras haber expuesto los grandes temas y esbozado las opciones morales existentes. La introducci\u00f3n de una enc\u00edclica est\u00e1 concebida, en efecto, como una unidad aut\u00f3noma, que puede leerse por separado, a modo de compendio de los cap\u00edtulos que siguen y de resumen de las soluciones propuestas.<\/p>\n\n\n\n 17. Dans ce premier chapitre, j\u2019entends retracer, de mani\u00e8re synth\u00e9tique, le cheminement par lequel la Doctrine sociale de l\u2019\u00c9glise a pris forme dans le magist\u00e8re r\u00e9cent des Papes et du Concile Vatican II, afin de mettre en lumi\u00e8re son caract\u00e8re dynamique. \u00c0 chaque \u00e9poque, en effet, les res novae<\/em> invitent cet enseignement \u00e0 se confronter aux questions de l\u2019histoire \u00e0 la lumi\u00e8re de la V\u00e9rit\u00e9 r\u00e9v\u00e9l\u00e9e. C\u2019est pourquoi l\u2019intelligence artificielle doit \u00eatre comprise non pas comme un th\u00e8me annexe, ni comme une urgence \u00e0 g\u00e9rer, mais comme une transformation qui interpelle de l\u2019int\u00e9rieur les cat\u00e9gories de la Doctrine sociale et en r\u00e9clame un d\u00e9veloppement suppl\u00e9mentaire dans la fid\u00e9lit\u00e9 \u00e0 l\u2019\u00c9vangile.<\/p>\n\n\n\n 18. Dans ce premier chapitre, j\u2019entends retracer, de mani\u00e8re synth\u00e9tique, le cheminement par lequel la Doctrine sociale de l\u2019\u00c9glise a pris forme dans le magist\u00e8re r\u00e9cent des Papes et du Concile Vatican II, afin de mettre en lumi\u00e8re son caract\u00e8re dynamique. \u00c0 chaque \u00e9poque, en effet, les res novae<\/em> invitent cet enseignement \u00e0 se confronter aux questions de l\u2019histoire \u00e0 la lumi\u00e8re de la V\u00e9rit\u00e9 r\u00e9v\u00e9l\u00e9e. C\u2019est pourquoi l\u2019intelligence artificielle doit \u00eatre comprise non pas comme un th\u00e8me annexe, ni comme une urgence \u00e0 g\u00e9rer, mais comme une transformation qui interpelle de l\u2019int\u00e9rieur les cat\u00e9gories de la Doctrine sociale et en r\u00e9clame un d\u00e9veloppement suppl\u00e9mentaire dans la fid\u00e9lit\u00e9 \u00e0 l\u2019\u00c9vangile.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>Este primer cap\u00edtulo pretende ser una exposici\u00f3n y una aclaraci\u00f3n doctrinal sobre la doctrina social de la Iglesia; a trav\u00e9s de sus numerosas referencias b\u00edblicas, patr\u00edsticas y magisteriales, una enc\u00edclica recuerda que esta sigue arraigada en la doctrina de los pontificados anteriores: la continuidad es la base del concepto cat\u00f3lico de tradici\u00f3n. La imagen de una Iglesia que \u00abcamina con la humanidad\u00bb retoma tambi\u00e9n una expresi\u00f3n muy querida por el papa Francisco.<\/p>\n\n\n\n 19. La Iglesia, presente en el mundo como signo de unidad para toda la familia humana, reconoce en los interrogantes y los desaf\u00edos de la \u00e9poca actual el \u00e1mbito en el cual ejercer su vocaci\u00f3n a la escucha, al di\u00e1logo y al servicio, dej\u00e1ndose interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy. Este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez m\u00e1s que su misi\u00f3n tiene un alcance hist\u00f3rico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales. Por ello no puede considerarse ajena a las din\u00e1micas que configuran el rostro de la sociedad. M\u00e1s bien, participa con compromiso en los caminos a trav\u00e9s de los cuales la sociedad misma crece y se organiza, y ofrece su contribuci\u00f3n al logro de una convivencia m\u00e1s justa y fraterna. El papa Francisco recordaba con fuerza esta dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la misi\u00f3n eclesial, se\u00f1alando que \u00abnadie puede exigirnos que releguemos la religi\u00f3n a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos\u00bb. <\/span>9<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n 20. La llamada y el compromiso de caminar con la humanidad en lo concreto de la historia llevan a la Iglesia a reconocer que las realidades terrenas poseen una consistencia y un orden propio. El Concilio Vaticano II expres\u00f3 con especial precisi\u00f3n este principio en la Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes<\/em>, cuyo 60\u00b0 aniversario celebramos con grato recuerdo el pasado 7 de diciembre de 2025: \u00abSi por autonom\u00eda de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, [\u2026] es absolutamente leg\u00edtima esta exigencia de autonom\u00eda\u00bb. <\/span>10<\/sup><\/a><\/span><\/span> Este \u00e9nfasis pone de manifiesto que la creaci\u00f3n lleva impresa una bondad originaria que la mirada humana debe custodiar, cultivar y hacer madurar. En este horizonte, la Iglesia se ofrece como una presencia que ayuda a leer en profundidad la realidad, sosteniendo con humilde firmeza aquellas decisiones que promueven la dignidad de cada persona, la cohesi\u00f3n de las comunidades y el bien de todos. As\u00ed, se sit\u00faa a la par del mundo sin imponerse sobre \u00e9l, para que en cada acontecimiento humano pueda germinar la promesa de justicia y paz que el Esp\u00edritu Santo sigue suscitando en el coraz\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n 21. Al reconocer que Dios acompa\u00f1a la libertad de los seres humanos en el desarrollo de la historia, el Concilio Vaticano II afirmaba la distinci\u00f3n entre comunidad eclesial y comunidad pol\u00edtica, subrayando que cada una de ellas debe actuar con la m\u00e1s plena autonom\u00eda. La presencia de la Iglesia en el mundo se expresa as\u00ed tambi\u00e9n en su relaci\u00f3n con la sociedad civil y con las instituciones p\u00fablicas. Al dialogar con ellas, la Iglesia reconoce el valor de las realidades sociales y pol\u00edticas y respeta su propia responsabilidad, apoyando todo lo que protege la vida de las personas y fortalece los cimientos del tejido social. No pretende asumir las funciones que competen al Estado; por el contrario, valora su servicio al bien com\u00fan y reconoce con convicci\u00f3n la responsabilidad que las instituciones civiles ejercen en la sociedad. Al mismo tiempo, la misi\u00f3n que se le ha confiado la lleva a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercan\u00eda no nace de la intenci\u00f3n de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una cr\u00edtica impl\u00edcita a su labor, sino de la caridad evang\u00e9lica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreci\u00f3n y cercan\u00eda, consciente de que lo que surge de una necesidad inmediata no puede convertirse en norma, ni sustituir las responsabilidades institucionales propias de la comunidad civil.<\/p>\n\n\n\n 22. A partir de este doble reconocimiento \u2014la autonom\u00eda de las realidades terrenas y la distinci\u00f3n de competencias entre la comunidad eclesial y la pol\u00edtica\u2014 se comprende mejor la orientaci\u00f3n que el Concilio Vaticano II ha dado a la Iglesia en su relaci\u00f3n con el mundo. Gaudium et spes<\/em> recuerda que \u00abes propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb. <\/span>11<\/sup><\/a><\/span><\/span> Escuchar los \u201cdiferentes lenguajes\u201d no es una mera atenci\u00f3n sociol\u00f3gica, sino que implica un discernimiento espiritual en el que, con la ayuda del Esp\u00edritu, el Pueblo de Dios reconoce en las transformaciones culturales y sociales tanto los signos de la presencia de Cristo, que viene y gu\u00eda la historia hacia su plenitud, como aquellas desviaciones que oscurecen su rostro. As\u00ed, la Verdad revelada no se modifica en su n\u00facleo esencial, sino que se explicita y se asume como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversi\u00f3n personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evang\u00e9lico en la vida p\u00fablica. La historia es, por tanto, uno de los lugares en los que la Iglesia se deja instruir por el Esp\u00edritu sobre el alcance humanizador del Evangelio y aprende a adaptar su ense\u00f1anza al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> En los p\u00e1rrafos anteriores, Le\u00f3n XIV, bas\u00e1ndose en el Concilio Vaticano II, recuerda por qu\u00e9 motivos la Iglesia, \u00abexperta en humanidad\u00bb (Pablo VI), se ve llamada a pronunciarse sobre realidades sociales que no entran intr\u00ednsecamente dentro de su finalidad propia; reconoce la necesaria autonom\u00eda de las sociedades humanas en el orden pol\u00edtico, distinci\u00f3n recordada en el Concilio Vaticano II (la tarea de la Iglesia no es, por tanto, imponer el cristianismo), pero tambi\u00e9n que la Iglesia no puede desinteresarse totalmente del orden secular, en la medida en que este afecta necesariamente a su misi\u00f3n espiritual.<\/p>\n\n\n\n 23. La Iglesia considera compa\u00f1eros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente \u00abla verdad, la bondad y la belleza\u00bb, consider\u00e1ndolos \u00abpreciosos aliados\u00bb <\/span>12<\/sup><\/a><\/span><\/span> en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creaci\u00f3n. Asumiendo el estilo pastoral del Concilio Vaticano II, que invita a escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos, la Iglesia, iluminada por la sabidur\u00eda de la Palabra, no teme el encuentro con el saber humano. La Palabra de Dios ofrece criterios fiables para orientar los caminos de la justicia y abrir v\u00edas de reconciliaci\u00f3n y paz entre los seres humanos. Cuando se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro tiempo, resulta esencial la contribuci\u00f3n de la filosof\u00eda y de las ciencias humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar m\u00e1s a fondo las din\u00e1micas culturales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas. San Juan Pablo II recordaba que la Iglesia acoge la aportaci\u00f3n de las ciencias sociales \u00abpara sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempe\u00f1ar su misi\u00f3n de Magisterio\u00bb. <\/span>13<\/sup><\/a><\/span><\/span> El di\u00e1logo con esos conocimientos no resta fuerza al Evangelio; al contrario, permite identificar con mayor claridad lo que realmente promueve la vida de las personas y las comunidades. El papa Francisco, en consonancia con esta perspectiva, subrayaba que, en muchas cuestiones espec\u00edficas, la Iglesia no pretende ofrecer \u00abuna palabra definitiva\u00bb, <\/span>14<\/sup><\/a><\/span><\/span> pero reconoce la importancia de prestar atenci\u00f3n a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y de fomentar un di\u00e1logo serio y leal entre los acad\u00e9micos, aceptando la diversidad de opiniones.<\/p>\n\n\n\n 24. Alimentada por este di\u00e1logo fecundo entre el Evangelio y los conocimientos humanos, la Iglesia ha profundizado progresivamente en su Doctrina social, madurando con el tiempo un patrimonio de sabidur\u00eda dotado de una coherencia teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica arraigada en la visi\u00f3n cristiana de la persona. Precisamente porque nace de la fe y de su comprensi\u00f3n de la realidad, este patrimonio no se traduce en un repertorio de soluciones t\u00e9cnicas ni en un modelo econ\u00f3mico o pol\u00edtico que se oponga a otros: tiene una categor\u00eda propia, <\/span>15<\/sup><\/a><\/span><\/span>la de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos y sustentan una interpretaci\u00f3n evang\u00e9lica de los procesos hist\u00f3ricos y de las decisiones que estos implican. De ah\u00ed surge la funci\u00f3n propia de la Doctrina social, que no pretende sustituir las responsabilidades de la pol\u00edtica y de las instituciones, sino que se ofrece como apoyo al discernimiento com\u00fan, ayudando a reconocer y promover lo que contribuye a la dignidad de las personas, a la vitalidad de las comunidades y al bien de todos.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span> Especialmente en el \u00e1mbito de la doctrina social de la Iglesia, el Magisterio pontificio interpreta sus propias posiciones como herramientas de ayuda al discernimiento, que a su vez recurren a la ayuda de las ciencias sociales. Adem\u00e1s de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, creada por Juan Pablo II en 1994, cabe mencionar las recientes Cartas pastorales de Francisco sobre la literatura y el estudio de la historia (2024), que han tenido una gran repercusi\u00f3n, incluso m\u00e1s all\u00e1 de los \u00e1mbitos confesionales.<\/p>\n\n\n\n 25. La comprensi\u00f3n de la verdad como un don que hay que compartir y no como una posesi\u00f3n que hay que reclamar, libera a la Iglesia de la tentaci\u00f3n de a\u00f1orar formas de presencia basadas en el poder. San Juan Pablo II invitaba a mirar con sinceridad hacia aquellos tiempos en los que se cedi\u00f3 a \u00abm\u00e9todos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad\u00bb, <\/span>16<\/sup><\/a><\/span><\/span> para reencontrar el camino evang\u00e9lico del anuncio apacible y de la verdad que no se impone. En la misma l\u00ednea, he reiterado que la Iglesia \u00abno quiere levantar la bandera de la posesi\u00f3n de la verdad\u00bb, <\/span>17<\/sup><\/a><\/span><\/span>porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir. Esta misma perspectiva la resumi\u00f3 el papa Francisco en sus famosas palabras, seg\u00fan las cuales \u00abel tiempo es superior al espacio\u00bb: lo importante no es, ante todo, ocupar puestos de poder o controlar bastiones culturales, sino iniciar procesos de bien y dejar que maduren; as\u00ed, la verdad del Evangelio no se impone desde lo alto, sino que crece con el tiempo, en el entretejido concreto de las vidas, las comunidades y las culturas. Es una verdad que no teme a la diversidad, sino que la acoge y la ordena; que no elimina los conflictos, sino que los transfigura; que recompone lo que la historia tiende a dispersar. De ah\u00ed tambi\u00e9n la imagen del poliedro, una figura de muchas caras donde se refleja, desde diferentes \u00e1ngulos, la misma verdad del Evangelio. <\/span>18<\/sup><\/a><\/span><\/span><\/p>\n\n\n\n 26. Esta actitud de apertura a la verdad, \u00fanica y a la vez multifac\u00e9tica, expresa en lo m\u00e1s profundo la catolicidad de la Iglesia, que abarca a toda la familia humana y, al mismo tiempo, vive inmersa en las condiciones concretas de los pueblos y las culturas. El Concilio Vaticano II recuerda que, precisamente en virtud de esta catolicidad, \u00abcada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia\u00bb, <\/span>19<\/sup><\/a><\/span><\/span>y que, de este modo, tanto en su conjunto como en cada comunidad individual, crece gracias a un intercambio rec\u00edproco y a un esfuerzo mutuo hacia una comuni\u00f3n cada vez m\u00e1s plena. De ello se desprende que el Pueblo de Dios no s\u00f3lo est\u00e1 compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior est\u00e1 tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. En esta perspectiva, san Pablo VI reconoc\u00eda que, dada la gran variedad de situaciones hist\u00f3ricas, no es realista pensar que la Doctrina social pueda \u00abpronunciar una palabra \u00fanica\u00bb, <\/span>20<\/sup><\/a><\/span><\/span> una respuesta exclusiva y v\u00e1lida para todos los contextos; por eso invitaba a cada comunidad cristiana a leer con lucidez y responsabilidad la realidad de su propio pa\u00eds. La tensi\u00f3n fecunda entre la universalidad de la misi\u00f3n y el arraigo local forma parte \u00edntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida.<\/p>\n\n\n\n 27. A la luz de lo dicho hasta ahora, la Doctrina social de la Iglesia se muestra en su faceta m\u00e1s aut\u00e9ntica: no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribuci\u00f3n de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Por eso, cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la pol\u00edtica no responde a los dramas de la humanidad, cuando la econom\u00eda se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los l\u00edmites de su m\u00e9todo, <\/span>21<\/sup><\/a><\/span><\/span> la Iglesia \u2014junto con las dem\u00e1s confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones\u2014 debe hacer o\u00edr su voz no para dominar, sino para servir a la comuni\u00f3n. Entendida as\u00ed, la Doctrina social se convierte en una teolog\u00eda de la comuni\u00f3n a; un lugar en el que la Palabra, hecha carne, sigue convirti\u00e9ndose en di\u00e1logo, memoria y profec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>En la l\u00ednea de las posturas adoptadas por los papas recientes, y en particular por Francisco, Le\u00f3n XIV recuerda que la Iglesia no es tanto una instituci\u00f3n dominante que pretenda imponer de manera uniforme una verdad extr\u00ednseca, sino una realidad profundamente inmersa en la diversidad de las sociedades humanas, en cuyo seno se propone ser un fermento de unidad: por lo tanto, debe estar atenta al di\u00e1logo y a los procesos graduales, en un enfoque casi dial\u00e9ctico del desvelamiento de la verdad.<\/p>\n\n\n\n 28. Tras haber recordado la forma en que la Iglesia se sit\u00faa en la historia y entabla di\u00e1logo con el mundo, deseo ahora detenerme en el desarrollo de la Doctrina social en el Magisterio, que, desde el siglo XIX hasta nuestros d\u00edas, ha acompa\u00f1ado las grandes transformaciones sociales. Evidentemente, no podr\u00e9 dar cuenta de toda la riqueza de esta ense\u00f1anza, cuyos principios fundamentales se presentan en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/em> y se profundizan a\u00fan m\u00e1s en el Magisterio reciente. Tampoco podr\u00e9 retomar de manera sistem\u00e1tica lo que se ha elaborado en las Enc\u00edclicas de mis \u00faltimos venerados Predecesores, en particular en Laudato si\u2019<\/em> y en Fratelli tutti<\/em>. Sin embargo, quiero recordar algunas l\u00edneas esenciales, para mostrar que lo que escribo se coloca en continuidad con esta tradici\u00f3n y, al mismo tiempo, para destacar c\u00f3mo en ella el n\u00facleo estable de las verdades reveladas sobre la persona y la convivencia humana se entrelaza con una capacidad siempre renovada de escuchar las situaciones hist\u00f3ricas y de dejarse interpelar por las preguntas que surgen del presente. Recorrer\u00e9, por tanto, algunas etapas decisivas de este desarrollo, comenzando por la etapa inaugurada por la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em>.<\/p>\n\n\n\n 29. Lo que hoy llamamos \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d no surge de improviso en la era contempor\u00e1nea, sino que recoge y organiza una larga tradici\u00f3n de reflexi\u00f3n eclesial sobre la vida social, que hunde sus ra\u00edces en la Sagrada Escritura, en los Padres de la Iglesia y en las elaboraciones teol\u00f3gicas y jur\u00eddicas de la Edad Media y la Edad Moderna. La expresi\u00f3n \u201cDoctrina social de la Iglesia\u201d fue empleada por primera vez por P\u00edo XII en 1950, <\/span>22<\/sup><\/a><\/span><\/span> pero el contenido que encierra, entendido como un corpus org\u00e1nico de ense\u00f1anzas sociales, comenz\u00f3 a perfilarse con la Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em> de Le\u00f3n XIII. Ante los \u201cnuevos asuntos\u201d de su tiempo \u2014el conflicto entre el capital y el trabajo, la cuesti\u00f3n obrera, las transformaciones econ\u00f3micas y sociales\u2014, Le\u00f3n XIII no se limit\u00f3 a constatar el malestar, sino que asumi\u00f3 esas situaciones como \u00e1mbito de la misi\u00f3n pastoral de la Iglesia, las someti\u00f3 a un discernimiento riguroso e ilumin\u00f3 sus causas y las posibles v\u00edas de salida a la luz del Evangelio y de una visi\u00f3n integral de la persona, creada a imagen de Dios. San Juan Pablo II vio en esta forma de proceder un \u00abparadigma permanente\u00bb <\/span>23<\/sup><\/a><\/span><\/span> de la Doctrina social: una praxis ejemplar mediante la cual la Iglesia, ante t\u00f3ricas, ejerce su derecho y deber de examinar las realidades sociales, pronunciarse sobre ellas e indicar caminos hacia una soluci\u00f3n justa. De este modo, los contenidos perennes de la fe y de la antigua sabidur\u00eda eclesial se articulan en una doctrina viva que, permaneciendo fiel al Evangelio, crece en el di\u00e1logo con los \u201cnuevos asuntos\u201d de cada \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n 30. La Enc\u00edclica Rerum novarum<\/em> de Le\u00f3n XIII constituye un hito en la evoluci\u00f3n del Magisterio social. El documento sit\u00faa en el centro de su reflexi\u00f3n la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un salario justo para uno mismo y para la propia familia, reconoce en las personas un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio, defiende la propiedad privada junto con su indispensable funci\u00f3n social, aprecia las asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboraci\u00f3n entre los diversos componentes de la sociedad como alternativa a la l\u00f3gica de la \u201clucha de clases\u201d. No sorprende, por tanto, que P\u00edo XI la haya definido como la \u00ab Magna Charta<\/em>\u00bb <\/span>24<\/sup><\/a><\/span><\/span> de la acci\u00f3n social de los cristianos: en Rerum novarum<\/em>, la sabidur\u00eda ancestral de la Iglesia sobre la persona y la vida en sociedad adquiere una nueva forma, capaz de enfrentarse a la era industrial y de ofrecer el primer gran marco sistem\u00e1tico de esa Doctrina social que las d\u00e9cadas siguientes desarrollar\u00edan a\u00fan m\u00e1s. Aunque muchas de las condiciones hist\u00f3ricas descritas por Le\u00f3n XIII han cambiado, al menos dos de sus principios siguen siendo de gran actualidad: la primac\u00eda del trabajo humano sobre cualquier l\u00f3gica puramente productiva o financiera, con la consiguiente atenci\u00f3n a las personas y a las familias m\u00e1s expuestas a la explotaci\u00f3n, y el v\u00ednculo indisoluble entre el anuncio evang\u00e9lico y la b\u00fasqueda de un orden social m\u00e1s justo. As\u00ed, Rerum novarum<\/em> sigue record\u00e1ndonos que no hay aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n que no toque tambi\u00e9n las estructuras de la convivencia humana.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>\u00a0\u00a0En esta parte hist\u00f3rica, Le\u00f3n XIV repasa las principales etapas de la formaci\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia (DSI), y en primer lugar el origen de la expresi\u00f3n, empleada por primera vez por P\u00edo XII en 1950. Se detiene largamente en el acontecimiento fundacional que fue Rerum novarum<\/em> (1891), recordando que P\u00edo XI la consideraba como la Magna Carta de la DSI, en alusi\u00f3n al texto inaugural de la monarqu\u00eda parlamentaria limitada en Inglaterra (1215), a veces considerada como una forma de \u00abConstituci\u00f3n\u00bb de ese pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n 31. La Enc\u00edclica Quadragesimo anno<\/em> de P\u00edo XI, publicada en 1931 con motivo del 40\u00b0 aniversario de Rerum novarum<\/em> y en pleno apogeo de la gran crisis econ\u00f3mica mundial, da un paso m\u00e1s en el desarrollo del Magisterio social. No se limita a retomar la \u201ccuesti\u00f3n obrera\u201d, sino que ampl\u00eda su mirada a la configuraci\u00f3n general del orden econ\u00f3mico y pol\u00edtico. Denuncia la concentraci\u00f3n del poder econ\u00f3mico en manos de unos pocos; critica tanto la competencia sin l\u00edmites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas; recuerda con fuerza el derecho de asociaci\u00f3n de los trabajadores y reitera la exigencia de que el salario sea proporcional no s\u00f3lo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia. En este marco, formula de manera sistem\u00e1tica el principio de subsidiariedad, destinado a convertirse en uno de los referentes fijos de la Doctrina social, seg\u00fan el cual lo que puede ser realizado por las personas, las familias, los organismos intermedios y las comunidades locales no debe ser absorbido por instancias superiores. Junto a estas contribuciones, P\u00edo XI recuerda con claridad la funci\u00f3n social de la propiedad y, con diversas intervenciones de su Magisterio \u2014desde las Enc\u00edclicas Non abbiamo bisogno<\/em> y Mit brennender Sorge<\/em> hasta la Divini Redemptoris<\/em>\u2014, denuncia los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona, sofocan la vida social, exaltan al Estado por encima de su justo valor y adoptan la categor\u00eda discriminatoria de la raza. Para nuestra \u00e9poca siguen siendo particularmente actuales al menos tres intuiciones de su ense\u00f1anza social: la conciencia de que las injusticias no se refieren s\u00f3lo a los comportamientos individuales, sino tambi\u00e9n a las estructuras econ\u00f3micas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el v\u00ednculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneraci\u00f3n y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>El pontificado de P\u00edo XI (1922-1939) representa, en efecto, una \u00e9poca de crecimiento sin precedentes de la Doctrina Social de la Iglesia; frente al materialismo conjunto del capitalismo liberal y el colectivismo, P\u00edo XI opone la doctrina de Cristo Rey (enc\u00edclica Quas primas<\/em>, 1925), y una visi\u00f3n corporativa y cooperativista de la Iglesia cat\u00f3lica, una verdadera contra-sociedad marcada por la idea de subsidiariedad, erigida tambi\u00e9n como una potencia fundamentalmente independiente de los Estados totalitarios, como lo recuerda Le\u00f3n XIV, con las sucesivas denuncias del fascismo de Mussolini (Non abbiamo bisogno<\/em>), del nazismo (Mit brennender Sorge<\/em>) y del comunismo ateo (Divini Redemptoris<\/em>).<\/p>\n\n\n\n Pasquale Annicchino<\/span>El magisterio no se limita a sufrir pasivamente la transici\u00f3n digital; por el contrario, reivindica una competencia \u00e9tica y antropol\u00f3gica que le es propia, rechazando la supuesta neutralidad de los algoritmos y adoptando una postura cr\u00edtica. Pretende reconducir el desarrollo tecnol\u00f3gico dentro de los l\u00edmites del desarrollo humano en su conjunto. Rechaza tanto la satanizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica como su glorificaci\u00f3n. La Iglesia se presenta aqu\u00ed no como espectadora, sino como interlocutora que cuestiona los fines de los sistemas algor\u00edtmicos y no solo sus usos.<\/p>\n\n\n\n 32. En el contexto dram\u00e1tico de la Segunda Guerra Mundial y de los a\u00f1os de la reconstrucci\u00f3n, el Magisterio de P\u00edo XII ofrece una contribuci\u00f3n significativa al desarrollo de la Doctrina social, sobre todo a trav\u00e9s de los Mensajes radiof\u00f3nicos navide\u00f1os, en los que esboza las l\u00edneas generales de un orden internacional basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la justicia y la paz. En esas ocasiones, el papa propone un di\u00e1logo con la sociedad a partir de una exigente referencia al derecho natural, entendido como un conjunto de principios objetivos que preceden a los intereses de los individuos y de los estados y que deben regular la vida interna de las naciones y sus relaciones rec\u00edprocas. P\u00edo XII atribuye adem\u00e1s un papel decisivo a las asociaciones profesionales, a las uniones de trabajadores y a los diversos cuerpos intermedios de la vida econ\u00f3mica y social, reconociendo en estas formas organizadas de la sociedad un baluarte esencial para el equilibrio civil y para la tutela del bien com\u00fan. \u00c9l sostiene la necesidad de un estado de derecho s\u00f3lido para prevenir los abusos de poder y reconoce en la democracia un instrumento adecuado para favorecer el ejercicio correcto de la autoridad. Al mismo tiempo, advierte contra toda pretensi\u00f3n de fundar el derecho en el inter\u00e9s o en la fuerza, recordando que un orden internacional regulado por el beneficio de los m\u00e1s fuertes expone a los pueblos m\u00e1s d\u00e9biles a la opresi\u00f3n y socava de ra\u00edz la confianza entre las naciones. Por \u00faltimo, identifica en los profundos desequilibrios econ\u00f3micos entre los pa\u00edses uno de los factores que alimentan los conflictos. <\/span>25<\/sup><\/a><\/span><\/span>En nuestra \u00e9poca, marcada por nuevas formas de poder global y por desigualdades crecientes, siguen siendo especialmente significativos tres principios: la exigencia de que el derecho prevalezca sobre el inter\u00e9s, la conciencia de que las disparidades econ\u00f3micas son terreno f\u00e9rtil para las tensiones y la violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el individuo y el Estado. Estos siguen ofreciendo a la Doctrina social criterios importantes para interpretar las din\u00e1micas de la globalizaci\u00f3n y para promover un orden internacional m\u00e1s justo y pac\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n Jean-Beno\u00eet Poulle<\/span>P\u00edo XII (papa de 1939 a 1958) se pronunci\u00f3, en efecto, sobre una gran cantidad de problemas sociales, combinando un anticomunismo firme con una cr\u00edtica a ciertas orientaciones socioecon\u00f3micas de las sociedades occidentales; al evocar sus advertencias contra una fuerza que se antepondr\u00eda al derecho, no se puede dejar de ver una alusi\u00f3n bastante clara al actual unilateralismo trumpista.<\/p>\n\n\n\n 33. Con san Juan XXIII se abre una nueva etapa del Magisterio social, marcada por una atenci\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita a la dimensi\u00f3n mundial de las cuestiones sociales y al lenguaje de los derechos. En Mater et magistra<\/em> presenta la fe cristiana como una luz capaz de unir el cielo y la tierra, recordando que la Iglesia, aunque tiene como misi\u00f3n principal la santificaci\u00f3n y el anuncio de los bienes eternos, no por ello descuida las necesidades concretas de la vida cotidiana de las personas, sino que se interesa por todo aut\u00e9ntico bien humano. <\/span>26<\/sup><\/a><\/span><\/span> Partiendo de esta visi\u00f3n unitaria del ser humano, subraya que la vida social exige un equilibrio entre la iniciativa de los ciudadanos y de los grupos, llamados a autoorganizarse y colaborar, y la acci\u00f3n del Estado, que debe coordinar y sostener sin sofocar la libertad y la responsabilidad de los sujetos; por ello, presta atenci\u00f3n a la justa remuneraci\u00f3n del trabajo, a la participaci\u00f3n de los trabajadores y a las crecientes disparidades entre los pa\u00edses. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, con Pacem in terris<\/em>, dirigi\u00e9ndose por primera vez no s\u00f3lo a los fieles sino a todos los hombres de buena voluntad, san Juan XXIII vincula de manera org\u00e1nica la dignidad de la persona con el reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales y propone un orden de convivencia \u2014tambi\u00e9n en el plano internacional\u2014 fundado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Carta enc\u00edclica
MAGNIFICA HUMANITAS<\/em>
del Santo Padre L\u00c9ON XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial<\/h2>\n\n\n\nINTRODUCCI\u00d3N<\/h2>\n\n\n\n
Las res novae<\/em> de nuestro tiempo<\/h3>\n\n\n\n
Dos im\u00e1genes b\u00edblicas<\/h4>\n\n\n\n
Edificar en el bien<\/h4>\n\n\n\n
Permanecer siendo humanos<\/h4>\n\n\n\n
Cap\u00edtulo primero
UN PENSAMIENTO DIN\u00c1MICO FIEL EL EVANGELIO<\/h2>\n\n\n\nUna Iglesia en camino en la historia de la humanidad<\/h3>\n\n\n\n
La sabidur\u00eda de la Palabra y el di\u00e7alogo con las ciencias humanas<\/h4>\n\n\n\n
La Doctrina social como discernimiento comunitario<\/h4>\n\n\n\n
El desarrollo del Magisterio social desde Le\u00f3n XIII hasta hoy<\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Los primeros pasos de la Doctrina social de la Iglesia<\/h4>\n\n\n\n
Los a\u00f1os del Concilio Vaticano II<\/h4>\n\n\n\n